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Julieta es una lagartona de cuidado

Hay que decirle a ZP que la política es una Julieta un poco lagartona...

Aún siente España la anciana tía Clota. En el condado de Mountmouth, Vermont, ya se ha echado el invierno. Serán Navidades blancas, como de costumbre. Así que la veterana  profesora de español, viuda de un agricultor de fortuna de Nueva Inglaterra, pasa casi todo el tiempo en casa viendo caer la nieve sobre el bosque que la rodea. Todavía hace punto para los bebés de un orfanato: los hijos que nunca tuvo. Todavía lee. Y el resto del tiempo, si no se junta con sus amigas Edwina y Thelma, juega al bridge por Internet, hace solitarios, ve por la tele satélite las noticias y, un par de veces a la semana, conversa  a través del programa Skype con el único pariente cercano que le queda en su patria de origen. Es su sobrino Homper.

La tía Clota es tan crítica como le permite la insolencia. Mantiene que los viejos ya no tienen pelos en la lengua.

-Ya ves, sobrino. Pensaba que vuestro presidente era incapaz por falto de seso. Pero ahora, con la que tiene encima, sólo pienso que es incapaz por bueno. ¿Habrá leído El Príncipe de Maquiavelo? Yo lo veo como un Romeo equivocado que trata de conquistar a la política  como si ésta fuera una Julieta cualquiera. ¿Lo estás viendo?…Tan guapo, tan limpio, tan fino, tan romántico, con su jubón, sus calzas, su corrito de pluma y su capa, y un laúd entre las manos, cantándole  en el balcón endechas llenas de talante, diálogo, y alianzas con esas civilizaciones imposibles…

A Homper, el Hombre  Perplejo, no le sorprende el fondo del pensamiento, sino la imagen cinematográfica con la que lo describe.

-Al principio, la Julieta le pone buena cara –sigue la anciana- Parece embelesada por el verbo del noble juglar español. Parece conquistada…Pero de repente echa una risotada, se rasca la entrepierna y rompe en carcajadas estentóreas.

Homper comprende que la tía Clota, por discreción, no ha dicho la frase que le cuadra  a Julieta en ese cuadro tragicómico. Vamos no me jodas, Pepeluí…¿Con quién te crees que estás hablando?

Y le repasa algo de la historia a su sobrino.

-Todos los políticos tienen que ser canallas alguna vez –dice la tía Clota mientras le echa azúcar a su taza de te-  Ser implacables con algunos para defender sus intereses, ¿no?  A saber qué tropelías no habrán hecho Alejandro el Magno, Octavio Augusto, Pedro el Grande, Carlos V y los grandes prohombres de la historia……¿Y los bombardeos aliados sobre ciudades alemanas que suscribió Churchill para ganar la guerra?..¿Y las bombas atómicas  sobre Hiroshima y Nagasaki que lanzó Truman para acabarla? ¡Y eso que ahora parecen los buenos de la película!…

Se enredan en la actualidad tía y sobrino. Hablan de ETA, los piratas, el terrorismo, Al Qaeda, la tradicional amistad de los pueblos árabes –menos mal que son amigos- el dontancredismo de la ONU,  Castros, Cháveces, Evos, Gibraltar y de Moratinos, que no es Ministro de Asuntos Exteriores, sino de Asuntos Imposibles. Y la tía Clota, candorosa, da un consejo final.

-Anda, sobrino, acércate a Moncloa y recuérdale al pobre Zapatero lo que no le debe haber dicho nadie. Dile que su Julieta, por muy zalamera que parezca, es una lagartona de cuidado…

La luz de la luciérnaga

CourelFueron sesenta kilómetros como fuera del mundo. Su coche era un sherpa. Eso sí, en la provincia de Lugo, dentro de un parque que según los pocos carteles avistados se llama Ancares-Courel. Vueltas y más vueltas, pasar de un valle a otro, verde sobre verde, el brezo morado tintando los riscos más altos. Nadie. Kilómetros de túneles umbríos formados por las ramas de los árboles más frondosos que uno puede recordar. A menudo, chorreones de agua filtrándose por las laderas de bosques espesos de castaños, arces, abedules, fresnos, robles. De vez en cuando, en alguna aldea perdida –Secedas, Sobredo-alguna vaca. Unos pocos tejados de lanchas de pizarra indican que aún vive alguien por ahí. Pero no se ve a nadie. Tan sólo alguna ardilla.

 -No había visto árboles con cara desde que dejé de mirar las ilustraciones de los cuentos infantiles-pensaba Homper, más perplejo que nunca.

Los árboles de ese lugar son tan añosos que cuentan su historia en el tronco. Y acaban mostrando un rostro expresivo, como los del bosque de Pulgarcito o los de El señor de los anillos. No dan miedo, sí admiración -qué artista es la naturaleza- y respeto.

-Y este castaño ya estaba aquí cuando las Cortes de Cádiz- piensa el viajero-Como para que luego venga un imbécil y fulmine la leyenda con una colilla encendida…

La luz limpia y transparente de un soleado día del verano norteño. 21º. Recuerdos piadosos para todos los familiares y amigos que padecen el sartenazo canicular en la España cálida. Y más rabia al escuchar la nueva sangría del verano. En Burgos, bestial atentado de ETA Y en la sierra de Gredos, más familiar para Homper y, lamentablemente, mucho más seca que la del Parque de Ancares-Courel, otro incendio provocado que arrasa de momento tres mil hectáreas.

Homper no quiere sino evadirse. Pero, en el agua del pozo de sus dudas sistemáticas, ve el reflejo de un anciano barbudo cuya cabeza se recorta sobre un triángulo.

-¡Cáspita!-medita el misterioso personaje mientras se rasca la barba-Y lo crié a mi imagen y semejanza…¿Pero era yo tan imbécil?

Por la noche, a la puerta de la casa de piedra del siglo XVIII donde su amigo Manuel Gasset acoge a Homper, una humilde luciérnaga quiere competir en brillo con la media luna. También hacía muchos años que no veía un bichito así. Entonces recuerda la preocupación del Creador y, parafraseando a Groucho Marx, proclama solemnemente.

 -Cuanto más conozco a la especie humana, más amo a las luciérnagas.

Los huevos rellenos y otros motivos de alegría

Aunque es la nmadre de los maravillosos huevos rellenos, hay que reconocer que  se parece al Franco de los años 40...

Aunque es la nmadre de los maravillosos huevos rellenos, hay que reconocer que se parece al Franco de los años 40...

Punto uno: hay momentos del sueño que oscilan entre la realidad y lo puramente onírico. Punto dos: uno cree que sueña más por la noche, pero el subconsciente sigue trabajando a la hora de la siesta. Punto tres: cada día tiene sus dolores, pero también sus alegrías. Punto cuatro: quién sabe cómo y con qué criterios se mezclan en el alma, y cuál acaba siendo su expresión. ¿Un ceño fruncido y un resoplido desesperanzado o, por el contrario, una sonrisa?

Ayer el Duende tenía motivos para la alegría. Lola advierte que el blog ha cumplido dos años. Si, sumados uno a uno los tropecientos posts colgados en la red éstos ofrecieran coherencia entre sí e irresistible interés para lectores de todas las edades, podríamos estar a novela y media de un fenómeno como el Millenium de Stieg Larsson. Hay  otros mundos, pero no están en éste, que no tiene nada que ver con ningún éxito literario. No por ello deja de ser una alegría.

Otra más. Alfonsina estaba contenta. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo le había acabado dando la razón a su padre. Su padre fue en vida magistrado del Tribunal Supremo. Y a ella quizá no le importe, sino todo lo contrario, que el Duende airee los motivos de su satisfacción, expresados en un correo que decía:

Para hacer un poco de memoria, los dos magistrados a los que tocó sucesivamente llamar a declarar a la mesa nacional de Herri Batasuna,  pidieron baja por depresión. Sabían que los batasunos no se presentarían y lo que venía después…

Padre aceptó, y fué cada día al supremo con dos muletas, una sonda y una bolsa. Aguantó amenazas de ETA, aparecer en todas las listas de las detenciones, y no pudo volver a salir sin escolta a la calle. Y aguantó también críticas de los ignorantes que desconocen en qué consiste un Estado de Derecho.

Firmaba, con razón, como una hija orgullosa.

O sea, tenía el Duende, como reconoce, motivos para sonreir. Y sin embargo, en la siesta, se le presentó una gallina. O al menos eso creía él. Nunca  ha tenido cariño especial por las gallinas. No por putas, como dice la metáfora popular para mal comparar. Sólo por bobas y poco simpáticas. Reconoce que le encanta el pollo al curry, a la cerveza, al ajillo y en casi todas sus variedades gastronómicas. Y considera que los huevos rellenos son en verano un plato insuperable. Sin embargo la gallina que le miraba desde los pies de la cama era especial: en realidad no se sabía si era una gallina o Franco en los años cuarenta. Franco, pancita de dictador blandengue, tenía  entonces silueta de gallina. Y con su nariz arqueada, como el pico del ave, y aquel gorrillo cuartelero que lucía en los sellos de su primera época –talmente una crestita ladeada- era exactamente eso: una gallina que quería amargarle la siesta.

-Dices maravillas de mis huevos-le reprochaba-y no protestas porque Gallardón me ha desposeído de todos mis honores madrileños…

Qué horror. Crisis económica,  Kaká y el Madrid como mantra y placebo, el termómetro a 35º, el desánimo inevitable y, como colofón, un Franco gallináceo y que se cebaba con el pobre Duende.

Se levantó sudoroso y obsesionado. Sólo le apetecía invitar a cenar huevos rellenos a Lola, a Alfonsina y a todos los amigos –y mayormente a las amigas- que se asoman por aquí.

Con un pie en el estribo

Road Movie

Habrá que dar explicaciones.

Por una parte, el ordenador empieza a hacer sus extravagancias. Ahora, cada vez que el Duende lo enciende, le sale uno de esos avisos inquietantes que lanza no el Gran Hermano, sino el Hermano Cabrito en que se ha convertido la informática. Después de haber trabajado con  el aparato sin cables durante el fin de semana, el primer mensaje, sobre fondo oscuro y con esa tipografía de vieja máquina de escribir con que suele avisarte de las meteduras de pata, dice que por culpa de la batería –no se sabe qué tendrá que ver el culo con las témporas- debe apretarse la tecla a  F1 para empezar a operar. Lagarto, lagarto. Además se ha desformateado –perdón por el palabro- el correo. Y también le han salido nuevas ventanas, trámites, trampas, putaditas para entrar en nternet. Todas estas irregularidades le asustan al Duende. Le parece la nueva versión de ese terror psicológico del que tiran ahora las películas de miedo como El sexto sentido.

De otra parte, finist est Carcajada. O, como poco, cerrada hasta septiembre. Váyase a saber si es la crisis, el tedio o la necesidad de refrescarse. Ya no hay que grabar todas las mañanas. Ya no es indispensable estar en casa.

Finalmente el Duende se escapa. Del calor, de Madrid, de todo lo demás. Y emprende viaje al feudo de los que aquí llamaban  la reina del bosque, que también conocidos como Lola y Fred. Lo primero suena a película de Walt Disney , lo segundo a película de Fellini. Aunque al final vaya a ser una road movie, una de esas historias donde el protagonista es precisamente el viaje.

El Duende mete en la mochila el ordenador. Y procurará no ausentarse demasiado: el silencio es la agonía. Pero el viajero propone y Dios dispone. Intentará seguir escribiendo. Así y todo, y por pura deformación de  lo que casi fue una profesión, escucha la radio mientras escribe este post. Caso Gürtel, Ahmadineyad, otro zulo de ETA, nuevas boqueadas de la crisis, Villa se aleja del Madrid…Qué aburrimiento.

Y el níspero de ayer ya no tenía más jugo. Hay que ver nuevos horizontes.

El delincuente heroico

Su delito será reprobable, pero él no dejará de ser un  héroe admirable

Su delito será reprobable, pero él no dejará de ser un héroe admirable

Había sido un ciudadano de esos que llaman modelo. Jamás había roto un plato.

De niño fue cuidadoso y aseado, respetuoso con sus padres y profesores, cariñoso con sus hermanos y buen amigo de sus amigos. Si veía a un ciego tanteando la acera con el  bastón, se ofrecía para ayudarle a cuidar la calle. Si tropezaba con un mendigo, se rascaba el fondillo de sus bolsillos hasta coger una moneda y depositarla en la mano del necesitado.

Compartía la bolsa de pipas, el cubilete de chufas, las bolas de anís, las chocolatinas Nestlé, el chicle Bazooka y hasta las chapas y las canicas con su compañero de pupitre. Y era tan respetuoso de la ley de Dios, que hasta corría a confesarse cuando Dori, la panadera, se inclinaba tras la barra de mármol para coger la pistola y, sin darse cuenta, dejaba entrever por el escote aquel glorioso par de tetas que le trastornaban.

-Padre-decía-me confieso de que me he deleitado mirando el canalillo del entrepecho de la  panadera.

-¿Tú, con lo bueno que eres?-le preguntaba el mosén incrédulo.

-Sí padre. Si hasta el más justo de los justos peca al día más de setenta veces siete, imagínese esta pobre criatura, con lo que requetebuena que está Dori…

Estudió derecho y terminó de forjar su personalidad aprendiendo las virtudes morales y cívicas que le faltaban. Se empapó del espíritu de las leyes. Y se convirtió un conspicuo adalid del estado de derecho, haciendo suyo el dura lex, sed lex de los romanos  y el famoso aforismo de odia al delito y compadece al delincuente.

Pero un día se enteró de que un vasco al que los amigos de ETA habían destrozado su hogar con una bomba, se había tomado cumplida venganza arrasando la herriko-taberna donde se reunían los autores de la fechoría. Cogió un bate de béisbol y la emprendió a estacazos contra aquel cubil de canallas.

Aquel vasco había cumplido escrupulosamente la ley del Talión haciendo a sus agresores lo mismo que ellos le habían hecho a él con la impunidad consentida de un gobierno que mira para otro lado cuando le peta. Pero, naturalmente, había quebrantado el respeto a la propiedad privada, y fue detenido como delincuente convicto y confeso.

Y, por primera vez en su vida, el hombre probo que nunca se había apartado de la ortodoxia, aplaudió con las orejas un delito. Luego se miró al espejo y vio ante él a su propia conciencia, antes tersa y limpia, cuarteada y putrefacta, como si fuera el retrato de Dorian Gray.

Pero le dio igual. Esta vez no sólo no confesó confesó su pecado cívico, sino que durmió feliz como un niño agradeciendo el arrebato justiciero del delincuente heroico.

La coronilla de Ibarreche

Una de las cosas que más perplejidad le causó en su día a Homper -el Hombre Perplejo, no lo olviden- fue un ascensor del Banco Santander donde por primera vez pudo verse al completo. No fue la suya una visión tan desalentadora como la del retrato de Dorian Gray, pero tampoco precisamente agradable. Los bancos siempre deben mostrar su opulencia en cualquier detalle. Y aquel ascensor no se conformaba con espejos en las cuatro paredes, que tanto alivian el gesto de bobo serio que indefectiblemente pone el viajante de Schindler, Otis Zardoya o Thyssen. Aquel ascensor lucía además un espejo en el techo que reflejaba en sus paredes la primera visión cenital del visitante.

-Horror-exclamó Homper-¡Me apunta una coronilla como la de Ibarreche!

El lendakari Ibarreche es el más alto representante del pueblo vasco. Eso no es incompatible con su aspecto de fraile figurante en El nombre de la rosa. En esa cabeza, lo que empezó siendo una digna tonsura monacal se va convirtiendo en un casquete polar que día a día gana paralelos hacia el sur. Sin embargo, la coronilla de Ibarreche es selectiva. Se supone que, a más superficie de la misma, mayor sensibilidad para el hartazgo. Y no es exactamente así.

El Lendakari está hasta la coronilla de España, el estado, la Constitución, el Tribunal Constitucional y la rigidez de esta democracia que no permite el ejercicio del derecho de autodeterminación. Pero sin embargo no parece que su coronilla extensiva llegue a percibir los excesos del nacionalismo que dan alas a ETA. Estos siempre le sorprenden como si él hiciera todo lo posible por evitar los desmanes terroristas. Si no, algún día declararía tajantemente que también está hasta la coronilla de ETA y sus marcas blancas, le den o le quiten votos y poder en el gobierno autonómico, los ayuntamientos y las diputaciones.

Otro alopécico vergonzante como Anasagasti descubrió que los etarras eran terroristas el día que su anciana madre casi se chamusca en un autobús urbano que incendió la llamada kale borroka. Hasta entonces quizá confundía a los cachorros de ETA con los boy scouts. Y Homper tampoco lo entiende. Cuántas coronillas, tan despejadas o más que la suya, y sin embargo tan insensibles para lo que no les interesa.

Homper hace tiempo que no ha vuelto por aquel ascensor delator. Y aún sin ese testimonio visual se ha dado cuenta de que con su calvicie también avanzan los límites de su paciencia. Por eso hoy puede afirmar con absoluta seguridad que está hasta la coronilla de todos los tontos, cínicos, hipócritas y engañabobos que cuando les convienen disfrazan la suya bajo la chapela.

-Ya se que no sirve de nada decirlo-aclara Homper-Pero en días tan aciagos como hoy, al menos desahoga…

Contra ETA y otros motivos para la náusea

La bella dama confesaba que no podía vivir sin flores alrededor, sin ir a todas las fiestas y sin lucir su palmito en el hipódromo los domingos. Y al final se preguntaba si no debería de aprender algo de inglés para no parecer tan tontita. No se preocupe -le aconsejaba un anciano con  canotier, monóculo y perilla. Siga siendo una frívola: vivirá más feliz y dentro de cien años nadie se acordará de ello.

 Se acordaba en cambio el Duende de esta escena de película cuando repasaba los marrones generales y particulares que uno se tiene que tragar cada día. La bestialidad de ETA, el cinismo de sus defensores, la eterna patraña de los políticos encubridores, la crueldad inconsciente de los tifones y los seísmos, las angustias que nos trae la crisis económica, las guerras que ya casi nos resbalan, la intolerancia, la memez,  la miseria moral, la ceguera de buena parte del género humano.  La náusea existencial. Y lo que te rondaré, morena: cada cual con su problema, con su dolor particular, con la esquirla de una obsesión o una preocupación clavada en su alma.

 Y en estas que su Vespa, que enfilaba la Gran Vía, se elevaba como las bicicletas de los niños amigos de E.T. y seguía el recorrido de la calle a esa altura en la que uno puede ver uno de los paisajes urbanos más bonitos de España, que es la estatuaria que corona los edificios representativos de Madrid. Cuántos romanos, cuántas cuadrigas, cuantos ángeles, cuantas deidades, cuantos escudos y medallones. Qué bonito, qué sugerente, qué estimulante pasar a su lado y rascarles las barbillas de piedra. Qué sensación de pequeño dios.

 Y qué trampa. Todo era producto de la pura imaginación. Y de una estrategia que consiste en estrangular la Ley de Murphy a tu favor: toda situación grave es susceptible de ser burlada con una o varias cataplasmas de frivolidad.

 Al final, ya en casa, y no sin mirar un instante el estupendo coche de bomberos de hojalata que le ha regalado uno de los lectores del blog, el Duende se premió con una chocolatina 72% de cacao, se lavó los dientes, y con el spray de espuma de afeitar escribió en el espejo el cuarto de baño: ¡Viva la frivolidad!

 Si no falla la terapia, dormirá como un príncipe.

Nuestra adorable Jocelyn

Entre los recientes comentaristas del blog ha descubierto el Duende a Joce. Joce  es el apócope de Jocelyn, la íntima amiga de doña María, cuya novelesca historia es todo un ejemplo de superación. Los curiosos podrán conocer sus peripecias -no siempre ejemplares- en el capítulo 8 de Las poblemáticas de doña María, pero quizás aún haya quien la recuerde de sus intervenciones en Hoy por hoy. Jocelyn entraba de cuando en cuando por teléfono,  y era el pasmo de Iñaki Gabilondo. ¿Quién es? -le preguntaba al Duende- ¿De dónde has sacado a esta chica tan graciosa?. Por cierto, viéndole ahora como severo observador de la realidad en la 4, nadie diría que este hombre  se reía a mandíbula batiente escuchando a las dos vecindonas de Los Arándanos. Qué pena que Aznar le cambiara el metabolismo.

 Jocelyn era un ejemplo puro de radio  natural, tan fresca y espontánea como la persona que le daba vida. No se trataba de una actriz ni de una periodista, sino de una pipiola recién graduada en Ciencias de la Información  que buscaba trabajo como creativa en la agencia del Duende, donde pronto se integró y se entendió  las mil maravillas con todos. El guión era tan  sencillo como llegar a la oficina a las nueve, echar un vistazo a los periódicos, y decirle a Joce: doña María cuenta contigo para hablar de la poblemática  de las carreras de las medias. No hacía falta más, porque a la chica le sobraba desparpajo. El Duende se subía a la Vespa y diez minutos después estaba en la SER tan pancho. Ya le sacarían las castañas del fuego María y la simpar Jocelyn

 La verdadera identidad de las voces de la radio es siempre un reto para el oyente. Nadie escuchando a aquella criatura tan simpática y divertida podría imaginar el drama que había vivido de niña. Inés -que así se llamaba en realidad- era la hija del comandante Jesús Velasco, asesinado por ETA en 1980. También lo es de Ana Vidal-Abarca, una auténtica heroína civil que, al menos para el Duende, está en el apartado de mujeres admirables sólo un poco por detrás de Santa Teresa, Agustina de Aragón o Manuela Malasaña. Y aún no sabe uno si es peor haber luchado contra el miedo y la insensibilidad que provocaba el terrorismo entonces que contra el gabacho invasor. Porque en 1808 se levantó el pueblo en armas, pero cuando esos canallas que algunos llaman gudaris mataron al padre de Inés, había que contemporizar. Han tenido que pasar veintiocho años para que un tribunal prohíba que un parque infantil lleve el nombre del asesino. Hay que ser  santo para resistir con dignidad tanto dolor e incomprensión.

 Fuera la mano de esa madre estupenda, o de ese Dios que dicen que tuerce los renglones para escribir recto, el caso es que Inés ha resultado ser una de las mujeres más alegres y felices que uno conoce. Aún en la agencia, ocultaba discretamente su llanto cada vez que la ETA reabría su herida infantil con un nuevo atentado. Pero su carácter -de casta le viene al galgo- podía con todo. Después de haberse casado con un tipo cabal y de haber criado tres recentales que parecen la defensa del Alavés, hoy es creativa free lance a tiempo parcial, y amiga generosa y entusiasta  mañana, tarde y noche. Su alegría y su contagioso deseo de disfrutar la vida son un bálsamo para los pusilánimes, y un fracaso para los terroristas que mataron a Chus Velasco.

 Muerte, ¿dónde está tu aguijón?…Infierno…¿dónde tu victoria?  Esta cita   de Corintios  se incluye en el Réquiem Alemán de Brahms  que el Duende canta este fin de semana. Y al ensayarlo con sus compañeros de coro, se acordaba de  la invencible sonrisa de Inés. Ese sol de  chiquilla que para doña María, más de Manolo Escobar que de  Brahms, siempre será la adorable Jocelyn.      

El cuento de la mala pipa

No volvía el Duende a comprar una bolsa de pipas desde  la mili. Craso error,  seguramente. Si la gran felicidad no existe, y se apuesta por los pequeños placeres como terapia sustitutoria, no se explica cómo puede haber dejado de lado a este que es tan diminuto como sabroso. La pipa en sazón bien tostada y salada tiene un sabor característico delicioso. Las pipas de girasol, como quien no quiere la cosa, distraen las hambres con mucho ingenio. Ramón Garrigues, un arquitecto que es además experto en chuches,  mantiene que sirven además para no dormirse cuando se conduce por la noche. Hace décadas las pipas no tenían ni denominación de origen ni siquiera marca, hasta que vino Facundo y consagró su nombre como si fuera un Davidoff de esta popular oleaginosa. Inolvidable y digno de conservarse en el Museo de los Hallazgo Publicitarios si lo hubiere es su mensaje más famoso, en el que con una imagen de cómic primitiva y una grafía un tanto rústica  se ve a un pobre toro estoqueado agonizando con este  lamento en su boca: ¡Y pensar que dejo el mundo/ sin probar Pipas Facundo!…

 Ya extraña que aún no se haya destapado algún estudio de la universidad de Osaka, de Maguncia, o de Glasgow  que nos amargue la vida anunciando sus preocupantes conclusiones. Por ejemplo: que más de cien pipas de girasol a la semana son terribles para el colesterol, amariconan a los espermatozoides o precipitan la osteoporosis precoz. También tememos que el Gran Hermano nos recuerde de un momento a otro que esa es la dieta que necesita una tórtola turca para sobrevivir, con lo cual nos hará cómplices de la posible extinción de la especie si seguimos abonados a la nefasta costumbre. Finalmente vendrá la Organización Mundial de la Energía para advertir que, además, la afición a las pipas encarece el girasol y, por ende, el bioetanol. Con lo que ciegan el camino a las energías alternativas que han de redimir a la humanidad. Ni un día sin flagelarnos: incluso nuestra respiración acabará siendo irresponsable e insolidaria.

 Entretanto, y hasta a que nazca el CROPCOPI (Comité Regulador de la Producción y el Consumo de Pipas) se preguntaba el Duende  a las puertas del cine donde las compró cómo consumirlas sin dejar de ser buen ciudadano. ¿Cómo abrir ese paquete sin tener que luchar contra ese odioso termosellado que se niega a despegarse? ¿Dónde depositar sus cáscaras para no ensuciar la vía pública? ¿Molestan tanto  en el cine como el olor a cotufas? ¿Ante qué organismo hay que protestar por el exceso de pipas vanas en el paquete?…

 Esas dudas atormentaban al Duende mientras veía Todos estamos invitados, la nueva película de Manuel Gutiérrez Aragón.  Va de ETA, de sus métodos y de esos buenos vascos que hacen la del avestruz y ni ven ni escuchan nada anómalo que amargue la vida -hasta quitársela-a los discrepantes. Así que no está seguro de que el mal sabor de boca  con el que salió del cine se deba a las buenas pipas de girasol de toda la vida. Sino a este otro cuento de la mala pipa que, lamentablemente, tampoco acaba nunca. 

 

El poyaque de Bermejo

Enano de jardin

(Foto de Juergen Kurlvink)

Antes de destacar como fiscal estricto y ministro lenguaraz, Mariano Fernández Bermejo ya era lo que se dice un hombre del pueblo. Nació en Arenas de San Pedro, en una familia acomodada de cinco hermanos. Su padre simpatizaba con la Falange, y puso una gasolinera que hacía muy buena caja. Mucho antes, su abuelo materno, un docente republicano que esquivó el franquismo como pudo, había fundado un colegio. El Duende pasó muchos veranos en Arenas de San Pedro, y recuerda aquel Colegio del Carmen, instalado en un edificio cuadradote de corte decimonónico y rodeado de un gran jardín. Estaba en la cuesta de Lourdes, a la salida del pueblo en dirección a Ávila. Fantasmas del pasado. Arenas es uno de los pueblos que más ha maltratado su propio patrimonio arquitectónico, por lo que hoy en ese solar se levantan horribles pisos. También recuerda el Duende al abuelo, siempre vestido de negro y con corbata. Y, sobre todo, a una de sus hermanas, Pepita, de piel fina y blanca, cara guapa y delicada figura. Parecía una dama de un retrato de Madrazo. En una etapa, el Duende la miró con interés preferente, luego ella se casó y acabó de profesora de matemáticas en Valladolid. Las cosas. Además de estos apuntes el hoy ministro de justicia fue bajista con los Cirros, jugador de fútbol-me temo que simpatizante del Real Madrid- y cazador de pelo y pluma. Se supone que tenía buena puntería.

Tanto con la guitarra como con el balón al hoy ministro de Justicia se le veía que era un tipo simpático y con desparpajo. Después lo ha demostrado largamente. Por ejemplo, hace poco argumentaba que no se había ilegalizado antes a ANV porque eso tocaba a la médula de la democracia, que es el derecho de representación. Se podría haber opuesto que muchos de los que querían ese derecho hacían apología del terrorismo, y así también tocaban a otro derecho fundamental como es el derecho a la vida que le arrebataron a las víctimas de ETA. Pero Mariano era extremo izquierda, como Gento, y una de sus habilidades es el regate en corto, amagar por un lado y escapar por el otro. Antes no había pruebas para proceder, ahora sí. Una finta jurídica. Por eso, tan agudo y casticista como normalmente se produce, extraña que no haya salido el ministro al paso de las críticas que ha levantado la reforma de su piso con lo que Braulio, siempre tan preciso en sus chapuzas, denomina el plus de poyaque. Algo que hubiéramos entendido todos los españoles.

El plus de poyaque es el que todo hijo de vecino asume cuando se lanza a una obra de reforma en casa. Poyaque tenemos que cambiar el suelo de la cocina, la alicatamos toda y renovamos los muebles. Poyaque hay que tirar el baño, aprovechamos y le hacemos una sauna. Poyaque hay que instalar el riego automático en la terraza nos estiramos un poco y le ponemos un surtidor con tritón y una barbacoa sustentada en enanitos policromados de piedra artificial. Cuando el particular ve a lo que subido el plus de poyaque normalmente se lleva las manos a la cabeza. Pero en este caso, aunque haya ascendido a casi un cuarto de millón de euros, no ha sido así. El inmueble es de Patrimonio Nacional y, como bien ha recordado Zapatero, aparte de ser un deber mantenerlo, todo queda en casa.

Poyaque nos lo ha aclarado el presidente, sólo queda recordarle a Bermejo que otra vez no se acoquine y de la cara. El que esté libre de poyaque, que tire la primera piedra. Además, con una hacienda pública tan generosa como tenemos…¿qué es una raya más para un tigre?

El extraño dolor de las siete menos cuarto

Dolor de pies en hospital 

(Foto de Angelant)

Se encuentra el Duende, y perdón por lo pretencioso de la comparación, como Jesús entre los doctores. O, más precisamente, como Sócrates: sólo se que nada se. Por lo menos, de lo que parece saber todo el mundo, que es de las matemáticas como soporte de cualquier relación lógica. Pensaba que, fuera de una apreciación cinematográfica,  el asunto del post de ayer iba a resultar de lo más espinoso y difícil de digerir. Y resulta que, sin que el Duende lo sospechara,  media nómina de lectores del blog lleva un Rey Pastor liofilizado en el bolsillo. Ha bastado que les ofreciera un caldo de cultivo y lo han soltado en él para que se desarrolle. Vaya chasco. Va a resultar que éste no es un blog para frivolidades y para la evasión. Esto es una academia de ciencias exactas.

¿Saben igual de todo? Porque el Duende quisiera consultar un fenómeno singular que lleva registrando en su pie izquierdo desde hace algún tiempo. Y como por lógica sólo cree en la causalidad, no duerme buscando su razón. Probemos si el blog también sirve de sociedad de socorros mutuos. Please, help the Duende.

Verán, muy a menudo, se despierta a las 6’45 a.m. con un agudo dolor en los dedos anular y corazón del pie izquierdo. Por cierto: ¿se nombran así a los dedos de la extremidades inferiores? ¿Incluso aunque no nos pongamos jamás un anillo, como en el correspondiente de la mano? Vayamos al grano: a esa temprana hora de la mañana un dolor intenso e inexplicable flagela esos concretos miembros de su añoso cuerpo. El Duende se despierta dolorido, se inquieta. Enciende la luz y no percibe a simple vista hinchazón alguna. Aprieta los dedos culpables entre sus manos y no percibe que aumente por ello la intensidad  del dolor. Éste es recurrente desde hace años. Aparece y desaparece como las caras de Bélmez, cuando le peta. Según Félix Bragado Mayol, gran amigo del Duende experto en bien vivir y doctor en mariscos, pudiera ser gota. Como la de Felipe II, o como la del abuelo Cebolleta, que aparecía siempre con el pie vendado. A él le ataca de vez en cuando en los dedos gordos de los pies, y dice que en tal caso hasta el peso de la sábana  le lacera aún más. Pero el Duende aguanta perfectamente el edredón, y no sufre más por eso. Además, no tiene problemas de ácido úrico, y apenas levantado de la cama el dolor desaparece. Sólo le deja la desazón de su  sinrazón.

Por lo que sufre el Duende es por no saber el origen de ese dolor fantasmal, y por qué para en él. ¿Es un alivio del cielo para ahorrarle el mal trago de asustarse con el despertador? ¿Es otro efecto del cambio climático? Hace unos días el Duende  vio una de las últimas fotos de la Duquesa de Alba, y pensó qué mala vejez la de la niña de El exorcista: ¿es un conjuro del  cirujano plástico de Cayetana por tan perversa asociación de ideas? ¿Es el símbolo de que, como a Unamuno, al Duende también le duele España, aunque sea sólo en dos dedos? ¿Es un estigma provocado por alguien que le malquiere y le hace vudú en la distancia? ¿Es una señal de que el gobierno cojea de su pie izquierdo, y por eso se ha decidido a ilegalizar a los amigos del ETA?

Señor, Señor…Haz que los sabios lectores del Duende iluminen su camino con su sabiduría. Acabará el Duende, si no, enmendando a su manera el celebérrimo soneto:

No me  mueve mi Dios nara quererte

el cielo que me tienes prometido.

Ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por ello de ofenderte.

Muéveme, Señor,  que me despierten

dos dedos del pie izquierdo doloridos,

un tormento, un absurdo, un sinsentido

sin saber por qué sufro yo esa suerte…

Las melonadas de Zapatero

El melón de Zapatero

(Foto de Ricardo Alvarez)

Sensacional: el presidente de gobierno se deja entrevistar a fondo y no por el director de EL PAÍS. Los tiempos cambian.

Más sensacional todavía: en esa larguísima entrevista, Zapatero asegura que toma el melón con sal por costumbre familiar. Su abuelo el capitán Lozano, natural de Alange, provincia de Badajoz lo comía así. Lo que más llama la atención es la razón aducida:  dice que era  un sustitutivo del melón con jamón, plato exquisito que quedaba fuera del alcance de las familias modestas. Uno no sabe, pero diría que por entonces no se tomaba ese plato en España. Sospecha incluso que probablemente extrañaría, pues  la mezcla de sabores salado y dulce no era a la sazón lo habitual.

Lo del melón con sal es la anécdota de la entrevista. Sin embargo,  las tertulias radiofónicas la convirtieron en la comidilla del día. Estupefacto le deja al Duende la ignorancia  de algunos de los tertulianos. ZP puede decir y hacer alguna tontería, pero lo de echar sal al melón es probablemente la más acertada de sus decisiones, pues así mejora incluso el melón pepináceo. Se puede añadirle aún más sabor con gotitas de limón. Harían bien en decírselo al presidente Zapatero.

Pero insisto, no es más que una anécdota. La entrevista revela asuntos más importantes. Sorprende conocer algunos  de ellos a dos meses de las elecciones. Y sobre todo,  por boca de un presidente que se hartó de repetir el slogan de que no merecemos un gobierno que  nos mienta. Tanta ingenuidad -decir que no negociaba con ETA entonces y desdecirse  ahora-  hace pensar que entre los asesores de ZP se ha infiltrado algún estratega del PP

Ha habido otros errores de cálculo, despistes o patinazos. No será por incompetencia ni por bellaquería,  sino por  el natural buenista y roussoniano del Presidente. Como la paloma de Alberti, se equivocó Zapatero, se equivocaba. Creyó que los terroristas estaban dispuestos a ser gente de paz, y ahora cree  que la sal en el melón hace olvidar al jamón. Bienaventurados los que tienen buena fe. Pero qué pena que no se quedara en lo último. Se habrían evitado otras melonadas mayores que tal vez acaben pasando factura.


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