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Yo soy dos tontos

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Yo era madrileño, y lo que he visto me ha hecho doblemente madrileño –piensa Homper mientras se afeita ante el espejo-Nacido en Madrid y hecho mayorcito en la comunidad autónoma de Madrid.

No sabía muy bien para qué había que ser de la autonomía de Madrid. A los de Madrid casi nos daba igual ser de Madrid que de Albacete. Aparte de los castizos de salón, pocos alardean de la condición de nacidos en el foro. Las más de las veces se nace en Madrid  porque hay que nacer en algún sitio, y aquí dejan nacer a cualquiera. Luego se vive, se pasea en primavera o en otoño por el Retiro o por los jardines de Aranjuez y hasta se le coge gusto a la ciudad y a la provincia.

Pero vino la fiebre autonomista, aquello de culo veo, culo quiero, y mariquita el último y hale, a inventarse una comunidad autónoma, una nueva bandera roja con estrellitas blancas, un himno que no conoce nadie y a sacar pecho. Además del Madrid de Carlos III, de Mesonero Romanos, de Chueca, de Arniches y de Gómez de la Serna, ahora teníamos el membrete de madrileños autonómicos. Jó qué gustirrinín, ¿no?

Aunque luego hablé con amigos que además de murcianos eran murcianos, otros que además de asturianos pasaban a ser ciudadanos del principado de Asturias, canarios duplicados por su autonomía y logroñeses que se sentían a gusto como tales, aunque ahora fueran riojanos, y me dijeron que no era para tanto.

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Ya se sospechaba que un gobierno central más diecisiete gobiernos autonómicos más diputaciones y ayuntamientos eran mucho mantel para tan poca merienda. No era cosa de hacer arqueología con el espíritu de Isabel y Fernando, ni nostalgia imperial del haz y las flechas, pero algunos se preguntaban si por aquello de las economías de escala no hubiera resultado más práctico seguir administrando los servicios esenciales de la comunidad nacional desde el estado central.

Ahora viene Esperanza Aguirre y reconoce una verdad palmaria: el estado de las autonomías se inventó para reconducir a los nacionalismos históricos e intentar mantener a Cataluña, País Vasco y Galicia en buena armonía dentro del estado español. No ha servido para eso. Item más: alguien decidió que café para todos y ahora, además de cornudos,  los gobiernos autonómicos nos han dejado arruinados.

-Se veía de venir- dice Homper emulando al pueblo soberano- Como lo de una Unión Europea alegre y confiada, que derrama el cuerno de la abundancia sobre los pigs y no marcó desde el principio las normas de control sobre la economía de sus  miembros. Como el despelote de la banca, como la dictadura de los mercados…¿Pero no están para esas cosas los que dicen saber? ¿No se preparan para eso los  políticos? ¿O es que no se leen los papeles antes de ser elegidos por los que no sabemos de esas cosas?

Y recapitula el Hombre Perplejo: yo era español y ahora soy europeo, español, madrileño, doblemente madrileño y engañado.  O, como escribió Alberti en uno de sus poemas gamberros, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

 

El visitante de la Venus de Tiziano

Todas las obras maestras del Prado pueden ocultar historias más o menos parecidas a la que aquí se cuenta...

Como tantas otras voluntarias, Irma carecía de una formación específica de celadora de museos. Tampoco era una experta en psicología, pero después de observar la presencia frecuente del mismo personaje ante el mismo cuadro, empezó a hacer sus cábalas. Se trataba de un hombre muy mayor que entraba en la sala sigilosamente, se apostaba ante el cuadro Venus y la Música de Tiziano y se quedaba absorto mirándolo.

Al principio, sus visitas eran más o menos mensuales. Luego se hicieron más frecuentes y largas. Cuando entraba en la sala, se dirigía inmediatamente a la banqueta tapizada que se ubicaba frente al cuadro y se sentaba en ella. Apoyaba sus codos en las rodillas, su barbilla en las manos y observaba. Irma advirtió que a medida que el anciano escudriñaba más el cuadro, aumentaba su emoción. No parecía agotar nunca los encantos de un lienzo que probablemente, ningún especialista consideraría la obra maestra del pintor favorito del Emperador. Sin el embargo el anciano se pasmaba ante aquella Venus gordita, como mandaban los cánones de la época, sólo vestida por una gargantilla y unas pulseras, que acariciaba indolentemente a un perrillo mientras el organista que tocaba a espaldas de su diván volvía la cabeza y dirigía la mirada a ese triángulo de la desnudez femenina que los clásicos solían velar pudorosamente.

El fondo del cuadro reproduce un jardín renacentista en el que destaca una fuente monumental sobre la figura labrada en piedra de un sátiro. Pero a juicio de Balbino, un compañero con más experiencia que Irma, no era ese el centro de su atención.

-Ese tío es más rijoso que un macaco, te lo digo yo –le susurraba al oído a Irma- Hay muchos de esos a los que una de estas desnudas con firma les excita más que una película porno.

-¿Tú crees?

-Lo que yo te diga –subrayó con suficiencia.

Irma comenzó a mirar al misterioso visitante aún con más atención. Y no tardó en hacerse una opinión  completamente distinta. El cuadro evidentemente tenía un significado muy especial para el anciano, y le provocaba una emoción quizás exagerada para aquella mezcla de pintura cortesana y mitología. Miraba, suspiraba profundamente, seguía estudiando todos y cada uno de sus detalles, volvía a suspirar. Algo extraordinario debía de ver el anciano en ella. Un día, después de los quince minutos habituales que solía durar su contemplación  en silencio, Irma descubrió que por las mejillas del anciano se deslizaban dos lágrimas. Segundos después el anciano no pudo contener unos sollozos y hundió el rostro en sus manos mientras se ponía a llorar como un niño.

-¿Le ocurre algo, señor?- le dijo Irma acercándose a él.

En anciano sacó de su bolsillo un pañuelo, secó sus lágrimas y esperó a serenarse antes de tomar la palabra.

-Usted es muy joven señorita –comenzó a decir entre los últimos hipidos- Pero no sabe el milagro que es ver todas estas maravillosas pinturas y lo que ésta en particular representa para mí…

Y le contó la epopeya que durante la Guerra Civil Española fue salvar el tesoro artístico del Museo del Prado. Cómo se trasladaron desde Madrid a Valencia, y de Valencia al norte de Cataluña, y desde allí, hasta Ginebra las mil ochocientas sesenta y ocho cajas  específicamente fabricadas para embalar las piezas más valiosas  de la colección. Le contó que el presidente Azaña había declarado que era mucho más importante salvar ese patrimonio que la República, porque España podrá tener otras repúblicas, pero nada podría reemplazar a estas joyas de la pintura. Y culminó su relato explicando que, en su huida desesperada por escapar del avance de las tropas de Franco, una noche de marzo de 1939 algunos de los camiones del convoy artístico quedaron inservibles. Y que el propio Azaña y el ministro de Estado junto con unos oficiales del ejército tuvieron que detener y requisar otros tantos vehículos que transportaban población civil, armamento y heridos `para  alojar en ellos las cajas españolas, como se conocieron después a esos embalajes de incalculable valor.

-Me he pasado muchos años investigando, porque el tema me obsesionaba –terminó contando con palabras entrecortadas y voz casi inaudible- Y este es el único cuadro que me consta que viajaba en  el camión de donde evacuaron a mi madre, que estaba herida y embarazada. Lo sospechaba desde hace tiempo pero ahora me lo acaban de confirmar. Ella murió en el parto, pero el tesoro del Prado y yo nos salvamos…¿No es maravilloso?

El anciano sonreía mientras secaba las últimas lágrimas con su pañuelo y lo guardaba en el bolsillo de su chaqueta. Irma entonces se inclinó, le besó en la mejilla y le ofreció su  brazo para levantarse.

-Echa un vistazo a mi sala, Balbino -dijo al pasar ante su compañero- que he me echado un novio y le voy a acompañar a la puerta…¡No  todos los hombres sois iguales!…

Fue lo último que escuchó el celador antes de ver cómo la Irma, que estaba tan buena,  se perdía  del bracete del anciano buscando la salida del museo.

Ferrán Adriá en el país de Alicia…

Lloramos porque cierra el Bulli y bramamos porque soñamos con la felicidad sin costes...¿Por qué no entienden que sólo queremos el país de Alicia?...

Dice Doña María que la reacción de su Bloque los Arándanos, mayormente obrero, no se ha hecho esperar. En muchas ventanas aparece una sábana blanca con un crespón. ¿La causa? Ya la podemos imaginar: cierra El Bulli.

-Vamos que vamossuspira en una pausa de la fregona- No se dónde vamos a llegar…

Desde que la crisis asomó su fea jeta habrán cerrado cientos de miles de empresas, cantidad de pequeños negocios, multitud de fábricas y talleres. Estamos casi en los cuatro millones de parados. Pero el dato que airean los periódicos y los informativos y elevan hoy a la categoría de portada es que  el fenomenal artista de lo efímero, el pontífice del hedonismo, uno de los diez españoles más famosos del mundo, Ferrán Adriá, se lo ha pensado mejor y cierra la Meca de los gourmets. Él dice que para viajar, recargar baterías y seguir evolucionando en el birlibirloque de la gastronomía. Otros subrayan sotto voce que los beneficios del negocio habían caído a la mitad.

-Vamos que vamos –insiste doña María- ¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!…

Consternación es la palabra. En un país tan ideal como España nadie puede superar que este refinado templo de la cultura más exquisita cierre sus puertas. Incluso al Duende le tiemblan los dedos ante el teclado del ordenador, mientras escucha por la radio que los barandas de Cataluña y de Castilla la Mancha dicen que nones a los cementerios nucleares. Calentitos y con luz eléctrica, sí. Pero basuras peligrosas, ni de coña.

-Vamos que vamos- comenta doña María mientras comparte el café de media mañana con su vecina Jocelyn- ¿Pero no nos han enseñado a  tener la mula y los mil ducados?…

Quería decir el sueldo del general y la verga del teniente, pero ella, aunque de campo, es fina de espíritu. Como nuestros políticos, que venden lo imposible cuando están de elecciones y luego te tratan de sodomizar con el amargo, y tal vez único, posible. Quizás la doña no atina a ver que España, naturalmente, es un gran país. Y, por ende, un gran, enorme paraíso de la ingenuidad. Así nos lo vendieron: España, el país donde la gastronomía  es más arte que ningún otro y donde la energía quiere ser sólo beneficio, y nunca problema. El país de  Alicia en el país de la maravillas.

Aunque ahora, velay, ya no mole tanto.

La gracia de los “caganers”

Apareció por la zona centro el otoño, se trajo algún modesto temporal del Atlántico, espolvoreó de nieve las cumbres y hasta luego, Lucas.

Entretanto eligieron a Obama, se reunió el G-20, mataron a Alvaro Ussía, discutieron en el Congreso por la placa de la madre Maravillas, los fabricantes de automóviles se rasgaron las vestiduras, detuvieron a algún criminal etarra, se abrieron llagas en el Real Madrid y hasta se han encendido las primeras luces de Navidad. La vida sigue.

Un digno "caganer"er, bastante más gracioso que los de moda...

Un digno "caganer", bastante más gracioso que los de moda...

En Cataluña, los artesanos han renovado su parque de caganers para los nacimientos. Ya no están sólo los Príncipes de Asturias y Raúl en esa indecorosa posición. Como apunta el maledicente refrán, caga el Rey, caga el Papa y nadie sin cagar escapa: si eres alguien te ponen a defecar junto al pesebre. Hace días que no sabía de Homper, el Hombre Perplejo, pero el Duende se lo encontró menudeando por la calle de Arenal de Madrid, que ahora es medio peatonal. Traía la noticia recién vista en el telediario, y llevaba los ojos cuadrados y la boca abierta.

-Oye, ¿tú sabes por qué confunden el ingenio con el mal gusto?

Y relacionaba la presunta gracia de los caganers con los barrigones y gordas de las fallas. Una larga tradición de estética feísta que a unos les causa hilaridad y a muchos les pone los pelos de punta.

-Un hombrecillo discreto aliviándose junto al molino o a los pies del castillo de Herodes, pase-añadió- ¡Pero esos horribles caganers que tratan de parecerse a gente famosa!…

-No te preocupes- le dijo el Duende- Puede que ese mismo pueblo que ahora aplaude a la nueva legión de caganers luego se arrodille bajo la cúpula de Barceló en Naciones Unidas.

La cúpula corona ese hallazgo voluntarista que llaman Alianza de Civilizaciones. Algunas de las cuales, por cierto, lo serían más sin esa empanada mental en lo que consideramos como buen gusto.

Desde el palomar del Duende, frente a la fachada imperial de Madrid, y con una espesa cortina de árboles de por medio, la luz dorada compone todas las tardes una hermosa estampa otoñal. Noviembre seco y soleado que evoca pinceladas de Beruete. Llevamos muchos días seguidos de grandes noticias, no todas buenas, y algunas muy zafias. En cuanto falte material, ya verán, los medios volverán a hablarnos de la pertinaz sequía.

Reinventando a Dios

Los caminos del Señor son inescrutables. Todo lo contrario que los  de las rapaces de los negocios, que son perfectamente escrutables. Basta otear por dónde viene la pasta y ponerse a trabajar para que la caja funcione. No hace falta fe en Dios, sino sólo fe en el éxito.

 Esto no es eso lo único que ha concluido el Duende de su visita al Monestir de San Benet de Bages, un precioso enclave en el Bergadá catalán, al norte de la provincia de Barcelona. Pero tampoco es lo menos importante Ahí, en un frondoso valle se alzaba a principios del pasado siglo  un monasterio románico cuyas primeras piedras datan del siglo XI. Primero dependiente de Roma, luego noviciado de los monjes de Montserrat y finalmente residencia de éstos cuando la ancianidad les retiraba del culto, fe adquirido en 1907 por la familia del pintor modernista Ramón Casas. Como sólo `pueden y deben hacer los ricos cuando consiguen algo así, la familia Casas invirtió mucho dinero en su restauración, convirtiendo buena parte de la fábrica en una magnífica residencia de verano. Ahí el afamado pintor, entonces en la cumbre de su carrera, reunió una variada colección de cuadros, cerámicas, muebles, cristalerías y todo ese equipaje de buen gusto que acompaña  los estetas cuando, además, andan sobrados de tesorería.

 Hoy el  monasterio es lo que podríamos definir como un pretexto cultural.  Lo que, en una comunidad autónoma cuyo gobierno respira progresismo y espíritu nacionalista, quiere decir que es un pretexto para inocular al turista la moralina imperante. Unas encantadoras guías explican de viva voz rincones como el delicioso claustro – con un jardín interior cuidadosamente asilvestrado- o una bellísima galería revestida de azulejos antiguos, que a través de amplios arco se asoma al jardín. El resto corre a cargo de los efectos especiales. Según se atraviesan las variadas estancias del recorrido, mágicas proyecciones y muy cuidadas ambientaciones musicales nos explican los cuadros de Casas, y la historia del monasterio benedictino en una Cataluña de guerras y conquistas donde els segadors buenos se alzan contra las tropas borbónicas, tan malas ellas.

 A estos ámbitos culturales hay que dotarles del contenido suficiente para que justifiquen el autobús de turistas. Botiga, cafetería, hotel, restaurante… Pero eso no llena el vacío del objeto principal de esta  visita, que es la de un templo. Su retablo fue desmontado por el propio Ramón Casas para decorar con sus piezas las numerosas habitaciones de su mansión. Y ahora está tan ayuno de imágenes religiosas, que la ingeniería de luz y sonido ha tenido que improvisar a un monje fantasmal que durante unos minutos oficia una consagración en latín. Puede ser una aparición, un truco tipo David Copperfield o una ingeniosa proyección, pero hay que reconocer que está logrado.

 Lo que no se sabe es si hubiera resultado más eficaz conservar el monasterio como lo que fue, un lugar de culto. para los creyentes. Quizá disguste a los gobiernos actuales, y el laicismo emergente no estará muy de acuerdo con ello. Pero mantener esta tramoya mentirosilla acabará dando la razón a Unamuno cuando decía que si no hubiera Dios habría que inventarlo. Aunque sólo par atraer turistas, y acabar con montajes que, a fuer de políticamente correctos, acaban produciendo vergüenza ajena.

¿De quién es el Ródano?

 Rio Rodano

(Foto de Antonio)

Caramba, qué cosas tan difíciles de entender para el pueblo llano. Y sin embargo, de entre los políticos y los periodistas que tanto saben y polemizan, nadie ha dado la menor explicación al respecto.

 Se dice que no al PLAN Hidrológico Nacional primero. Se vende la teoría de las desaladoras como solución alternativa. Se quiere abolir la palabra trasvase, como si fuera mentar a la bicha. Cuando se prolonga la sequía y le vemos las orejas al lobo, algunos en Cataluña lo empiezan a demandar, aunque sea con otro nombre.

 No pudiendo tocar el Ebro, porque lo prohíbe el Estatuto de Aragón, se vende la milonga del Segre, que vierte en él. O sea, que se le quitará agua al Ebro ates de que ésta llegue a su cauce. Otra incoherencia.

 Eso si no prosperan las otras soluciones tan difíciles de  comprender por este Duende.

  Solución primera,   algo así como el desembarco de Normadía de buques cisterna cargados de agua desalada. Tantos barcos como los del día D -no harían falta menos para solucionar la sequía-  navegando con su preciosa carga desde Almería a Cataluña. Y uno se vuelve a preguntar: ¿por qué no las desaladoras en la costa catalana?

 Solución segunda, trasvase de agua desde el Ródano.

 De los ríos que nacen y corren en nuestro territorio no podemos disponer porque nos lo prohibimos nosotros mismos. Pero del gran río del país vecino, sí.

 Y lo curioso es que nadie se ha preguntado lo que pensará Francia. ¿Será que, aunque el Ebro sea sólo de Aragón, el Ródano es de todos y no lo sabíamos?

 

El agua que nos duele

Grifo y agua

(Foto de Guadiramone)

Al Duende le colocaron en la Junta directiva de WWW/ADENA. El pretexto era que algo podría ayudar en la divulgación de esta ONG. Apenas le necesitaban, pues la defensa de la naturaleza es un asunto siempre bien acogido y fácil de difundir. Se convocaba una rueda de prensa y los periódicos hablaban de ella gratis. El Duende entonces se limitó prácticamente a escuchar lo que se debatía en las juntas. Tomaba nota y, de vez en cuando, hacía alguna sugerencia.

El presidente de esta ONG era Francisco Díaz Pineda, catedrático de Ecología. En la junta también estaba Borja Cardelús, compañero de colegio y de carrera del Duende, naturalista y productor de series televisivas como La España salvaje, y autor de más de una docena de libros sobre la materia. A menudo se hablaba del agua, pues acababa de lanzar el gobierno de Aznar el llamado Plan Hidrológico. Ninguno de los dos era partidario de los trasvases.

Con igual peso intelectual han hablado otras voces en sentido contrario. Argumentos archisabidos, a veces contrapuestos: solidaridad interterritorial, equilibrio regional, derecho igualitario al desarrollo, respeto por la ecología, uso adecuado de los recursos naturales, propiedad pública de los cursos de agua. A veces el simple criterio económico, pues según algunos expertos es menos desastroso trasvasar que desalar el agua de mar y transportarla después. O al contrario, claro..

Se trata de agua, pero el Duende confiesa que ya no la ve tan clara. Vaya marrón para este o cualquier gobierno que se atreva a ponerle el cascabel al gato. Al menos mientras el cambio climático no se arrepienta y envíe las lluvias necesarias a la España seca, que cada vez es más grande. Entre tanta polémica, interesada o mezquina, dos afirmaciones que, como poco, sorprenden al indocumentado. La primera, del presidente Zapatero: a Cataluña no le faltará agua, porque la recibirá en barco desde las plantas desaladoras de Almería. La derivada es preguntarse por qué no se hicieron desaladoras en Sitges, por ejemplo, que queda algo más cerca. La segunda, del presidente de la Junta de Aragón: el Ebro no se puede trasvasar porque lo impide el Estatuto. ¿Qué pasará entonces el día que otro estatuto desaforado declare que la atmósfera es de su comunidad autónoma? Hay otra afirmación llamativa, pero ésta entra más bien en el terreno del sarcasmo. Un capitoste del llamado gobierno tripartito de Cataluña reclama sin tapujos transvases desde el Segre porque Catalunya también es España. Se acuerdan de santa Bárbara cuando sólo atruena el eco lastimero de los pantanos vacíos.

A Unamuno le dolía España. A la España autonómica seca, y dividida por las cuencas, sólo le duele el agua que a unos les falta y que otros no quieren repartir. Si al menos se llegara a saber quién tiene razón… Casualmente el Duende ha visto estos días en uno de esos kioscos-bazar que venden periódicos y casi de todo, una oferta de películas que vienen al caso. Se trata de los DVD de La colina del agua y La venganza de Manon, dos excelentes filmes de Claude Berri, basados en sendas novelas de Marcel Pagnol que componen un apasionante drama rural interpretado por Yves Montand, Gerard Depardieu y Daniel Autheil. Aunque el auténtico protagonista de fondo sea otra disputa por el agua. Véanlas si pueden, disfruten y no comparen. Porque en España el auténtico drama no es la sequía, con la que siempre hay que contar. Sino la insolidaridad sobrevenida, la catetería de los nacionalismos, el cinismo de los que encubren intereses inconfesables y, por añadidura, la incompetencia de los que planifican el desarrollo sin mirar antes a las reservas.

Y a esperar que llueva.

Gallinas en libertad

(Foto cortesía de Davichi, con algunos derechos reservados)

Gallina

 

Lo que avanza la civilización, para que luego se diga que vamos a peor. Estaba el Duende dando de cenar a Marina un huevo frito con arroz cuando reparó en el envase de donde procedía el manjar. Pazo de Vilane -rezaba el rótulo comercial- 6 huevos de gallinas criadas en libertad. Y seguía: nuestras gallinas se crían al aire libre, y completan su dieta a voluntad en los extensos campos del Pazo. Conmovido por la noticia, trató de convencer a su nieta para que acabara el plato. Primero le explicó que el huevo venía de una gallina feliz, y que esos huevo eran privilegio de princesas, pero como si nada. Luego acudió al clásico truquito de los bocados penitenciales: este por Mamá, que tiene que ser profesora de universidad y gladiadora del hogar al mismo tiempo. Este por Papá, que trabaja tanto y además es del Aleti. Este por Zapatero, para que se le arregle lo de los trenecitos de Cataluña. Este por Rajoy, para que se le pase el cabreo…Pero la niña, erre que erre, no quería más. Tanta libertad gallinácea y tanta pedagogía para que aquel huevo que debía costar un ídem acabara en el estómago del Duende.No sabe uno si una gallina aprecia su libertad. Ni si, de ser cierto, es tan buen argumento comercial para el consumidor, con la vida tan perra que viven otras criaturas. Me consta que aunque las tierras del Pazo de Vilane son especialmente golosas para las gallinas, el huevo resultante no es tan diferente a cualquier otro bien frito. Más bien pienso que el mensaje comercial explota la creciente sensibilización hacia los animales. La cosa viene de Francisco de Asís, que empezó hablando del hermano lobo. Luego llegó Walt Disney, se inventó a Mickey Mouse y a Bambi y nos hizo llorar a varias generaciones cuando dejó al cervatillo huérfano de madre. Entretanto la humanidad conocía el holocausto judío, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, hambrunas bíblicas e incontables atrocidades. Homo homini lupus, nos recordaba Hobbes. Hoy no somos mucho mejores, pero gracias a los ecologistas, a los Estudios Pixar y a que Rajoy no tiene ningún primo zoólogo, nos vamos regenerando. Al final nos sentiremos personajes de Frank Capra, y redimiremos nuestra mala conciencia amando a los animales casi como a nosotros mismos.

Se defiende la causa de las ballenas, de las focas, de los zorros, de los lobos, de los linces, de los toros de lidia. (¿Por qué no de las ocas del Perigord?). Por una colonia de mariposas se desvió el trazado del AVE. Y si no se soluciona el problema de la carroña para los buitres -que desde las vacas locas están a dieta- acabaremos llevándoles al Mac Donald con cargo al presupuesto de Solbes. Aún hay más síntomas: desde que el Duende vió Babe, el cerdito valiente ha dejado de tomar cochinillo. A ver cómo le cuenta a Marina que mientras las gallinas de sus huevos campan en libertad, los lechoncillos nacen con los días contados.

Claro, que peor será cuando le tenga que explicar que millones de niños como ella pasan hambre.


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