
Lloramos porque cierra el Bulli y bramamos porque soñamos con la felicidad sin costes...¿Por qué no entienden que sólo queremos el país de Alicia?...
Dice Doña María que la reacción de su Bloque los Arándanos, mayormente obrero, no se ha hecho esperar. En muchas ventanas aparece una sábana blanca con un crespón. ¿La causa? Ya la podemos imaginar: cierra El Bulli.
-Vamos que vamos –suspira en una pausa de la fregona- No se dónde vamos a llegar…
Desde que la crisis asomó su fea jeta habrán cerrado cientos de miles de empresas, cantidad de pequeños negocios, multitud de fábricas y talleres. Estamos casi en los cuatro millones de parados. Pero el dato que airean los periódicos y los informativos y elevan hoy a la categoría de portada es que el fenomenal artista de lo efímero, el pontífice del hedonismo, uno de los diez españoles más famosos del mundo, Ferrán Adriá, se lo ha pensado mejor y cierra la Meca de los gourmets. Él dice que para viajar, recargar baterías y seguir evolucionando en el birlibirloque de la gastronomía. Otros subrayan sotto voce que los beneficios del negocio habían caído a la mitad.
-Vamos que vamos –insiste doña María- ¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!…
Consternación es la palabra. En un país tan ideal como España nadie puede superar que este refinado templo de la cultura más exquisita cierre sus puertas. Incluso al Duende le tiemblan los dedos ante el teclado del ordenador, mientras escucha por la radio que los barandas de Cataluña y de Castilla la Mancha dicen que nones a los cementerios nucleares. Calentitos y con luz eléctrica, sí. Pero basuras peligrosas, ni de coña.
-Vamos que vamos- comenta doña María mientras comparte el café de media mañana con su vecina Jocelyn- ¿Pero no nos han enseñado a tener la mula y los mil ducados?…
Quería decir el sueldo del general y la verga del teniente, pero ella, aunque de campo, es fina de espíritu. Como nuestros políticos, que venden lo imposible cuando están de elecciones y luego te tratan de sodomizar con el amargo, y tal vez único, posible. Quizás la doña no atina a ver que España, naturalmente, es un gran país. Y, por ende, un gran, enorme paraíso de la ingenuidad. Así nos lo vendieron: España, el país donde la gastronomía es más arte que ningún otro y donde la energía quiere ser sólo beneficio, y nunca problema. El país de Alicia en el país de la maravillas.
Aunque ahora, velay, ya no mole tanto.









Era aquella de Hoy por hoy una mesa semicircular, como la de casi todos los estudios de radio, pero muy singular. En el centro, Iñaki Gabilondo, y a sus lados los colaboradores que iban entrando alternativamente. Entre otros, el gran Luis del Val -que es como ese centrocampista de seguro rendimiento que todos los entrenadores quieren para su equipo-, Antonio Alvarez Solís, un veterano periodista de fina pluma, gran memoria histórica y humor algo atrabiliario, Andrés Amorós, que recomendaba un libro, José María de Areilza, que analizaba la política internacional, y este Duende. Puede que coincidiéramos más, no lo recuerdo ahora.
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