Publicaciones Etiquetadas 'Atlético de Madrid'

Perder para salir ganando

Como canta Sabina, qué manera de sufrir, qué manera de perder....¡Y de ganar!

Quedaba Del Nido un poco grotesco con el sombrero de botella de Tío Pepe. El hombre se justificó. Ante el Rey o el Príncipe, dice  el protocolo, todos descubiertos. El Príncipe es poco estirado, y aceptó el sombrero como el amuleto que, según el presidente del Sevilla, le trae buena suerte. La misma suerte que le faltó al Atlético de Madrid. Pero el presidente Cerezo no se puede quejar. Aunque no se consiguió el doblete, la Europa League tampoco es mala cosecha para un equipo que en enero estuvo a punto de irse al garete.

Hubiera sido un espejismo. No hay mal que por bien no venga. Con tantos años de ayuno para los atléticos, todos querían prolongar el sueño. Pero hay que reconocer que el doblete hubiera sido  un espejismo peligroso. Imagínense el cálculo de los sabios: si con  las altas de Asenjo, Tiago y Salvio y las bajas de Heitinga y de Sinama, que casi equilibran lo invertido en aquéllos, hemos conseguido un título…¿cuánto más podremos racanear ganando la Copa del Rey? Lo dicho, que una derrota a tiempo puede ser, a la larga, más beneficiosa que una victoria.

Nunca, perdiendo, ganó tanto el Atlético de Madrid. Dice Amado de la Torre, el Pepito Grillo rojiblanco, que muchos de sus vecinos, y algunos de ellos del Madrid, le llamaron al móvil tras el pitido final. ¡Oye, tío, que estamos viendo lo del Nou Camp y casi se nos saltan las lágrimas!…¡Eso no es una afición!…¡Eso es un milagro!…Se cuenta que a Plácido Domingo le han llegado a tributar ovaciones de cuarenta minutos después de algunas de sus actuaciones. Pero seamos sinceros, el Aleti de hoy, aún jugando dignamente, no dio el do de pecho como nuestro gran tenor. El Atlético, simplemente, puso el miércoles lo mejor que tiene  descubriendo, para compensar, lo mucho que aún le falta. No ganó porque, así como en Hamburgo hubo algo de suerte y, jugando peor, se metió el gol necesario, en el Nou Camp ese plus de fortuna cambió de barrio. Pese a ello, y al esfuerzo del viaje,  y pese a la pasta que en ello se habrán dejado, miles y miles de seguidores rojiblancos  permanecieron en las gradas  aclamando a los jugadores como si el Kun, Forlán y compañía fueran Julio César y sus legiones regresando a Roma tras vencer en las Galias. Hasta al recio Ujfalusi se le humedecían los ojos contemplando ese brote de fervor rojiblanco. Y el bueno de Amado, contagiado por el potencial sentimental que arrastra el Aleti de sus amores, suspiraba: ¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!

Mi patria es mi equipo. Y mi equipo es el Atlético de Madrid” Curiosa contradicción: la patria ha pasado de moda, y lo de cantar un himno y agitar banderas en su nombre es casi “políticamente incorrecto”. Pero el fútbol se ha convertido en su sustituto. Se puede entender mejor en el caso del Barça, porque juega de maravilla, gana muchos títulos y, además, bien se ha encargado su presidente de que sea “más que un club”. Pero lo asombroso es que el Atleti, con su fútbol limitado y sin más rollos identitarios que la lírica de Joaquín Sabina, atesore un depósito de ilusión capaz de hacer levitar a multitudes. La masa no filosofa, pero buena parte de ella, siente como el bueno de Amado. Que su otra patria es el Aleti , y que, pase lo que pase, siempre agitará la bandera rojiblanca.

Ojalá que no devalúen ese oro en barras que es el sentimiento atlético. Quizás suene a ironía amarga, pero no haber ganado la Copa el Rey puede ser una gran victoria. Sobre todo si los barandas del club  se convencen de que el Atlético de Madrid merece el esfuerzo de comprar lo necesario para hacer un equipo aún mejor que su fantástica afición. Lo demás sí será perder de verdad.

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Un nuevo amigo del colegio

Uno nunca acaba de saber cuántos amigos hizo en el colegio...

Uno nunca acaba de saber cuántos amigos hizo en el colegio...

Motivo de estupefacción tres mil tropecientos sesenta y dos, que diría Homper. (La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, cantaba Pedro Navaja). Sábado tarde. Hora en la que la breve siesta de sofá se empieza a desflecar. Suena el teléfono y Homper recibe una llamada a la que atiende medio aturdido. No es una voz inmediatamente reconocible. Consciente de ello, el que llama se identifica.

-¿No me reconoces?-dice  la voz desconocida- Soy Rodri.

Repasa mentalmente los rodris de su vida. Olivella, Rodri, Gracia, defensa central del Barcelona de los años sesenta. No puede ser, sólo le conocía de los cromos. Rodri. Melo, Ovejero, Calleja…Portero del Atlético de Madrid más o menos de la misma época. Tampoco puede ser, entonces el Duende ni siquiera escribía en MARCA. Jose Manuel Rodríguez, Rodri, antiguo compañero de RNE, el que acompañaba a Fernando Argenta al inicio de Clásicos Populares. Raro, raro, nunca pasamos del colegueo laboral. Poco probable.

-¿No te acuerdas?…-acude al quite la voz aún sin cara- Nos vimos por última vez en la boda del hijo de tu primo José…

El Duende se cae del guindo: es Rodri, el del cole. La memoria es escueta cuando archiva. Más bien menudo, de piel y ojos claros, pero inconfundible por su espesa cabellera rizada y por ser figura del equipo de jockey sobre patines. No era de su misma clase, sólo de su promoción. Y en cuarenta y cinco años no se habían visto más que en dos ocasiones. La primera  le salvó de un apuro ofreciendo su coche para transportar al Duende a una cita importante, a la que no hubiera llegado de otra forma. Al Duende le sorprendió tanta amabilidad, pero Rodri le explicó que había intimado con él escuchando la radio. La segunda vez fue en la citada boda.

-Te dije entonces que me encantaría invitarte a mi casa de Sanjenjo este verano –recordó Rodri- Y te llamo para que hagas un hueco en la primera semana de agosto…

Sorpresas te da la vida, que cantaba Pedro Navaja. En la misma semana primero llamó Pedro Chicharro, que sí era de su clase, y con el que jugaba a las chapas y al fútbol. Era para invitarle a los toros  y a cenar con su mujer Etel en una terraza madrileña, donde repasaron divertidos los hilvanes de tan antigua amistad. Y luego, además, llamó el amigo agazapado durante tantos años. Enésimo motivo de estupefacción de los que definen a Homper, acrónimo del Hombre Perplejo: nunca sabes dónde tienes un afecto pendiente, ni cómo ni cuándo te va a aparecer. De la conversación en aquel último encuentro, que no era sino el segundo o el tercero en casi medio siglo, el Duende dedujo que Rodri era un hombre de principios, un tipo feliz y encantado de la vida.

-Yo todos los días doy gracias a Dios por casi todo –le dijo al Duende al despedirse mientras un operario de la limpieza retiraba el cubo de la basura del portal de su casa- Por el trabajo, por la familia, por las estrellas…¡Y hasta por este buen hombre que nos limpia la calle!

Y Rodri se echó a reír mientras abrazaba a su compañero de colegio.

El Duende, más escéptico –y aún más en tiempos de crisis- da gracias, sobre todo, por seguir haciendo amigos imprevistos a estas alturas de la película.

Suicidio en la Champions

Ya hay que ser melón para no pponer a un futbolista como Forlán cuando se quiere ganar un partido...

Ya hay que ser melón para no poner a un futbolista como Forlán cuando se quiere ganar un partido...

Mientras el Barça y el Villarreal celebran felices sus éxitos en la Champions y su buen fútbol, el Tribunal Supremo de Cagadas Futbolísticas de Madrid (en adelante TSCFM) discute quién es más culpable: si el Madrid o el Aleti, si Juande o Abel,  si Mijatovic o García Pitarch, si Boluda o Cerezo.

También discuten sobre quiénes son más ingenuos, si los hinchas merengues o los adictos a la Frustradina al  Ácido Súfrico y al Resignadol, drogas atléticas. El fútbol es una fábrica constante de fuegos de artificio. Traerán a un nuevo crack, cambiarán al entrenador y el forofo triturado por la  crisis, la hipoteca, el paro, el colesterol, los suspensos de la nena  y el vecino de arriba -batería de Gangrena Total- volverá a creer en su equipo. Craso error. Los del Liverpool cantan orgullosos que nunca caminarán solos. Los de Madrid podemos cantar lo mismo. Nunca caminaremos solos, porque nos guían demasiados visionarios.

Antes de emitir su fallo, el  TSCFM  analizará las pruebas. En contra del Madrid hay torpeza manifiesta en los fichajes y prodigalidad galáctica con ostentación y alevosía. En contra del Atleti las últimas pruebas obran supuestamente en el contestador automático del club, que a partir de las 20´45 del pasado miércoles registró estas llamadas: 1ª. Agradeçimento do presidente do Oporto por la no alineaçao de Forlán. 2ª. Llamada de una tía de Raúl García: ¡Abel, por tu padre, sienta a Raulín si hace falta, pero saca a Forlán!. 3ª Llamada de la madre del portero del Oporto: Eu reconozco a caballerosidade de Abel por ñao quere amargar a vida a mi criança. Obrigado. 4ª Llamada de la peña Atléticos Pasmaos: Abel, macho, ¿te acuerdas de que hay que ganar para clasificarse, y de que Forlán es el máximo goleador del equipo?. 5ª Llamada de Gilipollas sin Fronteras  proponiendo la suplencia de Forlán como Gilipollez del Año. 6º Llamada de Juande Ramos: Gracias, colega, por dejar que no me coma solo el marrón. Y así sucesivamente.

El fallo de la corte suprema se presenta difícil, pero probablemente se decante por el Atlético de Madrid. Lo del  Madrid en Anfield fue un una catástrofe, pero enfrente había un equipo que hizo un partido glorioso. El episodio tuvo tanto de tragedia para los que iban a “chorrear” en Liverpool como de gesta para un los que apostaron por el poderío del fútbol inglés, tan poco sofisticado, pero tan elocuente cuando explota. Ver llorar a Casillas es duro, y más por la asombrosa inoperancia de sus compañeros. Pero cuando has tenido enfrente a Gerrard, a Torres, a MascheranoXabi Alonso en estado de gracia  hay al menos alguna excusa.

El partido de Oporto en cambio fue un horror donde ganó un equipo asequible. El Atleti sólo hubiera tenido que jugar la mitad que frente al Madrid para pasar a cuartos, porque evidentemente Helton no es san Iker. Pero este club “agilado” y “acerezado” cuando acaricia el éxito siempre saca un conejo envenenado de la chistera para pifiarlo. Abel, que parecía sensato, sufrió un ataque de megalomanía y quiso reinventar el fútbol. Sentando al portentoso Forlán, que fue el mejor el sábado, regaló medio partido al Oporto.

¿Qué virus le atacó? A Fernando Daucik,   ”mister” del Atlético de Bilbao en 1956, le dio una ventolera parecida y puso al portero Carmelo de delantero centro. Fue destituido. Mi amigo Amado, camarero en el bar de  la Universidad Carlos III que, como es lógico, destila mucho saber y es colchonero, no replanteaba ayer el enigmático por qué somos del Atleti, cosa que no entiende ni Dios. Sino por qué nuestro equipo, como quizás también el Madrid, se ha suicidado en la Champions apuñalando al más elemental sentido común.  

¿Saben que Moratinos también tiene blog?

Miguel Angel Moratinos no se limita a ser ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación. Se ha dado cuenta de que Internet es un escenario ideal para proyectar su lado humano, y ha estrenado un blog. Otro que le va a robar lectores al Duende. Del ministro sus críticos no cuentan precisamente lindezas diplomáticas, pero todos los que le conocen dicen sin embargo que es un hombre bondadoso, muy trabajador  y bien intencionado. También es famoso por su fino paladar y por su afición a los vinos de Burdeos. Lo proclamó en una entrevista con una inocencia impropia de su cargo y los bodegueros españoles se molestaron mucho. Cuánta susceptibilidad, Señor.

Al ministro Moratinos se le suponen muy firmes creencias, y una considerable dosis de voluntarismo humanista. Por ejemplo, está convencido  de que nuestra política exterior es la que más le conviene a España en función de su propia historia y de su posición geoestratégica. También cree en el Atlético de Madrid, algo quizás más sólido y trascendente que lo anterior.  El Duende  le aprecia casi más como forofo rojiblanco que como versión actualizada de Metternich.. Le tenía una gran simpatía cuando se batió el cobre como representante de la Unión Europea para el proceso de paz en Oriente Medio, pero recién nombrado ministro se atrevió a imitarle en su presencia en un acto público -es verdad que sin malas intenciones- y parece que la broma no le gustó demasiado. Al Duende también le molesta molestar, así que desde entonces cada vez que ve por televisión su  mofletudo rostro de cumulonimbo, se siente señalado por el dedo acusador del ministro ofendido. Es natural, pero él debe saber que los duendes no tienen por qué ser diplomáticos.

Ha huroneado el Duende en el blog del señor ministro y se ha quedado muy agradablemente sorprendido. No sólo con su diagramación, sino por lo muy variado de sus contenidos. Don Curro no sólo sube posts breves, pero muy claros, sobre aspectos de su labor al frente del ministerio. Sino que habla de sus viajes, de su música preferida, de sus libros favoritos y hasta da algunas recetas de cocina. Con el ministro le pasa a uno lo que con César Vidal, ese hombre orquesta con gafas de empollón  que, mientras flagela al gobierno desde la COPE, escribe libros a dos manos, publica novelas históricas cada diez minutos, acumula premios literarios y hasta tiene tiempo de hacer en la radio una muy sesuda crítica de música pop. ¿De dónde sacan el tiempo para todo lo que hacen o todo lo que dicen que hacen?

El caso es que hoy se asomó al Duende al blog de Moratinos y le extrañó no encontrar ningún post tratando de convencer Bush de que no sea tan borde y tenga la amabilidad de invitar a España a la cumbre económica del 19 de noviembre en Washington. Y es una pena, porque con lo simple que dicen que es el yankee, seguro que las justas palabras del ministro le convencían. El Duende, que es tan ignorante o más que Bush, no ha levitado ante la Alianza de Civilizaciones, cierto. Pero sin embargo ha leído la receta de tartar  de atún rojo de almadraba que propone don Miguel Angel y mañana se acercará a la pescadería y comprará cuarto y mitad de delicias de Moratinos. Para que luego digan que nuestro ministro no tiene crédito.

El día que el Duende fue portada en MARCA

El Duende de la Radio en Marca

El Duende de la Radio en Marca

Vanitas vanitatis…Tiempo ha que no colgaba sus colaboraciones en MARCA en este blog. Sin embargo no ha podido resistir a la vanidad de hacerlo hoy. Por primera vez, su nombre aparece en la portada del primer diario deportivo español (En pequeñito, eso sí: búsquenlo con lupa en la manga del presidente Enrique Cerezo). Y aunque no lo sea por hazaña deportiva alguna, el interés patriótico, atlético y, sin duda, literario que guiaba su pluma bien merecía el honor de la excepción.

Allá va.

CARTA A MONSIEUR PLATINI

Anda Saturio digamos que suliveyado contra la UEFA, contra Platini y, aún peor, contra Francia. Después de aquel añito en el infierno que han sido casi diez, su Atleti volvía a la Champions. Y ahora que se las prometía felices, viene Platini y, como si quisiera vengar tanto cachondeíto a cuenta del bicentenario del 2 de mayo, pega tres patadas a España en el culo del Atlético de Madrid. No hay derecho -me decía- no hay derecho.

Saturio trabajó en Francia de encofrador, y habla francañol, que es como el spanglish, pero en francés. Además es poeta, y le ha escrito una carta de protesta al presidente de la UEFA en verso y en francañol. Para que quede más fino y, de paso, lo entiendan aquí y en el país vecino. Dice así:.

1 President de l´UEF/ mon cher ami Platini/ ¿pour quois tantes cabronades/ a mon equipe l´Atleti?

2 Hay quien dit que cést le envide/ de mon pays que est l´Espagne./ Recient champion de Europe/ on le persigue avec sagne.

3 Pues d´autre forme no se entiend/ de l´Olimpique l´artimagne/ ni le veto au Bernabéu/ dels fils de la Grande Bretagne

4 Hasta monsieur Rubalcabe,/ qui se declare merengón/ il est plus que cabreade/ par l´abuse de votre sanción

5 Vous culpez nôtre police/violente, de severité /en reprimant les ataques/ des hinches desenfrenés

6 Mais si vois les reportages/ penserez, de verité…/sont les hinches de l´Olimpique/ Hermanites de Charité?

7 Voilá si es grave l´afrent/que provoque tal decisión /q´y s´ont pueste bien d´acord/ gobierne et oposition

8 Et piensent que c´est le fruit/ d´une locure, un colocón/ o de que vous, Platini,/ vous croyez Napoleón

9 A ma patrie, tante jéte,/ bien sur, les pelottes infle/ et ne plais pas que vous digue:/ á mois me la refanfinfle

10. Rectifiquez, Platini,/ ne le ciégue pas la pasion/ Vous avez metu la gambe,/… bien sur, hasta el corvejón

11 Et sur tout, n´humillez pas /a l´Atleti de Madrid/ Lo que nous avons sufrí/ pour arriver hasta aquí!

12 C´est por ça que recomende/ a vôtre poderose UEF/ plus respéte aux espagnols/ Ne touchez pas nôtres oeufs!

13 Grâce que vous suplique ce menda,/ colchonier de corazón/ que vous salue con afécte/ et grand consideración

Firma la carta Saturio López, lavacoches. Pero aunque en Francia, desde Voltaire a esta parte, tiene gran tradición la literatura epistolar, es muy probable que no la valoren. Motivo por el cual, y como una protesta más de contra esta barrabasada de la UEFA, hemos creído que era de ley publicársela aquí. A ver si convence.

La voz del domingo por la tarde

Vicente Marco

Vicente Marco

Era el hombre del domingo por la tarde. Algunos de ellos se hacía adorable, otras no tanto. Sobre todo cuando daba paso a Pepe Bermejo, y éste, desde el Metropolitano resumía el mal partido del Atleti con notable displicencia. Al Duende siempre le parecía que en Carrusel Deportivo también se le trataba mejor al Madrid, porque ganaba más partidos que el equipo de enfrente. Porca miseria. Entonces la SER, ya era cadena, pero no escuchábamos tanto la SER como Radio Madrid. Apenas se cuidaba el lenguaje empresarial, y las emisoras de radio no buscaban tanto impresionar por su tamaño como por su cercanía. Radio Madrid quedaba a un paseo de casa, en la Gran Vía. Y sus voces de referencia eran todas amigas de verdad. Pedro Pablo Ayuso, Juana Ginzo, Matilde Conesa, Boby Deglané, Joaquín Peláez…Y Vicente Marco.

A Pedro Pablo Ayuso, que era algo así como el Gary Cooper de las ondas, no le vio el Duende en vida más que una vez. Resultó que tenía barriga, como cualquier funcionario de la época. A Boby Deglané le vio más veces, porque veraneaba en el pueblo de su mujer, que era Arenas de san Pedro. Los chiquillos de entonces adorábamos a Irma, su hija, a la que sólo volvió a ver el Duende una vez desde entonces. Juana Ginzo -ya visualizada por un pequeño papel cinematográfico en Los ladrones somos gente honrada, con Pepe Isbert, José Luis Ozores y Antonio Garisa- le encajó tal cual la abocetaba, solo que resultó ser más rojilla de lo que daba por las ondas. A Joaquín Peláez se lo encontró en el vetusto ascensor de Gran Vía 32, cuando hacía sus primeros pinitos en aquella radio, que ya era claramente la SER. De entonces data su convicción de que no hay que ponerle cara a la voz que te subyuga, porque siempre es mucho peor que la ilusión. Y al muy admirado Vicente Marco, que se inventó Carrusel Deportivo le saludó varias veces, cuando, ya retirado asomaba por la radio como parte viva de su historia.

Era un hombre menudo, de voz ya algo tenue, discreto, educadísimo, siempre sonriente y amable. Le dijo el Duende entonces que era la voz de sus domingos por la tarde, cuando en la monotonía de lluvia, merienda de pan con mantequilla y deberes escolares uno buscaba en el gol de Escudero o en el regate de Enrique Collar la única alegría que por ahí daban gratis. El sueño de la radio, tan inocente entonces  que para acuñar el nombre del primer gran programa de deportes acudía a un carrusel  como aquel de caballitos que plantaban en los solares de Moncloa, delante  de la cervecería El laurel de Baco.

Es tramposa tradición la de escribir la necrológica de una persona notable ad majorem gloriam del abajo firmante. También el Duende es carne mortal, y reconoce su pecado de vanidad. Pero debe confesar que  guarda como uno de los mejores recuerdos de su vida radiofónica el afectuoso apretón de manos que le dio Vicente Marco cuando se lo presentaron. Mi señora y yo escuchamos a doña María desde casa -le dijo el veterano radiofonista- y nos divierte mucho…No la abandone nunca.

El caso es que doña María montaba sobre uno de los caballitos del carrusel y éste se ha detenido con la muerte de don Vicente. Desde la grupa de madera pintada en vivos colores, y enjugando una lagrimita que le emborrona la sombra de los ojos, ve cómo el tiempo se nos escurre entre los dedos, y recuerda con cariño aquellas tardes de domingo en que aquella voz amistosa, todo equilibrio y señorío, anunciaba la victoria del Atleti.

Los derechos del moscardón

moscardon

(Foto de Gustavo)

Hay que ser responsables. Alguien tiene que escribir esta noche de algo que no sea el triunfo de España contra Rusia en fútbol. Enhorabuena, lo han hecho muy bien, fue la cena más agradable que el Duende ha vivido en mucho tiempo (se puede cenar mientras se ve el partido). Pero no podemos soltar también nosotros el botafumeiro. Sobrarán turiferarios, ya verán.

Así las cosas, y por contribuir a la oxigenación del cerebro, llama la atención el Duende sobre los derechos humanos de los simios, que así lo ha visto escrito en algún periódico. Sin entenderlo, claro, pues si son humanos no pueden pertenecer a la especie de los simios, y si son simiescos no podrían ser humanos. Da igual, aquí con tal de mejorar el mundo nominalmente consagramos cualquier absurdo. Desde que Sigourney Weaver nos sensibilizó a todos con la historia de Gorilas en la niebla, los monos tienen derechos humanos. Vale.

Comentaba doña María en la radio esta mañana que entre los precios del mercado y la sensibilización por los animales van a conseguir hacerle vegetariana. Eso no es nada al lado de las poblemáticas de conciencia que se le plantean ante cualquiera de esos bichitos que de vez en cuando aparecen por casa. ¿Se puede matar un ratón de un zapatazo sin ofender a la nueva moral? Si las cucarachas son también criaturas de Dios…¿no merecen también vivir? ¿Tiene un minuto de nuestro sueño más valor ético que el vuelo de un mosquito de trompetilla con el que acabamos de un manotazo? Hasta doña María, que no es precisamente mujer de cultura, sabe que animalitos son todos. Asín que a ver quién marca las normas -resume- pa que una pueda vivir sin sobresaltos y no parecer una asesina.

De momento Oscar Luis, el mayor de sus hijos, que es un ecologista de raza, ha liberado a todos los periquitos, los canarios y los hamsters del Bloque los Arándanos. A última hora de la tarde, aún había varios de los roedores bajando las escaleras. El próximo objetivo es Kentucky Fried Chicken, que para abastecer a su negocio de comida rápida sacrifica a siete millones y medio de pollos (no se sabe cada cuánto tiempo) sin el menor miramiento.

Total, que esta noche María lo pasó fatal. No puede ir contra corriente, y menos contra su propio hijo. Mientras dormía se filtró un moscardón en su habitación y le dio la noche. Porque Manolo, su esposo, como buen sindicalista y sufridor del Atlético de Madrid, dormía profundamente roncando como un motor Perkins, pero ella no pegaba ojo. Podía haberlo pulverizado con el insecticida, o incluso aplastarlo con la zapatilla. Sin embargo la defensa de los derechos de los animales le ha llegado muy dentro.

Y aunque el moscardón es bastante asqueroso, tuvo la paciencia de atraparlo con una toalla, cogerlo con los dedos, abrir la ventana y liberarlo para que continúe el ciclo de la vida donde Dios le dio a entender. Absurdo, pero edificante, ¿no?

Borau, un mito entrañable

   Otra de las ventajas de la edad es que aprendes a desmitificar.

Por ejemplo, al Duende eso de las instituciones y las personalidades famosas le impresionaban mucho. Creía que un académico de la lengua siempre vestía de frac, como Daja Tarto, un mago al que vio de niño comerse bombillas rotas. Estaba convencido de que los académicos también eran sabios y magos, y  que  cuando ventilaban los despachos del edificio de la Academia de la Lengua, se abrían los diccionarios y se escapaban las palabras por la ventana para que aterrizaran en el saber del pueblo. No era verdad.

Pasaba por delante del Museo del Prado y estaba seguro de que, por las noches, los borrachos de Velázquez salían de su cuadro y jugaban a los dados con unos cuantos soldados de la rendición de Breda. Mientras que los niños comiendo melón de Murillo dejaban a un lado la  dulce cucurbitácea y se largaban a tocarle las tetas a las tres gracias de Rubens. Tampoco era cierto.

Veía a los ídolos de su Atleti en  el viejo Metropolitano y se imaginaba que, de cerca, eran como los dioses. Mira que es difícil imaginarse a Luis Aragonés de Dios, pero entonces Zapatones recorría el campo en diez zancadas se plantaba en el área contraria y metía goles de todas las formas. Luis, cabrón, tienes los pies rizaos -le espetó una vez uno de esos poetas que se sientan en la grada- pero qué bueno eres  Ya tenía la aureola de jugador importante. Sin embargo, en un bar cercano a su primer trabajo, el Duende veía a Luis Aragonés tomándose un pincho de tortilla. Y cuanto más le observaba de cerca, menos Dios le parecía. No digamos ahora, otra desmitificación.

Con los inquilinos del Prado o con los del Metropolitano nunca tuvo el Duende más contacto. Pero hoy se ha enterado de que fue discípulo y amigo de un personaje entrañable que con los años, velay las cosas, también iba a cuajar en institutición. Antes de ser cineasta, José Luis Borau fue licenciado en derecho, como él, y redactor publicitario, como él, y empleado de Clarín Publicidad, como él, donde en lugar de escribir guiones de cine escribía anuncios y guiones de los primeros spots que se hacían para la tele. Entretanto estudiaba en la entonces Escuela de Cine, y ejercía de corresponsal de El heraldo de Aragón en Madrid. A veces, le sorprendía la llamada del periódico jugando al póker con los amigos, y sin dejar la partida abría el ABC, le daba la vuelta a las pocas noticias que se podían decir entonces y dictaba la crónica sobre la marcha.

Luego se marchó, y fundó EL IMAN, que antes de producir películas señeras como Mi querida señorita, o Furtivos produjo muchos spots insignificantes en los que intervenía  el Duende. De muñecas, de Juguetes Rico, de Coca-Cola. En uno de ellos, en el que, no se por qué, aparecía la bebida en una mesa con mucho queso, el Duende cumplió uno de los sueños de su vida, que era hartarse de ese  Emmental del tamaño de una rueda de coche que en la España pobretona de la posguerra exhibían las mantequerías buenas. Lo miraba en el escaparate, soñaba con ser ratón, colarse en él e inflarse con lo que entonces era artículo de lujo. Y fue un lujo, después de rodar, afanarse ese delicioso material de atrezzo en el estudio de José Luis, que ya empezaba ser mago.

Tenía José Luis en su despacho un viejo autobús de hojalata de Payá, que era la envidia del Duende, y una aureola de despistado entrañable. En el campamento donde cumplíó sus milicias universitarias, estaba un día de imaginaria, sonó por los altavoces uno de los toques reglamentarios y olvidó cantarlo, como era obligado en ese servicio. Mala suerte que pasara por ahí el mando, que le preguntó cabreado: cadete, ¿qué han tocado? El desgarbado recluta Borau se cuadró y proclamó solemne: la corneta, mi coronel.

 Vivía en un bloque de pisos que hay entre el Manzanares y la Casa de Campo con una vieja tata que le cuidaba – germen quizás de Tata mía, otra de sus películas-, y era tan bueno y generoso que se lo acabó regalando. Luego desparramó su talento en sus películas, como profesor de guiones, en sus cuentos deliciosos y en el permanente magisterio de bonhomie e ingenio que disfrutamos todos los que hemos tenido alguna relación con él. Será siempre lobo solitario, algo bohemio, soñador, marginal de culto  en el cine ideal que nunca acabará de reformar a su gusto. Ahora, además, es académico de la Lengua.

 No se lo puede imaginar uno en ámbito tan solemne, pero ya decía antes que todos los mitos pierden su apresto. Aunque en este caso sea para colmarse de ternura y de humanidad.

El placer de caminar

 Siempre es difícil contestar a la pregunta esa tan tontorrona de qué es lo que más te gustaría hacer en esta vida. Se supone que quien lo plantea quiere codificar en simples respuestas el secreto de la felicidad terrena. Teniendo en cuenta que las células del cuerpo humano se renuevan cada siete años habrán pasado por el cerebro del Duende no menos de ocho modelos de felicidad distintos. Así, sucesivamente, ser bombero, torero, Robinson Crusoe, delantero centro del Atlético de Madrid, casarse con Audrey Hepburn, dirigir a la Filarmónica de Berlín en la  Novena de Beethoven y meterse en el túnel del tiempo para recuperar el mucho perdido. Empeños todos inverosímiles. Sin embargo, uno de los más recurrentes en las últimas décadas lo encontró viajando en tren al levantar la vista del libro que se traía entre manos.

Como no podía ser de otra forma, en aquel momento desvió su atención de las letras  al paisaje. Apoyó la frente en la ventanilla -ya no es que sea peligroso asomarse al exterior, como advertía antes el letrero del tren, es que es imposible- y se entretuvo en imaginar, uno por uno, a dónde van a parar esos miles de caminos que se ven en cualquier recorrido. Como en el poema de Machado, blanquean, levemente serpean, se enturbian y desaparecen. ¿A dónde el camino irá?, se preguntaba don Antonio. Probablemente van a la felicidad. Nunca nos constará, porque no podremos recorrerlos todos. Y tal vez jamás  daremos con aquélla, pero no será porque no nos espere, sino porque seguramente nos detenemos antes de tiempo.

Desde entonces, como don Alonso de Quijano, comparte el Duende la tesis de que es preferible el camino a la posada. Y sin que azucen las coronarias, ni el colesterol ni la la amenaza de la tripilla cervecera, se enamora de cualquier camino. Sobre el terreno o sobre el papel. Tanto se pierde en el monte como en los libros de viajes o en los mapas y planos que almacena cual si, iluso de él, pudiera recorrerlos a peón. Este fin de semana anduvo el sábado por tierras de Segovia, machadeando un camino entre encinas y sabinares que une Requijada con Arahuetes, dos aldeas tan pequeñas que ni tienen bar.  A la espalda del caminante, la cordillera Carpetovetónica por su vertiente norte. A lo lejos, en un cerro, la muy noble villa de Pedraza. Por aquí se ha asentado una amiga de este blog. No quiere que se sepa, así que difundan la especie de que donde se ha hecho la casa Begoña es en Torrevieja, que es menos literario pero mucho más popular que estas aldeas de pan llevar.

A propósito. Ha llegado a la conclusión el Duende que hay entre los lectores del blog otros inquietos buscadores de felicidad. A pedal o pinrel. Le suena que José Ramón, Julián 29, Wallace, Gervasio, quizás Zoupon, no se si Ángelus, la infatigable Lola, puede que Macu, o muchos otros que olvido…son de los que no se están quietos, y comparten la pasión de caminar. Y pensó que, ahora que asoma la primavera, quizás sería divertido convocar una caminata sabatina por alguna cañada real o algún sendero de la zona centro. Quedar, presentarse con una credencial de imperdible, como en los congresos, con el nombre habitual del comentarista. Y sin más que un bocata, una cantimplora y buen ánimo, echarse a andar. Puede ser un plan.

Más que nada, por si es verdad que la felicidad nos espera a la vuelta de la primera curva. Se admiten sugerencias…

¿Por qué me olvida Radio la Colifata?

Radio la Colifata 

Una de las asiduas de este blog que no puede permitirse el lujo de ser antisistema y que conoce al dedillo el oscuro pasado colaboracionista del Duende ha soltado la liebre. Habla de una tal Sra. Rushmore, y de una pintoresca emisora de radio argentina llamada Radio la Colifata. En principio, todas las señoras le interesan al Duende, y también lo que afecta a cualquier radio. Como decía el corrido mejicano, arrieros somos, y en el camino andamos. Ángela, que es como se llama la comentarista,  sugiere que ponga atención en ambos. Y avanza los oportunos enlaces de internet para que se entere el Duende de qué estamos hablando. 

No es sin embargo la Sra. Rushmore la que más puede estimular a éste. Bajo este nombre de personaje de Ágata Christie opera una agencia de publicidad conocida por sus atrevidas y originales campañas. Algunas de ellas, muy premiadas, para el Atlético de Madrid. Esto en principio debería de despertar todas las simpatías del Duende, pero olvidado su pasado publicitario, preferiría que su equipo hiciera peores campañas y mejor fútbol. Y que le perdonen el Kun Agüero y Diego Forlán, dos futbolistas que son lo mejor que ha pasado por el Manzanares desde los tiempos de Gárate. Por si el Atleti, a pesar de sus joyitas,  resulta tan sospechoso en su calidad de cliente como lo es en su eterna aspiración de equipo importante, la señora se ha buscado alternativas más fiables. Y una de ellas ha sido  enganchar la cuenta de una bebida de Coca-Cola que ahora se asoma a TV anunciando Radio la Colifata.

Colifato en lunfardo es loco, y Radio la Colifata  quiere decir sencillamente Radio la Loca. Aunque hace unos años nos tragamos lo de Cacao Maravillao, y todo quedó en un artificio para demostrar que la ansiedad del consumidor de televisión puede crear un producto que no existe, Radio la Colifata sí existe. Y es el invento de  Alfredo Olivera, un psiquiatra del Hospital Neuropsiquiátrico de Buenos Aires, para rehabilitar a sus pacientes. El spot  de Aquarius que cuenta la historia de este galeno y de su singular emisora donde colifatos y colifatas son los locutores, es una propuesta  generosa. No dedica una sola palabra a vender su producto, sino un mensaje muy en la línea del, digamos, positivismo crítico en boga. Las burbujas de los productos de Coca-Cola ya no ofrecen ñoñería de la América rica y bobalicona, sino simpatía, ternura y naturalidad. Lo dicen los protagonistas del spot: los colifatos queremos que todo sean felices, el mundo está loco. Aunque, por si acaso, el último chiflado, más sensato, encierra los pájaros en la jaula y puntualiza: No…¡El ser humano es extraordinario!

Pide mi muy querida  Ángela que, como creata que trabajó para Coca-Cola y como Duende de la Radio se moje el susodicho y ponga nota al spot. Y el susodicho refunfuña y tiene que expresar su indignación porque ni Marcos de Quinto, presidente de Coca-Cola, ni Miguel García Vizcaíno, fundador de la agencia, con quien además comparte devoción colchonera, hayan contado con él. Podrán excusar que no está del todo colifato. Pero el Duende entonces utilizará al revés el mismo argumento que empleó Víctor Mature en el Hotel Ritz cuando le negaban la admisión porque  aquel establecimiento tan distinguido no aceptaba actores. Puedo aportarles -dijo el fornido galán- cientos de críticas que me han negado siempre esa condición, así que dénme habitación y déjense de tonterías.

 Lo mismo el Duende. Veinte años escuchando de sus compañeros de la radio que estaba loco y ahora nace Radio la Colifata y va a resultar que no le fichan por cuerdo. Vamos que vamos.

Prats & Prats

Matias Prats padre e hijo

Erase una vez un Duende de siete añitos que las noches de invierno buscaba el calor en la chimenea de la casa de Jacinto. Jacinto guardaba la finca de la abuela del Duende, que fue señora de buen pasar, pero que pasó del todo antes de que naciera el Duende. Murió en 1943, y su nieto sólo la conoció en una foto enmarcada en terciopelo que descansaba encima del piano.  Su finca era preciosa. Sólo tenía la pega de pertenecer a muchos herederos sin el buen pasar de la Yaya. Eran otros tiempos. Un año se pifiaba la montanera. Al siguiente, el algodón. Después el tabaco. Luego las vacas. A continuación los melones, y las fresas. Entre medias, las sequías, varios ingenieros agrónomos en la familia, inversiones en maquinaria, los créditos de la caja de ahorros correspondiente y la muerte lenta de la explotación tradicional. Alguien dijo que si no se acababa con la finca se acabaría con la familia. Se vendió la finca y la familia, acostumbrada a encontrarse allí, se disolvió. Lo que más les unía era aquel campo de encinas tomillos y un buen regadío orillando el río Tiétar, con el pico Almanzor vigilando al fondo. El Duende entendió entonces el significado de los versos de Machado: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

Pasaba el Duende, como decía, muchas horas en la casa de Jacinto. Y sentado en el escaño junto al hogar, imitaba las retransmisiones de Matías Prats, que para Jacinto era como la voz de Jehová sonando en un viejo receptor protegido por cortinillas. Se lo celebraban tanto como ahora el Candil festeja a la Clamores. Matías Prats era amigo y compañero del padre del Duende. Llamaba a casa a la hora de la siesta preguntando por él y le decían que había salido. Matías Prats Cañete -el hombre que un día, retransmitiendo una corrida, al ver que el toro había saltado al callejón dijo que había salido fuera de banda- no se inmutaba. Está bien -ironizaba- Cuando se despierte le dicen que me llame. Matías Prats, aparte de su excelente escuela, le transmitió a su hijo homónimo el sentido del humor.

Matías Prats Luque que era hasta hace unos años hijo de una leyenda, ha pasado a ser leyenda él mismo. Rara cosa en esto de la comunicación, donde resistir más de un año roza la epopeya y el éxito aburre hasta a quien se forra con ello. Matías Prats es periodista, como su padre, y posee una voz magnífica, como su padre. Pero además ha cumplido siete mil informativos en la tele. No provoca los mismos desmayos que. Clooney o Javier Bardem, pero tampoco conoce el Duende a nadie que le denueste, lo que en este país apasionado donde las flores se cruzan con las dagas voladoras es casi milagroso. Siempre bien vestido, correcto, pulcro y contenido en sus expresiones, controla perfectamente desde la emoción al sentido del humor, que administra con mesura para proteger su credibilidad. La gente, que a veces simplifica, suele creer que lo serio necesita ser pelín aburrido. Fuera del plató, Matías no lo es en absoluto. El Duende ha compartido con él bolos y puede dar fe de que podría ser un excelente actor de comedia. Probablemente en su fondo de armario guarda un batín tan elegante como el Cary Grant o David Niven.

El Duende querría imitarle ahora, como hacía antaño con su padre. Quisiera hablar como él, sin alharacas ni artificios, sin impostaciones ni sobreactuaciones. Y ser familiar para todos. Hace años, una señora se prendó de Matías de tal forma que, sin conocerle más que del televisor, le nombró su heredero universal. El Duende no aspira a tanto, y se conformaría con el legado de un pollino, una cuba de vino, un sillón de barbería, un futbolín donde gane el Atleti o un balcón en el Albaicín.

 Y si no le dejan nada, que le quieran casi tanto como queremos a Matías. Enhorabuena, amigo. ¿Sabes lo último? San Pedro está invirtiendo la leyenda. Y dice que la fama de aquél cordobés socarrón de gafas negras y fino bigote no le viene de radiar el gol de Zarra, sino de ser el padre de Matías Prats Luque.  

Un slogan original

Le hacen una entrevista al Duende para uno de esos reportajes nostálgicos que rememoran la España de estos últimos treinta años. Ya se sabe, la publicidad de la época, y en ese capítulo, cómo no, las infatigables muñecas de FAMOSA que se dirigen al portal/ para hacer llegar al niño/ su cariño y su amistad. Fue el Duende, confesémoslo paladinamente, quien perpetró ese crimen de lesa sintaxis. Si Lázaro Carreter hubiera tenido los dardos a mano, nos habríamos enterado. Pero da igual, peor fue el Naranjito, y la Ruperta, y el premio de la Eurovisión que ganó Salomé, y el tupé de Manolo Escobar, y todos somos teselas del mismo mosaico de recuerdos. Grandeza y miseria del Duende, que no sabe ya si encargar la leyenda de lo único que recordarán de él cuando se haya largado con las bromas otra parte. HIC JACET AUTOR VILLANCICAE FAMOSAE MUÑECARUM. En latín, aunque sea macarrónico, queda mucho más noble (por cierto, Ángelus Pompaelonensis, puedes corregirlo).

La cosa es que entre col y col cuelan una pregunta comprometida. ¿Y qué slogans le han impresionado a usted? Y el Duende contesta que lo malo de ser publicitario es que distingues entre la verdad y el slogan, que sólo es eso, un broche que se puso de moda cuando la publicidad o la propaganda eran más ingenuas. Ahora crea sensaciones, o sea, no dice nada, pero lo dice muy bonito. Tan bonito, que si coges el mismo spot y le cambias la marca final te sirve para un operador de telefonía, para una marca de coches, para una de relojes, para un cosmético, para una consejería de servicios sociales de la comunidad autónoma correspondiente, para un canal de televisión o para un centro comercial. Si está la Preysler y vemos bombones dorados en pirámide sabemos que es Ferrero Rocher. Si saliera un toro con un par, sabríamos que era Osborne, que ahora iría directamente al matadero. Si viéramos un perro escuchando una vieja gramola sería La Voz de su Amo, cuyas cajitas de agujas para el pikú, son, por cierto, piezas de colección. Pero estos tres ejemplos son historia. Ahora la publicidad mola más si no se entiende y no se identifica, porque los creatas guay no se conforman con ser publicitarios, y aspiran a ser directamente genios. Eso es lo malo, que todos acaban imitándose, y se alejan de un consumidor que retiene sólo lo justito. O sea, las curvas de la botella de Coca-Cola, el logotipo del triángulo verde de El Corte Inglés, el calvo de la Lotería -cómo no, prejubilado- el abrazo del turrón que vuelve a casa por Navidad y, por qué no decirlo, las muy cristianas muñecas del villancico. Ay, que se le saltan las lágrimas al Duende pensando que ni Frank Capra lo hacía tan bonito.

Pero ¿qué slogan le hace cambiar a uno? Cuando no hay que decir casi nada, se abona uno al El valor de las ideas del Banco Santander. Puede parecer el clásico slogan de recurso, el que se pone cuando no hay nada que decir. Pero en este caso será escrupulosamente certero si confirma que este banco tiene al menos dos ideas de gran valor. La primera, forrarse todos los años. Y la segunda, duplicar el forre del año anterior. Más aún le irrita al Duende el predicado de un miniqueso de bola que se anuncia antes de los partidos fútbol televisados como El queso oficial del Real Madrid. ¿Cómo es la oficialidad de un queso? ¿No lo podemos tomar los del Atleti? ¿De verdad que esa chorrada vende algo?

En medio de la vaguedad de la mayoría de los slogans -casi todos valen para casi todo- y de la endeblez de otros muchos, le produce cierta ternura al Duende el sencillo mensaje escuchado en una persistente campaña radiofónica de una fábrica de alfombras que, con una marca tan poco sofisticada como Los Fernández, se atreve a decir de ellos: ¡Son muy amables! Pues bravo por los Fernández. Porque en un país donde la amabilidad es virtud en declive -raro es que todavía no la consideren casposa- y donde a veces pides un pincho de tortilla y el camarero te mira como si le hubieras faltado a su madre, recordar que quien quiere vender algo debe, ante todo, sonreir es no sólo inteligente. Sino, sorpréndase, también original. Y ahora mando al Duende a por una alfombra para que todos los días se ponga a mis pies y me ceda el paso.


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