Archivos para la Categoría 'Deportes'

De patriotas, forofos y “Eau de meade”

(Foto de Scaamanho)

Se entiende que el fútbol sea, incluso a estas alturas de la película, un saludable opio del pueblo. Una variante del panem et circensis con el que los césares adormecían al pueblo. Se comprende que gane España a Italia, después de ochenta años de conjuras e ignominias y que lo celebremos del Rey abajo casi todos los españoles. Mayormente los gobernantes, que así se libran un par de días de que los gurúes de la opinión les pongan a parir. Estamos en crisis, pero no nos importa, porque entre Casillas y Cesc nos han hecho recuperar el orgullo de ser españoles. El fútbol hace patria.

  Si ayer éramos un detritus de sociedad sin héroes, hoy somos los más grandes, y hay que desmelenarse. Moncloa respira aliviada. Los patrocinadores del campeonato se frotan las manos. Los medios, mucho más. Más consumo de TV, más venta de periódicos. La gente sólo compra con pasión los éxitos y el glamour, los perdedores, que en el cine quedan tan bien, son unos desgraciados. Quince millones de espectadores vieron por televisión la serie de penaltis. En Madrid, el consumo de agua en ese momento crítico se redujo en más del 50%: lo que ahorramos en fregoteos y en las cisternas que no vaciamos. Los anunciantes no se rascan la mollera demasiado, y sólo han tardado horas en arrimar el ascua a su sardina. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Viena, TOYOTA insertaba hoy un anuncio de página con una foto del equipo de Luis junto a uno de sus coches y este ambicioso titular: Queremos seguir haciendo historia. Lagarto, lagarto.  Hacer historia por haber llegado a las semifinales, caramba. A cualquier cosa llamaban chocolate las patronas, que se decía antiguamente. Pero el sentimiento de patria exige estas proclamas bobaliconas. por España.

 Supone el Duende que esa es la única excusa para autorizar la cobertura vergonzante que se da a la figura del hincha, omnipresente estos días en los telediarios y en los papeles. Nada tiene de malo ser aficionado, ni animar al equipo nacional. Es justo, digno y saludable. Pero de ahí a creer que cualquier grupo de gamberros borrachos envueltos en la bandera o vestidos de lagarteranas son tan mediáticos como los Luthier o las chirigotas de Cádiz y merecen que los demás escuchemos sus canciones y sus gritos como si fueran  Grammy de oro o genios del humor, va un abismo. El pueblo es más o menos sano, pero en las mejores familias hay un borrico que se convierte en energúmeno en cuanto le dan una oportunidad.

 Todo lo que tiene de bonito el fútbol -al Duende le encanta- lo tiene de abominable la vulgaridad del hincha embrutecido. Y por muy modelno que sea el alcalde y muy potente el grupo de comunicación que patrocina eso de ver la Eurocopa en la plaza de Colón, no hay razón para ofrecerles la calle a precio de saldo sabiendo, como se sabe, que los bárbaros acabarán haciendo de las suyas. O sea, cortando el tráfico, asaltando a la pobre Cibeles, zarandeando a los automovilistas que no insultaban a Italia, ocasionando sesenta y cinco intervenciones del SAMUR, vomitando por las esquinas, provocando a la policía y perfumando los aledaños de Colón con ese delicado Eau de Meade que deja cualquier concentración  de vándalos y guarros.

 por España, como decíamos. Aún  con el marrón de soportar que, a fin de cuentas, la necedad y la mala educación siguen siendo tan rentables como políticamente correctas.

Sobre la marcha

 El niño aquél no acababa de entender qué era la fe. La fe, le enseñaban, es creer en Dios. ¿Y cómo es Dios? -preguntaba el chiquillo. No tiene cara ni cuerpo, nadie sabe donde está, aunque está en todas partes -le decían- pero es lo más importante. Es el creador de todo, y  el dueño de nuestros destinos, ¿lo entiendes?. Tienes que creer en El. ¿Y cómo voy a creer, si no le veo? -replicaba el niño, inocente. Tampoco en una lata de melocotones en almíbar ves los melocotones, y sin embargo sabes que están allí. Vale, pensó el niño. En adelante, cuando le preguntaban cómo se imaginaba a Dios, respondía  que como los melocotones en almíbar.

Sospecho que muchos de los que revolotean por este blog están entre el niño de los melocotones y el unamuniano creo en Dios porque lo necesito. O, dicho de otra forma, si no hubiera Dios, habría que inventarlo. De tiempo inmemorial viene la controversia entre la fe y la razón, pero mira por donde la razón matemática ha venido a echar una mano a aquélla, y de paso a llenar las alforjas de Michael Heller, un filósofo y matemático, profesor de la facultad de Teología de Cracovia, que acaba de embolsarse 1.069.000 € en forma de premio otorgado por la Fundación Templeton de Nueva York. Al parecer ha demostrado que con fórmulas matemáticas se puede llegar a concluir que Dios no es ninguna broma.

Al leer la noticia, el Duende saltó de gozo. En parte por ver reforzado el argumentario del padre Bonete. Sin que salga de aquí, diremos que al mosén nunca le dejaron del todo convencido las cinco famosas vías con las que santo Tomás de Aquino pretendía demostrar la existencia de la divinidad. Parece mentira que fuera tan docto y asentara tales simplezas - dicen que llegó a afirmar en una ocasión Pero el júbilo duendal fue pronto ensombrecido por las dudas. Si él fue siempre de letras, y no llegó siquiera a entender ni la ecuación de segundo grado ni la demostración del teorema de Pitágoras, ¿cómo iba a llegar a Dios a través de las matemáticas?

La respuesta, como tantas veces, la hallado en los boleros. Caminemos, tal vez nos veremos después…, cantaban melancólicos los incombustibles Panchos. Pues eso: hagamos la marcha propuesta y, si no nos vemos con Dios sobre la marcha,  al menos nos veremos entre nosotros. Por contrastar, entre otras cosas, si los amigos de este blog responde a la imagen que uno se ha forjado de ellos a través de sus comentarios.

Le cuenta Candil al Duende que muchos esperaban su confirmación para cerrar sus planes. Pues por él, adelante, 19 de abril en primera y única convocatoria. Sólo se atreve a sugerir al guía que el camino sea asequible para una mayoría, o al menos gradual en el esfuerzo, de forma que el que flojee pueda retirarse y esperar o regresar tranquilamente al punto de partida.

Claro que, si llegar a la meta es cuestión de fe, bastará con llevarse una calculadora. Después de haber ascendido a Dios, como ha hecho el profesor Heller, lo de subir a la Pedriza seguro que es pan comido.

El placer de caminar

 Siempre es difícil contestar a la pregunta esa tan tontorrona de qué es lo que más te gustaría hacer en esta vida. Se supone que quien lo plantea quiere codificar en simples respuestas el secreto de la felicidad terrena. Teniendo en cuenta que las células del cuerpo humano se renuevan cada siete años habrán pasado por el cerebro del Duende no menos de ocho modelos de felicidad distintos. Así, sucesivamente, ser bombero, torero, Robinson Crusoe, delantero centro del Atlético de Madrid, casarse con Audrey Hepburn, dirigir a la Filarmónica de Berlín en la  Novena de Beethoven y meterse en el túnel del tiempo para recuperar el mucho perdido. Empeños todos inverosímiles. Sin embargo, uno de los más recurrentes en las últimas décadas lo encontró viajando en tren al levantar la vista del libro que se traía entre manos.

Como no podía ser de otra forma, en aquel momento desvió su atención de las letras  al paisaje. Apoyó la frente en la ventanilla -ya no es que sea peligroso asomarse al exterior, como advertía antes el letrero del tren, es que es imposible- y se entretuvo en imaginar, uno por uno, a dónde van a parar esos miles de caminos que se ven en cualquier recorrido. Como en el poema de Machado, blanquean, levemente serpean, se enturbian y desaparecen. ¿A dónde el camino irá?, se preguntaba don Antonio. Probablemente van a la felicidad. Nunca nos constará, porque no podremos recorrerlos todos. Y tal vez jamás  daremos con aquélla, pero no será porque no nos espere, sino porque seguramente nos detenemos antes de tiempo.

Desde entonces, como don Alonso de Quijano, comparte el Duende la tesis de que es preferible el camino a la posada. Y sin que azucen las coronarias, ni el colesterol ni la la amenaza de la tripilla cervecera, se enamora de cualquier camino. Sobre el terreno o sobre el papel. Tanto se pierde en el monte como en los libros de viajes o en los mapas y planos que almacena cual si, iluso de él, pudiera recorrerlos a peón. Este fin de semana anduvo el sábado por tierras de Segovia, machadeando un camino entre encinas y sabinares que une Requijada con Arahuetes, dos aldeas tan pequeñas que ni tienen bar.  A la espalda del caminante, la cordillera Carpetovetónica por su vertiente norte. A lo lejos, en un cerro, la muy noble villa de Pedraza. Por aquí se ha asentado una amiga de este blog. No quiere que se sepa, así que difundan la especie de que donde se ha hecho la casa Begoña es en Torrevieja, que es menos literario pero mucho más popular que estas aldeas de pan llevar.

A propósito. Ha llegado a la conclusión el Duende que hay entre los lectores del blog otros inquietos buscadores de felicidad. A pedal o pinrel. Le suena que José Ramón, Julián 29, Wallace, Gervasio, quizás Zoupon, no se si Ángelus, la infatigable Lola, puede que Macu, o muchos otros que olvido…son de los que no se están quietos, y comparten la pasión de caminar. Y pensó que, ahora que asoma la primavera, quizás sería divertido convocar una caminata sabatina por alguna cañada real o algún sendero de la zona centro. Quedar, presentarse con una credencial de imperdible, como en los congresos, con el nombre habitual del comentarista. Y sin más que un bocata, una cantimplora y buen ánimo, echarse a andar. Puede ser un plan.

Más que nada, por si es verdad que la felicidad nos espera a la vuelta de la primera curva. Se admiten sugerencias…

Demasiado viejo para ser amado

Spain Injection
(Foto de Torchondo)

En una canción nostálgica  de los años sesenta cantaba el Dúo Dinámico que murió muy joven para amar. Al nuevo himno nacional, si es que llega a nacer, le pasará lo contrario: nació muy viejo para ser amado. Al margen de las reticencias siempre interesadas de los partidos nacionalistas, la nueva letra es tan políticamente correcta como conceptualmente equivocada. Además de anacrónica, porque los himnos se heredan de otra época, y en estos tiempos de escepticismo, relativismo e individualismo tienen mal encaje.Suena antiguo, pero otros dicen cosas peores. La gloriosa Marsellesa es siempre emocionante, sobre todo cuando la coreaba Víctor Lazslow frente a las autoridades nazis que copaban el café Rick´s en Casablanca. Pero si se traduce la letra apela a las armas, y pide que la sangre impura empape los surcos de los campos. La que armarían los pacifistas y los apóstoles del talante si fuera así la aprobada ahora por la SGAE. El Asturias patria querida recuerda al asturiano de pro que tiene que subir al árbol y coger la flor, dársela a la su morena para que la ponga en el balcón. Es una manera de hacer patria que al resto de los españoles no se nos había ocurrido. Si no fuera porque lo aprobó todo un parlamento, uno diría que cualquier engendro de esos que se presenta en la Eurovisión tiene más sentido. El del colegio del Duende decía españoles, hidalgos, valientes, con la edad nos queremos mostrar. Lo cierto es que en sus aulas la mayoría no éramos hidalgos, sino plebeyos, y nos mostrábamos como éramos, con edad o con pantalones de pana. Ardor (guerrero) que brota de pechos que son tuyos, cantaba uno cuando era soldadito de infantería y en las misas solemnes debía sonar el himno del cuerpo. Uf, uf, uf, qué retórica rebuscada, qué exhibicionismo patriotero. Y no sigo, por no abrumar, no sea que el lector se me abra las venas con el bono-bus.

Así las cosas, la letra que ayer desvelaba el ABC no está tan mal.  Todos los himnos suelen decir muchas más bobadas que el elegido por el Comité Olímpico, pero el problema es que España no está para esas lindezas. Los sabios aún no se han puesto de acuerdo sobre su identidad, unos la ven compacta, otros desmadejada, unos la quieren simplemente, otros la detestan. Para algunos España es un afán, para otros, una mamandurria. Y con tantos debates filosóficos sobre lo que la mayoría creíamos resuelto desde hace siglos, la pobre España, con perdón por la rudeza de la expresión, no tiene el coño para ruidos.

Con todo, la polémica tiene un punto ingenuo. A estas alturas donde todo se desmenuza con colmillo retorcido, sorprende que alguien rompa una lanza por las formas, tan maltratadas por la costumbre y tan decisivas para modular la convivencia democrática. Casi todo lo que armoniza la vida de una comunidad está basado en el poder simbólico de las formas. Los padres de la patria no son los más listos de cada cole, pero les atribuimos la representación popular y debemos aceptar sus leyes. España no es el mejor de los mundos, pero es el que tengo más cerca, me soluciona muchos problemas, y por tanto y me debo a ella. Mi bandera no es la santa sábana, pero me identifica con muchos otros, y creo que me representa. Son las reglas de este juego. Mi himno no tiene remedio, pero hubiera hecho mejor su función con una letra que esta sociedad resabiada no va a aceptar aunque la firme Bob Dylan.

La solución sería que se aprobara esta o cualquier otra similar, se enseñara en las escuelas a las almas cándidas y calláramos los adultos hasta que toda una nueva generación la pudiera cantar sin complejos cuando juega la Selección Nacional o se iza la rojigualda. Porque, al cabo, toda canción es también un símbolo y hasta las de Dylan, Joan Báez, John Lennon o el mismo Serrat si se escuchan con detalle son tan voluntaristas, pretenciosas e idealistas como la que ahora ponemos a parir. Sin embargo está claro que cantar juntos refuerza la unidad. Y a uno, además le gusta cantar lo que sea. El nuevo himno llega demasiado tarde, pero qué lastima que no lo inventaran antes.

De pascuas a Ramos

 (Publicado en MARCA  el 1 de noviembre de 2007)

Muy hecho a la cruz de su nombre tenía que estar este Juande. Mucho tuvo que aguantar con los Ruiz Mateos, con Lopera y con Del Nido para salir, a pesar de todo, victorioso del intento. La Mancha imprime carácter. Primero alumbra a Pepe Bono y luego nos obsequia con un entrenador de fútbol que iba de humilde y en tres años se convierte en el mejor pagado del planeta. Me acuerdo de lo que decía el tío Jacinto, un paisano de de Navalcán que fue mi maestro de saberes campesinos. Famoso por sus sentencias, en casos así se quitaba la boina, resoplaba y moviendo la cabeza de lado a lado, apostillaba: Santa Coloma parió por el deo, y no me lo creo. O, para que lo vayan entendiendo los del Tottenham: St, Colomb gave birth throuhg a finger, and I  d´ont believe it.

LOS NOMBRES MARCAN, y Juan de la Cruz Ramos debió de tener mucho de sacrificado y bastante de providencial. A la vista de su trayectoria como jugador -sólo tres partidos en primera- y su esforzada gestión en equipos no punteros, lo que ha hecho con el Sevilla en los tres últimos años parece casi milagroso. Puede que haya sabido recoger lo que sembró Caparrós, que haya pulido como nadie los diamantes en bruto importados por Monchi y que se haya beneficiado además de las irregularidades del Madrid y del Barça. Pero puede también que se haya demostrado una realidad ya sospechada por algunos. Y es que el mejor entrenador -como el mejor árbitro- es el que, sin grandilocuencias ni pataletas, y sin el divismo de tantas falsas estrellas, deja hacer a los jugadores lo que mejor saben.

SÓLO DE PASCUAS A RAMOS BRILLA EL SENTIDO COMÚN. Unas horas después de su marcha, a Quique le echaron de Mestalla. El Valencia era el tercero de la clasificación, estupidez que desde que Mendoza echó a Antic de un puntapié con el Madrid de líder ya no sorprende a nadie. Juande bien podía haber servido de ejemplo para elegir el repuesto. Pero pronto empezaron a sonar Mourinho, Capello, Lippi, Koeman…Eso de aflojar la pasta en alguien famoso mola cantidad. Pudiendo pagar nueve millones de euros, que es lo que afana el portugués…¿por qué conformarse con la cuarta parte?

AL FINAL EL ELEGIDO HA SIDO KOEMAN, que tiene experiencia probada y seguramente cobra menos que Mourinho. Es majo y dejó buen recuerdo por aquí,  pero es otro extranjero más en el banquillo. Con lo grande que es la Mancha, y con la cantidad de entrenadores buenos y baratos que en ella se estarán criando.

 Un artículo así se cerraban antes con el consabido ¡qué país, Miquelarena! Entonces  Juande, hubiera marchado con una maleta de cartón atada con cuerdas. Ahora en cambio aterriza en Londres con baúles de Louis Vuitton para llenarlos de libras,  entrenar al Tottenham y vivir el resto de sus días a cuerpo de rey. O, como dirá él con su excelente acento de Cambridge,  to body ok king. Pero esto sólo pasa, como decía, de pascuas a Ramos…

El Raúl alternativo

(Publicado en MARCA 25 octubre 2007)

Raul TamudoLo avisó el poeta: Hay otros mundos pero están en éste. Había otras soluciones, pero también estaban en Raúl. No el del Madrid, el que da dolores de muelas a Luis Aragonés, según unos divinizado y según otros despreciado. No se trata del cásico por cuyo homenaje tanto se polemiza, sino de otro que sin tantos redobles de tambor va haciendo historia en un club y una selección poco acostumbrados a la gloria. Ay, Raúl Tamudo, qué grande eres. Y cuánto te debemos los que inconscientemente nos dejamos deslumbrar por las estrellas y ser guiados por los grandes predicadores del balón.

Salvo la pirula que le hizo a Toni en aquella final de Copa de tan infausto recuerdo para los Atléticos -entre los cuales se encuentra este duende- todas las suyas son buenas vibraciones. No abundaré demasiado en la maravilla de esa vaselina con la que apuntilló al Madrid el pasado sábado. Fue excepcional, pero en esta liga he visto goles de Javi Guerrero, de Sergio García, y de otros cuyos nombres no recuerdo que me hacen creer que, de cuando en cuando, algunos pies españoles adoptan la nacionalidad brasileña. Me refiero a su biografía, su record de goles con los periquitos, su rendimiento con la camiseta roja de España y, sobre todo, a su perfil humano.

En estos tiempos en que un canterano es visto por directivos y entrenadores con recelo, da gusto que alguno sea profeta en su tierra y permita soñar a los más jóvenes. A esos que son campeones de Europa o del mundo como juveniles y luego desaparecen o chupan banquillo en beneficio de un jugador importado. Tamudo ha conseguido superar esa maldición, y se lo merece. Le recuerdo cuando el Español le quiso traspasar al Glasgow Rangers, y el hombre no podía aguantar las lágrimas al despedirse. Es un gran futbolista, pero tan cumplidor y discreto que a ninguno se nos ocurriría adjetivarle como estrella.

Con su flequillo de Tintin, y ese aire de joven profesor universitario que le dan sus gafitas fuera del campo, Raúl Tamudo cae bien a todo el mundo. Y, si no el gran homenaje del otro Raúl, merece de largo estas líneas. Como escuché a un castizo que en un bar veía por la tele su último golazo, tará mudo, pero lo que ha hecho por el Español y la selección lo dice todo.

El hecho diferencial

(Publicado en MARCA el 18 octubre 2007)

Stoichkov ¿EN QUÉ SE DISTINGUEN UNOS FUBOLISTAS DE OTROS? En principio, hay once que llevan una camiseta de un color y otros once de otra. Pero a partir de ahí se les distingue por la elegancia de sus movimientos, por la calidad de su toque de pelota, por el tono de su piel, por el corte de pelo, por el tinte del mismo, por el pendiente, por el ceremonial con que celebran los goles, por sus devociones. Unos se persignan, otros miran al cielo, otros abren sus manos mirando a la Meca…Extrapolando lo que dijera el famoso torero, también en el el fúrbo hay gente pa tó.

SIN EMBARGO, TODOS COINCIDEN EN SUS MODALES. Labia y gestualidad, esa es la cuestión. ¿Quién no se excusa levantando las manos abiertas después de una tarascada? Todos son inocentes, el contrario nunca cae porque lo barremos, sino porque la ley de la gravitación de los cuerpos es inexorable. No son nuestros tacos los que van a la tibia, sino la tibia del adversario la que busca nuestros tacos. De otra parte, ¿qué labios no pronuncian hijoputa o tu puta madre cuando el adversario se pasa de viril o el juez de línea no atina? La ONU del balón que juega en España sufre a veces múltiples problemas de adaptación. Pero es sorprendente la facilidad con la que asimilan, supongo que por ósmosis, el catálogo de exabruptos y vituperios que recoge el Diccionario Secreto de Cela. Pueden venir de Gambia o de Azerbaiyán, pero a los tres partidos ya dirán los insultos de rigor con la pulcritud verbal con que Fernando Rey declamaba los versos de Calderón. (No el Calderón del Madrid, que aún no se ha atrevido a recitar, sino el de La vida es sueño).

SALVO AQUEL SANTO ROJIBLANCO QUE SE LLAMÓ GÁRATE, que ante el martirio implacable de Goyo Benito o de Gallego sólo se encogía de hombros y decía, eso no se hace, todos los futbolistas han insultado a lo bestia. Lo malo es que ahora, gracias al zoom, insultan urbi et orbi, y hasta el más lerdo lee en sus labios la mala educación. Lo cual plantea problemas a aquellos presidentes que, considerando a su club estandarte del nacionalismo, ven cómo los jugadores se cabrean o festejan sus goles como si el hecho diferencial les trajera al fresco. Intolerable.

SEÑOR LA PORTA, SEA COHERENTE. A Stoichkov se le podía perdonar un hijoputa en román paladino, porque la directiva de entonces era tibia y estaba desnortada. Pero usted que tiene tan clara su misión histórica, que sueña con la Selección de Cataluña, vela por la lengua catalana y aspira a proclamar la república del Barça, debe exigir el hecho diferencial. Si hay insulto, que se diga en la lengua de Verdaguer. Y no permita que sus estrellas celebren sus goles de cualquier manera: donde esté una sardana, que se quite la samba o la cucaracha de los goleadores sin ideales.

Lo demás sería confundir al club que tan dignamente preside con ese babel mercantilista de los que sólo son profesionales del fútbol.

El sudor y la gloria

(Publicado en MARCA 11 de octubre de 2007)

Selección Espanola

Me dice mi amiga doña María que aunque en su casa son del Aleti y en principio siempre estarán con Luis Aragonés, también comprende el mosqueo de Raúl por la bola negra que Zapatones le ha puesto. Tampoco le ha seleccionado para jugar contra Dinamarca, vaya por Dios. Menos mal que no hay mal que por bien no venga. Luego se acuerda de Mamen, y piensa que al menos ella agradecerá no tener que hacerse cargo de la camiseta extraña con la que, inevitablemente, volvía el ídolo merengón de estos duelos.

La cuestión que le inquieta no es si España juega mejor o peor con Raúl que sin él, porque la selección ha aburrido tanto en un caso como en otro. Lo que verdaderamente le preocupa es un misterio que hasta ahora nadie se ha planteado. El fútbol está lleno de arcanos. Por ejemplo, nadie sabe cuándo hará del Nido la próxima declaración trascendente, como si en lugar de un vulgar presidente fuera san Isidoro de Sevilla. Tampoco se conoce si llegó a clasificar Linneo la maravillosa especie de rosa que florece bajo el culo del Real Madrid desde tiempo inmemorial, y que le permite ganar partidos incluso cuando no los merece. Ni cuándo se va a inventar el demagómetro, para medir el nivel de tonta demagogia populista de La Porta. Ni cómo hace Abiatti para cambiar las bombillas fundidas sin que se le resbale el recambio. Pero también éstas son incógnitas menores. Lo que verdaderamente le inquieta a doña María, todo sentido común, es qué carajo hacen las esposas de los ídolos con las miles de camisetas que van acumulando sus maridos en el fondo de armario. ¿Las lavan, planchan y guardan junto con la ropa de uso normal? ¿Las empacan en un mega relicario ? ¿Caben aún en sus mansiones? ¿O tienen que alquilar contenedores especiales para almacenarlas?

La poblemática es aún más grave para el hincha que consigue la camiseta lanzada por el ídolo a la grada después de una hazaña. Se supone que para ellos será un preciado tesoro, una prenda tan sagrada como la Sábana Santa para los creyentes. ¿Quién se va a atrever a lavarla, sabiendo que esa elástica guarda las esencias de dioses como Raúl, Messi, Agüero, Kanuté o Kaká? Los jugadores que ganan sus partidos se abrazan entre sí como si tal cosa. Incluso sus entrenadores y directivos, a menudo bien trajeados, los reciben en sus brazos sin remilgo alguno. Cualquiera diría que, en lugar de maloliente sudor, desprendieran esos cuerpos gloriosos perfume de jazmín. Pero la española de a pie, como doña María, no deja de pensar en las facturas de tinte que pagan Calderón, La Porta y Del Nido, normalmente tan atildados, por fundirse con los suyos cuando hay trofeo y foto para la historia.

Mientras tanto, el forofo ingenuo sueña con la gloria sentado en el baúl que guarda las camisetas sudadas de sus ídolos. Eso sí, no podrá abrirlo nunca, porque el día que lo haga caerá víctima de una tufarada mortal.

Con lo fácil que es sonreir…

Ramon Garcia

El personaje más incombustible de todas nuestras televisiones se llama Ramón García. No tiene nada especial, ni siquiera el apellido. Se podría decir que es el perfecto hombre corriente. Y sin embargo ahí está, aguantando años y programas y formando ya parte de la iconografía de la nochevieja gracias a esa capa negra que lo asimila ligeramente al primo provinciano del conde Drácula. Uno se pregunta por sus méritos, y no encontrará ninguno imposible de alcanzar por otras glorias mediáticas que sin embargo no tocan pelo. Tal vez que trata de ser simpático y sonríe casi siempre. Tomen nota, porque a pesar de lo competitiva que es la sociedad moderna, hay algunos puestos-chollos que se `pueden defender estupendamente así. Uno es el de Ramón. A lo mejor es un actor tan profundo como John Gielgud o Fernando Fernán-Gómez, pero sólo pretende pasar como un buen chico cumplidor y simpático. Ya podría seguir su ejemplo Luis Aragonés, otro elegido de la fortuna que, sin embargo, se cisca en ella. El ahora denostado seleccionador nacional de fútbol fue un buen jugador, expeditivo y eficaz al que llamaban Zapatones.. Corría sin ningún estilo, y según un castizo de la grada tenía los pies rizaos. Pero metía muchos goles. Uno de ellos, de un golpe franco magistral, estuvo a punto de hacerle campeón de Europa a mi Aleti que, en los minutos finales, por no fallar a su infausta tradición, la cagó y entregó la victoria al Bayern Munich. Después, y con la prensa a su favor, Luis forjó fama de buen entrenador. Todo lo ha arruinado ahora su mala educación y sus nefastas condiciones de comunicador. Con lo fácil que es ser amable. Con lo agradable que es cobrar un millón de euros al año por salir de viaje, atender a la prensa, firmar autógrafos y, de vez en cuando, dejarse hacer una foto con un niño. La Selección nacional de Fútbol es una pena, y probablemente no tenga remedio. Pero no debe amargarnos más aún con la permanente cara de cabreo de Luis Aragonés. Ramón García, majo, cuelga la capa del primo de Drácula y ponte el chándal. Que estamos hartos de malas maneras.

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Puerta

Alégrate si al despertar sientes molestias en alguna parte de tu cuerpo: eso significa que estás vivo. Con lo barata que se ha puesto la muerte este verano. Eres peruano y te traga un desliz de las placas tectónicas, eres griego y corres el riesgo de que te carbonice un pirómano, eres irakí y te puede volar la cabeza el fuego enemigo, amigo o mártir, según caiga la moneda, eres automovilista y quizás ni tu prudencia te defienda de un kamikaze del asfalto. Más aún: eres un futbolista cotizado con planta de atleta, en la flor de la vida y en el mejor ciclo de la historia de tu equipo, y te fulmina un corazón equivocado. Difícil sustraerse al melodrama colectivo que es la muerte de Antonio Puerta, jugador del magnífico Sevilla que ha ganado cinco títulos y sin embargo llora desconsolado. Le he visto por la tele: se daba un aire con aquel juvenil Vittorio Gasman que tantos corazones rompió en el cine de los sesenta. Dicen que era el más alegre de la plantilla, y que tendrá un hijo póstumo: más pasto para la verborrea bien intencionada, pero empalagosa hasta la náusea, con la que queremos hacernos notar en estos casos. Antonio Puerta está jugando allá arriba ese partido que todos jugaremos algún día -vino a decir, más o menos, el presidente del club rival. ¡Ojú, qué vergüencita, el pico de oro que nos da la muerte de un ídolo popular! En estos momentos de pasmo en Sevilla, no he escuchado nada de una paradoja llamativa. Hay otro Puerta sevillano, Diego Puerta, que fue la figura del toreo más cosida a cornadas que se recuerda. La muerte le rozó en innumerables ocasiones, pero salió ileso y triunfador. Los designios del Señor son inescrutables, y tanto. Otra de las bobadas que se dice en estos casos es que los elegidos del Olimpo mueren jóvenes. Pues vale, pero es muy triste y, sobre todo, absurdo, y a ver quién explica eso. Entretanto, sonriamos si al saltar de la cama nos golpeamos el meñique contra una de sus patas. Es el dolor más tonto, y jode muchísimo. Pero nos recuerda que aún tenemos la suerte que le falló a Antonio Puerta.

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¡Ay, Raúl, ya no te vengues tanto!…

Raul González

Aquel presidente voluminoso y ostentóreo, que Dios tenga donde crea conveniente, estuvo sembrado. Decidió que la sección infantil del Atlético de Madrid no era rentable y puso de patitas en la calle a un muchachito espigado, rápido y listo. Qué clarividencia la suya, le abrió la puerta a Raúl. El despreciado fichó por el enemigo de la calle de Concha Espina y desde entonces este hombre vive por y para vengarse del club que amaba y que no hizo por él. Si el Madrid sufriera semejantes venganzas de todos aquellos a los que ha dejado en la cuneta de su camino siempre adoquinado con oro -Etoo, Milito, Valdo, Luis García, Helguera, Mista, Rivera, Pablo Hernández, Diogo, Portillo, Pavón, Mejía, Toti, etc- el opulento merengue perdería sin cesar. Como hombre de fe con espíritu crítico, tengo bastantes objeciones que hacerle a Dios. Una de ellas es que, en los duelos Madrid-Atleti siempre se viste de blanco, y si no tiene ganas de trabajar, aplica indefectiblemente la ley de Murphy en contra de los rojiblancos. Ayer se cumplió la tradición: Raúl resucitó y le metió su consabido gol al Atleti. El año pasado al Atleti le birlaron un gol legal, este año metió un gol en fuera de juego y el árbitro acertó, qué curioso. Fue un partido igualado, y pudo ganar uno u otro o quedar en un empate. Pero había que justificar a Raúl para el resto de la temporada y cumplir la tradición. No le voy a pedir a la Providencia que se enmiende, porque ya se le ven los colores. Apelaré al ejecutor de sus planes, que es hombre de principios, buen patriota, héroe nacional, ejemplar profesional, capitán carismático, esposo y padre modelo y hasta buen chico. Por si le gustan los boleros, se lo cantará un atlético con el mismo sentimiento de los Panchos: ¡Aaay Raúl, ya no te vengues tanto!… ¡Ay Raúl, no me trates así!…Si no más puedes causarme llanto…¡Ay, Raúl, olvídate de mi!

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Rozando el milagro

Kun Agüero

 Me acuso de haber dudado de Ti. Me acuso de tomarte poco en serio. Me acuso de andar como un funámbulo por la peligrosa cuerda del relativismo, jugando a que si por un lado me tira la razón, por el otro me salvará la fe. Yo, señor,  dudaba de Ti porque desde la temporada 1995-1996 habías condenado a mi equipo no sólo a la mediocridad, no sólo al ostracismo, no sólo a la desesperación de la grada, no sólo al ridículo de sus directivos y técnicos…Sino, sobre todo, a no volver a jugar jamás al fútbol. Pero ayer…Ayer mi Atlético de Madrid volvió a un torneo europeo con todos los honores y ganó con autoridad, y divirtió al público, y marcó tres goles, más uno injustamente anulado por el berzotas de turno…Y  además, oh Señor…¡jugó al fútbol!…Corrió, acorraló al rival, trenzó jugadas, hilvanó pases, se desmarcó con sentido, no pifió ni un balón en defensa…Y ahora, Señor, una curiosiad: lo de fichar a futbolistas serios como Forlán,  Raúl García, Simao o Reyes, lo de convencer a Maniche y Seitaridis de que deben hacer aquello para lo que se les contrató y, sobre todo, lo de no poner al Kun Agüero  en el banquillo, sino en el campo…¿es milagro tuyo, o es sólo sentido común?

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Un nuevo rico llamado Schuster

Bernhard Schuster

Más que el fútbol me gusta el Atleti. Lo cual puede significar que soy adicto al romanticismo, al existencialismo sartriano (ya se sabe: la angustia de vivir, la náusea, etc) o al puro masoquismo. Qué le va a hacer uno, si la vida le hizo rojiblanco.  Y sólo aprecio a Bernard Schuster por sus años en el Calderón, donde me deleitaba la elegancia de sus pases y la calidad de su champú (es una chorrada de observación, pero no me negarán que aquellos vaivenes de olas rubias cuando corría - no mucho, por cierto- sólo eran comparables a los de la testa de Luis Cobos). También aplaudí su trayectoria de entrenador en equipos digamos modestos. Hasta que ha llegado al Real Madrid, claro. Aquí podría contestar lo mismo que Luis Mazzantini, aquel torero que cuando se retiró se enganchó a la política. ¿Cómo se puede pasar de matador de toros a gobernador civil? -le preguntaron. Y el hombre no se anduvo con rodeos: muy sencillo, degenerando. Es el triste sino de los entrenadores que escalan posiciones y llegan a clubs de los llamados grandes. Salen del Getafe, donde han triunfado con jugadores como Casquero, Güiza y Pachón, que no entrarán ni en la agenda del Chelsea ni la del Milan, y en un Madrid que ata los perros con longaniza de ibérico puro aún les parecen poco Guti, Robiño, Saviola, Batista, Pepe, Metzelder, Cannavaro, Van Nistelroy, Sneijder, Drenthe…Siempre echando de menos a un Kaká o a un Robben. Aquí en el mundo del fútbol todos tiran con pólvora del rey,  ya sea para comprar un defensa a cojón de mico o un extremo al precio de un pozo petrolífero. Se recalifica un solarcillo más y a seguir comprando. Ahora el llorón es el mismo Schuster  que el año pasado tenía el mérito de hacer buen fútbol con jugadores buenos, no con estrellas. Le  falta el valor de Mazzantini para reconocer que un buen entrenador puede degenerar rápidamente en nuevo rico del fútbol.

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Eternamente…¿qué?

El padre Bonete es del Atleti, Braulio también, Esmeralda Clamores tuvo hace años un lío con un utillero del Atleti, aunque ella, naturalmente, lo desmienta. Y en el baño de casa de doña María me consta que el juego de toallas, el cobertor del asiento del taburete y el forro de la tapa del retrete llevan las listas rojiblancas. Incluso un observador avezado distinguiría que yo también soy del Atlético de Madrid, aunque del sector nostalgia. Pues bien, el comentario de todos ellos a la nueva campaña de publicidad del club ha sido el mismo. ¿Por qué afinan tanto los publicitarios y tan poco el cuadro técnico? ¿No sería lógico que, en lugar de gastarse dinero en creativos pagaran a tipos como Monchi? Confieso que lo de un club grande es uno de los tópicos del fútbol que más me irrita. ¿Grande en qué? Para mí los más grandes de esta temporada han sido el Sevilla y el Geta, que han sabido sacar dos euros de jamón en lonchas gordas. Grandes a base de fanfarronadas y pelotazos financieros no los quiero. Sobre todo si siguen el esperpéntico camino que, año tras año, repite mi equipo. Así que mientras Forlán, Simao, Reyes, Luis García y demás tropa no nos hagan cambiar de opinión, sugiero que no arriesguen tanto en el slogan. Por ejemplo, en lugar de ETERNAMENTE GRANDES, pongan ETERNAMENTE ILUSOS.

Dejo una muestra de la campaña en cuestión.

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El Contador de Cuento

Contador 

Conocíamos al contador de las herencias, del taxi, del agua, de la luz, del gas…Y de repente se plantó en la conciencia colectiva el Contador de Pinto. Antaño una figura así tardaba varios años y unas cuantas colecciones de cromos en cuajar. Antes de ganar su Tour de 1958, Bahamontes se había hecho famoso como águila de Toledo coronándose rey de la montaña en numerosas carreras. Y tanto Ocaña como Delgado e Induráin sonaban a aspirantes a la gloria antes de tocarla en los Campos Elíseos. Ahora todo va más deprisa: entre las trampas de unos y el tesón de un bravo ciclista madrileño que se inspiró en Armstrong para resurgir tras una grave lesión, las figuras se hacen en una temporada. Sospecho que éramos muchos los que no sabíamos quién era Contador antes de este tour. Por eso su victoria nos alegra más: verle en el podio de París con su figura frágil y su mirada de niño asustadizo, sonriendo a los acordes del himno nacional –en versión un poco pachanguera para la solemnidad del acto, eso sí- era la culminación del sueño de los humildes. Dicen que quiso ser veterinario, y que es un apasionado de la ornitología. Se lo imagina uno sencillo y con vocación de alegría veraniega, ligero y colorista, como uno de sus jilgueros. Pero velay por donde, como sin darle importancia, ha conseguido la hazaña que todos ciclistas envidian. Como un cuento feliz que Contador contará a sus nietos así: yo iba para veterinario, y me gustaban los pájaros. Pero me puse a volar sobre la bici, y acabé ganando el tour de Francia…

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