Archive for the 'Historias inventadas' Category

Dios bendiga al hijo de la Paqui

1

Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

2

Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

3

Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectorum. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de todo, ¡haz reir!

Intentarás seguir tomándotelo todo con cierto sentido del humor...

.Intentarás seguir tomándotelo todo con cierto sentido del humor..

1 Te ha vuelto a llamar Homper. Está leyendo un libro de Víctor Olmos sobre la vida y obra de Jardiel Poncela que se titula ¡Haz reír, haz reír!, la consigna que le inspiró desde que se dio cuenta de que quería ser escritor. -Esa consigna se la compraría ahora mismo- le dices tú- Yo también hubiera apostado por ¡haz reír, haz reír!…Pero últimamente me he amargado más de la cuenta. Ya sabes, el sentido del thumor… La realidad es que te afecta también ese otro cáncer de desvergüenza que ha hecho metástasis en España. No iba a curar tus males, pero seguro que vivirías mejor si, en lugar de desayunarte cada día con un memorial de agravios de los que debían ser personas ejemplares, sólo te alimentaras de noticias felices. -¡Y tanto! –confirma el Hombre Perplejo- El propio Jardiel tendría que reescribir ahora su novela Pero…¿hubo alguna vez once mil vírgenes? Cambiando a las vírgenes por los políticos honrados…¿hubo alguna vez once mil ejemplares de esta especie?

2

Como a su edad el único tesoro que tiene es el tiempo, Homper fue la otra tarde a la residencia donde se aloja ahora la tía Albertina. En realidad esta anciana no es tía suya, sino la única prima de la tía Clota, aquella mujer que emigró a Estados Unidos para ganarse la vida como profesora de español y con la que el Hombre Perplejo sí guardaba una relación entrañable. Poco antes de morir en su casa de Vermont, y en el curso de una de esas conversaciones que mantenían a través de SKYPE, la tía le desveló un secreto entrañable largamente guardado. -Te acordarás de aquel coche de pedales que te regalé cuando cumpliste siete años, ¿verdad? -¡Cómo no me voy a acordar, si fue el mejor regalo que recibí en mi infancia! -Tú entonces no te preguntabas cómo una pobre maestra pudiera permitirse el lujo de comprarte aquel juguete tan caro, claro. -¿Yo?…Yo me subí como loco a aquel bólido de color rojo y empecé a pedalear por el pasillo creyéndome Fangio, ya te puedes imaginar… Entonces la tía Clota le contó que en realidad el coche de pedales no lo había comprado ella, sino que le tocó en una tómbola a su prima Albertina y ésta se lo puso como regalo de Reyes a su hijo Clementín. Sorprendentemente, la criatura no demostró por el coche de pedales el menor interés. Al contrario, lo que de verdad le gustaba era la Mariquita Pérez de su hermana Pilarín, a la que, con gran desesperación de la niña, secuestraba para cambiarle los vestiditos, darle de comer y acostarla en su camita con verdadera ternura. Así que, comprendiendo que el niño le había salido un poco nenita, un día Albertina se hartó, empaquetó el precioso coche de pedales y se lo envió a la tía Clota para que se lo regalara a ese sobrino tan especial que se asombraba por casi todo. -Ese chico eras tú, querido Homper –le confirmó la tía Clota – Si te pude regalar el coche de pedales fue gracias a ella. Por cierto, que Albertina enviudó joven, Clementín acabó saliendo del armario y murió poco después, y Pilarín se casó con un alemán y no ha vuelto por España. O sea, que mi pobre prima está sola, como tantas ancianas. Por favor te pido, no dejes de visitarla alguna vez…

3

Homper encontró a Albertina insospechadamente feliz. Se presentó ante ella con un ramo de flores recordándole que él era el niño beneficiado por el coche de pedales, y le dijo que no se lo había agradecido antes porque no se enteró de su generosidad hasta poco antes de la muerte de la tía Clota. Por lo visto, Albertina mantiene muy buena cabeza. Casualmente está leyendo Angelina o el honor de un brigadier, porque ella también es una gran amante de la literatura de Jardiel, aunque precisó que le hubiera gustado que en lugar de Angelina la protagonista se hubiera llamado Albertina, como ella misma. Toda la vida ha buscado argumentos para la autoestima, y tener nombre de heroína literaria le hubiera ayudado mucho. Cierto que había una Albertina esencial en Á la recherche du temp perdu, pero ella se consideraba demasiado simple para embarcarse en la espesura de Proust, mientras que las comedias de Jardiel eran ligeras y frescas como un polo de menta, y ésta no hubiera perdido nada, incluso hubiera ganado, si la protagonista fuera Albertina. -Es una lástima –suspiró-Porque no hay que desaprovechar ni una ocasión para la autoestima.

4

A su lado, junto al libro, había sobre el sofá un ABC en cuya portada aparecía la foto del sospechoso del día. -¿Ves?- dijo Albertina mirándola de reojo- A mí el escándalo de Rato por una parte me desanima, pero por otro lado me arroja lastre de remordimientos antiguos…¿Sabes?…Una vez, cuando él estaba en la cumbre coincidí en un te benéfico con una de sus admiradoras fanáticas, una señorona muy encopetada. Pasamos la velada juntas y charlamos mucho, casi que nos hicimos amigas. Y así, contando anécdotas y recuerdos se me ocurrió confesarle ingenuamente que yo después de la guerra lo había pasado tan mal que llegué a falsificar dos cartillas de racionamiento para poder criar mejor a mis hijos. Entonces ella dio un respingo y me soltó esto: ¿Cómo pudiste caer tan bajo?…¡La gente bien jamás robamos! Yo me excusé alegando que no debía de ser tan bien, porque mi marido era un perfecto inútil y en casa pasábamos hambre, pero lo cierto es que a partir de entonces siempre que nos encontramos desvió su mirada mientras yo fustigaba a mi conciencia repitiendo para mis adentros: ¡ladrona!…¡Estafadora!..¡Eres una delincuente! La tía Albertina se echó a reír con estrépito -¿Ves?-le dijo a Homper señalando a la portada del ABC- Como todo es relativo, hoy me siento rehabilitada, y mi autoestima ha subido muchos puntos.

5

Se quedó asombrado Homper de que en una residencia de ancianos se respirase tanta alegría. -Es sobre todo porque tenemos un grupo que nos reunimos todas las tardes para contarnos sólo cosas alegres y jugar al parchís –dijo Albertina mientras iba presentando a sus componentes- Nos llaman los Positivos, y somos Sagrario, Florestán, Bernabé y servidora. Sagrario está encantada porque desde hace meses no ve los informativos de televisión y porque ha podido desempeñar la sortija de rubíes que heredó de su madre. Florestán es un viejo tenor que está radiante: al fin le han hecho unos implantes que le permiten cantar arias y romanzas sin que se le caiga la dentadura en los sobreagudos, como le sucedía antes para bochorno propio y ajeno. Albertina se ha liberado de su mala conciencia de falsificadora de cartillas de racionamiento y de la adicción a Jorge Javier Vázquez. Además cuando acabe Angelina o el honor de un brigadier se hará más jardielera todavía leyendo el ¡Haz reir, haz reir! que le ha recomendado el propio Homper.

6

Claro que, para hacer reír de verdad, nada como el desparpajo y la desinhibición del cuarto de los Positivos, Bernabé, comandante jubilado y socio del Atlético de Madrid. -Yo les comuniqué a mis compañeros que padecía un cáncer de vejiga y que, con perdón de las señoras, lo iba a afrontar con espíritu militar-dijo-: punto uno, con dos cojones. Punto dos: optimizando los recursos. Punto tres, explotando el éxito. Reconozco que los del punto uno se me pusieron de corbata cuando me explicaron que la operación consistía en una resección transuretral, oséase, que el bisturí mágico me lo iban a meter por el mismísimo canutillo del regocijo, que sólo recordarlo me pone los pelos como escarpias. Al respective, y demostrando que había captado la metáfora, la amiga Albertina observó con malicia que el canutillo no siempre da satisfacciones, a lo que yo respondí con laconismo castrense: negativo. Pues salvo en el caso de gatillazo, que, como hombre de armas ni puedo concebir, el canutillo, en su doble función excretora y propiamente sexual, es fuente de máximo regocijo, mayormente en nuestra edad provecta. Von Clausewitz, Maquiavelo y otros tratadistas mantienen que el concepto de poder en el hombre evoluciona con la edad, siendo así que en la juventud el poder es, sobre todo, y con perdón por la expresión, poder follar, en la madurez poder mandar, y en esta vejez en que tanto luchamos por mantener enhiesto el pabellón, consiste mayormente en poder…¡mear! Y no vean ustedes el miedo que tenía yo al bloqueo miccional después de la anestesia, la jodida sonda y todas esas travesuras que menoscaban la gallardía de una verga militar…

7

En este punto el comandante Bernabé hizo un alto, bebió medio vaso de agua, secó su bigote con un pañuelo y prosiguió su discurso en un tono menos épico y con los ojos abrillantados por el esmalte de la emoción. -Ilusionado al saber que la que me iba operar era una uróloga de muy buen ver –continuó el ilustre soldado- quise optimizar los recursos y explotar el éxito intentando retrasar la acción de la anestesia al objeto de sentir unas manos femeninas maniobrando en misión de servicio sobre mi intimidad…Luché como un jabato, pero no pudo ser. Eso sí, cuando veinticuatro horas después de operado otras manos angélicas me retiraron la dichosa sonda y este menda tuvo que quedarse sólo ante el peligro…tuve la satisfacción y el orgullo de sentir que el regocijo fluía de nuevo por el canutillo en forma torrencial. Primero, del color de un reserva de Rioja, al cabo de un rato como rosado de Navarra, después tal que un amontillado, luego cual manzanilla y a los dos días claro como el agua del arroyo… Al comandante Bernabé se le saltaron las lágrimas. -Y la verdad, no se qué guerra seguirá dando el puñetero cáncer, pero esta batalla la hemos ganado.

8

Parece que lo dijo en tono heroico, pero lo cierto es que los Positivos se lo tomaron a risa, y al poco tiempo el jolgorio del comandante y de toda la residencia que había seguido su discurso era un puro disparate. Como la vida y la obra de Jardiel que ahora, en forma de libro, tenía entre sus manos tía Albertina. –¡Haz reír, haz reír!-decía mostrando la portada al aguerrido Bernabé. Tengas lo que tengas, aunque sea un cáncer.  

Un robo ejemplar

Hay que hacer lo imposible para defender la alimentación de nuestros bebés...

Hay que hacer lo imposible para defender la alimentación de nuestros bebés…y la inocencia de las niñas que juegan a ser madres responsables

La niña era buenísima, un criatura candorosa. Tenía casi siete años y seguía jugando con sus muñecos. Los bañaba, los vestía y les daba de comer. Era la pequeña de la casa hasta que vino a nacer su hermano, el primer varón. Por una parte fue una gran alegría: ¡un bebé de verdad! Por otra, en ese momento la niña se dio cuenta de que empezaba a ser un poco persona mayor. Ya no sólo jugaba con sus muñecos, sino que ayudaba a su madre a cambiar los pañales, bañaba al bebé, lo vestía, lo paseaba y le enseñaba a jugar y a reír. Era sobre todo niña, aunque la vida le obligaba a ser también casi como una madrecita de verdad.

Todo fue bien hasta que el bebé de carne y hueso, el hermanito, dejó de tomar el pecho y empezó a alimentarse de leche en polvo. El bebé tenía buen diente, aunque aún no los hubiera echado, y exigía su buena ración diaria. Fue por eso por lo que su madre empezó a notar que alguna mano misteriosa abría el bote de Nestlé, nada barato por cierto, y sustraía diariamente pequeñas cantidades. No hacía falta ser un lince para averiguar quién era el autor de las sustracciones. Un día la madre miró debajo de la cama de la niña y vio a tres muñecos con tres tacitas de miniatura llenas de leche en polvo. La niña la robaba del bote de Nestlé y, como buena madre de sus muñecos, los alimentaba con el producto de su rapiña.

Otra cosa es que como los muñecos, al fin y al cabo, no eran más que muñecos, no se tomaran la leche en polvo. Y que la niña, de natural tragoncilla y laminera, se la echara al coleto por aquello de no desperdiciarla.

Aún se relamía los labios cuando su madre la reprendió, como era natural.

-La leche en polvo es para el hermanito –le dijo-¡Y no se puede robar!

La niña, apesadumbrada, se echó a llorar. Se sentía incomprendida. Por una parte, debía ser mayor y responsable con su hermanito bebé, y por otra no podía dejar de ser niña de la noche a la mañana y, por ende, buena madre de sus muñecos. No tuvo más remedio que reconocer su culpa. Pero enterada tal vez de que Belén Esteban había impresionado a España con su visceral yo por mi hijo MA-TO, enjugó sus lágrimas y le soltó a su madre.

-Yo por mis muñecos…¡ RO-BO!

La presunta delincuente era tu nieta, Duende. Y es verdad que tal y como está el patio hay que decir a los niños que aunque en este país se ha robado lo que no está en los escritos, no es bueno educarse en ello. Pero el delito esta vez destila tanta ternura que ya ha quedado indultado.

La cirugía del estropicio

Quod natura non da, cirugía plástica no siempre prestat...

Quod natura non dat, cirugía plástica no siempre prestat…

1

Sobre la cubierta de un espléndido yate anclado en el Caribe dos hombres de mediana edad conversaban mientras bebían daiquiris. Uno de ellos, corpulento y de edad más que mediana, lucía una guayabera que disfrazaba su curva de la felicidad, y coronaba su cabeza con un sombrero de Panamá. Era el doctor Kropowitzi, psiquiatra de las más deslumbrantes estrellas de Hollywood y de buena parte de la beautiful people neoyorkina. El otro, con torso desnudo modelo metrosexual, era el propietario del yate. Se trataba de Lester Digott, cirujano plástico especializado en transformar el rostro de las beldades del cine a la medida de sus deseos. Sólo cubría su cuerpo con un Rolex de oro en la muñeca derecha, con un taparrabos amarillo de lunares verdes y con la clásica gorra de patrón. Mientras Kropowitzi exponía lo que según él podría considerarse una auténtica explosión de la crisis de identidad de la mujer cuando se asoma a la cuarentena, Digott escuchaba muy interesado y alargaba las copas vacías a una muñequita medio en pelotas a la que abrazaba por su cadera para que las rellenara debidamente y no decayera en ningún momento la conversación.

-No falla –afirmaba Kropowitzi- A partir de una cierta edad ellas sobre todo empiezan a aburrirse de su cara y a detestarse. Yo trato de ayudarlas, hago todos los esfuerzos para que valoren  su personalidad y confíen en su expresión, pero no hay remedio, mis pacientes, hombres o mujeres, quieren cambiar de cara y ser otros.

Lester Digott retiró la copa vacía y puso en las manos del psiquiatra el quinto daiquiri de la tarde.

-Deje que lo sean –barboteó entre regüeldos al cohólicos al tiempo que chocaba la copa de Kropowitzi con la suya propia-Y ahora hablemos de negocios.

2

Entre los vapores de su borrachera, el doctor Kropowitzi recordaba sus años en el Actor´s Studio de Nueva York, cuando soñaba que algún día se ganaría la vida como actor y estudiaba el Método Strasberg. Su trabajo en los últimos tiempos consistía en  profundizar en los más escondidos registros de la psicología del paciente para encontrarle una nueva identidad que le permitiera a Digott moldear el nuevo rostro adecuado a  la misma.  En eso y en poner la mano. Los resultados demostraron que aunque como psiquiatra Kropowitzi pudiera ser discutible, como actor resultaba muy convincente. Después de un intenso tratamiento en su diván, aquellas señoras estupendas que empezaban a cansarse de su cara asumían que eran libres como un ave, sensibles y delicadas como una crisálida, felinas para seducir o refrescantes como las frutas de un retrato de Arcimboldo.

Quiero huir de mí y ser otra- acababan confesando.

Tras lo cual, una buena suma de dólares, el bisturí del mago Digott hacía el resto. Una serie de blefaroplastias, cantopexias y otros estiramientos musculares asombrosos conseguían dar a las inconformistas una nueva cara de rapaz, de mariposa, de tigresa de Bengala o de cereza californiana, según los gustos. Milagros estéticos de nuestro tiempo que estaban sorprendiendo al mundo. A la cara de René Zelweger, que antes de dar el paso irradiaba simpatía y gracia, y a la otrora excitante Uma Thurman, aquella psicosis de cambio las estropeó para siempre. Pero en cambio a una mujer de Picasso que huyó de su lienzo para arreglarse, le implantaron una nueva nariz en la frente y otra teta más en la barbilla y quedó mucho más abstracta. También a Lupe Sinsorgo, una de las protagonistas de La noche de los muertos vivientes le desgarraron  los músculos faciales, le sacaron un ojo que le quedó colgando sobre la mejilla, le tiñeron la piel de color cárdeno y le mordieron tres cuartos de oreja. Un éxito de operación, porque  la criatura acaba de ser elegida Miss Zombi 2015.

Tenía razón don Hilarión: hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Y el  negocio de la cirugía plástica, lo que más. Una barbaridad, una bestialidad, una brutalidad.

¿Tampoco la pana es lo que era?

Nadie diría ahora que la dura vida del campesino español vestía  de pana...

Nadie diría ahora que la dura vida del campesino español vestía de pana…

1

En tu importantísimo Estudio de los componentes de la felicidad que no estudia nadie, obra tan ambiciosa y profunda que difícilmente será publicada nunca, citas a menudo la eximia figura del Profesor Franz de Copenhague, al que tu generación reconoce el mérito de ser el padre de los inventos del TBO. Algunos de ellos, como los melones cuadrados, el dispositivo anti-cabello en la sopa, el aparato limpia-narices o el procedimiento para descargar mercancías con jirafa fueron publicados en aquellas deliciosas historietas que alegraron infancias como la tuya. Otros, naturalmente, no alcanzaron esa gloria.

La relación de aportaciones del citado profesor al bienestar de la humanidad te llevó a investigar la biografía de este curioso personaje, cuyo perfil se desdibuja a finales del pasado siglo, cuando la revista desaparece. Según los expertos –esta fuente es tan socorrida que no se puede obviar nunca- en sus últimos años el profesor, aburrido de que sus inquietudes se estrellaran contra un mundo demasiado torturado por los grandes problemas que le afligían, cerró su centro de estudios y, al igual que tantos ciudadanos del norte de Europa se instaló en Mallorca, donde había pasado largos períodos de vacaciones desde 1956. Como a la vejez viruelas, aquel genio que había pasado su vida entre probetas, matraces, circuitos eléctricos, campos magnéticos, serpentines, trinquetes y sucedáneos del famoso Enigma con los que inútilmente intentó descifrar cuáles serían los catorce resultados de la quiniela y los años que tenían Zsa Zsa Gabor y Celia Gámez, se enamoró de una churrera de Felanitx. De entonces data su proyecto del conservador de las propiedades del churro y la porra, para que a las dos horas de salidos de la sartén no se convirtieran en una masa frita gomosa de dudoso gusto, su vigorizante de erecciones del pene a partir de la cascarilla de arroz y de la harina de huesos nde ballena  y su contador de la duración de los bastones que forman los canalillos de los pantalones de pana. Según el eminente sabio, la calidads de este tejido que durante décadas había servido para el traje de faena del campesino español había degenerado de tal forma que se hacía irreconocible. Una pena.

2

O tu memoria es muy mala o estás de acuerdo con el profesor, porque tú también piensas que alguien del sector textil te está estafando. Hace ya tiempo que, especialmente en el campo, prolongas el uso de los pantalones de pana aunque sus rodilleras empiecen a desgastarse. ¿Por qué? Porque los bastones verticales que forman su característico dibujo se desgastan en nada. A la vista de la pana actual, resulta difícil creer que hubo en tiempo en que la pana era la tela recia y peleona que uniformaba por igual a los campesinos y los colegiales.

-Sáqueme un corte de pana para para los pantalones de los chicos –decía tu madre mientras se sentaba en una silla y el pobre dependiente de Galerías Preciados se preparaba a manejar el metro de madera con cara de tierra, trágame.

Y luego añadía.

-En tonos sufridos, por favor.

Eso significaba en marrón oscuro, que era el tono más sufrido de todos. Como además la pantalonera los hacía en tamaño porsi (por si creces), con la cintura cerca de las tetillas y el bajo casi ocultando las rodillas, el que sufrías aquellos pantalones cortos-aún no se estilaban los largos para los niños- tan horribles eras tú. Te parecían eternos y, como todo lo que se convierte en monotonía, insoportables. Una tarde parda y fría/ de invierno, los colegiales/ estudian monotonía/ de lluvia tras los cristales. Siempre que recuerdas estos versos de Machado, tan expresivos de la grisura de la vida colegial de posguerra, te ves con aquellos sufridos pantalones porsi hincando codos en el pupitre.

Quién te iba a decir entonces que algún día echarías de menos algo de aquéllo que tanto duraba.

3

Puede ser que un año en la vida de un niño equivalga a quince en tu edad provecta, y que lo que entonces te parecía perpetuo ahora lo veas efímero. Puede que la edad deforme la perspectiva de tu mirada, y que tiendas a idealizar el pasado por simple nostalgia. O puede que el imperativo de la obsolescencia prematura, que ya tienen en cuenta los fabricantes de las máquinas e inventos que utilizamos a diario, se haya impuesto hasta en los pantalones de pana. La ley implacable de la sociedad de consumo. El caso es que aún en 1982 los jóvenes que representaban a un partido obrero que quería cambiar España, con Felipe González y Alfonso Guerra a la cabeza, vestían traje de pana, como queriendo decir que acababan de dejar la azada, la hoz y el martillo antes de dar la rueda de prensa. Y que hoy, por el contrario, sólo ves pantalones de pana impolutos en aquellos amigos de buen vivir que, llegado el fin de semana, se visten casual y se suben a su todo terreno de lujo para ir al golf, de montería o enfilar carretera rumbo a una estación de esquí.

¿Tampoco la pana es lo que era?…Vives sin vivir en ti esperando que el contador del profesor Franz de Copenhague aclare si definitivamente eres un viejo quisquilloso o, si por el contrario, los listos de la confección te están tomando el pelo con esos pantalones de pana de pacotilla que al mes de uso ya apuntan claros en sus rodillas.

Sufriendo como Nertalio

Nertalio1

Lo de Nertalio Masoka fue un prodigio de lucidez y de refinamiento intelectual. No sabiendo cómo complacerse más con el sufrimiento, inventó una especie de cazamariposas mágico capaz de atrapar todos los sonidos y las palabras que habían salido de su boca a lo largo de su larguísima vida y que vagaban por el espacio sin extinguirse. Desde los primeros balbuceos y llantos de bebé hasta el amen con el que había cerrado los rezos de la noche anterior a la prueba de su invento, pues Nertalio, aunque masoquista conspicuo, era creyente riguroso y cristiano piadosísimo.

Cuando tuvo la certeza de haber atrapado todo lo que forjó durante décadas su caudal de voz, se refugió en el monasterio de Meteora y pidió que no le molestaran hasta haberse escuchado de principio a fin. Así permaneció durante catorce meses. Entonces, y después de una semana de no retirar los alimentos que dejaban junto a su celda, los monjes hospitalarios derribaron la puerta de esta y le encontraron desfallecido con muy mala cara, los cabellos largos hasta por debajo de los hombros y las uñas crecidas como las de un santón estilita. En el ambiente, como si la aguja de un misterioso pikú se hubiera topado con un microsurco rayado, se repetían cuatro palabras crípticas.

-¡No me jodas, Cardeñosa! ¡No me jodas, Cardeñosa! ¡No me jodas, Cardeñosa! ¡No me jodas, Cardeñosa!…

Sólo había podido escucharse lo dicho hasta junio de 1978, cuando el futbolista del Betis Balompié Julio Cardeñosa cometió ante la línea de meta de Brasil el fallo más recordado de la historia del fútbol español. El infortunado jugador no metió entonces el gol cantado que nos hubiera clasificado para la fase siguiente de aquel Mundial de Fútbol. Las palabras de Nertalio, como las de casi toda España, fueron elocuentes. Tanto que, cuando muchos años después, y gracias a su invento, volvió a escucharlas, el pobre Masoka no pudo resistirlas y  falleció. La autopsia sólo apuntó a causas naturales, pero seguramente murió de desesperación y de puro aburrimiento, señal inequívoca de que nos pasamos la vida diciendo lo mismo.

2

Tú también padeces el síndrome que mató a Masoka. Desde que te dio por cribar de tu blog material para un libro que sea un compendio del Duende no te llevas más que disgustos. El más grande, reconocer que no eres Chejov ni tampoco escribes como la Munro, tan celebrada como autora de relatos cortos. Muchos de los tuyos los sacarías de aquí y los echarías al cubo de la basura. El menos grave, comprobar que te repites como la cebolla. Las mismas obsesiones, los mismos mitos, los mismos asuntos, las mismas evocaciones, las mismas anécdotas. Incluso las mismas palabras, repetidas post tras post… Suele decirse que los escritores escriben un solo libro a lo largo de su vida. A ti te da la sensación de quedarte en un solo párrafo, en una sola frase o incluso en una sola línea.

Además el trabajo ese de cribar te disipa, y te vuelve loco. Tu querida prima y madrina Carolina te lo reprocha.

-¿Por qué no escribes al mismo ritmo que antes? –te pregunta.

-Por eso –le respondes-, por haber cometido el mismo error lotero (por Lot) que Nertalio Masoka: repasar el camino andado e intentar seleccionar sólo los mejores pasos. Diseccionar siete años y medio de blog lleva su tiempo.

Entretanto puede que incluso se te ocurra algo mejor para entretener a los amigos que de cuando en cuando pierden unos minutos de su precioso tiempo para asomarse por aquí.

El preocupante caso de Ça me la refanfinfle

Homper se queda perplejo al ver que un lápiz pueda desatar tragedias. Pero también de que pueda manejarse con la ingenuidad irresponsable de un n iño...

A Homper le deja perplejo y espantado  que un lápiz pueda desatar tragedias. Pero también  que algunos lo manejen con la ingenuidad e irresponsable de un niño travieso…

1

Resulta que Homper era presidente del consejo de redacción de Ça me la refanfinfle, semanario satírico en francañol que cumplía con todos los mandamientos del humor satírico tradicional. A saber: 1. Demostrar que sus creadores están a la que salta. 2. Confirmar que para listos y llenos de razón, ellos, y para borreguitos el resto de los paisanos. 3. Tocar les cataplins á gauche et droite, mayormente a la segunda. 4. Animar el debate nacional, internacional, supranacional y universal sobre cualquier tema, caiga quien caiga. 5. Como corolario de todo ello, reafirmar y fortalecer viñeta a viñeta la (sagrada) libertad de expresión. Aunque la palabra sagrada apareciera entre paréntesis, pues para esos intrépidos paladines del humor cáustico e inteligente no hay nada sagrado.

La mejor prueba de ello es que, a pesar de la indignación que entre los musulmanes había suscitado la última viñeta en la que el propio Mahoma le quitaba hierro a sus caricaturas, la redacción había considerado oportuno que la portada de esta semana presentara nuevamente al profeta diciendo: ¿Cuándo se enterarán los míos de que todos los hombres somos iguales?

-Hombre, no –farfulló Homper mientras insinuaba una mueca de claro disgusto- ¿No podíais haber elegido otra actitud?

La viñeta mostraba a un tipo con barba y turbante de medio perfil haciendo un pis torrencial. El dibujante no había sido todo lo explícito que cabría esperar de su audacia, pero la cara de sátiro del profeta denotaba que lo que se  traía entre manos, oculto por los pliegues de la túnica, era algo verdaderamente asombroso.

Mais non! –dijo el dibujante ofendido- ¡A ver si tú también vas a resultar un fascista, como el papa Francisco!…¿O es que no entiendes que hacer humor hoy es también hacer política?

2

Homper también fue esta vez el hombre perfectamente perplejo. Hasta los gatos quieren zapatos, pensó. No se puede decir, porque es políticamente incorrectísimo, pero lo malo es que hoy cualquiera al que le leen o escuchan en algún medio se cree intelligentsia. Y en razón de ello, gracias a la superioridad moral que recaba para su elite, se siente titulado para pontificar y despreciar la sensibilidad de los demás.

-¿Hacer política?-se preguntó- ¿No es la política el arte de lo posible? Pues que me digan estos pepitosgrillos del comic: a un fanático dispuesto a inmolarse por sus ideas… ¿es posible hacerle razonar provocándole aún más?

Durante un ratito Homper pretendió convencer a su intrépido grupo de talentos que aquello del sostenella y no enmendalla era más oportuno en otros lances, y que la presunta gracia que para unos podía tener la irreverencia no compensaba el riesgo que suponía alimentar más aún la ira irracional del fanatismo. No tuvo éxito. A Ça me la refanfinfle se la refanfinflaba todo con tal de obtener un nuevo aplauso de los ingenuos y de la progresía malgré tout.

Así que no lo pensó ni un minuto más: dejó su sillón y presentó su dimisión irrevocable por discrepancias con su redacción.

3

Fiel a la costumbre de los tiempos, se despidió en Twitter con este mensaje: Dejo Ça  me la refanfinfle. Lo siento por Lulú, mi secretaria, tan guapa y bondadosa. Hace una crème deliciosa…Brûlée naturalmente!

Qué ingenuidad la suya. Semejante mensaje en la red, que quizás podría explicarse por una chochera propia de su edad, llamó la atención de los hipersensibilizados servicios de inteligencia occidentales, pendientes de todo cuanto puede amenazar ahora a las revistas satíricas.. ¿Era Lulú un nombre en clave? Los adjetivos guapa y bondadosa, tan ñoños y pasados de moda, ¿encriptaban consignas peligrosas? Esa mención de sus habilidades culinarias, especialmente centrada en los postres…¿aludía a una solución final? Y lo peor de todo: la crème tenía que ser brûlée, es decir, quemada. Definitivamente, la tal Lulú era una yihadista fanática dispuesta a inmolarse en una deflagración a saber dónde, y el que firma el tweet como Homper era el jefe de comando que, cual caballo de Troya, los terroristas habían infiltrado en la revista.

Lamentablemente, Homper fue detenido. Claro que en ese momento se despertó, y se dio cuenta de que todo eso, que ahora puede parecernos verosímil, había sido tan sólo una pesadilla.

 


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,235,711 hits

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 252 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: