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Buscando nuestro violín de Ingres

El admirable Manuel Alcorlo nunca quiso ser menos que Ingres...

El pintor Ingreshay que pronunciarlo en castellano, pues si no los españoles no lo identificaríamos- hacía unos cuadros preciosos, y además tocaba el violín.

Conocerán el mito, esa referencia obligada para recordar que  un especialista en algo puede cultivar muy bien otra afición. Este es también el caso de Manuel Alcorlo, un  fantático pintor que además, por su estatura, su barba y su cojera, parece una réplica de Toulouse Lautrec. Manuel Alcorlo es un genio modesto, un Bosco travieso de nuestro tiempo que se resiste a abandonar  la estética personal del artista finisecular (aún parece raro aplicar este adjetivo a otro siglo que no sea el XIX). O sea, aquel  que recalaba en París, pasaba hambre, conocía a los grandes del Impresionismo y acababa alimentándose de gloria. Alcorlo tiene su estudio en una  buhardilla  de la calle Hortaleza desde donde  se veía el techo del Madrid tradicional,  una marejadilla de tejas con gatos y retorcidas chimeneas de hierro oxidado rematadas con una especie de capirucho o pequeño sombrero chino. Quizás no fuera el más bello panorama, pero sí es una estampa muy literaria. El Madrid de Carrere, de Ramón Gómez de la Serna, de Gutiérrez Solana o de Eduardo de Vicente se respiraba a través de un enorme ventanal que el Duende no sabe si vio en sueños o acompañando a su padre un día en que éste visitó al pintor. Alcorlo pintaba o dibujaba fábulas, academicismos o retratos a plumilla  tipo Durero, según le daba. Todo lo hacía entre bien y maravillosamente. Seguramente lo sigue haciendo. Y además, cuando se aburría, agarraba su violín y  se regalaba a sí mismo una partita de Juan Sebastián Bach. Para qué más gusto.

Una cosa es el marketing y otra la excelencia. Alcorlo estará siempre más cerca de la segunda. Aunque era citado alguna vez en aquel spleen de Madrid de Francisco Umbral nunca ha sido un fenómeno como el de Barceló o un record de subastas de setenta y cuatro millones de dólares como el caminante hipertiróidico de Giacometti. Pobre Giacometti, por cierto, de qué le habrá servido tanta especulación con esa valuta sofisticada en que se ha convertido su arte. De qué le habrá servido.

Es más satisfactorio ser algo más que lo que a uno le ha tocado ser. El hombre multidisciplinar, como se diría en  esos masters de sabiduría práctica que se imparten ahora. ¿No se ha planteado el lector qué daría de sí en otra opción de vida, otra profesión, otro oficio u otra artesanía? El Duende es más feliz desde que quiere imitar en alguna medida a Dios. No por ser tan bueno ni tan poderoso, sino por querer estar en todas partes y hacer  muchas, muchas cosas. Esta semana, sin ir más lejos ha hecho las primeras albóndigas de su vida. Cuando las probó, elevó sus ojos al cielo: gracias, Señor, por permitirme dejar de hacer chorradas y cocinar  estas albóndigas que, a pesar de la trabajera que me han dado, están de cine.

¿Por qué no imitar a Ingres o a Manuel Alcorlo? Con el violín o con la cuchara, juguemos a ser un poco dioses de lo que no somos. Mientras daba forma a las albóndigas se preguntaba el Duende cómo se las apañaría el Creador para hacer el sistema solar con sus planetas tan redonditos, con lo difícil que es, a pesar de su blandura,  calibrar y esferificar la carne picada. Difícil es la respuesta, pero tampoco hay que acomplejarse. Los espíritus inquietos  que quieren imitarle sospechan que Él juega con ventaja.

Dolor cercano y horror lejano

¿Qué ha hecho el pobre Haití para merecer ésto?...

Al despertar hoy, el mundo le daba vueltas al Duende. Vértigo, presión de las cervicales, empanada cerebral, vaya usted a saber qué. La salud toma sus rumbos según le peta. A saber lo que dirá la medicina, si tiene palabras para todos y para todo. La moral, por el contrario, denuncia el insolente protagonismo del yo como eje del planeta. Qué desfachatez, priorizar las propias miserias del cuerpo y del alma cuando escuchas las primeras noticias y te enteras de que el seísmo se ceba con el país más pobre de América. Cien mil muertos por un calentón de las placas tectónicas en Haití, donde la renta media por habitante y día no daría en España para comprar un billete de metro.

-¡Ay qué pena! –modelo de comentario en cualquier sala de espera de un ambulatorio- Pero me he levantado yo con unos mareos que…

Ojos que no ven, corazón que no siente. Mi molesto uñero puede ser un dolor más sensible que una hambruna o un terremoto canalla del que, al cabo, nadie nos podrá culpar. Además: ¿quién quiere eso?…

En su juventud, el Duende leyó un libro del filósofo católico francés Jacques Maritain, que trataba de explicar el por qué del mal humano sin detrimento de lo que llamamos Dios. No lo llegó a entender.  En casos tan pavorosos como el de Haití, así es inevitable recordar una frase  de Lobo Antunes que pone los pelos de punta: el azar –o el terremoto en este caso- es el pseudónimo que emplea Dios cuando no quiere dejar su firma.

Menos mal que, como es todopoderoso, a grandes males pondrá grandes remedios.

El chaleco imperfecto de Dios

Señor, Señor...Hasta los chalecos de pura lana virgen son manifiestamente mejorables.

Según un teólogo alemám – que no quiere revelar su nombre por discreción, pero  que dice haber estudiado bien el tema- cuando Dios culminó la creación, y antes de complacerse en ella, se puso un chaleco de pura lana virgen.

Las ovejas se sintieron entonces  muy reconocidas y felices, pues su lana agradaba a Dios. Y Éste creía que la lana era buena, y que lucir un chaleco de esta fibra natural era un argumento más que avalaba la perfección de su obra,

Pero antes de llegar a esta convicción, observó decepcionado que a pesar de la garantía de marca, la lana hacía pelotillas.

Suspiró profundamente.

-Ay, amigo- se dijo-¡Tanto trabajo para esto!…

Y se propuso que,  si volviera a crear otro mundo, prohibiría que los chalecos de `pura lana virgen hicieran pelotillas.

“La buena nueva” y el buen cine

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

Un retrato de lo más negro de nuestra historia que quizás resulta demasiado bonito...

No siempre las autonomías piden, de vez en cuando también dan, escuchó el Duende cuando entraba en el cine. Era el cine Doré, uno de esos locales que habitualmente se llaman bomboneras, convenientemente rehabilitado como sala de proyecciones de la Filmoteca Nacional y sede de un mini festival de cine navarro que la Delegación del Gobierno de Navarra ha organizado en la capital. Buena idea. Hace unos meses le habían invitado a un concierto aniversario de Sarasate, y le sugirieron que dejara sus datos para mandarle información. Ahora le informan de sus ofertas culturales. Puesto que a las autonomías las pagamos todos, no está mal que de vez en cuando nos lleven al cine gratis.

Y allí vio el Duende La buena nueva, una película ya estrenada en circuitos comerciales y que para él fue un descubrimiento. Cuenta una historia de la guerra civil en un pequeño pueblo del norte de Navarra. Y es una sorpresa. No tanto por lo bien cosido que está el guión y el gusto y la delicadeza de su directora, Helena Taberna, como por la mirada parcialmente positiva que arroja sobre quien suele ser uno de los más malos en este tipo de películas, que es el clero.

Cierto es que no iluminó Dios a su Iglesia Católica cuando bendijo la guerra de Franco como Cruzada. Tan cierto como que la mayoría de las películas que recrean este cuadro histórico prefieren curas y obispos abyectos que eclesiásticos con corazoncito. Lo sorprendente de esta película es que muestre a un párroco sensible y que cree en el mensaje evangélico. De ahí el título, que puede inducir a error: no es un una película estrictamente religiosa, sino una historia costumbrista de amor y pasiones encontradas en un momento especialmente dramático de nuestra historia. Rodada en unos exteriores preciosos, es bonita y muy entretenida. No cuenta el Duende el final, porque merece la pena verse.

…Aunque incurra en un pequeño defecto que el Duende acusa en todas las películas españolas que vuelven la mirada atrás. Quizás es que vivió su niñez en otra España,  mucho más oscura, sucia y polvorienta.  Pero no la recuerda uno tan limpia y de tan vivos colores y finos diseños como los que lucen sus decorados, su vestuario y su atrezzo. Los cineastas  quizás buscan  el efecto estético, pero  no hay más que ver las fotos de la época y los cuadros José Gutiérrez Solana para darse cuenta de que la España negra no era sólo leyenda.

Las pensiones, entre Mafo y el Ratoncito Pérez

Frente al catastrofismo de Mafo, confiemos en en Ratoncito Pérez...

Frente al catastrofismo de Mafo, confiemos en en Ratoncito Pérez...

La tía Clota de vez en cuando filosofa. Dice, por ejemplo, que una de las ventajas de ser vieja es que cada día le quedan menos lavaplatos por poner y quitar. Le gustaría, eso sí, porque es muy pulcra para todas sus cosas, que la muerte le sorprendiera con esta maquinita vacía y la vajilla limpia y ordenada en su alacena.

-La civilización dio un gran paso cuando inventó el lavaplatos-le cuenta al perplejo Homper-Pero si hay cosas por las que detesto la idea de vivir eternamente es porque no soportaría estar humillándome todos los días delante  de él…Hay que vivir lo justo, sobrino.

El reproche le sienta bastante mal a Homper, que ya es un hombre mayor y, para más inri, un paria llamado autónomo. Desde que el señor gobernador del Banco España- de quien tiene buena opinión- ha provocado el debate sobre la salud de la  Seguridad Social, vive sin vivir en él.  El futuro que él presumía dorado se va llenando de nubarrones oscuros. Ya no sabe si tendrá que trabajar más años o si la pensión de jubilación  largamente acariciada  se le va a jibarizar para no comprometer los subsidios de tanto parado.

-No te procupes-le tranquiliza la tía- Aquí vive profesor de Ética que me asegura que algún día la gente será tan responsable que no habrá prejubilaciones escandalosas ni gente que rechace un trabajo, por mal pagado que esté, para apuntarse al paro…Entretanto apúntate al optimismo oficial, y el que venga detrás que arree.

El paro creciente, la base de pirámide de los cotizantes menguante, España cada día más longeva y la bolsa de pensiones, pese a todo, asegurada por  el Pacto de Toledo y por una ley. Como si la ley pudiera inventar lo que no hay. Homper piensa si el mentor de la tía Clota no habrá olvidado que el catón del sistema de pensiones es sembrar muchos años para recoger los frutos después. Y  plantea si este gobierno de la Arcadia feliz no estará haciendo con las pensiones públicas la política del avestruz.

-¿Por lo de meter la cabeza bajo el ala y no querer ver lo que se le viene encima?…Más o menos como todos. Eso es lo malo de tener que ser elegido cada cuatro años…Pero eso sí -puntualiza la tía Clota- Al pueblo, ni molestarle con una mala noticia, no sea que se vaya a pensar su voto.

Y al pobre Mafo, que de números sabe y al fin y al cabo es de los suyos, arreándole estopa por tirar de calculadora y pasarse de sincero. Una vez más, hay que matar al mensajero.

-Deberían de haber aprovechado la última crisis de gobierno -ironiza Homper-  para crear el Ministerio del Ratoncito Pérez de las Pensiones.

-No es mala idea-sentencia la tía Clota- Porque para no creer en Dios…hay que ver lo ciegamente que confía Zapatero en los milagros.

La arpía insaciable

Ojo. Hay en casi todas las oficinas arpías o vampiresas disfrazadas de impresoras...

Ojo. Hay en casi todas las oficinas arpías o vampiresas disfrazadas de impresoras...

Venancio, al que sus amigos llamaban Buenancio, era un mediano empresario, amaba su familia, quería sacar adelante su negocio, no tener problemas con los sindicatos y estar a bien con Dios.

-Padre -le preguntaba a su director espiritual- ¿No hay ninguna bienaventuranza para los que creamos puestos de trabajo? ¿No veremos también nosotros a Dios?

-No seas tan primitivo, hijo. Cristo no podía estar en todo.

-¿Y san Pablo?-insistía Buenancio- En lugar de a los Corintios o a los Colosenses…¿no podía haber escrito una miserable epístola a los empresarios que tan mal lo pasamos en tiempos de crisis?

-Acuérdate del Evangelio de Mateo- le consolaba el pater- Mirad los pájaros del cielo. No siembran, ni cosechan, ni acumulan en graneros. Y, sin embargo, el Padre que está en los cielos los alimenta. ¿No valéis acaso más que ellos?

Mientras la divina Providencia hacía lo que aquí pensamos que es función del gobierno, Buenancio seguía trabajando sin más concesiones a la debilidad que poner sus ojos de vez en cuando en Loli. Loli había sido su secretaria en los años más duros de la empresa. Cuando ésta creció, Loli ascendió y se hizo cargo de la dirección administrativa. Buenancio, que siempre la había mirado con cierto paternalismo, la veía ahora como una mujer solvente, eficaz y, por añadidura guapa. Acaso debería de haber tenido en cuenta esta escala de valores, porque la sensibilidad social había cambiado y la autoestima de la mujer también. Pero él era un tipo clásico, y una mañana en la que la crisis había hecho especial mella en su ánimo, tuvo un rasgo de debilidad imperdonable.

-Buenos días, Loli-dijo cuando le vio entrar apresuradamente en el ascensor- Está usted muy guapa esta mañana.

Loli, que desde que se alejó de Buenancio era miembro (o miembra) activa del FIAT (Féminas por la Igualdad  Absoluta en el Trabajo) le devolvió los buenos días con una mirada furibunda. Buenancio se dio cuenta de su metedura de pata. Era el Día de la Mujer Trabajadora, y debía haber halagado a su subordinada de otra forma.

-Perdón, Loli-rectificó-Quise decir que, primero, es usted, ante todo, igual ante la ley que todos sus compañeros. En segundo lugar, más preparada y eficaz que la mayoría de éstos. Y, por añadidura, y no vea en ello nada malo, una mujer hermosa.

Demasiado tarde. Aquélla noche Buenancio soñó que, mientras dormía, una arpía hacía presa en su cuerpo, bebía su sangre y le vaciaba las entrañas. Despertó sudoroso y convulso. Durante todo el día siguiente estuvo dando vueltas a la cabeza buscando el significado del sueño. ¿Era el fantasma de Bibiana Aído, que se cebaba en su inocencia, el  presagio de una inspección laboral o la metáfora de la crisis que le devoraba?

Llegó a la oficina y su secretaria Gertrudis, solvente, pero fea, le sacó de dudas.

-Otro golpe de la puta impresora, Venancio -le dijo en un tono no precisamente respetuoso- Esta vez se han acabado los cartuchos de cyan y de magenta al mismo tiempo, y me debes veinticuatro euros…Qué manera de chupar…tinta, naturalmente.

Notó cierto retintín en las últimas palabras de su secretaria, pero se quedó tranquilo. Al fin y al cabo, la culpa de su angustia era sólo la codicia de la multinacional japonesa que le vendió una impresora insaciable.

El delincuente heroico

Su delito será reprobable, pero él no dejará de ser un  héroe admirable

Su delito será reprobable, pero él no dejará de ser un héroe admirable

Había sido un ciudadano de esos que llaman modelo. Jamás había roto un plato.

De niño fue cuidadoso y aseado, respetuoso con sus padres y profesores, cariñoso con sus hermanos y buen amigo de sus amigos. Si veía a un ciego tanteando la acera con el  bastón, se ofrecía para ayudarle a cuidar la calle. Si tropezaba con un mendigo, se rascaba el fondillo de sus bolsillos hasta coger una moneda y depositarla en la mano del necesitado.

Compartía la bolsa de pipas, el cubilete de chufas, las bolas de anís, las chocolatinas Nestlé, el chicle Bazooka y hasta las chapas y las canicas con su compañero de pupitre. Y era tan respetuoso de la ley de Dios, que hasta corría a confesarse cuando Dori, la panadera, se inclinaba tras la barra de mármol para coger la pistola y, sin darse cuenta, dejaba entrever por el escote aquel glorioso par de tetas que le trastornaban.

-Padre-decía-me confieso de que me he deleitado mirando el canalillo del entrepecho de la  panadera.

-¿Tú, con lo bueno que eres?-le preguntaba el mosén incrédulo.

-Sí padre. Si hasta el más justo de los justos peca al día más de setenta veces siete, imagínese esta pobre criatura, con lo que requetebuena que está Dori…

Estudió derecho y terminó de forjar su personalidad aprendiendo las virtudes morales y cívicas que le faltaban. Se empapó del espíritu de las leyes. Y se convirtió un conspicuo adalid del estado de derecho, haciendo suyo el dura lex, sed lex de los romanos  y el famoso aforismo de odia al delito y compadece al delincuente.

Pero un día se enteró de que un vasco al que los amigos de ETA habían destrozado su hogar con una bomba, se había tomado cumplida venganza arrasando la herriko-taberna donde se reunían los autores de la fechoría. Cogió un bate de béisbol y la emprendió a estacazos contra aquel cubil de canallas.

Aquel vasco había cumplido escrupulosamente la ley del Talión haciendo a sus agresores lo mismo que ellos le habían hecho a él con la impunidad consentida de un gobierno que mira para otro lado cuando le peta. Pero, naturalmente, había quebrantado el respeto a la propiedad privada, y fue detenido como delincuente convicto y confeso.

Y, por primera vez en su vida, el hombre probo que nunca se había apartado de la ortodoxia, aplaudió con las orejas un delito. Luego se miró al espejo y vio ante él a su propia conciencia, antes tersa y limpia, cuarteada y putrefacta, como si fuera el retrato de Dorian Gray.

Pero le dio igual. Esta vez no sólo no confesó confesó su pecado cívico, sino que durmió feliz como un niño agradeciendo el arrebato justiciero del delincuente heroico.

Revolutionary Rollo

El rollo de la vida, la angustia de vivir...

El rollo de la vida, la angustia de vivir...

No es que la película sea un rollo en sí mismo, que también lo puede ser. Es que va del rollo de la vida. O sea, según se mire. Y la película de Sam Mendes por la que avizoran un oscar para Cate Winslet es, sobre todo, un sinvivir.

-Es que son vida mu vacías-dijo nuestra vieja amiga doña María después de verla con las amigas- Con dos hijos que tienen, un buen trabajo que le ofrecen, lo bonitos que son su casa y su coche y se les  va en poblemáticas. Con esos mimbres, cualquiera de mi bloque se hace un cesto la mar de feliz, te digo.

Doña María mantiene que casi todo el mundo que conoce tiene más motivos para el desánimo que la pareja protagonista. Y sin en cambio, como subraya, saca pecho, tira para delante y al mal tiempo buena cara. La diferencia, dice, es que por la parte de España tenemos las vidas más llenas.

-Estos de la peli no hablan de Dios, ni de los niños, ni van al psicólogo, con lo atacaos de los nervios que están. Ni hacen deporte, ni hacen colecciones de dedales, o de cajitas de té, o de fascículos de la Transición…¡Si ni siquiera van al Corte Inglés de allí!

O sea, el desamor,  la angustia de vivir, la náusea sartriana. El cine dibujó con maestría el sueño americano en múltiples comedias costumbristas. Pero de cuando en cuando tira de bisturí y disecciona con crudeza el alma del americano medio. Recuerda el espectador American beauty, Las horas, aquellas secuencias familiares de Broubake Mountains, el vendedor de coches de Fargo. Hubo un cine feliz de Frank Capra, pero ahora hay  muchas películas que orillan el almíbar y oscilan entre el manifiesto por el desasosiego y la pura cabronada. Como Revolutionary Road -que, por cierto, es el nombre de la calle donde vive la pareja protagonista- son elegantes, estéticas, y perfectas desde el punto de vista técnico.

-Hija, ¡pero te deja tan mal cuerpo!…-concluye doña María.

Cate Winslet es una mujer mona, pero vulgarcita. Sus cejas oscuras deslucen junto a una melenita rubia del frasco, y le dan un punto de dureza en la expresión que no le facilita los matices. Sin embargo, sin que uno alcance a saber por qué, ha subido al altar de las actrices prestigiosas que ya ocupaba Meriel Streep. Ganará el Oscar por esta película, pero Revolutionary Road no dejará de ser por ello un Revolutionary Rollo. El rollo ingrato de la vida misma

Una coincidencia con Dalí (2)

Borramos a Dios y seguro que hablarán de nosotros...

Borramos a Dios y seguro que hablarán de nosotros...

Al pobre Duende se le cortó la respiración al comprobar lo que pierden las leyendas en las distancias cortas.

Dalí ya era una caricatura de la propia caricatura exitosa que había sido siempre. Además de sus famosos bigotes engominados y una melena rala, lucía una especie de batín de terciopelo adamascado de color morado, un colorista pantalón de seda, unas babuchas, un bastón y, a modo de compañía,  un travelo horroroso  que respondía con nombre de mujer.

Le presentaron el Duende a Dalí sin que el nombre de aquel joven apocado le dijera nada. El Duende se sonrió. Recordaba el telegrama que, firmado por el presunto genio desde Barcelona, le había mandado el 15 de diciembre de 1951 a su padre, Luis Figuerola-Ferretti  Pena, a la sazón crítico de arte, que sin duda le había defendido en alguna de sus polémicas exhibiciones. El telegrama decía así: ANTE INICUA CAMPAÑA PRENSA IGNORANTE CON RAQUITISMO MENTAL TAN INCAPAZ DE COMPRENDER TUS SUTILEZAS TECTÓNICAS COMO MI MISTICISMO SURREALISTA TE ENVÍO CON UN ABRAZO UN MENSAJE MUNDIAL DE ADHESIÓN Y AMISTAD INVITÁNDOTE  A GRITAR CONMIGO ¡VIVA FIGUERAS!

En su disparatado estilo, le faltó añadir un si sale con barbas, san Antón, y si no, la Purísima Concepción, o algo por el estilo.

Porque Dalí estaba, o hacía creer que lo estaba, como una cabra. En medio de sus infinitas boutades la de que hablen de uno, aunque sea bien no es la más disparatada. Y si no, miren la que entre creyentes, agnósticos, ateos o mediopensionistas hemos armado por un anuncio en los autobuses municipales en el que nunca hubiéramos reparado si no hubiera sido por el eco que le han prestado los medios.

¿Probablemente no existe Dios?…¿Existe y está contigo?…No se entiende cómo han entrado al trapo Rouco y los creyentes. Algo tan íntimo, tan subjetivo, tan poco manipulable como son las creencias…¿queda afectado por lo que diga un anuncio?

Sólo se buscaba el ruido de un autobús. Y probablemente ni hubiéramos hablado de ello si no es por la ingenuidad de los que hacemos el eco a los pícaros que, como Dalí en su rollo, tanto partido sacan del escándalo.

Los andamios de la grandeza según tía Clota

¿Sabes, Homper?...Si ellos no creen, hacen por creer en su pais...

¿Sabes, Homper?...Si ellos no creen, hacen por creer en su país...

A Homper lo que más le llamó la atención de la toma de posesion de Obama secundum Clota fue la puesta en escena. No la del acto en sí, sino la del seguimiento de su anciana tía que, lógicamente, no quiso perdérsela ni verla sola. Le había llamado su amiga Thelma, también viuda, que acudió a la hora prevista con su bolsa de punto. Thelma le está haciendo un jersey  a su nieto, hijo de un hijo vietnamita que su difunto marido había adoptado en aquella lejana guerra.

-El bebé ha salido muy orientalito-subrayó Thelma-Pero es una ricura. Además, Estados Unidos ya no es ese país de rubios como Gary Cooper que veíamos de niñas. Ya ves tú, el nuevo presidente…

Thelma es de las que se ha obamizado por la fuerza de los hechos. Ella hubiera querido otro Kennedy clarito y de familia bien, pero se ha dado cuenta de que la grandeza del tío Sam es que asimila a todo el que tiene claro lo que hace grande a un país. Según le contó Clota a Homper en su correo electrónico -la tía ya chatea y manda emilios, porque se ha convencido de que Internet es más barato que el teléfono- Thelma también se quedó perpleja cuando ella apareció con tres cebollas, un cuchillo, un plato y la tablita de cortar.

-Si no te importa-le dijo a su amiga-yo aprovecharé para hacerme una sopa de cebolla.

Thelma no le dio demasiada importancia. En realidad, no tuvo ojos más que para lo que mostraba el televisor, y apenas avanzó dos centímetros en una de las mangas del jerseycito. Thelma  no es, según la tía, una mujer sensiblera. Pero cuando escuchó los juramentos,  el discurso del nuevo presidente, la oración del pastor metodista y el Barras y Estrellas coreado por todos los asistentes, se enjugó una lágrima delatora que corría por su mejilla y moqueó un par de veces. Nada al lado del borbotón de lágrimas que fluía de los ojos de la tía Clota.

-Pero hija-le dijo Thelma sorprendida-Yo creía que a los europeos estas cosas no os decían nada…

-No, si lloro por las cebollas-respondió Clota disfrazando sus sollozos con una sonrisa fingida.

Mentía como una bellaca-le contaba luego a su sobrino en el emilio. Lloraba porque de verdad me emocionaba, y al mismo tiempo lloraba porque en España nunca me atreví a llorar por eso que llamamos Dios, patria, y bandera. ¿Sabes, sobrino? La ley es esencial, pero no es nada romántica. Los anglosajones lo han entendido muy bien, y están convencidos de que su fuerza es estar unidos por algo más. Si no creen en esos valores, hacen por creer en ellos. Y todo eso que despreciamos en nuestro país son los andamios de su grandeza. Te lo digo a ti porque, como ya soy vieja, no me importa hacer el ridículo.

Se acordaba de estas palabras Homper cuando, camino de su tertulia, le sorprendió   la ceremonia del cambio de guardia en el Cuartel General del Ejército. Mientras desfilaba la guardia entrante, la banda de música interpretaba Suspiros de España. Sintió en el corazón algo así como un pellizco,   un amago de sensiblería.

-Bah, tonterías-se dijo mientras con los dedos se secaba un testimonio inoportuno que fluía del lacrimal.

Y siguió su acostumbrado paseo hacia el Ateneo.

Del cumpleaños de Mingote y otros milagros

Bendita esclavitud de la que esperamos disfrutar muchos años más...

Bendita esclavitud de la que esperamos disfrutar muchos años más...

La noticia del sábado es que Antonio Mingote cumplía noventa años. Antonio es un señor español de origen aragonés, pero nacido en Sitges, de los que de verdad saben de la vida. Bonancible, sereno, humilde, de una ironía tan fina como el filo de una navaja albaceteña que, sin embargo, no hiere, aún pasea por el Retiro . Cuando el Duende inició sus travesuras en Clarín Publicidad aquella empresa presumía de haberlo tenido en su plantilla (también trabajaron allí  Borau y Cruz Novillo: sin duda no era una agencia vulgar). Muchos años más tarde lo conoció personalmente, a él y a Isabel, su mujer, Isabel, una mujer guapísima y elegantísima que le da cuerda. Cuando veía esta Navidad el spot de un perfume de Loewe donde aparecen hombres movidos como los juguetes de hojalata antiguos, el Duende imaginaba a Isabelita dando vueltas todas las mañanas a la llave invisible que el buenazo de Antonio lleva a la espalda. Él es más tranquilo, y seguramente, se quedaría en casa más tiempo. Pero Isabelita es carpe diem con encanto, y no le deja renunciar a lo mucho que la vida le ha devuelto a Antonio. Él se deja llevar y sonríe con resignación.

El más original y discreto académico de la Lengua es un encanto de persona. Ha dibujado todo, ha escrito, ha pintado –el Duende descubrió asombrado en una sala de subastas un falso Van Gogh que llevaba la firma de un Antonio Mingote jovencísimo- y hasta en  la película La colmena, aquella obra maestra de Cela que Mario Camus plasmó tan dignamente en el cine, hacía de cliente de una casa de citas. Afortunadamente el guión no exigía el desnudo, lo cual a la tía Clota le tranquilizó.

-No sabes la angustia que sentí cuando pensaba que un hombre tan elegante como él iba a enseñar sus calzoncillos, como los actores de ahora-le contaba a Homper en su llamada de la semana-Pero sigue siendo el de siempre, me alegro…

La tía Clota dijo también que es una pena que desapareciera el perrito de Xaudaró, que también le hacía mucha gracia. Y las películas de Harold Lloyd y de Buster Keaton. No es que esté contra el humor actual, es que no lo entiende, y por eso sigue idolatrando a Antonio Mingote.

-Me encantaría que fuera muy feliz en su aniversario-dijo.

-Si, tía-respondió Homper sin demasiada convicción mientras recortaba del periódico un anuncio por palabras en el que ofertaban una vieja máquina de hacer cigarrillos.

-Te noto distraído-le reprochó la tía Clota-¿Es que para tí cumplir años no significa nada?…

-No mucho, tía. Lo veo como un trámite biológico. Uno va haciéndose mayor y acumula años, y ya está. No tiene más trascendencia. Es como cuando adviertes que te han crecido las uñas. Bueno, pues te las cortas y ya está. Hasta el próximo año.

-Qué poco romántico, sobrino-rezongó la tía-El último día de mi cumpleaños, soñé que, al despertar, estaba al pie de mi cama a un ángel guapísimo uniformado como un camarero del Ritz…Imagínate, por ejemplo, a Paul Newman. No le hacen falta ni alas.

-Si, tía.

-Empujando con una mano, el carrito del desayuno: su café, su zumo, sus panes especiales, sus mermeladas exquisitas…Un termo con chocolate y roscón, que fuera de temporada aún me sabe mejor.

-¿Todo eso?

-Y en la otra mano-seguía la tía Clota-una pequeña cesta redonda envuelta en papel transparente y rematada por un lazo precioso conteniendo cinco pares de medias, un perfumador y una caja de esas deliciosas Moscovitas que hacen en Oviedo, y que son mi debilidad…

-¿Estaba el ángel en su sano juicio?-preguntaba Homper mientras miraba de reojo las esquelas del día.

-Pues sí me lo pareció, sobrino-replicó la tía Clota mosqueada-Además, te diré que se arrodilló, y me pidió que le mostrara una pierna para probarme la talla de las medias…Me dijo que me quedaban estupendamente, que tenía unas piernas tan bellas como las de Cyd Charisse y que había venido a felicitarme para demostrarme que no hay que cerrar nunca las puertas a la sorpresa.

Homper estaba de morros y se empeñó en chafarla, pero ella dijo que seguía soñando, y aún no sabía cómo acabaría la historia. Y la cosa es que, pese a su escepticismo, el sueño de tía Clota prendió en él. Y el día de su cumpleaños también soñó lo mismo, salvo que el ángel que se le aparecía era un híbrido de Fraga y de Fernández de la Vega, y los calcetines de esos con elástico flojo que acaban engullidos por los zapatos. Y una vez más, Homper se quedó perplejo comprobando que, hasta en sueños, Dios premia a los buenos como Mingote y la tía Clota y castiga a los que, sorprendiéndose de casi todo, no creen que la vida aún puede darte sorpresas casi milagrosas…

Diván el amable

Largar y largar en el diván para sanar el alma...

Largar y largar en el diván para sanar el alma...

-Pues es verdad que eso de largar y largar tus problemas alivia las penas-le dijo la tía Clota a su sobrino Homper.

Ya andaba mal desde que enviudó de Oscar, el granjero de Vermont. Pero a partir de aquel nefasto día de Navidad en que el mismo asesor financiero que la había arruinado  le rapiñó su cubertería de plata, la tía Clota estaba tan decaída que su amiga Edwina le aconsejó ponerse en manos de su psicólogo.

-Para los americanos el psicólogo y el psiquiatra son como Dios -le decía a su sobrino-Así que le hecho caso a Edwina y ahora me desahogo ante el tío Jacob, que no es ni lo uno no lo otro, pero se parece a Freud y me escucha todo lo que le cuento sin cobrarme un solo dólar.

En realidad el tío Jacob era sólo un retrato en forma de medallón que colgaba en el salón. Había sido el padrino de Oscar, el marido de la tía Clota y sobrino suyo que a esas horas, como él,  descansaba en la paz del Señor. La tía Clota se tumbaba en el diván debajo del retrato y le abría el alma. El tío Jacob se parecía, en efecto, al creador del psicoanálisis, y aunque no decía ni una palabra -los cuadros no hablan- le servía de consuelo a Clota.

-Me he liberado, Hom-le confesaba-Le he contado que de joven me enamoré de un guardiamarina del Ferrol. Un día, paseando por la playa descalzos, pisé un erizo medio enterrado en la arena y él me quería tanto que sacó todas las púas con los dientes. Mordía una púa, la sacaba, besaba el pinchazo y la herida dejaba de dolerme…El tío Jacob, al escucharme, ni siquiera torcía el bigote…No lo dudes, hijo. Si has perdido las ilusiones y estás decaído,  cuenta tus problemas al psicólogo…

Homper recordaba este consejo mientras con los dedos de sus manos tocaba la punta de sus pies. Así hacía saludables ejercicios  de gimnasia sueca, al tiempo que probaba que las presillas de los tirantes que le había traído un amigo de Suecia eran más fiables que las de los tirantes nacionales, que saltan cuando les parece. Homper jamás había ido al psicólogo. Pero aquella mañana concurrieron dos hechos significativos. De una parte, el guacamayo jacinto que había en la elegante jaula decimonónica del salón de la casa de enfrente había desaparecido. No podía haberse muerto, porque ya lo estaba de antemano. Y no podían haberle sacado de paseo, porque nadie pasea con una momia de loro. El no saber qué había sido del guacamayo jacinto le descentró. Y, cuando al flexionar la cintura y tocar la punta de sus pies por enésima vez le saltó una de las presillas traseras de los tirantes, comprendió que tanta desazón sólo sería curable en el diván del psicólogo.

Y acudió al de su amiga Crisatina.

Crisatina era una psicóloga tan rápida y tan espontánea que ni siquiera se detenía a corregir su nombre cuando al escribirlo precipitadamente en el ordenador le sobraban o le faltaban letras. En realidad se llamaba Cristina, pero unas veces le salía Critina, otras Cretona, otras Crestina, otras Crisanta e incluso una vez firmó como Crisolinfa Paladiana, que es la metáfora de Eugenio D´Ors para denominar al aceite (líquido de oro de la tierra). Cristina mantenía que para curar los males del alma había que ser sincero y natural, así que Homper se tumbó en su diván y no le anduvo con rodeos.

-¿Tienes idea  de la causa por la que las presillas de los tirantes actuales saltan a las primeras de cambio?-preguntó Homper

Crisatina se llevó el lápiz a los labios  y puso cara de pensar la respuesta.

-No-respondió.

-¿Crees que de la desaparición de un guacamayo jacinto disecado en la casa de enfrente tiene relación con la crisis económica, con el cambio climático, con el desasosiego existencial? ¿Puede presagiar el fin del mundo?

-No tengo ni idea, pero más bien pienso que no.

Homper suspiró.

-Bueno, pues ya que no me aclaras estas y terribles dudas, te diré que eres muy guapa y muy simpática, y que con sólo decirte eso ya se me esponja el alma.

A la tía Clota le pareció que su historia con el guardiamarina tenía más enjundia. Pero ambos se congratularon de haber encontrado divanes amigos donde apacentar sus inquietudes.

Dios, probablemente…

¿No será una pura operación publicitaria?

¿No será una pura operación publicitaria?

La tía Clota volvió a llamar a Homper desde su casa de Vermont. Creía que el aeropuerto de Barajas era la estepa siberiana, y que  su sobrino no podía salir del igloo en el que se había convertido su pequeño chalet. Lo imaginaba aislado por la nieve.

-¿Qué pasa, Hom, qué pasa?-le decía asustada-las radios españolas no hablan de otra cosa que la nevada sobre Madrid. ¿Tan grave ha sido?…¿Tan torpes son las autoridades?

Homper le quitó importancia. Lo del aeropuerto era un carajal, cierto –algunos periódicos lo llamaban barajal- pero lo de cargar contra la ministra no era nuevo.

-Recuerda lo que se decían los agricultores en tiempos de Franco-bromeó Homper-Los tres enemigos más peligrosos del campo son, en primer lugar la sequía, en segundo lugar el pedrisco y en tercer lugar el propio ministro….

La tía Clota se echó a reir.
<-Se llamaba Cirilo Cánovas, ya recuerdo…Pero ésta de la cosa del tiempo y de los aeropuertos es mujer…Pobre, cómo la están poniendo. Yo rezo por ella, porque me da mucha lástima…¿Se meterían con ella igual si fuera hombre?…

La tía Clota rezaba por casi todo. Después del frío polar que afligía a España, su gran preocupación era que los autobuses urbanos pasearan con un anuncio que decía PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE. DISFRUTA DE LA VIDA. Eso era para ella el quinto jinete del Apocalipsis campando por las calles de las ciudades españolas.

-Hijo, mío, Hom –exclamó alarmada-¿Qué va a ser de vosotros?…

La tía Clota describía ese autobús diabólico como un infierno rodante conducido por un demonio clorado con cuernos y barbas de chivo. Y no ocultaba su desazón imaginando que su único sobrino fuera engullido por el ateísmo al abismo de la condenación eterna.

-Tranquila, tía, no será para tanto-ironizó Homper- Verás…La gente no es tonta, y desde que tenemos al presidente Zapatero sabe del valor tan relativo de la expresión probablemente. Él afirmó que probablemente en 2008 seríamos campeones de la economía mundial, y gozaríamos del pleno empleo. Y ahora dice que probablemente en el segundo semestre remontaremos la crisis. Probablemente…¡Je!…

<-No te entiendo, Hom-farfulló la tía Clota al otro lado del teléfono.

-Está claro, tía. Se ha devaluado tanto este adverbio que la gente lo interpreta en sentido contrario al posibilista. Y ya cree que significa simplemente no. No, no, ni de coña. Y ya sabes, tía: dos negaciones equivalen a una afirmación…Lo que el autobús viene a decir, más o menos, es que no es cierto que Dios no exista. Luego afirma que Dios existe…

La tía Clota guardó silencio unos segundos. Homper no lo advirtió, pero es que estaba consultando el diccionario.

-No me digas pamplinas, hijo…Aquí dice con verosimilitud o fundada apariencia de verdad…Esos autobuses os quieren convertir a todos en unos ateazos, no lo dudes…Y a mí ya no me va a quedar tiempo para rezar por tantas salvaciones, te lo aseguro.

Y se echó a llorar.

Homper rebobinó entonces y cambió de argumento para intentar consolarla. Le dijo que no se recordaba en el mundo a nadie que conociera nadie que conociera a nadie que hubiera reproducido un mensaje publicitario plasmado en la carrocería de un autobús urbano. Quizás alguna marca o algún logotipo, pero ni uno solo mensaje. Y, conociendo la debilidad de su tía por las historias románticas, le contó que Karl Otto, el hijo del gran Duque Archibaldo de Pomerania, se quedó prendado de la dueña de un salón de te que se llamaba Franziska. Incapaz de declararle su amor por su extraordinaria timidez, contrató la publicidad de la línea de tranvías de mulas que circulaba por delante del salón de te para pasear un llamativo anuncio que decía así: Ich liebe dich, (te amo) Franziska. Firmando con sus iniciales K.O. El hijo del gran duque esperó pacientemente la respuesta de la distinguida dama, pero dos años después, aburrido y preocupado por la bancarrota a la que le conducía ese amor no correspondido, le envió un mancebo con un mensaje verbal muy claro.

-Que dice Karl Otto, el hijo del gran Duque Archibaldo, que hace dos años estaba usted buenísima, y se quería casar con usted. Pero como la publicidad en los tranvías no la lee nadie, se ha casado con su prima Gunilda, que es muy fea, pero al menos tiene tierras y castillos.

La tía Clota se rió. A decir verdad, no estaba absolutamente segura de que su Dios existiera, pero al menos quedó convencida de que la gente pasa de lo que cuentan los autobuses.

Dios entre E.T. y Einstein

(Foto de Max Sparber)

Los periódicos del pasado 14 de mayo hacían coincidir dos noticias llamativas. Por una parte, una afirmación de la Iglesia de Roma con algunas repercusiones en su doctrina oficial. Y, por otra, unas revelaciones de Albert Einstein sobre la religión de las que hasta ahora no se sabía nada. Más picadillo para la empanda mental que en materia religiosa siempre se está cocinando el Duende.

 La fuente en el primer caso es el astrónomo del Vaticano. Este jesuita, un argentino llamado José Gabriel Funes, parece tener más predicamento que el referido específicamente a su ciencia. Escudriñando el cielo con su preclaro telescopio, ha llegado a la conclusión de que se puede creer al mismo tiempo en Dios y en los extraterrestres. La afirmación ha llenado de gozo a gran parte de la grey católica militante en la zona gris de la fe, o sea, la fe fetén ma non troppo. Este tipo de creyentes vivía francamente atormentada por la obligación de creer que E.T. era menos criatura divina que canallas como los que integran junta militar de Birmania o pájaros como el jefe de la policía local de Coslada. No podía admitirse tanto contradios. 

 Pero claro, cualquier reforma en la doctrina viste un santo para desnudar a otra. A un creyente  a machamartillo, como los que tanto le gustan al padre Bonete, le asaltan ahora dudas que nunca tuvo. ¿En cuál de los siete días que relata el Génesis creó Dios a los extraterrestres? Otrosi,  si la oración del credo habla del Dios creador del cielo y de la tierra, en ella no caben estas extrañas criaturas, que tampoco estaban censados en el arca de Noé. Por otra parte, si es cierto que  Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, ¿a semejanza de quién se le ocurrieron los extraterrestres?. Más dudas: cuando el astrónomo da carta naturaleza a los extraterrestres es porque, en buena lógica, tiene prueba de ello. Y si éstos se han manifestado es en razón de su inteligencia superior, puesto que el hombre no ha sido capaz de hacerlo sino en la Luna y en Marte, donde no hay bicho viviente. ¿Quién es ese Superdios que pilota a los extraterrestres? Jesús, qué lío.

 Al mismo tiempo, se desvela ahora que el gran cerebro del siglo XX creía que Dios y la religión no son más que una expresión de la debilidad humana. Y que la Biblia es una  colección honorable, pero primitiva (sic) de leyendas infantiles. Lo anota así en una carta enviada al filósofo Eric Gutkind el 3 de enero de 1954, y publicada esta misma semana por el diario The Guardian. Tal como se reproduce, parece que las afirmaciones del sabio alemán lo son para escándalo de los creyentes. Al Duende, que está lleno de buenas intenciones, pero que sólo cree que cree, no le escandalizan nada, y le parecen bien traídas. El encaje entre las grandes verdades de las religiones y las aún más enormes y sangrantes contradicciones que uno ve en este mundo son tan difíciles de racionalizar como el ratón Pérez o los Reyes Magos.

  Claro que Dios es muy superior a estos cuentos, y presenta mejor hoja de servicios. Pero hay que reconocer que, para ser tan bueno y tan sabio, a menudo se expresa bastante mal.

Domingo de Ramos con Bach

Musica en Iglesia Bach

No colgó la palma del balcón, como se hacía antaño el domingo de Ramos. No estrenó nada, como mandaba la tradición entonces. Nada: ni tan siquiera un pañuelo, o unos calcetines, que era la forma de cumplir sin disparar el presupuesto familiar.

No hará esta semana santa las estaciones, que ni sabe si sobreviven en el ritual católico: se iba de iglesia en iglesia y en cada una de ellas se conmemoraba cada uno de los capítulos de la pasión y muerte de Cristo. Se les podía ver en casi todos los templos, plasmados en unos cuadritos de escayola policromada en relieve, como diseñados por el art director de Cecil B. de Mille. La flagelación, la corona de espinas, la primera caída, el paño de la VerónicaAlabámoste, Cristo, y te bendecimos -rezaba la primera parte de la jaculatoria inicial de cada estación. ¡Que por tu santa cruz redimiste al mundo!- se respondía a sí misma. Olía a incienso.

No escuchará más el raca-raca de las carracas, que, como no son de tecnología digital ni necesitan pilas, no deben de interesar ni a los chiquillos.

No hará por catar las torrijas, el potaje o el bacalao a las trancas -plato típico de Zamora, muy cuaresmal él. Mal que le pese al padre Bonete.

Y no asistirá a los oficios ni a las procesiones. Sin dejar por ello de sentir ni más ni menos que los que, aún llevando una vida poco ejemplar el resto del año, se abrirían las venas si no pudieran pasear su sentimiento bajo los capirotes o transportar el paso de su hermandad sobre sus doloridos hombros. Lo de nuestra semana santa -suelen decir para fortalecer tan vigorosa expresión religiosa- hay que entenderlo. Hay que entenderlo todo. La fe en el ser supremo, en las dolorosas, en los cristos. La fe en la nada. La fe de los melocotones en almíbar. Y la meditación del funámbulo que duda. Y hasta la de quien cree que todo es una lectura poética del hombre y su historia. Un glaseado de azúcar espiritual para no dejar al alma en mal lugar.

Al Duende le gustaría comprenderlo todo. Pero lo que mejor le cose la trascendencia a a los fondillos de su almario es la música de ese sumo pontífice que fue Juan Sebastián Bach. Ayer, y dentro del IV Ciclo de Música en las Iglesias que programa el Ayuntamiento de Madrid, escuchó en directo dos de sus cantatas en la iglesia de la Milagrosa. Los artífices fueron la Orquesta y Coro de la Capilla Real de Madrid y Oscar Gershensohn. Qué calidad de versión. Qué belleza tan sublime. En la cuerda de sopranos, cantaba una mujer rubia y espigada con cuello de garza que se llama Sonsoles Espinosa.

Una contradicción para su importante marido, tan firme en su no fe. Como comentaba a la salida uno del público, transfigurado, quien es capaz de hacer esta música, no necesita más Dios. Porque está en Él.

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