
Fui el primer escritor que identificó a Rubalcaba con un colador chino, pero la cultura oficial no supo apreciar mi imaginación...
1
Debo decir que soy un aprendiz de escritor. Me apunté a una escuela de Escritura Creativa, donde una profesora muy atractiva y un argentino calvo me contaron más o menos que escribir puede ser sólo cuestión de estilo, pero que para ser escritor hace falta haber viajado, haber leído muchísimo, conocer algo de algún tema interesante y, como poco, tener mucha imaginación. Lo primero y lo segundo quedaban fuera de mi alcance, de lo tercero sólo se que no se casi nada. Y no me puedo imaginar cómo se gana la imaginación. Al nacer me encontré con lo puesto, y no se si he sido capaz de desarrollarla. Sólo se que se me ocurren algunas cosas que los demás consideran extravagantes.
Por ejemplo, veo una cara y enseguida la interpreto de una manera original. Muchas de las caras me llevan a objetos. Algunas otras, a especies animales y, más aún, a otras ideas inverosímiles. He visto caras de de ardilla, de picaporte, de nenúfar, de cumulonimbus y de signo de interrogación. Otras caras me sugieren procesos químicos o incluso sucesos históricos. La dueña de una papelería de mi barrio tenía cara de electrólisis, y el sastre que hizo mis primeros pantalones a medida llevaba en su rostro el Compromiso de Caspe. Se que es difícil que en un rostro se pueda ver el Compromiso de Caspe, pero eso es porque no nos lo proponemos. Si a alguien te dice que hay que ponerle una cara humana a ese hito histórico, encontrarás a algún Compromiso de Caspe andante en el mismo tramo de la calle donde vives.
2
Lamentablemente, este es tiempo de decepciones. Pensaba que ahora que con la crisis se recorta todo se iba a primar al menos la imaginación. Eso pensaba cuando mi escuela de Escritura Creativa convocó entre sus alumnos un certamen de cuentos imaginativos. Lo de imaginativo ya se que es una redundancia, pero la secretaria de la escuela no lo tuvo en cuenta, y lo incluyó en las bases del concurso. El cuento ha de ser imaginativo.
No pareció muy serio, pero lo di por bueno porque quería ganar el premio como fuera.
Inicialmente se me ocurrió una historia de trasfondo político. La historia era la de un tirano sudamericano que después de haber abusado de todas sus secretarias y de haber violado a varias campesinas previamente aleccionadas por un corrupto funcionario del Catastro, empieza a notar que le gusta uno de los centinelas del cuerpo de guardia del palacio presidencial. Entonces el tirano se da cuenta de que no es que haya salido del armario, sino que desde niño llevaba encapsulado en su cuerpo un organismo de mujer. Se va a Nueva York para que le hagan una operación de cambio de sexo, y una vez convertido en señora presidenta se casa con el centinela.
Pero ¡ay!, la feminidad suaviza sus formas y cambia sus sentimientos. En el filo del bisturí del cirujano debía de haber una semilla de ternura que fructificó dentro de ella. Así que se convierte en una mujer sensible, delicada y volcada en los demás, por lo cual pierde categoría como tirano/a. ¿Dónde voy ahora siendo una tirana de buen corazón? –se pregunta desolado/a ante el espejo al ver que ha perdido su identidad. Consciente de que su personalidad se ha desleído y de que ya no es nadie, se tira a su amado centinela por última vez, lo estrangula en el momento del orgasmo y continuación se mete en la bañera llena de agua caliente y se abre las venas con el canto de un CD de Armando Manzanero. La tirana descafeinada muere desangrada mientras escucha Esta tarde vi llover.
Lamentablemente, aunque se me ocurrió, no llegué a escribir el cuento. Lo que propició la siguiente decepción.
3
En cuento que presenté al concurso, el protagonista es un asesor de imagen de Rubalcaba. Se podría decir que, como yo, es un hombre de ideas desconcertantes. Pero, a diferencia de mí, él es osado y persuasivo, capaz de venderle hielo a un esquimal. Un día mientras compra unas pilas en un bazar ve en la sección de menaje del hogar un colador chino y siente que su mente se ilumina. De repente ha descubierto que Rubalcaba tiene cara de colador chino. Hasta el momento le veía un cierto aire de Fu-Manchú de película de serie B, pero ahora comprende que en realidad es un colador chino humanizado.
-Eso será el mensaje que debe transmitir en la campaña. Y así es como debe presentarse en el debate, porque los coladores chinos hacen maravillas.
El asesor convence al jefe de campaña de Rubalcaba para que el candidato corrija los ya conocidos movimientos de sus manos de la siguiente forma: en una de ellas mantendrá el colador chino por el mango, mientras con la otra hará la mímica de coger los problemas que tiene España, meterlos en el colador y depurarlos en éste manejando el émbolo de madera con el que los machaca hasta reducirlos a algo suave y ligero que la crisis sí puede digerir. Rubalcaba es un experto ilusionista, y con su colador chino los males de la patria pasarán fácilmente.
4
En el cuento le compraron la idea, y Rubalcaba no sólo ganaba el debate con Rajoy, sino también las elecciones generales. Rajoy, por cierto sólo tenía cara de puño de paraguas antiguo, a la que era difícil sacarle partido. Es comprensible que pierda: sólo llueve de de vez en cuando, y además los puños de paraguas de ahora ya no dicen nada.
Pero el jurado del Premio del Cuento Imaginativo no le prestó la menor atención a mi cuento. Uno de sus miembros me comentó off the record que era una soplapollez, y que lo del realismo mágico o el surrealismo hiperbólico estaba pasado de moda. El premio se lo acabaron dando a un cuento titulado El transexual de las flechas. Era una historia calcada de la que yo deseché, con la única diferencia de que el protagonista, en lugar de tirano sudamericano, era una falangista de los que tiñeron de sangre nuestra agitada memoria histórica.
-Eso ahora vende mucho más, muchacho.
5
Qué nueva decepción. Tanto fomento de la escritura creativa para acabar en esto.
Y qué falta de perspicacia la mía. Ahora sólo soy un aprendiz de escritor, y la cosa puede pasar. Pero cuando sea un escritor de verdad no volveré a obcecarme con metáforas como la del colador chino, que sólo los tipos raros como yo apreciamos. Únicamente escribiré más historias truculentas del franquismo, que es el venero más seguro de la literatura actual y, además, lo que se premia.
Es una pena claudicar así a la moda. Porque si, valga la redundancia, llego a colar lo del colador chino de Rubalcaba, quizás los expertos en comunicación se habrían dado cuenta de que hay formas de animar esa cosa tan aburrida y previsible que son los debates electorales.














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