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El cuadro torcido (cuento moral y psicológico)

Juan de ArellanoLos designios del Señor son inescrutables. La vida amorosa de Ignocio Cabrestal se había truncado varias veces por las causas más diversas, pero nunca por algo tan trivial como lo que sucedió cuando se enamoró de Eugenia, la rica heredera de los Marqueses de la Garza de la Aceña. Su relación había avanzado tanto y tan intensamente, que la enamorada había sugerido a sus padres la conveniencia de invitarle a comer algún día para que le conocieran mejor.

-La gente bien no comemos-le advirtió la marquesa-Almorzamos.

-Bueno, pues le invitamos a almorzar –dijo la joven- Pero, a ser posible, que papá no se vaya a dormir en cuanto sirvan el café.

-La gente bien no dormimos-le corrigió nuevamente la señora marquesa- Descansamos.

Eugenia aceptó que descansando, el señor marqués no quedaría tan mal como echándose la siesta. Y estaba tan ilusionada de que las únicas pegas de mamá fueran de carácter terminológico, y que no se refirieran a la fortuna de su pretendiente, que no puso una sola condición más.

Hay que advertir que Ignocio era un hombre especial. Algo mayor para andar flirteando con mujercitas, su personalidad se definía con una sola palabra: rigor. Tan consecuente era con ese principio, que había cambiado su nombre de Ignacio por el de Ignocio. Así no ocultaría a nadie su única sabiduría, que era, como la Sócrates, saber sólo que nada sabía. Era Ignocio porque se consideraba fundamentalmente ignorante. Aunque, a cambio, tuviera nítidamente claro que las cortinas de baño deben ir siempre por dentro del borde de la bañera, que los calcetines de lana escocesa sin desengrasar no son para el verano cordobés,  y que hay que desconfiar del amigo que te apuñala por la espalda.

-Ignocio es maravilloso –le decía Eugenia a su madre la marquesa- Le amo, sobre todo, porque es el único hombre que reconoce su ignorancia. Y aún así, es de una lucidez maravillosa.

Otra de las obsesiones de Ignocio era la geometría perfecta. Había abandonado sus estudios de arquitectura  al comprobar que hasta en las mejores construcciones de hoy es difícil encontrar paredes y escuadras canónicas, como si los niveles, las plomadas y los rayos laser no sirvieran para nada. Y ese exceso de rigor le iba a jugar otra mala pasada.

Porque el día del esperado almuerzo  en casa de los marqueses , le sentaron a la derecha de la marquesa, pero -¡ay dolor!- frente a la pared donde colgaba un magnífico florero de Arellano levemente torcido. Lo había estado observando mientras despachaba el consomé de entrada y a lo largo de las excelentes alcachofas rellenas de foie de del primer plato. Pero no lo pudo resistir más, y  a mitad de la lubina en papillote carraspeó, pidió perdón, se levantó de su silla, rodeó la mesa y se dirigió al cuadro objeto de su atención. Ante el pasmo de los comensales, incluída Eugenia, extrajo del bolsillo de su chaqueta un pequeño nivel, lo posó sobre el borde superior del marco y movió levemente el cuadro hasta que la burbuja de aire quedó perfectamente acotada entre las dos rayitas verticales.

-¿Ven?-dijo orgulloso-Ahora está como debe estar.

El cuadro de Arellano lució desde entonces en la horizontalidad perfecta. Pero paradójicamente aquel rigor geométrico torció el noviazgo. Al marqués de la Garza de la Aceña le pareció intolerable que alguien le viniera a decir cómo tenía que colgar sus cuadros. La marquesa añadió que además Ignocio había sorbido levemente en una de las cucharadas del consomé –aún admitiendo que estaba demasiado caliente, eso sí. Y finalmente Eugenia cedió a sus presiones y encontró a otro novio menos riguroso, pero forrado de dinero y dispuesto a invitarle a pasar una noche de amor en lo más lujoso de Marina D´Or, que era su sueño inconfesable.

-Sabía que quizás aquel pronto les iba a descolocar-le contaba a su amigo Homper mientras, sin alterar su flema, encendía un puro en la tertulia del Ateneo- Pero no hubiera podido ser feliz con alguien que se resigna a ver los cuadros torcidos.

Y esta vez Homper, que por algo permanecía soltero, no se quedó estupefacto.

“Guarriteros” y otros enemigos públicos

¿Se atreverá alguien a decir que la mayoría de las pintadas y "grafittis" son una simple agresión a la estética urbana?...

¿Se atreverá alguien a decir que la mayoría de las pintadas y "grafittis" son una simple agresión a la estética urbana?...

No era ni Palladio ni Norman Foster. Pero era un arquitecto que había tratado de construir edificios dignos y respetuosos con la estética urbana y con el medio ambiente.

También se consideraba  un hombre comprometido con su tiempo: la Nueva Frontera de Kennedy,  Mayo del 68, Woodstock, la Perestroika, el Compromiso de Kyoto, el nuevo orden mundial…Incluso el cambio climático y el de modelo económico: todo lo había tratado de entender y de asimilar. Y lo había acatado solidariamente, porque el artista que latía dentro de él no podía obligar a todos a comulgar con sus ideas.

Y sin embargo, aquel día, cuando vio pintarrajeados los muros de su decoroso bloque de viviendas sociales que tanto habían mejorado el barrio, se indignó.

-Otro atropello más en nombre de la libertad-masculló.

Luego se encerró en su estudio y en su diario personal, escribió:Thomas de Quincey dejó una obra que muchos recordamos, sobre todo, por la contundencia gamberra de su título. Se trata del artículo Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Pues bien, hoy este humilde arquitecto y urbanista, arrimando el ascua a su cabreadísima sardina, se permitiría parafrasearle y corregirle para escribir Del asesinato del “guarritero” considerado como una de las bellas artes.

Distingo al grafittero del “guarritero”. El primero es el que, sin respetar el derecho a decidir la propia estética -que debía estar entre los llamados derechos humanos- pinta en los muros ajenos algo que al menos puede ser bonito (aunque a mí casi nunca me lo parezca). El “guarritero” no sólo no respeta ese derecho, sino que guarrea los edificios con manchas, trazos, chafarrinones y signos que afean las calles y nos cuestan una pasta a todos los ciudadanos.

Y, como Homper –el Hombre Perplejo-, apuntalaba su perplejidad con otras reflexiones relacionadas con el asunto.

1ª ¿Por qué el ciudadano medio se pone hecho un basilisco cuando un transeúnte le le araña la carrocería de su coche con la varilla de un paraguas y calla resignadamente ante las agresiones de los “guarriteros”? ¿Es más importante tu automóvil que la casa donde vives?

2!ª ¿Se permitiría que unos “guarriteros” pintasen con un spray el traje de nuestras vicepresidentas, tan monas y aseadas como visten,  al salir del Consejo de Ministros?

3ª Además de retirarle a Franco las medallas, los títulos y las distinciones honoríficas de cualquier ciudad, villa, villorrio o aldea de España, y de otras medidas que reafirmen el espíritu democrático municipal…¿nos atreveremos alguna vez a reprochar el abuso de los “guarriteros”.

Cerró su cuaderno, lo guardó en el cajón de su mesa de trabajo y salió a la calle. Su bloque de viviendas había quedado convertido en un horror. Sin embargo, lo que él sentía es la calle le  miraba como si fuera el enemigo del pueblo. Al fin y al cabo, era uno de esos canallas de la construcción…

El Rey ha muerto: viva Yo

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

-Es terrible, y debe de ser la coraza de la edad-le confiesa la tía Clota al siempre estupefacto Homper-Pero no he conseguido derramar una sola lágrima por Michael Jackson.

Dice que Jerome, el hijo de su amiga Thelma, fanático irredento del ídolo caído, ha dejado la tienda de la gasolinera de Tinmouth y de momento ha huido a vivir a solas sus penas en una cabaña junto a un lago. No puede superar el impacto por la muerte del rey del pop.

-¿Sabes?…Yo, como soy más vieja, ni canto con una cerilla encendida, ni llantos histéricos ni nada. Lo primero que pensé  es qué pena de chico. Pero luego corregí: qué majadero. Y es que en la tele repasaron la historia de otros artistas que murieron prematuramente por sus excesos: Elvis, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison…Pero si son tan geniales…¿cómo no aprenden que con eso del alcohol, las drogas y los fármacos raritos no se juega?…

Se sorprende Homper de la rotundidad del juicio de su anciana tía.

-Oye, tía-le reprocha débilmente-Tú antes no eras así. Recuerdo que cuando murió Gary Cooper dijiste te encerraste en el cuarto de baño para llorar a gusto.

-Otros tiempos, hijo…-confiesa con cierto sentimiento de vergüenza-Desde que soy vieja de verdad  me resbala casi todo. Me he dado cuenta de que la muerte de los demás forma parte de mi vida.

Reflexiona Homper, que ya se asoma al pórtico de la ancianidad. Recuerda el día en que venía encantado de ver en la entonces joven Filmoteca Nacional Cantando bajo la lluvia, y al llegar a casa su hermana le dijo: han asesinado a Kennedy. Creyó que el  mundo se hundía bajo sus pies. Al día siguiente se personó en la embajada de Estados Unidos, y estampó su firma en el libro de pésames, con frase y todo. Estaba convencido de que la propia Jackie Kennedy repasaría las condolencias y recibiría la suya como ungüento mágico para su dolor. Ahora el hombre empezaba a reaccionar como su tía: nada de rasgarse las vestiduras, de paripés lacrimógenos, de numeritos y frases para que te seleccionen y salgas en la tele como ejemplo de sensibilidad.

-Mueren, ergo existo, ¿no, tía?.

La anciana suspiró largamente.

-Más bien instinto de conservación.

Y Homper se propuso empezar la semana sorteando el egoísmo que nos va inoculando la edad,  y pensando más en esos familiares y amigos que aún le alegran la vida.

Farrah Fawcet y Michael Jackson: “sic transit”…

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Dice la tía Clota que Jerome, el hijo de Thelma, se ha negado a abrir la tienda de la gasolinera  de Tinmouth, Rutland County, Vermont (USA). Trabaja, o trabajaba ahí, No es otra consecuencia más de la virulenta crisis económica. Según interpreta Homper, el cartel que ha colgado en la puerta equivale a ese cerrado por defunción que antiguamente se colocaba en los pequeños comercios.

-Ha sido demasiado, sobrino-le aclaraba –En una misma semana mueren Farrah Fawcett y Michael Jackson. Y no sabes lo que eso puede significar para este pobre chico.

La tía Clota dice que Jerome no es precisamente un chico normal. Un chico, para la tía Clota, puede ser un hombre que no es de su edad. Y Jerome, que ya ha cumplido los cincuenta y pesa ciento veinte kilos, se ha distinguido siempre por esa vehemencia inocente que a veces distingue a los hijos del tío Sam. Quiso ser, sucesivamente, globetrotter, pastor evangelista, angel del infierno, pintor en Marruecos y novelista. La única novela que presentó a las editoriales se llamaba El guardián entre la cebada, que era exactamente igual que El guardián entre el centeno salvo el cambio de cereal, que a su juicio dotaba a su obra de una intención crítica muy digna de elogio. Los editores, tan cortos de miras, se la tiraron a la cabeza. En vista de lo cual Jerome se encerró en el garaje de la casa de sus padres y se pasó dos años tratando de inventar el sándwich del siglo, que era un sándwich de una pasta que fundía el sabor del hot dog con el de la Coca-Cola, y que debía ser servido envuelta en una servilleta con las barras y estrellas. Tampoco se encontró a sí mismo en este intento y abandonó sus experimentos. Luego se casó con una negra de Missouri, que le abandonó aduciendo que le engañaba: Jerome se iba a pescar y jamás traía ningún salmón. De nada sirvió que alegase en el tribunal que siempre iba a pescar fuera de temporada. La esposa de color de ébano le despidió de mala manera, porque estaba probado que le engañaba. De repente se vio solo, desesperado, y se hizo fetichista. Por las noches de verano, cuando ya había cerrado la tienda de la gasolinera, último puerto donde ancló su alma errática, miraba las estrellas y después de contar las cincuenta primeras, que reservaba para la bandera de su patria, sólo veía las caras de esas estrellas que redimen a los mortales de sus miserias.

-Pobrecillo-comentaba la tía Clota- Aún está en esa edad en la que crees que los ídolos populares te hacen mejor…Y claro, perder en una misma semana a una belleza como Farrah y a un artista como Michael Jackson…

A Homper le sorprendió la crudeza del análisis de la tía Clota. Recordó que a él también se le abrió el mundo bajo sus pies cuando murieron Pier Angeli y Audrey Hepburn.

-¿Sabes?-desvió la conversación-Me fui de viaje a ver unos amigos que viven en un pueblecito del sur de Francia …Me llamó la atención lo entrañable que era la plaza de su pueblo, y el interés con el que observaban a una pareja de mirlos que han anidado a sólo tres metros de su ventana…

-Eso es otra cosa –subrayó la tía Clota- Ver pasar la vida no es lo mismo que lamentar que sic transit gloria mundi.

Y se despidió porque, según dijo, el brownie que tenía en el horno se le estaba pasando.

Yo quiero un paisaje con burros

Cuánto más bonito es un paisaje con burros que sin ellos...Sueña a veces el Duende que es multimillonario. A lo bestia: estratosféricamente mega-rico, insultantemente poderoso. La sabiduría popular lo dice: pagando, san Pedro canta. Y ante tantas posibilidades de disfrutar de la vida como ofrece el club de los Bill Gates, Warren Buffet, y Amancio Ortega, se le plantea  al hombre el problema de jerarquizar los caprichos. Con lo poco acostumbrado que está al dinero.

Quién sabe por donde empezar. ¿Emprender una expedición a la Antártida con el mago Tamariz al cuidado de los perros y los trineos? ¿Contratar un crucero de lujo hasta el Perito Moreno exclusivamente para sus amigos inclyendo además a Cristine Scottt-Thomas y Naomi Watts? ¿Comprar un ático en Ile de Saint Louis y llenarlo de libros, instrumentos de astronomía antiguos y juguetes de hojalata comprados a los mejores coleccionistas? ¿Construir una sala de conciertos junto a su cuarto de baño y crear el Festival de Música para el WC ennobleciendo así eso tan poco honorable que es aliviarse? Qué placer, qué categoría: sentarse a despachar con el Sr. Roca mientras al lado la Filarmónica de Berlín interpreta la Obertura 1812 de Tchaikowsky o    La cabalgata de las valkirias de Wagner, músicas incidentales muy apropiadas para la ocasión. Ah, se le olvidaba, otro capricho aún más rebuscado y exquisito: remontar el curso del Nilo hasta sus fuentes tomando gin tonics  en unas andas con aire acondicionado que son llevadas por Cristiano Ronaldo y Kaká vestidos a la federica. Tampoco es que sean sueños tan extravagantes. Lo que ocurre es que a los ricos de siempre les falta imaginación, y siguen la misma receta de lujos y de placeres prohibitivos. Qué falta de personalidad.

Sin embargo el sueño de esta noche fue mucho más pobretón. El Duende sólo llegaba a millonario normalito que compra un buen cuadro en una sala de subastas. El problema de elección esta vez surgía en torno a dos lienzos. Uno de ellos era un óleo  de Camille Pissaro que representaba un paisaje con un camino blanquecino flanqueado por sendas hileras de chopos. El otro, un lienzo de las mismas medidas y parecida coloración de Darío de Regoyos,  ofrecía un panorama muy similar. Donde el francés ponía chopos, Regoyos habían pintado quizás robles y castaños. Había otra gran diferencia. Por el camino del pintor vasco iba un hombre llevando del ramal a un borriquillo. El Duende se quedaba con el segundo cuadro. No porque fuera mejor pintado, ni más asequible. Sino porque era un paisaje animado. Nunca entendería a los que, en la misma tesitura, eligen lo primero.

Es terrible cruzarse media España en un viaje y comprobar, por ejemplo que en el inmenso solar que media entre Madrid y el pueblo turolense de Alcañiz uno no ha visto ni un burro. El campo de hoy que no se ha vendido a los polígonos industriales es un puro desierto de vida animal. Tampoco vio el Duende ninguna otra caballería. Es más, ni siquiera una vaca, o una cabra, o una oveja. Eso sí, muchas alquerías ruinosas, majadas semiderruidas, casas que antaño fueron ocupadas por labriegos y que hoy sólo alojan fantasmas del pasado. En lo alto de un risco del Maestrazgo, en una carretera jalonada por preciosas iglesias mudéjares, sí alcanzó a distinguir a un buitre. ¿De qué se alimentará la criatura?

Otro más de los muchos problemas que asedian a los sabios arregladores del mundo. Además de cambiar el modelo económico, combatir el cambio climático y otros marrones, problema nº 325: cómo reanimar el campo en un país que, como España, tiene tanto y, sin embargo, se ha olvidado del mismo.

Espíritu de croqueta, alma de esponja

Así, pero sin colores otoñales, vieron la Abadía de san Martín del Canigó Lola, Fred y el Duende

Así, pero sin colores otoñales, vieron la Abadía de san Martín del Canigó Lola, Fred y el Duende

Anotador inseguro de lo que ve y lo que siente, el Duende cree que de vez en cuando viene bien acuñar una frase, o colgarse de algunos versos ya famosos. Los más socorridos son los del poeta Paul Éluard: hay otros mundos, pero están en éste. Interprétense como se quieran.

Mientras hacía camino, como un viajante de comercio jubilado y nostálgico, por algunas carreteras y desfiladeros gloriosamente perdidos en la geografía del Pirineo oriental, el Duende arrimaba el ascua a su sardina. Puede haber otros viajes, pero el gozo lo llevo dentro. Y descubrir que ese rincón, tal vez desconocido para la mayoría, me estaba esperando para sorprenderme con su belleza tan humilde y poco pretenciosa me llena de felicidad. Hay otros mundos más espectaculares. Pero también más concurridos, y por tanto menos interesantes. Las auténticas estrellas de lujo son las que  da el sosiego y el silencio.

Atravesar la Cerdaña, entrar en el Rousillon francés por una puerta estrecha y como olvidada del tiempo y de la grandeur, peinando carreteras descarnadas y atravesando pueblos grises, desportillados y con apariencia fantasmal, reptar por puertos que deslomarían al Bahamontes de hace medio siglo –en ese momento parece anclada esta región- meditar sobre el peso del tiempo y la levedad del ser en la Abadía de San Martín del Canigó. Y al final del camino, al pie de este monumental macizo, encontrar reposo en la casa de unos amigos que el Duende encontró en este blog. Las fotos se perdieron en los recovecos imposibles de su cámara digital, pero las impresiones permanecen.

Frases. Ya sean los mundos del poeta, o cualesquiera otros por los que aún pueda rodar, este Duende propone verlos con espíritu de croqueta y alma de esponja. Rebozarse en las tierras que pise. Que toda hermosura, por pequeña que sea, se le imprima, le esponje el alma y pueda contarla a su manera. Animando tal vez a algún curioso a comprobar  que el mejor viaje, a veinte kilómetros o en el cabo de Hornos, es preparar la mirada.

Ser amada en tiempos revueltos

_SARA_CasanovasAnota el Duende: una de las chicas de Amar en tiempos revueltos ha sido atacada por uno de sus admiradores que se sentía humillado por su silencio.

Amor insensato. Amor frustrado que se traduce en agresividad irracional. Antes se usaba el vitriolo y se desfiguraba la cara del amado o la amada. O yo o nadie, se convencía el criminal. Ahora la humanidad se suele andar con menos sofisticaciones. Los llamados violentos de género tiran de pistola o de cuchillo jamonero y arreglan sus problemas a lo Quentin Tarantino: la letra de tu desamor, si es con sangre se entiende mejor. El agresor de Sara Casanovas, que así se llama la actriz, era original, y quería asaetearla con una ballesta. Nunca te acostarás sin saber de un chiflado más.

¿Es de género esa violencia? ¿Y qué pasa cuando atacante y atacado pertenecen al mismo género? ¿Por qué se ha abandonado lo de crimen pasional? ¿No es más exacto?

La cosa es que Sara Casanovas  se había hecho famosa en esa aclamada serie que ofrece TVE1 en la sobremesa y que se llama Amar en tiempos revueltos, un Sautier Casaseca menos meloso, más costumbrista y con guiños políticos adecuados al momento. El Duende la ve a medio párpado si no ha empezado la película del Oeste de Telemadrid. Esta película es de lo mejor de la tele, pero a veces se retrasa demasiado a efectos de siesta, y otras veces son los combativos sindicatos los que se la cargan. Como si Telemadrid fuera la única causa que merece movilizaciones.

A la serie de Sara le han caído muchos premios, pese a sus defectos en la ambientación y en el estilismo. El Duende advierte, cuando menos,  de que en la España de la posguerra no se desayunaba zumo de naranja ni en las casas burguesas, critica que los bancos del Retiro que han salido en varios de sus capítulos no corresponden a esos años,  y subraya que las blusas, las cortinas y las colchas cantan demasiado a fibras artificiales. Pero no nos vayamos por las ramas. Por debajo del suceso, había un amor frustrado como el que tantas veces surge en el espectador por su actriz favorita.

Y recuerda que él también le escribió a Audrey Hepburn después de ver Vacaciones en Roma. No se atrevió a pedirle que se casara con él, porque les separaban demasiados años. Pero sí que acusara recibo y que le enviara una foto dedicada. Había sabido que en una ocasión Charlot recibió una carta que, en lugar de señas, llevaba dibujado un bombín, un bigotón, un paraguas y unos zapatos abotinados combados por el uso. Ni corto ni perezoso,  el Duende recortó del anuncio de la película la Vespa en la que viajaban Audrey y Gregory Peck, la pegó en el sobre, y escribió a mano: Audrey Hepburn, Hollywood, ESTADOS UNIDOS, la franqueó y la puso en el buzón. Una de tres: o su inglés no fue lo suficientemente expresivo, o el cartero era tonto o la amada no era tan dulce y comprensiva como pintaba su rostro.

Y es  que cómo son las actrices. Qué difícil  para ellas ser amadas en tiempos revueltos,  sobre todo si el amante es un ballestero loco. Pero qué fáciles es mantener la ilusión de  su enamorado cuando éste, lejos de matar, está dispuesto a morir por su amor.

NOTA DE LA REDACCIÓN. Pese a que pueda parecerlo, el inspirador de la última frase de este post no es Zapatero.

Música y fuegos artificiales en El Retiro

¿Será que la felicidad es una música nocturna con fuegos artificiales?...

¿Será que la felicidad es una música nocturna con fuegos artificiales?...

Causa de perplejidad nº 21.867 en la biografía de Homper: su corazón se pone a galope cuando escucha una banda de música. Tal que si fuera un niño

En realidad Homper hubiera querido serlo todo en la banda. Director, trompeta, trompa, fagot, trombón, tuba, tambor, bombo, platillos, celesta…Qué deliciosa manera de prolongar la infancia liberando ritmo y adrenalina con otros colegas. Y además de todos los instrumentos, hubiera querido ser todos los protagonistas: los maestros Penella, Alonso, Lleó. Y Chapí , y Chueca, y Barbieri, y Sorozábal Y hasta Paquito el Chocolatero y El gato montés. A Homper le gusta tanto la música  que incluso puede tolerar a Georgi Dann sin pedir su ingreso en un psiquiátrico. Y con la música de banda, siempre asociada a un templete en un parque, y sin el obligado silencio de los auditorios sinfónicos, es hasta relativamente feliz. Causa de felicidad (relativa) nº  1687 exactamente.

La Banda Sinfónica Municipal de Madrid incorpora además una sección de cuerda de lujo. Homper no sabe si es por ello sinfónica, puesto que la palabra banda es, para el Diccionario del Español Actual, acepción tercera, un conjunto de músicos que tocan instrumentos de viento y de percusión. Y salvo en aquella desternillante secuencia de Toma el dinero y corre en la que Woody Allen desfila por las calles con una banda en la que tiene la desgracia de tocar el violonchelo, no está acostumbrado a ver cuerda en las bandas. El caso es que la de Madrid, aunque se queja de poca atención por parte de la administración –quizás es too vulgar para un alcalde tan exquisito como Gallardón- puede darse el lujazo de abordar un repertorio cuasi sinfónico.

El pasado martes por la noche, en un concierto extraordinario con el que celebraba su primer siglo de vida, se plantó en el Retiro y tocó la Suite Iberia de Albéniz. Pero estaba al lado del estanque, y qué cosa más natural que interpretar luego la Música Acuática de Haendel. Y ya que cerraba el concierto con las Música para unos reales Fuegos Artificiales, qué bonito que, desde el lado opuesto del estanque quemaran un castillo pirotécnico  perfectamente sincronizado con la duración y las percusiones de esta singular música incidental, joya del barroco donde las haya. Ooooooooh.

El estanque del Retiro no es el Támesis, y la estatua ecuestre de  Alfonso XII no es lo mismo que el rey Jorge I, para el que Haendel compuso esta música mil veces escuchada. Pero Homper evocaba las fiestas de San Isidro del Madrid cutre de posguerra, donde ni se sabía lo que era la cultura popular, y además se asomaba la  media luna, a la que contemplaba tumbado en la hierba, como si en lugar del Retiro aquello fuera un Woodstock para carrozas. Y ,entre los tutti de la banda y los estampidos de aquellos preciosos fuegos de mentirijillas aún se filtraban los murmullos de parejas jovencitas que retozaban por ahí.

- Ohhh-se estiraba Homper abandonándose al placer de   noche tan singular.

Daba la casualidad, además, de que ese día no había escuchado Homper ninguna de las memeces o de las cursiladas que han dicho los políticos en campaña. Llegó a reconocer incluso que éstos, cuando programan fiestas populares así, hasta pueden acertar. Y se quedó, por tanto, también perplejo de constatar que aquel rato de música de banda, tan leve, tan refrescante y tan luminoso, había sido una infusión de felicidad.

Meterse en jardines

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

-Mira que hay jardines bonitos donde meterse-decía la tía Clota sin levantar la vista del solitario- ¿Has visto el Parque del Capricho?…Debe de estar precioso…

-Teniendo en cuenta la cantidad de voluntarios para al vandalismo con los que cuenta la ciudad de Madrid-respondió Homper- hay que reconocer que los parques se mantienen razonablemente bien.

-Entonces…¿por qué los obispos y los políticos se meten en jardines peligrosos?-preguntaba la anciana- Parque de los Pederastas, Jardines de los Abortos, Parterre de las Tetas…¡Que santa Lucía les conserve la vista!…

Dice la tía Clota que no se imagina a Dios con el pecómetro en mano aclarándole a monseñor Cañizares si la pederastia es más o menos pecado que al aborto. Ni a Mayor Oreja leyendo al trasluz las pecografías del Instituto de protección de la Infancia.

-No creas-ironizó- Tampoco creo que la diosa Razón haya iluminado a Bibiana Aído cuando habló del permiso para ponerse tetas…Por cierto…¿ya ni siquiera los ministros dicen pechos?

-Ahora todo el mundo es más vulgar, tía. A los pechos es más moderno decirles tetas, y a los obispos y políticos imprudentes, les decimos simplemente  gilipollas.

-¡Pero Homper!-le reprochó la tía Clota mientras levantaba la vista del solitario.

Homper hizo faena de aliño, despidió a la tía y cerró  la sesión de Skype. Luego se quedó a solas con su mismidad y reconoció que había sido un desahogo. Como cuando de chavalín se refugiaba en el cuarto de baño, y decía frente al espejo esta letanía pecaminosa: caca, culo, coño, teta, pis.

Y se quedó perplejo al comprobar retroactivamente que, siendo tan sólo un niño, ya fue tan imprudente como esas personalidades públicas que innecesariamente se meten en jardines peligrosos…

El síndrome QPA

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A menudo, uno se pregunta con cierto desasosiego: ¿qué pinto yo aquí?..

El sedicente filósofo Valdovino de Los Yébenes, harto de que los maestros  clásicos le hubieran pisado el terreno especulativo en los grandes incógnitas del pensamiento humano, preparaba una ponencia sobre Minucias que propician la Angustia Existencial. El propio nombre de minucias excluía el pesimismo, tan machacado por Schopenhauer, y la naúsea de Sartre. Quedaba muy poco académico, pero en realidad se trataba de insignificancias, percepciones de finísimos matices, naderías, vulgo chorrradas: pequeñas circunstancias que cuando se viven no le impulsan a uno a precipitarse por el Viaducto, meterse una infusión de lisérgicos o hacerse el harakiri con el cuchillo jamonero, sino a pasar un mal rato posiblemente evitable. Jó, qué marrón es filosofar.

Lo más trabajoso no era enumerar esos pellizcos de desasosiego íntimo, sino jerarquizarlos. Soportar el vuelo de una mosca a nuestro alrededor mientras estamos a punto de sucumbir a la siesta, y no sabemos, por tanto, si aterrizará en nuestra nariz o elegirá otro rumbo y nos dormiremos. Qué horror. Sentir que una persona  apreciada por nosotros  nos quiere hacer una confidencia muy, muy cerca, sin saber que le huele el aliento. ¿Es peor o mejor que aquello? Ver que se te escapa el autobús mientras un ciego reclama justo esos treinta segundos que necesitas para que le ayudes a cruzar la calle. ¿Cómo decidir correctamente? Engullir una croqueta exquisita  a mediodía, cuando suspiras por ese preciado manjar, y morderse la lengua de la manera más tonta. ¿Cabe más desatino? Descubrir un moco asomando por la nariz de esa cara que, hasta que te acercas, deseabas besar ardientemente. ¿Qué es más angustioso?-se preguntaba Valdovino. ¿Qué más estúpidamente molesto para el alma que quiere vivir serena?

-Pues no te pierdas el Síndrome QPA- le dijo el Duende a Valdovino mientras, después de mojar el dedo en el café, escribía una gran interrogación sobre el mármol del velador.

-Cuéntame, cuéntame los síntomas-inquirió el pensador mientras sacaba su libro de notas.

-Verás…Yo escribo en MARCA. Podría escribir en una revista de poesía, en el Calendario Zaragozano o en el Anuario de Actuarios de Seguros, pero sólo MARCA se ha interesado por mis letras. Me invitan a todos los actos que organizan. Esta semana, un coloquio con Fernando Torres y una Gala Fútbol Draft 2009 en el Estadio Santiago Bernabéu. Yo no entiendo casi nada de fútbol, y no sabía qué es un draft: en el diccionario, borrador/ Llamamiento a filas. O sea, selección de jugadores jóvenes, fomento de la cantera. Voy por cortesía, sin saber a qué voy. Me reciben azafatas encantadoras y guapísimas. Me cuelgan una identificación de congresista. Me acompañan por las gradas vacías hasta el campo, donde entregan unos premios y hay una cena. Sobre el verde, mucha gente. Juveniles, entrenadores de juveniles, padres de juveniles, federativos, directivos, redactores deportivos, árbitros: no conozco a nadie. Miro a mi alrededor: nunca había visto ese inmenso coliseo desde el centro del campo. Sigo sin ver  a nadie conocido. ¿Qué pinto yo aquí? Por disimular, saco el móvil del bolsillo y hago como que llamo. Empiezan a sacar bandejas de aperitivos. El jamón está buenísimo y yo estoy hambriento. Con la misma mano que sujeta el teléfono, cojo una loncha de jamón y un piquito de pan y me lo llevo a los labios disimuladamente antes de continuar la falsa conversación. Me muero de vergüenza. ¿Qué pinto yo aquí?, me repito. Y de repente veo que todos los asientos vacíos se han llenado de madridistas que, como los romanos implacables, me señalan desde la grada coreando su sentencia con el  pulgar hacia abajo: Duende, gorrón/ ¡No comas más jamón!/ Duende, gorrón/ No comas más jamón!…

Brillaba la media luna en lo alto. Añadió el Duende que nunca se sintió más absurdo y más observado. Y Valdovino de Los Yébenes también anotó en su libreta que, en vista  de que no bajaba una Superwoman que le rescatara de tan enojosa situación, el pobre Duende, víctima sonrojante del síndrome QPA, huyó despavorido del estadio como ese defensa que acaba de romperle la tibia al ídolo local y quiere librarse de la ira de las turbas.

¿Sabrá Bibiana Aído lo que es el cucuné?

¡Vamos, que lo que le dice la Ministra!...

¡Vamos, que lo que le dice la Ministra!...

Cuando le preguntaban por qué seguía siendo el hombre perplejo, Homper no se andaba por las ramas.

-Según el libro de estilo de algunos periódicos-aclaraba-por mi edad soy ya un anciano.- Y sin embargo sigo descubriendo cosas que me sorprenden.

Por ejemplo, palabras. Homper se jactaba de levantarse de la cama  con un cazamariposas invisible que en lugar de lepidópteros de colores atrapaba palabras. Palabras de significado desconocido que, insospechadamente, cuando uno cree dominar el castellano y barajar un vocabulario variado, aparecen en un libro, en un periódico o en la boca de algún hablador culto. En este caso no era hablador, sino habladora. Se trataba de Aldara Fernández de Córdova, una periodista inteligente y además muy guapa que tiene el buen gusto de escribir cuentos muy bien y de hablar casi mejor. El caso es que en una conversación intrascendente pronunció la palabra cucuné. Homper no tuvo el valor entonces de confesar su ignorancia, y la mariposa verbal echó a volar.

-¿De donde vendrá este cucuné? –especulaba.Homper

Y componía sus propias definiciones. Cucuné: Baile popular de Guatemala. Cucuné: papilla de mandioca y sémola. Cucuné: corsé adornado con frunces y jaretas que puso de moda Maria Antonieta. Cucuné: contera del bastón del regidor. Cucuné: planta del orden de las cucubirtáceas cuya pulpa produce efectos afrodisíacos.

La curiosidad le llevó a una de sus fuentes favoritas, el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. El cucuné es un moño, sin más. Homper investigó en Internet y supo que algunos precisan, además, que es un moño alto que las damas distinguidas se hacían en la parte superior de la cabeza para diferenciarse de las que llevaban el moño vulgar.

-Nunca te acostarás sin saber una cosa más-le dijo la tía Clota en su conversación a través del Skype-Ya ves, yo que soy mucho más vieja que tú no lo sabía… Pero lo voy a aprovechar, ya lo creo. De ahora en adelante, en lugar de decir que estoy hasta el moño de algo, que es tan ordinario, diré que estoy hasta el cucuné. Por ejemplo: estoy hasta el cucuné de lo que dice esa joven ministra llamada Bibiana Aído. Que el feto que lleva una mujer en el vientre es un ser vivo, pero no un ser humano…¿Nadie le aconseja que no diga más tonterías?

Las teorías de la ministra: otra causa más para la perplejidad. Homper se llevó las manos a la cabeza imaginando los improperios que le lloverían a tía Clota por criticar a la ministra prodigio: facha, machista, retrógrada, demagoga. Pero luego se consoló pensando que la titular de Igualdad, como le pasaba a él mismo hasta hace un ratito, tampoco sabe lo que es el cucuné.

Los guantes de Gilda y otras cosas superfluas

GildaPensaba que era cosa de la edad. De vez en cuando Homper sentía la necesidad de depurar todo lo superfluo de su vida. En sueños se le aparecía un espectro evanescente, pero con un mensaje claro: suelta lastre, hijo. Homper lo bautizó como el Ángel Minimalista. Aparecía ocasionalmente, quizás una vez al año, coincidiendo con la llegada al buzón del recibo del Impuesto sobre Circulación de Vehículos de Tracción Mecánica. Era entonces cuando recordaba que no cabía una sola cosa más en su vida, y tocaba depurar.

Esta vez, sin embargo, fue a impulsos  de la extravagante tía Clota.

-¿Sabes?…Ayer por la tarde nos deshicimos de nuestros guantes de Gilda. Vinieron a casa Edwina y Thelma, cada una con su par correspondiente. Tomamos un te opíparo, con sus sus scones y la tarta de nuez y zanahoria, que me sale tan rica…Después fuimos de paseo al lago, llenamos los guantes de piedrecitas pequeñas, nos acercamos al borde del pantalán y los arrojamos al agua…Debíamos haber llorado, pero sonreíamos. Nos cogimos las tres de la mano viendo cómo se hundían y sentíamos una paz maravillosa.

Homper imaginaba el cuadro y su perplejidad tradicional se quedaba en nada. Imaginaba que René Magritte rondaba por el lago, abocetaba los seis guantes negros hundiéndose como peces de plomo y pintaba un lienzo póstumo que batía records en Sothebys. También imaginaba que del cieno del fondo del lago, como una sirena rediviva, emergía Rita Hayworth y volvía a cantar Amado mío mientras contoneaba su cuerpo y se ponía, para quitárselos después voluptuosamente, los tres pares de guantes que habían desechado las tres ancianitas de Vermont.

No desechó Homper ni el aviso del Angel Minimalista ni la lección de la tía Clota y sus amigas. Abrió sus armarios, metió en una bolsa de viaje la máquina para hacer perritos calientes que jamás había utilizado, el juego de cacharros para la raclette que jamás utilizaría, porque todos sus amigos y amigas sólo se alimentaban ya de ensaladas y pescados a la plancha, dos novelas de Vizcaíno Casas, cuatro pares de gafas con dioptrías superadas, una metopa del Cuartel de Wad-Ras, donde prestó sus deberes militares, y seis insectos conservados en resina plástica que empezó a coleccionar con una de esas absurdas series de fascículos que anuncian por la tele.

Caminó por el parque, buscando el Punto Limpio donde, según las ordenanzas municipales, debía depositar tan heterogénea carga. Cuando estaba a punto de llegar, dejó la bolsa en el suelo y se llevó las manos a la cabeza.

-Vaya, me he olvidado del punto y coma.

El punto y coma era en su vida tan superfluo como lo anterior. Cuando aprendió a leer, aún se escribía con puntos y comas. Ahora, con estos vaivenes de de  la gramática y de la RAE y los dictados de la moda, que también mandan en la escritura, el punto y coma casi le estorbaba. Sin embargo las ordenanzas, que dicen dónde debemos depositar las pilas gastadas, los medicamentos caducados, el aceite frito y la máquina de perritos calientes, no ha pensando en  el cementerio del punto y coma. Y Homper se quedó perplejo de que Zapatero, ya que no nos saca de la crisis,  no nos resuelva al menos el problema de

los residuos ortográficos.

Qué hacer con un teléfono machista

Telefono movil machistaEl preclaro político nacionalista Ibarreche se jubila. Justo cuando se estrena una nueva secuela de Star Trek y ni siquiera han tenido la delicadeza de ofrecerle el papel de Mister Spock. Qué falta de visión, con lo gracioso que estuvo el día aquel que llamó a la defensa de la galaxia vasca frente a las galaxias extranjeras que quieren yugularla.

Ibarreche deja las poltronas del poder, pero su discurso ha echado raíces en la clase política. No tanto en el fondo, afortunadamente, como en la forma. De hecho, el lendakari López, que quiere ser completamente opuesto a su antecesor, sigue empleando en sus alocuciones lo de ciudadanos/ciudadanas vascos/vascas. Muera el genérico si resuena a masculino.

El objetivo de esa presunta igualdad, pian pianito, va ganando terreno. Homper, nuestro hombre perplejo, se queda últimamente más perplejo todavía cuando advierte que ese/a angel/angela exterminador/a del sexismo que es la ministra Aído ha conseguido domeñar su subconsciente.

-Es terrible-le confesaba anoche a la tía Clota-Siento como si me hubiera implantado un chip en el cerebro Tengo que buscar el abrecartas o el abrelatas y yo mismo me voy preguntando: ¿dónde habré puesto el abrecartas/abrecartos? ¿Quién me habrá escondido el abrelatas/abrelatos?

La tía Clota, que lleva más de treinta años viviendo en Estados Unidos y ya habla más en inglés que en castellano, le miraba atónita.

-¿En esas tonterías andáis ahora en España?

Homper trató de explicarle que la cosa va en serio. La Academia de la Lengua, por ejemplo, está peinando el diccionario para limpiarlo de piojos machistas y atemperarlo al signo de los  tiempos. Por eso él se ha quedado literalmente petrificado cuando al encender  el teléfono móvil marca Nokia que le han prestado hasta que tenga arreglado el suyo le ha aparecido en la pantalla este mensaje: ORDENA, MI AMO. Como lo leen: ORDENA, MI AMO. El acabose.  Un aparato tan retrógrado que no sólo presupone que el propietario del teléfono debe ser hombre, sino que además ignora que desde hace varias constituciones no hay en España amos ni siervos.

Así que no sabe si estrellarlo contra el suelo o ponerlo a disposición de Bibiana Aído para que denuncie a la compañía, meta al teléfono en la cárcel y siga perfeccionando este maquillaje igualitario que nos permite sentirnos tan maravillosos.

París, París…¿Demasiado bonita para ser buen cine?

paris_parisCuando el ínclito Carlos Herrera pastoreaba al Duende en la radio, a las diez de la mañana abría los micrófonos a los oyentes para que debatieran sobre un  tema de actualidad. Si el asunto era un reflejo cotidiano de la vida de los españoles, Capitán y el ciudadano García lo definían así.

-Hoy toca un cómo semos.

Había algún tema divino, pero casi todos eran asquerosamente humanos: la incuria ciudadana, sus guisos favoritos, las relaciones con la suegra, errores médicos, el maestro que le dejó huella, cómo conoció a su pareja, dónde le dejó tirado el coche, qué se lee en el retrete, gorrones conocidos, cómo alivia usted sus meteorismos…Al Herrera nada humano le es ajeno, y si es somático y con adorno de regüeldos o ventosidades, mejor que mejor. Es el más brillante ante el micrófono, pero también el más guarro. De cuando en cuando –pocas veces, todo hay que decirlo- escapaba de su sentina  guasona y planteaba asuntos más trascendentes. Sin embargo, nunca debatió ningún cómosemos como el que sugiere una película aún en cartel. Es una película francesa, se llama París, París y,  como no pinta intelectualmente correcta –desgraciadamente para ella, resulta agradable de ver-  seguramente pasará sin pena ni gloria.

El cómosemos derivado se podría presentar así: ¿por qué el artista y el creador contemporáneo se obsesiona por  lo sórdido,  lo triste, y lo desagradable de la vida? ¿Por qué ese regodeo en las pestilentes sombras de nuestra sociedad? ¿Por qué hay que  afligir sistemáticamente al ciudadano conel flagelo de sus miserias? ¿Por qué ese menosprecio de lo bonito, de lo amable, de lo que deja buen sabor de boca?

Con un lúcido ejemplo, se lo recordaba  la tía Clota a su siempre perplejo sobrino Homper.

-No podría colgar uno de esos cuadros del famoso Bacon en el saloncito de casa. Se parecen a lo que veía en un monitor el día espantoso en el que me hicieron una rectoscopia.

Y Homper se quedó con la meditación: Francis Bacon encierra en sus cuadros  el doloroso misterio de ese aire que te inyectan por donde te dije cuando te miran la fontanería rectal. Es la fascinación morbosa de lo desagradable.

Todo lo contrario de lo que ofrece la última película del mismo equipo que triunfó con Los chicos del coro. París, París tiene algo de evocación, es un fresco costumbrista del París de los años treinta, mezcla géneros como la comedia, el melodrama, el musical y hasta el thriller político. Pero para los críticos del vinagre cultural tiene dos imperdonables defectos: es entretenidísima y, sobre todo, bonita como un sueño. Como aconsejaría la tía Clota, no la vean si sólo quieren pasar otro mal rato con el dichoso cine de autor.

No mueras por salir en la tele

Pobre Stephanie Parker. No sabía que hay vida más allá de la tele...

Pobre Stephanie Parker. No sabía que hay vida más allá de la tele...

Que te conozcan por la calle, que te salude gente a la que nunca has visto,  que te ofrezcan siempre la mejor mesa en el restaurante, que no te cobre el taxista la carrera, que los camareros te pongan gratis una tapa extra. O que te entronicen en el hogar de una admiradora instalándote sobre el microondas.

-He enmarcado en plata Meneses la foto de Arturo Fernández y la he puesto ahí -decía Doña María- porque tiene una mirada que es para derretirse…

Lo que no derrita el microondas, que lo funda la mirada de un ídolo. Aunque hay amores que fraguan con sólo escuchar una voz, es mucho más fácil conquistar cuando tienes buena presencia. Lo decía el actor Manuel Alexandre.

-A mí con esta pinta no me veían de galán, que era el sueño de los actores de entonces. Y me convertí en secundario.

Es menos lucido, pero al final, si vives mucho, te acaban queriendo y considerando buen actor. Sobre todo si eres conocido. Por eso hoy todos los que aspiran a la popularidad  quieren salir en la tele. Porque  esa ventanita que a menudo nos parece tan zafia y tan hortera, en realidad  es la puerta que abre todas las puertas. Hay quien mata por asomar la cabecita en la pequeña pantalla. Pero, sorprendentemente, también hay quien muere por dejar de salir en ella, como la desdichada Stephanie Parker, que se acaba de suicidar al saber que prescindían de ella en una teleserie inglesa.

La noticia, cómo no, le dejó sorprendido a Homper. Y se filtró en la conversación habitual con la inefable tía Clota.

-¡Qué espanto! -comentó ésta mientras hacía un solitario- Y tan joven…Quizás creía que no hay vida más allá de la tele…

Luego le preguntó a su sobrino si eso podría pasar en España. Y Homper le dijo que no, porque en nuestro país, aparte de dos cadenas públicas, no se cuántas autonómicas, cinco o seis privadas en abierto y algunas más de pago, hay más de mil pequeñas televisiones municipales. Y Doña María prefiere escuchar antes  los cotilleos del barrio que  las reuniones del G-20.

-Ya ves -le dice Homper a su tía-  Uno cree que por asomarse a la pequeña pantalla es Dios, y resulta que la libertad de televisiones ha llenado nuestro mundo de diosecillos que no son nadie.

Y cuenta el caso del Duende, que hace unas semanas fue invitado a un programa de TVE 1 como autor del villancico de las Muñecas de FAMOSA y ni siquiera en su Coro Vía Magna, donde cantan casi sesenta y entienden mucho de joyas musicales, le comentaron que le habían visto. Un oprobio para su autoestima

-Santo cielo, qué frustración -comentó la anciana sin levantar la vista de sus naipes- Así que la tele tampoco es ya lo que era…

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