También se sorprende Homper de las jugarretas que en la edad madura gasta la memoria. Le pasa a él y le pasa a sus amigos, incluso a los más doctos, cultos y refinados, como el eminente abogado y diplomático S.M.L., marqués de Betanzos y Barón de Cap Llentrisca (no olviden que el escritor Javier Marías es rey de la Isla de Redonda, aquí el que no corre vuela). Mantiene Homper que fue este humanista contemporáneo –Betanzos, no Marías- el que se inventó el neologismo cuando hablaban entrambos del declinar de los libros, o al menos de las enciclopedias.
-Todo lo acabamos buscando ahora en Internet –dijo- Y a todos nos podrían llamar ahora eruditos a la Googleta.
Aún habrá quién recuerde a los eruditos a la violeta, como llamó Cadalso a los petimetres que en el siglo XVIII alardeaban de sabiduría con sólo un ligero barniz de enteradillos. O sea, lectores de solapas de libros, o de críticas que te resumen lo que dicen estos. Maestros en el manejo de la espumadera intelectual, que la pasan donde se fríe esa masa heterogénea que ahora llaman cultura y algún fleco suelto de la fritura atrapan. Con ese equipaje y la ayuda de Google, todos eruditos a la Googleta, y capacitados para cualquier tertulia o mesa redonda, porque vivimos en el imperio de la superficialidad. Así lo contó el abogado y diplomático, marqués y barón por añadidura, al perplejo Homper.
-Todos somos eruditos a la Googleta, en efecto.
El señor marqués/barón es un hablista, y utiliza mucho, también, esta locución adverbial de novela decimonónica, en efecto. En efecto, todos usamos y abusamos de Google, pero también en efecto, el inventor del neologismo fue él, y no Homper.
Es verdad que éste debía animar una sobremesa en agradable encuentro cultural que se llama –o se llamó, que no sabe uno si la crisis se lo llevó por delante- Pretexto Covarrubias (ver, si se desea, el post que le dedicamos en noviembre de 2007). Y que le tocaba presentarse ante una plantilla de intelectuales que capitaneaba Mario Vargas Llosa. Lo cual que se acordó del palabro y lo soltó para definirse como generalista que parlotea de casi todo sin saber de nada. Pero dijo lo de la Googleta citando las fuentes, y el hoy Premio Nobel de Literatura celebró la ocurrencia con una de esas risas dentonas suyas que tanto embelesan a las señoras. Al César lo que es del César, a Varguitas todo honor y toda gloria y al marqués/barón de Betanzos y Cap Llentrisca lo que le pertenece y su mala memoria se empeña en dilapidar.
Cualquier día de estos quedamos a pasear y representamos en vivo aquel chiste de ancianitos nostálgicos que, con la voz cascada de tertuliano de casino, tan magistralmente contaba nuestro amigo Félix.
-Oye, Betanzos…¿Te acuerdas de cuando veníamos al Retiro y seguíamos a las chicas?…
-Sí, Homper…Pero lo que no recuerdo es por qué…
Tempus fugit. Si no hay más remedio, que se lleve la memoria, pero que nos deje al menos el sentido del humor.





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