Posts Tagged 'Francia'

El Duende de verano (6) La larga pausa

En esta larga pausa de verano entre post y post, el Duende vio entre otras cosas un martín pescador en el Manzanares...

1. Excusas

Le gratifica sobremanera a este duende saber que al menos una persona llamada Acacia lee sus contados posts de verano. Qué encanto. Últimamente incluso introduce algún comentario. El duende viajero se pone en su pellejo y la valora doblemente. Por buena amiga y por su coraje. Piensa que, en su lugar, lo último que a él se le ocurriría un día de este aplastante verano que nos aflige sería buscar consuelo en el blog de un ciudadano que ni es VIP, ni es sabio, ni es  ni es figura política, ni es futbolista, ni tampoco atro del cine, ni es un gran escritor, ni periodista de opinión reconocida, ni hace más viajes o emprende más aventuras que las esperables en un pequeñoburgués.

A falta de más noticia que  la visita del Papa, la ruina de la economía y la descomposición del orden mundial, que ya no se sabe si es nuevo, viejo o simplemente desorden, los periódicos y revistas rebobinan y regalan relatos de ilustres que se las tienen que arreglar para llenar el vacío estival. Resucitan a Borges y Bolaño, exprimen a Vargas Llosa, a Javier Marías y a Maruja Torres y aprovechan recetas y postales de estrellas o estrellitas: Ana Obregón, Belén Esteban, Bertín Osborne,  Rosa Benito. (A fuer de sincero, confiesa que esta última no sabe exactamente quién es: sólo le consta que es rubia y que sale por la tele, ergo presume que al menos será famosa). Frente a plumas de esta categoría, qué les iba a contar un simple observador de naderías.

Así y todo, otros veranos pasaba el cepillo de carpintero sobre la actualidad y sacaba  virutas de la nada. Ya no. Algo le dice que está pasando el momento de los blogs (ahora, todo pasa a toda leche). Él será de los últimos que se recicle en los formatos esos de Twiter o Facebook, pero no ha tenido más remedio que dosificarase. Por cierto, que la culpa de eso no siempre ha sido de este bloguero. Él metió el ordenador en la mochila sin acordarse de que aún hay muchos lugares sin cobertura de wi-fi, y muchos hoteles sin siquiera una mesita en la habitación sobre la que ponerse a escribir. Pensaba en los demás, haciendo surf, navegando, haciendo castillos de arena en la playa , jugando al golf o viajando por Finlandia (qué suerte, ahí estarán fresquitos). También descubría, oh, sorpresa, que a su edad el lujo de no hacer nada ni siquiera le produce remordimientos de conciencia. Y así ha pasado lo que ha pasado.

2. Puntos por tratar

Pero hay materia, ya lo cree este chamarilero de la observación. No ha tomado notas por escrito de lo que ha visto y ha pensado, pero así a vuelapluma, más tarde o más temprano, algo dirá de lo que ha sido este verano de la vida en general y de su peripecia particular. Como por ejemplo:

-De la visita del Papa. Ya anticipa el bloguero que a la luz de su conciencia cristiana y de su fe católica  -con visibles grietas, eso sí- lo menos que le inspira este fenómeno es estupor. Doscientos confesionarios montados en el Paseo de Coches del Retiro…¿Asesoraban Buñuel y Fellini desde el más allá a los organizadores del JMJ?

-Del sálvese el que pueda. Mientras el bloguero vagaba por ahí oxigenándose, la economía se hacía el hara-kiri, y los informativos nos avisaban de que el sunami económico arrasaba la enésima esperanza de recuperación. No somos nadie, y si lo somos podemos dejar de serlo en cualquier momento.

-De una villa llamada Obanos. Se ha movido bastante este duende. Y después de haberlo hecho por Escocia, paseó luego por Navarra y hasta por el sur de Francia. Uno de esos días paró en Obanos, en la tierra de Estella, y se acordó de Angelus Pompaelonensis, maestro de profesión, fino humanista, antiguo seguidor de este blog y vecino de esta  villa. Le hubiera  gustado encontrárselo por las calles de su pueblo, y hablar con él, pero no tenía su número de teléfono. El Duende a veces se arrepiente de ser un improvisador. ¿Angelus, estabas ahí?…

-Del martín pescador que sorprendió en el Manzanares. No es lo más importante, pero sí una de las experiencias más emocionantes del verano, y en una pausa madrileña entre un viaje y otro. Fue en el Manzanares que queda después de pasar por Madrid, entre la capital y Rivas Vaciamadrid. No se lo creerán, pero este bloguero les jura que vio multitud de anátidas nadando por sus aguas. Y, más aún, que un martín pescador, con su inconfundible plumaje turquesa y su largo pico, sobrevoló fugazmente por entre los fresnos y chopos que arbolan sus riberas. El martín pescador, un pájaro señorito que dicen que siempre exige aguas limpias…Cosas veredes, Sancho.  Ahora va a resultar que el Manzanares es un río de verdad, como  cree Gallardón.

Cambiando de aires 4/ Francia, grande

Hasta el lugar más impresionante del mundo puede convertirse en un horror cuando millares de turistas caen sobre él al mismo tiempo...

Francia es el país más grande de la Unión Europea. Es casi 140.000 km2 más extensa que España, pero sostiene este bloguero que la diferencia psicológica puede ser aún mayor.

Ocurre, en efecto, que en España la mirada del curioso se puede conformar con sobrevolar determinadas zonas para darles por conocidas. Tal es caso de las mesetas y llanuras castellanas, o de las vasta zonas semidesérticas de Los Monegros, Murcia y Almería, o de la llamada Siberia Extremeña, o de los mares de olivos del plateado Jaén, o de las  muchas montañas o abruptos serrijones que son, cuando menos, tortuosos y difícilmente accesibles. Tanto terreno que uno no podrá andar, y que, abarcado a veces en una sola mirada, cree absorber de un solo golpe de vista. A estas alturas de la vida, y aún valorando sobremanera los dramáticos  y, quizás por ello,  fascinantes contrastes de nuestra tierra, uno agradece mucho los paisajes mansos. A veces demasiado previsibles, pero casi siempre bonitos.

-Me gustaría morir después de haber recorrido todos los caminos –dijo una vez el Duende.

Francia está llena de caminos. Casi todos gratos. De hecho, una de las conclusiones de este viaje estival es que en agosto se debe huir de cualquier punto señalado en la guía con tres estrellas. Por curiosidad, por paletería, por aprovechón, por aquéllo de al menos poder contarlo y, en definitiva, por falta de personalidad, este viajero no se quiso perder, en vivo y en directo, una de las postales más famosas del mundo. Y alargó su itinerario hasta el Mont Saint Michel.

-Me quiero morir- se dijo cuando, después de sortear una masa multirracial de turistas consiguió penetrar la muralla que lo rodea.

No llegó a entrar siquiera en el recinto de la abadía. Fue sólo asomarse a la ciudadela que la guarda para sentirse tan agobiado como en el primer día de rebajas de El Corte Inglés. Se dio la vuelta, escapó del gentío que se agolpaba en una única calle atestada de tiendas de souvenirs y, aprovechando la marea baja, dio un paseo circular alrededor del famoso monte para ver ese monumento de la Humanidad desde el único punto que podía evocar su razón de ser. Sólo desde el mar sugería el Mont Saint Michel la soledad y el misterio que uno busca en esos lugares. Lo de dentro,  arte y piedras aparte, que apenas se podían disfrutar, era sencillamente un espanto.

Así que anduvo el bloguero por otros caminos menos transitados. En todos ellos vio cosas interesantes. Y en todos se preguntó cómo siendo Francia tan grande, tan bella, tan cercana,  tan rica en su oferta cultural, tan placentera en la mesa y, fuera de París, no mucho más cara que España, despierte en los españoles menos interés que muchos otros destinos turísticos más complicados.

¿Pasó el encanto y la fascinación que la France despertaba en la generación del Duende? El aroma de la libertad, la cultura, el cine, la canción, el arte y el buen gusto que tanto nos embobaban entonces…¿dicen algo ahora a los jóvenes de hoy? Todos saben o quisieran saber inglés, pero…¿se molestan siquiera en aprender nociones básicas de francés?

Malgré tout, piensa el bloguero, Francia sigue siendo grande en todo. Tanto, que uno puede perderse por sus entrañas y olvidar que el mes de agosto es el peor para echarse a la carretera y ver mundo. No aburriremos con muchos pequeños detalles, pero aún contaremos algunas impresiones más que anotamos en nuestro cuaderno de ruta.

Cambiando de aires I/Un olvido imperdonable

La llave del apartamento, que tanto a Jack Lemmon como a este bloguero le ha causado tantos disgustos y cabreos...

1

Se va uno de donde no está a gusto buscando escapar de sus particulares fantasmas. Y a eso se le suele llamar vacaciones.

La noche antes de la partida fue concluyente.

-O te vas, o te hago la vida imposible-parecía insinuarle el destino a este bloguero.

Y se lo insinuó de esa forma tan cruel y divertida que parecía una película de Billy Wilder. Pensaba el muy inocente escaparse rumbo al norte, quizás más allá de los Pirineos, descubriendo algo, un cachito de ese gran país que el neocolonialismo cultural anglosajón ha dejado en segundo lugar. Francia. Francia, que cuando uno era niño significacaba pecado, francamente pecado: ya saben la historia de Juanito Bernaola, que viajó a san Juan de Luz en los años cincuenta del pasado siglo para deleitarse con esa depravación llamada striptease y que luego, al regreso, murió en accidente de coche y, lo que es peor, …¡en pecado mortal!

Bueno. Pues pensaba escaparse a ese lugar de pecado que era antes Francia cuando la noche antes, por aquello de dejar el coche cargado, sale de su casa con todas las llaves pertinentes. Antes de franquear el umbral con las maletas, instantes de meditación: el hombre que vive solo no puede permitirse el lujo  de un olvido en las llaves. Así que antes de salir, repasa mentalmente ante la puerta abierta. Llaves de la casa, imposible olvidarlas, están colgando por la parte de dentro, siempre las deja así, fue consejo de un buen amigo.

-Así nunca las olvidarás- le dijo con la mejor de las intenciones- Y nunca saldrás de casa sin ellas.

Ja.

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En este manojo de llaves estaba la llave que da paso al garaje desde el ascensor, llave no menos importante si se quiere cargar el coche la noche antes. Pero para este menester hacían falta, ay, la propia llave del coche y la de la Vespa que, aparcada ante el portón trasero del coche, impedía la carga del equipaje.

-Muchas llaves para un solo instante –pensaba el viajero mientras las recogía del cajón del pueblecito del hall y se las metía en los bolsillos- Menos mal que estoy haciéndolo bien, sin olvidar ninguna.

Se convencía a sí mismo de que todo estaba en orden mientras sacaba el enorme saco de viaje al descansillo y pulsaba el botón para llamar al ascensor. Y una vez más se palpó los bolsillos asegurándose de que no le faltaban las llaves y los mandos oportunos, toda vez que las llaves de la casa, como estaban colgadas y uno no las puede evitar al abrir la puerta para salir, seguro que no se le iban a olvidar.

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Y no se le olvidarían, seguro, en circunstancias normales. Solo que en este caso distraía su atención algo que normalmente no ocurre en su vida. Primero, que se iba de viaje de duración indeterminada. Y además que, en  medio de su aburrida vida pequeñoburguesa…¡el viaje era a la Francia del pecado que costó la salvación a Juanito Bernaola!

Así que, convencido de que hacía las cosas bien, cerró la puerta de la casa. Justo apenas unos segundos antes de darse cuenta de que había ocurrido lo que  pensaba que nunca le iba a ocurrir. Y es que, con tantas cosas en la cabeza, había olvidado lo esencial. O sea, sacar las llaves que colgaban por el interior de la puerta.

4

Eran las diez de la noche  de un sábado 7 de agosto de calor africano en un Madrid apartado y aparentemente semivacío. En el pequeño bloque de viviendas no se veían más luces que las de las ventanas del viajero. Y este se encontraba vestido con bermudas y alpargatas, con un saco de viaje que ahora no podía cargar por carecer de la llave interior del garaje y sin posibilidad alguna de entrar en casa. Aún a riesgo de quedarse fuera toda la noche –entre las que faltaban, también estaba la llave del portal- se echó a la calle, se sentó en un banco del parque vecino, hincó los codos sobre sus rodillas y hundió su cabeza entre las manos.

-¡No puede ser! –se dijo- ¡No puede ser que esto me haya ocurrido a mí! ¡¡No se puede ser tan gilipollas!!…

Y entonces, sin saber si echarse a reírse de sí mismo o ponerse a llorar, se acordó del personaje que hacía Jack Lemmon en aquella maravillosa, inigualable película titulada El apartamento. Y en particular en esa secuencia en la que el chupatintas que quiere medrar haciendo favores al jefe, tiene que darle las llaves de su apartamento y morderse los puños de rabia mientras se tortura desde fuera imaginando cómo se acuesta con la bella ascensorista de la que él está enamorado.

Hizo algunas llamadas desesperadas con su móvil, que aún conservaba algo de carga. Se mesó los cabellos, al modo bíblico. Pensó en abandonar esa idea tan repugnantemente burguesa de hacer un viaje de vacaciones en agosto.  Creyó además que ese olvido imperdonable era castigo divino, por pensar en la Francia pecaminosa de Juanito Bernaola.

Pero en ese momento, se encendió una luz en el sexto izquierda.

(Continuará)

Farrah Fawcet y Michael Jackson: “sic transit”…

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Dice la tía Clota que Jerome, el hijo de Thelma, se ha negado a abrir la tienda de la gasolinera  de Tinmouth, Rutland County, Vermont (USA). Trabaja, o trabajaba ahí, No es otra consecuencia más de la virulenta crisis económica. Según interpreta Homper, el cartel que ha colgado en la puerta equivale a ese cerrado por defunción que antiguamente se colocaba en los pequeños comercios.

-Ha sido demasiado, sobrino-le aclaraba –En una misma semana mueren Farrah Fawcett y Michael Jackson. Y no sabes lo que eso puede significar para este pobre chico.

La tía Clota dice que Jerome no es precisamente un chico normal. Un chico, para la tía Clota, puede ser un hombre que no es de su edad. Y Jerome, que ya ha cumplido los cincuenta y pesa ciento veinte kilos, se ha distinguido siempre por esa vehemencia inocente que a veces distingue a los hijos del tío Sam. Quiso ser, sucesivamente, globetrotter, pastor evangelista, angel del infierno, pintor en Marruecos y novelista. La única novela que presentó a las editoriales se llamaba El guardián entre la cebada, que era exactamente igual que El guardián entre el centeno salvo el cambio de cereal, que a su juicio dotaba a su obra de una intención crítica muy digna de elogio. Los editores, tan cortos de miras, se la tiraron a la cabeza. En vista de lo cual Jerome se encerró en el garaje de la casa de sus padres y se pasó dos años tratando de inventar el sándwich del siglo, que era un sándwich de una pasta que fundía el sabor del hot dog con el de la Coca-Cola, y que debía ser servido envuelta en una servilleta con las barras y estrellas. Tampoco se encontró a sí mismo en este intento y abandonó sus experimentos. Luego se casó con una negra de Missouri, que le abandonó aduciendo que le engañaba: Jerome se iba a pescar y jamás traía ningún salmón. De nada sirvió que alegase en el tribunal que siempre iba a pescar fuera de temporada. La esposa de color de ébano le despidió de mala manera, porque estaba probado que le engañaba. De repente se vio solo, desesperado, y se hizo fetichista. Por las noches de verano, cuando ya había cerrado la tienda de la gasolinera, último puerto donde ancló su alma errática, miraba las estrellas y después de contar las cincuenta primeras, que reservaba para la bandera de su patria, sólo veía las caras de esas estrellas que redimen a los mortales de sus miserias.

-Pobrecillo-comentaba la tía Clota- Aún está en esa edad en la que crees que los ídolos populares te hacen mejor…Y claro, perder en una misma semana a una belleza como Farrah y a un artista como Michael Jackson…

A Homper le sorprendió la crudeza del análisis de la tía Clota. Recordó que a él también se le abrió el mundo bajo sus pies cuando murieron Pier Angeli y Audrey Hepburn.

-¿Sabes?-desvió la conversación-Me fui de viaje a ver unos amigos que viven en un pueblecito del sur de Francia …Me llamó la atención lo entrañable que era la plaza de su pueblo, y el interés con el que observaban a una pareja de mirlos que han anidado a sólo tres metros de su ventana…

-Eso es otra cosa –subrayó la tía Clota- Ver pasar la vida no es lo mismo que lamentar que sic transit gloria mundi.

Y se despidió porque, según dijo, el brownie que tenía en el horno se le estaba pasando.

La Velo Solex

¿Se puede volver atrás por el túnel del tiempo en Velo Solex?...

¿Se puede volver atrás por el túnel del tiempo en Velo Solex?...

De vez en cuando aparece una pavesa  del pasado y nos recuerda que el tiempo vuela. Suele ser un flash amable, porque la memoria es selectiva, y borra fácilmente las huellas tristes.  Hace unos días el Duende evocaba cómo a los diecisiete años dio en la mesa de trabajo de compañero Pepe Cruz Novillo con  un juguete ya imposible de encontrar en las jugueterías.  Era el autobús de hojalata de RICO, amarillo y rojo, tan patriótico, tan sencillo, tan bonito. A esas alturas de la vida, se había convertido casi en una antigüedad. Fue verlo y emprender lo que Marcel Proust describía tan minuciosamente después de morder la magdalena famosa. O sea, la búsqueda del tiempo perdido.

El Duende tiró de él con un cordel invisible que arrastraba una ristra de juguetes ya fuera del mercado. Otros amigos suyos miran a otro tipo de juguetes. Manuel Gasset, por ejemplo, pertinaz conservador de todo brillo crepuscular, mima con esmero un precioso Morris Minor de mitad del siglo pasado. Es de color verde, coqueto y proporcionado, fiel representante de una estética donde el utilitarismo todavía convivía las formas clásicas de las berlinas. Se abrían sus puertas y de él podía salir David Niven, Trevor Howard o James Mason, galanes ingleses de la época. Hoy el que sale -y sólo en ocasiones solemnes, como bodas y bautizos- es Manuel. Peina y viste más o menos como aquellos, porque sigue mirándose en los escaparates de Saville Row, pero se ve que es actual porque ahora lleva en su coche joyita un GPS. Renovarse o morir.

Este puente Manuel y Tatala, su encantadora y más que santa esposa, le habían invitado al Duende a  su bonita casa de San Sebastián. Oficialmente el pretexto era disfrutar de unos días que el INM pronosticaba soleados y tranquilos. La realidad es que Manuel quería pasar a Francia y rescatar ese ciclomotor prehistórico cuidadosamente restaurado por un manitas en Bayona. Como el Duende  también tiene el MNI  (Mastes en Nostalgias Inútiles), aceptó de buen grado.

Esta bicicleta con motor que transmite su potencia a la rueda delantera es negra, y  tiene una estética parecida a la de las hormigas voladoras. En realidad se asimila más a aquella motocicleta con la que los héroes del Alcázar de Toledo molían la harina para hacer el pan que a otras míticas, como las  de Easy rider o aquella otra con la que se fugaba Steve Mac Queen en La gran evasión. Pero las motos antiguas, como los juguetes, quedan en el corazón por los recuerdos que traen del pasado. Y el Duende no olvida la envidia que le daba otro amigo de los veranos de la infancia, también llamado Manuel -más bien Manolón- propietario de una Velo Solex en la que iba de Madrid a Arenas de San Pedro. Tardaba cinco horas por la carretera Alcorcón-Plasencia , y viajaba, naturalmente, sin casco, porque no era obligatorio, y no había mayor placer para el motorista que sentir el golpe de aire en la cara y respirar así  la libertad.

Claro que entonces éramos más que jóvenes. Y a ver quién le explica a Manuel Gasset que, a la velocidad de su flamante Velo Solex, es difícil volver atrás por el túnel del tiempo.

El día que el Duende fue portada en MARCA

El Duende de la Radio en Marca

El Duende de la Radio en Marca

Vanitas vanitatis…Tiempo ha que no colgaba sus colaboraciones en MARCA en este blog. Sin embargo no ha podido resistir a la vanidad de hacerlo hoy. Por primera vez, su nombre aparece en la portada del primer diario deportivo español (En pequeñito, eso sí: búsquenlo con lupa en la manga del presidente Enrique Cerezo). Y aunque no lo sea por hazaña deportiva alguna, el interés patriótico, atlético y, sin duda, literario que guiaba su pluma bien merecía el honor de la excepción.

Allá va.

CARTA A MONSIEUR PLATINI

Anda Saturio digamos que suliveyado contra la UEFA, contra Platini y, aún peor, contra Francia. Después de aquel añito en el infierno que han sido casi diez, su Atleti volvía a la Champions. Y ahora que se las prometía felices, viene Platini y, como si quisiera vengar tanto cachondeíto a cuenta del bicentenario del 2 de mayo, pega tres patadas a España en el culo del Atlético de Madrid. No hay derecho -me decía- no hay derecho.

Saturio trabajó en Francia de encofrador, y habla francañol, que es como el spanglish, pero en francés. Además es poeta, y le ha escrito una carta de protesta al presidente de la UEFA en verso y en francañol. Para que quede más fino y, de paso, lo entiendan aquí y en el país vecino. Dice así:.

1 President de l´UEF/ mon cher ami Platini/ ¿pour quois tantes cabronades/ a mon equipe l´Atleti?

2 Hay quien dit que cést le envide/ de mon pays que est l´Espagne./ Recient champion de Europe/ on le persigue avec sagne.

3 Pues d´autre forme no se entiend/ de l´Olimpique l´artimagne/ ni le veto au Bernabéu/ dels fils de la Grande Bretagne

4 Hasta monsieur Rubalcabe,/ qui se declare merengón/ il est plus que cabreade/ par l´abuse de votre sanción

5 Vous culpez nôtre police/violente, de severité /en reprimant les ataques/ des hinches desenfrenés

6 Mais si vois les reportages/ penserez, de verité…/sont les hinches de l´Olimpique/ Hermanites de Charité?

7 Voilá si es grave l´afrent/que provoque tal decisión /q´y s´ont pueste bien d´acord/ gobierne et oposition

8 Et piensent que c´est le fruit/ d´une locure, un colocón/ o de que vous, Platini,/ vous croyez Napoleón

9 A ma patrie, tante jéte,/ bien sur, les pelottes infle/ et ne plais pas que vous digue:/ á mois me la refanfinfle

10. Rectifiquez, Platini,/ ne le ciégue pas la pasion/ Vous avez metu la gambe,/… bien sur, hasta el corvejón

11 Et sur tout, n´humillez pas /a l´Atleti de Madrid/ Lo que nous avons sufrí/ pour arriver hasta aquí!

12 C´est por ça que recomende/ a vôtre poderose UEF/ plus respéte aux espagnols/ Ne touchez pas nôtres oeufs!

13 Grâce que vous suplique ce menda,/ colchonier de corazón/ que vous salue con afécte/ et grand consideración

Firma la carta Saturio López, lavacoches. Pero aunque en Francia, desde Voltaire a esta parte, tiene gran tradición la literatura epistolar, es muy probable que no la valoren. Motivo por el cual, y como una protesta más de contra esta barrabasada de la UEFA, hemos creído que era de ley publicársela aquí. A ver si convence.

El valle de Arán y la claridad del instante

El primo Juan Manuel, que en paz descanse, se había construido una casa entre los pinares de Arenas de san Pedro, frente al macizo de Gredos que corona el pico de la Mira. Allí, el arquitecto José Luis Fernández del Amo, que ya había creado un estilo propio en los muchos pueblos diseñados para el Instituto Nacional de Colonización  -un organismo cuyo solo nombre provocaría ahora un infarto en Moncloa- levantó un edificio que ofrecía, sobre todo, vistas. No es el pino resinero el árbol favorito del Duende, pero hay que reconocer que en multitud,  a lo lejos, y cubriendo de verde la inmensa mole rocosa  que en su día pintara Goya, componía una  hermosa  postal. Los desmadres urbanísticos  aún no habían destrozado el pueblo, y  además el primo se debía a sus raíces, que arraigaban en la zona. Quizás por eso, y por su muy británico sentido de la ironía, de vez en cuando miraba el horizonte desde su jardín y proclamaba feliz: Yo he viajado por casi todo el mundo, y os aseguro que no he visto muchos sitios más bonitos que Arenas de san Pedro.

 Recuerda el Duende con cierta ternura esta osadía, tan disculpable como todo exceso que nace del cariño. También nuestros hijos nos suelen parecer los más guapos. Lo recuerda porque atendiendo a la invitación de su buen amigo Santiago lió el petate el jueves y se vino a hilvanar senderos por el Valle de Arán. Escribe estas líneas, de mañana,  ante la balconada de una típica casa aranesa. Es de piedra y madera,  cubierta por un tejado de pizarra levemente curvado hacia fuera para escupir la nieve. Frente a la casa de Garós, en el fondo de la zona más oriental del valle, un monte tupido de árboles va graduando la intensidad de los verdes de abajo arriba. A medida que asciende la empinada ladera, los abedules, las hayas, los fresnos y los nogales van cediendo al tono más oscuro de las coníferas.  Silencio. Sólo rasgado por el viento meciendo las copas de los árboles y por el trinar de los pájaros.

 Al encanto germinal de estas primeras horas de la mañana se suman los recuerdos de las rutas  de ayer y anteayer. Ascenso por la cuenca del Aiguamog  hasta el circo de Colombers  y amable paseata desde el Plan de Beret hasta el pueblo abandonado de Montgarry. Según los conocedores del lugar, ha tenido el Duende la inmensa suerte de dar con el momento más glorioso de la primavera del valle. Es el primer golpe de calor después de dos meses de nieve y lluvias. Los cursos de agua fluyen desbordantes por el deshielo precipitado. A menos de un kilómetro de su nacimiento, en el Llobató, el Garona, que luego nos pone los cuernos con Francia, baja poderoso y barroco. La naturaleza está como para inspirar a Dios si le falla la memoria y quiere probar con otro paraíso. El verdor exultante  hace miles de guiños en forma de flores silvestres: botones azules, árnicas amarillas, campanillas moradas, torviscos purpurados, violetas, lirios, ranúnculos blancos…No es cultura del Duende, sino de Asunción Sobredo, la mujer de Santiago, que es bióloga y de botánica sabe la tira. En estas, cruza el sendero un rebeco y se pierde en la espesura dando saltos. Uno quiere vivir, sobre todo, para ver cosas así. Más horizontes que los que le hacían suspirar al primo Juan Manuel.

 Qué lástima de tan poco tiempo para tan hermoso valle. Por consejo del amigo Santiago, que es refinado y culto, se ha dejado guiar el Duende por la exquisita prosa del Viaje al Pirineo de Lérida de Camilo José Cela. Qué lectura tan deleitosa, caramba. Pero al poco de iniciar este post, le ha sorprendido una estrofa  de un libro abierto sobre la misma mesa del despacho donde escribe. Es de Versos i proses de la Vall D´Arán, de Pere Benavent, publicado en Barcelona en1958. Dice así:

                                               Oh prats florits!, magnífica ventura

                                              d´aquesta tofa de vellut fragant

                                              polícrom esplendor, nuesa pura,

                                             perqué l´ocell del viure no es detura

                                             en el clar branquilló d´aquest instant?

 Le falta al Duende entender palabras como tofa y branquilló, pero cree interpretar lo fundamental, y está de acuerdo. Al pasear por sitios así, y en momentos como éste, uno se pregunta por qué el ruiseñor de la vida no se detiene en la claridad de un instante tan gozoso como el que acaba de vivir.         


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