En la casa donde se crió el Duende había un viejo arcón de madera labrada de color negro. Era un mueble de un estilo que he visto en caseríos vascos o navarros, grandote y severo, pero muy útil. Servía para guardar vestidos y cortinas que iba quedando en desuso, pero que merecía la pena conservar. Allí, entre otras prendas y bolas de naftalina, descansaban esperando mejor oportunidad el abrigo del abuelo al que aún no se le había dado la vuelta, aquella estola de astrakán que tanto les gustaba a las hermanas para disfrazarse de Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses y el smoking de cuando el padre no había desarrollado la curva de la felicidad.
Entonces los mi edad medían su importancia y su felicidad en agujeros del cinturón, que además se abrochaba muy por encima de donde se entalla ahora. La barriga era un signo de distinción de gerifaltes, de ministros, de capitalistas de pro y de generales con mando en plaza. Destinos que, salvo raras excepciones, ya no copan mis contemporáneos, sino gente mucho más joven y en general menos gruesa. El padre del Duende sólo fue un modesto funcionario, pero en sus mejores años no desdecía de la orondez de los opulentos. Superados los setenta años era sin embargo un hombre de peso normal. La barriga le había dicho adiós, no así la lucidez ni el criterio. Llegó a la jubilación por cumplir la edad reglamentaria, y se dedicó a disfrutar de ella, pero no le mandaron al arcón de la naftalina donde ahora dormía el disfraz del Duende.
A éste le ofrecieron un micrófono en Onda Madrid, la radio de la Comunidad de Madrid y ha aceptado encantado el reto. Ninguna imposición, ninguna indicación, salvo que siga intentando las travesuras que, con Iñaki Gabilondo, con Julio César Iglesias, con Olga Viza, con Carlos Herrera, con Antonio Jiménez y, por supuesto, con Javier Capitán, le hicieron reconocible en el dial. Tú vienes de lunes a viernes al programa de Curro Castillo y cuentas lo que te da la gana, le dijeron. Y allí estará hasta que el destino disponga otra cosa.
Pueden escucharle en el 101. 5 y en el 106 de FM en la Comunidad de Madrid, pero me dicen que se recibe también en buena parte de Castilla la Mancha y Castilla y León. A través de internet, como es natural, llega a cualquier parte del mundo. Basta entrar en esta web y pinchar en “escuchar en directo”.
No hubiera comunicado la noticia si no fuera porque desde que se estrenó este blog han sido insistentes las muestras de interés de muchos de sus lectores por una posible vuelta a la radio. Y hubiera sido una descortesía no responderles. Aún siendo locuaz, nunca fue el Duende partidario de dar cuartos de más al pregonero. Su madre se quejaba: hijo, me ha dicho la farmacéutica que hablas por la radio…El Duende callaba porque pensaba que ella lo que de verdad esperaba de él era que se convirtiera en hombre de provecho. Las cosas de la época.
Ahora lo cuenta porque, como en la película de Garci que logró el primer Oscar para España -alguna culpa tendría Cole Porter- se trata de beguin the beguine. Volver a empezar, qué nervios, y yo con estos pelos…Confiemos en que las neuronas cerebrales no se le hayan acorchado. Lo del olor a naftalina de su disfraz de Duende, se irá en tres paseos por la Casa de Campo.


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