Archivos en la Categoría 'Memorias de la radio'



¿Nacionalismo o memez?

La iglesia románica de Pla de Santa María es una joya. Pero su alcalde es manifiestamente mejorable...

La iglesia románica de Pla de Santa María es una joya. Pero su alcalde es manifiestamente mejorable...

Al señor Mateu Montserrat, alcalde de Pla de Santa María, provincia de Tarragona, le llamaron ayer 11 de septiembre del programa La mañana de la COPE. Se celebraba la Diada de Cataluña, y comoquiera que en la mañana del viernes se suele conectar con alcaldes de varios pueblos para que inviten a visitar el suyo el fin de semana, se consideró que al señor Montserrat le gustaría difundir los encantos de esta villa tarraconense precisamente en un día tan especial para todos los catalanes.

El señor Mateu Montserrat se mostró encantado de participar en el programa.  Naturalmente, se expresó en castellano con la productora que le preparó el contacto. Pero cuando fue entrevistado por Ely del Valle y Enrique Campo para toda España sólo contestó en catalán.

Enrique Campo le dijo en antena que él mismo era catalán y que entendía su lengua. Pero que por cortesía para los que no lo entienden y por puro sentido práctico sería mejor que se expresara en el lenguaje común de todos los españoles, que es el castellano. Pero el señor Mateu Montserrat consideró más importante que la audiencia levitara ante su pertinez demostración de nacionalismo, hizo oídos sordos y continuó expresándose en catalán. Los que no entienden esta lengua se quedaron sin saber nada de Pla de Santa María.

Conocida es la anécdota del pique entre Ortega y Gasset y el escritor y embajador Madariaga. Alardeaba éste de su mayor talla intelectual por hablar muchas lenguas, a lo que el filósofo, con mucha coña y evidente exageración, acuñó la famosa coletilla de que don Salvador de Madariaga es tonto en cinco idiomas.

Mucho era. Algunos, como este alcalde que desperdició una buena ocasión para hacer amigos, parece que sólo saben ser bobos, y además maleducados, en su lengua vernácula.

Triunfo y tragedia de la ensaladilla rusa

A pesar de lo que digan los puristas, incluso con mayonesa de bote está buenísima la ensaladilla rusa...

A pesar de lo que digan los puristas, incluso con mayonesa de bote está buenísima la ensaladilla rusa...

Según el reputado gastrónomo Jean Anthelme Brillat-Savarin la ensaladilla rusa es un plato si magnifique que même dans le plus pauvre de ser versions il resulte vraiement exquisite. En realidad no está muy claro si Brillat-Savarin probó la ensaladilla rusa –es más, casi seguro que la cita es una invención-,  ni siquiera estamos seguros de que en Francia la ensaladilla rusa se llame así,  pues este plato muda su nombre con suma facilidad. En el Campamento del Robledo de La Granja, por ejemplo, donde el Duende cumplió sus deberes militares con la patria y todo lo ruso estaba muy mal visto, se llamaba ensaladilla nacional. Es cierto sin embargo que, se llame como se llame,  casi todas las ensaladillas rusas, a nada que reúnan los ingredientes mínimos, están entre aceptables, y buenísimas. Y que a la una  de la tarde, y salvo picor sospechoso por las calores, incluso la del bar menos imaginativo de España se convierte en una tapa excelente.

Lo cual que habiendo tenido el Duende que rescatar a doña María del baúl los recuerdos precisamente para charletas de cocina, y siendo, además, devoto de tal plato, comprendió que no podía dejar pasar ni un solo día más de su vida sin hacerla en casa. Sencillamente, no era de recibo que doña María  no hubiera firmado jamás una ensaladilla rusa. Así que, después de contrastar en diversas fuentes el número y la variedad de los elementos que acompañan a la patata, el Duende se puso manos a la obra.

La primera parte no ocasionó el menor problema. Las sombras aparecieron con la mahonesa. Sólo hacía una semana que una ensaladilla rusa degustada  en familia, y que estaba buenísima, resultó estar envuelta por una mahonesa de bote. Y a ella pensaba acudir el Duende. Pero -¡ay!-siempre siempre surgen amables consejeras que enarbolan la bandera de la autenticidad a ultranza.

-¡Qué tontería! -le disuadieron- ¡Si es mucho mejor con la mahonesa casera!…Ya verás qué fácil,  huevo, aceite, sal y limón y en cinco minutos…

El caso es que siguió escrupulosamente los pasos de la receta. Pero aunque doña María  hace ya muchos años que no tiene la regla y el Duende no la tuvo nunca, la mahonesa  no espesó, es decir, se cortó.

-Es muy fácil recuperarla –le calmaron cuando llamó desconsolado a dar parte del entuerto – Lavas la batidora, bates otro huevo en un bol nuevo y cuando éste empiece a espesar le vas añadiendo poquito a poco la mahonesa cortada.

Así lo hizo. Uno, dos y a hasta tres huevos batidos -y nunca espesados- en sus correspondientes boles a los que, sucesivamente, había añadido un poco de la mahonesa frustrada anterior, iban ocupando la escasa encimera de la cocina del Duende. Aquello parecía el laboratorio del Doctor Jekyll.

En estas el Duende miró el reloj y advirtió que se le estaba yendo el tiempo que otros domingos dedica a trotar por el parque sin complicarse la vida con la mahonesa. Es lo más fácil de la cocina, sí, pero también queda dentro del ámbito de la Ley de Murphy y si puede cortarse, se cortará. Así que lo dejó todo y se fue a correr al ritmo de la Novena Sinfonía de Beethoven que guarda en su MP3 como vigorizante en situaciones de desánimo.

Y mientras eliminaba toxinas y frustraciones al tempo marchoso de la Oda a la alegría, magnífico para correr, se preguntaba si el genio de Bonn también hubiera estrellado su talento contra la fácil, pero difícil labor de ligar una mahonesa cortada.

- No todo el mundo vale para todo, Ludwig –creyó escuchar en  el coral que cierra la monumental sinfonía.

Doña María se quedó muy chafada. Pero el Duende se acabó entregando a la mahonesa Ibarra, se zampó una ensaladilla rusa estupenda y durmió la siesta convencido de que, si no los ves muy claros,  es aconsejable desoir los buenos consejos.

Hay gente pa tó

Hay oyentes de radio que se quedaron algo trasnochados...

Hay oyentes de radio que se quedaron algo trasnochados...

Lo bueno de tomar un  micrófono y hablarle a los que escuchan la radio  es que siempre le gustas a alguien. Lo malo, si no te ajustas al tópico –es para mí un placer dirigirme a este público maravilloso, etc, etc- es que inevitablemente también disgustas a otros tantos.

Creía el Duende, como solemos creer todos, que hay valores sobreentendidos, mentirijillas aceptadas por la generalidad de los ciudadanos, sentido común y sentido del humor más o menos repartidos por todas las zonas de la sociedad.  Hablamos y sentimos como nuestra familia o nuestra pandilla, y creemos erróneamente que el mundo es como refleja nuestro espejo. La cosa es que el Duende no era él, sino su alter ego doña María, que se presentó en su nueva emisora  de punta en blanco. Imagínensela, recién pasada por la pelu y coquetamente maquillada, las uñas de manos y pies pintadas de carmesí, abanico español, dos aretes en las orejas, y un elegante vestido indio de algodón que le había regalado su amiga Jocelyn para la ocasión. Y no es que estuviera particularmente dicharachera ni chocarrera. La presentaron, hizo dos o tres comentarios de su familia y aquí paz y después gloria.

Pero hay gente pa tó, que sentenció el famoso torero cuando dicen que le presentaron como filósofo y pensador a un señor que se llamaba Ortega y Gasset. Hay bibliotecarios y sexadores de pollos, funcionarios y okupas,  bailarinas de la danza del vientre y habilitados de clases pasivas, afinadores de pianos y pendolistas, criadores de caracoles y trapenses. Y muchos más, cada uno de su padre y de su madre. En tantos mundos tan diversos, cada cual puede entender el mensaje a su manera.

El caso es que Ely del Valle y Enrique Campo, que son los conductores del programa  donde interviene la gran dama del Bloque los Arándanos habían invitado a los oyentes de la COPE a que mandaran sus comentarios por correo electrónico. Los más eran amables, algunos evocaban con nostalgia a Jiménez Losantos y a César Vidal. La radio es, sobre todo, una costumbre,  y los que no mueven jamás el dial son por lo general refractarios a los cambios de voces. En ese listado de mensajes hubo uno, sin embargo que le dejó descolocá a nuestra heroína. María es el nombre de la madre del Señor –decía el email- y no parece el más adecuado para tomárselo a broma.

-¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!- exclamó la doña sin poder ocultar su contrariedad.

Hubo que consolarla a la pobre mujer recordándole que en todas partes hay gente pa tó.

Seré breve

A partir de ahora, el Duende va a tener que volver a medir su tiempo...

A partir de ahora, el Duende va a tener que volver a medir su tiempo...

Envidia el Duende a esos columnistas que pueden permitirse el lujo de publicar apenas diez o doce líneas. Su nombre y su crédito bastan. Se leen como si fuera un sorbo del primer café de la mañana. Para algunos son un tónico, una costumbre, una referencia, un oráculo. Y tienen peso: Alvite, Antonio Gala, Erasmus. Recuerda en especial alguno tan cabalístico que no se le entendía, como le pasaba a Julio Cerón, que quizás por eso daba más prestigio al periódico que le hospedaba.

Lo de jugar al despiste es siempre muy rentable para el intelectual. El otro día el Duende, que sólo es un aprendiz, puso en el DVD una película de David Lynch que se titula Inland Empire. Tenía interés en conocer algo más de este cineasta que desde El hombre elefante –excelente película- a esta parte ha derivado en eso que la crítica llama “un realizador muy personal”. Y aguantó estoicamente ante el televisor dos horas y tres cuartos de absurdo cinematográfico. O sea, de una sofisticada  empanada mental con una estética y, sobre todo, una banda de sonido extremadamente inquietantes. Tampoco se entiende del todo Mullholand Drive, otra película suya muy conocida, pero al lado del delirio de la anterior resulta tan primaria como Nobleza baturra. Y, sobre todo, es más breve. Unos se expresan en formato corto y otros, como David Lynch o Richard Wagner en sus óperas, se sienten más cómodos  dando la paliza.

Porque pueden. Son intelectuales consagrados.

Al Duende le gustaría poder. Lleva el fin de semana inquieto y preocupado. Parte de la culpa es el calor africano que nos está ofreciendo esta maravillosa estación llamada verano. Piadoso recuerdo solidario para los veraneantes que están regresando a su casa en estos momentos, y más si viajan con niños y abuelitos. No lo quiere ni pensar: el atasco, el subir el equipaje, abrir la casa, deshacer las maletas, poner lavadoras (…¡Y encima la familia querrá cenar!). La otra parte  es saber que mañana tendrá que presentarse en su nueva radio. No empieza hasta el martes, pero no sabe si en este tiempo alejado de los micrófonos se le habrá olvidado el oficio de duende.

Y, sobre todo, piensa en este blog, que tal vez se resienta de estos cambios.  ¿Y si ahora no tiene tiempo para enmarañarse en esas historias suyas tan disparatadas que son las que más le divierten? ¿Y si tiene que aligerar sus posts? Mejor eso que echar el cierre.

Así que seguirá escribiendo, pero será breve. Como si ya fuera firma reconocida…

Sin agua, pero con radio

¿A tí tambien te ha pillado en la ducha el corte de agua?...

¿A tí tambien te ha pillado en la ducha el corte de agua?...

Lo malo es que estaba doña María a mitad de ducha, enjabonada ella como un merengue, y se cortó el agua que fluía por la alcachofa. Ya la están viendo, mal tapada en una toalla que mengua poco a poco –o será que ella está cada mes un poco más “gruesa de los nervios”- y a duras penas vela sus encantos, chorreando y dejando huellas de espuma blanca sobre ese parquet del piso del Bloque los Arándanos que tantas veces ha lustrado con sus zapayetas (las utilísimas zapatillas-bayeta: ni un paso sin dejar de sacar brillo al parquet).

Lo malo, aclaramos, es que la infatigable piqueta de Gallardón pinchó en el lugar inadecuado, rompió las conducciones  de agua por el barrio de nuestra amiga y, cumpliendo con la Ley de Murphy, le pilló en pelota a Doña  María.

Lo peor es que sin esperar a secarse salió al descansillo de la escalera a consultar con el vecindario.

-Jocelyn…-le voceaba a la vecina que es su amiga más íntima- ¿Tú también te has quedao sin agua?…

En éstas que una corriente cerró la puerta y atrapó un pico de la toalla cuando ella se precipitaba a subir a casa de Jocelyn. Y fue muy fuerte: la pobre mujer desnuda y a medio lavar corriendo desesperada escaleras arriba a esconderse y preguntando, mientras tapaba sus vergüenzas, cómo se gestiona ahora la poblemática de quedarse sin agua un día de verano.

Pero no hay mal que por bien no venga. El mismo día de esta tragicomedia doméstica, a la buena de nuestra gladiadora del hogar le comunicaban que esta temporada vuelve a la radio. Y que desde la semana que viene, tendrá voz en la COPE de martes a viernes entre once y doce de la mañana para contar, por ejemplo, la poblemática de los cortes de agua de espaldas al pueblo.

Alguien le preguntó con cierta malicia que si iría de la mano del padre Bonete. Pero según una sobrina de éste,  el anciano cura padece demencia senil, mantiene que Zapatero es el  Anticristo y dice que los curas ya no creen en Dios.

-No vayan a pensar otras cosa –explica doña María con cierto retintín.

Qué cosas.

Un nuevo amigo del colegio

Uno nunca acaba de saber cuántos amigos hizo en el colegio...

Uno nunca acaba de saber cuántos amigos hizo en el colegio...

Motivo de estupefacción tres mil tropecientos sesenta y dos, que diría Homper. (La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, cantaba Pedro Navaja). Sábado tarde. Hora en la que la breve siesta de sofá se empieza a desflecar. Suena el teléfono y Homper recibe una llamada a la que atiende medio aturdido. No es una voz inmediatamente reconocible. Consciente de ello, el que llama se identifica.

-¿No me reconoces?-dice  la voz desconocida- Soy Rodri.

Repasa mentalmente los rodris de su vida. Olivella, Rodri, Gracia, defensa central del Barcelona de los años sesenta. No puede ser, sólo le conocía de los cromos. Rodri. Melo, Ovejero, Calleja…Portero del Atlético de Madrid más o menos de la misma época. Tampoco puede ser, entonces el Duende ni siquiera escribía en MARCA. Jose Manuel Rodríguez, Rodri, antiguo compañero de RNE, el que acompañaba a Fernando Argenta al inicio de Clásicos Populares. Raro, raro, nunca pasamos del colegueo laboral. Poco probable.

-¿No te acuerdas?…-acude al quite la voz aún sin cara- Nos vimos por última vez en la boda del hijo de tu primo José…

El Duende se cae del guindo: es Rodri, el del cole. La memoria es escueta cuando archiva. Más bien menudo, de piel y ojos claros, pero inconfundible por su espesa cabellera rizada y por ser figura del equipo de jockey sobre patines. No era de su misma clase, sólo de su promoción. Y en cuarenta y cinco años no se habían visto más que en dos ocasiones. La primera  le salvó de un apuro ofreciendo su coche para transportar al Duende a una cita importante, a la que no hubiera llegado de otra forma. Al Duende le sorprendió tanta amabilidad, pero Rodri le explicó que había intimado con él escuchando la radio. La segunda vez fue en la citada boda.

-Te dije entonces que me encantaría invitarte a mi casa de Sanjenjo este verano –recordó Rodri- Y te llamo para que hagas un hueco en la primera semana de agosto…

Sorpresas te da la vida, que cantaba Pedro Navaja. En la misma semana primero llamó Pedro Chicharro, que sí era de su clase, y con el que jugaba a las chapas y al fútbol. Era para invitarle a los toros  y a cenar con su mujer Etel en una terraza madrileña, donde repasaron divertidos los hilvanes de tan antigua amistad. Y luego, además, llamó el amigo agazapado durante tantos años. Enésimo motivo de estupefacción de los que definen a Homper, acrónimo del Hombre Perplejo: nunca sabes dónde tienes un afecto pendiente, ni cómo ni cuándo te va a aparecer. De la conversación en aquel último encuentro, que no era sino el segundo o el tercero en casi medio siglo, el Duende dedujo que Rodri era un hombre de principios, un tipo feliz y encantado de la vida.

-Yo todos los días doy gracias a Dios por casi todo –le dijo al Duende al despedirse mientras un operario de la limpieza retiraba el cubo de la basura del portal de su casa- Por el trabajo, por la familia, por las estrellas…¡Y hasta por este buen hombre que nos limpia la calle!

Y Rodri se echó a reír mientras abrazaba a su compañero de colegio.

El Duende, más escéptico –y aún más en tiempos de crisis- da gracias, sobre todo, por seguir haciendo amigos imprevistos a estas alturas de la película.

El día que Florentino Pérez se presentó al Duende

Creen el Duende que no le gustó que le confundieran con un Fernández...

Creen el Duende que no le gustó que le confundieran con un Fernández...

Se iba de viaje hacia el puente de San Isidro. Y pensaba pasar de largo por el blog nuestro de cada día, o de cada dos días, máximo de cada tres. Al fin y al cabo, no es culé, por lo que no tiene razón para levitar en éxtasis. Ni tampoco del Athletic,  con lo que, aún condoliéndose por su dolor, tampoco puede escudarse en el luto para hacer el vago. Además, caramba, el propio José Blanco, antes Pepiño, que es ministro de la cartera de más curro, anuncia que vuelve a su blog. Eso sí, no subirá un post diario, sólo uno a la semana.

O sea, que el Duende pensaba pasar de blog. Se asomaba a las noticias y entre la Copa del Rey, los silbidos al himno nacional, la metedura de pata de TVE y la presentación de la candidatura de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid pensaba que no quedaría interés público para ganarse un solo lector.

Pensaba no escribir de nada. ¿Cómo podría atrapar la atención un día cómo hoy.

Y el Duende recordó a su abuela, que estaba empeñada en que, de mayor, estudiara para diplomático. Esa carrera de tanto lustre y prestigio de la que forma parte, sin ir más lejos, el Marqués de Betanzos. Se acordaba de su abuela, y de las virtudes del diplomático, porque una vez, hace años, al Duende le fichó el Círculo de Empresarios para entretener la fiesta de despedida del que fuera su presidente, Carlos Espinosa de los Monteros.

El Duende hizo de las suyas. Y los empresarios pata negra estuvieron simpáticos y se rieron con sus ocurrencias. Y al término del numerito, se le acercó uno con aspecto de funcionario corriente y moliente, de estatura regular y gafas y le felicitó por su actuación.

-Enhorabuena- le dijo tendiéndole la mano-¿Sabes quién soy?

Y el Duende, que por entonces colaboraba en El Informal de Javier Capitán, le respondió vehemente.

-Sí, hombre, claro, cómo no…¡Florentino Fernández!

Era Florentino, pero Pérez. El mismo que hoy –honor y gloria para todo el mundo mundial- ha descendido del cielo al Hotel Ritz para ser exaltado a la presidencia del Real Madrid y redimir a esta gloriosa institución de sus miserias. Vamos, que por la fanfarria que le acompaña, uno diría que viene también a resolver la crisis, a acabar con la gripe porcina y a salvarnos el alma.

Ha bajado del cielo, sí. Y sospecha el Duende que desde él,  por un agujerito entre nubes miraba su abuela. Lo sabe porque, entre el Hala Madrid que entonaba en las alturas un coro de ángeles blancos, se escuchaba su voz  trémula haciéndose una pregunta.

- ¿Estás segura, Mercedes, de que lo de tu nieto era la diplomacia?…

París, París…¿Demasiado bonita para ser buen cine?

paris_parisCuando el ínclito Carlos Herrera pastoreaba al Duende en la radio, a las diez de la mañana abría los micrófonos a los oyentes para que debatieran sobre un  tema de actualidad. Si el asunto era un reflejo cotidiano de la vida de los españoles, Capitán y el ciudadano García lo definían así.

-Hoy toca un cómo semos.

Había algún tema divino, pero casi todos eran asquerosamente humanos: la incuria ciudadana, sus guisos favoritos, las relaciones con la suegra, errores médicos, el maestro que le dejó huella, cómo conoció a su pareja, dónde le dejó tirado el coche, qué se lee en el retrete, gorrones conocidos, cómo alivia usted sus meteorismos…Al Herrera nada humano le es ajeno, y si es somático y con adorno de regüeldos o ventosidades, mejor que mejor. Es el más brillante ante el micrófono, pero también el más guarro. De cuando en cuando –pocas veces, todo hay que decirlo- escapaba de su sentina  guasona y planteaba asuntos más trascendentes. Sin embargo, nunca debatió ningún cómosemos como el que sugiere una película aún en cartel. Es una película francesa, se llama París, París y,  como no pinta intelectualmente correcta –desgraciadamente para ella, resulta agradable de ver-  seguramente pasará sin pena ni gloria.

El cómosemos derivado se podría presentar así: ¿por qué el artista y el creador contemporáneo se obsesiona por  lo sórdido,  lo triste, y lo desagradable de la vida? ¿Por qué ese regodeo en las pestilentes sombras de nuestra sociedad? ¿Por qué hay que  afligir sistemáticamente al ciudadano conel flagelo de sus miserias? ¿Por qué ese menosprecio de lo bonito, de lo amable, de lo que deja buen sabor de boca?

Con un lúcido ejemplo, se lo recordaba  la tía Clota a su siempre perplejo sobrino Homper.

-No podría colgar uno de esos cuadros del famoso Bacon en el saloncito de casa. Se parecen a lo que veía en un monitor el día espantoso en el que me hicieron una rectoscopia.

Y Homper se quedó con la meditación: Francis Bacon encierra en sus cuadros  el doloroso misterio de ese aire que te inyectan por donde te dije cuando te miran la fontanería rectal. Es la fascinación morbosa de lo desagradable.

Todo lo contrario de lo que ofrece la última película del mismo equipo que triunfó con Los chicos del coro. París, París tiene algo de evocación, es un fresco costumbrista del París de los años treinta, mezcla géneros como la comedia, el melodrama, el musical y hasta el thriller político. Pero para los críticos del vinagre cultural tiene dos imperdonables defectos: es entretenidísima y, sobre todo, bonita como un sueño. Como aconsejaría la tía Clota, no la vean si sólo quieren pasar otro mal rato con el dichoso cine de autor.

Amas de casa diplomadas

Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

Para Doña María, un político competente era como un buen vendedor de medias de cristal.

De cristal, que es como se decía cuando ella era una muchachita y las medias transparentes eran aún artículo de lujo. En realidad eran de fibra artificial, que entonces aún se decía nylon. Pero mostraban el blanco de la pantorrilla, y con aquella denominación sugerían más fascinación, más glamour. Si la Cenicienta bailaba en palacio con zapatos de cristal, Doña María aspiraba a ser la princesa del Bloque los Arándanos engalanando sus piernas con medias de cristal. Como las de Marlene  Dietrich, que lucía tan buena figura. Nadie le parecía más seductor  que el dependiente de la mercería donde compraba la marquesa para la que ella trabajó cuando dejó el pueblo y se plantó en Madrid. Aquel hombre que, por cierto, se parecía a Sarkozy, abría la caja plana de cartón, levantaba el papel seda que las cubría y tomaba en sus manos aquellas calzas delicadas y brillantes, como un cendal de oro, para mostrárselas a la clienta.

-Se las pone usted, señora, -decía el dependiente – y queda como una artista de cine.

Doña María mantiene que SuárezFelipe, Sarkozy y Zapatero nacieron vendedores de ilusiones, o sea, de  medias de cristal. Y que Aznar en cambio tenía maneras de vendedor de gruesas medias de lana o, peor aún, de zuecos. Es la diferencia entre la labia con glasé y el estilo de lija del nueve  del profesor de Georgetown. Así y todo, aún le quedaba algo al soñador imbatible que es ZP para demostrar el talante que dice llevar dentro. Le faltaba mirar por el ama de casa y mimarla como se merece.

-O sea, que nos reconozca y nos de la importancia que tenemos -reivindicaba ella- O sea, sueldo, seguridad social y categoría.¡Ah!, y un bonomedia por tres pares de medias de cristal al año para que la imagen del ama de casa no salga perjudicada con tantas carreras como se nos hacen.

Sueldo, seguro, reconocimiento, carreras. Qué líos nos hacemos cuando el estado del bienestar no se atreve a decir no a casi nadie. Menos mal que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega -una mujer tenía que ser- ha venido a poner los puntos sobre las íes prometiendo que las amas de casa podrán diplomarse y, en su caso, trabajar como expertas en dependencia. Según sus palabras, será otra manera de crear puestos de trabajo.

Y doña María está encantada: ya no será gladiadora del hogar, sino titulada. Y con uno de esos diplomas con tinta de oro, letra de pendolista- y quién sabe si hasta la firma de la ministra correspondiente- para enmarcarlo y colgarlo en el comedor.

-¿Y mi sueldo?…¿Y mi seguridas social? -pregunta nuestra entrañable Ingeniera Técnica del Hogar, como seguramente será a partir de ahora.

Los optimistas pronostican machadianamente que se hará camino al andar. Entretanto la vice tranquiliza al colectivo de doñasmarías recordando que tienen su puesto de trabajo asegurado. El actual, claro. Lo que, tal y como están las cosas, no deja de ser otra buena noticia.

El rostro del mendigo del Metro

Quizás hubiera sido más caritativo mirarle al rostro que darle una moneda...

Quizás hubiera sido más caritativo mirarle al rostro que darle una moneda...

Se lo había a escuchado Homper a aquella mujer que hablaba en la radio de las pequeñas poblemáticas cotidianas. Esto está hecho de espaldas al pueblo, decía doña María. Se acordó de ella en el metro cuando se le acercó un mendigo pidiendo, intentó extraer alguna moneda de ese pequeño bolsillo del pantalón que los sastres llamaban cerillero y comprobó que algún genio de la confección había decidido rediseñarlo para hacerlo más estrecho y más incómodo. O sea, más modelno.

-Coño-se dijo irritado ante aquella mirada espantosa-¡Otra cosa más de espaldas al pueblo!

El pordiosero era un quemado que extendía para pedir un par de muñones. Apenas le quedaban manos. Su mirada causaba espanto, porque era la de un rostro deformado por el fuego. El desdichado debía de haber ardido como las criaturas de Los crímenes del museo de cera, una de aquellas joyas del cine de terror que protagonizaba el gran Vincent Price y que tanto impresionó a  un Homper imberbe cuando la vio.

-Y sin poder sacar una moneda de este puñetero bolsillo…- refunfuñó entre dientes mientras buscaba afanosamente en el cerillero.

La situación era tan embarazosa para Homper como desalentadora para el mendigo. El bolsillo era a tal punto estrecho, que sólo permitía que cupieran en él los dedos índice y anular de la mano derecha. Se llegaba a tocar las monedas, pero era imposible atraparlas. Ante la mirada estupefacta del mendigo, Homper dobló la pierna derecha y la subió para presionar con la parte superior del muslo la columnita de monedas. Así ésta podría ascender levemente y sus dos dedos, a modo de pinzas, conseguirían coger un euro para salir del paso.

Homper lo intentó denodadamente una y otra vez. Ante el asombro de los viajeros que le rodeaban, se contorsionó como si  una pulga  bailase el rock en su ingle. Pero su gimnasia caritativa fue un fracaso: no recuperaría las monedas hasta que no se quitara los pantalones y los sacudiera boca abajo. El mendigo se percató de ello y siguió su camino. Homper pintó un gesto de contrariedad, recompuso su dignidad estatuaria -la  que lucen casi todos los viajeros en metro- y continuó su viaje como si allí no hubiera pasado nada.

Cuando sin darse cuenta se metió las manos en los bolsillos del abrigo, sus dedos detectaron inopinadamente una moneda escondida en el fondillo. Era el euro que había necesitado para no defraudar al mendigo. Entretanto, el pobre monstruo, quizás decepcionado por la escasa recaudación en el vagón,  volvía a pasar ante él pidiendo limosna. Homper no tuvo que repetir esta vez el penoso número contorsionista para darle una moneda. Pero lo hizo avergonzado, depositándola en los muñones y sin atreverse a mirar aquel horrible rostro deformado por las llamas.

-Gracias-se escuchó con dificultad de los labios del mendigo.

A Homper le quedó un amargo resquemor. Aunque tarde, se había dado cuenta de que lo que verdaderamente hubiera agradecido aquel desdichado no era una moneda, sino que alguien le mirase a la cara.

Reyes magos, pero no ilógicos

¿Cómo se conciben unos Reyes Magos sin camellos?

¿Cómo se conciben unos Reyes Magos sin camellos?

-¿Qué han hecho los años con mi cabeza?-me preguntaba Homper desesperado-Yo, que gané en tiempos mi oposición de secretario de ayuntamiento. Yo, un hombre tan ordenado que sabía donde guardaba hasta las ballenas del cuello de mis camisas. Yo, que metía el recordatorio de la primera comunión de mi prima Adela en un tomo de los Episodios Nacionales y registraba en la memoria si era en la batalla de los Arapiles o en Napoleón en Chamartín. Yo, que me acordaba de la fecha de la Conspiración de la Pólvora y de la batalla de las Navas de Tolosa y recitaba de corrido las alineaciones del Oviedo y el Las Palmas en la temporada de 1961…

Adivinaba el Duende que el lamento obedecía a una nueva fechoría de las neuronas cerebrales. La última perplejidad de Homper, nada halagüeña, por cierto, fe provocada por su buen sentido ciudadano. Quiso deshacerse de una de esas antenas cornadas que se ponían antaño a los viejos televisores, otro trasto más que rondaba por casa, y se dirigió paseando al Punto Limpio más cercano. Al salir de casa llovía mansamente, por lo que llevó el paraguas. A mitad de camino, dejó de llover. Estos enclaves que ha instalado el Ayuntamiento de Madrid serán muy limpios, pero están lejos. Homper no obstante se llegó hasta él y cumplió su objetivo. Mejor dicho, creyó cumplirlo. Se dio cuenta de que no lo hizo del todo bien cuando volvió a chispear. Entonces advirtió perplejo que, mientras en sus manos aún llevaba la antena, había abandonado el paraguas en el punto limpio.

-Despistes tontos -le dije para consolarle- Pequeñas averías de la edad. A todos nos pasa…Según los neurólogos, nada importante…

-No, si a mí no me importaba perder el paraguas -replicó- Pero es que estoy perdiendo el sentido de la lógica…¡Yo, que era puro cartesianismo!…

Había algo en su tono que presagiaba un dolor mayor. Y cuando esperaba que de un momento a otro me contara un drama provocado por sus ausencias mentales, me relató, cómo no, otro cuento de Reyes que empezaba como La divina comedia.

-Nel mezzo dil cammin di la nostra vita…-declamó solemne-…Yo tuve que abordar mis primeras navidades en solitario. Siempre ponía nacimiento, pero ahora apenas tenía sitio en casa. Compré el misterio, un pastor con tres ovejas y, para que ocuparan menos sitio, tres reyes magos de a pie, en actitud orante. Así le canté villancicos tres años. Pero al cuarto caí en que unos reyes magos sin camellos son como tres paisanos cualesquiera. Había montado el belén sobre un diminuto velador de cincuenta centímetros de diámetro. Era prácticamente una montaña de papel kraft embadurnada de engrudo sobre el que había sacudido musgo viejo, una Galilea perfecta. En el hueco de la base de la montaña, con una luz zenital, el pesebre. Y por delante de éste, apenas un palmo de terreno cubierto por la mejor arena del desierto, que es el pan rallado, con los magos de infantería y el pastor con su ganado. No puede ser, no puede ser, me decía. Por coherencia con la tradición, necesito unos reyes magos con camello…Pero ¿dónde los meto? Me lancé a la Plaza Mayor y encontré unos diminutos…Y pensé que, encima de la montaña, silueteados sobre una luz crepuscular que podía instalar tras ésta, quedarían sencillamente espléndidos. Y así fue: los compré, los clavé en su sitio y creí que ya había triunfado. Hasta que….

Se hizo un silencio plomizo que, después de unos titubeos, él mismo rompió.

-Hasta que caí en la cuenta de que no podían estar al mismo tiempo cabalgando por el horizonte y postrados a los pies del Niño. Es ilógico. Eran magos, pero seguro que no tanto.

-¿Y qué, y qué?-pregunté angustiado.

-Nada, he tenido que retirar los reyes de a pie hasta el seis de enero, que sustituirán a los nuevos…Y entretanto, a ver donde pongo a los cesantes y cómo relleno el claro que se me ha quedado ante el portal…Un sinvivir, ya te digo…¡Y que a un hombre tan racional como yo se le escapen estos detalles!

No era el único suceso del que podía tratar hoy el blog. Pero entiendo tan bien al pobre Homper…

Bragas, costuras y llagas

...Y no todos son tan lucidos como las  famosas chicas de Vargas

...Y no todos son tan lucidos como las famosas chicas de Vargas

Agenda diaria de Hombre Perplejo que se nos ha filtrado en este blog. Despertarse, desayunar, leer el periódico, trote cochinero por el parque para mantener la buena forma, gestiones bancarias -lo peor- cuatro llamadas, tres recados, ver una exposición, visitar a los nietos. Homper puede permitirse vivir en constante perplejidad porque quizás tiene más tiempo para observar. Digámoslo claramente, es un jubileta in péctore. Aún no es de los que cobra, sino de los que paga a la Seguridad Social. Pero empieza a ser rico en tiempo si no del todo libre, sí dúctil. Y, como tanto ciudadano ingenuo, aprovechó la fiesta de la Constitución para hacer cola y ver el Congreso de los Diputados por dentro.

Es fácil imaginarlo, con su cara de paleto entrañable deslumbrado por la parafernalia del poder. Cuando de verdad lo era de la radio, el Duende participó en varios de esos programas que las emisoras desplazan al escenario de la celebración. Y se fijaba mucho en los que, sin hacer puñetero caso a los que hablaban por el micrófono, saciaban su curiosidad.

Imaginaba a Homper entrando en el hemiciclo, siguiendo la fila de miles de ciudadanos, más bien talluditos, obsesos por tocar escaño y descubrir los disparos de Tejero en los artesonados del techo. Alababan el boato: los cortinajes, los dorados, los tapices, los cuadros, los retratos de los que han sido presidentes, el maderamen del mobiliario. El imponente empaquetado del poder, que al pueblo llano le gusta ver y tocar de cerca, para comprobar que se lo administran bien. Al fin y al cabo, esa es su casa.

Homper tomó nota de todo. Hasta de lo que, a su lado, comentaban unas vecindonas sobre la notoria ausencia de doce de los presidentes de las comunidades autónomas y de muchos jefes de los grupos parlamentarios en la celebración. Pasaron del trigésimo cumpleaños de la Constitución.

-Vamos que vamos-decía una más que airada- Qué feo para España y para el pueblo. Nosotros guardando cola bajo la lluvia y los que viven de ésto ni aparecen..

-Ya te digo-apostillaba la otra-¡A la que nunca usó bragas, las costuras le hacen llagas!

Sabiduría popular. La mayoría de los invitados ausentes son alguien gracias a lo que diseñamos todos en la Constitución. Muchos, sin ella, vivirían con el culo al aire. Pero ahora se han puesto tan estupendos que les molesta y se permiten el lujo de despreciarla. No les sobra sentido de la responsabilidad ni buena educación. Sólo sensibilidad en el mismísimo.

Croquetas frente a la crisis

El presidente Zapatero está reunido con sus dos vicepresidentes (vicepresidente y vicepresidenta). Y, como es lógico después del fiasco del plan Bush para salvar la economía, dan vueltas a cómo vadear la crisis. En esto tercian las croquetas de Puri, que el Tesoro Público ha sacado a colación en una campaña de publicidad y que tanto ha mosqueado a la ministra de Igualdad. Qué error, qué inmenso error: abundan en la imagen de la mujer que ella trata erradicar. ¿Una mujer que hace croquetas? ¿De qué estamos hablando? Puri se dedica a la física cuántica, a la investigación de células madre o, como poco, a hacer desmontes con la pala excavadora. El presidente da la razón a Bibiana Aído, pero, como gran prestidigitador dialéctico, da la vuelta a la croqueta y ve en ella una buena idea -¡al fin!-para aliviar la situación que nos aflige. Recordemos el valor de la croqueta -le dice a Solbes- Difundamos el mensaje de que la desaceleración -nunca crisis- es más llevadera si las familias (y los familios) aprovechan a fondo el hueso del jamón, el pescuezo del pollo y las raspas del pescado para dar más sabor a este espléndido plato de la cocina tradicional. Contra el muermo de los pusilánimes y el catastrofismo de los antipatriotas, croquetas, croquetas para el bienestar.

Esto es un delirio, o una parida de las que Javier Capitán y el Duende aún se guisan a diario. Pero tiene su sustancia. Mientras que Forest Gump decía que la vida es como una caja de bombones, el Duende piensa que cada día es como una croqueta. El rebozo pinta más o menos parecido, pero luego le metes el diente y la cremosidad y el sabor de la bechamel marcan las diferencias.

Curiosamente en croquetas los grades pontífices como Adriá, Arzac o Subijana tienen mucho menos cartel que la Puri del spot o nuestra madre, pues de la misma manera que todos los españoles creen jugar al mus mejor que nadie, las croquetas que hacían sus mamás son siempre las mejores del mundo. Sólo tenían un inconveniente, al menos en los tiempos de austeridad que marcaron aquellas infancias de posguerra: eran demasiado pocas. En las cenas de familias numerosas, raramente sobraban, con lo que eliminaban el placer de la tornacroqueta, esa croqueta trasnochada que, a mitad de la mañana siguiente y con un vaso de vino, hace un tentempié insuperable. La croqueta, como el frito de merluza, es de los pocos manjares que dejá vue, gusta tanto o más que la primera vez.

En su simpleza, la croqueta -o cocreta, o cocleta, que de todas formas se dice- nos acabará dando una lección de filosofía práctica. Y es que no hace falta gastar mucho para ser feliz en la mesa. Al menos los diez minutos que puede durar un plato de ese manjar del que, como santa Bárbara, sólo nos acordamos cuando truena la economía.

Una dama entre hoyancos

Poyales del Hoyo

Poyales del Hoyo

(Foto de Joyanco)

Soledad es una distinguida dama malagueña de ojos azules y porte de heroína de cuento de Chejov. Buscaba su refugio en el campo. Soledad se crió en la vega de Antequera, pero ha ido a dar por lo que al sur de Avila llaman las vegas del Hoyo. El Hoyo es la forma coloquial con la que los paisanos hablan de Poyales del Hoyo, un pueblín tranquilo y guapo aún no masacrado por los desmanes urbanísticos, que queda entre Arenas de San Pedro y Candeleda. Poyales se queja desde tiempo inmemorial de ser un pueblo sin término municipal. Toda la tierra que se extiende a sus haldas se reparte entre Arenas, cabeza de partido, y Candelada. A cambio, sale en algunos escritos de Pío Baroja, que en su novela La dama errante describe minuciosamente un viaje en caballerías por lo que hoy es el trazado de la comarcal Alcorcón-Plasencia. El impío don Pío, como le llamaban los observadores del antiguo Indice de los libros prohibidos, mencionaba las alcantarillas a cielo abierto de Poyales que, como en tantos pueblos con arroyos serranos, corrían por entonces sin el menor complejo contaminante. No se preguntaba en cambio el gentilicio de los lugareños. ¿Poyalenses? ¿Poyaleros? ¿Hoyeros?

-Hoyancos-aclara Soledad al Duende.

Velay, para esto sirve un blog. No te acostarás sin saber una cosa más, que decían las abuelas. Y hasta ayer no sabía el Duende que los nacidos en Poyales del Hoyo eran hoyancos. El patronímico debe pronunciarse con hache aspirada, como se habla en esta tierra, que modela una especie de extremeño-toledano peculiar. Algo así como un castellano levemente glaseado de sonidos lejanamente andaluces. Se escribirá hoyancos, pero se pronuncia joyancos. Lo cual al Duende le remite al pueblo de Julio César Iglesias, zamorano de Fermoselle, quien públicamente confesó en antena que a sus paisanos les llamaban foyacos o follacos, que malsuenan igual. Hay que ver lo que mandan determinados instintos, con lo fermoso que podría resultar el gentilicio de Julio.

Soledad es lectora de este blog, y en la conversación terminológica se le filtra la curiosidad por la aparición de Homper, del que sospecha que es un trasunto del Duende. Le cuenta éste que está entre el uno, su circunstancia y la teoría de las matriuskas literarias: el que escribe va sacando de sí criaturas que, por no dar pistas, alumbran otros hijos que, a su vez, prolongan la descendencia con la esperanza de camuflarse del todo. Homper es, sobre todo, el hombre perplejo. Y ya que va el día de gentilicios, su pregunta es cómo se llamarán los de Jódar, los de La Mamola, los de Guarromán, los de Cabezón de la Sal y los de una aldea asturiana por la que pasó este verano que se llama Las Puercas.

En todo caso el topónimo no condiciona el carácter. Nadie podría imaginar si no que el alma sensible del gran Federico García Lorca también bebió de un pueblo que se llamaba Asquerosa, donde su familia poseía tierras y él pasó muchas temporadas. Hoy Asquerosa se llama Villarrubia o Valderrubia, pero por los pueblos que han cambiado de nombre ya se preguntará otro día nuestro gestor de perplejidades. Y si es alrededor de un café con porras recién hechas, como en la mañana de ayer con Soledad, mejor. Lo recomienda el adagio latino: primum vivere, deinde filosofare.

Todos éramos logotipo

Nuevo logotipo de RTVE

Nuevo logotipo de RTVE

Ejércitos de Murphys rodean al Duende. En su noble afán de que no se note demasiado ni que es verano ni que estamos inmersos en la crisis, trata de animar el blog como buenamente puede. Pero un nuevo traidor camuflado en su ordenador se lo está poniendo difícil. Cuando y como le parece, le deja sin acceso unas veces a su servidor -WORDPRESS- y otras al propio Duende. Qué ironía del destino: puede leer todas las webs del mundo menos la suya.

Mañana trataremos de arreglarlo.

Entre tanto, pasmado le deja el autobombo del presidente de RTVE para justificar un cambio de diseño corporativo. Es más fresco, más imaginativo, el símbolo de una nueva etapa, mantiene Luis Fernández. Tuvo el Duende un jefe en su primera agencia de publicidad que mantenía un curiosa teoría al respecto. Decía que el anunciante era un náufrago que encontraba la razón de ser de su producto a partir de su campaña de publicidad. Exagerado, seguro. Pero algo de eso hay cuando a la mayor reducción del lenguaje publicitario, que es el logotipo, le sacan tanta punta. Quizás olvidan decir que todos éramos logotipo, puesto que todos, mejor o peor encarnábamos al ente público. Borrón y cuenta nueva.

Por cierto, el Duende pensaba que les dieron la boleta de RNE por no ser ni lo modelnos ni lo políticamente correctos que pedía la nueva etapa. Ya saben, le teoría general de la caspa nacional. Ahora sin embargo se entera de que en la nueva programación, para alegrarle el programa a Juan Ramón de Lucas, fichan a Florentino Fernández, excelente cómico más cerca de Martínez Soria y de Esteso que de Woody Allen o Roberto Benigni. Nuevos aires en la radio, ya les digo…

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