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Nociones de ética con ZP al fondo

Antes lo podía todo. Ahora no se sabe si podrá aguantar el irresistible cariño de los suyos...

1

Quien bien te quiere te hará llorar, pensó Adelina mientras repasaba los ejercicios de sus alumnos. Ética, les tenía que enseñar ética. Cómo se comía eso en la sociedad actual. Miraba de reojo el telediario y veía a su antiguo amigo José Luis ojeroso y en ese papel, tan difícil de interpretar, de esfinge inasequible al desaliento. Pobre, él cree que su temple de estadista debe estar por encima del bien y del mal. Del mal en este caso. Pobre, él cree que lo seres humanos somos químicamente puros.

El montón de ejercicios corregidos la desalentaba. A tenor de ellos era evidente que las nuevas generaciones podían pasar de la ética. Apagó el televisor y puso la radio. Aún era lo bastante capaz para corregir ejercicios y escuchar al mismo tiempo lo que los políticos críticos y los líderes de opinión decían del que fue su compañero en la facultad.

-Zapatero es un cadáver político que se niega a ser enterrado-dejó caer uno citando a Luis María Ansón.

No era partidario el tal Luis María, como el cura aquél del chiste que tampoco era partidario del pecado. Pero lo malo es que luego asomaron partidarios de verdad, conspicuos compañeros de viaje que ahora marcaban distancias. Nombres como Barreda, Fernández Vara, Pachi López. Y Joaquín Leguina, que le atizaba inmisericorde como si  nunca hubiera tenido que ver nada con el cadáver.

Y tuvo que recurrir a la sabiduría refranera de su abuela. Quien bien te quiere te hará llorar.

2

Su amiga  Dolores estaba enamorada de él, le veía el más guapo de la promoción. Y encantador.

-Siempre te dice lo que quieres escuchar. Y con esa caída de ojos de Bambi indefenso…-suspiraba- Qué ternura.

Tampoco era para tanto, creía Adelina. Ella también salió con él, y siempre recordó que le dejó desconcertada. El chico tenía buena planta, y trataba de ser encantador a toda costa. Pero treinta y dos años después aún no sabía si sus ojos claros y su sonrisa forzada ocultaban a un malvado disfrazado de redentorista laico o a un Forest Gump con muy buena labia.

Nos parábamos a tirar piedras en el río y él me decía con palabras preciosas que quería cambiar el mundo, recordaba Adelina. Eso sí, acababa empalagando, y ella no podía ocultar que siempre le pareció un cursi.

3

Sus alumnos seguramente no sabían lo que significaba la palabra cursi. Y tampoco aportaban nada deslumbrante respecto a la actitud del ciudadano ante el poder, que era el tema de los ejercicios que corregía. Sólo una alumna llamada María Eugenia se había atrevido a escribir algo que Adelina subrayó con su lápiz rojo: el ciudadano y el político deben ser críticos con el poder incluso cuando éste gobierna con la opinión pública a su favor.

Hizo un alto, suspiró. Bebió un sorbo de su taza de café y desvió su atención por unos instantes hacia las tertulias que vomitaba la radio matinal. Al cadáver ansoniano no lo podían enterrar, pero los analistas habían sacado sus escalpelos y lo despedazaban sin piedad.

-Caray con los forenses…-se dijo- ¡Si son los mismos que  babeaban cuando le veían como el híbrido perfecto entre Gandhi y el Ché!...

4

Se acordó del coro de las ministras adoradoras del estadista alicaído. De sus artistas oportunistas y aduladores. De los plumistas especialistas en hagiografía. De los palmeros que jaleaban las extravagancias y los brindis al sol del figura. De los políticos que ponían su partido a los pies del nuevo mesías por un plato de lentejas. Con chorizo, por supuesto. De los chantajistas, de los pelotas y de los cínicos que antes hacían la ola al líder y ahora se desmarcaban de él como de un apestado.

-Qué voluble y miserable es a veces la condición humana- pensó recordando a su amigo de juventud.

Adelina le concedió un 9 a María Eugenia y dio por terminada la corrección de los ejercicios. A continuación se puso a trabajar en su tesis doctoral, en la que trataba de la pleitesía ante el poder y del efecto untuoso y paralizante que este ejerce incluso en las sociedades más avanzadas. Casualmente, en los campos que aún rodeaban el bloque de apartamentos donde vivía pastaban las ovejas. Y hasta los oídos de Adelina llegaban unos balidos que le parecían más expresivos que nunca.

El amigo Félix, en comisión de servicios

1

Cuando el hombre se convenció de que la razón se estrellaba contra las grandes verdades de la fe se fraguó esta leyenda.

Cuentan que después de millones de años de culminar su creación, Dios no estaba seguro de que todo era bueno.

-Padre –le dijo el Hijo al verle atribulado- Gracias a Ti yo soy Dios, pero gracias a mi madre soy hombre. Y como tal pienso que, con todos los respetos, debo abrirte los ojos.

El Señor al principio se quedó sorprendido. Pero se sentó a escuchar y supo por boca del Hijo que, en la dificultad de concebir cosas como Dios y la gloria eterna, muchos seres humanos creían que  ésta era como un balneario feliz donde Dios compartía sus horas con los elegidos.

-Es verdad –le reconoció el Padre- Y así debe ser. Porque tampoco  es bueno que Dios esté solo. Ya ves, con toda mi grandeza y a veces echo de menos un poco de alegría…

Y Dios reconoció  desencantado que después de culminar la Creación se sentó a complacerse de su gran obra. Pero pronto se le torcieron las cosas: el hombre, en el que tanta confianza había puesto, no siempre era trigo limpio. Y al cabo de los siglos -de los millones de siglos según estos sabios imposibles que ahora pasan un fósil de pulga por el Carbono 14 y saben hasta lo que se había desayunado el día de su muerte-  no sólo se mosqueaba, sino que además se aburría. Pues las almas que le rodeaban habían prestado grandes servicios a la humanidad, y por eso compartían con El la gloria eterna. Pero no eran precisamente  divertidas.

-Hijo –dijo entonces el Padre- Tú que conoces mejor a tus congéneres…Búscame alguna gran alma que sea capaz de hacerme reír e invítale al balneario.

Y desde arriba señalaron a un hombre menudo y delgadito, un gaditano gracioso  y socarrón con cuerpo de monosabio, pero con la  generosidad, la elegancia natural y el señorío de un príncipe.

-Nadie que le conozca habrá dejado de reírse y de sentirse feliz a su lado- aseguró el Hijo para completar el informe- Este Félix, como dice su nombre, es infalible.

Y así es como el amigo Félix fue llamado en comisión de servicios.

2

No se suele  valorar lo que  los tipos como nuestro amigo Félix Bragado hacen por los demás.  A esta sociedad le va lo trascendente, sin distinguir que hay otros órdenes de trascendencia. Estamos acostumbrados a ponderar sobre todo los méritos de los héroes, de los santos, de los próceres. Incluso de algunos políticos idealizados. Y es verdad que mucho debe la humanidad a los inventores, y a los grandes de la literatura y el arte, y a Gandhi, y a Teresa de Calcuta, y a Vicente Ferrer. Pero también le debe a esos seres anónimos, buenos, generosos y, sobre todo, entrañablemente divertidos, que pasan por un momento a tu lado y te dejan un recuerdo imborrable.

-Yo le quiero en mi mesilla de noche –dijo de Félix, llorando de risa, una prima del Duende que, en un momento difícil de su vida,  había disfrutado una velada de sus impagables chistes.

Todos los que le conocieron le quieren. Admirable Félix, suministrador de momentos inolvidables, ungüento mágico contra la tristeza, amigo de largueza infinita, marinerito de Cádiz navegando eternamente por el mar de nuestro sentimiento. Compañero de risas, compañero. Muchos como la prima y como  este bloguero le han  puesto ya en su mesilla de noche. Y mañana, cuando despertemos con la almohada mojada después de haberle llorado lo que es de ley, volveremos  a estar alegres pensando en él.

Porque fue Félix, y estaba predestinado a desparramar y sembrar buen humor y felicidad.

Los buenos, los malos y los chorizos

¿Habrá tiempo en el Juicio Final para juzgar a tanto chorizo?...

¿Habrá tiempo en el Juicio Final para juzgar a tanto chorizo?...(El Juicio Final, de HANS MEMLING))

-¿Verdad que Moisés era bueno del todo?-le preguntó tía Clota.

Y Homper volvió a quedarse perplejo.

-No Charlton Heston, que por mucho que se empeñe Michael Moore fue un Moisés magnífico -subrayó la anciana tía- Sino Moisés el fetén, el de las Tablas de la Ley de Dios, el de la Tierra de Promisión, el que separó las aguas del Mar Rojo

En tiempos, la tía Clota había elaborado una lista de inatacables. Clark Gable, Gary Cooper, Albert Einstein y John F.Kennedy, por ejemplo, eran inatacables. Hasta que se enteró de que a Rhet Butler le olía el aliento en el famoso  beso a Escarlata O´Hara de Lo que el viento se llevó, porque los héroes apolíneos también padecen infecciones bucales. Se terminó de caer del guindo cuando supo que Einstein maltrataba a las mujeres, y que Gary Cooper y Kennedy , aunque eran católicos, golfearon con las las chicas más de la cuenta.

-Pero ahora ya no hay buenos ni malos- se quejaba tía Clota- ¡Con lo útil que es eso que  llaman maniqueísmo!…

Según dedujo Homper de la conversación con su anciana tía Clota, la merienda del día anterior con sus amigas fue demoledora. Edwina estaba escandalizada de que a Obama, sin ir más lejos, le hayan salido rana  algunos altos cargos tan pronto.

-¡Y encima sus hermanastros negritos pidiendo trescientos dólares por dar entrevistas! -se lamentaba Clota- ¿A dónde vamos a llegar, sobrino?…

Thelma por su parte lloraba porque del as del béisbol Alex Rodríguez, un ídolo en su familia, se conozca ahora que ha venido tomando anabolizantes. Y la tía Clota había puesto encima del tapete la última puñaladita que la hipocresía humana ha clavado en su limpio corazón.

-¡Qué chasco, Hom!-decía mesándose los cabellos ante la cámara de Skype- Tener que explicar a mis amigas que en la España de derechas también hay red sausages…

Añadió que, afortunadamente, lo de aclarar que en España se llama chorizo al granuja que afana el dinero público marcó una deriva amable en la tertulia de la merienda. Pero también dejó caer que a ella nadie le libraba de la vergüenza de los sepulcros blanqueados que nos rodean.

-¡Pensar que al pobre Oscar, que en paz descanse,  dejé de hablarle un mes porque me confesó que un día le dio un azotito a una camarera!…

La tía Clota añadió que no puede vivir en un mundo donde nada es blanco ni negro, y todo es relativismo. Se extendió en diatribas morales contra la moral acomodaticia. Y concluyó que si fuera reina absoluta , implantaría por decreto el Maniqueísmo, admitiendo, como mucho, cuatro categorías. 1.Buenos absolutos. 2.Buenos con matices. 3. Malos absolutos. 4. Malos con matices.

Homper se rió de la ocurrencia de la tía.

-No seas tan generosa, tía-ironizó entre carcajadas.

Y le contó que su amigo Carlos Loring, un abogado tan listo como mordaz, dividía a los sospechosos en sólo tres categorías. 1. Hideputas natos: los que tienen mala suerte con la madre. 2. Hideputas sobrevenidos: los que se ganan el adjetivo por su ejecutoria. 3. Hideputas esféricos: aquéllos que, se les mire por donde se les miro, son  hideputas.

La tía Clota se quedó llorando, no se sabe si de risa o de pena. Y antes de cerrar su conversación le dijo a Homper que esperaba que en este tó el mundo es malo que de repente sucede al tó el mundo es güeno, al menos Moisés, Gandhi y la madre Teresa de Calcuta, queden libres de toda sospecha.

Zapatero, entre el biscuit y la gloria

Jose Luis Rodriguez Zapatero

Va a ser verdad que es un Cristo agnóstico, o un Gandhi que en lugar de yogur y cañamones se alimentó de cecina, o el neoignaciano laico impaciente, o Merlín el encantador, o el padre Damián de Molokai redivivo y rebozado en mayo del 68, o el gran Houdini, o la versión moderna del buen samaritano, o un Harry Potter asistente social.

Va a ser cierto que lleva dentro la panacea de todos los males, el secreto de la piedra filosofal, la quintaesencia de la bondad humana, el poder de fascinación del flautista de Hamelin, el germen de la Utopía futura. De otra manera no se entiende que alguien con tan excelentes condiciones para haber sido director de comunicación de una gran empresa, presidente de una cadena hotelera, embajador -aunque necesitara mejorar su inglés-, catedrático de Teoría de las Ideas Justas (entiéndase como se quiera), profesor de arte dramático y declamación, psicólogo para autoestimas decaídas y poeta ganador de juegos florales haya caído en eso tan vulgar que es la política. No se le conoce ningún puesto ejecutivo antes de ser secretario general de su propio partido. Ni siquiera jefe de ventas de un concesionario de Renault. Pero ahora es el presidente del gobierno, que encarna el poder ejecutivo. O sea, es el mandamás. Y, a tenor de los últimos debates, parece que va a seguir siéndolo.

El último elogio se lo ha escuchado el Duende a Lucía Méndez, subdirectora de EL MUNDO. Según ella el presidente Zapatero es, además de referente de virtudes cívicas y sociales, modelo de telegenia, buen orador y portavoz universal del humanismo pata negra. Y, por añadidura, guapo. Esto no se lo habían dicho ni a Adolfo Suárez, que fue buen mozo, ni Felipe González, con sus morritos tan sensuales, ni a Leopoldo Calvo Sotelo, la dignidad de la esfinge que tan bien caricaturizó Peridis. Tampoco se lo habían llamado a José María Aznar, a pesar del morbo que a algunas de sus fans les inspira su cabellera de madelman. Nadie ha levantado la voz llamándole a Lucía feminista por el piropo. Si piropeas a una chica ahora eres un machista, y lo de machista es malo. Pero en cambio lo de feminista tiene connotaciones sociales muy positivas, aunque la fémina considere en este caso lo mismo que los hombres apreciábamos antes en la hembra y ahora nos guardamos por si las flyes. Diga usted que María Teresa Fernández de la Vega es una hermosura de mujer y verá cómo se mosquea el patio. Bueno, quizás tampoco hay que pasarse en el elogio.

Porque hoy éste queda para la figura del presidente Zapatero. Alguien le rebautizó como Bambi cuando apareció en la escena política. Unos dicen que fue Raúl del Pozo, otros que Alfonso Guerra, y Javier Capitán sostiene que fue el Duende impostando la voz de aquél en una jornada de Gran Carnaval. El caso es que, fuera quien fuera su bautista, el inocente cervatillo se esfumó, y aún sin perder la mirada de criatura de Walt Disney se ha resabiado lo suficiente como para levantar sospechas en la otra media España que no le jalea con entusiasmo.

Rajoy, por supuesto, no será menos imperfecto. Pero su falta de telegenia, su mirada extraviada y hasta esa ese que se le deshilacha en la boca juegan en su favor. Con mejor o peor tino, y posiblemente con la misma dosis de demagogia, si convence será a pesar de su falta de encanto. De ese encanto empalagoso que le sobra Zapatero, un político mucho más difícil de batir que lo que en principio sugería su relamida estampa de príncipe de cuento o de figurita de biscuit.


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