
(Foto de Max Sparber)
Los periódicos del pasado 14 de mayo hacían coincidir dos noticias llamativas. Por una parte, una afirmación de la Iglesia de Roma con algunas repercusiones en su doctrina oficial. Y, por otra, unas revelaciones de Albert Einstein sobre la religión de las que hasta ahora no se sabía nada. Más picadillo para la empanda mental que en materia religiosa siempre se está cocinando el Duende.
La fuente en el primer caso es el astrónomo del Vaticano. Este jesuita, un argentino llamado José Gabriel Funes, parece tener más predicamento que el referido específicamente a su ciencia. Escudriñando el cielo con su preclaro telescopio, ha llegado a la conclusión de que se puede creer al mismo tiempo en Dios y en los extraterrestres. La afirmación ha llenado de gozo a gran parte de la grey católica militante en la zona gris de la fe, o sea, la fe fetén ma non troppo. Este tipo de creyentes vivía francamente atormentada por la obligación de creer que E.T. era menos criatura divina que canallas como los que integran junta militar de Birmania o pájaros como el jefe de la policía local de Coslada. No podía admitirse tanto contradios.
Pero claro, cualquier reforma en la doctrina viste un santo para desnudar a otra. A un creyente a machamartillo, como los que tanto le gustan al padre Bonete, le asaltan ahora dudas que nunca tuvo. ¿En cuál de los siete días que relata el Génesis creó Dios a los extraterrestres? Otrosi, si la oración del credo habla del Dios creador del cielo y de la tierra, en ella no caben estas extrañas criaturas, que tampoco estaban censados en el arca de Noé. Por otra parte, si es cierto que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, ¿a semejanza de quién se le ocurrieron los extraterrestres?. Más dudas: cuando el astrónomo da carta naturaleza a los extraterrestres es porque, en buena lógica, tiene prueba de ello. Y si éstos se han manifestado es en razón de su inteligencia superior, puesto que el hombre no ha sido capaz de hacerlo sino en la Luna y en Marte, donde no hay bicho viviente. ¿Quién es ese Superdios que pilota a los extraterrestres? Jesús, qué lío.
Al mismo tiempo, se desvela ahora que el gran cerebro del siglo XX creía que Dios y la religión no son más que una expresión de la debilidad humana. Y que la Biblia es una colección honorable, pero primitiva (sic) de leyendas infantiles. Lo anota así en una carta enviada al filósofo Eric Gutkind el 3 de enero de 1954, y publicada esta misma semana por el diario The Guardian. Tal como se reproduce, parece que las afirmaciones del sabio alemán lo son para escándalo de los creyentes. Al Duende, que está lleno de buenas intenciones, pero que sólo cree que cree, no le escandalizan nada, y le parecen bien traídas. El encaje entre las grandes verdades de las religiones y las aún más enormes y sangrantes contradicciones que uno ve en este mundo son tan difíciles de racionalizar como el ratón Pérez o los Reyes Magos.
Claro que Dios es muy superior a estos cuentos, y presenta mejor hoja de servicios. Pero hay que reconocer que, para ser tan bueno y tan sabio, a menudo se expresa bastante mal.




Pasado el tiempo de jolgorios, el Duende se adentra hoy en teologías delicadas. Para empezar ha llegado a la conclusión de que uno de los grandes inconvenientes de ser Dios es que hay acreditar sabiduría absoluta. No es moco de pavo.








Comentarios recientes