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Cristiano y Cerezo se mosquean

¿Crisis? ¿Cambio climático? ¿Reforma laboral?...Lo que de verdad nos importa es el fútbol

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Reconoce el Duende que lo de que su Atleti le gane al Madrid le parece ya un imposible metafísico. Resignación y mirar a otra parte: tampoco hay quien redima a la especie humana de su cuota de estulticia congénita, y la cosa se acaba soportando.

Si hay una subespecie del hombre que el bloguero odie sin remisión es precisamente la del llamado hincha de fútbol ultra, que suele reunir en sus comportamientos necedad, mala educación, pésimo gusto y a veces (como cuando se burlan a coro de jugadores del equipo contrario muertos) auténtica crueldad. El Duende dejó de ir a los estadios por no sufrirlos.  Pero toda regla tiene su excepción. Borricos son los ultra del Madrid, como todos los de cualquier otro equipo. Pero sin embargo el pasado sábado tiraron de ironía y de sentido del humor y, sorprendentemente, desplegaron una pancarta que tenía su gracia. Su mensaje era: SE BUSCA RIVAL DIGNO PARA DERBY DECENTE.

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Derby es una ciudad inglesa donde se corría una carrera de caballos que debió de ser muy importante. Sin duda por el interés que esa prueba despertaba, de allí extrapolaron los comentaristas deportivos el nombre de Derby, que, por enfatizar, aplicaron a los partidos de fútbol entre los grandes equipos de la misma ciudad. Para los ajenos al fútbol: en el argot futbolero, un Madrid-Atlético es un derby, mientras que un Madrid-Barça es un clásico. Y el drama del Atlético de Madrid es que hace ya doce años que no le gana un solo derby a su rival, el poderoso epulón de la calle Concha Espina. En muchos ellos perdió merecidamente, pues ante los blancos solían borrarse de miedo o por simple desinterés, cosa muy de este giliclub de ciclotimias exasperantes. En el último partido sin embargo presentaron mejor pinta, hasta que los imponderables le dejaron donde solía. Qué manera de perder, que canta Sabina.

El caso es que por unas cosas y otras perdía, como de costumbre. Y en estas que en el fondo donde se alojan los ultras merengones  exhibieron la pancarta de marras. Sin duda, lo mejor que podía esperarse de esta fauna, pero lo  más humillante para  los ultras rojiblancos que carezcan de sentido del humor.

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Lo que sigue se puede contar así. Dos días después se encuentran en un acto Cristiano Ronaldo, delantero del Madrid, y Enrique Cerezo, presidente del Atlético, hombre encantador y educado que se distingue sobre todo por no comprometerse casi nunca diciendo nada notable. Cristiano está dolido porque fue objeto de una tarascada de Perea, un defensa rojiblanco de los que siempre se adjetivan como “bravos”, y no se muerde la lengua.

-Quedan réditos de las patadas que me dieron –le dice al presidente quizás mostrándole el tobillo hinchado.

-Vosotros también pegáis- replicó el siempre sonriente Cerezo- Y a la pancarta sólo le faltó añadir: el árbitro lo ponemos nosotros.

O sea, que se enfadaron.

 

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Un enfado no es noticia. Alfonso Guerra  y Bono se han enfadado estos días con la ministra Chacón. Granados se ha enfadado con Esperanza Aguirre por destituirle. Los autores se han enfadado con Tedy Bautista porque este no había repartido la modesta cantidad de 145 millones de euros  acumulados por la SGAE que probablemente les corresponden. Y en Madrid los comerciantes chinos se enfadan con el Ayuntamiento porque no les da licencia para vender bebidas alcohólicas, un filón ahora que la juventud está más desesperada que  nunca.

La noticia es que este rifirrafe futbolístico, que hoy reproduce MARCA en su edición digital, había  provocado a esta hora la  cantidad de …¡3.166 comentarios!

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El Duende estaba orgulloso comprobando que su post de hace unos días titulado Espejos rotos había recibido nada menos que 18 comentarios, gracias, sobre todo, a la oleada emocional que provocó la muerte de un perro surrealista llamado Bob de C´as Barber. Qué ternura la de aquel colaborador con el que contaba el Duende. Lo mismo hablaba del sol, del mar, de los higos dulsesitos, de la primavera o del sinvivir de los días, destilando en su lenguaje esencias de poeta. Pero se ve que, con ser importante su mensaje y triste la noticia de su muerte, aquí lo que de verdad interesa no es ni la crisis, ni el déficit ni el cambio climático. Y menos aún la poesía.

Fútbol, fútbol, fútbol, panem et futbolenses para el presunto homo sapiens. Lo demás y los demás somos mucho, o creemos serlo. Pero para qué engañarnos, al lado de Cristiano Ronaldo y demás pobrecitos del orbe futbolero,  no somos nadie.

Cómo mola Querétaro

Con motivo del Día del Español el Instituto Cervantes invita a encontrar la palabra más bonita de nuestro idioma. Y a propuesta del actor Gael García Bernal, es elegida Querétaro. Pues vale.

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A veces es verdad que los árboles no dejan ver el bosque. Desde la distancia transoceánica que marca su casita en Nueva Inglaterra la tía Clota, que cada vez espacia más sus conexiones con Homper, ve cosas en las que aquí apenas reparamos. No vamos a aburrir con los múltiples motivos de estupefacción que nos depara la actualidad. Ayer la anciana se ceñía simplemente a una muy menor que estos días recuerdan los medios

-¿Así que Querétaro es la palabra más bonita de nuestro idioma según el Instituto Cervantes?

Homper no supo qué decirle.

A Homper la noticia también le pareció una ocurrencia, una genialidad de un mago de las redes sociales para promocionar a una ciudad que en principio, no figura en el diccionario, sino en las enciclopedias. Aunque los topónimos también son palabras, el hablador tiende a pensar que en una encuesta así iba a salir cualquier otra más hermosa y biensonante que el esdrújulo nombre de una ciudad mejicana.

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Comentaba  Homper las razones de tan extraña elección y se las explicaba a su tía.

-Sobre todo, el creciente poder de Internet, que va a acabar siendo el parlamento inmediato del pueblo. Ya ves tía, las redes sociales lo mismo te organizan un 15 M que acabará otorgando los premios Nobel, ya verás. Y luego, la pusilanimidad del personal para atreverse a nadar contra corriente. Se empieza a difundir una consigna y cuando quieres decir tu opinión te recuerdas aquello de que tanta gente pensando lo mismo no puede equivocarse…

-Ya –cortó la anciana- En m tiempo decíamos: ¿dónde va Vicente? Donde va la gente.

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La gente confunde en esta cuestión fondo y forma. Sorprende que en el primer botepronto de una entrevista rápida  para la tele dos personas con tan buena cabeza como Mario Vargas Llosa y Vicente del Bosque dijeran obviedades como libertad y fútbol. Algo que sin duda significa mucho en su escala de valores, pero que, por obvio,  no es de esperar en mentes tan privilegiadas. El escritor sobre todo debería apreciar que la belleza de una palabra no tiene por qué estar unida a su significado.

-Coño-pensó Homper-no es una palabra especialmente bonita. Pero clítoris, que le queda tan cerca, a mí si me lo parece. Como pan, como delirio, como donaire, como añoranza, como berbiquí, como alfeñique.

A Homper le gustan sobre todo las palabras juguetonas.

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En Querétaro fue fusilado uno de los emperadores más breves de la historia, Maximiliano de Méjico, que pocos sabrán qué pintaba allí. Incluso él, cordero pascual de intereses supranacionales. Leyó Homper su triste historia en la novela Noticias del Imperio, del escritor  Fernando del Paso, y reconoce que quizás ese drama pesa en su estupor por el momentáneo esplendor de esta palabra. Como pesa el considerar que en esa ciudad Butragueño metió cuatro goles con la Selección Nacional de Fútbol, en uno de los mejores partidos de la larga etapa en la que España nunca ganaba casi nada. Naturalmente, en los considerandos del fallo, se decía que Querétaro significaba “la isla de las salamandras azules”. Aunque en purépecha parece significar sólo “juego de pelota”. Al final querían darle la razón a Del Bosque, aunque para vestir el muñeco aireasen lo de las salamandras azules, como si los hispanoparlantes fuéramos ante todo poetas y naturalistas, y tuviéramos especial predilección por esta clase de reptiles y `por el color azul.

-Se ve que había que echarle cuento, tía.

-Quizás-admitió la anciana- O cara de algún despabilado para promocionar el lugar…¿Por qué sí Querétaro y no Alba de Tormes, con lo bonito que es ese nombre?…

Lo dicho, el poder del sexto poder, que es Internet. La moda. El irresistible mimetismo de lo  políticamente adecuado. Las ganas de epatar al burgués. Cómo mola todo.

Un encuentro con el gran Alfredo

Hay políticos que nunca defraudan. Aunque Elena no sabe donde están...

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-¡Alfredo! –gritó Elena agitando las manos por encima de la muchedumbre.

Él levantó la vista y se fijó en ella. Sonrió, sorteó a los escoltas, se le acercó y la abrazó efusivamente.

-Eres el rey de las portadas…¡Quién me lo iba a decir cuando nos conocimos!

-Los periodistas, ya te puedes imaginar. No saben de qué hablar…Por cierto estás muy guapa.

-Gracias….Bueno, pero tú eres mucho más poderoso. Y eso da más atractivo.

Insospechadamente, dijo a los escoltas que esperasen un momento. Luego la  cogió del brazo y ambos se metieron juntos en un café.

-Qué encantador eres. Con lo ocupado que estás.

-¿Y quién ha dicho que la política está reñida con el romanticismo?…-dijo echándose a reir.

Alfredo se reía con la malicia de un actor de la serie B haciendo el papel de Fu Manchú. En realidad, delgadito y calvo como estaba, con esos ojos que se le rasgaban cuando sonreía y con su barba de chivo, parecía un perfecto villano de guardarropía.

Aunque las encuestas seguían diciendo que era el mejor.

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Tomaron sus cafés. Ella con sacarina, claro, por aquello de cuidar un cuerpo que por la edad tendía  a desmadejarse.

-Leí en una de esas entrevistas que os hacen para que los políticos parezcáis humanos que cuando corrías los cien metros conseguiste rebajar los once segundos porque imaginabas que en la meta te esperaba la chica que te gustaba, y que no querías que te la quitara nadie.

-Claro. Eras tú.

-No será verdad.

-Lo es. Lo que pasa es que no me hiciste caso.

-No me cuentes milongas. No es verdad.

-Este país no merece un gobierno que le mienta, ¿no recuerdas?-repitió  mientras sonreía con picardía.

Ella al principio se ruborizó. Luego bebió un sorbo de café, se sacudió la melena, como despejando las ideas, y carraspeó. Quería decirle algo, y no sabía cómo. Tomó aire, creyendo quizás que la respiración profunda le fuera a infundir valor.  Acercó su mano a la de Alfredo, que posaba junto a su taza, se la puso encima y mirándole a los ojos le dijo en tono susurrante, pero firme.

-Oye…Cuando te nombraron ministro del interior y vicepresidente…¿no prometiste cumplir y hacer cumplir las leyes y las obligaciones derivadas de tu cargo?

-Claro, pero háblame de ti. Qué fue de tu vida, qué haces, a qué te dedicas…

-Pues ya ves. Lo de tantas: me casé, tuve hijos, me separé…Y me voy ganando la vida como puedo. Mi último trabajo es el de encargada de esa tienda que vende paraguas, abanicos y souvenirs en la calle de Preciados esquina a la Puerta del Sol.

Alfredo arrugó el morro,  se rascó la barba y miró para otro lado.

-Y estaba esperando -continuó Elena-  a que el ministro competente de este gobierno que no miente, y que tanto presumía de talante y de diálogo, venga a hablar con los del 15 M y les convenza para que desalojen la plaza antes de que nos arruinen el negocio y mis jefes me pongan en la puta calle.

En ese momento sonó el móvil de Alfredo.

-Perdona, es el presidente.

Dejó cinco euros sobre la mesa, besó a su antigua amiga, se levantó, llamó a los escoltas y, custodiado por ellos, se abrió paso entre la gente  hasta entrar en su coche oficial.  A Elena, por cierto,  no le sorprendió demasiado, porque ya hacía tiempo que  había dejado de creer en los hombres.

Doblando las campanas

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Ang Lee titulaba una de sus últimas películas  de esta forma sorprendente: Deseo, peligro. Esta eran las tensiones que latían en la tremenda historia que contaba su filme. Woody Allen continuó con Vicky Cristina Barcelona la moda de bautizar las películas como si fueran telegramas. Bastan tres palabras como tres flashes para resumir el contenido de una hora y media de cine. Mejor eso que la chorrada de titular en inglés. Así que se lo compramos, giramos el kaleidoscopio por el que miramos habitualmente el deporte y los cristalitos de colores componen espontáneamente estas cuatro palabras: Canaletas Cibeles Pedreña Lorca. Sobran hasta las comas.

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Mientras el Barcelona celebraba su Liga y el Madrid su Copa la ciudad de Lorca lloraba porque su tierra se había estremecido y además de derribar edificios había hecho sangre entre los suyos. Lorca, cuyo equipo de fútbol apenas asoma en este periódico, robaba de esta manera el primer plano de la actualidad. Guardiola y Rosell tuvieron el buen gusto de ponerle sordina entonces al clamor del Barça Un respeto, que ha habido víctimas bien cerca, y en esto también debemos mostrar nuestra sensibilidad, sugerían. Aday Santana, jugador del equipo murciano, que tantos avatares deportivos ha sufrido la última década, lo ratificaba en MARCA: “nunca te imaginas que esto puede ocurrirte nunca”. Nunca te lo imaginas.

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El deporte es un mantra social, una especie de realidad virtual en la que sólo cabe el éxito, el triunfo, la evasión, la gloria. Es la terapia del pueblo llano. Para miserias, bastantes con las que tiene en casa, en el trabajo o, aun peor, en la cola del paro. Cuando en esta constelación de esperanzas que rodean a nuestros ídolos o a nuestros equipos favoritos aparecen las sombras de la tragedia y la muerte, estas duelen y hacen llorar más que si asoman en otros ámbitos de la vida. Se creía que Seve tenía que ser inmortal como los dioses del Olimpo. A los que le veíamos hace unos meses en el Foro Marca –que, desde entonces, se ennoblece con su apellido- se nos hace difícil creer que aquel genio que con tanto entusiasmo promovía su fundación y prometía volver a jugar los cuatro  hoyos de Saint Andrews haya muerto. Quizás no sea así. Seguramente sólo está en comisión de servicios en la eternidad porque al jefe se le ha antojado jugar al golf como Dios. Y, naturalmente, le necesita de maestro.

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Aún así, deporte español, además de vibrar en Canaletas y Cibeles, tenía que estar en Pedreña enterrando las cenizas del admirado Ballesteros. Pero a última hora, y después de conocer las aterradoras noticias, también en Lorca, donde el terremoto segó nueve vidas y arruinó mucho más que lo que se ventila en un campo de golf o en cualquier final de temporada de fútbol. Era cuestión de solidaridad o de simple delicadeza. Probablemente el equipo de Aday Santana ni sepa qué le espera la próxima jornada. Poco importan estas cosas cuando se siente tan de cerca la tragedia.

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Apenas hacía dos días que el belga Weylandt se estrelló contra una pared y pasó a ser el cuarto ciclista muerto en accidente en la historia del Giro de Italia. Otro aviso más de que el deporte, como la vida misma y como la película de Ang Lee, es deseo, y a veces también peligro. El caballero medieval de El séptimo sello practicaba un deporte tan poco arriesgado como el ajedrez, pero al otro lado del tablero jugaba la muerte. Esa partida la jugamos todos, deportistas o no. Así que celebremos lo que haya que celebrar, pero con respeto y sensibilidad por los que nos han dejado justo cuando algunos cantan victoria. Las campanas que hoy doblan por Seve, por Weylandt o por las víctimas de Lorca, como decía el poeta John Donne, doblan por ellos, pero también por todos nosotros.

¿El fin justifica los medios?…

No hay política posible sin un Maquiavelo dentro

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Sigue trabajando Homper en su doctorado. Sospecha que lo conseguirá. Va elaborando su tesis día a día, y eso le hará Doctor en Estupefacción. Curioso título, que no existe, pero que siente como suyo. Ni un día sin su afán, que en este caso es detectar, estudiar y acumular motivos para seguir sorprendiéndose. Conste que no le disgusta el estado de perplejidad permanente: según los filósofos, mientras hay capacidad de asombro, hay hombre.

Repasa los afanes de este día, echa el retel a voleo y se queda con tres. Pudieran ser otros muchos, pero le da por subrayar estos: un chico llamado Justin Bieber que ha revolucionado a las jovencitas de este país, capaces de pernoctar en el Palacio de los Deportes de Madrid para conseguir una entrada que les permita escucharle cantar en directo. Quizás, incluso atrapar en el aire un pelo de su tupé. Qué despiste el de Homper. Vivía sin saber quién era este muchachito, record de comentarios en Twitter.

Perplejidades añadidas: ¿ha sustituido Twitter a Facebook? ¿Ha decidido el planeta abandonar su eje y girar en torno a las redes sociales?

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El segundo pellizco en su curiosidad viene en la letra pequeña del papel couché. La Duquesa de Alba está indignada con la miniserie que Tele5 nos ofrece sobre su vida. Dice de ella que es mentirosa, que no le consultaron sobre el guión, y que maltrata al amor de su vida, que fue Jesús Aguirre.

-Vaya por Dios-suspira Homper- Esto sí que es grave. Y no lo de Fukushima.

Otra pregunta que se hace Homper. Siendo la imagen de la duquesa Cayetana  y del difunto duque tan fácil de remedar…¿por qué se ha recurrido a Adriana Ozores y a Carlos Hipólito ? Estas miniseries no buscan las honduras de películas como El discurso del Rey, donde la semajanza del actor con el personaje que recrea puede ser irrelevante. Si presentan a los duques de ficción en el auténtico Palacio de Liria, ¿por qué no cuidan más  su parecido con los modelos originales?

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Es tan antiguo Homper que al reparar en la tercera causa de perplejidad suelta un palabro obsoleto y ridículo. Algo así como córcholis, cáspita, atiza. O ¡concho!, como exclamaba su padre cuando no se atrevía a soltar un socorrido ¡coño!

Pues eso: córcholis, cáspita, atiza, concho y coño. Es más: recoño. Todo se merece lo que ha escuchado esta mañana en la radio. Y es que el magistrado De Prada, en un voto particular contra un auto de la Audiencia Nacional a la que pertenece, manifiesta que el chivatazo del Faisán que, más o menos, vino a decir a los terroristas toma el dinero y corre, es plenamente justificable en un proceso de paz.

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¿El fin justifica los medios?…Se acuerda Homper de su inolvidable amigo Félix Bragado, con el que se pasó media vida haciendo comedia. Paseaban juntos y aunque eran ellos, no eran ellos: les gustaba hablar  como si fueran otros en otro mundo. Una de sus recreaciones favoritas era la de tertulianos de casino ilustrados y nostálgicos. Ponían voz cascada y aguardentosa, como la de Don Hilarión, Mr. Scrooge y otros chinches célebres de otros siglos. Y cuando abordaban cuestiones espinosas de este orden citaban el verso de un poeta tan demodé como sus caricaturas. Joaquín Bartrina, en un poema llamado Fabulita adoctrinaba así un mozalbete inquisitivo:

Si quieres ser feliz, como me dices/ no analices, muchacho, no analices

Homper y Félix se lo tomaban a risa, porque lo suyo no era el drama. Quizás no se daban cuenta de que todos tenemos que pasar de largo sobre muchas contradicciones e hipocresías para sobrevivir medianamente felices

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También ha paseado estos días nuestro Hombre Perplejo por el nuevo Madrid Río que se ha inventado Gallardón. Es un parque lineal de 120 hectáreas sembrado sobre los intestinos de la M-30 por los que diariamente circulan, dicen, cien mil coches. Los que antes sufrían el horror del tráfico, la contaminación, el ruido y la estética de la marginalidad ahora están encantados. Los críticos en cambio recuerdan el despelote del endeudamiento municipal.

-¿Cuánto nos cuesta la megalomanía de nuestro alcalde? –se preguntan.

Enigma sin respuesta, y que además resbala a la mayoría de los  que pasean por ahí como niños con zapatos nuevos. El que venga detrás que arree. Al barón de Haussmann, que convirtió París en el paradigma urbano de la belle epoque también le pidieron cuentas por su despilfarro monumental. Y no digamos lo que sufrieron los súbditos de Pedro el Grande para construir  la maravilla de San Petersburgo, levantado piedra a piedra sobre el río  Neva. Homper leyó la magnífica biografía que escribió Robert. K. Massie de este zar impetuoso. Le encantó, y se la recomienda vivamente a los amantes de la historia. Pero se quedó tan fascinado por la megalomanía de aquel gigantesco visionario, como horrorizado  por los sacrificios y el dolor que probablemente encierran cada uno de los  palacios, avenidas y monumentos de su ciudad lacustre.

Al final, la cuestión recurrente. ¿El fin justifica los medios? Si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices…

El nefasto día en que murió Liz Taylor

A Homper le gustaba sobre todo aquella Elizabeth Taylor anterior a Cleopatra. Parecía más cercana y asequible que la gran estrella en que se convirtió luego...

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De repente, a su edad, Homper había descubierto las tertulias. No tenía demasiada experiencia en tertulias. Siempre había sido un hombre inquieto, culo de mal asiento, ir de aquí para allá, hocicando en terrenos distintos, entreteniéndose en ver cómo la vida se trenza o se desfleca. Muchas labores y aficiones diferentes, aunque todas propias de su sexo y condición.

-Nada humano me es ajeno –dijo el primer día de tertulia en plan solemne, así como para marcar estilo.

Sus amigos le miraron tan estupefactos como solía quedarse Homper por casi todo. No se le esperaba sentencia semejante. Homper se apercibió  de ello y se avergonzó profundamente de haber sido tan poco original.

-Hoy voy a pedir Calisaydijo en la tertulia de ayer. Y sus amigos le volvieron a mirar con los ojos como platos.

-¿Por qué se te ocurre semejante cosa?-le preguntó Dionisio- ¿Conoces a alguien que conozca a alguien que conozca a alguien que tome Calisay?

-Lo tomé una vez hace cuarenta años y me pareció el licor más detestable que he probado nunca-Homper se puso muy serio- Y quiero estar verdaderamente triste para brindar en memoria de Elizabeth Taylor.

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En las tertulias se dicen muchos lugares comunes, pero hay que enunciarlos con clase y buena dicción. Dionisio, por ejemplo, estuvo muy afinado cuando después del primer sorbo de su café dejó caer algo verdaderamente original y trascendente.

-Hollywood ya no es lo que era.

Pedro, otro tertuliano que había sido un destacado financiero y tenía muy buena cabeza, lo ratificó. Recordó que hacía tan sólo dos o tres semanas había muerto Jane Russell, una de sus debilidades eróticas más turbadoras.

-Una apoteosis de curvas –matizó- ¿Sabéis lo que dijo Bob Hope a propósito de sus encantos? Pues dijo que la inteligencia de un hombre se notaba cuando era capaz de hablar de Jane Russell sin mover las manos. Eso es lo que dijo.

Gerardo terció recordando que la que estaba verdaderamente buena de Los caballeros las prefieren rubias no era Jane Russell, sino Marily Monroe, a lo que Arturo, otro tertuliano, apostilló otra frase para la historia.

-Lo cortés no quita lo valiente, Gerardo. Es verdad que Marilyn estaba buena, pero Jane Russell estaba buenísima.

Todos los tertulianos rieron. Pero a Homper le resultó imposible, porque acababa de degustar el Calisay y el paladar le exigió cara de naúsea.

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La tesis de Homper es que otras guapas, como Maureen O´Hara, podían haber sido camareras de esas que sirven corderos asados en un mesón castellano. Gene Tierney, belleza incomparable, era su farmacéutica favorita. Eleanor Parker, Grace Kelly o Deborah Kerr pedían ser princesas imperiales o hadas. Según él, Sandra Dee, Debie Reynolds y Leslie Caron nacieron criaturas de cajita de música: se abría la tapa, sonaba el Danubio Azul y giraban pizpiretas luciendo sus maravillosas caderas enfundadas en tutú. Cyd Charisse marcó el canon de las piernas perfectas. Ava Gardner, el esplendor de la carnalidad. Rita Hayworth le disputaba a la O´Hara el reinado de la pelirrojía, pero añadía el plus de lo pecaminoso del que Maureen carecía. Virginia Mayo, Lana Turner y hasta Kim Novak simbolizaban el erotismo cursi.

-Pero luego estaban las que uno quería que fueran sus primas o sus vecinas de arriba: Vivian Leigh, Pier Angeli, Natalie Wood, Jean Simmons. Y la primera Elizabeth Taylor.

Por encima de todas reinaba para Homper  la imponderable Audrey Hepburn. Pero no podía olvidar los ojos (¿de verdad violeta?)de aquella chica judía de Ivanhoe que le enamoró cuando era un párvulo inocente.

-Luego, a medida que engordó y cuajó en gran diva, también se hizo más cursi- dijo mientras apuraba el castigo de la copa de Calisay- Pero es lamentable: ya no quedan estrellas de la época dorada de Hollywood.

Los compañeros de tertulia coincidieron en un suspiro de nostalgia.

-Bueno –precisó Dionisio- Para ser justos, queda el viejo Kirk Douglas, pero no es lo mismo.

-No es lo mismo, no-subrayaron  a media voz los tertulianos.

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La nostalgia, más que un error, es una desgracia. Y las desgracias nunca vienen solas. Rafael puso sobre el velador un ejemplar de EL MUNDO y apuntó a la última noticia de su portada.

-Practicar sexo o deporte de modo esporádico eleva el riesgo de infarto-leyó en voz alta.

Silencio y gestos de preocupación.

-Lo que nos faltaba para mirar al futuro con optimismo- concluyó Homper mientras se levantaba de la mesa y se ponía la gabardina.

Hay días que deberían haberse borrado del calendario antes del amanecer.

Otra alma para el Aleti

Este artículo se publicó el pasado viernes en MARCA, pero me pareció que tambiuén tenía su sitio en este blog

Antes de irse a la M definitivamente-como se sospecha que, si no aparece un jeque con pasta,  acabará ocurriendo- lo seguro es que el Atlético de Madrid se irá del Manzanares. Dicen que con la operación inmobiliaria que han urdido ahí salimos ganando todos. Unos más que otros, eso sí. Los terrenos que hoy ocupan el Estadio Vicente Calderón y la planta de cervezas Mahou se convertirán en una zona de viviendas de lujo con parque, lago y, para no acomplejarnos por las cuatro torres de Florentino, un rascacielos “emblemático. Esa es tristemente la diferencia que hoy media entre el poderoso club merengue y el antes llamado “tercero en discordia”. (Ahora es séptimo en más discordia todavía. Y aún puede ser peor, como siga jugando al despropósito de cada partido). ¿Cuánto saca el Atlético en esta jugada? Tan misterioso como lo que gana deportivamente cuando García Pitarch sale a pescar perlas en Sudamérica. Con lo contenta que estaría la afición si viajara a Disneylandia.

El Atlético será desterrado como ese pueblo de Sión errante que canta el Va pensiero de Verdi. Y podría aprovechar ese destierro para buscar no sólo un nuevo estadio, sino algo que necesita todavía más: otro estilo, otro proyecto, otra filosofía. Otra alma. Un viejo socio que ya sufrió el traslado del Metropolitano a lo que todavía se llama estadio Vicente Calderón sugería que en la remodelación de la zona para se erija, como monumento en memoria de los atlético que aquí fueron felices (algo) y sufrieron (mucho) una réplica del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén. En esa pared que rodeaba al templo de la ciudad sagrada, el pueblo judío deja papelitos con sus oraciones, sus súplicas y sus aspiraciones, esperando que Jehová les haga caso.

-Sería un monumento muy original –dice el atlético visionario- Y entre todos podríamos crear el alma  nueva que el Atlético de Madrid necesita.

Y enumera a continuación el decálogo que él depositaría en ese muro. 1. Haz, Señor, que el Atlético de Madrid sea un club razonable. 2. Recuerda que su razón de ser es jugar al fútbol, y no generar frustración. 3. Consigue que seamos grandes no por tratar de emular al Barça y al Madrid, que esos sí que son tus elegidos. Sino por aprovechar con inteligencia nuestros recursos y el potencial de nuestra afición. 4. Destierra de nuestro equipo la mentalidad de perdedor, especialmente contra el Madrid. Si a este le ganó el Atlético  tres finales de Copa y en la última década el modesto Alcorcón…¿por qué no podemos conseguirlo nosotros antes de que  acabe el siglo? 5. Haz que nuestros dirigentes miren al Villarreal, al Athletic de Bilbao y hasta al Hércules, que saben lo que quieren y juegan bastante mejor que nuestro equipo 6. Ilumínalos para encontrar centrocampistas que nos saquen de la ruina futbolística sin volver a fichar cromos inútiles. 7. Convence a Cerezo de que Howard Hugues a su lado es un mindundi, y  de que debe centrarse en el cine para encontrar su sitio en la historia. 8. Recuerda a los Gil que los Ángeles de san Rafael van a perder sus alas como no se ocupen de ellos. 9. Devuelve a este club la ilusión. Haz que, si no ganamos títulos, podamos divertirnos viendo jugar al fútbol. 10. Reintégranos el orgullo: no somos ni el ridículo ni el patético, sino el Atlético de Madrid.

¿Será un sueño?…Otros imposibles como la caída del Telón de Acero y del Muro de Berlín sucedieron, y ahora –véase Túnez-l as redes sociales son capaces de derribar tiranías. Sólo hace falta movilizarse para luchar por otra alma para el Atlético de Madrid, y acabar así con esa dictadura de la mediocridad que no debe ser la historia interminable.

El discurso del Rey y el discurso de la calle

Pregunta: ¿es el Rey el único que debe esforzarse en hablar un poco mejor?...

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El Rey también habla mal. Cuando se irrita, para desahogarse y vencer su tartamudez, grita como un jaimito enloquecido: coño, teta, culo, pedo, caca, pis. Naturalmente, no es el rey Juan Carlos, al que pese a su reconocida espontaneidad sólo se le ha pillado un por qué no te callas que el presidente Chávez se había ganado a pulso. Sino Jorge VI de Inglaterra, admirablemente representado en El discurso del Rey por Colin Firth. No se le parece éste físicamente en nada, con lo cual no ha sufrido las críticas que aquí levantó Puigcorbé por aprovechar su lejano parecido con el borbón para imitarle en uno de esos seriales que han pasado recientemente por la tele. Pero interioriza el problema de Jorge VI, vive su angustia y su frustración en cada uno de sus gestos,  y se los traslada al espectador con una autenticidad tal que este acaba olvidando si el rey verdadero era más alto, más rubio, más elegante o más guapo que Firth. Este le ha ganado el alma, y esa es la que acaba emocionando y, al cabo, convenciendo. La magia del saber actuar.

Lo demás también ayuda. Magnífico Rush en la composición del falso logopeda Logue. Insuperable Michael Gambon en su breve intervención como Jorge V: qué voz y qué dicción. Qué maravilla. Y qué diálogos. Como la fotografía, de una sutileza dramática que se hace casi poesía. Como la ambientación. Como la dirección, de Tom Hooper, que puede estar orgulloso de haber filmado una película histórica sin caer en ninguno de los vicios tradicionales de este  tipo de cine Una gran película y un rato delicioso, en suma.

Aunque el Rey tenga que hablar mal para conseguir acabar hablando medio bien.

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El pobre duque de York, que iba a ser rey a su pesar, hablaba mal por problemas de dicción. Y necesitaba hablar bien para un discurso trascendental Pero una cosa es la dicción y otra el lenguaje. Para ambas cosas usa el castellano el verbo hablar. La polisemia se extiende también a la palabra discurso: hace unos años un discurso era sólo una pieza oratoria. Ahora decimos discurso también al contenido de esa pieza oratoria. El discurso, según esos que ahora su llaman politólogos, viene a ser la enunciación del pensamiento.

No tiene claro este bloguero cómo andaremos los españoles de pensamiento. Sospecha que no muy lucidos. Pero velay por donde, el mismo día que quedaba fascinado por El discurso del Rey había leído un artículo de Juan Cruz donde denunciaba que el lenguaje de la basura se ha instalado en la política, en los medios y amenaza con empobrecer nuestro idioma. Artistas, deportistas, polemistas y políticos deslenguados animan el patio. Yo soy más golfo que tú puta, y gilipollas el último, que si no, no vamos a parecer ni modelnos ni progres, y además ninguna cadena paga nada por ser bien educado. Pues qué alegría.

¿Se atreverá a recordar alguien que el lenguaje cada vez más sucio y barriobajero acaba envileciendo el pensamiento?

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El discurso del pueblo no tiene por qué ser el del Rey. Todos hablamos mal en todos los sentidos. Cometemos errores de sintaxis y de dicción, manejamos poco vocabulario y además soltamos tacos y palabrotas a dos por tres: porque estamos enfadados o porque ya nadie se escandaliza por nada, y queda gracioso y espontáneo que incluso la gente culta caiga en la jerga canalla.

No estamos obligados al cuidado que debe mantener un rey, porque no encarnamos más que nuestra propia representación. Pero los que han recibido una buena educación  no deberían (o deberíamos) traspasar los límites del decoro y la sensibilidad. La moda se fuma un puro en estos melindres pasados de moda. La inteligencia debería, a su vez, fumarse un puro también y despreciar las memeces y los excesos que impone la moda. Hablar mal no tiene por qué estar bien. Lo digan Cela, Almodóvar, Pérez Reverte, De la Riva, Jiménez-Losantos, Pajín, o Casillas, cuando, por valorar la hazaña de ganar el Mundial de Fútbol acudió a la palabrota comodín que ya no se le cae de la boca a casi ningún joven: ¡es la hostia!

4

La tía Clota, que estudió filología y literatura y fue profesora de español en Estados Unidos, donde aún vive, se escandaliza por el uso y abuso de una palabra que los que tenemos una cierta edad y recibimos educación religiosa nos resistimos a banalizar.

-¿Por qué ahora todo es la hostia? –se pregunta sorprendida.

Antes fue la repanocha, el despiporren, el acabóse, el no va más,  la pera limonera, la bomba, o incluso la leche. Pero ahora es la  hostia. Antes fue la bofetada, la galleta, la chuleta, la colleja, el capón,  el golpe, el trastazo,  el trompazo, el  batacazo. Ahora también eso es la hostia. Antes el adjetivo  fue bueno, inolvidable, bellísimo, grandioso, histórico,  emocionante, irrepetible, insuperable…Ahora también es la hostia.

Lo positivo o lo negativo, el bien o el mal, la felicidad suprema o el infierno, le perfección o el desastre. Todo se resume en esa palabra. No goza la oblea blanca que se consagra en la misa del mismo cordón sanitario que el lenguaje políticamente correcto  está tendiendo sobre otros errores u horrores del lenguaje tradicional. Se eliminó del diccionario judiada, nos mordemos la lengua antes de decir moros y maricones, y  llamamos conserje al portero para  halagar su autoestima. Procuramos no ofender a los discapacitados y barremos los residuos sexistas de nuestro modo de hablar. Aunque eso sí: la hostia a todas horas, venga a cuento o resuma  la incapacidad e ignorancia del que está tomando la palabra. A la inmensa mayoría, acostumbrada al vive y habla como quieras, esta simplificación de lo sagrado les resbala. Al cristiano tradicional quizás le ofenda y le sorprenda. Pregunta: ¿qué pasaría si, según la doctrina musulmana, la hostia simbolizara el cuerpo de Mahoma?

5

Comparte este bloguero la perplejidad de la tía Clota. Pero reconoce que está a punto de entrar en la ancianidad oficial, y que cada día pertenece un poco menos al mundo que vivimos. Como Jorge VI,  necesita un logopeda justo para lo contrario: corromper aún más su palabra y y enseñarle a malhablar y a insultar como manda la academia de la calle. Aunque siga pensando que el discurso de ésta, sin ser tan pulcro  como cabe exigirle a un rey, debería recoger al menos el buen sentido y la gracia que antes distinguía al pueblo.

Otro cuento más de Navidad*

Hasta su Ministerio de Deportes se le había torcido últimamente. Menos mal que aún podría hacerse realidad otro cuento de Navidad...

Aquel hombre no creía demasiado en la Navidad. Había leído a Dickens, y sabía que a que al avaro Mr. Scrooge se le apareció el futuro que le esperaba si no cambiaba su  manera de ser y despertó del sueño siendo otro: un tipo encantador, sonriente, amable con los niños y, sobre todo, generoso. Como pedía la tradición de esa fiesta no laica que, a pesar de todo, se sigue llamando precisamente Navidad. Pero aquel hombre había sido más generoso que nadie. Es verdad que tiraba con pólvora del Rey, porque no gastaba de su bolsillo, sino del de todos. Pero también lo era que a base de repartir y repartir, y con la ayuda de los codiciosos especuladores, había dejado a su país más pobre, tembloroso y triste que lo que estaba el pobre tiny Tim en el famoso cuento del tal Charles Dickens.

Sin embargo, el hombre generoso que no creía demasiado en la Navidad tenía la suerte de ser, además, ministro del Deporte. Y, como tal, responsable  de todos los títulos, medallas, trofeos y galardones que su país había ganado durante su mandato. Un palmarés que causaba asombro. Nunca antes había pasado nada igual, al punto de que los éxitos deportivos, por aquello del “pan y toros”, le habían hecho olvidar al pueblo sus miserias, que desgraciadamente ya no eran pocas.

Mas…¡qué amarga ironía del destino!: hasta esa panacea parecía perder su poder balsámico. En el último año, y a pesar de los oros olímpicos, los tours de Francia, los masters y grandes slams, los ochomiles, los grandes campeonatos, premios y torneos y demás fabulosos triunfos conseguidos,  y aún contando con  que otro héroe llamado Andrés Iniesta había conquistado para su país lo que sin duda era la mayor gloria deportiva de todos los tiempos, la fortuna le había empezado a torpedear también su exitosa gestión como ministro. Intereses oscuros le habían arrebatado la organización de los Juegos Olímpicos. Intereses claros, pero nada románticos, le habían guindado los dos próximos Mundiales de Fútbol.

-A este paso-suspiró el ministro-,  y como los barandas de la FIFA sigan siendo tan peculiares, acabarán dándoselos a Islas Feröe antes que a España.

La cosa fue peor aún. Ya dice una de las leyes de Murphy que cualquier situación mala  es susceptible de empeorar. Cuando el deporte español se creía el rey del mambo, la mamá de Tarzán, el Señor de los Anillos, el cuerno de la abundancia y Alicia en el país de las maravillas, además de las pedorretas que arrojaron sobre nuestra dignidad, había estallado el fantasma de la droga para terminar de estropearlo todo.  Ahora su querido país, además de más tieso que una vela, empezaba a vivir bajo la sombra de la sospecha.

Pero para eso llega precisamente ese acontecimiento milagroso de la Navidad. En su sueño de esta noche, al ministro de deportes, como al señor Scrooge, se le aparecerá un futuro alentador que disipará cualquier temor y nos devolverá la alegría. No sólo es que las autoridades mundiales del deporte reconocerán  nuestros méritos. Ni que  Alberto Contador, Marta Domínguez y demás sospechosos resultarán libres de todo cargo. Ni que todos nuestros deportistas lo ganarán todo. Ni que el Barça seguirá batiendo records. Sino que además ningún equipo de fútbol bajará a segunda, todos los futbolistas cobrarán a tiempo, no habrá más calendarios de empelotados para llamar la atención sobre nada, los árbitros verán, los lesionados se curarán, los directivos inoportunos callarán, Ramos, Pepe y Reyes no harán más tonterías,  y -¡oh maravilla!- hasta Mourinho parecerá humilde y Guardiola la alegría de la huerta

Claro que esto no es más que otro cuento de Navidad. Que la tenga muy feliz el que lo lea.

(*) Publicado en MARCA el 24.12.010

Lo que aún no ha contado Wikileaks

Los líderes políticos se preguntan, con cierta razón, si la libertad de expresión y la libertad de filtración no se estarán pasando...

1

Qué triste vivir atormentado por la sombra de una sospecha, por el remordimiento, por el sentimiento de culpabilidad. Qué insufrible salir a la calle y tener la sensación de que todo el mundo está leyendo en el fondo de tu alma y conoce los secretos que más quieres ocultar. Qué tortura ver en cualquier  ciudadano con el que te cruzas a un juez togado que te mira fríamente mientras frunce el ceño y con cara  de calamar impasible lee su sentencia.

-Culpable. Se le condena a…

Nadie, ni los gatos de la calle, tan discretos y respetuosos, parece observar el principio de presunción de inocencia. Qué dura la vida de quien tiene que hacer doble vida.

2

Un agudo acotador de la actualidad disfrazado en plan Mortadelo como castaño de Indias lo hubiera constatado aquella mañana. Al igual que cualquier otro día, se podía ver a oficinistas diligentes vestidos de oficinistas diligentes que atravesaban el parque para dirigirse a su trabajo.  También a algunos buscones discretos que esperaban en lo más umbrío del jardín su encuentro con el amor oscuro. Y, cómo no, a los practicantes de “jogging”. Corrían en todas las direcciones.

Pero al ojo crítico no le pasaron inadvertidas dos figuras que avanzaban en dirección contraria. Ella era una chica  rubia que  vestía un chándal verde y corría como una gacela. Él, como tantos diplomáticos, era de los de trote cochinero: el chándal de Armani, eso sí. Pero sólo para mantener la forma sin aburrirse tanto como los colegas que pagan un gimnasio carísimo y hacen kilómetros  sobre una monótona cinta rodante.

Ambos se iban a cruzar, pero cuando se encontraron sus miradas, ralentizaron el paso. Y, sin  conseguir disimular el por qué, cambiaron su rumbo y tomaron direcciones opuestas.

3

Fue el oprobioso complejo de culpa. Si, a tenor de los últimos acontecimientos, impregnaba éste a toda la sociedad, que veía caer a otro mito -la única flor y nata que le quedaba ya a aquel país tan venido a menos- cómo no iba  a pesar sobre ellos, que al fin y al cabo eran atletas.

Ella, además, al igual que la otra gran protagonista de la Operación Galgo, también se llamaba Marta. Y aún no había tenido tiempo de pasar por la peluquería y cambiar el tinte de su cabello por otro menos llamativo. Recordó horrorizada el final de la noche en que conoció a aquel apuesto diplomático norteamericano. No es que se gustaran al primer golpe de vista. Es que se emborracharon juntos, se olvidaron de sus respectivas vidas, se acostaron en la misma cama  y ya al amanecer, antes del último envite  de la pasión, esnifaron una rayita de coca.

-¡Qué espanto!-pensó Marta- Se sabrá todo…Y acabarán desposeyéndome de la medalla que gané en la Carrera por el Corazón Sano que organizamos en la urba…

4

Pero más graves aún eran los motivos que angustiaban a Edgar Templeton, diplomático, y espía. Vivía sin vivir en él desde que saltó Wikileaks porque,  aunque había arrancado secretos de alto valor estratégico sobre los narcos colombianos, los nuevos ricos del petróleo rusos, las mafias chinas y el preocupante nuclear de Irán y de Corea del Norte, lo que más le inquietaba aún no había visto la luz.

-Con todas mis informadoras tuve la precaución de acostarme a oscuras-pensó.

Pero el encuentro con aquella dichosa Marta fue distinto. Con las demás  sólo servía al Departamento de Estado y al placer carnal. Con Marta había sentido además algo parecido al amor, y se había desinhibido sin tomar las debidas precauciones.

-Qué disparate-pensó mientras se abría la bragueta y se acercaba a la taza del retrete- Lo hicimos a plena luz, y ella lo vio. Me moriré de vergüenza…

Escudriñó todos los rincones de aquel cuarto de baño, buscando cámaras ocultas. Se temía que la bomba podía estallar de forma inminente. Pensaba que cualquier día de éstos, la filtración llegaría a EL PAÍS, y todo el mundo acabaría sabiendo que Edgard Templeton además de espía era agente doble.

Aún más: también se sabría que aquel hombre tan serio y competente, aquel diplomático ejemplar que tanto había arriesgado por la seguridad de Occidente, se había tatuado en el miembro viril la imagen de Hello Kitty.

El respeto y el respetable (*)

Chupón y algo chulito sí que es, pero en el fútbol hay otras faltas de respeto mucho más gordas que las suyas...

Ganaba el Madrid al Aleti 2-0, le llegó un balón en globo a Cristiano Ronaldo y el portugués insaciable lo dejó chocar suavemente por ese lomo que vale millones para pasárselo a uno de sus compañeros. Así, como diciendo: “ahí está mi clase, y si te picas me la refanfinfla”. Un notario invisible asegura que la reacción de Raúl García, no fue precisamente de alegría.

-Si eso lo haces con 0-0- dicen que dijo el jugador navarro-te doy una hostia.

O sea, lo que en la jerga taurina se habría llamado “el quite del desprecio” no sentó demasiado bien. Y al día siguiente, nueva polémica estéril en las tertulias. ¿Fue un abuso del crack luso?¿Faltó al respeto que se debe mantener en el campo por el rival? ¿Merece Cristiano que se le odie aún más por ello?

Sin conocer las reglas de la “respetología” en el fútbol, uno confiesa que no lo tiene tan claro. Por la misma regla de tres, la destreza y la clase son ya de por sí una provocación y un desprecio. “Si tú me regateas, me haces un túnel, un sombrerito, una cola de vaca, una rabona o una de esas virguerías que enardecen a la hinchada, estás descubriendo que yo no puedo contigo y me estás  dejando con el culo al aire. Ergo me estás faltando al respeto, porque quieres decir al público que yo juego al fútbol peor que tú”, podría argumentar cualquier defensa ante el delantero hábil y buen driblador. Elemental, querido Watson.

Apurando esta pintoresca teoría, la lista de “faltones al respeto” es tan larga como la de artistas del balón a lo largo de la historia. Desde Gainza, Di Stéfano, Gento y Collar, a Garrincha, Pelé, George Best, Amancio,Cruyff, Maradona, Romario y ahora mismo, a Messi, Iniesta, Agüero, el propio Cristiano y otros virtuosos que hacen grande a este deporte, casi todos dejaron sentados de culo en el césped a multitud de contrarios. Y nadie decía que su superioridad técnica pretendiera humillarles. Uno de los goles más famosos de la historia del Madrid fue el de Marsal al Athletic (entonces Atlético) de Bilbao en 1957. El fino interior madridista –malogrado después por una lesión de rodilla- hizo nada menos que siete regates a Mauri, Orúe, Garay, Canito y al portero Carmelo antes de chutar a puerta y marcar un golazo que pobló de pañuelos blancos las gradas del Bernabéu. A la muerte de Marsal, el gran portero vasco rememoraba el lance reconociendo noblemente que aquel gol “fue una obra de arte”.Evidentemente, Marsal pudo chutar antes a puerta y marcar, y al Carmelo no le hizo demasiada gracia que le sortease dos o tres veces antes de consumar la suerte suprema. Pero superar al contrario y recrearse en ello con talento era un comportamiento de ley.

-Aunque las cosas cambien-matiza Amado, que siempre tiene algo que añadir al triste papelón de su Aleti en los derbis- lo de la espaldinha no era para tanto. A mí, como a muchos, Cristiano nos parece un chulito y un chupón. Pero habiendo tantas faltas de respeto…

Y repasamos juntos las más habituales. Jugadores que mentan a la p… madre del contrario a la primera entrada. Árbitros que se hacen los suecos ante penaltis clamorosos que no quieren ver. Defensas kamikazes que siegan tobillos y luego, naturalmente, alegan que no era su intención lesionar a nadie. Entrenadores que hacen cambios innecesarios nada más que para perder tiempo y crispar al adversario. Vándalos que abuchean un himno, profanan los minutos de silencio, o lanzan al campo bengalas y cabezas de cochinillo. O simplemente, equipos que cobran mucho, juegan poco y se pitorrean de sus socios. ¿Tiene en cuenta el respetable esas otras faltas de respeto?

(*) Artículo publicado en MARCA el jueves 11. 11.2010, después de una nueva dolorosa derrota del Atlético de Madrid frente a su “eterno rival”. Qué le vamos a hacer.

¿No hay mal que cien años dure?

¿Conseguirá ganar el Atlético de Madrid al Madrid de una puñeterísima vez?...No es una cuestión baladí, caramba.

-Los refranes –pregunta el amigo Amado- ¿son una gilipollez que se repite muchas veces, o  tienen algún fundamento? Lo digo por ese de “no hay mal que cien años dure”…

No es del todo sincero el conspicuo colchonero. Lo dice porque el domingo es el primer  enfrentamiento Madrid-Atlético de la temporada y sueña con que su Aleti rompa la mala racha que le persigue desde hace once temporadas.

-Es desesperante-insiste-Alguno de mis hijos no han visto nunca una victoria contra el eterno rival. Les he pasado el video de aquella final de Copa que ganamos 2-0 al Madrid, con goles de Futre y Schuster y me dicen que les engaño, que seguramente los rojiblancos eran del Athletic de Bilbao. Desde que somos bicampeones de Europa ya no me preguntan por qué somos del Aleti. Me preguntan sólo por qué somos incapaces de ganar al Real Madrid…¿Y qué les digo?

Dado que en la cafetería de Amado toman café los profesores de la universidad Carlos III, el inquieto hincha atlético no pierde ocasión de consultar con los  que mejor pueden despejar sus dudas. El profesor Peces Barba, presidente que fue del Congreso y experto en Derecho Natural, no le soluciona nada, porque es merengón perdido y le dirá que lo natural es que gane el Madrid. Así que ha acudido a un catedrático de Historia  para preguntarle si ésta se repetirá otra vez más como un pesado regüeldo de morcilla. Inquiere luego al titular de Ética si es ético que el Madrid gane los derbys cuando debe ganar, cuando como mucho merece empatar, y empate incluso cuando merece perder.

-Pero carajo –se queja Amado- No pierde ni aunque el Aleti juegue cien veces mejor…¿Es eso ético?

Y acosa después al catedrático de Matemáticas preguntándole si hay fractales, integrales, cálculos algebraicos, ecuaciones raíces cuadradas  o cuentas de la vieja que permitan vaticinar el triunfo del Atlético aunque sólo sea por un miserable 0-1. Para acabar pidiendo al catedrático de Estadística las probabilidades de que coincida en un solo día una pájara de Cristiano, Higuain, Di María, Ozil,  Xavi Alonso, Pepe, Marcelo y  Casillascree que con éstos bastaría- con un partido inspirado de todo el conjunto atlético.

-Pero tiene que ser todo-insiste- Porque cualquier relajamiento de uno solo, cualquier fallo o despiste, nos cuesta el partido. Hay que tener en cuenta que el Aleti no sólo juega contra el Madrid, sino también contra Murphy, el de la famosa ley. Y que si puede pasar algo malo, no le sucederá a los merengues, le pasará al Aleti, ya te digo…

No es su ansiedad lo único que le hace desear un milagro para el próximo domingo. El sentimiento atlético hace estragos por doquier, y ha convertido esta causa imposible en el sinvivir de Alfredo y Dori, una pareja del barrio donde vive Amado. Tan atléticos como buenos católicos, llevan once años aplazando su boda canónica por  culpa de esta nefasta racha de su equipo. A lo que parece, habían acordado casarse después de un triunfo del Aleti sobre el Madrid, luciendo él un chaqué rojiblanco y  compensando la novia la tradicional blancura de su vestido de tules y rasos  con los gloriosos colores colchoneros  de sus prenda íntimas.

-Nada, no hay manera de que se casen- dice Amado- Una temporada más y ya no le entra el chaqué.

Ojalá gane el Aleti, y le entre el chaqué a Alfredo, y se lo ponga y, además de boda, haya bautizo. Porque Alfredo y Dori pudieron aguantar, pero entre tanto les nació un chaval, y ahora sólo esperan saber qué jugador del Atlético meterá el gol de la victoria para bautizarlo con su nombre. No hay mal que cien años dure. Ni sueño rojiblanco que no se pueda lograr…

Doña María escribe a Leyre Pajín

Si podemos elegir los apellidos…¿por qué no otras cosas más necesarias para la felicidad?

Querida ministra del respetibe

Haber si nos dejamos de tonterías. Por la presente le pido, o mallormente le exijo, que como ahora se va a poder elegir los apellidos para que los hombres no nos sigan aplastando y  la cosa esa de la igualdad, meta en la reforma las siguientes cosas muy importantes también.

1. Quiero se alta, guapa, lista, rubia, rica y tener un chófer como Arturo Fernández. Mejor, como Arturo Fernández con quince años menos.

2. Quiero que mis hijos sean tan guapos como Cayetano y Fran Rivera, que mis nenas se parezcan a Autrey Hembur y a Grace Kelly, que en paz descansen, pero qué elegantes eran, y que tengan tan buenos sueldos como Fernando Alonso y  la Ana Patricia Botín.

3. Pa mí misma quiero dejar de ser gruesa de los nervios, y pa mi Manolo, que se le quite la tripilla cervecera y que deje de roncar asín como de rechinar los dientes cuando duerme, que molesta mucho.

4. También me peta de haber nacío en Cornualles, que está en la parte de Inglaterra, y que es más fino que el pueblo donde nací.

5. Puesto que su gobierno es mayormente maravilloso y por pedir a nadie meten en la cárcel, le pido también que haga igualdá sexual entre el hombre y la mujer, con el ojeto de que a ellos les rebaje las ganitas y a nosotras nos facilite el gustito. ¡Igualdá ansoluta en los orgasmos!…¡Justicia, ya!

6. Ya metidas en juerga, haga que las mujeres como serbidora seamos cultas, finas y alfabetizás totalmente, y que seamos indemnizás con cargo al déficit del Estao por los muchos años de oprovio, machaque y desigualdá, que no vea cómo tengo los pies y las cerbicales de tantos años de trajín doméstico, y usté lo entenderá al ser también ministra de Sanidá.

Que Dios o quien sea guarde a usté muchos años. Suya afetísima y segura serbidora, con perdón por la expresión, pero es que una es mu antigua y de pocas culturas

María Fernández Rodríguez

Gladiadora de Hogar

P.S.- Si por lo menos me consigue usté una portería o cualquier empleo pa mis hijos en paro, también bale.

No ir a Oviedo y pasarse seis pueblos

Si son tan inteligentes y rigurosos...¿cómo no entienden que sus internacionales tendrían que haber estado allí?

El pueblo es soberano, pero muy inocentón. Cree que la entrega de los  premios Príncipe de Asturias es una ceremonia muy larga y aburrida llena de formalismos. Se imagina que en este acto tan jaleado por los políticos y los intelectuales sólo hay celebridades y autoridades de traje oscuro, discursos que aburren a las ovejas,  señoras con perfume caro y bostezos entre los asistentes. Hablando en plata, el vulgo piensa que es un coñazo, y que lo más colorista del protocolo es la recepción de Sus Altezas Reales por un grupo de paisanos vestidos de trajes típicos y la interpretación del Asturias, patria querida a cargo de los gaiteros, que ya tiene mérito.

Pero qué ignorancia la suya. Los grandes entrenadores de fútbol no piensan lo mismo. Ellos, conocedores del alma humana, profundos psicólogos que han cimentado su fama sobre el esfuerzo y la disciplina, saben que  la carne es débil, y que el futbolista más templado puede sucumbir  a los peligros que entraña un acto de esas características. Vade retro, Satanás, fue lo primero que se les ocurrió decir cuando invitaron a los campeones del mundo de fútbol para recibir el premio Príncipe de Asturias al Deporte que les correspondía. Es lógico: hay que ser de piedra para resistirse a ciertas tentaciones. La cabra tira al monte, y hasta un buen chico con aire de seminarista como Iniesta perdería los papeles en un ambiente de tanta disipación. Vade retro, Príncipe de Asturias del Deporte, que el sábado tenemos partido y no quiero que la plantilla se me distraiga.

¿Es ese acto tan peligroso como esas discotecas que trastornan a las estrellas del fútbol? ¿Será Oviedo hoy una bacanal? ¿Corre la hierba y la coca en los corrillos previos a la ceremonia? ¿Se emborrachan de sidra los asistentes? ¿Se inflan luego a comer fabada y arroz con leche para acabar bailando la conga por el vestíbulo del Teatro Campoamor? ¿Hay constancia de que algún laureado haya vuelto a casa con resacón por recibir el premio?…Más bien parece que no. Si además se considera el prestigio del premio, es lógico que a los organizadores y al aficionado le ilusione ver a los héroes de Sudáfrica recibiéndolo en persona.

Es más, cualquiera sabe también que Casillas y compañía pueden afeitarse y vestirse guapos, tomar un avión a la capital del Principado, recibir el diploma, posar para las fotos, regresar a casa y dormir tranquilamente para acudir al día siguiente al entrenamiento habitual. Pero para algunos entrenadores que quieren ser más estoicos que Séneca y más ascetas que San Juan de la Cruz tal cosa no es posible. Caparrós y Garrido han comprendido que la ocasión bien merecía un permiso para sus jugadores internacionales, pero los dos entrenadores más deslumbrantes de nuestra liga se plantaron con la seriedad del burro y dijeron que al día siguiente se jugaba un partido y que nada de frivolidades. Mourinho tuvo que transigir a las sugerencias de su presidente, y al menos ha autorizado al capitán para que asista a la ceremonia, pero el otro sólo ha permitido el viaje de Xavi, que está lesionado y no jugará el sábado. Guardiola no meará colonia, como sostienen algunos malvados, pero destila un afán de superioridad moral que al aficionado de a pie a veces le resulta cargante y que en este caso huele a desaire nacional.

-Se ha pasado seis pueblos –comentó mi amigo Amado, siempre tan buen intérprete del  sentir general.

Se han pasado ambos. Aunque haya que entenderles. Oviedo hoy no será Sodoma y Gomorra,  como imaginan Mou y Pep, y sólo se trataba de que los jugadores de la Selección Nacional acudieran a recibir su premio. Pero los divos son como son, y lo peor de todo es que les va bien.

-

Cantares y leyenda

Todos los ciclistas, incluso los buenos, bajo sospecha.¡Qué pena! Cada día cuesta más mantener un ídolo...

Cuando, en la película del mismo nombre, Amelie encuentra una caja de hojalata bajo las losas del cuarto de baño y  la abre, ve en su interior  un ciclista de plástico. Pertenecía a un niño que en 1957 ocultó en tan insólito escondite un pequeño tesoro. Aquel año fue el primer Tour de Francia de los cinco que ganó Anquetil. Qué curioso  que, de la película de Jean Pierre Jeunet, tan sorprendente por su gracia y por la originalidad de su guión, fue este mínimo detalle  lo que se le grabó a uno. Caprichos  de la memoria selectiva

El pequeño ciclista, como la magdalena de Proust, arrastraba un sinfín de  recuerdos y evocaciones. Por entonces en España  sólo el ciclismo podía igualar en pasión al fútbol. Cuando llegaba la temporada, se veía a los chavales emular las grandes pruebas en el suelo arenoso del parque o en el pasillo de casa. Lo que impulsábamos con los dedos por aquellas carreteras “de mentirijillas” eran  chapas de refrescos con las caras de los ídolos que previamente habíamos recortado de los cromos. Pero luego, donde llegaban las chapas, colocábamos para señalar su posición un pequeño ciclista como el de Amelie. Confiesa uno que había perdido de vista este paisaje desde que acabó su infancia. Y que recuperarlo en aquella película le hizo una gran ilusión. La ilusión que levantaba el apasionante y colorista deporte del ciclismo.

De aquella épica vivían los titanes de la ruta y la ilusión que despertaba el ciclismo. Pero de ilusión también se moría: diez años después el británico Tom Simpson cayó fulminado en Mont Ventoux por  un combinado de anfetas, alcohol y calor infernal. No seríala primera tropelía de los estimulantes prohibidos, pero sí el primer gran aldabonazo sobre las conciencias. Tras aquel suceso los ciclistas, que a uno le parecían tan inocentes como la figurita de plástico de juguete, empezaron a ser héroes bajo sospecha. Tampoco la sociedad entonces era estricta  como lo es ahora. Los estudiantes de derecho aprobábamos el Civil a base de Centramina y, aunque  sufriéramos una pájara en el examen, nadie nos tenía por delincuentes.

Sin embargo la sospecha de dopaje duele especialmente al recaer hoy en  Alberto Contador. Le veíamos defenderse ayer de la acusación de haber consumido una dosis ridícula de clembuterol y se nos encogía el corazón. Un hombre que tras superar un cavernoma cerebral ha dado tanta gloria a nuestro ciclismo ni necesita ayudas extra ni merece en el maleficio de la  duda. Pero ya sabe Alberto que no sólo se corre contra los kilómetros, contra reloj y contra la montaña, sino también contra los bastardos intereses ocultos que escapan al simple aficionado.

El día venía rarito,  porque además del disgusto de Contador nos trajo la noticia de la muerte de Manchón, un extremo izquierdo del Barça de cuando las delanteras de cinco hombres se recitaban con ritmo. Manchón no sólo ganó un carro  de copas, ligas y otros títulos que hoy suenan extraños, como la Copa Eva Perón, sino que, sobre todo, mereció el honor de ser cantado, junto a Basora, Kubala, César y Moreno por Joan Manuel Serrat en Temps era temps. Y esas cosas alimentan el mito. A Isácio Calleja sólo le tenía uno por vieja gloria de su Aleti y por buen amigo, hasta que fue cantado por Sabina en esa joya de himno que es Motivos de un sentimiento. Y así entró en la leyenda.

Como entraron Manchón y, volviendo al ciclismo y, por méritos propios, Alberto Contador. Ahora a éste, mala suerte, le quieren cantar no una gran canción como las de Serrat y Sabina, sino las cuarenta. Pero que esté tranquilo. Aunque los  motivos de su sentimiento sean de preocupación, le canten lo que le canten no saldrá de la leyenda.

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