
A Homper le gustaba sobre todo aquella Elizabeth Taylor anterior a Cleopatra. Parecía más cercana y asequible que la gran estrella en que se convirtió luego...
1
De repente, a su edad, Homper había descubierto las tertulias. No tenía demasiada experiencia en tertulias. Siempre había sido un hombre inquieto, culo de mal asiento, ir de aquí para allá, hocicando en terrenos distintos, entreteniéndose en ver cómo la vida se trenza o se desfleca. Muchas labores y aficiones diferentes, aunque todas propias de su sexo y condición.
-Nada humano me es ajeno –dijo el primer día de tertulia en plan solemne, así como para marcar estilo.
Sus amigos le miraron tan estupefactos como solía quedarse Homper por casi todo. No se le esperaba sentencia semejante. Homper se apercibió de ello y se avergonzó profundamente de haber sido tan poco original.
-Hoy voy a pedir Calisay –dijo en la tertulia de ayer. Y sus amigos le volvieron a mirar con los ojos como platos.
-¿Por qué se te ocurre semejante cosa?-le preguntó Dionisio- ¿Conoces a alguien que conozca a alguien que conozca a alguien que tome Calisay?
-Lo tomé una vez hace cuarenta años y me pareció el licor más detestable que he probado nunca-Homper se puso muy serio- Y quiero estar verdaderamente triste para brindar en memoria de Elizabeth Taylor.
2
En las tertulias se dicen muchos lugares comunes, pero hay que enunciarlos con clase y buena dicción. Dionisio, por ejemplo, estuvo muy afinado cuando después del primer sorbo de su café dejó caer algo verdaderamente original y trascendente.
-Hollywood ya no es lo que era.
Pedro, otro tertuliano que había sido un destacado financiero y tenía muy buena cabeza, lo ratificó. Recordó que hacía tan sólo dos o tres semanas había muerto Jane Russell, una de sus debilidades eróticas más turbadoras.
-Una apoteosis de curvas –matizó- ¿Sabéis lo que dijo Bob Hope a propósito de sus encantos? Pues dijo que la inteligencia de un hombre se notaba cuando era capaz de hablar de Jane Russell sin mover las manos. Eso es lo que dijo.
Gerardo terció recordando que la que estaba verdaderamente buena de Los caballeros las prefieren rubias no era Jane Russell, sino Marily Monroe, a lo que Arturo, otro tertuliano, apostilló otra frase para la historia.
-Lo cortés no quita lo valiente, Gerardo. Es verdad que Marilyn estaba buena, pero Jane Russell estaba buenísima.
Todos los tertulianos rieron. Pero a Homper le resultó imposible, porque acababa de degustar el Calisay y el paladar le exigió cara de naúsea.
3
La tesis de Homper es que otras guapas, como Maureen O´Hara, podían haber sido camareras de esas que sirven corderos asados en un mesón castellano. Gene Tierney, belleza incomparable, era su farmacéutica favorita. Eleanor Parker, Grace Kelly o Deborah Kerr pedían ser princesas imperiales o hadas. Según él, Sandra Dee, Debie Reynolds y Leslie Caron nacieron criaturas de cajita de música: se abría la tapa, sonaba el Danubio Azul y giraban pizpiretas luciendo sus maravillosas caderas enfundadas en tutú. Cyd Charisse marcó el canon de las piernas perfectas. Ava Gardner, el esplendor de la carnalidad. Rita Hayworth le disputaba a la O´Hara el reinado de la pelirrojía, pero añadía el plus de lo pecaminoso del que Maureen carecía. Virginia Mayo, Lana Turner y hasta Kim Novak simbolizaban el erotismo cursi.
-Pero luego estaban las que uno quería que fueran sus primas o sus vecinas de arriba: Vivian Leigh, Pier Angeli, Natalie Wood, Jean Simmons. Y la primera Elizabeth Taylor.
Por encima de todas reinaba para Homper la imponderable Audrey Hepburn. Pero no podía olvidar los ojos (¿de verdad violeta?)de aquella chica judía de Ivanhoe que le enamoró cuando era un párvulo inocente.
-Luego, a medida que engordó y cuajó en gran diva, también se hizo más cursi- dijo mientras apuraba el castigo de la copa de Calisay- Pero es lamentable: ya no quedan estrellas de la época dorada de Hollywood.
Los compañeros de tertulia coincidieron en un suspiro de nostalgia.
-Bueno –precisó Dionisio- Para ser justos, queda el viejo Kirk Douglas, pero no es lo mismo.
-No es lo mismo, no-subrayaron a media voz los tertulianos.
4
La nostalgia, más que un error, es una desgracia. Y las desgracias nunca vienen solas. Rafael puso sobre el velador un ejemplar de EL MUNDO y apuntó a la última noticia de su portada.
-Practicar sexo o deporte de modo esporádico eleva el riesgo de infarto-leyó en voz alta.
Silencio y gestos de preocupación.
-Lo que nos faltaba para mirar al futuro con optimismo- concluyó Homper mientras se levantaba de la mesa y se ponía la gabardina.
Hay días que deberían haberse borrado del calendario antes del amanecer.







No es que sea un carca y esté jodido -fastidiado diría el Duende, que trata de ser bien hablado. Ni que se ría uno mientras fornica, o viceversa. El Duende tiene por norma no hablar de intimidades. Lo que pasa es que hoy toca 

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