Archivos para la Categoría 'Cine'

El Rey ha muerto: viva Yo

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

-Es terrible, y debe de ser la coraza de la edad-le confiesa la tía Clota al siempre estupefacto Homper-Pero no he conseguido derramar una sola lágrima por Michael Jackson.

Dice que Jerome, el hijo de su amiga Thelma, fanático irredento del ídolo caído, ha dejado la tienda de la gasolinera de Tinmouth y de momento ha huido a vivir a solas sus penas en una cabaña junto a un lago. No puede superar el impacto por la muerte del rey del pop.

-¿Sabes?…Yo, como soy más vieja, ni canto con una cerilla encendida, ni llantos histéricos ni nada. Lo primero que pensé  es qué pena de chico. Pero luego corregí: qué majadero. Y es que en la tele repasaron la historia de otros artistas que murieron prematuramente por sus excesos: Elvis, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison…Pero si son tan geniales…¿cómo no aprenden que con eso del alcohol, las drogas y los fármacos raritos no se juega?…

Se sorprende Homper de la rotundidad del juicio de su anciana tía.

-Oye, tía-le reprocha débilmente-Tú antes no eras así. Recuerdo que cuando murió Gary Cooper dijiste te encerraste en el cuarto de baño para llorar a gusto.

-Otros tiempos, hijo…-confiesa con cierto sentimiento de vergüenza-Desde que soy vieja de verdad  me resbala casi todo. Me he dado cuenta de que la muerte de los demás forma parte de mi vida.

Reflexiona Homper, que ya se asoma al pórtico de la ancianidad. Recuerda el día en que venía encantado de ver en la entonces joven Filmoteca Nacional Cantando bajo la lluvia, y al llegar a casa su hermana le dijo: han asesinado a Kennedy. Creyó que el  mundo se hundía bajo sus pies. Al día siguiente se personó en la embajada de Estados Unidos, y estampó su firma en el libro de pésames, con frase y todo. Estaba convencido de que la propia Jackie Kennedy repasaría las condolencias y recibiría la suya como ungüento mágico para su dolor. Ahora el hombre empezaba a reaccionar como su tía: nada de rasgarse las vestiduras, de paripés lacrimógenos, de numeritos y frases para que te seleccionen y salgas en la tele como ejemplo de sensibilidad.

-Mueren, ergo existo, ¿no, tía?.

La anciana suspiró largamente.

-Más bien instinto de conservación.

Y Homper se propuso empezar la semana sorteando el egoísmo que nos va inoculando la edad,  y pensando más en esos familiares y amigos que aún le alegran la vida.

Mi Bahamontes de cabecera

Medio siglo ya de aquel Tour de Francia que ganó Bahamontes

Medio siglo ya de aquel Tour de Francia que ganó Bahamontes

Los más viejos lectores de MARCA recordarán Marcelino pan y vino, primero cuento y luego película. Era un niño imaginado por José María Sánchez Silva que aparece abandonado a la puerta de un convento, se cría al amor de los frailes y, que,  además de fantasías en su cabeza, guarda en una cajita  sus tesoros particulares: el tres de copas de la baraja, unos botones metálicos de uniforme militar, un cepo para pájaros y una pata de gallina. Qué ternura, lo que podía ilusionar a un galopín de entonces.

Muchos años después, Amelie, la exitosa heroína de la película de Jean Pierre Jeunet, descubre bajo una losa de su cuarto de baño una cajita de hojalata. La caja contiene otros tesoros  guardados cuarenta años atrás. Entre ellos, un ciclista de plástico… ¡exactamente igual al que veneraba yo cuando Bahamontes ganó  el primer tour de Francia para España! Qué recuerdos.

Mi ciclista tenía su historia. En la década de los cincuenta sólo se podía seguir el ciclismo por el MARCA, la radio y el NO-DO. Para jugar a ciclistas, se juntaban las puntas de los dedos de las manos, se plantaban éstas sobre el terreno del patio del colegio y se trazaba una carretera en la tierra. En ella, percutiendo el dedo índice sobre las chapas bautizadas con nombres de ciclistas, se simulaba, golpe a golpe, la etapa del día. Para hacer más vistosa la carrera, compramos unos ciclistas de plástico que acompañaban el viaje de las chapas. Y así reproducíamos en miniatura la famosa “serpiente multicolor”. Ni el Scalextric, ni las  videoconsolas, ni  el IPOD  de moda habrán podido resultar tan apasionantes como nos parecía a nosotros aquel juego de niños.

En 1959 el abajo firmante pasaba el tórrido verano arrullado por las chicharras de los pinares de Arenas de San Pedro. Para bañarnos en el Charco Verde, había que subir por una carretera estrecha y tortuosa. Aquel mes de julio se barruntaba que Bahamontes, el Aguila de Toledo, ya varias veces Rey de la Montaña en el Tour, podía subir al podium del Parque de los Príncipes luciendo el anhelado maillot amarillo. Qué emoción. Nosotros seguíamos jugando a las chapas y sudando la gota gorda a lomos de una bicicleta Orbea. Pero algo sublimaba nuestro esfuerzo. En realidad, aunque íbamos a bañarnos, creíamos coronar, con Federico, el Puy de Dôme o el Galibier. Resoplábamos como cerdos conducidos a la matanza, y llegábamos al río Pelayo exhaustos. Era el precio de querer ser copartícipes de la hazaña.

Supimos que ésta se había consumado porque un domingo, al regreso, paramos en  el pueblo y los padres, que nos esperaban allí y que normalmente sólo invitaban a un vaso de gaseosa y patatas fritas, aquel día se estiraron y nos pagaron una Coca-Cola y unas gambas al ajillo. O sea, el despiporren. Lógico: un tipo enteco y renegrido que se había forjado en carreteras como las nuestras era el primer español en ganar el mítico Tour de Francia. Ese mismo día cogí mi Bahamontes de plástico que tantas metas había había cruzado de mi mano, y utilizando un pincelito de esmalte de uñas le pinté el maillot amarillo con el que ya pasaba a la historia. Puede parecer ridículo, pero durante años figuró en mi mesilla de noche junto a la Virgen de Fátima fosforescente que velaba mi inocente sueño. Dios, su madre y “el Aguila de Toledo”, todos me parecían la misma inmortalidad.

Se lo diré el martes, cuando acuda al merecido homenaje que le va tributar MARCA por el medio siglo de su proeza. Al igual que el niño de Amelie, perdí con los años a mi ciclista de juguete, mi Bahamontes de cabecera. Pero como compensación habré podido saludar al hombre que hace medio siglo se convirtió en el primer mito de nuestro ciclismo.

Farrah Fawcet y Michael Jackson: “sic transit”…

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Dice la tía Clota que Jerome, el hijo de Thelma, se ha negado a abrir la tienda de la gasolinera  de Tinmouth, Rutland County, Vermont (USA). Trabaja, o trabajaba ahí, No es otra consecuencia más de la virulenta crisis económica. Según interpreta Homper, el cartel que ha colgado en la puerta equivale a ese cerrado por defunción que antiguamente se colocaba en los pequeños comercios.

-Ha sido demasiado, sobrino-le aclaraba –En una misma semana mueren Farrah Fawcett y Michael Jackson. Y no sabes lo que eso puede significar para este pobre chico.

La tía Clota dice que Jerome no es precisamente un chico normal. Un chico, para la tía Clota, puede ser un hombre que no es de su edad. Y Jerome, que ya ha cumplido los cincuenta y pesa ciento veinte kilos, se ha distinguido siempre por esa vehemencia inocente que a veces distingue a los hijos del tío Sam. Quiso ser, sucesivamente, globetrotter, pastor evangelista, angel del infierno, pintor en Marruecos y novelista. La única novela que presentó a las editoriales se llamaba El guardián entre la cebada, que era exactamente igual que El guardián entre el centeno salvo el cambio de cereal, que a su juicio dotaba a su obra de una intención crítica muy digna de elogio. Los editores, tan cortos de miras, se la tiraron a la cabeza. En vista de lo cual Jerome se encerró en el garaje de la casa de sus padres y se pasó dos años tratando de inventar el sándwich del siglo, que era un sándwich de una pasta que fundía el sabor del hot dog con el de la Coca-Cola, y que debía ser servido envuelta en una servilleta con las barras y estrellas. Tampoco se encontró a sí mismo en este intento y abandonó sus experimentos. Luego se casó con una negra de Missouri, que le abandonó aduciendo que le engañaba: Jerome se iba a pescar y jamás traía ningún salmón. De nada sirvió que alegase en el tribunal que siempre iba a pescar fuera de temporada. La esposa de color de ébano le despidió de mala manera, porque estaba probado que le engañaba. De repente se vio solo, desesperado, y se hizo fetichista. Por las noches de verano, cuando ya había cerrado la tienda de la gasolinera, último puerto donde ancló su alma errática, miraba las estrellas y después de contar las cincuenta primeras, que reservaba para la bandera de su patria, sólo veía las caras de esas estrellas que redimen a los mortales de sus miserias.

-Pobrecillo-comentaba la tía Clota- Aún está en esa edad en la que crees que los ídolos populares te hacen mejor…Y claro, perder en una misma semana a una belleza como Farrah y a un artista como Michael Jackson…

A Homper le sorprendió la crudeza del análisis de la tía Clota. Recordó que a él también se le abrió el mundo bajo sus pies cuando murieron Pier Angeli y Audrey Hepburn.

-¿Sabes?-desvió la conversación-Me fui de viaje a ver unos amigos que viven en un pueblecito del sur de Francia …Me llamó la atención lo entrañable que era la plaza de su pueblo, y el interés con el que observaban a una pareja de mirlos que han anidado a sólo tres metros de su ventana…

-Eso es otra cosa –subrayó la tía Clota- Ver pasar la vida no es lo mismo que lamentar que sic transit gloria mundi.

Y se despidió porque, según dijo, el brownie que tenía en el horno se le estaba pasando.

Ser amada en tiempos revueltos

_SARA_CasanovasAnota el Duende: una de las chicas de Amar en tiempos revueltos ha sido atacada por uno de sus admiradores que se sentía humillado por su silencio.

Amor insensato. Amor frustrado que se traduce en agresividad irracional. Antes se usaba el vitriolo y se desfiguraba la cara del amado o la amada. O yo o nadie, se convencía el criminal. Ahora la humanidad se suele andar con menos sofisticaciones. Los llamados violentos de género tiran de pistola o de cuchillo jamonero y arreglan sus problemas a lo Quentin Tarantino: la letra de tu desamor, si es con sangre se entiende mejor. El agresor de Sara Casanovas, que así se llama la actriz, era original, y quería asaetearla con una ballesta. Nunca te acostarás sin saber de un chiflado más.

¿Es de género esa violencia? ¿Y qué pasa cuando atacante y atacado pertenecen al mismo género? ¿Por qué se ha abandonado lo de crimen pasional? ¿No es más exacto?

La cosa es que Sara Casanovas  se había hecho famosa en esa aclamada serie que ofrece TVE1 en la sobremesa y que se llama Amar en tiempos revueltos, un Sautier Casaseca menos meloso, más costumbrista y con guiños políticos adecuados al momento. El Duende la ve a medio párpado si no ha empezado la película del Oeste de Telemadrid. Esta película es de lo mejor de la tele, pero a veces se retrasa demasiado a efectos de siesta, y otras veces son los combativos sindicatos los que se la cargan. Como si Telemadrid fuera la única causa que merece movilizaciones.

A la serie de Sara le han caído muchos premios, pese a sus defectos en la ambientación y en el estilismo. El Duende advierte, cuando menos,  de que en la España de la posguerra no se desayunaba zumo de naranja ni en las casas burguesas, critica que los bancos del Retiro que han salido en varios de sus capítulos no corresponden a esos años,  y subraya que las blusas, las cortinas y las colchas cantan demasiado a fibras artificiales. Pero no nos vayamos por las ramas. Por debajo del suceso, había un amor frustrado como el que tantas veces surge en el espectador por su actriz favorita.

Y recuerda que él también le escribió a Audrey Hepburn después de ver Vacaciones en Roma. No se atrevió a pedirle que se casara con él, porque les separaban demasiados años. Pero sí que acusara recibo y que le enviara una foto dedicada. Había sabido que en una ocasión Charlot recibió una carta que, en lugar de señas, llevaba dibujado un bombín, un bigotón, un paraguas y unos zapatos abotinados combados por el uso. Ni corto ni perezoso,  el Duende recortó del anuncio de la película la Vespa en la que viajaban Audrey y Gregory Peck, la pegó en el sobre, y escribió a mano: Audrey Hepburn, Hollywood, ESTADOS UNIDOS, la franqueó y la puso en el buzón. Una de tres: o su inglés no fue lo suficientemente expresivo, o el cartero era tonto o la amada no era tan dulce y comprensiva como pintaba su rostro.

Y es  que cómo son las actrices. Qué difícil  para ellas ser amadas en tiempos revueltos,  sobre todo si el amante es un ballestero loco. Pero qué fáciles es mantener la ilusión de  su enamorado cuando éste, lejos de matar, está dispuesto a morir por su amor.

NOTA DE LA REDACCIÓN. Pese a que pueda parecerlo, el inspirador de la última frase de este post no es Zapatero.

De David Niven y el bobo de Coria

Se le queda a uno cara de tonto al enterarse de que este hombre, que aparentaba tanta felicidad, fue un desgraciado...

Se le queda a uno cara de tonto al enterarse de que este hombre, que aparentaba tanta felicidad, fue un desgraciado...

Hacía tiempo que no estaba la tía Clota tan alicaída. Por una parte, como estadounidense, se lamentaba de la quiebra de General Motors, el derrumbe más pavoroso para el tío Sam después del de las Torres Gemelas. Por otra, como española, lloraba la eliminación de Nadal de Roland Garros. El fenómeno de Manacor ha venido siendo como un ungüento emocional para ella en los últimos años. Era el héroe del que presumía ante sus amigas, el hijo que no pudo tener, el joven galán con el que le habría gustado cenar una noche en la terraza del Hotel Danielli de Venecia.

-¿Sabes una picardía, Homper?-le decía a su sobrino- Edwina dice que, antes de jubilarse,  siempre bromeó con sus compañeras sobre quién era el camionero de su vida.  Sostenía que toda mujer ha soñado alguna vez un tórrido romance con un camionero fuerte y guapo,  aunque sea ordinariote. Eso que ahora llaman un cachas. Bueno, pues ahora, en nuestros paseos hablamos de nuestro Lolito ideal, ese romance desigual en edad que una tendría si la vida fuera tan fantasiosa como las películas. Edwina dice que el suyo es Brad Pitt, Thelma ha elegido a ese australiano tan guapo, Hugh Jackman creo que se llama. Pero mi Lolito ideal es Rafa Nadal.

A Homper  le  sorprendían ya pocas cosas de su tía, pero aún así no pudo evitar una mueca de estupefacción.

-Hijo, te has quedado con la cara del bobo de Coriale advirtió la anciana- Es un decir, una fantasía. Pero tampoco me fío ya de ella. He leído una biografía de David Niven, que era la viva imagen de la felicidad cuando yo era jovencita, y me he dado cuenta de que en realidad ni siquiera ese sueño fue nunca lo que creíamos que era..

David Niven parecía guapo, rico, distinguido y siempre bien humorado. Pero según cuenta su amigo Michael Munn en La otra cara del globo su vida fue una desgracia. Alcohólico y erotómano desaforado, arrastró toda su vida el trauma de haber sido violado en el colegio por sus propios compañeros. Luego no le faltaría de nada,  primera esposa muerta en trágicas circunstancias, segunda esposa alcohólica, suicida frustrado…Todo lo contrario de lo que aparentó siempre su impecable sonrisa y su elegante porte de auténtico gentleman.

-¿Te das cuenta, sobrino?-suspiraba la tía Clota-No vale la pena enterarse de nada a fondo, porque luego rascas en lo que ha sido tu ilusión y descubres trampas y oscuridades.

Y cerró con una sentencia enigmática que a Homper le dio qué pensar.

-¿Será por eso por lo que vuestro presidente Zapatero sonríe tanto y es tan feliz? ¿Será que no le gusta leerse los papeles?…

Homper volvió a poner cara del bobo de Coria. E incluso llegó a pensar si sería más útil quedarse con ella para siempre.

Ser más breve para evitar no ser nada

El Duende tendría que hacerle caso y ser más breve...

El Duende tendría que hacerle caso y ser más breve...

Quizás olvida el Duende lo que aprendió de Gracián en el bachillerato. La Historia de la Literatura de Díaz-Plaja, contaría sin duda mucho más, pero la frase que se le atribuía a don Baltasar era tan fácil de entender y recordar que fue lo único que se le grabó, junto a esta misma estampa de clérigo con bonete. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Así despachaban al conceptismo.

Y quizás se niega a aceptar que el lenguaje de Internet debe ser, sobe todo, conceptismo.

¿Tiene tiempo el lector para recrearse en la forma? ¿Prende la literatura en el lector cuando le llega en este soporte? ¿Se asoma éste a la red para informarse o para pasarlo bien? ¿No será que la clave del éxito de una web y, desde luego, de un blog, es la brevedad? El caso es que tras el sarpullido de la novedad que aportó este invento, los cuadernos de bitácora personales se van apagando.

Ayer se enteraba el Duende de que Maria Amelia Sánchez, la bloguera gallega que consiguió atraer lector por millares contando Mi vida a los 95 años, cerraba su blog definitivamente. Como avisaban antiguamente los letreros del comercio, por defunción. Tuvo éxito por lo insólito: una anciana que se atrevió a manejar una herramienta de comunicación que es, sobre todo, joven. Seguro que su blog le habrá ayudado a morir feliz. Más triste se presenta el cierre del blog de Eduardo Madinaveitia, otro fenómeno de la red que abandona su página, dicen, por las presiones de un grupo de comunicación. El Duende no cree eso. Al aludido grupo, que es PRISA, le sacuden a diario voces y plumas más conocidas y de más largo alcance. Un blog sólo hace cosquillas. ¿O no?

Verán, ha llegado el calor y al Duende le sorprendió con la cama aún vestida de edredón. No ha dormido bien. Inopinadamente, y como consecuencia de una conversación reciente en la que se abordaba el tema de los hombres que cuidan su aspecto personal, soñó que era pianista de hotel, y que aspiraba a ser contratado en el Hotel Carlton de Cannes. El director le hacía una prueba en un piano que estaba en la terraza, al aire libre. Y mientras iba tocando ese continuo de melodías románticas como La vie en rose o Les feuilles mortes que tanto le entusiasman, sentía que el calor y los nervios perlaban su frente con gruesas gotas de sudor. Y que el tinte ala de cuervo con el que disimulaba la nieve de su cabellera se diluía en espesos churretes como los del profesor Von Aschenbach de Muerte en Venecia. Qué vergüenza. Qué humillación. Qué mal rato.

Y qué fiasco. Porque el puesto se lo daban a otro candidato más joven y metrosexual que iba de musculitos de gimnasio depilado, se daba cremas y, para quitarse el cuidado, llevaba el cráneo afeitado como una reluciente bola de billar. Para ser justo, es cierto que también fue más breve, como debía ser este blog. Y en un pispás supo pasar de un nocturno de Chopin a Macarena.

El Duende quiso suicidarse en el mar al modo de Alfonsina Storni, y se ató al cuello el pesadísimo pie de una sombrilla. Pero la playa de la Croisette es mansita y tiene muy poco fondo, y sólo consiguió que las  pequeñas olas terminaran de disolver el negro de su cabellera, como un calamar que suelta su tinta para ocultar su edad.

París, París…¿Demasiado bonita para ser buen cine?

paris_parisCuando el ínclito Carlos Herrera pastoreaba al Duende en la radio, a las diez de la mañana abría los micrófonos a los oyentes para que debatieran sobre un  tema de actualidad. Si el asunto era un reflejo cotidiano de la vida de los españoles, Capitán y el ciudadano García lo definían así.

-Hoy toca un cómo semos.

Había algún tema divino, pero casi todos eran asquerosamente humanos: la incuria ciudadana, sus guisos favoritos, las relaciones con la suegra, errores médicos, el maestro que le dejó huella, cómo conoció a su pareja, dónde le dejó tirado el coche, qué se lee en el retrete, gorrones conocidos, cómo alivia usted sus meteorismos…Al Herrera nada humano le es ajeno, y si es somático y con adorno de regüeldos o ventosidades, mejor que mejor. Es el más brillante ante el micrófono, pero también el más guarro. De cuando en cuando –pocas veces, todo hay que decirlo- escapaba de su sentina  guasona y planteaba asuntos más trascendentes. Sin embargo, nunca debatió ningún cómosemos como el que sugiere una película aún en cartel. Es una película francesa, se llama París, París y,  como no pinta intelectualmente correcta –desgraciadamente para ella, resulta agradable de ver-  seguramente pasará sin pena ni gloria.

El cómosemos derivado se podría presentar así: ¿por qué el artista y el creador contemporáneo se obsesiona por  lo sórdido,  lo triste, y lo desagradable de la vida? ¿Por qué ese regodeo en las pestilentes sombras de nuestra sociedad? ¿Por qué hay que  afligir sistemáticamente al ciudadano conel flagelo de sus miserias? ¿Por qué ese menosprecio de lo bonito, de lo amable, de lo que deja buen sabor de boca?

Con un lúcido ejemplo, se lo recordaba  la tía Clota a su siempre perplejo sobrino Homper.

-No podría colgar uno de esos cuadros del famoso Bacon en el saloncito de casa. Se parecen a lo que veía en un monitor el día espantoso en el que me hicieron una rectoscopia.

Y Homper se quedó con la meditación: Francis Bacon encierra en sus cuadros  el doloroso misterio de ese aire que te inyectan por donde te dije cuando te miran la fontanería rectal. Es la fascinación morbosa de lo desagradable.

Todo lo contrario de lo que ofrece la última película del mismo equipo que triunfó con Los chicos del coro. París, París tiene algo de evocación, es un fresco costumbrista del París de los años treinta, mezcla géneros como la comedia, el melodrama, el musical y hasta el thriller político. Pero para los críticos del vinagre cultural tiene dos imperdonables defectos: es entretenidísima y, sobre todo, bonita como un sueño. Como aconsejaría la tía Clota, no la vean si sólo quieren pasar otro mal rato con el dichoso cine de autor.

El percebe quisiera ser Babe, el cerdito valiente…

A pesar de los apuros que ahora pasa el cerdito babe, el percebe envidia su suerte

A pesar de los apuros que ahora pasa el cerdito Babe, el percebe envidia su suerte

Y de repente, aquella niña tan sensible y candorosa que repasaba el gran libro enciclopédico de los animales, se quedó anclada ante la lámina del percebe.

Lo conocía bien. Papá era un constructor adinerado, y desde muy niños había adoctrinado a sus hijos en los poderes mágicos de esta criatura marina. Crustáceo, decía el libro. Papá invitaba a estos crustáceos cada vez que acudía a un concurso importante. Los invitados se ponían a chupetear esos animalitos tan feos, se quedaban encantados y papá acababa adjudicándose la obra.

Papá se había enterado de que al Rey le volvían locos los percebes, y una vez se empeñó en pedirle audiencia para entregarle un cajón de percebes gallegos recién pescados. No pensaba decirle que quería ofrecer su empresa para todas las obras de reforma que necesitara la familia. Sólo pretendía ponerse un frac, entrar en la sala de audiencias, saludar Juan Carlos I marcando respetuosamente el taconazo y la inclinación de cabeza que recomienda el protocolo y pronunciar alguna frase trascendente.

-Señor-ensayaba el constructor-…Es para este modesto empresario un orgullo y una satisfacción ofrecer a vuestra majestad esta selección de los que, según es rumor popular, son sus mariscos favoritos….

Según lo repetía, papá fue cambiando el sentido del discurso. ¿Por qué iba a decir lo de modesto? Había hecho una próspera carrera, estaba forrado, tenía un chalet y un barco mejor que el del Rey,  era patrono de varias fundaciones benéficas, se había hecho socio del club de golf más caro y exclusivo y, por si fuera poco, había comprado la Enciclopedia Larousse y todos los clásicos de la literatura encuadernados en piel para cubrir la elegante boisserie de nogal de su chalet.

-Señor –repetía- Para este próspero empresario es un orgullo…

Le pareció entonces que tampoco tenía que ser tan considerado. Al fin y al cabo, ¿qué méritos tenía el Rey que no se dieran en él?. Una cosa es que fuera el jefe del estado y otra que, gracias a eso, quisiera comer siempre mariscos por la cara.

-Señor-ensayó de nuevo- Aunque no se si se lo merece, es para mí un gustazo ofrecerle estos frescos y carísimos percebes que, a la par que harán las delicias de su noble paladar, vendrán a demostrar  el poderío de este su amigo que lo es…

No siguió ensayando, porque llegó una carta de la Secretaría del Rey en la que agradecían la iniciativa, pero no concedían la audiencia ni aceptaban el regalo de los percebes por contravenir el protocolo  de la Casa Real.

-¡Mierda de percebes! –exclamó el rico constructor al ver a su hijita ante la lámina del percebe y recordar la ofensa de su rechazo.

Y la pobre niñita, tan sensible, lloró pensando en la suerte de este pobre animalito, tan feo que ni siquiera tenía cuento como el del sapo-príncipe, o muñeco de peluche, y que si lo tuviera no sabría una por dónde abrazarlo ni besarlo. Y tan desafortunado que sólo lo quería la gente para comérselo. Sin que, ni siquiera por esas, le hubiera servido a Papá para hacerse amigo del Rey.

Así que se olvidó de las enseñanzas de su profesora, que dice que hay que amar por igual a todos los animales. Y cerró el libro del percebe, y se puso a ver por la tele la historia de Babe, el cerdito valiente, que ahora, con la gripe porcina, merece más cariño que nunca.

-

El soñador imbatible

Su Pepito Grillo le dice que él es la verdad y la vida, y lo demás son tonterías

Su Pepito Grillo le dice que él es la verdad y la vida, y lo demás son tonterías

Cada vez que dormía  se despertaba con nuevas revelaciones. Definitivamente, él era el elegido para desterrar del diccionario la palabra utopía. Nada de lo que yo sueño es irrealizable, se decía. Y aquella misma mañana anotó los últimos deberes que le imponía su Pepito Grillo particular para mantener incólume, genio y figura hasta la sepultura, su acrisolado ideario reformista.

Tarea 1. Estudiar la implantación del pingüino emperador en los Monegros. Acotación al margen: ¿quién dijo que eso era imposible?

Tarea 2. Transformar el dicho que salga el sol por Antequera para que salga también por esos pueblos de los Picos de Europa que se pasan el invierno sin ver un rayito de sol, oh-oh.oh…

Tarea 3. Sacar a licitación la instalación de arcos iris en todos los municipios de España. Objetivos: dinamizar la construcción, acabar con el paro, ponernos en la vanguardia del I+D y deslumbrar al mundo con una nueva arquitectura del paisaje que precipitará  oleadas de turistas sobre nuestro solar patrio. Anotación a pie de página: magnífica idea.

Tarea 4. Poner en marcha un plan de reconversión de los parados que vayan quedando -apenas unas decenas, después de medidas tan eficaces- en poetas. Se les ofrecerá además el título de Diplomados en Poesía o de Ingenieros Técnicos en Ensoñación Poética, a elección del torpe que, a pesar de las facilidades que recibe, aún siga desempleado. Para perfilar este plan se oirá el dictamen del Consejo de Forrapelotas Asentidores, que tiene la ventaja de conciliar sus grandes conocimientos con la irresistible inclinación a dar siempre la razón al jefe.

Tarea 5. Estudiar la posibilidad de generar nueva biomasa  a partir de los excrementos del escarabajo pelotero, abanderando así con otra original idea nuestro liderazgo en Energías Alternativas. Anotación al pie de esta otra propuesta: ¡Estás sembrao, Pepe Lui! Dada la dispersión de los excrementos de escarabajo, imagínate qué solución para los agricultores que quieran  reconvertir su obsoleto oficio. ¡Trabajo para rato!…

Tarea 6. Proponer un cambio de pigmentación en la piel de los españoles mediante el PIO (Plan de Identificación con Obama, el nuevo fanal de Occidente). El  plan, que persigue la completa identificación en fondo y forma, incluye varios meses de bronceado gratis, con cargo al déficit, en cualquier playa de cualquier país que se haya integrado en la Alianza de Civilizaciones. Anotación al margen: Estás que te sales, ZP. ¡Para que luego hablen del liderazgo de Sarkozy!

Tarea 7. Convocar a todos los países del G-7, G-8, G-20 y Ges diversos para convencerles que no hacen más que pensar chorradas para solucionar la crisis y que, si quieren vencerla, deben seguir su ejemplo. ¡Con lo fácil que es chupar del cuerno de la abundancia! Anotación a mano: ¿Sabrán esos neoliberales codiciosos lo que es la Economía? Vamos, hombre, deficit a mí

Cuentan que cuando despertó, no había despertado. Era el soñador imbatible, y lo suyo era seguir soñando hasta que la realidad se diera cuenta de que estaba equivocada.

“La buena nueva” y el buen cine

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

No siempre las autonomías piden, de vez en cuando también dan, escuchó el Duende cuando entraba en el cine. Era el cine Doré, uno de esos locales que habitualmente se llaman bomboneras, convenientemente rehabilitado como sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional y sede de un mini festival de cine navarro que la Delegación del Gobierno de Navarra ha organizado en la capital. Buena idea. Hace unos meses le habían invitado a un concierto aniversario de Sarasate, y le sugirieron que dejara sus datos para mandarle información. Ahora le informan de sus ofertas culturales. Puesto que a las autonomías las pagamos todos, no está mal que de vez en cuando nos lleven al cine gratis.

Y allí vio el Duende La buena nueva, una película ya estrenada en circuitos comerciales y que para él fue un descubrimiento. Cuenta una historia de la guerra civil en un pequeño pueblo del norte de Navarra. Y es una sorpresa. No tanto por lo bien cosido que está el guión y el gusto y la delicadeza de su directora, Helena Taberna, como por la mirada parcialmente positiva que arroja sobre quien suele ser uno de los más malos en este tipo de películas, que es el clero.

Cierto es que no iluminó Dios a su Iglesia Católica cuando bendijo la guerra de Franco como Cruzada. Tan cierto como que la mayoría de las películas que recrean este cuadro histórico prefieren curas y obispos abyectos que eclesiásticos con corazoncito. Lo sorprendente de esta película es que muestre a un párroco sensible y que cree en el mensaje evangélico. De ahí el título, que puede inducir a error: no es un una película estrictamente religiosa, sino una historia costumbrista de amor y pasiones encontradas en un momento especialmente dramático de nuestra historia. Rodada en unos exteriores preciosos, es bonita y muy entretenida. No cuenta el Duende el final, porque merece la pena verse.

…Aunque incurra en un pequeño defecto que el Duende acusa en todas las películas españolas que vuelven la mirada atrás. Quizás es que vivió su niñez en otra España,  mucho más oscura, sucia y polvorienta.  Pero no la recuerda uno tan limpia y de tan vivos colores y finos diseños como los que lucen sus decorados, su vestuario y su atrezzo. Los cineastas  quizás buscan  el efecto estético, pero  no hay más que ver las fotos de la época y los cuadros José Gutiérrez Solana para darse cuenta de que la España negra no era sólo leyenda.

Terapia con la Pantoja y otros famosos

Al lado de los dolores del alma de algunos famosos, Homper se convenció de que sus dolencias eran filfa...

Al lado de los dolores del alma de algunos famosos, Homper se convenció de que sus dolencias eran filfa...

La perplejidad de Homper fue esta vez  fue saber  que padecía una rotura microfibrilar de tercio medio de vasto externo. Le sorprendió en primer lugar  tener un vasto dentro de la pierna. Eso no salía en aquel morboso hombre por dentro, esa especie de cuerpo humano desollado que le enseñaron en la clase de ciencias naturales para introducirle en la anatomía. Aquel monstruo, bien intencionado en su truculenta mudez, anticipaba el arte de Francis Bacon y daba alguna repugnancia, pero -insistía Homper- ni mentaba al vasto. Enseñaba las vergüenzas viscerales y las cuadernas de nuestra arquitectura, bastante grimosa, por cierto.

-Qué espanto-se decía-Pensar que Brigitte Bardot y Ava Gardner también están rellenas de

esa casquería tan poco fina…

Y luego le sorprendió saber que a su edad. y después de haber corrido maratones cuando era algo menos maduro, se hubiera hecho una lesión típica de futbolista. En cierta medida le hacía cierta  ilusión, pues esa sentirse como el niño Torres o como Casillas, que, de haberse casado en su día, hasta podrían ser casi sus nietos. Al pobre Homper simplemente le dolía cara exterior del muslo derecho. Así lo creía, aunque ya les digo que era el vasto.

-Nunca te acostarás sin saber una cosa más-le decía al traumatólogo- ¿Y por qué ahora, si cuando hacía mucho más ejercicio nunca me dolía nada?

-Pues ya conoce el dicho: si a partir de los sesenta te despiertas por la mañana y no te duele nada, es que probablemente estás muerto.

Cuántos mortales queremos sentirnos vivos usando y abusando de la sanidad. Viendo la legión de tullidos que concurrían en el consultorio, Homper  se preguntaba estupefacto si tendríamos tantos alifafes de pagar su cura con nuestro bolsillo. La cosa es que, aún siendo astronómico el presupuesto público para este placebo, no hay manera de que las salas de espera incluyan publicaciones del día. Las hay de caza, de pesca y, sobre todo, prensa y papel couché del corazón, pero todas retrasadas. Debí serpararme de mi marido a los treinta días, confiesa Concha Velasco hablando de ese gentleman llamado Paco Marsó. La valentía y serenidad de Cayetana son admirables, dice Carmen Tello de su amiga la Duquesa de Alba, últimamente pachucha. Que sea valiente y diga lo que dije yo un día en un plató -le reprocha Mayte Zaldívar a Isabel Pantoja-: que Julián Muñoz me ha sido infiel.

-Jeús, cuánto sufrimiento-pensó Homper.

Y se quedó perplejo imaginando que quizás esas revistas estan ahí para que, comparándolos con los del alma, minimicemos los dolores del cuerpo y ahorremos dinero a la exhausta hacienda pública.

“The reader” y el encanto del tranvía

Kate Winslet en otro tranvía llamado deseo...

Kate Winslet en otro tranvía llamado deseo...

Las películas con tranvía siempre tienen una aureola de fascinación. Quizás porque el viaje en tranvía es una buena metáfora de la vida misma. No es demasiado largo, te lleva por varios barrios, y en él coincides con personas que suben, se sientan, ponen cara de criaturas del destino, las miras, novelas con ellas y, cuando llegan a su parada, acaban desapareciendo de tu biografía. Umbral decía esto mismo de las historias de Baroja, donde hay a menudo muchos personajes  que entran y salen sin dejar una huella demasiado profunda. Pero en realidad la literatura, el cine, el arte y todo aquello que mueve la imaginación está lleno de tranvías que uno toma cuando se lo pide el cuerpo.

-Yo hubo una época que tomaba el 61 y el 14-confiesa el Duende- Pero ahora el que más me gusta es que se llama deseo…

Escuchó campanas y no sabe dónde, pues entonces Un tranvía llamado deseo, era una película 4 R, o sea, gravemente peligrosa. Mayormente para las mujeres, que no podían resistirse al hechizo de  Marlon Brando en camiseta. Puro pecado.  Al Duende entonces le iban más las del Oeste, y no tomaba más tranvía que el 14, que subía por el Paseo de la Castellana, en el que aún se enganchaban los golfillos al estribo para no pagar .  Lo primero que hacía tras comprar el billete era fijarse en las viajeras, y las clasificaba  automáticamente en alguna de estas categorías. 1. Las que eran tan guapas que podían ser artistas de cine. 2. Las que, bien miradas, tenían un pasar. 3. Las que podrían ser primas o compañeras suyas, o sea, chicas en las que predominaba la virtud, pero quizás en otras circunstancias, quizás, no se… 4. Las que probablemente eran funcionarias del Catastro , como sugería su cara de cabreo. 5. Las que eran tan feas que, si no se bajaban en la próxima parada, era él quien debía hacerlo.

Para ser justo hay que decir que si el trayecto era largo y se acababan las chicas también fabulaba sobre los viajeros. Este es ujier en los Nuevos Ministerios. Ese tiene cara de madridista y de llamarse Venancio. Ese lleva peluquín y es coronel jubilado. El de la cartera  es viajante de comercio. Y el del colmillo de oro es policía secreto. Todos los viajes entonces, por insignificantes que fueran, estaban vigilados por un policía secreto que inspiraba mucho respeto.

Recuerda el Duende tranvías en la Viena de El tercer hombre, otra espléndida película de tintes sombríos, y, sobre todo,  en Han robado un tranvía, una tragicomedia neorrealista que protagonizó Aldo Fabrizzi, un buenísimo actor. Encarnaba a un tranviario que no se resigna a la jubilación, y que se venga de su compañía robando un tranvía y paseándolo vacío por las calles de Roma. Era una película que ahora diríamos naîf. Al Duende se le grabó en la memoria hasta su banda musical, que aún silba inconscientemente cuando por algún horizonte urbano  ve circular un tranvía.

Con todo, confiesa el Duende que la película con tranvía más hermosa que ha visto es El lector, de Stephen Daldry. No debe de ser casualidad que por esa historia, una bellísima y tremenda historia de amor -amor en estado puro y, en igual medida, amor a la literatura-circule un tranvía que, sin pretenderlo, tiene un papel fundamental. El Duende también leía pequeños libros de la colección Crisol en sus trayectos tranviarios. Nada que ver con este The reader, que en uno de ellos encuentra el amor. Película altamente recomendable. Véanla y díganle al Duende si mereció la pena haber sido lector de este post, un aviso, al cabo, de que la ternura y la emoción a menudo van en tranvía.

La Noche del Teatro y la de los Salidos

noche-del-teatroTantos años viviendo lejos de España no pasan en balde. Cuando la tía Clota se fue  Estados Unidos aún no se había estrenado Canciones para después de una guerra, aquella tierna y, a la vez, triste película de Basilio Martín Patino. Ahora se acaba de enterar por las noticias que se celebra una exposición dedicada a Miguel de Molina, y ella confiesa humildemente que no sabía quién era este hombre. Tampoco  recordaba haber escuchado antes La bien pagá. A  esta canción y a su artista les dedicaba un buen metraje el filme.

-Ni idea, hijo-le decía a Homper- Ahora todo el que canta o baila es cultura, pero en mi infancia los artistas del folklore lo tenían mucho más difícil. La Argentinita, Carmen Amaya, Vicente Escudero y poco más. Y eso que sus nombres inspiraban más respeto…¿Cómo se puede pretender ser un gran artista llamándose Pitingo, que suena como a chuchería? Porque hay uno que creo que se llama así, ¿no?

Tantos años lejos de España no pasan en balde. Homper ni se molestó en recordar aquella etapa de Dinamita pa los pollos, Un pingüino en mi ascensor y Tarzán y su puta madre ponen piso en Alcobendas.

-Desde aquí hay muchas cosas que no se entienden- continuaba la tía Clota- ¿Cómo les explico a mis amigas Edwina y Thelma  que en Madrid hay tantas noches de los salidos?…

Haciendo honor a su nombre Homper, una vez más, se quedó perplejo. Recordaba la acepción más corriente de este participio sustantivado: persona que tiene fuerte propensión al apetito sexual, lo dice el diccionario. Y se echó a reir.

-¿De qué te ríes? -protestaba tía Clota- Me lo han dicho también mis amigas de Madrid. La Noche de los Museos, la de la Música, la  del Teatro, la de las Iluminaciones de Navidad…El caso es salir a la calle…Y eso sí, será todo por cultura, pero acaban en botellones y en toneladas de basura que hay que recoger al día siguiente…¿Por qué hay tantos salidos?…

-Tía -corrigió Homper- Salido, como dices tú, significa otra cosa. Salen por amor al teatro, o a la música, o a los museos -Y  lo pensó mejor- Aunque es verdad que lo que le priva a la mayoría es echarse a la calle, divertirse,  armar bulla y salirse de madre…Es un incordio para muchos, pero da votos.

-Pues que las autoridades sean consecuentes, y lo avisen claro: mayores abstenerse, y los que vivan en el centro, tapones en los oíos,  que hoy es la Noche del Teatro y habrá otra noche de los salidos…

No lo acaba de entender la anciana tía Clota.Tantos años mirando su España desde la distancia no pasan en balde.

¿Se ha convertido Almodóvar en un coñazo?

A muchos nos gustaba más el Almodóvar de sus comedias...

A muchos nos gustaba más el Almodóvar de sus comedias...

Hasta Charles Chaplin se puso melodramático en Candilejas. Es muy corriente que los cómicos  acaben queriendo hacer tragedias, como si lo de militar en la risa  les fuera a  negar la categoría que Shakespeare le daba a  Lawrence Olivier o a John Gielgud. Salvando la distancia, es lo que le pasa al Duende, que de vez en cuando se despierta sofocado porque ha soñado que sus lectores le acusan de haber olvidado sus principios.

-Yo era considerado un humorista, ¿sabes?-le confesó a Homper cuando se lo encontró en la cola del autobús.

-Ya comprendo….La tía Clota también está preocupada con la deriva de Pedro Almodóvar. El otro día escuchó a uno de esos que chismorrean en la radio y criticando su última película decía que el manchego se ha convertido en un coñazo. Ya te puedes imaginar cómo fue nuestro diálogo de ayer.

La tía Clota fue incontenible. De entrada, no sabía cómo explicar a sus amigas Edwina y Thelma la palabra coñazo.

-Es muy feo, ¿no?-se quejaba la tía-  Dime, Hom…¿Por qué eso, tan femenino, tiene que simbolizar algo negativo o malo? ¿No podían los españoles deciir, con perdón, un penazo, un carajazo o?…

La tía Clota no se atrevió a decir un pollazo. Ella era licenciada en Filología, había enseñado español en una universidad estadounidense y consideraba que aunque el vocablo hubiera sido admitido en el diccionario ella no lo debería usar.

-Porque además de ser una muestra más de machismo,  una profesora debe hablar bien, ¿no? -se explicaba- Pero ahora resulta que todo el mundo recurre al coñazo. Lo usan también mujeres, incluso ministras… Hasta Rajoy, que debe de ser de colegio de pago, dijo que los desfiles militares eran un coñazo…

-Tía, el lenguaje se vulgariza -argumentaba Homper- Eso forma parte de la cosmética de la democracia. Si no se puede redimir al plebeyo, hablemos como él para que se crea que somos iguales.

La tía Clota admiraba a Almodóvar porque cuando vio Mujeres al borde de un ataque de nervios pensó que era un tipo ingenioso y brillante. Luego llegó ¡Qué hecho yo para merecer esto! y se partió de risa. Pero desde que Pedro quiere ser Douglas Sirk -considerado por algunos como el rey del melodrama elegante- le interesa bastante menos.

-Es una pena que se haya aburrido de su talento para la comedia-decía conteniendo en la risa- Te voy a decir una confidencia…A tu tía Oscar y a mí nos gustaba ver el cine por la tele juntos…Hacíamos manitas, incluso…Y después de ver Mujeres al borde, no se si emocionado o excitado, quiso convencerme de que éramos capaces de repetir esa escena de amor tan…ejem…que abre la película…¡Ja, ja!…

Lo recordarán. La sufrida señora de la limpieza que encarnaba Carmen Maura limpiaba la ducha de un gimnasio. En éstas irrumpía un atleta cachas se abalanza sobre la buena mujer y, sin  mediar palabra, echaban un polvo vertical para el que hay que ser muy buen gimnasta. La anciana comentó entre risas sus pícaras tentativas…Primero se les cayó la ducha de alcachofa y pusieron perdido el baño. Luego se cayeron ellos mismos. Y, muchos fracasos después, alcanzaron el éxtasis en un sillón de mimbre que llevaron al cuarto de baño mientras la ducha caliente envolvía en vapores sus locuras de amor.

-No sabes el partido que le hubiera sacado Almodóvar. ¡Qué pena que se haya vuelto  tan coñ…!- y se interrumpió, muerta de risa- Bueno, tan pretencioso…

La Velo Solex

¿Se puede volver atrás por el túnel del tiempo en Velo Solex?...

¿Se puede volver atrás por el túnel del tiempo en Velo Solex?...

De vez en cuando aparece una pavesa  del pasado y nos recuerda que el tiempo vuela. Suele ser un flash amable, porque la memoria es selectiva, y borra fácilmente las huellas tristes.  Hace unos días el Duende evocaba cómo a los diecisiete años dio en la mesa de trabajo de compañero Pepe Cruz Novillo con  un juguete ya imposible de encontrar en las jugueterías.  Era el autobús de hojalata de RICO, amarillo y rojo, tan patriótico, tan sencillo, tan bonito. A esas alturas de la vida, se había convertido casi en una antigüedad. Fue verlo y emprender lo que Marcel Proust describía tan minuciosamente después de morder la magdalena famosa. O sea, la búsqueda del tiempo perdido.

El Duende tiró de él con un cordel invisible que arrastraba una ristra de juguetes ya fuera del mercado. Otros amigos suyos miran a otro tipo de juguetes. Manuel Gasset, por ejemplo, pertinaz conservador de todo brillo crepuscular, mima con esmero un precioso Morris Minor de mitad del siglo pasado. Es de color verde, coqueto y proporcionado, fiel representante de una estética donde el utilitarismo todavía convivía las formas clásicas de las berlinas. Se abrían sus puertas y de él podía salir David Niven, Trevor Howard o James Mason, galanes ingleses de la época. Hoy el que sale -y sólo en ocasiones solemnes, como bodas y bautizos- es Manuel. Peina y viste más o menos como aquellos, porque sigue mirándose en los escaparates de Saville Row, pero se ve que es actual porque ahora lleva en su coche joyita un GPS. Renovarse o morir.

Este puente Manuel y Tatala, su encantadora y más que santa esposa, le habían invitado al Duende a  su bonita casa de San Sebastián. Oficialmente el pretexto era disfrutar de unos días que el INM pronosticaba soleados y tranquilos. La realidad es que Manuel quería pasar a Francia y rescatar ese ciclomotor prehistórico cuidadosamente restaurado por un manitas en Bayona. Como el Duende  también tiene el MNI  (Mastes en Nostalgias Inútiles), aceptó de buen grado.

Esta bicicleta con motor que transmite su potencia a la rueda delantera es negra, y  tiene una estética parecida a la de las hormigas voladoras. En realidad se asimila más a aquella motocicleta con la que los héroes del Alcázar de Toledo molían la harina para hacer el pan que a otras míticas, como las  de Easy rider o aquella otra con la que se fugaba Steve Mac Queen en La gran evasión. Pero las motos antiguas, como los juguetes, quedan en el corazón por los recuerdos que traen del pasado. Y el Duende no olvida la envidia que le daba otro amigo de los veranos de la infancia, también llamado Manuel -más bien Manolón- propietario de una Velo Solex en la que iba de Madrid a Arenas de San Pedro. Tardaba cinco horas por la carretera Alcorcón-Plasencia , y viajaba, naturalmente, sin casco, porque no era obligatorio, y no había mayor placer para el motorista que sentir el golpe de aire en la cara y respirar así  la libertad.

Claro que entonces éramos más que jóvenes. Y a ver quién le explica a Manuel Gasset que, a la velocidad de su flamante Velo Solex, es difícil volver atrás por el túnel del tiempo.

Entradas siguientes »


Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Podcast:

Escucha La Carcajoda, con Capitán

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 443,440 hits