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El Atlético te hace más que fuerte

Imagen que tomamos prestada de chotysalazarpmmc.blogspot.com Suponemos que estarán tan contentos que no se molestarán porque nos tomemos esa confianza

Imagen  prestada de chotysalazarpmmc.blogspot.com
Suponemos que estarán tan contentos que no se molestarán porque nos tomemos esa confianza

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-Venga, Peque –le dijo su padre- Bájate los cascos de cerveza y los tiras en el contenedor, que hoy sí que estarás contento.

Como el Peque era un buen muchacho y un bienmandado recogió el bolsón de IKEA donde iban a parar los envases de vidrio e hizo lo que habitualmente en estos casos: acercarse al contenedor verde e imitar a Pau Gasol encestando por el agujerito, uno a uno, los innumerables  cascos de cerveza que había que eliminar después de cualquier partido de fútbol.

-¡Joder, otra vez!- exclamó mientras un goterón de cerveza le recorría la parte inferior del brazo derecho en dirección al sobaco.- Si se criaron con tanta austeridad como dicen…¿por qué no apuran toda la cerveza antes de tirar el casco?

Desde sus jóvenes y un tanto ingenuos catorce años el Peque sacó del bolsillo un pañuelito de papel, se limpió como pudo la pringue cervecera y se dijo que no comprendía a los mayores. Se habían pasado buena parte del partido contraponiendo lo miserable que era la España de su infancia con el despelote de gasto que trajeron los años de falso esplendor y ahorano tenían el detalle de bebérselo todo antes de desechar los botellines.

-Mira que se lo he dicho veces, leche- rezongó entre dientes.

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El Peque era el menor de una familia de cinco hijos. Nació por uno de aquello errores de cálculo distanciado once años del hermano precedente, o sea, que no le sirvió de nada  llamarse Bruce en homenaje al boss, al que tanto admiraban sus padres, porque siempre fue el pequeño, y con Peque se quedó como único nombre. Mimado, sí. Pero para los efectos, el último mono, el chico de los recados. Los padres del Peque hacían de pegamento en una complejo organigrama familiar que incluía una bisabuela en silla de ruedas con la cabeza funcionándole como un Omega, dos abuelos maternos en buena forma, seis tíos con sus respectivas parejas y una ristra de primos y primas que se juntaban en el chalé de su padre en número variable según la categoría del evento deportivo que se transmitiera por la tele.

Y el de esa noche había sido uno de alta expectación.

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-Aún recuerdo lo emocionada que estaba mi madre la primera vez que pudo votar- había comentado entre suspiros la Bisa a lo largo de la noche- cuando alguien habló de lo difícil que es cumplir sueños.

Los mayores son así-pensaba el Peque. Dan el coñazo con el rollo de la austeridad  y con lo que sdespilfarraron las autonomías y Zapatero, pero al tiempo recuerdan sus sueños cumplidos. Eso sí, luego voy yo, les digo que no quiero ni un culín de líquido en las botellas vacías y como quien oye llover.

A lo largo de la velada, entre un ¡ay! por ese entradón a los tobillos un uy por esos balones al poste, un oh por las paradas de Courtoistres explosiones de júbilo por los goles y varios mierdas repartidos entre los numerosos madridistas, muchos de los mayores habían contado algunos de sus sueños cumplidos. Quién la llegada del hombre a la luna, quién las primeras elecciones libres que trajo la democracia, quién la caída del Muro. A la abuela Pilar le emocionó que el papa Juan XXIII le regalara un rosario bendecido de su mano, al abuelo la primera moto Sanglas que se pudo comprar con sus ahorros, a la tía Elena el autógrafo que le firmó Charlton Heston cuando vino a Madrid para rodar El Cid, y al tío Vidal haber aprobado las oposiciones de letrado del Consejo de Estado. Hasta a su hermana Carmen, enamorada de Pelocho desde el primer día que le vio montando a caballo en el Club de Campo confesó que, cuando años más tarde se le declaró, ella recordó lo que acababa de decir José Luis Garci  en su desastroso inglés tras recibir el  Oscar.

O sea, eso tan manido de que sometimes dreams come trooth.

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El Peque seguía cabreado cuando regresaba a casa. Por la falta de delicadeza de los bebedores que no apuran sus botellas y por lo que le costaba apretar el botón de la fuente pública donde se lavaba los churretones de cerveza. Esas fuentes deben de estar hechas para Mazinger Z –pensó. Pero lo cortés no quitaba lo valiente. En el fondo, y a pesar de que el  mundo seguía estando contra él en tantas cosas, se sentía  más feliz que la Bisa, que los abuelos, que la tía Elena, que el tío Vidal, que Carmencita y que el mismísimo Garci cuando tuvo en sus manos la codiciada estatuilla del Oscar. Por fin había encontrado razones aplastantes para contestar con la cabeza bien alta a todos sus compañeros de colegio que le seguían martirizando después de catorce años de derbies entre  Madrid y Aleti.

-Oye, Peque…-le decían invariablemente restregándole por los morros el fiasco de aquellos partidos-¿Por qué coño sigues siendo del Aleti?…

El Peque les iba a contestar que no sólo porque el Aleti había acabado con la maldición guindándoles la cuarta final de Copa que jugaba contra el Madrid en su propia casa. Ni tampoco porque los indios sí habían conseguido su Décima, y no como los vikingos, que habían sido incapaces de conquistar la suya. Sino porque además lo habían hecho con la misma  suerte y las mismas ayuditas del árbitro que tantas veces beneficiaron a los merengues.

-El Aleti te hace fuerte –murmuró el Peque mientras plegaba la bolsa de IKEA vacía y volvía a sonreír- Pero ni santo, ni gilipollas…

 

 

Casi todo es déja vù

Al gato que rondaba los tejados, el espectáculo de la corrala le parecía deja vu...

Al gato que rondaba los tejados, el espectáculo de la corrala le parecía deja vu…

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La mujer barbuda se asomó al balcón más alto de la corrala y blandiendo el rodillo de amasar como mayor argumento de autoridad leyó el menú del día.

-Para hoy tenemosch schopitasch de ajo y, con schuerte, gallinejasch. Y que nadie eschepere másch, porque el horno no eschtá para bollosch,

La jefa de de la corrala se había partido la lengua cuando era niña y decía las eses deshilachadas. Eso aparentemente le restaba un puntito de seriedad y de aplomo en el discurso, pero cuando se dio cuenta de que tenía la sartén por el mango y el mango también fue cogiendo el gustillo al mando y no vaciló en imponer a la comunidad sus recetas.

-Vamos que vamos –murmuraba el patio- Lo que hay que aguantar

Por la corredera del piso inferior asomó entonces la señora Alfreda, carita de chiva, frunció el ceño y asomándose al respetable y moviendo los bracitos como si fuera una marioneta no calló sus discrepancias.

-¡No se puede exigir a la corrala más sacrificios!-clamó..

Mientras que la Caya en buatiné, más desgarrada incluso que la señora Alfreda, levantó la escoba con la que barría las colillas y las mondas de su corredera y llamó a la rebelión.

-¡Movilización!…

Rondaba por los tejados aledaños un gato afrancesado con  vocación de Diablo Cojuelo. Después de ver el panorama se sentó a olfatear un aire de sardinas que aún se escapaba de alguna cocina afortunada, se retorció los mostachos y maulló con aire de cansada resignación.

-Déja vù

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Al día siguiente, mientras los periódicos conservadores subrayaba las recetas de la mujer barbuda con una flechita que apuntaba hacia arriba, por la responsabilidad que inspiraban las mismas, en  los periódicos progresistas eran las fotos de la señora Alfreda y la señora Caya las señaladas en positivo. En cambio los periódicos conservadores marcaban con una flecha apuntando a los infiernos a las vecinas contestatarias, mientras que los progresistas, qué sorpresa, salvaban a éstas y condenaban por perversa e incompetente a la mujer de las eses deshilachadas.

-Deja vu- repitió Homper, asombrado de que ni uno solo de los medios de comunicación se desmarcara un ápice de lo previsible-Y sin embargo…¿por qué seguimos leyendo los periódicos?….

Recordó los años en los que se aproximaba a los medios con la intención de enterarse de lo que de verdad pasaba en el mundo y de aprender novedades. Y también aquel otro momento en que, creyendo que ya tenía criterio y estaba de vuelta de todo, sólo compraba leía, veía o escuchaba el periodismo  que venía a darle la razón.

-En realidad-sentenció- sólo compramos la verdad que nos gusta.

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El ABC del sábado 27 de abril contaba que al ciudadano Juan Antonio Gómez, natural de Gévora, Badajoz, le han tocado treinta y seis millones de euros de los Euromillones. También añadida que el afortunado ha dedicado buena parte de su premio a comedores sociales, ONG e instituciones benéficas para ayudar a sus paisanos a vadear la crisis.

-Caramba –se dijo agradablemente sorprendido- Esto no es es déja vù.

La excepción confirma la regla. Apenas dos días después este y otros periódicos recogían la noticia de que el Atlético de Madrid, una vez más, regalaba uno de esos partidos que se llaman derby a su abusador vecino el Real Madrid. No es otro bostezo del  deja vu con que diariamente nos aturden los medios, es que además la historia  resulta cruel, injusta y, peor aún, aburrida hasta la saciedad.

-Lo de Franco duró cuarenta años-pensó Homper para calcular lo que aún podría estirarse  el oprobio rojiblanco.

Entretanto el gato acojuelado y afrancesado se reía por lo bajini. Como la mayoría de los gatos, qué dura es la realidad, también era merengón.

Domingo de desahogo

Empiezas recordando los tres milímetros, te recreas en los ocho kilómetros y cuando quieres darte cuenta  te estás desahogando en el más allá...

Empiezas recordando los tres milímetros, te recreas en los ocho kilómetros y cuando quieres darte cuenta te estás desahogando en el más allá…

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Te quedaste dormido en los tres milímetros, y no has escrito más desde entonces. Te columpiabas entre dudas, como te pasa a menudo. No sabías si celebrar la  noticia o disimularla. para no pecar de triunfalismo, que es algo que te espanta. Te acordaste quizás de aquel gobierno que derrochaba optimismo para luego, digámoslo claro, tener que envainársela y decir digo donde antes dijo Diego. Tan fresco, que de lo dicho nada, que estábamos a puntos de entrar en la Champions League de la economía pero ahora resulta que estamos arruinados. El bocerismo imperante.

Mejor ser prudente, ¿no? Así que has administrado los tres milímetros con cautela, intentando desencallar de tu cuarto ciclo de quimioterapia y probar que puedes seguir incorporándote a la normalidad.

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Entretanto el gallo del  invierno parece haberse despojado de sus espolones, y ha llegado un fin de semana plácido que invitaba a pasear. Una buena amiga te anima a ello, tú no sabes lo que aguantarás con esta especie de caparazón de tortuga Ninja que te encorseta y que después de proteger tus dorsales y ajustarse a tus lumbares cae en una especie de viserilla respingona  como la de algunos quelonios. A veces se te engancha esta en el borde de un mueble o, si pasas muy cerca, acaba barriendo el paquete de arroz de una góndola de supermercado. Dios, qué bochorno, qué mal rato- piensas entonces. Pero te arriesgas.

-Es que estoy muy animado por lo de los tres milímetros-le dirás al personal que repare en tu ortopédica minusvalía.

Y seguirás andando por Madrid Río, y te adentrarás en la Casa de Campo, por donde en esa hora temprana sólo pasean y rondan en bicileta los que les quitan las legañas a la mañana, y rodearás el Lago, y luego harás un alto en una castiza cafetería vecina de una churrería y probarás estómago con una mediana café de café con leche y una porra de tamaño francamente deshonesto recién frita. La cafetería es de un gallego que se parece a Saza con veinte kilos de más, y te ofrece gratuitamente a una escena de un sainete de Arniches. Mientras una clienta madurita moja un churro lamentándose de que los árbitros perdonaran ayer al Madrid un penalti de libro y otro cliente responde llamándole  antimadridista,  el barman que se parece a Saza anima a un tercer  personaje que por lo visto no tiene  novia a que vaya a un baile para singles que se organiza todas las tardes en un local de la Plaza de la Ópera.

-No veas lo guapas que se ponen ellas –cuenta- ¡Y sólo suenan piezas pa bailar agarro, y no esas gilipolleces de música discoteca!  Yo estaba harto de  mi mujer y ahora estoy casao con ésta- añade mientras señala con la cabeza a una joven mulata que friega los vasos y sonríe al sentirse aludida. A esta no le importa que no le llamen por su nombre. También le podía haberle llamado aquí, que es otro giro muy castizo y sainetero.

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Te das una ducha de costumbrismo madrileño a esas horas de la mañana, te has enjaretado un segundo desayuno no precisamente ligero, y luego volverás a casa, y revisarás el programa Endomondo de tu teléfono móvil que mide tus paseos. Y descubrirás que, entre unas cosas y otras, has recorrido con tu corsé ocho kilómetros. De tres milímetros pasas a ocho kilómetros, y sin apenas acusar el esfuerzo. Y has disfrutado: el paseo, el aire tibio y el sol discreto,  los patos del Manzanares, la Casa de Campo, el sainete del café. Sin que además las intemperancias de tu tubo digestivo pasen factura. Estás a punto de proclamarte M.F.P.M. O sea, algo que parece un sueño en estos tiempos de desánimo: Moderadamente Feliz Por unos Momentos.

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Pero al cruzar de vuelta a casa el Puente de Segovia das un salto atrás en el tiempo y vuelves a aquel día de la mitad de tu vida en que lo cruzaste desde el sur de Madrid hasta el centro de la capital con tres o cuatro mil madrileños más que corrían la primera Maratón Popular de Madrid.  Fue en abril de de 1980, si la memoria no te falla. Madrid tenía entonces un alcalde de izquierdas, un alcalde peculiar, bueno según sus corifeos y malísimo según sus compañeros de partido, siempre de mirada gacha y huidiza, siempre vestido de traje cruzado de color gris. Le llamaban el viejo profesor, porque profesor era de Filosofía del Derecho y maestro en la simulación política. Tanto despachaba bandos en latín como le bizqueaba el rijo cuando le entregaba un premio a Susana Estrada y esta aprovechaba el evento para sacarse una teta en público. Tiempos de apertura, de movida, en los que Madrid empezaba a organizar estas fiestas deportivas populares. Tú no habías hecho deporte en serio en tu vida, porque eras malísimo para el fútbol, que era lo que más te gustaba, y lo demás no te interesaba. Sin embargo te habías propuesto acabar la carrera para demostrarte  tenacidad y capacidad de sufrimiento, y subir así varios peldaños en tu autoestima. Te entrenaste a conciencia, y te  juntaste con un grupo de amigos,  te acomodaste  desde la  salida  a un  cómodo trote cochinero y así coronaste los 42 Kilómetros y 195 metros que cubrió el soldado Filípides desde la llanura de Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria de Atenas sobre Esparta.

-Nenikamen –dicen que dijo el soldado griego antes de expirar como un héroe.

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Nenikamen, o sea, vencimos.

Te acuerdas  de tus jóvenes treinta y tres años, y del amigo que te acompañó buena `parte de la prueba y  que luego, por la noche, te invitaría a cenar a su casa para celebrar la hazaña con otros vencedores. Era de Valladolid, pelirrojo y de carácter apacible y generoso, hombre de letras y finísimo abogado, con ese don privilegiado que es la imperturbabilidad en la sonrisa, como si se supiera elegido de los dioses para disfrutar de los amables sorbos que también sirve la vida y apañárselas para ser feliz y reflejar al exterior la imagen de un alma en plenitud. Te acuerdas de él con mucho cariño y, al mismo tiempo, con mucha pena, `porque entonces quedasteis más o menos igualados, pero él se te ha adelantado ahora en llegar a la última meta y te ha dejado derrotado y triste.

Se llamaba Antonio Alonso-Lasheras, un caballero, un amigo, un compañero siempre grato para andar por la vida. Recuerdas cuando hace apenas un mes le fuiste a ver al hospital, tú con puñalito en el pulmón y él con el suyo donde se lo clavó el destino. Nunca imaginaste que la próxima carrera juntos la haríais ya más allá de las nubes. Recuerdas las palabras de Corintios: muerte, ¿dónde está tu victoria?…Y las de Felipides: hemos vencido. Pues se vence en el maratón de la vida cuando dejas a tu paso, como Antonio, sonrisas, lágrimas y una profunda huella que exhala ternura y bohnomía.

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-Cómo te lías, hermano- te dices a tí mismo- Empiezas en los tres milímetros, te recreas en los ocho kilómetros y llegas a la eternidad.

Para qué negarlo. Te lías, de acuerdo, te pierdes en vericuetos sentimentales y nunca se sabe po dónde vas a salir de tus andanzas. Pero  cómo te desahogas.

Como Nosferatu, pero con mejor cara

Harto de buscar tus propios cabellos pra averiguar quien era el responsable el delito, pasaste por la peluquería y quedaste como Nosferatu. Eso, sí, no con tan mala cara...

Harto de buscar tus propios cabellos pra averiguar quien era el responsable  del delito, pasaste por la peluquería y quedaste como Nosferatu. Eso, sí, no con tan mala cara…

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Como no estás en el campo, ni en la nieve, ni de viaje en un lugar nuevo, y crees conocer todo lo que tarde o temprano acabará despejando el horizonte, te quedas ensimismado (entimismado, debería permitir la RAE) ante la nube lechosa que inunda el pequeño valle del Manzanares. La niebla espesa apenas deja distinguir los pinos más cercanos. A más de ochenta metros, los plátanos y cipreses ya son fantasmas. Perfecto. Además es fiesta, y sólo un autobús y una furgoneta se han atrevido a romper esa sensación de aislamiento mágico que traen los amaneceres brumosos del invierno. Perfecto.

Las películas inglesas de intriga y misterio de los años 50, con Sherlock Holmes o Jack el Destripador al fondo, siempre empezaban así. Luego emergía de la noche la fachada de una elegante casa georgiana. Se escuchaba la contera de un bastón golpeando el adoquinado, se insinuaba un sombrero de copa a la luz de una farola, brillaba por un instante la fina hoja de un cuchillo, un grito rasgaba la niebla y un bobby hacía sonar su silbato. Finalmente el ruido de unos pasos que huían se iba perdiendo, y el bigotudo policía londinense anotaba en su block.

-Otra prostituta asesinada.

Probablemente era una película de la Hammer, de bajo presupuesto, pero te mantenía en vilo, apasionado hasta el The end. Era perfecta, en sus modestas pretensiones. Como esta mañana de niebla del 7 de enero de 2013. La niebla cuando estás perdido es el peor de los peligros. Pero vista desde tu casa, calentito, te engaña haciéndote creer que todo lo que verás cuando se disipe será mejor. Por eso en el cine el pórtico del cielo siempre aparece tapizado de niebla.

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Recuerdas  a Sherlock Holmes y no caes en la cuenta de que su cita no es casual.

Cuando despiertas, la primera operación del día es sacudir la almohada  sobre el lavabo y ver cuántos cabellos han sucumbido en la noche. Te ha entrado el síndrome del famoso detective inglés, multiplicado por cada víctima de la alopecia sobrevenida, o sea, por el número de pelos caídos. Quieres investigar quién es autor del crimen, y estás dispuesto a estudiar con microscopio el ADN de cada cabello blanco para averiguar quién es más culpable de su caída: si el tumor, la quimioterapia, la radioterapia o la presión psicológica que crees sufrir.

Qué desagradable caerte del guindo y recordar  que todos  los cabellos te pertenecían, y que sus adeenes confirman una única culpabilidad. La tuya.

Los miembros del club consultados te han dicho que no pasa nada, que la calvicie no es un delito, que el pelo cae y luego vuelve a brotar. Tu amiga Luli ha bromeado incluso con tu obsesión capilar, muy del género masculino, como si Marañón no hubiera destruido hace años el mito de Don Juan/Sansón. Te da igual, haces oídos sordos. Una cosa es la virilidad, que en estos momentos está como está, y otra el decoro. Mientras el día de la niebla termina de desperezar, tú vas de ratita presumida y pasas la escoba y hasta el aspirador sobre el suelo de tu palomar para que desaparezcan las pruebas del crimen. No te molesta ser un calvo en puertas. Te espanta parecer un espectro descuidado y desaseado.

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A un sabio se le pueden tolerar lamparones en la chaqueta. A  un poeta como Machado se le consentiría incluso caspa sobre sus hombreras y algún pelo cayendo sobre la yema del huevo frito que, entre verso y verso, tal vez se desayunaba con la voracidad de un guardia civil. A muchos genios incluso se les perdona que reciban un gran premio vestidos de lagarteranas o hechos unos guarros. Eso va con su imagen, que así gana leyenda sin desdoro alguno.

Tú en cambio eres uno más entre 200.000, que según los cálculos de Joselepapos, padecen de tu mismo mal en España. Piensas en el médico o en la enfermera que te debe observar de cerca y tal vez  incluso tocarte. Y prefieres, por delicadeza, que te encuentren en perfecto estado de revista, manteniendo dignamente la prestancia que hasta ahora no te importaba tanto. Cuanto más se desmitifican las formas, más te convences de que muchas de ellas son el fondo de la cuestión. Así que tú, como el general Custer de Raoul Walsh: si vienen a por tu cabellera, que al menos te pillen con el uniforme limpio. Y si caes, que sea con las botas puestas.

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No habías puesto botas, ni siquiera zapatos en el balcón. Sin embargo el día antes de Reyes se sucedieron sus emisarios portando regalos. Rubén Vidal, el joven pintor de Alcañiz residente en Berlín, al que tanto le impresionaron tus críticas sobre los horribles cuadros que decoran tu hospital, se presentó con una tabla neoimpresionista que recrea una fuente del Tiergarten, el parque berlinés.

-Ojalá no sea así –te explica- Pero si te vuelven a ingresar, te le lo llevas debajo del brazo y lo plantas por delante del  cuadrus horribilis que te toque. Algo mejoraremos el paisaje, y además así recordarás a tus amigos a distancia.

Rubén Vidal es un mocetón que da muy bien el tipo de artista de la bohemia romántica. Alto, de ojos claros y pelo rebelde, no se conforma con pintar, sino que canta a Bach, incluso como solista, y toca no sabes si el violín o alguna madera. Se acaba de casar con Vera, que es ingeniera, o biotecnóloga, o algo muy científico e inabordable para ti. Vera, las cosas de la vida, es sobrina de Jay Riaño, un compañero que conociste  estudiando periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información. Al poco, Jay enfermó de un cáncer y murió, muy joven no sólo para amar, como dice la canción, sino para casi todo. Menos mal que la vida está llena de guadianas, y algo de los que fuiste dejando en el recuerdo reaparece vivo y fresco muchos años después. Como esta sobrina que juntó su saber a la inspiración del fino artista de Alcañiz. Humanismo y racionalismo en el mismo lote. Y buscando fortuna lejos de España, como tantos jóvenes ahora. En eso el héroe romántico es de lo más actual.

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También se personaron en el palomar tu hermano Pablo  y tu sobrino Daniel, portadores de un roscón  que hace maravillosamente en la Thermomix tu cuñada Marliesse. Pablo es la visita ideal, porque aparte de ser bondadoso y muy educado vive en un limbo distinto al del resto de los mortales, feliz en su pequeño mundo, como por encima del bien y del mal, y se sorprende por casi todo lo que le cuentas. Así que no te exige el esfuerzo de otras visitas  Como jubilado perfecto que es, se dedica a leer, a hacer ejercicio físico en los parques de Madrid, a hacer teatro con grupos amateur y a cantar en coros con su señora. Aunque hizo la carrera de ingeniero agrónomo, que suele producir ingenios prácticos, le cuentes lo que le cuentes siempre sonríe como si con la edad en lugar de perder, ganara capacidad de asombro.

-He descubierto Spotify y estoy encantadole dices.

-¡Ah!, ¿si?…-pregunta abriendo sus ojos azules- ¿Y qué es Spotify?

Se lo explicas y la cara se le ilumina como si acabara de entender la conjetura de Poincaré, de la que, por supuesto, tú tampoco tienes puñetera idea.

A ti te supone un gran refuerzo moral, porque aunque eres de letras e ignorante enciclopédico en nuevas tecnologías, a su lado, que está cerca de la mítica Arcadia feliz, casi te sientes Von Braun. Pablo es maestro en sobrevolar las miserias humanas, y experto en construir su felicidad con los mimbres justos. Además, el roscón estaba buenísimo.

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Pilar Lladó te regaló botellas de vino blanco de su finca de La Mancha, y dos pulseras placebo que, según las instrucciones en portugués, quitan los mareos y el malestar de estómago a las embarazadas. A tu edad piensas que es casi mejor lo tuyo que quedarte embarazado. Es más, estás convencido de que  tu sensación de náusea constante, como un albondigón de esparto que sube y baja por el esófago sin desaparecer del todo, ni es porque vayas a ser madre tardía, ni se quita con placebos. Pero por si acaso te pones en cada muñeca dos pulseras hechas como con un con un pedazo de liguero antiguo al que han cosido un misterioso botón blanco que ha de estar situado en la parte inferior de la muñeca, porque si no, no funciona. También podrías clavar alfileres a un muñeco con cara de tumor y hacerle el vudú, pero no has encontrado el género adecuado en el chino de la esquina.

-Tú sigue luchando, no pierdas la esperanza, querer es poder-te siguen recomendando

Otros amigos/amigas/ parientes/ simpatizantes de la radio te van recomendando sucesivamente áloe vera,  batidos, pomelos  -qué ardor, Dios mío- oraciones a san Judas Tadeo, acupuntura, tratamientos de homeopatía. Quién te cocina caldos, quién cremas vegetales, quién te trae fiambres, que son de los alimentos que mejor te entran, quién trufas de chocolate. Se te acumulan los masajistas morales, los mensajistas animadores, los rezadores y rezadoras. Casi necesitarías dos o tres vidas más y un rosario de enfermedades sucesivas para aprovechar el filón de cariño que te ha traído la dichosa neoplasia.

Te deja tan entimismado como la niebla de anteayer.

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Pero decides que no puedes seguir mirándote al ombligo, y necesitas echar un vistazo alrededor para constatar que te sigue interesando el mundo. Así ves que el nuevo ruso Gerard Depardieu aplaude la concesión del cuarto Balón de Oro a Messi, aunque no te explicas qué pintaba en esa fiesta. También te llama la atención que Brigitte Bardot quiera seguir su ejemplo, pretextando esta vez que un tribunal de Lyon haya ordenado sacrificar a dos elefantitos tuberculosos por razones de salud pública. La entiendes perfectamente, porque los sacrificios que le imputan a Putin son de otro rango moral: periodistas curiosas, opositores inoportunos, chechenos diversos, etc, y un elefantito tuberculoso inspira sin duda mucha más piedad. Como la que sin duda merecían el pobre señor Pallerols, el siempre dignísimo Durán y Lleida y todos los políticos y banqueros corruptos para los que la ley hará siempre las filigranas y jeribeques necesarios con tal de salvarles el culo. Santo cielo, qué farsa, qué inmensa farsa.

Así que, por no desentonar con este grotesco tinglado en el que nos ha tocado vivir, vas a la peluquería y decides sacudirte el síndrome de Sherlock Holmes, dejar de perseguir los pelos caídos y raparte al uno. Ya estás preparado para hacer de malo en una película de Santiago Segura. Ya puedes reírte del mundo calvo y con las orejas de punta. Como Nosferatu, pero con mejor cara.

 

Totus Tuus, Tito

No eres ninguna figura del fútbol, pero estás en el mismo club que Tito, y te sientes tan protegido como él...

No eres ninguna figura del fútbol, pero estás en el mismo club que Tito, y te sientes tan protegido como él…

1

El jueves 20 de diciembre sales de tu penúltima sesión de radioterapia  a vas la otra radio, la que aún se alimenta de voces y de música. Acudes a RNE por cumplir un acuerdo y dar fe de vida. Ya no tienes que molestarte en parecer ingeniosillo ante el micrófono, ni en hacer risas, ni mucho menos en  arreglar el mundo con un pensamiento preclaro o una frase genial. Apenas se te pide un detalle de de lo que eras, como a esos toreros que un día fueron figuras y acaban sus días de peones de brega. Un quite, un poner en suerte el toro para que se luzca el maestro, unas banderillas  graciosas a lo sumo.

Y estás encantado de tu papel de secundario.

Lo importante ese día no te concierne a ti, aunque a la postre te afecte. Y mucho. La noticia del jueves es que a Tito Vilanova, el entrenador del Barcelona ha recaído en su cáncer de parótida. Tú recordabas que hace un año pasó por un grave problema de salud, pero no creías haber leído en su caso ni la palabra cáncer ni la palabra tumor. Quizás aún imperaba el eufemismo como protección contra el severo mal. Ahora recae en su enfermedad y el cáncer sale del armario sin el menor recato. Ya no da mal agüero a terceros, ni yuyu, ni resulta tan extraño y odioso para la mayoría de la gente. Mejor es un gordo de la Lotería, claro, pero el que no tenga un tumor, o un pariente, o un amigo, o un conocido con él, que levante la mano.

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Sorprendentemente, la enfermedad maldita está dejando de ser tabú y se convierte por obra y gracia de los famosos que la padecen en un buen motivo para la solidaridad y, en cierto modo, la admiración. Es un banderín de enganche al que se apunta hasta el último de la fila. En el mundo del fútbol hay conmoción. Tito Vilanova no es una estrella, más bien se comporta como un tipo discreto y refractario al protagonismo. Pero lo valiente no quita lo cortés, o la rivalidad no mata lo humanitario. En estos casos tó er mundo es güeno. Y desde el  Madrid hasta el Iliturgi,  acaba recibiendo de todos los equipos un vendaval de adhesiones que casi comprometen a los más fieros enemigos del Barça.

-Totus tuus, Tito-parecen decir parafraseando el lema de Juan Pablo II.

Tú te quedas pasmado. Raro, ¿no? ¿Pues no dicen que la envidia   forma parte del patrimonio nacional?… Contrario sensu esta desgracia de un gran triunfador debería provocar millones de alegrías. Si bien en el fondo estás encantado de que no sea así, porque aunque Tito sea del Barça y tu equipo sea el Aleti, ahora ambos estáis en el mismo club.

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Pertenecías al club Escépticos sin Fronteras, al Círculo de Escritores sin Escritos, al de Sufridores del Atlético de Madrid (en pleno proceso de reconstitución), a la Federación de Amantes de los Juguetes de Hojalata, al ateneo de Náufragos del Pensamiento Cierto, al parnasillo de Poetas Varados, a la Cámara de Adictos a los Polvorones,  a la Liga de Adoradores del Mago Tamariz, a la de Amiradores de Bach, a la Asociación de Discípulos de Groucho Marx y-admítelo, aunque ahora vayas de bueno-  a la gran Cofradía de Odiadores del Dale a tu cuerpo alegría Macarena. Aunque todas estas organizaciones te parezcan irrelevantes en este momento.

Ahora tu vida ha cambiado, y pones tu vista en otros puntos del horizonte. Ahora, cuando sólo eres uno más entre miles de afectados por tu enfermedad en los que antes ni reparabas, la gente se interesa por tu salud,  te cuidan, te miman y hasta te jalean por pertenecer al mismo club que Tito Vilanova. Y eso que tú no vas a hacer campeón de Liga a nadie.

Y el efecto es fantástico. El Totus Tuus que iba para el entrenador del mejor equipo de fútbol del mundo resulta que también es Totus Tui. No es que todos tus familiares, amigos y conocidos se afanen en agradarte. Es que este mundo,  que de puro absurdo y rompepelotas estaba dispuesto a acabarse el viernes, empieza a desplegar ante tu mirada las miles de pequeñas razones por las que, como recuerda siempre Frank Capra por estas fechas, ¡Qué bello es vivir!

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El viernes  aún llevas en la boca el regüeldo de la quimioterapia, que no es justamente el bouquet más agradable para empezar el día. Sin embargo, después de acabar con tu radioterapia, un café con tostadas en grata compañía femenina se convierte en Desayuno con diamantes.

 Luego ves a una niña rubia con coletas vestida de pastorcita dando saltos en el Auto de Navidad del Colegio Estudio al compás de las dulzainas y rabeles y casi se te saltan las lágrimas de la emoción, porque la obra tiene su encanto naïf, y estás convencido de que tu nieta será una Scarlet Johanson deslumbrante.

A continuación te llevan al campo. Y cuando llegas a tu casa de piedra en el monte apenas un lucecita y el tenue resplandor de la luna ya muy menguada que se cuela entre el espeso celaje de nubarrones plomizos te transporta a una atmósfera mágica, muy de cuadro de Caspar Fredrich  o de película de Tim Burton.

Luego cenarás una espinacas a la crema y gracias a la Cortisona, que potencia tu apetito hasta para comerte a un fraile por los pies, te parecerán como firmadas por Paul Bocusse.

Finalmente la paz del bosque de castaños y robles, el silencio de la noche sólo roto por el murmullo del chorrito de la fuente y el apacible manto del primer amago del invierno más bondadosos que se recuerda amparan tu sueño.

-¿Será esto para tanto como dicen? –te preguntas sorprendido de tu propio bienestar antes de dormirte.

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El Cyanopica  Cyanus, vulgo rabilargo, no deja de ser un córvido estiloso vestido por Armani. Picoteando las aceitunas de los olivos aún entre dos luces puede parecer un pájaro ligeramente siniestro, porque el sábado amanece gris y encelado. Es la primera estampa de vida animal que ves  al asomarte por la ventana en la mañana inaugural del invierno. Da igual, el avechucho te parecerá  tan precioso como un tucán o un guacamayo Jacinto. No sabes por qué, pero ahora has pasado de ver la botella medio vacía a verla del todo llena, como si antes tuvieras trastocada tu escala de valores.

Mientras desayunas dos tostadas de pan de hogaza con aceite y un café con leche, ya sin ningún regusto químico, ves también dos petirrojos jugueteando sobre la hierba al calor del primer rayo de sol del domingo. Sales al aire libre, doce grados de invierno de mentirijillas, paseas por el jardín estirando lo brazos entre las bolas rojas del acebo y los cotoneaster, todo muy navideño, y aunque tu fe es de la categoría porsi por si es vedad  lo que nos contaban los curas en la escuela, que decía Doña María- te pones estupendo.

-Gracias, Señor, por enseñarme a tiempo lo que vale un peine- te atreves a decir por lo bajini.

Y te acuerdas de todos los que no han tenido la suerte de caer en el club del Totus Tuus, Tito. Es osado aventurarlo, pero quizás  no sepan lo que se están perdiendo.

Conductas inapropiadas

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A medida que cumple años Homper ha perdido expresión facial. Ha visto tantas cosas asombrosas que en realidad es una boca abierta en torno a la cual se distingue a un ciudadano. Ni alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni elegante ni hortera, ni crítico ni complaciente, ni alegre ni triste. Es un hombre perplejo del montón.

-¿Pero se ha enterado usted de la última?- le dice la frutera mientras le pesa unas peras conferencia. Por cierto, que cómo no habrán encontrado mejor nombre para bautizar a esta clase de peras.

Se amosca, frunce el ceño, se encoge de hombres, hace una mueca de disgusto y a otra cosa, mariposa. El día que no salta un escándalo financiero o un choriceo político es uno de faldas en la CIA. El día que el mundo no contiene el aliento por la tormenta perfecta sobre Nueva York, se paraliza España por la Huelga General o porque un jugador vasco seleccionado para jugar con España no se atreve a decir el nombdre del país al que representa y habla de “la cosa”

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Homper se atrevería a diagnosticar que lo de Susaeta es, primero, una gilipollez, y luego una cobardía. Una cobardía comprensible quizás, si se tiene en cuenta que él es jugador del Athletic de Bilbao, buque insignia del nacionalismo vasco, donde a sus ídolos Javi Martínez y Fernando Llorente, que se han atrevido a pensar que hay vida futbolística y profesional más allá del Euskalerría, les llamaban españoles para insultarlos. Susaeta es vasco y buen jugador, pero no tonto. Aunque tampoco lo bastante listo como para darse cuenta de que, yendo a jugar con el equipo de España, no le iban a preguntar en Panamá qué siente como miembro de un grupo de coros y danzas.

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-Ni el buenazo de Del Bosque ha sabido encontrar excusas para el muchacho- le comentaba Homper al peluquero. Y es raro, porque él es un hombre de buena labia, y podía haber utilizado lo de conducta inapropiada.

Tiene razón. Se sospecha que el Duque de Palma había guindado varios millones de forma un tanto irregular, y su granujada fue calificada de conducta inapropiada. Y como los eufemismos hacen fortuna y traspasan fronteras, ahora resulta que del general Petraeus, que al parecer se había liado con su biógrafa, se viene a decir lo mismo. El hombre pertenece a una familia de rancio abolengo en la carrera de las armas, y además no tiene cara de sátiro, ni siquiera de milico, sino más bien de predicador o de investigador científico. Tal vez por eso merezca mejor trato, y la prensa no pone el acento en su adulterio, sino que le echa una manita y vuelve a sacar lo de la “conducta inapropiada”. O sea, que uno puede darse una alegría para el cuerpo con un fruto prohibido y no adulterar, sino mantener una conducta inapropiada.

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Homper ve con alivio cómo el buenismo del lenguaje va relevando sus culpas y disfrazando sus pecados. Pensaba que la conducta inapropiada era sorber la sopa, saltarse un paso de cebra con el coche, tirarse un pedo en un acto académico o ponerse a hablar por el móvil en voz alta en el transcurso de un funeral. Pero ahora tiene margen de actuación: él se tiene por buen ciudadano, y procurará mantener la compostura. Pero quién sabe, cualquier día se harta, como media España, y comete un error de expresión o un desmán. Da igual una metedura de pata sonada, como la de Susaeta, que un delito, asaltar un banco con la cara tapada por una media de lycra y un trabuco de bazar chino o acosar sexualmente a la estanquera blandiendo un calabacín como arma agresora. Podrá en tododos esos casos parecer un delincuente,un gamberro o, como mínimo, un tonto. Pero visto lo visto, también tiene derecho a que su comportamiento sólo sea considerado conducta inapropiada.

Galgos, podencos, ilusos y caraduras

Si seguimos discutiendo si son galgos, podencos o lo que sean, la crisis acabará comiéndonos, ya les digo…

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Galgos, podencos, soñadores. O simplemente caraduras. Qué bonito entretenerse como los conejos de la fábula de Iriarte.

-Para mí que lo que se nos viene encima es el galgo del federalismo.

-¿Federalismo normalito, o federalismo asimétrico?

-Cuarto y mitad.

-Ni puñetera idea. Para mí que es el podenco de la independencia, Vamos, que está cantado.

Lo cantan los idealistas que lo creen de buena fe y los barandas que agitan cualquier bandera con tal de distraer al personal para que olviden su incompetencia o su golfería. La culpa siempre será de otros. Porque, obviamente, nosostros somos nosotros, y para qué vamos a quererles, con lo estupendos que somos y lo que nos gorronean, caramba.

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Hace nada Cristiano Ronaldo declaró que estaba triste. Y durante medio mes el debate sobre los motivos de su tristeza llenó muchas horas en los foros deportivos. Realmente asombroso: como si la cuestión fuera creacionismo versus evolucionismo.

El Duende ecuerda que hace años otra figura del Madrid, Michel padeció una lesión en el pie que tardaba en curar, y la discusión entre el cuerpo médico, el entrenador, la directiva y el propio jugador, que tenía sus propias ideas sobre el alcance de su dolencia y la conveniencia o inconveniencia de precipitar su vuelta al equipo. El temazo desató igualmente toda suerte de polémicas trascendentes. Después de tanta tinta derramada sobre semejante majadería un periodista zumbón ironizó en su columna con un título enigmático: ¿De quién es el pie de Michel?

Ignorantes manipuladitos somos. Y así seremos mientras no nos demos cuentos de que el mundo es de los que saben tomar el pelo y encima guardar la ropa.

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El ministro Wert quizás fue poco prudente. Un buen sociólogo debe saber que hay verdades incómodas, y lo de españolizar a los niños catalanes parece que produce rechinar de dientes incluso a los que antaño creían que España era una unidad de destino en lo universal. Cualquier buen entendedor entiende lo que quería decir, aunque apelar a la patria de nuestra Constitución sea ahora como mentar la bicha. No le falta razón, pero en la necedad generalizada incluso la lógica resulta insolente, y ya es triste. Eso sí: lo ha pagado, y al ministro le han dado hasta en el carnet de identidad.

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En cambio el señor Artur Mas alumbra la frase clave de su soñado referendum sobre la independencia de Cataluña y suelta esta perla: ¿Desea que Cataluña sea un nuevo estado de la Unión Europea? Podría haber añadido: ¿Desea que su pareja sea tan atractiva como Naomi Watts o Brad Pitt, según el sexo que le apetezca? Como si se pudiera ser nuevo estado de la Unión sin antes independizarse de España y conseguir que todos los estados miembros voten por unanimidad la bienvenida al nuevo aspirante. O sea, brindis al sol, fuegos artificiales, enredar, querer pescar peces sin mojarse el culo,prevalerse de la ignorancia de unos y del romanticismo de otros para escurrir el bulto, camuflar lque verdaderamente compromete -ah, la independencia, tan deseada y tan temida- y disimular que no se sabe cómo salir de la crisis y gobernar lo que verdaderamente importa.

¿Va a acabar España con el hecho diferencial catalán? ¿Va a enjugar el federalismo asimétrico el déficit de Cataluña? ¿Va a derramar la soñada independencia el cuerno de la abundancia sobre sus campos, pueblos y ciudades? No está claro, pero pocos critican esta pregunta que pretende ser decisiva y sólo encubre una vacua estolidez. Mientras tanto el debate sigue, llena portadas y alimenta las tertulias.

Y los conejitos especulando. ¿Serán galgos? ¿Serán podencos? ¿Serán jetas? ¿Serán incompetentes?…Podemos seguir entreteniéndonos jugando con las cosas de comer hasta que tengamos que alimentarnos con nabos y palulú. Pena que los perros de la crisis sean más veloces y más voraces que los de la fábula de Iriarte.

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Verano 11. El día menos pensado regreso al rio Eume

El día menos pensado el bloguero volverá a pasear por este paraíso…

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Sabía el Duende lo que significaba el día menos pensado.

-El día menos pensado doy un puñetazo en la mesa, le hago una pedorreta al régimen y me desayuno un par de huevos fritos con chorizo, que es lo que me está apeteciendo desde hace años-dice uno.

-El día menos pensado ella se da cuenta de que está siendo cruel conmigo y me dirige la palabra-piensa otro.

-El día menos pensado me llama el jefe y me felicita por lo bien que estoy cumpliendo los objetivos.

-El día menos pensado doy un carpetazo a todo y me retiro a un monasterio.

-El día menos pensado me lanzo a escribirle una carta de amor…

El día menos pensado. Se lo habían dicho, que estas cosas suceden. Millones de personas arrastran desde hace años dolores de espalda. El Duende estaba convencido de que estas cosas sólo les pasaban a los demás, a los compañeros de trabajo, a la asistenta, con lo sufrido que es inclinarse para remeter la sábana del lado opuesto de la cama o agacharse a recoger la ropa limpia del tambor de la lavadora, a las señoras ricas que lo tienen todo y quieren hacerse perdonar su opulencia con achaques de salud para solidarizarse con el prójimo pobre, a las cuñadas delicadas, a los antiguos habilitados de clases pasivas, muy propicios a este mal.

Pero él presumía de que nunca le habían dolido ni las muelas, ni la cabeza, ni el estómago ni nada de lo que normalmente aflige al personal de su entorno. Mas el refranero, no por ordinario deja de ser sabio. Y como a cada cerdo le llega su San Martín, y perdón por la comparación, el día menos pensado se ha levantado con un dolor de espalda sencillamente insoportable.

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De repente el bloguero advierte que se acerca al resto de los mortales.

Cada día es más frecuente que, en lugar de directores espirituales como las abuelas de antaño, la gente al igual que en las películas americanas, tenga abogados, psiquiatras, esteticienes, peluqueros, entrenadores personales y fisioterapeutas. Al Duende le inquieta sobre todo este último. Nunca se puso en manos de un profesional de ese género, y ahora está preocupado por saber qué hay que hacer cuando a uno le tumban en una camilla y le tratan los músculos de la espalda como si fueran la masa de las empanadillas. ¿Se habla del tiempo, de fútbol, de toros, de la prima de riesgo? ¿Se puede uno quejar?¿Le puede preguntar si se masajea con igual entusiasmo a una vedette de revista que a un inspector de alcantarillas? ¿Se puede sugerir que le hagan sólo lo agradable y que se abstengan de cualquier terapia molesta?

El día menos pensado aprende uno a comportarse en esos trances que, si para los demás son el pan nuestro de cada día, para el bloguero arrojan las sombras inquietantes de todo lo desconocido.

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Pero también el día menos pensado el bloguero pondrá punto final a lo que consideraba su verano, o más propiamente su veraneo.

Se deleita recreando su viaje a bolsillo semiparado por el norte de España. Si no se recuerda algo, un poquito, es como si no se hubiera vivido. Pero de vez en cuando, al pasar a limpio sus recuerdos, se atasca en su escritura. Siente un mordisco de la realidad y se obliga a parecer responsable y a escribir no sólo de lo que le place, sino de lo que irrita, le escandaliza, le indigna. Mientras trabaja en su blog, zumban en el cielo de Candeleda el motor de varios aviones apagafuegos. Ni un día sin miedo a que un tonto -un imprudente, un majadero que quizás sólo queme montes por el placer de sentirse alguien con poder capaz de aterrorizar a la gente, de arruinarla, de empobrecer a la naturaleza y, por qué no, de matar- tire su lata de gasolina o su colilla y ponga en jaque a toda la comarca.

En estos casos siempre se acuerda de su sobrino Carlos, hijo de su queridísima prima Ana María, un joven teniente recién salido de la academia de San Javier, que murió en uno de sus primeros actos de servicio al estrellarse en un bosque gallego el avión en el que colaboraba a extinguir un incendio. Cuánto fuego, cuánto mal innecesario, cuánta irresponsabilidad, cuánto terrorista oculto. Qué desazón despertarse y poner en tela de juicio la razón de aquél que bautizó a nuestra especie como la del homo sapiens. ¿Verdad que no es tan sapiens, mi teniente?

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Esta secular sequedad veraniega que padece España desde el borde inferior de la franja cantábrica hasta la isla más al sur hace añorar aún más la ruta por las Fragas do Eume o bosques del Eume que el Duende recorrió en compañía de su anfitrión y de Juan Luis M.L. Las Fragas son el bosque atlántico termófilo (sic) más representativo de Europa, tanto por sus 90.000 hectáreas de extensión como por la variedad de sus especies vegetales. Eso es lo que dice una web turística acerca de este parque. Lo que añadiría este bloguero es que un simple paseo recorriendo la orilla del río Eume hacia el monasterio de Caaveiro es una inmersión en un paraíso natural donde las piernas se aligeran y parecen volar. Pues en esa ruta, tupida de chopos, alisos, abedules, castaños y de los helechos arborescentes de Francisco Umbral el caminante cree flotar en una alfombra mágica. sobre una atmósfera de humedad, verdor y poesía que viaja a un mundo pretérito de ensueño. La experiencia es sencillamente emocionante.

Por cierto, que en el corazón de esa fraga algún mentecato también quiso hace unos años ponerle fuego. Afortunadamente la humedad y los pompeiros sofocaron el incendio. El Duende lo celebra por todos los amantes de la naturaleza, pero muy especialmente por su anfitrión, que a pesar de ser un gran navegante y de volar muy alto, no ha dejado nunca de tener los pies en el suelo. Ha recorrido el Camino de Santiago a pie él solito, como si fuera un estudiante, y aunque sabe que todos los caminos llevan a Roma, seguramente esta senda por la orilla del Eume es más segura para llegar a la idea que muchos tienen de Dios.

El día menos pensado este bloguero vuelve por allí. A propósito, el día menos pensado, tanto emplear esta frase, por qué será. Elemental, querido Watson, así se llama el nuevo programa de radio donde intervendrá. A lo mejor a partir de entonces deja de enrollarse tanto por escrito, y vuelve a ser duende de la radio.

Verano 6. Meditaciones en la Sierra del Courel


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Curiosity aterrizó en Marte después de volar 240 millones de kilómetros. Más o menos la distancia que haríamos rodeando 6.000 veces el perímetro de la tierra. Usain Bolt recorrió los 100 metros en 9 segundos con 68 décimas. Más o menos lo que un tipo medianamente hábil tarda en cortarse dos uñas. Con cortaúñas.

Entretanto este curioso que les escribe, que ha pasado casi una semana observando el verano desde la ventana y sin deseo exagerado de disfrutarlo, salía de viaje. Tenía 500 kilómetros por delante. A la altura del kilómetro 210, más o menos, vio un cartel que indicaba la desviación a Urueña y se metió por ella. Jamás había cambiado un plan de viaje cuando iniciaba sus vacaciones de verano. Como todos los pringados que en el mundo han sido y seguimos siendo, lo urgente para él era llegar a su destino cuanto antes. Pero cuando visitó esta pequeña villa amurallada con sus compañeros de RNE, le llamó la atención que en un núcleo tan reducido –no más de 80 habitantes en invierno- se concentraran varias librerías y algunos museos singulares, como el de Joaquín Díaz, un auténtico tesorero de la cultura popular.

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Se acuerda entonces de esa visita. Y entonces el veraneante poco entusiasta cambia sus planes y se detiene en el admirable pueblecito castellano. Pasea por sus calles solitarias, se asoma extramuros para empaparse algo de la mística del austero paisaje de alrededor, se toma un bocadillo y un café y compra un libro de poesía. El resto puede esperar. Como podía esperar la hazaña espacial del Curiosity, o la nueva proeza velocista del jamaicano Bolt.

Qué suerte que todo sea tan relativo. Dentro de unos años la pausa de Urueña quedará en el registro de su memoria con la misma importancia que los acontecimientos históricos de este 5 de agosto de 2012. Al hombrecillo de la calle se le escapa la trascendencia de las hazañas. Mide el mundo y la vida a través de sus parámetros. Son más sencillos, y apenas le interesan a nadie, pero le evitan los ataques de vértigo que producen la velocidad y las distancias infinitas.

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El desideratum del lejos del mundanal ruido del clásico se ha exagerado hoy gracias a la globalización, a los documentales de la tele y a los viajes del Corte Inglés. Uno de los muchos detalles costumbristas que al Duende se le quedaron cuando leyó La forja de un rebelde –una novela muy recomendable para entender a la España que reventó en 1936- es que el protagonista, alter ego del autor, periodista en Madrid, tomaba todos los fines de semana del verano un autobús para trasladarse al toledano pueblo de Novés, donde se reunía con su familia. Ejercicio de realismo sociológico: póngase el lector viajando en autobús a esta misma villa una tarde de este glorioso y africanísimo verano. Y tenga en cuenta además que Arturo Barea no iría en camiseta, bermudas y chancletas, como cualquier joven actual.

Claro, que más riguroso aún debía de ser el veraneo en Pozoberrueco, provincia de Albacete. Ahí veraneama el poeta Antonio Martínez Sarrión,hijo del secretario del ayuntamiento. Cuenta en sus memorias Infancia y otras corrupciones- otro libro al que el Duende le sacó jugo- los encantos de aquellas vacaciones estivales en un pueblo manchego de la década de los cuarenta: la calle para correr, botijo, y sombra de una higuera para tomar el fresco. Ahora aquellos veraneos tan pobretones resultarían insólitos. Ahora, incluso en tiempos de crisis todos nos sofisticamos, y parece que si no ves el mar o te embarcas en un crucero no has huido del mundanal ruido.

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En todas las provincias hay algo por descubrir. Eso que se llama la España profunda lo es no sólo porque se ubique en el paraje menos accesible, sino porque queda fuera de los programas de las agencias de viajes, de los divulgadores mediáticos, de los cronistas de la buena vida y de los que se inventan los trending topics, y perdón por el gilipollesco palabro. Es profunda también porque resulta tan impresionante en su soledad lejana que, además de pasear el cuerpo, notas que es tu alma la que se oxigena y se enriquece al pasar por ahí.

En la Sierra del Courel, joya verde de la provincia de Lugo y de la Galicia profunda, el Duende y su amigo Manuel Gasset ironizabn sobre lo relativo de las distancias siderales (Marte, tan lejos) y de la velocidad (Usain Bolt, tan rápido), temas del día. La excursión fue apenas cuarenta y cinco kilómetros de estrecha carretera atravesando ríos, montañas y frondosos castañares, robles, arces. Bosques centenarios donde seguramente moran gnomos, trasgos y todos los amigos de Bambi. Prodigio de la naturaleza, como para bajarse del coche y arrodillarse a dar gracias a la divina Providencia por regalo tan cautivador. En el trayecto –Secedas, Folgoso del Courel, Sobredo, Paderne, Foilebar y otras aldeas que no recuerda el viajero- apenas se cruzaron con tres coches. Eso sí, invirtieron en él más de dos horas, con paradas intermedias para escuchar la deliciosa música del silencio de la naturaleza. Qué paradoja, un paraíso discreto, un sueño que sólo está a 500 kilómetros de la capital del reino. Qué delicia, viajar sin prisas ni compromisos, pensando que sólo te aguardan las estrellas.

Verano IV. La canción del verano

De vez en cuando hay que repetir viejos éxitos. Ni contigo, ni sin tí, tienen mis males remedio…

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¿Dónde está la canción del verano?…

Las ruinosas y numerosas televisiones, públicas o privadas, se hartan de programar cine. Mucho cine añejo. Da vergüenza agarrarse al pasado, pero hay que añadir que afortunadamente. Y entre la morralla habitual de violencia, `piruetas en el aire, artes marciales, zombies que aparecen casi todas las noches –quién iba a decirle a George Romero que sus muertos vivientes iban a gozar de tan buena salud- y landismo cutre, auténticas perlas con las que el bloguero refresca su memoria cinematográfica y alivia sus tardes. Duelo de titanes, El último tren de Gun Hill, Misión de Audaces, la bellísima Cazador de forajidos, que a uno se le escapó cuando se estrenó. Qué películas del Oeste, qué actores, qué guiones, qué fotografía. Qué buenos ratos.

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Por cierto, entretanto este aprendiz de nada mantuvo una reunión de trabajo con una de sus instructoras en redes sociales. La profesora Acacia se afanó en desentrañarle el funcionamiento y la utilidad de las mismas, asignatura pendiente que el Duende aprenderá cuando ya se hagan pasado de moda y estén desprestigiadas. En la clase práctica, probó a lanzar a la comunidad de Facebook y Twitter un mensaje de esos que agitan el pensamiento universal. Ya lo tenía casi confeccionado en su Samsung Galaxy G2, oh milagro, cuando un leve desliz en el delicadísimo sistema táctil de este diabólico aparato evaporó de su pantalla lo que seguramente iba a tener tanta trascendencia como el Cogito ergo sum o el Sangre, sudor y lágrimas, más propio para este amargo verano.

La frase, que intentará de nuevo, era esta: ¿Por qué en las películas del Oeste se toma tanto café sin que nadie le ponga jamás azúcar?

Otro arcano más por resolver.

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Pero eso, las televisiones defienden su deriva resucitando los mitos del celuloide, mientras que las radios no tiran ya de la serpiente multicolor, ni de los éxitos de la Roja ni de la canción del verano.

-No hay este año canción del verano- dijo alguien el otro día en Onda Cero.

La hay. Draghi, Merkel, Monti, Rajoy, el BCE, los Eurobonos, la prima de riesgo, la Bolsa, la próxima cumbre, el runrún de crisis de gobierno. Un poquito de pan hoy, más hambre mañana. La ilusión, la esperanza. Coño, otra vez el desencanto. Uno hace memoria, y no se explica cómo a ningún grupo se le ha ocurrido la resurrección inevitable de la vieja canción que deberíamos dedicar a la Europa del euro: Ni contigo ni sin ti/ tienen mis males remedio/ contigo porque me matas/ y sin ti porque me muero.
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Las lágrimas de Juanín Patriota

Cuando Juanín Patriota despertó advirtió que aquel 2 de julio no era un día cualquiera, y merecía algo especial. Así pues, se dispuso a ordenar su pensamiento de tal forma que todo lo que de él saliera llevara el inconfundible sello de la originalidad.

-Hemos hecho historia –pensó.

Cuando quiso fundamentar por qué habíamos hecho historia tuvo bien claro que ninguna selección nacional de fútbol había ganado consecutivamente el Campeonato de Europa, el Campeonato del Mundo y, de nuevo, el Campeonato de Europa.

-Somos los mejores de la historia- añadió a su lista de grandes pensamientos originales.

Juanín Patriota advirtió que este segundo pensamiento se derivaba del anterior, pero no era exactamente igual. Creyó que, como segunda frase al tomar el café mañanero en el bar, iba a acrisolar aún más el acreditado patriotismo de su apellido.

-Hemos conseguido la triple corona- dijo esta vez ante el espejo, golpeándose el pecho como si él mismo fuera el rey del mambo.

El cuarto pensamiento le obligó a transformarse. Se pintó rayas rojas y amarillas en las mejillas, se enfundó la camiseta barata que le habían regalado en el hiper al comprar un salchichón y dando saltos como un mono repitió una bellísima y afinadísima canción que había escuchado ya en algunos de los hinchas de la Selección.

-Yo soy español, español, español, español…

Finalmente, consciente de que así redondeaba un ideario de autosatisfacción completo para afrontar las dificultades de la crisis, pensó también lo que a ningún político, ningún periodista y ningún medio de comunicación se le ocurriría el día después de haber ganado la Selección de Fútbol de España su glorioso triplete.

-Y ahora tenemos que disfrutarlo.

Juanín Patriota se miró detenidamente en el espejo del ascensor y no se encontró ni más alto, ni más guapo ni mucho menos más rico que antes de haber hecho historia. Tuvo que ir a la farmacia a por un ansiolítico de pago. Luego recordó que en unos días le volvían a subir la luz, y probablemente también el IVA, y que mientras España ardía en fiestas por el éxito de la Roja en la comunidad de Valencia ardía de verdad una extensión de hasta cuarenta mil campos de fútbol de naturaleza.

Para subrayar su originalidad, a Juanín Patriota se le saltaron las lágrimas. Aunque, a pesar de la euforia que respiraba su país, no tuviera muy claro si eran de alegría o de o de tristeza.

El fútbol y el Jaimito que llevamos dentro

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Homper lee los periódicos del día y medita sobre el narcisismo. El falso espejo que nos fabrican para que no dudemos de que somos la especie superior, los reyes de la creación, los guays del Paraguay, como nos decían los políticos antes de que llamarnos abusones y manirrotos. El hombre tiene derecho….Además de las utopías que agavilla la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a esta se le olvidó añadir: derecho a a ser un poco bárbaro, bastante grosero, extraordinariamente mal educado.

Resumiendo: derecho a comportarse como un ultra en los campos de fútbol.

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Ya le sorprendió al Hombre Perplejo la primera vez que le llevaron de niño al Estadio Santiago Bernabéu, que entonces aún era Estadio de Chamartín. Subía por unas escaleras hacia las gradas cuando vio un cartel sospechoso que decía: VOMITORIO,

-Qué asco –pensó recordando ese olor agrio y nauseabundo de sus vomitonas infantiles.

Luego miraría en el diccionario que tal palabra, en los estadios o en los anfiteatros romanos, definía a la abertura que facilita el acceso a las localidades. El vomitorio vomitaría gente, hacia dentro o hacia fuera. Aunque, visto lo visto, ahora Homper piensa que no, que pusieron vomitorio para que el público pasara por allí para desahogarse, para echar regüeldos, eructos, insultos, frustraciones malsonantes. O sea, para vomitar lo peor de la naturaleza humana.

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Pero no se atreven a decir nada a los vomitones Al pueblo se le exprime y se le cruje, se le exige sacrificios y a menudo se le ignora. Pero…¡ah, la educación!…¿Quién se va a detener a educarle, con lo pesado que es eso? ¿Y a regañarle?…¿Cómo se le va a pedir que, encima, guarde las formas?

-Nada, hombre…Usted vaya al fútbol y saque la bestia que lleva dentro, que no va a pasar nada.

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Así que al final se quedan cortos los vomitorios. Y además de este, habrá que poner en los estadios Cagatorios, Meatorios y hasta Tocatorios de Cojones. El fútbol es u deporte que le gusta a mucha gente, entre otros al propio Homper, que no se pierde u partido interesante. Pero además se ha convertido en el opio no del pueblo, sino de todos, hasta de los que gobiernan, de los que hacen las leyes y de los que las interpretan. El fútbol es la suprema razón de estado, que tiene que contemplar impávido como este deporte, tan bonito y apasionante, sea la rendija por la que permitimos que salga el impresentable que llevamos dentro.

-Es sólo un deporte –han dicho las autoridades ante el jaleo que, por fas o por nefas, iba a traer la final de la Copa del Rey- Y debe ser una fiesta.

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Homper se pasma de que, si es por el fútbol, se pueda insultar, blasfemar, ofender, y aparcar delante de los garajes. Qué le pasa a uno cuando le da un infarto en su casa a la hora del partido y no puede sacar su coche para ir al hospital. ¿Le mandan una ambulancia volando?. Por el fútbol se cierran calles y plazas, y se permite al personal invadir los espacios públicos, ensuciar la ciudad, emborracharse, orinar y defecar en las calles, vomitar, romper cascos de vidrio contra las aceras, mutilar estatuas y, en definitiva, comportarse como un salvaje con toda impunidad. Qué cinismo oficial. Y como el negocio es el negocio, todos, desde el pueblo desahogado, a políticos y líderes de comunicación, haciendo la vista gorda.

Quién se atreverá a proclamar que lo inevitable no es lo deseable. O a modificar las Declaración de los Derechos Humanos para consagrar el derecho de cada quisque a liberar al Jaimito mal educado y un poquito bestia que nos habita. El fútbol, razón de estado.

La Copa del Rey y otras que vendrán

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Diez años después de aquella jornada gloriosa en que los diputados nacionalistas incitaran a las puertas del Congreso a que se pitara al Jefe del Estado y al Himno Nacional el día del partido de la final de la Copa del Rey de Fútbol las cosas habían cambiado notablemente. Por ejemplo, en lugar de una, había varias copas. La del Rey, la del Lendakari, la del Molt Honorable President de la Generalitat, y la del Presidente de la Xunta. En lugar de una final, varias finales, en varios estados, con varios himnos que, estos sí, eran escuchados con sumo respeto y celebrados con cerrados aplausos. En los estadios había menos público. En las teles, menos espectadores. Las taquillas eran bastante ridículas. Los patrocinadores, bastante menos rumbosos. Txorizos el Morrosko (para la Copa del Lendakari), Samarretas La Tieta (para la Copa de Catalunya) y Oruxo das Bolas Peludas (para la Copa de Galicia).

En la final de la Copa de Euzkadi el Athtletic Club de Bilbao ganaba por penaltis al Indauchu, en la de Catalunya el Barça goleaba al Santa Coloma de Gramanet y en la de Galicia el Compostela se imponía al Celta de Vigo. Los nacionalistas se pusieron muy contentos, pero los aficionados no estaban tan entusiasmados.

-Esto de hacer nación a pelotazos resulta poco emocionante –decían.

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¿Cómo se había llegado a esa situación?

Después de aquella provocación de los diputados nacionalistas ante el Congreso de la nación a la que representaban, el TEIS (Tribunal Especial para Impertinencias Separatistas) se tomó en serio la afrenta, juzgó los hechos y emitió una sentencia en virtud de la cual conminaba al Congreso de los Diputados a que diera una patada en el trasero a los autores de la afrenta. Y no sólo invitaba a los provocadores a que se considerasen independientes del todo, sino que les obligaba a ello. Al menos en lo que se refería al ámbito de las competiciones deportivas. La frase final de la sentencia, anda y que os vayan dando, habría de sentar jurisprudencia.

En los considerandos pesaron argumentaciones jurídicas de distinto rango y procedencia. De la Declaración Universal de los Derechos Humanos se estimó el reconocimiento de la libertad del ser humano para elegir y decidir, derecho que hay que respetar incluso en el caso de que el pobre ser humano se equivoque.

De la doctrina de la culpa y el dolo del Derecho Penal se destiló el principio de la responsabilidad de los actos, y de la coherencia y la adecuación entre lo que pretende el indepentista impertinente y la respuesta del Estado. Así lo reflejaban los párrafos de la sentencia si estamos a Rolex, estamos a Rolex, pero si estamos a setas, estamos a setas. A lo cual le daba un matiz aún más severo esta expresiva frase que, por su justeza y pulcritud, parecía obra de Papiniano, de Justiniano, o de de Alfonso X el Sabio: si quieres caldo, toma taza y media.

Finalmente de la teoría del Abuso del Derecho se recogió el sentir de los diputados que representaban a los partidos no nacionalistas. Estos consideraban que la Ley Electoral primaba descaradamente a los partidos nacionalistas. Los cuales, abusando de su posición y su privilegio, hacían pedorretas malolientes a los símbolos de la nación española. A la que, en lugar de respetar y servir, como juraron o prometieron, ofendían para escarnio del resto de los españoles y de los simples aficionados al fútbol. Aquí los considerandos partían de citas de clásicos como CicerónQuosque tandem, Nacionalistas, abútere patientiam nostram?- para acabar con una rotundo pensamiento que el derecho moderno, que debe modular sus normas acoplándolas a las necesidades sociales, ha hecho suyo. La idea, piedra angular de esta sentencia que, como decimos, sería considerada ejemplar, es de una claridad meridiana: Estamos hasta los cojones de nacionalismos abusones.

3
No estaba muy clara la función del TEIS en la arquitectura institucional del Estado. Pero como el derecho en España es, sobe todo un deseo, un según y como, una realidad evanescente y a menudo sorprendente, pues unas veces se cumple y otras tararí que te vi, la cosa es que la sentencia de marras prendió en el espíritu de la mayoría del pueblo.

Y al contrario de otras muchas leyes y sentencias que jamás se cumplen, ésta se ejecutó haciendo actuar a los organismos competentes. Y se llevó a cabo, compensando así a esa inmensa mayoría del pueblo español que, respetuosa con la Constitución e incluso también con los desproporcionados mimos que la Ley Electoral ha venido concediendo a los partidos nacionalistas, estaba hasta entonces harta de sus descortesías y de sus abusos.

4
Y así es como la histórica y muy reputada Copa del Rey de Fútbol se convirtió en una Copa y unas cuantas Copitas que se jugaban en los feudos históricos donde los nacionalistas hacen de las suyas. Y todo fue bien. Relativamente bien.

Porque el caso es que, al cabo de unos cuantos torneos, esas figuras que ganaban millones en los grandes equipos, conducían flamantes Ferraris y se ligaban a estrellas mundiales de la canción, se habían convertido en futbolistas con un sueldo normal, un modesto utilitario y una novia alta o baja, regordeta o flaca, licenciada en filosofía, peluquera o farmacéutica. Como la de cualquier otro español.

-Jodó petaca –dijo el primer ídolo venido a menos que se atrevió a cuestionar la pequeña Copa del pequeño país, o así, donde jugaba al fútbol- No imaginaba yo que el nacionalismo también era esto…

La falta de respeto. La irresponsabilidad. Los polvos. Los lodos.

Fatigado por el “dolce far niente”…

Qué difícil, y qué fatigoso, es no hacer nada...

1

No sabe el Duende cuánto tiempo hace que pasa un día sin salir de casa. No ha sido por motivos de salud, ni por inclemencias del tiempo –qué más quisiéramos- ni por la obligación de ordenar papeles, o preparar la declaración de la renta, o montar un mueble de IKEA, o de cocinar un bacalao al pil-pil. Era pereza, fatiga. O tal vez sentirse a gusto en su palomar. Según transcurría la jornada se iba adueñando de su alma calvinista una preocupación.

-¿No será que estoy sucumbiendo a la tentación de dolce far niente?

2

Y a continuación repasó su comportamiento, por si respondía al canon de lo que entiende por no hacer nada. Había hecho su cama. Había ordenado su cocina. Había hecho unas tostadas y un café, había leído el periódico en su teléfono móvil, cosa bastante incómoda por cierto. Se había puesto el chándal para salir a correr. Se lo quitó después, porque no le apetecía, estaba como cansado, y por primera vez en su vida consideraba que el cuerpo merecía un respeto. Se duchó, se afeitó.

Había buscado libros, que luego había cambiado de sitio, había mirado muchas veces por la ventana, observando: 1. Varias bandadas de cacatúas verdes volando. 2. Un gato trepando por el tronco de un pino. 3. Al menos dos autobuses urbanos semivacíos. Qué gracioso: todos los personajes igual que los de su autobús de hojalata marca RICO, juguete de los años cuarenta del pasado siglo, silueteados sobre el vacío. 4. La ciudad latiendo bajo el sol implacable que nos permite hablar de “buen tiempo, tiempo primaveral”. Cuánto le irrita al Duende que al tiempo africano le llamen buen tiempo, cuando el buen tiempo en esta época  sería fresco y algo de las lluvias que no han querido ni hisoparnos en invierno. 5. El parque sediento, implorando compasión.

3

También ha pensado. Por cierto, ¿pensar es hacer algo? Pensaba que uno va haciendo su vida como quien  compone un puzzle. En un puzzle hay algunas piezas clave, de cuya correcta colocación depende en buena parte el éxito del cuadro final. Hoy el Duende pensaba que tocaba poner una pieza tonta, poco esclarecedora, un pedazo de cielo, un retazo de mar, unas hierbas. Nada que le condicione o le cambie el puzzle de la existencia.

Ha escuchado la radio, ha mandado varios correos electrónicos, ha puesto unos garbanzos a remojo, ha quitado una mancha, ha introducido un CD en su aparato de música, ha repasado los coros del Mesías que cantará en diez días, ha tomado un te, ha buscado, sin éxito, a un calcetín desaparecido, ha completado un soneto que había empezado el día anterior en el autobús, un soneto dedicado a una dama que cumple años inconfesables y que sigue pareciendo una chica ye-yé, las cosas.  Ha visto dos partidos de fútbol, el Athletic-Manchester United y el Besiktas-Atlético de Madrid. Si uno mira en los rojiblancos bilbainos sólo un club de fútbol, qué admirable, qué categoría, qué ejemplo de equipo el suyo. Qué partidazos  los que nos regala últimamente, y que hazaña la de eliminar a los líderes de la Premier League El maestro Ansón dice, seguramente con retranca, que él es del Athletic de Bilbao porque es el único club de nuestra liga que juega siempre con once españoles. Españoles y vascos, españoles o vascos, qué mérito el de ese conjunto de bilbainos, guipuzcoanos, alaveses, navarros y riojanos –cada vez se amplían más las fronteras futbolísticas del País Vasco- en una liga donde hasta el club más modesto es una multinacional. Ya podían aprender los que sólo hacen plantillas a golpe de talonario.

4

Según los códigos morales del Duende, el fútbol no puede ni debe ser excluyente de otras actividades. Así que mientras lo miraba,  hojeaba, de paso, la prensa digital. Qué contradicción, hojear sin pasar una hoja. Luego cenó. Y en todo ese tiempo se obsesionaba recordando aquel ojo vigilante de Dios insertado en un triángulo que aparecía en el catecismo, al tiempo que tarareaba por lo bajini una canción que sonaba cuando era niño por aquellos receptores de radio antediluvianos.

Mira, niño, que la Virgen lo ve todo…

Espera el Duende que Dios y la Virgen se hayan dado cuenta de que aunque   casi todos, unos por falta de trabajo y otros por sobra de años, estemos inactivos, es imposible no hacer nada.   Acabó el Duende tan cansado de ese menester, que a las once y media de la noche se le caían los párpados, y sentía que la cama le llamaba para recogerse en ella y ponerse a no hacer nada de verdad

 

 

Cristiano y Cerezo se mosquean

¿Crisis? ¿Cambio climático? ¿Reforma laboral?...Lo que de verdad nos importa es el fútbol

1

Reconoce el Duende que lo de que su Atleti le gane al Madrid le parece ya un imposible metafísico. Resignación y mirar a otra parte: tampoco hay quien redima a la especie humana de su cuota de estulticia congénita, y la cosa se acaba soportando.

Si hay una subespecie del hombre que el bloguero odie sin remisión es precisamente la del llamado hincha de fútbol ultra, que suele reunir en sus comportamientos necedad, mala educación, pésimo gusto y a veces (como cuando se burlan a coro de jugadores del equipo contrario muertos) auténtica crueldad. El Duende dejó de ir a los estadios por no sufrirlos.  Pero toda regla tiene su excepción. Borricos son los ultra del Madrid, como todos los de cualquier otro equipo. Pero sin embargo el pasado sábado tiraron de ironía y de sentido del humor y, sorprendentemente, desplegaron una pancarta que tenía su gracia. Su mensaje era: SE BUSCA RIVAL DIGNO PARA DERBY DECENTE.

2

Derby es una ciudad inglesa donde se corría una carrera de caballos que debió de ser muy importante. Sin duda por el interés que esa prueba despertaba, de allí extrapolaron los comentaristas deportivos el nombre de Derby, que, por enfatizar, aplicaron a los partidos de fútbol entre los grandes equipos de la misma ciudad. Para los ajenos al fútbol: en el argot futbolero, un Madrid-Atlético es un derby, mientras que un Madrid-Barça es un clásico. Y el drama del Atlético de Madrid es que hace ya doce años que no le gana un solo derby a su rival, el poderoso epulón de la calle Concha Espina. En muchos ellos perdió merecidamente, pues ante los blancos solían borrarse de miedo o por simple desinterés, cosa muy de este giliclub de ciclotimias exasperantes. En el último partido sin embargo presentaron mejor pinta, hasta que los imponderables le dejaron donde solía. Qué manera de perder, que canta Sabina.

El caso es que por unas cosas y otras perdía, como de costumbre. Y en estas que en el fondo donde se alojan los ultras merengones  exhibieron la pancarta de marras. Sin duda, lo mejor que podía esperarse de esta fauna, pero lo  más humillante para  los ultras rojiblancos que carezcan de sentido del humor.

3

Lo que sigue se puede contar así. Dos días después se encuentran en un acto Cristiano Ronaldo, delantero del Madrid, y Enrique Cerezo, presidente del Atlético, hombre encantador y educado que se distingue sobre todo por no comprometerse casi nunca diciendo nada notable. Cristiano está dolido porque fue objeto de una tarascada de Perea, un defensa rojiblanco de los que siempre se adjetivan como “bravos”, y no se muerde la lengua.

-Quedan réditos de las patadas que me dieron –le dice al presidente quizás mostrándole el tobillo hinchado.

-Vosotros también pegáis- replicó el siempre sonriente Cerezo- Y a la pancarta sólo le faltó añadir: el árbitro lo ponemos nosotros.

O sea, que se enfadaron.

 

4

Un enfado no es noticia. Alfonso Guerra  y Bono se han enfadado estos días con la ministra Chacón. Granados se ha enfadado con Esperanza Aguirre por destituirle. Los autores se han enfadado con Tedy Bautista porque este no había repartido la modesta cantidad de 145 millones de euros  acumulados por la SGAE que probablemente les corresponden. Y en Madrid los comerciantes chinos se enfadan con el Ayuntamiento porque no les da licencia para vender bebidas alcohólicas, un filón ahora que la juventud está más desesperada que  nunca.

La noticia es que este rifirrafe futbolístico, que hoy reproduce MARCA en su edición digital, había  provocado a esta hora la  cantidad de …¡3.166 comentarios!

5

El Duende estaba orgulloso comprobando que su post de hace unos días titulado Espejos rotos había recibido nada menos que 18 comentarios, gracias, sobre todo, a la oleada emocional que provocó la muerte de un perro surrealista llamado Bob de C´as Barber. Qué ternura la de aquel colaborador con el que contaba el Duende. Lo mismo hablaba del sol, del mar, de los higos dulsesitos, de la primavera o del sinvivir de los días, destilando en su lenguaje esencias de poeta. Pero se ve que, con ser importante su mensaje y triste la noticia de su muerte, aquí lo que de verdad interesa no es ni la crisis, ni el déficit ni el cambio climático. Y menos aún la poesía.

Fútbol, fútbol, fútbol, panem et futbolenses para el presunto homo sapiens. Lo demás y los demás somos mucho, o creemos serlo. Pero para qué engañarnos, al lado de Cristiano Ronaldo y demás pobrecitos del orbe futbolero,  no somos nadie.


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