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Cristiano y Cerezo se mosquean

¿Crisis? ¿Cambio climático? ¿Reforma laboral?...Lo que de verdad nos importa es el fútbol

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Reconoce el Duende que lo de que su Atleti le gane al Madrid le parece ya un imposible metafísico. Resignación y mirar a otra parte: tampoco hay quien redima a la especie humana de su cuota de estulticia congénita, y la cosa se acaba soportando.

Si hay una subespecie del hombre que el bloguero odie sin remisión es precisamente la del llamado hincha de fútbol ultra, que suele reunir en sus comportamientos necedad, mala educación, pésimo gusto y a veces (como cuando se burlan a coro de jugadores del equipo contrario muertos) auténtica crueldad. El Duende dejó de ir a los estadios por no sufrirlos.  Pero toda regla tiene su excepción. Borricos son los ultra del Madrid, como todos los de cualquier otro equipo. Pero sin embargo el pasado sábado tiraron de ironía y de sentido del humor y, sorprendentemente, desplegaron una pancarta que tenía su gracia. Su mensaje era: SE BUSCA RIVAL DIGNO PARA DERBY DECENTE.

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Derby es una ciudad inglesa donde se corría una carrera de caballos que debió de ser muy importante. Sin duda por el interés que esa prueba despertaba, de allí extrapolaron los comentaristas deportivos el nombre de Derby, que, por enfatizar, aplicaron a los partidos de fútbol entre los grandes equipos de la misma ciudad. Para los ajenos al fútbol: en el argot futbolero, un Madrid-Atlético es un derby, mientras que un Madrid-Barça es un clásico. Y el drama del Atlético de Madrid es que hace ya doce años que no le gana un solo derby a su rival, el poderoso epulón de la calle Concha Espina. En muchos ellos perdió merecidamente, pues ante los blancos solían borrarse de miedo o por simple desinterés, cosa muy de este giliclub de ciclotimias exasperantes. En el último partido sin embargo presentaron mejor pinta, hasta que los imponderables le dejaron donde solía. Qué manera de perder, que canta Sabina.

El caso es que por unas cosas y otras perdía, como de costumbre. Y en estas que en el fondo donde se alojan los ultras merengones  exhibieron la pancarta de marras. Sin duda, lo mejor que podía esperarse de esta fauna, pero lo  más humillante para  los ultras rojiblancos que carezcan de sentido del humor.

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Lo que sigue se puede contar así. Dos días después se encuentran en un acto Cristiano Ronaldo, delantero del Madrid, y Enrique Cerezo, presidente del Atlético, hombre encantador y educado que se distingue sobre todo por no comprometerse casi nunca diciendo nada notable. Cristiano está dolido porque fue objeto de una tarascada de Perea, un defensa rojiblanco de los que siempre se adjetivan como “bravos”, y no se muerde la lengua.

-Quedan réditos de las patadas que me dieron –le dice al presidente quizás mostrándole el tobillo hinchado.

-Vosotros también pegáis- replicó el siempre sonriente Cerezo- Y a la pancarta sólo le faltó añadir: el árbitro lo ponemos nosotros.

O sea, que se enfadaron.

 

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Un enfado no es noticia. Alfonso Guerra  y Bono se han enfadado estos días con la ministra Chacón. Granados se ha enfadado con Esperanza Aguirre por destituirle. Los autores se han enfadado con Tedy Bautista porque este no había repartido la modesta cantidad de 145 millones de euros  acumulados por la SGAE que probablemente les corresponden. Y en Madrid los comerciantes chinos se enfadan con el Ayuntamiento porque no les da licencia para vender bebidas alcohólicas, un filón ahora que la juventud está más desesperada que  nunca.

La noticia es que este rifirrafe futbolístico, que hoy reproduce MARCA en su edición digital, había  provocado a esta hora la  cantidad de …¡3.166 comentarios!

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El Duende estaba orgulloso comprobando que su post de hace unos días titulado Espejos rotos había recibido nada menos que 18 comentarios, gracias, sobre todo, a la oleada emocional que provocó la muerte de un perro surrealista llamado Bob de C´as Barber. Qué ternura la de aquel colaborador con el que contaba el Duende. Lo mismo hablaba del sol, del mar, de los higos dulsesitos, de la primavera o del sinvivir de los días, destilando en su lenguaje esencias de poeta. Pero se ve que, con ser importante su mensaje y triste la noticia de su muerte, aquí lo que de verdad interesa no es ni la crisis, ni el déficit ni el cambio climático. Y menos aún la poesía.

Fútbol, fútbol, fútbol, panem et futbolenses para el presunto homo sapiens. Lo demás y los demás somos mucho, o creemos serlo. Pero para qué engañarnos, al lado de Cristiano Ronaldo y demás pobrecitos del orbe futbolero,  no somos nadie.

No habrá güatillazo

Corría la sospecha de que la lenidad de la RAE diera por buenos los deslices verbales de Leyre Pajín, pero parece que de momento deja las normas en su sitio

Enésima causa de la estupefacción permanente en la que vive Homper. Estaba mosca desde la semana pasada, donde a cuenta de otro ataque de vehemencia feminista de la ministra Pajín creyó escucharle decir cónyugues para lo que el roman paladino dijo y escribió siempre cónyuges.

Se lo comentó a la tía Clota, que está haciendo acopio de leña seca para el invierno en su casita de Nueva Inglaterra.

-Tía, aquí ya vale todo –comentó el Hombre Perplejo- Digo yo que lo habrá dado por bueno la Academia de la Lengua.

-Pero si siempre fueron muy rígidos, sobrino.

-Qué se yo, tía. Será que se han contagiado del furor reformista de Zapatero. Mi amigo Muguerza dice que a menudo tiene problemas porque da su apellido para hacer una reserva y luego se encuentra en el hotel o el restaurante de turno con que no consta nadie que se llame así. Lo más parecido es un tal Mugerza.

-¿Confunden el fonema ge con el gue?-pregunta la anciana, profesora jubilada de literatura española en Estados Unidos- Eso no pasaba ni con los más borricos de mi época.

-Las cosas cambian, tía. ¿No te acuerdas de cuando Alfonso Guerra vaticinó que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió?…

Pero hoy la sorpresa de Homper es saber que, reunidas las academias de la lengua española en Guadalajara, Méjico, han decidido reducir las últimas travesuras ortográficas a una propuesta de futuro, y acuerdan mantener las reglas aún vigentes.

-Qué tranquilidad, hijo-dice la tía Clota- O sea, que lo de cónyugues va a seguir siendo ignorancia.

-Bueno, si lo dices tú….A mí me llamarían machista por decirlo.

La buena noticia del día, piensa Homper, es que no todo se reforma a lo loco. O que el afán de darle la vuelta incluso a lo innecesario puede acabar volviéndose contra ti. Mira el Hombre Perplejo los periódicos del día, se fija en las elecciones de Cataluña y se pregunta cómo definiría Pajín  los resultados para su partido, que es básicamente el partido del jefe.

-¿Escribiría que ZP ha dado un güatillazo? ¿O pondría gatillazo como se ha escrito toda la vida?

Improperios perdidos en el universo

Menos mal que nuetros improperios, insultos y sandeces se pierden en la inmensidad del universo...

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Sostiene la anciana tía Clota que la vejez libera. Durante toda su vida intentó ser mujer discreta y contenida. Lo que antes se decía una dama de buena educación. Le recuerda a su ya también anciano sobrino Homper que ella lo pasaba muy mal cuando en un restaurante le servían un plato impresentable o en mal estado.

-Pero no por mí- aclara- sino por la pena que me daba el restaurante…Pobrecillos. ¿Cómo les iba a mortificar encima recordándoles que eran unos incompetentes?…

Pero la vejez libera y, a menudo, también deslengua. Y en su conversación –cada vez menos frecuente-  a través de Skype con el único pariente que le queda en España, que es Homper, manifiesta que cada vez es más intransigente.

-Ya no tengo pelos en la lengua, sobrino. El otro día descubrí un pelo en un pastel de manzana que pedí en un cofe shop y no me callé. Son ustedes unos sucios, y no se para qué se ponen ese gorro blanco. ¿Cómo es posible que no cuiden esos detalles?…

Celebraba ayer su particular tea party en casa con sus amigas Thelma y Edwina. Según ella no es que estén enfadadas con Obama, sino desengañadas de la condición humana.

-Fuimos tan bobas como el ser humano-precisa-Siempre creemos lo imposible cuando es bonito, y nos dejamos encandilar por las buenas palabras…¿Cómo dice el refrán español?…¡Ah sí!: una cosa es predicar y otra dar trigo.

Predicar y dar trigo…

-A Noé le vas a hablar del diluvio, tía –rezonga Homper, siempre sorprendido por las salidas de la tía- Aquí en tu patria natal de eso sabemos mucho…

Y se enredan a hablar de España sin tocar ni a Javier Bardem ni a Pe, que son lo que más conocen de nosotros en el país del tío Sam.

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-Recuerdas aquél libro que arrasó hace muchos años en las librerías que se titulaba La conjura de los necios?...Pues ahora tu vieja España, tía, parece la conjura de los bocazas.

Y repasa Homper las trifulcas originadas por los excesos verbales de determinados políticos e intelectuales españoles: los morritos de Leire Pajín que tanto excitan al alcalde De la Riva, el mierda con el que cariñosamente el académico Pérez Reverte despacha al ex ministro Moratinos, las lolitas japonesas con las que se entretenía Fernando Sánchez Dragó. Atrás va quedando lo de la señorita Trini que Alfonso Guerra dedicó a la hoy ministra de Asuntos Exteriores o los tontos de los cojones que votaban a la derecha que acuñó el alcalde de Getafe Pedro Castro. Deja caer al respecto la tía Clota algunas observaciones. Por ejemplo, que todos metemos la pata alguna vez. Por ejemplo, que a todos se nos escapa de vez en cuando alguna palabra improcedente.

-Y sobre lo de los escritores bocazas…Dos cosas: primera, la fama es una patente de corso para decir lo que los demás no se atreven ni a sugerir. Segunda…¿a quién le sorprende ahora la amoralidad de los creadores?

Y cita de carrerilla los nombres de Chaplin, de Woody Allen, de Polansky, de William Borroughs, ídolo de la beat generation, de Henry Miller…

-Mira, sobrino- precisa- Debe de ser que la gente no lee o no quiere enterarse. Pero yo, como profesora de español en Estados Unidos, tuve que leer toda la obra de Francisco Umbral y me quedé estupefacta de las cochinadas que su literatura, en buena parte autobiográfica y a mi gusto preciosa, larga por esa plumita…¡Angelitos, los genios! ¡Y santas las  esposas que los aguantan! Menos mal que mi marido, que en paz descanse, sólo era un granjero…

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Se enredan hablando de libros, y Homper vuelve a decir que a sus casi sesenta y cinco años le sigue resultando cada día más difícil elegir una lectura.

-No lo se, tía –dice el Hombre Perplejo-Me encantaría leer un best seller de princesas muertas y olvidarme del mundo. Pero sabiendo tan poco de todo de cuando en cuando intento ilustrarme.

Y le habla del libro que se trae entre manos, Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, un best seller de divulgación científica con el que trata de paliar el déficit que arrastra desde que se decantó por el bachillerato de letras.

-Sinceramente, no entiendo casi nada, tía –confiesa-Pero, gracias a Hubble, si se que nuestra galaxia es  sólo una de las 140.000 millones de galaxias que hay en el universo. Fíjate, si  cada una de esas galaxias fuera un guisante congelado cabrían a duras penas en el Royal Albert Hall de Londres. Y además las otras galaxias se alejan de la nuestra cada vez más rápidamente, porque vivimos un universo en expansión permanente…

A la tía  Clota  le reclamaban sus compañeras de tea party, pero no quiso despedirse sin una reflexión para la felicidad.

-Qué tranquila me dejas, sobrino.  Al menos estoy segura de que no llegan allí las estupideces que decimos y por las que peleamos aquí abajo.

Sin Calvo-Sotelo, menos Duende

Todos los que han seguido al Duende desde su paso por la SER saben los motivos por los que le debía estar tan agradecido a Leopoldo Calvo-Sotelo (así, con guión, que no se sabe por qué se tiende a suprimir ahora en los apellidos compuestos). El caso es que aquel presidente de gobierno que después de la labia de Felipe González y el gracejo malvado de Alfonso Guerra, tan fácilmente imitables, aparecía como la dignidad marmórea inasequible a la caricatura, propició algunos de los chispazos más hilarantes de la larga colaboración entre Javier Capitán y el Duende. Primero haciendo un dúo de expresidentes con Adolfo Suárez, luego con un pintoresco representante que promocionaba al aparentemente severo Calvo-Sotelo como humorista. Qué buenos ratos pasamos con el Poldo Mix.

Está muy feo echarle de menos sólo por la punta que le sacamos en la radio. Sin embargo lo bueno de la caricatura es que te obliga a fijarte en el personaje y garrarte a sus flecos amables. Dejando a un lado sus rasgos más fácilmente parodiables, uno estudia su biografía y los breves contactos que tuvo con él no puede evitar el respeto y hasta el afecto. El Duende le escribió dos o tres ocasiones. Siempre respondía con un tarjetón escrito a mano, y con detalles que individualizaban el mensaje. Es decir, que se tomaba la molestia de recordar a quién se estaba dirigiendo para no hablar con simple cortesía formularia.

En una de mis misivas le pedía disculpas por un exceso que no se si fue de los imitadores o de Julio César Iglesias, tan amigo de poner en riesgo el temple de su entrevistado con una humorada no siempre oportuna. Acababa de salir Leopoldo bis en una de las viñetas matinales que hacíamos hace unos años. Y a continuación había preparada una entrevista con Calvo-Sotelo, el de verdad. Evidentemente, éste había escuchado la parodia y, ni corto ni perezoso, Julio, para abrir boca, le preguntó qué le parecía. Como toda caricatura -contestó el ex presidente con su sorna habitual- evidentemente exageradaPero si tiene usted tan buena imitación, no se para qué quiere el original. No fue nuestro mejor día en la radio. Pese a la buena educación y a la tolerancia para la ironía de don Leopoldo, el hielo se cortaba. Julio, como su tocayo Aparicio, tuvo que hacer faena de aliño.

Pero el almario del Duende es a veces muy escrupuloso. Y, no pudiendo acallar su mala conciencia le escribió disculpándose por el rato incómodo que le habían hecho pasar. Utilizó para ello una frase un poco afectada, algo así como me encocora que a usted le pueda haber sentado mal la imitación. A lo que él contestó: me encocora que te encocore, y que no encocore a quien debería encocorar.

Hoy el Duende siente muy suyas las famosas palabras de John Donne: nadie es una isla, lo que le pasa a otro también te afecta a ti, la muerte de todo hombre te disminuye. Don Leopoldo, tan maltratado en su día por la suerte política y por un pueblo que no repara en los matices, se va quizás sin el afecto que España le debía. Y se lleva una de las cuerdas del violín que más le gustaba tocar a uno. Lo que decía el poeta, que al final las campanas acaban doblando por todos, y que al mosaico de las ilusiones radiofónicas del Duende se le van cayendo teselas irreemplazables.

Gracias, Mariano

Mariano Rajoy
No habría mentira si no se partiese de la verdad, como no hay imitación si no existe un modelo original. Lo malo es que a los duendes de la radio se les va el personaje de referencia y ven que su caricatura se desvanece sin remedio. Tanto estudio de voz y de gestos, tanta composición del personaje para nada. Sic transit gloria imitatoris, que diría el padre Bonete en su latín macarrónico.

La nómina de caídos que lloró el que suscribe es larga. Algunos, como el impagable Agustín Rodríguez Sahagún, el papa Juan Pablo II o la pluma avinagrada de Francisco Umbral, nos dejaron para siempre. Si vemos a Charlot, o al Gordo y el Flaco, o a Buster Keaton en una de sus películas podemos seguir riéndonos de ellos y con ellos. Aunque estén muertos desde hace tiempo, a nadie le parecerá le parece una falta de respeto o de delicadeza. Pero si nos reímos de su imitación, todo el mundo entiende que estamos ofendiendo a la memoria del difunto. Así que hay papeles importantes que ya nunca cabrán en el repertorio de los duendes.

También hay muchos que no necesitan morirse para alejarse del mismo. El Duende disfrutaba haciendo de Alfonso Guerra, de Marcelino Oreja, de Leopoldo Calvo-Sotelo, de Manuel Fraga, de Santiago Carrillo, de Hernández Mancha, de Solana, de Rodríguez Ibarra, de Julio Anguita, de Luis Molowny, de Rexach, de Joan Gaspart, de Florentino Pérez. Algunos, como don Manuel, el inagotable Carrillo o Guerra aún nos sorprenden de cuando en cuando con alguna soflama o un chascarrillo malvado que les devuelve a la actualidad. Pero los más han ido pediendo protagonismo. A algunos, ni les buscan ya los periodistas. Su imagen se va desdibujando en la memoria colectiva a medida que enmudecen. Tanto hablas y tanto sales por la tele, tanto tienes.

Por eso el Duende tiene que estar agradecido a Mariano Rajoy, que pese al varapalo de no ganar por segunda vez ha anunciado que seguirá al frente de la oposición. Alberto Núñez Feijoo, que es de los que se perfilan en el horizonte como posibles delfines del PP, explicaba alguno de los porqués. Un líder -dijo- no se improvisa. Cierto: no es fácil dar con la impostura de su personaje si éste habla correctamente, si no tiene un deje regional, si no abusa de muletillas, si no dice burradas o si no habla, como el ya talludo líder del PP, con las eses deshilachadas. Si encima es de Castilla y León, modula las palabras tan pulcramente como Zapatero y resulta de todo un esaborío, el Duende se queda tan huérfano como el ventrílocuo que pierde sus muñecos.

Si todo va como es esperable y Mariano Rajoy cumple sus propósitos, el Duende podrá seguir tirando de uno que, por su fondo y sus formas, es de los más arovechables de la fauna política. Y así hasta dentro de cuatro años. Voila la madre del cordero: no es que le afecte el debate sobre el liderazgo que se abre en el PP. Ni que piense que este pontevedrés tan solvente es la mejor solución para arreglar España. Porca miseria, es que su marcha le destrozaba al Duende el elenco con el que tiene que seguir tirando hasta que le llegue la jubilación.

Así que gracias, Mariano. Y aguanta por lo menos dos años y medio.

Zapatero, entre el biscuit y la gloria

Jose Luis Rodriguez Zapatero

Va a ser verdad que es un Cristo agnóstico, o un Gandhi que en lugar de yogur y cañamones se alimentó de cecina, o el neoignaciano laico impaciente, o Merlín el encantador, o el padre Damián de Molokai redivivo y rebozado en mayo del 68, o el gran Houdini, o la versión moderna del buen samaritano, o un Harry Potter asistente social.

Va a ser cierto que lleva dentro la panacea de todos los males, el secreto de la piedra filosofal, la quintaesencia de la bondad humana, el poder de fascinación del flautista de Hamelin, el germen de la Utopía futura. De otra manera no se entiende que alguien con tan excelentes condiciones para haber sido director de comunicación de una gran empresa, presidente de una cadena hotelera, embajador -aunque necesitara mejorar su inglés-, catedrático de Teoría de las Ideas Justas (entiéndase como se quiera), profesor de arte dramático y declamación, psicólogo para autoestimas decaídas y poeta ganador de juegos florales haya caído en eso tan vulgar que es la política. No se le conoce ningún puesto ejecutivo antes de ser secretario general de su propio partido. Ni siquiera jefe de ventas de un concesionario de Renault. Pero ahora es el presidente del gobierno, que encarna el poder ejecutivo. O sea, es el mandamás. Y, a tenor de los últimos debates, parece que va a seguir siéndolo.

El último elogio se lo ha escuchado el Duende a Lucía Méndez, subdirectora de EL MUNDO. Según ella el presidente Zapatero es, además de referente de virtudes cívicas y sociales, modelo de telegenia, buen orador y portavoz universal del humanismo pata negra. Y, por añadidura, guapo. Esto no se lo habían dicho ni a Adolfo Suárez, que fue buen mozo, ni Felipe González, con sus morritos tan sensuales, ni a Leopoldo Calvo Sotelo, la dignidad de la esfinge que tan bien caricaturizó Peridis. Tampoco se lo habían llamado a José María Aznar, a pesar del morbo que a algunas de sus fans les inspira su cabellera de madelman. Nadie ha levantado la voz llamándole a Lucía feminista por el piropo. Si piropeas a una chica ahora eres un machista, y lo de machista es malo. Pero en cambio lo de feminista tiene connotaciones sociales muy positivas, aunque la fémina considere en este caso lo mismo que los hombres apreciábamos antes en la hembra y ahora nos guardamos por si las flyes. Diga usted que María Teresa Fernández de la Vega es una hermosura de mujer y verá cómo se mosquea el patio. Bueno, quizás tampoco hay que pasarse en el elogio.

Porque hoy éste queda para la figura del presidente Zapatero. Alguien le rebautizó como Bambi cuando apareció en la escena política. Unos dicen que fue Raúl del Pozo, otros que Alfonso Guerra, y Javier Capitán sostiene que fue el Duende impostando la voz de aquél en una jornada de Gran Carnaval. El caso es que, fuera quien fuera su bautista, el inocente cervatillo se esfumó, y aún sin perder la mirada de criatura de Walt Disney se ha resabiado lo suficiente como para levantar sospechas en la otra media España que no le jalea con entusiasmo.

Rajoy, por supuesto, no será menos imperfecto. Pero su falta de telegenia, su mirada extraviada y hasta esa ese que se le deshilacha en la boca juegan en su favor. Con mejor o peor tino, y posiblemente con la misma dosis de demagogia, si convence será a pesar de su falta de encanto. De ese encanto empalagoso que le sobra Zapatero, un político mucho más difícil de batir que lo que en principio sugería su relamida estampa de príncipe de cuento o de figurita de biscuit.

De regalos y otros homenajes de reyes

 Se adelantó en un día a los tres colegas de reinado más largo de la historia, y vio la luz en Roma hace ahora setenta años. Su etapa debe de ser ya de las más largas en nuestra agitada historia. A muchos, cuando Franco le dio el visto bueno, les parecía tonto. Pero él conocía sus limitaciones y asimiló bien las reglas del juego. Teniendo en cuenta que antaño un monarca era un dios, don Juan Carlos ha dado muestras de ser mortal. Con sus flaquezas y debilidades. También con su s aciertos, y su corazoncito.

Cada día que pasa su estampa se parece más a los retratos que Goya pintó de sus antepasados, fundamentalmente de Carlos IV y Fernando VII. La mirada azul, la color sonrosada, la papada y los mofletes de los borbones. Los españoles esperan, estamos seguros de ello, que las similitudes se quedarán en los rasgos físicos: marchemos todos, y vuestra majestad el primero, por la senda constitucional. Y, si no le sirve de molestia,   tenga la bondad de no caer jamás en lo que hizo indeseable a vuestro antepasado Fernando el Deseado.

 Después de su annus horribilis, le sorprende al Duende la lluvia de elogios que  el rey recibe con motivo de su setenta cumpleaños. Sobre todo los que proceden de sectores tradicionalmente republicanos. Se han escuchado impresiones de Carrillo, de Alfonso Guerra, del cantautor Víctor Manuel, de la actriz María Galiana, de Adolfo Domínguez, de Méndez y Fidalgo, los sindicalistas. Sutiles ditirambos: como si el rey fuera un regalo de reyes para todos. Si el presidente Azaña los hubiera escuchado, habría sufrido un ataque de pelusa. Desde la Declaración  de los Derechos Humanos la monarquía no se tiene de pie en un mundo razonable. Pero quizás don Juan Carlos es más que un rey. Su importancia, entre bromas y veras, la subraya la falsa reina Isabel de Inglaterra que, de la mano de James Loyalrock -Jaime Peñafiel fuera de la corte de San Jaime- dialoga con el Duende en la radio. Lo grande es estar en los sellos, en las monedas, en las tazas de te, en los posavasos, en las cajas de bombones y en otros souvenires. Los reyes españoles son más comedidos, y no practican el exhibicionismo del merchandising desatado, pero también son símbolo. Y gracias a su sonrisa, su oficio y su buena planta -quizás también al famoso por qué no te callas- España es conocida en todo el mundo y cae bien en buena parte de él. El Duende sabe que lo suyo es elegir al jefe del estado, pero está encantado de que el rey  de España le quite ese cuidado. Por muchos años: otros que sí elegimos en las urnas nos han dado mucho peor resultado.

Pero estos asuntos de reyes no lo son todo en estos días. Ayer hubiera cumplido ciento un año la madre del Duende. Fue una mujer brava, como casi todas las de su tiempo, y le parió sin sobreesfuerzo alguno a los cuarenta años. Aún vendría otra hija, bien conocida en este blog, seis años después. Y qué pensaría al ver a su hijo convertido  ahora en un estilita del mundo digital: meditando casi todos los días, lucubrando naderías, elucidando disparates, barajando recuerdos.

 Otro cuatro de enero nació Ramón Garrigues Calderón, sobrino querido que hoy es un orondo arquitecto casado con Paz,  y padre de una criatura  bautizada como Javier Ramón, y conocida como Jamón, nombre de fusión muy propio para una familia de infalible apetito que nos gusta a todos. Y creo que un año antes llegaron Borja y Álvaro, unos parientes gemelos a los que el Duende regaló por nacer un par de orinales con cabeza de patito, porque uno no recuerda cómo aprendió ciertos menesteres, pero cuánto mejor sentarse a evacuar con la ilusión de montar en tiovivo que con la penosa sensación de ir al paritorio. Es una idea de última hora para los que aún no sepan elegir un original (u orinal) regalo de reyes.

Y se deja el Duende el asunto del roscón. Pero le está esperando uno recién salido del horno, así que de eso hablaremos mañana. Entretanto ¡vivan los Reyes Magos!


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