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De los controladores y otros “tounchingballs” de la res pública

Cualquier gobierno vive bajo la psicosis de que algún "touchingballs" puede amargarle la vida en el momento menos oportuno...

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Bermudo García de Ocáriz, Catedrático de Derecho Político. Así soñaba su tarjeta de visita aquel joven empollón que afrontaba el paso previo de su doctorado y aún buscaba el tema de su tesis doctoral.

-Ay qué bonito-le decía Lupita, su compañera desde primero de derecho y novia inmutable desde tercero- Yo haré oposiciones al Cuerpo de Archivos y Bibliotecas, y tú, que eres como más profundote, catedrático de eso, que está muy bien. Con ese nombre…¿cómo ibas a ser otra cosa?

-Claro, Lupita…Pero debería tener claro ya cómo afrontar el doctorado…¡Es tan difícil encontrar un tema sugerente para la tesis!

Y se iban a pasear `por el Parque del Oeste agarrados de la mano a ver si, entre arrumaco y arrumaco, daban con el  asunto. Hasta que el día 4 de diciembre de 2010 Bermudo pudo gritar.

-¡Eureka!, ya lo tengo.

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-De la defensa contra los “touchingballs” en la gestión de la res pública- enfatizó Bermudo- ¿Qué te parece el título?

Lupita se quedó algo pensativa. Sabía lo que era “la gestión de la res pública”. También comprendía que lo de la defensa era el uso de las armas que ofrece el derecho a los gobernantes. Pero le sorprendía el concepto de touchingballs en el título de un trabajo jurídico tan serio como el que cabía suponer en  una personalidad como la de Bermuda.

-¿Y qué es eso de los “touchingballs”?

-Lupita, tía- se explicó- Date cuenta de que los estudios jurídicos brillantes como el que sin duda será mi tesis se publican en revistas extranjeras…Y sus lectores seguro que entienden lo de touchingballs.

-¡Ah!-fue todo lo que dijo Lupita.

Siguieron paseando. Después de aquella revelación Bemudo estaba entusiasmado. Tanto, que, como cualquier enamorados en cualquier parque, dejó de conformarse con los cromatismos otoñales del arbolado y entró en los arrumacos. Y en esos estaba la pareja cuando Lupita escapó de sus besos y preguntó.

-Por ejemplo, ¿quiénes son los touchingballs de nuestro gobierno?

-Joé, Lupita, qué pesada eres-se revolvió Bermudo visiblemente molesto-¿Pues quiénes van a ser?…Los que les tocan las pelotas…¿Un ejemplo? Los controladores aéreos…¿Otro? Marruecos...¿Otro? La libertad de prensa, auténtico dípterus collonensis que a veces enreda en el lado oscuro de los gobiernos, como se ha visto ahora en el caso Wikileaks.

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Y aún a costa de desaprovechar el turno de arrumacos, Bermudo se extendió en lo que había sido  la noticia del día, y `para los constitucionalistas, quizás de nuestra democracia, pues al fin el gobierno había apurado uno de esos artículos de la carta magna que jamás se usan para acabar con la huelga salvaje de los controladores aéreos.

-¿Ves?….Se han pasado, han abusado de su poder en contra del pueblo y, por ende, del gobierno…Son unos auténticos touchingballs para la res pública. Pero el gobierno, amparándose en la Constitución, decreta el estado de alarma y les pone en su sitio…Y hé ahí el eje de mi tesis: cómo no sólo es posible, sino necesario y oportuno, ser firmes y rigurosos en la gobernación de la cosa pública…

-Ya-dijo Lupita.

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A Bermudo García de Ocáriz, futuro doctor en derecho y catedrático de derecho político, no le gustó el laconismo de su novia. Le parecía como si sus palabras no le hubieran acabado de convencer, y eso le mosqueaba.

-¿Eso es todo lo que tienes que decir de mis argumentos?…

-No-se excusó Lupita- No es eso…Es que…pensaba en el por qué unas veces se actúa con firmeza y rapidez  y otras no tanto… Pensaba en los problemas con Marruecos, en las revelaciones de Wikileaks…Pensaba que además de firme, el gobierno debe ser prudente, y tener en cuenta que un fin de semana como éste no era el mejor para apretarles  los tornillos  a los controladores, con tanto tiempo como llevan haciendo de las suyas…Y pensaba que tal vez abandone lo de opositar a Archivos y Bibliotecas y decida doctorarme yo también.

-¿Ah sí? –dijo Bermudo con evidente retintín- ¿Y ya tienes claro el tema de tu tesis?

-Más o menos –sentenció Lupita- ¿Qué te parece éste?: De la distinta consideración jurídica de los “touchingballs” según interese a la res pública.

Y Bermudo se mosqueó aún más. Pues se estaba dando cuenta de que Lupita, que hasta entonces parecía tan tontita, podría quitarle el puesto  si luego decidía opositar a la cátedra de Derecho Político.

La venerable camiseta de David Villa

Este cuento trata de responder a una cuestión peliaguda. ¿Cómo se debe conservar la camiseta de un ídolo deportivo?...

1

-Papá –dijo la chiquilla- No sabes cuánto me gustaría tener la camiseta de Villa.

Y el padre la miró con ternura no exenta de preocupación.

Como tantas adolescentes la chica tenía sus ídolos favoritos. Y en ese momento el más venerado era David Villa, el delantero centro de la Selección nacional de Fútbol que se había convertido en una de las estrellas del Mundial de Sudáfrica. Pero el padre no era un cualquiera, sino el mejor ejemplo de ciudadanía y de respeto a los derechos de los demás, especialmente si éstos eran menores o personas desfavorecidas.  Debía de evitar por tanto cualquier concesión que, no por bien intencionada, pudiera perjudicar a la intimidad y la dignidad de una menor.

-¿Sabes bien lo que eso significa?-preguntó parpadeando como un bambi ingenuo.

-Si, papá –respondió la chiquilla sin vacilar un instante- Sería como la navaja de barbero que manejaba Johny Dep en Sweeney Todd o como la pajarita del abuelo de la familia Monster. Una cosa que a cualquiera le gustaría tener. Al fin y al cabo la camiseta es roja, como la sangre que le gusta a Drácula…

El padre bajó la mirada y apuntó algo en su agenda de mesa..

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Quizás habría preferido que su hija hubiera sidoniña precoz,  aficionada a la historia, santa laica o directamente libertaria. Pero el hombre propone y el destino, que no Dios, dispone. Ahora ella era una gótica feliz, y no sería él, apóstol de todas las libertades y defensor a ultranza de cualquier minoría, el que por culto a la moda o a los gustos de las mayorías  pudiera hacer algo que atentara a las creencias de la niña.

Llamó por el interfono a su jefe de gabinete.

-Necesito dos informes urgentes- dijo- El primero, de la máxima autoridad gótica en España. Qué se yo, el presidente del Consejo Superior de Góticos, o el del la Academia Gótica, algo así habrá, que hoy hay organismos para todo. Necesito saber si va contra sus principios, tan respetables como los de cualquier otra minoría, que un buen gótico sea aficionado al fútbol.

-Correcto-apuntó el jefe de gabinete- ¿Y el segundo informe?

-Este es más aún más importante. Pídaselo al Consejo de Estado. Sospecho que seis años de talante han despojado a España de cualquier connotación sospechosa, pero necesito tener la certeza de que la camiseta de la Selección Nacional de Fútbol representa a la España constitucional, libre y progresista que encarnamos nosotros. Y no a la España reaccionaria y negra, la España de Torquemada que añoran ellos…

-¡Jodó, petaca!- profirió el jefe de gabinete con una espontaneidad impropia de su cargo.

-¿Decía?-preguntó el presidente con el gesto visiblemente crispado.

-Nada, presidente. Pensaba en voz alta que Torquemada, la Inquisisición y esas cosas sí que las asocia uno a la España negra, y que eso resulta muy gótico, ¿no?…

-No me de lecciones de historia, por favor. Y solicite los informes.

3

Los informes solicitados avalaron, como era de esperar, la escrupulosa opinión del presidente y tranquilizaron su conciencia. Benito Mojarra, decano de la AGEPANE (Asociación de Góticos Españoles Pata Negra) aseguró que no figuraba en sus estatutos ninguna incompatibilidad entre la afición al fútbol y la condición de gótico o gótica de sus afiliados. Es más, se aseguraba que Bram Stoker había practicado el fútbol en su juventud, y que en el opúsculo apócrifo Las otras pasiones secretas de Drácula se reconocía que el famoso conde-vampiro había sido socio fundacional del Valaquia F.C, extremo que definitivamente alejaba toda sospecha de incompatibilidad entre el deporte del balón redondo y la  pasión gótica.

-Los góticos-proclamó Mojarra en la carta que acompañaba al informe-somos góticos, pero también tenemos nuestras debilidades- A mí, por ejemplo me encanta la ensaladilla rusa, y a mi señora se le saltan las lágrimas cuando ve por la tele El amor en tiempos revueltos.

El presidente respiró tranquilo.

También satisfecho, aunque más molesto por el tono que adoptaba en alguna de sus conclusiones, se quedó después de leer el informe del Consejo de Estado. En su primer punto el alto organismo se preguntaba cómo era posible que semejante cuestión requiriese su intervención. En el segundo punto declaraba que España es la que define la Constitución Española, y que su concepto no tiene por qué identificarse  con ninguna sombra del pasado. En el tercer punto se hablaba de la camiseta de la Selección Nacional de Fútbol como símbolo de los valores permanentes de la nación, fundamentalmente de los deportivos. En el cuarto punto reconocía que su color rojo con ribetes y rayas amarillas eran lógicos si se tiene en cuenta que la bandera constitucional es precisamente roja y gualda. Y finalmente, en el quinto punto, aprovechaba que el Pisuerga pasaba por Valladolid para decir que eso era un dictamen conciso y rápido, y no lo que hacen otros altos tribunales del estado,  que se toman cuatro años para elaborar una sentencia  y luego ésta no resuelve casi nada.

Qué impertinentes son algunos-pensó el presidente- Y cuánto abusan del talante de uno…Pero da igual, me están dando la razón y tengo vía libre.

Luego pidió que le pusieran con  el Secretario de Estado para el Deporte.

-No condiciones la libertad de nuestro admirado David Villa-le dijo-Pero, si llega el caso, le dices que a la hija del presidente de gobierno le haría una grandísima ilusión  recibir su camiseta como recuerdo de su gran Mundial…Sí, sí, díselo así, que quedará muy bien.

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Entretanto, la esposa del presidente ensayaba a conciencia su próximo concierto, en el que el coro del que formaba parte debía de interpretar uno de los muchos glorias que dejó para la posteridad el  compositor veneciano Antonio Vivaldi. No queriendo incurrir en el machismo tradicional imperante en la España que ambos querían enterrar definitivamente, el presidente le consultó qué le parecía que hubiera pedido para su hija pequeña la camiseta de Villa.

-No se qué decirte –dijo ella-Lo encuentro como muy vulgar, típico de la masa, ¿no? Pensaba que nosotros estábamos por encima de esas cosas.

-Somos pueblo, Sonsoles- replicó él- Y, sobre todo, debemos respetar la voluntad de la niña.

-Sí, pero si ella quiere ser gótica no me explico para qué quiere una camiseta roja, cuando todo lo que lleva siempre es negro. No me pega nada.

-No te preocupes. He solicitado informes al respecto y eso no atenta para nada a las principios de una chiquilla gótica. Nadie nos podrá acusar de forzar la voluntad de nuestra hija.

Mientras Sonsoles continuó con sus gorgoritos –ella decía coloraturas- por las estancias de palacio, le avisaron al presidente de que, después de pasar los controles reglamentarios, había llegado un paquete de la  Secretaría de Estado para el Deporte. Una vez abierto, y dentro de un gran sobre amarillo protegido por papel de embalaje, estaba la preciada camiseta primorosamente doblada. Adosado al paquete había un sobre blanco dirigido al presidente que éste se apresuró a abrir para leer su contenido. Querido Presidente. Tal y como te prometí, aquí está la camiseta que lució Villa el día en que España ganó a Chile y nos clasificamos para cuartos de final de la Copa del Mundo. Espero que sea del agrado de tu hija, y que la guarde como un preciado tesoro. Siempre a tu disposición, te envío un fuerte abrazo. Jaime.

-Abra la bolsa, por favor-le dijo el presidente a su secretaria.

Esta entreabrió el gran sobre amarillo y, apenas asomó un pliegue de la roja, se tapó la nariz.

-Fu, presidente. Esta camiseta  está sin lavar.

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El presidente habló con la Ministra de Cultura, la cual movilizó a todas las autoridades expertas para conseguir en tiempo record un dictamen sin el cual él no se hubiera atrevido a dar la camiseta a su hija. Según el los directores del Museo Arqueológico del Museo de Antropología, a los cuales se agregaban los testimonios de experto en medicina forense y legal, la camiseta de Villa perdería buena parte de su valor como objeto de culto si se desvanecía la huella de quien la había llevado.

-Entiéndalo, presidente-le subrayó por teléfono el Director General del Patrimonio- Para los conservadores eso sería, salvando las distancias, como lavar la Sábana Santa que envolvió el cuerpo de Jesucristo.

El rostro del presidente dibujó entonces una mueca de desagrado. No era, sin embargo, un escrúpulo más de su profundo y bien arraigado agnosticismo. Sino el pensamiento de que su hija  tal vez podría acabar inhalando las esencias mefíticas de un ídolo equivocado. Las dudas le reconcomían. ¿Era David Villa un luchador por el pueblo, un líder espiritual que ennoblecía a la condición humana  o un artista sublime de cuyo ejemplo se iba enriquecer la juventud? ¿O, por el contrario, un producto del mercantilismo exacerbado que se estaba adueñando del deporte?

Lo quiso debatir con Sonsoles, como cualquier asunto propio de unos padres modernos y responsables. Pero la esposa del presidente cantaba a Vivaldi entre los macizos de hortensias del jardín de Moncloa.

Ordenó a su secretaria que le pusiera en contacto con su jefe de gabinete.

-Necesito un dictamen del catedrático Juan Antonio Sagardoy.

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El ilustre catedrático de Derecho del Trabajo Juan Antonio Sagardoy se quedó estupefacto cuando el presidente le explicó el tenor de las dudas que justificaban su consulta. Pero, sin entrar a enjuiciar la validez de la camiseta como prueba, cosa que competía a los expertos en medicina legal, lo que a su criterio quedaba fuera de duda es que el sudor de Villa no era, en modo alguno, el de un capitalista que se lleva a la buchaca doce millones de euros al año, sino el de un trabajador por cuenta ajena que en ese momento de esfuerzo y de gloria tenía como patrón al estado.

-Se puede decir, por tanto, que el sudor de la camiseta de Villa es noble sudor obrero, ¿no?

-Hombre, presidente-respondió el catedrático en tono amable- ¡Si lo quieres decir así!…Sí, claro…Villa es sin duda un trabajador por cuenta ajena.

El presidente suspiró satisfecho.

7

Se trataba de un regalo muy especial, y merecía la pena que su presentación estuviera a la altura de las circunstancias. Se le pidió a Miquel Barceló que diseñara una caja-vitrina en la que el rojo vivo de la camiseta  destacaba sobre un firmamento azul cuajado de chafarrinones de óleo a modo de estrellas.

-Y sellaremos el cierre de la caja con silicona –le explicó el presidente a su esposa- Así, las esencias de Villa permanecerán intactas, y nuestra hija podrá tener la camiseta en su habitación sin aspirar un olor que, no por digno, deja de ser desagradable.

-¿Y cómo se lo entregaremos?

-En un acto sencillo, como nos corresponde. Será un bonito regalo de cumpleaños.

-Me haría ilusión cantar con mis compañeros de coro el Gloria de Vivaldi cuando se lo entreguemos. Para ella significa tanto…

El presidente no dijo nada, pero torció el gesto.

8

Al final Sonsoles comprendió que, aunque fuera un ensayo muy útil para su concierto, la música sacra de Vivaldi  podía herir la sensibilidad laicista de la chiquilla.

Pero no se iba a quedar con las ganas de cantar. Villa era nieto de un minero asturiano, como Víctor Manuel. De modo que el presidente se puso en contacto con el cantautor y con Pedro Halfter y ambos improvisaron un arreglo para coro de cámara de la conocida pieza El abuelo , mucho más  apropiado para la mocasión, que Sonsoles y seis de sus compañeros coreutas entonaron en el momento trascendente en el que la hija del presidente recibía, presentada en la caja-urna de Barceló, la camiseta del delantero centro de la Selección nacional de Fútbol.

-¡Qué guay!-dijo la chiquilla mientras su madre guiaba aquel coro angélico y el padre la miraba embobado.

Nadie supo sin embargo que cuando la chica se quedó a solas con el regalo en su habitación, levantó con un destornillador el sello de silicona, abrió la obra maestra de Barceló y al recibir el golpe de olor del sudor del héroe, llevó directamente la camiseta a la lavadora. Tampoco se enteró papá de que, a la noche siguiente, su hija se enfundó la camiseta de Villa para acudir a un botellón con el que los góticos de su pandi celebraban que España se había proclamado finalista del Campeonato Mundial de Fútbol.

El “destroyer” del Meccano

Esos niños puñeteros que disfrutaban destruyendo lo que se tardaba tanto tiempo en montar...

Qué agradables, las tertulias. Los años no habían hecho mella en ellos. Una vez a la semana, se reunían en un bar de la Zona Húmeda: vino del Bierzo, cecina y una conversación amena y distendida. La familia, el fútbol, quizás los toros. La vida plácida, pero achacosa, del jubilado. La situación política, los recuerdos acumulados durante toda una vida. Aquel día polemizaban Alfredo, ingeniero retirado apasionado por todo lo que se llama infraestructuras, y Antonio, abogado que aún se resistía a colgar la toga.

-Poca cosa, ya sabes –precisaba- Algún asunto sencillo. Y, de vez en cuando, un artículo que me piden para la Revista Hipotecaria. Mi bisnieta me pregunta qué es eso, y yo no se cómo explicarlo…

El tono general de la tertulia, que era inesperadamente optimista para la edad media de los tertulianos, había evolucionado últimamente por culpa de Antonio.

-Aquí la gente no se da cuenta del roto que está haciendo el chico de Rodríguez.

-No jodas, Antonio –le decía Alfredo- Si este muchacho es un chollo. Tú, que eres un chinche con la historia esa de la arquitectura legal.

-¡Coño con la arquitectura legal!- interrumpió Antonio.

-Sí, la arquitectura legal…El rollo ese que sueltas últimamente…¿Sabes qué piensa la gente?…Que a vivir, que son dos días…Y el que venga detrás, que arree…Políticos que faciliten las cosas, que para cabronadas ya hace bastantes la vida.

-Parece mentira que seas ingeniero. El cerco a los jueces por el asunto Garzón, la Constitución en entredicho, el Estatuto de Cataluña a capricho, el Tribunal Constitucional, la inacabable sentencia…Todo debería de encajar perfectamente.

Antonio hablaba como un teórico. Pero de vez en cuando citaba ejemplos con los pies en el suelo.

-Queremos que España sea como esos muebles de IKEA,  que por una arandela defectuosa o un agujero mal taladrado se resisten a ser montados. Y claro, no sale. No sale porque las piezas no encajan. Ya pueden tornear el eufemismo, y hacer plastilina de las leyes, pero lo que se pretende, sencillamente, no encaja en ellas.

-Qué cenizo eres, Antonio.

-¿Cenizo?… Otra cosa es que ahora,  por seguir vendiendo la utopía, todo hay que relativizarlo y tomárselo a chacota.  Pero los utopistas iluminados no tienen ni puta idea de manejar la llave inglesa. ¿No te acuerdas de lo que hizo con tu Meccano?

Y Alfredo, que le quitaba hierro al asunto, y que se hartaba de predicar las maravillas del plan E y los avances en infraestructuras del chico de Rodríguez, se quedó pensativo. Guardó unos segundos de silencio.

-¿Era él?…

Era él. Alfredo se acordó de una tarde, hacía más de cuarenta años, cuando aparecieron de visita en su casa precisamente los Rodríguez. Iban con el niño, que sonreía mucho y parecía muy educado. Mientras preparaban le merienda, el niño se escapó y entró en el despacho contiguo, donde Alfredo, para inyectar a sus hijos la misma pasión por la ingeniaría que el había sentido siempre, exhibía orgulloso un montaje del Puente Colgante de Bilbao construído pacientemente con las piezas del viejo Meccano que aún conservaba de su lejana infancia. Cuando la merienda estaba lista se escucharon unos golpes metálicos que venían del despacho.

-Joselín –gritó la señora de Rodríguez- ¿Dónde estás?…

El ingeniero Alfredo saltó como un resorte. Corrió  a su despacho y ahí encontró al chico de Rodríguez. Aún tenía el martillo en la mano cuando con esos ojos de Muñeco Diabólico, coronado uno de ellos por la ceja circunfleja, y una sonrisa beatífica de angelito barroco, mostraba orgulloso el amasijo de hierros en que había quedado convertido eel montaje del ingeniero.

-Nene gusta destrozar Meccanos –dijo candorosamente.

Y Sergio comprendió ahora que su amigo Antonio tenía razón. Ya  entonces la criatura apuntaba maneras…

Querida Constitución

Con el permiso de Mafalda y de Quino...Y gracias por su préstamoCuenta doña María que Orencio Porrero, un anciano ferroviario muy rojeras que vivía en el Bloque los Arándanos –quizás ya ha muerto- tuvo dos hijas con una libertaria antes de que ésta le abandonase para combatir con Durruti. Otra España. Quiso ponerles el nombre de República y Constitución. Como en el franquismo no lo tenía fácil, les antepuso María. La mayor sería María República y la segunda María Constitución, y así empezaron a llamarles a la muerte del dictador. “A la mayor en el bloque le acabaron llamando Mari Re, que es raro, pero suena bien. Sinencambio a la otra le tocó Mari Cons, que según se dice de corrido no queda tan bonito. La Mari re se hizo bailaora, se casó con un guitarrista de flamenco y acabó abriendo un tablao en la parte del Japón. La Mari Cons, sinencambio, se metió a monja, y ahora ya no le sirve de ná to aquel cambalache de los nombres, porque se llama Sor Clemencia del Sagrado Corazón de Jesús. Tanta infancia ilbertaria y tanto miedo pa luego acabar en eso”.

Debe de ser el sino de la Constitución. Los que hicieron de ella un instrumento para apurar a fondo un fuero especial de por sí discutible, ahora la desprecian, y ni la felicitan el día de su cumpleaños. Qué caraduras. La Constitución les dio la mano y se quieren tomar hasta mucho más allá del codo. Los que la añoraban porque sólo conocían una dictadura, se han aburrido de ella. Y los que dicen sentirse a gusto con la carta magna y la cumplen, se mosquean porque ya muy pocos la respetan. Los mismos que hicieron la ley –y aveces entre ellos el propio gobierno- se amparan ahora en la trampa para decir Diego donde antes decían digo.

Como a la hija del vecino de doña María, habría que cambiarle el nombre. Quizás Sorpormuchosaños. De repente la gente se olvida de lo hubo y del logro que fue salir de aquello en paz y quiere vivir en el país de Jauja, a ser posible a cargo de los demás. Contra el abuso de los nacionalismos históricos, Constitución. Contra la insolidaridad, Constitución. Contra la irresponsabilidad, Constitución. Lo de regresar al franquismo y recordar cómo mirábamos y admirábamos a los pueblos democráticos que la tenían entonces es afortunadamente imposible.

Aunque doña María o las hijas del señor Orencio dicen que algunos se lo  merecerían…

Lo que ha cambiado el cuento

Hasta los más inocentes cuentos se van maliciando con el tiempo...

1. Es un  guarda forestal de un  pequeño pueblo de Huesca, pero se confiesa autor de la muerte del alcalde para liberar a sus vecinos de toda sospecha. Luego resulta que dice que no lo mató. Y entretanto desvela una oratoria más propia de un político con estudios que de un campesino. El crimen no es de los nuestros. Más que recordar Fago este hombre y este caso  remiten a Fargo.

2. Es el representante del Estado en Cataluña. No sabe cómo sería su Cataluña independiente. Sí sabe que, si lo hubiera sido cuando su familia se asentó allí, él jamás hubiera llegado a ser presidente de la Generalitat. Se supone que suscribe la Constitución. Pero no tiene inconveniente en recomendar que se haga la vista gorda si el Tribunal que la interpreta y la aplica decide algo que no le gusta. Versión vernácula de la Ley del Embudo: lo ancho para mí, lo estrecho para ti. En su pueblo y en otros pueblos de España lo dirían más a lo bestia: quiere tener el sueldo del geneal y la verga del teniente.

3. Son las luces de Navidad de Barcelona. Entre ellas, las clásicas felicitaciones. Primero, en catalán: Bon Nadal. Y luego en muchas otras lenguas. Menos el castellano. Carod Rovira insiste en que Cataluña no se siente a gusto en España. Todo lo contrario que el resto de los españoles, realmente sorprendidos por lo encantador y bien educado que es el alcalde de la Ciudad Condal.

4. Es la Comunidad Autónoma de Extremadura. Una pedagoga ejemplar consigue que se apruebe un presupuesto para que los adolescentes aprendan a masturbarse. La AOA (Asociación de Onanistas Autodidactas, a la que pertenece toda la generación del que susccribe) pedirá que le compensen por todo lo que hemos ahorrado a la Hacienda Pública siendo tan listos.

5. Es el Parlamento de Cataluña que contrata a un traductor de catalán para que traduzca su discurso a unos visitantes nicaragüenses. Podría haber hablado en castellano, lengua que usan y entienden ambos. Pero en ese caso hubiera ahorrado unos miles de euros al contribuyente, premisa que ningún político con futuro debe tener en cuenta.

6. Es el fantasma de Cneo Escipión, guerrero romano que conquistó Hispania. Aprovechando que un diputado del PSOE granadino ha presentado una proposición para que España indemnice a los descendientes de los moriscos expulsados hace cuatro siglos, se ha plantado ante ZP y le ha dicho: AVE, ZAPATERUS…¡AFLOJAT MOSCAM! Se calcula que, al grito de maricón el último, no tardarán en presentarse también los fenicios, los iberos, los godos, los árabes y hasta las tropas napoleónicas, todos ellos barridos sucesivamente del suelo patrio. Se les pagará a todos, con cargo al déficit. El talante es el talante, dice ZP. Además… ¿qué es una raya más para un tigre?

7. Por último, el Concurso de Tortilla Española que ha ganado un bar de Bilbao. Francesa, la tortilla de huevos. Española, la tortilla de huevos con patatas. Siempre fue así. Pero la ortodoxia nacionalista no puede mentar la bicha. El ganador no quiere que se diga que la suya es la mejor tortilla bilbaína,  ni vizcaína, ni vasca, porque ha concursado con cocineros de todas las autonomías. ¿Solución? La que dicen los carteles: Este bar ha ganado el Concurso de la Mejor Tortilla Estatal. Con dos huevos.

A menudo el Duende mira a su alrededor y se siente extraño. Piensa que para qué le educaron, si el sentido común parece tener cada día menos sentido. Se siente como el lobo del viejo y grosero chiste de Caperucita. ¿Dónde vas, Caperucita? –pregunta el Lobo.  Al arroyo, a lavarme el chichi- contesta Caperucita airada. ¡Jo! –piensa el Lobo- ¡Lo que ha cambiado el cuento!


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