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El fútbol y el Jaimito que llevamos dentro

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Homper lee los periódicos del día y medita sobre el narcisismo. El falso espejo que nos fabrican para que no dudemos de que somos la especie superior, los reyes de la creación, los guays del Paraguay, como nos decían los políticos antes de que llamarnos abusones y manirrotos. El hombre tiene derecho….Además de las utopías que agavilla la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a esta se le olvidó añadir: derecho a a ser un poco bárbaro, bastante grosero, extraordinariamente mal educado.

Resumiendo: derecho a comportarse como un ultra en los campos de fútbol.

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Ya le sorprendió al Hombre Perplejo la primera vez que le llevaron de niño al Estadio Santiago Bernabéu, que entonces aún era Estadio de Chamartín. Subía por unas escaleras hacia las gradas cuando vio un cartel sospechoso que decía: VOMITORIO,

-Qué asco –pensó recordando ese olor agrio y nauseabundo de sus vomitonas infantiles.

Luego miraría en el diccionario que tal palabra, en los estadios o en los anfiteatros romanos, definía a la abertura que facilita el acceso a las localidades. El vomitorio vomitaría gente, hacia dentro o hacia fuera. Aunque, visto lo visto, ahora Homper piensa que no, que pusieron vomitorio para que el público pasara por allí para desahogarse, para echar regüeldos, eructos, insultos, frustraciones malsonantes. O sea, para vomitar lo peor de la naturaleza humana.

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Pero no se atreven a decir nada a los vomitones Al pueblo se le exprime y se le cruje, se le exige sacrificios y a menudo se le ignora. Pero…¡ah, la educación!…¿Quién se va a detener a educarle, con lo pesado que es eso? ¿Y a regañarle?…¿Cómo se le va a pedir que, encima, guarde las formas?

-Nada, hombre…Usted vaya al fútbol y saque la bestia que lleva dentro, que no va a pasar nada.

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Así que al final se quedan cortos los vomitorios. Y además de este, habrá que poner en los estadios Cagatorios, Meatorios y hasta Tocatorios de Cojones. El fútbol es u deporte que le gusta a mucha gente, entre otros al propio Homper, que no se pierde u partido interesante. Pero además se ha convertido en el opio no del pueblo, sino de todos, hasta de los que gobiernan, de los que hacen las leyes y de los que las interpretan. El fútbol es la suprema razón de estado, que tiene que contemplar impávido como este deporte, tan bonito y apasionante, sea la rendija por la que permitimos que salga el impresentable que llevamos dentro.

-Es sólo un deporte –han dicho las autoridades ante el jaleo que, por fas o por nefas, iba a traer la final de la Copa del Rey- Y debe ser una fiesta.

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Homper se pasma de que, si es por el fútbol, se pueda insultar, blasfemar, ofender, y aparcar delante de los garajes. Qué le pasa a uno cuando le da un infarto en su casa a la hora del partido y no puede sacar su coche para ir al hospital. ¿Le mandan una ambulancia volando?. Por el fútbol se cierran calles y plazas, y se permite al personal invadir los espacios públicos, ensuciar la ciudad, emborracharse, orinar y defecar en las calles, vomitar, romper cascos de vidrio contra las aceras, mutilar estatuas y, en definitiva, comportarse como un salvaje con toda impunidad. Qué cinismo oficial. Y como el negocio es el negocio, todos, desde el pueblo desahogado, a políticos y líderes de comunicación, haciendo la vista gorda.

Quién se atreverá a proclamar que lo inevitable no es lo deseable. O a modificar las Declaración de los Derechos Humanos para consagrar el derecho de cada quisque a liberar al Jaimito mal educado y un poquito bestia que nos habita. El fútbol, razón de estado.

La Copa del Rey y otras que vendrán

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Diez años después de aquella jornada gloriosa en que los diputados nacionalistas incitaran a las puertas del Congreso a que se pitara al Jefe del Estado y al Himno Nacional el día del partido de la final de la Copa del Rey de Fútbol las cosas habían cambiado notablemente. Por ejemplo, en lugar de una, había varias copas. La del Rey, la del Lendakari, la del Molt Honorable President de la Generalitat, y la del Presidente de la Xunta. En lugar de una final, varias finales, en varios estados, con varios himnos que, estos sí, eran escuchados con sumo respeto y celebrados con cerrados aplausos. En los estadios había menos público. En las teles, menos espectadores. Las taquillas eran bastante ridículas. Los patrocinadores, bastante menos rumbosos. Txorizos el Morrosko (para la Copa del Lendakari), Samarretas La Tieta (para la Copa de Catalunya) y Oruxo das Bolas Peludas (para la Copa de Galicia).

En la final de la Copa de Euzkadi el Athtletic Club de Bilbao ganaba por penaltis al Indauchu, en la de Catalunya el Barça goleaba al Santa Coloma de Gramanet y en la de Galicia el Compostela se imponía al Celta de Vigo. Los nacionalistas se pusieron muy contentos, pero los aficionados no estaban tan entusiasmados.

-Esto de hacer nación a pelotazos resulta poco emocionante –decían.

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¿Cómo se había llegado a esa situación?

Después de aquella provocación de los diputados nacionalistas ante el Congreso de la nación a la que representaban, el TEIS (Tribunal Especial para Impertinencias Separatistas) se tomó en serio la afrenta, juzgó los hechos y emitió una sentencia en virtud de la cual conminaba al Congreso de los Diputados a que diera una patada en el trasero a los autores de la afrenta. Y no sólo invitaba a los provocadores a que se considerasen independientes del todo, sino que les obligaba a ello. Al menos en lo que se refería al ámbito de las competiciones deportivas. La frase final de la sentencia, anda y que os vayan dando, habría de sentar jurisprudencia.

En los considerandos pesaron argumentaciones jurídicas de distinto rango y procedencia. De la Declaración Universal de los Derechos Humanos se estimó el reconocimiento de la libertad del ser humano para elegir y decidir, derecho que hay que respetar incluso en el caso de que el pobre ser humano se equivoque.

De la doctrina de la culpa y el dolo del Derecho Penal se destiló el principio de la responsabilidad de los actos, y de la coherencia y la adecuación entre lo que pretende el indepentista impertinente y la respuesta del Estado. Así lo reflejaban los párrafos de la sentencia si estamos a Rolex, estamos a Rolex, pero si estamos a setas, estamos a setas. A lo cual le daba un matiz aún más severo esta expresiva frase que, por su justeza y pulcritud, parecía obra de Papiniano, de Justiniano, o de de Alfonso X el Sabio: si quieres caldo, toma taza y media.

Finalmente de la teoría del Abuso del Derecho se recogió el sentir de los diputados que representaban a los partidos no nacionalistas. Estos consideraban que la Ley Electoral primaba descaradamente a los partidos nacionalistas. Los cuales, abusando de su posición y su privilegio, hacían pedorretas malolientes a los símbolos de la nación española. A la que, en lugar de respetar y servir, como juraron o prometieron, ofendían para escarnio del resto de los españoles y de los simples aficionados al fútbol. Aquí los considerandos partían de citas de clásicos como CicerónQuosque tandem, Nacionalistas, abútere patientiam nostram?- para acabar con una rotundo pensamiento que el derecho moderno, que debe modular sus normas acoplándolas a las necesidades sociales, ha hecho suyo. La idea, piedra angular de esta sentencia que, como decimos, sería considerada ejemplar, es de una claridad meridiana: Estamos hasta los cojones de nacionalismos abusones.

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No estaba muy clara la función del TEIS en la arquitectura institucional del Estado. Pero como el derecho en España es, sobe todo un deseo, un según y como, una realidad evanescente y a menudo sorprendente, pues unas veces se cumple y otras tararí que te vi, la cosa es que la sentencia de marras prendió en el espíritu de la mayoría del pueblo.

Y al contrario de otras muchas leyes y sentencias que jamás se cumplen, ésta se ejecutó haciendo actuar a los organismos competentes. Y se llevó a cabo, compensando así a esa inmensa mayoría del pueblo español que, respetuosa con la Constitución e incluso también con los desproporcionados mimos que la Ley Electoral ha venido concediendo a los partidos nacionalistas, estaba hasta entonces harta de sus descortesías y de sus abusos.

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Y así es como la histórica y muy reputada Copa del Rey de Fútbol se convirtió en una Copa y unas cuantas Copitas que se jugaban en los feudos históricos donde los nacionalistas hacen de las suyas. Y todo fue bien. Relativamente bien.

Porque el caso es que, al cabo de unos cuantos torneos, esas figuras que ganaban millones en los grandes equipos, conducían flamantes Ferraris y se ligaban a estrellas mundiales de la canción, se habían convertido en futbolistas con un sueldo normal, un modesto utilitario y una novia alta o baja, regordeta o flaca, licenciada en filosofía, peluquera o farmacéutica. Como la de cualquier otro español.

-Jodó petaca –dijo el primer ídolo venido a menos que se atrevió a cuestionar la pequeña Copa del pequeño país, o así, donde jugaba al fútbol- No imaginaba yo que el nacionalismo también era esto…

La falta de respeto. La irresponsabilidad. Los polvos. Los lodos.

Las lamentaciones del profeta Q´Agonías

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En la primera década del siglo XXI vendrán las vacas flacas, y el mundo entero se rasgará las vestiduras y temblará de miedo. Y los sabios se empeñarán explicar por qué las vacas enflaquecerán, y, día tras día, lanzarán diagnósticos sobre su enfermedad, y formularán esperanzas para que las vacas engorden y el estado del bienestar vuelva a ser beneficiado por el cuerno de la abundancia.

Y, en busca de esa quimera, apuntando a las causas de la ruina y a sus remedios, empezarán hablando de una cosa llamada “hipotecas subprime”. Y luego traerán a colación la quiebra de Lehman Brothers. Y a partir de ahí, como si los asuntos económicos fueran fichas de dominó que van cayendo y derribando a las precedentes para acaparar la atención, el temor y la esperanza de los pobres ignorantes que integran eso que se llama “pueblo”, hablarán de Irlanda, y de Grecia, y de Portugal, y de Italia, y de España. Durante semanas sucesivas, el tema de debate será el déficit público, y la subida de impuestos, y el hundimiento de la construcción, y la quiebra de las empresas, y la morosidad, y los impagos, y el paro, la barbaridad de casi cinco millones de parados. Y luego darán otra vuelta de tuerca a las medidas que exigirá una señora llamada Angela Merkel, y a la consolidación fiscal, y a los recortes “indispensables”. Venga de recortes.

Pero la cosa seguirá sin arreglarse, y, como a falta de resultados, buena es la palabrería,, seguirán engarzando problemas y posibles soluciones que volverán locos perdidos a todos los que padecen la crisis. Y entonces se hablará de los presupuestos restrictivos, y del límite del despilfarro para las autonomías, y de los rescates, y de los bonos europeos, la ruina de las empresas, y la ausencia de crédito, y los recortes de Rajoy, y los ajustes, y del límite del déficit, y de la necesaria reforma de la banca, y del famoso banco malo (como si los hubiera buenos, con los abusos que habrán cometido ya cuando estalle esa crisis).

Y para remate, lo último: Bankia. Para que los sabihondos, los líderes de opinión y hasta el sufrido pueblo llano tenga otra cosa de la que hablar

-¿Qué nos contarán mañana para justificar esta catástrofe de la economía? –se preguntarán sus víctimas.

Y entonces los españoles, hartos de la irresponsabilidad de los políticos, que se cayeron del guindo y se enteraron de la crisis como si esta se hubiera presentado de la noche a la mañana, después de constatar el estado de postración al que les habrá llevado la frivolidad y la la falta de honradez de los gestores de la “res pública”, y tras confirmar la incompetencia de los banqueros y de los economistas, que llevan años mareando la perdiz sin acertar ni por casualidad, saldrán a las puertas de sus casas –si estas no han sido sacrificadas en la dación en pago- y lanzarán al unísono una pedorreta cósmica que resonará por todos los rincones de los espacios siderales.

-¡A LA MIERDAAAA! – será lo único que se escuche…

Y esto será así, por mucho que nos pese. Pues si, como recuerda la sabiduría popular, “la jodienda no tiene enmienda”, no vean ustedes la poca enmienda que tiene la estupidez humana.

(Fragmentos de Las lamentaciones del profeta Q´Agonías)

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Cuando estas profecías llegaron a conocimiento de la periodista Begoña Ortúzar, que tiene muy buena cabeza, esta sintetizó así los lamentos del profeta.

-Tiene razón Q´Agonías. Aquí los que nos mandan piensan que una mancha de mora, con otra mancha se quita. Y lo que hacen es ir encadenando sucesivamente comeduras de coco para narcotizarnos esperando que, entretanto, escampe.

Begoña, viuda desde hace años, sacó adelante a sus hijos trabajando como redactora-jefe de una revista de decoración para Alfred Brown, uno de esos maravillosos empresarios que ganó dinero cuando se ataban los perros con longaniza y no dudó en trampear cuando asomaron las vacas flacas. Primero fue difiriendo las pagas extraordinarias de Begoña y del resto de sus empleados. Luego retrasó el pago de las ordinarias. A continuación redujo éstas. Finalmente despidió a Begoña y al resto del personal. Y cuando Begoña, que siempre fue una ciudadana ejemplar, ya estaba en el paro y, a pesar de todo, se disponía hacer la Declaración de la Renta, solicitó su borrador a la Agencia Tributaria y comprobó atónita que en él figuraban como ingresos pagados por la empresa de mister Brown todo lo que el muy geta les había regateado antes de darles la patada.

Begoña es muy consciente de que su caso es un caso más. Otra tropelía del sistema que no va a inquietar particularmente a nadie. Pero le hace ilusión pensar que, como una mancha de mora, con otra mancha se quita, a lo mejor era más original que, en lugar de hablarse hoy de los problemas y las soluciones que lamenta Q´Agonías, de las que ya estamos todos más que hartos, se conocieran las suyas propias. Pues como las desgracias nunca vienen solas, ayer, además, resbaló en la ducha y se rompió la muñeca de la mano izquierda. Lo cual que, como se la tenían que escayolar, y aún a pesar de que siempre ha sido una mujer de modales exquisitos, se permitió la libertad de hacerle al traumatólogo esta singular sugerencia.

-Si no le sirve de molestia, escayóleme la mano dejando el dedo anular bien estiradito, para que se note que quiero hacerle una peseta al mundo.

Esto no lo había previsto el profeta Q´Agonías.

Homper escribe (*) a una votante de Sarkozy

Ma cherie Violette

Je m´ai enteré de la victoire de François Hollande. Quél pene, penite péne. Quél contrarieté. Vous si charmante, si elegante, si riche propietaire, si seductriz, et voilá, menaçée par la politique du nouvel sauvateur de la France, de l´Europe..¡ et  même de l´Espagne, oú nous dejá ne savons pas quél cogne il faut faire pour sortir de la pugnetére crisis!…

Vous voyez. Nous pensions que monsieu Rajoy etait capable de apreter le  torniquet, cerrer la sangrie du despilfarr et finir avec le monstre du déficit. Mais malgré les recortes –il a recorté tout sauf sa barbe- l´impression general, mal que nos pése, c´est que l´Espagne s´est allant au caraje. Le peuple, ´dont on ne sait pas s´il est savant o gilipoulet, commence á croir que nous sortîmes de Guatemala Soulier pour entrer en Guatepeor Rajoy. Et a la fin du tout, mois personalment pense que aux soufriteurs de la politique –o soit, nous mêmes- cette cataplasme de l´austerité que predique la Merkel et que aplique avec sumission son fidéle Mariano c´est comme le chien de l´hortelain, que ni mange ni laisse manger.

Mois  comprend bien que vous, comme française acaudalé, en plus de charmante et requetebuéne, est que trines avec le propose de Holland de payer hasta le soisante dix par cent de vôtre ingreses en impôts. Quél barbarité. Mais soiyez tranquille. Comme on dit normalmente, les peuple de la France a son coeur a la gauche, mais la cartiére a la drôite, et dejás viendront les elections legislatives pour ajuster la folie progresiste a monsier Holland et le souvenir:

-François, François, mon ami. Moins loups, Caperucitte. Un peut de relajement presupuestaire, bien, mais ne te passes  pas avec les impôts, porque ça nous touche les cataplins de la grandeur, et ça ne mole pas.

Ainsi que ne vous preocupe pas. L´unique conseil savant que je donne a mes amis est de traitre de vivre malgré les politiques. La vie c´est un promenade, et il faût le jouir en oubliant les barandes de turne que toujours s´empeñent en nous marquer le chemin. Et, hereusement, le pire gouvernement de la democracie n´est ce pas unne dictadure como celles de Hitler, de Stalin ou même de Franco. D´une parte, il n´y a pa mal que dure cent ans. D´autre,  si mois fai memoire de les moments de bonneur que j´ai vecu dans ma vie, je jamais sai si ces moments lá apartenaient a un gouvernment de la drôite o de la gauche.

Au grain. Une foi digeré que Sarkozy  c´est fini, et que l´Occident a perdu la belle image de Carla Bruni a l´Elisée…voulez vous profiter cette beau matin de le printemps pour promener avec mois par le Retire?

En attendant vôtre reponse, je vous souhaite un bon jour  el reste vos fidéle admirateur.

Avec l´expressions de mes sentiments les meilleurs

Homper

 (*) En français macarronique, naturelment.

De boda en un pueblecito de los Cotswolds

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-Eso es como el que tiene un tío en Alcalá-escuchaba decir a sus mayores cuando hablaban de una quimera lejana.

Estaba también lo de hacerse castillos en el aire, que quedaba como más fino, más literario. Pero lo del tío en Alcalá resultaba más ingenuo, más castizo. Nunca le dijeron en cambio la segunda parte del aforismo: el que tiene un tío en Alcalá, ni tiene tío ni tiene ná. Cuando imagina uno que cuajó el dicho, Alcalá (se supone que de Henares) quedaba muy lejos de la Villa y Corte. Así las cosas, la frase se preñaba de razón..

-¿De qué sirve un tío que vive tan lejos que no te puede llevar al cine, al teatro o al fútbol alguna vez? –se preguntaba el aprendiz de duende- ¿Para qué quiere uno un tío que no le monta en moto, ni le sube al tiovivo, ni le invita a a merendar tortitas con nata al menos una vez en su vida?

Para ná. Un tío así no sirve de ná.

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Ahora, cosas de la edad y la globalización, el Duende ya no tiene tíos ni el Alcalá ni en ningún sitio, sino sobrinos lejanos. No por sangre, sino por distancia. Sobrinos que viven en Berlín, en Hannover, en Londres, en Edimburgo, en Niza, en Los Ángeles, en Shangái. También en Logroño, en Barcelona o en Oviedo.

 De la familia de su querida esposa, que es la quinta de siete hermanos y de la suya –él ocupa el mismo lugar en una lista de seis- se puede esperar cualquier cosa. A muchos de estos sobrinos a veces los ves  de bebés, cuando parecen una alubia con patucos de punto blanco, y no vuelves a saber de ellos hasta que te llega su invitación de boda. Naturalmente, tampoco se casan en Alcalá de Henares, sino en un pueblecito de otro perfil, y ligeramente más alejado. Por ejemplo, Oaksey, en el condado de Wiltshire, Reino Unido. Al borde de un parque natural inundado de pequeños lagos, bosques, deliciosos cottages sin enanitos de piedra artificial en sus jardines y amarillos campos de colza en flor. A este edén los ingleses llaman the Cotswolds.  El amor, como decía la canción de La perrita pekinesa, nada sabe ni de razas ni colores. Ni tampoco de dónde acabará uno poniéndose el chaqué o el vestido blanco para decir el sí quiero. Los novios eligieron este recóndito rincón, gracias a lo cual el Duende pudo perderse varias veces por sus encantadoras carreteras tan estrechas como mal señalizadas, desesperarse bucando en el mapa sus destinos y comprobar, una vez más, que nuca sabrá entenderse en la lengua de Shakespeare.

-Perdone-acabó por explicar en su precario inglés a los que abordaba para preguntarles dónde quedaba Oaksey – No  soy bri-tá-ni-co, y a-de-más es-toy al-go sor-do. Há-ble-me des-pa-cio y muy  cla-ra-men-te, please.

El please le quedaba maravillosamente. Como el inglés para sordos: el único que es capaz de entender en las conversaciones.

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A Isabel Spearman la conoció este bloguero en la canastilla, y luego le vio pasar de bebé a niña y de niña a mujer en Candeleda, a donde venía los veranos con su madre y sus hermanos para secarse, cargar baterías y disfrutar con el gazpacho, el jamón, los huevos fritos –con puntilla, y no a la inglesa- y las patatas fritas en aceite de oliva. En  Escocia, donde vivía,  Isabel parecía fundida a la grupa de un caballo, que montaba como una precoz amazona. Pero cuando llegaba a la España donde se crió su madre, hacía lo que ésta, que es lo mismo que tanto le gusta a los británicos y a los lagartos: tenderse al sol, cerrar los ojos y dejar pasar las horas. Luego la chica creció, se hizo muy guapa, muy lista y francamente exitosa. Ahora la criatura es la asistente personal de Mrs. Cameron, la mujer del primer ministro inglés. La chica  sabe lo que se hace, y además tiene un gusto personal exquisito.

-Para la entrega de premios en el orfanato que tenemos hoy -le dice- se ponga usted blusa camisera de Liberty, chaqueta de Carolina Herrera, falda tableada a juego y zapato oscuro. Y sólo besos y carantoñas a los tres premiados, que luego ha de inaugurar un hospital para ardillas en Richmond, y si se enrolla no le va a dar tiempo.

Rebosaba este orden y buen gusto en todo lo que caracteriza a una boda campestre en Inglaterra. Cielo plomizo y amenazante que, afortunadamente, no rompió en llanto, iglesia antigua, de piedra y verdín, rodeada de uno de esos cementerios donde dan ganas de ponerse a descansar eternamente ya mismo, vicario ceremonioso, adornos florales de estudiada sobriedad, señoras guapas, tules y sedas, pamelas, chaqués grises y negros, lluvia tan sólo de de pétalos de rosas sobre los recién casados (¡Qué inmenso error!: mientras escribe estas líneas el bloguero escucha de nuestro pontifex maximus en materia de modales y costumbres de gente bien, el inefable Josemi Rodríguez Sieiro, que eso es intolerable. Menos mal que los Spearman no escuchan Herrera en la onda).

A la salida, un cochecito de caballos tirado por un aguerrido pony que transportó a los novios  a una carpa en medio de un prado bellísimo. Una orquesta de jazz. Un servicio de té espléndido, que se podía tomar mientras se contemplaba el paisaje de los Cotswolds a través de las faldas transparentes de la inmensa carpa: aquello le daba al cuadro la pátina onírica de una pintura de David Hockney. Todo tan bonito. Se sospecha que la  abuela española de Isabel, que se llamaba Catalina, a la que tanto le gustaban esas cosas, sacó un periscopio invertido desde el más allá para espiarlo todo.

-¡Qué pena habérmelo perdido! –dicen que se escuchó bajo la espesa bóveda de nubes azulencas- Pero, pese a todo…`qué contenta estoy!

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Salvo el sector de infalibles de la rama española de esta familia, todos los demás asistentes a la boda eran británicos o de la órbita de la Commonwealth. Salvo a los propios Spearman, el Duende no conocía  a nadie. Mientras el vicario sermoneaba , se dedicó a espiar a las señoras y jovencitas guapas, y en ese menester dio con una cara no femenina que le sonaba de algo. Era el propio David Cameron, primer ministro del gobierno de Su Graciosa Majestad. No sólo se sentaba, como cualquier otro invitado, en las últimas filas. Sino que además tenía a su a cargo a un par de críos pequeños que, como todos los niños, se aburren mucho en las iglesias.

Ni dentro ni fuera de la iglesia se veían maderos o escoltas, al menos indisimulados. Tampoco coches de respeto o de policía por los alrededores. Los habría, seguro, pero sin hacer ostentación. Eso llamó la atención  a los españoles, tan acostumbrados al boato del poder. Seguramente la democracia también es considerar que a un presidente hay que guardarle respeto, pero sin que pase de ser en una boda un invitado más. Bienaventurados los poderosos que saben ser discretos.

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Después de haber visto Ivanhoe, Robín de los bosques y Las cuatro plumas aquel duende casi impúber empezó creer que los ingleses eran clase especial preferente. Luego conoció mejor su historia, y su literatura, y su país, y por unos años creyó que el Reino Unido era su segunda patria, que le gustaba casi más que la primera precisamente porque ésta siempre se tomó poco en serio todo aquello que cualquier británico, sea de donde sea, respeta: Dios, patria, bandera, reina, himno, historia, honor, tradición, formas y maneras, autoestima. Y a él, tan inseguro, le gustaba tener referencias claras. Su imaginario de ídolos iba de Cromwell a Monty Python, pasando por Dickens, R.L.Stevenson, Chesterton, Emily Bronte, Bertrand Russell,  Agatha Christie, Chaplin, Woodehouse, Peter Sellers, Los Beatles y Bobby Charlton. Ah, claro, y Guillermo Brown, que era de mentirijillas, como el Quijote, pero menos chiflado y mucho más divertido.

Luego la vida templó su anglofilia. Cuando contrastó la apabullante puesta en escena del gran Imperio Británico con su implacable flema, fría y cruel hasta donde haga falta (Churchill es el mejor ejemplo) comprendió que gran parte de sus valores son la simple parafernalia del poder. Y que en el fondo su pueblo es, más que romántico y épico como luce, simplemente pragmático. En este viajecillo a los Cotswolds al Duende le impresionaron pequeños detalles, como ver que en los deliciosos footpath que siguen el curso de un joven Támesis recién nacido, y alrededor de los lagos, había numerosos carteles indicando que había que llevar a los perros con correa, y bastantes contenedores para depositar en ellos sus caninas caquitas. Es todo un Parque Nacional de muchísimas hectáreas, y uno diría que en plena naturaleza, pero lo cuidan como El Retiro. Al igual que custodian la memoria de sus héroes: en cualquier pueblecillo, un solemne memorial en recuerdo de los muertos en las dos guerras mundiales. En cualquier iglesia, o cementerio, en cualquier lugar, una placa, una lápida o un busto en honor de Jonathan Hopkins, Comandandante del Regimiento de Coraceros de Chippenham, caído en Jartún, o de John Sondeston, Lugarteniente de Infantería del IV Cuerpo del Ejército muerto en la Batalla del Somme. Luego, en el Reino Unido, como en todas partes, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Pero sin  descuidar las formas.

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¿Hay algo que aprender de estos  peculiares seres rubitos –ahora ya menos- que durante siglos mangonearon a gusto en el planeta y que difícilmete perderán su flema?. La formalidad, la pompa y la circunstancia no son, ni mucho menos, la osamenta de esa convención que pueden ser sus costumbres y sus creencias. Pero cuando aquéllas se diluyen, la conciencia colectiva también se desfleca, pierde su identidad y puede acabar desapareciendo. El último himno que, de los novios al primer ministro, cantaron todos los asistentes a la boda de la sobrina Isabel trenzaba religión y patria con una letra del poeta William Blake que, después de preguntarse si el Cordero Divino pastó en los verdes pastos de Inglaterra –cosa verdaderamente improbable- o si Jerusalén fue construído entre las oscuras y satánicas fábricas británicas –seguro que no- acababa con esta pintoresca afirmación: no cesará mi lucha mental / ni dormirá la espada en mi mano/ hasta que hayamos construído Jerusalén/ en la placentera y verde tierra inglesa. Eso sí que es voluntarismo, y no lo de Zapatero. Qué diferencia con los españoles, que jamás cantamos en las iglesias, y sólo nos juntamos para corear la dichosa Macarena o, como mucho, Asturias patria querida.

No es fácil lo de construir Jerusalén en Gran Bretaña, seguramente no se lo creen. Pero los ingleses lo cantan como si lo creyeran. Y, con todos los achaques que sufre el mundo, les sigue yendo bien. Como les irá a Isabel y a Mark, recién casados en un pueblecito de Wiltshire de cuyo nombre y de cuyo paisaje este duende curioso siempre querrá acordarse.

El hombre obsesionado con las reformas

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-Si no te importa, podíamos jugar la partida en casa, ¿no? Hace una mañana demasiada fresca, y así te enseño los cambios, que te van a divertir.

Normalmente, Homper y Damián jugaban su partida de ajedrez en el parque. Privilegio de la vejez inteligente.  Pero las mañanas de abril tienen eso, que un día amagan verano y al siguiente refrescan o incluso te riegan con un chaparrón. Así que a Homper no le importó acudir a casa de su viejo amigo Damián, inspector de trabajo jubilado, viudo, sin hijos a su cargo. Damián vivía en la vieja casa que heredó de su madre con un gato y con Leonisa, una sirvienta gallega que le cuidaba desde hacía treinta y dos años.

-Buenos días, señor Homper –le dijo al abrir la puerta- Pase, aunque lo va a encontrar todo muy cambiado- dijo mientras miraba de reojo a Damián, que avanzaba renqueante por el pasillo.

Ver a su viejo amigo visiblemente transformado fue el primer sobresalto del día para el pobre Homper. Damián se había cortado el pelo como un futbolista. Cráneo afeitado con una cresta  de Pájaro Loco y patillas como hachones. Llevaba puestos unos vaqueros rotos y una llamativa camiseta de color rojo con esta leyenda: Ya no se si soy yo ni mi circunstancia. Debajo, la firma del autor de la sublime frase: Ortega Coño. La metamorfosis se completaba con una mosca en la barbilla un piercing en la oreja derecha y otro detalle no menos sorprendente. La gata de angora Mimí, que salió huyendo despavorida nada más ver a la visita, llevaba el pelo teñido de morado, como la cabellera de la en otro tiempo nellísima Lucía Bosé.

-El imperativo categórico del momento –subrayó Damián justificando las novedades como la solemnidad y la prosopopeya de un actor de la vieja escuela- Reformar o morir.

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Del salón con el que Homper estaba familiarizado había desaparecido casi todo. El viejo y deprimente tresillo isabelino, el piano, el escritorio de tío Leonardo, el archivador, la vitrina que exhibía abanicos, bibelots de marfil, huevos de Fabergé, , cajitas de porcelana, pastilleros de plata, relicarios, el guardapelos de la tía Dorita, los bisquits y porcelanas tan cursis que coleccionaba mamá, los viejos quevedos de marco de oro y los anteojos de nácar que usaba la abuela Adela cuando iba al Teatro Real a escuchar a Miguel Fleta. Se veía que Damián había optado por el minimalismo y el vintage, que Homper no sabía exactamente qué es –Damián tampoco-, pero debía de molar mucho. Ahora sólo había  dos sillones extensibles suecos, lo último en relajación corporal, un par de flexos de madera de pie articulado como robados del despacho del doctor Freud, un velador de hierro fundido de los de los bares de toda la vida, sobre la que posaba el tablero del ajedrez con el que iban a jugar, y un primitivo futbolín con los jugadores de hierro pintados con los colores del Madrid y del Atleti. Las espesas cortinas de damasco habían desaparecido, susitituidas por modernos estores que dejaban pasar la luz y redimían al salón de su penumbra de sacristía.

-¿Y la tele? –preguntó Homper visiblemente estupefacto.

-La he mandado al cuarto de baño. Así sólo la veo el tiempo que me dura el aliviarme.

También he instalado allí la librería con la Enciclopedia Británica. He regalado el resto de mis libros. Cuando estoy estreñido, cojo u tomo al azar y leo la vida de Linneo, por ejemplo. Eso no cambia, ¿sabes?…

Homper observó entonces que también habían desaparecido los cuadros. En su lugar, las paredes de las habitaciones y el pasillo que iban recorriendo aparecían empapelados con fotografías a tamaño natural de las mujeres que más le habían gustado a Damián. Desde la Ursula Andrés en bikini del primer James Bond y la Marilyn Monroe con las faldas revueltas sobre el enrejado del metro de La tentación vive arriba, a las modelos desnudas de Newton. Pasando por la B.B. de Y Dios crió a la mujer, la Anita Ekberg de La Dolce Vita, el revolcón playero de Deborah Kerr con Burt Lancaster en De aquí a la eternidad y aquel escote con audaz exhibición del canalillo del entrepecho que mostraba la impar Sofía Loren en Madame sans Gêne.<Reformas, reformas, reformas…-se explicaba Damián- Todo lo que oigo hablar es de reformas para salir de la crisis&…¿Y cómo no iba a estar yo en crisis con lo que veía que en esta casa y en el propio espejo del baño?…Un aburrido inspector de trabajo jubilado, santos de la familia, muebles de almoneda, una copia infame de Herodías llevando en bandeja la  cabeza del Bautista, un paisaje atroz con bandidos de Sierra Morena…Y un retrato que pintó el peor discípulo de Madrazo a la tía Eugenia, que tenía una papada como un pavo, y su marido, que era talmente una lechuza en un cuerpo humano.. Así que lo he reformado todo. Todo.

Jugaron la partida de ajedrez. Naturalmente la ganó Damián. Homper no podía concentrarse.

-Lo siento- se excusó- Esas mujeres desnudas que me están mirando…

-¡Qué cuerpos!, ¿verdad?…Menudo ojo tenía el Newton ese…No me las he puesto en mi habitación, por no turbar mi sueño. Por cierto, también he hecho reformas en ella. Déjame que te las enseñe.

Recorrieron hasta el final el largo pasillo de las beldades y entraron en la habitación de Damián, cuyas paredes estaban completamente empapeladas con recortables: de húsares de Pavía, de granaderos del Rey, de soldados de la Guardia Real, de ejércitos de todas las guerras conocidas, de toreros. Recortables, recortables rescatados de los desvanes de su infancia,  recortables que entretenían sus horas muertas, más recortables.

-Estoy obsesionado-se explicó atropelladamente- Ya no pienso más que en lo que escucho. Nos dice la Merkel  que hacen falta más reformas, nos pide el BCE que se sigan profundizando en las reformas, dice un catedrático de economía por la radio que aún queda por reformar la Banca, las Cajas de Ahorro, la Administración, las Autonomías, el Gobierno nos anuncia más recortes…

Se detuvo un armario, resoplando, como si la ansiedad se hubiera apoderado de él y perdiera el control.

-No puedo más, ayúdame –dijo mientras extraía de las baldas del armario una Termomix, un cuadro de una Sagrada Cena en madera sobreplateada, dos bombines antiguos y  una cubertería de plata que compró su madre muy barata gracias a una imposición a plazo fijo que le ofreció el el BBV- ¡Ayúdame en las reformas, por favor Homper!…

Se adelantó Leonisa, que se acercó hacia ellos con un gran capazo de los que venden los chinos insinuando con un dedo sobe su sien que Damián no estaba en su mejor momento.

-Deme, señor Homper –yo le ayudaré a llevarlo hasta el taxi –dijo mientras iba metiendo en el capazo los inopinados regalos.

5

Faltaban por descubrir las últimas reformas.

-¡Espera, espera, no te vayas  aún!- terció Damián dirigiéndose a un rincón del gran recibidor en el que, como si fueran obras de arte de ese Cristo que empaqueta los monumentos, había dos bultos tapados con sendas sábanas- ¿Qué te parece si colgamos esto en lugar de la vieja lámpara de bronce holandesa que había en el techo?

Damián tiró de la primera y apareció un caimán de tamaño mediano perfectamente disecado, herencia oculta hasta entonces del tío Genaro, un naturalista que pasó en Guinea lo mejor de su vida.

-Lo voy a pintar de oro y lo colgaremos volando por encima de nuestras cabezas –dijo gestualizando con los brazos lo que presumiblemente sería como una instalación artística de la colección Saatchi.

 6

-Y aún queda lo mejor –añadió Damián, al que sólo le faltó anunciar con un ta-ta-chán- la última sorpresa- ¿Cómo no iban a llegar las reformas al Sagrado Corazón al que tanto rezaba la pobre mamá?…

Retiró la segunda sábana y al pobre Homper se le quedaron los ojos como cuadros. Doña Angustias, la madre de Damián, había sido muy devota  del Sagrado Corazón de Jesús, y un día compró en un anticuario un cuadro en el que su imagen aparecía en una auténtica ventana cordobesa, con su enrejado, sus macetas de bellos e inmarchitables geranios de plástico y sendos farolillos con velones a los lados. Hasta la muerte de doña Angustias aquella joya colgaba de las paredes de su habitación, pero luego fue al trastero. Damián la había rescatado del olvido para hacer en ella las pertinentes reformas que pedían las circunstancias. Ahora el propio Jesús, entre esos brazos que según la iconografía clásica se abren generosamente ofreciendo el perdón, transportaba a una joven con un traje de baño a rayas fotografiada así en el la playa del Sardinero en 1930. El efecto del montaje era impactante, porque, activando un interruptor oculto bajo una de las macetas, el sagrado corazón que quedaba por encima de las curvas de la joven Doña Angustias se encendía y latía aceleradamente, mientras de los ojos de la heroína salían destellos intermitentes y comenzaba a sonar un cover de la conocida canción de Manolo Escobar que ahora decía así:

Madrecita María Angustias / Hoy te canto está bellá canción…/Y obediente cual si fuera un niiiño/ Yo reformo con todo cariño/ Así a tu Sagrado Corazón…

 

Al conjuro de aquella escena de teatro pánico, la gata Mimí lanzó un maullido espantoso, pasó como una exhalación entre las piernas de Homper y Leonisa, que esperaban el ascensor y se escapó escaleras abajo.

 

Cuando Homper y Leonisa salían por el portal con todos los desechos de las reformas de Damián, la portera les salió al paso asustada.

 

-Y ahora la gata morada se escapa…Les digo yo que  a don Damián  esto de las reformas le ha hecho enloquecer.

Y Homper pensó que, más o menos, como a todos…

El dilema de Nepomuceno de Nicea

1

La más misteriosa de las amigas del Duende tiene nombre de poetisa o de árbol, según se mire. Se llama Acacia, como Acacia Uceta o como ese árbol africano con tantos ejemplares plantados por las calles de Madrid. Como no tiene ramas –aunque se va por ellas, especialmente si son cinematográficas (en realidad ella misma es una película)- ni ofrece esa flor blanca y dulce que los niños de la edad de este bloguero llamaban  pan y quesillo y que comían como si fuera un chuche de la misma naturaleza, supone el bloguero que esta Acacia es más bien poetisa, o poeta, como se dicen ahora las que antes llamábamos así. (Por cierto, rara cosa: las feministas quieren ser miembras y cuando resulta que había una palabra precisa para el poeta de sexo femenino, que era poetisa, reniegan de él y revindican ser poetas).

 

Pues ya lo tengo más que meditado.

Como me llamo Duende, yo os prometo

que si soy capaz de hacer dos pareados

en vez de poeta, me diré `poeto

2

Poeta o poetisa, la amiga misteriosa vive entre gatos y DVD en blanco y negro de la época dorada de Hollywood, pues considera que de Cary Grant y Humphrey Bogart  a esta parte ya no hay hombres. También colecciona búhos, pero de mentirijillas: de cerámica, de madera, de turquesa, de papier maché. El Duende prácticamente no la ve nunca, pero recibe de ella, de cuando en cuando, asistencia espiritual, que se materializa de la siguiente forma: abre su correo electrónico y lee un mensaje que dice más o menos

A fulanito le gusta un enlace en el que se te ha etiquetado.

El Duende se mira y no se ve etiquetado por ninguna parte de su cuerpo. Pero haciendo un esfuerzo intelectual, y después de un oportuno click en el mensaje de marras, se le abre una puerta a esa especie de arcano que sigue siendo para él FACEBOOK. See enlace, le dice la ventanita. Y ésta le conduce a otro mensaje que le comunica que su buena amiga Acacia ha recomendado a algunos de estos seres evanescentes que pululan  en el proceloso mundo de las llamadas redes sociales que lean el post escrito por este bloguero que a ella, la enigmática amiga, le ha gustado. También encuentra una larga lista de amigas, amigos, amigas de amigas, amigos de amigos, amigos de amigas, amigas de amigos. No sabe qué quieren o que esperan de él. No tiene ni idea de para qué sirven, ni si él puede serles útiles. ¿Quién le guiará al Duende por estas cañadas oscuras?

Gracias, Acacia.

3

Hasta ahora eso no ha cambiado la vida del bloguero. Sin embargo cada día más el Duende despistatus constata que el  mundo gira ahora en torno a las redes sociales, y que Twitter, Facebook y todas estas herramientas misteriosas que él desconoce son la savia y el maná que alimenta eso tan importante que es el debate social. Rajoy descubre entusiasmado que aún nos puede recortar el oxígeno que respiramos y lo comunica por Twitter. A Cristiano Ronaldo le ponen las costillas con salsa de barbacoa y difunde la importantísima noticia por el mismo canal. MadonNa decide teñirse el vello púbico de color malva y lo pone en su muro de Facebook. Finalmente, el Rey quiere anunciar que está tomando clases de parchís para vencer su adición a la caza (y a otras cosas) y lo publica en un postito a través de Linked in.

Desengáñate, Duende: fuera de las redes sociales, no hay salvación.

4

Así que, consciente de que, le guste o no, y como diría Baroja, el mundo es ansí, el Duende lanza un SOS desesperado a su queridísima amiga y protectora para que le ayude a comprobar que él también puede estar en ese mundo, y contribuir a su enriquecimiento moral e intelectual haciendo que las redes sociales le ayuden a despejar el dilema de Nepomuceno de Nicea que tanto le tortura.

La cuestión no es baladí. Ya se lo planteó este filósofo y moralista en el siglo IV, y esta es la fecha en la que la humanidad, con todo lo que ha progresado, no ha sido capaz de despejarlo. Por favor, Acacia, que la sabiduría de las redes sociales nos libre de esta angustia existencial que nos corroe a los que aún tenemos la funesta manía de pensar.

5

Recapitulemos. El buen Nepomuceno se preguntó cuál de estas realidades podría proporcionar más felicidad al alma humana.

a)      Pelar una gamba a la plancha y comérsela sin que nos deje en los dedos el olor a gamba.

b)      Ver la aurora boreal con los pies metidos en un barreño con agua de sifón templada.

c)      Atrapar con la uña del meñique el imposible de ese moco escamoso y seco que se ha escondido en lo más profundo de la caverna nasal.

d)      Que esta noche el Madrid gane al Barça, o viceversa, en el último minuto y de penalti injusto.

Sabe este Duende que Acacia lo conseguirá. Espera que ella lance la pregunta en las redes sociales, y que las múltiples respuestas le hagan sentirse a él importante en la comunidad internauta. Que este alto tribunal invisible de valores universales resuelva al fin el dilema de Nepomuceno de Nicea. Y que la luz de la razón, derramada sobre los ignorantes, redima a este pobre Duende de su estigma de megatorpe electrónico por el que tanto sufre. Amen. 

Siempre nos quedará Beethoven

1

Eran sólo las 9´30 de la mañana cuando sonó el teléfono. Por el auricular se escuchaba la inconfundible voz amiga de Bibí Herrero.

-¿Qué te debo? –preguntó el Duende.

-No –respondió ella conteniendo la risa- Sólo te llamo por si esta tarde no tienes plan y querías ir a  un concierto con un argentino.

Apenas unos minutos antes el Duende había escuchado por la radio que la presidenta Kirchner había decidido expropiar a REPSOL el cincuenta y uno por ciento de sus acciones. Bibi también es argentina, psicoanalista, para más señas,  y está casada con un compatriota que no es precisamente el mejor amigo de la veleidosa mandataria peronista. Él es el profesor Carlos Rodríguez Brown, que a veces españoliza su segundo apellido y lo escribe Braun.

El profesor es un conspicuo y exigente liberal, famoso por sus azotes doctrinales a las políticas económicas de la izquierda y por sus vaciles radiofónicos con Carlos Herrera.  Estos, aparte del consabido saludo –¿Cómo estás, Herrera, a pesar del gobierno?- incluyen adivinanzas económicas, adivinanzas musicales, canciones a dos voces manifiestamente mejorables y todo un ritual que los oyentes de Herrera en la onda esperan como esperaba la infancia de hace treinta años el ¿Cómo están ustedes? de los payasos de la Tele. Somos como niños, y la economía pura y dura es un bodrio. Por la tarde, en La brújula de Carlos Alsina, el profesor Rodríguez Brown también recita  a veces a Rubén Darío.

Los datos adicionales es que el programa de Juventudes Musicales incluía dos conciertos de piano –uno de ellos el del Emperador- y dos oberturas de Beethoven. El solista era nada menos que Lang  Lang “el artista más de moda en el planeta de la música clásica”, según rezaba el programa de mano. Un virtuoso, un genio del teclado. El Duende no se lo dijo a Bibí, pero hubiera asistido entusiasmado a ese concierto con un argentino, con un turco o con la momia de la hija del doctor Velasco en la butaca de al lado. No están las cosas como para desperdiciar invitaciones así.

2

El profesor Rodríguez Brown debe de ser el mejor economista del mundo. Al menos con su tiempo. Este no sólo le da para leerlo todo sobre su materia y enseñarlo en su cátedra de la Universidad Autónoma de Madrid, sino para pasar diariamente varias horas en Onda Cero, asistir a tertulias televisivas, a numerosos actos culturales y sociales y cultivar una lista de amistades entre las que cabe hasta este bloguero jubilado, que escribe algo pero ya no pinta nada. El y su encantadora esposa son además cinéfilos y melómanos, al punto de que tienen una perrita a la que llaman Brunilda, como si en lugar de una teckle fuera una valkiria de Wagner.  También tienen hijos con nombres de evangelistas, Lucas y Juan. Y nietos. No hay argentino que pueda abandonar su acento, pero los Rodríguez Brown, que hablan como argentinos, han puesto un océano de por medio para poder juzgar al gobierno de la señora Kirchner con cierta perspectiva. Al igual que el cura vasco de aquel chiste que se posicionaba frente al pecado claramente, el profesor tampoco es partidario de su presidenta.

3

La música clásica sigue atrayendo a las clases ilustradas. Pero cuando sus ejecutantes son auténticas estrellas, mucho más. Los aficionados entonces  van a escuchar, a ver a los que van y a dejarse ver. Hoy hay tanta oferta musical en Madrid que en muchos conciertos no es infrecuente ver claros en las butacas del Auditorio Nacional. Pero cuando dirigen Mutti, Dudamel o Metha o actúan divos de la categoría de Lang Lang, Cecilia Bartoldy o Ann Sophie Mutter no cabe un alfiler. Anteayer ir con el profesor era como ir con una de esas estrellas. Muchos abonados le miraban con curiosidad morbosa, pues su cara es conocida por aparecer en algunas tertulias de televisión, y los amigos le saludaban con retintín, como si su sangre argentina le hiciera corresponsable del saqueo a REPSOL. El Duende tuvo que justificar su presencia en la localidad que normalmente ocupa Bibi.

-Es que vengo de escolta –decía.

4

Pero vaya de lo que vaya, el Duende agradece mucho cualquier invitación a un concierto. Uno ve a unos músicos que hilvanan con precisión sonidos mágicos, y escucha maravillado lo que compusieron hace siglos los elegidos de los dioses. Pero entre tanto…¿qué visualiza nuestro cerebro? Del concierto del Emperador de Beethoven que interpretó Lang Lang veía surgir el bloguero el recuerdo del primer tocadiscos que entró en casa de sus padres, al que se le recibió con la misma devoción con la que un día apareció el ESPASA. O sea, como un gran acontecimiento. Uno de los primeros vinilos que giró en su plato fue precisamente el Concierto del Emperador. El Duende soñaba entonces con ser Toscanini, y, a falta de batuta, dirigía a su orquesta imaginaria con un macarrón robado de la despensa. Cuando Lang Lang atacó con indescriptible delicadeza el segundo tiempo del concierto, el Duende evocó la primera vez que en el Teatro Real escuchó al gran Vladimir Ashkenazy interpetando esa misma pieza con la ONE, que entonces se hospedaba en lo que hoy es el templo de la ópera nacional. Ese adagio profundo es de lo más lírico e intenso del genio de Bonn, y se debe recomendar a cualquier alma sensible que crea en el poder balsámico de la música. El Duende recordaba que en aquella ocasión cada pulso del ejecutante era el metrónomo de las dudas provocadas por la muchachita de la butaca de al lado, a la que había invitado porque es probable que le hiciera tilín.

-¿Le acaricio la mano o no? –se preguntaba mientras iban cayendo, como copos de nieve, las prodigiosas notas beethovenianas..

El piano de Beethoven como panacea. Ahora sonaba otra vez gracias a  Lang Lang el mismo día en el que el país, consternado, vivía otro día de miserias y disgustos por un quítame allá una compañía petrolífera. Qué inmensa suerte, poder refugiarse en la música. A la pareja de Casablanca les aliviaba pensar que siempre les quedaría París. Al bloguero, abrumado por tanto desbarajuste, le consuela que siempre le queden Beethoven, Lang Lang…y amigos como los Rodríguez Brown que le inviten a escucharlos. Por muchos años.

 

  

 

El elefante

1

Apenas se despierta Homper comprueba algo que le impone la estupefacción nuestra de cada día. Ahora resulta que, a su edad es un inmaduro, un frívolo y  un aprovechategui. Según algunos líderes de opinión de los que parlotean por la radio, el pueblo no debe  confundir las churras con las merinas, y cometer la ligereza de utilizar la cadera real rota para socavar a las instituciones, o sea, la Corona. Homper se considera parte del pueblo, y la presunción casi le ofende.

Así que una vez peinadas las greñas del bien dormir y tapadas las arrugas de su pijama con un batín que parece heredado de David Niven, o sea, una vez presentable, se pone firme ante el espejo, inclina respetuosamente la cabeza y reafirma su acatamiento al orden establecido.

-Dios salve al Rey –proclama- Y, a ser posible, le aficione al ajedrez.

2

¿Han asesinado a Dumbo? ¿Han resucitado a la República setenta y cinco años después de su nacimiento? ¿Hemos descubierto los españoles al Robespierre que latía dentro de nuestros corazones?

Otra cuestión: ¿son las redes sociales y los periódicos digitales la voz más autorizada que hay que tener en cuenta?

3

Dicho lo cual, considera Homper que lo cortés no debe quitar lo valiente. Y que admirando al Rey Juan Carlos porque parecía muy torpe y resultó bastante listo en el momento más decisivo de nuestra vida política, y creyendo firmemente que ha sido, quizás es, y aún podría ser el jefe de Estado más útil y menos costoso que nos inventemos, se atreve a decir que con la edad el monarca, como quizás nos pase a todos,  está hasta los mismísimos de casi todo: de la crisis, de su familia, de sus aburridísimas –por muy bien pagadas que sean- obligaciones, de los políticos, de la prensa, de sus inacabables alifafes y de la coña marinera en que últimamente se ha convertido su casa.

Y de vez en cuando, hastiado y pasota, pierde hasta los papeles más importantes.

4

Alguien tendrá que recordarle, como si fuera un niño, Señor, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. Alguien podría sugerirle que hay otras formas de divertirse menos comprometidas que liquidar al representante del reino animal más querido, y que hay otras vidas incluso más apasionantes que las de los ricos. Si el Rey pierde a veces los papeles, alguien de responsabilidad tiene que recogérselos y ponérselos en orden. Porque la Monarquía tiene que ser una solución, no otro problema más.

El pueblo es –somos-  muy simple. Y de la misma manera que no entenderá los recortes hasta que éstos empiecen a dar frutos, tampoco entiende que matar un elefante sea lo mejor que se puede hacer en este momento para aliviar los males de la patria.

5

Por lo demás, Homper prefiere recordar a Dumbo, a la vieja elefanta de la Casa de Fieras del Retiro, al venerable artista de tantos circos, al elefante de aquel papel higiénico que parecía papel Kraft, qué valor limpiarse el culete con esa lija disimulada, o al estupendo Coronel de El libro de la selva. Fueron los elefantes de su vida. Lo siente mucho por ese otro abatido en Botswana, como por todos los que caen víctimas de la vanidad superlativa de los cazadores de elite, pero no quería ser vecindona murmuradora y cruel y contribuir con sus críticas a la demagogia.

Es más, Homper intentará hacer caso de los gurúes de la meditación trascendente y, mientras no capee el temporal, no volverá a pensar más en elefantes.

Yo soy dos tontos

1

Yo era madrileño, y lo que he visto me ha hecho doblemente madrileño –piensa Homper mientras se afeita ante el espejo-Nacido en Madrid y hecho mayorcito en la comunidad autónoma de Madrid.

No sabía muy bien para qué había que ser de la autonomía de Madrid. A los de Madrid casi nos daba igual ser de Madrid que de Albacete. Aparte de los castizos de salón, pocos alardean de la condición de nacidos en el foro. Las más de las veces se nace en Madrid  porque hay que nacer en algún sitio, y aquí dejan nacer a cualquiera. Luego se vive, se pasea en primavera o en otoño por el Retiro o por los jardines de Aranjuez y hasta se le coge gusto a la ciudad y a la provincia.

Pero vino la fiebre autonomista, aquello de culo veo, culo quiero, y mariquita el último y hale, a inventarse una comunidad autónoma, una nueva bandera roja con estrellitas blancas, un himno que no conoce nadie y a sacar pecho. Además del Madrid de Carlos III, de Mesonero Romanos, de Chueca, de Arniches y de Gómez de la Serna, ahora teníamos el membrete de madrileños autonómicos. Jó qué gustirrinín, ¿no?

Aunque luego hablé con amigos que además de murcianos eran murcianos, otros que además de asturianos pasaban a ser ciudadanos del principado de Asturias, canarios duplicados por su autonomía y logroñeses que se sentían a gusto como tales, aunque ahora fueran riojanos, y me dijeron que no era para tanto.

2

Ya se sospechaba que un gobierno central más diecisiete gobiernos autonómicos más diputaciones y ayuntamientos eran mucho mantel para tan poca merienda. No era cosa de hacer arqueología con el espíritu de Isabel y Fernando, ni nostalgia imperial del haz y las flechas, pero algunos se preguntaban si por aquello de las economías de escala no hubiera resultado más práctico seguir administrando los servicios esenciales de la comunidad nacional desde el estado central.

Ahora viene Esperanza Aguirre y reconoce una verdad palmaria: el estado de las autonomías se inventó para reconducir a los nacionalismos históricos e intentar mantener a Cataluña, País Vasco y Galicia en buena armonía dentro del estado español. No ha servido para eso. Item más: alguien decidió que café para todos y ahora, además de cornudos,  los gobiernos autonómicos nos han dejado arruinados.

-Se veía de venir- dice Homper emulando al pueblo soberano- Como lo de una Unión Europea alegre y confiada, que derrama el cuerno de la abundancia sobre los pigs y no marcó desde el principio las normas de control sobre la economía de sus  miembros. Como el despelote de la banca, como la dictadura de los mercados…¿Pero no están para esas cosas los que dicen saber? ¿No se preparan para eso los  políticos? ¿O es que no se leen los papeles antes de ser elegidos por los que no sabemos de esas cosas?

Y recapitula el Hombre Perplejo: yo era español y ahora soy europeo, español, madrileño, doblemente madrileño y engañado.  O, como escribió Alberti en uno de sus poemas gamberros, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

 

Naderías sorprendentes (2)

1

Uno, afortunadamente, pasea para llenar el dietario de su vida y se va encontrado estas naderías. O más. A veces uno sale de casa con sesenta y seis años y en el camino, aparte de personajes y paisajes, da con el tiempo que corre del revés. Esta semana, y gracias a esta experiencia, Homper se topó con su niñez, con el tiempo aquel en el que los marinos eran héroes impolutos y bien planchados hasta que un cañonazo les arrancaba la pierna y les salpicaba de sangre el uniforme o el palo de mesana roto les aplastaba la sesera y acababan en el fondo del mar. Homper a veces ve la vida como si toda ella fuera cine. Y  en el acto de marras, en la presentación del libro Marejadilla, comprobó que  la épica del cine de piratas, de barcos y de aventura de la mar aparecía ahí, como telón de fondo, en aquel salón de actos del Cuartel General de la Armada, un espléndido edificio del centro de Madrid en el que poco se repara, junto a aquellos profesionales de  la marina a los que uno tenía que convencer con sus naderías.

El hombre cumplió como pudo. Los marinos de guerra suelen ser gente seria, pero tienen su corazoncito, y a veces incluso demuestran sentido del humor.

2

Luego llegó la hora de las almendritas con cava, o del cava con almendritas, de los saludos y las conversaciones con gente a la que no veía desde hacía mucho tiempo, quizás desde nunca, y poco después la hora de abrirse. Por cierto, abrirse, vocablo marinero: zarpa la flota del puerto y según van ganando la mar los barcos se abren buscando su rumbo. Y entonces, cuando se abría, ya en la calle, le llegó lo más sorprendente, lo que certificaba que aquella tarde el tiempo corría hacia atrás. De repente se escucharon los acordes de una banda de música,  se abrieron las puertas laterales del Cuartel general de la Armada y por ella salió desfilando una compañía de honores que formó ante la bandera que ondea a la entrada principal, en la calle Montalbán, frente por frente al edificio de Palacios que hoy ocupa el Ayuntamiento. Los soldaditos y soldaditas formaron muy serios, y a los acordes del himno nacional, y ante la mirada atónita de paseantes y turistas que ya no recordaban estas ceremonias, arriaron la bandera. A continuación la desengancharon del mástil, un infante y una infanta de marina la doblaron y la recibieron en sus  brazos con mucho mimo.

Y la banda remató el homenaje a los caídos de la Armada española con una emocionante y hermosa marcha fúnebre que el público escuchó en respetuoso silencio, quizás preguntándose, como Homper, si lo que veían y escuchaban se estaba produciendo en este país tan iconoclasta y tan escéptico como es España con sus símbolos y sus glorias o en una país europeo de solera democrática que sabe que con las cosas de comer no se juega.

3

La cosa es que aquella estampa le sorprendió a Homper, le dejó tan estupefacto como muchas otras de las cosas sigue descubriendo, tal que si aún se estuviera debutando en el tobogán de la vida.

Ya lo decía antes, salió Homper de casa con sesenta y seis años y de repente se encontró con su infancia, cuando todo eran naderías, pero las naderías eran las referencias importantes que le guiaban. Ahora , en estos momentos en que el mundo es mutación, en el que todo se revisa y no acaba de estar seguro  uno ni de que el sol saldrá por el este y la estrella polar seguirá marcando el norte, el inseguro Homper se sintió inesperadamente reconfortado viendo aquel cuadro. Una banda militar, el himno nacional, una bandera arriada, unos soldados serios y bien uniformados y un público respetuoso que contemplaba el singular espectáculo en un elegante rincón urbano del centro de Madrid. Se puede pensar que es otra nadería, y que esos numeritos no arreglan ni uno solo de los numerosos entuertos que nos afectan, pero a Homper, como poco, le pellizcó el alma, y la cosa le pareció bonita.

(Por cierto, para los coleccionistas de naderías: el arriado de bandera con banda y honores se celebra los últimos martes de cada mes a la hora del crepúsculo ante la puerta principal del Cuartel General de la Armada, calle Montalbán, 2).

Naderías curiosas (1)

1

Uno nunca tiene claro cuál es la misión de un blog. La misión de su propio cuaderno de bitácora. A veces cree que ventilar intimidades en él es grosero, poco elegante, facilón. Otras veces piensa que eso humaniza su escritura. Cuando el bloguero no cree que su doctrina sea capaz de convencer, se refugia en el relativismo de su pensamiento. Malos tiempos para dudar. La escapatoria  que tiene más a mano es en ese caso contar su experiencia de funámbulo, de transformista, de camaleón. El bloguero entonces acaba comprendiendo lo que fue su vida: se dio a conocer como Lon Chaney de la radio porque en realidad no sabía con qué cara quedarse. Quería quedarse con todas y con ninguna al mismo tiempo.

El caso es que como no sabe pontificar sobre los grandes problemas de la patria y, más aún, del alma, se refugia en las naderías. Nadería es una palabra percha llena de encanto. Un helado es una nadería. Una sonrisa amable de una guardia municipal a la que uno le pregunta por una calle y que sabe responder amablemente es otra nadería Un árbol florecido de primavera, como se ven ahora tantos es los parques de Madrid es una nadería. Un pellizquito en el alma es otra nadería. Pero a veces no pasa tan rápido, no deja de ser un pellizco, y tampoco de sentirse en el alma.

2

Les hablaré de una nadería curiosa que le pasó esta semana al bloguero. Como tantos de se edad, él se echa a andar y se va encontrando muchas cosas o personas de las que toma nota. Amigos jubilados, amigas que amortizan lorzas y michelines a paso ligero, parejas pasadas de colesterol, amigos coronarios, amigos lamentosos que quisieran estar en activo y no aguantan en casa, andadores o corredores anónimos, turistas, empleados de la limpieza municipal – qué mérito el suyo- manifestaciones, indignados, indigentes, chicas en flor, árboles en flor, arbustos en flor, meones en la vía pública, encuestadoras, jóvenes mamás con sus bebés al sol, policías municipales montados en unos caballos imponentes, paseantes de perros, perros, cagadas de perros, artistas callejeros, funcionarios que salen a tomar su legítimo café con churros, croissant o pulguita a media mañana.

Como telón de fondo, las preocupaciones. El clima, el meteorológico, tan deprimente, y el político, social y económico, más sombrío todavía. La manera de ser de este pueblo, que es el suyo, sobrado de vehemencia, tan poco consecuente a veces. Recuerda el bloguero que España anhelaba la democracia, la abrazó con entusiasmo, eligió con fe ciega a sus representantes, a su gobierno y, a través de ellos, sus leyes y su modo de vida. Se pregunta ahora para qué los elegirá tan convencido, si cuando gobiernan a su disgusto le quiere parar los pies sin esperar a las próximas elecciones. Democracia sin paciencia, democracia según y como. Quizás necesitemos un parlamento en nuestra mesilla de noche, para que, mientras dormimos, legisle lo que nos gustaría encontrar al día siguiente. Y sin amenazar nuestro sueño, por supuesto,

3

Menos mal que el bloguero, el Homper eternamente perplejo, tenía otras cosas en las que ocuparse. Van surgiendo a su paso obligaciones y trances que jamás pensó que le daría la vida. Como, por ejemplo, presentar el libro de anécdotas de la mar que ha escrito con mucho cariño un almirante de nuestra Armada, un amigo ya jubilado: Luis Carrero-Blanco Pichot. Y qué iba a decir el pobre Homper, que no sabe de la mar sino lo que aprendió en los libros de Salgari, en los de VerneKipling y Conrad viendo Capitanes intrépidos, El hidalgo de los mares, El temible burlón, El pirata Barbarroja, Duelo en el Atlántico, Rebelión en la Bounty, Master and comander, Titanic y otras películas de barcos, marinos, piratas y naufragio que han engrandecido al cine..

4

Las presentaciones de libros son una de las ceremonias sociales más peligrosas para el asistente a las mismas, pues en ellas es normal que el autor quiera demostrar por qué era necesario su libro, mientras que los que se sientan a su lado se empeñen en recordarnos que lo necesario no es el libro, sino escuchar su opinión. Competición de vanidades, egos revueltos.

 

En este caso, afortunadamente, el autor y el primer interviniente fueron la mejor expresión del laconismo castrense. El autor se mostró tan lacónico que sólo dijo gracias, y al final. Mientras que el presidente de la mesa, director del Museo Naval, donde se celebró el acto, se limitó a extraer una cuartilla y leer lo que había escrito en ella por una cara y la mitad de la otra, cediendo los trastos a Homper. Homper habló, nunca mejor dicho, de la mar y los peces de colores, pero entre estos dejó caer un verso de Paul Valery – la mer, toujours recomencé-, para recordar que la fascinación de la mar radica en ese continuo movimiento de las olas que, en definitiva, es la mejor metáfora plástica de la eternidad e Dios. Experto en mezcla churras con merinas, luego se metamorfoséo en <strongFranc>o, que reconocía que en el Azor había atunes de madera que lanzaba por la popa de su yate para que los de verdad los siguieran y acabaran picando. Franco luego precisaba que los atunes con los que posaba en el NODO no eran de pega, sino auténticos, y aún coleaban cuando fueron filmados. Como la anécdota la cuenta el propio autor en su libro –aunque la explicación de Franco fuera inventada- y Homper venía de citar a Dios y a Paul Valery, la chanza  sobre el difunto patrón del Azor no les pareció de mal gusto, sino divertida. Si a eso se añade que en menos de treinta y cinco minutos se dio por terminada la presentación y se pasó a la copa de cava con almendritas, porque la crisis no da para más, la sensación general es que aquel ratito quizás fuera otra nadería más de la vida, pero al menos había sido tan ligero como la brisa que sopla en cubierta un día de primavera.

(Continuará)

 

Cómo salir de dudas

A veces ni los sueños son capaces de sacarte de dudas...

1

A Homper, que es bastante antiguo, le siguen sorprendiendo los avances de la ciencia. Le deja estupefacto que un cirujano pueda operar desde este lado del  Atlántico el riñón de un paciente de Nueva York, y que el fenómeno de Internet pueda convertir a cualquiera en un pequeño sabio instantáneo. También le pasma que los padres puedan elegir el sexo de los hijos y que ahora algunas cadenas de televisión de pago ofrezcan al cliente la posibilidad de elaborar una programación a la carta.

Sólo echa de menos que no se haya inventado todavía el método para programar los sueños favoritos.

2

Cuando su querida prima Teresita era una prometedora adolescente, mantenía que si lanzabas una zapatilla al aire y antes de que cayera al suelo te metías en la cama con los ojos cerrados y un deseo, esa noche soñabas lo que habías deseado. Homper había comprado te en El Corte Inglés, donde le atendió una dependienta encantadora y muy guapa. Pues qué tipo de te quiere usted, el breakfast te, el de toda la vida, no me gustan nada las variedades aromáticas. A esas les llamaría, simplemente, infusiones, no te. ¿Alguna marca determinada? No. Que sepa a te como el que te sirve cualquier hotel de Inglaterra sin dar más explicaciones. Compre usted el de granel, es muy bueno. ¿No es mejor el Twinings? Bueno, usted paga la marca y la lata. Pero si tiene en casa una lata donde guardarlo, llene una bolsita de papel del te de granel y verá cómo le gusta este. Se lo digo yo, que soy una gran aficionada al te. Y ya que es usted tan amable, ¿cómo se llama? Margarita. Me llamo Margarita.

La dependienta era, como recuerda Hom, muy guapa. No muy robusta, menuda, pero de fino talle y cuello largo, aprincesado, rubio cabello y un rostro que recordaba a la Debie Reynolds de Cantando bajo la lluvia (luego ésta se cardó el pelo, se apasteló y se convirtió en un icono yanki algo cursi). La chica valía un sueño. Homper se preguntó si conservaría a sus años la agilidad suficiente como para repetir el ejercicio que recomendaba su prima Teresita, teniendo en cuenta, además, que la altura del  techo de su apartamento no daba para que la zapatilla volase muchos segundos. Se permitió una pequeña trampa: abrió el edredón, se sentó en la cama, cerró los ojos, pensó en Margarita, lanzó una de las zapatillas al aire, y antes de escuchar el ruido de su caída al estrellarse contra el suelo ya estaba tapado y dispuesto a soñar.

Pero el experimento no funcionó. El día –su vida entera, más bien- acumulaba muchas dudas por despejar. Y en lugar de soñar con la encantadora Margarita soñó con Sócrates.

3

-Sólo se que nada se –le anunció el filósofo, fiel a sí mismo.

Pues buena la hemos hecho, pensó Homper.

Y el sueño se fue en repasar con el genio de la filosofía la ristra de dudas que le acometían en los últimos días. 1. La reforma laboral, ¿es tan necesaria como dice Rajoy o tan perversa como corean oposición y sindicatos? 2. El 11 M, ¿lo cabal es pasar página o seguir investigando? 3. Manifestarse contra la reforma laboral el día de tan nefasto aniversario: ¿necesidad o agravio? 4. ¿Es imprescindible ajustar el déficit, o es más recomendable seguir primando el gasto social y el que venga detrás que arree? 5. ¿Es tan grave lo que dijo Gallardón sobre el aborto como para tanta trapatiesta? 6. ¿Dónde hay más chorizos, en torno a Gurtel o alrededor de los ERE de la Junta de Andalucía? 7. ¿Qué es peor, pagar la energía a su precio o hacer la vista gorda sobre la amenaza nuclear? 8. ¿A quién favorecen más los árbitros, al Barça o al Madrid? 9. ¿Qué vicepresidenta elige mejor sus cirujanos estéticos, Soraya o María Teresa? 10. ¿Cuándo se irá el anticiclón a hacer puñetas y lloverá de una puñetera vez?

Sócrates le aseguró que estaba en plan colaborador, pero todo lo que hizo fue encogerse de hombros ante cada dilema. En vista de lo cual, y dado que su heroína ni había asomado por el sueño, Homper decidió al despertar que lo mejor era volver al Corte Inglés, comprar un poco más de te, que despabila mucho, y preguntarle a Margarita si tenía libre el próximo sábado para invitarle a remar en las barcas del Retiro.

 

Cabecitas perdidas

Hasta el hombre más tranquilo y optimista se siente obligado a compartir el desasosiego de la crisis...

1

El hombre inasequible a la depresión recibió una llamada de su amigo Celestino. No sabía de él desde hacía bastante tiempo. Y como es lógico le preguntó por su familia. La familia de Celestino estaba bien, a Dios gracias. Sus tres hijos conservaban sus puestos de trabajo, criaban unos nietos muy sanos, y Adela había superado sus neuralgias, por lo que tenía motivos de queja. Además, él había vendido su pequeña empresa de calderas de calefacción y podía afrontar tranquilamente una jubilación acomodada.

-Eso sí –precisó Celestino- ¿Te acuerdas del Opel Kapitán del año 59 en el que íbamos de excursión con las chicas que nos gustaban?…El otro día subiendo el Puerto de Navacerrada se le gripó el motor.

-Caramba –ironizó el hombre inasequible al desaliento- Eso sí que es grave.

-Claro, hombre….No vayas a creer que todo el monte es orégano… Pero a lo que iba, que es el motivo de mi llamada. ¿Sabes que se murió don Leoncio?

-No me digas…¿Don Leoncio Apolín, nuestro profesor de latín? Grave pérdida para la cultura.

A Celestino le molestó la coletilla.

-Chico, parece como si te tomaras a pitorreo las desgracias ajenas. Yo creía que conservabas tus sentimientos religiosos, y un buen cristiano…

-Hombre, lo del Opel lo comprendo –interrumpió el hombre de la conciencia tranquila- Pero lo de don Leoncio….¿Cuántos años tendría? ¿Noventa y nueve quizás?

-Ciento cuatro….Pero eso no quita. Me da la sensación de que no te tomas en serio las desgracias  ajenas. Cuando precisamente ahora que estamos en lo más profundo de la crisis, hay que ser solidarios y sentir todo dolor del mundo como si fuera propio. ¿O es que crees que está medio bien ser feliz a todas horas?

2

El hombre inasequible al desaliento encajó mal el reproche y le colgó el teléfono a Celestino. Recibir lecciones morales a su edad, hasta ahí podíamos aguantar. Luego, más sereno, hizo examen de conciencia y pensó que tal vez su antiguo amigo tenía razón, que en los momentos actuales era claramente insolidario no sentir un gusano interior que le reconcomiera a uno la conciencia. Amar al prójimo –pensó- era también sufrir por sus vacas flacas.

Fue entonces cuando cruzó las piernas y al posar la derecha por encima de la rodilla izquierda sintió como una piedrecilla alojada en la vuelta del pantalón. Introdujo los dedos pulgar e índice de su mano derecha para extraer el chinarro, lo sacó y cuando lo pudo ver de cerca  se llevó una sorpresa mayúscula.

-¡Santo cielo! –y nunca mejor dicho- ¿Qué hace esto aquí?

Su memoria de ex niño cristiano no le podía fallar. No era un chinarro, ni una lenteja, ni una cuenta de collar, pequeñas cosas todas que no resultarían chocantes encontradas en la vuelta de una pernera de pantalón. El extraño corpúsculo era la cabecita de un Niño Jesús de diminuto tamaño.

3

Y el hombre con la conciencia tranquila  recordó que la última Navidad, mientras montaba el nacimiento, su nieta María, que le ayudaba,  se empeñó en ser ella misma la que colocara al Niño Jesús en el pesebre. Lamentablemente la figurita se le escurrió de entre los dedos, y el divino Niño fue a estrellarse contra el suelo, rompiéndose en pedazos. Entre estos, oh misterio, nunca fue encontrada la cabeza. Nadie advirtió entonces que había ido a parar a la vuelta de la pernera derecha del un pantalón que llevaba aquel día, y que se había vuelto a poner dos meses después.

Desde entonces, el hombre despreocupado no ha tenido valor de desprenderse de la cabeza de marras. Todas las noches la deja sobre la repisa de su galán de noche con la seguridad de que al día siguiente será capaz de tirarla en cualquier papelera o contenedor de basura. Pero llegado el momento de la verdad le pueden los restos de su fe. No es ningún meapilas, pero en parte por sus creencias y en parte por superstición, piensa que, si hay Dios, no le perdonaría semejante falta de respeto con la imagen de su Hijo.

4

La realidad es que actualmente  esta menudencia se ha convertido para él en una obsesión. Todos los días tiene que salir a la calle con ella  en alguno de sus bolsillos, y está convencido de que si alguna vez la olvida en casa se le desprenderá una cornisa encima o morirá atropellado por un autobús de la EMT  No sabe cuál será el destino final de la reliquia, pero ya no se le podrá llamar más el hombre tranquilo, sino el hombre torturado por su sensibilidad. Lo cual, aunque no le garantiza la salvación eterna, al menos le da argumentos para cuando Celestino le vuelva a reprochar su desprecio por las desgracias ajenas.

-¿Qué no es capaz uno de  sufrir como los demás? –se pregunta el hombre responsable-….Que me diga si conoce a alguien con este sinvivir.

Y es verdad. Ni de la Merkel, ni de Rajoy, ni de Rubalcaba, ni de lo sindicatos, ni de la CEOE, ni de los de la ceja, ni de los poderes mediáticos, ni de la opinión pública ni del mismo cardenal Rouco, que tanto pían, se ha conocido nunca la menor preocupación por esas divinas cabecitas rotas que seguramente se pierden a diario en cualquier rincón del mundo.

La honradez de la mirada

Tímida y asustadiza, la flor del almendro no podía imaginarse que, si no llueve pronto, la primavera también entrará en crisis...

1

Cuando uno se siente romo de ingenio y no tiene nada importante que decir, abre el cajón de las frases célebres que han ido pespunteando miles de columnas o artículos y juega con ellas. Si uno quiere abundar ante lo confuso de la postración nacional puede tirar de Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible (atribuída al torero El Guerra).  Qué país, Miquelarena (Pedro Mourlane).  Joder, qué tropa (Romanones, a propósito de los académicos que, habiéndole prometido su voto para la RAE, le dejaron con al trasero al aire). No es esto, no es esto (Unamuno, ante los excesos a los que se entregó la República en manos del Frente Popular). El nacionalismo se cura viajando (Baroja). O a los consabidos avisos en verso de Antonio Machado: Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios/ una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón.

Si pica más alto y quiere elevar la categoría de sus dudas, hay otro repertorio: Sólo se que nada se (Sócrates, al que este bloguero complementa diciendo Lo único que tengo claro es que no tengo nada claro). Pienso, luego existo (Descartes). El corazón tiene razones que la razón desconoce (Pascal). Yo soy yo y mi circunstancia (Ortega). Y otras más que no por venir de gente presuntamente divertida dejan de serde lo más serio que jamás se ha dicho: Cuanto más conozco a la especie humana, más amo a mi perro (Groucho Marx) o Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa (Woody Allen).

No dejan de ser sólo frases.

2

El dibujo es la honradez de la pintura. Un no es tan erudito como para presumir de haber hallado esta frase leyendo a Eugenio D´Ors. Leía a Umbral y en uno de sus numerosos libros entreverados de memorias o ensayos éste  citaba al que fue llamado Xenius, hoy perfectamente olvidado. Sin embargo, caramba, qué frase tan sutil, tan expresiva. Mire usted, soy lo que soy, no pierda el tiempo en interpretarme -parece decir el dibujo en la desnudez de su trazo-yo  no pretendo engañar al que me mira con artificio alguno.

Le vino a la mente esta frase al bloguero porque se escapó de la ciudad y se vino al campo. Donde uno cree que está más cerca de lo que en realidad es la vida, y a donde cree que hay asomarse de vez en cuando para poner en su sitio a ese entramado de cemento, de pompas y vanidades, de ambiciones y frustraciones que habitan en la ciudad. Y así, en plan filósofo tipo Xenius, le dio por parafrasear.

-El campo es la honradez de la mirada.

Explicaciones: se contempla y, para empezar, distingues el cielo de la tierra, las caras de las distintas estaciones, la llanura de la montaña, el bosque del prado, el regadío del secano, el mar dorado de los trigales de la mar  salada y azul, toujour recommencé, que cantaba Valery (no se asusten, Le cimetier marin es el único poema suyo que recuerda el Duende, y se lo aprendió en sexto de bachillerato). Distingues las aves que vuelan del ganado que motea el paisaje. Y si te miras hacia dentro diferencias también en el alma las churras de las merinas. Qué buenos son los horizontes abiertos para meditar sobre qué eres, a quién de verdad quieres, qué es lo bello y lo feo, cómo la hermosura se pasea a nuestro lado y tantas veces pasa inadvertida, cuáles son los problemas reales de la vida, qué pintamos aquí, qué pensará Dios en este momento,  cuántas cosas superfluas sobrevaloramos, cómo nos olvidamos de otros detalles realmente importantes. Qué  relativo es todo. Y cuánto misterio. Y todo  se intuye  en el campo, donde el alma  toma distancias, suelta amarras y entre la quietud y el silencio derrama la honradez de su mirada.

3

La honradez obligaba hoy a al campo a ser solidario con el estado de postración nacional. Se lo contó un pajarito a este duende.

-Han brotado las flores del almendo y se se han asustado..¿Pero qué país es este?, dijeron.

Y así están los emisarios de la primavera. Así pintan las flores del almendro y los botones amarillos de la mimosa, tímidos y asustadizos. Natural. Tanta crisis, tanta miseria, tanto abatimiento se respira en el ambiente, que hasta la naturaleza se ha contagiado y nos ha traído el invierno más extremo y seco que se recuerda en medio siglo. Otros años por estas fechas al menos al menos el pasto permanecía húmedo, y algo de verde alfombraba el suelo. Ahora lo que no está helado está frito por la sequía.

-Me llegaron a decir las flores –continuó el pajarito- que si lo llegan a saber, no nacen.

Lo cual que al Duende se le ocurrió que a lo mejor habría que decorar el escenario, y, para alegrar el ambiente, traerse esas Meninas corpóreas diseñadas por Manolo Valdés que se ven en algunas tiendas muy finas de decoración. Qué majas esas meninas, tan atentas y delicadas en su actitud, como cuidando con atención al personaje que tenían al lado en el cuadro y que ahora les falta. Habría que traerlas e instalarlas junto al almendro acojonado.

-No se asuste, por favor –le dirían – aguante usted con sus flores. Vamos a hacer todo lo posible por traer una primavera algo más decente que la que impone la crisis.

El campo, eternamente sacrificado, la honradez de su mirada. Menos mal que al final siempre acaba lloviendo.

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