Publicaciones Etiquetadas 'Emilio Botín'

ZP toma nota de Cristiano

Si lo hacen Cristiano Ronaldo o Messi, no habrá más remedio que apechugar con ello...

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Al Presidente le trajeron un bebé de tamaño natural en plástico comprado, por aquello de la austeridad, en un bazar chino.

-Aquí tiene a un futuro votante –le dijo su secretaria con cierto retintín- Vaya practicando la igualdad.

Sobre la mesa de su despacho, una bolsa de Dodotis y varias cremas. El presidente se arremangó la camisa y se puso manos a la obra.

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Como cuando hay de por medio temas de estado, el presidente consultó con el líder de la oposición.

-A mi bebé le han puesto mostaza amarilla en el culete para simular la caquita –reconoció Rajoy- De esas mostazas de los Mac Donalds, ya sabes. Y la verdad es que limpiarlo me da mucho asssco.

La ese desflecada del líder barbudo sonaba por el auricular del teléfono como el siseo de la serpiente.

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El Presidente encontró su mayor problema en el orden de las cremitas y en la firmeza del sellado. No sabía qué producto tenía que poner primero, ni la zona del culete donde era indispensable que su mano balsámica repartiera el consuelo necesario para la piel del bebé.

Dijo que le pusieran con las Centrales Sindicales y con el nuevo presidente de la Patronal. Pero los primeros estaban inaugurando cursillos de formación, y el segundo tenía prueba en el sastre. Sólo consiguió hablar con  uno de los empresarios más potentes del país, cuyas opiniones siempre tenía en cuenta.

-Con todos los respetos, Presidente –dijo Botín- no tengo ni puñetera idea. A mí esas reformas me pillan muy viejo.

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Sonsoles estaba de gira con su coro cantando las cantatas de Bach, y no podía darle una clase práctica presencial (qué palabra, por cierto). Y no se atrevía a pedir auxilio ni a su secretaria, ni a Carmen Chachón, que había sido madre no hace mucho, ni a Bibiana ni a Leyre. Ellas daban por hecho que al líder nadie le puede dar lecciones de igualdad. Sin embargo el peligro estaba ahí: las niñas ya no eran tan niñas, y en cualquier momento podrían quedarse embarazadas sin permiso de papá y mamá.

-Imagínese que le confían a un sietecito/nietecita el fin de semana, que no sabe cómo hacerlo y que se entera la prensa –le advirtió su jefe de gabinete mientras el Presidente seguía intentándolo.

-¿Sería grave para nuestra imagen? –preguntó el Presidente angustiado.

-Pues hasta ahora no lo era…Pero ahora…

El jefe de gabinete le puso ante los ojos el resumen de prensa en el que destacaba una noticia subrayada con rotulador. Y el Presidente comprendió que ya era inevitable apechugar con el marrón, porque Cristiano Ronaldo acababa de confesar que, naturalmente, él también cambia los pañales a su bebé.

El sueño del celta y el sueño del prejubileta

Amigo Mario. Bienvenido al sueño del prejubileta esperanzado...

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Algunas veces hasta este duende, tan poco propicio al optimismo, respira. Despierta, hace un balance de los componentes de la felicidad y sonríe.

-Definitivamente, esto no está tan mal-se dice mientras desayuna un café con tostada de mantequilla y mermelada de naranja.

Mira los activos con los que, por ejemplo, no cuentan ni Emilio Botín ni las Koplowitz. El lujo de una salud razonable. El lujo del tiempo. El lujo de la agenda en blanco. El lujo de la soledad. El lujo de una ventana con vistas a la cornisa imperial de la villa. El lujo de la luz otoñal. El placer de Madrid en otoño. Sin pensar en el IBI, ni en la tasas de basuras, ni en los baches, ni en las miserias de la deuda municipal, ni el el fragor del tráfico, ni en la incuria ciudadana. Hay muchas sombras en el mundo, pero uno puede envolverse en su pompa de jabón, echarla a volar y olvidarse de que acechan ahí, a la vuelta de la esquina. Hay otros mundos, pero al contrario de lo que insinuaba el poeta, no están en este.

Acabará estallando, como cualquier pompa de jabón, pero mientras dure…

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Pasos de prejubileta animoso le llevan a cruzar el Manzanares, subir por el Parque de Atenas y la Cuesta de la Vega y entrar en el Palacio Real, donde se exhibe la exposición Pintura de los Reinos: una visión, a través de la pintura,  de las relaciones de Europa con los virreinatos americanos de los siglos XVI y XVII. Ahora las exposiciones temáticas no se limitan a mostrar obras de arte. Ahora buscan un hilván  en los cuadros, esculturas o grabados expuestos y al tiempo que entretienen el ojo te refrescan la historia.

-Qué suerte, los escolares de ahora-piensa mientras sigue el itinerario de la exposición por las lujosas estancias palaciegas- A mí nunca me sacaron de las aulas para aprender nada. Ahora los niños van a los museos, a las exposiciones, a los parques, y aprenden.

¿Aprenden?…El debate de la escuela puede desviarse hacia la crisis de autoridad de los maestros, la inhibición de la educación familiar o la discutible preparación de los docentes. Pero no culparán del fracaso a la falta de oportunidades para que los niños de ahora vean lo que nosotros a nosotros nunca nos enseñaban.

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A esta manera de divulgar cree el bloguero que le llaman transversalidad. No es mala cosa, deleitarse y aprender al mismo tiempo. El otro gran venero de la cultura, que es el libro y la literatura creativa están cada día más preñadas de historia. Hoy gran parte de las novelas o pertenecen claramente al género histórico, o enmarcan la ficción en lugares y acontecimientos que sucedieron realmente.

-La inspiración verosímil debe de vender mejor-piensa.

Al pasar por una librería mira el duende con cierta avidez malsana las dos últimas novedades apetitosas que lucen en los escaparates. Una es El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa. Otra, Riña de gatos, del siempre admirable, inteligente y divertido Eduardo Mendoza, uno de los pocos premios Planeta que piensa comprar. Por las críticas que ha leído de ellas, ambas novelas se entreveran de historia. Ambas seguro que ilustran a la par que entretienen.

O sea, la transversalidad bien entendida y mejor presentada. Otro lujo más para leer en el tranquilo y silencioso otoño del prejubileta esperanzado.

¡A las barricadas, abuelos!

Menos besarse y más compromiso, caramba...¿O es que no vamos a tener los abuelos nada que decir el 29 de septiembre?...

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Me he reencontrado con Chufi. Qué emoción, qué divertido. Lo guapa que era la condenada cuando le llamaban la musa de la Facultad.

A la vejez viruelas, ahora ya no se llama Chufi, sino Magdalena, que suena más distinguido. Ahora ya no pega carteles, ni se encadena en ningún sitio, ni arma líos para arreglar el mundo, porque es “una dama”. Le ha jodido bastante que le dijera, coño, Chufi…¿ahora vas de señora bien?…Pero me lo ha pasado.

Sigue siendo muy simpática, y a pesar de ser abuela conserva buena parte de su atractivo. Y naturalmente continúa considerándose de izquierdas. Cuesta mucho entenderlo, porque su marido está forrado, vive en el mismo barrio que Botín y cuando viene al centro le conduce su mecánico. Pero antes muerta que sencilla, le gusta ser la rosa más roja del jardín.

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Me ha dicho que somos equipo. Que ante la convocatoria del 29 tenemos que ser persuasores e imaginativos. Que qué se me ocurría.

Le he dicho que yo ya me había dado de baja, pero que me llamó Jenaro, que sigue enredando en una de esas agrupaciones sectoriales, y me dio el coñazo hasta la extenuación. Por favor, por favor, te necesitamos, te llamará Chufi, me dijo. Bueno, me lo quité de encima, si no tengo nada mejor que hacer….

Y cuando Chufi me llamó le dije se trajera al mecánico, que  iba a llevar muchas barajas, muchos juegos de dominó, muchos parchises. Todos los juegos de mesa que pillemos por ahí. ¡Ah!, y películas pornográficas, que hay mucho abuelete salido y todo vale para entretenerles el día D. Entonces se me ha mosqueado.

-Sigues tan guarro como siempre- me ha reprochado.

-Pero…¿donde está tu progresía?- me he defendido yo- ¿No dicen ahora que los abuelos también tenemos derecho a la sexualidad sin tapujos?

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Le he visto llegar,  bajarse del fastuoso BMW mientras el mecánico le abría la puerta. Y la verdad, me he descojonado de risa. Me he acordado de la canción esa de la familia Alcántara, y allí mismo me he puesto a cantar:

Cuéntame/ cómo te ha ido/ desde que yo te dejé de ver

Cuéntame/ cómo es posible/ que sigas siendo de la UGT…

Ella me ha escuchado y, la verdad, se ha cabreado. No ha entendido que el tiempo pasa, y que una cosa es sentirse de izquierdas y otra estar en Belén con los pastores. Quizás tampoco entendiera que yo sólo acepté el embarque de Jenaro por volver a ver a Chufi, que en el fondo me gustaba…

Pero ¿cómo va a aceptar la Magdalena esta que a mí lo de ser un abuelo piquete me parece de coña? Y, sobre todo, ¿cómo le explico que el día de la Huelga General pensaba llevar a mis nietos a ver Toy Story?

Emilito Botín ya no es lo que era

Si no lo veo no lo creo...¡Botin devolviendo el dinero a sus inversores etafados!
Si no lo veo no lo creo…¡Botín devolviendo el dinero a sus inversores etafados!

Homper no era sino un visitante. Uno más de los que se quedó pasmado cuando Epulón Golden bajó de su pedestal al ver entrar en su sala a un par de periodistas con cámara fotográfica y micrófono. Aquel caballero bigotudo vestido con chaqué y chistera y fumando un imponente veguero, como siempre lo representaban los tebeos, carraspeó y, sin apenas esperar la primera pegunta, se precipitó a dejar sentada su opinión.

-Lo de Emilito Botín es intolerable-sentenció-Una vergüenza para lo que represento.

Los visitantes del Museo de Pesos y Medidas de París y los propios periodistas se sumaron al estupor de Homper. No podían imaginar tanta rotundidad en sus declaraciones.

-Ya no hay principios-se lamentó de nuevo Epulón-¡Un banquero que devuelve su inversión a los clientes porque les salió rana!…¿A dónde vamos a llegar?

Epulón era el patrón banquero que, como otros referentes -el metro, sin duda era el más famoso-se exhibía en el Museo de Pesos y Medidas en una barra de platino y de iridio, para que ni los cambios medioambientales mutasen la pureza de su aleación. Como banquero impecable representaba la codicia sin límites, el afán de exprimir cualquier oportunidad de negocio, y, sobre todo, la insensibilidad ante el pobre cliente perjudicado. Si subía el interés de la hipoteca, mala suerte para el hipotecado. Si se aprobaban nuevas comisiones, allá películas. Si un tal Madozz había salido gangster, a mí plim, nadie le obligó al inversor a que confiara en sus fondos. Si la cuenta corriente quedaba en números rojos, crujida de intereses leoninos, para que el iluso sepa lo que vale un peine. Gracias a su rigor y seriedad, el papel de Epulón  había merecido el aplauso del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de la banca judía, del Foro de Davos,  de la Fundación Tío Gilito y de la Organización Millonetis sin Fronteras.

-Pero ahora…-suspiró-el prestigio del patrón banquero se verá perjudicado…

Se extendió lamentando las esperanzas frustradas en Emilito Botín, que hasta entonces siempre se había mostrado como el banquero impecable. Ni una concesión en las juntas generales a los accionistas disidentes. Ni una vacilación ante los empleados a la hora de exigir el cumplimiento de objetivos. Ni una muestra de sumisión ante el poder. Lo demostró en la última reunión con el Presidente del Gobierno y los otros grandes de la banca, y Homper se apercibió de ello. Don Emilione -como irónicamente le apodan sus propios empleados- posó entonces para los fotógrafos con la chaqueta abierta, mostrando los tirantes y con la soltura propia de quien se siente el verdadero protagonista. Parecía que mandaba más que Zapatero.

-Tan firme, tan sólido-farfulló Epulón conteniendo las lágrimas-Todavía recuerdo cuando de aquellas agendas birriosas que regalaba su banco por Navidad a los clientes de lujo eliminó la cinta que marcaba las páginas ahorrando unos cuantos miles de euros!…¡Eso era un banquero competente!…En fin, no puedo añadir nada más…Muchas gracias.

Los periodistas  cerraron el micrófono e hicieron las últimas fotos mientras Epulón Golden regresaba a su barra de platino e iridio para seguir desempeñando su papel de patrón banquero. Y Homper comprendió su consternación. Ya nada es lo que era-pensó-Cualquier día nos quedaremos perplejos comprobando que hasta  la banca tiene escrúpulos.


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