Posts Tagged 'H.G. Wells'

El vaso de Nerón y otras joyas de nuestra cultura

De las extravagancias de Nerón cualquier escritor audaz puede hacer un best seller...

1

Una arqueóloga descubre entre las piedras sillares de un viejo molino un pequeño cofre que contiene un vaso de vidrio y en su interior un parche para ojos tuertos. El vaso lleva grabado la letra N, mientras que en la cinta del parche se adivinan las iniciales A.M. C. El extraño hallazgo excita la curiosidad de Genarina, que en realidad buscaba en la zona  restos iberos. Genaranina está obsesionada por la incidencia de los fenómenos paranormales en el curso de la historia, de manera que se pone a a investigar y después de dos décadas tirando del hilo llega a la conclusión de que el vaso, que por la calidad de su vidrio se puede datar en el siglo I de nuestra era, es el que usaba Nerón para guardar sus lágrimas. Desde Quo Vadis, efectivamente, toda la humanidad sabe que el emperador, aunque fuera cruel, también era llorica.

Por otra parte, el parche de ojo resulta ser el de Ana Mendoza de la Cerda, Princesa de Éboli. La coincidencia  parece un absurdo, pero Genarina sigue estudiando el caso y un día comprende que Nerón, arrepentido de haberse portado tan mal con los cristianos de Roma, fue abducido por las fuerzas del bien residentes en Paramia, una estrella situada a tres millones de años luz, y realizó un viaje astral de quince siglos para entrar en contacto con esta afamada tuerta, a la sazón amante de Antonio Pérez y muy cercana al rey Felipe II. La princesa había ofrecido al rey prudente los servicios de un Nerón reconvertido para hacer una Contrarreforma en toda la regla, con el rigor y la severidad que exigía la herejía luterana. Una labor para la que el desalmado emperador romano, que sólo tendría que cambiar la dirección de su innata vesania, era el baranda indicado. El papa y el católico rey de las Españas se encomendaron a Dios y dieron el visto bueno, porque, como subraya el propio libro, “el fin hay veces que justifica los medios”.

Pero la CIA, que desde hace diez años ha rehabilitado en secreto la máquina del tiempo de H. G.Wells, media en el asunto. Tiene reservada para la intrépida pareja la misión de infiltrarlos en La Meca  y generar desde allí una célula de activistas que acabará con Al Quaeda. El hombre clave es su agente Brad Trochows, educado a los pechos de la Stasi y más tarde de de Putin  y vendido a los a yankis por un duplex en la Quinta Avenida, un paquete de acciones de Walt Disney Produccions y la colección de bragas de Mae West que ha cedido generosamente para el soborno el rijoso millonario Alistair Sobornes. (A cambio, todo hay que decirlo, éste obtendrá la licencia de explotar una mina de diamantes en la Libia de Gadaffi, a punto de caer). Sin embargo, cuando Brad inicia el conjuro utilizando el vaso de Nerón, un inoportuno estornudo le provoca un movimiento brusco, el vaso cae y la joya arqueológoca queda rota en mil pedazos, dando al traste con la operación.

La solapa del libro advierte que es “el nuevo fenómeno editorial de la novela de historia-ficción, un original e inteligente recorrido por las zonas más oscuras de la historia de la humanidad trenzada con una apasionante trama de intrigas, espionaje y misteriosos asesinatos ”, y asegura que ahí se desvelan las claves del amor lésbico que se sospecha que mantuvo Cleopatra con la cocinera de Marco Antonio, de la emboscada que acabó con Viriato, del asesinato de Rasputín y de la extraña muerte de Michael Jackson, aparte de apuntar pistas solventes para resolver el viejo problema de la cuadratura del círculo y de la piedra filosofal. Todo por sólo veinticuatro euros.

2

El vaso de Nerón, que así se llama la novela, está firmada por Adriana Nevol, pseudónimo de Petra Gómez, periodista muy de izquierdas que pasó diez años de corresponsal en Moscú y veinte años predicando el marxismo-leninismo hasta que comprendió que la cosa ya no vendía un clavel, y que la mayoría de sus coleguis ponían un dedo al azar en el calendario de la historia, elegían un personaje más o menos conocido, investigaban en todo aquello que nadie había investigado nunca y que parecía poco probable que fuera investigado y se ponían a escribir una novela histórica que el público recibía con entusiasmo.

-Porque desengáñate, Petra-le dijo la ejecutiva de su editorial-La literatura pura es como agua que se escurre entre los dedos. Y la gente quiere aprender, aunque sólo sean tonterías.

La editorial apostó fuerte por El vaso de Nerón,  y hasta produjo un spot para la tele en la línea de esos trailers de películas de Hollywood que mezclan mitos, historia, verdad, ficción, churras, merinas, sinfonía de efectos especiales, algún guaperas como Johny Depp y Angélica Jolie y luego arrasan en taquilla.

3

Al siempre susceptible Homper también le impresiona la manga ancha  con que ahora se cocina  la cultura que nos invade. Digamos que de este vale todo espiga como positivo el “algo queda”. Del famoso fenómeno El código Da Vinci él no entendió casi nada, y más bien le pareció una patraña o, como dice el castizo, una paja mental. Pero evidentemente sale a la palestra Leonardo y el supuesto misterio de su Última Cena.

-Menos da una piedra-se dice.

Y la transversalidad como método, que tanto vale para la educación como para la divulgación o la creación literaria O sea, empezar hablando del parche del ojo de la Princesa de Éboli y acabar, no se sabe cómo, en la lucha contra el terrorismo islamista. Amplitud de miras, curiosidad, imaginación y audacia sin límites para encontrar un hilo conductor más o menos verosímil y saltar sin barreras de un asunto a otro. El resto debería ser calidad. Pero más probablemente es promoción o pura suerte.

4

Preocupado de que su estupefacción permanente acabe arrojando un saldo negativo o pesimista de su visión de las cosas, Homper se permite recomendar dos nombres de escritores que, lejos de la frivolidad voluntarista de Petra Gómez (perdón: de Adriana Nevol) hacen de sus escritos un viaje cultural siempre instructivo y a menudo fascinante.

Uno es Antonio Muñoz Molina, que hasta en sus artículos de crítica literaria –léase La fiesta interrumpida en el suplemento cultural de EL PAÍS de este último sábado- entretiene, deleita y enseña. Otro es Andrés Trapiello, un verdadero superdotado que tanto escribe poesía y gana premios de novela  como es capaz de elaborar en Las armas y las letras un magnífico ensayo histórico sobre nuestra guerra civil. No la cuenta él, la cuentan los periodistas y escritores, muchos de ellos desconocidos para el gran público, cuyos trabajos ha glosado con la curiosidad y el rigor de un auténtico erudito. Cuántos mitos destruye su investigación, y qué sorpresas se lleva uno leyéndolo con detenimiento. Homper ha encontrado con este libro mucho más placer que con muchos best-sellers. Pero tampoco se dejen llevar por sus consejos. Hay que descontar que, además de Hombre Perplejo, es algo rarito…

 

El álbum de los momentos embalsamables

Momentos así hay que guardarlos como sea...

Momentos así hay que guardarlos como sea...

Mientras no se resuelva lo del acelerador de partículas y la ciencia no nos asegure  la inmortalidad,  habrá que ir pensando en cómo perpetuar lo bueno de la vida.

Roberto Casarrubio era un compañero de trabajo del Duende que dibujaba  como Leonardo y pintaba como quien quisiera. Se enamoró de Bárbara, nacida en Alemania y dueña de un rostro luminoso como el reflejo del atardecer en una jarra de cobre. Entre anuncio y anuncio- entonces en la publicidad había artistas que concebían una página como un cuadro- Roberto miraba a su bella pareja y pintaba en expresionista. El Duende se acuerda de él cada vez que visita el Thyssen. Si el arte no estuviera tan indispensablemente ligado al marketing, podría estar ahí.

 Roberto vivía en un estudio abuhardillado, y tenía una perra a la que amaba casi tanto como a Bárbara. El pobre animal perdió un colmillo, y el bueno de Roberto se gastó cincuenta mil pesetas de la época en implantarle otro de oro. Como la perra carecía de la coquetería de  la Preysler,  era feliz luciendo su dentadura de Epulón canino. Roberto además decidió aprender a tocar el violonchelo pasados los cuarenta años, e incorporó a la familia un mono. No se sabe si también los vecinos, pero Bárbara, la perra  y el mono convivían muy contentas con aquel genio. Porque Roberto, además de sensible y superdotado,  era un amigo entrañable y divertido al que se le ocurrían ideas muy originales.

-Qué maravilla de niños-dijo un día que vio a los hijos del Duende, entonces aún tres criaturas rubias y angelicales- ¿Y si les echamos el fijativo ese que tenemos en el estudio para que se queden así?

El fijativo era un barniz que se espolvoreaba sobre los bocetos a lápiz y pastel para evitar que se difuminasen. Siempre que el Duende  vive momentos especialmente gratos para los sentidos, lo echa de menos. Le sobra la máquina del tiempo de H.G. Wells, porque no le interesa ni revivir el pasado ni asomarse al futuro. Su vida fluye tan veloz que todo es un presente en escapismo constante. Salvo que lo atrapemos con el fijativo del amigo Roberto y lo conservemos con la fragancia de la vida.

Domingo 11 de octubre de 2.009. En el campo. Ha llovido algo, y el pasto empieza a retoñar. Días luminosos. Aunque ya amarillean algunas hojas, los árboles parecen haber recobrado súbitamente algo del ya lejano verdor primaveral. ¿Su canto del cisne?…Temperatura deliciosa. Escribo el post por la tarde, al aire libre, escuchando el rumor de la fuente: un chorrito culebrino y juguetón que asoma entre una cortina de romeros florecidos. Los madroños empiezan a exhibir sus bolitas coloradas, mientras en el bancal de arriba lucen, amarillos, los membrillos. Vocecillas de las niñas, que siguen jugando, incansables, con los cachorros. De vez en cuando, un erizo de castaña que impacta sobre la hojarasca del suelo. De cuando en vez, el aleteo de los rabilargos, que aún acuden a rapiñar las últimas uvas de la parra. Recuerdos de mi madre, de algún amor, destellos fugaces de otros momentos felices. Esto pide un verso, pero lo que de repente suena son los acordes de un Bach básico que aporrea Juan desde el piano del salón. La felicidad debe de ser un mosaico de percepciones semejantes. Esto no pide un verso, pide que vuelva Roberto con su fijativo y empecemos a componer el Álbum de los momentos embalsamables.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,200,829 hits

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 176 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: