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Las Fallas, los perros y el silencio

No le gustaría a uno ser un perro y estar en Valencia en época de Fallas...

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A veces los recuerdos de lo intrascendente se graban con tanta o más nitidez que otros que se consideran más importantes. Pescaba Juan al atardecer a orillas de una playa de Almería. Juan es el hijo menor del Duende, y por entonces dividía sus pasiones entre tocar el saxo, pescar y pasear con la perra de la familia, una simpática fox-terrier llamada Alfa. Alfa no se separaba de él. Se sentaba en la arena y miraba atentamente las olas mientras se echaba la noche y el pescador esperaba pacientemente a ese pez que nunca pica cuando lo deseamos.

(A propósito, frustración nº 36.982. No sabe el bloguero si esto mismo le pasará al lector, pero él cuando camina por la playa o por la orilla de un río y da con un pescador, siempre desea que en ese momento éste rebobine el carrete y traiga del anzuelo un magnífico pez. Y eso no pasa nunca, demonios,  nunca. Muchas veces coincide con que el pescador recoge el sedal, y que a veces arrastra un alga, o con los plomos, el flotador la cucharilla y el cebo artificial produce el falso efecto óptico de que ha picado algo gordo. Pero siempre acaba todo en falsa alarma, nunca  con la captura del pez. Y no me digan que no exasperante, tener tan mala suerte, haber visto miles de pescadores a orillas del río de la vida y no sorprenderles jamás en el momento de la suerte suprema).

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El bloguero pasaba por ahí cuando, ya noche cerrada, en el vecino pueblo de Garrucha empezaron a quemar un castillo de fuegos artificiales. La fiesta piroténica no tenía lugar muy cerca, puede que a más de de un kilómetro. A pesar de ello, no bien explotó el primer cohete Alfa salió corriendo despavorida, ¿alma de perro que se lleva el diablo? Dos horas después Juan la encontraba, aún temblando, escondida debajo de su cama.

El espectáculo de verano era bien bonito, noche lunada junto al mar, un muchacho pescando, la perra tranquila, mirando las olas al pie de su amo, y al fondo ese plus de glamour que espolvorean sobre el cielo los fuegos artificiales. Pero el Duende recordó que él también, cuando era un niño, abría la boca de asombro al ver los fuegos al tiempo que se tapaba los oídos. Le espantaban las explosiones.

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Nunca había estado el Duende en Valencia en tiempo de Fallas. Pero entonces aún hacía diabluras por la radio, y los programas de RNE en los que participaba estaban para eso. Oye -llamaban  a los jefes de una ciudad de importancia o de una comunidad autónoma, que aún estaban de bien ver-. Que se inaugura la Exposición Universal de Rosas Exóticas. Que se celebra la Feria del Melocotón, muy importante para la economía de la zona. Que se ha cumplido el quinto centenario del otorgamiento de carta de ciudadanía a Villapendejo, un evento histórico de honda huella en la región. Que el Consejo regulador de la Denominación de Origen de la Nuez Moscada necesita un poquito de notoriedad. Que por primera vez alojamos en esta ciudad al Congreso Europeo de Entomólogos. Y allá que nos mandaban: a Doña María, a Capitán, al padre Bonete, al Gran Carnaval, a Julio César Iglesias, a Carlos Herrera, a Antonio Jiménez o a Olga Viza, según quién llevara la batuta.Y lo mismo teníamos que hablar de embutidos que de juguetes o de  historia, para acabar haciendo la pelota al lugar que nos recibía y diciendo por antena cosas tan originales como: encrucijada de culturas (esto se decía mucho), ciudad hospitalaria donde nadie es forastero (esto también), la gran desconocida (todas las ciudades y pueblos de España son los grandes desconocidos, pero se sigue abusando de semejante tópico, debe de ser muy resultón), y aquéllo de de “donde a un patrimonio histórico y cultural excepcional  y un dinamismo social y económico admirable se une una oferta turística, de ocio y gastronomía, que la hacen sencillamente insuperable. Aunque, para qué engañarnos, lo mejor de este sitio donde hoy hacemos el programa es su gente: gente abierta, sencilla y campechana que recibe a cualquier visitante con los brazos abiertos”…Todo eso decíamos, por eso pagaban a los parlanchines de la radio. Y la cosa gustaba tanto a los anfitriones que acababan invitando al equipo humano del tinglado de la radiofónica farsa a un buen almuerzo, regalaban a cada uno un bonito cenicero de cerámica con el escudo de la ciudad estampado en su fondo y luego invitaban a presenciar desde lugar preferente el acontecimiento o el objeto que justificaba aquel despliegue de medios.

-Qué bonito, qué interesante –había que decir- ¿Cómo es posible que el mundo entero no sea consciente de este privilegio que todos tenemos al alcance de la mano?

Así eran las cosas en el entonces de la vida de este bloguero.

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El programa fue en Valencia, la época la de las Fallas, y el acontecimiento La Mascletá.  El Duende creyó que de repente el cielo se abría y una de dos: o Zeus tonante  había despertado más furioso que nunca o se celebraba el cumpleaños de Paul Tibets y del Enola Gay. ¿Sonarían más fuerte aún las bombas de Hiroshima y Nagasaki?

Este incauto e ignorante bloguero no entendía que esa serie de explosiones insoportables para cualquier oído ligeramente sensible fueran causa de tanta algarabía. Podía haberse acordado de la alegría de vivir, del gozo de la fiesta callejera, de los que viven esperando todo el año su tradición más famosa, de lo liberador que es liarse la manta a la cabeza y caer en cualquier exceso. Algo de ese efecto narcótico incluyen las fiestas populares. Pero no, parecía que el Ayuntamiento, y la Plaza de la Constitución y Valencia entera iban a ser engullidos por el centro de la tierra, que volvíamos a la guerra, y que si aquello no era un raid aéreo estábamos en el epicentro de un terremoto.

Y entonces se acordó de la pobrecita Alfa, y de lo mal que lo deben pasar los perros de Valencia cuando llegan la Fallas y la pólvora y las explosiones se hacen dueñas de la fiesta.

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Qué horror, los petardos, las tracas, las bombas, los tiros y los truenos. ¿Por qué gustan tanto? Uno cree que siempre le pillan con el alma desprevenida, y que nunca podrá superar el pavor a su estampido. 

Alfa murió de viejecita, en el campo. Un día de verano, cuando sentía que ya no estaba para vivir más, se alejó de la casa y se echó sobre la tierra para dejarse morir.

Pero murió en silencio. Que es como, con las solas excepciones de los sonidos de la naturaleza, los de una conversación inteligente o los de una música sublime, le gustaría vivir a este bloguero el resto de la fiesta de la vida.

Casi todo es tan “deja vu” como los Goya

Si te gusta el cine, seguro que a la misma hora que se entregan los Goya hay alguna cadena que emita una película...

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Sostiene Homper que una de las ventajas de los años es que te permite desmarcarte de lo políticamente correcto sin que la conciencia te torture demasiado.

-Por ejemplo-sostiene mientras se fuma un puro de chocolate- Puedes confesar que la moda te importa un bledo. Que te aburren hasta la saciedad las pasarelas, las

  • Cibeles  o la Fashion Weeks
  • , que ya no se cómo se llaman. Que el noventa por ciento los suplementos dominicales de los periódicos pueden tirarse directamente al cubo de la basura, sección feria de vanidades. Que lo que vale la pena de ARCO cabría en el hall del Prado, sin tener que andar kilómetros y kilómetros para ver boutades de colores y composiciones de aire frito. Y que lo peor del cine no fue el landismo ni las películas de Juan de Orduña, o de Sylvester Stallone, quién las pillara. Sino ese estomagante espectáculo de sonrisas, lágrimas, lentejuelas, gilipolleces y descarado autobombo en que se han convertido las galas cinematográficas.

    Y en su  anatema no hace distingos.

    -Me aburren tanto le ceremonia de los Oscar y Billy Cristal como la de los Goya con el gracioso de turno que imponen las televisiones para vender mejor.

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    Al Hombre Perplejo le dejó muy sorprendido que una mujer de pueblo como Doña María supiera poner al cine en su sitio.

    -¿Sabe usted que cuando Rhett Butler besa a Escarlata en Lo que el viento se llevó al Clark Gable le olía el aliento?

    -No me diga.

    -Pues sí. Se conoce que tenía  una muela mu picada, pero como la Vivien Leigh era mu buena artista  lo disimuló mu requetebién. El cine es mentirijillas. Y eso es lo que me gusta a mí del cine, que pa verdades y dolores ya tenemos la vida misma.

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    Según Homper el argumento de Doña María está lleno de razón: cuando destripas el cine, este pierda su encanto. Los que ella llama artistas, según el lenguaje de su época (ahora son actores o actrices) son muy interesantes cuando no son ellos, sino su personaje. Luego los conoces en un bar o en la cena en casa de un amigo y resulta que están obsesionados porque les han puesto una multa de circulación. Y hasta se atreven a hablarte de su colesterol, como si en lugar de ser inmortales fueran del comercio.

    -Un desastre, doña María, usted da en el clavo. Del artista, lo único que hay que conocer es su arte.

    -¡Ya ve usted!…Cuando una piensa que a George Clooney también `puede que le abandone el desodorante!…

    Esa es la  realidad aplastante. Como otra que aún lo es más, y que comparten Homper y la doña con todos los que ya tienen unos años. Pones la tele, se abre el telediario y ya sólo por la cara del presentador puedes ir recitando la noticia. Vas a una junta de accionistas y presientes las palabras del Botín de turno. Entrevistan a un ministro y te imaginas ce por be lo que va a decir de la crisis. ¿Quién no es capaz de adivinar el discurso del rey? No digamos nada de los niños de San Ildefonso, de la homilía del cura, de la proclama del sindicalista, del elogio al amigo o al pariente que ahora se ha incrustado en las bodas y funerales, de la rueda de prensa del entrenador de fútbol, como si cualquier partido fuera un consejo de ministros. Todo parece ya visto y oído, qué aburrimiento, la noche lela que nos espera: doy las gracias a mi madre, pero este Goya no es mío, sino del equipo, porque detrás de una película hay un puñado de trabajadores (aquí añadirán trabajadoras) que…

     Dejá vu, repiensa Homper. Pero como ya estoy en el desguace,  me importa un comino lo que digan los demás. Así que cogeré el mando de la tele y en lugar de inyectarme empalaguina en vena, buscaré una cadena que ponga una película.

    -En el peor de los casos- concluye- sólo será eso: una película.

     

        

    Los pobres murciélagos

    En España hay treinta y cuatro especies de murciélagos, pero éstos cada día encuentran más prblemas para anidar en las ciudades. Y los ecologistas quieren que todos nos concienciemos de lo malo que es eso...

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    Cada vez que ve volar un murciélago, la señora María se acuerda de su querida tía Cristeta. Su tía Cristeta fue también madre de leche, porque a la señora Eusebia, que lo fue de verdad, no le cupo la gracia de poder amamantarla.

    -Cosas de la naturaleza- me explica doña María- Mi madre  era de mucho mantel, pero poca merienda, y  cuando nací yo, que era la quinta, apenas podía darme de mamar. Y sinencambio a su hermana Cristeta, que era justita de pechera y estaba criando a mi primo Benedicto, Dios le dio leche para dar y tomar.

    Un cuñado de la Cristeta le cantaba a la guitarrra: Cristeta, Cristeta/ la leche que manas/no cabe en tus tetas. Y el tío Felimón, que era el esposo de la nodriza, al principio se mosqueó. Pero cuando los del pueblo empezaron a bautizar con ese nombre a sus vacas más productivas, comprendió que era para sentirse orgulloso de su abundancia.

    -Cristeta, maja, has hecho historia- dicen que dijo antes de morir ya ancianito.

    Las criaturas se amamantaron y crecieron sanas y correlativamente bien. Con los años, el Benedicto llegó a brigada de la Guardia Civil, y la señora María, que engordó demasiado, según ella, por culpa de los nervios, hasta ganó una cierta fama radiofónica cuando Iñaki Gabilondo aún no se había puesto a macerar en vinagre.

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    Pero fueron las cabras de la familia las que remataron la crianza de la señora María y de su primo Bene. Sucedió que un día apareció por el pueblo un cine rodante de esos que colgaban una sábana en la pared de la iglesia  y concentraban al personal en la plaza mayor. Dio la mala suerte de que ese día echaran  Drácula, y que a la tía Cristeta le impresionara mucho su macabra historia. Cuando, a lomos de una mula, regresaba a casa con el tío Felimón, apareció un murciélago y se le enredó en el pelo a la buena mujer.

    -Y del mismo susto creyendo que era Drácula-explica María-a la tía Cristeta se le retiró la leche pa siempre.

    Desde que supo esta historia, doña María recela de los murciélagos, y huye de ellos como de la peste. Por eso el otro día se quedó pasmada al escuchar que  también tenemos que preocuparnos por su vida. Parece que cada vez encuentran menos huecos para anidar en las ciudades, y ya sólo crían en el campo, lo cual a juicio de los ecologistas no está nada bien, y tiene que solucionarse.

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    -Y es que no es por nada –se queja -Pero es que nos ponen deberes por todas partes.

    Es la modernidad, el estado de derecho y la sensibilidad social. Dice doña María que antes las conciencias se lavaban ayudando al Domund, a la Santa Infancia, y las Hermanitas de la Caridad. Pero ahora entre las guerras, las catástrofes que la información no oculta nada y que siempre hay un abogado para  una causa perdida –y mira que hay causas por ahí-, vivir es un sinvivir.

    -Por más que haga una, siempre se tiene que sentir culpable de algo. Ya ves tú…¡los murciélagos!.

    Se lo toma la ligera, y hasta cuenta luego el chiste ese de la rata que pasea con un murciélago del bracete y se cruza con otra compañera.

    -Qué novio más feo tienes- dice la vecindona envidiosa.

    -Sí, ¡pero es piloto!…

    Y a continuación se arrepiente, porque a lo peor le acusan de de falta de respeto y maltrato psicológico a los parientes de Drácula…

    ¿Se encenderá el genio de Varguitas con una cerilla?

     

    Cómo le gustaría a uno tener el talento de Vargas Llosa para seguir novelando sobre la condición humana. Por ejemplo, sobre la necedad esa de fabricar cajas de cerillas con un rascador inútil...

     

    Reflexión NÚMERO 1.674 sobre el progreso mal entendido. Primer fin de semana auténticamente otoñal. Homper, cómo no, estaba agradablemente perplejo. Esta vez cumplía el tiempo con el calendario: ni un solo claro, sólo lluvia. Esta vez, oh maravilla, el premio Nobel de Literatura no había jugado a enfant terrible, ni a progresista de probeta, ni a snob. Todo lo admira el Hombre Perplejo de Mario Vargas Llosa, pero siente especial predilección por una novela  que no es considerada por la crítica erudita como la mejor de sus obras.

    -No me extraña que la tía Julia se acabara casando con él-pensó cuando terminó de leer La tía Julia y el escribidor- Porque alguien capaz de imaginar este enredo tan genial y divertido es imposible que te aburra.

    Y el día estaba, en efecto, para encender la chimenea y celebrar al elegante escritor peruano leyéndolo al amor de la lumbre. Estaba la leña preparada. Sólo hacía falta una cerilla y encenderla. Nada más…y nada menos.

    Homper lo intentó con varias cerillas. Y con los rascadores de varias cajas distintas. Inútilmente. Se trata de unas cajas de cerillas marca Tres Estrellas, suecas, para más inri, en las que han sustituído el rascador de toda la vida por una tira levemente rugosa que las acaricia sin encenderlas. Qué gran idea.

    -Por cambiarlo todo –refunfuñó-  acaban convirtiendo el progreso en el más necio de los retrocesos.

    Sonrió pensando lo que en este caso diría Doña María: cerillas de espaldas al pueblo. E hizo memoria de otros grandes inventos recientes que empeoran la vida: los calzoncillos sin bragueta, para facilitar la tarea a los que hacen pis por las narices,  los pantalones sin bolsillo  pequeño para las monedas o los grifos redondos, para que te escaldes si se te ocurre intentar cerrar el agua caliente con las manos enjabonadas.

    Y naturalmente, se quedó sin encender la chimenea. Reconfortado, eso sí, al pensar  que  Varguitas quizá se lance a novelar aún  más sobre esta humanidad gilipollas que se complica la vida  buscando problemas a las soluciones.

    Por si curan las palabras

    Hay gordas felices. Pero hay otros gordos y muchos enfermos que serían mucho más felices con unas palabras de cariño...

    Lo valiente – entiéndase “lo republicano”- no debe de quitar lo cortés. Y en este caso, hay que desearle a Juan Carlos, como cualquier ciudadano o ciudadana, una pronta recuperación. Lo dijo Cayo Lara, coordinador de Izquierda Unida para no ser tibio ante los micrófonos que interrogaban sobre la inesperada operación del Rey. Genio y figura, don Cayo, y precisión léxica. En aras de la igualdad, no sólo aprovechó que el Pisuerga pasa por Valladolid para  subrayar que las mujeres también son ciudadanas –(¡qué despistados, los que tomaron la Bastilla, que no lo tuvieron en cuenta en sus proclamas revolucionarias!). Sino que también nos recordó que  todos estamos hechos de la misma pasta, y que diga lo que diga la Constitución nadie merece ningún tratamiento especial por su sangre y por su trono. Se trataba del jefe del estado, pero, por coherencia, le faltó a don Cayo llamarle compañero Juan Carlos. Genio y figura.

    Fue, según dicen los partes médicos, un nodulito en uno de los reales pulmones. Pero aunque este sólo fuera del tamaño de una uña, como aseguran los galenos, España se alteró. Chocaba que la tarde anterior el monarca despachara con el vicepresidente Biden tan fresco, tan tieso y tan sonriente como acostumbra, y al día siguiente pasara a engrosar la cada vez más nutrida lista de afectos bajo amenaza de salud.

    Justo el día anterior el Duende se encontró por la calle con un antigua compañera de trabajo. Siempre había sido un mujer muy mona, deportista y extremadamente cuidadosa con su salud. Pero el hombre –y la mujer- proponen y el cáncer dispone. Otro seguimiento que deberá tener en cuenta el Duende, que de vez en cuando peina su agenda telefónica y llama a las amistades amenazadas o en tratamiento para conocer novedades.

    -¿Estás mejor? –es todo lo que se le ocurre preguntar.

    Ya lo decía en otro post. No hay know how de cómo proceder en estos casos. Se llama, se dicen obviedades y al cabo se termina uno planteando qué otra cosa útil se puede hacer para aliviar a los enfermos.

    No todos los que lo son reclaman la misma atención. De repente, en la vida del Duende también se han hecho presentes los gordos, gordas, obesos y obesas, que le rodean en su tertulia televisiva de los viernes. Esta vez no es la ficción de Doña María, que, como es sabido, está gruesa da e los nervios. Ni los amables michelines de Oliver Hardy, Fatty Arbuckle, y Abbot y Costello, una pareja de cómicos americanos que tanto le hacían reir de niño (nunca supo quién era el gordo, si Abot o Costello). Sino la realidad de Pablo Arteche, y de Marisol, dos víctimas del sobrepeso que se han comprometido ante las cámaras de Aspaldiko, el programa de televisión de de Antxon Urrusolo, a librarse de su obesidad mórbida y a regresar a la normalidad. Pablo estaba en los ciento ochenta y cinco kilos, bebía seis litros de Coca-Cola y se desayunaba una baguette de embutido diariamente. No había probado nunca las verduras. Marisol se conformaba con dos litros del refresco, su mayor vicio. Ahora ambos empiezan a verle las orejas al lobo, pero se ven animados por otros asiduos al programa, como el abogado Fernando Elosúa, que se ha quitado unos setenta kilos de encima y ahora es feliz y canta boleros con un grupo estupendo que se llama algo así como Los gigantes del sentimiento.

    No sentimiento, sino simplemente sensibilidad es lo que reclama Alejandra Yáñez, actriz, modelo XXL y gordita militante, que mantiene un blog que se llama www.orgullogordo.com para ponerle altavoz a los gordos (y gordas) que no acaban de ser felices. Ella es una mujer animosa e ilusionada. Y también cree que la palabra cariñosa cura. Hablemos, llamemos, preguntemos. A los que sufren  de cáncer o de obesidad. O mejor,  simplemente a los que sufren.

    Tiempo de Braulios, tiempo de costuras…

    Carlos Herrera ironizaba en Onda Cero sobre el alcance de la última medida propuesta por el gobierno para animar la economía. Según él, no es fácil crear trescientos cincuenta mil puestos de trabajo reformando la casa. O sea, llamar al Braulio de turno, encargarle un trabajito y pensar que así vamos a salir de la crisis…Y el Duende lamentaba lo de la crisis, por España, más que nada. Pero no dejaba de sentir un cierto orgullo de paternidad por Braulio, su entrañable chapuzas, en tiempos compañero de micrófono del mismo perspicaz periodista que ahora le eleva a la antonomasia. Quíén te ha visto y quién te ve, amigo Braulio.

    No es la primera vez que le recuerdan sus camaradas de antaño. También le invoca alguna vez José Ramón de la Morena, que habla de deportes en El larguero con una jerga cheli muy del gusto del mago el tornillo rosca-chapa. La radio no la ve nadie, y las palabras sin imagen duran menos en la memoria que las migas que dejaba Pulgarcito en el camino para no perderse por el bosque. Pero sorprendentemente, algunos rasgos de las caricaturas que pasaron aún permanecen. Hace unas noches decía  José Ramón que los kilos de más que ha echado Ronaldinho en Italia son porque está grueso de los nervios, como Doña María

    Escuchándolo a solas en casa,  el Duende taciturno se sonreía por lo bajini.

    Vanitas vanitatis de un lado, la cosa tiene su enjundia para la reflexión. Tanto demonizar el ladrillo y ahora volvemos a descubrir que da igual éste que el hormigón, el panderete, la mampostería, el encofrado, el talochado, el acuchillado, el gotelé o reponer el fuminaya –precioso nombre de significado nebuloso-de la cisterna del inodoro. Tanto dan, que nos dan lo mismo. Eso sí, con tal de que se mueva el dinero y algo quede en las exhaustas arcas de nuestro estado de bienestar. Es tiempo de Braulios.

    Hemos pasado de ser los reyes del mambo de la economía a ajustar, remendar y dar la vuelta a los abrigos de nuestro devaluado becerro de oro. Quizás no sea casual que la novela del momento se llama El tiempo entre costuras, de María Dueñas. No la ha leído el Duende, pero se la recomiendan por todas partes, y quizás venga bien para probar las puntadas que se pueden  hacer para vestir a esta España en pelotas. De momento, ya anda uno buscando por el barrio a un Braulio que venga a su casa para la delicada chapucilla de colgarle un soporte para la bici y un armario metálico en la pared de garaje. No es mucho curro, cierto, ni hace falta más que unos brazos robustos y un taladrador con una broca capaz de agujerear el hormigón. Pero de momento, cuando lo comenta en el bar de al lado, repleto de braulios en paro, éstos le miran como si estuviera chiflado.

    Y no sabe qué cara pondrían si además dijera que necesita una factura con IVA.

    Homper se encuentra en una novela

    Después de mucho buscarse en otros héroes literarios más famosos, Homper dice haberse encontrado en un tipo inmaduro...

    Asombroso. Una persona que conoce bien a Homper le envía una novela escrita por Luis Landero.

    -Léela, te gustará.

    La lee con gusto por varias razones. En primer lugar no supera las doscientas treinta y seis páginas. El crítico Manuel Rodríguez Rivero, uno de esos ratones de biblioteca que de tanto como lee no se sabe cómo le da tiempo a escribir, señalaba que la crisis ha llevado a algunas editoriales a publicar novelones que pedían dos tomos en uno sólo. Y que, para ahorrar costes, en algunos como La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina, las páginas no van cosidas, sino pegadas. Con el consiguiente peligro de que cualquier día, por forzar demasiado la apertura del libro, éste se descuajeringue y la noche se desparrame. Algo que no le pasará a la novela de Landero.

    En segundo lugar, la novela de Landero está publicada en un formato que le cabe a Homper en el bolsillo del abrigo de la gabardina y aún de algún chaquetón. Algo esencial para convertir el vagón del metro o el autobús en un salón de lectura. Los libros demasiado gordos se manejan mal en los medios de transporte, le pesan a uno en el sofá y se  le caen a uno de las manos en la cama. Como diría doña María, están editados de espaldas al pueblo.

    En tercer lugar su escritura es limpia y sabrosa, la trama es sencilla, entretenida y curiosa y rebosa humor. Y además acumula numerosas notas de un observador de lo cotidiano que a uno le da rabia ser incapaz de novelar como hace el autor.

    Y finalmente describe a un protagonista muy peculiar. Se le podría  definir  como el antihéroe moderno.  O sea, el hombre al que no se le ve venir, el que duda sistemáticamente de casi todo, que no es de una pieza, que muta constantemente, que sólo tiene claro que no tiene nada claro y que no termina de  encontrar su identidad. Es algo así como el hombre poliédrico que curiosea en todo y no progresa en nada, el hombre croqueta  que se reboza cada día en una harina distinta, el hombre río que fluye sin detenerse, el hombre ligero e inconsistente como una pompa de jabón. Un día estalla y desaparece. Y no pasa nada. O sea, todo lo contrario de esos personajes sólidos y de peso que necesita la sociedad como referentes.

    -Nada de lo que te gustaría a ti, tía –le confesaba a su anciana tía Clota a través del Skype- Y lo peor es que se parece mucho a mí.

    -Bueno, hijo- le consuela ella sin levantar la vista del punto- Que hayas cumplido los  sesenta y no hayas encontrado tu razón de ser ni a la dueña de tu vida, no quiere decir nada…¿Y cómo dices que se titula la novela?

    -Retrato de un hombre inmaduro, tía.

    La tía Clota interrumpe el punto, levanta la vista y le mira a los ojos mientras mordisquea la bola de una de las agujas.

    -Ya…-dice la tía- Bueno, tú sabrás por qué te la ha mandado esa que consideras una persona amiga.

    La tía se despide y ambos cierran la sesión de Skype. Y Homper se queda a solas con su enésima perplejidad.

    Ferrán Adriá en el país de Alicia…

    Lloramos porque cierra el Bulli y bramamos porque soñamos con la felicidad sin costes...¿Por qué no entienden que sólo queremos el país de Alicia?...

    Dice Doña María que la reacción de su Bloque los Arándanos, mayormente obrero, no se ha hecho esperar. En muchas ventanas aparece una sábana blanca con un crespón. ¿La causa? Ya la podemos imaginar: cierra El Bulli.

    -Vamos que vamossuspira en una pausa de la fregona- No se dónde vamos a llegar…

    Desde que la crisis asomó su fea jeta habrán cerrado cientos de miles de empresas, cantidad de pequeños negocios, multitud de fábricas y talleres. Estamos casi en los cuatro millones de parados. Pero el dato que airean los periódicos y los informativos y elevan hoy a la categoría de portada es que  el fenomenal artista de lo efímero, el pontífice del hedonismo, uno de los diez españoles más famosos del mundo, Ferrán Adriá, se lo ha pensado mejor y cierra la Meca de los gourmets. Él dice que para viajar, recargar baterías y seguir evolucionando en el birlibirloque de la gastronomía. Otros subrayan sotto voce que los beneficios del negocio habían caído a la mitad.

    -Vamos que vamos –insiste doña María- ¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!…

    Consternación es la palabra. En un país tan ideal como España nadie puede superar que este refinado templo de la cultura más exquisita cierre sus puertas. Incluso al Duende le tiemblan los dedos ante el teclado del ordenador, mientras escucha por la radio que los barandas de Cataluña y de Castilla la Mancha dicen que nones a los cementerios nucleares. Calentitos y con luz eléctrica, sí. Pero basuras peligrosas, ni de coña.

    -Vamos que vamos- comenta doña María mientras comparte el café de media mañana con su vecina Jocelyn- ¿Pero no nos han enseñado a  tener la mula y los mil ducados?…

    Quería decir el sueldo del general y la verga del teniente, pero ella, aunque de campo, es fina de espíritu. Como nuestros políticos, que venden lo imposible cuando están de elecciones y luego te tratan de sodomizar con el amargo, y tal vez único, posible. Quizás la doña no atina a ver que España, naturalmente, es un gran país. Y, por ende, un gran, enorme paraíso de la ingenuidad. Así nos lo vendieron: España, el país donde la gastronomía  es más arte que ningún otro y donde la energía quiere ser sólo beneficio, y nunca problema. El país de  Alicia en el país de la maravillas.

    Aunque ahora, velay, ya no mole tanto.

    Querida Constitución

    Con el permiso de Mafalda y de Quino...Y gracias por su préstamoCuenta doña María que Orencio Porrero, un anciano ferroviario muy rojeras que vivía en el Bloque los Arándanos –quizás ya ha muerto- tuvo dos hijas con una libertaria antes de que ésta le abandonase para combatir con Durruti. Otra España. Quiso ponerles el nombre de República y Constitución. Como en el franquismo no lo tenía fácil, les antepuso María. La mayor sería María República y la segunda María Constitución, y así empezaron a llamarles a la muerte del dictador. “A la mayor en el bloque le acabaron llamando Mari Re, que es raro, pero suena bien. Sinencambio a la otra le tocó Mari Cons, que según se dice de corrido no queda tan bonito. La Mari re se hizo bailaora, se casó con un guitarrista de flamenco y acabó abriendo un tablao en la parte del Japón. La Mari Cons, sinencambio, se metió a monja, y ahora ya no le sirve de ná to aquel cambalache de los nombres, porque se llama Sor Clemencia del Sagrado Corazón de Jesús. Tanta infancia ilbertaria y tanto miedo pa luego acabar en eso”.

    Debe de ser el sino de la Constitución. Los que hicieron de ella un instrumento para apurar a fondo un fuero especial de por sí discutible, ahora la desprecian, y ni la felicitan el día de su cumpleaños. Qué caraduras. La Constitución les dio la mano y se quieren tomar hasta mucho más allá del codo. Los que la añoraban porque sólo conocían una dictadura, se han aburrido de ella. Y los que dicen sentirse a gusto con la carta magna y la cumplen, se mosquean porque ya muy pocos la respetan. Los mismos que hicieron la ley –y aveces entre ellos el propio gobierno- se amparan ahora en la trampa para decir Diego donde antes decían digo.

    Como a la hija del vecino de doña María, habría que cambiarle el nombre. Quizás Sorpormuchosaños. De repente la gente se olvida de lo hubo y del logro que fue salir de aquello en paz y quiere vivir en el país de Jauja, a ser posible a cargo de los demás. Contra el abuso de los nacionalismos históricos, Constitución. Contra la insolidaridad, Constitución. Contra la irresponsabilidad, Constitución. Lo de regresar al franquismo y recordar cómo mirábamos y admirábamos a los pueblos democráticos que la tenían entonces es afortunadamente imposible.

    Aunque doña María o las hijas del señor Orencio dicen que algunos se lo  merecerían…

    Cuando el viento sopla…de espaldas al pueblo

    Viento sobre los arboles

    A pesar de sus desmanes, el viento también tiene su aquél...

    El Marcelino está aventao- decían en el pueblo de doña María cuando alguno estaba chifleta. El viento, dicen, vuelve loca a la gente. Se entiende perfectamente cuando ésta vive permanentemente batida por la furia de Eolo. Y sin embargo es otro fenómeno de la naturaleza que le pone al Duende contra la mayoría. Algo le gusta.

    Se identificó con   Luis Buñuel cuando  en  Mi último suspiro, sus memorias,  reconocía que le gustaban el frío y la lluvia. (Por cierto, ¿por qué no emigró entonces a Inglaterra en lugar de establecerse en Méjico?). Demos por descontado que también le emocionara la nieve, sueño blanco que perseguimos todos los nacidos de Burgos para abajo. Pero lo de disfrutar cuando el cielo se pone arisco es un poco “snob” y antisistemático.

    Si al Duende le seduce el mal tiempo es precisamente porque la gente huye  de él. Calles vacías, parques desiertos, campos solitarios. No totalmente. Por una calle, por una alameda, por un sendero de cualquier monte, dos caminando  abrazados bajo un paraguas. Así es más bonito. Quizás sin viento como el de este fin de semana. Para no ser ráfagas huracanadas de película, de novelón como La posada de Jamaica -¡qué gozo cuando uno, casi imberbe, pillaba unas anginas con un libro como éste!- o de paisaje romántico, hay que reconocer que se puso algo pelma.

    Dijo una vez por la radio que le gustaba el viento y su amiga doña María se le quejó.

    -Se ve que no vives en un piso como el mío- protestaba airada.

    Y le contó las poblemáticas del viento en el piso trece del bloque Los Arándanos. Penetraba tanto  por las cajas de los tambores de las persianas, que la doña desmontaba la tapa y aprovechaba para guardar dentro la chacina de la matanza y los quesos de oveja que se traía del pueblo.

    -Algo tapan –le dijo-Y tanto los chorizos y los quesos se curan estupendamente. Eso sí, no podemos  subir la persiana. Y deja un perfume no mu delicao pa un dormitorio. Por eso sólo utilizamos de fresquera el de las nenas, que como ya se han marchado a vivir con sus parejas…

    Qué talento para hacer de la necesidad virtud. A lo que no ha encontrado solución es al frío que entra por la rejilla de ventilación del gas de la cocina en días como estos.

    -Están hechas de espaldas al pueblo- se queja con cierta razón- Porque si las tapas con un cartón te puedes morir intoxicá, pero si no, te pués quedar arrecía.

    Y sugiere que antes de proyectar estos sistemas de aireación de espaldas al pueblo, los arquitectos, constructores, gasistas y munícipes responsables del invento se pongan a cocinar en su piso del Bloque los Arándanos un día de viento del más frío invierno. Aventá, parece que está también ella. Cualquier día exigirá también que se pueda abrir un brick de leche sin derramar ni una gota, o un CD de El Fary al primer intento. Como si el progreso fuera siempre para facilitarnos la vida…

    Una batallita “de espaldas al pueblo”

    Silencio Banqueros

    ¡Ah!...Si estos políticos polemizaran menos y curraran más...

    Mientras Mariano Rajoy –ya era hora- recuerda que santo Job no hubo más que uno y que el tres de noviembre dará un puñetazo en la mesa del PP, en el Bloque Los Arándanos donde vive Doña María se sigue viviendo la España real. O sea, problemas, sueños y aspiraciones.

    -Ya te puedes imaginar-le dice doña María al Duende. No dormimos pensando quién será el próximo presidente de Caja Madrid.

    Según esta buena mujer, Marisa tiene dos hijos en paro y a su marido Sabas, bombero, con depresión. No falla con la manguera, pero el hombre padece una disfunción eréctil, y falla con la manguera. No obstante, el tema de conversación en su familia no es el paro, ni la depresión. Como todo el mundo puede entender, lo que les trastorna es no saber cómo acabará la trifulca pepera.

    -Marisa y Sabas son de Espe, y quieren que vaya de presidente ese González que va siempre con ella y peina tupé.

    Adela por su parte está desesperada: la silla de ruedas de su madre, que vive con ella y con su marido Marcial, no cabe en el ascensor del bloque. Además Adela espera una operación de sus cálculos biliares -tiene turno para dentro de siete meses- y no duerme pensando que su niña Lolinchi se ha hecho maestra y va a dar clases sin chichonera y sin seguro de vida. A pesar de todo, como es lógico en cualquier familia de bien nacidos, no piensa ni en la Ley de Dependencia ni en la reforma de la sanidad o de la educación.

    -Están de los nervios pensando que el presidente de Caja Madrid debe ser Rato. Es más, casi todos los días van un brujo y le encargan que haga vudú a los otros candidatos.

    Por último, Jocelyn y Bernabé, acechados por las deudas,  han cerrado su peluquería de perros . Tienen dos hijos en paro, una niña medio enganchada con la droga y un cuñado desahuciado de su casa por falta de pago. Pero, naturalmente, no tienen oídos más que para la batallita que paraliza a la oposición de este país.

    -Ya ves tú…-dice doña María- Van a manifestarse este fin de semana por las calles con pancartas que dicen GUINDOS PRESIDENTE DE CAJA MADRID o PIZARRO FOR PRESIDENT…¡Lo primero es lo primero!

    Exacto, es cuestión de prioridades. Habiendo tantos problemas y carencias, este fuego cruzado que está desangrando al partido de la alternativa es una de esas cosas que según doña María  se hacen de espaldas al pueblo. El llorado Fernando Lázaro Carreter criticaba esta expresión, pues según el docto académica debería decirse a espaldas del pueblo. De espaldas al, o a espaldas de, lo verdaderamente grotesco es que los políticos del PP suman más mierda a la mierda de las semanas pasadas. Y,  de frente o de perfil,  lo que parecen hacer es una peseta, un corte de mangas o una butifarra a los vecinos de doña María y al resto de los ciudadanos que esperaban cambiar este gobierno por otro que  no lo hiciera tan mal.

    -A mí el presidente de Caja Madrid me la refanfinfla –se ha sincerado Teófilo, que es el presidente de la Comunidad de Vecinos de Los Arándanos, el enésimo parado del reino- Yo sólo quiero que alguien me de un trabajo.

    Tranquilidad y esperanza ( sin retintín). Sea cual sea el elegido, seguro que lo primero que hará cuando se siente en el sillón  presidencial de Caja Madrid es pensar en  nosotros,  levantarse de su trono de oro y venir a rescatarnos de esta odiosa crisis.

    Fallar en lo más fácil

    ¿Por qué se sigue fallando en lo más fácil, cuando es tan sencillo hacer las cosas bien?...

    ¿Por qué se sigue fallando en lo más fácil, cuando es tan sencillo hacer las cosas bien?...

    Era el hijo del Duende un chavalín y jugaba con sus amigos en la romería de Salamir. Salamir no es precisamente la aldea más guapina de Asturias, ni siquiera del concejo de Cudillero. Aparte del prado y la panera de José y de Lucía, con una preciosa vista del mar, y la música de las olas rompiendo en la playa de Oleiros, quizás lo más  gracioso que ofrece al visitante, pásmense,  es un campo de fútbol rodeado de pinares. Pero allá por agosto celebra la romería de turno por su virgen, y no falta la sidra, y los bollus preñaus, las avellanas, los petardos y los puestos de chuches y juguetes baratos. Alguien se acercó a uno de ellos con Juanito de la mano y le invitó a que eligiera el que más le gustaba.

    -Ese-dijo señalando a una espada de plástico de hoja corta y aplastada con un rubí en la cruceta de su empuñadura de oro.

    No se sabe si quería ser Espartaco o el príncipe Valiente, pero al niño le sirvió para jugar a héroe sin convertirse en delincuente, como probablemente temería un pedagogo ahora. Sin embargo, al volver a casa, y una vez disipada la ilusión que todo juguete desprende al caer en las manos de un niño, el pequeño héroe se volvió filósofo.

    -Papá –preguntó- ¿Y por qué esta espada no viene con su funda?…¿Cómo se puede vender una espada que no tiene funda?

    Probablemente quería decir vaina, pero se le entendió perfectamente. Expresaba el rapaz la misma idignación que, a su misma edad, también sentía el Duende cuando le regalaban un coche sin chófer. Admitía que pudiera tener o no tener cuerda, moverse a pilas o por fricción. Pero no comprendía cómo, si había que ilusionar al niño, el fabricante no se molestaba en añadir al coche un conductor corpóreo o, al menos, pintado en la ventanilla.

    Juguetes de espaldas al pueblo, que denunciaría doña María. Tanto a ella como al Duende les mosquean  sobremanera las cosas que son  imperfectas por la falta de un pequeño detalle y fallan en lo más fácil.  Hoy mismo la buena mujer ha cruzado medio Madrid andando para rebajar sus michelines, uno de esos saludables paseos de la edad madura. A lo largo del recorrido se dio de  cara con varios planos de la ciudad, y le hizo ilusión calcular los kilómetros que se había metido en el cuerpo. Se puso las gafas y buscó una escala que le sirviera de referencia. Pero no la encontró. No porque fuera una cateta, y no supiera leer los planos. Sino porque, a pesar de este alcalde tan perfectín y tan gastón que tiene Madrid, a su autor o se le olvidó o no creyó oportuno incluírla.

    ¿De qué sirve una espada sin vaina, un coche de juguete sin conductor o un plano sin escala?…Doña María espera que no sea mucho pedir que rectifiquen este error, antes incluso de que se ponga en marcha otro Plan E o nos caiga la lotería de los Juegos Olímpicos. Ya saben, una simple escala al pie de plano para que con un peine, un bolígrafo o una simple tarjeta uno pueda medir su paseo  y se haga la ilusión de que hace deporte hasta cuando sale de casa para pagar el IBI.

    Enfermos de tanta salud

    ACTIMEL, que es muy bueno,  se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

    ACTIMEL, que es muy bueno, se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

    -Esta sociedad está un poco enferma de sanidad- sentencia la tía Clota.

    No alude a la difícil reforma a que está intentando sacar adelante Obama en su país de adopción. La tía Clota  se mueve por Internet como Pedro por su casa, y no sólo dialoga frecuentemente con su sobrino Homper, sino que sigue el pulso de España repasando periódicos y revistas y escuchando frecuentemente radios españolas. Y se refiere a la obsesión por la salud del cuerpo que reflejan todos los medios.

    -Lo de la gripe porcina supongo que es importante-subraya- Pero es que gastar en medicinas y en médicos entusiasma, y nos tienen fritas con todo lo que hay que hacer y tomar para ser cuerpos perfectos y casi inmortales…

    -Esta semana me toca revisión de oído –puntualiza Homper- La que viene, prueba del PSA, y la siguiente cita con el oftalmólogo para que me confirme que ya no distingo a treinta metros a la cajera del supermercado si no llevo las gafas puestas. Y es una pena, porque es muy mona…

    -¿Habrá que recordar que vivir es un riesgo, y que de algo hay que morir…?- ironiza la anciana.

    También le ha llegado a la tía Clota ese correo que circula por la red donde se exageran con mucha gracia las obligaciones del homo sanus perfectus. No fumar, nada de alcohol, gimnasia, paseos contra las crisis  coronarias, el colesterol y la osteoporosis, alimentación selectiva y equilibrada…Si a eso se unen los deberes ecológicos que marca el canon de civismo contemporáneo –salga a buscar su punto limpio para depositar las pilas usadas y el aceite frito, por ejemplo- se llegará a la fácil conclusión de que faltan horas en el día para estar en plena forma y en paz con la conciencia sana.

    -¿Y qué me dices de la pobre doña María? -añade la anciana- Su hora en la COPE está llena de recomendaciones de salud y de consejos para adelgazar. Ya no se atreve a recordar que ella está gruesa de los nervios. Debe de pensar que si lo dice atentará contra los intereses de su nueva radio. ¡Todos tenemos que estar jóvenes, sanos y guapos!…¡Ah!…Y saber mucho de las isoflavonas de soja…

    También está que trina Homper a cuenta de ellas. Resulta que la última predicadora de esa nueva purga de Benito que nos va a arreglar el cuerpo es Susana Griso. Era para Homper una de las últimas mujeres con encanto con la tele. Pero no contenta con su atractivo natural, que no era poco, ha caído en la tentación de arreglarse los labios antes de protagonizar un spot de ACTIMEL lleno de isoflavonas de soja y de llamadas a las defensas naturales. Ahora no es Susana Griso, sino Susana retocada, que ya no le gusta tanto.

    -¿Por qué tomas ACTIMEL?- pregunta la nueva periodista al final del spot convencida de su mensaje regenerador.

    -¿Y sabes lo que le contesté, tía?-remata Homper- ¿Y por qué has permitido tú que te desfiguren la personalidad y te cambien por una modelo con morritos?

    Lo que decía la tía Clota. Esta una sociedad  enferma de todo lo que significa una bata blanca. Enferma por la obsesión de salud, de inmortalidad artificial y de algunas cirugías estropeadoras.

    Hay gente pa tó

    Hay oyentes de radio que se quedaron algo trasnochados...

    Hay oyentes de radio que se quedaron algo trasnochados...

    Lo bueno de tomar un  micrófono y hablarle a los que escuchan la radio  es que siempre le gustas a alguien. Lo malo, si no te ajustas al tópico –es para mí un placer dirigirme a este público maravilloso, etc, etc- es que inevitablemente también disgustas a otros tantos.

    Creía el Duende, como solemos creer todos, que hay valores sobreentendidos, mentirijillas aceptadas por la generalidad de los ciudadanos, sentido común y sentido del humor más o menos repartidos por todas las zonas de la sociedad.  Hablamos y sentimos como nuestra familia o nuestra pandilla, y creemos erróneamente que el mundo es como refleja nuestro espejo. La cosa es que el Duende no era él, sino su alter ego doña María, que se presentó en su nueva emisora  de punta en blanco. Imagínensela, recién pasada por la pelu y coquetamente maquillada, las uñas de manos y pies pintadas de carmesí, abanico español, dos aretes en las orejas, y un elegante vestido indio de algodón que le había regalado su amiga Jocelyn para la ocasión. Y no es que estuviera particularmente dicharachera ni chocarrera. La presentaron, hizo dos o tres comentarios de su familia y aquí paz y después gloria.

    Pero hay gente pa tó, que sentenció el famoso torero cuando dicen que le presentaron como filósofo y pensador a un señor que se llamaba Ortega y Gasset. Hay bibliotecarios y sexadores de pollos, funcionarios y okupas,  bailarinas de la danza del vientre y habilitados de clases pasivas, afinadores de pianos y pendolistas, criadores de caracoles y trapenses. Y muchos más, cada uno de su padre y de su madre. En tantos mundos tan diversos, cada cual puede entender el mensaje a su manera.

    El caso es que Ely del Valle y Enrique Campo, que son los conductores del programa  donde interviene la gran dama del Bloque los Arándanos habían invitado a los oyentes de la COPE a que mandaran sus comentarios por correo electrónico. Los más eran amables, algunos evocaban con nostalgia a Jiménez Losantos y a César Vidal. La radio es, sobre todo, una costumbre,  y los que no mueven jamás el dial son por lo general refractarios a los cambios de voces. En ese listado de mensajes hubo uno, sin embargo que le dejó descolocá a nuestra heroína. María es el nombre de la madre del Señor –decía el email- y no parece el más adecuado para tomárselo a broma.

    -¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!- exclamó la doña sin poder ocultar su contrariedad.

    Hubo que consolarla a la pobre mujer recordándole que en todas partes hay gente pa tó.

    Amas de casa diplomadas

    Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

    Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

    Para Doña María, un político competente era como un buen vendedor de medias de cristal.

    De cristal, que es como se decía cuando ella era una muchachita y las medias transparentes eran aún artículo de lujo. En realidad eran de fibra artificial, que entonces aún se decía nylon. Pero mostraban el blanco de la pantorrilla, y con aquella denominación sugerían más fascinación, más glamour. Si la Cenicienta bailaba en palacio con zapatos de cristal, Doña María aspiraba a ser la princesa del Bloque los Arándanos engalanando sus piernas con medias de cristal. Como las de Marlene  Dietrich, que lucía tan buena figura. Nadie le parecía más seductor  que el dependiente de la mercería donde compraba la marquesa para la que ella trabajó cuando dejó el pueblo y se plantó en Madrid. Aquel hombre que, por cierto, se parecía a Sarkozy, abría la caja plana de cartón, levantaba el papel seda que las cubría y tomaba en sus manos aquellas calzas delicadas y brillantes, como un cendal de oro, para mostrárselas a la clienta.

    -Se las pone usted, señora, -decía el dependiente – y queda como una artista de cine.

    Doña María mantiene que SuárezFelipe, Sarkozy y Zapatero nacieron vendedores de ilusiones, o sea, de  medias de cristal. Y que Aznar en cambio tenía maneras de vendedor de gruesas medias de lana o, peor aún, de zuecos. Es la diferencia entre la labia con glasé y el estilo de lija del nueve  del profesor de Georgetown. Así y todo, aún le quedaba algo al soñador imbatible que es ZP para demostrar el talante que dice llevar dentro. Le faltaba mirar por el ama de casa y mimarla como se merece.

    -O sea, que nos reconozca y nos de la importancia que tenemos -reivindicaba ella- O sea, sueldo, seguridad social y categoría.¡Ah!, y un bonomedia por tres pares de medias de cristal al año para que la imagen del ama de casa no salga perjudicada con tantas carreras como se nos hacen.

    Sueldo, seguro, reconocimiento, carreras. Qué líos nos hacemos cuando el estado del bienestar no se atreve a decir no a casi nadie. Menos mal que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega -una mujer tenía que ser- ha venido a poner los puntos sobre las íes prometiendo que las amas de casa podrán diplomarse y, en su caso, trabajar como expertas en dependencia. Según sus palabras, será otra manera de crear puestos de trabajo.

    Y doña María está encantada: ya no será gladiadora del hogar, sino titulada. Y con uno de esos diplomas con tinta de oro, letra de pendolista- y quién sabe si hasta la firma de la ministra correspondiente- para enmarcarlo y colgarlo en el comedor.

    -¿Y mi sueldo?…¿Y mi seguridas social? -pregunta nuestra entrañable Ingeniera Técnica del Hogar, como seguramente será a partir de ahora.

    Los optimistas pronostican machadianamente que se hará camino al andar. Entretanto la vice tranquiliza al colectivo de doñasmarías recordando que tienen su puesto de trabajo asegurado. El actual, claro. Lo que, tal y como están las cosas, no deja de ser otra buena noticia.

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