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Georgi Dann ataca de nuevo

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Hacía tiempo que Homper no hablaba con la tía Clota. Dice que está muy mayor, y que últimamente está entregada a un gurú indio que alivia su vejez con  meditaciones tántricas e ingestas de té verde. Por eso le extrañó su llamada desde su lejana casita en Nueva Inglaterra.

-Abre el ordenador y pon en marcha el Skype ese, que tenemos que hablar de España-le dijo en un tono airado.

Noventa y dos años la contemplan. Homper creía que había ingresado en una residencia, tal y como le anunció que pensaba hacer en una de sus últimas conversaciones. Pero la anciana tía exilada a última hora cambió de opinión. Había decidido contratar a una cuidadora negra a la que llamaba Mami, como la sirvienta de Escarlata O´Hara  en Lo que el viento se llevó, y morir en casa si le llegaba la hora.

Pero antes quería pasar su último verano en su patria natal.

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La tía Clota era de nacionalidad estadounidense, pero nunca olvidó su pueblo, ni el solar donde vivió tantos años. Jamás había dejado de interesarse por lo que consideraba “ese adorable país de mis mayores que tanto se complica la vida”. Además, como tantas señoras mayores, estaba enamorada de Nadal.  Seguía enterándose de lo que pasaba en España escuchando la radio o leyendo algunos periódicos en Internet, porque la ancianidad no había podido con su modernidad.

¿Qué mosca le habrá picado?-pensó Homper.

Y como nunca le había decepcionado con sus comentarios, dedujo que esta semana había dos sucesos que sin duda requerían su comentario.

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Se lo imaginaba. Punto uno: ¿por qué se ponen tan estupendos los españoles poniendo en tela de juicio si era procedente liquidar a Bin Laden? Punto dos: ¿por qué se dejan colar esa trampa de Bildu?

-Nunca dejaréis de complicaros la vida, sobrino-dijo la anciana- Aquí hasta los más progresistas de los norteamericanos pensamos que con las cosas de comer no se juega.

Pero era el verano, quizás su último verano, lo que le inquietaba. Y la verdad es que no estaba precisamente tranquila con lo que escuchaba. Porque desde hacía unos días, entre las noticias de España, escuchaba insistentemente una horrible canción que se llamaba  El veranito, y que cantaba  una voz que le resultaba familiar.

-¿Cómo se llama ese….?-preguntó a su sobrino- Parece que fue ayer: bailemos el bimbó, bimbó…

-Georgi Dann, tía.

-Pues tengo pesadillas, sobrino.

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Dijo que soñaba que en todos los hoteles y las playas de España donde ella pensaba ir se le aparecía un hortera con camisa de flores  y unas cuantas gogó girls  que, con una coreografía siniestra,  coreaban Mami, qué será lo que tiene el negro, La barbacoa, El bimbó y la espantosa cancioncilla publicitaria El veranito, que quiere poner de moda Viajes el Corte Inglés. Veía que el que el chófer del autobús que le llevaba del aeropuerto al hotel era Georgi Dann, y que el que le extendía la hamaca era Georgi Dann, y que el camarero que le servía el desayuno era Georgi Dann, y que el guía del museo era Georgi Dann, y que el que le vendía el souvenir del toro de cerámica  tipo Gaudí  también era Georgi Dann. Y que, por extensión, el Rey, y Zapatero, y los ministros, y hasta el presidente del Tribunal Supremo, y el director de la RAE, y el presidente de la Conferencia Episcopal, todos eran un Georgi Dann onmnipresente e invasor que había lobotomizado a España.

Y se quiso morir antes del veranito.

-¿Tanto progreso para esto, sobrino?-dejó en el aire con gesto crispado la anciana antes de cerrar la conexión.

Homper se quedó estupefacto, como correspondía al Hombre Perplejo por excelencia. Qué salidas, las de la tía Clota. Lo pensó mientras se rascaba la barbilla. Y al final tuvo que admitir que quizás tía Clota tenía mucha razón.

 

Meditando un lunes santo

Todo son preguntas. Y algunas veces, reacciones inesperadas...

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Despierta Homper el lunes santo ante un bosque de pinos, encina y castaños que vierten hacia el valle, y un horizonte de montañas limpias que se alzan al otro lado del río que discurre por su lecho. Homper tiene un amigo que de vez en cuando se retira a este lugar, donde construyó una gran casa de campo. El amigo es un hombre pausado. De vez en cuando le invita a acompañarle y a no hacer otra cosa que lo propio de un monasterio para ejercicios espirituales laicos. Aquí se juntan los dos en plan Sócrates y Platón o como Tip y Coll, según se lo pide el cuerpo y el tenor más o menos caprichoso de las horas. Conversan mucho, repasan recuerdos de la lejana amistad que nació en la universidad, leen y pasean. Más él que el amigo, poco partidario de castigar al cuerpo con ejercicios exagerados.

El amigo no es madrugador, y Homper se sorprende del lujo que son unos maitines en solitario para escribir una sencilla meditación.

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Él no se tiene por un gran filósofo. Sólo sabe sorprenderse por casi todo, especialmente por lo menos denso y significativo. Le complacen las oportunidades que ofrecen las pequeñeces de la vida. misma. Piensa, porque tampoco la mollera le sirve para cosas más útiles, pero no muy profundamente. Quisiera arreglar entuertos y reformar el mundo. Quisiera hacer cosas más útiles para los demás. Pero su pensamiento más sublime se le derrite como un helado de vainilla, y se va en un pispás sin haber germinado en nada. Luego va al blog y levanta acta de su curiosidad fugaz.

-Queridos lectores incautos-escribe-Hoy voy ahorrarle tiempo y esfuerzo intelectual a la humanidad. Porque tampoco tengo nada importante que deciros.

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Antes de sentarse a escribir, escuchó por  la radio que ocho de cada diez españoles no se moverán de casa para disfrutar de las vacaciones de Semana Santa. La crisis.  Entre ésta y los días feriados, la actualidad se destensa, y, como en Navidad,  cunde la sensación de que hay que serenarse, aparcar las preocupaciones y ventilar el espíritu. Si no se le quiere buscar sentido a la pasión de Cristo, que es la que nos ha dado el asueto, se puede reposar y vaguear en el dolce far niente. A veces, oh sorpresa, en estos estados ya casi milagrosos uno acaba descubriendo recónditos rincones del alma. E incluso encontrándose a sí mismo.

En el monasterio laico del amigo hay  muchos libros, y el lujo un de un soberbio equipo musical que se extiende discretamente en altavoces camuflados por las distintas estancias. Hoy nos trae untema de Henry Purcell que toca a la flauta Alvaro Marías. Sobre este mismo tema Benjamín Britten compuso en el pasado siglo unas variaciones y fuga que tituló como Guía de Orquesta para Jóvenes,  una composición admirable que ilustra los sonidos de los distintos instrumentos integrados en una orquesta sinfónica. Muy recomendable para curiosos de la magia de la música, como era el propio Homper en su primera juventud.

-Gracias, música-reza calladamente en sus maitines-Por venir a aliviarnos a incluso en tiempos de zozobra.

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Lamentablemente un blog acaba degenerando en un diario. Sostiene Homper que las personas de vida gris deberían de guardar recato ante la tentación de escribir sobre sí mismos.

-Eso es para tipos como Hemingway o la Mata Hari, que sí tenían algo interesante que contar.

Pero si la carne es débil, cómo no lo va a ser el ego. Admitida esta premisa, se pone en la piel de los pocos demás que haya por ahí y piensa que quien peine su blog estos días no querrá disquisiciones hegelianas, sino impresiones ligeras. Aunque sean sinceras. Por ejemplo, el periódico cuenta que uno de los etarras excarcelados apodado Gatza es recibido en su pueblo como un héroe. Lo muestra en el balcón de su casa alzando los brazos jubiloso, en ademán de victoria. Qué estimulante: le acompañan los papás, la esposa y la hijita, orgullosos de la criatura. Para ellos el chico es tan meritorio como  Alexander Fleming o Teresa de Calcuta, aunque haya matado o colaborado con los matarifes de personas que, como él, tenían padres, esposas e hijos.

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Quiere parecer conciliador, demócrata y flemático, pero la noticia le revuelve las tripas. El próximo jueves será el día del amor fraterno, y la grandeza del cristiano es poner la otra mejilla, perdonar y olvidar. Pero hoy, incluso en este idílico ambiente, tan propicio a la meditación trascendente, no puede reprimir Homper un odio razonable hacia estos troitiños y compañía que, cumplida su condena, siguen apuñalando la memoria de los muertos que nos dejaron.

Por explicarse lo inexplicable, invoca las palabras de Cristo en la cruz.

-Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen.

Y añade a continuación.

-Y a mí también, por derramar tanta bilis en un lunes santo tan plácido como este.  

¿El fin justifica los medios?…

No hay política posible sin un Maquiavelo dentro

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Sigue trabajando Homper en su doctorado. Sospecha que lo conseguirá. Va elaborando su tesis día a día, y eso le hará Doctor en Estupefacción. Curioso título, que no existe, pero que siente como suyo. Ni un día sin su afán, que en este caso es detectar, estudiar y acumular motivos para seguir sorprendiéndose. Conste que no le disgusta el estado de perplejidad permanente: según los filósofos, mientras hay capacidad de asombro, hay hombre.

Repasa los afanes de este día, echa el retel a voleo y se queda con tres. Pudieran ser otros muchos, pero le da por subrayar estos: un chico llamado Justin Bieber que ha revolucionado a las jovencitas de este país, capaces de pernoctar en el Palacio de los Deportes de Madrid para conseguir una entrada que les permita escucharle cantar en directo. Quizás, incluso atrapar en el aire un pelo de su tupé. Qué despiste el de Homper. Vivía sin saber quién era este muchachito, record de comentarios en Twitter.

Perplejidades añadidas: ¿ha sustituido Twitter a Facebook? ¿Ha decidido el planeta abandonar su eje y girar en torno a las redes sociales?

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El segundo pellizco en su curiosidad viene en la letra pequeña del papel couché. La Duquesa de Alba está indignada con la miniserie que Tele5 nos ofrece sobre su vida. Dice de ella que es mentirosa, que no le consultaron sobre el guión, y que maltrata al amor de su vida, que fue Jesús Aguirre.

-Vaya por Dios-suspira Homper- Esto sí que es grave. Y no lo de Fukushima.

Otra pregunta que se hace Homper. Siendo la imagen de la duquesa Cayetana  y del difunto duque tan fácil de remedar…¿por qué se ha recurrido a Adriana Ozores y a Carlos Hipólito ? Estas miniseries no buscan las honduras de películas como El discurso del Rey, donde la semajanza del actor con el personaje que recrea puede ser irrelevante. Si presentan a los duques de ficción en el auténtico Palacio de Liria, ¿por qué no cuidan más  su parecido con los modelos originales?

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Es tan antiguo Homper que al reparar en la tercera causa de perplejidad suelta un palabro obsoleto y ridículo. Algo así como córcholis, cáspita, atiza. O ¡concho!, como exclamaba su padre cuando no se atrevía a soltar un socorrido ¡coño!

Pues eso: córcholis, cáspita, atiza, concho y coño. Es más: recoño. Todo se merece lo que ha escuchado esta mañana en la radio. Y es que el magistrado De Prada, en un voto particular contra un auto de la Audiencia Nacional a la que pertenece, manifiesta que el chivatazo del Faisán que, más o menos, vino a decir a los terroristas toma el dinero y corre, es plenamente justificable en un proceso de paz.

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¿El fin justifica los medios?…Se acuerda Homper de su inolvidable amigo Félix Bragado, con el que se pasó media vida haciendo comedia. Paseaban juntos y aunque eran ellos, no eran ellos: les gustaba hablar  como si fueran otros en otro mundo. Una de sus recreaciones favoritas era la de tertulianos de casino ilustrados y nostálgicos. Ponían voz cascada y aguardentosa, como la de Don Hilarión, Mr. Scrooge y otros chinches célebres de otros siglos. Y cuando abordaban cuestiones espinosas de este orden citaban el verso de un poeta tan demodé como sus caricaturas. Joaquín Bartrina, en un poema llamado Fabulita adoctrinaba así un mozalbete inquisitivo:

Si quieres ser feliz, como me dices/ no analices, muchacho, no analices

Homper y Félix se lo tomaban a risa, porque lo suyo no era el drama. Quizás no se daban cuenta de que todos tenemos que pasar de largo sobre muchas contradicciones e hipocresías para sobrevivir medianamente felices

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También ha paseado estos días nuestro Hombre Perplejo por el nuevo Madrid Río que se ha inventado Gallardón. Es un parque lineal de 120 hectáreas sembrado sobre los intestinos de la M-30 por los que diariamente circulan, dicen, cien mil coches. Los que antes sufrían el horror del tráfico, la contaminación, el ruido y la estética de la marginalidad ahora están encantados. Los críticos en cambio recuerdan el despelote del endeudamiento municipal.

-¿Cuánto nos cuesta la megalomanía de nuestro alcalde? –se preguntan.

Enigma sin respuesta, y que además resbala a la mayoría de los  que pasean por ahí como niños con zapatos nuevos. El que venga detrás que arree. Al barón de Haussmann, que convirtió París en el paradigma urbano de la belle epoque también le pidieron cuentas por su despilfarro monumental. Y no digamos lo que sufrieron los súbditos de Pedro el Grande para construir  la maravilla de San Petersburgo, levantado piedra a piedra sobre el río  Neva. Homper leyó la magnífica biografía que escribió Robert. K. Massie de este zar impetuoso. Le encantó, y se la recomienda vivamente a los amantes de la historia. Pero se quedó tan fascinado por la megalomanía de aquel gigantesco visionario, como horrorizado  por los sacrificios y el dolor que probablemente encierran cada uno de los  palacios, avenidas y monumentos de su ciudad lacustre.

Al final, la cuestión recurrente. ¿El fin justifica los medios? Si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices…

Duelos y quebrantos post Zapatero

 

 

¿Y cómo se soluciona ésto?..

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Aquel contribuyente afligido podía llamarse Amable. Se llamaba Amable, una de esas gracias de sus padres, que quisieron rendir homenaje a un tío que emigró a Cuba, se hizo medianamente rico, regresó a España y construyó una casa de indiano en su Asturias natal con miradores al mar . La casa estaba pintada de merengue y café, y en el jardín crecían dos palmeras hermosas que cuando soplaba el viento tremolaban al ritmo del son cubano.

-Fue bonita mientras duró-pensó el contribuyente afligido-Pero ya nada es amable, querido tío, y tuvo que ser lo primero que sucumbió.

En su cuaderno de notas estaba escribiendo la lista de Duelos y Quebrantos. Nada que ver con el plato que cuenta el Quijote.  Pero Amable quería ser poético, como su nombre, y en la hora de la desesperación sólo pretendía hacer relación de los contratiempos que le habían traído los últimos años convulsos.

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Primer duelo y quebranto. Tuvo que vender la casa del tío Amable.

Segundo: tuvo que cerrar su empresa  y despedir a todos sus empleados.

Tercero: su hijo Fito, que había hecho la carrera de arquitectura con tanta ilusión, había tenido que montar su estudio en los Emiratos Árabes.

Cuarto: su hija Matilde  volvía a la casa paterna con dos nietecitos después de entregar su `piso al banco. Los nietecitos eran encantadores, aunque saqueaban el frigorífico sin piedad. Peor era lo del buitre mimado por el poder: el banco no sólo se habían quedado con el piso que la pobre Matilde hipotecó como garantía, sino que querían seguir cobrando cuotas.

-Pobres banqueros-musitó mordiéndose la lengua.

Quinto duelo y quebranto: a su madre, impedida, no le llegaba la Ley de Dependencia. Esto se solucionaba parcialmente con el sexto agravio, y es que a su hijo Alfonso se le había acabado el subsidio de paro, y ahora era el encargado de sacar a la abuela en su sillita de ruedas para que viera nadar a los patos del parque, que le gustaban mucho.

Séptimo: había tenido que pagar a un psiquiatra para que solucionara la depresión de Alfonso.

Octavo: amago de infarto al recibir la primera factura de la luz después de la enésima subida.

Noveno: no podía superar la adicción a los periódicos y a los informativos de la tele y de la radio

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Cuando recibió la noticia de que el presidente Zapatero no se iba a presentar a la reelección, su lista de duelos y quebrantos se había desmadrado. Ya no enumeraba promesas rotas, utopías derretidas y dramas domésticos. Amable se había convertido en Implacable. Porque, con trazón o sin ella, creía que aquel presidente que deslumbró al país presentándose como un hada madrina era responsable de todos sus males.

Duelo y quebranto número 214: un canalla me ha robado la antena del coche. Número 215: goteras en el cuarto de baño. Número 216: multa por circular a 112 kilómetros por hora en el coche. Número 217: me he cortado la mano al resbalar la punta del cuchillo con el que pretendía abrir un pack de jamón de York que presumía de abrefácil. (Acotación al margen: me cago en el inventor de los abrefáciles). Número 218: el vecino de arriba ha solucionado su problema de disfunción eréctil y no hay quien duerma en casa, porque se oye todo. Número 219: un grafitero ha pintado en el portal que “Dios existe, ZP se va”. Casi hubiera preferido que se pinten los grafittis en el culo. Número 220: cuando suplicaba en el banco una línea de crédito he observado que el director se fijaba en mis talones. Horror: uno de mis calcetines lucía un tomate. Número 221: me suben el alquiler del aparcamiento. Número 222: nuevos datos sobe la salud del paro, que sigue creciendo cada día. Número 222: me ha salido un uñero en el dedo gordo del pie derecho. Número 223: he soñado que cambiaba de sexo, era Blancanieves y el papel de madrastra lo hacía Pilar Bardem

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Hizo un alto en su memorial de duelos y quebrantos. Se levantó de la mesa, se estiró, se mesó los cabellos.

-¿Y ahora qué?-se preguntó- ¿Quién va a poner tanto cascabel a tanto gato?

Amable no podía más. Cerró su cuaderno, bajó a la calle, se montó en el coche, que todavía tenía gasolina, y puso rumbo al primero de sus paraísos perdidos. Quería ver el mar, sentir el aire libre y olvidar. Cuando llegó a la casa del tío Amable las palmeras le recibieron tristes. Estaban medio secas. Un cartel a la entrada anunciaba cuál había sido su último destino:

ESCUELA DE CARIÑO DE NOLITA NIKAME

Centro de Interpretación  para el Amor Universal

Todo parecía indicar que  Nolita Nikame ya no pintaba nada, y que ahí sólo vivían okupas. Pero Amable  no se atrevió a creer que también eso fuera culpa de Zapatero.

Sin tetas no hay paraíso

Cualquier observadora mínimamente instruída sabe que la Libertad, como pintó Delacroix, también iba a pecho descubierto...

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Pilu le había cogido el gusto a lo de asaltar capillas universitarias en tetas. Le  parecía, además de divertido y excitante, francamente revolucionario si se sabía explotar el éxito mediático del acontecimiento.

-El futuro no es del pensamiento, sino de la acción –dijo mientras le pasaba el porro a su compañera- Y en un estado laico no se puede consentir esa intromisión de la Iglesia Católica en una institución como la Universidad.

-No se puede, no-asintió Pepa después de ahuecar la boca y lanzar al espacio perfectos anillos de humo- Figúrate que el otro día en Derecho me encontré a una tonta que salía de la capilla. Le pregunté qué  había ido a hacer allí y me dijo que rezar para que le aprobasen el Mercantil II.

-Irritante-dijo Nekane- Qué manipulación de los de la sotana. Qué comida de coco.

-Inadmisible-apostilló Campoamora.

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En realidad Campoamora se llamaba Teresa ( por santa Teresita de Lisieux, de la que su madre había sido devotísima), pero había descubierto en un serial de TV a Clara Campoamor y había adoptado su apellido como nombre de guerra. Le parecía que le daba solvencia reformista.

-Pero centrémonos –añadió-, que luego vienen los periodistas fachas y nos  critican la marrana.

-Querrás decir que nos joden la marrana, ¿no?-ironizó Pilu.

-¿Qué quieres,.que maltrate yo a un pobre animal que además es hembra?…Haciéndole el caldo gordo a los machistas, ¿no?

Pilu se disculpó y el grupo decidió  tomarse la reunión en serio.. Campoamora entonces hizo dos propuestas fundamentales. La primera era la de buscar un nombre de gran impacto para el reconocimiento universal de su movimiento.

-¿Qué os parece E.T.C.D?

Las jóvenes revolucionarias no supieron qué cara poner.

-¡Tontas!…-bromeó Campoamora- Eso sería la firma al pie de los carteles, el logotipo. Las cuatro letras son las siglas de En Tetas Contra Dios.

Todas lo celebraron entusiasmadas.

-Y ahora, la primera acción  de repercusión internacional –añadió Campoamora poniéndose muy seria- ¿Y si  animamos a los chicos, nos vamos a Nueva York, nos  empelotamos todos y todas con un integral de escándalo y asaltamos la capilla de Naciones Unidas?

-¡Uy, Nueva York, cómo mola!-exclamó Nekane entusiasmada-¡Otro viaje de paso del Ecuador!…¡Y con lo barato que vuelve a estar el dólar!

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Tuvo que ser Pepa la que introdujera en el debate un dato que sentó como una jarro de agua fría sobre aquella fogata revolucionaria.

-La idea es de puta madre…-fue su preámbulo.

-¡Cuida el lenguaje, tía!-le corrigió Campoamora- ¿No puedes decir que la idea es de cabroncísimo padre, que lo entenderíamos igual sin caer en el sexismo?

-Quiero decir que desde el punto de vista estratégico es un acierto, Campoamora. Pero…¿habéis caído en que la capilla de Naciones Unidas no es católica?…Ahí no hay vírgenes ni cristos ni obispos a los que insultar, y cada cual se entiende con el dios que quiere. ¡Imagínate que se nos enfadan los musulmanes o los budistas!…

-Vaya, qué putada –farfulló Campoamora visiblemente contrariada.

-Cabronada, guapa –soltó Pepa sin abandonar la sonrisa- A ver si matizamos…

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Pilu recordó entonces su proclama inicial: el futuro no es del pensamiento, sino de la acción. Se lo había inculcado su abuela con un refrán de esos que repetía a dos por tres: obras son amores, y no buenas razones. Motivo por el cual creyó que debía plantear una propuesta seria y coherente para que la opinión pública tomara conciencia de que no eran unas golfas ni unas frívolas antisistema, sino unas conciencias limpias y coherentes que querían reformar este mundo tan injusto.

-Pues yo creo que deberíamos hacer algo más serio-dejó caer con el aplomo-Debemos dar otro golpe decisivo para demostrar que la Iglesia Católica sobra no ya en la Universidad, sino en el estado laico. Algo original, espectacular y elocuente…

-¿Por ejemplo? –preguntaron las demás expectantes.

-Asaltemos una residencia de ancianos y enfermos de esos que atienden las Hermanitas de la CaridadQuitémosles las tocas a las monjas, ocupemos su puesto y demostremos que somos capaces de lavar las heridas, limpiar culos y dar la sopita a ancianos y ancianas  sin que medie el Dios católico para nada. ¡Fraternidad laica!…¡Justicia social agnóstica!…Ese es el paraíso revolucionario al que debemos aspirar las que hasta ahora nos limitábamos a asaltar capillas universitarias en tetas.

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Al escuchar semejante propuesta, Pepa y Nekane arrugaron en el gesto.

-Qué pereza…-rezongó Pepa- Y casi como que nos da un poco de asco, ¿no?

-¡Fu, imagínate!…Y encima desnudas y un poquito colocadas, como nos gusta-añadió la otra- No lo veo tan fácil…

Campoamora, tan influída por los seriales de la tele, fue mucho más concluyente

-Estás loca, Pilu- sentenció la ideóloga mientras apagaba lo que quedaba del porro- Tendríamos que ponenos las tocas, y encima trabajar sin provocar. No, no lo veo. Y desengáñate:  sin tetas, no hay paraíso.

Pilu se quedó algo chafada. El caso es que levantaron la sesión, y aprovechando que hacía un buen día de primavera, se fueron a manifestar en bolas para exigir que el Cerro de los Santos se llame ya, de una puñetera vez, el Cerro de los Laicos.

Japón y la divina inconsciencia

¿Y qué cuento leeremos a los niños japoneses para que puedan dormir tranquilos?...

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Cuando no es Indonesia, es Haití. Se deja atrás aquel terremoto  y nos duele Libia, un poco porque Gadafi reacciona a sangre y fuego y otro poco –quizás más- porque nuestra energía en buena parte depende de él, y jamás pedimos carnet de democracia al que nos vende bienestar. Y para salir de esta Guatemala, Japón hace las veces de Guatepeor. Quedan luego las tachuelas  constantes, las que le meten a uno en el zapato las pequeñas miserias del día a día, las que ha de pisar, quiéralo o no, si quiere seguir su camino. Otra muerte cercana de alguien que era demasiado joven para morir, otro cáncer  en un amigo, otro sobrino en paro, otro dato macroeconómico que nos echa las manos a la cabeza, otra esperanza laboral rota, otro caído en la búsqueda de los paraísos artificiales. Otra catástrofe social. Y otro boquete –uno más-en la faltriquera doméstica.

Más pérdida de esperanza. Debe de ser el envés de la  globalización, el efecto colateral de vivir hiperinformados. Miras al horizonte y ves cómo las tijeras del destino van recortando tus sueños y tus expectativas. Antes, cuando el tsunami no entraba en tu salón-comedor y arramblaba con el plato de sopa, estabas mejor blindado. Lo recuerda mi amigo Homper con una anécdota que hoy suena a cruel hipocresía.

-Mamá nunca me dijo que dejase de tomar su taza de chocolate cuando bombardearon Hiroshima.

Había otros Apocalipsis, pero no tocaban  tanto a nuestras vidas.

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Sostiene este bloguero –pásmense- que en la cola del cine había gente que no quería ver la película de Torrente. El películón de Santiago Segura copaba cuatro o cinco salas, pero en los martes de cine para mayores, a 1 € la entrada, hay ancianos raritos a los que unos calzoncillos con palominos, por moderno que resulte el gag, no les parecen precisamente una muestra de talento en la comedia.

-A nosotras no nos va ese cine –le dijeron un par de doñamarías gorditas e ilustradas- ¿Sabe de alguna otra que sea bonita?

Les recomendó El discurso del Rey y Valor de ley, de los Coen. Pero, naturalmente, ya las habían visto.

-Es que nosotras los martes no fallamos…-decían sonrientes- Fíjese qué programa tenemos: por las mañanas, clase de pintura. Y por la tarde pilates y luego al cine.

Probablemente les faltaba para redondear tanta dicha la merienda de café con leche y curasán plancha.

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Uno no puede emocionarse viendo cómo estalla la flor de los almendros e ignorar la nube de dolor e incertidumbre que amenaza a buena parte del planeta. Uno pretende ser el moralista universal. Uno cree que tiene que emular a Dios, y sentirse corresponsable de todo lo que le pasa a la humanidad.

Pero la naturaleza humana es muy frívola, y se entretiene con cualquier cosa. Ayer mismo, mientras las guerras, la crisis económica, las catástrofes y la alarma nuclear noqueaban al mundo, este bloguero había encontrado en su camino así como flores de colores para disipar su angustia. Había recibido su primera clase de alemán con la ilusión de un imberbe. Había encontrado en Madrid un Hospital del  Juguete donde van a reponer la cola perdida a un caballito de carreras de su muy querida colección de antiguos juguetes de hojalata. Había sido invitado por sus hermanos a un excelente arroz negro. Había visto El esplendor del Románico en la sede de la Fundación MAPFRE y una película, regulín regulán, en buena compañía.

Y, entretanto, había comprado un libro de Cuentos para dormir, maravillosamente ilustrado, para su nieta Marina, que hoy cumple seis años y está empezando a leer. Los cuentos empiezan con unas rimas facilotas, y el primero,  que se lo leerá junto a la almohada declamando como un viejo actor, empieza así:

Esta es la historia de un gato/ que dormía en una caja de zapatos.

Parafraseando al poeta –a Paul Éluard, no al del gato- hay otros mundos, pero no están en este. Perdónanos, Señor, por ser tan inconscientes como para sonreír a pesar de todo.

Periodismo y publicidad. Todo es relativo…

Habrá que enunciar la nueva teoría de la relatividad en la información...

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Sonó el teléfono y el Duende se precipitó a cogerlo. La gente ahora llama menos. Unas veces piensa que hasta en eso se nota la crisis: en todo se puede ahorrar. Otras veces le da por creer que es cosa de su edad y de su retiro. Ya no es necesario para casi nada, y está fuera de la pomada, y tampoco está enfermo, y además ya sentó las reglas para esquivar a los únicos que aún siguen, erre que erre,  al aparato.

-¿Es usted el que deseo que sea?-quieren decir- ¿El responsable del contrato de…?.

-Lo siento, mire –suele excusarse- Ya no se con quién tengo contratada la luz, ni el gas, me han hecho ustedes un lío Se me ha olvidado ya el número de llamadas sobre este asunto que he tenido que atender, aunque no creo que ni IBERDROLA, ni ENDESA, ni UNION FENOSA ni GAS NATURAL me salven la vida. Pero ya  no acepto llamadas comerciales, gracias.

A veces piensa que detrás de esa voz generalmente suramericanita que le suplica atención, hay un puesto de trabajo que necesita acreditar tantas llamadas para no tambalearse.

-Usted es un encanto –acostumbra a añadir para edulcorar la píldora amarga- y hace  muy bien su trabajo. Pero su compañía es una pelmaza, lo siento.

Cuando es un robot el que llama, se ahorra estas palabras.

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Sin embargo aquella era una llamada distinta. Venía de Iñaki Gabilondo, que no llamó a este infeliz ni una sola vez durante los casi diez años que coincidieron en la cadena SER.

-Verás- le dijo- Te llamo porque me ha dicho Fernando Onega que pase la bola. A él le llamó Juan Luis Cebrián, al cual había llamado Luis María Ansón, que a su vez había recibido una llamada de  Paloma Gómez Borrero. Esta fue avisada por José María Carrascal, que recibió la noticia de Carlos Herrera, el cual seguía la cadena que le comunicó Luis del Olmo. ¿Sabes?…A Luis le dio el queo Pedro J. Ramírez, advertido por MaríaTeresa Campos y por Pilar Cernuda, que a pesar de sus discrepancia ideológicas había creído lo que le dijo Enric Sopena, entre otras cosas porque el que se lo había dicho a éste era Miguel Angel Aguilar, al cual habían llamado anteriormente Julia Otero y Angels Barceló. Angels parece que se enteró del asunto a través de Ernesto Saenz de Buruaga, puntualmente informado por Matías Prats, con el que se habían comunicado Pedro Piqueras y Olga Viza. Pero te mentiría si te ocultara que nombres como los de Susana Griso, Pablo Sebastián, Ana Rosa Quintana, Paco González, Carlos Carnicero, Raúl del Pozo, Ignacio Camacho, y Gistau suscriben el mensaje. Y, cómo no, el infalible Jaime Peñafiel y el pontífice de la corrección en todo, que es Josemi Rodíguez Sieiro…La cosa es que…

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En ese momento le sonó el móvil, descolgó de una forma mecánica y tuvo que escuchar la voz de su amigo Homper, tradicionalmente impresionable por casi todo lo que pasa en el mundo.

-¿Sabes?…-dijo el Hombre Perplejo- He hablado con la tía Clota, que vive en Vermont. ¡Y me dice que le ha llamado nada menos que Oprah Winfrey, por recomendación de Larry King!…

-Un momento, Homper- le cortó el Duende- Es que hablaba con Iñaki Gabilondo…

Lo cierto es que el Duende esperaba que la llamada del gran periodista español le despejara alguna de las dudas del día. ¿Se recuperará Japón de este terremoto? ¿Se reabrirá el debate nuclear? ¿Acabará Gadafi barriendo a los rebeldes y desafiando a Occidente? ¿Dirá Zapatero si se presenta a la reelección? ¿Irá a la manicura Belén Esteban?

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Pero las cosas ya no son lo que eran, pensó cuando le colgó a su maestro radiofónico.

-¿Qué te ha dicho Iñaki? –preguntó Homper impaciente.

-Que la vida es otra cuando lo tomas, y que  me una a la cadena ACTIMEL.

-¡Coño!-exclamó el Hombre Perplejo- Eso es lo que me ha dicho la tía Clota que le dijo Opra Winfrey: esto no ha hecho más que empezar.

Al Duende le vino a la cabeza aquella máxima de Álvaro de la Iglesia que presidía la cabecera de La Codorniz: donde no hay publicidad, resplandece la verdad. Recordó que se había pasado su vida entre los publicitarios y los periodistas. Los publicitarios decían una verdad interesada, pero no ocultaban que cobraban por ello. Los periodistas eran otra cosa.

-Ya nada ni nadie es lo que era-sentenció Homper- ¿Será verdad la verdad?

La verdad es que este relato fue un sueño. Pero ahora que están despiertos, tanto el Duende como Homper admiten que no tienen muy clara la respuesta.

País de ingenuos, país de tramposos

¿QUOUSQUE TANDEM, RUIZ MATEOS?...

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Creced y multiplicaos. Dad y se os dará. Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Amaos los unos a los otros –ya sean banqueros, empleados o inversores-como yo os amé. El que cree en mí se salvará.

Zoilo José María Ruiz Mateos XXIV, aparte de descendiente de José María Zoilo Ruiz Mateos XXIII, era hijo de la Biblia. Del Antiguo y del Nuevo testamento, que de todo hay que chapar el alma cuando se pretende perpetuar el ideal cristiano de vida que era tradición secular en la familia. Gracias a su fe en Dios el más famoso de sus antepasados no se había suicidado en una de las incontables crisis empresariales que engrandecieron la casta de la familia.

-Vino Dios –constaba en su diario secreto de 2011, descubierto por Jesús Cacho XXV en una de sus audaces investigaciones periodísticas- y me dijo que lo de estafar a la Seguridad  Social y a Hacienda unos cuantos milloncejos, bien bien no estaba. Pero que lo que estaba fatal y no me perdonaría nunca era lo de pegarme un tiro.

Es lo que tiene ser tan creyente –pensó Zoilo José María Ruiz Mateos XXIV- Uno tiene que ser consecuente y respetuoso con esos valores transmitidos de generación en generación.

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La saga continuaba.

Un par de veces por generación, Novísima Rumasa Renovada resurgía de la conspiración  política, financiera y mediática que sistemáticamente trataba de estrangular la misión histórica de la familia y en España volvía a amanecer. Los hijos de los hijos y los nietos de aquellos, y los hijos de estos nietos y sus sucesores seguían criando legiones de jóvenes ejecutivos formados en escuelas de negocios extranjeras que compraban empresas, creaban puestos de trabajo, ganaban dinero, seguían comprando empresas, lanzaban emisiones de pagarés con unos intereses fantásticos para obtener más recursos y, de paso, alegraban la vida de los ahorradores decepcionados por la falta de horizontes para sus dineros.

-No sea boba, pobre viuda –decían, con otras palabras más suaves,  su libro de estilo- En lugar de esa basura de Letras del Tesoro o las IPF con la que le quieren engañar los bancos, nosotros le ofrecemos por el dinero que acaba de sacar usted de la venta de su finquita  el 10% de interés y la recompensa moral de haber contribuído a engrandecer a España.

La pobre viuda a lo mejor no aspiraba a tanto. Sólo  a una rentita que le permitiera redondear su raquítica pensión  y quizá a un viaje a Canarias o a una  Thermomix.

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Algún consiglieri de la familia se atrevió a advertir de que quizá sería bueno cambiar la filosofía del grupo.

-Según mis estudios .-dijo-la estupidez del ser humano es infinita. Y casi todo el mundo se cree tan listo como para comprar euros a peseta. Pero tanto va el cántaro a la fuente que en una generación de éstas  igual se dan cuenta de que….

-¿De qué? –preguntó Zoilo José María Ruiz Mateos XXIV mientras le alargaba al consiglieri un periódico del día.

El consiglieri leyó la noticia que el presidente había destacado con un rotulador y se rascó la cabeza. Puso cara de incredulidad. Este país no tiene remedio, pensó. La cosa es que corría el 15 de abril el año 2.095, y en las inmediaciones de la Estación de Atocha de Madrid habían detenido a un par de individuos que acababan de perpetrar, a esas altura de la película, otro  timo de la estampita.

-Si usted fuera creyente, como nosotros- subrayó el presidente mientras sonreía haciendo con los dedos el signo de la victoria-sabría lo que es la virtud de la esperanza.

Adios a todo esto

...Y se cortó la coleta en San Sebastián, con la luna llena e testigo

Adios a todo esto, cuando esto aún llevaba acento. Lo escribió en su día Robert Graves. Y el bloguero, devoto del género memorístico, leyó aquel acta del fin de una etapa en la autobiografía del poeta. Interesado, claro, y, como siempre, con el afán de aprender algo.

Aquellas eran vidas intensas. Graves combatió en la famosa batalla del Somme, una de las más cruentas de la historia, fue profesor en Oxford, vivió en El Cairo, se retiró en Deyá. Con ese andamiaje cómo no se va a a construir una existencia apasionante. Pero el bloguero de vida alicorta y mirada minimalista, sin grandes batallas ni poemas en la mochila de su recuerdo, se quedó sobre todo con la rotundidad del título. Adios al pasado: sin ira, sin nostalgia, sin complejo de jubilado. Pero también sin contemplaciones.

Se fue de los micrófonos el presunto duende en 2007. Y desde entonces, craso error, ignorando el consejo aquel de no volver nunca al territorio donde fuiste feliz,  hizo tres tímidos  intentos de reenganche. Como la mayoría de los toreros retirados que regresan al ruedo con la tripa cantando por encima de la taleguilla, se encontró incómodo, desconfiado, sin sitio.

-No se si no hay toro o lo que ya no hay es torero-pensaba.

Y más pausadamente, reconocía que quizás no había nada de nada. Para fraseando a los Coen, creía firmemente que eso del humor y el show business no es país para cabelleras blancas.

Fue su última intervención en un programa de  tarde de la televisión vasca. No tenía mucho que decir en él, la verdad, pero le trataron divinamente. Le llevó allí Antxon Urrosolo con las mejores intenciones, y él no supo ver que quizás el amigo sobrevaloraba sus capacidades televisivas. Pero no hay mal que por bien no venga: ha aprovechado la  oportunidadpara conocer mejor el País Vasco, para tratar con personajes curiosos y muy simpáticos y para descubrir a  contertulias maravillosas, como   Gurutze BeitiaMaitena Salinas e Imatzi Rico, que  compartían con él disparates off the record y le despidieron con  verdadero cariño.

Antes de ir a la tele el  último día, disfrutó el Duende de unos buenos pinchos en grata compañía.  A la salida después del programa, caía la tarde limpia de nubes mientras emergía por el horizonte la luna. Luna llena y espléndida, qué detalle,  sobre la bahía de San Sebastián.  Aunque parezca mentira, no le dolió decir  adiós a todo esto. Porque  al mismo tiempo decía hola a todo lo otro que, con tanto tiempo libre y el depósito de ilusiones sorprendentemente lleno,  puede ser aún mucho mejor.

La pesadilla de los contragoyas

¿Qué hizo el de Fuendetodos pra merecer ésto?...1

Ya le chocó bastante a Homper el nombre de los premios que venían a ser una especie de contragoyas. Un académico travieso había decidido sustituir al pintor de Fuentedotodos, que al fin y al cabo no había inventado el cine, por otra palabra malsonante con la que rima tan ilustre  apellido. La palabra es del género femenino, pero designa algo muy masculino. O sea, que cumplía con el lenguaje políticamente correcto que mandan los cánones modernos, para satisfacción de la clase política, tan pendiente siempre de la cultura.

-¡Y qué potente resulta el trofeo!-comentó la Academia del Cine cuando le presentaron aquella cosa en forma de menhir modelada en bronce.

Los presentadores de la gala eran Groucho Marx, que había resucitado para la ocasión, y Santiago Segura. Para que nadie se llamara a engaño, este aparecía directamente convertido en el célebre y nunca bien ponderado inspector Torrente, con su camisa mal abrochada enseñando su tripilla blanquecina, su chaqueta nevada de caspa por las hombreras y su cabeza grasienta correctamente peinada. A lo largo de la gala, él mismo aplicaba su fijador salivar escupiendo sobre las palmas de sus manos de cuando en cuando y esparciendo tan eficaz brillantina sobre las crenchas de su cabello. Como contrapunto femenino estaba La Maña, vestida con un modelo de un tal Delfín, que explicaba  así su audaz propuesta.

-La palabra cine viene del griego clásico, y como Creta queda más o menos por ahí pues me he inspirado en las macizas que aparecen en los mosaicos de Knosos, que son como muy modernas. O sea, que el escote de La maña va exactamente por debajo de las tetas, fashion total, y así pasamos  de la horterada esa de enseñar sólo el canalillo. Ni Marilyn se hubiera atrevido a tanto, chatitos.

La ministra de Cultura, a la sazón Chus Lampeave, representaba un contrapunto clásico y muy serio, pues vestía un modelo de Francis Montesinos que reproducía exactamente el atuendo que llevaba Isabel la Católica en el conocido cuadro de La toma de Granada pintado por Pradilla. La simpática Chus, con su corona y su larga capa, apareció en escena  a lomos de un brioso corcel , y estaba realmente mayestática posando de tal guisa para la foto final.

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-Estas son las películas y los profesionales premiados-dijo el fantasma de Groucho- Pero si no les gustan, tengo otras…

Y el público enfervorizado se echó a reír y prorrumpió en aplausos.

-¿Es usted un cineasta libre e independiente?-le preguntó a otro de los premiados-¿Está dispuesto a renunciar a las subvenciones del Ministerio de Cultura, de la televisión autonómica correspondiente, y del FAPI, Fondo de Ayuda para Productores Incompetentes?…¡Conteste antes a la segunda pregunta que a la primera!

El premiado puso una cara extraña, `pero el público celebró la ocurrencia con nuevas risotadas.

Cuando la mejor actriz recibió su premio,  Groucho sacudió la ceniza de su veguero, echó un vistazo a aquella grosera verticalidad de forma sospechosa y volvió a parafrasearse.

-¡Qué barbaridad, señora!…Yo en su lugar no lo cogería…

El puro de Groucho era, más que una provocación, un crimen de lesa salud pública. Pero los guionistas de la gala, que eran Boadella y Fernando Arrabal lo resolvieron brillantemente dando entrada a Silvio Berlusconi que apareció a paso ligero encabezando un pelotón de bersaglieri compuesto por sus mamachichos favoritas. Éstas le arrebataban el habano a Groucho y se lo llevaban a la trena mientras il Cavalliere, genio y figura hasta la sepultura, se quedaba galanteando a la Maña y a Chus Lampreave para darle más categoría al evento.

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Pero el momentazo de la gala fue cuando Torrente dijo por primera vez el nombre del nuevo premio para las estrellas del séptimo arte.

-Señoras y señores…¡Comienza la entrega de las Pollas del cine español!

Y tampoco quedaron nada mal las dedicatorias, que dejaban atrás el estilo melifluo y untuoso para iniciar un nuevo tipo de lenguaje más acorde con los nuevos tiempos.

-Dedico esta Polla al capullo de mi padre –dijo el premiado como mejor guionista- que quería que yo fuera guardia civil. Y a la guarra de  mi vecina, que mientras que yo escribía el guión se paseaba en pelotas por la terraza para distraerme, la muy puta…

Se estiraba Torrente con finas metáforas sobre el felpudo de la vecina cuando Homper se despertó sobresaltado. Todo había sido un sueño.

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Quizás un mal sueño, pensó.

Aunque luego recordaba las múltiples ceremonias de este tipo que había presenciado a lo largo de su vida. Entregas de premios, mitines políticos, inauguraciones, convenciones de empresa, programas de televisión donde se tiene que adular a los premiados, a los colegas, a los equipos,  al público que se lo merece todo. La feria de las vanidades, el borreguismo de lo bonito, el vacuo lenguaje del halago y del eufemismo, la cursilería, el autobombo. La falla que quemamos en nuestro propio honor.

-Otro pan y circo que  pone espejos deformantes al alma humana para redimirla de sus miserias-concluyó

Lo comentó luego con la tía Clota, a la que ya no le divierten ni la fiesta de los Oscars, que son más o menos igual de repetitivas y empalagosas que nuestros Goyas. No se atrevió a contarle el sueño de las Pollas del Cine, porque le pareció demasiado fuerte para una anciana. Pero estaba seguro de que entendería su afán feístaiconoclasta y destroyer por el hartazgo de purpurina, de fuegos de artificio, de espuma y de glamour.

-No lo soporto más, tía-suspiró Homper- Soy demasiado viejo como para que me  sigan  contando la vida y el cine como si fueran una estúpida tarta de nata con guindas.

Como si fuera una falla.

El discurso del Rey y el discurso de la calle

Pregunta: ¿es el Rey el único que debe esforzarse en hablar un poco mejor?...

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El Rey también habla mal. Cuando se irrita, para desahogarse y vencer su tartamudez, grita como un jaimito enloquecido: coño, teta, culo, pedo, caca, pis. Naturalmente, no es el rey Juan Carlos, al que pese a su reconocida espontaneidad sólo se le ha pillado un por qué no te callas que el presidente Chávez se había ganado a pulso. Sino Jorge VI de Inglaterra, admirablemente representado en El discurso del Rey por Colin Firth. No se le parece éste físicamente en nada, con lo cual no ha sufrido las críticas que aquí levantó Puigcorbé por aprovechar su lejano parecido con el borbón para imitarle en uno de esos seriales que han pasado recientemente por la tele. Pero interioriza el problema de Jorge VI, vive su angustia y su frustración en cada uno de sus gestos,  y se los traslada al espectador con una autenticidad tal que este acaba olvidando si el rey verdadero era más alto, más rubio, más elegante o más guapo que Firth. Este le ha ganado el alma, y esa es la que acaba emocionando y, al cabo, convenciendo. La magia del saber actuar.

Lo demás también ayuda. Magnífico Rush en la composición del falso logopeda Logue. Insuperable Michael Gambon en su breve intervención como Jorge V: qué voz y qué dicción. Qué maravilla. Y qué diálogos. Como la fotografía, de una sutileza dramática que se hace casi poesía. Como la ambientación. Como la dirección, de Tom Hooper, que puede estar orgulloso de haber filmado una película histórica sin caer en ninguno de los vicios tradicionales de este  tipo de cine Una gran película y un rato delicioso, en suma.

Aunque el Rey tenga que hablar mal para conseguir acabar hablando medio bien.

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El pobre duque de York, que iba a ser rey a su pesar, hablaba mal por problemas de dicción. Y necesitaba hablar bien para un discurso trascendental Pero una cosa es la dicción y otra el lenguaje. Para ambas cosas usa el castellano el verbo hablar. La polisemia se extiende también a la palabra discurso: hace unos años un discurso era sólo una pieza oratoria. Ahora decimos discurso también al contenido de esa pieza oratoria. El discurso, según esos que ahora su llaman politólogos, viene a ser la enunciación del pensamiento.

No tiene claro este bloguero cómo andaremos los españoles de pensamiento. Sospecha que no muy lucidos. Pero velay por donde, el mismo día que quedaba fascinado por El discurso del Rey había leído un artículo de Juan Cruz donde denunciaba que el lenguaje de la basura se ha instalado en la política, en los medios y amenaza con empobrecer nuestro idioma. Artistas, deportistas, polemistas y políticos deslenguados animan el patio. Yo soy más golfo que tú puta, y gilipollas el último, que si no, no vamos a parecer ni modelnos ni progres, y además ninguna cadena paga nada por ser bien educado. Pues qué alegría.

¿Se atreverá a recordar alguien que el lenguaje cada vez más sucio y barriobajero acaba envileciendo el pensamiento?

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El discurso del pueblo no tiene por qué ser el del Rey. Todos hablamos mal en todos los sentidos. Cometemos errores de sintaxis y de dicción, manejamos poco vocabulario y además soltamos tacos y palabrotas a dos por tres: porque estamos enfadados o porque ya nadie se escandaliza por nada, y queda gracioso y espontáneo que incluso la gente culta caiga en la jerga canalla.

No estamos obligados al cuidado que debe mantener un rey, porque no encarnamos más que nuestra propia representación. Pero los que han recibido una buena educación  no deberían (o deberíamos) traspasar los límites del decoro y la sensibilidad. La moda se fuma un puro en estos melindres pasados de moda. La inteligencia debería, a su vez, fumarse un puro también y despreciar las memeces y los excesos que impone la moda. Hablar mal no tiene por qué estar bien. Lo digan Cela, Almodóvar, Pérez Reverte, De la Riva, Jiménez-Losantos, Pajín, o Casillas, cuando, por valorar la hazaña de ganar el Mundial de Fútbol acudió a la palabrota comodín que ya no se le cae de la boca a casi ningún joven: ¡es la hostia!

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La tía Clota, que estudió filología y literatura y fue profesora de español en Estados Unidos, donde aún vive, se escandaliza por el uso y abuso de una palabra que los que tenemos una cierta edad y recibimos educación religiosa nos resistimos a banalizar.

-¿Por qué ahora todo es la hostia? –se pregunta sorprendida.

Antes fue la repanocha, el despiporren, el acabóse, el no va más,  la pera limonera, la bomba, o incluso la leche. Pero ahora es la  hostia. Antes fue la bofetada, la galleta, la chuleta, la colleja, el capón,  el golpe, el trastazo,  el trompazo, el  batacazo. Ahora también eso es la hostia. Antes el adjetivo  fue bueno, inolvidable, bellísimo, grandioso, histórico,  emocionante, irrepetible, insuperable…Ahora también es la hostia.

Lo positivo o lo negativo, el bien o el mal, la felicidad suprema o el infierno, le perfección o el desastre. Todo se resume en esa palabra. No goza la oblea blanca que se consagra en la misa del mismo cordón sanitario que el lenguaje políticamente correcto  está tendiendo sobre otros errores u horrores del lenguaje tradicional. Se eliminó del diccionario judiada, nos mordemos la lengua antes de decir moros y maricones, y  llamamos conserje al portero para  halagar su autoestima. Procuramos no ofender a los discapacitados y barremos los residuos sexistas de nuestro modo de hablar. Aunque eso sí: la hostia a todas horas, venga a cuento o resuma  la incapacidad e ignorancia del que está tomando la palabra. A la inmensa mayoría, acostumbrada al vive y habla como quieras, esta simplificación de lo sagrado les resbala. Al cristiano tradicional quizás le ofenda y le sorprenda. Pregunta: ¿qué pasaría si, según la doctrina musulmana, la hostia simbolizara el cuerpo de Mahoma?

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Comparte este bloguero la perplejidad de la tía Clota. Pero reconoce que está a punto de entrar en la ancianidad oficial, y que cada día pertenece un poco menos al mundo que vivimos. Como Jorge VI,  necesita un logopeda justo para lo contrario: corromper aún más su palabra y y enseñarle a malhablar y a insultar como manda la academia de la calle. Aunque siga pensando que el discurso de ésta, sin ser tan pulcro  como cabe exigirle a un rey, debería recoger al menos el buen sentido y la gracia que antes distinguía al pueblo.

La luna, la romántica y los mandos a distancia

La luna...Mejor dejarla que siga brillando lejos

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Era preocupante, pero de un tiempo a esta parte, cada mañana que despertaba aquel hombre  sentía que un gusano cruel le roía el corazón. Un día era el paro de una persona afecta, al día siguiente un cáncer que amenazaba a un amigo, al otro una patada a la moral colectiva perpetrada por un político, al de más allá la sombra de la ruina acechando a su pueblo.

-Pobres-pensaba- Pensar que hace nada todos éramos ricos, y el más tonto hacía relojes dormido.

Los gusanos voraces seguían haciendo de las suyas. Belén Esteban omnipresente, algún idiota con proyección nacional contando en voz alta o baja, off the record , sotto voce o por las claras, sus inconfesables veleidades eróticas. Los políticos incapaces de explicar al pueblo por qué el fin justifica los medios, y a veces tienen que abrazar el cinismo para no acabar siendo aún más despreciables. La demagogia, la irresponsabilidad, la estulticia. La desesperanza. No era un gusano ni dos, era un ejército insaciable que todos los días horadaba su maltrecha conciencia ciudadana.

-Y encima esto-dijo contemplando su cesto de mandos a distancia.

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Y encima eso. No sabía por qué a él, como a tantos malditos que se han ido plegando a la amable dictadura del progreso, lo que antaño era el cesto de los calcetines desparejados o de las piñas para la chimenea se le había ido llenando de mandos a distancia: de un televisor, de otro televisor, del Canal  Plus, del equipo de música, del otro equipo de música, de la radio, del aire acondicionado, del DVD, del TDT, de un videojuego de los niños. Mandos a distancia en activo, mandos a distancia jubilados, mandos con pilas, mandos sin ellas, mandos con una marca grabada en su carcasa que ya no se correspondía con la marca de ninguno de los aparatos visibles. Mandos para crearle aún más problemas que los que ya le daba vida.

-¿Y qué carajo hago yo con ellos?

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Ocurrió que después de la lluvia que lavó la atmósfera,  salió la luna de noviembre más redonda, limpia y guapa que nunca. Y que en esas le llamó su amiga la romántica, la que nunca daba por perdida la ocasión para la felicidad y la ternura. La amiga ilusa. Salieron a pasear juntos cuando aún resplandecía la puesta de sol  y la luna tomaba el relevo. Solo hablaron de topicazos.

-Qué bonita la luna.

-Si…Quizás nos gusta tanto porque es de las pocas cosas que no nos está fallando.

Ella dijo que soñaba con bajarla, tocarla y descubrir el misterio de su fascinación. Y a él se le ocurrió que quizás, quizás…

-Ven a casa-le dijo- Vamos a probar un experimento.

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Llegaron a casa, acercaron el cesto de los mandos a distancia al balcón y, uno a uno, él fue probándolos todos. Los cogía, los apuntaba a la luna y apretaba sus botones. El primero no funcionó, los seis siguientes tampoco, pero al apretar un botón del octavo artilugio, la luna obedeció: dejó su orto y fue acercándose al balcón donde miraban la romántica y el escéptico.

-Para, para-le dijo ella cuando la luna lo llenaba todo y estaba a punto de abducirlos en su poderoso influjo.

-Tienes razón –dijo él – No hay que ser insolidarios. ¿Qué será del resto de la humanidad si acaparamos  la luna sólo para nosotros?

-Aún más –concluyó la romántica- ¿Qué será de nosotros si la conocemos de cerca y perdemos también esa ilusión?…

Entonces ella le arrebató el mando de las manos, apretó otro botón, devolvió la luna a su lugar y a continuación lanzó el cacharro al canasto de las ilusiones dormidas.

Lo que ganamos y perdimos con Labordeta

Miraría la estela que ha dejado a su paso por aquí y seguro que se quedaría tan estupefacto como Homper...

Como todos los ancianos, la tía Clota –cuánto tiempo sin saber de ella- se va blindando el alma contra las añagazas de la muerte. Ella misma se siente cada día más débil, más alejada de este mundo, y cuando sabe que alguno de sus contemporáneos ha sido citado por la Parca pasa sobre el asunto como el viento de otoño sobre la cresta de los cardos secos. Sin embargo,  según Homper ha sentido muy particularmente la muerte de José Antonio Labordeta.

-Era más joven que ella –explica el sobrino- maestro, como ella. Y más republicano y cascarrabias que ella.

Añade el Hombre Perplejo que la tía no tuvo reparos en reconocer que le gustaba muchísimo más su colega como ciudadano original y político revoltosillo que como cantautor. Parece mentira que fuera paisano de Miguel Fleta –fue su comentario en este punto. Pero lo que más le había sorprendido a la anciana, tan distanciada quizás de lo que es hoy su España natal, había sido el enorme impacto popular de su fallecimiento.

-¿No crees, sobrino, que el pueblo se siente feliz cuando tiene algún muerto famoso que pasear?

Una vez más, y haciendo honor a su nombre, Homper se quedó estupefacto. Luego comentaría con este duende que, con el desparpajo cruel que a veces se expresan los que ya tienen poco que perder, la anciana tía podía tener parte de razón. El efecto placebo de las muertes famosas. La sociedad es cada día más descreída, pero aprovecha estos eventos emocionales para levantar la banderita de la sensibilidad y redimir su condición de masa significándose por una causa noble.

-Por eso los aplausos fúnebres que ahora suenan en ciertos entierros- comentó- A mí me parece sorprendente.

A este duende también por cierto. Recuerda al entrañable Labordeta de sus tertulias en Radio Nacional y está convencido de que se escandalizaría al verse convertido en un fenómeno como Elvis Presley, a su edad, con esos bigotones y esas trazas de profesor machadiano, y con una mochila llena de itinerarios y de bonhomie. Se reía de las travesuras que escuchaba al Duende y a Capitán, como se reía de sí mismo, sin sospechar, ni de lejos que iba a ser el icono balsámico en que le ha convertido la muerte.

-Yo tuve como alumno a Federico Jiménez Losantos- ironizaba un día- ¡Fíjate si habré sido buen profesor!…

Y se echaba a reir. Parecía considerarse un hombre sin demasiada importancia.

Labordeta fue además de un personaje simpático un poeta oscurecido voluntariamente por el respeto que tenía a un hermano mayor, Miguel,  muerto prematuramente y que aún era mejor que él. Luis Antonio de Villena dixit. También fue un estimable escritor costumbrista. Un día le regaló a este mindundi que les escribe un ejemplar de su libro Cuentos de San Cayetano, un conjunto de relatos deliciosos dedicado con mucha gracia. Lo disfrutó hasta que desdichadamente lo perdió en un viaje. Ahora le hemos perdido a él, aunque, por lo que se ve, hayamos ganado un prócer, un héroe popular y quién sabe si hasta un santo. Descreídos  o no, seguimos necesitándolos…

¡A las barricadas, abuelos!

Menos besarse y más compromiso, caramba...¿O es que no vamos a tener los abuelos nada que decir el 29 de septiembre?...

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Me he reencontrado con Chufi. Qué emoción, qué divertido. Lo guapa que era la condenada cuando le llamaban la musa de la Facultad.

A la vejez viruelas, ahora ya no se llama Chufi, sino Magdalena, que suena más distinguido. Ahora ya no pega carteles, ni se encadena en ningún sitio, ni arma líos para arreglar el mundo, porque es “una dama”. Le ha jodido bastante que le dijera, coño, Chufi…¿ahora vas de señora bien?…Pero me lo ha pasado.

Sigue siendo muy simpática, y a pesar de ser abuela conserva buena parte de su atractivo. Y naturalmente continúa considerándose de izquierdas. Cuesta mucho entenderlo, porque su marido está forrado, vive en el mismo barrio que Botín y cuando viene al centro le conduce su mecánico. Pero antes muerta que sencilla, le gusta ser la rosa más roja del jardín.

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Me ha dicho que somos equipo. Que ante la convocatoria del 29 tenemos que ser persuasores e imaginativos. Que qué se me ocurría.

Le he dicho que yo ya me había dado de baja, pero que me llamó Jenaro, que sigue enredando en una de esas agrupaciones sectoriales, y me dio el coñazo hasta la extenuación. Por favor, por favor, te necesitamos, te llamará Chufi, me dijo. Bueno, me lo quité de encima, si no tengo nada mejor que hacer….

Y cuando Chufi me llamó le dije se trajera al mecánico, que  iba a llevar muchas barajas, muchos juegos de dominó, muchos parchises. Todos los juegos de mesa que pillemos por ahí. ¡Ah!, y películas pornográficas, que hay mucho abuelete salido y todo vale para entretenerles el día D. Entonces se me ha mosqueado.

-Sigues tan guarro como siempre- me ha reprochado.

-Pero…¿donde está tu progresía?- me he defendido yo- ¿No dicen ahora que los abuelos también tenemos derecho a la sexualidad sin tapujos?

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Le he visto llegar,  bajarse del fastuoso BMW mientras el mecánico le abría la puerta. Y la verdad, me he descojonado de risa. Me he acordado de la canción esa de la familia Alcántara, y allí mismo me he puesto a cantar:

Cuéntame/ cómo te ha ido/ desde que yo te dejé de ver

Cuéntame/ cómo es posible/ que sigas siendo de la UGT…

Ella me ha escuchado y, la verdad, se ha cabreado. No ha entendido que el tiempo pasa, y que una cosa es sentirse de izquierdas y otra estar en Belén con los pastores. Quizás tampoco entendiera que yo sólo acepté el embarque de Jenaro por volver a ver a Chufi, que en el fondo me gustaba…

Pero ¿cómo va a aceptar la Magdalena esta que a mí lo de ser un abuelo piquete me parece de coña? Y, sobre todo, ¿cómo le explico que el día de la Huelga General pensaba llevar a mis nietos a ver Toy Story?

La emocionante historia de la dinosauria Matilde

Interesante observación. Esta historia demuestra que un hombre puede enemaorarse de una mujer que guarde un parecido con algo tan lejano como un dinosaurio...

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No lo he dicho en mi cátedra, porque hubiera parecido una observación boba y, desde luego, poco académica –se podía leer en una de las últimas anotaciones de su diario-, pero es evidente que la sorprendente similitud de algunas personas con la morfología de algunos animales reales o con criaturas de ficción popularizadas por el cine no implica ninguna identificación con la especie de referencia, como tampoco ninguna descalificación moral de dicha persona. Se puede ser bello y ser un bellaco, y, por el contrario, ser un Quasimodo y tener un gran corazón. Y a continuación Diógenes Causín, paleontólogo y catedrático de Paleontología, citaba una ristra de ejemplos de personas de distinto perfil perfectamente identificables, a su juicio, con animales o extraños andróginos que justificaban su teoría. Las políticas Isabel Tocino y Soraya Saenz de Santamaría parecen dibujos de Walt Disney: la primera se parece a Flor, la mofeta de Bambi. La segunda un pez (hembra) coqueto salido de la pluma de alguno de los dibujantes del estudio. La vicepresidenta Fernández de la Vega, con su peculiar peinado en forma de casco, se asemeja extraordinariamente a esos pollitos de buitres, con su pedazo de cáscara de huevo aún en la cabeza, que pintan los tebeos infantiles. El expresidente Pujol ha sido reconocido como inspirador del Yeoda de La Guerra de las Galaxias, de la misma manera que el sindicalista Méndez guarda un razonable parecido con unos guerreros- osos melenudos, muy feroces, que intervienen también en dicha película. El futbolista Ronaldinho tiene la misma dentadura que una piraña, el expresidente Fraga está emparentado con el rinoceronte, el ministro de Fomento Blanco recuerda a las ardillas, castores y otros mustélidos, y cualquier observador de la historia que tenga en la memoria al general Franco con gorrillo cuartelero, panza enfajada y botas altas, recibiendo a Hitler en la estación de Hendaya, vería en su perfil y en sus movimientos los rasgos de una gallina.

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En la penúltima entrada de su diario,  el paleontólogo Diógenes Causín se deshacía en elogios hacia su esposa Matilde, fallecida tan sólo un año antes que él. Fue una mujer delicada, sensible, que supo amarme a pesar de que un científico ama más la investigación y la ciencia que ninguna otra cosa, y es incapaz de responder al encanto de una mujer si en ese momento le está tentando el microscopio. Debo  ponderar, además de sus virtudes, su hermosura,  pues siendo una mujer alta, delgada y angulosa, de mirada de áspid y andares de de bailarina de ballet, atesoraba un singular atractivo.  Ella, tan fantasiosa, lo idealizaba al máximo. Se definía a sí misma, con cierta gracia, como un cruce entre Audrey Hepburn y Cruella de Vil. Todos debemos de tener un referente de nuestro aspecto físico en alguien o en algo, pero yo jamás me atreví a destruir la imagen de sí misma que se había construído, aunque sabía a ciencia cierta que había otro ejemplo real mucho más próximo a su figura.

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La última anotación de Causín se alejaba de consideraciones frívolas, y hacía una llamada urgente a sus colaboradores para que descubrieran un hallazgo que iba a revolucionar la paleontología. Yo no lo hubiera podido hacer en vida de Matilde, sin borrar la evidencia, y ella jamás me lo habría perdonado si no lo hubiera hecho. Por eso encargo a mis colaboradores y a cualquier amante de la paleontología lector de este diario que excaven con sumo cuidado en este lugar exacto, vean, se asombren y saquen nuevas conclusiones sobre las derivas que puede tomar a veces la teoría del evolucionismo. A continuación reproducía unas coordenadas, y adjuntaba un recorte de un mapa de la serranía de Teruel y una serie de referencias topográficas exactas para que el equipo de excavación diera con lo que sin duda era el hallazgo más asombroso de la historia de la paleontología moderna.

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El tesoro que había descubierto el profesor Diógenes Causín dejaba en nada al Concavenatur corcovatus Pepito que meses antes habían desenterrado en la serranía de Cuenca. El fósil del Concavenator coquetus Matilde era una dinosauria perfectamente conservada, al punto de que en su estructura se podían adivinar no sólo alguno rasgos sospechosamente andróginos, sino la gracilidad de unos movimientos que, la ciencia lo adivina todo, podían parecerse a los de una bailarina de ballet.

Con todo, lo más sorprendente de aquel legado que el abnegado profesor había ocultado venía en una caja de acero, perfectamente aislada de la humedad, que apareció junto al fósil. Cuando, con gran pompa y circunstancia, las autoridades científicas procedieron a abrir la caja, sólo encontraron en su interior una nota firmada por el privilegiado paleontólogo que primero dio con el descubrimiento para luego volverlo a ocultar bajo tierra.

La nota decía: He amado mucho a la ciencia, pero, aunque ella no lo viera así, amé mucho más a mi esposa Matilde. Por eso no le pude confesar que, aunque se creyera una mezcla de Audrey Hepburn y  Cruella de Vil, en realidad se parecía mucho más a esta maravillosa dinosauria que me he apresurado a bautizar con su nombre. Su coquetería femenina no hubiera entendido la similitud. No me importó: preferí esperar a la muerte de ambos para que el mundo conozca mi hallazgo.  El poeta Artur Rimbaud escribió: “par delicatesse, j´ai perdu ma vie”. Yo podría decir igualmente que por delicadeza he perdido, tal vez, un  premio Nobel, pero no la perdí a ella, que siguió amándome hasta el final. Lo cual me permite morir tranquilo y con la sensación de haber cumplido todos mis deberes como científico y, sobre todo, como persona.

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