
Hasta una esclava del consumismo puede hacer frente a la crisis...
Lo último había sido querer emular el labio de Michelle Pfeiffer. El cirujano plástico se pasó de silicona, y en vez de un morrito voluptuoso modeló lo que el resto de los mortales interpretaba como un guardabarros labial. Pero Eny -se negaba a ser llamada Eenedina-estaba encantada. Al fin y al cabo había consumido y gastado dinero, que era como afirmaba su personalidad.
-No entraré en el cielo-se decía-si antes no me aseguran que allí está el Corte Inglés.
Eny era la consumista por excelencia. Pero aunque estaba muy bien de dinero y nadie controlaba sus gastos se sentía condicionada por la crisis económica. Iba a las tiendas de siempre y ya no coincidía con las amigas de toda la vida. Fuera por necesidad o por mimetismo, la gimnasia del consumismo, tan placentera por sí sola, se estaba pasando de moda. Más se perdió en Cuba, decía su suegro. Pero ella lo encontraba insoportable.
-Creo que esta crisis va a acabar afectando a mi identidad-le confesaba al espejo mientras perfilaba con el lápiz el amplio perímetro de sus labios.
A los pocos días notó además una cierta rigidez en sus brazos. No salir a la calle con el bolso del que extraía a dos por tres la cartera, no tirar de la Visa, no pasear por Serrano con bolsas repletas de out let -así habían apijado el nombre de las rebajas- absolutamente inútiles, le estaban precipitando el anquilosamiento de los huesos. Ya se lo había avisado Fifita, que era de las que competía en esbeltez y en pechugas con su hija de veinte años.
-Lo malo de la crisis es que acabaremos por no salir a la calle, y seremos víctimas de la osteoporosis.
Frunció sus labios -no sin esfuerzo- en un gesto de firmeza y se conjuró a sí misma que la crisis no haría mella en su personalidad. Primero, inventarió las compras de los últimos años que no había usado para nada. El cortador de chocolate de acero sueco, el kimono de la Casa de Té de la Luna de Agosto, la caja de quemadores de sándalo, el Manual de Cocina Desaborida de Ferrán Fabía, el abrigo de visón sintético copia del que llevaba Angélica Jolie en El intercambio, dos trajes tipo sota de bastos de Agatha, el frasco de sales del Salzkamergütt, el cuchillo musical con seis melodías distintas para cortar la tarta con la música adecuada a cada celebración, varios móviles en su paquete de presentación, la Historia de los papas del padre Apeles, un juego de doce posavasos con cromos de mariposas, un sintetizador de ajo y hasta un consolador con sonido que, en las vibraciones finales, dejaba escuchar la Marcha Radetzky para precipitar el orgasmo a todo ritmo. Todas estas compras fueron distribuídas en distintas bolsas con las que, durante varios días, Eny se echó a la calle para no perder ni el hábito ni el ejercicio que había conformado su personalidad. Hasta la crisis, había sido una consumista. Ahora sería una contraconsumista, pero sin osteoporosis.
El proceso consistiría en parar a gente por la calle y regalarles todo aquello que había acumulado en casa sin saber por qué ni para qué. Y no fue nada fácil. La gente se quedaba aturdida, y desconfiaba de que aquello no fuera un happening para uno de esos programas televisivos que ridiculizaban al personal. Y de repente Eny, que en su vida había ligado dos frases seguidas para razonar, tuvo que hacer acopio de toda su imaginación para persuadirles de que aceptaran lo que no era sino un regalo.
-Jesús, qué fatiga-se quejó ante el espejo cuando ya llevaba un mes de liquidaciones callejeras.
Fue una tarea ardua. Que finalmente remató colocando a una ancianita la Historia del Papado del padre Apeles. Lo cual tuvo especial mérito, porque la pobre mujer estaba al borde de la ceguera. Y eso le hizo ver a Eny que algo había cambiado en su personalidad: ya no era una señora pija y consumista, sino una espléndida vendedora. Una contadora de milongas que, cuando amainara la crisis, podría dedicarse a camelar a la gente vendiendo fondos de inversión como los de Madozz, para provocar así otra crisis económica que le arreglara su identidad en permanente crisis….









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