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Camelios florecidos en Asturias

En unos días, los botones abrirán en grandes flores, y será imposible creer que Asturias está triste...

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En el verano de 1954 el Duende se hizo amigo de Nicolás Salazar. La familia de Nicolás tenía un pequeño chalet en Somo, en la bahía de Santander, donde coincidieron en esa etapa de la vida en que todo es vacaciones menos lo que  nos roba la escuela. Nicolás tenía, por orden de importancia en la jerarquía de valores de la infancia, una bicicleta roja, una hermana con trenzas que se llamaba Mariajo –triste destino de las marías josefas, tener un nombre de tubérculo- y una prima algo mayor. Esta andaría por los quince años, se llamaba Emilita, llevaba pantalones pesqueros de colores ajustados a la pantorrilla y ya apuntaba tetitas. Era muy simpática, pero apenas cuenta nada en esta historia.

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Mariajo era una niña ingenua y alegre, y cantaba mucho. Por aquella época se estrenó Candilejas, donde Charlie Chaplin dejaba de ser Charlot para interpretar al payaso Calvero. La banda sonora del filme, tan melancólica, se hizo muy famosa. Algún cantante debió de ponerle letra en castellano, como se hizo después con muchas otras bandas sonoras célebres (las de El Álamo o El día más largo, por ejemplo).  Generalmente las letras eran horrorosas. Pero o Mariajo era muy imaginativa o entendió la de Candilejas a su manera. Porque donde el letrista quizás quiso decir Una triste historia sucedió / a un viejo payaso que expiró / mientras una bailarina baila sin cesar / el corazón/ del viejo clown /rompe a llorar, lo que ella cantaba no era una triste historia sucedió, sino en la triste Asturias sucedió…etc. etc

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Entonces el Duende no sabía de Asturias más que lo que el profesor de Geografía e Historia (sic el nombre de la asignatura) le había contado apuntando al mapa de España con el puntero. Asturias, montañas, valles, mar bravo. Clima lluvioso. Ganadería: vacas. Industria, minas y siderurgia. El Duende ya había visto Qué verde era mi valle, preciosa película pero historia sombría, como sombría  era la vida en las minas. Además también contaba el maestro que en Asturias hubo un rey asturiano llamado Favila al que le comió un oso.

Y aquel niño que todavía no había escuchado el aire popular Oigo sonar una gaita / oigo sonar un tambor…/La alegría de les moces /el olor de las manzanas / bellos campos, bellos campes belles flores / es una aldea asturiana abrochó en su imaginario la etiqueta Asturias triste, como cantaba su amiguita Mariajo. Aunque no fuera el principado el escenario de Candilejas ni de la historia del viejo payaso Calvero.

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Si todo un manto de tristeza y pesimismo envuelve ahora al solar de España, lo de Asturias es como la crisis del teatro: continua, eterna y, al parecer irremediable. Uno lleva escuchando por muchas décadas que allí  ni hay industria, ni hay vacas, ni hay leche, ni hay empleo ni hay horizonte. Se lo dijo al Duende  Luiso, mientras le servía un cortadito en su pequeño bar de Soto de Luiña.

-¿No ves que ya no hay ni un pincho en la barra?…Estaba harto de echárselos a los perros al final del día,

Sin embargo, al pasar por Avilés, la llama que empenachaba la enorme chimenea de esa gigantesca planta industrial de ENSIDESA que ya no sabemos para qué sirve, lucía viva y poderosa, iluminando en un precioso tono amarillo azulado la noche metida en nubes bajas y lluvia. Parecía un fondo de esos tan bonitos que en el cine actual fabrican los efectos digitales. Y el mar seguía batiendo las olas, tan activo y hermoso como siempre. Y a pesar de los fríos del invierno los prados restallaban de verdor. Incluso vimos algunas vacas, cuatro cinco ovejas y algunos caballos pastando. Y, sobre todo, en el Valle de las Luiñas, los camelios florecían como lo que siempre se ha creído que era primavera.

Cree el Duende que pertenecen a la especie Camelia Sasanqua, que florecen incluso en invierno. El caso es que el enorme ejemplar que hunde sus raíces en el jardín de su amigo Félix, ya casi un árbol de copa redonda y tupida, parecía un  prometedor canto a la vida. Qué simbólico: quizás se nutre de su recuerdo. A lo mejor además de un fenómeno botánico, quiere ser un augurio de vida y optimismo. Bien informado, este duende debe rectificar a su amiguita Mariajo, y decirle que la triste historia de Candilejas nunca sucedió en el Principado de Asturias.

Improperios perdidos en el universo

Menos mal que nuetros improperios, insultos y sandeces se pierden en la inmensidad del universo...

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Sostiene la anciana tía Clota que la vejez libera. Durante toda su vida intentó ser mujer discreta y contenida. Lo que antes se decía una dama de buena educación. Le recuerda a su ya también anciano sobrino Homper que ella lo pasaba muy mal cuando en un restaurante le servían un plato impresentable o en mal estado.

-Pero no por mí- aclara- sino por la pena que me daba el restaurante…Pobrecillos. ¿Cómo les iba a mortificar encima recordándoles que eran unos incompetentes?…

Pero la vejez libera y, a menudo, también deslengua. Y en su conversación –cada vez menos frecuente-  a través de Skype con el único pariente que le queda en España, que es Homper, manifiesta que cada vez es más intransigente.

-Ya no tengo pelos en la lengua, sobrino. El otro día descubrí un pelo en un pastel de manzana que pedí en un cofe shop y no me callé. Son ustedes unos sucios, y no se para qué se ponen ese gorro blanco. ¿Cómo es posible que no cuiden esos detalles?…

Celebraba ayer su particular tea party en casa con sus amigas Thelma y Edwina. Según ella no es que estén enfadadas con Obama, sino desengañadas de la condición humana.

-Fuimos tan bobas como el ser humano-precisa-Siempre creemos lo imposible cuando es bonito, y nos dejamos encandilar por las buenas palabras…¿Cómo dice el refrán español?…¡Ah sí!: una cosa es predicar y otra dar trigo.

Predicar y dar trigo…

-A Noé le vas a hablar del diluvio, tía –rezonga Homper, siempre sorprendido por las salidas de la tía- Aquí en tu patria natal de eso sabemos mucho…

Y se enredan a hablar de España sin tocar ni a Javier Bardem ni a Pe, que son lo que más conocen de nosotros en el país del tío Sam.

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-Recuerdas aquél libro que arrasó hace muchos años en las librerías que se titulaba La conjura de los necios?...Pues ahora tu vieja España, tía, parece la conjura de los bocazas.

Y repasa Homper las trifulcas originadas por los excesos verbales de determinados políticos e intelectuales españoles: los morritos de Leire Pajín que tanto excitan al alcalde De la Riva, el mierda con el que cariñosamente el académico Pérez Reverte despacha al ex ministro Moratinos, las lolitas japonesas con las que se entretenía Fernando Sánchez Dragó. Atrás va quedando lo de la señorita Trini que Alfonso Guerra dedicó a la hoy ministra de Asuntos Exteriores o los tontos de los cojones que votaban a la derecha que acuñó el alcalde de Getafe Pedro Castro. Deja caer al respecto la tía Clota algunas observaciones. Por ejemplo, que todos metemos la pata alguna vez. Por ejemplo, que a todos se nos escapa de vez en cuando alguna palabra improcedente.

-Y sobre lo de los escritores bocazas…Dos cosas: primera, la fama es una patente de corso para decir lo que los demás no se atreven ni a sugerir. Segunda…¿a quién le sorprende ahora la amoralidad de los creadores?

Y cita de carrerilla los nombres de Chaplin, de Woody Allen, de Polansky, de William Borroughs, ídolo de la beat generation, de Henry Miller…

-Mira, sobrino- precisa- Debe de ser que la gente no lee o no quiere enterarse. Pero yo, como profesora de español en Estados Unidos, tuve que leer toda la obra de Francisco Umbral y me quedé estupefacta de las cochinadas que su literatura, en buena parte autobiográfica y a mi gusto preciosa, larga por esa plumita…¡Angelitos, los genios! ¡Y santas las  esposas que los aguantan! Menos mal que mi marido, que en paz descanse, sólo era un granjero…

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Se enredan hablando de libros, y Homper vuelve a decir que a sus casi sesenta y cinco años le sigue resultando cada día más difícil elegir una lectura.

-No lo se, tía –dice el Hombre Perplejo-Me encantaría leer un best seller de princesas muertas y olvidarme del mundo. Pero sabiendo tan poco de todo de cuando en cuando intento ilustrarme.

Y le habla del libro que se trae entre manos, Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, un best seller de divulgación científica con el que trata de paliar el déficit que arrastra desde que se decantó por el bachillerato de letras.

-Sinceramente, no entiendo casi nada, tía –confiesa-Pero, gracias a Hubble, si se que nuestra galaxia es  sólo una de las 140.000 millones de galaxias que hay en el universo. Fíjate, si  cada una de esas galaxias fuera un guisante congelado cabrían a duras penas en el Royal Albert Hall de Londres. Y además las otras galaxias se alejan de la nuestra cada vez más rápidamente, porque vivimos un universo en expansión permanente…

A la tía  Clota  le reclamaban sus compañeras de tea party, pero no quiso despedirse sin una reflexión para la felicidad.

-Qué tranquila me dejas, sobrino.  Al menos estoy segura de que no llegan allí las estupideces que decimos y por las que peleamos aquí abajo.


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