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El Atlético te hace más que fuerte

Imagen que tomamos prestada de chotysalazarpmmc.blogspot.com Suponemos que estarán tan contentos que no se molestarán porque nos tomemos esa confianza

Imagen  prestada de chotysalazarpmmc.blogspot.com
Suponemos que estarán tan contentos que no se molestarán porque nos tomemos esa confianza

1

-Venga, Peque –le dijo su padre- Bájate los cascos de cerveza y los tiras en el contenedor, que hoy sí que estarás contento.

Como el Peque era un buen muchacho y un bienmandado recogió el bolsón de IKEA donde iban a parar los envases de vidrio e hizo lo que habitualmente en estos casos: acercarse al contenedor verde e imitar a Pau Gasol encestando por el agujerito, uno a uno, los innumerables  cascos de cerveza que había que eliminar después de cualquier partido de fútbol.

-¡Joder, otra vez!- exclamó mientras un goterón de cerveza le recorría la parte inferior del brazo derecho en dirección al sobaco.- Si se criaron con tanta austeridad como dicen…¿por qué no apuran toda la cerveza antes de tirar el casco?

Desde sus jóvenes y un tanto ingenuos catorce años el Peque sacó del bolsillo un pañuelito de papel, se limpió como pudo la pringue cervecera y se dijo que no comprendía a los mayores. Se habían pasado buena parte del partido contraponiendo lo miserable que era la España de su infancia con el despelote de gasto que trajeron los años de falso esplendor y ahorano tenían el detalle de bebérselo todo antes de desechar los botellines.

-Mira que se lo he dicho veces, leche- rezongó entre dientes.

2

El Peque era el menor de una familia de cinco hijos. Nació por uno de aquello errores de cálculo distanciado once años del hermano precedente, o sea, que no le sirvió de nada  llamarse Bruce en homenaje al boss, al que tanto admiraban sus padres, porque siempre fue el pequeño, y con Peque se quedó como único nombre. Mimado, sí. Pero para los efectos, el último mono, el chico de los recados. Los padres del Peque hacían de pegamento en una complejo organigrama familiar que incluía una bisabuela en silla de ruedas con la cabeza funcionándole como un Omega, dos abuelos maternos en buena forma, seis tíos con sus respectivas parejas y una ristra de primos y primas que se juntaban en el chalé de su padre en número variable según la categoría del evento deportivo que se transmitiera por la tele.

Y el de esa noche había sido uno de alta expectación.

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-Aún recuerdo lo emocionada que estaba mi madre la primera vez que pudo votar- había comentado entre suspiros la Bisa a lo largo de la noche- cuando alguien habló de lo difícil que es cumplir sueños.

Los mayores son así-pensaba el Peque. Dan el coñazo con el rollo de la austeridad  y con lo que sdespilfarraron las autonomías y Zapatero, pero al tiempo recuerdan sus sueños cumplidos. Eso sí, luego voy yo, les digo que no quiero ni un culín de líquido en las botellas vacías y como quien oye llover.

A lo largo de la velada, entre un ¡ay! por ese entradón a los tobillos un uy por esos balones al poste, un oh por las paradas de Courtoistres explosiones de júbilo por los goles y varios mierdas repartidos entre los numerosos madridistas, muchos de los mayores habían contado algunos de sus sueños cumplidos. Quién la llegada del hombre a la luna, quién las primeras elecciones libres que trajo la democracia, quién la caída del Muro. A la abuela Pilar le emocionó que el papa Juan XXIII le regalara un rosario bendecido de su mano, al abuelo la primera moto Sanglas que se pudo comprar con sus ahorros, a la tía Elena el autógrafo que le firmó Charlton Heston cuando vino a Madrid para rodar El Cid, y al tío Vidal haber aprobado las oposiciones de letrado del Consejo de Estado. Hasta a su hermana Carmen, enamorada de Pelocho desde el primer día que le vio montando a caballo en el Club de Campo confesó que, cuando años más tarde se le declaró, ella recordó lo que acababa de decir José Luis Garci  en su desastroso inglés tras recibir el  Oscar.

O sea, eso tan manido de que sometimes dreams come trooth.

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El Peque seguía cabreado cuando regresaba a casa. Por la falta de delicadeza de los bebedores que no apuran sus botellas y por lo que le costaba apretar el botón de la fuente pública donde se lavaba los churretones de cerveza. Esas fuentes deben de estar hechas para Mazinger Z –pensó. Pero lo cortés no quitaba lo valiente. En el fondo, y a pesar de que el  mundo seguía estando contra él en tantas cosas, se sentía  más feliz que la Bisa, que los abuelos, que la tía Elena, que el tío Vidal, que Carmencita y que el mismísimo Garci cuando tuvo en sus manos la codiciada estatuilla del Oscar. Por fin había encontrado razones aplastantes para contestar con la cabeza bien alta a todos sus compañeros de colegio que le seguían martirizando después de catorce años de derbies entre  Madrid y Aleti.

-Oye, Peque…-le decían invariablemente restregándole por los morros el fiasco de aquellos partidos-¿Por qué coño sigues siendo del Aleti?…

El Peque les iba a contestar que no sólo porque el Aleti había acabado con la maldición guindándoles la cuarta final de Copa que jugaba contra el Madrid en su propia casa. Ni tampoco porque los indios sí habían conseguido su Décima, y no como los vikingos, que habían sido incapaces de conquistar la suya. Sino porque además lo habían hecho con la misma  suerte y las mismas ayuditas del árbitro que tantas veces beneficiaron a los merengues.

-El Aleti te hace fuerte –murmuró el Peque mientras plegaba la bolsa de IKEA vacía y volvía a sonreír- Pero ni santo, ni gilipollas…

 

 

Prioridades

Debías haber priorizado, pero el recuerdo de todo lo que te había hecho sentir aquel actor llamado Alfredo Landa magnetizó tu atención...

Deberías de haber marcado otras prioridades, pero el recuerdo de todo lo que te había hecho sentir aquel actor llamado Alfredo Landa magnetizó tu atención…

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Priorizar. De vez en cuando te da un ataque de importancia y piensas que lo que caracteriza a los grandes hombres, a esos que luego pasan a ser las glorias de la patria, es saber priorizar. Te imaginas que hoy, por ejemplo, habrán saltado enloquecidos de la cama gritando su obsesión del día.

-¡Educación!…¡Reformémosla como sea! ¡Educación para todos, pero como la que me gusta a mí!

Es lo prioritario. O debería serlo.

¿Por qué carajo en España nos ponemos barrotes entre las ruedas y perpetuamos los problemas que en otros países han resuelto ya hace tiempo? ¿Por qué hemos hecho del sentido común un imposible metafísico? ¿Cómo es posible que no estemos e acuerdo en los conocimientos que necesita un ser humano español para afrontar la vida? Tú ya no piensas en reformar casi nada de tu patria, porque careces de carácter para ello. Es una suerte que no pertenecieras a la  generación del 98, porque entonces tu escepticismo te hubiera rebosado hasta por las orejas, y hubieras sido una suerte de amargado de los que acaban hastiando al personal. Groucho decía que cuanto más profundamente conocía al género humano más amaba a su perro. Si hubiera sido español y renegado de todo lo que puede unir, como parece que ordena el ADN nacional, acabarías amando desesperadamente a la salamanquesa que vigila tus sueños en el campo.

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Deberías priorizar. Pero como lo único que tienes claro es que no tienes nada claro, se te ha entreverado un sueño que te deja trastornado, y no estás para priorizar nada. Te situaba el sueño en la casa de un compañero de colegio que reúne el dudoso honor de haberse hecho multimillonario, ser conocido de toda España por sus amoríos y sus negocios y condenado por notoria estafa de muchos ceros a la derecha. Un prenda. Nunca fue compañero de pupitre, ni propiamente amigo. Tampoco sufriste las humillaciones y las gamberradas que solía prodigar con los más apocaditos de la clase. Sin embargo aparecía en el sueño como si fuera un tipo normal, incluso más bien atento contigo. Tú sabías que era un perfecto bellaco, pero te planteabas una cuestión que siempre te ha inquietado: cuando un pajarraco te ofrece su cara más buena…¿lo correcto es volverle la espalda o, por el contrario, corresponderle con la generosidad y el buen trato que merece incluso el delincuente?

Ni en el sueño despejaste la duda. Al revés, se vio ésta emponzoñada porque de repente, cosa muy de colegial, te dio un apretón, corriste al cuarto de baño y al final se te rasgó la piñata de caca antes de que te diera tiempo a centrarla en la taza del retrete.

-Pobre Alberto –pensaste- Encima  de lo que piensas de él le dejas el cuarto de baño regado de mierda.

Sentiste vergüenza, y quisiste escapar de aquella pesadilla a toda costa. Cuando despertaste, no eras capaz de dar lecciones de buena educación a nadie. Todo por no saber priorizar a tiempo, y haberte largado de la casa del compañero rana antes de cagarte por la pata abajo.

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-Gregory Peck  y Marlon Brando no necesitaban más que su rostro para ser actores-sostenía la tía Clota, que en paz descanse- Por mucho que aprendieran en el Actor´s Estudio y le dieran al método Strasberg, se lo debían todo a haber nacido así de guapos e interesantes. El mérito es tener cara de berenjena como Alfredo Landa y que te haga reír, llorar y emocionarte como si habitara un mago dentro de su cuerpo.

La tía de Homper  pasó en Estados Unidos más de la mitad de su vida, y era una apasionada del cine. Hoy recuerdas esta anécdota que te contó tu amigo porque no puedes estar más de acuerdo con ella. Algunos actores no son más que el pueblo mismo carrozado con su fisonomía, y este era el caso del fallecido Landa.

Últimamente el destino furibundo ha inflado sus carrillos y se va llevando de un soplo a muchos de de los personajes del cine y del teatro que llenaron tu vida. Te van abriendo el camino, demostrando que la muerte discreta, después de todo, no es tan mal final. El último ha sido el gran Alfredo, al que la mayoría echará más de menos que a muchos de sus familiares. Lo prioritario era desvivirse hoy por la negra suerte de la educación en España. Pero tú te desvives –o sea, vives un poco menos- suspirando por la ausencia de otro de los tuyos, otro de los nuestros. Menos mal que la carrera de relevos continúa.

Pegamento de corazones

Estra es otra hostoria de un amor otoñal unido por por un pegamento imposible...

Esta es otra historia de  amor otoñal unido por por un pegamento imposible…

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La lista de los motivos que siguen causando la estupefacción de Homper es infinita. Uno se puede sorprender por los fenómenos de la naturaleza, por la incomprensible existencia del mal en el mundo que diseñó el Creador perfecto, por el descubrimiento de secretos de la historia que afloran de vez en cuando, por la variedad de los inventos, por los increíbles avances de la ciencia y de la tecnología, por la extravagancia de las conductas humanas, por la versatilidad y la frivolidad de lo que se sigue llamando arte, por los registros imprevisibles que muestran las almas de los mortales. Y por otras naderías que a veces le llevan a uno a conectarse con los grandes misterios.

-Hoy me ha sorprendido mi propia ignorancia –admite el Hombre perplejo- Y me ha causado más asombro aún descubrir que bajo la apariencia de mansa cordera de Dios, mi amiga Flora también se cuestiona muchos contradioses.

2

Flora coincide con Homper de vez en cuando en la biblioteca del barrio. Después de años de saludarse y de intercambiar algunas impresiones en la cafetería del centro cultural,  el hombre perplejo había elaborado un retrato robot de ella. Decía éste que era una digna dama en la edad dorada, de estampa agradable y carácter suave y bonancible, soltera y, por lo que aparentaba, con suficientes recursos para llevar una vida acomodada. Flora iba a misa los domingos, funerales de amigos y conocidos aparte, y dedicaba su tiempo a visitar hospitales y cárceles para dar ayuda psicológica a los allí recluídos. Un día a la semana invitaba a comer a sus sobrinos, otro pasaba la tarde en la biblioteca estudiando libros de moral y religión, un jueves de cada dos iba al cine y una vez al mes pasaba por la peluquería, donde Dora, la guardiana de su estética, le reformaba levemente el corte de pelo de sufragista trasnochada que ella consideraba que le cuadraba.

-Parecía cerrada a otros fantasmas que de vez en cuando nos acechan a sus contemporáneos. Por ejemplo, al amor tardío. En ocasiones le había escuchado que aunque no entendía del todo a Dios, había consagrado su vida a Él. Por eso no había hecho demasiado caso a los caprichos del corazón. Pero, como ocurre tantas veces, las apariencias engañan a menudo…

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Un día que tomaban café juntos Homper reparó en que Flora llevaba el dedo índice de su mano izquierda vendado. Le llamó la atención que la caperuza de esparadrapo se prolongase mucho más que lo que cabía suponer si lo único que protegía era el dedo herido. Le preguntó entonces qué le había pasado.

-Soy una víctima de la fe- confesó Flora bajando tímidamente los ojos- De la fe y de la buena fe…Creo en Dios, y respeto sus leyes y sus símbolos. Creía también en el amor humano, aunque llegue tarde, como pensé que me llegaba a mí. Por ser ingenua, hasta creía en lo que dicen en sus envases los productos que una compra, pero…

-¿Pero qué?- preguntó Homper intrigadísimo.

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La de Flora fue una prolongada respuesta en espiral, una explicación que iba girando sobe una anécdota inicial y que se enroscaba después en complicados círculos que abarcaban cuestiones de lo divino y de lo humano. Empezó contando que guardaba una especial devoción por un Sagrado Corazón de Jesús tallado en madera policromada que le trajo de Polonia su sobrino Alfredo. Justo entonces ella acababa de conocer en una reuníón parroquial a Samuel, un general retirado y viudo aficionado a construir maquetas de barcos que también empleaba su tiempo en labores asistenciales. Sin entrar en demasiados detalles ambos trabaron una relación de amistad, que poco a poco se transformó en algo más.

-Yo estaba muy poco entrenada en esas emociones especiales –precisó- pero me empecé a preocupar que poco a poco me gustara más ver a Samuel que a los presos y enfermitos a los que me dedicaba habitualmente. Yo le rezaba por las noches al Sagrado Corazón: Señor, Señor, no me alejes de mis deberes. Aunque a continuación añadía: pero, si no te sirve de molestia, tampoco me alejes de Samuel. Yo miraba  la imagen, esa mano derecha de Jesús bendiciéndome con el índice y el corazón extendidos hacia el cielo mientras el pulgar sujeta al anular y el meñique plegados…¿Sabe el por qué de esa peculiar posición de los dedos que repiten tantas imágenes religiosas?

-No, la verdad es que no-dijo Homper.

-Para afirmar la doble naturaleza  humana y divina de Cristo. En los orígenes del cristianismo unos sostenían que Jesús era sólo Dios, mientras que otros suscribían la herejía contraria, o sea, que era sólo hombre. Así que la Iglesia zanjó la cuestión proclamando que era el mismo tiempo Dios y hombre, y la imaginería a partir de entonces representó a Jesús con los dos dedos arriba….Aunque a mí, la verdad, la que más me interesaba para mis dudas era su naturaleza humana. Señor, entiéndeme, le decía en mis oraciones, ¿no  voy a poder ilusionarme con el amor por el hecho de ser buena cristiana y, además, mayor?…

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-Antes de que el Sagrado Corazón me diera su visto bueno –continuó Flora- dio la mala suerte de que limpiando el polvo de mi habitación se me fue el plumero y derribé su imagen, que rompió su mano derecha al caer al suelo… Fíjate qué disgusto.

-Ya me hago cargo, ya…

-Yo, ni corta ni perezosa, me dispuse a reparar el entuerto. Pero…¡caramba con los adhesivos modernos! Compré uno que se llama Lochtite, desenrosqué su tapón,  lo acerqué a la pieza rota que mantenía entre los dedos índice y pulgar de mi mano izquierda, sin darme cuenta apreté demasiado, y en un instante, en lugar de pegar la manita de madera al brazo del Sagrado Corazón me encontré con que la había adherido a mi propio dedo. La quise despegar, pero el dichoso invento había fraguado, y no supe cómo arrancar la pieza.

-Suele pasar. Son unos adhesivos desesperantes. A mí no me sirven más que para un solo uso, porque una vez abiertos su contenido se funde con el tapón y no hay Dios  que lo vuelva a abrir.

-Ya…Yo sólo quería un Dios que por culpa de su mano rota no echara a perder mis esperanzas.

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-Porque aquella tarde había quedado con Samuel en ir al cine. Ya había notado yo en otras películas románticas que en los momentos más emocionantes Samuel aproximaba una de sus manos a las mías y me miraba de reojillo, como esperando una señal para dar el paso siguiente. Debía de haberlo tenido en cuenta a la hora de sentarme en la butaca y darle la derecha. No lo hice, me senté a su izquierda, sin recordar que hacía una hora, incapaz de despegar la mano rota del Sagrado Corazón de mi propio dedo, había decidido disfrazar éste vendándolo. Me quedó un dedo muy raro, como si fuera el de un fakir o el de Cruella de Vil, cuando lo que necesitaba era estar bien guapa.

-Bueno –interrumpió Homper con un leve carraspeo señalando el dedo vendado- Eso se disimula, cierras la mano izquierdas, te pones la otra encima y no se ve nada.

-Ya, ya –subrayó Flora enfatizando la intensidad de su relato- Eso es lo que había hecho. La película era Lo que queda del día, que va justamente de amores otoñales,  y el momento cumbre, te lo aseguro, Samuel levantó su mano derecha y buscó mi mano. Entonces, tonta de mí, separé mis manos y extendí los dedos de la izquierda, con el índice incluído. Él miraba a la pantalla, pero por el rabillo del ojo debió ver el dichoso dedo, y le debió causar mal efecto, porque se frenó. Lentamente fue retirando su mano y la película acabó dejándome con la miel en los labios. Más que un contratiempo, aquello fue un contradios.

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Homper considera esta historia como otro ejemplo más de que Dios debe de escribir derecho con los renglones torcidos. Flora le contó que días después de aquellas manitas frustradas, irritada y desesperada, se arrancó de la punta de su índice la mano del Sagrado Corazón y con él, parte de la yema de su dedo, que fue a parar al cubo de la basura junto con la pieza de madera que confirmaba la doble naturaleza divina y humana de Jesucristo. El Sagrado Corazón se quedó pues manquito para siempre, y ella acabó por perder el pudor y relatarle a Samuel su pequeña odisea. Era la primera vez que desvelaba sus debilidades ante un hombre, no sabía si echarse a reír o a llorar, aunque al final hizo las dos cosas: llorar de emoción y reír de felicidad. Porque cuando mostraba a Samuel la cicatriz que habían dejado en su dedo el amor y el Lochtite, el viejo general extendió el índice de su mano derecha marcado también por otra herida y dijo con la tradicional rotundidad y laconismo castrenses.

-Los puñeteros adhesivos instántáneos. Esta es la huella que me dejó a mí el mascarón de proa del Santísima Trinidad antes de conseguir arrancármelo para pegarlo en la proa de la maqueta que estaba construyendo.

Dice Flora que entonces el general dejó caer su mano sobre la suya, y que se miraron a los ojos un ratito como el mayordomo y la doncella de Lo que queda del día. También reconoce que a partir de entonces, aunque prefiere el viejo pegamento Ymedio para recomponer santos, confía mucho en los adhesivos instantáneos para unir corazones solitarios.

 

 

 

Un amante de las margaritas

El filósofo Cunegundo de Érfurt no pasó a la historia `por haber acuñado el concepto de las personas-margaritas...

El filósofo Cunegundo de Érfurt no pasó a la historia `por haber acuñado el concepto de las personas-margaritas…

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Consciente de que un día cualquiera será de momento el más importante de tu vida, te propones convertir el 3 de mayo en una joya para el recuerdo. El sol traspasando el fresco de la mañana  estuca el panorama con un brillo y una viveza de colores como no habías visto aún esta primavera. Noches de un frío aún casi invernal, jornadas impolutas de sol sincero con algunas pequeñas nubes por la tarde que parecen hacerle cosquillas al azul del cielo. Este es el día. Paseas por la dehesa de Navalcán bordeando su embalse y cuando crees que esa visión de naturaleza exultante te hará caer en éxtasis te cruzas con un tipo cuyo rostro irradia serenidad y alegría.

-Buenos días- te dice extendiendo su mano- Cunegundo de  Erfurt, filósofo. Para servirle.

Te quedas pasmado. Creías que estas cosas sólo le pasaban a Homper. Pero no te planteas más dudas sobre la verosimilitud del encuentro. Si no es Cunegundo de Erfurt serás su espíritu, así que respondes a su saludo presentándote y a continuación le haces una delicadísima pregunta.

-Oiga, Cunegundo. Y si es usted filósofo…¿cómo puede ir de feliz por la vida?

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-Es la historia de una imprudencia- te dice poniendo en su mirada un acento de melancolía.

Te invita entonces a sentarte sobre unas rocas musgosas al borde de un arroyo de los que sólo cantan cuando la dehesa está sobrada de agua. Y te cuenta que su espíritu vaga en el anonimato desde que en la última reunión de filósofos que mantuvo en vida su contemporáneo Duns Scoto le amonestó y le acusó de falta de corporativismo.

-¿Qué le hiciste?

-Contestarle con sinceridad. Yo estaba ya en las últimas, presto  a morirme con el consuelo de que al menos mi nombre figuraría entre los grandes pensadores de la historia por algunos de mis escritos. Entonces Duns Scoto me preguntó si había algo que me hubiera reportado más felicidad que la sabiduría. La pregunta tenía trampa: si contestaba que sí es que no era un verdadero filósofo, porque nosotros debemos amar la sabiduría por encima de todo. Pero si se decía que no, mentía, lo que tampoco es de recibo en nuestra profesión. Lo cierto es que si eres sabio de verdad  conoces la naturaleza humana y sus miserias, y entonces no puedes ser feliz. Yo quería morirme en paz, así que había elaborado como contraposición mi propia  teoría, a despecho de que lo dijeran los maestros. Le dije a Duns Scoto que lo que más grato me había hecho la vida no era la sabiduría, sino haber encontrado en mi camino muchas margaritas.

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Cunegundo de Erfurt había propinado un segundo sopapo a tu capacidad de sorpresa. ¡Un filósofo que reparaba en las margaritas!

-Por eso me tienes aquí- dijo señalando las margaritas blancas que florecían en el arroyo y las muchas otras que moteaban de amarillo el verde pasto- La margarita es una flor sencilla y sonriente siempre. Aparece en el esplendor de la primavera, te saluda amablemente y se despide dejándote un pellizco de felicidad. Como esas personas simpáticas que, sin entrar decisivamente en tu vida, te dejan una impresión positiva cuando las conoces. La suma de muchas de estas margaritas humanas te llena  mucho más que la sabiduría, que no da más que problemas para la razón.

Suspiraste para que el espíritu de las margaritas y el recuerdo de tus margaritas humanas te oxigenara a fondo.

-Ya…Por eso no figurabas en nuestros manuales de Filosofía. Aparecían Sócrates, Platón, Duns Scoto, Tomás de Aquino, Kant, Schopenhauer, Ortegapero ni una palabra de Cunegundo de Erfürt.

-Me hicieron el boicot –dijo el espíritu de Cunegundo si mostrar en su gesto ni un leve asomo de reproche- No pudieron soportar que un hombre de pensamiento pasase a los anales de la historia como alguien que ponderó como importante el valor social de la simpatía. Si no vas de torturado por la vida, no hay quien te tome en cuenta para nada.

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Continuasteis el delicioso paseo entre las margaritas. Te acordaste de tu encantadora sobrina Margarita, una joya desde niña, tan alegre y luminosa como ese día de mayo.

-A veces los nombres marcan a quien los llevan –le dijiste al sabio-Y a esta Margarita de ojos azules siempre alegre seguro que le hubieras dado matrícula de honor.

-Puede. A mí también me gustaba mucho Margarita Gautier, aunque no se si era ella en realidad o  esta nueva actriz que llaman Greta Garbo

Llamar nueva actriz a la Garbo…Confirmaste entonces que paseabas con el espíritu de un filósofo del pasado.  No te importaba, de todos se aprende, y el día era como para embalsamarlo tal cual y recordarlo siempre. Repasaste mentalmente en voz alta todas las persona- margaritas que te habían echado un guiño en tu caminar por la vida, citaste sus nombres y sus méritos, te declaraste conegundófilo eventual… Pero ya nadie te escuchaba. El filósofo de Erfurt se había evaporado, y sólo los rebaños de margaritas aprovechaban su momento efímero recordándote que habían nacido para impartir nociones básicas de felicidad.

Reflexiones de un 1 de mayo sin afeitar

Bebé afeitándose1

Es 1 de mayo. Más déja vù. Como eres consciente de que atraviesas una etapa en la que debes a agradecer a la vida casi todo, empiezas por reconocer que estás bastante contento de no ser Cándido Méndez, Toxo ni Cayo Lara. Y, más aún, de no estar obligado a llenar el día feriado manifestándote.

No obstante decides solidarizarte con la causa orillando la burguesa costumbre del afeitado matinal.

En un principio podría pensarse que este acto de dejación es pura vaguería. O un exceso de autoestima, explicable porque cuando te arrellanas en el sillón a leer los periódicos en el IPAD adviertes que, quizás inconscientemente, te sobas el mentón, lo percibes como una lija estimulante y al frufrú que produce la epidermis de la mano deslizándose a contrapelo sobre la tímida barba de un día te sientes más respetable y mejor ciudadano. Igual que un perfecto intelectual de salón.

-Jesús, qué panorama más chungo- murmuras para ti mismo como gran aportación al pensamiento moderno.

Deberías dedicar más atención en este día a Marx, a Engels a la rebelión del proletariado y al significado simbólico del 1 de mayo.  Pero al observar que Mourinho y el Real Madrid acaparan hoy más atención que aquellos, dedicas un recuerdo a tu amigo Pemberton, con el que almorzaste hace unos días en casa de tu querido primo José. Pemberton, un buen mozo con una gran carrera profesional a sus espaldas y hoy padre y abuelo de familia numerosa, es un  tipo que irradia simpatía y felicidad. Eso no le evita tener que tomar dos píldoras de Lexatin cuando su Real Madrid juega un partido comprometido. Vaya por Dios, qué difícil se le está poniendo a Florentino Pérez enmendar sus megalómanas decisiones futbolísticas con títulos. Sientes que los lexatines que Pemberton se tomó anoche sólo le sirvieran para asimilar tranquilamente que el Madrid deberá esperar un año más `por su décima Copa de Europa.

2

Cuando te llama tu amigo Homper para interesarse por tu salud y le comentas que bien, gracias, y que hoy, contrariamente a lo que manda tu credo burgués, no te has afeitado, no pierde ocasión para mostrar otro motivo más para su tradicional perplejidad.

-Pero cómo…¿tú también has sucumbido a la moda de la capilaridad cambiante?…

Tú no entiendes muy bien qué es eso de la capilaridad cambiante, y Homper te lo explica. Según él, el prototipo masculino vigente ha depuesto sus signos tradicionales de virilidad y de prestancia afeitándose el pelo de la cabeza y dejándose de afeitar la barba.

-Alguna chica debió de comentar alguna vez que un cráneo de hombre liso y brillante es como si todo él fuera un falo enhiesto, y la ocurrencia ha hecho fortuna-dice aguantando su risita.

Tú le refieres que aunque sabías que Rosita, la cajera del pequeño supermercado de tu barrio, tenía uno de estos novios calvorotas y  metrosexuales, el primer día que pasaste por caja después de haberte cortado el pelo al cero para frenar su caída y evitar que la quimioterapia dejase tu testa como una bola de billar, la chica ni siquiera parpadeó por tu novedoso look personal.

-Te faltarían otros detalles –matiza Homper- Por ejemplo, ir vestido de negro de la cabeza a los pies, grandes gafas de sol aunque vayas en el metro y barba cortita, de dos o tres días. Este detalles es importante, incluso para los que no van de calvos por la vida: George Clooney, Johny Depp, Cliff Owen, Brad Pitt, Javier BardemSi aparecieran en sus películas bien afeitados nos parecerían un anuncio de Floid. Tienen que lucir aspecto de de poca ducha y menos gel de afeitar para mantener su leyenda de sex-simbols.

-Qué tontería.

-Ya, ya…-y se queda en silencio rumiando su respuesta para después concluir la conversación- Pero…¿tú has visto algo más tonto que la moda?

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Recuerdas entonces al Chaplin barbero judío de El gran dictador, que con un tiento finísimo dejaba el rostro de su cliente impecable al ritmo de la Danza Húngara nº 5 de Brahms. Qué escena tan genial e inolvidable. Y a Gary Cooper afeitándose sin jabón y a filo de cuchillo en Tambores lejanos, todo un hombre. Respiraban esos afeitados de cine sensación de mañana fresca,  higiene, fragancia y alegría.  Piensas  que aquellos héroes se forjaron en los cánones de la ingenuidad, como la que correspondía a su tiempo, que era casi el tuyo. Y que quizás acudirían también hoy a la manifestación del 1 de mayo entre miles de mal afeitados, puede que para oponer al menos al mal tiempo buena cara y demostrar que el sueño de un mundo justo no tiene por qué estar reñido con la estética de lo limpio.

Casi todo es déja vù

Al gato que rondaba los tejados, el espectáculo de la corrala le parecía deja vu...

Al gato que rondaba los tejados, el espectáculo de la corrala le parecía deja vu…

1

La mujer barbuda se asomó al balcón más alto de la corrala y blandiendo el rodillo de amasar como mayor argumento de autoridad leyó el menú del día.

-Para hoy tenemosch schopitasch de ajo y, con schuerte, gallinejasch. Y que nadie eschepere másch, porque el horno no eschtá para bollosch,

La jefa de de la corrala se había partido la lengua cuando era niña y decía las eses deshilachadas. Eso aparentemente le restaba un puntito de seriedad y de aplomo en el discurso, pero cuando se dio cuenta de que tenía la sartén por el mango y el mango también fue cogiendo el gustillo al mando y no vaciló en imponer a la comunidad sus recetas.

-Vamos que vamos –murmuraba el patio- Lo que hay que aguantar

Por la corredera del piso inferior asomó entonces la señora Alfreda, carita de chiva, frunció el ceño y asomándose al respetable y moviendo los bracitos como si fuera una marioneta no calló sus discrepancias.

-¡No se puede exigir a la corrala más sacrificios!-clamó..

Mientras que la Caya en buatiné, más desgarrada incluso que la señora Alfreda, levantó la escoba con la que barría las colillas y las mondas de su corredera y llamó a la rebelión.

-¡Movilización!…

Rondaba por los tejados aledaños un gato afrancesado con  vocación de Diablo Cojuelo. Después de ver el panorama se sentó a olfatear un aire de sardinas que aún se escapaba de alguna cocina afortunada, se retorció los mostachos y maulló con aire de cansada resignación.

-Déja vù

2

Al día siguiente, mientras los periódicos conservadores subrayaba las recetas de la mujer barbuda con una flechita que apuntaba hacia arriba, por la responsabilidad que inspiraban las mismas, en  los periódicos progresistas eran las fotos de la señora Alfreda y la señora Caya las señaladas en positivo. En cambio los periódicos conservadores marcaban con una flecha apuntando a los infiernos a las vecinas contestatarias, mientras que los progresistas, qué sorpresa, salvaban a éstas y condenaban por perversa e incompetente a la mujer de las eses deshilachadas.

-Deja vu- repitió Homper, asombrado de que ni uno solo de los medios de comunicación se desmarcara un ápice de lo previsible-Y sin embargo…¿por qué seguimos leyendo los periódicos?….

Recordó los años en los que se aproximaba a los medios con la intención de enterarse de lo que de verdad pasaba en el mundo y de aprender novedades. Y también aquel otro momento en que, creyendo que ya tenía criterio y estaba de vuelta de todo, sólo compraba leía, veía o escuchaba el periodismo  que venía a darle la razón.

-En realidad-sentenció- sólo compramos la verdad que nos gusta.

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El ABC del sábado 27 de abril contaba que al ciudadano Juan Antonio Gómez, natural de Gévora, Badajoz, le han tocado treinta y seis millones de euros de los Euromillones. También añadida que el afortunado ha dedicado buena parte de su premio a comedores sociales, ONG e instituciones benéficas para ayudar a sus paisanos a vadear la crisis.

-Caramba –se dijo agradablemente sorprendido- Esto no es es déja vù.

La excepción confirma la regla. Apenas dos días después este y otros periódicos recogían la noticia de que el Atlético de Madrid, una vez más, regalaba uno de esos partidos que se llaman derby a su abusador vecino el Real Madrid. No es otro bostezo del  deja vu con que diariamente nos aturden los medios, es que además la historia  resulta cruel, injusta y, peor aún, aburrida hasta la saciedad.

-Lo de Franco duró cuarenta años-pensó Homper para calcular lo que aún podría estirarse  el oprobio rojiblanco.

Entretanto el gato acojuelado y afrancesado se reía por lo bajini. Como la mayoría de los gatos, qué dura es la realidad, también era merengón.

Transgresores tardíos

eINSTEIN1

Aquella mañana Homper se encontró por la calle a un compañero de colegio. Se llamaba este Abelardo García de la Fuente, pero todos en la clase le llamaban Probo, pues aparte de ser perfecto en  su Conducta era también el número uno en  Aplicación. O sea, un repugnante empollón y un niño modelo, como se decía entonces. Se saludaron, se intercambiaron sus coordenadas actuales, se preguntaron por su salud, Probo pasó revista a sus hijos y nietos, le dieron un repaso a la actualidad, mientras que Homper le ilustró sobre su entretenida soledad. Y en estas estaban cuando el amigo de la infancia le escopetó una propuesta sorprendente.

-Oye, Hom…Por lo que veo tú también has acabado siendo un hombre de orden. ¿No te apetecería perder por una vez los papeles y transgredir un poquito?

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Mientras andaban juntos Probo le enumeró los sacrificios que le había impuesto su educación, y que él había soportado entonces creyendo que no había otro camino para ser un hombre de bien y de provecho.

-La lucha por la última croqueta, ¿te acuerdas que te lo dije un día?…La mía era una familia numerosa, la lucha por la supervivencia. Todos deseábamos alguna de las croquetas sobrantes después de las cuatro de ración que nos servían por cabeza. En ese momento hubiera dado mi vida por alargar la mano llevarme al plato una de ellas, pero yo era el mayor, y  mis padres me habían inculcado  la idea de que había que pensar en los demás y dar ejemplo. Y nunca, nunca, ni una sola vez en mi vida me decidí a quedarme con la última croqueta…¿Crees que alguno de mis hermanos me lo ha agradecido alguna vez?

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Cuando Homper elaboraba su propia reflexión moral sobre la actitud que debe adoptar el hombre de bien ante la última croqueta, Probo le largó otro dardo para el pensamiento.

-A veces me dan ganas de subirme a un trono de un palacio real atestado por las primeras autoridades del reino y tirarme un pedo estruendoso, ja, ja. De esos que parecen la traca final de la mascletá, ya sabes…

Homper no daba crédito a lo que escuchaba.

-¿Mande?…

-Lo vas a entender. La primera vez que se me escapó uno en la camilla de casa, cuando todos reunidos escuchábamos a Gila por la radio, mi madre me encerró en el cuarto de baño toda la tarde. A mí me pareció una injusticia, porque el abuelo se peía a menudo por el pasillo y se quedaba tan fresco. Se lo dije a mis padres: el abuelo también se tira pedos, y no le decís nada. Ellos me explicaron que el abuelo era un anciano, que no controlaba su cuerpo y que había que perdonarlo. Yo traté de explicarles que un pedo impaciente es un pedo impaciente, pero ni caso. Has de ser educado, me repitieron una y mil veces.

-Probo, tenían razón, entiéndelo…

-Lo entiendo, pero ahora ya tengo casi la edad que tenía entonces mi abuelo, y entonces no me entraba en la cabeza lo de pasarlo mal aguantando… Toda mi vida he sido como Dios manda. Eso, probo, como me decíais en el colegio: en casa, en la universidad, en el ministerio, con mis familiares y amigos, con mis vecinos… Creo que ha llegado el momento de la justicia reivindicativa. Ahora que hacer lo que le peta a uno es un ejemplo de ciudadanía aplaudido por muchos…¿por qué no tirarme el gran pedo de mi vida con ostentación y, a ser posible, con las cámaras de Tele 5 en directo retransmitiéndolo para Eurovisión?

Y se echó a reír como un chavalín después de hacer una trastada.

4

-A menudo sueño que voy andando bajo la lluvia y me meto en todos los charcos –continuó relatando Probo- Los pateo feliz, no me importa nada que se me mojen los pies, chapoteo como un pato, y no pienso en lo que pasará cuando salga de ahí y tenga que volver a casa con los zapatos chorreando. Me siguen decenas de niños haciendo lo mismo, como si yo fuera un flautista de  Hamelin de los jaimitos. Alrededor de los charcos, nos miran espantadas nuestras madres. Pero no pasa nada, porque están amordazadas y atadas a los troncos de los árboles que flanquean nuestro camino de la felicidad…

Homper se rascó la cabeza, buscando una moraleja como si fuera un ajo de sabiduría nacido en su sesera.

-Pretendían nuestro bien, aunque a nosotros nos costaba entenderlo. Y tal vez hubiera sido mejor no creer nunca que lo que más nos gustaba fuera malo para nadie…

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-¿A ti no apetecía nunca rebañar con el dedo la cacerola donde tu madre hacía la crema pastelera y chupártelo luego?

-No me dejaban-respondió Homper- Decían que no se rebañaba con el dedo, que para eso estaban los cubiertos de madera.

-No valían, no eran tan perfectos como el dedo, que se llevaba toda la crema pegada a la pared de la cacerola. Ni siquiera había entonces en las cocinas esa espátula de goma  tan práctica que hay ahora. Y a mí me gustaba rebañar la crema pastelera o el chocolate de la tarta de chocolate con el dedo, pero no me dejaban…¿Habría sufrido la humanidad porque yo lo hiciera?…No. ¿Habría sido yo un niño más feliz?…¡Sí! Entonces ¿por qué me lo prohibían?

Homper asintió con la cabeza al tiempo que abría  los brazos hacia el cielo buscando una respuesta a lo imposible.

6

-También me tenía que haber plantado ante don Agripino –prosiguió Probo- La Primera vez que me ordenó que me quedara durante el recreo en clase, y me dijo que le enseñara mi cuaderno de dibujo le tenía que haber dado una patada en la espinilla y después salir corriendo Aquí, aquí, súbase al estrado, me indicó el muy cabrón tras rodearme con el brazo y acercar su cara mal afeitada a la mía al tiempo que me metía la mano por la pernera del pantalón corto y me tocaba el culo, como me habían contado entonces que les gustaba hacer a los maricas. Me daba asco oler su aliento a vinazo y sentir su mejilla contra la mía como si fuera el rascador de una caja de cerillas, y más asco todavía soportar sus caricias mientras yo trataba inútilmente de que mirase los dibujos que le presentaba en mi cuaderno. Pero también me daba miedo rebelarme. Me habían enseñado que había que respetar a los maestros, y aunque sospechaba que lo de don Agripino no era lo previsto, no me atreví  a llamarle bujarrón y a mandarle a la mierda.

Homper detuvo el paso como para recuperar el resuello y suspiró.

-¿Por qué habremos sido tan inocentes?- preguntó Homper en

-O tan tontos –matizó Probo.

7

-Pensaba eso  cuando ví que el niño de Amarcord le toca las tetas a la estanquera y no le pasaba nada –insistió Probo mientras cogió a Homper del brazo y reanudó la marcha- Se supone que el chaval es el propio Fellini recordando su infancia, pero podía haber sido después obispo o primer ministro en lugar de director de cine, y al mundo y al Cuerpo Místico les hubiera dado igual…

-Cierto –subrayó Homper- El mundo y el Cuerpo Místico tenían otras cosa más importante en qué ocuparse.

-Pues eso, no hay derecho en que nos educaran para ser hombres buenos. Yo me pasé toda la infancia yendo a comprar pan a la tahona y fijándome en el escote de la panadera, que estaba buenísima. Te cobraba la pistola, la fabiola y la barrita de Viena, pero sus vistas canalillo abajo eran gratis. Durante los primeros años me conformé con mirar aquel espectáculo sin disimulo, y ella me sonreía y me hacía ojitos. Luego pensé que había que pasar a la acción, y durante un par de años estuve haciendo cábalas sobre si lo procedente era abordarla directamente contra la pared, como en las películas, o preguntarle antes algo así como ¿no le importaría que le tocara las tetas?…Pero acabé la carrera, entré en la administración, salí de casa, me casé, fundé una familia, me convertí en un ciudadano de esos que llaman ejemplar y no volví por aquella panadería. ¿Crees que en el más acá o en el más allá alguien me va a premiar haber sido tan contenido?

8

-Ahora ya no me siento animado para hacerme delincuente de cuello blanco, aunque me asegurasen que me iba a indultar el gobierno. Ni para ser político autonómico y pasarme por el forro de las pelotas las sentencias del Tribunal Constitucional. Ni para engañar a los pobres ahorradores ignorantes ofreciéndoles preferenciales y salir de rositas. Ni para chantajear a la democracia amenazándola con matar si no se hace lo que me viene en gana. Estoy desanimado incluso para destaparme como indignado tardío, y sumarme a uno de esos escraches, que dicen ahora…Es tarde hasta  para hacerle un sinpa de una bolsa de panchitos a un chino y mearme en los cubatas de los del botellón del viernes, otros que se aprovechan de que la trasgresión está bien vista. Pero no será por falta de ganas, porque toda la vida de probo no se puede aguantar, ya te digo…

-Te entiendo, te entiendo, Abelardo –por primera vez le llamó por su auténtico nombre- Oye, y hablando de otra cosa…¿Cómo andas de colesterol?

-Fatal…Yo creo que el régimen que me han impuesto es lo que ha terminado de agriarme la leche que tengo. ¿Y tú?…¿También a verduritas?

-Como casi todo hombre de orden a una cierta edad. Y sigo la dieta a pie juntillas.

Al doblar una esquina les dio en la cara una ráfaga de olor a huevos fritos con chorizo que venía de una tasca cercana, y a los dos viejos amigos se les iluminó la cara.

-Oye Homper, es casi la una y al menos a mí me está entrando el hambre- dijo Probo mientras su mirada apuntaba al origen del embriagador aroma-¿Y si al fin transgredimos un poquito?

Tras unos minutos de meditación Homper dio su consentimiento. Así que ambos entraron en la tasca y se despacharon una ración de jamón ibérico, otra de queso y un plato cada uno de huevos fritos con chorizo con media hogaza de pan para rebañarlos bien. Y seguramente durmieron luego la siesta con la autoestima subida por  haber sabido acomodar su virtud a las debilidades y corruptelas que aconseja la vida moderna.

Las fotos del escándalo

¿Pero donde vamos a llegar?...

¿Pero donde vamos a llegar?…

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-En cuanto me dijeron que le había sorprendido el paparazzo comiendo langostas con este tipejo pensé que teníamos una bomba- dijo el redactor- jefe de EL INFALIBLE entregando un sobre de gran tamaño al todopoderoso director- No las he visto todavía, pero creo que son definitivas.

El director abrió el sobre.

-¡Ja!-dijo mientras contemplaba con visible deleite la primera de las fotos compremetedoras- Otro de los incorruptibles que cazamos…

El director sacó de un cajón de su mesa una caja de puros perfectamente conservados gracias a su humidificador. Abrió la tapa y se la alargó a su diligente subordinado.

-Coge un Cohiba, que te lo has ganado. En este despacho no rige la prohibición de fumar…Pactado con el comité de empresa…Lo asombroso –dejó caer cadenciosamente mientras frotaba una larga cerilla contra el rascador y procedía a encender su puro con profundas boqueadas- es la degeneración de la clase política.

2

-Para que luego digan que los puros apestan -añadió el redactor-jefe- Lo de los políticos, eso sí que es pestilencia.

El aire del despacho del director se llenó de anillos de humo que fijaban la mirada de los dos periodistas. Parecía que filtraban a través de ellos la pureza de sus pensamientos.

-Este país se está convirtiendo en algo irrespirable-sentenció el director- Me consta que un ministro ha sido sorprendido desayunando con un profesor de geografía, un poeta y una asistente social.

-¡Qué escándalo! No me lo puedo creer…¿Y no le han obligado a dimitir?

-Nada. La inmoralidad como norma. Ya ni siquiera van con ricos y magnates del ladrillo, que es lo que siempre nos ha deslumbrado a  todos. La degeneración llega a tanto que  un presidente autonómico se ha reunido con un amigo anacoreta en el desierto, no te digo más. La razón que ha explicado en la rueda de prensa sonaba como de coña.

-¿Qué ha dicho?

-Que quería seguir el ejemplo de san Juan Bautista, que se alimentaba de la oración y de las langostas que atrapaba en el desierto.

-¡Ah, claro!…Pues se le ha caído el pelo. Porque es el de las fotos, ¿no?

Historia de una saeta

Te da tanta pena por esos cofrades que ven suspendida la procesión de su Cristo por culpa de la lluvia que...

Te dan  tanta pena por esos cofrades que lloran cuando se suspende la procesión de su Cristo por culpa de la lluvia…

1

El pobre cofrade Miguelón lloraba sin consuelo, porque por tercer año consecutivo las lluvias habían impedido sacar a procesionar a su Cristo.

-No hay derecho-te decía entre sollozos- ¿Pero, además de hombre, no nos decían que es también Dios?…. ¿Y Dios no se da cuenta  de que permitiendo este diluvio está tirando piedras contra su propio tejado?

Tú le mirabas con el corazón encogido. Y mientras, por una parte, envidiabas su fe, por otra agradecías que tus dudas te evitaran más sufrimientos que los que ya te han tocado en la lotería de la vida.

-Y lo peor es que los hermanos de la cofradía no podemos hacer nada- rezongaba desesperado entre sollozos-Y que volveremos a  entrenarnos y a prepararlo todo esperando el Viernes Santo del año que viene y a saber si no vuelve a llover….

Te dio tanta pena Miguelón que te propusiste ayudarle. Te propusiste hacer lo que estuviera a tu alcance para que las lluvias, que tanto te gustan, fueran el año que viene un poco menos crueles con los auténticos devotos de la Semana Santa.

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E imaginaste que eras uno más entre el gentío que esperaba el paso de Cristo en la procesión de Viernes Santo de 2014. Y que justo cuando esta doblaba la esquina y enfilaba la calle en la que tú estabas, un año más se abrió el cielo y empezó a derramar sus lágrimas por la pasión y muerte del Señor. Reconociste a Miguelón entonces porque un capirote enloquecido tiró con rabia su cirio encendido contra el suelo y golpeándose la cabeza con sus puños gritó.

-¡No puede ser!…¡Otro año más no, por Dios!…

Y ya estaba el presidente de la cofradía dispuesto a dar las órdenes para guarecer el paso del Cristo en la primera iglesia del recorrido previsto cuando te arrancaste de entre la multitud que empezaba a abrir los paraguas, te plantaste ante el paso del Cristo y te hincaste de rodillas ante él. Y, como aunque te falta algo de fe te sobra la afición a cantar, te salió del alma  una saeta que decía así.

                                             ¡Ay Jesús crucificado!

                                          Somos muchos los que somos

                                          muy devotos de tu paso

                                          y llevamos todo el año

                                         esperando el Viernes Santo

                                          para sacarte, Señor,

                                          en tu cruz procesionando

 

                                           ¡Ay, mi Cristo amenazado!

                                          Tú que mueres por nosotros

                                          después de ser flagelado

                                          y de espinas coronado

                                         y que después de tres días

                                         estarás resucitado…

                                          …¿no podrías contentarme

                                          con un pequeño milagro?

 

                                           Pide, por favor, al cielo

                                           que por ti no llore tanto

                                           Para que pase tu paso

                                           y te sigamos pidiendo

                                           perdón por nuestros pecados

 

                                           ¡Mójate, Jesús e impide

                                            que el cielo siga llorando

                                            para que crezca mi fe

                                            y no te guarden mojado!…

3

Tú estabas a lo tuyo, y no te enteraste de nada. Estabas arrebatado por el entusiasmo que pusiste en la saeta, quizás con alguna copa de más, como ausente, tal vez narcotizado por la emoción. Lo cierto es que no te diste cuenta de nada. Pero Miguelón te contó luego que pasó algo que ni siquiera él, que es un hombre rebosante de fe, podía creer.

Lo vieron sus ojos, tardó en convencerse de que no flipaba y de que no se trataba por tanto de una alucinación. Pues sucedió que en el momento en que terminó tu saeta, la imagen del Cristo cobró vida, y ante el estupor de los asistentes, se desclavó de la cruz, se bajó del paso con un salto de atleta y, sin dar tiempo a que le cortaran el paso los seguratas ni a que le atendieran los de la Cruz Roja, se perdió entre la muchedumbre para regresar un minuto después con un elegantísimo impermeable de lona encerada. Y con la misma naturalidad con que había descendido del paso subió a él, trepó hasta la cruz, se giró dando la cara al público, abrió sus brazos y posó el dorso de sus manos contra el travesaño para que los clavos ocuparan su lugar sin que nadie interviniera en ello.

-Ea, ya está hecho el milagro-dijo el Cristo ante el pasmo general- Que siga la procesión, no se hable más.

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El rostro del Cristo recuperó entonces la misma expresión que tenía antes de la saeta, aunque algunas beatas aseguran que parecía ligeramente más aliviado. El caso es que inclinó la cabeza hacia la derecha, levantó los ojos al cielo –Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado- y en ese mismo momento el Cristo vivo se convirtió en la misma imagen barroca que fue siempre protegida, eso sí, con un elegantísimo impermeable.

Y entonces Miguelón volvió a llorar, pero esta  vez de alegría. Él asegura que te gritó gracias, mil gracias por la saeta, pero tú, ya lo has subrayado, flotabas en un sueño, y no estabas para nada. Sólo te consta que ha solicitado a sus hermanos que la cofradía se titule desde ahora del Cristo del Impermeable. No crees que la idea sea bien acogida, pues ya sabes lo tradicionales que son las celebraciones de Semana Santa, y hay que respetarlas. Sólo estás contento porque piensas que cumpliste como amigo, y que a lo mejor en el cielo toman nota y en adelante programan el tiempo   para evitar que, como decía Miguelón, Dios acabe tirando piedras contra su propio tejado.

Habemus Papam…y más cosas

Al Paráclito se le puede pedir que no se limite a inspirar al Cónclave cuando hay que elegir papa, sino que nos saque de otros apuros...

Al Paráclito se le puede pedir que no se limite a inspirar al Cónclave cuando hay que elegir papa, sino que nos saque también de otros apuros…

1

Sin duda los viajeros de aquel vagón de metro se alarmaron cuando un señor con  sombrero y gabardina se acercó a los asientos en los viajaban cómodamente cuatro ciudadanos. Los ciudadanos estaban a lo suyo, según el sexo. Dos del sexo masculino estaban hundidos en la profunda lectura del MARCA y el AS. Las dos mujeres leían sendas novelas de Matilde Asensi y de Roberto Bolaño. Por ese instinto de conservación del asiento conquistado, ninguno levantaba la vista. Ninguno debía de haber reparado tampoco en un hecho singular. Esos cuatro asientos estaban marcados con otros tantos símbolos de personas con derecho preferente al asiento: a saber mujeres embarazadas, ancianos, impedidos y tullidos de diverso género. Homper consideraba que estaba incluido en al menos dos de las categorías privilegiadas, pero si fuera por anciano no hubiera hecho  nunca lo que hizo.

Y lo que hizo fue lo siguiente. Se acercó a los ocupantes de esos cuatro asientos, se plantó ante ellos con los brazos en jarras, se abrió la gabardina y mostró algo singular en su cuerpo que causó sorpresa y un cierto escándalo.

-Lo que nos faltaba- murmuró una anciana acomodada en los asientos de enfrente.

-¡Es un exhibicionista! –denunció un viajero que iba de pie apuntándole con su dedo acusador.

-¡Sinvergüenza, cabrón!-gritaron otros.

Homper mismo confesó que, de haber observado la escena desde otra posición y de no haber sido él el protagonista del suceso, se hubiera quedado estupefacto. O perplejo, como dice su nombre. Pero la verdad es que se quedó dolido porque nadie hubiera entendido su reacción.

2

Ocurrió que viajaban en el mismo vagón dos sacerdotes, reconocibles por ser de los pocos que aún se dejan ver por la calle con su alzacuellos de reglamento. Uno de ello llevaba en la oreja un auricular, mientras que el otro, que portaba una cartera de mano, inclinaba su cabeza hacia al anterior intentando captar la gran noticia que esperaba la cristiandad. De repente, al primero se le transfiguró la cara, y alzando los brazos proclamó sin el menor recato.

-¡Habemus papam!

El otro sacerdote alzó los brazos jubiloso y rodeó con ellos al portador de la buena nueva.

-El Paráclito ha cumplido su función- sentenció en tono solemne mientras ambos daban rienda suelta a su alegría.

Medio vagón aún miraba a la pequeña trifulca que protagonizaba Homper con su presunto acto de exhibicionismo. Mientras que el otro medio miraba a los dos curas felices preguntándose seguramente quién era el Paráclito.

3

-Yo, como tú, como todos los de nuestra época que estudiamos en colegios religiosos, sabemos quién es el Paráclito- te explica Homper- O al menos deberíamos saber que es otra denominación del Espíritu  Santo, el nombre griego de la tercera persona de la Santísima Trinidad: el abogado, el intercesor, el maestro, el consolador, el ayudante…Se ve que el Padre y el Hijo se reservan para funciones más importantes y cuando hay que elegir Papa, que no deja de ser una cosa terrenal, envían al Paráclito. Pero claro, figúrate, la gente del metro, ni idea…

-Ya…-le respondiste tú- Pero hablando de la gente del metro…¿Cómo resolviste el numerito ese del exhibicionista?

-Muy sencillo: me volví al respetable y mostré que lo que ocultaba mi gabardina y mi chaqueta no era nada indecente, sino este puñetero corsé que me acredita como tullido con derecho preferente a asiento. A veces, pocas,  hay algún joven o alguna chica  bien educados que te lo ceden espontáneamente por consideración a tu edad, pero yo lo rehúso siempre. Cuestión de orgullo. Ahora, cuando estás jodido de verdad por culpa del corsé y no surge ese alma angélica….

-¡Qué mal rato!, ¿No?.

-No tanto. Luego le expliqué al personal que si el Paráclito no hubiera estado tan centrado inspirando al Cónclave para que eligiera a un argentino como Papa, no tenía duda de que  les habría inspirado a los usurpadores de los asientos reservados para que adivinaran que soy un impedido más y me cedieran el que ocupaban sin tener que hacer el número del exhibicionista. Si lo sugiere hasta su nombre: Paráclito, para ayudar a los que lo necesitan…No se por qué sólo recurren  a él en los cuadros del Greco y cuando hay que elegir papa nuevo.

4

Procuras asimilar la historia que te cuenta Homper. Y agradeces que te haya recordado las funciones y hasta el pintoresco alias del Espíritu Santo. Pero aún sintiéndote tan identificado con él, y compartiendo su indignación por la poca delicadeza de algunos usuarios del transporte público y la fe en que el Paráclito te eche una mano si llegara el caso, te propones que aunque se te rompa la espalda de dolor nunca  te abrirás la gabardina en el metro para mostrar las vergüenzas que te afligen. Genio y figura, hasta la sepultura.

El pingüino enamorado

De vez en cuando, el bloguero ventila ss obsesiones pensando en ese fenómeno de la naturaleza que es el pingüino emperador...

De vez en cuando, el bloguero ventila ss obsesiones pensando en ese fenómeno de la naturaleza que es el pingüino emperador…

1

Te lo quieres seguir tomando con sentido del humor, así que te vistes de soldado tipo Gila,  coges el teléfono, marcas un número y surges de la trinchera imaginaria desafiando a las balas que silban a tu alrededor.

-Oiga, ¿es el enemigo?…Que si podían atacar en otro lado, que se están pasando ustedes con nosotros.

Luego miras a tu alrededor a todos los caídos de cara conocida. Paco ValladaresJuan Luis Galiardo, Carlos Larrañaga, Fernando Guillén, Sancho Gracia y el más reciente: José Sancho. Todos actores, todos buenos mozos, todos ligeramente mayores que tú, pero de la misma generación. Y la mayoría, según crees recordar, abatidos con pocos meses de diferencia por tu mismo adversario. Qué obsesión con los artistas. Menos mal que tú no eres exactamente eso. Menos mal que según IAE tú estás encuadrado en el capítulo de humoristas, caricatos o excéntricos.

2

Le mandan en el colegio a tu nieta Marina que escriba un cuento. Y ya lo debe de haber escrito. Una lástima que no le contaras antes la historia de El pingüino enamorado, que a lo mejor le había servido para cumplir los deberes.

La historia es esta. En la casa de la señora de la limpieza de una de las bases que España mantiene en la Antártida llamaron a la puerta. Abrió otra Marinita y se encontró con que el que había llamado era un pingüino emperador.

-Hola-le dijo el pingüino a la niña- Que vengo a pedirte un favor.

-¿Qué favor?

El pingüino se arremangó el faldón de plumas que cubre sus extremidades  y mostró un enorme huevo que se posaba sobre la membrana de sus patas de palmípedo.

-Que si me puedes guardar en caliente este huevo para que se vaya incubando.

-¿Pero eso no lo hace  mamá pingüina?-preguntó la niña.

-No- respondió el pingüino- En otras especies de aves eso es lo normal,  pero ella es una pingüina emperatriz. Es nuestra manera de ser. Ella pone el huevo, pero luego se lo da a su pareja, que soy yo, para que lo coloque sobre estas patas y lo incube…¿Ves?…¡Y así dos meses, de pie, pretegiendo el huevo sin que toque el suelo de hielo y sin moverme ni un minuto de mi sitio!

La niña abrió la boca asombrada. Se imaginaba lo que debía de ser la larga espera del pingüino emperador incubando el  huevo en soledad y soportando el frío polar.

-¿Y qué hace entretanto mamá pingüina? –preguntó.

-Se va al mercado. O sea, al mar para pescar, y regresa después de un mes con comida para alimentar al polluelo que nacerá. Pero fíjate qué plan, yo entretanto esperando días y noches, de pie, solos mi huevo y yo. Y ya no puedo más.

-¿Y qué quieres que haga?

-Pues que te quedes con el huevo y le pongas al calor de tu casa. Junto al radiador de la calefacción, o en la cama donde duerme el gato, o a ratos entre tus manos, para que se vaya incubando mientras yo voy a buscar a mamá pingüina.

-¿Te mueres de hambre y de aburrimiento? –preguntó la niña compadecida mientras le acariciaba.

-No. Me muero de amor –suspiró el pingüino- porque no soporto tanto tiempo sin estar  a su lado.

A Marina se le encogió el corazón al conocer la dura vida del pingüino emperador. Así que le hizo caso, se despidió el pingüino con un beso  y  se ocupó de que al huevo no le faltara el calor ni un momento.

Y  así fue hasta que, al cabo de un mes, justo cuando el polluelo empezaba a romper el cascarón del huevo, volvieron a llamar a la puerta de su casa. La niña entonces abrió y se encontró a la pareja de pingüinos emperadores que regresaban contentísimos, con sus alitas entrelazadas como dos novios y el estómago lleno de pescado. Mamá pingüina acogió al polluelo bajo su faldón, los dos picotearon un beso de agradecimiento a la niña y todos fueron felices y comieron pescadito.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

3

Te preguntas a cuento de qué viene este cuento. A cuento de nada aparentemente lógico. Simplemente intuyes que lo malo del blog de un enfermo es que acaba oliendo a éter, como los hospitales antiguos, y que de vez en cuando necesita ventilación. Abrir las ventanas y que circule el aire de fuera.

Qué grande, qué variado y qué refrescante es eso que llamamos “fuera”. Tantos mundos diferentes de tu pequeño mundo. Tantas cosas que pasan lejos de ti. Tantas vidas tan apasionantes como la de esa ave singular que es uno de tus héroes. Y tantos amigos que no ves a menudo y que incluso ni siquiera conoces.

Muchos de ellos roban un minutillo de su apretada agenda y echan un vistazo a tu blog para saber de ti. Carmen Fernández de Henestrosa, que está en Berlín con una beca Erasmus te manda un saludo y asegura que te lee, qué emoción. También lo hace Monti, María del Monte, la que dejaste de ver de niña y ahora es dos veces madre. Se solidariza contigo porque también soporta un corsé. Y los hermanos Alonso-Lasheras, tan cariñosos, agradeciéndote que dedicaras unas palabras a la memoria de su padre. O tu sobrino nieto Pedro, que aún no ha retirado la bicicleta que le ofreciste. Gente joven y, por añadidura, bien humorada, como Pedrito (un francés de sólo setenta y seis años), y como Zoupón, que bien podría llamarse Zumbón. Sólo esperas ya que te lea Marina, tu nieta, y que se aprenda el cuento para la próxima vez que le pongan esa tarea. Así, en su inocencia, irá entendiendo que no todos los machos sois egoístas, os miráis al ombligo y os ocupáis sólo de vuestra enfermedad. Y si no que se lo digan al pingüino emperador, qué prodigio de generosidad la suya.

Tres milímetros de esperanza

Con tanta obsesión por el crecimiento, económico o de otro tipo, no caemos en la cuenta de lo importante que es a veces decrecer tan sólo tres milímetros...

Con tanta obsesión por el crecimiento, económico o de otro tipo, no caemos en la cuenta de lo importante que es a veces decrecer tan sólo tres milímetros…

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Te cuenta Homper que como su vida de jubileta puro se le queda tan estrecha, está dispuesto a ofrecerse como alter ego perfecto. Y, de acuerdo con los tiempos que corren, gratuitamente, claro.

-Te puedo ser muy útil-dice- Pienso como tú, vivo como tú, y recientemente me diagnosticaron una enfermedad como la tuya a la que están aplicando un tratamiento exactamente igual al tuyo. Así podré hablar de tu vida sin las inhibiciones que te produce ser sincero contigo mismo. Además, desde que murió la tía Clota ya casi no tengo con quien hablar.

- Qué pena…Qué sería de nosotros sin poder hablar…¿Eres madrugador?

-Si, lo soy.

-¿Compartes mis aficiones?

-Oh, si…Tenemos muchas afinidades electivas en común. La música de Bach, el cine rancio, el Atleti, los callos con garbanzos, espiar la vida de los animales, escribir sin saber qué acabará saliendo, los polvorones, tirar piedras al río, darle cuerda a tus juguetes de hojalata y esas cosas  tan tontas que te gusta creer que son la esencia de la felicidad.

-¿Y sientes lo que siento yo en este momento?…

-Tenlo por seguro.

-Pues cuéntalo de una forma original. ¿Sabes?…Empezó este blog como un divertimento y según pasan los días se va uno poniendo intenso, y cree que ya no tiene la menor gracia.

-Pues verás…

2

Te cuenta Homper que el lunes entró a tomar un te en un Starbucks. Le gusta esta cadena de cafés por lo de poder arrellanarse en un sillón y leer algo mientras toma un bebestible. No le gusta por el tamaño desmesurado de sus muffins y por sus precios. Te sigue contando que después de leer por encima el periódico, levantó la vista y se fijó en el tipo que tomaba un café en la mesa de al lado. Su cara le era familiar. Junto a su café, descansaba un ejemplar de El Kamasutra deconstruido.  172 nuevas variantes posturales, interesante aproximación a al amor carnal para expertos escrito por la sexóloga finlandesa Arnal Cukaalinen.

-De vez en cuando, tras beber un sorbo de ese café aguachirle, el tipo leía un ratito y tomaba notas en una libreta. Yo le observaba y decía: este tipo me suena, me suena…Hasta que caí en la cuenta de que era el famoso actor porno Nacho Vidal. Entonces no pude reprimir mi curiosidad, y tras presentarme correctamente como Homper, o sea, el Hombre Perplejo y de curiosidad sin límites, le pregunté si tres centímetros de más o de menos podían hacerle más o menos feliz la vida a un hombre y a su pareja.

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-¿Te atreviste a eso?-le dijiste tú- Yo nunca hubiera osado a  hacer esa pregunta.

-Hombre, un alter ego se puede tomar ciertas licencias…El caso es que él se echó a reír. Y dijo que él estaba encantado con sus veintitrés centímetros, como bien se podía admirar en el vaciado que le hicieron de su afamado miembro viril para envasar colonia femenina o para modelar penes de chocolate que se vendían, con gran éxito por cierto, en las confiterías eróticas más acreditadas. Pero que, como triunfador que es, además de esperar impaciente el crecimiento de de la economía y de sus pingües negocios, también aspiraba a que se alargara su instrumento de trabajo.

Homper puso cara de pícaro y bajó la voz para continuar su relato.

Me reveló que había requerido la ayuda del mentalista indio Rabiné Dorandar, y que gracias a sus lecciones sobre el poder de la mente  si se concentraba mucho en una mujer apetitosa el pene le crecía excepcionalmente, y siempre de tres en tres centímetros. Contrariamente a lo que puede uno imaginar en un tipo de apariencia tan ruda y de menester que no destila precisamente humanismo, no eran mujeres vulgares las que más le ponían, sino lo mitos eróticos más refinados que ha conocido la civilización. El busto de Nefertiti del Museo Neues de Berlín le prolongaba su alegría hasta veintiséis centímetros, la Venus del Espejo de Velázquez  lo estiraba hasta los veintinueve, y el escandaloso cuadro El origen del mundo de Courbet colgado en el Museo D’ Orsay, marcaba su record de treinta y dos centímetros. Y entonces, más difícil todavía, fui yo y le planteé la cuestión siguiente. Oye, macho-le dije- ¿y el perder tres milímetros no te hace feliz?…Entonces me miró con desprecio,  porque para él tres milíemtros eran eran algo insignificante, y me espetó con mal tono que además eso del crecimiento negativo era una gilipollez.

Y nunca mejor dicho.

4

-Porque eso del crecimiento negativo es un eufemismo de los políticos para no decir decrecimiento. Pero ahí está la diferencia -le aclaré yo a Nacho- Que así como el crecimiento negativo es un oximoron,  una  contradiccio in terminis, o sea, una gilipollez,  el decrecimiento puede ser positivo.

-¿El decrecimiento de la economía o el del pene?-preguntaste a tu alter ego francamente sorprendido.

-¡Oh, no!-te corrigió Homper-Esos siempre son deprimentes- Me refiero al decrecimiento de uno de los nódulos malignos que tengo alojado en el pulmón. Ahora, después de casi dos meses de pasar por talleres, su tamaño se ha reducido en tres milímetros.

No sabes cómo reaccionaría Nacho Vidal, ni tampoco te importaba demasiado. Tú recordaste entonces que Homper era tu alter ego, y que su suerte era la tuya. Y que, por primera vez en tu vida, perder tres milímetros donde te dije, en lugar de ser preocupante, era una excelente noticia.

 

Al señor Aso, ni caso

Aún nos quedan deberes por hacer antes de hacerle caso al extravagante ministro japonés llamado Aso...

Aún nos quedan deberes por hacer antes de hacerle caso al extravagante ministro japonés llamado Aso…

1

Todo es relativo. O todo debe de ser relativo. Fuiste siempre un tipo del que nadie decía “qué buena cara tienes”. Es más, tu amigo desde los años del colegio Luis Giménez Guitard, un malagueño socarrón y chistoso, te veía más bien todo lo contrario.

-Tienes cara de niño muerto sin flores.

A ti estas metáforas macabras no sólo no te mosqueaban, sino que incluso te divertían. Niño muerto sin flores: qué imagen tan gamberra, y al mismo tiempo con su pellizco de poesía. Casi poesía del Lorca más surrealista

La habitación no lloraba,

                                                se llenaba de estupores.

                                                El canario enmudecía,

                                                y en su caja sonreía

                                               el niño muerto, sin flores…

Secretos de la pigmentación. Pasabas días de verano en la playa y volvías a Madrid casi  con la misma color, como si el sol pasara por tu piel igual que a través del cristal. Eras paliducho, un niño si chapetas en las mejillas, y ya está: no era nada grave, ni te preocupó jamás. Lo que te llama la atención es que ahora que ni comes mucho ni apenas sales de casa la gente te diga que tienes buena cara. Debe de ser que por primera vez en tu vida el optimismo, moderado eso sí, resplandece en tu rostro.

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Además, al cráneo de Nosferatu le ha salido pelusilla de pichón. Los pichones recién nacidos son muy feos, pero tienen pelusilla en la cabeza. En el Monte el Rincón, donde pasaste lo mejor de tu infancia, a las crías de las aves que aún no habían echado pluma les llamaban peletorros. Bueno, pues ahora tu cabeza disparatada luce como si fueras un peletorro. Qué alivio: los peletorros eran tan jóvenes.

No sabes si en efecto sirvió de algo cortarse el pelo al uno o fue casualidad, pero el caso es que desde entonces en tu almohada sólo aparecen cada mañana dos o tres víctimas capilares. Las mismas, más o menos, que antes de pasar por talleres. La pelusilla tampoco es que te mejore de aspecto, pero no deja de ser un síntoma. La espalda te sigue doliendo a ratos, el tubo digestivo no termina de tranquilizarse, y te cansas, te cansas por casi todo. Pero sin embargo la gente te ve con mejor cara.

Deben de ser las alegrías que te da Audrey.

3

Para compensar. Porque en estos días no puedes ocultar que te inquieta la original propuesta de ese ministro japonés llamado Aso, maestro en ganarse amigos.

-Si queremos mantener el estado del bienestar –ha venido a decir- lo que tienen que hacer los ancianos es morirse cuanto antes.

Y tú, que eres tan sensible para estas cosas, has empezado a sentirte culpable de no colaborar con esta magra economía de chichinabo que cada día nos somete a una nueva privación. No sólo no te mueres, sino que además cometes la osadía de cobrar una pensión.

-Perdóname, Señor –suspiras- porque aún me guste desayunar un pedazo del roscón que me ha hecho mi cuñada Marliesse. Fuera de época, el roscón aún sabe mejor, sabes?

Sales a la calle golpeándote el pecho. Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa, porque aún te divierte vivir. Aunque, por si acaso, vas pensando si a la sociedad le resultaría más económico que te arrojes a las vías del metro o confundir el matarratas con cualquiera de las pastillas que ya forman parte de tu dieta.

Todo sea por salvar lo que queda del estado del bienestar.

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Lo que en verdad salvará el estado de bienestar es que surjan más personas como la que se oculta tras esa Audrey Hepburn que se ha ocupado de ti. Ya ves las diferencias: un ministro japonés desea que pierdas la vida cuanto antes mientras una buena amiga no consiente ni que pierdas los guantes.

¿Y quién es Audrey?, te han preguntado algunos de los curiosos que merodean por aquí. No hay por qué ocultarlo. Se llama Mariquilla López Bachiller, una mujer que al tiempo que sostiene una empresa de eventos con la que colaboraste en tiempos y de la que surgió una buena amistad se ha marcado el objetivo de sacar adelante a sus hijos, y en especial a Gonzalo, afectado de parálisis cerebral. Ya lo contaste en otro post hace unos meses: al muchacho le recomendaron los médicos ejercicios como el baile y ella, ni corta ni perezosa, creó a su alrededor con unas amigas el grupo de las Bollychurias, que aparte de divertirse recreando los bailes de Bollywood, colabora con la Fundación Bobath difundiendo sus objetivos y celebrando festivales para recaudar fondos que ayudan a la rehabilitación de los afectados por esta enfermedad. Tú no hiciste más que presentarlas en una de esas fiestas a tu manera, como lo haces cuando alguien te solicita para tratar de amenizar estos eventos. No recuerdas más méritos para que se reencarnara por ti la Hepburn. El mérito es de su ingenio y su generosidad.

Mariquilla nació en el seno de una familia numerosa, no precisamente millonaria, que perdió a su padre cuando este apenas rondaba los cincuenta años. Como suele pasar en muchos de estos casos, la madre hizo de la necesidad virtud, y supo educar a sus hijos para que despabilaron y supieron ganarse la vida muy aseadamente. Mariquilla y su hermana Maria Acacia, las que más conoces, son además especialistas en exportar felicidad. Si no siempre te  regalan guantes, jamás te regatean un favor ni una sonrisa.

5

Así que de momento no puedes hacer caso a Aso. Tienes que quedar bien con Mariquilla Hepburn, y con todos los que se interesan por tu salud. Y tienes que plantar el rosal que te ha enviado tu prima Chita, que además fue tu madrina en la pila bautismal. Lo habrá escrito otro poeta, aunque no fuera tan genial como Federico (por cierto, no se crean los versos del niño muerto sin flores, que son inventados). Parece un recurso fácil y algo cursi, pero es de cajón: uno no puede morirse con unas rosas que cuentan contigo para florecer en primavera.

Audrey te regala un par de guantes

"Sometimes dreams come throot", dijo Garci cuando recibió su Oscar. Y es verdad. Audrey Hepburn reaparecio en tu vida y te mando un par de guantes...

“Sometimes dreams come throot”, dijo Garci cuando recibió su Oscar. Y es verdad. Audrey Hepburn reaparecio en tu vida y te mando un par de guantes…

1

La vida es un descubrimiento constante. A los dieciséis  años comprendiste que Menéndez Pelayo era algo más que una calle ancha que bordea El Retiro por el lado este  y empalmaba con  General Mola. Don Marcelino era un señor orondo y barbado que aparecía en el Díaz- Plaja, tu manual de literatura, que le cuadraba como prototipo de sabio. El sabio acababa en la calle Alcalá y daba paso al soldado, que seguía su camino hacia el note de Madrid.

A  Mola  le apeó del callejero la democracia, por haber sido el director  del golpe militar del 18 de julio y el jefe del Ejército del Norte. La gente nos quedamos siempre con el detalle más importante de las biografías, sin caer en la cuenta de que estas a veces pasan por alto guiños curiosos y desconcertantes. Hace poco leíste que el generalote de gafas de culo de vaso –debía de sufrir miopía-, además de dirigir las operaciones militares con mano de hierro, oh paradojas, se entretenía en fabricar juguetes de invención propia, y además dejó escrito un manual de ajedrez. O sea, que su temible personalidad escondía también una cuota de inocencia y, como se le supone a todos los  pomares, fischeres y karpoves de este mundo, de culto a la inteligencia. Quién lo diría.

El sabio santanderino en cambio resultaba menos contradictorio. Un extravagante plan de estudios del  momento (todos los planes de estudios, por uno u otro motivo, acaban siéndolo) había decidido que el  curso  Preuniversitario con el que te despedías del colegio se dedicara a temas nonográficos. Mira que te gustaba ya literatura, y que hay talentos en los que podías haber puesto tu atención con el mayor interés. Pero alguna lumbrera del Ministerio de Educación Nacional decidió que te olvidaras de todo y  estudiaras en profundidad la figura del polígrafo don Marcelino Menéndez y Pelayo, y en especial su Historia de las ideas estéticas, que es justamente el tipo de apasionante libro de bolsillo que un chico de dieciséis años se lleva a la cama como lectura preferida. Qué rollo de curso. Sólo aprendiste que aquel ilustre era un lector infatigable, que orilló el amor –aunque las malas lenguas le acusaran de putero- porque le quitaba tiempo para la lectura, y que sintiéndose ya cerca de la muerte se lamentaba así de la vita brevis.

 -¡Qué pena morirme, cuando me queda tanto para leer!

Vamos, que lo leía todo.

2

Tú no has leído tanto, a pesar de que la televisión apareció en tu vida cuando ya no eras un impúber. Pero eres un ratón de diccionario, un tipo que desde hace muchos años, cuando no entiendes una palabra tiras de él y te ilustras para comprenderla. Y tienes memoria para recordar donde hallaste aquella palabra enigmática que te llevó al diccionario. Descubriste barboquejo en El candor del padre Brown, de Chesterton, la  palabra teso en alguna novela de Delibes, borborigmo en Contrapunto de Huxley y metempsicosis en alguno de las sesudas páginas de don Marcelino. Sabes lo que estos vocablos raros significan  porque te fastidia desconocer las múltiples palabras que uno emplea diariamente a humo de pajas. Y no recuerdas a cuento de qué fue, pero sí que metempsicosis es la doctrina según la cual las almas, después de la muerte transmigran a otros cuerpos.

Tal vez fuera eso, la metempsicosis, lo que necesitabas para explicar ese extraño suceso o ese pequeño y maravilloso milagro que te aconteció hace sólo unos días.

3

Vas contando tu vida post tumoren porque piensas que puede ser una terapia más para el regreso a la normalidad. En esa normalidad de cabeza poco ordenada, ya lo contaste, perdiste un guante en el autobús. Le añadiste a la historia, completamente banal, algo de sal y pimienta de propia Minerva. ¿Por qué no podría haberlo encontrado una dama encantadora? ¿Por qué no podía ser esta tu adorada Audrey Hepburn, que veinte años después de su muerte, sigue siendo una inmortal?…

Hace poco leíste una novela de Juan José Millás titulada El mundo en la que el autor recordaba haber paseado en su infancia por un barrio donde se cruzaba con los muertos, como si estos siguieran gozando de buena salud y salieran de sus tumbas a tomar el fresco. El niño de El sexto sentido, película que alcanzó mucho éxito, veía muertos como quien contempla el vuelo de una mosca, y no digamos los niños de Los otros. De cuando en cuando el hombre se fatiga de racionalidad, y le da por crear mundos en los que la frontera entre la vida y la muerte se desdibuja. Tanto, que casi acabamos creyéndonoslo. La ciencia tampoco se duerme por buscar lo imposible. Lo último que te ha sorprendido en este sentido es que hay un científico que está dispuesto a embarazar a una mujer –robusta y de anchas caderas la tiene que buscar- con espermatozoides obtenidos no se sabe cómo para que nazca de su vientre ese homo sapiens con cara de bestia que hasta ahora sólo conocíamos en su versión digital.

Tu historia podría ser un caso de esos, o incluso de metempsicosis. Pero queda más bonito interpretarla como si fuera un cuento de aquellos que convertía en películas inolvidables Frank Capra.

4

Pues a los dos días de subir el post del guante perdido, un mensajero se personó en tu palomar y te hizo entrega de un gran sobre. Lo abriste y encontraste en su interior una fotografía de 42 x 30 de la mismísima Audrey mirándote fijamente a los ojos, como si viniera  a tu casa para ajustar todas las cuentas sentimentales pendientes contigo desde hace tantos años. No era su mirada lo único que te impresionaba. La foto venía envuelta en un papel de celofán transparente, que sujetaba contra el papel, cruzados sobre los delicados hombros de aquel ángel inmortal, dos guantes de piel para hombre junto con este escueto mensaje:

Un beso

                                             Me los encontré…¡¡en el metro!!

Te acordaste de la frase de José Luis Garci cuando recibió su Oscar y quiso agradecerlo con su desastroso acento inglés de la calle de Narváez: Dreams sometimes come trooth. Te quedaste pasmado, maravillado del ingenio y la ternura de Audrey para sorprenderte. Y estabas tan nervioso cuando fotografiaste su envío con la cámara de tu móvil que el pulso te temblaba, y con toda seguridad, la foto nunca podrá expresar el profundo agradecimiento y la incontenible emoción que te produjo ese regalo del más allá.

Bendita metempsicosis, o lo que sea. Y casi bendito el tumor, que tiene a tantos ángeles de la guarda pendientes de hacerte la vida feliz.

Una nochevieja muy especial

Al final conseguiste huir del tópico y de la vulgaridad, y tuviste sin duda una Nochevieja muy especial...

Al final conseguiste huir del tópico y de la vulgaridad, y tuviste sin duda una Nochevieja muy especial…

1

Te han dejado tu dosis de Cortisona en un mísero gramo y tú que te creías el rey del mundo te has desplomado como un castillo de naipes. Hace unos días huías del sueño para que este  no te faltara por la noche, que es cuando la vigilia se hace más angustiosa. Ahora te levantas somnoliento después de haber permanecido en la cama unas diez horas, record imposible hasta hace nada. Tratas de asearte, ingieres la larga serie de potingues que te han mandado para aliviar tus terribles ardores y vagas por ahí arrastrando tu cuerpo para dejarte caer en cualquier sofá cerca de una de una chimenea enciendida..

Tu programa se te ha recortado tanto que tienes que llenarlo con piruetas de la imaginación. Antes de que la indescriptible fatiga te duerma has pensado qué será peor, si ser lo que eres ahora o ser Arturo Más. Visualizas la agenda del día del del President y se te abren las carnes. 1.Despertar con gesto de iluminado convicto, como el Moisés de  Charlton Heston  al bajar del Sinaí. 2.Mantener esa mandíbula de fimeza impávida ante sus correligionarios de CIU, ligeramente cabreados por el marchamo del nuevo gobierno. 3.Hacer de gran fingidor  mostrando su sonrisa Profiden  en el momento que ERC le clava por el costado izquierdo un nuevo impuesto. 4.Esperar media mañana una llamada de la Merkel, Durao Barroso y Van Rompuy poniéndole a sus pies Europa. Y 5 hacer un nuevo gesto de antipatía y de descortesía hacia los españoles. Qué sabia manera de deshacer amigos la de este político. Antes Arturo Más parecía un vendedor de automóviles que inspiraba optimismo y repartía sonrisas. Ahora va de iluminado poco original, maleducado y borde.

-Virgencita, Virgencita- suspiras en el duermevela-Que me quede como estoy.

2
Te tranquilizó mucho saber que tu amiga Teresa Schoenborn-Bucheim, especialista en Feng Swing –equilibrio y armonía en tu existencia- decía que el cuerpo humano debe dormir con la cabeza apuntando al norte y los pies al sur. Tú duermes, o dormías, como un tronco en cualquier sitio, y jamás miraste a la brújula para echar una cabezada. Sólo recordabas la vieja conseja campesina de que la sombra de la higuera da mala la siesta, pero te daba igual la orientación.

Casualmente tu cama en la casa de campo sigue las normas de Teresa. Tiene por detrás el pico Almanzor, y muy al sur la sierra de Guadalupe, que te hace cosquillas en los pies desde casi cien kilómetro de distancia. Pero lo que descubres en las dos primeras noches que ahora pasas allí es que en invierno, aparte de los beneficios del Feng Swing, que desconoces,  desde la cama divisas por la ventana las lunas  al acostarte y también al despertarte. No duermes muchas horas, cierto, pero tienes el privilegio de ver como la luna llena te da los buenos días y después se acuesta tras los lomos de Gredos que quedan al poniente.

3

Anotas con una cierta emoción en tu Dietario de Nuevas Sensaciones la primera de las noches  en las que aún no se han cernido la niebla. Después cambia el tiempo, y la belleza nocturnal toma otro carácter. La luz lunar filtrada por la niebla que siluetea los robles y castaños deshojados produce el efecto de las noches de Tim Burton. Qué escenario de miedo tan  acogedor y tan grato visto desde la cama, tan caliente.

Tal vez  porque las películas de este geniecillo son hiperbólicas y disparatadas, se te desmadran entonces la imaginación y el sueño. Uno y otro te traen entonces la luna de las tapas de las latas de Cera Alex con las que lustraban los viejos suelos de madera de la casa de tus padres. Era aquella una luna lorquiana con sonrisa un poco ladina, pero si la mirabas por el lado oscuro podría parecer también un hombre calvo algo siniestro.

Lo cual que, como estás inquieto esperando que tus tratamientos empiecen a producir los temidos efectos colaterales, te enredas en un sueño inquietante. Vas por un túnel por el que te encuentras de cara a Kojak, el ángel calvo de la Lotería y el árbitro Collina y a toda una legión  de calvos anónimos. Tú caminas en dirección contraria a ellos, y todos te miran, primero sorprendidos, a medida que llegas al final visiblemente enfadados. Cuando vas a salir del túnel, el último calvo se te vuelve con la cara llena de odio y te espeta.

-¿Y a ti cuando se te empieza a caer el pelo?

Despiertas, te llevas las manos a la cabeza y compruebas aliviado que conservas el pelo  que tenías. No te has quedado calvo. Sólo ocurre que tenías 38, 2  grados de fiebre y que desde hace tres días una inocente crema de espinacas se convierte en un brasa encendida cuando inicia el recorrido por tu tubo digestivo.

4

Estabas ilusionado por celebrar esta Nochevieja, cuando desde hace bastantes años, probablemente desde que Martes y 13 se evaporaron  le habías cogido tirria a esta fiesta llena de vaciedades. Y  ni tomabas las uvas ni a veces esperabas a las doce campanadas. Incluso habías macerado un jamón fresco para asarlo y completar con él la cena que entre familia propia, cuñados, sobrinos, sobrinos nietos y agregados iba a congregar a más de treinta personas de tres generaciones en tu casa…

Pero el hombre propone y Dios dispone. Con esos mismos síntomas con que tu espíritu de huerfanito de Dickens aún alimentaba tu ilusión, tu mujer y tu hija se movilizaban, hablaban con el oncólogo de guardia y en dos horas tu hijo Guillermo te depositaba en Urgencias del Hospital Sanchinarro de Madrid.

6

Y tu nochevieja fue, como en  el  fondo te gusta, la más insólita de tu vida. Ni cena, ni uvas, ni tele, ni mensajes telefónicos de los que antes se repartían como confetis.

Agarradito a la cama del hospital mientras  tus defensas se recuperaban, y dando gracias a Dios de que los tuyos hayan heredado de su madre el sentido de la responsabilidad que a ti seguramente te faltaba. El nobody is perfect de Billy Wilder también incluía a duendes, trasgos, elfos y otros seres de identidad incierta.


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