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ZP toma nota de Cristiano

Si lo hacen Cristiano Ronaldo o Messi, no habrá más remedio que apechugar con ello...

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Al Presidente le trajeron un bebé de tamaño natural en plástico comprado, por aquello de la austeridad, en un bazar chino.

-Aquí tiene a un futuro votante –le dijo su secretaria con cierto retintín- Vaya practicando la igualdad.

Sobre la mesa de su despacho, una bolsa de Dodotis y varias cremas. El presidente se arremangó la camisa y se puso manos a la obra.

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Como cuando hay de por medio temas de estado, el presidente consultó con el líder de la oposición.

-A mi bebé le han puesto mostaza amarilla en el culete para simular la caquita –reconoció Rajoy- De esas mostazas de los Mac Donalds, ya sabes. Y la verdad es que limpiarlo me da mucho asssco.

La ese desflecada del líder barbudo sonaba por el auricular del teléfono como el siseo de la serpiente.

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El Presidente encontró su mayor problema en el orden de las cremitas y en la firmeza del sellado. No sabía qué producto tenía que poner primero, ni la zona del culete donde era indispensable que su mano balsámica repartiera el consuelo necesario para la piel del bebé.

Dijo que le pusieran con las Centrales Sindicales y con el nuevo presidente de la Patronal. Pero los primeros estaban inaugurando cursillos de formación, y el segundo tenía prueba en el sastre. Sólo consiguió hablar con  uno de los empresarios más potentes del país, cuyas opiniones siempre tenía en cuenta.

-Con todos los respetos, Presidente –dijo Botín- no tengo ni puñetera idea. A mí esas reformas me pillan muy viejo.

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Sonsoles estaba de gira con su coro cantando las cantatas de Bach, y no podía darle una clase práctica presencial (qué palabra, por cierto). Y no se atrevía a pedir auxilio ni a su secretaria, ni a Carmen Chachón, que había sido madre no hace mucho, ni a Bibiana ni a Leyre. Ellas daban por hecho que al líder nadie le puede dar lecciones de igualdad. Sin embargo el peligro estaba ahí: las niñas ya no eran tan niñas, y en cualquier momento podrían quedarse embarazadas sin permiso de papá y mamá.

-Imagínese que le confían a un sietecito/nietecita el fin de semana, que no sabe cómo hacerlo y que se entera la prensa –le advirtió su jefe de gabinete mientras el Presidente seguía intentándolo.

-¿Sería grave para nuestra imagen? –preguntó el Presidente angustiado.

-Pues hasta ahora no lo era…Pero ahora…

El jefe de gabinete le puso ante los ojos el resumen de prensa en el que destacaba una noticia subrayada con rotulador. Y el Presidente comprendió que ya era inevitable apechugar con el marrón, porque Cristiano Ronaldo acababa de confesar que, naturalmente, él también cambia los pañales a su bebé.

Pajínez, Aídez y otras urgencias de la igualdad

a

Si todos los apellidos actuales derivan de hombres, habrá que inventar un modo de que la cosa cambie...

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El titular de la DGIA (Dirección General para la Igualdad en los Apellidos) estaba radiante. Es cierto que en el país había otros problemas, bastantes vulgares por otra parte (qué rollo estos medios de comunicación, siempre destacando el paro y la crisis). Pero no era menos cierto que aquel día el debate nacional versaba sobre quién iba a ponerle apellido a los nuevos nacidos, si el padre o la madre.

-Ponte chulo y por mis muertos que el niño se llama Sardinero-le chillaba en la calle  a su marido  una embarazada mosqueada.

-¿Le vas a negar a la criatura la nobleza de mi Pérez?…

-¿Y tú a mí la gracia del Sardinero?…Un noble oficio, un hermoso paseo de Santander, una playa…¿O es que vas a ser tú más que yo?…

El Director General se frotaba las manos mientras escuchaba por la radio la repercusión popular de la nueva medida del gobierno. No primaría a partir de ahora la obligación de premiar al padre con el la preeminencia de su apellido. Primaría la igualdad. Hasta que uno de esos del pueblo que siempre llaman  a las emisoras  para decir lo obvio, apuntó algo en lo que su asesoría jurídica no había caído.

-Oiga,¿y no se da cuenta el gobierno que, al final, el apellido de la madre es el de su padre, un hombre al fin y al cabo?…

Por un momento, pensó que la última creación de la orfebrería de la igualdad se hacía añicos.

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Pero no tardó ni cinco minutos en reaccionar. Pidió a su asesoría jurídica un un nuevo dictamen con carácter de urgencia. Y cuando lo tuvo en sus manos solicitó audiencia a su ministra.

-Señora ministra –dijo cuabdo le entregó el dictamen- Lamentablemente, y no se me vaya molestar, hasta los apellidos de las más progresistas de nuestro país provienen de un hombre.

-¡Coño!- exclamó la ministra. Y se enmendó sobre la marcha- Perdón, quería decir ¡cojones!…¿Y cómo arreglamos esto?

El Director General le resumió lo que sesudamente argumentaba el informe de sus juristas. Le dijo que los apellidos se formaban adoptando topónimos, nombres de cargos u oficios, de sustantivos comunes o por derivación de nombres propios: de Pero, Pérez, de Bermudo, Bermúdez, de Fernando, Fernández, de Martín, Martínez, de Rodrigo, Rodríguez… Pero no había ninguna norma que impidiera crear apellidos nuevos e inventar su modo de hacerlo. Si este gobierno lo reformaba todo…¿por qué no mano abierta e imaginación para este asunto?

-Señora ministra…-subrayó el director general mientras paseaba por el despacho gestualizando con énfasis su discurso-  ¡Permitamos que de apellidos ilustres como los que engalanan este gobierno reformista se puedan formar, a su vez otros que bauticen a las nuevas criaturas nacidas a partir de ahora!…Su apellido ya no derivará de hombres, sino de mujeres eminentes que aportarán al nasciturus o su nombre o su propio apellido, pero con la derivación correspondiente…¡Lo que sea más diferenciador!…

- No lo entiendo, explíquese mejor…¿Por ejemplo?…

- De Pajín, Pajínez. De Aído, Aídez…De Trinidad, Trinidáez, de Sinde, Síndez….Y de la gran Pilar Bardem, Bardémez…

La señora ministra dibujó una sonrisa.

-Me gusta la idea –dijo mientras se ponía sus gafas de lectura y empezaba hojear el informe- Puede retirarse…

Y el director general se quedó feliz.

En el nombre de Matilde

Ha llegado la niña y no se ha quejado nada de que el día anterior bromease con su nombre

No se sabe cuándo y por qué los nombres se posan en el cerebro del escritor.

Llegan de improviso, a veces asoman en una conversación, otras los escucha uno por la calle. Algunos nombres son los de un personaje o personajillo que en un plisplás se ha hecho popular por la tele,  otros corresponden al agente del último call center que se atrevió a quebrar nuestra siesta, especialmente el viernes por la tarde, a primera hora. Maldición, quién habrá decidido que hay que llamar a los consumidores sobre todo el viernes por la tarde. ¿No tienen nada mejor que hacer? Pobres: luego coge el bloguero el teléfono, escucha la abnegada voz anónima y la despide con cajas destempladas. Seguramente estas voces serán inocentes, como casi todo el mundo, porque el culpable de todo es el sistema. Pues eso, maldigamos al sistema que permite a los call center ser tan coñazos vendiendo telefonía, suministros de gas y energía, seguros y televisiones de pago. De vez en cuando, por aquello de despistar, deberían llamar preguntando al consumidor por su salud.

-¿Está usted bien?- podrían decir para que les cogiéramos cariño- Pues nada, Iberdrola sólo llamaba para interesarse por salud.

Pero nada, no llaman así, y así no hay manera de quererles.

El caso es que, de una forma u otra, los nombres aparecen, penetran en nuestro cerebro, buscan un rincón y luego quizá se echan a dormir. Y un día, no se sabe cómo. despiertan y toman presencia en la vida del inventor de cuentos.  Construye uno sus pequeños mundos en forma de historias, casi siempre protagonizadas por gentes. Y hay que darles un nombre.

Pero lo que es  la casualidad, la última fabulilla de este blog era una variación sobre el actualísimo tema de Pepito, el concavenator de Cuenca. Tocaba en el fondo el asunto de los parecidos entre las personas y otras criaturas vivas, y de cómo una persona atractiva puede recordar lejanamente a un monstruo y ser, sin embargo, una criatura adorable. Así que saltó el nombre de Matilde, sin más antecedentes que una amiga de la madre del Duende que se llamaba Matilde Benlliure, sobrina del escultor Mariano Benlliure, gran mujer y persona admirable, esposa que fue del gran arquitecto Luis Feduchi. También tiene el Duende una sobrina de bellísimos ojos que fue la pequeña de su casa y aún es conocida como la pobre Matildita, aunque ahora es una feliz madre de tres hijos y nada pobre, por cierto. Hay otras matildes en la gran historia –la emperatriz Matilde- o en la historia costumbrista de la radio, como Matilde Conesa, Matilde Vilariño y aquel entrañable producto de ambas que fue el serial Matilde, Perico y Periquín (Cadena SER, década de los cincuenta del pasado siglo) de la televisión y de la publicidad (las matildes de Telefónica que popularizó José Luis López Vázquez).

No había, se insiste, más matildes para el abajo firmante. Primero nació la de mentira, la mujer del paleontólogo, y apenas unas horas después Matilde Figuerola-Ferretti y Freyre, un bebé redondito, (quizás una bebá para la ministra Aído), una niña sana que mama y duerme como los ángeles, que llora como un rebuznito lejano de  Platero y que dormida en su cuna es la imagen de la paz perfecta. Caprichosa coincidencia. El refranero dice que no hay quinto malo. La recién nacida es la quinta nieta de este bloguero, por lo que vale complacer a la ministra mentada y decir que tampoco hay quinta mala. Que Dios la guarde. A la niña y, ya que estamos tan sensibles, también a la ministra.

¿Era la mujer del césar tan tonta y tan hortera?

Lo mal que está que dando la pobre mujer del césar por unos cuantos granujas...

A Homper la espontaneidad de su tía Clota le deja una vez más perplejo. Pero luego lo piensa y no sabe si por machista o justamente por todo lo contrario. Porque hablaban y hablaban de lo uno y de lo otro, de Gürtel y Garzón, de los jueces, de los procesos pendientes y de la empanada española que  se olfatea desde su tranquila casita de Vermont, cuando la buena mujer soltó una frase que da que pensar.

-A ver si va a resultar que la mujer del césar era tonta.

Silencio.

-Pues no le falta a Bibiana Aído más que escuchar esto-le sugiere Homper-Por favor, tía, modérate…

Y la tía se modera, pero lo explica. Y es que a la mujer del césar se le exigía no sólo que fuera honesta, sino que lo pareciera. Y no está probado y sentenciado que la mujer del césar, como los presuntos corruptillos que tanto nos avergüenzan, fuera deshonesta.

-Pero hijo- dice dejando de hacer punto, levantando la mirada y gesticulando enérgicamente- Si esperaba que con lo que gastó, y con el reguero de operaciones sospechosas, pagos en negro, lujos y marcas de postín que iba dejando, la gente no pensara lo contrario, es que definitivamente era tonta.

Homper le  seguía escuchando, sorprendido de tanta vehemencia.

-Y eso no es todo-  añade la tía- Además de no parecer honesta y de tonta, hortera…¡Pero hortera de verdad!…¿O es que sólo se puede parecer elegante y distinguida presumiendo de nueva rica?…

Hasta que cae en la cuenta de que su proclama parece antifeminista, y se está pasando seis pueblos. Y su sobrino Homper le recuerda que la mujer del césar era ante todo, mujer. Y que en el pestilente tomatón de la corrupción a la española los que deberían ser honestos, y parecerlo, y no ser tontos para dejar tantas evidencias y pasar por tan clamorosamente horteras son los propios césares o cesarillos a los que se les sube el cargo a la cabeza y acaban perdiendo el oremus.

Niñas, pero no tontas

Pobres criaturas, tener que caerse del precioso guindo de la inocencia tan pronto.

Nosotros tuvimos que esperar a ser jóvenes, a leer La Guerra Civil en España de Hugh Thomas y El laberinto español de Gerald Brenan, a conocer historias como las de Dionisio Ridruejo, o el padre Llanos, a mayo del 68, a la primavera de Praga, a la Revolución de los Claveles.

Quizás no lo pasáramos bien, pero lo entendimos. Entendimos que el mundo no era exactamente como nos lo habían contado. Comprendimos que hay una historia y una historia interesada, y que toda la historia era interesada. Tampoco le gustó al Duende la muerte del ratoncito Pérez, y que los Reyes Magos  fueran los padres. Y que los heroicos Tercios de Flandes y los no menos aguerridos conquistadores de América fueran, al cabo, menos buenos de lo que nos los pintaban los libros escolares.

No tuvieron que avisarnos de casi nada.

-Mira niño, no te asomes al balcón y te eches a volar, que lo de Supermán no sale bien nunca y te puedes estrellar.

Y tampoco nos advirtieron nunca de que las estrellas del cielo no eran en realidad las almas de los fieles difuntos reconvertidas en luceros. Eso es lo que le contaba su abuela a Pilarín e Isabel, dos gemelas con las que jugaba el Duende de niño. Poco a poco uno interpretaba que a los niños nos explicaban la vida en bonito. Y que lo bonito era, a menudo, eso que luego, en el  Ripalda, llamaban “mentira piadosa”.

Ahora  a las nietas del Duende, que a pesar de haber nacido en la España igualitaria de ZP y de Bibiana Aído, qué le vamos a hacer,  sólo sueñan  ser princesas, les quieren quitar sus cuentos de referencia.

-Nada de Cenicienta, ni de Blancanieves, ni de la Bella Durmiente, niña, que eso está  muy feo.

Pobres niñas, equivocadas por la tradición y  tan bien tuteladas por sus rigurosas educadoras. No es que les quieran cambiar sus ilusiones, sino que parece que les toman por tontas.

“Il pericolo” de Renato Carosone

Hay que reconocer que después de las noticias del domingo, con dos mujeres muertas a manos de sus maridos, escuchar que "il pericolo número uno" es "la dona" canta un poco...

Hablar de la mjujer como "il pericolo número uno" no es lo más políticamente correcto en estos momentos...

Le habían enseñado al Duende que en los guateques debía de  ser educado, y no bailar sólo con las guapas. Pero el Duende de joven era timidito y alicorto, y a las chicas guapas siempre había otro más echado para adelante que las sacaba antes. Así que él no se acercó a Anita por educado, sino porque era la única que quedaba sentada y mirando con ojos de ópalo al centro de la pista  mientras sonreía fingidamente.

-¿Bailas?

-Sí, gracias-dijo ella mostrando sus dos paletos blanquísimos.

En el pikú sonaba ¡Oh torero!, de Renato Carosone

Anita no era fea, pero sí gorda y algo dentona. Y además apenas sabía aquellas nociones básicas de agarrado –dos pasitos para un lado y un paso para el otro, girando de cuando en cuando y arrimando lo que se pueda- con el que los jóvenes de entonces se iniciaban en el baile. El Duende se agarró castamente a  Anita, la movíó con delicadeza y la dirigió como pudo. Uno, dos, uno dos-le susurraba a la oreja, no demasiado cerca, no fuera a creer…Y durante el resto de su vida, Anita , que se había transformado en una chica guapa  de grandes ojos oscuros para luego casarse y tener hijos y nietos, siempre le agradeció los servicios prestados.

-Nunca olvidaré que fuiste tú con el Torero de Carosone el que me enseñaste a bailar-  le ha repetido al Duende cada vez se ha  encontrado a las vueltas de la vida.

Sin embargo Carosone murió hace unos años. Y había desaparecido por completo de la memoria musical hasta que esa máquina de éxito llamado El Corte Inglés ha rescatado una de sus canciones más bobas para recordarnos que Ya es primavera, cosa que no se creen más que los meteorólogos y, por  obligación, la gente de la moda.

Por cierto, piensa el Duende que no estuvieron sus publicitarios muy inspirados, como tampoco muy fino el Observatorio de Igualdad del ministerio del mismo nombre. Porque ver por la tele a unas modelos muy guapas y elegantes mientras suena Il pericolo número uno, la dona, justo el mismo fin de semana en que dos bárbaros habían matado a sus esposas antes de suicidarse ellos mismos, daba mucho que pensar. Aunque no hayan  pensado en ello ni los genios publicitarios del Corte Inglés ni doña Bibiana Aído.

Que il pericolo en tiempos de Carosone fuera la dona, sonaba a broma pícara: el machismo latía en la cultura de la época. Pero en estos tiempos en que ella sólo merece discriminación positiva y en que se sobreentiende que la llamada violencia de género es siempre masculina, la afirmación es, digamos, arriesgada y de dudoso gusto. Il perícolo numero uno es que estos son asuntos que hieren muchas sensibilidades, y que las feministas extremas no se caracterizan precisamente por su sentido del humor. Pudiendo haber tirado de Picolísima serenata, Mambo italiano o del mismísimo Torero con el que Anita aprendió a bailar…¿por qué usaron tan mal a Renato Carosone?

La pescadora y otros encantos de O Rosal

En la desembocadura del Miño, la pescadora echa su caña y tpodo indica que así es plenamente feliz...

En la desembocadura del Miño, la pescadora echa su caña y tpodo indica que así es plenamente feliz...

Las cosas cambian, y los estereotipos también. Cuando pintores como Sorolla o cualquiera de los impresionistas franceses pintaban una playa o un río a lo lejos, y en él erguida una caña, uno creía que si se metía en el paisaje y pasaba al lado del personaje siempre encontraría un pescador. Ahora no. Ahora podría encontrar a Angeles Alén. Y me consta que no es por la meritoria labor de esa paladina de la igualdad que es Bibiana Aído.

-Me enseñó mi madre, que era pescadora- dice Ángeles luciendo su guapa sonrisa blanca-. Y es lo que siempre me ha hecho más feliz.

No es muy frecuente encontrar mujeres que agarren la caña y la cesta y se vayan a pescar en solitario.  En el río o en el mar, truchas o barbos, sollas o róbalos. Ángeles pesca de todo, salvo cuando le largan gusanos coreanos. Ángeles es una abuela con mucha personalidad, y en cuanto se lo permiten sus nietos  o algún invitado moscón, como pudiera ser el caso, carga con sus trastos de faena y se apuesta a cualquier orilla. Para mayor desafío a las costumbres tradicionales, Ángeles fuma. Ni pensar quiere uno en lo que le podría pasar si topara con un ecologista radical. La condenaría por el doble delito de ser pezicida y airicida.

-Pero es que eso es lo que me gusta más-insiste ella repitiendo sonrisa.

En O Rosal, que es donde se levanta su casa de verano –una magnífica casa de indiano, con sus palmeras, su araucaria y paredes cubiertas de trepadoras- puede elegir entre la pesca de agua dulce y de agua salada. Pero tanto los peces  del Miño, que desemboca un poco más allá, como los de  la mordiente del Atlántico son muy puñeteros, y distinguen entre la lombriz autóctona –miñoca, le dicen-  y la de importación, que también venden los bazares chinos. Cuando el Duende era pequeño no podía imaginar un pueblo sin su iglesia. Ahora no hay villa de categoría sin su bazar de chinos. En O Rosal, o si no, en el pueblo vecino de La Guardia –que, por cierto, en unos letreros figura como A Guardia, en otros A Garda y en otros simplemente Garda, vaya lío- hay iglesia, bazar de chinos y mujeres con personalidad que quieren ser felices malgré lo políticamente correcto. En La Guardia también hay un pequeño puerto pesquero que podría ser muy mono si no fuera por la descabellada geometría de la construcción gallega, y porque muchas de sus fachadas parecen un muestrario de cerámicas para cuartos de baño. Las cosas cambian, como decíamos al principio. No siempre para bien.

Ángeles es feliz, además, porque tiene a su lado a Antonio, el hombre de la paz imperturbable. Se sabe que ha sufrido algún alifafe serio. Se le supone algún contratiempo a lo largo de su vida, como le pasa a cada quisque. Pero nada malo ha conseguido hacer mella en su carácter sereno, bonancible y siempre amable. Fue un abogado de éxito en el bufete más renombrado del país, donde destacó por la calidad literaria de sus informes. Y ahora alimenta su felicidad entre la bibliofilia, el senderismo, sus seis nietos y la viticultura, que ejerce en Sardón de Duero y en este bello feudo de los albariños que rodean su casona.

Antonio es amigo del Duende desde que se encontraron corriendo la primera Maratón de Madrid, experiencia que les hilvanó con el sufrimiento del corredor de fondo y algunas otras afinidades electivas. Lo bueno de ese título en un tipo como Antonio es que te da pie para invitarte a pasar un par de días en un lugar tan singular como su casona de San Miguel de Tabagón. Lo peligroso es que hay amigos a lo que se les da la mano y se toman el codo. ¿Pues no ha tenido la osadía de avisar el Duende de que volverá?…Para tomar nota. Es el riesgo de ser tan naturales como la pescadora de O Rosal  y el bueno de su marido.

Meterse en jardines

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

Buena gana de meterse en otros jardines peligrosos...

-Mira que hay jardines bonitos donde meterse-decía la tía Clota sin levantar la vista del solitario- ¿Has visto el Parque del Capricho?…Debe de estar precioso…

-Teniendo en cuenta la cantidad de voluntarios para al vandalismo con los que cuenta la ciudad de Madrid-respondió Homper- hay que reconocer que los parques se mantienen razonablemente bien.

-Entonces…¿por qué los obispos y los políticos se meten en jardines peligrosos?-preguntaba la anciana- Parque de los Pederastas, Jardines de los Abortos, Parterre de las Tetas…¡Que santa Lucía les conserve la vista!…

Dice la tía Clota que no se imagina a Dios con el pecómetro en mano aclarándole a monseñor Cañizares si la pederastia es más o menos pecado que al aborto. Ni a Mayor Oreja leyendo al trasluz las pecografías del Instituto de protección de la Infancia.

-No creas-ironizó- Tampoco creo que la diosa Razón haya iluminado a Bibiana Aído cuando habló del permiso para ponerse tetas…Por cierto…¿ya ni siquiera los ministros dicen pechos?

-Ahora todo el mundo es más vulgar, tía. A los pechos es más moderno decirles tetas, y a los obispos y políticos imprudentes, les decimos simplemente  gilipollas.

-¡Pero Homper!-le reprochó la tía Clota mientras levantaba la vista del solitario.

Homper hizo faena de aliño, despidió a la tía y cerró  la sesión de Skype. Luego se quedó a solas con su mismidad y reconoció que había sido un desahogo. Como cuando de chavalín se refugiaba en el cuarto de baño, y decía frente al espejo esta letanía pecaminosa: caca, culo, coño, teta, pis.

Y se quedó perplejo al comprobar retroactivamente que, siendo tan sólo un niño, ya fue tan imprudente como esas personalidades públicas que innecesariamente se meten en jardines peligrosos…

¿Sabrá Bibiana Aído lo que es el cucuné?

¡Vamos, que lo que le dice la Ministra!...

¡Vamos, que lo que le dice la Ministra!...

Cuando le preguntaban por qué seguía siendo el hombre perplejo, Homper no se andaba por las ramas.

-Según el libro de estilo de algunos periódicos-aclaraba-por mi edad soy ya un anciano.- Y sin embargo sigo descubriendo cosas que me sorprenden.

Por ejemplo, palabras. Homper se jactaba de levantarse de la cama  con un cazamariposas invisible que en lugar de lepidópteros de colores atrapaba palabras. Palabras de significado desconocido que, insospechadamente, cuando uno cree dominar el castellano y barajar un vocabulario variado, aparecen en un libro, en un periódico o en la boca de algún hablador culto. En este caso no era hablador, sino habladora. Se trataba de Aldara Fernández de Córdova, una periodista inteligente y además muy guapa que tiene el buen gusto de escribir cuentos muy bien y de hablar casi mejor. El caso es que en una conversación intrascendente pronunció la palabra cucuné. Homper no tuvo el valor entonces de confesar su ignorancia, y la mariposa verbal echó a volar.

-¿De donde vendrá este cucuné? –especulaba.Homper

Y componía sus propias definiciones. Cucuné: Baile popular de Guatemala. Cucuné: papilla de mandioca y sémola. Cucuné: corsé adornado con frunces y jaretas que puso de moda Maria Antonieta. Cucuné: contera del bastón del regidor. Cucuné: planta del orden de las cucubirtáceas cuya pulpa produce efectos afrodisíacos.

La curiosidad le llevó a una de sus fuentes favoritas, el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. El cucuné es un moño, sin más. Homper investigó en Internet y supo que algunos precisan, además, que es un moño alto que las damas distinguidas se hacían en la parte superior de la cabeza para diferenciarse de las que llevaban el moño vulgar.

-Nunca te acostarás sin saber una cosa más-le dijo la tía Clota en su conversación a través del Skype-Ya ves, yo que soy mucho más vieja que tú no lo sabía… Pero lo voy a aprovechar, ya lo creo. De ahora en adelante, en lugar de decir que estoy hasta el moño de algo, que es tan ordinario, diré que estoy hasta el cucuné. Por ejemplo: estoy hasta el cucuné de lo que dice esa joven ministra llamada Bibiana Aído. Que el feto que lleva una mujer en el vientre es un ser vivo, pero no un ser humano…¿Nadie le aconseja que no diga más tonterías?

Las teorías de la ministra: otra causa más para la perplejidad. Homper se llevó las manos a la cabeza imaginando los improperios que le lloverían a tía Clota por criticar a la ministra prodigio: facha, machista, retrógrada, demagoga. Pero luego se consoló pensando que la titular de Igualdad, como le pasaba a él mismo hasta hace un ratito, tampoco sabe lo que es el cucuné.

La arpía insaciable

Ojo. Hay en casi todas las oficinas arpías o vampiresas disfrazadas de impresoras...

Ojo. Hay en casi todas las oficinas arpías o vampiresas disfrazadas de impresoras...

Venancio, al que sus amigos llamaban Buenancio, era un mediano empresario, amaba su familia, quería sacar adelante su negocio, no tener problemas con los sindicatos y estar a bien con Dios.

-Padre -le preguntaba a su director espiritual- ¿No hay ninguna bienaventuranza para los que creamos puestos de trabajo? ¿No veremos también nosotros a Dios?

-No seas tan primitivo, hijo. Cristo no podía estar en todo.

-¿Y san Pablo?-insistía Buenancio- En lugar de a los Corintios o a los Colosenses…¿no podía haber escrito una miserable epístola a los empresarios que tan mal lo pasamos en tiempos de crisis?

-Acuérdate del Evangelio de Mateo- le consolaba el pater- Mirad los pájaros del cielo. No siembran, ni cosechan, ni acumulan en graneros. Y, sin embargo, el Padre que está en los cielos los alimenta. ¿No valéis acaso más que ellos?

Mientras la divina Providencia hacía lo que aquí pensamos que es función del gobierno, Buenancio seguía trabajando sin más concesiones a la debilidad que poner sus ojos de vez en cuando en Loli. Loli había sido su secretaria en los años más duros de la empresa. Cuando ésta creció, Loli ascendió y se hizo cargo de la dirección administrativa. Buenancio, que siempre la había mirado con cierto paternalismo, la veía ahora como una mujer solvente, eficaz y, por añadidura guapa. Acaso debería de haber tenido en cuenta esta escala de valores, porque la sensibilidad social había cambiado y la autoestima de la mujer también. Pero él era un tipo clásico, y una mañana en la que la crisis había hecho especial mella en su ánimo, tuvo un rasgo de debilidad imperdonable.

-Buenos días, Loli-dijo cuando le vio entrar apresuradamente en el ascensor- Está usted muy guapa esta mañana.

Loli, que desde que se alejó de Buenancio era miembro (o miembra) activa del FIAT (Féminas por la Igualdad  Absoluta en el Trabajo) le devolvió los buenos días con una mirada furibunda. Buenancio se dio cuenta de su metedura de pata. Era el Día de la Mujer Trabajadora, y debía haber halagado a su subordinada de otra forma.

-Perdón, Loli-rectificó-Quise decir que, primero, es usted, ante todo, igual ante la ley que todos sus compañeros. En segundo lugar, más preparada y eficaz que la mayoría de éstos. Y, por añadidura, y no vea en ello nada malo, una mujer hermosa.

Demasiado tarde. Aquélla noche Buenancio soñó que, mientras dormía, una arpía hacía presa en su cuerpo, bebía su sangre y le vaciaba las entrañas. Despertó sudoroso y convulso. Durante todo el día siguiente estuvo dando vueltas a la cabeza buscando el significado del sueño. ¿Era el fantasma de Bibiana Aído, que se cebaba en su inocencia, el  presagio de una inspección laboral o la metáfora de la crisis que le devoraba?

Llegó a la oficina y su secretaria Gertrudis, solvente, pero fea, le sacó de dudas.

-Otro golpe de la puta impresora, Venancio -le dijo en un tono no precisamente respetuoso- Esta vez se han acabado los cartuchos de cyan y de magenta al mismo tiempo, y me debes veinticuatro euros…Qué manera de chupar…tinta, naturalmente.

Notó cierto retintín en las últimas palabras de su secretaria, pero se quedó tranquilo. Al fin y al cabo, la culpa de su angustia era sólo la codicia de la multinacional japonesa que le vendió una impresora insaciable.

La quimera de la igualdad entre sexos

¿es que  la incontinencia de orina es sólo un mal femenino?...

La tía Clota está indignada: ¿es que la incontinencia de orina es sólo un mal femenino?...

El último mensaje de la tía Clota le había dejado a Homper aún más perplejo de lo acostumbrado.

-¿Qué pasa en España?-preguntaba-No decían que hay una ministra de la Igualdad? ¿Y a qué se dedica?

Homper le contestó que a las buenas intenciones: a depurar las desigualdades entre los hombres y las mujeres que la legislación democrática aún no ha conseguido superar.

-Digamos que es un desideratum, tía-contestó Homper-Los buenos propósitos concentrados en una especie de brindis al sol del gobierno Zapatero. Igual que la Alianza de Civilizaciones…Son como el azafrán  que ponemos en el arroz: no cambian el punto, pero lo dejan más bonito.

-Pues hijo, no lo entiendo-Hay discriminaciones tontas que a mí como mujer me molestan y que serían bastante fáciles de evitar…

La tía Clota sigue por Internet muchos programas de TV españoles. Admira Cine de barrio, y considera que al cirujano facial de Carmen Sevilla le debían  de dar el Premio Nacional de Restauración. Pero no resiste ciertos anuncios que pasan en éste y otros programas que concentran en la mujer los  más feos oprobios de la edad.

-¿Es que los hombres españoles son inmunes a los achaques de los años?-preguntó airada.

Homper le replicó que ya tenía algún amigo operado de cataratas y varios con problemas de sordera.

-Sí, hijo,sí -admitió tía Clota- Pero no es lo mismo eso que la incontinencia de orina o que se te caiga la dentadura por picar una croqueta en un cocktail. ¿O crees que a Beethoven y a Goya les gustaría que se supiera que se contaran esas cosas de ellos?

Repasó otras bajezas de la condición masculina que raramente se airean. Reconociendo que su marido Oscar, que en gloria esté, pase a ser un granjero de Vermont, también dejaba los aledaños de la taza del retrete sembrado de gotitas cada vez que iba a cambiarle el agua al canario.

-Yo aguantando y limpiando, y nunca le dije nada…-refunfuñó-…Para que ahora los anunciantes españoles me hagan sospechosa de hacerme pipí mientras tomo el te con las amigas….¿Dónde está la igualdad?

-La respuesta está en el viento- le dijo silbando la famosa canción de Joan Báez-Pero no te preocupes, seguro que de un momento a otro Bibiana Aída toma cartas en el asunto.

Se quedó perplejo Homper de lo aguda que era tía Clota en sus observaciones. Y lo cierto es que la primera vez que visitó el cuarto de baño tras esta conversación, se esmeró en apuntar bien para no esparramar la amarillenta quintaesencia de la desigualdad.

Siéntase el rey de la creación

EL truco es creer que, sin uno, Haydn no seria nadie...

EL truco es creer que, sin uno, Haydn no sería nadie...

Se pregunta Homper admirado si los roles sociales nacen con el individuo o se hacen.

No es filosofía en estado puro, sino deducción cercana basada en la observación. La cosa es que su nieta, que es una niña a la que ya le enseñan en el cole lo políticamente correcto, no quiere ser una mujer del montón. Todo lo contrario, sueña con ser princesa.

No una princesa moderna, de las que trabajan e una ONG, corren en chandal por los parques y de vez cuando compran marcas blancas para ahorrar. Sino una princesa de cuento, cursi como las de Walt Disney y guapa como la Sissi de Romy Schneider. La niña apunta maneras delicadas como el cristal de Bohemia. Si por ella fuera, sólo se dedicaría a desfilar por la pasarela  y, como mucho, a bailar como esas primas donnas de cajita musical.

Peor aún: cuando no puede vestirse de tules, gasas, lamés, fru-frús y bordados de diamantes y sentir que el mundo gira a sus pies, se consuela jugando con sus muñecos o limpiando el parquet con un diminuto carro de limpieza comprado en una bazar chino. Qué barbaridad: algún familiar desaprensivo se ha saltado a la torera el desideratum de igualdad y pretende condicionar su futuro sexista regalando esos juguetes antipedagógicos. Mientras tanto, ay Bibiana Aído, la fiscalía mirando a otra parte.

¿Serán quizás los reflejos condicionados por el ambiente sexista que aún respira nuestra sociedad? ¿O, simplemente, que esa es la forma más directa de llamar la atención y sentirse protagonista? Vaya usted a saber. También pudiera ser que la niña busca cómo inventarse ya otro mundo distinto al que le va a tocar vivir. No hay como imaginar que eres el rey o la reina de la creación.

Eso es lo que pasaba a Homper estos días. Cierto que son los más cortos, fríos, y nebulosos del año. Pero él canta con su coro La creación de Hayden y, aunque los demás no se percaten de ello, está convencido de que el célebre músico no hubiera sido nada sin su valiosa voz.

(Aún hay gente más confiada. Por ejemplo, su compañero Pedro Bauer se atreve a desafiar las leyes del canto llevando a todos los ensayos y actuaciones una bolsa de polvorones. Cantar en alemán después de haber engullido una de esas delicias de Estepa…¡Ahí les querríamos ver  a Plácido Domingo y a la Gruberova!)

Meditación sobre el edredón

Ideal para estas noches…
Ideal para estas noches...

La Tatianita vino muy contenta del cole. Aquel día la profe explicó la teoría de que la función crea el órgano, y lo había entendido todo. Se lo contaba orgullosa a su madre, que es doña María, gladiadora del hogar, gruesa de los nervios y doctora en gramática parda. Pero ésta, ceño fruncido y brazos en jarras, la escuchaba con evidente escepticismo.

-Mira, hija, la ciencia dice muchas tontunas – argumentaba- Mi hermana Rosaura dice que si eso fuera cierto, después de tantos siglos esforzándonos para llegar a remeter las sábanas del lado contrario de la cama, nuestras rodillas deberían doblar al revés, como las de las cigüeñas.

Menos mal que no se registró la mutación. Imagínense qué oprobio para el joven Ministerio de Igualdad.

Doña María es poco darwiniana porque ignora que para esa evolución de la anatomía femenina hubieran hecho falta millones de años. Y, afortunadamente incluso antes de que, gracias a Bibiana Aído, los hombres nos hubiéramos lanzado como locos a hacer camas, alguien inventó el edredón e interrumpió la evolución de la rodilla femenina.

El Duende prefiere las camas tradicionales, con sábanas, mantas y colcha. Sin embargo cuando llegan noches tan frías como las de esta última semana se reconcilia con el edredón. Es cierto que en la latitud de la capital de España este cobertor abriga de más desde abril a septiembre. Pero qué delicia arrebujarse en él cuando la luz de las estrellas se congela.

-Es como dormir abrazada por un galán de ensueño-matiza Jocelyn, la íntima de doña María.

El marqués de Betanzos, que es hombre muy viajado y de vasta cultura, mantiene la teoría que el auténtico edredón (feather down: la pluma de la parte baja del cuerpo del pato, dicen que es su etimología) es tan útil en invierno como en verano. Actúa como un aislante que mantiene la temperatura del cuerpo. Pero doña María dice que es otro camelo de la ciencia. Lo probó durmiendo con edredón una noche de agosto en los madriles y casi le da un soponcio.

Todas estas reflexiones venían a la cabeza del Duende la noche del pasado jueves, cuando se tenía que meter en la cama gélida en una casa aislada en el campo. Cuánto echó de menos el frailero. Y cuánto cuesta acomodar los pies en la cama cuando el sobrepeso de tres mantas de lana te aplasta los empeines. Logró entrar en calor, y dormirse. Y, puesto que la humanidad había dormido así, con los empeines forzados, durante siglos, soñó que la función había creado un pie nuevo. De manera que al despertarse del largo sueño, ya no volvía a andar sobre las plantas , como los homínidos de siempre. Sino de puntillas, como las bailarinas. Y así, en plan Ana Paulova, salió a la calle ante la mirada estupefacta de los transeúntes. Hasta que se topó con Darwin y éste le despertó advirtiéndole de que, entre la teoría y el sueño, estaba haciendo el ridículo.

El coñazo de Rajoy y el coco de Chacón

Vaya marrón, decir que el desfile es un coñazo y tragarse el coñazo al día siguiente sabiendo que tu rostro interesa más que la cabra de la Legión. Qué papelón, Marianito. Mañana vas y escribes cien veces a la pizarra: No se dicen inconveniencias a micrófono cerrado. Porque parece mentira que un político experimentado, varias veces ministro y con percebes en las barbas, no sepa que los micrófonos, cerrados o abiertos, no cambian de cara, y presentan siempre el mismo semblante de tocapelotas inoportuno. El pueblo podemos pasar de eso, pero un candidato lo debe saber. Lección número 1: donde hay un micrófono hay un enemigo en potencia. Lección número 2: en consecuencia, dígase del adversario todo lo malo y, de lo tocante a la patria, sólo excelencias. Ergo un desfile, y más en el día de la Hispanidad, no sólo no es un coñazo, sino que es uno de los espectáculos más emocionantes, vistosos y coloristas. Y, por ende, un planazo para el domingo.

Cabrá especular sobre si el desliz mariano cotizará en las urnas. Particularmente, uno piensa que el candidato sintoniza más con la mayoría cuando mete la pata que cuando ejerce de ángel exterminador. Es más, casi todos estamos de acuerdo en que un desfile es incluso más que un coñazo. Sin embargo los tamborileros del PSOE ya se lo han lanzado a la cara de Rajoy. (Por cierto, ¿cómo no le ha reprochado Bibiana Aído que un coñazo o, en aras de la igualdad,  también debería ser pollazo?)

Por eso destaca en sentido contrario la ministra de Defensa, Carmen Chacón. Dijo por la radio  la desafortunada frase de Rajoy no es más que una expresión coloquial que sin duda no expresa el verdadero pensamiento del líder de la oposición. El Duende coincidió ayer en una boda con Alfonso Ussía y, entre las infinitas coñas habituales en él,  le confesó que le había sorprendido muy positivamente una carta en la que la señora Chacón elogiaba y agradecía un artículo suyo dedicado a nuestras fuerzas armadas. Alfonso Ussía, que no es lo que se dice un palmero del gobierno.

Lo que viene a matizar aquello que en este mismo blog subrayó el Duende, y que fue criticado por varios comentaristas. Se escribió entonces que Carmen Chacón era la ministra más atractiva de nuestra democracia. Bueno, pues  donde dijo digo dice Diego. Y ahora precisa que lo suyo no es tanto cuestión de atractivo como buena cabeza. Buen coco ministerial para dejar el coñazo del candidato del PP en el lugar de donde su imperdonable espontaneidad lo sacó.

Croquetas frente a la crisis

El presidente Zapatero está reunido con sus dos vicepresidentes (vicepresidente y vicepresidenta). Y, como es lógico después del fiasco del plan Bush para salvar la economía, dan vueltas a cómo vadear la crisis. En esto tercian las croquetas de Puri, que el Tesoro Público ha sacado a colación en una campaña de publicidad y que tanto ha mosqueado a la ministra de Igualdad. Qué error, qué inmenso error: abundan en la imagen de la mujer que ella trata erradicar. ¿Una mujer que hace croquetas? ¿De qué estamos hablando? Puri se dedica a la física cuántica, a la investigación de células madre o, como poco, a hacer desmontes con la pala excavadora. El presidente da la razón a Bibiana Aído, pero, como gran prestidigitador dialéctico, da la vuelta a la croqueta y ve en ella una buena idea -¡al fin!-para aliviar la situación que nos aflige. Recordemos el valor de la croqueta -le dice a Solbes- Difundamos el mensaje de que la desaceleración -nunca crisis- es más llevadera si las familias (y los familios) aprovechan a fondo el hueso del jamón, el pescuezo del pollo y las raspas del pescado para dar más sabor a este espléndido plato de la cocina tradicional. Contra el muermo de los pusilánimes y el catastrofismo de los antipatriotas, croquetas, croquetas para el bienestar.

Esto es un delirio, o una parida de las que Javier Capitán y el Duende aún se guisan a diario. Pero tiene su sustancia. Mientras que Forest Gump decía que la vida es como una caja de bombones, el Duende piensa que cada día es como una croqueta. El rebozo pinta más o menos parecido, pero luego le metes el diente y la cremosidad y el sabor de la bechamel marcan las diferencias.

Curiosamente en croquetas los grades pontífices como Adriá, Arzac o Subijana tienen mucho menos cartel que la Puri del spot o nuestra madre, pues de la misma manera que todos los españoles creen jugar al mus mejor que nadie, las croquetas que hacían sus mamás son siempre las mejores del mundo. Sólo tenían un inconveniente, al menos en los tiempos de austeridad que marcaron aquellas infancias de posguerra: eran demasiado pocas. En las cenas de familias numerosas, raramente sobraban, con lo que eliminaban el placer de la tornacroqueta, esa croqueta trasnochada que, a mitad de la mañana siguiente y con un vaso de vino, hace un tentempié insuperable. La croqueta, como el frito de merluza, es de los pocos manjares que dejá vue, gusta tanto o más que la primera vez.

En su simpleza, la croqueta -o cocreta, o cocleta, que de todas formas se dice- nos acabará dando una lección de filosofía práctica. Y es que no hace falta gastar mucho para ser feliz en la mesa. Al menos los diez minutos que puede durar un plato de ese manjar del que, como santa Bárbara, sólo nos acordamos cuando truena la economía.

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