Archive for the 'Deportes' Category

Carpe minutum

Para aliviar esperas y preocupaciones, nada como mirar al cielo y aprovecharlo...

Para aliviar esperas y preocupaciones, nada como mirar al cielo y aprovecharlo…

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Cruzas el pinarcillo que se extiende a los pies de tu balcón y pasas junto a cuatro cacatúas verdes de esas que invadieron Madrid. Ahora picotean hierbas y gusanillos como si como si esta fuera su tierra de toda la vida. Ni se inmutan al verte. Recuerdas al tío Augusto, naturalista y ornitólogo, subdirector del Museo de Ciencias Naturales, muerto en Madrid el día de San Isidro de 1946 de un derrame cerebral. Más que recordarlo, lo imaginas, puesto que aunque llegara a tenerte en sus brazos, no sabes de él más que lo que te contaba tu madre, tus hermanas y tus primos mayores, las fotos familiares, sus libros antiguos, con preciosas láminas de animales que aliviaban tus largas estancias en la cama por frecuentes anginas, sus papeles, sus publicaciones. Se sorprendería al comprobar que un ave tropical se ha aclimatado a tu pueblo. ¿Estaría a favor del respeto a las cacatúas, o abogaría por combatirlas, como proponen ahora?

Hay dilemas éticos para cualquier cosa.

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Paseas luego por Madrid Río muy bien acompañado por dos damas y te fijas en unos galápagos que toman en el sol en un espigón del estanquito que es por ahí el Manzanares. Te preguntas si Darwin podría adivinar su edad de un vistazo. Cuando tú cogías galápagos como esos en el Tiétar, los quelonios se defendían tirándose unos pedos absolutamente disuasorios. Puaf, qué hedor. Por una simple regla de tres argumental, te imaginas al autor de la teoría del evolucionismo saludando a los gigantescos ejemplares de la Isla de los Galápagos –alguno de ellos sobrevivió hasta hace pocos años- con una pinza en las narices. Buena caricatura para el Punch.

Duda añadida: ¿serán las ventosidades de estos fabulosos reptiles tan culpables como dicen que son del calentamiento global los meteorismos de las vacas? Hay cada teoría…

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Por la tarde, tras la siesta butaquera (no pijamera), que es la que te gusta, te pones el ordenador sobre la rodilla y con la espalda protegida por el mullido respaldo tratas de sacar adelante un post que te atormenta desde el viernes pasado. Se te ha encasquillado. Tu compromiso con elduendedelaradio te reconcome como si fueras un criminal inconfeso. Tantos días sin dar señales de vida…¿A dónde vamos a llegar?

El post que tenías en la cabeza se hubiera podido titular: ¿Para qué nos sirve Europa? O así. E n la jornada de reflexión ante las Elecciones Europeas querías reflejar lo que supuso el sueño de Europa para tu generación. Europa como ungüento para curar definitivamente las heridas de la Segunda Guerra Mundial. El espejismo que nos trajo la Unión Europea con su maná de fondos y subvenciones, dinero que la picaresca nacional ordeñó a conciencia. La decepción cuando se pinchó el globo y se estrechó el cuerno de la abundancia. El escepticismo y el desinterés por la política europea, contagiada por la fobia que todo lo político despierta tras la crisis. ¿Para qué sirve Europa?, se pregunta el abstencionista que pasó de urnas el domingo después de haber mamado lo suyo, como casi todos.

-No seas tonto, papá- responde el hijo de papá rico que ha pasado a ser papá indignado- Si no hubiera Europa no habría Champions, y si no hubiera Champions…¿qué sería del próximo sueño de Florentino?…

El chaval sospecha que, consagrado definitivamente el presidente del Real Madrid como ser superior y Sergio Ramos como hijo en quien el padre tiene todas sus complacencias, no habrá dios que le niegue a Florentino una pequeña recalificación más. Por ejemplo, ampliar el Bernabéu hasta la Plaza de Castilla, o levantar unas Torres Florentonas en el Retiro para ningunear a las famosas Petronas. En fin cualquier detallito para recordarnos que debemos estar orgullosos de que Madrid sea la capital mundial del fútbol, que quien manda, manda, y que se acabó la miseria. Afortunadamente el papá indignado es propietario de una proveedora de perfiles metálicos a la constructora de Florentino, de modo que a él también le volverá a sonreír Europa.

-Tienes razón, hijo –concluye el abstencionista arrepentido dando un cachetito cariñoso a su hijo- Si no hubiera Europa ya no podríamos aspirar a la undécima…

Larga vida pues a esta Europa que parece resbalarnos.

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Pierde la final de la Champions tu Atlético de Madrid, te duele Europa (no tanto como la derrota de tu equipo), sigues anotando observaciones inútiles con las que otra veces eres capaz de añadir algo nuevo a tu blog. Sin embargo el post que iniciaste el viernes no avanza. Definitivamente se te ha atragantado. ¿Por qué? Porque vives sin vivir en ti. Va hacer casi dos semanas que terminaron las pruebas previas a tu nueva ración de radioterapia en la Dorsal 7.

-Ya le llamaremos –te dijeron en el hospital

Y sin embargo no te llaman. Revives la misma inquietud del candidato a un puesto de trabajo que espera la llamada del head hunter, del actor que cree haber sido el mejor en el casting para el papel de Hamlet o del futbolista cuyo nombre suena para uno de los equipos grandes. Tu zozobra sin embargo tiene motivos mucho menos estimulantes, y es idéntica a la de miles de sufridores que hacen cola en los hospitales públicos o privados: ¿cuándo te avisarán para pasar por talleres? ¿Cuándo decidirán los hechiceros de la tribu que es el momento adecuado para llamarte a capítulo y administrarte rayos de esperanza?

Qué duro se te hace esperar.

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Declinas tu propósito de rematar un nuevo post. Te desplomas en tu butaca favorita dispuesto a sumirte en un legítimo dolce far niente, pones la televisión y no puedes descansar. Tu atención se divide entonces entre si es hora ya de llevar tus cortinas al tinte, si sería mejor ponerte a hacer una ensaladilla rusa o si es prioritaria la suerte de los polluelos de la barnacla, una anátida que según el fascinante documental del canal National Geographic Wild, cría en los acantilados de Escandinavia. Cuando la barnacla madre ve que su pollada ya está para salir a buscarse la vida, levanta el vuelo y la obliga a saltar a tierra firme para que la siga cuando aterrice. Los patitos de barnacla, que aún carecen de plumas y no saben volar, se lanzan uno a uno al vacío como esos suicidas que antaño se tiraban por el Viaducto.

-¡He tenido una suerte de pata madre! –dirán los que no se estrellan contra las rocas.

En estas lucubraciones distraes tu larga espera. Aunque la incierta vida de las pequeñas barnaclas te inspira la más tierna de tus emociones, te llega el sueño. Te cuesta acomodar tu costillar en el cama, pero al final acabas durmiendo.

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Como tu ánimo siempre está ligeramente barnizado de ciclotimia, la preocupación con la que te acostaste se diluye cuando amaneces y te asomas al balcón. El cielo hace milagros. No lo dices en sentido figurado, sino en sentido real: miras al horizonte y el espectáculo de las nubes rasgadas por una especie rompimiento de gloria sobre la silueta de San Francisco el Grande es un milagro estético que sólo puede presagiar buenos días. Turnersobre cuya vida se acaba de presentar en el Festival de Cannes una película muy interesante- no lo hubiera pintado mejor. Enfocas la cámara de tu móvil ( la única que sabes manejar) y haces lo posible por atraparlo.

Por unos momentos archivas a las cacatúas, a Europa, Florentino el Magnífico, la Champions perdida por el Atleti, la suerte de los galápagos y de las barnaclas, el llanto de tus vértebras, el retraso de radiología, el tinte de las cortinas, la ensaladilla rusa y hasta el encaje de bolillos que te presentan la Declaración de la Renta y otros pagos pendientes. El carpe diem del clásico ya casi te parece excesivo: carpe minutum y a vivir despreocupado, que son dos días.

  

 

 

 

 

El orden del día

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-Qué tiranías las del poder legítimamente constituido -pensaba Silvia mientras esperaba el metro repasando en su tableta la prensa del día- Así que el presidente Zapatero cesó a su ministro de cultura Molina por ser demasiado austero y porque necesitaba una ministra joven y más glamourosa. Manda narices, manda castañas, manda ovarios…
Y sin embargo estaba lo suficientemente bien educada como para seguir sobreviviendo a base de aguantoformo. Bien educada en casa y en las aulas: ingeniero industrial, masters diversos, cuatro idiomas y el inmenso privilegio de haber opositado al empleo público y conseguido plaza de secretaria en Presidencia de Gobierno. ¿Cómo se iba a quejar, cuando la mayoría de sus compañeros de promoción aún estaban en el paro?
Su primera tarea aquel día no podía ser más estimulante. Tenía que redactar el orden del día del próximo Consejo de Ministros cuyo borrador le presentó Agustín, el hombre que mejor le caía del staff presidencial.
-Y a pesar de todo, tus ojos de zafiro siguen inundando de poesía el túnel de mis días –le recitó cadencioso al oído el secretario del subsecretario de Presidencia mientras le entregó la carpeta y puso sobre su mesa un irresistible café capuccino de máquina, la pócima matinal menos dañina para ella- Te podría decir que son de Pessoa, pero son versos de propia Minerva
Silvia le lanzó un besito, sonrió agradecida y aproximó cautelosamente sus labios al borde del vaso de plástico.
-Bébelo sin miedo, darling, que ha hecho cien metros de pasillo conmigo y debe de estar medio templado…Y recuerda que, por horrible que te sepa el café de máquina y digan lo que digan los barandas que nos gobiernan, yo te seguiré queriendo desesperadamente.
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Los que el secretario del subsecretario llamaba barandas llevaban a la aprobación del Consejo de Ministros el siguiente minutado que Silvia empezó a teclear en su ordenador.
1. Reunión de Luis Enrique con Zubizarreta para la presunta contratación del primero como futuro entrenador del Barcelona. Petición al Consejo de Estado de informe sobre la posible incidencia de tal reunión en el tramo final del Campeonato de la Liga.
2. Informe del Instituto Nacional de Estadística sobre las posibilidades reales de los clubs Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona de ganar el Campeonato de la Liga, a fin de evitar pérdida de horas de trabajo en la especulación de estos datos que tanto inquietan a la opinión pública.
3. Cierre de canales de TDT. Análisis de la conveniencia de compensar dicho cierre con la oferta de nuevos canales dedicados exclusivamente al fútbol. La cultura debe ser siempre prioritaria en este gobierno.
4. Racismo en el fútbol. Petición de informe a la RAE para que desmienta que el HU-HU-HU dirigido por algunos asistentes a los campos de fútbol a jugadores de raza negra pueda ser considerado como onomatopeya del sonido que emiten los primates, y por tanto, ofensiva para estos jugadores. Petición de informe al Consejo Regulador del Plátano Canario sobre los beneficios en ventas del lanzamiento de plátanos a jugadores de fútbol, sean de la raza que sean. Medidas complementarias para demostrar que en el fútbol no hay racismo, sino ignorancia de unos pobres aficionados despistadillos y, a lo sumo, modales manifiestamente mejorables.
5. Petición a Patrimonio Nacional y al Ayuntamiento de Madrid para que se sustituyan algunas de las estatuas de la Plaza de Oriente, de reyes hoy casi inidentificables, por efigies de la misma estética erigidas en honor de Cristiano Ronaldo, Messi, Simeone, Diego Costa y Florentino Pérez, como reconocimiento de su bien ganado prestigio público y de sus servicios decisivos para el estado de bienestar. El rostro de la estatua de Diego Costa irá levemente patinado de oscuro, para que se confirme públicamente que en un país no racista se respeta también a los mulatos. La efigie de Florentino Pérez será dos cuartas más alta que el modelo original, para realzar el señorío tradicional del Real Madrid del que él es dignísimo portaestandarte.
6. Ministerio de Trabajo. Recomendación a este departamento para que solicite de las empresas y demás centro de trabajo máxima flexibilidad horaria a fin de que sus empleados puedan cumplir el sagrado deber de cumplir con sus compromisos futbolísticos.
7. Ministerio de Educación y Cultura. Recomendaciones al personal docente para que presenten el fútbol como el octavo arte, después el séptimo sólo en el ordinal de las bellas artes que ennoblecen a la condición humana.
8. Asuntos Exteriores. Se recuerda al ministro del departamento la necesidad de dar la mayor difusión en la Unión Europea al importante y certero mensaje del Presidente de Gobierno sobre la final de la Champions League en Lisboa: “El 24 de mayo será un triunfo del fútbol español”. Se sugiere que este slogan tenga un gran protagonismo en las próximas Elecciones Europeas, y se invita a todos los partidos políticos de aquí o de allá a que lo utilicen gratuitamente. Se propone proponer al Presidente de Gobierno como candidato al Premio Nobel de la Originalidad Intelectual.
9. Economía y Hacienda. Se autoriza al ministro del departamento para que piense en nuevos impuestos sobre el fútbol. Tanto a los partidarios de este deporte, por lo mucho que disfrutan, como a los que no lo son, por oponerse al sentir colectivo del patriotismo del balón.
10. Ruegos y preguntas. Siempre que sean de fútbol, y no de otras menudencias como el paro o los recortes.

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El opio del pueblo, el pan y el circo, Lope de Vega justificando sus comedias alimenticias con aquellos versos tan cínicos:
El vulgo es necio
y, pues lo paga, es justo
hablarle en necio
para darle gusto
Esto y no hay más cera que la que arde, el que manda manda, las lentejas, que si quieres las comes, y si no las dejas. El culto al becerro de oro. El pesebrismo infinito que genera el deporte rey. Cuánto agradecía Silvia no ser política y no tener que decir que al pueblo y al fútbol, ni regañarles.
Todo le bailaba en la cabeza mientras la impresora vomitaba las copias que habría de entregar a su fiel Agustín.
-Lo primero es lo primero- le dijo al entregarle las dieciséis copias del orden del día- ¿habrá vida más allá del fútbol?…
-Podría ser…¿Te apetece que cenemos juntos el 24 de mayo?…A mí me divierte el fútbol, y soy del Atleti. Pero si tus ojos de zafiro están dispuestos a iluminar el túnel de mis días, me pierdo la final y tan feliz.
Groucho Marx decía: cuanto más conozco al género humano, más amo a mi perro. Silvia suspiró y sonrió al recordarlo. Evidentemente, no conocía a un solo perro que se llamara Agustín, pero el 24 de mayo también podría ser para ella un día inolvidable.

 

 

Demasiados huevos

Un entrenador tan excepcional como SImeone no necesita ser tan vehemente en su lenguaje, qué caramba...

Un entrenador tan excepcional como Simeone no necesita ser tan vehemente en su lenguaje

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La niña ya no era tan niña. De modo que cuando escuchó por la radio que la vicepresidente Sáenz de Santamaría respondía a las acusaciones que le hacía la oposición diciendo que ella no había cobrado un sobre bajo cuerda en su puta vida, se quedó un poco pasmada.
-Mamá –le preguntó a su madre- Eso de su puta vida no es bonito, ¿no?
-No. Bonito no es, pero hay que comprenderlo. A veces incluso la gente educada se enfada y habla así de mal cuando le dicen cosas impertinentes.
-Porque Soraya es de derechas, ¿no? Y tú siempre dices que lo de hablar mal es cosa de los de izquierdas, que son peor educados.
-Bueno…
-Podría haber dicho sólo en mi vida, o en toda mi vida, o en mi puñetera vida, ¿no? Eso lo he oído muchas veces. Tú también lo dices alguna vez: en mi puñetera vida he dejado de hacer una cama, en mi puñetera vida he visto a tu padre recoger la mesa, en mi puñetera vida he visto a un tipo tan cursi como Zapatero
-Alguna vez, sí. Todos hablamos mal alguna vez.
-Es raro –insistió la niña tras un largo silencio para encontrar las palabras oportunas- Putas son esas mujeres que cobran por el amor, o por el sexo, que ya se lo que significa eso, y que siempre me decís que mejor no ser como ellas. ¿Quiere decir que Soraya, a pesar de tener cara de pececito de Walt Disney, ha llevado una vida de puta?…
La niña ya no era tan niña.
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Papá, además de ser también de derechas, era lingüista, había colaborado en la edición del último diccionario de la RAE y estaba feliz de que el Atlético de Madrid le hubiera ganado al Chelsea y se plantara en la final de la Champions para disputársela nada menos que al Real Madrid. Pero la niña observó en su rostro una mueca de disgusto cuando el entrenador Simeone acabó su rueda de prensa ante las cámaras.
-Por último –dijo el Cholo después de repasar las razones del triunfo- felicito a las mamás de mis jugadores por haber criado unos hijos con los huevos tan grandes.
-Lamentable –farfulló Papá- en los medios se ha abierto la veda de la corrección y el buen gusto.
-¿Y eso qué significa? –preguntó la niña.
- Significa que donde antes decían que estaban fastidiados, contrariados o disgustados, ahora dicen que están jodidos. Y que donde antes empleaban la palabra valor, decisión, coraje, arrojo, gallardía, bravura, intrepidez, agallas, arrestos o redaños, ahora sueltan huevos o, peor aún, cojones, y encima les ríen las gracias. Y ni libro de estilo ni respeto por las buenas palabras, caramba.
La niña que no era tan niña se quedó pensativa.
-Porque los huevos esos que dice Simeone –preguntó mientras se rascaba la cabecita como intentando encontrar la razón- ¿no son esos que ponen las gallinas y que tomamos fritos, verdad?…
Papá reconoció que ser un purista del lenguaje no le obligaba a criar a una niña tonta. Así que rescató de su arsenal de palabras las más apropiadas al caso y le explicó a su hija lo que había querido decir el entrenador del Atlético de Madrid.
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Al poco llegó a casa la tía Felisa, hermana menor de Mamá, que venía de la manifestación del 1 de mayo. La niña que no era tan niña sabía que la tía Felisa no era como Mamá. Era de izquierdas, y feminista. De vez en cuando Mamá y la tía Felisa se enzarzaban en discusiones, pero en este caso la tía sólo venía para saludar, descansar la sofoquina, hacer pis, tomarse una cerveza y criticar al gobierno lo habitual.
-Tía –le abordó la niña- hoy me enterado de lo que son los huevos de los futbolistas –le dijo con una sonrisa ingenua la niña que ya no lo era tanto.
La tía Felisa se echó a reír.
-Las mujeres no tenemos huevos, ¿verdad? –continuó la niña.
Las dos mujeres se miraron. Antes de insinuar respuesta alguna la niña dejó caer otra pregunta.
-¿Eso significa que no tenemos valor?
Papá y Mamá y la tía le dijeron que no, naturalmente, que las mujeres tenían tanto o más valor que los hombres. Felisa entonces cayó en la cuenta de que, pese a lo radical que era su ideología con el machismo en el lenguaje, jamás había protestado ante los medios de comunicación por el creciente abuso de huevos en el menú.
-Gracias, nenita –le dijo la tía al despedirse con un beso- Te debo un regalo
La niña era niña, pero no tonta.

 

En la orsa

Cuando sube la fiebre aparece cada pesadilla...

Cuando sube la fiebre aparece cada pesadilla…

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Ibas al Metropolitano con tu amigo Antonio Muñoz-Rojas , que era también atlético, y no veías mucho fútbol de postín, pero sí que tomabais nota del habla del personal.
-¡Eh, árbitro!…denunciaba uno a voces apuntando a un jugador adelantado- ¡Que ese está en la orsa!
Estar en la orsa era en castizo estar en off side, lo que luego se tradujo como estar fuera de juego. A ti te hacía gracia aquella expresión. Era la forma más hortera de estar en la luna, o en Babia, que independientemente de lo que significan se emplean para decir estar ausente, con la cabeza en otra cosa, fuera de juego. En la orsa, vaya. A ti te ha caído un gripazo y todo lo ves y lo sientes como si estuvieras en la orsa. Se interpone entre la realidad y tu capacidad de percepción una nube de somnolencia insuperable donde se mezclan palabras, hechos, recuerdos, deseos, imágenes, problemas, frustraciones y estímulos sensoriales de todo tipo que pasan a toda velocidad por tu cerebro. Quieres aterrizar en el mundo, y no puedes. Quieres concentrarte en algo, y tampoco puedes. Quieres reanimar el blog, y te vence la molicie. El sueño de la razón producirá monstruos. El de la fiebre se conforma con desplomarte las entendederas y servirte una sarta de disparates inexplicables.
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El domingo aún tenías ganas de contar algo más de tu viaje musical a Alemania. Nunca aspiras a ser un cronista de viajes en profundidad, pero algunas apreciaciones contra tópico sí que reclamaban tu atención. Por ejemplo, el tren de Eisenach a Leipzig partió de la estación con…¡veinte minutos de retraso! Y nadie dio ninguna explicación. Por ejemplo…¿quién puede imaginar que en un hotel de lujo alemán no sepan lo que es la banda ancha? Por ejemplo, no crea usted que en el civilizadísimo país que es la locomotora de Europa todo el mundo maneja el inglés como segundo idioma. La buena gente de Eisenach, que por unos kilómetros quedaba dentro de la antigua zona oriental, no parecía mucho mejor angloparlante que el españolito medio. La división desapareció, pero no todas las ciudades alemanas están al mismo nivel de progreso y bienestar.
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Alguien inventó después de la Segunda Guerra Mundial lo del “milagro alemán”. Uno se alimenta de simplificaciones, y tú también, después haber visto ese documental de treinta y seis horas de la BBC que lleva por título El mundo en guerra-de visión obligada para que todos los jóvenes de ahora sepan a dónde conducen los totalitarismos-te quedas estupefacto al ponderar cómo después de la hecatombe pudo Alemania resurgir de sus cenizas. En un momento dado, el paradigma de la perfección en la tecnología y el desarrollo era alemán. Hasta en los juguetes, que era quizás el único capítulo que dominabas: Marklin en los trenes eléctricos. Schuco y Gama, coches y camines grúa. Lo de la marca Marklin se lo escuchaste por primera vez a tu primo Juan, que era uno de tus referentes, aunque cuando mejoró de fortuna ya no tenía edad de trenes eléctricos, y lo que se compró fue un Mercedes.
Estos recuerdos se agolpaban en tu cabeza cuando el domingo, aún con los ecos de la Pasión San Mateo de J.S. Bach resonándote por dentro, coincidiste con la nutrida familia Muñoz, acérrimos atléticos de la calle Embajadores, viendo el magnífico partido en el que el Atlético de Madrid ganó por 1-2 al Athletic Club de Bilbao. Hace tiempo las noches de fiebre soñabas pesadillas que se parecían a los cuadros más surrealistas de Dalí: relojes derretidos, elefantes-trombones, muñones flotando en el aire, riñones enloquecidos buscan su sitio en el crepúsculo, caballos hipertiróidicos con patas de chicle y visiones apocalípticas como la del Gran Masturbador. Ahora, la merdé onírica era aún más heterogénea e inexplicable, pues por ahí desfilaban los asistentes al funeral de Adolfo Suárez, a los que acababas de ver por la tele, tu primo Juan con su locomotora Marklin, un par de alemanes de la Wermacht tal como los pintaba el tebeo Hazañas Bélicas ocupando tu asiento en el tren a Leipzig, y la familia Muñoz, que normalmente corea Aleti, Aleti, cantando contigo y con Diego Costa  Sint blitze, sint donner, acaso la coral de la Pasión bachiana más difícil que aún sonaba en tus labios sonámbulos cuando despertaste con la camisa del pijama empapada en sudor.
O sea, el despiporren.
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Todo lo cual quiere decir que estás en la orsa, que te anulan la gripe y el dolor de espalda, que no estás para nada serio, Y que sólo escribes esta entrada para dar fe de vida, y echarte después en brazos de la bendita modorra que te empieza a invadir cuando suben las décimas.

Pescando motivos en el Manzanares

Cuando no se te ocurre nada sobre lo que escribir, te echas a la calle y algo cae...

Cuando no se te ocurre nada sobre lo que escribir, te echas a la calle y algo cae…

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Una semana de reformas en tu palomar te han alejado del blog.

No estás mal de salud, incluso la ITV tumoral te ha dado el visto bueno. No te has embarcado en un viaje de placer, como sin duda mereces .Nadie te ha reclamado para tus trabajos de antaño,  contar historias o dar ideas, aunque todavía te quedan dos o tres. La cosa ha sido mucho más ordinaria. Aparte de tus compromisos corales, ir a IKEA, ver, elegir decidir lo que necesitabas, ordenar cosas en casa y contemplar cómo tu toero aplicaba sus artesanías y te relevaba del martillo y el destornillador-únicas herramientas que sabes manejar, y no con demasiada destreza-  han sido tus tareas. Ah, y barrer, pasar el trapo del polvo y el aspirador. Las pulsiones de la gladiadora del hogar que llevas dentro.

Un toero por cierto,es un hombre que hace de lo que necesita una casa que se retoca. A eso se le llamaba antes un chapuzas, pero ahora hay que tener cuidado con cualquier matiz despectivo. Tu toero es un figura: si fuera futbolista sería Iniesta, cuya perfección técnica está en las antípodas de la chapuza, y cuyas maneras educadas y sencillas sorprenden tanto que sólo parece un buen chico de Albacete.

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Tampoco dejaste de pasear. Lo necesitas para contener los indeseables rumbos que toma el cuerpo a tu edad y para pescar temas de los que seguir escribiendo. La ausencia de compromisos te obliga a creártelos a partir de cualquier insignificancia. El más notorio de esta semana nació de lo siguiente. Hace tres o cuatro años compraste un juego de seis platos de cerámica para tu menaje doméstico. Eran originales y pintorescos, y como Doña María sigue latiendo dentro de ti, estabas muy orgulloso de tu compra. Invitaste a cenar entonces a tu amigo Carlos de la M. y a María A., y uno de aquellos platos sirvió para presentar el postre.  Este debió de resultar goloso y abundante, porque a María, guapa, rubia y perfectamente silueteada, le gustó mucho. Tanto que, en la confianza que os une, y por pereza de buscar otro envase adecuado, le dijiste.

-Llévatelo en este mismo plato y ya me lo devolverás.

Las fórmulas del lenguaje social español suelen ser irresponsables con la medida del tiempo. Tenemos que vernos, a ver cuándo quedamos, me llamas y tomamos un café, un día comemos juntos, nos vemos cuando quieras, nos reunimos un día, hasta luego…¿Y cuándo es eso, si las horas galopan y las hojas del calendario no dejan de pasar? Hace un par de meses te reencontraste con Carlos y María en un funeral, que también sirve para eso, para cerrar compromisos importantes.

-Mira –te dijo María- Llámame un día, me lo recuerdas y al día siguiente me traigo el plato a la oficina y te lo doy.

Ni ella ni tu fijasteis de qué año, mes y semana había de ser ese día. Pero el miércoles 5 de marzo, después de las innumerables borrascas invernales que velaron los cielos de Madrid, amaneció luminoso y transparente, delicioso para pasear. Suerte que la semana anterior la habías llamado para convenir que ese era el día adecuado.

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Te echaste la mochila a la espalda, te acercaste a la antigua Estación de Príncipe Pío, donde se ubica ahora la compañía en la que trabaja María, tomasteis el café. Te entregó el plato, lo metiste en la mochila y emprendiste el regreso a casa a paso de marcha, seis kilómetros por hora, que es el que según los médicos se hace notar en el cuerpo.

Hacía el día perfecto para pasear. Y como aúno no has conseguido pensar en nada mientras andas, le dabas vueltas al caletre. Qué glorioso el primer presagio de primavera en Madrid. Qué  acierto, a pesar del endeudamiento, haber adecentado el modestísimo río de la capital.. Qué encanto el de la Ermita de la Virgen del Puerto, ahora tan guapa y bien ajardinada. Qué suerte poder estirar tus piernas con salud. Y, entretanto, un pensamiento pintoresco: ¿y qué carajo hace un tipo como tú invirtiendo su mañana en pasear un plato por las orillas del Manzanares?

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Dos tentaciones te salieron al paso entonces. Una, la de inmortalizar el momento singular con una foto, para lo que necesitabas la mano de otra persona que accionara la cámara de tu teléfono móvil. No es vanidad vana: es para ilustrar este post, pues de repente te ha alarmado saber que dentro de poco no podrás bajarte imágenes de internet sin correr algún riesgo. Para este menester acudiste a una paseante que resultó ser antigua seguidora de Doña María, y que se mostró muy contenta de echarle una mano. Ella se llama Concha Lobo. Le hablaste de tu blog y le prometiste reconocer su amabilidad y su simpatía en este post. Con retraso, pero cumples: gracias, Concha.

La segunda tentación era más pretenciosa. Te dio por lucubrar sobre los estímulos de la inspiración, y  por creer que esa mañana, con ser absolutamente irrelevante para el devenir de la humanidad, ofrecía visiones distintas, y hasta latía en ella su pequeño aliento de poesía. Un poeta o un escritor le sacarían partido. Y te pusiste a ello.

Aunque luego, como de costumbre, te enrollaste tanto que has tenido que dejarlo para el post siguiente. Anímense a leerlo. Este bloguero se ha hecho más anárquico, pero de momento no cesa.

Verificando, que es gerundio

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar...

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar…

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Te enteras de que llegan a Bilbao unos señores bastantes importantes a los que llaman verificadores.

Deduces que son importantes precisamente por eso, porque salen en el Telediario, aunque  parece que lo que tienen que verificar lo verifica cualquiera, o sea, que ETA  ya no asesina. Dan ganas de decir aquello de a buenas horas mangas verdes.

¿Por qué no venían a verificar los pistoletazos en la nuca, los coches bomba, los atentados en supermercados y casas-cuartel de la Guardia Civil? ¿Cómo no se precipitaron a verificar el número de mutilados y de enfermos mentales crónicos que ha dejado en España el terrorismo? ¿No se les ha ocurrido verificar cómo crece un niño huérfano o cómo sobreviven las viudas, los padres y los familiares de aquellos borrados inicuamente de la vida por una pulsión criminal? ¿Hace falta ser muy experto para verificar la ruindad de los autores de estos delitos? ¿No nos hubiéramos ahorrado todo el dolor y la vergüenza que produce el enmascaramiento de esta salvajada en la política si los ilustres verificadores hubieran verificado a tiempo que lo que ETA ha perpetrado es un sinfín de crímenes, y nada que merezca ninguna otra consideración?

Pero ya que se han decidido a verificar –algo tarde por cierto- que al menos verifiquen dos cosas. La primera, que los culpables de esos delitos van a cumplir sus penas como cualquier otro delincuente. Y la segunda, que los que hoy pretenden presentar a esta ralea como héroes o santos tampoco son la mejor receta para que los vascos se sientan orgullosos de serlo.

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Tanto jalean  a estos verificadores que te dan ganas de ofrecerte tú también para ese menester.  No te falta tiempo, ni capacidad para observar y verificar. Hoy mismo has echado un vistazo al panorama y has verificado cómo un día tras otro el hombre sigue tropezando en la misma piedra. Los dramáticos sucesos de Kiev, Venezuela, Ceuta, Artur Mas con su consulta, contumaz como Mateo con la guitarra, el PSOE que se comporta con el PP como el PP lo hacía con el PSOE cuando era este el que gobernaba, otro político bajo sospecha por una cuenta en Suiza, la consabida  mano  negra persiguiendo al Barça por un quítame allá esa presunta chorizada, el presidente de Iberdrola lamentando que los españoles no le seamos lo bastante rentables…

Nada es demasiado estimulante. Así que escapas al campo y verificas que sigue lloviendo, pero que a pesar de eso las flores del almendro asoman tímidamente, y una pareja de carboneros tontea ya presagiando la primavera. Nadie te va a sacar en los telediarios por estas verificaciones, pero tampoco nadie te podrá negar buena voluntad.

El efecto kaleidoscopio

Lo de girar el kaleidoscopio y descubrir una imagen nueva es fantástico, pero a veces tiene sus riesgos...

Lo de girar el kaleidoscopio y descubrir una imagen nueva es fantástico, pero a veces tiene sus riesgos…

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Tiene su encanto. Es como un infatigable ogro feroz, pero  si no has sido víctima de sus grandes desmanes tiene su encanto despertar, mirar por la ventana y saber que el invierno te recibe un día más con lluvia fina empaquetada en una niebla espesa. Es un amanecer espectral, y tú, que tienes algo de gótico o de romántico enfermizo, no puedes negar que disfrutas del cuadro. La luz de la luna llena velada por el manto de nubes se funde con la de un sol acojonadito, que cumple con su deber sin saber que  no podrá filtrar ni un solo de sus rayos en esta enésima jornada de borrasca. Los árboles deshojados se recortan contra el fondo grisaluzado del alba. Por entre ellos sólo echas de menos a Frankestein que avanza hacia tu casa dando tumbos o a un  par de zombis despabilados que te traen porras para desayunar. Qué pena que no esté contigo Tim Burton para aprovechar el decorado.

Toda esta descripción es solamente para decir que el día no puede pintar más lúgubre. En días así, mejor la mirada introspectiva o hacer girar el kaleidoscopio.

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Sostiene Homper que todos estamos en el kaleidoscopio, o que todos somos kaleidoscopio. Que él sólo veía a su vecina del sexto, una rubia bastante atractiva hija de judío polaco y de psicóloga argentina, como profesora de danza del vientre, hasta que ocurrió algo para él sorprendente. Homper no es un simple, sabe que enseñar la danza del vientre no significa ser un pendón, pero aún así se quedó pasmado cuando antes de las vacaciones de verano la danzarina se presentó en su casa para regalarle una orquídea blanca.

-Toma, vecino –le dijo mientras ponía el tiesto en sus manos- No puedo soportar que muera por mi culpa, así que te ruego que te la quedes, porque yo me voy con mi chico a Gambia para operar de los ojos a los niños que lo necesitan. Cuídala,     que yo te quedaré eternamente agradecida.

Su novio era oftalmólogo, y ella, además de bailarina, su abnegada y meritoria auxiliar. Todos somos algo insólito para alguien.

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A veces no hay más que dar un pequeño giro al kaleidoscopio para descubrir una faceta insospechada en las personas de las que tenemos elaborada nuestra ficha. Tu perplejidad  homperiana de esta sema fue descubrir que Darío Villalba, uno de nuestros artistas plásticos más laureados y con obra en los museos de arte contemporáneo de medio mundo fue nuestro único representante en los Juegos Olímpicos de Invierno del año 1956 que se celebraron en Cortina D´Ampezzo en la curiosa especialidad de patinaje artístico. Ahora esta disciplina ha cobrado mucho protagonismo gracias a uno de esos genios del deporte que de vez en cuando fabrica España. Un tal Javier Fernández ha estado a punto de conseguir medalla en Sochi en esta disciplina, y con tal motivo alguien escarbó en el historial de este deporte poco popular en nuestro país para traernos la imagen imprevisible de un Darío Villalba joven, recortadito, ceñido y encorbatado de pajarita en una pose más propia del famoso Toni Sailer que del artista bohemio y de torpe aliño indumentario con el que le conociste. Darío Villalba era hace cincuenta y siete años un guapo mozo, pero hoy luce como un intelectual voluminoso y ceñudo, como corresponde a los tiempos críticos que vivimos. Su obra se encuadra dentro de lo que un ignorante como tú llamaría arte angustioso. Los  cuadros, las esculturas, las fotografías y los famosos Encapsulados que avalan su carrera insinúan desasosiego y rabia, como si el artista tuviera muchas cuentas pendientes con la vida que le ha tocado vivir. No mala, por cierto. Pero pasa que cambiamos con el tiempo, que la procesión va por dentro, que todo hombre tiene varios hombres diferentes dentro de sí.

Y que si giras el kaleidoscopio, siempre descubres una nueva realidad insospechada.

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Ese mismo día algún cocinero famoso de esos que nos enseñan a comer –a nuestros años- alabó las virtudes de la carne del conejo, y tú, que jamás comes conejo, no se sabe por qué asimilaste su conseja culinaria. De tal manera que habiendo entrado en un supermercado para comprar el pan, la mantequilla, mandarinas, suavizante y vinagre de Módena, pasaste ante los cárnicos, viste un envasado donde ponía conejo y allá que lo pusiste en tu carrito de la compra. Impulso instantáneo.

Y fatídico. Otras veces el conejo se vende ya troceado, en bandejitas de poliestileno y envasado al vacío. Es mejor: acabarás cocinando carne, sin pensar mucho en el  mamífero de la que procede. .No se sabe por qué ceguera sobrevenida súbitamente tú no reparaste en que te llevabas en cambio el animal entero, con su cabecita, sus patitas su rabo y hasta su bandullo. Tu Neli, la asistenta, había dicho que lo guisaba muy rico, pero un flash de sensibilidad iluminó de repente tu obnubilado cerebro.

-¿Cómo la voy a obligar a descuartizar este cadáver?…¡Qué espanto!…

Estabas a punto de acostarte. Pero no hubieras podido dormir con ese remordimiento, así que te enmandilaste, buscaste la mejor cuchillería de tu menaje y a la una y media de la madrugada, con nocturnidad y alevosía, comenzaste tu macabra tarea. Entretanto, gruesos lagrimones se asomaban a tus ojos. Los fantasmas del Conejo de la Suerte y de Tambor, el conejito de Bambi, te acusaban desde el recuerdo de tu infancia, donde nunca hubo conejo alguno que mereciera tan cruel destino.

Es lo malo del efecto kaleidoscopio. Te crees un duende bloguero inofensivo, cambias la óptica y acabas descubriendo que llevas dentro a Jack el Destripador o a Sweeny Todd.  Menos mal que hoy domingo amanece en Candeleda  limpio y esplendoroso, y que todo lo verás más bonito.

Una ardilla en el pensamiento

El pensamiento no para, aunque al final del d´çia lo que a mejor se te queda grabado es algo tan intrascendente y juguetón como una ardilla...

El pensamiento no para, aunque al final del día lo que a mejor se te queda grabado es algo tan intrascendente y juguetón como una ardilla…

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A sólo unos días de entrar en el año sexagésimo octavo de tu vida se te ocurre preguntarte cuántos periódicos habrás leído en todo ese tiempo. No tienes nada en contra de la profesión periodística, más bien al contrario. Te hubiera espantado ser cronista de los tribunales, o tener que asistir todos los días a una rueda de prensa para preguntar si Messi está curado o si lo de Di María fue un reacomodo de los genitales y no un tocamiento intencionado. Bajo el título de periodistas hay linces, arpías, majaderos, inquisidores, egos superlativos y hasta mafiosos, pero también gente sesuda y preparada, finos observadores e incluso genios literarios en pequeñas dosis. A ti te hubiera gustado entrar aunque fuera en la cola de este último sector. O sea,  ser columnista de un diario de provincias, de esos que escribían con cierta intención literaria en un café, fumaban en pipa  y no tenían que abordar lo que pasaba, sino más bien fabular sobre lo que no ocurre nunca. Un modelador de realidades paralelas y más bien inverosímiles, pero bien considerado y seguido por un puñado de lectores selectos. Como para conseguir una gloria pequeñita, pero entrañable.

Lo dices porque por primera vez en tu vida sientes fatiga como lector de periódicos. Ningún medio dice todos los días exactamente lo mismo que el anterior, pero las constantes humanas se repiten: la guerra de turno, el rifirrafe parlamentario de rigor, el escándalo del día, del mes o del año, las exhibiciones de maldad, de cinismo, de desvergüenza, de falta de ética consustanciales al ser humano. Las memeces del mundo del corazón. La matraca del fútbol, que por su peso económico, político y social es lo que más importa al personal. Necrológicas ilustres. Esquelas, anuncios. Nada es igual, pero viene a ser lo mismo. Todo te produce la impresión de deja vu. Por eso pasas sobre las páginas de los rotativos como las ardillas, saltando de titular en titular.

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Supones que un psicólogo enteradillo te haría un diagnóstico delicado.

-Lo siento, chico, pero esa pérdida de curiosidad puede ser el primer síntoma claro de la vejez.

Le dirías que lo tuyo no es exactamente pérdida de curiosidad, sino desplazamiento de la misma hacia otras cosas. Parece que, convencido de que los grandes asuntos no pueden transformar ya el mundo que conoces, cambiaras la dirección de tu mirada hacia otros más cercanos y de menos pretensiones. Hace unos días te llamó el Hombre Perplejo para hacerte una curiosa consideración al respecto.

-Estoy muy preocupado –te dijo Homper- Ayer me propuse contar el número de pensamientos que me podían sorprender a lo largo del día, y me fue imposible. Eran tantos que perdí la cuenta. ¿Cuánto dura un pensamiento? ¿Cuándo puedes considerar que termina ese pensamiento y empieza el siguiente?

Fuiste incapaz de decirle nada al respecto. Más bien te identificaste con él.

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Rastrillas el terreno por el que ha volado tu pensamiento a lo largo del día y casi caes en un ataque de pánico. Primero te das cuenta de que no te pusiste la noche anterior la gota prescrita en el último ojo operado: te habías venido al campo y dejaste el colirio en Madrid. Lo grave no será que tengas que gastar otros veintitrés euros por tercera vez, pues son varios los olvidos que ya llevas. Lo peor es que por la noche constatas que no sabes donde dejaste el recién comprado, y hoy tendrás que comprar otro nuevo Nevanac. Eso sí que debe de ser la chochez.  A pesar de que saltas sobre los titulares del periódico te hace gracia leer que Felipe González abandona el consejo de Gas Natural por aburrimiento. Y tu pensamiento se pone chulo.

-Es lo que tiene, Felipe- le dices al expresidente- Yo tampoco he querido ser consejero del  Santander y de Inditex porque tanto Botín como Amancio Ortega me aburren a muerte.

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Luego dudas de  si tres higos secos pueden ser tan eficaces para el tracto intestinal como el zumo de naranja, que siempre te da una pereza infinita hacer incluso con el mejor exprimidor. El próximo pensamiento te surge al ver una foto de una chiquilla llamada Miley Cirus tocándose con ostentación y manifiesta desfachatez lo mismo que Di María, pero en mujer. Miley es la cantante que ha destronado a Lady Gaga como superventas. A qué cosas obliga la necesidad de la fama. Entretanto ves al gato durmiendo encima del lomo de la perra Mas, bautizada así, por cierto, antes de que el ínclito don Artur fuera molt honorable president de la Generalitat. La imagen del gato durmiendo encima de la perra te produce cierta ternura, y el la reflexión incidental de por qué se dice “que se llevan como el perro y el gato” cuando se habla de personas que se tiran los trastos a la cabeza. Te enteras de que el presidente Hollande, que no destaca precisamente por su apostura, ha enamorado a una chica que es lo que se dice un pibón. La consideración derivada es evidente: ¿se hubiera enamorado ella si en lugar de Presidente de la República él fuera salchichero?

Así vas. Un minuto, o sólo treinta segundos, o menos, y tu mente ya está en otra cosa. Imposible contar los pensamientos.

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Te preguntas si airear estas cosas le puede beneficiar a alguien. Y aunque no te gusta entrar en intimidades ajenas, piensas que sí. Crees que a tu buenísimo amigo Víctor L.B., uno de los que con su constante atención más ha contribuido a que mires con optimismo tu tumor, le gustará saber que él se colaba a dos por tres en este rosario de pensamientos del día. Ahora es él el que necesita tu suerte y tu cariño. Le puedes garantizar lo segundo. Ánimo Vitín.

Por lo demás, tu pensamiento continuo es tan ligero y volátil como  tú. La imagen del día es una simpática ardilla que se te ha cruzado en el camino. Tal cual  la  imaginabas al leer los periódicos. No es fácil verla por aquí, debe de estar aprovechando las últimas bellotas y castañas quehan sobevivido al paso de las cabras y los jabalíes. Pero es una estampa de vida simpática y vivaz que, al igual que tu mente, progresa  de salto en salto, sin pararse demasiado en nada. Tampoco es mal símbolo del modo en que hay que tomarse la vida.        

El coleccionista de haigas

Cadillac1

Josefina se enorgulleció cuando se enteró de que una de aquellas mocitas madrileñas que iban a Chamartín contentas y risueñas porque jugaba su Madrid fue ella, que se lo dijo Manoli, la farmacéutica.

-Como lo oyes, guapa- le confirmó esta- El autor del himno también fue cliente de la farmacia, no creas…Y uno  de esos días que íbamos juntas al fútbol todas las de la pandi del barrio, con nuestras bufandas y nuestros bocadillos, y la ilusión de ver a los futbolistas bajarse  del autobús, nos vio y le hicimos gracia. Musas que fuimos, aquí donde nos ven con estas lorzas –subrayó palmeándose el caderamen.

-Tiempos aquellos- suspiró Josefina.

- Ya ves –añadió Manoli mientras le largaba una caja de ansiolíticos con esa cara de resignación esclava que ahora ponen todas las farmacéuticas-…Y aquí seguimos, jodidas, pero en el himno. El de toda la vida –matizó-, porque ahora el que les gusta más es ese tan pretencioso  que canta Plácido Domingo, que donde está bien es cantando Doña Francisquita…¿Sabrán los barandas del club lo que significa aquello de zapatero a tus zapatos?

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Irían las mocitas aún más contentas y risueñas años después, cuando llegó Di Stéfano y el Madrid se disparó, empezó a encadenar un título con otro y se convirtió en un club envidiado. Y siguieron felices durante más de cincuenta años, cuando los fenómenos eran en su mayoría  españoles, salvo alguno especial que el presidente pescaba fuera.

-Zapatero a tus zapatos –pensaba Josefina dándole vueltas a la frase de Manoli-¿Qué era aquel presidente Bernabéu?…Un tío listo de pueblo que , aparte  de pescar peces en Santa Pola y genios el fútbol en el extranjero,  sólo pensaba en el Real Madrid¿Qué es el presidente Pérez?…Pues todo lo contrario: un nuevo rico que no sabe cómo darle mñas gusto a su ego.

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Se lo dijo a sus hijos y a sus nietos, todos del Madrid.

-El presidente Pérez sólo es un coleccionista de haigas.

La veterana aficionada, con sus arrugas y sus lorzas a cuestas, tuvo que explicar a los suyos que, en los tiempos en que nació el himno del Madrid, los que se enriquecían súbitamente no eran los futbolistas famosos, sino los toreros de tronío. Y era fama que estos, para marcar territorio y compensar su incultura con signos de opulencia, iban a las tiendas de coches donde se exhibían los  Cadillac, Lincoln, Buick,  Packard y otros lujosos modelos norteamericanos y decían.

-Quiero comprar lo mejor que haiga.

Y salían de la tienda del concesionario conduciendo alguno de esos larguísimos y relucientes cochazos que deslumbraban, y que  a partir de entonces el pueblo llamó haigas.

Dice Josefina que los últimos haigas de Pérez se llaman Cristiano Ronaldo, Bale, Isco, Illarramendi. Ancelotti. Y que a Florentino le mosquea que llegue el Atleti, que ya padeció otro presidente coleccionista de haigas -Dios le tenga en el lugar que se merece- y ahora gane con autoridad al Madrid. Entre otras razones, por tener en sus filas a un chico de Vallecas que se llama Koke, y que no costó un euro porque es de la cantera.

-¡Y encima a Pérez le aclaman los socios en la Asamblea!- se quejaba esta mañana a Manoli mientras le pedía una caja de Optalidon para calmar los dolores de cabeza que le trae el club de sus amores- Pobre presidente…Es tan pobre que sólo tiene dinero.

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Mientras las forofas que antaño iban a Chamartin tan ilusionadas se lamen sus heridas, en la acera de enfrente, todo júbilo por la nueva victoria de David contra Goliat, aplauden con las orejas al coleccionista de haigas. Josefina, Manoli la farmacéutica y las otras mocitas madrileñas mentadas en el himno del Madrid así lo sienten. Porque lo del sábado no solo fue el triunfo del Atleti y del sentido común. Sino, sobre todo, la derrota de la horterada y del afán de epatar  que proyectan los ridículos nuevos ricos del fútbol.     

Estampa de perro mirando al mar

Perrro en Ibiza1

Te acercas de nuevo al blog mientras preguntas en qué consiste la felicidad, y por qué este verano creías que eras feliz, cuando eso de la felicidad siempre te pareció un cuento, un imposible metafísico, una proclama voluntarista de seguidoras de la Señorita Francis.

Luego te miras el estilo y te dices que cómo vas a escribir de eso sólo tres días después de que a tu pueblo, que es Madrid, le dieran por el COI, no se sabe si porque el COI es la leyenda negra resurrecta o porque en realidad no somos tan estupendos como nos contaban. Por cierto…¿qué sabe el pueblo? Casi nada de todo. Sin embargo le bombardean  con slogans de famosos, datos, informes, estados de opinión y monsergas de los politólogos, y allá que va creyéndose el elegido. Y cuando se cae del guindo se mosquea, llegan los lamentos y se siente el objetivo de la conspiración universal de los enemigos de España. Menos mal que esta vez no ha intervenido la pérfida Albión.

Quizás Madrid 2020 iba a Buenos Aires de sobrado. O de engañado. No es que seas insensible al estupor y a la zozobra colectiva. Sientes el fiasco por los bien intencionados y los ingenuos. Pero recelas  del negocio olímpico, que es como en realidad se deberían llamar a los juegos, igual que de cualquier otro opio del pueblo.

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Así que te fijas en el perro que miraba el mar desde el muro de piedra y decides escribir sobre él. El perro en realidad es una perra llamada  Swing, que al atardecer se sube al murete de piedra y se entretiene mirando el mar del sur de Ibiza. Quizás espera uno de los bellos juegos cromáticos de la puesta de sol, que primero encenderá los acantilados de punta Porroig y luego matizará de un rojo cinabrio los dos cabos que se divisan por detrás de este. Se supone que Swing no tiene sensibilidad para apreciar estos detalles, pero el caso es que la perra parece feliz y se queda embelesada contemplando el paisaje.

Tú la acabas de llamar por su nombre, y la perra ha vuelto la cabeza.

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Aunque Swing quizás no lo aprecie, verá un jardín de arbustos y plantas aromáticas que proyectan hacia el cielo un pequeño bosque de verdor. Hace quince años en ese lugar había un pedregal. La perrita también ve  por encima de la mancha verde una casa de puro estilo ibicenco. En su terraza hay un señor y una señora rubia de elegante figura que leen cada uno un libro. También hay otro que mira. Mira a la perra que miraba el mar, mira el panorama, mira el monte de pinos, sabinas, enebros, madroños, brezos, jaras y abundantes lentiscos, hendido en su mitad por una torrentera, que rodea a la casa. Mira, en el fondo del cuadro, el Mediterráneo.

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Ese otro eres tú. Tú querrías explicar que estás ahí invitado por la pareja que lee. Le dirías a Swing que son tus amigos, unos de esos buenísimos amigos que, desde que te diagnosticaron la neoplasia esa que ahora parece dormir, tanto se han ocupado de ti. Tu amigo suele dejar comentarios en este blog firmando como un aristócrata. Se titula duque, marqués, barón…Falso: es un impostor. Oculta que sólo atesora la aristocracia de la inteligencia y el trabajo. Los réditos de esa otra aristocracia le permitieron hace años asentarse en la isla y poner a disposición de su señora una tierra que ella ha acabado de convertir en un paraíso. Ella es una apasionada de Ibiza y de la jardinería, con la que hace maravillas. También prepara una ensalada de garbanzos con confit de pato sublime, amen de otras delicias orientales. Es sensible, delicada y tímida, pero vaya si manda. Tienen hijos y  nietos, todos sanos y sonrientes. También una piragua en una cala cercana, con la que salen cada mañana a remar para conservar la línea. Incluso eso les ha salido bien.

Le dirías a la perrita Swing que hay otras maneras de ser feliz, aunque a ti particularmente esta es de las que más te convencen. Pero tampoco hay que distraerla. Que gire la cabeza y vuelva a componer la bella estampa de perra mirando el mar.

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El mal rollo de Bale

Algo le sugería el rostro del nuevo fichaje que no le dejaba tranquilo a aquel aficionado del Real Madrid...

Algo le sugería el rostro del nuevo fichaje que no le dejaba tranquilo a aquel aficionado del Real Madrid…

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-¿Vale Bale  lo que dicen que vale?- se preguntaba Afrodisio mientras ponía en marcha su ordenata e iniciaba su jornada de trabajo.

Naturalmente, no había dormido bien, y estaba cansado. Lógicamente había otros problemas en su vida. Estos iban desde un preocupante descubierto en su cuenta corriente a un cierto malestar como ciudadano del mundo por no saber si era peor el remedio que la enfermedad, atacar a Siria y hacer pagar caro a Assad su vesania por usar armas químicas o mirar para otro lado. Pasando por otras pequeñas esquirlas que se le habían incrustado en su agenda de preocupaciones: un puente roto en la boca, la otitis de Tomasín, las reclamaciones de varios vecinos que exigían mano dura contra la vecina del 4º D, que no pagaba sus cuotas desde enero, y la necesidad de cambiar la correa de distribución antes de que su viejo Renault Megane petara definitivamente. Cómo no iba a tener otros motivos para el desasosiego.

Sin embargo era madridista hasta las cachas. Y no era ausente al hecho de que, sumando toda la masa de información que el nuevo ídolo había generado a lo largo del verano, lo más importante en el orbe cristiano (muy adecuado esto de Cristiano) en el último mes era eso que ahora llaman el debate. El debate por excelencia. O sea, si era bueno o malo fichar al galés prodigioso, vestir un santo para desnudar otro tan apreciado como Ozil, mostrar con un golpe de efecto quién sigue siendo el rey del mambo en el fútbol y hacer que  hasta los chinos paguen 80 euros por una camiseta con el nombre del fenómeno repeinado estampado en blanco.

Porque la gilipollez del mundo no conoce fronteras.

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-¿Por qué será?-mascullaba Afrodisio- ¿Por qué desde que se empezó a hablar de este fichaje duermo tan mal?

Noches en blanco. Noches de pesadillas por culpa del Madrid megalómano, el Madrid faranoico de Florentino Pérez. Qué bien inventado el neologismo, mitad faraónico mi tad paranoico. Este ingeniero de caminos no se contentaba con ser un multimillonario discretito y señorial, cual le gustaba adjetivar al club que presidía, sino que se había empeñado en ser el sol del planeta del fútbol, un jeque árabe y un magnate del petróleo ruso envasado en su permanente traje gris de exconcejal aburrido. La grandeza del Madrid, era el supremo argumento presidencial, exigía estos esfuerzos. Pero Afrodisio no las tenía todas consigo. Se acordaba del Madrid que le contaba su padre, del equipo castizo que seducía a las mocitas madrileñas cuando van a Chamartín, como cantaba el viejo himno, y ganaba entretanto seis ligas y cinco copas de Europa. Y sentía una cierta vergüenza de este exhibicionismo florentinano que sometía todo al imperio del marketing.

-Este hombre es un nuevo rico estratosférico –había sentenciado cuando se supo que la codiciada presa había  caído al precio de mil pares de cojones de mico.

Y naturalmente, dormía mal.

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La cara del ídolo, tan limpia, tan bien afeitada, tan repeinada. Su piel parecía estuco, o madera lacada. Pero a Afrodisio le daba yuyo. No le producía tranquilidad, creía que había algo raro e inquietante en esa mirada de niño malo un poco acomplejado, en el  rostro que el madridismo oficial presentaba como si fuera un nuevo mesías.

Una noche soñó que Ancelotti,  ingresaba en un psiquiátrico por un ataque de ansiedad. No había hallado la forma de encajar a tantas estrellas en once puestos. Otra noche la angustia se le encarnaba en un Cristiano Ronaldo nuevamente triste. Vagaba por el sueño como un fantasma desalentado.

-Toy triste. Ya no sé si soy el primero y el más caro. Toy triste –y mostraba sus piernas, otrora herculadas e infalibles, ahora débiles e impotentes como dos grandes puerros cocidos.

A menudo se cruzaban entre las brumas de la pesadilla caras que se carcajeaban y resonaban maléficas en las bóvedas del infierno. Las caras de Ozil, de Rosell, de Mourinho.

-¿De verdad crees que algo vale lo que Bale?- era lo que le quedó del mal sueño.

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Hasta que una noche Afrodisio se cayó del guindo. Soñó que acudía a las oficinas del club para renovar su abono y las puertas estaban cerradas. Las forzó, consiguió echarlas abajo y cuando llegó al despacho presidencial se encontró con que el presidente yacía muerto en el sillón desde el que administraba sus multimillonarios negocios del fútbol. Encaramado en el respaldo, sonriendo como un niño malo acomplejado, el presunto asesino mostraba en sus manos la bufanda blanca del Real Madrid con la que acaba de estrangularlo.

Afrodisio contuvo el aliento. Se trataba de Bale, o de  un muñeco con la cara limpia, sonriente y repeinada, un muñeco de ventrílocuo de esos que en las películas de terror se le escapan al artista de las manos para convertirse en asesino por cuenta propia. Y el muñeco tenía la cara de Bale.

Entonces comprendió las razones de aquel mal rollo  que le inspiraba el fenómeno galés. Los designios del fútbol también son inescrutables, puede que hasta su fichaje acabara resultando un acierto. Pero nadie le quitaría ya de la cabeza que el chico tenía cara de peligroso muñeco de ventrílocuo.

Trató de ponerse en contacto con Florentino Pérez para advertirle de lo que se le venía encima. Nadie atendió su llamada. Así que volvió a su rutina diaria sin resolver siquiera la gran duda de si Bale vale lo que vale.

De piedras y otras hazañas

Estany o lago de Cabanyes o Cabanes, según se diga en catalán o castellano. Con el protagonismo de sus piedras...

Estany o lago de Cabanyes o Cabanes, según se diga en catalán o castellano. Con el protagonismo de sus piedras…

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Te lo dijo Pepito Grillo, que aparece en tu vida de higos a brevas.

-Deberías advertir al personal que por primera vez en muchos veranos  te aqueja el síndrome del relajo total.

Es cierto. Llevas recorridos muchos kilómetros, habrás dejado atrás muchos pueblos, iglesias, monumentos y parajes por explorar, se te escurren los días sin volcar novedades en tu blog y  ves pasar las vacaciones tan ricamente. No hay sofocos, disgusto ni crispación alguna por no haber hecho esto o lo otro.  Ni siquiera sientes un leve picorcillo de conciencia. ¿Te habrás liberado ya de la ansiedad que definieron como el mal de Stendhal?  Quién te ha visto y quién te ve, tú que siempre creíste que malgastar un minuto sin conocer algo nuevo era un pecado de lesa humanidad.

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Apenas te están interesando  las noticias. No escuchas la radio ni ves televisión. Sabes de las tragedias de Siria y Egipto, de la farsa de Gibraltar o el del pavoroso incendio –los nuestros aparte- que ya ha quemado 62.000 hectáreas de Yosemite Park. Pero los sientes como esos pájaros que ven pasar los coches por la carretera tranquilamente  posados en los cables de la luz.  Adónde vas a llegar.

Tu irresponsabilidad sobrevenida es tal que ni siquiera te importa que Gareth Bale valga noventa o cien millones de euros, ni que la portería del Madrid esté defendida por Diego López en detrimento de Casillas.  Te empeñas en quedar al margen de la polémica nacional por excelencia. Vamos que vamos, osadía la tuya.

-Oye Pepito-le dices- Tanto pasotismo debe de ser grave. ¿Será posible que me haya convertido en un hombre maduro a mi tierna edad?…

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Te preocupan auténticas naderías. Una de tus obsesiones cuando hace tan sólo unos días  andabas por los Pirineos era imaginar a Aníbal siguiendo tu camino. ¿Por qué paso cruzaría esas inmensas moles de piedra? ¿Cómo pudieron moverse por allí sus famosos elefantes? ¿Cómo salvó su tropa la fatiga de esas marchas en los rigores del invierno? ¿Cuántas vidas de soldados y de bestias no exigió su campaña hasta Roma?

-No somos nada- anotas mentalmente.

Y es verdad. Comparas esas lecciones de coraje y de resistencia con tu ascensión al precioso estany de Cabanyes, una marcha de sólo 650 metros de desnivel que a ti te pareció una hazaña, y concluyes que la humanidad se ha convertido con los siglos en una melindrosa señorita.

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Con excepciones, claro. En Benasque, donde pasaste dos jornadas después de dejar les Valls d´Aneu invitado por sobrinos que te cuidan bien, sus amigos montañeros no hablaban de otra cosa que de un fenómeno llamado Killian Jornet, un atleta catalán que tú desconocías hasta anteayer cuyo memorial de records te dejó turulato. Además de ascender corriendo el Mont Blanc y otros picos famosos, el tal Killian completó la llamada Ruta Transpirenaica, un recorrido de este a oeste por las cumbres y los valles de la cordillera que sus zapatos devoraron en etapas de 140 kilómetros/día.

-No somos nada –te confirmó Pepito Grillo.

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La vida de las piedras. De las piedras caparazón  incrustadas en las montañas, de las que han rodado por torrentes y pedreras, de las que han canteado las aguas rabiosas a lo largo de los siglos y yacen en los cauces de los ríos, de las que formaron muralla para contener a las laderas, de las que apuntalan las carreteras y caminos, de las que, colocadas por la mano del hombre forman tantos kilómetros de esas preciosas paredes y muros que el musgo va tapizando y convirtiendo en obra de arte, de las que sostienen casas, iglesias, ermitas. De las que cubren como lápidas el sueño de los justos en esos diminutos y entrañables cementerios paredaños a los templos pirenaicos. De las que han sido talladas para ser bebederos, pilas, fuentes, cruces, ménsulas, canecillos, mojones, incluso mesa y bancada para que descansen en ellas los caminantes, saquen su bocata o su lata de mejillones y repongan fuerzas mientras contemplan el panorama y puede que reflexionen sobre lo que dan de sí esos majestuosos escenarios naturales.

-Incluso al lado de las piedras –te da por seguir lucubrando- …¿qué somos?

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Leíste una vez que Mallory aceptó el tremendo reto de ascender las cumbres del Everest porque la montaña “estaba ahí”, como si le esperase justamente a él y no pudiera resistirse a su invitación. Tú te has peguntado estos días por qué esas montañas y esas piedras que ennoblecen a los Pirineos también te esperaban a ti. Quién las puso, quién las desparramó, quién las cargó, las talló y las ordenó para construir, quién hizo con ellas paisaje e historia. Es otra hazaña asombrosa de la naturaleza, del tiempo y de algunas manos anónimas que completaron su labor.

La vida de las piedras es callada, pero a veces te llega a emocionar. Te dan ganas entonces de agradecerles su belleza y su silencio.

 

Francisco, un buen día de verano

Francisco en sello1

Las razones por las que un hombre más bien escéptico pasa un buen día de verano pueden ser muy diversas. Además, tú ni tan siquiera  tienes ya tan seguro lo que es un buen día de verano. Años atrás no lo hubieras concebido sin darte un chapuzón en el mar, en un río o como poco en la piscina. Y sin esperar al menos una mirada de esa moza que salía del agua recogiendo sus formas de mujer y caminando tímidamente mientras se sacudía el cuerpo como una gacela mojada.

Ahora ni necesitas refrescarte con una zambullida. Estás en Madrid, y en el foro nunca se te ocurre que hay que bañarse. Asimilaste en su día aquella definición de Madrid como poblachón manchego lleno de subsecretarios (Cela). Desenfocada definición al día de hoy, cuando cualquier pueblo manchego seguro que dispone de una piscina municipal gloriosa financiada por la Unión Europea, que por ahí también se debe de haber desaguado la Europa de los mercaderes. Tampoco es grave lo de tu afición al secano. Con los años uno acaba reconciliándose hasta con sus manías más extravagantes.

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Sorprendentemente en este julio tan exageradamente caluroso el fin de semana refresca y el domingo amanece en Madrid nublado. Era una buena noticia. También lo era que ya no necesita España el posado en bikini de Ana Obregón para sentirse feliz. Santo cielo, qué madurez la de este pueblo.  No se sabe si porque la musa de las revistas del corazón ya no está para esos numeritos  o porque tiran más dos camisetas (las de Neymar y la de Isco)  que dos tetas, el caso es que ahora vemos mucho más futbolistas fichados y las barbas de Rajoy que el tanga de la sonriente actriz, lo que puede que tampoco sea buen síntoma.

Una llamada de teléfono de mujer te quebró las lucubraciones.

-Abuelo-  que si me llevas al Retiro, porque me aburro.

Marina tiene una voz diamantina y ocho años muy redichos. Como encabeza un pelotón de seis mujercitas  y la pequeña de las nietas sólo ha cumplido dos, te parece ya tan madura que a menudo crees pasear con una licenciada en lugar de una niña. La mañana está fresca, cuasi otoñal. Sólo un par de días antes habías escuchado por la radio que se celebraba el día de los abuelos, una de esas advocaciones estúpidas con las que se da jabón sucesivamente a casi todo y  casi todos: día de la madre, del padre, de la mujer, de los niños, del corazón, de esta o aquella enfermedad, de la música, del agua, del ahorro de energía, de los animales de compañía, del orgullo  gay, del teatro… Se te ocurre proponer que se consagre ya el Día Internacional de los que no tienen día, y se acabe con el baboseo mediático de estos homenajes. También te da por pensar que ya has hablado con la primogénita de tus nietas cien veces más de lo que tu abuelo Pablo pudo compartir contigo, y que en estos momentos un niño con abuelos es un niño con más padres y madres. Tú en particular no necesitas que te dediquen un día, porque ya lo hacen tus nietas cada vez que te reclaman como lazarillo para los días de vacaciones.

-A mí me gustaría vivir en el campo-dice la criatura mientras dais un larguísimo paseo por El Retiro- porque sales de casa y no necesitas a los mayores para pasear. Y además juegas con la perra, y te bañas, y recoges los huevos de las gallinas…

La vuestra es una mañana de conversación peripatética. A su tierna edad Marina, como cualquier niño de ahora, entre muchas observaciones y pintorescas historias que cuenta, también plantea cuestiones que te ponen en un brete.

-Abuelo, ¿por qué hay tantos pobres en la calle?…

Te callaste. Tu excusa es que era el día de los abuelos sin respuesta.

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Cuando esta España que al modo unamuniano tanto nos duele aún se lame las heridas del Avia descarrilado en Santiago, salta otra mala noticia. Tan típica del verano como expresiva de la secular estupidez humana. Un agricultor se pone a quemar rastrojos y provoca el incendio que arrasa dos mil hectáreas –hasta el momento- en la Sierra de la Tramuntana de Mallorca, declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad. Nunca aprenderemos. Sin embargo la mañana te había dejado una huella amable, y estabas dispuesto a ver el vaso medio lleno. Aunque no eres especialmente vaticanista, sino más bien al contrario, te ha llamado la atención la claridad y la rotundidad con la que se está pronunciando el papa Francisco en Brasil, donde entre otras broncas a los políticos, a los ricos y al propio cuerpo de servicio de la Iglesia ha clamado por la laicidad del Estado. A ti, tan influido por el poder del lenguaje, te parecía que este papa era como esos entrenadores argentinos tipo Valdano que se devanan en volutas de filosofía hueca. Pero ahora has cambiado de opinión.

-¿Será Francisco el promotor de la perestroika que la Iglesia necesita?-te preguntas esperanzado.

La noticia te parece verdaderamente importante, y te ha dejado el alma contenta. Así que como en Unitel Classic –un canal de música clásica que descubriste hace poco y que te tiene entusiasmado- ofrecen por la noche una Novena de Beethoven dirigida por Daniel Barenboim y nadie vigila tus excesos, porque es otra de las ventajas de vivir solo, buscas tu partitura de la Oda de la Alegría y te sumas al coro cantando desde tu palomar como si estuvieras en el mismísimo Albert Hall donde se celebra el concierto. Ya insinuabas al principio que nunca se sabe cómo acabará un buen día de verano.

La honorabilidad del conejo

No tienes claro si los múltiples conejos de la Casa de Campo son buenos o malos mara el medio ambiente...

No tienes claro si los  conejos de la Casa de Campo son buenos o malos para el medio ambiente…

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Al poco de morir Elías Querejeta escuchaste por la radio una entrevista grabada hace algún tiempo, en la que se repasaba su vida y su carrera como productor de cine. Hay famosos estomagantes y otros que van por ahí con aire de ser cualquier hombre: ni por lo que cuenta ni por cómo lo hacen parecen elegidos del destino, sino seres humanos que lo mismo podrían haber ganado un Oscar que tener una tienda de bicicletas o un carrito de helados.

Al productor vasco se le ha de agradecer también esto. Fue una figura fundamental para el cine español, pero en modo alguno el prototipo del productor soberbio y aplastante tipo Szelnik  o Jack Warner. Además reunía la condición de ex futbolista, cosa que admiras mucho, y jugador de la Real Sociedad, que aunque sólo fuera porque probablemente se hizo en la playa de La Conchaqué gozada, jugar allí- envidias más. Un día metió un gol al Madrid de Di Stéfano, y este incluso le felicitó por ello.

-Ché, pibe, bonito gol-dijo el fenómeno en uno de esos alardes de elocuencia que le caracterizan.

Metió un gol al Madrid, y por eso le admirarás siempre más incluso que por haber producido La caza, película que dirigió Carlos Saura y que  originalmente se tituló La caza del conejo.

2

-¿Pero tú estás loco titulándola así? –le reprocharon los censores franquistas cuando examinaron la ficha de la película- ¿Tú sabes de lo que estás hablando?

Lo recordaba entre risas Querejeta. El creía ingenuamente que se trataba de un roedor, la pieza de caza básica para cualquier cazador, pero para los hurones del pecado y de la incorrección en el cine un conejo no podía más que un sexo femenino. Vade retro, Satanás. Así que eliminaron la palabra maligna y pusieron su alma en paz.

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Te reías tu también mientras dabas un larguísimo paseo esta mañana por la Casa de Campo. En este magnífico parque por el que los madrileños deberíamos estar eternamente agradecidos han proliferado de tal manera los conejos que, de ser cierta la visión de los torquemadas de antaño, tú estarías irremisiblemente condenado al fuego eterno. Aunque sólo fuera por mirón.

-Padre –le tendrías que confesar al padre Bonete-Me acuso de haber visto cientos de vaginas correteando por la Casa de Campo.

-¡Pero hijo!…¿Y no podrías haber evitando tan horrendo pecado?

-Difícil, padre. Si es que se le cruzan a uno por donde pisa…

Pobres conejos. Tan inocentes que eran cuando sólo eran roedores, figuritas de chocolate o personajes de los tebeos y de los cuentos.

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Los jardineros y los horticultores denigran a los conejos por devastadores. Pero estos animalitos son la base de la alimentación de buena parte de la fauna  española. Sin conejos no podrían sobrevivir ni los linces ni las águilas imperiales. O sea, que en este particular, como en tantas cuestiones medioambientales, no se sabe si es mejor la abundancia o la escasez de conejos.

A ti personalmente te hace gracia verlos corretear a tu alrededor como si fueran personajillos de una película de Disney, y lejos de esa metáfora cuartelera que los asocia con el sexo. Más mancha  precisamente el sexo en la Casa de Campo, donde es fácil ver toallitas higiénicas y kleenex usados que  no hablan `precisamente del cuidado de las putas ni de sus clientes por el parque público donde se desfogan. Nadie se mete con ellos, así que harían bien en  poner de moda lo que una buena amiga, dueña de perros, sugería al respecto.

-Si a nosotros nos obligan a recoger las cacas de perros con una bolsita de plástico…¿por qué no imponer también un putibag donde se recojan los desechos de un servicio de prostitución?

Todo sea por el medio ambiente. Y, de paso, por salvar la honorabilidad del conejo.

 

El post número 1000

Mil1

Recuerdas el tiempo en el que mil era mucho. Mil pesetas, aquel billete verde que te permitía soñar. Mil quinientas, tu primer sueldo en octubre de 1963 en una agencia de publicidad  a la que sólo ibas por las tardes para escribir anuncios mientras por las mañanas tratabas de aprender derecho. Seguramente te marcó también la potencia que se infiere de la palabra mil. Mahler dejó escrita una Sinfonía de los Mil. Alguien llevó al cine la vida de la desdichada Ana Bolena y tituló la película Ana de los mil días. George Duby  dejó escrito El año mil, que se cernía como una amenaza bíblica sobre la Edad Media y acabaría siendo un año como los demás. Recuerdas el gol número mil de Pelé, y un anuncio que hacía grandes a muchas compañías de teatro: Mañana, mil representaciones de La Muralla, de Los intereses creados, de La ratonera, de Se infiel y no mires con quién…

No sabes `por qué mil tiene que hacer más ruido que 999, que ya es bastante, o que 1001, que suena como a menos que mil, quizás porque parece un poco desgraciadito, pero que es más. El caso es que la naturaleza humana es simplona, y necesita broches, clips mentales, marbetes, etiquetas, cerrar fechas y consagrar acontecimientos con cualquier pretexto redondo, como la cifra mil, que tiene tres ceros, y que puede ser mucho o no tanto, pero que sigue haciéndonos creer que después de ella la vida ya no será igual.

2

Para ti llegar al post número mil de este blog sólo significa algo de la fuerza de voluntad que te ha faltado en casi todo lo demás. Perseverar en la idea de escribir si no todos los días al menos todas las semanas, aunque nunca tuvieras claro el sentido y la dirección de tu escritura. Nunca habías sido capaz de mantenerte tan firme en nada, porque los buenos propósitos se te iban en pompas de jabón. Te hubiera gustado que las mil entradas, engastadas una detrás de otra en el collar de un relato único, vinieran a decir algo, pero te sirven al menos como muescas singulares en el revólver con el que vas disparando la  munición de tu vida.

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Para certificar que no hay nada nuevo bajo este milenio, transmites telegráficamente lo que te pasa. Escribes en un amanecer de cielo cubierto y oscuro, delante de la jaula de los canarios, que ya han empezado a cantar. A ti te  encanta que parezca un día de otoño en primavera.  Por la ventana ves el jardín apabullante de verde y rosas. Los árboles están en su esplendor: parece que entre ellos puede aparecer un gnomo, o un hada, o la niña de la primera película de Frankestein buscando florecillas alrededor del regato por el que cascabelea el agua que baja del monte.

Se te han quedado muy grabados en la memoria los dos nidos de oropéndolas que Jose te mostró ayer: recordabas la emoción  que era descubrir un nido cuando eras niño. Uno de ellos, perfectamente anclado en una higuera,  tenía tres huevos pintones. En el otro, construído en las ramas de un roble, ya había peletorros, o sea, pajaritos de pelo. No es nada fácil ser Peeping Tom de oropéndolas, porque además de  vistosas son rápidas y huidizas, así que el descubrimiento te agregó un plus de felicidad extra, como cuando rocías de azúcar las porras recién hechas, las mojas en el café con leche y te las metes en la boca. Cuántas delicias, con mil o sin mil posts.

4

También estabas contento por haber ido a la peluquería después de tres o cuatro meses de lucir una cabeza de quimioterápico. No es que ya seas Sansón, pero ocurre que la pelusilla que en el diminuto cuerpo de los peletorros tiene su gracia, en tu pescuezo sugiere descuido e incluso falta de aseo. Así que vas al peluquero y le dices que te quite los tolanos. Tolanos, sí señor, que según el diccionario son los pelillos del cogote. Llegabas a los mil posts y también celebrabas que conocías una palabra más, regalada el día anterior por tu prima Belén, que fue quien te la avisó.

Mil posts y no se sabe cuántos tolanos en tu haber. Chico, qué rico eres.

5

Zoupon, al que debes otorgar el premio de mejor comentarista entre los muchos que te han distinguido con sus comentarios, sugería que para celebrar la efeméride  tú escribieras el inicio de un cuento y los que quisieran fueran agregándole breves capítulos, a ver qué salía. Agradeces mucho su intención, y estás dispuesto a secundarla  si alguien por ahí tiene la claridad necesaria para organizar la original iniciativa y te la cuenta. Hace dos años iniciaste una aventura similar con tu amiga Aldara y un tercer personaje al que  no llegaste a conocer. Durante tres o cuatro capítulos resultó un disparate divertido, pero llegó un momento en que nadie sabía cómo atar cabos.

Claro, que  tú tampoco dejas nunca un cabo bien atado.

6

Por lo demás tu cáncer sigue tranquilo, supones que adormilado  ahí dentro, sin molestar demasiado. Cumpliendo su función de darle un poco más de sentido a esta tu manía de escribir bitácora de rumbo variable. Tampoco sabes si te va a acabar funcionando la cirugía reparadora que te aplicaron en la espalda. Te sigue doliendo a ratos, y tienes tus dudas. No dudas en cambio de que lo más notable del día de los mil es que, escrito este post, te pondrás al volante y regresarás a Madrid para cantar esta tarde con tus compañeros del Bach Atelier dos cantatas y un motete del vicedios Juan Sebastián Bach. Hubo un tiempo en que tampoco creías que logros de esta categoría fueran posibles. Para bien o para mal, la vida te sigue dando sorpresas.

 


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