Posts Tagged 'Bugatti'

Mucha mierda para Paulus

Se puso a soñar que los carruajes de los aficionados a la música clásica iban a agolparse ante el teatro donde cantaba su coro y al final no pudo pegar ojo...

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Quería soñar en el final de la crisis, o en un viaje en el Bugatti de Isadora Duncan para recogerle el “foulard” antes de que éste se enrollara en el eje de las ruedas y la estrangulara de forma tan estúpida como la que le causó la muerte.  Pero al final su particular obsesión convirtió el sueño en un teatro.. Un teatro en una plaza. En la plaza, muchos coches  de caballos. Y sobre el pavimento, boñigas, muchas boñigas, una cantidad ingente de boñigas equinas perfumando el ambiente.

-Mucha mierda- le deseó una bella soprano al acabar el último ensayo.

Ya se sabe, lo de mucha mierda en el argot teatral es un deseo de mucho éxito. Viene de cuando los espectadores iban al teatro en carruaje: si la representación tenía éxito, acudían más y más carruajes, y al final el estercolero reflejaba el favor del público.

Lástima que ya no haya coches de caballos, y que incluso aunque los hubiera fuera bastante poco probable que se acercaran hasta el Teatro Buero Vallejo de Alcorcón. Lástima que lo efímero de la representación –sólo un día- no diera para tanta mierda.

 Lástima también que la soprano no fuera tan hermosa como en el sueño.

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El caso es que este duende vive sin vivir en él por culpa del estreno. Estreno y única representación. No es una obra de teatro, es un concierto. Un gran concierto, eso sí,  el oratorio Paulus de Mendelssöhn. Una orquesta de casi cien ejecutantes. Un coro de cincuenta cantores ilusionados. Cuatro meses trabajando lo indecible para cantar en un alemán más que decente cómo Saulo, en el camino de Damasco, se cae del caballo, reflexiona, arregla su vida, sigue a Cristo en lugar de perseguirle y se dedica a escribir epístolas para ayudar a los náufragos de la vida.

Como ésta, más o menos. Epístola de San Pablo ad coreutas comprometidos. En verdad, en verdad os digo que para cantar afinado y en alemán fetén, debeis empezar por estar descansados, bien dormidos, bien alimentados y con la voz clara.

Y una mierda. Le pasa a uno como cuando se examinaba en la facultad. Tiene que descansar y el alma intranquila, tiene que dormir y los ojos como ascuas, tiene que olvidarse del compromiso y sueña carruajes, caballos, boñigas. Y por si fuera poco la soprano, que  es que no sea guapa, sino que es feísima.

Mierda, mierda, mierda. Y encima el smoking que se le ha quedado estrecho al duende barítono, y que puede reventar por la pechera en cuanto ponga demasiado énfasis en los forte...Mierda, mierda, mucha mierda.

Susan Sarandon y otras mujeres sin guión

La madurez nos penaliza a todos, pero a las mujeres mucho más...

La conducta del empleado de la gasolinera fue muy expresiva

-Da gusto verla por aquí, señora-dijo mientras le llenaba el depósito del Golf.

Y luego, sin esperar a la propina, le limpió el parabrisas con una esponja.

Sigo siendo una mujer interesante-se dijo-No estoy amortizada. No hay más que ver lo amable que ha sido…Y cómo me miraba.

De vez en cuando Marisa se aplicaba esa terapia. Su marido, como cualquier hombre de empresa, no estaba nunca en casa. El último de sus tres hijos se había marchado hacía un año. Y al síndrome del nido vacío se añadió que un día, treinta años después de su ingreso en la compañía farmacéutica donde fue seleccionada por su espléndido expediente y sus estudios en Boston, fue prejubilada. No sabía estar quieta, lo mismo hacía deporte que ayudaba en una ONG o se apuntaba a cursos de apreciación de música clásica. Pero de cuando en cuando le podía el desánimo. Tan lista en la universidad, tan valorada en la empresa, tan atractiva a decir de muchos. Y sin embargo tan prematuramente desaprovechada.

Aquella mañana se había levantado con el alma en los pies. Si hubiera sido tenido el mar a las puertas de casa se hubiera adentrado en él recitando despedidas en verso,  como Alfonsina Storni. Si hubiera sido Isadora Duncan, se hubiera liado el foulard al cuello y hubiera puesto en marcha el Bugatti. Y si hubiera sido Cleopatra, habría acariciado el espinazo del áspid antes de dedicarle sus últimas y muy sentidas palabras.

-Cumple tu papel, hijo, que yo ya vendí todo el pescado.

Le pasaba a las mejores de su edad. Hasta Susan Sarandon y Kathleen Turner se quejaban de que ya no cuentan para los guionistas de Hollywood. ¿Qué podía esperar ella, una química llamada Marisa que había nacido en Zamora?

Sonó el teléfono.

-Buenos días –escuchó que le decían al otro lado del hilo- ¿Sabe usted quién Pocoyó? ¿Y Caillou? ¿Está a la última de la vida de Bob Esponja? ¿Tiene la lista de los chuches más votados del año? ¿Conoce las últimas andanzas de Hellow Kitty? ¿Sabe donde queda la zona de juegos infantiles del parque que tenga más cerca?…Pues despabile, señora. Usted es muy importante, y España la necesita más que nuca.

Sonrió esperanzada. ¡Alguien creía en ella!

Debía de ser cosa de la edad, pero de repente Marisa se dio cuenta de que había olvidado cosas muy importantes. Una, que pertenecía al ASAP (Cuerpo de Abuelas Salvadoras de la Patria). Otra,  que acababan de dar las vacaciones de verano a sus nietos. Y finalmente, que todos contaban con ella para darle la oportunidad de mostrarse como una solidaria, abnegada y espléndida mujer de nuestro tiempo.

Ponga un Mondrian en su vida

Hay esquemas de pensamiento que no solucionan nada, pero alivian la existencia. Y ver la vida con la óptica de Mondrian es una de ellas...

Por qué complicarnos la existencia si la podemos ver como un cuadro de Mondrian.

El Duende coleccionaba juguete de hojalata de otros tiempos. Cuando reunió los treinta primeros,  los puso de perfil sobre tres cuadrados  de papel de un metro de lado y elaboró tres plantillas que un carpintero convirtió en estanterías de huecos rectangulares, adaptados a la medida de cada juguete.  La base de unos era el lado más corto, la de otros, uno de los lados largos. Cuando las estanterías se llenaron de juguetes antigüitos, tan ingenuos y coloristas, le habían alegrado la pared. Y al mismo tiempo le ofrecían una falsilla para el  pensamiento de un día cualquiera.

Este observador admira profundamente a aquéllos que saben razonar. Él nunca hilvanó bien las ideas, y bien que le ha pesado. “La vida es pura coherencia, y el destino es  de aquellos que saben interpretarla a la luz de la lógica”, le dijo uno de sus maestros. Por eso admira tanto esas mentes ordenadas que inventan maquinitas, y le da igual que sean para rizar pestañas o para acelerar partículas y reproducirnos el Big Ban.

Él no supo nunca de lógica ni de coherencia.  Minuto a minuto, segundo a segundo, saltaba de un asunto a otro con la viveza irresponsable de una pulga de playa.  El motorista con su chica, vestida, por cierto, como Virginia Woolf, en el sidecar, le simbolizaba el amor. El teniente a caballo con uniforme alfonsino, la cara bonita (si la hay) de la guerra. La pequeña sillita con un diminuto muñeco de cartón que parecía el hermanito de Pascual Duarte, la infancia, la inocencia. El portaaviones España, en el que giraban dos avioncitos alrededor de dos ejes verticales, el mar. La tartana le llevaba al campo. El Bugatti en el que, por cierto, no murió estrangulada Isadora Duncan, la pasión por los viajes y la aventura. El taxi rojo y negro, como eran antiguamente los de Madrid, la jungla de asfalto. La cornetilla era la llamada de la música. El maravilloso autobús de dos pisos de Rico, con personajes de todo tipo silueteados en sus ventanas, la humanidad entera. Y aquel pajarito al que se le daba cuerda y saltaba como un gorrión, podía ser incluso la divinidad. Es verdad que en la ortodoxia cristiana el Espíritu Santo se encarnaba en una paloma, pero al fin y al cabo el hermano gorrión también era ave, y, al cabo, criatura de Dios. Los de pensamiento saltarín siempre tienen una imaginación muy elástica.

Los tiempos cambian, pero los módulos de pensamiento permanecen. Ya no se ciñe uno sólo a los gustos de la infancia, pero cavila mientras pasea y va repasando asuntos, personas queridas, amores y afectos, pequeños placeres, sueños posibles o imposibles, recados -el cortaúñas que debía comprar ayer- sensaciones intensas, aspiraciones, dolores, desengaños, preocupaciones, preguntas y, sobre todo, dudas. Todo se le aparece en cualquier momento de cualquier día. Y tan rápida, tan vertiginosamente, que rozan la instantaneidad.  Como la de sus estanterías  de los juguetes, que ofrecían tantos estímulos en un solo golpe de vista. Como las visiones múltiples agolpadas en los cuadros cubistas. Como los numerosos espacios ordenados y limpios que pintaba Mondrian.

Hoy, en uno de esos, gravitaba algo muy triste de índole personal. En el de al lado asomaba el sombrío panorama de nuestra querida España.  Pero en el siguiente, por fortuna, lucía la luna llena de mayo. Y el Duende tuvo que agradecer no ser coherente ni lógico, sino pulga saltarina capaz de entretenerse y olvidar con cualquier nadería.


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