Publicaciones Etiquetadas 'Acelerador de Partículas'

Bienvenido, mister Higgs


1
El audaz y preclaro director de marketing de Iberdrola se presentó ante el director general anunciando con rotundidad el eje de su próxima campaña de publicidad.

-No podemos quedar al margen de este suceso. Debemos abanderarlo desde ya mismo.

El comité apenas le discutió nada. Estaban encantados no sólo del resultado que les había dado la Selección Nacional de Fútbol como sujeto publicitario. Sino de la eficaz estrategia de motivar a los consumidores en torno a una ilusión, un objetivo común que uniera a los españoles y les ayudara a creer aún más en sus posibilidades.

-Y este es un país moderno, con un enorme potencial…¡Un país con energía!

Después de haber emborrachado a España con esos escorzos de nuestros futbolistas de la Roja entre colosales molinos de energía eólica, el comité de dirección no le discutió nada. Estaban ante todo un lince de la comunicación.

2
El primer spot de la serie que programó Horacio Marketino era muy ilustrativo de la madurez del pueblo español. En él un maestro se rascaba la barba y le preguntaba a un alumno.

-Oye Tomasín…¿Tú que crees que es más importante, la Triple Corona que ha conquistado nuestro fútbol o el último hallazgo del Laboratorio Europeo de Física de Partículas?

El chaval se levanta del pupitre como impulsado por un resorte y respondía sin dudar.

-Hombre, es facilísimo…¡El Laboratorio!

-Y eso ¿por qué?

-¡Jo!…Porque eso anuncia que de un momento a otro va a aparecer el bosón de Higgs.

3
Ni el director Horacio Maketino ni casi nadie en la compañía sabía muy bien quien era Higgs, ni qué era un bosón, ni qué significaba el nuevo hallazgo del CERN, ni si el descubrimiento de una nueva partícula que explicaba el origen de la materia y del universo iba reanimar la economía y a crear empleo, que era lo más importante. Pero la cosa era distraer, animar, motivar, ilusionar, encandilar, hacer levitar al personal con el pretexto que fuera.

Y aunque pareciera una quimera, después del fútbol nos quedaba la ciencia.

4
Se creó un bosón de dibujos animados tomando como referencia a Bob Esponja. El propio Horacio reescribió de su puño y letra el bellísimo himno –casi comparable al Va pensiero – de Yo, soy español, español, español para que las nobles masas cantaran Yo soy el Bosón, el Bosón, el Bosón cada vez que las radios y las televisiones les dieran paso. O sea, unas doscientas veces al día, que eso gusta mucho al personal. Y se distribuyeron millones de camisetas con los colores corporativos de la compañía y la leyenda Todos con el Bosón.

También se contrataron a unas esculturales mamachichos para que, semivestidas de partículas aceleradas, se subieran a un autobús descapotable y ofrecieran al pueblo de Madrid y al mundo entero el bosón de Higgs recién descubierto. Esta vez fueron Manolo Escobar, María Dolores Pradera y Los Panchos los encargados de animar musicalmente la fiesta, para que quedara bien claro que la tradición también acogía con entusiasmo el progreso. Y aunque el gentío, alborozado por otro pretexto para que corriera la cerveza, no sabía muy bien de qué iba aquello, todo el mundo se quedó reconfortado. Pues entre unas conquistas y otras iban pasando los días, se olvidaban las miserias y éramos más felices después de saber, o de creer que sabemos, el origen de los desafueros de este mundo.

Ah, y lo más importante. Al egregio Horacio Marketino le subieron el sueldo.

Un crepúsculo divino

1
Escucha Homper en una tertulia radiofónica una frase que le da qué pensar. La dice Joaquín Leguina, y no es mala pulla contra los que por huir de las creencias tradicionales acaban comulgando con ruedas de molino.

-Dejamos de creer en Dios y acabamos creyendo en cualquier cosa.

La frase se puede entender de mil maneras. Pero el Hombre Perplejo, poco instruído, la refiere a las dudas propias de su edad y de su condición. El Dios que le contaron se fue diluyendo en él por hacer caso a la razón. Pero emprendió el camino de la razón y, o ésta no era demasiado clara, o él era medio tonto, y no daba para seguir progresando por esa vía. Se pone en almoneda al Dios creador del cielo y de la tierra y unos sabios que dicen entender mucho de astronomía, de física cuántica y de otras materias abstrusas nos lo cambian por el Big-Bang. Ahora lo último es el bosón de Higgs, la llamada partícula de Dios . No está, pero se la espera en ese túnel de 28 kilómetros socavado en la frontera entre Francia y Suiza para que colisionen entre sí los hadrones. Con lo bien que quedaba Dios apareciéndosele a Moisés/Charlton Heston en el monte Sinaí y ahora encarnándose en partícula por un túnel donde otros hadrones viajan a toda leche y se estrellan entre sí como conductores de autopista borrachos. A partir de el momento en que aparezca el famoso bosón –vaya nombre- será como el Gran Houdini, pero en plan cósmico.

-Qué empanada, Señor, qué empanada-suspira Homper- Con lo señorial que quedabas tú con largas barbas en las viñetas de la Historia Sagrada…Tampoco lo entendíamos mucho, pero más creíble que lo de la partícula sí que resultabas.

Ahora a Dios ni siquiera se le pone imagen. ¿Quién es capaz de pintarle barbas a una partícula?

2
Imagina Homper que, si es verdad el Creador es omnisciente, debería saber cómo tenemos que entenderle. Y se queda estupefacto –perplejo, como indica su nombre- de que por no complicarse la vida él le haga responsable únicamente de todo lo que le parece bueno, y nunca de los males, horrores e injusticias que se ven por el mundo. A Dios,como al Rey, conviene no comprometerle mucho.

-Además –aclara- Dios tiene muy buen gusto. Lo se porque cuando veo algo bello y me emociono siento como que vuelo. Y dado que los hombres no tenemos alas debe de ser uno de sus milagros.

Homper se las apaña para encontrar al Sumo Hacedor en muchas cosas sin importancia o en pequeños instantes mágicos. Hay un pedazo de Dios en una tortilla de patata, otro en una ventana mudéjar, otro en Audrey Hepburn recién duchada cantando Moon river, otro pedazo en un polvorón, otro en una rosa, otro en un silencio, otro en el aroma del espliego, otro en el roce del pie con la sábana recién mudada, otro en la novela que nunca escribirá, otro en el momento de domirse, otro en un gin-tonic después de haber hecho deporte una tarde de verano, otro en el beso de un nieto a su abuelo,otro en un bolero bailado bien apretado a una mujer en la verbena de pueblo de una noche de verano, otro en el recuerdo infantil de la leche condensada deslizándose por el gaznate, muchos en la música de Bach, y más aún, desparramados por ahí, en multitud de paisajes. En mares, montañas, desiertos. En las cataratas del Iguazú. O en esa bravía playa del Cantábrico por donde pasea una fascinante dama con dos perritos. Esas vivencias hacen de su alma una guitarra, y en ella una mano maestra dibuja misteriosos arpegios que le reconcilian on la idea del mago supremo.

3
El último destello de presunta divinidad fue esta semana, en el inicio del invierno, cuando las noches son puñados de diamantes desparramados sobre terciopelo oscuro y los días amanecen glaseados de blanca escarcha. Al atardecer, se veía por el suroeste un cielo nítidamente azul condecorado por el cuerno de la luna creciente y, por debajo, de él una banda de luz crepuscular de color rosado, casi púrpura.

-Mañana hará mucho frío –le decían cuando era niño y el cielo pintaba así.

Confiesa Homper que ahora le daba igual el frío. En ese momento de soledad gozosa, alguien le decía por teléfono que donde estaba, a muchos kilómetros de distancia, veía un cuadro igual y, sin buscarlo, también sentía un momento especial. Ambos convergían sus miradas en ese punto del gigantesco espacio al que los científicos aún no son capaces de encontrar límite. Y Homper no quiso ponerse trascendente o cursilón, y menos aún buscarle cinco pies al gato, pero no se imaginaba que el bosón de Higgs, con todo lo que se espera de él, fuera capaz de inventar un sencillo momento tan delicioso y emocionante como éste.

- Si no es cosa de Dios –concluyó- hay por ahí un poeta genial que ha adoptado ese seudónimo.

Nunca saldrá de dudas, pero al menos cree que pasa ratos maravillosos.

Maleni abre el camino a Braulio

No le gusta al Duende destacar las torpezas expresivas de nadie. Bastantes sarpullidos habrán ocasionado sus diabluras radiofónicas a lo largo de tantos años. Además, quién no ha metido la pata alguna vez hablando o por escrito. Lo que ocurre es que a un miembro del gobierno presidido por un Scaramouche del verbo florido como Zapatero se le debe exigir que, como poco, se exprese bien.

No es éste el caso de Magdalena Álvarez , cosa rara en una mujer que ganó una oposición muy seria -es inspectora de Hacienda- y habrá apechugado con discursos comprometidos en los múltiples cargos importantes que ha desempeñado. La ahora ministra de Fomento puede ser: competente, trabajadora, lista, e incluso eficaz. Pero aún a riesgo de subir al patíbulo de los acusados por la opinión pública como reo de machismo, este Duende se atreve a decir que lo que es propiamente tino, gracia y finura oratoria, no lo tiene.

Nuestra amiga Alfonsina ha atrapado en el cazamariposas de la red una intervención suya especialmente pintoresca sobre la que pide un comentario en el blog. Como el Duende ha metido tantas patas, al mismo tiempo que se solidariza con ella -con la ministra, a despecho de que se nos mosquee Alfonsina- omite cualquier otro adjetivo descalificador. Más bien al contrario, la felicita efusivamente por ser el suyo un discurso claro y decidido a favor de la igualdad.

¿De qué se ocupa el ministerio de Fomento? Como diría el inefable amigo Braulio, mayormente de las infraestructuras, el transporte y toas las chapuzas que pide el pogreso. ¿Qué es el Acelerador de Partículas que la semana pasada se estrenó? Mayormente pogreso. ¿Quién lo explicó en la tele (Mobuzztv) con claridad, autoridad tecnológica y, sobre todo, precisión y elegancia expresiva sólo comparable a la de Magdalena Álvarez? El propio Braulio. Sin embargo…¿qué cargo ocupa esta buena mujer? Ministra del gobierno. ¿Y Braulio? Ninguno: es un maestro chapuzante free lancer.

Conclusión: lo de Maleni es una proclama decisiva a favor de la igualdad por la que tanto se desvive el gobierno. Si gobernar hoy es, sobre todo, saber comunicar, Braulio se explica al menos tan bien como la ministra de Fomento. ¿Para cuándo su entrada en el gabinete?


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