Publicaciones Etiquetadas 'El enemigo del pueblo'

El tirano Cacerolo hará huelga

Hay contradicciones que sólo puede salvar la máscara de un gran actor...

1

-Espero que lo comprendas -dijo el empresario a Lucila mientras hacía anillos con el humo de su veguero- El martes doce filas vacías, el miércoles catorce, el jueves medio teatro. Y el fin de semana ni siquiera nos sirvió para pagar la nómina y los decorados. Un desastre.

-¿Y yo lo hacía tan mal?-preguntó temblorosa la joven.

-No, claro que no.  Tus gritos de ¡muerte al tirano! y ¡el pueblo unido jamás será vencido! eran de lo más emocionantes. A mí mismo, que soy perro viejo, se me desgarraba el alma escuchándote. Pero ya entenderás que una muchedumbre puede representarse sobre el escenario con quince figurantes o con setenta, que eran los que teníamos al estrenarse la obra.

-¿Y a todos los despidió igual? –preguntó Lucila conteniendo los sollozos.

-No, de ninguna manera –respondió el empresario- La procesión va por dentro…Y bajo esta apariencia de gerente del negocio teatral hay un hombre con el corazón destrozado..¡Tener que despedir a una actriz de talento como tú…¡Puta crisis!

El empresario dejó el veguero en el cenicero, y se puso serio con la mirada perdida. De repente suspiró,  se tapó la cara con las manos e hincó los codos en la mesa. Se hizo un minuto de silencio en el que Lucila no sabía si llorar por el negro futuro que le esperaba o por la suerte incierta de su patrono.

-No se preocupe, lo entiendo, yo…

No pudo rematar su frase, porque el empresario rompió a llorar como un niño que encuentra su hamster muerto al amanecer.

-No sigas, pequeña, no sigas- dijo el inconsolable empresario- Nunca me lo podré perdonar, te lo juro…

Y mientras con el dorso de su mano derecha  trataba de secar  sus lagrimones, con la izquierda abrió un cajón de su escritorio, extrajo el finiquito y  lo plantó ante la maravillosa actriz.

Lucila simuló la mejor de sus sonrisas y firmó.

-Adios….¡Y suerte a pesar de todo!-fue lo último que dijo.

La prometedora actriz salió del despacho con el paso leve y silencioso de un humilde gorrión. Detrás, desparramado en llanto sobre su mesa, quedaba la estampa de un empresario literalmente hundido en la miseria y el fracaso.

2

La obra el El tirano Cacerolo, de Teodor Gamm, situaba en un país de ficción llamado Pitanza la lucha del pueblo contra un rey que controla el negocio del gas  y que, naturalmente, está encantado de que su pueblo cocine en las cacerolas de siempre.

Cacerolo, rey absolutista donde los haya, se entera a través de sus servicios secretos de que un inquieto ingeniero llamado Maximino ha inventado la olla exprés, y le encarcela bajo la pintoresca acusación de haber participado en la conspiración judeo-masónica y en el Contubernio de Munich. El tirano incauta el invento, pero no sabe que el prototipo estaba en poder de Gertrudis, la amada del inventor, la cual, invita secretamente a las pobres gentes  de Pitanza a un conejo con tomate guisado entiempo record en la mágica olla. Cuando la Guardia Real se persona para intervenir la olla y el conejo, las hordas hambrientas  se rebelan y desarman a los pretorianos de Cacerolo, les dan a probar el conejo y les convencen de las ventajas de la democracia y el progreso frente al gobierno de la tiranía. Entonces forman todos una sola legión para arrasar el palacio del rey, dar muerte al tirano y liberar a Maximino, que a partir de entonces será el símbolo de la lucha de la justicia contra el obscurantismo y la caspa de todo lo que huele a conservador.

-Es la leche-dijo el empresario al leerla- Va a ser un bombazo.

El tirano Cacerolo tenía  algo del Banderas de Valle Inclán, de El enemigo del pueblo de Ibsen, algo de Brecht, algo del teatro populista de Lauro Olmo y algo del teatro pánico de Fernando Arrabal. Algo incluso del propio Teodoro Gamm. Pero tenía mucho más del Ministerio de Cultura, del Centro Nacional de Nuevos Talentos, de la Comunidad, del Ayuntamiento, de la AIIP (Agencia Impulsora de Iniciativas Progresistas), de Magefesa, de Gas Natural –la filantropía de ver cómo aplaudían a los que le estaban quitando negocio con las ollas exprés quedaba compensada por la tranquilidad de saber que Cacerolo era sólo una ficción- y, cómo no, de IBERIA y de EL CORTE INGLÉS, que suelen patrocinarlo todo. Pero a pesar de que la crítica la aplaudió y de que el público vibraba con su mensaje y su vigorosa puesta en escena, no fue inmune a la crisis. Poco a poco se empezaron a ver claros el teatro, la taquilla se resintió y, en consecuencia, la rebelión de Pitanza fue mermando sus efectivos.

3

Cuando el empresario teatral decía para sí mismo “antes muerto que fallarle a los sponsors” quizás estaba queriendo decir “todo por la pasta”. Pero él era un hombre  cien por cien de teatro, y aunque le dolía, sabía que en ocasiones el fin justifica los medios.

-No lo creerás, compañero-le dijo al primer rebelde de Pitanza al que tuvo que despedir- Pero aceptando este despido estás haciendo un gran servicio a la cultura.

Y con palabras hermosas como éstas fue convenciendo a los jóvenes actores que hacían de chusma y  reduciendo la población de hambrientos desde los setenta con que se estrenó la obra a los catorce que quedaron tras la marcha de Lucila.

4

Lo cortés no quitaba lo valiente.

-Naturalmente –respondió cuando un reportero de la tele con una cámara le preguntó si su compañía se sumaría a la Huelga General del 29 de septiembre- la Reforma Laboral de este gobierno que se dice de izquierdas es sencillamente intolerable. Y yo quiero ser un creador de cultura, no un exterminador.

Después de la frase  de oro de Miguel Ríos (“Los políticos responden ante la ciudadanía, no ante el FMI”) fue de lo más jaleado por los asistentes al acto de adhesión a la huelga. Sólo Lucila, la última actriz que había dejado su obra, la que casi le pidió perdón por ser despedida del elenco de El tirano Cacerolo, se le acercó para disentirle.

-¿Cómo consiguió convencernos de que el nuestro era un sacrificio necesario, si ahora está predicando lo contrario?-le espetó a la cara.

-Cariño-dijo el empresario-Yo soy ante todo un hombre de teatro. Y he hecho de todo: he sido desde maquinista a regidor, de traspunte a escenógrafo, de meritorio a empresario…¿Sabes quién es Teodor Gamm?… Pues sí,  es mi seudónimo. El autor de Cacerolo, esa magnífica obra que ha movido a los “sponsors” y a la crítica, soy yo mismo, porque a mí no se me escapa nada. Yo me lo guiso y yo me lo como.

-Pero…¿cómo pudo librarse de tantos  ingenuos  sin que ninguno  le rompiera la cara?-gritó Lucila agarrándole de las solapas y acercándole a su rostro crispado.

Se hizo un silencio y una gran expectación, como si aquel tenso diálogo perteneciera en sí mismo a un montaje teatral.

-Oye, nenita –susurró el empresario marcando mucho cada sílaba mientras trataba de acercar sus labios a los de la actriz rebelde- Ya te he dicho que he hecho de todo en el teatro. Pero, `por encima de ello, soy esencialmente un mag-ní-fi-co  ac-tor.

-

La voz de Dios

Fernando Fernán Gomez Le hizo reir primero, y luego llorar, y siempre soñar. Era el Duende un chavalillo y Fernando Fernán Gómez una estrella del fútbol llamada Paulovsky que metía los goles con el culo. Era El fenómeno, y luego un cadete de marina guasón en Botón de ancla, y un pobre hombre en Nadie lo sabrá, y un perverso de pacotilla en El malvado Carabel y un recién casado encantado con su birrioso pisito en Esa pareja feliz, y un don Mendo delirante en La venganza de don Mendo De repente aquel que los ignorantes tomábamos como un pintoresco actor de comedia se iba convirtiendo en un gran actor dramático. Y más que eso, en un magnífico director de cine. Y más que eso, en un formidable escritor. Y aun más, en una voz de referencia . Y más que eso, en un humanista.

Y sin embargo se me grabaron de él, como gran enseñanza para aprender a vivir, unas sencillas líneas de su libro El tiempo amarillo. Relata en él su infancia en un modesto piso de la calle Alvarez de Castro de Madrid. Ahí vivía con su madre y su abuela, que le cuidaba mientras Carola, actriz de profesión, salía de gira. Pero era una casa interior, y Fernandito soñaba con ver la calle. Un día mejoraron de fortuna, y pudieron alquilar un exterior. Y al niño del pelo de color panoja se le esponjó el alma: al fin podía asomarse al balcón y ver a gente paseando, el tranvía, el carrito del lechero, el afilador. Un alimento precioso para un talento como el suyo. Y una meditación para los que buscan la medida de la felicidad.

Desayunó muchos años en la cafetería Villa Río, Paseo de la Castellana 132, justo debajo de la oficina donde tuvo el Duende su primer trabajo, diez pesetas café con leche y croissant. Y un día, aprovechando que acababa de ver la película Cinco tenedores, dirigida por él, superó su timidez y se presentó. Enhorabuena, me ha gustado mucho -le dijo. No se engañe -le respondió educadamente sin apearle del usted- era un trabajo de los que llamamos alimenticios. Para poder seguir desayunando aquí…

Fue el Duende feliz divagando entre los personajes, las obras y las películas en las que ponía su sello Fernando Fernán Gómez. Desde El Lazarillo de Tormes al apicultor de El espíritu de la colmena, desde El enemigo del pueblo al vividor de Belle epoque, desde el canalla de Pim pam fuego al entrañable maestro lapidado por su propio alumno cuando el camión lo lleva hacia el pelotón de fusilamiento. Era en La lengua de las mariposas Pocas veces un simple juego de miradas entre el niño y el viejo profesor que encarnaba Fernando ilustrarán mejor la crueldad humana. Inolvidable el gesto de incomprensión en el rostro del gran actor ido.

Supone el Duende que, como intelectual riguroso, andaba Fernando cerca del agnosticismo más puro. Pero, actor, escritor y hombre de cine y de teatro al cabo, no se resistiría a esta escena final de la comedia de su propia vida. Va el pelirrojo barbudo y se encuentra con otro barbudo venerable a las puertas del cielo. ¡Anda!-dice Fernando. Tú eres el tío que yo interpretaba en la película Así en la tierra como en el cielo. Sí -le responde Dios-Los gestos de bondad y los raptos de ira estaban bien conseguidos. Pero te voy a ser sincero, yo nunca tuve una voz tan convincente como la tuya.


Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 807,410 hits

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.