Archivos para la Categoría 'Música'

El Rey ha muerto: viva Yo

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

-Es terrible, y debe de ser la coraza de la edad-le confiesa la tía Clota al siempre estupefacto Homper-Pero no he conseguido derramar una sola lágrima por Michael Jackson.

Dice que Jerome, el hijo de su amiga Thelma, fanático irredento del ídolo caído, ha dejado la tienda de la gasolinera de Tinmouth y de momento ha huido a vivir a solas sus penas en una cabaña junto a un lago. No puede superar el impacto por la muerte del rey del pop.

-¿Sabes?…Yo, como soy más vieja, ni canto con una cerilla encendida, ni llantos histéricos ni nada. Lo primero que pensé  es qué pena de chico. Pero luego corregí: qué majadero. Y es que en la tele repasaron la historia de otros artistas que murieron prematuramente por sus excesos: Elvis, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison…Pero si son tan geniales…¿cómo no aprenden que con eso del alcohol, las drogas y los fármacos raritos no se juega?…

Se sorprende Homper de la rotundidad del juicio de su anciana tía.

-Oye, tía-le reprocha débilmente-Tú antes no eras así. Recuerdo que cuando murió Gary Cooper dijiste te encerraste en el cuarto de baño para llorar a gusto.

-Otros tiempos, hijo…-confiesa con cierto sentimiento de vergüenza-Desde que soy vieja de verdad  me resbala casi todo. Me he dado cuenta de que la muerte de los demás forma parte de mi vida.

Reflexiona Homper, que ya se asoma al pórtico de la ancianidad. Recuerda el día en que venía encantado de ver en la entonces joven Filmoteca Nacional Cantando bajo la lluvia, y al llegar a casa su hermana le dijo: han asesinado a Kennedy. Creyó que el  mundo se hundía bajo sus pies. Al día siguiente se personó en la embajada de Estados Unidos, y estampó su firma en el libro de pésames, con frase y todo. Estaba convencido de que la propia Jackie Kennedy repasaría las condolencias y recibiría la suya como ungüento mágico para su dolor. Ahora el hombre empezaba a reaccionar como su tía: nada de rasgarse las vestiduras, de paripés lacrimógenos, de numeritos y frases para que te seleccionen y salgas en la tele como ejemplo de sensibilidad.

-Mueren, ergo existo, ¿no, tía?.

La anciana suspiró largamente.

-Más bien instinto de conservación.

Y Homper se propuso empezar la semana sorteando el egoísmo que nos va inoculando la edad,  y pensando más en esos familiares y amigos que aún le alegran la vida.

Yo quiero un paisaje con burros

Cuánto más bonito es un paisaje con burros que sin ellos...Sueña a veces el Duende que es multimillonario. A lo bestia: estratosféricamente mega-rico, insultantemente poderoso. La sabiduría popular lo dice: pagando, san Pedro canta. Y ante tantas posibilidades de disfrutar de la vida como ofrece el club de los Bill Gates, Warren Buffet, y Amancio Ortega, se le plantea  al hombre el problema de jerarquizar los caprichos. Con lo poco acostumbrado que está al dinero.

Quién sabe por donde empezar. ¿Emprender una expedición a la Antártida con el mago Tamariz al cuidado de los perros y los trineos? ¿Contratar un crucero de lujo hasta el Perito Moreno exclusivamente para sus amigos inclyendo además a Cristine Scottt-Thomas y Naomi Watts? ¿Comprar un ático en Ile de Saint Louis y llenarlo de libros, instrumentos de astronomía antiguos y juguetes de hojalata comprados a los mejores coleccionistas? ¿Construir una sala de conciertos junto a su cuarto de baño y crear el Festival de Música para el WC ennobleciendo así eso tan poco honorable que es aliviarse? Qué placer, qué categoría: sentarse a despachar con el Sr. Roca mientras al lado la Filarmónica de Berlín interpreta la Obertura 1812 de Tchaikowsky o    La cabalgata de las valkirias de Wagner, músicas incidentales muy apropiadas para la ocasión. Ah, se le olvidaba, otro capricho aún más rebuscado y exquisito: remontar el curso del Nilo hasta sus fuentes tomando gin tonics  en unas andas con aire acondicionado que son llevadas por Cristiano Ronaldo y Kaká vestidos a la federica. Tampoco es que sean sueños tan extravagantes. Lo que ocurre es que a los ricos de siempre les falta imaginación, y siguen la misma receta de lujos y de placeres prohibitivos. Qué falta de personalidad.

Sin embargo el sueño de esta noche fue mucho más pobretón. El Duende sólo llegaba a millonario normalito que compra un buen cuadro en una sala de subastas. El problema de elección esta vez surgía en torno a dos lienzos. Uno de ellos era un óleo  de Camille Pissaro que representaba un paisaje con un camino blanquecino flanqueado por sendas hileras de chopos. El otro, un lienzo de las mismas medidas y parecida coloración de Darío de Regoyos,  ofrecía un panorama muy similar. Donde el francés ponía chopos, Regoyos habían pintado quizás robles y castaños. Había otra gran diferencia. Por el camino del pintor vasco iba un hombre llevando del ramal a un borriquillo. El Duende se quedaba con el segundo cuadro. No porque fuera mejor pintado, ni más asequible. Sino porque era un paisaje animado. Nunca entendería a los que, en la misma tesitura, eligen lo primero.

Es terrible cruzarse media España en un viaje y comprobar, por ejemplo que en el inmenso solar que media entre Madrid y el pueblo turolense de Alcañiz uno no ha visto ni un burro. El campo de hoy que no se ha vendido a los polígonos industriales es un puro desierto de vida animal. Tampoco vio el Duende ninguna otra caballería. Es más, ni siquiera una vaca, o una cabra, o una oveja. Eso sí, muchas alquerías ruinosas, majadas semiderruidas, casas que antaño fueron ocupadas por labriegos y que hoy sólo alojan fantasmas del pasado. En lo alto de un risco del Maestrazgo, en una carretera jalonada por preciosas iglesias mudéjares, sí alcanzó a distinguir a un buitre. ¿De qué se alimentará la criatura?

Otro más de los muchos problemas que asedian a los sabios arregladores del mundo. Además de cambiar el modelo económico, combatir el cambio climático y otros marrones, problema nº 325: cómo reanimar el campo en un país que, como España, tiene tanto y, sin embargo, se ha olvidado del mismo.

Música y fuegos artificiales en El Retiro

¿Será que la felicidad es una música nocturna con fuegos artificiales?...

¿Será que la felicidad es una música nocturna con fuegos artificiales?...

Causa de perplejidad nº 21.867 en la biografía de Homper: su corazón se pone a galope cuando escucha una banda de música. Tal que si fuera un niño

En realidad Homper hubiera querido serlo todo en la banda. Director, trompeta, trompa, fagot, trombón, tuba, tambor, bombo, platillos, celesta…Qué deliciosa manera de prolongar la infancia liberando ritmo y adrenalina con otros colegas. Y además de todos los instrumentos, hubiera querido ser todos los protagonistas: los maestros Penella, Alonso, Lleó. Y Chapí , y Chueca, y Barbieri, y Sorozábal Y hasta Paquito el Chocolatero y El gato montés. A Homper le gusta tanto la música  que incluso puede tolerar a Georgi Dann sin pedir su ingreso en un psiquiátrico. Y con la música de banda, siempre asociada a un templete en un parque, y sin el obligado silencio de los auditorios sinfónicos, es hasta relativamente feliz. Causa de felicidad (relativa) nº  1687 exactamente.

La Banda Sinfónica Municipal de Madrid incorpora además una sección de cuerda de lujo. Homper no sabe si es por ello sinfónica, puesto que la palabra banda es, para el Diccionario del Español Actual, acepción tercera, un conjunto de músicos que tocan instrumentos de viento y de percusión. Y salvo en aquella desternillante secuencia de Toma el dinero y corre en la que Woody Allen desfila por las calles con una banda en la que tiene la desgracia de tocar el violonchelo, no está acostumbrado a ver cuerda en las bandas. El caso es que la de Madrid, aunque se queja de poca atención por parte de la administración –quizás es too vulgar para un alcalde tan exquisito como Gallardón- puede darse el lujazo de abordar un repertorio cuasi sinfónico.

El pasado martes por la noche, en un concierto extraordinario con el que celebraba su primer siglo de vida, se plantó en el Retiro y tocó la Suite Iberia de Albéniz. Pero estaba al lado del estanque, y qué cosa más natural que interpretar luego la Música Acuática de Haendel. Y ya que cerraba el concierto con las Música para unos reales Fuegos Artificiales, qué bonito que, desde el lado opuesto del estanque quemaran un castillo pirotécnico  perfectamente sincronizado con la duración y las percusiones de esta singular música incidental, joya del barroco donde las haya. Ooooooooh.

El estanque del Retiro no es el Támesis, y la estatua ecuestre de  Alfonso XII no es lo mismo que el rey Jorge I, para el que Haendel compuso esta música mil veces escuchada. Pero Homper evocaba las fiestas de San Isidro del Madrid cutre de posguerra, donde ni se sabía lo que era la cultura popular, y además se asomaba la  media luna, a la que contemplaba tumbado en la hierba, como si en lugar del Retiro aquello fuera un Woodstock para carrozas. Y ,entre los tutti de la banda y los estampidos de aquellos preciosos fuegos de mentirijillas aún se filtraban los murmullos de parejas jovencitas que retozaban por ahí.

- Ohhh-se estiraba Homper abandonándose al placer de   noche tan singular.

Daba la casualidad, además, de que ese día no había escuchado Homper ninguna de las memeces o de las cursiladas que han dicho los políticos en campaña. Llegó a reconocer incluso que éstos, cuando programan fiestas populares así, hasta pueden acertar. Y se quedó, por tanto, también perplejo de constatar que aquel rato de música de banda, tan leve, tan refrescante y tan luminoso, había sido una infusión de felicidad.

Manifiesto por unos calcetines sostenibles

Exijamos unos calcetines que no se caigan y con refuerzos po encima del borde del zapato...¡Calcetines sostenibles YA!

Exijamos unos calcetines que no se caigan y con refuerzos po encima del borde del zapato...¡Calcetines sostenibles YA!

En Madrid, a veintinueve de mayo de 2009, comparecen el Duende y su Circunstancia .Ambos declaran estar en la plenitud de su facultades mentales, y se reconocen recíprocamente incapacidad general para casi todo. No obstante  lo cual, y por aquello de parecer más o menos apegados a la condición humana, EXPONEN

  1. Que están encantados con los primeros brotes verdes de la economía, y ojalá que no sea una figura retórica más del gobierno. Por cierto, a tenor de las fotos de EL PAÍS, lo que parece haber rebrotado de verdad es la juventud en el cutis de la vicepresidenta correspondiente.
  2. Que aunque no piensan consultar a la familia si se van a retocar las tetas, creen que el Ministerio de Igualdad está lleno de buenas intenciones. Si no, no tendría a la ministra que tiene.
  3. Que  entre las bombas atómicas de Corea del Sur y las centrales nucleares que el gobierno ignora,  pero a las que compra la luz que producen en Francia, prefieren las segundas.
  4. Que aplauden con las orejas las buenas noticias  laborales de Alfonsina, cuyas piernas, a diferencia de lo que cantaba Luis Aguilé de las de Carolina -¡Qué lindas piernas/ que tiene Carolina!/ No son cortas, no son largas/ no son gruesas no son finas- son largas y finas, pero estupendas. Además, expresan su confianza en que esto signifique un impulso para todos los que, como ella, necesitan trabajar.
  5. Que no saben si están más contentos por la triple corona del Barça o por la asunción de Florentino Pérez a la presidencia del Madrid. Vamos, es que viven sin vivir en ellos.

Por todo lo cual, ACUERDAN

  1. Escribir  y subir este post, a pesar de que durante dos días seguidos han sufrido el espantoso trauma de descubrir a mitad de la jornada sendos tomates en sus calcetines,  y precisamente a la altura del talón, donde  eran más fáciles de ver y, por ende, más susceptible de perjudicar a su imagen.
  2. Manifestar que, a pesar de la comprensible depresión derivada de tan infaustos hechos, y una vez superada la misma,  es su deseo renovar la cadencia habitual de los posts de este blog comentando noticias tan estupendas como las de la parte expositiva.
  3. Apelar al insaciable espíritu reformista de este gobierno para que, una vez arreglado el paro, la crisis económica, el sector del automóvil,  la vivienda, la educación, la justicia, los estatutos de autonomía, la memoria histórica, la regulación de Internet, la Alianza de Civilizaciones, el cambio de modelo económico, Europa, el aborto, las tetas y el agujero de ozono, prohíba la fabricación calcetines  cuyos refuerzos en el talón siempre quedan por debajo del borde del zapato y, por ende, facilitan agujeros casi más oprobiosos que los anteriormente citados.

POR COHERENCIA CON LAS REFORMAS SOCIALES  DE ESTE GOBIERNO: OPONGÁMONOS A LOS CALCETINES DE ESPALDAS AL PUEBLO. MANIFIÉSTATE  COLGANDO TUS CALCETINES CON TOMATES EN LA VENTANA O ENVIÁNDOLOS AL PALACIO DE LA MONCLOA. CONTRATO SOCIAL POR UNOS CALCETINES SOSTENIBLES ¡YA!

Ser más breve para evitar no ser nada

El Duende tendría que hacerle caso y ser más breve...

El Duende tendría que hacerle caso y ser más breve...

Quizás olvida el Duende lo que aprendió de Gracián en el bachillerato. La Historia de la Literatura de Díaz-Plaja, contaría sin duda mucho más, pero la frase que se le atribuía a don Baltasar era tan fácil de entender y recordar que fue lo único que se le grabó, junto a esta misma estampa de clérigo con bonete. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Así despachaban al conceptismo.

Y quizás se niega a aceptar que el lenguaje de Internet debe ser, sobe todo, conceptismo.

¿Tiene tiempo el lector para recrearse en la forma? ¿Prende la literatura en el lector cuando le llega en este soporte? ¿Se asoma éste a la red para informarse o para pasarlo bien? ¿No será que la clave del éxito de una web y, desde luego, de un blog, es la brevedad? El caso es que tras el sarpullido de la novedad que aportó este invento, los cuadernos de bitácora personales se van apagando.

Ayer se enteraba el Duende de que Maria Amelia Sánchez, la bloguera gallega que consiguió atraer lector por millares contando Mi vida a los 95 años, cerraba su blog definitivamente. Como avisaban antiguamente los letreros del comercio, por defunción. Tuvo éxito por lo insólito: una anciana que se atrevió a manejar una herramienta de comunicación que es, sobre todo, joven. Seguro que su blog le habrá ayudado a morir feliz. Más triste se presenta el cierre del blog de Eduardo Madinaveitia, otro fenómeno de la red que abandona su página, dicen, por las presiones de un grupo de comunicación. El Duende no cree eso. Al aludido grupo, que es PRISA, le sacuden a diario voces y plumas más conocidas y de más largo alcance. Un blog sólo hace cosquillas. ¿O no?

Verán, ha llegado el calor y al Duende le sorprendió con la cama aún vestida de edredón. No ha dormido bien. Inopinadamente, y como consecuencia de una conversación reciente en la que se abordaba el tema de los hombres que cuidan su aspecto personal, soñó que era pianista de hotel, y que aspiraba a ser contratado en el Hotel Carlton de Cannes. El director le hacía una prueba en un piano que estaba en la terraza, al aire libre. Y mientras iba tocando ese continuo de melodías románticas como La vie en rose o Les feuilles mortes que tanto le entusiasman, sentía que el calor y los nervios perlaban su frente con gruesas gotas de sudor. Y que el tinte ala de cuervo con el que disimulaba la nieve de su cabellera se diluía en espesos churretes como los del profesor Von Aschenbach de Muerte en Venecia. Qué vergüenza. Qué humillación. Qué mal rato.

Y qué fiasco. Porque el puesto se lo daban a otro candidato más joven y metrosexual que iba de musculitos de gimnasio depilado, se daba cremas y, para quitarse el cuidado, llevaba el cráneo afeitado como una reluciente bola de billar. Para ser justo, es cierto que también fue más breve, como debía ser este blog. Y en un pispás supo pasar de un nocturno de Chopin a Macarena.

El Duende quiso suicidarse en el mar al modo de Alfonsina Storni, y se ató al cuello el pesadísimo pie de una sombrilla. Pero la playa de la Croisette es mansita y tiene muy poco fondo, y sólo consiguió que las  pequeñas olas terminaran de disolver el negro de su cabellera, como un calamar que suelta su tinta para ocultar su edad.

Los guantes de Gilda y otras cosas superfluas

GildaPensaba que era cosa de la edad. De vez en cuando Homper sentía la necesidad de depurar todo lo superfluo de su vida. En sueños se le aparecía un espectro evanescente, pero con un mensaje claro: suelta lastre, hijo. Homper lo bautizó como el Ángel Minimalista. Aparecía ocasionalmente, quizás una vez al año, coincidiendo con la llegada al buzón del recibo del Impuesto sobre Circulación de Vehículos de Tracción Mecánica. Era entonces cuando recordaba que no cabía una sola cosa más en su vida, y tocaba depurar.

Esta vez, sin embargo, fue a impulsos  de la extravagante tía Clota.

-¿Sabes?…Ayer por la tarde nos deshicimos de nuestros guantes de Gilda. Vinieron a casa Edwina y Thelma, cada una con su par correspondiente. Tomamos un te opíparo, con sus sus scones y la tarta de nuez y zanahoria, que me sale tan rica…Después fuimos de paseo al lago, llenamos los guantes de piedrecitas pequeñas, nos acercamos al borde del pantalán y los arrojamos al agua…Debíamos haber llorado, pero sonreíamos. Nos cogimos las tres de la mano viendo cómo se hundían y sentíamos una paz maravillosa.

Homper imaginaba el cuadro y su perplejidad tradicional se quedaba en nada. Imaginaba que René Magritte rondaba por el lago, abocetaba los seis guantes negros hundiéndose como peces de plomo y pintaba un lienzo póstumo que batía records en Sothebys. También imaginaba que del cieno del fondo del lago, como una sirena rediviva, emergía Rita Hayworth y volvía a cantar Amado mío mientras contoneaba su cuerpo y se ponía, para quitárselos después voluptuosamente, los tres pares de guantes que habían desechado las tres ancianitas de Vermont.

No desechó Homper ni el aviso del Angel Minimalista ni la lección de la tía Clota y sus amigas. Abrió sus armarios, metió en una bolsa de viaje la máquina para hacer perritos calientes que jamás había utilizado, el juego de cacharros para la raclette que jamás utilizaría, porque todos sus amigos y amigas sólo se alimentaban ya de ensaladas y pescados a la plancha, dos novelas de Vizcaíno Casas, cuatro pares de gafas con dioptrías superadas, una metopa del Cuartel de Wad-Ras, donde prestó sus deberes militares, y seis insectos conservados en resina plástica que empezó a coleccionar con una de esas absurdas series de fascículos que anuncian por la tele.

Caminó por el parque, buscando el Punto Limpio donde, según las ordenanzas municipales, debía depositar tan heterogénea carga. Cuando estaba a punto de llegar, dejó la bolsa en el suelo y se llevó las manos a la cabeza.

-Vaya, me he olvidado del punto y coma.

El punto y coma era en su vida tan superfluo como lo anterior. Cuando aprendió a leer, aún se escribía con puntos y comas. Ahora, con estos vaivenes de de  la gramática y de la RAE y los dictados de la moda, que también mandan en la escritura, el punto y coma casi le estorbaba. Sin embargo las ordenanzas, que dicen dónde debemos depositar las pilas gastadas, los medicamentos caducados, el aceite frito y la máquina de perritos calientes, no ha pensando en  el cementerio del punto y coma. Y Homper se quedó perplejo de que Zapatero, ya que no nos saca de la crisis,  no nos resuelva al menos el problema de

los residuos ortográficos.

No mueras por salir en la tele

Pobre Stephanie Parker. No sabía que hay vida más allá de la tele...

Pobre Stephanie Parker. No sabía que hay vida más allá de la tele...

Que te conozcan por la calle, que te salude gente a la que nunca has visto,  que te ofrezcan siempre la mejor mesa en el restaurante, que no te cobre el taxista la carrera, que los camareros te pongan gratis una tapa extra. O que te entronicen en el hogar de una admiradora instalándote sobre el microondas.

-He enmarcado en plata Meneses la foto de Arturo Fernández y la he puesto ahí -decía Doña María- porque tiene una mirada que es para derretirse…

Lo que no derrita el microondas, que lo funda la mirada de un ídolo. Aunque hay amores que fraguan con sólo escuchar una voz, es mucho más fácil conquistar cuando tienes buena presencia. Lo decía el actor Manuel Alexandre.

-A mí con esta pinta no me veían de galán, que era el sueño de los actores de entonces. Y me convertí en secundario.

Es menos lucido, pero al final, si vives mucho, te acaban queriendo y considerando buen actor. Sobre todo si eres conocido. Por eso hoy todos los que aspiran a la popularidad  quieren salir en la tele. Porque  esa ventanita que a menudo nos parece tan zafia y tan hortera, en realidad  es la puerta que abre todas las puertas. Hay quien mata por asomar la cabecita en la pequeña pantalla. Pero, sorprendentemente, también hay quien muere por dejar de salir en ella, como la desdichada Stephanie Parker, que se acaba de suicidar al saber que prescindían de ella en una teleserie inglesa.

La noticia, cómo no, le dejó sorprendido a Homper. Y se filtró en la conversación habitual con la inefable tía Clota.

-¡Qué espanto! -comentó ésta mientras hacía un solitario- Y tan joven…Quizás creía que no hay vida más allá de la tele…

Luego le preguntó a su sobrino si eso podría pasar en España. Y Homper le dijo que no, porque en nuestro país, aparte de dos cadenas públicas, no se cuántas autonómicas, cinco o seis privadas en abierto y algunas más de pago, hay más de mil pequeñas televisiones municipales. Y Doña María prefiere escuchar antes  los cotilleos del barrio que  las reuniones del G-20.

-Ya ves -le dice Homper a su tía-  Uno cree que por asomarse a la pequeña pantalla es Dios, y resulta que la libertad de televisiones ha llenado nuestro mundo de diosecillos que no son nadie.

Y cuenta el caso del Duende, que hace unas semanas fue invitado a un programa de TVE 1 como autor del villancico de las Muñecas de FAMOSA y ni siquiera en su Coro Vía Magna, donde cantan casi sesenta y entienden mucho de joyas musicales, le comentaron que le habían visto. Un oprobio para su autoestima

-Santo cielo, qué frustración -comentó la anciana sin levantar la vista de sus naipes- Así que la tele tampoco es ya lo que era…

Soñando como Susan Boyle

Cantemos...Aunque no consigamos el mismo eco que esta mujer

Cantemos...Aunque no consigamos el mismo eco que esta mujer

Medio mundo está pasmado por el sueño de Susan Boyle. El sueño no es lo que ella soñaba, que era cantar el título de la canción de Los Miserables. Soñé un sueño, se titulaba ésta. Aunque el sueño de verdad era convertirse en figura mundial con sólo  una actuación  en el concurso Britain´s got Talent.

-Para mí que la sorpresa estaba preparada-le decía Daniel-No había más que ver el careto de los jurados y el contoneo tan saleroso que se marca ella antes de cantar. Mucho desparpajo para ser tan desgraciadita.

Daniel es el proveedor de comestibles del barrio donde está el palomar del Duende. Antiguamente su tienda se rotularía Ultramarinos y Coloniales, y probablemente exhibiría en la puerta un tonel de arenques en salazón. Ahora sólo es un pequeño supermercado más.  Sin embargo en materia canora su dueño maneja argumentos de autoridad, porque su auténtica vocación es ser barítono. No es infrecuente verle colocar las mercancías en los lineales al ritmo de la jota de Los ratas de La Gran en Vía, que es lo que canta cuando le contratan para un bolo en provincias.

-Es la suerte y el marketing-le dice al Duende- Ya ves, sale un vendedor de ultramarinos como este menda cantando una romanza, aunque sea de Nacho Cano, y ni puto caso. Luego sale esta Susan y arrasa. Es una artista, y sabe cantar, ya te digo. Pero si no fuera tan fea y  con pinta de la que le ha dejado el novio no había pegado lo mismo, seguro.

A todos nos fastidia que los sueños que se cumplan sean siempre los de los demás.  Así que más vale buscar la recompensa en hacer lo que nos gusta bien. Cantando como barítono solista, caso de Daniel, o como bajo de relleno en el Coro Vía Magna, caso del Duende. Aquí, por cierto, hay alguna voz femenina que no lo haría mucho peor que la nueva estrella.

-Jo tío-dice el barítono-Pero conseguir treinta millones de visitas en Internet como la mujer ésta es mucho sueño, ¿no?

-Pues sí…Por eso nosotros sólo soñamos con llenar la sala del Círculo de Bellas Artes el fin de semana que viene.

-Vaya, qué pena-se excusa el tendero barítono- Tengo un Luisa Fernanda para viejitos en una residencia de la tercera edad.

No todo el mundo tiene esa suerte. Así que el Duende avisa: aún es posible descubrir en vivo y en directo a muchas Susanas y Susanos Boyles que en lugar de Los Miserables van  cantar a Fauré, a Brahms y a Schuman el sábado y el domingo. No arrasarán en You Tube, pero no será por falta de amor a la música. Y si llenan la sala también acabarán cantado, como la heroína de la semana, que habían soñado ese sueño.

Mozart en Candeleda

La Iglesia Parroquial donde se escuchó a Mozart, según versión del pintor local Juanra

La Iglesia Parroquial donde se escuchó a Mozart, según versión del pintor local Jua.Ra

Aunque su autor no es santo de la devoción de la crítica, probablemente la película que mejor refleja lo que debió de ser la pasión de Cristo es la que filmó  Mel Gibson. Tan fiel fue a lo que significa la palabra pasión/padecimiento, que sus escenas de extrema violencia suscitaron el rechazo del mismísimo Vaticano, al que por lo visto le horrorizaba ver en carne viva que el fundador de su Iglesia hubiera sufrido tanto. Quizás era un contraste demasiado evidente con la vida muelle que hoy tiene que llevar la alta curia.

No eran estos los únicos detalles de respeto de Gibson por el relato evangélico. En la película, que en España no fue doblada y se estrenó con subtítulos, los judíos hablaban arameo, y los soldados romanos latín clásico. El Duende creía que latín era lo que le enseñaba el padre Cayo, un robusto marianista que recitaba los versos de la Eneida con la voz estentórea de un sargento de cuchara. A pesar del su entusiasmo, la pronunciación del bueno del padre Cayo distaba de la correcta. Según le aclaró años después al Duende un catedrático, la c latina no se decía en la antigua Roma como nuestra ch, sino como nuestra q. A tenor de esta regla, el sanctus de la misa no debe sonar gloria in exchelsis Deo, sino gloria in exquelsis Deo.

 Ese detalle lo observaban escrupulosamente los romanos de la película de Gibson y lo ignoramos olímpicamente todos los que cantamos música sacra en coros. Con la sorprendente excepción del Coro Polifónico de Candeleda, que anoche inició las celebraciones de la Semana Santa con un concierto de un nivel que este menda no podía siquiera sospechar.  El mismo pueblo que va de rondalla  y se desgañita en las capeas o gritando al toro de fuego se convierte en un milagro de sensibilidad  cantando con exquisita dicción no sólo seis comprometidos números del Réquiem de Mozart, sino piezas de auténtica orfebrería polifónica. Desde el Ave María  del padre Tomás Luis de Victoria a un motete delicadísimo de Christopher Tye, compositor inglés del siglo XVI que, desde luego, el Duende desconocía.

El prodigio se debe en buena medida a José Antonio Muñoz, un músico de Huete,  provincia de Cuenca,  que ha recalado por la zona. Nadie sabe con qué trabajo y qué dotes de persuasión ha conseguido inocular en la gente del lugar su amor a la música. El Duende confiesa que escuchar a Nines -la carnicera con la que normalmente trata de chuletitas y carrilleras-cantando el Lacrimosa del Réquiem mozartiano en vísperas de la pasión de Cristo, hace más por su devoción que muchos de esos desfiles procesionales que embriagan a multitudes. Todo colabora: mientras sonaba esa música coral, contemplaba el magnífico retablo de cerámica talaverana del siglo XVI que es la joya de la Iglesia Parroquial. Artesanía popular y música sublime cantada por los mismos que uno se encuentra por las calles del pueblo. Esos hilvanes acaban cosiendo muchos desgarros del alma, y ayudan alguna luz en las tinieblas.

 Entretanto, de cumbre en cumbre, Zapatero pasea su orgullo porque España se ha sentado en la codiciada mesa del G-20. Es un punto de vista. Otra medida del progreso es ver que Mozart y compañía se puedan presentar en Candeleda y cosechar tantas ovaciones como Bisbal. Como diría el tío Jacinto, que fue guarda jurado por estos pagos, Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo…

Bach y el sonido del vino

El sonido del vino escanciándose puede ser tan bello como una catnata de Bach

El sonido del vino escanciándose puede ser tan bello como una catnata de Bach

La belleza de la música también va por barrios. Después de escuchar en una iglesia de la calle General Ricardos de Madrid el  Concierto de Branderburgo nº 5 y tres cantatas de Juan Sebastián Bach, Homper estaba aturdido, casi embelesado.

-¿Cómo se puede disfrutar  esta maravilla en un lugar tan  inesperado como éste?-se preguntaba a la salida  mientras a su lado rugía el motor de un autobús.

Siempre hay que criticar a los políticos, y más si hablamos  de gestión cultural. Pero hay que reconocer que estos lujos, si llegaban, se quedaban antes en los barrios buenos. Sonaba buena música en el Auditorio, en el Teatro Real, quizás en el Conservatorio, en las Academias, en las sedes de las fundaciones y otras instituciones culturales. No mucho lo que antes se conocían como los madriles. El bar de al lado de esta iglesia de Carabanchel anunciaba tapas y zarajos, que son tan castizos y obreros como aquel baile de chulapos y de horteras que cantaban en la zarzuela de La Gran Vía.

-Se puede porque es gratis-decía uno-Si fuera de pago y pa fardar yo no venía.

-¡A ver!-apuntaba otro-No habría localidades. Como cuando vienen el Baremböhm, el Zubin Metha, Iwa Mula o Juan Diego Flórez. Muchos de los que pueden pagárselo van para escucharles. Pero muchos más para que se vea que ellos están entre los elegidos que pueden darse ese lujazo, ¿no te digo?

Alberto Ruiz Gallardón es criticable por muchas cosas, pero lo de repartir la audición de  ese tesoro musical que son las cantatas de Bach por iglesias de Madrid y su periferia es mérito suyo. No sólo suyo, claro. Los coordinadores y directores artísticos son Oscar Gershensohn (director, además de La Capilla Real y de la Orquesta y Coro Vía Magna) y Alberto Martínez Molina, que a su vez  dirige el magnífico grupo Hippocampus, que era el  protagonista del concierto de ayer. También hay empresas aflojando la mosca, claro. Menos mal que Bach no tiene por ello que cambiar su pentagrama. Suena igual de sublime si se escucha en la catedral de Leipzig que si lo patrocina el Banco Santander.

-Los mejores placeres son siempre gratis-se decía Homper como corolario de la hermosa tarde que ya presagiaba primavera.

Se acordaba del chorro de la fuente, del murmullo del arroyo, del tremolar de las hojas de los álamos, del canto del ruiseñor. Y de otro sonido redondo, profundo, misterioso y poético como una atmósfera de Velázquez que suele pasar inadvertido porque aventura algo aún más esperado y deseado. Es el gorgoteo del vino cuando avanza por el cuello de la botella para ser escanciado en la copa. Glop, glop, glop. Escrito parece una broma, pero qué bello suena. Lo comprobó él mismo aún bajo el efecto de las cantatas.

-Incluso el vino más caro -concluyó Homper- regala el sonido de su viaje hasta la copa. Es otro placer añadido que nadie con sensibilidad debería dejar de apreciar, ¿no?

Buscando a Beethoven desesperadamente

¿En qué rincón de Radio Clásica de RNE se habrá escondido Beethoven?

¿En qué rincón de Radio Clásica de RNE se habrá escondido Beethoven?

Clod Monter -nacido Clodoveo Montero- no iba a actuar esta vez por cuenta de ningún cliente. Esta vez buscaría por interés propio.

No se trataba de dar con una mujer raptada, con una hija perdida,  o con un socio infiel que se fugó llevando bajo el brazo un maletín lleno de dólares. Tampoco había que buscar al espía, al chantajista, al ladrón de planos de centrales nucleares o de fórmulas mágicas, al traficante de armas o al canalla que le quería guindar la novia.

Era algo mucho más personal. Clod se alejaba de la imagen del investigador astuto, pero tosco en sus gustos personales. Desde hacía años, a  la una  de la madrugada, y después de ordenar sus carpetas con las investigaciones en curso y de repasar la agenda, se lustraba los zapatos con los que habría de echarse a la calle al día siguiente, se desvestía, se ponía el pijama, se metía en la cama y, tras abrir el libro que estaba leyendo, conectaba su aparato de radio. Invariablemente anclado, por cierto, en el dial de lo que siempre había sido Radio Clásica de Radio Nacional de España.

-No puedo conciliar el sueño sin escuchar música clásica, muñeca -le dijo en plan Bogart a aquella clienta ninfómana que, desgraciadamente, no se parecía en nada a Lauren Bacall.

Envuelto en la atmósfera mágica que recreaban los grandes de la música, Clod se embarcaba en la novela o imaginaba encuentros en un faro con algunas de las mujeres fascinantes que había conocido en su laga vida profesional. La música clásica le daba lo que la vida le escatimaba. Romanticismo, pasión y aventura.

Hasta que hubo un relevo y, por ese afán tan inquietante de cambiar lo que está bien, alguien transformó lo que antes era música clásica pura en una mezcla de música atonal, dodecafónica, étnica, folklórica, experimental y, a menudo, chirriante hasta la desesperación.

-No sé por qué le siguen llamando Radio Clásica-se decía- Tendrían que llamarla, más bien, Radio Música Alternativa.

Desde hacía muchos meses Clod Monter no dormía de puro desasosiego. No es que persiguiera a delincuentes o a gente peligrosa. Es que, a la una y media de la noche, buscaba a Beethoven y a los demás clásicos desesperadamente y  no les encontraba.

Los andamios de la grandeza según tía Clota

¿Sabes, Homper?...Si ellos no creen, hacen por creer en su pais...

¿Sabes, Homper?...Si ellos no creen, hacen por creer en su país...

A Homper lo que más le llamó la atención de la toma de posesion de Obama secundum Clota fue la puesta en escena. No la del acto en sí, sino la del seguimiento de su anciana tía que, lógicamente, no quiso perdérsela ni verla sola. Le había llamado su amiga Thelma, también viuda, que acudió a la hora prevista con su bolsa de punto. Thelma le está haciendo un jersey  a su nieto, hijo de un hijo vietnamita que su difunto marido había adoptado en aquella lejana guerra.

-El bebé ha salido muy orientalito-subrayó Thelma-Pero es una ricura. Además, Estados Unidos ya no es ese país de rubios como Gary Cooper que veíamos de niñas. Ya ves tú, el nuevo presidente…

Thelma es de las que se ha obamizado por la fuerza de los hechos. Ella hubiera querido otro Kennedy clarito y de familia bien, pero se ha dado cuenta de que la grandeza del tío Sam es que asimila a todo el que tiene claro lo que hace grande a un país. Según le contó Clota a Homper en su correo electrónico -la tía ya chatea y manda emilios, porque se ha convencido de que Internet es más barato que el teléfono- Thelma también se quedó perpleja cuando ella apareció con tres cebollas, un cuchillo, un plato y la tablita de cortar.

-Si no te importa-le dijo a su amiga-yo aprovecharé para hacerme una sopa de cebolla.

Thelma no le dio demasiada importancia. En realidad, no tuvo ojos más que para lo que mostraba el televisor, y apenas avanzó dos centímetros en una de las mangas del jerseycito. Thelma  no es, según la tía, una mujer sensiblera. Pero cuando escuchó los juramentos,  el discurso del nuevo presidente, la oración del pastor metodista y el Barras y Estrellas coreado por todos los asistentes, se enjugó una lágrima delatora que corría por su mejilla y moqueó un par de veces. Nada al lado del borbotón de lágrimas que fluía de los ojos de la tía Clota.

-Pero hija-le dijo Thelma sorprendida-Yo creía que a los europeos estas cosas no os decían nada…

-No, si lloro por las cebollas-respondió Clota disfrazando sus sollozos con una sonrisa fingida.

Mentía como una bellaca-le contaba luego a su sobrino en el emilio. Lloraba porque de verdad me emocionaba, y al mismo tiempo lloraba porque en España nunca me atreví a llorar por eso que llamamos Dios, patria, y bandera. ¿Sabes, sobrino? La ley es esencial, pero no es nada romántica. Los anglosajones lo han entendido muy bien, y están convencidos de que su fuerza es estar unidos por algo más. Si no creen en esos valores, hacen por creer en ellos. Y todo eso que despreciamos en nuestro país son los andamios de su grandeza. Te lo digo a ti porque, como ya soy vieja, no me importa hacer el ridículo.

Se acordaba de estas palabras Homper cuando, camino de su tertulia, le sorprendió   la ceremonia del cambio de guardia en el Cuartel General del Ejército. Mientras desfilaba la guardia entrante, la banda de música interpretaba Suspiros de España. Sintió en el corazón algo así como un pellizco,   un amago de sensiblería.

-Bah, tonterías-se dijo mientras con los dedos se secaba un testimonio inoportuno que fluía del lacrimal.

Y siguió su acostumbrado paseo hacia el Ateneo.

Reyes magos, pero no ilógicos

¿Cómo se conciben unos Reyes Magos sin camellos?

¿Cómo se conciben unos Reyes Magos sin camellos?

-¿Qué han hecho los años con mi cabeza?-me preguntaba Homper desesperado-Yo, que gané en tiempos mi oposición de secretario de ayuntamiento. Yo, un hombre tan ordenado que sabía donde guardaba hasta las ballenas del cuello de mis camisas. Yo, que metía el recordatorio de la primera comunión de mi prima Adela en un tomo de los Episodios Nacionales y registraba en la memoria si era en la batalla de los Arapiles o en Napoleón en Chamartín. Yo, que me acordaba de la fecha de la Conspiración de la Pólvora y de la batalla de las Navas de Tolosa y recitaba de corrido las alineaciones del Oviedo y el Las Palmas en la temporada de 1961…

Adivinaba el Duende que el lamento obedecía a una nueva fechoría de las neuronas cerebrales. La última perplejidad de Homper, nada halagüeña, por cierto, fe provocada por su buen sentido ciudadano. Quiso deshacerse de una de esas antenas cornadas que se ponían antaño a los viejos televisores, otro trasto más que rondaba por casa, y se dirigió paseando al Punto Limpio más cercano. Al salir de casa llovía mansamente, por lo que llevó el paraguas. A mitad de camino, dejó de llover. Estos enclaves que ha instalado el Ayuntamiento de Madrid serán muy limpios, pero están lejos. Homper no obstante se llegó hasta él y cumplió su objetivo. Mejor dicho, creyó cumplirlo. Se dio cuenta de que no lo hizo del todo bien cuando volvió a chispear. Entonces advirtió perplejo que, mientras en sus manos aún llevaba la antena, había abandonado el paraguas en el punto limpio.

-Despistes tontos -le dije para consolarle- Pequeñas averías de la edad. A todos nos pasa…Según los neurólogos, nada importante…

-No, si a mí no me importaba perder el paraguas -replicó- Pero es que estoy perdiendo el sentido de la lógica…¡Yo, que era puro cartesianismo!…

Había algo en su tono que presagiaba un dolor mayor. Y cuando esperaba que de un momento a otro me contara un drama provocado por sus ausencias mentales, me relató, cómo no, otro cuento de Reyes que empezaba como La divina comedia.

-Nel mezzo dil cammin di la nostra vita…-declamó solemne-…Yo tuve que abordar mis primeras navidades en solitario. Siempre ponía nacimiento, pero ahora apenas tenía sitio en casa. Compré el misterio, un pastor con tres ovejas y, para que ocuparan menos sitio, tres reyes magos de a pie, en actitud orante. Así le canté villancicos tres años. Pero al cuarto caí en que unos reyes magos sin camellos son como tres paisanos cualesquiera. Había montado el belén sobre un diminuto velador de cincuenta centímetros de diámetro. Era prácticamente una montaña de papel kraft embadurnada de engrudo sobre el que había sacudido musgo viejo, una Galilea perfecta. En el hueco de la base de la montaña, con una luz zenital, el pesebre. Y por delante de éste, apenas un palmo de terreno cubierto por la mejor arena del desierto, que es el pan rallado, con los magos de infantería y el pastor con su ganado. No puede ser, no puede ser, me decía. Por coherencia con la tradición, necesito unos reyes magos con camello…Pero ¿dónde los meto? Me lancé a la Plaza Mayor y encontré unos diminutos…Y pensé que, encima de la montaña, silueteados sobre una luz crepuscular que podía instalar tras ésta, quedarían sencillamente espléndidos. Y así fue: los compré, los clavé en su sitio y creí que ya había triunfado. Hasta que….

Se hizo un silencio plomizo que, después de unos titubeos, él mismo rompió.

-Hasta que caí en la cuenta de que no podían estar al mismo tiempo cabalgando por el horizonte y postrados a los pies del Niño. Es ilógico. Eran magos, pero seguro que no tanto.

-¿Y qué, y qué?-pregunté angustiado.

-Nada, he tenido que retirar los reyes de a pie hasta el seis de enero, que sustituirán a los nuevos…Y entretanto, a ver donde pongo a los cesantes y cómo relleno el claro que se me ha quedado ante el portal…Un sinvivir, ya te digo…¡Y que a un hombre tan racional como yo se le escapen estos detalles!

No era el único suceso del que podía tratar hoy el blog. Pero entiendo tan bien al pobre Homper…

Siéntase el rey de la creación

EL truco es creer que, sin uno, Haydn no seria nadie...

EL truco es creer que, sin uno, Haydn no sería nadie...

Se pregunta Homper admirado si los roles sociales nacen con el individuo o se hacen.

No es filosofía en estado puro, sino deducción cercana basada en la observación. La cosa es que su nieta, que es una niña a la que ya le enseñan en el cole lo políticamente correcto, no quiere ser una mujer del montón. Todo lo contrario, sueña con ser princesa.

No una princesa moderna, de las que trabajan e una ONG, corren en chandal por los parques y de vez cuando compran marcas blancas para ahorrar. Sino una princesa de cuento, cursi como las de Walt Disney y guapa como la Sissi de Romy Schneider. La niña apunta maneras delicadas como el cristal de Bohemia. Si por ella fuera, sólo se dedicaría a desfilar por la pasarela  y, como mucho, a bailar como esas primas donnas de cajita musical.

Peor aún: cuando no puede vestirse de tules, gasas, lamés, fru-frús y bordados de diamantes y sentir que el mundo gira a sus pies, se consuela jugando con sus muñecos o limpiando el parquet con un diminuto carro de limpieza comprado en una bazar chino. Qué barbaridad: algún familiar desaprensivo se ha saltado a la torera el desideratum de igualdad y pretende condicionar su futuro sexista regalando esos juguetes antipedagógicos. Mientras tanto, ay Bibiana Aído, la fiscalía mirando a otra parte.

¿Serán quizás los reflejos condicionados por el ambiente sexista que aún respira nuestra sociedad? ¿O, simplemente, que esa es la forma más directa de llamar la atención y sentirse protagonista? Vaya usted a saber. También pudiera ser que la niña busca cómo inventarse ya otro mundo distinto al que le va a tocar vivir. No hay como imaginar que eres el rey o la reina de la creación.

Eso es lo que pasaba a Homper estos días. Cierto que son los más cortos, fríos, y nebulosos del año. Pero él canta con su coro La creación de Hayden y, aunque los demás no se percaten de ello, está convencido de que el célebre músico no hubiera sido nada sin su valiosa voz.

(Aún hay gente más confiada. Por ejemplo, su compañero Pedro Bauer se atreve a desafiar las leyes del canto llevando a todos los ensayos y actuaciones una bolsa de polvorones. Cantar en alemán después de haber engullido una de esas delicias de Estepa…¡Ahí les querríamos ver  a Plácido Domingo y a la Gruberova!)

25 razones para sonreir en Navidad

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No sabe si es por el obsesivo imperio de la razón o por su tufo cristiano. Pero de un tiempo a esta parte, se ha puesto tan de moda denigrar la Navidad que ha creído oportuno iniciar un alegato en su defensa. Estas son las primeras veinticinco razones por las que el Duende la va a recibir tan contento.

Porque en este tiempo las noches son más largas y así se ven más luces.

Porque hace frío, y apetece arrebujarse en la cama, dormir y soñar.

Porque le cae bien el Mesías, y si no fuera cierta su historia estaría bien traída.

Porque alguien volverá a recordar a Dickens y a su Mister Scroodge.

Porque darán por la tele ¡Qué bello es vivir!

Porque se encienden las chimeneas, y las volutas de humo dibujan ángeles en el cielo.

Porque vuelve a olfatear el corcho y el musgo.

Porque se acuerda de una lavandera que era la figura más guapa de su nacimiento.

Porque damos importancia a los pastores, que se pasan la vida apacentando soledades.

Porque mira los escaparates y de cada uno de ellos fabrica un sueño.

Porque se junta con sus hermanos, y las cenas de Navidad siempre acaban pareciendo   películas de Woody Allen.

Porque pasan los años y aún se le humedecen los ojos cuando escucha el villancico de Los campanilleros.

Porque se han vuelto a poner de moda los polvorones.

Porque si el niño Jesús tiene fiebre, está el nieto de  sus amigos Félix y Begoña para la suplencia.

Porque las mujeres se ponen muy guapas para las fiestas.

Porque a alguien le va a caer el Gordo.

Porque le encanta el aroma de pavo asado con oporto que inunda la casa la tarde de nochebuena.

Porque, aunque se le fueron hace años, los padres y el hermano Carlos  siempre vuelven a casa por Navidad.

Porque ha nevado.

Porque Bing Crosby cantará Navidades blancas sin que  este año sea un cuento chino.

Porque, aunque cueste creerlo, en Navidad resplandece mucha buena gente.

Porque sigue buscando con ilusión la estrella de Oriente.

Porque tiene tres reyes magos y cuatro nietas mágicas.

Porque, si tiembla el Misterio, es de la emoción…

(Puenden continuarlo ad libitum los lectores)

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