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¿El fin justifica los medios?…

No hay política posible sin un Maquiavelo dentro

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Sigue trabajando Homper en su doctorado. Sospecha que lo conseguirá. Va elaborando su tesis día a día, y eso le hará Doctor en Estupefacción. Curioso título, que no existe, pero que siente como suyo. Ni un día sin su afán, que en este caso es detectar, estudiar y acumular motivos para seguir sorprendiéndose. Conste que no le disgusta el estado de perplejidad permanente: según los filósofos, mientras hay capacidad de asombro, hay hombre.

Repasa los afanes de este día, echa el retel a voleo y se queda con tres. Pudieran ser otros muchos, pero le da por subrayar estos: un chico llamado Justin Bieber que ha revolucionado a las jovencitas de este país, capaces de pernoctar en el Palacio de los Deportes de Madrid para conseguir una entrada que les permita escucharle cantar en directo. Quizás, incluso atrapar en el aire un pelo de su tupé. Qué despiste el de Homper. Vivía sin saber quién era este muchachito, record de comentarios en Twitter.

Perplejidades añadidas: ¿ha sustituido Twitter a Facebook? ¿Ha decidido el planeta abandonar su eje y girar en torno a las redes sociales?

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El segundo pellizco en su curiosidad viene en la letra pequeña del papel couché. La Duquesa de Alba está indignada con la miniserie que Tele5 nos ofrece sobre su vida. Dice de ella que es mentirosa, que no le consultaron sobre el guión, y que maltrata al amor de su vida, que fue Jesús Aguirre.

-Vaya por Dios-suspira Homper- Esto sí que es grave. Y no lo de Fukushima.

Otra pregunta que se hace Homper. Siendo la imagen de la duquesa Cayetana  y del difunto duque tan fácil de remedar…¿por qué se ha recurrido a Adriana Ozores y a Carlos Hipólito ? Estas miniseries no buscan las honduras de películas como El discurso del Rey, donde la semajanza del actor con el personaje que recrea puede ser irrelevante. Si presentan a los duques de ficción en el auténtico Palacio de Liria, ¿por qué no cuidan más  su parecido con los modelos originales?

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Es tan antiguo Homper que al reparar en la tercera causa de perplejidad suelta un palabro obsoleto y ridículo. Algo así como córcholis, cáspita, atiza. O ¡concho!, como exclamaba su padre cuando no se atrevía a soltar un socorrido ¡coño!

Pues eso: córcholis, cáspita, atiza, concho y coño. Es más: recoño. Todo se merece lo que ha escuchado esta mañana en la radio. Y es que el magistrado De Prada, en un voto particular contra un auto de la Audiencia Nacional a la que pertenece, manifiesta que el chivatazo del Faisán que, más o menos, vino a decir a los terroristas toma el dinero y corre, es plenamente justificable en un proceso de paz.

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¿El fin justifica los medios?…Se acuerda Homper de su inolvidable amigo Félix Bragado, con el que se pasó media vida haciendo comedia. Paseaban juntos y aunque eran ellos, no eran ellos: les gustaba hablar  como si fueran otros en otro mundo. Una de sus recreaciones favoritas era la de tertulianos de casino ilustrados y nostálgicos. Ponían voz cascada y aguardentosa, como la de Don Hilarión, Mr. Scrooge y otros chinches célebres de otros siglos. Y cuando abordaban cuestiones espinosas de este orden citaban el verso de un poeta tan demodé como sus caricaturas. Joaquín Bartrina, en un poema llamado Fabulita adoctrinaba así un mozalbete inquisitivo:

Si quieres ser feliz, como me dices/ no analices, muchacho, no analices

Homper y Félix se lo tomaban a risa, porque lo suyo no era el drama. Quizás no se daban cuenta de que todos tenemos que pasar de largo sobre muchas contradicciones e hipocresías para sobrevivir medianamente felices

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También ha paseado estos días nuestro Hombre Perplejo por el nuevo Madrid Río que se ha inventado Gallardón. Es un parque lineal de 120 hectáreas sembrado sobre los intestinos de la M-30 por los que diariamente circulan, dicen, cien mil coches. Los que antes sufrían el horror del tráfico, la contaminación, el ruido y la estética de la marginalidad ahora están encantados. Los críticos en cambio recuerdan el despelote del endeudamiento municipal.

-¿Cuánto nos cuesta la megalomanía de nuestro alcalde? –se preguntan.

Enigma sin respuesta, y que además resbala a la mayoría de los  que pasean por ahí como niños con zapatos nuevos. El que venga detrás que arree. Al barón de Haussmann, que convirtió París en el paradigma urbano de la belle epoque también le pidieron cuentas por su despilfarro monumental. Y no digamos lo que sufrieron los súbditos de Pedro el Grande para construir  la maravilla de San Petersburgo, levantado piedra a piedra sobre el río  Neva. Homper leyó la magnífica biografía que escribió Robert. K. Massie de este zar impetuoso. Le encantó, y se la recomienda vivamente a los amantes de la historia. Pero se quedó tan fascinado por la megalomanía de aquel gigantesco visionario, como horrorizado  por los sacrificios y el dolor que probablemente encierran cada uno de los  palacios, avenidas y monumentos de su ciudad lacustre.

Al final, la cuestión recurrente. ¿El fin justifica los medios? Si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices…

De la utopía al posibilismo

...Y cuando curó la "utopitis" que le aquejaba, se convirtió en un posibilista como cualquier otro gobernante

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Qué fatalidad. Decían los observadores que el presidente mejoraba de la utopitis crónica que le aquejaba desde su llegada a la Moncloa. En vez de concebir  una España imposible, era ya tan posibilista que hasta consideraba que no toda la energía nuclear significaba  Hiroshima y Nagasaki.

Y en éstas se enfadó la tierra, desató un terremoto y un tsunami sobrecogedor en Japón y reventó la  central nuclear de Fukushima. El mundo lloró –un poquito- por las más de diez mil víctimas. No lloró más  porque el fantasma de Chernobil aventaba el miedo, y medio mundo tenía elecciones a la vista y una viña que guardar.

-España no es Japón –escribió en su informe el Director General de Argumentarios del gobierno de España.

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Últimamente nada era lo que parecía. Japón no era España. Grecia no era España. Irlanda no era España. Portugal no era España. Ni Libia era Irak. Y el faisán tampoco la cándida paloma de la paz que pretendían.

Pero en el debate nuclear, las cosas cambiaban. Donde antes se cerraba una central, ahora la necesidad obligaba a hacer la vista gorda sobre las demás.

-Digamos digo donde antes decíamos Diego –subrayó el el Director General de Argumentarios- Desde que la gente probó el agua caliente, la calefacción y  el coche, y se ha emborrachado de estado de bienestar, no hay manera de sacar adelante la utopía, jefe.

El presidente se secó una lagrimilla con un pico de la portada de EL PÚBLICO, que usaba habitualmente como pañuelo e, hincando la rodilla, declamó como Tenorio desesperado.

-Clamé el cielo y no me oyó/ y, pues sus puertas me cierra/ de mis pasos en la tierra/ responda el cielo, no yo.

La entrada de su secretaria alivió aquel amargo cáliz.

-Que mientras se flagelaba, ha llamado don Emilio Botín para insistirle: que no decaiga, que no dimita, y que si le fallan los sindicatos, ahí está él para ayudarle, que por algo lleva siempre la corbata roja.

Bendito posibilismo.

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Entretanto, y hastiados ya de encuestas electorales que no trataban sino de socavar la moral del gobierno, empezaron a proliferar las que abundaban en el punto flaco de la energía nuclear. Y Homper, el Hombre Perplejo, se quedó turulato al saber que la mayoría de los encuestados creía que las centrales nucleares que hay en nuestro país son seguras.

-Es asombrosa su sabiduría–pensó- No sólo conocen palmo a palmo la geología de nuestro suelo y la solidez de sus placas tectónicas. No sólo tienen pruebas del alto grado de resistencia del homigón armado. Sino que saben que la fusión parcial de las barras del reactor, aunque produce una radiación de  1.000 milisievert por hora, no nos afecta. Como dijo Leopoldo Calvo Sotelo de la guerra de las Malvinas, el nuestro es un problema “distinto y distante”.

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Entretanto, en el piso de arriba, Emlio y Solita, un matrimonio con ciento ochenta y cinco años a sus espaldas, escuchaban los alarmantes datos de un científico sobre la longevidad del peligro nuclear.

-El cesio radiactivo decae a la mitad a los treinta años –decía la radio- El plutonio que se está escapando ahora en Fukushima tardará veinticuatro mil en perder sus efectos nocivos.

-No llegaremos a eso, ¿verdad?-preguntó temblorosa la anciana mientras acercaba sus manos frías al radiador de calefacción.

-No, Solita-respondió el anciano- Estaremos ya en la vida eterna.

-Pues entonces, ande yo caliente y ríase la gente.

Les faltó añadir que el que venga detrás arree. Que es más o menos lo que acaban aceptando, con amarga resignación, eso sí, los políticos posibilistas.

Noticias del desasosiego de Gregorio Samsa

¿Cómo decirle al pobre Gregorio Samsa que no todo es desasosiego?...

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Praga 17.3.2011

Querido bloguero

A lo que veo, andas siempre balanceándote entre la realidad y la ficción, como un funámbulo por su cable. Por si te sirve como un nuevo motivo de reflexión, voy a contarte lo que me ha pasado hace bien poco.

Como recordarás, desde que Franz Kafka se ocupó de mí (véase La metamorfosis) yo me desperté una mañana convertido en cucaracha. No es lo que más  me podía gustar, pero es inútil protestarle al creador. Él hace lo que le viene en gana, y no te consulta para nada. Acabé aceptando mi condición y acostumbrándome a mi cambio de imagen. Llegué a convencerme de que hasta en las cucarachas hay clases. No es lo mismo lucir unos hélitros pulcros y planchados como si fueran el frac de David Niven que ser una criatura de cloaca, como a menudo se ve a mis congéneres.

Cuando ya estaba razonablemente contento con mi suerte, me desperté una mañana y me llevé la misma desagradable sorpresa que el día de mi primera metamorfosis. Me miré al espejo y vi que mi fisonomía había sufrido tres nuevas mutaciones. En primer lugar, mi cabeza era una la de un humanoide. No tenía antenas, pero iba peinada con una cresta de gallo como la que llevan ahora los modernos. Qué espanto. En segundo lugar, en vez de seis patas, las reglamentarias,  sólo tenía dos, pero éstas calzaban zapatos de rejilla, que siempre he odiado. Además, no me los podía quitar: eran parte de mi cuerpo. Finalmente, en cada uno de mis hélitros, de inmaculada negrura como te explicaba, había estampados  a modo de tatuaje en tinta blanca dos rostros. En una de mis alas se podía ver la cara de Enric Sopena. En la otra, la de Angela Merkel. Imagínate el cuadro.

¡Ay, Señor qué confusión! En fin, no te pido que hagas de señorita Francis y me des tu consejo para calmar mi zozobra. Pero… ¿entiendes algo? Si es así, escríbeme contándomelo  y te quedaré muy agradecido.

Un saludo afectuoso de tu amigo y lector

Gregorio Samsa

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Madrid 22.3.011

Querido Gregorio

Gracias por tu consideración, pero me temo que poco te puedo ayudar. Cuando amaneciste convertido en cucaracha la cosa parecía chocante, un suceso extraordinario. Pero hoy  casi nada sorprende. El mundo parece es una pella de plastilina, un kaleidoscopio que cambia el panorama a cada nuevo giro, una canica explosiva, un planeta descerebrado.

Fíjate. La guerra…¿Es buena o mala? Depende. Ahora hasta los pacifistas se hacen los suecos. Gadafi: hace tres años le dábamos la llave de oro de Madrid y ahora le mandamos F-18 por ser un malvado oficial. Japón: ha visto morir  a casi doce mil de los suyos arrasados por un terremoto y un tsunami y aquí nos asustamos por el impacto de la fuga nuclear de Fukushima. Las dudas derivadas: ¿es bueno o es malo el desarrollo? ¿Es el estado del bienestar una necesidad o un lujo inalcanzable? ¿Vale todo con el pretexto de la libertad? ¿Hay que arriesgarse con la energía nuclear, o rescatar el frío que pasé en mi infancia como algo sano y natural?

Y eso sin tener en cuenta que el clima también ha perdido el oremus.  Hay veranos que se incrustan en el invierno e inviernos que de repente se disfrazan de verano. Dicen que las aves y los insectos se vuelven locos, ya no saben ni cuando emigrar ni cuando aparearse o dedicarse a hacer miel. A los osos polares se les derrite su habitat por el cambio climático. A muchos observadores se nos derrite también el sentido común. En una tele  hay un hombre enloquecido que exporta entre sollozos las desgracias de su matrimonio. Es un famosillo que se llama Víctor Sandoval, y no clama contra su mujer, sino contra su marido. Las noticias dan cuenta de que otro bárbaro acaba de matar a su señora en un pueblo de Granada con un cuchillo y un martillo. Y van…ni te cuento.  Eso sí, hace dos días era el Día mundial de la Poesía, y hoy es el del agua, que es tan buena y tan poética.

No te puedo ayudar, Gregorio. La crisis va mucho más allá de la economía: todo es crisis.  Se  desvanecen mis referencias, y cuanto más observo y estudio, más dudo. Sólo la última luna llena me ha aportado algo de claridad. Decían los astrónomos que era la más hermosa que veríamos en muchos años, y salí a admirarla  por un Madrid dormido tras un glorioso domingo de primavera. Afortunadamente,  la noche era ideal para pasear, y el Parque del Oeste, el  Palacio de Oriente y hasta San Francisco el Grande parecían ajenos a este desasosiego general que padecemos.

-También la luna sigue ahí –pensé- Qué tranquilidad, ¿no?

Por lo demás, me solidarizo con tu malestar. El kiki no me va, nunca he podido soportar los zapatos de rejilla  y hay tatuajes matadores. Pero ya lo dijo el poeta: vivimos en la punta de una aguja. Quizás mañana tus cambios también encajen en esta normalidad tan absurda.

Un abrazo afectuoso de tu amigo y admirador

El ex Duende de la Radio.


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