Posts Tagged 'Cándido Méndez'

Reflexiones de un 1 de mayo sin afeitar

Bebé afeitándose1

Es 1 de mayo. Más déja vù. Como eres consciente de que atraviesas una etapa en la que debes a agradecer a la vida casi todo, empiezas por reconocer que estás bastante contento de no ser Cándido Méndez, Toxo ni Cayo Lara. Y, más aún, de no estar obligado a llenar el día feriado manifestándote.

No obstante decides solidarizarte con la causa orillando la burguesa costumbre del afeitado matinal.

En un principio podría pensarse que este acto de dejación es pura vaguería. O un exceso de autoestima, explicable porque cuando te arrellanas en el sillón a leer los periódicos en el IPAD adviertes que, quizás inconscientemente, te sobas el mentón, lo percibes como una lija estimulante y al frufrú que produce la epidermis de la mano deslizándose a contrapelo sobre la tímida barba de un día te sientes más respetable y mejor ciudadano. Igual que un perfecto intelectual de salón.

-Jesús, qué panorama más chungo- murmuras para ti mismo como gran aportación al pensamiento moderno.

Deberías dedicar más atención en este día a Marx, a Engels a la rebelión del proletariado y al significado simbólico del 1 de mayo.  Pero al observar que Mourinho y el Real Madrid acaparan hoy más atención que aquellos, dedicas un recuerdo a tu amigo Pemberton, con el que almorzaste hace unos días en casa de tu querido primo José. Pemberton, un buen mozo con una gran carrera profesional a sus espaldas y hoy padre y abuelo de familia numerosa, es un  tipo que irradia simpatía y felicidad. Eso no le evita tener que tomar dos píldoras de Lexatin cuando su Real Madrid juega un partido comprometido. Vaya por Dios, qué difícil se le está poniendo a Florentino Pérez enmendar sus megalómanas decisiones futbolísticas con títulos. Sientes que los lexatines que Pemberton se tomó anoche sólo le sirvieran para asimilar tranquilamente que el Madrid deberá esperar un año más `por su décima Copa de Europa.

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Cuando te llama tu amigo Homper para interesarse por tu salud y le comentas que bien, gracias, y que hoy, contrariamente a lo que manda tu credo burgués, no te has afeitado, no pierde ocasión para mostrar otro motivo más para su tradicional perplejidad.

-Pero cómo…¿tú también has sucumbido a la moda de la capilaridad cambiante?…

Tú no entiendes muy bien qué es eso de la capilaridad cambiante, y Homper te lo explica. Según él, el prototipo masculino vigente ha depuesto sus signos tradicionales de virilidad y de prestancia afeitándose el pelo de la cabeza y dejándose de afeitar la barba.

-Alguna chica debió de comentar alguna vez que un cráneo de hombre liso y brillante es como si todo él fuera un falo enhiesto, y la ocurrencia ha hecho fortuna-dice aguantando su risita.

Tú le refieres que aunque sabías que Rosita, la cajera del pequeño supermercado de tu barrio, tenía uno de estos novios calvorotas y  metrosexuales, el primer día que pasaste por caja después de haberte cortado el pelo al cero para frenar su caída y evitar que la quimioterapia dejase tu testa como una bola de billar, la chica ni siquiera parpadeó por tu novedoso look personal.

-Te faltarían otros detalles –matiza Homper- Por ejemplo, ir vestido de negro de la cabeza a los pies, grandes gafas de sol aunque vayas en el metro y barba cortita, de dos o tres días. Este detalles es importante, incluso para los que no van de calvos por la vida: George Clooney, Johny Depp, Cliff Owen, Brad Pitt, Javier BardemSi aparecieran en sus películas bien afeitados nos parecerían un anuncio de Floid. Tienen que lucir aspecto de de poca ducha y menos gel de afeitar para mantener su leyenda de sex-simbols.

-Qué tontería.

-Ya, ya…-y se queda en silencio rumiando su respuesta para después concluir la conversación- Pero…¿tú has visto algo más tonto que la moda?

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Recuerdas entonces al Chaplin barbero judío de El gran dictador, que con un tiento finísimo dejaba el rostro de su cliente impecable al ritmo de la Danza Húngara nº 5 de Brahms. Qué escena tan genial e inolvidable. Y a Gary Cooper afeitándose sin jabón y a filo de cuchillo en Tambores lejanos, todo un hombre. Respiraban esos afeitados de cine sensación de mañana fresca,  higiene, fragancia y alegría.  Piensas  que aquellos héroes se forjaron en los cánones de la ingenuidad, como la que correspondía a su tiempo, que era casi el tuyo. Y que quizás acudirían también hoy a la manifestación del 1 de mayo entre miles de mal afeitados, puede que para oponer al menos al mal tiempo buena cara y demostrar que el sueño de un mundo justo no tiene por qué estar reñido con la estética de lo limpio.

La emocionante historia de la dinosauria Matilde

Interesante observación. Esta historia demuestra que un hombre puede enemaorarse de una mujer que guarde un parecido con algo tan lejano como un dinosaurio...

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No lo he dicho en mi cátedra, porque hubiera parecido una observación boba y, desde luego, poco académica –se podía leer en una de las últimas anotaciones de su diario-, pero es evidente que la sorprendente similitud de algunas personas con la morfología de algunos animales reales o con criaturas de ficción popularizadas por el cine no implica ninguna identificación con la especie de referencia, como tampoco ninguna descalificación moral de dicha persona. Se puede ser bello y ser un bellaco, y, por el contrario, ser un Quasimodo y tener un gran corazón. Y a continuación Diógenes Causín, paleontólogo y catedrático de Paleontología, citaba una ristra de ejemplos de personas de distinto perfil perfectamente identificables, a su juicio, con animales o extraños andróginos que justificaban su teoría. Las políticas Isabel Tocino y Soraya Saenz de Santamaría parecen dibujos de Walt Disney: la primera se parece a Flor, la mofeta de Bambi. La segunda un pez (hembra) coqueto salido de la pluma de alguno de los dibujantes del estudio. La vicepresidenta Fernández de la Vega, con su peculiar peinado en forma de casco, se asemeja extraordinariamente a esos pollitos de buitres, con su pedazo de cáscara de huevo aún en la cabeza, que pintan los tebeos infantiles. El expresidente Pujol ha sido reconocido como inspirador del Yeoda de La Guerra de las Galaxias, de la misma manera que el sindicalista Méndez guarda un razonable parecido con unos guerreros- osos melenudos, muy feroces, que intervienen también en dicha película. El futbolista Ronaldinho tiene la misma dentadura que una piraña, el expresidente Fraga está emparentado con el rinoceronte, el ministro de Fomento Blanco recuerda a las ardillas, castores y otros mustélidos, y cualquier observador de la historia que tenga en la memoria al general Franco con gorrillo cuartelero, panza enfajada y botas altas, recibiendo a Hitler en la estación de Hendaya, vería en su perfil y en sus movimientos los rasgos de una gallina.

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En la penúltima entrada de su diario,  el paleontólogo Diógenes Causín se deshacía en elogios hacia su esposa Matilde, fallecida tan sólo un año antes que él. Fue una mujer delicada, sensible, que supo amarme a pesar de que un científico ama más la investigación y la ciencia que ninguna otra cosa, y es incapaz de responder al encanto de una mujer si en ese momento le está tentando el microscopio. Debo  ponderar, además de sus virtudes, su hermosura,  pues siendo una mujer alta, delgada y angulosa, de mirada de áspid y andares de de bailarina de ballet, atesoraba un singular atractivo.  Ella, tan fantasiosa, lo idealizaba al máximo. Se definía a sí misma, con cierta gracia, como un cruce entre Audrey Hepburn y Cruella de Vil. Todos debemos de tener un referente de nuestro aspecto físico en alguien o en algo, pero yo jamás me atreví a destruir la imagen de sí misma que se había construído, aunque sabía a ciencia cierta que había otro ejemplo real mucho más próximo a su figura.

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La última anotación de Causín se alejaba de consideraciones frívolas, y hacía una llamada urgente a sus colaboradores para que descubrieran un hallazgo que iba a revolucionar la paleontología. Yo no lo hubiera podido hacer en vida de Matilde, sin borrar la evidencia, y ella jamás me lo habría perdonado si no lo hubiera hecho. Por eso encargo a mis colaboradores y a cualquier amante de la paleontología lector de este diario que excaven con sumo cuidado en este lugar exacto, vean, se asombren y saquen nuevas conclusiones sobre las derivas que puede tomar a veces la teoría del evolucionismo. A continuación reproducía unas coordenadas, y adjuntaba un recorte de un mapa de la serranía de Teruel y una serie de referencias topográficas exactas para que el equipo de excavación diera con lo que sin duda era el hallazgo más asombroso de la historia de la paleontología moderna.

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El tesoro que había descubierto el profesor Diógenes Causín dejaba en nada al Concavenatur corcovatus Pepito que meses antes habían desenterrado en la serranía de Cuenca. El fósil del Concavenator coquetus Matilde era una dinosauria perfectamente conservada, al punto de que en su estructura se podían adivinar no sólo alguno rasgos sospechosamente andróginos, sino la gracilidad de unos movimientos que, la ciencia lo adivina todo, podían parecerse a los de una bailarina de ballet.

Con todo, lo más sorprendente de aquel legado que el abnegado profesor había ocultado venía en una caja de acero, perfectamente aislada de la humedad, que apareció junto al fósil. Cuando, con gran pompa y circunstancia, las autoridades científicas procedieron a abrir la caja, sólo encontraron en su interior una nota firmada por el privilegiado paleontólogo que primero dio con el descubrimiento para luego volverlo a ocultar bajo tierra.

La nota decía: He amado mucho a la ciencia, pero, aunque ella no lo viera así, amé mucho más a mi esposa Matilde. Por eso no le pude confesar que, aunque se creyera una mezcla de Audrey Hepburn y  Cruella de Vil, en realidad se parecía mucho más a esta maravillosa dinosauria que me he apresurado a bautizar con su nombre. Su coquetería femenina no hubiera entendido la similitud. No me importó: preferí esperar a la muerte de ambos para que el mundo conozca mi hallazgo.  El poeta Artur Rimbaud escribió: “par delicatesse, j´ai perdu ma vie”. Yo podría decir igualmente que por delicadeza he perdido, tal vez, un  premio Nobel, pero no la perdí a ella, que siguió amándome hasta el final. Lo cual me permite morir tranquilo y con la sensación de haber cumplido todos mis deberes como científico y, sobre todo, como persona.

Rebelión en la fauna

No sería justo que la rebelión quedara en los toros, no señor...

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Acababa de aprobar el Parlamento de Cataluña la prohibición de las corridas de toros cuando el toro de Orborne cobró vida, se bajó con cuidado de la valla donde estaba estampado, para  para no dejarse enganchados los mismísimos,  y presidió la reunión de urgencia  del Colectivo de Toros de Lidia.

-Hecho, amigos. Victoria…¡No habrá más muertes en el ruedo para divertir a los guiris y a cuatro nostálgicos!.

Un vitorino mugió contrariado. Le habían contado cómo mueren algunos otros rumiantes en África, triturados por un cocodrilo o comidos vivos poco a poco por las hienas, y creía que perdían la oportunidad de una vida de lujo.

-Cinco años gloriosos…Buenas dehesas, pasto, pienso a mansalva, vacas, sexo…-bufó- Es verdad que los quince minutos finales son manifiestamente mejorables….Pero a cambio podemos salir en la tele, y, con suerte, quedará memoria nuestra en el Cossío. ¿De verdad creéis que hemos ganado tanto?…

Le cubrieron de improperios y le callaron.

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La noticia corrió como un reguero de pólvora. El CGPO  (Colectivo de Gallinas Ponedoras Oprimidas) celebró asamblea extraordinaria.

-¡Compañeras!-dijo la secretaria general, de extraño parecido con Cándido Méndez- Se acabaron los soles artificiales durante veinticuatro horas para que pongamos como si fuéramos máquinas. A partir de ahora, nuestra ley es el refrán: ¡Por san Antón, gallinita pon! Y la que no sea creyente, que ponga los huevos cuando y dónde le salga de los ídem…

Clamor gallináceo. Una gallina vieja, experta en fugarse de pepitorias diversas durante la dictadura, refunfuñó.

-No se yo, no se yo…¡Tenían que abolir también aquello de eres más puta que las gallinas!

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Babe, el cerdito valiente se fugó de la película  y corrió a Castilla y León. Estaba llamado a presidir en Segovia la Plataforma contra los Asadores.

-Una semana de vida les dan a nuestros hermanos antes de ser sacrificados para entrar en el horno-dijo sin poder contener las lágrimas- ¿Qué les parecería a ellos si nosotros nos comiéramos a sus bebés?…

Se leyeron testimonios de adhesión de Porky y de Los tres cerditos y  a continuación se manifestaron ante Cándido, Duque y José María. La marea por la vida animal subía imparable por todo el mundo.

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En el Perigord, y a los acordes de Ma mére l´oi de Ravel, la presidenta del Comité de Rebelión contra la Tortura mostraba a sus afiliados una tarrina de foie.

-Nunca más,.nunca más –suspiró conteniendo las lágrimas- Nunca más permitiremos que los sedicentes gourmets nos ceben metiéndonos el pienso con un embudo mientras nos inmovilizan en una caja para provocar el estallido de nuestro hígado.

-¡Jamais! ¡Jamais!-corearon las ocas del Perigord.

-Su placer no debe prevalecer sobre nuestra tortura.

-¡Jamais! ¡Jamais!

-Y no sólo tenemos la adhesión de Brigitte Bardot….¡La primera dama también nos apoya en esta batalla contra el foie!…

Y las ocas más reivindicativas desplegaron una pancarta en la que aparecía una foto de Carla Bruni desnuda con una oca entre sus brazos que velaba parcialmente sus pechos.

A sus pies, arrodillado y también desnudo, el presidente Sarkozy untaba en una rebanada de pan una cosa llamada Nocilla.

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La rebelión de la fauna se extendía por todo el orbe y a todas las especies. Un lubrigante gallego que decía ser el Fraga de los crustáceos había soliviantado los mares con su soflama.

-¿Derramó alguna lágrima la especie humana cuando nuestros antepasados chillaban al ser introducidos en una olla hirviendo para que los humanos disfrutaran del marisco?…¿Donde queda la sensibilidad de ese que se cree un animal superior a nosotros?.

Y al grito de rebeldía se sumaron los hermanos caracoles, y los hermanos conejos, y las hermanas ovejas, y las hermanas truchas, y los hermanos burros, y las hermanas ratas los hermanos monos, tan manipulados y torturados por la investigación científica, y los hermanos percebes, y hasta la hermana lombriz, y el hermano elefante, harto de hacer el bolo por los circos de todo el mundo, y los hermanos perros que tradicionalmente iban  a parar los estómagos de los chinos, y las hermanas vacas, cuyas pieles calzaban y mantenían los pantalones de media humanidad…Y mientras en los cielos san Francisco de Asís se frotaba las manos de satisfacción y en la tierra Mac Donalds y Burguer King se apresuraban a lanzar al mercado las primeras hamburguesas de nabo, avena, concentrado de albahaca y cañamones, el Comité de Derechos Humanos de la ONU se reunía de urgencia en Ginebra para replantearse la definición del hombre como animal racional superior y rey del Cosmos.


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