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Orgullo y exceso gay

Si todos los colectivos orgullosos exigen siete días de fiesta callejera...¿cuántas semanas necesitamos que tenga el año?

Si todos los colectivos orgullosos exigen siete días de fiesta callejera...¿cuántas semanas necesitamos que tenga el año?

Un pueblo andaluz y finales de los años cincuenta.. En aquella pequeña comunidad, tan cerrada como la de cualquier población española, no fue Clotilde, alias tía Clota, la única extravagancia. Ella se empeñó en hacer carrera, estudió filología, emigró a Estados Unidos y se ganó la vida  allí como profesora de literatura española. Eusebio ganó plaza de policía municipal, tocaba  el clarinete en la banda, criaba jilgueros y un día dejó a su novia Trini mal plantada para trabajar en Madrid como camarero. Años después  se supo el porqué de tan extraña reacción. Eusebio habia roto en mona.

Esta expresión se la ha escuchado el Duende a su amigo Félix, que es gaditano. No la conocía antes, ni sabe si está muy extendida en el hablar del pueblo. El caso es que Eusebio no se encontraba a gusto en el rol que le había asignado su sexo, rompió en mona, o salió del armario, que es la expresión más vulgar. Y probablemente hizo bien. Como hizo bien, cuando ya había ahorrado un dinerillo, en buscar el barrio adecuado para vivir con su pareja.

-Estaba encantado en Chueca- comenta la tía Clota- Pero dice que una cosa son las fiestas del Orgullo Gay y otra la matraca, el insomnio y el asco de los orines y los vómitos en la calle, ya lo produzcan los gay o los demás.

-Cuidado, tía-le advirtió Homper-Por esas expresiones os pueden colgar el cartelillo de homófonos.

-A mí plim-respingó la anciana como si le hubiera molestado el comentario de su sobrino- Tú veras, viviendo en Vermont y con más años que un palmar…En cuanto a Eusebio, él dice que una cosa es ser homosexual y algo mayor para juergas y otra masoquista…

-Es lo malo de la edad, tía.

-No digas tonterías, Hom. Es lo malo de la falta de educación.

Eusebio también  le había comentado a su paisana que una semana de orgullo tal  vez era demasiado. Y que ni las organizaciones de homosexuales deberían de ser tan exigentes con hacer de sus fiestas Una carnavalada de obligado sometimiento para los vecinos, ni el Ayuntamiento de Madrid tan complaciente al plegarse a sus deseos.

-Tiene razón Eusebín-sentenció la anciana para cerrar el debate- Puede que rompiera en mona, pero desde luego no rompió en memo.

Suicidio aplazado

Felices cámaras aquellas en las que aparecía el pajarito y sonaba un "click"...

Felices cámaras aquellas en las que aparecía el pajarito y sonaba un "click"...

Por suicidio inmediato, vendo cámara digital SAMSUNG L73.  El Hombre Desesperado- había intentado una y otra vez entender las instrucciones de manejo de aquel ingenio que, a decir de su hijo, era lo más fácil de manejar del mundo. Imposible.

Para empezar, el manual de instrucciones  decía Leia com atençao este manual antes de usar a nova câmera. El Hombre Desesperado no creía en la unidad ibérica, que ahora ronda en el pensamiento de algunos politólogos ilustres. Por tanto le molestaba que una cámara japonesa se adelantara a los acontecimientos y eligiera el portugués como idioma oficial de sus explicaciones. A decir verdad, entendía casi todas las palabras. Pero le cabreaba que una cámara japonesa comprada en el Corte Inglés le hablara en portugués. Y además no entendía lo que querían decir. Era dramático: todo, desde la explicación de lo que era ese aparato a las instrucciones de uso, le parecía tan rematadamente mal expuesto y peor escrito que no entendía ningún manual.

Anotó en su Moleskine de puño y letra: no puedo seguir viviendo en un mundo para el que soy tan inútil. No aguanto ni un minuto más sentirme el más gilipollas del planeta. Quiero desaparecer, que es una de las pocas cosas para la que no necesito manual de instrucciones.

En la redacción de su improvisado testamento, una luz le iluminó. Pensó que a pesar de su baja autoestima, su muerte no debería ser en balde. Así que, dominando por un momento su obcecación, tomó la pluma y añadió: si a pesar del suicidio inmediato, Dios me indulta  y me concede la gracia de sentarme a su lado, le convenceré de que incluya en su lista de condenados sin remisión posible a todos los redactores de instrucciones de los aparatos modernos. A todos.

Se consoló pensando que al menos esos sutiles malvados arderían en las calderas de Pedro Botero con las almas de todos los villanos que en el mundo han sido, desde NerónGilles de Rais hasta el inventor de los muebles de metacrilato y el compositor de  Macarena. Y a continuación se dirigió al botiquín para coger la caja de barbitúricos.

No pudo ingerirlos. Una semana antes su lupa se había hecho pedazos al estrellarse contra el suelo de la cocina. Y su vista, ya fatigada quizás por  haber visto tantas muestras de la estolidez humana, no alcanzaba a leer las diminutas letras del prospecto. Editores de prospectos de fármacos  en letra microscópica, anotó en su testamento como adenda: otros que deben ser arrojados al fuego eterno.

Así que, incapaz de saber cuántos barbitúricos necesitaba para despedirse de la vida sin excesos, reprimió la ira de haber perdido las fotos de su último viaje –un desastre más en su vida- y decidió aplazar el suicidio para mejor  ocasión.

Reivindicación del níspero

¿Por qué nadie le ha cantado una copla al níspero, con lo rico que está?...

¿Por qué nadie le ha cantado una copla al níspero, con lo rico que está?...

Las referencias que Homper, el hombre perplejo, tenía del níspero no eran precisamente  estimulantes. Su abuelo Pablo repetía hasta la saciedad aquello de quien nísperos come, espárragos chupa, bebe cerveza y besa a una vieja…ni come, ni chupa, ni bebe ni besa. A pesar de que, llegado el uso de razón, se apercibió de que muchos de los refranes no dicen sino majaderías –aquí especialmente en el caso de la cerveza-, entendía lo del níspero. Sin duda por lo raro que era tomarlo en sazón. Los nísperos eran agradables al tacto, llevaban dentro los huesos más bonitos del reino de las frutas. Pero siempre estaban verdes, y dejaban el paladar como si a uno le hubiera besado a tornillo la Bruja Vinagre.

Por otra parte el insigne abogado Luis Giménez Guitard, nacido en Málaga el año de gracia de 1946 y gran amigo de Homper desde los tiempos del colegio decía a a menudo de esta o aquella persona, este u otro asunto, que le sudaba el níspero. El insigne abogado que acaba de celebrar el cuarenta aniversario del bufete fundado por su padre, es un tipo afable y sencillo, generoso con los amigos, vital, locuaz y notablemente apegado a los placeres terrenales. Lo cual no excluye su sensibilidad  para los valores del alma, especialmente si ésta  aterrizó en un cuerpo del sexo femenino que sea, digamos, hermoso. Conociéndole, no extraña que haya usado el giro del níspero numerosas veces a lo largo de su vida. Verbi gratia, morena me gustas, y me suda el níspero que no estés convencida porque se que acabaré conquistando tu corazón. O en el tráfico de su negocio, me suda el níspero que usted  no esté conforme ahora con lo que firmó, porque pacta sunt servanda, y si no paga lo que debe a mi cliente le demando. Al amigo de Homper le gusta disfrazar su alma de Garcilaso con chascarrillos cuarteleros.

En realidad, al pobre níspero –y me temo que Cela también tiene la culpa- lo han convertido en metáfora tan sospechosa que uno queda literalmente estupefacto cuando tiene la suerte de probarlo maduro y recién cogido del árbol. Homper degustó uno  esta mañana y se quedó literalmente embriagado por el perfume y la original dulzura de su jugosa pulpa, una de las más exquisitas de todas las frutas. No sólo no merece  el abuso semántico que se comete con él, sino que hay que pedirle perdón por no tenerlo a menudo como metáfora poética de primer orden.

-Amor, me gustas más que el níspero- pensó si se atrevería a decírselo alguna vez a alguna mujer. Y no, no se atrevía.

Perece mentira que conozcamos tan poco y mal nuestras frutas y frutales. Poco después de ese delicioso bocado matinal podaba las puntas secas de un limonero que se heló en invierno, y probaba en sus mismas carnes la ferocidad de los pinchos que guardan sus hojas. Cuidadito con los cítricos. Tan aromáticos,  tan sanos y tan vistosos. Y sin embargo tan canallas si te andas por las ramas. Bueno, pues a pesar de todo mira que hay coplas para ellos: A la lima y al limón, Ojos verdes, Bajo un limón limonero…

Y no había nadie que le echara un requiebro al níspero.

Una cena en la Ribeira Sacra

Al final de un camino como éste se divisa el pazo...

Al final de un camino como éste se divisa el pazo...

De vez en cuando el Duende tiene la suerte caer en una cena de esas tan interesantes  que parecen de película. Más exactamente, de película de Eric Rohmer o de Chabrol. Una cena en una casa de muchos siglos restaurada con cariño, buen gusto y cierto atrevimiento. Fue en viejo pazo gallego en un campo de idílica belleza, asomado a la Ribeira Sacra lucense, en el término de Ferreira de Panton, entre castaños, robles, fresnos y auténticos bosques de retamas que en primavera alegran el verde intenso con sus crestas amarillas. No se debe quedar uno en lo insólito del escenario, -el marco incomparable, que diría el cronista- en la calidad de la mesa  y en el bouquet especial de los vinos. Aunque, como en este caso, sean producidos por los propios anfitriones y en los viñedos de la propiedad. La gran diferencia, como casi siempre, son las personas.

La que había convidado a los buenísimos amigos que, a su vez,  habían invitado al Duende era Isabel Aguirre de Urcola, una arquitecta que es Premio Nacional de Arquitectura. Entre otros muchos trabajos que la han acreditado como urbanista y paisajista de primer orden, Isabel ha diseñado junto con Alvaro Siza el Parque Bonaval de Santiago de Compostela, así como los Parques Oeste Vale/Grande y Sul de Lisboa. Isabel era además profesora de la ETS de Arquitectura de La Coruña ( que, por cierto, ya no se sabe si es con La, con A o sin artículo alguno, como ahora proponen algunos puristas). Lo admirable deIsabel es que comenzó a estudiar la carrera de arquitectura a los cuarenta años. Ya no da clases porque, pese a su figura de actriz y su cutis de jovencita,  ha cometido el error de superar la edad de jubilación.  Para más osadía por su parte, es de las que se molestaba cuando un alumno escribía con faltas ortografía. Y de las que levantan la voz cuando una de esas maquinotas-destroyer de obras públicas arrambla con los muros de piedra centenarios de una corredoira para ampliarla y permitir así que los coches de los aldeanos atraviesen el bosque sin arañarse la carrocería, que sufre tanto. O sea, una provocadora.

-¿Pero habéis sometido el proyecto a información pública y pedido el informe de impacto ambiental?- le preguntó al Conselleiro de Medio Ambiente, a la sazón del Bloque cuando vio aquella tropelía paisajística que, por lo visto, requería el progreso.

-¡Mujer!-se excusó el baranda-Es que si seguimos los trámites legales no podemos hacerlo, como quieren los paisanos…

O sea, razón de estado y aguantoformo. Si antes teníamos que soportar las melonadas del gobierno central, ahora debemos añadir a éstas las de diecisiete gobiernos autónomos. El protagonista de Las siete columnas, una de las mejores novelas del gran novelista gallego Wenceslao Fernández Flórez, se llamaba precisamente Acracio. A lo mejor era porque estas cacicadas invitan a ser ácrata permanente.

Así y todo Isabel proyecta una imagen de felicidad que se respiraba en la cena y que parece ser la argamasa que une los sillares del vetusto pazo. Es tan buena anfitriona que hasta dijo que añoraba a Doña María, cosa que al Duende le llenó primero de estupor, y luego de indisimulable orgullo. Tan lejos han llegado esos muñecos radiofónicos a los que daba un poquito de cuerda todos los días. Alrededor de la mesa se sentaban sus hijos, los amigos que nos llevaron allí y otros invitados, se oían voces de nietos y también rondaba un perrito parecido al de la Reina de Inglaterra. La hospitalidad era tan natural que el Duende, que había recorrido la finca con un calzado inapropiado para un día de lluvia y se había calado los pies, perdió la vergüenza y le pidió a Antonio Yordi, el hijo de Isabel, un par de calcetines secos.

-Es porque el enfriamiento se me va a la garganta-se excusó.

Nunca pensó que se atrevería a hacerlo, pero si no se cambia los calcetines hubiera perdido la voz. Y no hubiera podido contar hoy que fue una noche muy grata, y que sólo le faltóaprovechar  las parladeiras, unos poyetes de piedra encastrados en el muro de poniente de los pazos donde los gallegos se sentaban a hablar mientras tomaban hasta el último sol que entra por la ventana. Otra vez será. Si Dios y la ilustre arquitecta gallega quieren.

Terapia con la Pantoja y otros famosos

Al lado de los dolores del alma de algunos famosos, Homper se convenció de que sus dolencias eran filfa...

Al lado de los dolores del alma de algunos famosos, Homper se convenció de que sus dolencias eran filfa...

La perplejidad de Homper fue esta vez  fue saber  que padecía una rotura microfibrilar de tercio medio de vasto externo. Le sorprendió en primer lugar  tener un vasto dentro de la pierna. Eso no salía en aquel morboso hombre por dentro, esa especie de cuerpo humano desollado que le enseñaron en la clase de ciencias naturales para introducirle en la anatomía. Aquel monstruo, bien intencionado en su truculenta mudez, anticipaba el arte de Francis Bacon y daba alguna repugnancia, pero -insistía Homper- ni mentaba al vasto. Enseñaba las vergüenzas viscerales y las cuadernas de nuestra arquitectura, bastante grimosa, por cierto.

-Qué espanto-se decía-Pensar que Brigitte Bardot y Ava Gardner también están rellenas de

esa casquería tan poco fina…

Y luego le sorprendió saber que a su edad. y después de haber corrido maratones cuando era algo menos maduro, se hubiera hecho una lesión típica de futbolista. En cierta medida le hacía cierta  ilusión, pues esa sentirse como el niño Torres o como Casillas, que, de haberse casado en su día, hasta podrían ser casi sus nietos. Al pobre Homper simplemente le dolía cara exterior del muslo derecho. Así lo creía, aunque ya les digo que era el vasto.

-Nunca te acostarás sin saber una cosa más-le decía al traumatólogo- ¿Y por qué ahora, si cuando hacía mucho más ejercicio nunca me dolía nada?

-Pues ya conoce el dicho: si a partir de los sesenta te despiertas por la mañana y no te duele nada, es que probablemente estás muerto.

Cuántos mortales queremos sentirnos vivos usando y abusando de la sanidad. Viendo la legión de tullidos que concurrían en el consultorio, Homper  se preguntaba estupefacto si tendríamos tantos alifafes de pagar su cura con nuestro bolsillo. La cosa es que, aún siendo astronómico el presupuesto público para este placebo, no hay manera de que las salas de espera incluyan publicaciones del día. Las hay de caza, de pesca y, sobre todo, prensa y papel couché del corazón, pero todas retrasadas. Debí serpararme de mi marido a los treinta días, confiesa Concha Velasco hablando de ese gentleman llamado Paco Marsó. La valentía y serenidad de Cayetana son admirables, dice Carmen Tello de su amiga la Duquesa de Alba, últimamente pachucha. Que sea valiente y diga lo que dije yo un día en un plató -le reprocha Mayte Zaldívar a Isabel Pantoja-: que Julián Muñoz me ha sido infiel.

-Jeús, cuánto sufrimiento-pensó Homper.

Y se quedó perplejo imaginando que quizás esas revistas estan ahí para que, comparándolos con los del alma, minimicemos los dolores del cuerpo y ahorremos dinero a la exhausta hacienda pública.

Los trajes de Camps, del máximo interés

¿Cómo podemos conciliar el sueño si no sabemos dónde están las facturas de los trajes de Camps?...

¿Cómo podemos conciliar el sueño si no sabemos dónde están las facturas de los trajes de Camps?...

-¿Es que ya no saben priorizar el interés de la noticia?-se preguntaba aquel empresario de los medios de comunicación- ¿Dónde están los profesores de periodismo? ¿Y la agudeza del director?

Presumía tanto de ojo crítico como de elegancia indumentaria. El titular del periódico EL PAÍS que provocaba su reflexión decía así: El PP asume que Camps no tiene facturas y se las exige a la tienda. Debajo, el cuerpo de texto hablaba de sastres, trajes regalados, presuntos sobornos, presuntas mentiras, facturas que no aparecen, un presidente en apuros, sospechas de financiaciones irregulares y contradicciones de un partido cuyo líder no encuentra su rumbo.

Es cierto que  pasaban otras cosas. Paul Krugman recordaba que España no es la ni la Arcadia feliz ni el país de Jauja. En El Salvador las urnas daban el poder a Mauricio Funes, y con él a la antigua guerrilla. Los obispos acudían a los linces para denunciar que sus crías gozarán de más protección que la que la reforma de la legislación sobre el aborto dará al feto humano. Zapatero y Chaves acordaban liquidar la deuda histórica, que para el resto de los españoles es, además, un arcano histórico. Y también se leía en un rinconcito del rotativo que el nuestro es el país de la UE que más empleo destruye. O sea, que noticias había. Aunque la más importante era que no se encontraban unas facturas para justificar 12.00 euros de trajes.

-Verdaderamente intolerable -se decía aquel dandy de los medios- Se habla de trajes  y ni siquiera se cuenta si las telas son franelas, ojos de perdiz, fil a fil, alpacas, espiguillas o rayas diplomáticas. Qué falta de rigor y de criterio. ¿Se le aclara a acaso al lector si los trajes son cruzados? ¿Si llevan chaleco? ¿Si los pantalones son de pinzas y con vuelta?.

Aquel paladín de la ortodoxia no paraba en sus críticas.

-¿Y si Camps se hubiera hecho trajes marrones? -se preguntaba alarmado- ¿Cómo se puede omitir ese detalle?…¡Señores míos, eso hay que decirlo!…

Ya no hay decencia, ni criterio, ni respeto por la noticia, ni deontología profesional. Se habla de sastres, de los presuntos sobornos a un presidente al que dicen que le regalan  trajes y ni siquiera se investiga el color de éstos.

-Y eso sí sería grave-concluyó- ¿Mira que si Camps ha claudicado al marrón, cuando todo el mundo sabe que un hombre elegante jamás puede llevar un terno de ese color?

Lo dicho. Qué falta de olfato periodístico, qué crisis de valores.

Emilito Botín ya no es lo que era

Si no lo veo no lo creo...¡Botin devolviendo el dinero a sus inversores etafados!
Si no lo veo no lo creo…¡Botín devolviendo el dinero a sus inversores etafados!

Homper no era sino un visitante. Uno más de los que se quedó pasmado cuando Epulón Golden bajó de su pedestal al ver entrar en su sala a un par de periodistas con cámara fotográfica y micrófono. Aquel caballero bigotudo vestido con chaqué y chistera y fumando un imponente veguero, como siempre lo representaban los tebeos, carraspeó y, sin apenas esperar la primera pegunta, se precipitó a dejar sentada su opinión.

-Lo de Emilito Botín es intolerable-sentenció-Una vergüenza para lo que represento.

Los visitantes del Museo de Pesos y Medidas de París y los propios periodistas se sumaron al estupor de Homper. No podían imaginar tanta rotundidad en sus declaraciones.

-Ya no hay principios-se lamentó de nuevo Epulón-¡Un banquero que devuelve su inversión a los clientes porque les salió rana!…¿A dónde vamos a llegar?

Epulón era el patrón banquero que, como otros referentes -el metro, sin duda era el más famoso-se exhibía en el Museo de Pesos y Medidas en una barra de platino y de iridio, para que ni los cambios medioambientales mutasen la pureza de su aleación. Como banquero impecable representaba la codicia sin límites, el afán de exprimir cualquier oportunidad de negocio, y, sobre todo, la insensibilidad ante el pobre cliente perjudicado. Si subía el interés de la hipoteca, mala suerte para el hipotecado. Si se aprobaban nuevas comisiones, allá películas. Si un tal Madozz había salido gangster, a mí plim, nadie le obligó al inversor a que confiara en sus fondos. Si la cuenta corriente quedaba en números rojos, crujida de intereses leoninos, para que el iluso sepa lo que vale un peine. Gracias a su rigor y seriedad, el papel de Epulón  había merecido el aplauso del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de la banca judía, del Foro de Davos,  de la Fundación Tío Gilito y de la Organización Millonetis sin Fronteras.

-Pero ahora…-suspiró-el prestigio del patrón banquero se verá perjudicado…

Se extendió lamentando las esperanzas frustradas en Emilito Botín, que hasta entonces siempre se había mostrado como el banquero impecable. Ni una concesión en las juntas generales a los accionistas disidentes. Ni una vacilación ante los empleados a la hora de exigir el cumplimiento de objetivos. Ni una muestra de sumisión ante el poder. Lo demostró en la última reunión con el Presidente del Gobierno y los otros grandes de la banca, y Homper se apercibió de ello. Don Emilione -como irónicamente le apodan sus propios empleados- posó entonces para los fotógrafos con la chaqueta abierta, mostrando los tirantes y con la soltura propia de quien se siente el verdadero protagonista. Parecía que mandaba más que Zapatero.

-Tan firme, tan sólido-farfulló Epulón conteniendo las lágrimas-Todavía recuerdo cuando de aquellas agendas birriosas que regalaba su banco por Navidad a los clientes de lujo eliminó la cinta que marcaba las páginas ahorrando unos cuantos miles de euros!…¡Eso era un banquero competente!…En fin, no puedo añadir nada más…Muchas gracias.

Los periodistas  cerraron el micrófono e hicieron las últimas fotos mientras Epulón Golden regresaba a su barra de platino e iridio para seguir desempeñando su papel de patrón banquero. Y Homper comprendió su consternación. Ya nada es lo que era-pensó-Cualquier día nos quedaremos perplejos comprobando que hasta  la banca tiene escrúpulos.

Del cumpleaños de Mingote y otros milagros

Bendita esclavitud de la que esperamos disfrutar muchos años más...

Bendita esclavitud de la que esperamos disfrutar muchos años más...

La noticia del sábado es que Antonio Mingote cumplía noventa años. Antonio es un señor español de origen aragonés, pero nacido en Sitges, de los que de verdad saben de la vida. Bonancible, sereno, humilde, de una ironía tan fina como el filo de una navaja albaceteña que, sin embargo, no hiere, aún pasea por el Retiro . Cuando el Duende inició sus travesuras en Clarín Publicidad aquella empresa presumía de haberlo tenido en su plantilla (también trabajaron allí  Borau y Cruz Novillo: sin duda no era una agencia vulgar). Muchos años más tarde lo conoció personalmente, a él y a Isabel, su mujer, Isabel, una mujer guapísima y elegantísima que le da cuerda. Cuando veía esta Navidad el spot de un perfume de Loewe donde aparecen hombres movidos como los juguetes de hojalata antiguos, el Duende imaginaba a Isabelita dando vueltas todas las mañanas a la llave invisible que el buenazo de Antonio lleva a la espalda. Él es más tranquilo, y seguramente, se quedaría en casa más tiempo. Pero Isabelita es carpe diem con encanto, y no le deja renunciar a lo mucho que la vida le ha devuelto a Antonio. Él se deja llevar y sonríe con resignación.

El más original y discreto académico de la Lengua es un encanto de persona. Ha dibujado todo, ha escrito, ha pintado –el Duende descubrió asombrado en una sala de subastas un falso Van Gogh que llevaba la firma de un Antonio Mingote jovencísimo- y hasta en  la película La colmena, aquella obra maestra de Cela que Mario Camus plasmó tan dignamente en el cine, hacía de cliente de una casa de citas. Afortunadamente el guión no exigía el desnudo, lo cual a la tía Clota le tranquilizó.

-No sabes la angustia que sentí cuando pensaba que un hombre tan elegante como él iba a enseñar sus calzoncillos, como los actores de ahora-le contaba a Homper en su llamada de la semana-Pero sigue siendo el de siempre, me alegro…

La tía Clota dijo también que es una pena que desapareciera el perrito de Xaudaró, que también le hacía mucha gracia. Y las películas de Harold Lloyd y de Buster Keaton. No es que esté contra el humor actual, es que no lo entiende, y por eso sigue idolatrando a Antonio Mingote.

-Me encantaría que fuera muy feliz en su aniversario-dijo.

-Si, tía-respondió Homper sin demasiada convicción mientras recortaba del periódico un anuncio por palabras en el que ofertaban una vieja máquina de hacer cigarrillos.

-Te noto distraído-le reprochó la tía Clota-¿Es que para tí cumplir años no significa nada?…

-No mucho, tía. Lo veo como un trámite biológico. Uno va haciéndose mayor y acumula años, y ya está. No tiene más trascendencia. Es como cuando adviertes que te han crecido las uñas. Bueno, pues te las cortas y ya está. Hasta el próximo año.

-Qué poco romántico, sobrino-rezongó la tía-El último día de mi cumpleaños, soñé que, al despertar, estaba al pie de mi cama a un ángel guapísimo uniformado como un camarero del Ritz…Imagínate, por ejemplo, a Paul Newman. No le hacen falta ni alas.

-Si, tía.

-Empujando con una mano, el carrito del desayuno: su café, su zumo, sus panes especiales, sus mermeladas exquisitas…Un termo con chocolate y roscón, que fuera de temporada aún me sabe mejor.

-¿Todo eso?

-Y en la otra mano-seguía la tía Clota-una pequeña cesta redonda envuelta en papel transparente y rematada por un lazo precioso conteniendo cinco pares de medias, un perfumador y una caja de esas deliciosas Moscovitas que hacen en Oviedo, y que son mi debilidad…

-¿Estaba el ángel en su sano juicio?-preguntaba Homper mientras miraba de reojo las esquelas del día.

-Pues sí me lo pareció, sobrino-replicó la tía Clota mosqueada-Además, te diré que se arrodilló, y me pidió que le mostrara una pierna para probarme la talla de las medias…Me dijo que me quedaban estupendamente, que tenía unas piernas tan bellas como las de Cyd Charisse y que había venido a felicitarme para demostrarme que no hay que cerrar nunca las puertas a la sorpresa.

Homper estaba de morros y se empeñó en chafarla, pero ella dijo que seguía soñando, y aún no sabía cómo acabaría la historia. Y la cosa es que, pese a su escepticismo, el sueño de tía Clota prendió en él. Y el día de su cumpleaños también soñó lo mismo, salvo que el ángel que se le aparecía era un híbrido de Fraga y de Fernández de la Vega, y los calcetines de esos con elástico flojo que acaban engullidos por los zapatos. Y una vez más, Homper se quedó perplejo comprobando que, hasta en sueños, Dios premia a los buenos como Mingote y la tía Clota y castiga a los que, sorprendiéndose de casi todo, no creen que la vida aún puede darte sorpresas casi milagrosas…

INEM hasta en los nacimientos

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La prima Alicia vivía como una pepa, y afortunadamente no había tenido necesidad de trabajar nunca. Hasta que giró levemente la veleta de la fortuna, y tuvo que hacerse cargo de una floristería familiar.

También le apremiaba la presión social. Ella hubiera sido feliz cumpliendo las funciones de una respetable dama burguesa: el esposo, los hijos y la casa. Pero hasta las más tradicionales de sus amigas habían abandonado el estereotipo para trabajar fuera del hogar. Empezaba a estar de moda el verbo realizarse. Y al parecer, el ser humano no se realiza si no proyecta su acción personal más allá del ámbito familiar. La prima Alicia sacó pronto sus propias conclusiones sobre la dureza de lo que es trabajar en un establecimiento comercial.

-Pues dirán lo que quieran-sentenció -Pero a mí lo único que se me realizan son los pies.

Desde ese momento el Duende siempre ha admirado a cualquiera que tiene que pasar su larga jornada de trabajo yendo de aquí para allá, de la caja a la trastienda, del escaparate al teléfono, subiendo a una escalera para sacar un objeto de lo alto de una estantería o manipulando el toldo, atendiendo a un pelmazo o abriendo todo el muestrario a esa señora implacable tan minuciosa para elegir sus compras. Todo de pie, y casi siempre con una sonrisa en los labios.

Más genéricamente podría subrayar su admiración por el pequeño comercio, una de las primeras víctimas de la crisis. Por eso aplaude aún más su esfuerzo por agradar en Navidad. El Ayuntamiento de Madrid se ha esforzado este año por vender el slogan de Madrid, la ciudad de la Navidad, y difunde en todos los medios el programa de fiestas, actuaciones y el itinerario de belenes y nacimientos públicos. Pero sin entrar en un museo o en una iglesia, el curioso puede pasear y disfrutar viendo escaparates. Suena a diversión antigua, pero tampoco es mala solución para tiempos caninos.

Y al menos en la capital -como, supongo, en toda España- hay pequeños comercios que merecen un aplauso por su gracia y su originalidad. El Duende se ha parado ante muchos escaparates disfrutando como un niño. Pero ninguno tan entrañable e ingenioso como el de una pequeña cristalería de la calle Padilla, a la altura de los números 35 -37. Ahí, en poco más de un metro cuadrado han montado un nacimiento sencillamente encantador. No le falta de nada: ni castillo de Herodes iluminado, ni molino con las aspas girando, ni río con agua corriente, ni sentido de la perspectiva y de la proporción en las figuritas, más pequeñas las lejanas que descienden desde una procelosa montaña en dirección al portal.

Pero, sobre todo, no le falta sentido del humor. Porque, si bien el portal es el centro de atención, uno puede observar a su lado otra cueva encendida donde, sorprendentemente, se ha acumulado una gran cola de los que en otros nacimientos van a ver al Niño. ¿El motivo?…Alguien atiende al público en esta cueva, y encima de ella hay un rótulo que dice INEM. Ya hay INEM hasta en el nacimiento, por si el Niño no alcanza al milagro que vamos a necesitar para colocar a tanto parado.

El pequeño comercio, querida prima Alicia, además de realizar los pies aguza el ingenio.

Un ángel con pintas en el lomo

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Aquella Navidad, Homper hizo más honor a su nombre que nunca. Se quedó literalmente convertido en el Hombre Perplejo cuando desde el otro lado del teléfono la anciana tía Clota, temblando de la emoción, le contó esta bonita historia.

-Iba a comer sola, hijo. Sólo una sopa caliente y un panettone que me había regalado el tractorista que nos trabajaba la propiedad. Ya sabes, es italiano. ¡Cómo nevaba!…Puse la radio para escuchar algún villancico, ya sabes…Aunque aquí no se estila, yo siempre ponía el Misterio al pie del árbol. A tu tío Oscar le gustaba, ¿recuerdas?…Estaba emocionada, pero triste, ya sabes…

La tía Clota huyó a Estados Unidos porque no quiso ser una poyetona. Así llamaban en el pueblo a las maduritas que, por las tardes, se sentaban en los poyetes de la alameda a ver pasar los mozos. La tía Clota no estaba dispuesta a dar pena a nadie. Hizo carrera, se doctoró en Literatura y Filología y fue contratada en una universidad norteamericana. Cuando ya había cumplido cuarenta y cinco años conoció a un viudo granjero de Vermont llamado Oscar, se enamoraron y se casaron. Ya jubilados los dos, vivían en una hermosa propiedad en medio del bosque y cerca de un río donde él pescaba las mejores truchas del condado. Un día, forcejeando con una de ellas especialmente vigorosa, sufrió un infarto y murió dejando a tía Clota sola, aunque rica.

-¿Te acuerdas de aquel banquero joven tan encantador que me gestionaba eso que?…-la tía Clota no entendía de dinero, y dejaba incompletas las frases. La tía Clota enseñaba literatura, y cosas de esas de las palabras que no sirven para hacer negocios.

Desde la muerte del tío Oscar, Homper había visitado a la tía Clota en dos ocasiones. La primera la tía le presentó al encantador Will Bevan, un joven bostoniano, MBA y ejecutivo de un banco de negocios. Era su hombre de confianza. La segunda, cenaron los tres un asado junto a la chimenea mientras caían las primera nieves del invierno. Los ojos de la tía Clota hacían chiribitas cuando miraban a Will. Will le devolvía sus miradas con el cariño que exigía una cartera de valores tan sustanciosa como la que le dejó el tío Oscar.

-Ya sabes Hom -le gustaba llamarle por su apócope-Desde que me arruiné en eso que…

-Los fondos de inversión, tía Clota-interrumpió Homper.

-Si, eso, ya sabes, ¿no?…Desde entonces, y puesto que ya no vienes tú, no he vuelto a celebrar nada. Y el día de Navidad se me venía encima, ya sabes…Apenas el Misterio, ningún adorno, sólo la sopa y el panettone en la mesa. Y sobre todo, ya sabes, la soledad…Encendí la chimenea y me quedé mirando por la ventana cómo caía la nieve…Y en éstas oí el motor de un coche…Un portazo, dos golpes en el llamador…Abro la puerta y…

-¿Era un ángel de esos que se inventaba Frank Capra?-bromeó Homper.

-Bueno…-titubeó la tía Clota-Era un joven muy bien parecido que llevaba traje oscuro, camisa blanca, zapatos abotinados y uno de esos abrigos de cuello de terciopelo…Era Will, sí…Me dijo que había desafiado la tormenta de nieve para compartir conmigo su menú de Navidad…Lo traía en el coche, perfectamente preparado…Él mismo extendió el mantel, calentó el pavo y el relleno, las salsas, aliñó las ensaladas, el pudding de postre…¡Qué gran corazón! Al brindar con champán y desearnos feliz Navidad, le di un beso. Y él me sonrió.

-¿Y por qué te eligió precisamente a ti para almorzar en Navidad?

-¡Porque era un ángel!…Tuvo la dignidad de decirme que, puesto que había sido él el que me había recomendado los fondos que me arruinaron, no podía consentir que me quedara sola y sin celebrar la Navidad por su culpa…¡Hasta me regaló un reno de porcelana precioso!…

Homper recordó entonces que gracias a las trampas y a la devergüenza del encantador Will Bevan, la tía Clota había perdido los veinticinco millones de dólares que heredó del tío Oscar. Pero dio igual. La tía Clota advirtió que Will no apartaba la mirada de la magnífica cubertería de plata que, con un mueble ad hoc de madera de roble y cajoneras y bandejas tapizadas en terciopelo azul, le había colocado el propio banco por su primera imposición a plazo fijo. Y no teniendo mejor regalo para responder al detallazo de la cena y el reno, se la ofreció como regalo de Navidad.

-Lévesela-dijo dulcemente-Es de buena calidad, porque me la dio su banco. Y yo ya no la voy a necesitar.

En vista de lo cual el joven ejecutivo la besó agradecido, recogió la mesa, guardó todos los cacharros en las cajas correspondientes, cargó luego el mueble con la cubertería de plata en el coche y volvió a perderse en la tormenta de nieve de aquel 25 de diciembre.

-Es bonito que aún haya ángeles así, ¿no, Homper? Ya sabes, cuando una sufre la soledad…

La tía Clota insistía que había sido un ángel como los de las películas de Frank Capra. Mientras que Homper, más prosaico, opinaba que fue más bien un caprón con pintas en el lomo.

El fútbol también es poesía

Los porteros inspiran más a los poetas

Los porteros inspiran más a los poetas

Pensaba uno, pesimista, que tampoco son buenos tiempos para la lírica en el fútbol. Sólo algunos ofrecen aún alguna perla reseñable como aquel además de puta, no voy a pagar la cama, sublime metáfora con la que Luis Aragonés excusó el no largar en un medio que le era hostil. También Caparrós bebió en aguas de la misma musa para decir el pasado domingo que en fútbol pasas de puta a monja en cinco minutos. O sea, que los leones de San Mamés hacían la esquina en La Palanca y de repente son unas virtuosas monjitas luciendo tocas rojiblancas. Podría parecer una travesura surrealista de Almodóvar, pero es el poderío del tropo literario cuando lo maneja un tipo vigoroso como el sevillano. De la perdición a la salvación en tres partidos, velay. Otra pincelada de poesía que alivia la pesadumbre colectiva.

En tiempos de crisis, necesitábamos repostar argumentos líricos para nuestro deporte favorito. Píndaro (542-448 antes de Cristo) cantó en sus Odas a Herión, Arcesilao y Aristómenes. No eran fichajes exóticos de esos que improvisa el Madrid, sino campeones de la época en deportes como las carreras de caballos, de carros o de la lucha en la palestra. Muchos siglos después nuestro Rafael Alberti, impresionado por el valor de Platko, que en un partido entre la Real Sociedad y el Barcelona se hizo una brecha en la cabeza y volvió a la portería azulgrana tras recibir seis puntos, le dedicó otro poema ditirámbico. Nadie se olvida, Platko -escribió el poeta gaditano-Ni el mar, que frente a ti saltaba para poder defenderte (el partido, semifinal de Copa, se jugó en el Sardinero) Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía…Otro potero mucho más modesto, Lolo, sampedro joven del Orihuela según Miguel Hernández, fue el protagonista de la Elegía al guardameta. No es esta pieza tan reconocible como la muy famosa que el poeta dedicó a Ramon Sijé -compañero del alma, compañero. Pero canta a un humilde portero que, según se desprende del poema, murió a abrirse la cabeza contra el poste. (Tampoco es impensable después de haber visto el golpetazo que se llevó Cannavaro el otro día: imagínenselo en la testa).

Pero ningún bardo tan fino como aquel locutor llamado Víctor Hugo Morales que, a la vista del gol de goles frente a la pérfida Albión, bautizó a Maradona como el Barrilete Cósmico. ¿De qué planeta has venido?- se preguntaba estupefacto al ver aquella obra de arte de Diego. Esta alegoría, interpretada por David Vidal en una campaña de publicidad, le quitó la ese a cósmico para convertirlo más bien en cómico, pues ya se sabe que el entrenador gallego lleva la lírica del fútbol a la astracanada. Lamentablemente, al bueno de David, a pesar del barrilete y de ser tan mediático, le cesaron en el Elche. Y ahora nos llega la puntilla final con la destitución de Javier Clemente como entrenador del Murcia. Otro orfebre de la palabra abatido por el bastardo resultadismo. ¿Pero es que no queda ya poesía en el fútbol?

En esas cavilaciones estaba este Duende cuando el miércoles asistió a la presentación del libro de poemas 4 Estaciones 4 Recuerdos, de José Suárez-Inclán. Este hombre, aparte de catedrático de literatura y excelente crítico taurino, ha escrito un poemario intimista que es una delicia. Habla de los paisajes del alma y del campo alcarreño donde vive. Pero, como señaló su amigo Chema Santos en la presentación, hay otro campo que también le hace levitar, y es el del Manzanares, pues el poeta añade a sus glorias literarias la de ser hincha del Atleti. Ahora que el Kun, yerno del Barrilete Cósmico, no descarta arrebatarle al Barça la Liga…¿cabe más poesía que ese sueño?

Sonrisas y lágrimas en la hojarasca

Noticias que van cayendo y se acumulan como la hojarasca...

Noticias que van cayendo y se acumulan como la hojarasca...

Se equivocó Homper, se equivocaba. Como todos los años. Cree uno que el otoño es un nudista implacable y precipitado, que entra con su guadaña de frío y viento y los árboles inician puntualmente su strip tease foliar. Flaca memoria: todo lleva su tiempo. Aparecerá el invierno y muchas hojas, amarillas, doradas, rojizas o incluso algunas verdes, aún permanecerán en sus ramas. La naturaleza no es un reloj suizo. Y el paisaje, nunca mejor dicho, va a su aire.

Pero aunque la vegetación sea más o menos perezosa, paseas por cualquier parque y pisas una alfombra de hojarasca. Como eso tan abstracto que llamamos actualidad, donde una noticia es tapada por otra que cae un minuto después. La hojarasca informativa: ¿quién es capaz de separar lo que es sustancia y lo que es relleno? La pregunta del millón es qué quedará de lo que hoy plasman las hojas de los periódicos en la historia de de este primer decenio del siglo veintiuno. Los calcetines de Esperanza, las acusaciones de Pepín Blanco, los movimientos de Lukoil, los vuelos de la CIA, la ruina de los concesionarios de coches, los datos del paro, que según el ministro Corbacho podemos preveer que no van a ser buenos…(Prever, proveer…¿No hay en la camarilla de un ministro nadie que se atreva a corregirle?).

Dejando a un lado el error de pronóstico en el tempo de la caída de la hoja, la perplejidad del día tenía para Homper una cara feliz. Venía éste de visitar la Casa de las Flores en Candelada, donde su amigo Paco Gil -un Merlín encantador en una tierra poco dada a la fantasía- ha creado un pequeño museo de juguetes y objetos curiosos y el Duende va exponer Una infancia de hojalata. Por un par de horas Homper fue niño feliz y radiante. Como sin duda lo serán los que, cuando abra sus puertas, entren en esa especie de casa de Hansel y Gretel que algún munícipe pedante llamará ludoteca. Ahí, junto a la arqueología de los arcaicos juguetes de hojalata se han concentrado una serie de sorpresas que hacen de la visita un rato delicioso. Eso sí, no hay ni una consola ni un videojuego. Hay que ser un niño muy niño para disfrutarlo.

Lamentablemente, esa misma noche, en Lloret de Mar, otro niño de seis años moría asfixiado por el humo mientras dormía solo en casa. Sus padres habían salido a divertirse confiados en que ya era bastante mayor, y nada malo le pasaría. Pero saltó un cortocircuito, prendió la ropa de un armario y…

La pena de ese suceso que espesaba la hojarasca de noticias fue la pesadilla de la noche. Soñó Homper que llevaba de la mano al niño olvidado a descubrir el tesoro de la Casa de las Flores. Al ver tantos juguetes juntos, el chico sonreía ilusionado.

.-Es lo más bonito que he visto en mi vida-decía el niño-Pero hubiera preferido verlo con mis padres… ¿Por qué me dejaron solo en casa?

Martita vuelve a sonreir (Un cuento sobre la sensibilidad)

Se lamentaba Homper- el Hombre Perplejo- a su psicólogo. Mire, trato de encallecer mi sensibilidad y sin embargo creo que fracaso, ¿qué puedo hacer? El psicólogo le recordó que ser una persona sensible, como diría el padre Bonete, no es malo de suyo. Pero Homper replicó de inmediato: calle, no diga tonterías, tú blindas tu alma y el mundo te resbala. Sin embargo abres tus poros a lo que flota en el viento, a los sentimientos, a lo que ven tus ojos, a lo malo o a lo bueno de la vida, y siempre crees que te debe lastrar lo peor. Y acabas sufriendo innecesariamente, como mi amiga Marta.

Y añadió que parecía imposible que Marta lo estuviera pasando mal, con la carita inocente, tan rica y llena de ternura, que Dios le había dado.

Marta había entrado en la edad madura, pero seguía luciendo rostro de niña, y era tan dulce y cariñosa, que invitaba a que se le llamara Martita. Parecía una amiga de Mafalda, o una de esas criaturas con zapatitos, calcetines y lazo en el cabello que ilustraban las vajillas infantiles antiguas. Marta está bien casada con un marido estupendo, un ingeniero de esos que no sólo te quiere, sino que además es capaz de crear una empresa y, lo más importante, de arreglarte la plancha si se pone a ello. Un tipo tan bien organizado que incluso es capaz de entender ese artefacto diabólico para los bebés que se llama Maxi Cosi, no les digo más. Tienen cuatros hijos y esperan un nieto, y viven en una casa con patio ajardinado la mar de agradable. Además, trabajaba en una pequeña fábrica de felicidad, pues por sus manos pasaban niños de esos que antes llamaban incluseros y que, gracias entre otras cosas a sus buenos oficios, encuentran ahora padres adoptivos. Bonito trabajo Sin embargo, las cosas, se le habían juntado alifafes de salud, preocupaciones por el futuro de sus hijos -¿quién se libra de eso?- y alarmas derivadas de su extrema sensibilidad. Y ahora andaba triste, algo deprimidilla.

¡Qué compromiso, doctor!-le dijo Homper. Y el psicólogo se excusó. No se qué decirle, no la conozco, mi cliente es usted…Pero no creo que eso de echar una capa de cemento a la sensibilidad sea remedio…Y haga el favor de no complicarme la terapia con terceros, caramba, que bastante tengo con usted.

Y Homper se echó a la calle recordando el verso de Rimbaud que tanto recitaba su padre. Par delicatesse j´ai perdu ma vie…Y pensaba que, pese a la resistencia del psicólogo, sus esfuerzos por sofocar sus neurona de la sensibilidad no le habían ido tan mal. Pasaba por la Rosaleda del Retiro en su esplendor y conseguía que las rosas no le dijeran nada. Desfilaba ante los mendigos más dignos de compasión y se convencía a sí mismo de que eran farsantes. Veía precipitarse por un balcón a un especulador desesperado por la crisis bursátil y se encogía de hombros. (Hacía bien, el millonetis arruinado se había atado un tirante de los del puenting, por si en el descenso Wall Street rebotaba y salvaba los muebles). Se convencía a sí mismo: educo mi resistencia, me fortalezco, estoy preparado para afrontar el futuro sin ser víctima de mis sentimientos.

Sin embargo aquella noche tuvo un sueño inquietante. Había dejado sobre la mesa de la cocina una merluza en salsa con la que pensaba invitar a cenar a unos amigos. Ya se sabe cómo son de caprichosos los sueños. En esto aparece su nieta encima de la mesa, y mete un pie en la fuente de merluza. Suena el teléfono, Homper toma un rollo de papel de celulosa, limpia a toda prisa el pie de la niña y se precipita a descolgar. Cuando regresa, la niña no está. Sin lavarle el pie, que seguramente olerá a merluza en salsa verde, la madre le ha puesto los zapatitos y se la ha llevado a la guardería. Y Homper pasará el resto del día torturado por la culpa y las dudas. No sabe qué es peor, si que las monjitas miren extrañadas a su nieta porque huele a pescado guisado, o que a sus invitados esta noche no les guste la merluza con sabor a pie de niña. Qué horror: regresa a la sensibilidad.

Y aunque tenga que seguir pagando al psicólogo, se congratula con su suerte, y aún se atreve a rectificar a Rimbaud. Par delicatesse j´ai gagné ma vie, sí, eso debería haber escrito el poeta. Pues, pase lo que pase con el sueño, con el pie de la niña y la fuente de merluza, y a pesar de que el día es plomizo, Homper sabe que gracias a que aún no se le ha embotado el sentimiento conecta con su amiga Martita. Y está convencido de que ésta sonreirá cuando lea sus peripecias. Y pensará que, pese a todo, vale la pena abrir esos ojos con pestañas tan largas que hacen cosquillas a los ángeles y volver a mostrar su sonrisa de niña feliz.

Metepatas en cadena

Llegó la invitación de boda y, con ella, un plano del lugar de la ceremonia y de la celebración. En los dos puntos clave, un dibujito a pluma de la iglesia de la Compañía de Córdoba y del cortijo donde seguía el guateque. Se celebró la boda, y tras la cena, un presunto presidente Chaves se levanta, da la enhorabuena a los recién casados y les felicita por su sentido de la orientación y por su tino. Se ve en el plano de la invitación. Si eso lo hacemos en la Consejería de Turismo de la Junta, en lugar de la iglesia cordobesa podríamos haber puesto el Obradoiro, el monasterio de Montserrat o el Pilar De Zaragoza. Pero luego el presidente disculpa el famoso gazapo de la publicidad de Turismo del Guadalquivir. Tampoco hay que ser tan severos, tengan en cuenta que la catedral que sale es la de Palma de Mallorca, y Andalucía está lleno de palmas, palmares y palmeros. Palma del Río, la Palma del Condado, el Palmar de Troya, los palmeros de las fiestas con flamenco…Vamos, que un error tiene cualquiera.

No pasa nada. Faltó añadir que todas las catedrales se parecen mucho, pues todas están hechas de piedra, tienen torres con campanarios, espadañas, agujas y cruces o veletas en todo lo alto. Vamos, que para ser responsables y consecuentes con la situación de crisis, hasta podrían aprovechar los folletos con sólo estampillar una advertencia: OJO, NOS HAMOS EQUIVOCAO, DONDE VEN LA CATEDRAL DE PALMA SE IMAGINEN LA DE SEVILLA O LA MEZQUITA DE CÓRDOBA. GRACIAS.

El episodio parece una anécdota, y eso no es grave. Pero puede ser un síntoma, lo que ya es más preocupante. Cabe imaginar que eso parte de un texto y de un arte final que hace un grafista. Que eso se supervisa, se lee y se corrigen los errores. Que luego se imprime. Y se empaqueta. Y se distribuye empaquetado. Y lo recibe alguien, que abre el paquete. Y al que, no siendo sueco, sino español, probablemente andaluz y residente en Sevilla, que es donde radica la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía, le debería sorprender un poco cómo ha cambiado la monumentalidad del Guadalquivir. Cabe imaginar todo eso, pero lamentablemente no ocurrió.

Tampoco hay que creer que la metedura de pata sea especialmente andaluza. Cualquiera habrá vivido multitud de casos semejantes en los que un error morrocotudo sobrevive gracias al síndrome del currito que no quiere líos: vaya cantada, pero esto no es mi responsabilidad. Para eso están los jefes, así que allá películas. Unos por otros, la casa por barrer. No quiere uno pensar cuando ese abstencionismo, involuntario, o doloso por ausencia de compromiso, se da en el error de la cadena de responsables de una central nuclear, por ejemplo. (Otros ejemplos bien recientes han costado muchas vidas). Que Dios nos coja confesados.

¿Qué te vas a poner para la boda?

Le cuenta doña María al Duende que eso de la igualdad entre el hombre y la mujer es mu correlativo. En su jerga, quiere decir que regulín regulán, unas veces más y otras menos, y se apoya en el ejemplo de Meli, una vecina del bloque los Arándanos que se queja de que mientras los hombres llevan generaciones solucionando el problema de qué ponerse en las bodas con un traje oscuro del que nadie comenta nada, ellas tienen que desvivirse por aparentar que estrenan uno cada vez. Otra injusticia, otro sinvivir, otra poblemática más de de espaldas al pueblo y, mayormente, a la mujer.

Da la casualidad de que Meli trabaja como señora de la limpieza en el complejo de Moncloa, como llaman los periodistas al conjunto al palacio presidencial y los edificios anejos. Entre sus compañeras de trabajo causa asombro el fondo de armario de la principal impulsora de la igualdad, que es la vicepresidenta María

Fernández de la Vega... ¿vestida de Dña Maria?

Fernández de la Vega... ¿vestida de Dña María?

Teresa Fernández de la Vega. Ellas han hecho circular la leyenda de que bajo sus oficinas existe un túnel secreto que perforaron en la guerra civil para el asedio de Madrid que ha sido acondicionado como armario ropero de la vice. Ya ves si tiene fondo su armario pa que pueda estrenar un modelito cada vez que da una rueda de prensa. La vice tiene fama de trabajadora discreta y eficaz, y probablemente lo sea. Pero a Meli y a doña María no se les escapa que es, además muy coqueta. Tanto como profundo es su fondo de armario, donde deben de caber un número de  modelitos al  que las gladiadoras del hogar corrientes y molientes difícilmente podrán aspirar.

Así las cosas…¿cómo van a lucir igual todas las mujeres, si la más importante de las españolas parece que estrena un modelo cada día? Podía neutralizar esa injusticia la señora de la Vega insistiendo en que sus aliños indumentarios son  servidumbres del cargo, y difundiendo el mensaje de que las distancias entre el hombre y la mujer se acortarán cuando las doñasmarías pasen y puedan ponerse un único traje suntuario sin ser  objeto de comentarios malignos. Pero nadie dice eso, y tanto a Meli como a doña María se les presenta un otoño picudo. Ya ves -se quejan al Duende- Estamos en crisis, cuatro bodas a la vista y el armario de servidoras con menos fondo que una caja de bombones. ¿A qué espera Zapatero para ayudarnos a mantener la buena imagen de la mujer española?

Lo que nos faltaba. Un Cheque Model guay con cargo al déficit público  para que Meli, María y compañía se acerquen, al menos por el forro, al ideal igualitario que persigue nuestro gobierno. Y aún así, ellos en su traje oscuro reventón no ocultarán su tripa cervecera, mientras que ellas seguirán haciendo régimen por lucir buen tipo. ¡Ay, Señor, cuán largo es el camino de la igualdad!…

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