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Bermejo o el arte de callarse y hablar a tiempo

mariano-fernandez-bermejo-ministro-de-justiciapreview1Lo malo del poderoso es que impresiona tanto a su alrededor, que nadie se atreve a denunciar sus excesos

-¿Por qué nadie le paró los pies a este ministro?-le preguntaba la tía Clota a su sobrino.

-El poder nos ciega a todos. Hasta que se pasó, e incluso los suyos empezaron a fallarle.

La tía Clota le guardaba una cierta simpatía a Mariano Fernández Bermejo. Más que nada, porque es de pueblo, como ella, y aún en los años en que nació el hoy ex ministro eso de ser de pueblo y llegar tan alto era un meritazo. Además, una vez que fue de excursión a la Villa de Mombeltrán con unos amigos y pararon en la gasolinera de Arenas de san Pedro, ella tuvo que hacer uso del cuarto de baño y lo encontró limpísimo.

-Buena señal, y más en España -puntualizó la tía- Pero claro, la cacería, lo de no tener licencia, cenar con ese juez…¡Matar ciervos cuando a tu presidente aún le llaman Bambi…

Bendita ingenuidad.

La tía Clota sabe que el hoy  ex ministro es hijo del dueño de la gasolinera de Arenas de san Pedro, y que el señor Fernández estaba en las antípodas ideológicas de su hijo. Porque la sangre izquierdista le viene de su abuelo materno, don Emiliano Bermejo, dueño del Colegio del Carmen, un edificio con mucho encanto y un gran jardín que fue derribado por la piqueta para albergar unos horribles bloques de viviendas.

-Pero ya ves, tía. Legalizaba o ilegalizaba ANV, a conveniencia del Gobierno. Comprometía a Montesquieu a dos por tres. Y como era mordaz y daba caña a la derechona le jaleaban. Uno deslumbrado por el poder y otros porque no quieren ver…

-Pues acabo de escuchar a Victoria Prego, que tiene muy buen criterio, y dice que es un hombre muy inteligente y de gran preparación…

-Y simpático -añadió Homper-Que me lo ha dicho un amigo que le conoció en su juventud.

También le contó el amigo que el ex ministro tiene una hermana que se llama Pepita y era de las más guapas de Arenas de san Pedro. De cara muy bien dibujada, piel muy blanca  y silueta perfectamente proporcionada, tenía el aire delicado de un retrato de Madrazo o de una heroína de Chejov. Al contrario que su hermano, parecía tan discreta y tímida que el amigo no se atrevió a decirle que le gustaba, por si se asustaba. Tampoco se lo recordó cuando la encontró cuarenta años después, casada y profesora de matemáticas en un instituto de Valladolid.

-Lo que es no hablar a tiempo-concluyó tía Clota-Si alguien lo hubiera hecho, el ministro a lo mejor había salvado la silla, y tu amigo quizás hubiera acabado con Pepita.

Quién lo sabe. Pero es tan difícil saber callarse o hablar a tiempo…

Rosa Díez y el papel de fumar

Ella también piensa que alguien está usando mal el papel de fumar...

Ella también piensa que alguien está usando mal el papel de fumar...

Qué juego daba el papel de fumar. Llegaba el galán, generalmente con trinchera y sombrero, como Humphrey Bogart, abría su librillo de cartulina, sacaba la hoja, depositaba en ella una línea de picadura, la enrollaba, aplicaba saliva para sellarla y finalmente la atrapaba con los labios para encender el pitillo. Antes, levantaba la mirada y fruncía la ceja con gesto de suficiencia, quizás hasta de desprecio. Eso también formaba parte de la seducción.

Qué juego tan brillante: al maestro Miguel Delibes le sirvió para escribir La hoja roja, el papel que avisa de que vas llegando al final de la reserva. Y a las chirigotas gaditanas, para improvisar sus famosos pitos. Si no disponen de este instrumento, hagan lo que el Duende, que atrapaba un papel de fumar con un peine y soplaba a través de las púas de éste para hacerle vibrar y conseguir el mismo sonido, tan divertido. Cuánto le debemos al papel de fumar.

Tanto, que ha consagrado una frase coloquial de uso harto frecuente. Es ordinaria, pero muy expresiva: cogérsela con papel de fumar. Giro sexista donde los haya, pues alude a la palabra del género femenino (y hay muchísimas, tanto en el diccionario como en la jerga popular) que designa al miembro viril por excelencia. Cogérsela con papel de fumar es abordar un asunto con extrema delicadeza y exceso de escrúpulos. No es una definición rigurosa, porque la acabamos de improvisar. Pero va por ahí.

Zapatero y su fiel espadachín Fernández Bermejo se la cogen con papel de fumar cuando se sugiere ilegalizar globalmente a ANV. De su buenismo utópico han salido otras frases bonitas: hay que extirpar el cáncer del terrorismo sin afectar al corazón del pluralismo. Pudieron hacerlo antes de las últimas elecciones municipales, y consideraron que no había motivo suficiente. No se qué pensarían Justiniano, Papiniano, Raimundo de Peñafort y otros ilustres juristas al respecto. Pero al Tribunal Supremo y a la Unión Europea no les parece ese atajo que denuncia el ministro, sino un simple corolario de la ley que el gobierno procura evitar.

El ciudadano no entiende tanta delicadeza con los ediles desleales que cobran del contribuyente y colaboran con los que luego lo acosan, lo chantajean y lo matan. A contrario: cada día entiende mejor a esa brava Rosa Díez que se atreve a denunciar sin pelos en la lengua la idiotez interesada en la interpretación de la ley. El papel de fumar, para imitar a Humphrey Bogart, a las comparsas y chirigotas o para homenajear a Delibes. Incluso para liarse ese veneno autorizado llamado tabaco. Contra el terrorismo, si no les sirve de molestia a los puristas, el pueblo cree lo que Rosa Díez: menos escrúpulos, por favor.

San Andrés, ¿verdad que se les veía venir?

Qué cara tienen algunos...

Qué cara tienen algunos...

San Andrés, san Andrés: el que tiene cara de serlo no se escapa sin ser. Nicolás Polo Hernández, profesor mercantil, natural de Carrascal del Obispo, provincia de Salamanca, viejo compañero de trabajo del Duende, es un hombre de pueblo con un sentido cabal de la vida, aunque algo primario en sus sentencias. Al pan, pan, y al vino, vino. Nicolás soltaba la frase cada vez que alguien se desenmascaraba y la realidad confirma lo que intuía el olfato.

San Andrés, San Andrés -diría Nicolás-¿Verdad que se les veía venir desde los primeros asesinatos? Abundio, el que asó la manteca y hasta cualquier vasco ecuánime no cegado por la primacía del nacionalismo como razón de ser, hubiera sospechado que quien dispara a quemarropa con tanta ligereza, ya sea en nombre del fascismo o en el de la libertad, no es más que un villano, un desalmado, un canalla y un simple enemigo de la especie humana.

Pero mataban a un banquero y era porque explotaba al pueblo vasco. Mataban a un ingeniero de Lemóniz y bah, era un colaboracionista con el capitalismo industrial. Mataban a un ex jugador de la Real Sociedad y vaya, estaba metido en drogas. Mataban a un antiguo correligionario y era por traidor. Mataban a un cocinero y era porque sirvió en las cocinas de la Comandancia de Marina. Mataban guardias, militares, periodistas, concejales. Mataban a otro empresario y la excusa es que pasaba del mal llamado impuesto revolucionario. Y daba igual: todo por su Euzkadi. El PNV, cómo no, decía que eso no estaba bien. Pero cuando se necesitaba compadrear con los amigos de los pistoleros para sostener el imperio de la mamandurria silbaba y a otra cosa, mariposa

Lo malo es que a los asesinos se les ofreció la mano y ahora se toman hasta el codo. Y se han puesto estrictos: en su chifladura terrorista, incluso el Tren de Alta Velocidad es enemigo del pueblo vasco. Lo que al Lendakari, que no quiere perder el tren del progreso, le ha obligado a ser ligeramente más vehemente en su condena protocolaria al asesinato del empresario Uría. Mientras tanto los de ANV, impasible el ademán, cobrando del erario público. ¿Quién les dio aire? ¡Ay san Andrés, san Andrés! Tampoco el que tiene cara de cínico o tonto se escapa sin ser…

Diego I el Grande

Perplejo está hoy Homper por la falta de sensibilidad social. ¿Cómo es posible?-se pregunta- que no figure con letras de oro en el gran libro de la historia? ¿Cómo no se le ha levantado un monumento? ¿Cómo no se le estudia en las facultades de ciencias políticas? Y tira de ejemplos: Alfredo el Grande: rey de los anglosajones (849-901): Consiguió la unidad de Inglaterra. Federico el Grande (1712-1786): impulsó la prosperidad de Prusia tras la guerra de los Siete Años. Pedro el Grande (1672-1725), el gran reformador que modernizó Rusia y la abrió a Europa. Catalina la Grande (1684-1727), anexionó Crimea y gobernó difundiendo los principios de la Ilustración. En diversos y distantes puntos del globo terráqueo, todos los citados tienen un monumento que recuerda su aportación a la humanidad. Pero bien mirados -añade Homper- todos se quedan en nada cuando se les compara con Diego I el Grande.

Consulta el Duende la enciclopedia y no encuentra entrada alguna dedicada a este prócer. Lo que Homper, que se afana en hallar respuestas a todas sus perplejidades, está dispuesto a enmendar subiendo a la Wilkipedia una biografía que podría quedar más o menos así: Diego I, conocido como el Grande. Rey de la dinastía de los Desfachatoff especialmente relevante por su cinismo y caradura. Aportó a la historia de los gobernantes el dontancredismo, complementario de las virtudes de El príncipe de Nicolás de Maquiavelo, consistente en la facultad de mentir y desdecirse (dígase mejor “matizar lo dicho”) sin sentir el menor rasgo de vergüenza o remordimiento.

Aplicaciones recientes: Zapatero, Bermejo y Conde Pumpido ven con otra óptica a Arnaldo Otegui. Ya no es un hombre de paz, sino un terrorista. ANV deja de ser una organización política y pasa a ser un cubil de delincuentes. Gallardón olvida sus promesas faranoicas de convertir la orilla del Manzanares en los jardines de Babilonia y entierra el proyecto hasta que la crisis escampe. Y por último el ínclito, el prestigioso Pedro Solbes, el sabio de los sabios que, o no sabía nada de economía o lo que tenía no era un ojo caído, sino más bien los dos cerrados, dice que nunca negamos la crisis. Donde dije digo, digo Diego: Santa Coloma parió por un deo-remata Homper-y no me lo creo.

Lo dicho, tantos grandes con su estatua y con su hueco en la Enciclopedia y para este socorrido héroe civil ni una plaza, ni una calle, ni una mala estatuilla. ¿Para cuándo la reivindicación de Diego I el Grande?

Caradura lex, sed lex

Los AlbertosCree recordar el Duende que fue otro veintitrés de febrero, fecha que ha dado mucho juego en la última historia de nuestra querida España. El gobierno de Felipe González anunció entonces que expropiaba Rumasa. En la lucha entre el huevo o el fuero, ganó el deseo de quedarse con aquél, aún a costa de burlar a éste. Parece que había razones económicas y sociales suficientes, pues el señor Ruiz Mateos no era un escrupuloso cumplidor de sus deberes, pero el método fue, según cualquier jurista, una chapuza que denigraba al derecho. De hecho, la expropiación se impuso por el voto de calidad del entonces presidente del Tribunal Constitucional, Manuel García Pelayo, un catedrático de enorme prestigio que cedió a la presión agobiante del ejecutivo para decantar la decisión del lado que, digámoslo así, convenía a los intereses generales. El buen hombre lo pagó con creces. Consciente de haber sido la pieza clave de una de esas frecuentes pedorretas que la política hace al derecho, dicen que vivió el resto de sus días en Venezuela amargado por el recuerdo de aquel veintitrés de febrero.

De entonces a esta parte, son frecuentes las collejas que la razón práctica asesta a la ley. Una de las pocas cosas que aprendió el Duende en su paso por la Facultad de Derecho es que éste se asienta en el principio de separación de poderes que enunció Montesquieu. Por una parte el legislativo, por otra el ejecutivo. Y a distancia de ambos, el judicial. Mientras no se pase, claro. Pas se la toucher avec papier de fumer, debería haber sido el complemento reglamentario para los jueces. O, dicho de otra forma, independientes sí, pero sin pasarse.

Porque de la misma manera que el ejecutivo se hace el don Tancredo cuando hay que ejecutar una sentencia incómoda -recordemos cómo silbó Aznar cuando el Tribunal Constitucional ordenó ejecutar la sentencia que declaraba ilegal el cierre por la cadena SER de once emisoras de Antena 3- el poder judicial a veces interpreta la letra o el espíritu de la ley según le peta.

Todo el mundo sabía lo que tapaba ANV, pero antes no había pruebas, y ahora curiosamente las hay. Y fue flagrante el delito de estafa que cometieron los dos Albertos de la gabardina blanca en el llamado caso Urbanor. Pero como son quienes son, aún ha sido posible encontrar un hueco en la interpretación de cuándo empieza y concluye el plazo de prescripción de su granujería para echarles una mano y librarles de la cárcel. Gran día ayer para esta pareja de ilustres empresarios. Menos bueno para el resto de los justiciables. El editorial del periódico EL MUNDO de hoy lo destaca con sarcasmo retorciendo un viejo principio del derecho romano: In dubio, pro rico, dice parafraseando aquella máxima que recomienda sentenciar a favor del reo cuando no está clara la prueba.

Y es que la justicia, como diría una vez más mi amiga doña María, también es mu correlativa. Temblaba el Duende cuando, tiernecito aprendiz de picapleitos, oía de sus maestros otra máxima de Justiniano que consagraba el riguroso, pero inexorable peso de la ley. Dura lex, sed lex, proclamaba solemne su profesor de Derecho Romano. Debió de escuchar mal. Perdida la edad de la inocencia, ahora está convencido de que lo que en realidad le querían decir es caradura lex, sed lex.

El poyaque de Bermejo

Enano de jardin

(Foto de Juergen Kurlvink)

Antes de destacar como fiscal estricto y ministro lenguaraz, Mariano Fernández Bermejo ya era lo que se dice un hombre del pueblo. Nació en Arenas de San Pedro, en una familia acomodada de cinco hermanos. Su padre simpatizaba con la Falange, y puso una gasolinera que hacía muy buena caja. Mucho antes, su abuelo materno, un docente republicano que esquivó el franquismo como pudo, había fundado un colegio. El Duende pasó muchos veranos en Arenas de San Pedro, y recuerda aquel Colegio del Carmen, instalado en un edificio cuadradote de corte decimonónico y rodeado de un gran jardín. Estaba en la cuesta de Lourdes, a la salida del pueblo en dirección a Ávila. Fantasmas del pasado. Arenas es uno de los pueblos que más ha maltratado su propio patrimonio arquitectónico, por lo que hoy en ese solar se levantan horribles pisos. También recuerda el Duende al abuelo, siempre vestido de negro y con corbata. Y, sobre todo, a una de sus hermanas, Pepita, de piel fina y blanca, cara guapa y delicada figura. Parecía una dama de un retrato de Madrazo. En una etapa, el Duende la miró con interés preferente, luego ella se casó y acabó de profesora de matemáticas en Valladolid. Las cosas. Además de estos apuntes el hoy ministro de justicia fue bajista con los Cirros, jugador de fútbol-me temo que simpatizante del Real Madrid- y cazador de pelo y pluma. Se supone que tenía buena puntería.

Tanto con la guitarra como con el balón al hoy ministro de Justicia se le veía que era un tipo simpático y con desparpajo. Después lo ha demostrado largamente. Por ejemplo, hace poco argumentaba que no se había ilegalizado antes a ANV porque eso tocaba a la médula de la democracia, que es el derecho de representación. Se podría haber opuesto que muchos de los que querían ese derecho hacían apología del terrorismo, y así también tocaban a otro derecho fundamental como es el derecho a la vida que le arrebataron a las víctimas de ETA. Pero Mariano era extremo izquierda, como Gento, y una de sus habilidades es el regate en corto, amagar por un lado y escapar por el otro. Antes no había pruebas para proceder, ahora sí. Una finta jurídica. Por eso, tan agudo y casticista como normalmente se produce, extraña que no haya salido el ministro al paso de las críticas que ha levantado la reforma de su piso con lo que Braulio, siempre tan preciso en sus chapuzas, denomina el plus de poyaque. Algo que hubiéramos entendido todos los españoles.

El plus de poyaque es el que todo hijo de vecino asume cuando se lanza a una obra de reforma en casa. Poyaque tenemos que cambiar el suelo de la cocina, la alicatamos toda y renovamos los muebles. Poyaque hay que tirar el baño, aprovechamos y le hacemos una sauna. Poyaque hay que instalar el riego automático en la terraza nos estiramos un poco y le ponemos un surtidor con tritón y una barbacoa sustentada en enanitos policromados de piedra artificial. Cuando el particular ve a lo que subido el plus de poyaque normalmente se lleva las manos a la cabeza. Pero en este caso, aunque haya ascendido a casi un cuarto de millón de euros, no ha sido así. El inmueble es de Patrimonio Nacional y, como bien ha recordado Zapatero, aparte de ser un deber mantenerlo, todo queda en casa.

Poyaque nos lo ha aclarado el presidente, sólo queda recordarle a Bermejo que otra vez no se acoquine y de la cara. El que esté libre de poyaque, que tire la primera piedra. Además, con una hacienda pública tan generosa como tenemos…¿qué es una raya más para un tigre?

Setién que pensar lo que dicen

 Ay, qué inoportunidad. Vive uno la madurez, intentando hacer caso a ese eminente pensador que es Luis Aragonés, que insiste en no confundir churras con merinas. Desea no meterse en jardines, no subirse al púlpito y dogmatizar, no perderse en polémicas que atizan viejas hogueras de intolerancia o, simplemente, de prejuicios irracionales.  Cumpliendo, eso sí,  con el deber de mantener el criterio, pero apuntando con la veleta a donde no suelen fijarse los grandes de la comunicación, que van poniendo los temas sobre el tapete y, como el tapete es verde, allá vamos a pastarlo como dóciles borreguitos. Hablando de las pequeñas cosas en las que no reparan ni Ansón, ni Cebrián, ni  Luis del Olmo, ni Gabilondo, ni Herrera, ni Enric Sopena, ni Jiménez Losantos. Y como para muestra bastan unos botones, velay la retahíla de las últimas chorradicas que desfilaron por el blog: la silueta de la Vespa, el drama de los calzoncillos absurdos, las interpretaciones del viejo higrómetro del fraile, la luz de los candiles, el simbolismo de los cochecitos de hojalata, los huevos duros de los hermanos Marx y la risoterapia. Aquí les querría ver a los santones de nuestro periodismo.

 Ay qué inoportunidad, que ya estaba en otros negociados, y de repente viene un chispazo de la actualidad y le retrotrae al Duende a su pasado de creativo publicitario, cuando tenía que parecer ingeniosillo a toda costa, y escribía titulares de anuncios que a nadie le importaban un pito, pero que creía que eran tan importantes como los pensamientos de Descartes  o de Ortega. Era  un simple jornalero de la pu, pero, como en esa profesión se ataban entonces los perros con longanizas, hacías un spot y te creías Fellini,  Almodóvar o Tarantino, o sea, el ombligo del mundo, como casi todos los cineastas. Y jugabas con la sinécdoque, o con el retruécano o con la aliteración  o con cualquier otra broma de lenguaje y decías: mecáchis, qué creativo soy.

Ay qué pena, caer en la vulgaridad, pero me lo ponen a huevo. Como a ZP, al que de vez en cuando la diosa fortuna le sonríe para que se deje de hablar de sus propias meteduras de pata y pongamos la lupa en las de los demás. Confiesa que ha mentido y al día siguiente entre Gallardón, Aguirre y  Rajoy la opinión pública pasa página. Dice digo a ANV y Batasuna donde antes decía Diego y corren en su socorro los señores prelados  a echarle el salvavidas.

Tienen todos los derechos, y, naturalmente, el de la libertad de expresión. Pero, predicando en nombre del Evangelio, es fácil encontrar en éste argumentos que hubieran aconsejado una mayor prudencia en sus documentos.

Por ejemplo, aquello de al César lo que es del César, y a Dios o que de Dios.

Por ejemplo, no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti.

Por ejemplo, no busques la paja en el ojo ajeno si no ves la viga en el propio.

Así que por eso, y recordando a ciertos obispos especialmente indulgentes con el terrorismo etarra, aunque el Duende detesta que este blog sea un frontón ideológico y ya se le ha pasado la edad de las ocurrencias, no puede evitar el juego de palabras.
Setién que dar cuenta de que de vez en cuando hacen pis fuera del tiesto. Y Setién que pensar mejor lo que dicen. Porque, aunque vista de morado, hasta un obispo puede parecer un sepulcro blanqueado.


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