Archive for the 'Deportes' Category

Tu nieve imposible

A tí también te hubiera gustado dejar huellas sobre la nieve...

A tí también te hubiera gustado dejar huellas sobre la nieve…

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Últimamente te despiertas entre cinco y media y seis, cuando aún reina la noche. Bebes un vaso de agua para aliviar la sequedad de tu boca y te acercas a la ventana. Miras el cielo oscuro, Madrid dormido, la calle desierta, el parque fantasmal y la farola solitaria anclada ante tu palomar que te sirve para observar la lluvia. Si chorrean gotas de su sombrerito, es que está lloviendo, algo que te estimula para arrebujarte de nuevo entre las sábanas e hilvanar aún un último tramo del sueño.

No lo confiesas, porque te parece pueril, pero durante la última semana lo que de verdad te hacía levantarte de la cama con ilusión no era tanto la lluvia como la nieve, que los pronósticos, siempre proclives al alarmismo, daban por segura incluso en la capital. Vana esperanza. Sólo una ráfaga de copos como confetis cayó para cumplir el expediente y no sacar los colores a los meteorólogos. La nieve siempre te fue esquiva. Te contaron que naciste un 17 de enero que Madrid amaneció blanco y desde entonces esperaste que se repitiera el milagro por estas fechas. Inútilmente. Quizás por eso siempre te han entusiasmado las proezas bajo cero de todos aquellos que desde Scott, Amundsen y Shackelton a Sebastián Álvaro o nuestro llorado Paco Fernández Ochoa han dejado sus huellas en la nieve o en el hielo. Tú sólo has podido ser esquiador o explorador polar sobre el papel de los libros o viendo documentales. Eso sí, puedes pasarte una tarde entera siguiendo por televisión la epopeya de los pingüinos emperador o la incierta lucha por la supervivencia del oso polar. El frío te sacude cuando lo sufres, pero te fascina cuando lo ves allá lejos.

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Intentaste aprender a esquiar en Candanchú cuando ya no eras ningún niño. Además las botas te causaron unas rozaduras terribles, y pronto advertiste que a tu cuerpo le faltaba la flexibilidad y la coordinación de movimientos necesarios para practicar este deporte medianamente bien. Pocas experiencias más placenteras recuerdas que llegar la cumbre y dejarte deslizar suavemente por la pista. Sin embargo hasta lograr ese orgasmo con la montaña te pareció tan exagerado el coste –largo viaje, madrugones, colas en los arrastres, lucha contra las botas, cremalleras imposibles, etc- que pronto te convenciste de que era mejor para ti amar la nieve de lejos. Ya te parecía difícil hacer pis con el mono de esquiar siendo hombre cuando tu alter ego femenino recordó por boca de Doña María cuánto peor es ser mujer inexperta en esas circunstancias. Te lo contó después de perder su oronda virginidad alpina en la primera excursión de ACUBA (Asociación Cultural del Bloque los Arándanos) a la nieve.

-Esos arrastres que te meten en la entrepierna y que dan un tirón como si fueran sartenes violadoras –se quejaba indignada-…¡De espaldas al pueblo!

Dijo la doña que cayó con estrépito repetidas veces antes de tenerse en pie y a aprender a subir con esos primitivos arrastres. Y que pilló una cistitis en su primero y último viaje a la nieve. Pasó tantas fatigas luchando con su mono hasta conseguir ponerse en cuclillas, y tanta vergüenza intentando camuflar los círculos amarillos que dejaban en la nieve sus alivios, que no volvió a repetir la experiencia. Debió de pensar del esquí lo mismo que aquel joven británico del siglo XIX que, por consejo de su padre, el conocido liberal Lord Coitous, se lanzó a probar su hombría y aprender las delicias del amor. Querido padre. Siguiendo tus indicaciones para completar mi formación universitaria con las enseñanzas de la vida, fui al Soho y con la complicidad de una experta en esas artes, cumplí tu encargo. El resultado puede considerarse satisfactorio, pero a  fuer de sincero, matizaré: el placer me pareció efímero, el precio, exagerado, y la postura, ridícula.

Más o menos lo que dirías tu del deporte del esquí. Envidias a los grandes esquiadores, admirabas que tu añorado amigo Félix, maestro del arte de vivir con el mínimo esfuerzo, se pegase las mayores palizas por sólo unas horas de nieve en Baqueira. Pero hoy, con la espalda medio rota, te basta con imaginar que esquías persiguiendo a la sombra fugaz de una joven Greta Garbo mientras miras desde tu ventana las cumbres de Guadarrama o de Gredos cubiertas de blanco como helados de nata.

Carpe minutum

Para aliviar esperas y preocupaciones, nada como mirar al cielo y aprovecharlo...

Para aliviar esperas y preocupaciones, nada como mirar al cielo y aprovecharlo…

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Cruzas el pinarcillo que se extiende a los pies de tu balcón y pasas junto a cuatro cacatúas verdes de esas que invadieron Madrid. Ahora picotean hierbas y gusanillos como si como si esta fuera su tierra de toda la vida. Ni se inmutan al verte. Recuerdas al tío Augusto, naturalista y ornitólogo, subdirector del Museo de Ciencias Naturales, muerto en Madrid el día de San Isidro de 1946 de un derrame cerebral. Más que recordarlo, lo imaginas, puesto que aunque llegara a tenerte en sus brazos, no sabes de él más que lo que te contaba tu madre, tus hermanas y tus primos mayores, las fotos familiares, sus libros antiguos, con preciosas láminas de animales que aliviaban tus largas estancias en la cama por frecuentes anginas, sus papeles, sus publicaciones. Se sorprendería al comprobar que un ave tropical se ha aclimatado a tu pueblo. ¿Estaría a favor del respeto a las cacatúas, o abogaría por combatirlas, como proponen ahora?

Hay dilemas éticos para cualquier cosa.

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Paseas luego por Madrid Río muy bien acompañado por dos damas y te fijas en unos galápagos que toman en el sol en un espigón del estanquito que es por ahí el Manzanares. Te preguntas si Darwin podría adivinar su edad de un vistazo. Cuando tú cogías galápagos como esos en el Tiétar, los quelonios se defendían tirándose unos pedos absolutamente disuasorios. Puaf, qué hedor. Por una simple regla de tres argumental, te imaginas al autor de la teoría del evolucionismo saludando a los gigantescos ejemplares de la Isla de los Galápagos –alguno de ellos sobrevivió hasta hace pocos años- con una pinza en las narices. Buena caricatura para el Punch.

Duda añadida: ¿serán las ventosidades de estos fabulosos reptiles tan culpables como dicen que son del calentamiento global los meteorismos de las vacas? Hay cada teoría…

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Por la tarde, tras la siesta butaquera (no pijamera), que es la que te gusta, te pones el ordenador sobre la rodilla y con la espalda protegida por el mullido respaldo tratas de sacar adelante un post que te atormenta desde el viernes pasado. Se te ha encasquillado. Tu compromiso con elduendedelaradio te reconcome como si fueras un criminal inconfeso. Tantos días sin dar señales de vida…¿A dónde vamos a llegar?

El post que tenías en la cabeza se hubiera podido titular: ¿Para qué nos sirve Europa? O así. E n la jornada de reflexión ante las Elecciones Europeas querías reflejar lo que supuso el sueño de Europa para tu generación. Europa como ungüento para curar definitivamente las heridas de la Segunda Guerra Mundial. El espejismo que nos trajo la Unión Europea con su maná de fondos y subvenciones, dinero que la picaresca nacional ordeñó a conciencia. La decepción cuando se pinchó el globo y se estrechó el cuerno de la abundancia. El escepticismo y el desinterés por la política europea, contagiada por la fobia que todo lo político despierta tras la crisis. ¿Para qué sirve Europa?, se pregunta el abstencionista que pasó de urnas el domingo después de haber mamado lo suyo, como casi todos.

-No seas tonto, papá- responde el hijo de papá rico que ha pasado a ser papá indignado- Si no hubiera Europa no habría Champions, y si no hubiera Champions…¿qué sería del próximo sueño de Florentino?…

El chaval sospecha que, consagrado definitivamente el presidente del Real Madrid como ser superior y Sergio Ramos como hijo en quien el padre tiene todas sus complacencias, no habrá dios que le niegue a Florentino una pequeña recalificación más. Por ejemplo, ampliar el Bernabéu hasta la Plaza de Castilla, o levantar unas Torres Florentonas en el Retiro para ningunear a las famosas Petronas. En fin cualquier detallito para recordarnos que debemos estar orgullosos de que Madrid sea la capital mundial del fútbol, que quien manda, manda, y que se acabó la miseria. Afortunadamente el papá indignado es propietario de una proveedora de perfiles metálicos a la constructora de Florentino, de modo que a él también le volverá a sonreír Europa.

-Tienes razón, hijo –concluye el abstencionista arrepentido dando un cachetito cariñoso a su hijo- Si no hubiera Europa ya no podríamos aspirar a la undécima…

Larga vida pues a esta Europa que parece resbalarnos.

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Pierde la final de la Champions tu Atlético de Madrid, te duele Europa (no tanto como la derrota de tu equipo), sigues anotando observaciones inútiles con las que otra veces eres capaz de añadir algo nuevo a tu blog. Sin embargo el post que iniciaste el viernes no avanza. Definitivamente se te ha atragantado. ¿Por qué? Porque vives sin vivir en ti. Va hacer casi dos semanas que terminaron las pruebas previas a tu nueva ración de radioterapia en la Dorsal 7.

-Ya le llamaremos –te dijeron en el hospital

Y sin embargo no te llaman. Revives la misma inquietud del candidato a un puesto de trabajo que espera la llamada del head hunter, del actor que cree haber sido el mejor en el casting para el papel de Hamlet o del futbolista cuyo nombre suena para uno de los equipos grandes. Tu zozobra sin embargo tiene motivos mucho menos estimulantes, y es idéntica a la de miles de sufridores que hacen cola en los hospitales públicos o privados: ¿cuándo te avisarán para pasar por talleres? ¿Cuándo decidirán los hechiceros de la tribu que es el momento adecuado para llamarte a capítulo y administrarte rayos de esperanza?

Qué duro se te hace esperar.

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Declinas tu propósito de rematar un nuevo post. Te desplomas en tu butaca favorita dispuesto a sumirte en un legítimo dolce far niente, pones la televisión y no puedes descansar. Tu atención se divide entonces entre si es hora ya de llevar tus cortinas al tinte, si sería mejor ponerte a hacer una ensaladilla rusa o si es prioritaria la suerte de los polluelos de la barnacla, una anátida que según el fascinante documental del canal National Geographic Wild, cría en los acantilados de Escandinavia. Cuando la barnacla madre ve que su pollada ya está para salir a buscarse la vida, levanta el vuelo y la obliga a saltar a tierra firme para que la siga cuando aterrice. Los patitos de barnacla, que aún carecen de plumas y no saben volar, se lanzan uno a uno al vacío como esos suicidas que antaño se tiraban por el Viaducto.

-¡He tenido una suerte de pata madre! –dirán los que no se estrellan contra las rocas.

En estas lucubraciones distraes tu larga espera. Aunque la incierta vida de las pequeñas barnaclas te inspira la más tierna de tus emociones, te llega el sueño. Te cuesta acomodar tu costillar en el cama, pero al final acabas durmiendo.

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Como tu ánimo siempre está ligeramente barnizado de ciclotimia, la preocupación con la que te acostaste se diluye cuando amaneces y te asomas al balcón. El cielo hace milagros. No lo dices en sentido figurado, sino en sentido real: miras al horizonte y el espectáculo de las nubes rasgadas por una especie rompimiento de gloria sobre la silueta de San Francisco el Grande es un milagro estético que sólo puede presagiar buenos días. Turnersobre cuya vida se acaba de presentar en el Festival de Cannes una película muy interesante- no lo hubiera pintado mejor. Enfocas la cámara de tu móvil ( la única que sabes manejar) y haces lo posible por atraparlo.

Por unos momentos archivas a las cacatúas, a Europa, Florentino el Magnífico, la Champions perdida por el Atleti, la suerte de los galápagos y de las barnaclas, el llanto de tus vértebras, el retraso de radiología, el tinte de las cortinas, la ensaladilla rusa y hasta el encaje de bolillos que te presentan la Declaración de la Renta y otros pagos pendientes. El carpe diem del clásico ya casi te parece excesivo: carpe minutum y a vivir despreocupado, que son dos días.

  

 

 

 

 

El orden del día

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-Qué tiranías las del poder legítimamente constituido -pensaba Silvia mientras esperaba el metro repasando en su tableta la prensa del día- Así que el presidente Zapatero cesó a su ministro de cultura Molina por ser demasiado austero y porque necesitaba una ministra joven y más glamourosa. Manda narices, manda castañas, manda ovarios…
Y sin embargo estaba lo suficientemente bien educada como para seguir sobreviviendo a base de aguantoformo. Bien educada en casa y en las aulas: ingeniero industrial, masters diversos, cuatro idiomas y el inmenso privilegio de haber opositado al empleo público y conseguido plaza de secretaria en Presidencia de Gobierno. ¿Cómo se iba a quejar, cuando la mayoría de sus compañeros de promoción aún estaban en el paro?
Su primera tarea aquel día no podía ser más estimulante. Tenía que redactar el orden del día del próximo Consejo de Ministros cuyo borrador le presentó Agustín, el hombre que mejor le caía del staff presidencial.
-Y a pesar de todo, tus ojos de zafiro siguen inundando de poesía el túnel de mis días –le recitó cadencioso al oído el secretario del subsecretario de Presidencia mientras le entregó la carpeta y puso sobre su mesa un irresistible café capuccino de máquina, la pócima matinal menos dañina para ella- Te podría decir que son de Pessoa, pero son versos de propia Minerva
Silvia le lanzó un besito, sonrió agradecida y aproximó cautelosamente sus labios al borde del vaso de plástico.
-Bébelo sin miedo, darling, que ha hecho cien metros de pasillo conmigo y debe de estar medio templado…Y recuerda que, por horrible que te sepa el café de máquina y digan lo que digan los barandas que nos gobiernan, yo te seguiré queriendo desesperadamente.
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Los que el secretario del subsecretario llamaba barandas llevaban a la aprobación del Consejo de Ministros el siguiente minutado que Silvia empezó a teclear en su ordenador.
1. Reunión de Luis Enrique con Zubizarreta para la presunta contratación del primero como futuro entrenador del Barcelona. Petición al Consejo de Estado de informe sobre la posible incidencia de tal reunión en el tramo final del Campeonato de la Liga.
2. Informe del Instituto Nacional de Estadística sobre las posibilidades reales de los clubs Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona de ganar el Campeonato de la Liga, a fin de evitar pérdida de horas de trabajo en la especulación de estos datos que tanto inquietan a la opinión pública.
3. Cierre de canales de TDT. Análisis de la conveniencia de compensar dicho cierre con la oferta de nuevos canales dedicados exclusivamente al fútbol. La cultura debe ser siempre prioritaria en este gobierno.
4. Racismo en el fútbol. Petición de informe a la RAE para que desmienta que el HU-HU-HU dirigido por algunos asistentes a los campos de fútbol a jugadores de raza negra pueda ser considerado como onomatopeya del sonido que emiten los primates, y por tanto, ofensiva para estos jugadores. Petición de informe al Consejo Regulador del Plátano Canario sobre los beneficios en ventas del lanzamiento de plátanos a jugadores de fútbol, sean de la raza que sean. Medidas complementarias para demostrar que en el fútbol no hay racismo, sino ignorancia de unos pobres aficionados despistadillos y, a lo sumo, modales manifiestamente mejorables.
5. Petición a Patrimonio Nacional y al Ayuntamiento de Madrid para que se sustituyan algunas de las estatuas de la Plaza de Oriente, de reyes hoy casi inidentificables, por efigies de la misma estética erigidas en honor de Cristiano Ronaldo, Messi, Simeone, Diego Costa y Florentino Pérez, como reconocimiento de su bien ganado prestigio público y de sus servicios decisivos para el estado de bienestar. El rostro de la estatua de Diego Costa irá levemente patinado de oscuro, para que se confirme públicamente que en un país no racista se respeta también a los mulatos. La efigie de Florentino Pérez será dos cuartas más alta que el modelo original, para realzar el señorío tradicional del Real Madrid del que él es dignísimo portaestandarte.
6. Ministerio de Trabajo. Recomendación a este departamento para que solicite de las empresas y demás centro de trabajo máxima flexibilidad horaria a fin de que sus empleados puedan cumplir el sagrado deber de cumplir con sus compromisos futbolísticos.
7. Ministerio de Educación y Cultura. Recomendaciones al personal docente para que presenten el fútbol como el octavo arte, después el séptimo sólo en el ordinal de las bellas artes que ennoblecen a la condición humana.
8. Asuntos Exteriores. Se recuerda al ministro del departamento la necesidad de dar la mayor difusión en la Unión Europea al importante y certero mensaje del Presidente de Gobierno sobre la final de la Champions League en Lisboa: “El 24 de mayo será un triunfo del fútbol español”. Se sugiere que este slogan tenga un gran protagonismo en las próximas Elecciones Europeas, y se invita a todos los partidos políticos de aquí o de allá a que lo utilicen gratuitamente. Se propone proponer al Presidente de Gobierno como candidato al Premio Nobel de la Originalidad Intelectual.
9. Economía y Hacienda. Se autoriza al ministro del departamento para que piense en nuevos impuestos sobre el fútbol. Tanto a los partidarios de este deporte, por lo mucho que disfrutan, como a los que no lo son, por oponerse al sentir colectivo del patriotismo del balón.
10. Ruegos y preguntas. Siempre que sean de fútbol, y no de otras menudencias como el paro o los recortes.

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El opio del pueblo, el pan y el circo, Lope de Vega justificando sus comedias alimenticias con aquellos versos tan cínicos:
El vulgo es necio
y, pues lo paga, es justo
hablarle en necio
para darle gusto
Esto y no hay más cera que la que arde, el que manda manda, las lentejas, que si quieres las comes, y si no las dejas. El culto al becerro de oro. El pesebrismo infinito que genera el deporte rey. Cuánto agradecía Silvia no ser política y no tener que decir que al pueblo y al fútbol, ni regañarles.
Todo le bailaba en la cabeza mientras la impresora vomitaba las copias que habría de entregar a su fiel Agustín.
-Lo primero es lo primero- le dijo al entregarle las dieciséis copias del orden del día- ¿habrá vida más allá del fútbol?…
-Podría ser…¿Te apetece que cenemos juntos el 24 de mayo?…A mí me divierte el fútbol, y soy del Atleti. Pero si tus ojos de zafiro están dispuestos a iluminar el túnel de mis días, me pierdo la final y tan feliz.
Groucho Marx decía: cuanto más conozco al género humano, más amo a mi perro. Silvia suspiró y sonrió al recordarlo. Evidentemente, no conocía a un solo perro que se llamara Agustín, pero el 24 de mayo también podría ser para ella un día inolvidable.

 

 

Demasiados huevos

Un entrenador tan excepcional como SImeone no necesita ser tan vehemente en su lenguaje, qué caramba...

Un entrenador tan excepcional como Simeone no necesita ser tan vehemente en su lenguaje

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La niña ya no era tan niña. De modo que cuando escuchó por la radio que la vicepresidente Sáenz de Santamaría respondía a las acusaciones que le hacía la oposición diciendo que ella no había cobrado un sobre bajo cuerda en su puta vida, se quedó un poco pasmada.
-Mamá –le preguntó a su madre- Eso de su puta vida no es bonito, ¿no?
-No. Bonito no es, pero hay que comprenderlo. A veces incluso la gente educada se enfada y habla así de mal cuando le dicen cosas impertinentes.
-Porque Soraya es de derechas, ¿no? Y tú siempre dices que lo de hablar mal es cosa de los de izquierdas, que son peor educados.
-Bueno…
-Podría haber dicho sólo en mi vida, o en toda mi vida, o en mi puñetera vida, ¿no? Eso lo he oído muchas veces. Tú también lo dices alguna vez: en mi puñetera vida he dejado de hacer una cama, en mi puñetera vida he visto a tu padre recoger la mesa, en mi puñetera vida he visto a un tipo tan cursi como Zapatero
-Alguna vez, sí. Todos hablamos mal alguna vez.
-Es raro –insistió la niña tras un largo silencio para encontrar las palabras oportunas- Putas son esas mujeres que cobran por el amor, o por el sexo, que ya se lo que significa eso, y que siempre me decís que mejor no ser como ellas. ¿Quiere decir que Soraya, a pesar de tener cara de pececito de Walt Disney, ha llevado una vida de puta?…
La niña ya no era tan niña.
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Papá, además de ser también de derechas, era lingüista, había colaborado en la edición del último diccionario de la RAE y estaba feliz de que el Atlético de Madrid le hubiera ganado al Chelsea y se plantara en la final de la Champions para disputársela nada menos que al Real Madrid. Pero la niña observó en su rostro una mueca de disgusto cuando el entrenador Simeone acabó su rueda de prensa ante las cámaras.
-Por último –dijo el Cholo después de repasar las razones del triunfo- felicito a las mamás de mis jugadores por haber criado unos hijos con los huevos tan grandes.
-Lamentable –farfulló Papá- en los medios se ha abierto la veda de la corrección y el buen gusto.
-¿Y eso qué significa? –preguntó la niña.
– Significa que donde antes decían que estaban fastidiados, contrariados o disgustados, ahora dicen que están jodidos. Y que donde antes empleaban la palabra valor, decisión, coraje, arrojo, gallardía, bravura, intrepidez, agallas, arrestos o redaños, ahora sueltan huevos o, peor aún, cojones, y encima les ríen las gracias. Y ni libro de estilo ni respeto por las buenas palabras, caramba.
La niña que no era tan niña se quedó pensativa.
-Porque los huevos esos que dice Simeone –preguntó mientras se rascaba la cabecita como intentando encontrar la razón- ¿no son esos que ponen las gallinas y que tomamos fritos, verdad?…
Papá reconoció que ser un purista del lenguaje no le obligaba a criar a una niña tonta. Así que rescató de su arsenal de palabras las más apropiadas al caso y le explicó a su hija lo que había querido decir el entrenador del Atlético de Madrid.
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Al poco llegó a casa la tía Felisa, hermana menor de Mamá, que venía de la manifestación del 1 de mayo. La niña que no era tan niña sabía que la tía Felisa no era como Mamá. Era de izquierdas, y feminista. De vez en cuando Mamá y la tía Felisa se enzarzaban en discusiones, pero en este caso la tía sólo venía para saludar, descansar la sofoquina, hacer pis, tomarse una cerveza y criticar al gobierno lo habitual.
-Tía –le abordó la niña- hoy me enterado de lo que son los huevos de los futbolistas –le dijo con una sonrisa ingenua la niña que ya no lo era tanto.
La tía Felisa se echó a reír.
-Las mujeres no tenemos huevos, ¿verdad? –continuó la niña.
Las dos mujeres se miraron. Antes de insinuar respuesta alguna la niña dejó caer otra pregunta.
-¿Eso significa que no tenemos valor?
Papá y Mamá y la tía le dijeron que no, naturalmente, que las mujeres tenían tanto o más valor que los hombres. Felisa entonces cayó en la cuenta de que, pese a lo radical que era su ideología con el machismo en el lenguaje, jamás había protestado ante los medios de comunicación por el creciente abuso de huevos en el menú.
-Gracias, nenita –le dijo la tía al despedirse con un beso- Te debo un regalo
La niña era niña, pero no tonta.

 

En la orsa

Cuando sube la fiebre aparece cada pesadilla...

Cuando sube la fiebre aparece cada pesadilla…

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Ibas al Metropolitano con tu amigo Antonio Muñoz-Rojas , que era también atlético, y no veías mucho fútbol de postín, pero sí que tomabais nota del habla del personal.
-¡Eh, árbitro!…denunciaba uno a voces apuntando a un jugador adelantado- ¡Que ese está en la orsa!
Estar en la orsa era en castizo estar en off side, lo que luego se tradujo como estar fuera de juego. A ti te hacía gracia aquella expresión. Era la forma más hortera de estar en la luna, o en Babia, que independientemente de lo que significan se emplean para decir estar ausente, con la cabeza en otra cosa, fuera de juego. En la orsa, vaya. A ti te ha caído un gripazo y todo lo ves y lo sientes como si estuvieras en la orsa. Se interpone entre la realidad y tu capacidad de percepción una nube de somnolencia insuperable donde se mezclan palabras, hechos, recuerdos, deseos, imágenes, problemas, frustraciones y estímulos sensoriales de todo tipo que pasan a toda velocidad por tu cerebro. Quieres aterrizar en el mundo, y no puedes. Quieres concentrarte en algo, y tampoco puedes. Quieres reanimar el blog, y te vence la molicie. El sueño de la razón producirá monstruos. El de la fiebre se conforma con desplomarte las entendederas y servirte una sarta de disparates inexplicables.
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El domingo aún tenías ganas de contar algo más de tu viaje musical a Alemania. Nunca aspiras a ser un cronista de viajes en profundidad, pero algunas apreciaciones contra tópico sí que reclamaban tu atención. Por ejemplo, el tren de Eisenach a Leipzig partió de la estación con…¡veinte minutos de retraso! Y nadie dio ninguna explicación. Por ejemplo…¿quién puede imaginar que en un hotel de lujo alemán no sepan lo que es la banda ancha? Por ejemplo, no crea usted que en el civilizadísimo país que es la locomotora de Europa todo el mundo maneja el inglés como segundo idioma. La buena gente de Eisenach, que por unos kilómetros quedaba dentro de la antigua zona oriental, no parecía mucho mejor angloparlante que el españolito medio. La división desapareció, pero no todas las ciudades alemanas están al mismo nivel de progreso y bienestar.
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Alguien inventó después de la Segunda Guerra Mundial lo del “milagro alemán”. Uno se alimenta de simplificaciones, y tú también, después haber visto ese documental de treinta y seis horas de la BBC que lleva por título El mundo en guerra-de visión obligada para que todos los jóvenes de ahora sepan a dónde conducen los totalitarismos-te quedas estupefacto al ponderar cómo después de la hecatombe pudo Alemania resurgir de sus cenizas. En un momento dado, el paradigma de la perfección en la tecnología y el desarrollo era alemán. Hasta en los juguetes, que era quizás el único capítulo que dominabas: Marklin en los trenes eléctricos. Schuco y Gama, coches y camines grúa. Lo de la marca Marklin se lo escuchaste por primera vez a tu primo Juan, que era uno de tus referentes, aunque cuando mejoró de fortuna ya no tenía edad de trenes eléctricos, y lo que se compró fue un Mercedes.
Estos recuerdos se agolpaban en tu cabeza cuando el domingo, aún con los ecos de la Pasión San Mateo de J.S. Bach resonándote por dentro, coincidiste con la nutrida familia Muñoz, acérrimos atléticos de la calle Embajadores, viendo el magnífico partido en el que el Atlético de Madrid ganó por 1-2 al Athletic Club de Bilbao. Hace tiempo las noches de fiebre soñabas pesadillas que se parecían a los cuadros más surrealistas de Dalí: relojes derretidos, elefantes-trombones, muñones flotando en el aire, riñones enloquecidos buscan su sitio en el crepúsculo, caballos hipertiróidicos con patas de chicle y visiones apocalípticas como la del Gran Masturbador. Ahora, la merdé onírica era aún más heterogénea e inexplicable, pues por ahí desfilaban los asistentes al funeral de Adolfo Suárez, a los que acababas de ver por la tele, tu primo Juan con su locomotora Marklin, un par de alemanes de la Wermacht tal como los pintaba el tebeo Hazañas Bélicas ocupando tu asiento en el tren a Leipzig, y la familia Muñoz, que normalmente corea Aleti, Aleti, cantando contigo y con Diego Costa  Sint blitze, sint donner, acaso la coral de la Pasión bachiana más difícil que aún sonaba en tus labios sonámbulos cuando despertaste con la camisa del pijama empapada en sudor.
O sea, el despiporren.
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Todo lo cual quiere decir que estás en la orsa, que te anulan la gripe y el dolor de espalda, que no estás para nada serio, Y que sólo escribes esta entrada para dar fe de vida, y echarte después en brazos de la bendita modorra que te empieza a invadir cuando suben las décimas.

Pescando motivos en el Manzanares

Cuando no se te ocurre nada sobre lo que escribir, te echas a la calle y algo cae...

Cuando no se te ocurre nada sobre lo que escribir, te echas a la calle y algo cae…

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Una semana de reformas en tu palomar te han alejado del blog.

No estás mal de salud, incluso la ITV tumoral te ha dado el visto bueno. No te has embarcado en un viaje de placer, como sin duda mereces .Nadie te ha reclamado para tus trabajos de antaño,  contar historias o dar ideas, aunque todavía te quedan dos o tres. La cosa ha sido mucho más ordinaria. Aparte de tus compromisos corales, ir a IKEA, ver, elegir decidir lo que necesitabas, ordenar cosas en casa y contemplar cómo tu toero aplicaba sus artesanías y te relevaba del martillo y el destornillador-únicas herramientas que sabes manejar, y no con demasiada destreza-  han sido tus tareas. Ah, y barrer, pasar el trapo del polvo y el aspirador. Las pulsiones de la gladiadora del hogar que llevas dentro.

Un toero por cierto,es un hombre que hace de lo que necesita una casa que se retoca. A eso se le llamaba antes un chapuzas, pero ahora hay que tener cuidado con cualquier matiz despectivo. Tu toero es un figura: si fuera futbolista sería Iniesta, cuya perfección técnica está en las antípodas de la chapuza, y cuyas maneras educadas y sencillas sorprenden tanto que sólo parece un buen chico de Albacete.

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Tampoco dejaste de pasear. Lo necesitas para contener los indeseables rumbos que toma el cuerpo a tu edad y para pescar temas de los que seguir escribiendo. La ausencia de compromisos te obliga a creártelos a partir de cualquier insignificancia. El más notorio de esta semana nació de lo siguiente. Hace tres o cuatro años compraste un juego de seis platos de cerámica para tu menaje doméstico. Eran originales y pintorescos, y como Doña María sigue latiendo dentro de ti, estabas muy orgulloso de tu compra. Invitaste a cenar entonces a tu amigo Carlos de la M. y a María A., y uno de aquellos platos sirvió para presentar el postre.  Este debió de resultar goloso y abundante, porque a María, guapa, rubia y perfectamente silueteada, le gustó mucho. Tanto que, en la confianza que os une, y por pereza de buscar otro envase adecuado, le dijiste.

-Llévatelo en este mismo plato y ya me lo devolverás.

Las fórmulas del lenguaje social español suelen ser irresponsables con la medida del tiempo. Tenemos que vernos, a ver cuándo quedamos, me llamas y tomamos un café, un día comemos juntos, nos vemos cuando quieras, nos reunimos un día, hasta luego…¿Y cuándo es eso, si las horas galopan y las hojas del calendario no dejan de pasar? Hace un par de meses te reencontraste con Carlos y María en un funeral, que también sirve para eso, para cerrar compromisos importantes.

-Mira –te dijo María- Llámame un día, me lo recuerdas y al día siguiente me traigo el plato a la oficina y te lo doy.

Ni ella ni tu fijasteis de qué año, mes y semana había de ser ese día. Pero el miércoles 5 de marzo, después de las innumerables borrascas invernales que velaron los cielos de Madrid, amaneció luminoso y transparente, delicioso para pasear. Suerte que la semana anterior la habías llamado para convenir que ese era el día adecuado.

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Te echaste la mochila a la espalda, te acercaste a la antigua Estación de Príncipe Pío, donde se ubica ahora la compañía en la que trabaja María, tomasteis el café. Te entregó el plato, lo metiste en la mochila y emprendiste el regreso a casa a paso de marcha, seis kilómetros por hora, que es el que según los médicos se hace notar en el cuerpo.

Hacía el día perfecto para pasear. Y como aúno no has conseguido pensar en nada mientras andas, le dabas vueltas al caletre. Qué glorioso el primer presagio de primavera en Madrid. Qué  acierto, a pesar del endeudamiento, haber adecentado el modestísimo río de la capital.. Qué encanto el de la Ermita de la Virgen del Puerto, ahora tan guapa y bien ajardinada. Qué suerte poder estirar tus piernas con salud. Y, entretanto, un pensamiento pintoresco: ¿y qué carajo hace un tipo como tú invirtiendo su mañana en pasear un plato por las orillas del Manzanares?

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Dos tentaciones te salieron al paso entonces. Una, la de inmortalizar el momento singular con una foto, para lo que necesitabas la mano de otra persona que accionara la cámara de tu teléfono móvil. No es vanidad vana: es para ilustrar este post, pues de repente te ha alarmado saber que dentro de poco no podrás bajarte imágenes de internet sin correr algún riesgo. Para este menester acudiste a una paseante que resultó ser antigua seguidora de Doña María, y que se mostró muy contenta de echarle una mano. Ella se llama Concha Lobo. Le hablaste de tu blog y le prometiste reconocer su amabilidad y su simpatía en este post. Con retraso, pero cumples: gracias, Concha.

La segunda tentación era más pretenciosa. Te dio por lucubrar sobre los estímulos de la inspiración, y  por creer que esa mañana, con ser absolutamente irrelevante para el devenir de la humanidad, ofrecía visiones distintas, y hasta latía en ella su pequeño aliento de poesía. Un poeta o un escritor le sacarían partido. Y te pusiste a ello.

Aunque luego, como de costumbre, te enrollaste tanto que has tenido que dejarlo para el post siguiente. Anímense a leerlo. Este bloguero se ha hecho más anárquico, pero de momento no cesa.

Verificando, que es gerundio

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar...

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar…

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Te enteras de que llegan a Bilbao unos señores bastantes importantes a los que llaman verificadores.

Deduces que son importantes precisamente por eso, porque salen en el Telediario, aunque  parece que lo que tienen que verificar lo verifica cualquiera, o sea, que ETA  ya no asesina. Dan ganas de decir aquello de a buenas horas mangas verdes.

¿Por qué no venían a verificar los pistoletazos en la nuca, los coches bomba, los atentados en supermercados y casas-cuartel de la Guardia Civil? ¿Cómo no se precipitaron a verificar el número de mutilados y de enfermos mentales crónicos que ha dejado en España el terrorismo? ¿No se les ha ocurrido verificar cómo crece un niño huérfano o cómo sobreviven las viudas, los padres y los familiares de aquellos borrados inicuamente de la vida por una pulsión criminal? ¿Hace falta ser muy experto para verificar la ruindad de los autores de estos delitos? ¿No nos hubiéramos ahorrado todo el dolor y la vergüenza que produce el enmascaramiento de esta salvajada en la política si los ilustres verificadores hubieran verificado a tiempo que lo que ETA ha perpetrado es un sinfín de crímenes, y nada que merezca ninguna otra consideración?

Pero ya que se han decidido a verificar –algo tarde por cierto- que al menos verifiquen dos cosas. La primera, que los culpables de esos delitos van a cumplir sus penas como cualquier otro delincuente. Y la segunda, que los que hoy pretenden presentar a esta ralea como héroes o santos tampoco son la mejor receta para que los vascos se sientan orgullosos de serlo.

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Tanto jalean  a estos verificadores que te dan ganas de ofrecerte tú también para ese menester.  No te falta tiempo, ni capacidad para observar y verificar. Hoy mismo has echado un vistazo al panorama y has verificado cómo un día tras otro el hombre sigue tropezando en la misma piedra. Los dramáticos sucesos de Kiev, Venezuela, Ceuta, Artur Mas con su consulta, contumaz como Mateo con la guitarra, el PSOE que se comporta con el PP como el PP lo hacía con el PSOE cuando era este el que gobernaba, otro político bajo sospecha por una cuenta en Suiza, la consabida  mano  negra persiguiendo al Barça por un quítame allá esa presunta chorizada, el presidente de Iberdrola lamentando que los españoles no le seamos lo bastante rentables…

Nada es demasiado estimulante. Así que escapas al campo y verificas que sigue lloviendo, pero que a pesar de eso las flores del almendro asoman tímidamente, y una pareja de carboneros tontea ya presagiando la primavera. Nadie te va a sacar en los telediarios por estas verificaciones, pero tampoco nadie te podrá negar buena voluntad.


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