1
Se queda pasmado Homper de que aún le siga gustando el cine. Piensa cuando se sienta en su butaca que no debe de ser una afición propia de su edad. Para ser exactos, y advirtiendo que aunque el olor de palomitas inunda la pequeña sala no coincide más que con una parejita de roedores, cree que no es afición propia de ninguna edad, pues siempre que sucumbe a la tentación de ir al cine se siente especie en extinción. ¿Quién va a la última sesión cuando, si no hay Champions hay Europa League o jornada de Liga por la tele?
A veces está seguro de que, antes de que terminen los anuncios y empiece el filme, vendrá un encargado de la sala y propondrá una negociación a los tres espectadores que, como mucho, contabilizan las salas en la última sesión.
-Dos entradas gratis para el próximo jueves, con tanque de palomitas, pozo de Coca-Cola número para la rifa de un jamón y una bicicleta de montaña, si se van ahora a casa y me ahorran este cáliz de ser proyeccionista fantasma- piensa que le van a decir.
Pero tampoco esta vez llegó a ocurrir. La película anunciada había sido muy bien recibida por la crítica, y se ve que tres espectadores a las 22, 30 empieza a ser una taquilla interesante. Así que se concentró, dibujó la sonrisa con que siempre espera el producto de la fábrica de sueños y se dispuso a ver No habrá paz para los malvados.
2
Se queda estupefacto Homper de que ya no entiende ni las películas policíacas. O sea, esas que ahora llaman thrillers, de buenos y malos antes, cuando estaba clarísimo quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Ahora casi todos los personajes de las películas resultan listillos, sórdidos, ambiguos. Y, por supuesto, mal hablados. Pero casi nunca le queda claro al espectador ingenuo quién es héroe y quién villano.
-El caso es que la película parece buena- admitió Homper mientras se sucedían oscuras secuencias de tiroteos, interrogatorios y hemoglobina a borbotones- Y que José Coronado es un poli tan solvente como podría serlo en su papel el Clint Eastwood de hace un cuarto de siglo o Kevin Spacey ahora. En fin, algo rollete, aunque sólida y bien hecha. Pero sería mucho mejor si se entendiera.
Duda Homper de que ahora el espectador medio sea capaz de atar todos los hilos de un guión, y más bien piensa que se conforma con hacer una media ponderada y con apreciar globalmente el sentido general de la trama. O eso, tan evanescente y que tanto utilizan los críticos, de “la denuncia social”, “los climas”, “las atmósferas” y otros camelos de este tipo. Mucha violencia, efectos y cosas así ayudan a distraer al personal.
-Pero désengáñate, Homper –se dice a sí mismo- Los que queréis tenerlo todo claro sois unas antiguallas.
3
Lamenta Homper que el director Enrique Urbizu, no haya logrado un “thriller” tan perfecto como La caja 507, un peliculón que sorprendió a todos cuando aún no era un director conocido. Se queja de que todos los cineastas progresan complicando y oscureciendo sus películas, para que se les vea así más intelectuales. Se mosquea de que, de todas las críticas de No habrá paz para los malvados que ha escuchado, sólo una haya mitigado el elogio unánime advirtiendo de que el guión es “algo confuso”. Y se indigna que ese afán de complicar las historias se haya adueñado hasta de las películas de dibujos animados para niños. Vio con sus nietas Kung-Fu panda y algo que parecería a priori tan primario como Los Pitufos, y se cabreó sobremanera consigo mismo por no entender a cuento de qué les enredan a las criaturas con historias tan violentas, tan imbéciles y tan retorcidas como las de esas películas.
-A propósito de Enredados, que ya es gana de elegir un título así para un cuento infantil. ¿Cómo es posible que a una princesita le llamen Rapunzel, que suena como el apellido de un diputado de CIU?
Se asombra Homper de que aún le sorprendan estas cosas. Como si no fuera ya lo bastante mayorcito para aceptar que él es un carroza, y que hoy el arte si no es confuso sólo es una vulgaridad. No habrá paz para los malvados como Homper, que pretende, iluso, entenderlo todo.





Comentarios recientes