Posts Tagged 'Hugo Chávez'

Los pastilleros y el señor Alzheimer

Tomar muchas pastillas te obliga a usar pastillero. Y ordenar las que te tienes que tomar en una semana y saber donde las guardas es una buena manera de hacer trabajar al coco  y de preveni el mal de Alzheimer...

Tomar muchas pastillas te obliga a usar pastillero. Y  llenar el pstillero con las pastillas que coresponden a cada día es una buena buena manera de hacer trabajar al coco y de prevenir el  Alzheimer…

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Inevitable obsesión, viendo la firmeza con que el señor Maduro acusaba a los enemigos de la República Bolivariana de Venezuela de haber inoculado el cáncer que se llevó por delante al glorioso caudillo Chávez. Inevitable. Por la noche, en el sueño te rondó el fantasma de esa vecina mal encarada a la que un día le llamaste la atención por su falta de delicadeza.

-Señora- le sugeriste al ver en el ascensor un sospechoso charquito amarillo y sorprenderla luego entrando  apresuradamente en casa con su mascota-Se habrá dado cuenta de que el perrito necesitaba unos minutos más en el parque, ¿no?

No le gustó a la respetable dama que invocaras el elemental mandamiento cívico de que  cada dueño de un animalito de compañía es responsable de sus excrementos. Y peor aún le sentó que un día  de invierno dejase el saco de la basura  en el descansillo y  le reprochases finamente que no se molestara en bajarlo al contenedor correspondiente.

-Si me sacase usted esa castañera de Lladró tan bonita que luce en la mesita de su hall sería otra cosa- dijiste con la mejor de tus sonrisas- porque eso da categoría a cualquier descansillo. Pero reconozca que abrirse la puerta del ascensor y contemplar entre su puerta y la mía esto no es lo más agradable.

-Perdone- farfulló entre dientes mientras tragaba su ración de quina- Es que hacía tanto frío…

Te sonrió con odio mal contenido desde entonces cada vez que os cruzabais. Y un día quiso poner paños calientes y sellar definitivamente el conflicto ofreciéndote una pastas de almendra riquísimas que le habían mandado de su pueblo. No te diste cuenta de que su rostro había un rictus de bruja de Blancanieves cuando te invitó a que cogieras una, o incluso dos o tres. Picaste, como picas siempre con los dulces de pueblo, sin saber que las pastas estaban envenenadas Luego caíste en un profundo sueño que se transformó en pesadilla, y en él aparecía el nuevo caudillo Maduro para recordarte que tu ingenuidad te había perdido, y que te habían hecho la misma pirula que a su héroe nacional, que en paz descanse.  Santo cielo, qué mal rollo.

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El perro del doctor Javier Hornedo corría mejor suerte que el de la vecina, aunque quizás hubiera precisado: ma non tanto. El doctor Hornedo, una autoridad en oncología, coincidía contigo en que es  madrugador y corredor de fondo, pero mucho más riguroso que tú. Salía a correr con su perro por el monte del Pardo a las seis de la mañana, hiciera frío o calor. Hasta que un día de invierno, observó que cuando el perro barruntaba sus pasos en la oscuridad de su casa y veía aparecer sus Adidas corría a refugiarse desesperadamente bajo el sofá.

-Tan pronto no, por favor- sugerían sus gruñidos- No me hagas la putada de salir ahora con este frío…

Tú mantienes una cierta amistad con el doctor Hornedo. Tratándose de un profesional tan solicitado ya es un lujo que atendiese tu llamada y se ofreciera para supervisar tu tratamiento. Con él coincidiste, además, en una serie de deliciosos viajes de ópera por algunas de las más bellas capitales europeas. Aprovechabais entonces para correr juntos por las mañanas, bien fuera por la bahía de Nápoles o junto al río Neva helado, cuando os llevaron a San Petersburgo y tuviste la oportunidad de conocer una ciudad que admirabas desde que leíste la fascinante biografía de Pedro el Grande que escribió Robert K. Massie, altamente recomendable para cualquier curioso de la historia. Por cierto que este zar tampoco se andaba con chiquitas para afianzar su poder, pues no dudó en matar a su propio hijo por un quítame allá esas discrepancias, pero fue el que modernizó la atávica Rusia de su tiempo y el fundador de esa maravillosa ciudad lacustre que abrió el viejo imperio a Occidente. No te consta que le embalsamaran una vez muerto, y eso a pesar de su grandeza, quizás porque medía casi dos metros y daba más trabajo que el coronel Hugo Chávez. Tampoco vas a pugnar tú porque te conviertan en muñeco parafinado cuando la diñes, ni aunque te quepa la gloria de haber sido el creador del villancico de las Muñecas de Famosa. Vanidades post mortem, las justas. Lo de ser ninot indultat ad eternum, que siga quedando para los grandes histriones de la historia.

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Cuando un ignorante enciclopédico como tú tiene ocasión de pasar un rato con una eminencia, aprovecha y pregunta igual que un niño. ¿Y cómo te dio por especializarte en oncología? ¿Y cómo se forma un cáncer? ¿Y qué es una metástasis? ¿Y por qué mata tanto? No entendiste la mayoría de las respuestas de  Javier Hornedo al respecto, pero sí en cambio recuerdas  que te aleccionó sobre el esfuerzo mental que exige la prevención de otros males propios de la edad  madura, como es la pérdida de memoria. La tuya es flaca, más y más cada día que pasa, pero no siempre corres o patinas a la orilla del Neva helado con un amigo sabio, y lo inusual cuelga en el cerebro momentos imperdibles como esos. Así que se te grabó perfectamente el ejercicio que aconsejaba hacer todos los días para mantener fresca la memoria..

-Imagínate que avanzas por un largo pasillo con muchas puertas a cada lado. Eliges una puerta, a la que asignas un número. La abres y entras un una habitación en la que hay un gran bargueño con numerosos cajones. Imaginas que en cada uno de ellos vas guardando una cosa: aquí las llaves, en el segundo cajón, tus monedas, en el tercero tu cartera de bolsillo, el cuarto tu móvil, en el quinto las gafas de sol….Vas llenando todos los cajones con objetos que usas diariamente. Y repites con tu memoria todos los días lo mismo: avanzar por el pasillo, entrar por la puerta justa, ir abriendo uno a uno todos los cajones y recordar el objeto que depositaste allí.

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Te acuerdas de que cuando regresabas del colegio, y antes de los seriales radiofónicos Dos hombres buenos y Diego Valor, que te apasionaban, ofrecía Radio Madrid una seción de cuentos dedicados. A Mari Tere, para que se cure pronto de su anginas, con todo el cariño de su madrina, La Ratita Presumida. La ratita cantaba con una voz insoportablemente cursi y almibarada esta bella canción: Limpio mi casita, tranlaranlarita/ Barro, friego y coso, tranlaranlaroto…/ Y todos los días, la misma tarea/ más  lo hago contenta por quien algo lo vea…Pobre ratita,  pensar que luego vendrían las Bibianas Aídos y anatematizarían su modelo de virtudes sociales.

Da igual, tú no necesitas ser feminista. Sólo eres un un tipo ligeramente tocado que vives solo. Los días sin asistenta te toca ser  ratita presumida a tiempo completo. Y ahora, en tu condición de enfermo, una vez a la semana debes añadir a las labores clásicas del ama de casa la faena que más te estresa: sentarte  en una mesa, abrir las cajas de los medicamentos y  los pastilleros de toda la semana e ir rellenando, una a una y sin equivocarte, cada una de las cuatro cajitas en las que se subdivide cada día. Un Omeprazol, un antiinflamatorio y un analgésico en la del desayuno, un antiinflamatorio y un analgésico en la de la comida, lo mismo en lo de la cena, y un somnífero en la cajita señalada con una luna menguante para la hora de dormir. Aparte de algún que otro antigripal o digestivo donde caiga. Desgraciadamente, con tan abundante pastillamen no queda sitio para una píldora de Viagra, por si a última hora apareciera un hada madrina para ayudarte a quitarte el corsé, tan excitante para ella como para un hombre desabotonarle  a un hada el liguero. El orden  no lo arregla todo.

Luego está lo de preparar y clasificar la abundante burocracia que apareja tu tratamiento. Volantes de cita, volantes de prueba, autorizaciones de tu sociedad médica, análisis, recetas, informes, radiografías, DVD con otras pruebas radiológicas…Demasiado tragín para un jubilado pacífico al que le sube la tensión y padece sobrecargas de adrenalina cada día que tiene que echar una carta al buzón o cambiar una bombilla fundida.

Eso sí, tu amigo el doctor Hornedo puede estar contento. No sabemos si con esta gimnasia mental lograremos contener el cáncer. Pero-vaya lo uno por lo otro- al menos le haremos esperar algo  al señor Alzheimer.

Un rayo de sentido común

Rajoy de niño ya tenía cara de empollón. Mejor: si alguien quiere ser presidente de gobierno, que se lea antes los papeles...

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Homper hacía tiempo que no se quedaba perplejo por un motivo así. Cuando comunicaron los resultados del escrutinio, primero se pellizcó para comprobar que estaba despierto, y luego se rascó la cabeza con gesto de catador de vinos. O sea, pasmo, extrañeza, cierta sensación de que el triunfo de Rajoy tenía más gato encerrado que el deber de enfrentarse al caos. Finalmente Homper ensayó postura de pensador de Rodin  y dijo solemnemente para sí mismo la filosófica frase del día.

Ergo quedaba sentido común!….

Como Homper está jubilado y es de esos pelmas que se empeña en hablar de todo con el primero que se encuentra, repitió la frase cuando el tendero del barrio, luego de despacharle el pan, el periódico y la leche, le preguntó su opinión sobre el resultado de las elecciones. Y comprendiendo que el tendero no sería partidario seguramente del triunfador, añadió que lo del sentido común no era tanto porque el pueblo haya elegido la mejor opción como porque, desde luego, ha querido reprochar al PSOE sus dos legislaturas de desafueros.

-Va a se que sí, señor Homper –le dijo el tendero- Mi madre al principio de escuchar a ZP le parecía muy majo. Pero de la que empezó a romper todo lo que ya teníamos medio arreglado en España dijo: este chico no se ha leído los papeles.

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Leerse los papeles, pensó Homper. No está mal visto, caramba. Mariano Rajoy no ilusiona, no vende glamour, no dice frases hermosas como aquello de que la tierra sólo es del viento, es visceralmente incapaz de seducir a Ana Belén, a Bosé y a Almodóvar. Pero da la impresión de haberse leído muchos papeles antes de rechazar su plácido futuro de registrador de la propiedad para embarcarse en el arriesgado empeño de presidir un gobierno en España.

-Y mira que el ZP tenía labia. Pero…¿por qué no se leyó los papeles que hay que leer para saber donde te metes y qué terrenos pisas?

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No se leyó libros de economía y le estalló la crisis. No hizo las cuentas bien, ni se tomó el trabajo de calcular lo que tenía para gastar. Política energética, Plan Hidrológico, Informes PISA sobre Educación…¿de verdad leyó algo de todo eso?  Tampoco debió de haber leído a fondo la Constitución, pues la reventó él mismo después alentando estatutos imposibles. Pasó de Europa y de toda política exterior que no fuera Castro, Chávez y su fantasmagórica Alianza de Civilizaciones y así nos luce el pelo. Y, oh, sorpresa, en su gobierno y en su partido no hubo nadie con el suficiente peso y el valor necesario para darle un toque de atención y recordarle que hay que leerse bien los papeles antes de tomar decisiones importantes.

-¿Era lógico que el pueblo confiara en Rubalcaba, el mismo que ha secundado sin chistar todos los disparates de un jefe que se creía como Alicia en el país de las maravillas?

Faltó en los derrotados preparación y percepción de la realidad. Y faltó valor y autocrítica en el partido que los apoyaban. Homper piensa en cambio que lo que  no ha faltado es sentido común en el electorado, que harto ya de vendedores de crecepelo y utopistas de cristal prefiere ahora a un tipo serio que al menos se leerá los papeles.

 

 

El discurso del Rey y el discurso de la calle

Pregunta: ¿es el Rey el único que debe esforzarse en hablar un poco mejor?...

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El Rey también habla mal. Cuando se irrita, para desahogarse y vencer su tartamudez, grita como un jaimito enloquecido: coño, teta, culo, pedo, caca, pis. Naturalmente, no es el rey Juan Carlos, al que pese a su reconocida espontaneidad sólo se le ha pillado un por qué no te callas que el presidente Chávez se había ganado a pulso. Sino Jorge VI de Inglaterra, admirablemente representado en El discurso del Rey por Colin Firth. No se le parece éste físicamente en nada, con lo cual no ha sufrido las críticas que aquí levantó Puigcorbé por aprovechar su lejano parecido con el borbón para imitarle en uno de esos seriales que han pasado recientemente por la tele. Pero interioriza el problema de Jorge VI, vive su angustia y su frustración en cada uno de sus gestos,  y se los traslada al espectador con una autenticidad tal que este acaba olvidando si el rey verdadero era más alto, más rubio, más elegante o más guapo que Firth. Este le ha ganado el alma, y esa es la que acaba emocionando y, al cabo, convenciendo. La magia del saber actuar.

Lo demás también ayuda. Magnífico Rush en la composición del falso logopeda Logue. Insuperable Michael Gambon en su breve intervención como Jorge V: qué voz y qué dicción. Qué maravilla. Y qué diálogos. Como la fotografía, de una sutileza dramática que se hace casi poesía. Como la ambientación. Como la dirección, de Tom Hooper, que puede estar orgulloso de haber filmado una película histórica sin caer en ninguno de los vicios tradicionales de este  tipo de cine Una gran película y un rato delicioso, en suma.

Aunque el Rey tenga que hablar mal para conseguir acabar hablando medio bien.

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El pobre duque de York, que iba a ser rey a su pesar, hablaba mal por problemas de dicción. Y necesitaba hablar bien para un discurso trascendental Pero una cosa es la dicción y otra el lenguaje. Para ambas cosas usa el castellano el verbo hablar. La polisemia se extiende también a la palabra discurso: hace unos años un discurso era sólo una pieza oratoria. Ahora decimos discurso también al contenido de esa pieza oratoria. El discurso, según esos que ahora su llaman politólogos, viene a ser la enunciación del pensamiento.

No tiene claro este bloguero cómo andaremos los españoles de pensamiento. Sospecha que no muy lucidos. Pero velay por donde, el mismo día que quedaba fascinado por El discurso del Rey había leído un artículo de Juan Cruz donde denunciaba que el lenguaje de la basura se ha instalado en la política, en los medios y amenaza con empobrecer nuestro idioma. Artistas, deportistas, polemistas y políticos deslenguados animan el patio. Yo soy más golfo que tú puta, y gilipollas el último, que si no, no vamos a parecer ni modelnos ni progres, y además ninguna cadena paga nada por ser bien educado. Pues qué alegría.

¿Se atreverá a recordar alguien que el lenguaje cada vez más sucio y barriobajero acaba envileciendo el pensamiento?

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El discurso del pueblo no tiene por qué ser el del Rey. Todos hablamos mal en todos los sentidos. Cometemos errores de sintaxis y de dicción, manejamos poco vocabulario y además soltamos tacos y palabrotas a dos por tres: porque estamos enfadados o porque ya nadie se escandaliza por nada, y queda gracioso y espontáneo que incluso la gente culta caiga en la jerga canalla.

No estamos obligados al cuidado que debe mantener un rey, porque no encarnamos más que nuestra propia representación. Pero los que han recibido una buena educación  no deberían (o deberíamos) traspasar los límites del decoro y la sensibilidad. La moda se fuma un puro en estos melindres pasados de moda. La inteligencia debería, a su vez, fumarse un puro también y despreciar las memeces y los excesos que impone la moda. Hablar mal no tiene por qué estar bien. Lo digan Cela, Almodóvar, Pérez Reverte, De la Riva, Jiménez-Losantos, Pajín, o Casillas, cuando, por valorar la hazaña de ganar el Mundial de Fútbol acudió a la palabrota comodín que ya no se le cae de la boca a casi ningún joven: ¡es la hostia!

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La tía Clota, que estudió filología y literatura y fue profesora de español en Estados Unidos, donde aún vive, se escandaliza por el uso y abuso de una palabra que los que tenemos una cierta edad y recibimos educación religiosa nos resistimos a banalizar.

-¿Por qué ahora todo es la hostia? –se pregunta sorprendida.

Antes fue la repanocha, el despiporren, el acabóse, el no va más,  la pera limonera, la bomba, o incluso la leche. Pero ahora es la  hostia. Antes fue la bofetada, la galleta, la chuleta, la colleja, el capón,  el golpe, el trastazo,  el trompazo, el  batacazo. Ahora también eso es la hostia. Antes el adjetivo  fue bueno, inolvidable, bellísimo, grandioso, histórico,  emocionante, irrepetible, insuperable…Ahora también es la hostia.

Lo positivo o lo negativo, el bien o el mal, la felicidad suprema o el infierno, le perfección o el desastre. Todo se resume en esa palabra. No goza la oblea blanca que se consagra en la misa del mismo cordón sanitario que el lenguaje políticamente correcto  está tendiendo sobre otros errores u horrores del lenguaje tradicional. Se eliminó del diccionario judiada, nos mordemos la lengua antes de decir moros y maricones, y  llamamos conserje al portero para  halagar su autoestima. Procuramos no ofender a los discapacitados y barremos los residuos sexistas de nuestro modo de hablar. Aunque eso sí: la hostia a todas horas, venga a cuento o resuma  la incapacidad e ignorancia del que está tomando la palabra. A la inmensa mayoría, acostumbrada al vive y habla como quieras, esta simplificación de lo sagrado les resbala. Al cristiano tradicional quizás le ofenda y le sorprenda. Pregunta: ¿qué pasaría si, según la doctrina musulmana, la hostia simbolizara el cuerpo de Mahoma?

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Comparte este bloguero la perplejidad de la tía Clota. Pero reconoce que está a punto de entrar en la ancianidad oficial, y que cada día pertenece un poco menos al mundo que vivimos. Como Jorge VI,  necesita un logopeda justo para lo contrario: corromper aún más su palabra y y enseñarle a malhablar y a insultar como manda la academia de la calle. Aunque siga pensando que el discurso de ésta, sin ser tan pulcro  como cabe exigirle a un rey, debería recoger al menos el buen sentido y la gracia que antes distinguía al pueblo.

Julieta es una lagartona de cuidado

Hay que decirle a ZP que la política es una Julieta un poco lagartona...

Aún siente España la anciana tía Clota. En el condado de Mountmouth, Vermont, ya se ha echado el invierno. Serán Navidades blancas, como de costumbre. Así que la veterana  profesora de español, viuda de un agricultor de fortuna de Nueva Inglaterra, pasa casi todo el tiempo en casa viendo caer la nieve sobre el bosque que la rodea. Todavía hace punto para los bebés de un orfanato: los hijos que nunca tuvo. Todavía lee. Y el resto del tiempo, si no se junta con sus amigas Edwina y Thelma, juega al bridge por Internet, hace solitarios, ve por la tele satélite las noticias y, un par de veces a la semana, conversa  a través del programa Skype con el único pariente cercano que le queda en su patria de origen. Es su sobrino Homper.

La tía Clota es tan crítica como le permite la insolencia. Mantiene que los viejos ya no tienen pelos en la lengua.

-Ya ves, sobrino. Pensaba que vuestro presidente era incapaz por falto de seso. Pero ahora, con la que tiene encima, sólo pienso que es incapaz por bueno. ¿Habrá leído El Príncipe de Maquiavelo? Yo lo veo como un Romeo equivocado que trata de conquistar a la política  como si ésta fuera una Julieta cualquiera. ¿Lo estás viendo?…Tan guapo, tan limpio, tan fino, tan romántico, con su jubón, sus calzas, su corrito de pluma y su capa, y un laúd entre las manos, cantándole  en el balcón endechas llenas de talante, diálogo, y alianzas con esas civilizaciones imposibles…

A Homper, el Hombre  Perplejo, no le sorprende el fondo del pensamiento, sino la imagen cinematográfica con la que lo describe.

-Al principio, la Julieta le pone buena cara –sigue la anciana- Parece embelesada por el verbo del noble juglar español. Parece conquistada…Pero de repente echa una risotada, se rasca la entrepierna y rompe en carcajadas estentóreas.

Homper comprende que la tía Clota, por discreción, no ha dicho la frase que le cuadra  a Julieta en ese cuadro tragicómico. Vamos no me jodas, Pepeluí…¿Con quién te crees que estás hablando?

Y le repasa algo de la historia a su sobrino.

-Todos los políticos tienen que ser canallas alguna vez –dice la tía Clota mientras le echa azúcar a su taza de te-  Ser implacables con algunos para defender sus intereses, ¿no?  A saber qué tropelías no habrán hecho Alejandro el Magno, Octavio Augusto, Pedro el Grande, Carlos V y los grandes prohombres de la historia……¿Y los bombardeos aliados sobre ciudades alemanas que suscribió Churchill para ganar la guerra?..¿Y las bombas atómicas  sobre Hiroshima y Nagasaki que lanzó Truman para acabarla? ¡Y eso que ahora parecen los buenos de la película!…

Se enredan en la actualidad tía y sobrino. Hablan de ETA, los piratas, el terrorismo, Al Qaeda, la tradicional amistad de los pueblos árabes –menos mal que son amigos- el dontancredismo de la ONU,  Castros, Cháveces, Evos, Gibraltar y de Moratinos, que no es Ministro de Asuntos Exteriores, sino de Asuntos Imposibles. Y la tía Clota, candorosa, da un consejo final.

-Anda, sobrino, acércate a Moncloa y recuérdale al pobre Zapatero lo que no le debe haber dicho nadie. Dile que su Julieta, por muy zalamera que parezca, es una lagartona de cuidado…

Zapatero se moja

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Parece mentira, pero todavía al día de hoy se registran silencios sobre cuestiones de palpitante actualidad mundial que el ciudadano responsable no acaba de entender.

Verán. Se explica que Obama esté metido de lleno en sanear la crisis de Estados Unidos o en endosar a Europa sus presos de Guantánamo. Bastantes marrones son para el inquilino de la Casa Blanca, caramba.

También se comprende que Ahmadineyad nos quiera convencer de la impecable lección de democracia que acaban ofrecerlos las urnas en Irán. Está en su papel.

Como bien subrayaba el inolvidable Manolo Summers, tó er mundo es güeno. De manera que los bien pensantes incluso encajarán de buen grado las excusas de Berlusconi sobre los guateques con sus lolitas en su villa de Cerdeña, o las de Gordon Brown por las chorizadillas de algunos miembros de su partido. Son lunares en la trayectoria de dos grande estadistas que necesitaban esas disculpas.

La opinión pública también acabará aceptando las de  Benedicto XVI, que ha pedido perdón por ciertos excesos inconfesables del clero en Irlanda. Como recordaba san Ignacio, errare humanum est, y hasta el más justo de los justos puede meter la pata o meter la mano donde no debe.

Esta  misma visión optimista del género humano acabará interpretando la fiebre nacionalizadora de Hugo Chávez o de Evo Morales como un ligero desvarío de sus políticas reivindicativas.  Que, aunque ellos dicen que son muy buenas para el pueblo a veces, por cierto, se pasan varios pueblos.

Todo el mundo no es sólo bueno, sino enormemente comprensivo con los grandes líderes mundiales. Pero lo cortés no quita lo valiente. Una cosa es que estén en sus problemas y defiendan sus intereses, y otra que hayan pasado olímpicamente sobre la gran cuestión que divide al pensamiento moderno. ¿Cómo es posible que hasta ahora Obama, Ahmadineyad, Berlusconi, Gordon Brown, Benedicto XVI, Hugo Chávez, Evo Morales y otros protagonistas de la actualidad no se hayan pronunciado sobre la procedencia o improcedencia del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid? Vamos, que es que no tienen perdón de Dios.

Porque velay las cosas, el que es líder carismático y planetario, el que de verdad sabe estar en su sitio, arreglar el mundo y prevenir y decir siempre lo que es oportuno, ya se ha mojado. Su conciencia ciudadana es superior a su pragmatismo político, y aún a riesgo de perder el voto de la churrera de mi barrio, que es merengona hasta las cachas, Zapatero ha declarado que la cuantía del fichaje de Cristiano Ronaldo no le parece bien. Podía haber dicho qué es una raya más para un tigre, a él que cien millones más o menos de gasto público ni le alteran la sonrisa. Pero aunque la pasta no la vayamos a pagar todos los contribuyentes, sino el Real Madrid, él no lo dice por el huevo, sino por el fuero. Y sugiere que la operación de Florentino Pérez es un desafuero que, además, cuesta un huevo. No como sus decisiones, todas justas y procedentes y que sólo arruinan al erario público.

Sobre el resultado de las últimas elecciones europeas, silencio. Sobre el aborto, pasando de puntillas. Sobre  el cierre de Garoña y el cinismo de nuestra política energética, nada de  nada. Sobre las últimas subidas de impuestos, larga cambiada. Sobre las nuevas alarmas del Banco de España, como si no fuera con nuestra economía. Aquí lo que importa es lo que se derrocha en el fútbol. Eso es sentido de la responsabilidad.

Y no como el del camarero que esta mañana me sirvió un café. No se lo van a creer: le pregunté cuánto era y  me cobró sin hacerme ni un solo comentario sobre el famoso fichaje. No se a dónde vamos a llegar con tanto pasotismo, ya les digo.

La liga de los amantes de la perrunilla

Las perrunillas, tan ricas como mal envasadas, merecen mejor trato

Las perrunillas, tan ricas como mal envasadas, merecen mejor trato

El día 16 de febrero estaba siendo, como casi todos los días, trágico. O cómico, según se mirase. O irrelevante. El caso es que Homper se quedó perplejo una vez más al advertir que la realidad puede ser percibida de formas muy distintas, según las circunstancias de cada quisque. Su mala conciencia le conducía a la apreciación más nefasta. Su sentido de la supervivencia, le aconsejaba evadirse y elegir lo irrelevante.

En una sola jornada de lo que podrías denominarse como de responsabilidad social, Homper había llevado a cabo tres actos temerarios y un ejercicio de utopía. Los actos temerarios habían sido escuchar las noticias de las ocho en la radio, leer un periódico, y finalmente, ver un informativo en la televisión. Deprimente. Naufragio de una patera en Lanzarote con veinticuatro ahogados a cien metros de la costa. Asesinato de una chiquilla en Sevilla a manos de su novio y otros cómplices. Memorial de quiebras, cierres empresariales, despidos y otras llagas de nuestra economía. Repaso de procesos y actuaciones diversas contra chorizos, adictos a la mamandurria y corrupciones diversas. Repertorios de frases de políticos en campaña. Y el caudillo Chávez citando a San Pablo para justificar su afán de perpetuarse en el poder. Eso sí, no por interés personal, sino por el compromiso de que la revolución bolivariana pendiente redima al mundo.

El ejercicio de utopía fue ponerse en contacto con la tía Clota y consultarle si le gustaría que escribiera de ella y de sus amigas Thelma y Edwina en una novela que podría llamarse Días dorados en Tinmouth. El título le mosqueó bastante a la tía.

-No me dores la píldora -le espetó- Y nunca mejor dicho. Sería preferible que te busques otros temas que vendan más. Pero si vas a hablar de nosotras, cuenta la verdad sin el eufemismo ese de los días dorados. Tres ancianas de Tinmouth o Últimos días en Vermont sería más ajustado a la realidad. Mentiras, sólo las necesarias, que ya somos mayorcitas.

O sea, que no les hacía demasiada ilusión ser protagonistas de una novela. Y si ni siquiera ellas la iban a leer, para qué escribirla. El dilema eterno. ¿Escribir de qué, si todo lo que llamaba su atención ya había sido mucho mejor tratado por otros?

-Por cierto, sobrino-apuntó la tía- La última vez que me enviaste perrunillas me llegaron pulverizadas.

Qué gran verdad. Las perrunillas, esas deliciosas pastas campesinas que tanto echaba la tía Clota, se venden en bolsas de plástico o en cajas sin tapas, cubiertas sólo por una película de celofán plástico. Las galletas danesas o inglesas, que son mucho más duras, más empalagosas y engordan más, se venden en cajas de lata y se pueden mandar por paquete postal, porque están protegidas. Él tuvo que envasarlas en la primera caja de cartón que pilló, que era la del  router de su ordenador, y el blindaje no fue suficiente.

-No te preocupes, tía -respondió Homper- Encontraré una caja de galletas danesas para el próximo envío. Y gracias por la idea…La liga de los amantes de la perrunilla…¿Verdad que eso no lo habrá escrito nadie?

Todos podemos ser un poco Dudamel

Una pareja se entrega a un tórrido amor. En el culmen del orgasmo ella, fuera de sí, se retuerce y entre suspiros da rienda suelta a su ciega pasión: ¡Dios!…¡Dios!- exclama. ¡Vos podés llamarme Ricardo! -responde el caballero quitándose importancia.

El chiste, bueno o malo, sería políticamente incorrecto contado por un español. Pero en boca de un porteño tiene toda la gracia. Con todo, lo insólito es que no se escuchó tomando unas cañas o en la cola de las taquillas de un estadio de fútbol, sino en el ensayo semanal del coro Vía Magna, que, por cierto, se prepara con entusiasmo para cantar La Creación de Franz Joseph Haydn. Qué contraste, ¿no?

El chiste, claro, no era de una soprano ni de un tenor, sino de su director, Oscar Gershenssohn, un vehemente argentino que por su sensibilidad, su sentido del humor y hasta por su aspecto parece un calco de sus paisanos les Luthiers. Oscar suma a ello otras constantes del estereotipo con el que aquí imaginamos a los argentinos: pasión por el fútbol -Boca Juniors y, mucho me temo, Real Madrid son para él tan importantes como Bach o Beethoven- notable adicción al sexo, fascinación por el psicoanális y una irónica visión de la misión de su gloriosa patria en el mundo. Aún hay otro rasgo que matiza su peculiar personalidad, y es que Gershenssohn es judío woodyalleniano, lo cual le permite trufar sus ensayos de comentarios divertidos y de profunda cultura bíblica con apenas unos compases de por medio. El Duende puede certificar que entre cuarenta y cincuenta ciudadanos de ambos sexos, muchos de ellos jóvenes y algunos en la edad madura, sacrifican dos horas y media en el inicio del fin de semana para aprender y, de paso, divertirse haciendo música con él.

Su historia viene a cuento ahora que los premios Príncipes de Asturias acaban de reconocer el mérito de Juan Antonio Abréu, el impulsor del Sistema de Orquestas Jóvenes de Venezuela. Esta experiencia única, que ha conseguido llevar a la música clásica a muchos adolescentes sin recursos que probablemente se habrían convertido en delincuentes, ha generado un fenómeno llamado Gustavo Dudamel, presunto candidato, dicen, a dirigir la Orquesta Sinfónica titular en el Teatro Real. La música aprendida con rigor, pero también con el encanto que distingue a los grandes docentes, ha obrado lo que parece aún más imposible en el país dirigido por un milico mesiánico como Chávez.

Al Duende sin embargo no le parece menor la terapia que, en otros niveles, y salvando las distancias, administra Gershenssohn con su Via Magna. En su coro, y junto con el Duende, se reúnen gentes de muy distintas procedencias que pagan por cantar y ser simples ladrillos de esas catedrales sonoras que son las obras corales de los grandes compositores. Se puede ver en él, entre muchos otros, a una secretaria de Estado, a un astrónomo, a una funcionaria y a un empresario de Tomelloso. Este último, Antonio Morales Úbeda tiene estudios de guitarra, violín y piano, y además dirige su propio coro en la manchega ciudad donde el novelesco policía Plinio investigaba sus crímenes. Pero todos los viernes se pone al volante de su coche y hace cuatrocientos kilómetros en solitario para asistir al ensayo y cantar en perfecto alemán a Haydn. Qué lección.

Como se ve, todos estamos a tiempo de ser algo dudameles, y vivir en nosotros ese efecto maravilloso que nos permite sentirnos felices. Basta escuchar a los grandes genios con detenimiento, y buscar después a uno de esos abréus u óscares anónimos capaces de pastorear nuestras inquietudes y convertirlas pacientemente en ese milagro llamado música.


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