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A Dios muerto, diosecillos puestos

Por creer en algo, hasta creemos  que Jacko, Cristiano Ronaldo y José Tomás pueden sustituir a Dios

Por creer en algo, hasta creemos que Jacko, Cristiano Ronaldo y José Tomás pueden sustituir a Dios

Resulta que en estos días la tía Clota lo recordaba. Recordaba que Manuel Azaña, en 1931, había proclamado que España había dejado de ser católica. Y cómo ahora el estado español es laico y no confesional. Ella confiesa que siempre ha albergado sus dudas de fe, pero se queda pasmada del agnosticismo creciente que reflejan las encuestas en su país natal: no  le encaja con ese estallido de fervor popular que aún provocan ciertas manifestaciones religiosas. La Semana Santa en Sevilla, el salto de la reja en la ermita de la Virgen de Almonte, los penitentes que se cargan a un amigo a coscoletas y pisan las brasas en San Pedro de Manrique, por ejemplo.

-Qué distintos somos los españoles-puntualiza ante su siempre perplejo sobrino Homper-Aquí a las primeras de cambio cualquier político invoca el God bless America, pero la mayoría no haría esas cosas…

-No creas, tía. ¿Te suenan numeritos como los del Ku-Kux-Klan?…¿Y el éxito de los predicadores y de las iglesias alternativas?

-Hummm-rezonga la anciana.

Como todos los mayores, siempre quiere tener razón. En este caso se ha salido por la tangente y ha barajado a continuación  cuatro fenómenos de masas recientes que vio por la tele y que le dejaron literalmente estupefacta. 1, la Gran Vía de Madrid atestada de gente jaleando el Orgullo Gay. 2, concentración en la Plaza de Colón de fans de Michael Jackson para expresar su dolor -¡también en Madrid!- por la muerte del Rey del Pop. 3, el Estadio Bernabéu repleto de madrileños en éxtasis por la presentación de Cristiano Ronaldo: no jugó, sólo sonrió, tocó el balón y gritó ¡hala Madrid! 4, a tres mil euros en reventa las entradas para ver torear a José Tomás en Barcelona.

-O sea, sobrino-sentencia tía Clota-Que por una parte queremos matar a Dios. Pero por otra, hasta el más zafio se busca asideros para la trascendencia. Causas hermosas, personajes arrebatadores… Y a Dios muerto, diosecillos puestos.

Entonces recuerda Homper un ensayo de Bertrand Russel que leyó en su juventud: Por qué yo no soy cristiano. Aquel hombre tan lúcido le inoculó sus primeras dosis de escepticismo. Pero luego se unamunizó, y advirtió que él mismo también necesitaba pretextos de fe para encontrar respuestas a lo que no las tiene.

-Es pura comodidad, tía –se justifica Homper- Entre el Dios del Génesis y el “big ban”, casi me parece más lógico lo primero…Y además, así me evito creer en sucedáneos y el olor de multitudes que provocan cuando aparecen y desaparecen

Se ríe tía Clota por lo bajini. Y, antes de cerrar la conexión, lanza su última pulla.

-Oye, y a ese futbolista tan guapo y tan milagrero…¿no sería más políticamente correcto llamarle Agnóstico Ronaldo?

Zapatero se moja

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Parece mentira, pero todavía al día de hoy se registran silencios sobre cuestiones de palpitante actualidad mundial que el ciudadano responsable no acaba de entender.

Verán. Se explica que Obama esté metido de lleno en sanear la crisis de Estados Unidos o en endosar a Europa sus presos de Guantánamo. Bastantes marrones son para el inquilino de la Casa Blanca, caramba.

También se comprende que Ahmadineyad nos quiera convencer de la impecable lección de democracia que acaban ofrecerlos las urnas en Irán. Está en su papel.

Como bien subrayaba el inolvidable Manolo Summers, tó er mundo es güeno. De manera que los bien pensantes incluso encajarán de buen grado las excusas de Berlusconi sobre los guateques con sus lolitas en su villa de Cerdeña, o las de Gordon Brown por las chorizadillas de algunos miembros de su partido. Son lunares en la trayectoria de dos grande estadistas que necesitaban esas disculpas.

La opinión pública también acabará aceptando las de  Benedicto XVI, que ha pedido perdón por ciertos excesos inconfesables del clero en Irlanda. Como recordaba san Ignacio, errare humanum est, y hasta el más justo de los justos puede meter la pata o meter la mano donde no debe.

Esta  misma visión optimista del género humano acabará interpretando la fiebre nacionalizadora de Hugo Chávez o de Evo Morales como un ligero desvarío de sus políticas reivindicativas.  Que, aunque ellos dicen que son muy buenas para el pueblo a veces, por cierto, se pasan varios pueblos.

Todo el mundo no es sólo bueno, sino enormemente comprensivo con los grandes líderes mundiales. Pero lo cortés no quita lo valiente. Una cosa es que estén en sus problemas y defiendan sus intereses, y otra que hayan pasado olímpicamente sobre la gran cuestión que divide al pensamiento moderno. ¿Cómo es posible que hasta ahora Obama, Ahmadineyad, Berlusconi, Gordon Brown, Benedicto XVI, Hugo Chávez, Evo Morales y otros protagonistas de la actualidad no se hayan pronunciado sobre la procedencia o improcedencia del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid? Vamos, que es que no tienen perdón de Dios.

Porque velay las cosas, el que es líder carismático y planetario, el que de verdad sabe estar en su sitio, arreglar el mundo y prevenir y decir siempre lo que es oportuno, ya se ha mojado. Su conciencia ciudadana es superior a su pragmatismo político, y aún a riesgo de perder el voto de la churrera de mi barrio, que es merengona hasta las cachas, Zapatero ha declarado que la cuantía del fichaje de Cristiano Ronaldo no le parece bien. Podía haber dicho qué es una raya más para un tigre, a él que cien millones más o menos de gasto público ni le alteran la sonrisa. Pero aunque la pasta no la vayamos a pagar todos los contribuyentes, sino el Real Madrid, él no lo dice por el huevo, sino por el fuero. Y sugiere que la operación de Florentino Pérez es un desafuero que, además, cuesta un huevo. No como sus decisiones, todas justas y procedentes y que sólo arruinan al erario público.

Sobre el resultado de las últimas elecciones europeas, silencio. Sobre el aborto, pasando de puntillas. Sobre  el cierre de Garoña y el cinismo de nuestra política energética, nada de  nada. Sobre las últimas subidas de impuestos, larga cambiada. Sobre las nuevas alarmas del Banco de España, como si no fuera con nuestra economía. Aquí lo que importa es lo que se derrocha en el fútbol. Eso es sentido de la responsabilidad.

Y no como el del camarero que esta mañana me sirvió un café. No se lo van a creer: le pregunté cuánto era y  me cobró sin hacerme ni un solo comentario sobre el famoso fichaje. No se a dónde vamos a llegar con tanto pasotismo, ya les digo.

Meterse en jardines

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

-Mira que hay jardines bonitos donde meterse-decía la tía Clota sin levantar la vista del solitario- ¿Has visto el Parque del Capricho?…Debe de estar precioso…

-Teniendo en cuenta la cantidad de voluntarios para al vandalismo con los que cuenta la ciudad de Madrid-respondió Homper- hay que reconocer que los parques se mantienen razonablemente bien.

-Entonces…¿por qué los obispos y los políticos se meten en jardines peligrosos?-preguntaba la anciana- Parque de los Pederastas, Jardines de los Abortos, Parterre de las Tetas…¡Que santa Lucía les conserve la vista!…

Dice la tía Clota que no se imagina a Dios con el pecómetro en mano aclarándole a monseñor Cañizares si la pederastia es más o menos pecado que al aborto. Ni a Mayor Oreja leyendo al trasluz las pecografías del Instituto de protección de la Infancia.

-No creas-ironizó- Tampoco creo que la diosa Razón haya iluminado a Bibiana Aído cuando habló del permiso para ponerse tetas…Por cierto…¿ya ni siquiera los ministros dicen pechos?

-Ahora todo el mundo es más vulgar, tía. A los pechos es más moderno decirles tetas, y a los obispos y políticos imprudentes, les decimos simplemente  gilipollas.

-¡Pero Homper!-le reprochó la tía Clota mientras levantaba la vista del solitario.

Homper hizo faena de aliño, despidió a la tía y cerró  la sesión de Skype. Luego se quedó a solas con su mismidad y reconoció que había sido un desahogo. Como cuando de chavalín se refugiaba en el cuarto de baño, y decía frente al espejo esta letanía pecaminosa: caca, culo, coño, teta, pis.

Y se quedó perplejo al comprobar retroactivamente que, siendo tan sólo un niño, ya fue tan imprudente como esas personalidades públicas que innecesariamente se meten en jardines peligrosos…

La irresistible seducción de las cerezas

CerezasEl teólogo hacía tiempo que había archivado las grandes cuestiones de su disciplina. En realidad el argumento más sólido que al final de su carrera le convencía de la existencia de Dios era  muy liviano.

-Chico-le confesaba a un compañero de tertulia en el Ateneo mientras hacía anillos con el humo de su pipa- Yo lo tengo muy claro. Ni el Big Ban ni el evolucionismo podrán explicar jamás lo requetebuena que está Pepita, la estanquera. ¿Tú crees que una explosión, por mucho que se expanda,   puede convertirse en algo tan maravilloso?

Aunque nunca les contaría este argumento a sus alumnos, era el que más le convencía de la existencia de un Deus ex machina. Así que despejada la piedra angular de su credo, le gustaba andarse por las ramas  y aclarar otras dudas. Por ejemplo, no entendía cómo el árbol de la ciencia del bien y del mal del que habla el Génesis podría dar manzanas. Si respondía fielmente a su nombre, sus frutos deberían ser bondades y maldades. Pero no, sólo dio manzanas, o al menos una manzana. Vino la serpiente, se la ofreció a Eva, ésta la mordió y luego se armó la que se armó. Cuántos imprevistos nos había reservado el dichoso Dios.

Y no entendía, además, que la serpiente y Eva se fijaran en la manzana si en el Paraíso Terrenal, como es de imaginar, había cerezos. El teólogo ya se había maravillado cuando en el mes de abril se acercó al valle de los cerezos y los vio en flor. Pero ahora vivía uno de los momentos más gratos que puede ofrecer la naturaleza, que es el de coger las cerezas del árbol llevárselas a la boca y comerlas. Las cerezas. Tan bonitas, tan brillantes, tan jugosas, tan limpias, tan deliciosas. Y sin pedir cuchillo ni tenedor. Lo que se dice un placer.

-Es mi fruta favorita –pensó- Y no entiendo cómo Eva sucumbió a la manzana cuando incluso la más sabrosa es mucho menos tentadora que una cereza en sazón.

Le pareció tan convincente su teoría que olvidó preparar la clase del día siguiente  y se puso a llenar una cesta de cerezas. Se había pasado la vida escudriñando los grandes misterios de Dios y el amor divino y ahora, en la madurez, advertía que  había descuidado eso tan importante  que es el amor humano Así que terminó de llenar la cesta, se metió en el coche, puso rumbo a la ciudad y se presentó en el estanco de Pepita.

-Se que este numerito no es propio de un teólogo-dijo sin siquiera dar las buenas tardes-Pero vengo a ofrecer la mejor fruta de la creación a la mujer más hermosa que hay sobre la faz de la tierra.

Un señor que compraba Cohibas no daba crédito a  lo que veía y escuchaba. Pepita probó una cereza y le sonrió al teólogo de una manera muy especial. Éste suspiró feliz. Su fe no le daba la seguridad absoluta, pero muy probablemente la sonrisa de Pepita llevaba la misma malicia que propició el primer mordisco del Paraíso Terrenal.

Los guantes de Gilda y otras cosas superfluas

GildaPensaba que era cosa de la edad. De vez en cuando Homper sentía la necesidad de depurar todo lo superfluo de su vida. En sueños se le aparecía un espectro evanescente, pero con un mensaje claro: suelta lastre, hijo. Homper lo bautizó como el Ángel Minimalista. Aparecía ocasionalmente, quizás una vez al año, coincidiendo con la llegada al buzón del recibo del Impuesto sobre Circulación de Vehículos de Tracción Mecánica. Era entonces cuando recordaba que no cabía una sola cosa más en su vida, y tocaba depurar.

Esta vez, sin embargo, fue a impulsos  de la extravagante tía Clota.

-¿Sabes?…Ayer por la tarde nos deshicimos de nuestros guantes de Gilda. Vinieron a casa Edwina y Thelma, cada una con su par correspondiente. Tomamos un te opíparo, con sus sus scones y la tarta de nuez y zanahoria, que me sale tan rica…Después fuimos de paseo al lago, llenamos los guantes de piedrecitas pequeñas, nos acercamos al borde del pantalán y los arrojamos al agua…Debíamos haber llorado, pero sonreíamos. Nos cogimos las tres de la mano viendo cómo se hundían y sentíamos una paz maravillosa.

Homper imaginaba el cuadro y su perplejidad tradicional se quedaba en nada. Imaginaba que René Magritte rondaba por el lago, abocetaba los seis guantes negros hundiéndose como peces de plomo y pintaba un lienzo póstumo que batía records en Sothebys. También imaginaba que del cieno del fondo del lago, como una sirena rediviva, emergía Rita Hayworth y volvía a cantar Amado mío mientras contoneaba su cuerpo y se ponía, para quitárselos después voluptuosamente, los tres pares de guantes que habían desechado las tres ancianitas de Vermont.

No desechó Homper ni el aviso del Angel Minimalista ni la lección de la tía Clota y sus amigas. Abrió sus armarios, metió en una bolsa de viaje la máquina para hacer perritos calientes que jamás había utilizado, el juego de cacharros para la raclette que jamás utilizaría, porque todos sus amigos y amigas sólo se alimentaban ya de ensaladas y pescados a la plancha, dos novelas de Vizcaíno Casas, cuatro pares de gafas con dioptrías superadas, una metopa del Cuartel de Wad-Ras, donde prestó sus deberes militares, y seis insectos conservados en resina plástica que empezó a coleccionar con una de esas absurdas series de fascículos que anuncian por la tele.

Caminó por el parque, buscando el Punto Limpio donde, según las ordenanzas municipales, debía depositar tan heterogénea carga. Cuando estaba a punto de llegar, dejó la bolsa en el suelo y se llevó las manos a la cabeza.

-Vaya, me he olvidado del punto y coma.

El punto y coma era en su vida tan superfluo como lo anterior. Cuando aprendió a leer, aún se escribía con puntos y comas. Ahora, con estos vaivenes de de  la gramática y de la RAE y los dictados de la moda, que también mandan en la escritura, el punto y coma casi le estorbaba. Sin embargo las ordenanzas, que dicen dónde debemos depositar las pilas gastadas, los medicamentos caducados, el aceite frito y la máquina de perritos calientes, no ha pensando en  el cementerio del punto y coma. Y Homper se quedó perplejo de que Zapatero, ya que no nos saca de la crisis,  no nos resuelva al menos el problema de

los residuos ortográficos.

“La buena nueva” y el buen cine

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

No siempre las autonomías piden, de vez en cuando también dan, escuchó el Duende cuando entraba en el cine. Era el cine Doré, uno de esos locales que habitualmente se llaman bomboneras, convenientemente rehabilitado como sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional y sede de un mini festival de cine navarro que la Delegación del Gobierno de Navarra ha organizado en la capital. Buena idea. Hace unos meses le habían invitado a un concierto aniversario de Sarasate, y le sugirieron que dejara sus datos para mandarle información. Ahora le informan de sus ofertas culturales. Puesto que a las autonomías las pagamos todos, no está mal que de vez en cuando nos lleven al cine gratis.

Y allí vio el Duende La buena nueva, una película ya estrenada en circuitos comerciales y que para él fue un descubrimiento. Cuenta una historia de la guerra civil en un pequeño pueblo del norte de Navarra. Y es una sorpresa. No tanto por lo bien cosido que está el guión y el gusto y la delicadeza de su directora, Helena Taberna, como por la mirada parcialmente positiva que arroja sobre quien suele ser uno de los más malos en este tipo de películas, que es el clero.

Cierto es que no iluminó Dios a su Iglesia Católica cuando bendijo la guerra de Franco como Cruzada. Tan cierto como que la mayoría de las películas que recrean este cuadro histórico prefieren curas y obispos abyectos que eclesiásticos con corazoncito. Lo sorprendente de esta película es que muestre a un párroco sensible y que cree en el mensaje evangélico. De ahí el título, que puede inducir a error: no es un una película estrictamente religiosa, sino una historia costumbrista de amor y pasiones encontradas en un momento especialmente dramático de nuestra historia. Rodada en unos exteriores preciosos, es bonita y muy entretenida. No cuenta el Duende el final, porque merece la pena verse.

…Aunque incurra en un pequeño defecto que el Duende acusa en todas las películas españolas que vuelven la mirada atrás. Quizás es que vivió su niñez en otra España,  mucho más oscura, sucia y polvorienta.  Pero no la recuerda uno tan limpia y de tan vivos colores y finos diseños como los que lucen sus decorados, su vestuario y su atrezzo. Los cineastas  quizás buscan  el efecto estético, pero  no hay más que ver las fotos de la época y los cuadros José Gutiérrez Solana para darse cuenta de que la España negra no era sólo leyenda.

Las pensiones, entre Mafo y el Ratoncito Pérez

Frente al catastrofismo de Mafo, confiemos en en Ratoncito Pérez...

Frente al catastrofismo de Mafo, confiemos en en Ratoncito Pérez...

La tía Clota de vez en cuando filosofa. Dice, por ejemplo, que una de las ventajas de ser vieja es que cada día le quedan menos lavaplatos por poner y quitar. Le gustaría, eso sí, porque es muy pulcra para todas sus cosas, que la muerte le sorprendiera con esta maquinita vacía y la vajilla limpia y ordenada en su alacena.

-La civilización dio un gran paso cuando inventó el lavaplatos-le cuenta al perplejo Homper-Pero si hay cosas por las que detesto la idea de vivir eternamente es porque no soportaría estar humillándome todos los días delante  de él…Hay que vivir lo justo, sobrino.

El reproche le sienta bastante mal a Homper, que ya es un hombre mayor y, para más inri, un paria llamado autónomo. Desde que el señor gobernador del Banco España- de quien tiene buena opinión- ha provocado el debate sobre la salud de la  Seguridad Social, vive sin vivir en él.  El futuro que él presumía dorado se va llenando de nubarrones oscuros. Ya no sabe si tendrá que trabajar más años o si la pensión de jubilación  largamente acariciada  se le va a jibarizar para no comprometer los subsidios de tanto parado.

-No te procupes-le tranquiliza la tía- Aquí vive profesor de Ética que me asegura que algún día la gente será tan responsable que no habrá prejubilaciones escandalosas ni gente que rechace un trabajo, por mal pagado que esté, para apuntarse al paro…Entretanto apúntate al optimismo oficial, y el que venga detrás que arree.

El paro creciente, la base de pirámide de los cotizantes menguante, España cada día más longeva y la bolsa de pensiones, pese a todo, asegurada por  el Pacto de Toledo y por una ley. Como si la ley pudiera inventar lo que no hay. Homper piensa si el mentor de la tía Clota no habrá olvidado que el catón del sistema de pensiones es sembrar muchos años para recoger los frutos después. Y  plantea si este gobierno de la Arcadia feliz no estará haciendo con las pensiones públicas la política del avestruz.

-¿Por lo de meter la cabeza bajo el ala y no querer ver lo que se le viene encima?…Más o menos como todos. Eso es lo malo de tener que ser elegido cada cuatro años…Pero eso sí -puntualiza la tía Clota- Al pueblo, ni molestarle con una mala noticia, no sea que se vaya a pensar su voto.

Y al pobre Mafo, que de números sabe y al fin y al cabo es de los suyos, arreándole estopa por tirar de calculadora y pasarse de sincero. Una vez más, hay que matar al mensajero.

-Deberían de haber aprovechado la última crisis de gobierno -ironiza Homper-  para crear el Ministerio del Ratoncito Pérez de las Pensiones.

-No es mala idea-sentencia la tía Clota- Porque para no creer en Dios…hay que ver lo ciegamente que confía Zapatero en los milagros.

Recuerdos de otras semanas santas

Mirar hacia dentro, pensar, acordarse de los que sufren, valorar lo que se tiene, vivir con algo más  que el amor a uno mismo. Qué tragedia el seísmo en Italia. El Duende acusa la edad, y con ella la responsabilidad. Le da una cierta vergüenza escribir por escribir y no mencionar siquiera la tragedia. Pero de vez en cuando se retira del mundanal ruido e intenta conectar con la edad de la inocencia, cuando la Semana Santa era morada, obligadamente triste, sin imágenes en las iglesias, que se velaban hasta el Sábado de Gloria muda desde el momento en que el viernes, a las tres de la tarde, volvía a morir Jesucristo.

Recuerda uno que la hora trágica siempre le pillaba en el campo, normalmente en el estallido de la primavera. La habían llamado la atención, niño,  no cantes, que ya se ha muerto Jesús. Y en ese momento un jilguero lanzaba un trino de virtuoso.

-¿Y los pájaros?  ¿Ellos pueden cantar?

Los jilgueros iban por libres. De repente, por aquello de los pesticidas se supone, se dejaron de ver por estos campos. Pero ayer revoloteaba uno alrededor del Duende y con él volvieron recuerdos de entonces. También sonaban las carracas, ¿qué fue de ellas? Y se rezaban las estaciones. Imagínense la interpretación de los niños de la España laica.

-Pues mi padres van a la estación de Atocha y rezan.

-Pues los míos rezan en Santa Justa.

-Pues mi abuela reza en Antón Martín, que es una estación de metro y está más cerca.

Pero en Semana Santa, como en cualquier época del año, también podías caer malo y pasar las vacaciones sin salir de casa. Qué panorama. Te metían en la cama, o en el sofá a las faldas de la camilla con brasero, y por todo entretenimiento te daban un libro o una revista.

-Anda, niño, mira los santos.

¿Los santos?…Nadie se lo explicó al Duende, pero él supone que la expresión viene de que los primeros libros que se ilustraron eran las Sagradas Escrituras y los de contenido religioso. O los que escribían ellos (¿los famosos Beatos?) o los que trataban vidas de santos. Se empezaron a ilustrar toda clase de libros. Pero en el lenguaje popular los santos quedaron como símbolo de cualquier ilustración. Podía ser un conejo, un monte, un coche de bomberos, Tom Sawyer o Roy Rogers: todos eran santos.

Como ahora, que todos somos santos. Según la doctrina oficial, Rousseau dixit, todos somos buenos. Ya no necesitamos Semana Santa más que para las vacaciones y para el folklore. La especie humana es tan sacrosanta que podemos quedarnos con la fiesta y olvidarnos de todo lo demás.

Dolores y sabores de un lunes santo

decenas-muertos-terremoto-centro-italiaLas cumbres  económicas como las del G-20 acumulan asuntos trascendentes, pero a veces uno se queda prendido de los detalles. A la tía Clota le apasionaba la cara de nuestro presidente Zapatero cuando posaba en las fotos

 -Da la sensación de que no sabe por qué hay que sonreír, pero aunque le ponen en segunda fila. se porta como un chico bueno, y está encantado. Hace bien, porque así le van a invitar siempre, es tan correcto…

A una anciana como ella esos detalles le impresionan mucho.  La tía Clota también había visto por la tele a Silvio Berlusconi  hablando por teléfono mientras Angela Merkel le esperaba al pie del puente sobre el Rhin y esa descortesía le pareció que era impresentable.

-Un caballero no debe hacer esperar a una dama. Pero este hombre no tiene arreglo, te lo digo yo.

La tía Clota estaba sólo subrayaba lo evidente. Aunque no quiso hacer más leña del tema, porque a continuación saltó el asunto de la crisis de gobierno y, tras él, el del terremoto en los  Abruzzos, que a esa ahora ya arrojaba un saldo de veintisiete víctimas mortales.

-Un espanto. Y ahí mismo, que esta vez no es en China ni en los Andes. Ya verás cómo en España lo vais a sentir más, sobrino.

Homper, cómo no, se quedó perplejo. ¿Qué quería decir lo sentiréis más? Y la tía Clota recurrió a un autor teatral ya casi olvidado, Alejandro Casona, que ella recordaba de su juventud. En una de sus obras planteaba el dilema moral de un hombre al que le ofrecen el triunfo a cambio de permitir la muerte de un ser humano al que no conoce. Un pobre infeliz de un país remoto que, bien mirado, quién sabe se moriría igualmente por una vulgar malaria o uno de tantos monzones asesinos. El hombre mira a otra parte y acepta el trato.

-Ojos que no ven, corazón que no siente, Hom. Si el terremoto ha sacudido a Italia, lo mismo podía haber pasado en España, que está tan cerca…Y eso duele más, ¿verdad?…

A Homper la crudeza en el análisis de la  siempre dulce tía Clota le extrañaba.

-No te escandalices, hijo- advirtió la anciana- En todas partes cuecen habas. Como nos pasa aquí cuando uno de esos chiflados se sube a la ventana de un edificio público y empieza a matar transeúntes. Cualquier día de nuestras guerras en Oriente produce más muertos, pero como están lejos y no los vemos…

Por salir del paso, Homper le preguntó a la tía si le habían llegado los tirabuzones de Fuencisla, que le llamó para pedirle sus señas. La tía Clota dijo que sí. La Fuencisla era una vecina de su pueblo. Sabía que a ella le encantaban esos dulces de masa frita tan típicos de Semana Santa. Y en ese regusto de la conversación se aliviaron los remordimientos de un lunes  que, a pesar de estar tan próximo al Calvario, quizás no llevaría al dolor de no ser por los caprichos de un terremoto cercano.

La fe del futbolista

Aunque lo que la Moreneta lleva en su mano derecha puede ser interpretado como una pelota, no está probado que juege al fútbol mejor que otras vírgenes...

Aunque lo que la Moreneta lleva en su mano derecha puede ser interpretado como una pelota, no está probado que juege al fútbol mejor que otras vírgenes...

El inolvidable Eugenio contaba un chiste que tiene mucho de moral práctica para los desesperados. Un montañero pierde pie y se precipita al abismo. Rápido de reflejos, se agarra a un matojo y queda colgando con el vacío a sus pies.

-¿Hay alguien ahí?-pregunta desesperado.

Sólo el eco le responde: ahí-í-í-í…

-¿Hay alguien ahí? -insiste.

Una voz  grave y profunda que parece venir del cielo le responde esta vez.

-Tranquilo, hijo, te he escuchado y no temas. Te mandaré una legión de ángeles y el propio aire producido por el batir de sus alas  te elevará a las alturas y podrás recuperar pie.

Se hace un silencio. Hasta que el que el montañero en apuros lo rompe con una pregunta reveladora.

-Ya…¿Hay alguien más-más-más-más?…

Cuando pintan bastos todos esperamos una ayuda extraordinaria. Y los equipos de fútbol que  no cuentan con un mesías como Florentino Pérez para su salvación acuden a la fe. Al Madrid, que es rico, no le hace falta peregrinar a la Virgen de la Almudena y pedir milagros. Bajará del cielo el ser superior que decía Butragueño y traerá de la mano a Kaká, a Cristiano Ronaldo, a Xavi Alonso, a Villa, a Venger y a quien haga falta para superar los males del club merengue. Y no fichará a Scarlett Johanson como azafata del palco porque aún no se le ha puesto en las narices.

Pero donde no hay harina, como dice el refrán, todo es mohina. Si saltamos del segundo puesto de la clasificación del Campeonato de Liga al último, vemos a un equipo al borde de la Segunda División cuyo entrenador tiene que echar mano de la fe. Esta semana, el bravo de Pochettino se hizo los doce kilómetros de ascensión a Montserrat en una hora y cuarenta y cinco minutos- lo que demuestra que aún está en plena forma- para implorar a la virgen patrona de Cataluña la salvación del Español que entrena. Lo que no arregla la plantilla periquita, que lo arregle la Moreneta, que es tan bonita.

Confiesa el cronista que estos testimonios de fe en un mundo tan prosaico como el del fútbol le producen admiración y ternura. Es frecuente ver a jugadores que miran al cielo cuando escuchan su himno antes del partido, o que se santiguan  al salir al campo y besan su medalla cuando meten un gol. Más elocuentes son los de religión musulmana, como Kanuté, que  a menudo orientan sus ojos a La Meca y abren sus manos en actitud de oración sin dejarse impresionar por un estadio que ruge. Pero lo malo en este caso es que casi todos los equipos en peligro de descenso tienen su virgen patrona. La Moreneta hará todo lo posible por salvar al Español, pero tendrá que vérselas con la Virgen del Espino, patrona de Soria,  que velará por el Numancia, con la del Camino, patrona de Pamplona que tirará a favor de Osasuna, con la de los Reyes, a la que se encomendará el Betis, con la Inmaculada, patrona de Huelva, que tratará de echarle una mano al Recreativo, y hasta con la Virgen de Begoña, que es la del Athletic de Bilbao. Todos los aficionados conocen estos equipos. Nadie sabe sin embargo cuál de las vírgenes juega mejor al fútbol y podrá finalmente eludir el descenso.

Por eso, y como en el chiste de Eugenio, es recomendable sustentar la fe en algo sólido: a Dios rogando y con el mazo dando. El Español cae simpático, ha sido capaz de ganar al mejor Barça de la historia en su campo y cuenta con futbolistas maravillosos como Tamudo y de la Peña a los que dolería ver en Segunda. Sin embargo lo seguro es que, además de suerte, le ha faltado alguien en los despachos o en el campo que hiciera mejor su trabajo. Pochettino quizá hubiera subido igualmente a Montserrat, pero no es lo mismo caminar por devoción o amor al deporte que hacerlo con la soga al cuello.

La infalibilidad del Papa y la de Zapatero

papa02Admite Homper en su natural escepticismo que una de las cosas que le dejan más perplejo es  la infalibilidad del Papa. Sus compañeros de la tertulia ateneísta se toman a chacota tema, y lo entiende, porque son una partida de ateazos convictos. Pero él, que tiene sus respetables dudas, no lleva bien que Roma quiera  sacar el látigo y echar del templo de la fe oficial a los que no aceptan todo lo que manda el santo padre.

-Soy un funambulista de la fe- dijo la última vez que se confesó, treinta años atrás- Creo que avanzo por un cable en el que se me bambolean la razón y las creencias, pero por debajo de mis pies sólo veo el abismo de la nada.

La verdad es que Homper nunca erradicó del todo la fe que le enseñaron. Lo cual no quita para que, como muchos otros posibilistas, reflexione, cribe y luego seleccione. No le gusta por tanto que ahora le anatematicen por revisar su antigua fe del carbonero. Para consolarle, laa tía Clota, mucho más pragmática, no deja de recordarle que aunque Cristo fuera divino, la Iglesia de Roma es una organización humana

-Ya me impresionó ver por la tele a Benedicto XVI aquella vez que compareció vestido de Caperucita-le comentaba en su conversación de ayer- Y pensaba que cómo no se iba equivocar, si al fin y al cabo Ratzinger es alemán, y los alemanes han dejado de ser infalibles hasta en el fútbol….Así que ahora he asimilado el dogma de la falibilidad del Papa. Puede que sea infalible cuando habla ex cátedra -añadió- Pero hijo, la última vez hablaba ex Africa, donde creo que puede condenar el aborto , pero no el el preservativo…¿No crees que la Iglesia necesita una perestroika?

Argumentó Homper que para rectificar y cambiar, hay que saber mirarse en el espejo y ver los propios defectos, algo a lo que tan reacios somos los humanos.

-Fíjate en Zapatero y su gobierno, tía. Hasta el más lerdo sabe que han metido la pata anunciando tan mal la retirada de las tropas españolas de Kosovo. Pero ellos, erre que erre, insisten en que han obrado correctamente. ¿Ves? Nos metemos con la infalibilidad del Papa y ahora hemos de tragar con la de Zapatero.

-Es que ese no falla, hijo -corrigió la tía Clota- Sólo ha sido consecuente consigo mismo. Alguien le definió como el hombre que tiene un problema para cada solución. Y esta vez que, gracias a Obama, parecía salvada su torpeza diplomática, la ha vuelto a ca…, quiero decir, a estropear.

Se frenó a tiempo, porque sigue siendo educada. Pero Homper esta vez no se quedó perplejo por la reacción de su anciana tía Clota. Ella también estaba de acuerdo en que el infalible Zapatero la ha vuelto, con perdón, a cagar.

La arpía insaciable

Ojo. Hay en casi todas las oficinas arpías o vampiresas disfrazadas de impresoras...

Ojo. Hay en casi todas las oficinas arpías o vampiresas disfrazadas de impresoras...

Venancio, al que sus amigos llamaban Buenancio, era un mediano empresario, amaba su familia, quería sacar adelante su negocio, no tener problemas con los sindicatos y estar a bien con Dios.

-Padre -le preguntaba a su director espiritual- ¿No hay ninguna bienaventuranza para los que creamos puestos de trabajo? ¿No veremos también nosotros a Dios?

-No seas tan primitivo, hijo. Cristo no podía estar en todo.

-¿Y san Pablo?-insistía Buenancio- En lugar de a los Corintios o a los Colosenses…¿no podía haber escrito una miserable epístola a los empresarios que tan mal lo pasamos en tiempos de crisis?

-Acuérdate del Evangelio de Mateo- le consolaba el pater- Mirad los pájaros del cielo. No siembran, ni cosechan, ni acumulan en graneros. Y, sin embargo, el Padre que está en los cielos los alimenta. ¿No valéis acaso más que ellos?

Mientras la divina Providencia hacía lo que aquí pensamos que es función del gobierno, Buenancio seguía trabajando sin más concesiones a la debilidad que poner sus ojos de vez en cuando en Loli. Loli había sido su secretaria en los años más duros de la empresa. Cuando ésta creció, Loli ascendió y se hizo cargo de la dirección administrativa. Buenancio, que siempre la había mirado con cierto paternalismo, la veía ahora como una mujer solvente, eficaz y, por añadidura guapa. Acaso debería de haber tenido en cuenta esta escala de valores, porque la sensibilidad social había cambiado y la autoestima de la mujer también. Pero él era un tipo clásico, y una mañana en la que la crisis había hecho especial mella en su ánimo, tuvo un rasgo de debilidad imperdonable.

-Buenos días, Loli-dijo cuando le vio entrar apresuradamente en el ascensor- Está usted muy guapa esta mañana.

Loli, que desde que se alejó de Buenancio era miembro (o miembra) activa del FIAT (Féminas por la Igualdad  Absoluta en el Trabajo) le devolvió los buenos días con una mirada furibunda. Buenancio se dio cuenta de su metedura de pata. Era el Día de la Mujer Trabajadora, y debía haber halagado a su subordinada de otra forma.

-Perdón, Loli-rectificó-Quise decir que, primero, es usted, ante todo, igual ante la ley que todos sus compañeros. En segundo lugar, más preparada y eficaz que la mayoría de éstos. Y, por añadidura, y no vea en ello nada malo, una mujer hermosa.

Demasiado tarde. Aquélla noche Buenancio soñó que, mientras dormía, una arpía hacía presa en su cuerpo, bebía su sangre y le vaciaba las entrañas. Despertó sudoroso y convulso. Durante todo el día siguiente estuvo dando vueltas a la cabeza buscando el significado del sueño. ¿Era el fantasma de Bibiana Aído, que se cebaba en su inocencia, el  presagio de una inspección laboral o la metáfora de la crisis que le devoraba?

Llegó a la oficina y su secretaria Gertrudis, solvente, pero fea, le sacó de dudas.

-Otro golpe de la puta impresora, Venancio -le dijo en un tono no precisamente respetuoso- Esta vez se han acabado los cartuchos de cyan y de magenta al mismo tiempo, y me debes veinticuatro euros…Qué manera de chupar…tinta, naturalmente.

Notó cierto retintín en las últimas palabras de su secretaria, pero se quedó tranquilo. Al fin y al cabo, la culpa de su angustia era sólo la codicia de la multinacional japonesa que le vendió una impresora insaciable.

Los buenos, los malos y los chorizos

¿Habrá tiempo en el Juicio Final para juzgar a tanto chorizo?...

¿Habrá tiempo en el Juicio Final para juzgar a tanto chorizo?...(El Juicio Final, de HANS MEMLING))

-¿Verdad que Moisés era bueno del todo?-le preguntó tía Clota.

Y Homper volvió a quedarse perplejo.

-No Charlton Heston, que por mucho que se empeñe Michael Moore fue un Moisés magnífico -subrayó la anciana tía- Sino Moisés el fetén, el de las Tablas de la Ley de Dios, el de la Tierra de Promisión, el que separó las aguas del Mar Rojo

En tiempos, la tía Clota había elaborado una lista de inatacables. Clark Gable, Gary Cooper, Albert Einstein y John F.Kennedy, por ejemplo, eran inatacables. Hasta que se enteró de que a Rhet Butler le olía el aliento en el famoso  beso a Escarlata O´Hara de Lo que el viento se llevó, porque los héroes apolíneos también padecen infecciones bucales. Se terminó de caer del guindo cuando supo que Einstein maltrataba a las mujeres, y que Gary Cooper y Kennedy , aunque eran católicos, golfearon con las las chicas más de la cuenta.

-Pero ahora ya no hay buenos ni malos- se quejaba tía Clota- ¡Con lo útil que es eso que  llaman maniqueísmo!…

Según dedujo Homper de la conversación con su anciana tía Clota, la merienda del día anterior con sus amigas fue demoledora. Edwina estaba escandalizada de que a Obama, sin ir más lejos, le hayan salido rana  algunos altos cargos tan pronto.

-¡Y encima sus hermanastros negritos pidiendo trescientos dólares por dar entrevistas! -se lamentaba Clota- ¿A dónde vamos a llegar, sobrino?…

Thelma por su parte lloraba porque del as del béisbol Alex Rodríguez, un ídolo en su familia, se conozca ahora que ha venido tomando anabolizantes. Y la tía Clota había puesto encima del tapete la última puñaladita que la hipocresía humana ha clavado en su limpio corazón.

-¡Qué chasco, Hom!-decía mesándose los cabellos ante la cámara de Skype- Tener que explicar a mis amigas que en la España de derechas también hay red sausages…

Añadió que, afortunadamente, lo de aclarar que en España se llama chorizo al granuja que afana el dinero público marcó una deriva amable en la tertulia de la merienda. Pero también dejó caer que a ella nadie le libraba de la vergüenza de los sepulcros blanqueados que nos rodean.

-¡Pensar que al pobre Oscar, que en paz descanse,  dejé de hablarle un mes porque me confesó que un día le dio un azotito a una camarera!…

La tía Clota añadió que no puede vivir en un mundo donde nada es blanco ni negro, y todo es relativismo. Se extendió en diatribas morales contra la moral acomodaticia. Y concluyó que si fuera reina absoluta , implantaría por decreto el Maniqueísmo, admitiendo, como mucho, cuatro categorías. 1.Buenos absolutos. 2.Buenos con matices. 3. Malos absolutos. 4. Malos con matices.

Homper se rió de la ocurrencia de la tía.

-No seas tan generosa, tía-ironizó entre carcajadas.

Y le contó que su amigo Carlos Loring, un abogado tan listo como mordaz, dividía a los sospechosos en sólo tres categorías. 1. Hideputas natos: los que tienen mala suerte con la madre. 2. Hideputas sobrevenidos: los que se ganan el adjetivo por su ejecutoria. 3. Hideputas esféricos: aquéllos que, se les mire por donde se les miro, son  hideputas.

La tía Clota se quedó llorando, no se sabe si de risa o de pena. Y antes de cerrar su conversación le dijo a Homper que esperaba que en este tó el mundo es malo que de repente sucede al tó el mundo es güeno, al menos Moisés, Gandhi y la madre Teresa de Calcuta, queden libres de toda sospecha.

Una coincidencia con Dalí (2)

Borramos a Dios y seguro que hablarán de nosotros...

Borramos a Dios y seguro que hablarán de nosotros...

Al pobre Duende se le cortó la respiración al comprobar lo que pierden las leyendas en las distancias cortas.

Dalí ya era una caricatura de la propia caricatura exitosa que había sido siempre. Además de sus famosos bigotes engominados y una melena rala, lucía una especie de batín de terciopelo adamascado de color morado, un colorista pantalón de seda, unas babuchas, un bastón y, a modo de compañía,  un travelo horroroso  que respondía con nombre de mujer.

Le presentaron el Duende a Dalí sin que el nombre de aquel joven apocado le dijera nada. El Duende se sonrió. Recordaba el telegrama que, firmado por el presunto genio desde Barcelona, le había mandado el 15 de diciembre de 1951 a su padre, Luis Figuerola-Ferretti  Pena, a la sazón crítico de arte, que sin duda le había defendido en alguna de sus polémicas exhibiciones. El telegrama decía así: ANTE INICUA CAMPAÑA PRENSA IGNORANTE CON RAQUITISMO MENTAL TAN INCAPAZ DE COMPRENDER TUS SUTILEZAS TECTÓNICAS COMO MI MISTICISMO SURREALISTA TE ENVÍO CON UN ABRAZO UN MENSAJE MUNDIAL DE ADHESIÓN Y AMISTAD INVITÁNDOTE  A GRITAR CONMIGO ¡VIVA FIGUERAS!

En su disparatado estilo, le faltó añadir un si sale con barbas, san Antón, y si no, la Purísima Concepción, o algo por el estilo.

Porque Dalí estaba, o hacía creer que lo estaba, como una cabra. En medio de sus infinitas boutades la de que hablen de uno, aunque sea bien no es la más disparatada. Y si no, miren la que entre creyentes, agnósticos, ateos o mediopensionistas hemos armado por un anuncio en los autobuses municipales en el que nunca hubiéramos reparado si no hubiera sido por el eco que le han prestado los medios.

¿Probablemente no existe Dios?…¿Existe y está contigo?…No se entiende cómo han entrado al trapo Rouco y los creyentes. Algo tan íntimo, tan subjetivo, tan poco manipulable como son las creencias…¿queda afectado por lo que diga un anuncio?

Sólo se buscaba el ruido de un autobús. Y probablemente ni hubiéramos hablado de ello si no es por la ingenuidad de los que hacemos el eco a los pícaros que, como Dalí en su rollo, tanto partido sacan del escándalo.

La Conversión de san Pablo y otros esnobismos de familia

Como san Pablo, acabaremos cayendo del caballo y reconociendo que, en el fondo, somos unos esnobs...

Como san Pablo, acabaremos cayendo del caballo y reconociendo que, en el fondo, somos unos esnobs...

Nadie sabe por qué aquella familia sin pretensiones conservaba algunas tradiciones que hacían presumir lo contrario.

El abuelo Pablo tenía en sus rasgos  una notable elegancia natural, pero ese era el único detalle que le asimilaba con la nobleza. Como primogénito de la casa  era el sucesor del marquesado al que, nadie sabe por qué meritos, era acreedor su apellido. Pero el abuelo pasaba. De hecho no movió un dedo por eso, ni aún cuando su hermano Manuel -diplomático y, por ende, más propicio a las pompas y vanidades- lo rehabilitó a su nombre sin decirle esta boca es mía y con algún presumible tejemaneje en el Ministerio de Gracia y Justicia. El tío Manolo, por cierto, aprovechó  la pusilanimidad de su hermano para arramblar de paso con los pocos cuadros buenos de la familia, lo cual no le impidió figurar en el Espasa Calpe de la época -el de los cien tomos, no la versión reducida- con una hoja de servicios relevantes en Asuntos Exteriores y una foto de uniforme más propio de archiduque austrohúngaro que de pícaro con estudios, que es lo que era. No es oro todo lo que reluce.

El señor marqués se casó con una rica de la isla de Cuba, donde fue embajador, y él mismo cuidó su fortuna con tanto cariño como el que escatimó a su familia. Cuando engrosó las filas de los más ricos del cementerio no dejó una huella precisamente profunda en los que llevamos su apellido.

Entretanto el abuelo Pablo consumía su vejez con una precariedad de medios que no le impidió conservar, hasta el final, la dignidad del hombre sencillo. Siempre encorbatado -mantenía que la corbata no era ningún símbolo, sino una pequeña bufanda que prevenía los enfriamientos de garganta- era feliz paseando, nadando en verano,  declamando a Rubén Darío y leyendo novelas policíacas en su butaca reclinable. mientras  fumaba su pipa con el orgulloso gesto de un general después de haber vencido en la batalla. El hombre sólo supo ganar lo suficiente para sobrevivir y educar a sus hijos. Que se sepa, nunca tuvo una casa de su propiedad. Cuando un cinco de enero el Duende le preguntó qué deseaba que le dejaran los Reyes Magos su respuesta fue tan desconcertante para un niño como elocuente para cualquiera que sepa de la vida.

-Sólo quiero que me dejen en paz.

Y sin embargo, no celebraba su santo el día de san Pedro y san Pablo, como hubiera sido lo habitual. Sino tal día como hoy, 25 de enero, que es la Conversión de san Pablo. De la misma manera que los luises de la familia tampoco éramos del 20 de junio, san Luis Gonzaga. Sino del 25 de agosto, san Luis de los Franceses, que además de santo fue rey. O sea, marcando diferencias con la mayoría.

Qué contradicción en una familia de tan baratas ínfulas. Debe de ser que aquí, como en el caso del tío Manolo, también las apariencias engañan.  Cuándo caerán del caballo, como san Pablo, y reconocerán su esnobismo. ¿O es que no han caído en la cuenta de que en realidad  el abuelo Pablo estaba convencido de ser Rothschild y  su nieto, el Duende,  más importante que Puck?

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