Archive for the 'Historias inventadas' Category

En Toulouse con Carlos Gardel

Gardel1

CÉST DANS CET INMEUBLE QUI EST NÉ LE 11 DECEMBRE 1890 CHARLES ROMUALD GARDES, QUI DEVAIT DEVENIR CELEBRE DANS LE MONDE ENTIER SOUS LE NOM DE CARLOS GARDEL

Eso es lo que decía la placa de mármol adosada a la fachada de la casa del número 4 de la rue du Canon D´ Arcole de la ciudad francesa de Toulouse, donde fuiste a parar después de que manos amigas te animaran a liberarte de la modorra propia de tu enfermedad. Esta siempre ha sido, de por sí, lo que se dice un rollo. Una esclavitud para tu espíritu volandero, tan amigo de estar aquí y de huir a los cinco minutos a donde sea. No salías de tu habitual circuito Madrid- Hospital Sanchinarro-Candeleda-Madrid desde hacía casi un año, cuando por fas o por nefas, semana sí, semana tal vez, semana no, entrabas en fase de observación o tratamiento de las travesuras de tu tumor. O de tus tumores, que aún no tienes claro el número de jaimitos neoplásicos errantes por tu organismo.

-¿Será posible que, con coche nuevo desde enero,- te preguntabas- apenas hayas recorrido aún mil kilómetros de carreteras amarillas?

Tu sueño siempre aplazado: abrir el mapa de carreteras y no cejar hasta haber recorrido todas las comarcales y provinciales. Descubrir y contemplar horizontes.

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Así estaba tu pequeño mundo propio, desdibujado y chuchurrío, cuando esa otra realidad envolvente que impone la actualidad te desilusionaba cada día más. Desde las Elecciones Locales y Autonómicas tu percepción de la vida podría ser un largo telegrama que dijera más o menos esto. Qué lío, qué aburrimiento. Espe kaput. Rita Barberá ¿PP…ero para qué carajo sirve ganar unas elecciones si no te dejan tocar pelota? Pedro Sánchez, Carmena, Pablo Iglesias, Ada Colau, Ximo,y el resto de ejército de renovadores en plan Mister Proper de la política. Pactos. Regañinas. Desengaños. Fin de las mayorías absolutas. Qué pasará en Madrid. Quién gobernará en Valencia. Quién en Cádiz. Quién en Navarra, quién en Vitoria. Joder, cuántas Españas por reajustar. Municipios, autonomías, diputaciones…Menos mal que hay otros debates alternativos: ¿es Benítez el entrenador que necesita el Madrid? Esto sí es importante, caramba. ¿Hay que respetar a los que silban el himno nacional? ¿Es Piqué un provocador, un mal educado, un caballo de Troya nacionalista en la selección de España? Más comecocos populares. ¿Y el rollito del Premio Nobel con la inmarchitable Isabel Preysler?

El bombardeo de estas noticias rebotaba ya en tus frágiles meninges.

-Busca el mapa, que nos vamos –te dijeron.

En realidad no sabes si fue un viaje o una huida. Necesitabas cambiar de paisaje por unos días.

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Te has evadido por el sur de Francia, admirando con ojos de paleto todo lo que te gusta de ese país vecino. Te maravillan esas carreteras secundarias con sus bordes arbolados por gigantescos plátanos, tilos o fresnos. Y esas abadías, y esas casonas tan bien plantadas en el paisaje. Yo quiero esos campos tan ricamente cultivados, florecidos ya de colores y contrastes Me pido esos bosques tan frondosos. ¿Por qué no tenemos en España ríos como la Garonne? Estás tan flojo que apenas has hecho otra cosa que mirar y admirar. Como si fueras un niño, te dejaste viajar sin oponer resistencia ni molestarte en tomar notas. ¿Qué puedes añadir de Toulouse, de Albi o de esa encantadora Catedral de Nuestra Señora del pintoresco pueblo de Saint Bertrand de Cominges que te raptó a unos kilómetros de Saint Gaudens, que no haya contado mejor cualquier guía de viajes?

Todo lo que no fue rodar en coche se devanó en pequeñas caminatas que, al cabo de no mucho rato, terminaban penalizando tu espalda. Pero ¡oh maravilla!: en la mayoría de  las joyas del románico que visitaste – sin palabras para la basílica de Saint Sernincuando pasabas al claustro había unas tumbonas en las que el visitante podía descansar mientras contemplaba los capiteles, meditaba al cimbreo de los cipreses del jardín, escuchaba el canto de los pájaros o, mejor aún, echaba una cabezadita buscando al Señor en el reparador duermevela.

Ya decías que lo tuyo ahora sólo puede ser turismo de baja intensidad.

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Siguiendo la moda actual, y por aquello de reducir gastos, una web de esas que ofrecen apartamentos en lugar de hoteles te dirigió a la misma casa donde por primera vez vio la luz Carlos Gardel, sobre cuyo lugar de nacimiento y verdadero origen aún se sigue especulando. La casa era un edificio de tres plantas dividido en cuatro o cinco apartamentos generosos que daban por un lado a la calle y por el otro a una especie de pequeña corrala en cuyo patio había unos veladores para sentarte y tomar una cerveza al aire libre. Como cabe suponer, la estética interior se había sometido a los simples cánones de IKEA, pero la propietaria del inmueble, una francesa llamada Sabine, hacía valer que el espíritu del divo aún habitaba entre aquellas paredes. Así que, aunque no eres un experto cantor de tangos, y antes de abrir las maletas, intentaste un último regateo del precio final gardelizando tu voz con la letra del mítico Volver.

Yo adivino el parpadeo/ de las luces que a lo lejos/ van marcando mi retorno…

Son las mismas que alumbraron/con sus pálidos reflejos/ hondas horas de dolor

Y aunque no quise el regreso/ siempre se vuelve al primer amor…

Sabine aplaudió encantada, como si tú cantaras bien y su apartamento se revaluase a la voz del ilustre tanguista, pero no rebajó ni un euro del precio final. Todo lo contrario, en tu primera noche soñaste que el propio Gardel se presentaba en tu habitación en compañía de su letrista, te despertaba, te cogía por las solapas del pijama y te amenazaba por ultraje a su memoria y por burlar sus derechos de autor. La aparición resultó sobrecogedora. Aqunque nadie haya reparado en ello el Gardel trajeado de oscuro que ha pasado a la memoria colectiva es muy parecido a Bela Lugosi, el precursor de Cristopher Lee en la encarnación cinematográfica de Drácula. Es lo que tiene este turismo de baja intensidad al que alcanzan tus achaques: vas buscando evasión, cultura y descanso y acabas huyendo de un trasgo que te recuerda que las nieves del tiempo platearon tu sien, que es un soplo la vida y que veinte años no es nada. La próxima vez, volver a Toulouse con la frente marchita, pero mejor a un hotel.

Plagas que estaban por llegar

El presidente Mas, como siempre, queriendo agradar...

El presidente Mas, como siempre, queriendo agradar…

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Ya había avisado el profeta Luisaías de que las diez plagas bíblicas no eran todas las maldiciones que podían caernos encima. O sea, no había sido suficiente con que las aguas se convirtieran en sangre, ni que las ranas, los piojos, las moscas, las langostas, las úlceras y sarpullidos, las tinieblas y la muerte de todos los primogénitos azotasen a Egipto. El Éxodo había preferido ser discretito, contar sólo las plagas tradicionales y no abrumar al futuro de la humanidad con otros males venideros.

-Pero en verdad os digo –recordó el profeta- que de la estulticia, de la ignorancia, del cinismo y de la falta de respeto humanos bien pueden esperarse cualquier cosa. Y si no, mirad a España.

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España no era el Egipto milenario , y pasaba del Antiguo Testamento. Otros postulados prioritarios  parecían gobernar sobre su conciencia colectiva. Genéricamente eran corolario de la libertad, De esta se derivaba la sagrada libertad de expresión, y por degeneración de la misma, el haz lo que te salga de las narices y búrlate de lo que te pete, y el que se pica ajos coma.

Como primer ejemplo, a la otrora dulce y simpática Leticia Sabater, con su figura de repostera de Sissí emperatriz, se le había ocurrido revelar que así, a la chita callando, había yacido a lo largo sus años de estrellato con varios notables de la derechona, gloriosa hazaña que no se podía hurtar a la historia. Y lo contó como si de verdad aquellos devaneos fueran grandes méritos. La cosa podía no pasar de ser una frivolidad, una ligereza, pero cuando la eximia actriz, presentadora y cantante anunció que a sus cuarenta y ocho años quería reconstruirse el himen para revivir la emoción de sentirse desflorada, los dioses y los profetas corearon al unísono.

-¿Eso no es una necedad, una gilipollez sin fronteras?

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En otro orden de cosas, y presuntamente a más altura intelectual, la que iba a ser alcaldesa de Barcelona Ada Colau, había asegurado que si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen. Se quedó muy ancha. O sea, la ley será considerada expresión de la voluntad popular, y por tanto respetable, si le conviene al baranda de turno. Más marxismo (de Groucho), que es la guerra: estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros.

-¿Pero esto no es la consagración de la ley del embudo?-volvieron a sorprenderse los dioses y los profetas- ¿Para eso dice el pueblo que había inventado la democracia?

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Y además de las plagas de la estupidez y de la ignorancia, la del cinismo, denunciada en el Boletín de las Hadas (hadas, con H) por Respetina Barguñols tan pronto como vio la mal disimulada sonrisa del presidente Mas mientras escuchaba la irrespetuosa pitada que el público asistente a la final de la Copa del Rey de Fútbol tributó al Himno Nacional de España.

Respetina, que además de ser peluquera en Papiol es hada en ejercicio, considera indecoroso y cínico que un político catalán que debe su autoridad y su sueldo a la Constitución Española se burle así de los españoles, de su himno y de su jefe de Estado, a su lado aguantando el tipo. En consecuencia, y para evitar que esta plaga de cinismo acabe de marcar a la triste España resignada, Respetina ha buscado su varita mágica y ya está haciendo sus conjuros para que el presidente Mas saque maxilar y dibuje sonrisa de matoncillo de cómic farfollas cuando:

  1. La Unión Europea le vuelva a decir NO a la demanda de adhesión de Cataluña. 2. Le tenga que reiterar a los farmacéuticos acreedores de la Generalitat que no habrá ni un euro para ellos de los millones que les deben, porque hay otras gastos más urgentes. 3. Su partido político siga desangrándose en votos por culpa de sus piruetas independentistas 4. Sepa que, por decisión coherente con los que repudian un torneo español, el Barça acabará jugando la final de Copa con el San Andrés o con el Lloret de Mar, dado que será en la Copa del Molt Honorable President de la Generalitat donde podrá escuchar su himno sin que se le estomague.

El número de veces en las que el mal educado y rencoroso presidente Mas podrá lucir su inoportuna sonrisa es ilimitado, porque provoca casi a diario ocasiones ridículas como las citadas. Pero de modo excepcional un día, subiendo una cuesta en bicicleta, se le desprenderá el pedal en el que se apoyaba, caerá con todo su peso contra la barra del velocípedo e, intentando componer la figura que más le gusta, sonreirá con la misma suficiencia insolente que le caracteriza sin darse cuenta de que se ha reventado el escroto. ¡Ufff, qué grima!

Todas las hadas son buenas. Algunas como Respetina se pasan a veces seis pueblos. Nunca tanto como el inefable Mas.

Podemos según y cómo

La misma Vallecas que crió grandes artistas ha alumbrado a un político que está dando qué hablar... (Paisaje de Benjamín Palencia)

La misma Vallecas que crió grandes artistas ha alumbrado a un político que está dando qué hablar…
(Paisaje de Benjamín Palencia)

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Irene era prima tercera o así de Pablo Iglesias. Tenían un pariente común por parte de su abuelo Leonardo. Este era oriundo de Medina del Rioseco y se ganó la vida con un negocio de variantes y encurtidos. En los años o treinta del pasado siglo se instaló en Vallecas. Pasaban por su tienda algunos pintores de la Escuela de Vallecas, a los que les gustaban mucho los pepinillos en vinagre, los alcaparrones y las berenjenas de Almagro.

Por eso mi vena es vallecana y de izquierdas, –dijo la chiquilla-, como la de Pablo. Y muy artista, un poco surrealista. Mi abuelo se escapaba a ver pintar a esos artistas a los montes tupidos de cardos por donde aún pastaban cabras y ovejas. Se fijaba mucho en lo que hacían. Un día probó con unos pinceles y unos tubos de óleo que le regalaron y se atrevió con un bodegón. Lo improvisó en un rincón de su pequeño comercio: montó un caballete junto a una mesa en la que puso un plato de encurtidos y a su lado un paquete de Ideales, una taba recién lavada, un frasco de Cerebrino Mandri y, apoyado en este, un cromo de Berrendero, un ciclista famoso. Lo pintó, se quedó muy contento y se lo mostró a Benjamín Palencia. Le dijo: creo que tiene mucho simbolismo, ¿no? Según mi abuelo no sabía qué quería decir con eso del simbolismo, lo dijo como para darse importancia. Palencia estuvo muy simpático, pero le aconsejó que pintara menos bodegones de encurtidos con cosas raras y más paisajes de cardos y amapolas, perdices y mulas trillando, porque se vendían mejor entre la gente adinerada.

-Yo ya digo que era muy de izquierdas, muy sensible e impulsiva –prosiguió Irene- De repente me dio un pronto de vocación religiosa, y fui novicia un tiempo, hasta que llegué a la conclusión de que lo mío era mayormente la acción social, y dejé el convento, porque aunque soy cristiana más bien liberal y comprometida, entiéndeme, era además devota de Pablo Iglesias. Él ni siquiera lo sabe, pero lo admiro y lo amo, mayormente en plan ideológico, porque yo soy muy cabal.

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La chica siguió contando su historia.

-También hice teatro. En una obra de Alfonso Sastre con beso, pero de esos tontorronesl, ligué con el actor que me besaba, una vida paralela a la mía. También estudió para cura y también lo abandonó. Fue militante trotskista, actor, puso un negocio de cartuchos de tinta, se dio cuenta de que había que acabar con la casta, se enteró de que yo era de Pablo Iglesias total y nos hicimos novios, mayormente por el ideario. A mí Roberto me gustaba un poco, pero lo que reforzaba nuestro amor verdaderamente era eso, que veíamos el vuelco de la sartén a la vuelta de la esquina.

-Mañana mismo cambiará todo – sentenció el pasado sábado mientras levantaba el puño cerrado y reía.

Roberto era un poco primario. Decía que estaba hasta los cojones del capitalismo y de las impresoras, donde todo era tan oscuro como la misma tinta de sus cartuchos. Me imagino que estaría harto de más cosas, pero simplificaba así: estoy hasta los mismísimos del capitalismo y de las impresoras, como si el pueblo no tuviera más enemigos. Menos mal que con Pablo todo esto iba a cambiar de lo lindo. Mi novio había dejado de creer en Dios, yo no tanto: me parecía que entre su nombre y el aspecto de apóstol de Pasolini, nuestro líder tenía algo de apóstol moderno, o sea que me tranquilizaba, pues atea o agnóstica y esas cosas típica de la izquierda tampoco me sentía. Ejemplo, durante nuestro noviazgo Roberto estaba empeñado en que nos acostáramos a la menor ocasión, y yo que nada, que cada cosa a su tiempo, que me gustaba algo, quizás bastante, pero eso de follar tan tápido, nada. Él se enfadaba, y amenazaba con romper del todo y buscarse otra novia menos estrecha.

-¡Joder, Irene!..¿No dice el líder que podemos?…¡Pues jodamos!

Ya dije yo que era un poco primario. Yo no es por nada, pero me siento más espiritual y más delicada. Roberto lo mismo había podido haber salido cura trabucaire que picador de toros o activista de Podemos, ya dice Pablo Iglesias que aquí cabemos todos. Yo estaba muy ilusionada, pero como que no me acababa de creer la historia. Así como estaba dispuesta a romper con la casta y con el abuso de las mayorías, no quería enredarme en cualquier frivolidad. Mi abuelo decía que no es bueno confundir churras con merinas, ni aceitunas con guindillas.

Y en eso que dieron las 20 horas del pasado domingo, se cerraron los colegios, se destaparon las urnas y comenzó el escrutinio. Se descorcharon las botellas.

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-Nos reunimos para celebrarlo en la casa de Blasa, activista social, con otros compañeros de viaje como Fernando, sociólogo, Eliseo y Clara, arquitectos paisajistas, Sergio, contable, Teresa, auxiliar de enfermería, Serafín y Sertalia, psiquiatras. También estaba un sexador de pollos que se llamaba Nikita, y una que decía que era poeta, no poetisa, sino poeta, y que hacía jaulas con spaguettis que luego pintaba de colores. Decían que eran para guardar sus versos, aunque estaban vacías.

Roberto y yo estábamos eufóricos cuando conectamos el televisor para seguir la noche electoral. Poder, lo que es poder, podríamos, pero todavía no podíamos beber champán en lugar de cava, y, lo que es aún peor, ni siquiera brut en lugar de semiseco. O sea, noticias mejorables, que nos hacían felices y a la par nos ponían más nerviosos. Eso y el ir y venir de las encuestas al escrutinio, la inacabable rueda de conexiones para apuntar cuántos concejales, cuántos ayuntamientos, cuántos alcaldes, cuántos votos, cuántas patadas en el trasero al PP, cuántas pedorretas al PSOE, cuántos diputados autonómicos, cuántos pactos en el horizonte, cuánto poder íbamos a tener nos subió la adrenalina. Y cuánto parlamento por renovar, quince creo que eran los que elegíamos el domingo. Cada uno con su particular presentación y su minucioso recuento, amén de la comparación en números y gráficos con las Elecciones de 2011. A mí aquello me pareció por un lado fantástico, pero por otro un rollo.

Pensé qué complicadito hicimos este Estado de las Autonomías. Y, a pesar de la alegría, qué coñazo estaba resultando la noche electoral

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Cada noticia un brindis, cada trago un subidón. Y así paso a paso, a lo tonto a lo tonto, Roberto a lo suyo, acorralándome en un sofá desfondado entre esos esos vapores dulzones y pringosos que embadurnaba su boca en mis labios, en el cuello, en el escote. Sus manos empezaron a acariciarme las piernas, me desabotonó el sostén, buceó por debajo de mi falda y enrolló la goma de mis bragas muslos abajo. Yo me resistía, le daba manotazos mientras sentía que el maldito semiseco había salido cabezón, me atontaba y estaba a punto de sumirme más que en un sueño, en una pesadilla.

-Que acabe la noche electoral, por favor. Aunque ganemos, aunque ya sabemos que Podemos…¡no quiero saber nada más de esos quince parlamentos y esos ocho mil municipios! ¡Qué rompecabezas de Constitución!…¡Qué lío de pactos y combinaciones! ¡Qué coñazo de conexiones y de declaraciones previsibles! Ganar, ganaremos, pero…¡qué rollazo de noche!

Recuerda Irene que casi estaba dormida del todo cuando Roberto traspasó las líneas rojas de su pudor. Políticamente podemos pensar lo mismo-se dijo cuando advirtió la mano del novio enredando en su entrepierna-, pero al final es como todos, un pelmazo y un sobón.

Despertó de su sopor y, sacando fuerzas de flaqueza, se lo quitó de encima de un puñetazo.

-¿Tampoco hoy?…-se rebeló entonces Roberto fuera de si- ¿Pero cuando vamos a poder de una puta vez?

Roberto la miró con cara de desprecio. Y entonces ella derramó contra su rostro el medio vaso de semiseco que aún esperaba un último brindis por la victoria final y gritó más reivindicativa y vallecana que nunca.

-¡A tocar a Melilla, que hace falta un trompetilla!

Recordaba esta cantinela de escuchársela a su madre. No había caído en la cuenta, sin embargo, de que Melilla había sido de las pocas plazas donde Podemos no había triunfado.

Dios bendiga al hijo de la Paqui

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Ha sido como si en medio de un desierto hubiera manado un caudal de agua fresca y transparente. Pasabas un fin de semana delicado, acosado por tus tradicionales dolores de espalda y por nuevas lanzadas en las lumbares que hacían de cada uno de los movimientos más rutinarios -sentarse, levantarse del sillón, tenderse, incorporarse de la cama, agacharse a coger las llaves caídas, inclinarse a anudar el cordón de los zapatos, etc,etc- una tortura refinada. Un pinchazo, como un calambre fugaz, ráfagas de un lumbago que te mordía como un lobo rabioso esa libertad de culo inquieto que te has buscado siempre. Nada que ver con el aventurero que navega el Atlántico a vela, que asciende al Aconcagua, que cruza Alaska haciendo esquí de fondo, o atraviesa al Sahara en moto. Algunos amigos tuyos han firmado hazañas así. Tú solo improvisabas pequeñas aventuritas, escapadas de curioso, paseatas burguesas, hormigueos urbanos o rústicos. Vuelos de saltamontes: del Parque del Oeste al mercado de Barceló, un suponer, del estanque del Retiro enseñando a tus nietos cómo nadan los patitos a la chocolatería de San Ginés, vecina que fue de una de las casas donde vivió Boccherini en su estancia capitalina. Cuando eras niño había un sueño recurrente que te raptaba en la calle de Serrano y después de sobrevolar medio Madrid y de un descenso de vértigo te depositaba en Rosales. Echabas a pasear de nuevo y entonces te dabas cuenta de que ibas semidesnudo, vistiendo sólo una camiseta que estirabas desesperado para que la gente de las terrazas no viera tus vergüenzas.

Qué malos ratos.

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Hoy son otros los malos ratos. Cada día se acortan más tus saltos de saltamontes. Este fin de semana, en las cuerdas de Navalcán con algunos de tus mejores amigos y ante un impresionante maremágnum de pinos, castaños, encinas, alcornoques, madroños retamas, jaras, brezos, tomillos y aulagas florecidos, praderas pintonas de margaritas y al fondo el murallón de Gredos, gigantesca ola azul petrificada al romper hace millones de años, sólo pudiste emular tus marchas de juventud. Eso sí, como tu amigo Eduardo, por otras razones, tampoco puede decirse que sea Killian Jornet, andabais a paso de convalecientes tal que dos naturalistas británicos que conversaran sin parar tomando buena nota de la flora y de la fauna que os salía al paso.

-Esa es una ranita de San Antonio-decías apuntando a una rana verde con antifaz negro que se ganaba la vida entre el pasto húmedo.

-A esa mata de florecillas moradas que cuelgan como dedales le llaman dedalera.

Aquí en Navalcán al chotacabras también le conocen como capacho o engañapastores.

El día era claro, soleado y con brisa, lo que se dice tonificante. Tan parecido al que respiraba aquella hermosa película de Vittorio de Sica que se tituló Los girasoles. Nada menos que Mastroiani y Sofía Loren, con su melena batida por el mismo viento que ajustaba su blusa ciñendo aquellos maravillosos pechos que se le desbordaban por el escote.

-¿Verdad que las margaritas son como girasoles diminutos?

-Hablando de girasoles…¿Te acuerdas de lo requetebuena que estaba Sofía Loren en aquella película? Por cierto…¿No la estás viendo retozando por ahí?…¿Te imaginas la maravilla de sus tetas bamboleándose mientras da sopapos al aire con su cazamariposas?…

Por unas causas u otras os sentíais algo viejos al iniciar el paseo. Menos mal que la imaginación y la curiosidad rejuvenecen.

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Pero lo más notorio del fin de semana fue recibir el whatsup que puso en circulación tu amigo José María Mazarasa. Lo reproduces aquí ad majorem coñam lectorum. Primero, os hizo reír toda la tarde. Y luego también pensar: ¿dónde está el secreto de la hilaridad? ¿Por qué una simpleza como esta puede excitar de forma tan aguda el sentido del humor? Te pareció algo grandioso, como un momento Chaplin, un chispazo de Groucho, un gambito de Woody Allen, otro milagro de Gila. El absurdo hecho caramelo. Tus males te duelen incluso cuando ríes pero, aun así, que Dios bendiga al hijo de la Paqui por hacernos pasar tan buenos ratos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de todo, ¡haz reir!

Intentarás seguir tomándotelo todo con cierto sentido del humor...

.Intentarás seguir tomándotelo todo con cierto sentido del humor..

1 Te ha vuelto a llamar Homper. Está leyendo un libro de Víctor Olmos sobre la vida y obra de Jardiel Poncela que se titula ¡Haz reír, haz reír!, la consigna que le inspiró desde que se dio cuenta de que quería ser escritor. -Esa consigna se la compraría ahora mismo- le dices tú- Yo también hubiera apostado por ¡haz reír, haz reír!…Pero últimamente me he amargado más de la cuenta. Ya sabes, el sentido del thumor… La realidad es que te afecta también ese otro cáncer de desvergüenza que ha hecho metástasis en España. No iba a curar tus males, pero seguro que vivirías mejor si, en lugar de desayunarte cada día con un memorial de agravios de los que debían ser personas ejemplares, sólo te alimentaras de noticias felices. -¡Y tanto! –confirma el Hombre Perplejo- El propio Jardiel tendría que reescribir ahora su novela Pero…¿hubo alguna vez once mil vírgenes? Cambiando a las vírgenes por los políticos honrados…¿hubo alguna vez once mil ejemplares de esta especie?

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Como a su edad el único tesoro que tiene es el tiempo, Homper fue la otra tarde a la residencia donde se aloja ahora la tía Albertina. En realidad esta anciana no es tía suya, sino la única prima de la tía Clota, aquella mujer que emigró a Estados Unidos para ganarse la vida como profesora de español y con la que el Hombre Perplejo sí guardaba una relación entrañable. Poco antes de morir en su casa de Vermont, y en el curso de una de esas conversaciones que mantenían a través de SKYPE, la tía le desveló un secreto entrañable largamente guardado. -Te acordarás de aquel coche de pedales que te regalé cuando cumpliste siete años, ¿verdad? -¡Cómo no me voy a acordar, si fue el mejor regalo que recibí en mi infancia! -Tú entonces no te preguntabas cómo una pobre maestra pudiera permitirse el lujo de comprarte aquel juguete tan caro, claro. -¿Yo?…Yo me subí como loco a aquel bólido de color rojo y empecé a pedalear por el pasillo creyéndome Fangio, ya te puedes imaginar… Entonces la tía Clota le contó que en realidad el coche de pedales no lo había comprado ella, sino que le tocó en una tómbola a su prima Albertina y ésta se lo puso como regalo de Reyes a su hijo Clementín. Sorprendentemente, la criatura no demostró por el coche de pedales el menor interés. Al contrario, lo que de verdad le gustaba era la Mariquita Pérez de su hermana Pilarín, a la que, con gran desesperación de la niña, secuestraba para cambiarle los vestiditos, darle de comer y acostarla en su camita con verdadera ternura. Así que, comprendiendo que el niño le había salido un poco nenita, un día Albertina se hartó, empaquetó el precioso coche de pedales y se lo envió a la tía Clota para que se lo regalara a ese sobrino tan especial que se asombraba por casi todo. -Ese chico eras tú, querido Homper –le confirmó la tía Clota – Si te pude regalar el coche de pedales fue gracias a ella. Por cierto, que Albertina enviudó joven, Clementín acabó saliendo del armario y murió poco después, y Pilarín se casó con un alemán y no ha vuelto por España. O sea, que mi pobre prima está sola, como tantas ancianas. Por favor te pido, no dejes de visitarla alguna vez…

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Homper encontró a Albertina insospechadamente feliz. Se presentó ante ella con un ramo de flores recordándole que él era el niño beneficiado por el coche de pedales, y le dijo que no se lo había agradecido antes porque no se enteró de su generosidad hasta poco antes de la muerte de la tía Clota. Por lo visto, Albertina mantiene muy buena cabeza. Casualmente está leyendo Angelina o el honor de un brigadier, porque ella también es una gran amante de la literatura de Jardiel, aunque precisó que le hubiera gustado que en lugar de Angelina la protagonista se hubiera llamado Albertina, como ella misma. Toda la vida ha buscado argumentos para la autoestima, y tener nombre de heroína literaria le hubiera ayudado mucho. Cierto que había una Albertina esencial en Á la recherche du temp perdu, pero ella se consideraba demasiado simple para embarcarse en la espesura de Proust, mientras que las comedias de Jardiel eran ligeras y frescas como un polo de menta, y ésta no hubiera perdido nada, incluso hubiera ganado, si la protagonista fuera Albertina. -Es una lástima –suspiró-Porque no hay que desaprovechar ni una ocasión para la autoestima.

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A su lado, junto al libro, había sobre el sofá un ABC en cuya portada aparecía la foto del sospechoso del día. -¿Ves?- dijo Albertina mirándola de reojo- A mí el escándalo de Rato por una parte me desanima, pero por otro lado me arroja lastre de remordimientos antiguos…¿Sabes?…Una vez, cuando él estaba en la cumbre coincidí en un te benéfico con una de sus admiradoras fanáticas, una señorona muy encopetada. Pasamos la velada juntas y charlamos mucho, casi que nos hicimos amigas. Y así, contando anécdotas y recuerdos se me ocurrió confesarle ingenuamente que yo después de la guerra lo había pasado tan mal que llegué a falsificar dos cartillas de racionamiento para poder criar mejor a mis hijos. Entonces ella dio un respingo y me soltó esto: ¿Cómo pudiste caer tan bajo?…¡La gente bien jamás robamos! Yo me excusé alegando que no debía de ser tan bien, porque mi marido era un perfecto inútil y en casa pasábamos hambre, pero lo cierto es que a partir de entonces siempre que nos encontramos desvió su mirada mientras yo fustigaba a mi conciencia repitiendo para mis adentros: ¡ladrona!…¡Estafadora!..¡Eres una delincuente! La tía Albertina se echó a reír con estrépito -¿Ves?-le dijo a Homper señalando a la portada del ABC- Como todo es relativo, hoy me siento rehabilitada, y mi autoestima ha subido muchos puntos.

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Se quedó asombrado Homper de que en una residencia de ancianos se respirase tanta alegría. -Es sobre todo porque tenemos un grupo que nos reunimos todas las tardes para contarnos sólo cosas alegres y jugar al parchís –dijo Albertina mientras iba presentando a sus componentes- Nos llaman los Positivos, y somos Sagrario, Florestán, Bernabé y servidora. Sagrario está encantada porque desde hace meses no ve los informativos de televisión y porque ha podido desempeñar la sortija de rubíes que heredó de su madre. Florestán es un viejo tenor que está radiante: al fin le han hecho unos implantes que le permiten cantar arias y romanzas sin que se le caiga la dentadura en los sobreagudos, como le sucedía antes para bochorno propio y ajeno. Albertina se ha liberado de su mala conciencia de falsificadora de cartillas de racionamiento y de la adicción a Jorge Javier Vázquez. Además cuando acabe Angelina o el honor de un brigadier se hará más jardielera todavía leyendo el ¡Haz reir, haz reir! que le ha recomendado el propio Homper.

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Claro que, para hacer reír de verdad, nada como el desparpajo y la desinhibición del cuarto de los Positivos, Bernabé, comandante jubilado y socio del Atlético de Madrid. -Yo les comuniqué a mis compañeros que padecía un cáncer de vejiga y que, con perdón de las señoras, lo iba a afrontar con espíritu militar-dijo-: punto uno, con dos cojones. Punto dos: optimizando los recursos. Punto tres, explotando el éxito. Reconozco que los del punto uno se me pusieron de corbata cuando me explicaron que la operación consistía en una resección transuretral, oséase, que el bisturí mágico me lo iban a meter por el mismísimo canutillo del regocijo, que sólo recordarlo me pone los pelos como escarpias. Al respective, y demostrando que había captado la metáfora, la amiga Albertina observó con malicia que el canutillo no siempre da satisfacciones, a lo que yo respondí con laconismo castrense: negativo. Pues salvo en el caso de gatillazo, que, como hombre de armas ni puedo concebir, el canutillo, en su doble función excretora y propiamente sexual, es fuente de máximo regocijo, mayormente en nuestra edad provecta. Von Clausewitz, Maquiavelo y otros tratadistas mantienen que el concepto de poder en el hombre evoluciona con la edad, siendo así que en la juventud el poder es, sobre todo, y con perdón por la expresión, poder follar, en la madurez poder mandar, y en esta vejez en que tanto luchamos por mantener enhiesto el pabellón, consiste mayormente en poder…¡mear! Y no vean ustedes el miedo que tenía yo al bloqueo miccional después de la anestesia, la jodida sonda y todas esas travesuras que menoscaban la gallardía de una verga militar…

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En este punto el comandante Bernabé hizo un alto, bebió medio vaso de agua, secó su bigote con un pañuelo y prosiguió su discurso en un tono menos épico y con los ojos abrillantados por el esmalte de la emoción. -Ilusionado al saber que la que me iba operar era una uróloga de muy buen ver –continuó el ilustre soldado- quise optimizar los recursos y explotar el éxito intentando retrasar la acción de la anestesia al objeto de sentir unas manos femeninas maniobrando en misión de servicio sobre mi intimidad…Luché como un jabato, pero no pudo ser. Eso sí, cuando veinticuatro horas después de operado otras manos angélicas me retiraron la dichosa sonda y este menda tuvo que quedarse sólo ante el peligro…tuve la satisfacción y el orgullo de sentir que el regocijo fluía de nuevo por el canutillo en forma torrencial. Primero, del color de un reserva de Rioja, al cabo de un rato como rosado de Navarra, después tal que un amontillado, luego cual manzanilla y a los dos días claro como el agua del arroyo… Al comandante Bernabé se le saltaron las lágrimas. -Y la verdad, no se qué guerra seguirá dando el puñetero cáncer, pero esta batalla la hemos ganado.

8

Parece que lo dijo en tono heroico, pero lo cierto es que los Positivos se lo tomaron a risa, y al poco tiempo el jolgorio del comandante y de toda la residencia que había seguido su discurso era un puro disparate. Como la vida y la obra de Jardiel que ahora, en forma de libro, tenía entre sus manos tía Albertina. –¡Haz reír, haz reír!-decía mostrando la portada al aguerrido Bernabé. Tengas lo que tengas, aunque sea un cáncer.  

Un robo ejemplar

Hay que hacer lo imposible para defender la alimentación de nuestros bebés...

Hay que hacer lo imposible para defender la alimentación de nuestros bebés…y la inocencia de las niñas que juegan a ser madres responsables

La niña era buenísima, un criatura candorosa. Tenía casi siete años y seguía jugando con sus muñecos. Los bañaba, los vestía y les daba de comer. Era la pequeña de la casa hasta que vino a nacer su hermano, el primer varón. Por una parte fue una gran alegría: ¡un bebé de verdad! Por otra, en ese momento la niña se dio cuenta de que empezaba a ser un poco persona mayor. Ya no sólo jugaba con sus muñecos, sino que ayudaba a su madre a cambiar los pañales, bañaba al bebé, lo vestía, lo paseaba y le enseñaba a jugar y a reír. Era sobre todo niña, aunque la vida le obligaba a ser también casi como una madrecita de verdad.

Todo fue bien hasta que el bebé de carne y hueso, el hermanito, dejó de tomar el pecho y empezó a alimentarse de leche en polvo. El bebé tenía buen diente, aunque aún no los hubiera echado, y exigía su buena ración diaria. Fue por eso por lo que su madre empezó a notar que alguna mano misteriosa abría el bote de Nestlé, nada barato por cierto, y sustraía diariamente pequeñas cantidades. No hacía falta ser un lince para averiguar quién era el autor de las sustracciones. Un día la madre miró debajo de la cama de la niña y vio a tres muñecos con tres tacitas de miniatura llenas de leche en polvo. La niña la robaba del bote de Nestlé y, como buena madre de sus muñecos, los alimentaba con el producto de su rapiña.

Otra cosa es que como los muñecos, al fin y al cabo, no eran más que muñecos, no se tomaran la leche en polvo. Y que la niña, de natural tragoncilla y laminera, se la echara al coleto por aquello de no desperdiciarla.

Aún se relamía los labios cuando su madre la reprendió, como era natural.

-La leche en polvo es para el hermanito –le dijo-¡Y no se puede robar!

La niña, apesadumbrada, se echó a llorar. Se sentía incomprendida. Por una parte, debía ser mayor y responsable con su hermanito bebé, y por otra no podía dejar de ser niña de la noche a la mañana y, por ende, buena madre de sus muñecos. No tuvo más remedio que reconocer su culpa. Pero enterada tal vez de que Belén Esteban había impresionado a España con su visceral yo por mi hijo MA-TO, enjugó sus lágrimas y le soltó a su madre.

-Yo por mis muñecos…¡ RO-BO!

La presunta delincuente era tu nieta, Duende. Y es verdad que tal y como está el patio hay que decir a los niños que aunque en este país se ha robado lo que no está en los escritos, no es bueno educarse en ello. Pero el delito esta vez destila tanta ternura que ya ha quedado indultado.

La cirugía del estropicio

Quod natura non da, cirugía plástica no siempre prestat...

Quod natura non dat, cirugía plástica no siempre prestat…

1

Sobre la cubierta de un espléndido yate anclado en el Caribe dos hombres de mediana edad conversaban mientras bebían daiquiris. Uno de ellos, corpulento y de edad más que mediana, lucía una guayabera que disfrazaba su curva de la felicidad, y coronaba su cabeza con un sombrero de Panamá. Era el doctor Kropowitzi, psiquiatra de las más deslumbrantes estrellas de Hollywood y de buena parte de la beautiful people neoyorkina. El otro, con torso desnudo modelo metrosexual, era el propietario del yate. Se trataba de Lester Digott, cirujano plástico especializado en transformar el rostro de las beldades del cine a la medida de sus deseos. Sólo cubría su cuerpo con un Rolex de oro en la muñeca derecha, con un taparrabos amarillo de lunares verdes y con la clásica gorra de patrón. Mientras Kropowitzi exponía lo que según él podría considerarse una auténtica explosión de la crisis de identidad de la mujer cuando se asoma a la cuarentena, Digott escuchaba muy interesado y alargaba las copas vacías a una muñequita medio en pelotas a la que abrazaba por su cadera para que las rellenara debidamente y no decayera en ningún momento la conversación.

-No falla –afirmaba Kropowitzi- A partir de una cierta edad ellas sobre todo empiezan a aburrirse de su cara y a detestarse. Yo trato de ayudarlas, hago todos los esfuerzos para que valoren  su personalidad y confíen en su expresión, pero no hay remedio, mis pacientes, hombres o mujeres, quieren cambiar de cara y ser otros.

Lester Digott retiró la copa vacía y puso en las manos del psiquiatra el quinto daiquiri de la tarde.

-Deje que lo sean –barboteó entre regüeldos al cohólicos al tiempo que chocaba la copa de Kropowitzi con la suya propia-Y ahora hablemos de negocios.

2

Entre los vapores de su borrachera, el doctor Kropowitzi recordaba sus años en el Actor´s Studio de Nueva York, cuando soñaba que algún día se ganaría la vida como actor y estudiaba el Método Strasberg. Su trabajo en los últimos tiempos consistía en  profundizar en los más escondidos registros de la psicología del paciente para encontrarle una nueva identidad que le permitiera a Digott moldear el nuevo rostro adecuado a  la misma.  En eso y en poner la mano. Los resultados demostraron que aunque como psiquiatra Kropowitzi pudiera ser discutible, como actor resultaba muy convincente. Después de un intenso tratamiento en su diván, aquellas señoras estupendas que empezaban a cansarse de su cara asumían que eran libres como un ave, sensibles y delicadas como una crisálida, felinas para seducir o refrescantes como las frutas de un retrato de Arcimboldo.

Quiero huir de mí y ser otra- acababan confesando.

Tras lo cual, una buena suma de dólares, el bisturí del mago Digott hacía el resto. Una serie de blefaroplastias, cantopexias y otros estiramientos musculares asombrosos conseguían dar a las inconformistas una nueva cara de rapaz, de mariposa, de tigresa de Bengala o de cereza californiana, según los gustos. Milagros estéticos de nuestro tiempo que estaban sorprendiendo al mundo. A la cara de René Zelweger, que antes de dar el paso irradiaba simpatía y gracia, y a la otrora excitante Uma Thurman, aquella psicosis de cambio las estropeó para siempre. Pero en cambio a una mujer de Picasso que huyó de su lienzo para arreglarse, le implantaron una nueva nariz en la frente y otra teta más en la barbilla y quedó mucho más abstracta. También a Lupe Sinsorgo, una de las protagonistas de La noche de los muertos vivientes le desgarraron  los músculos faciales, le sacaron un ojo que le quedó colgando sobre la mejilla, le tiñeron la piel de color cárdeno y le mordieron tres cuartos de oreja. Un éxito de operación, porque  la criatura acaba de ser elegida Miss Zombi 2015.

Tenía razón don Hilarión: hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Y el  negocio de la cirugía plástica, lo que más. Una barbaridad, una bestialidad, una brutalidad.


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