Posts Tagged 'La gran evasión'

Sueños de un editor frustrado

Dicen que ahora editar tu propio libro no es un sueño...

Dicen que ahora editar tu propio libro no es un sueño...

La cosa es que la prima, que había sido siempre una mujer tímida y calladita, toda una vida dedicada a trabajar por los demás, con el mal dormir que dan los años se levantaba por la noche y se ponía a escribir. Nada pretencioso: reflexiones, pequeños poemas, pinceladas sueltas de su imaginación, cuentos mínimos y aleluyas piadosas al estilo de Las florecillas de San Francisco. Porque la prima, ya les digo, que de joven pintaba como para ennoviarse con ella, a fuerza de discreta plegó su alma sobre sí misma, se hizo asistente social y casi dio en la santidad.

El Duende, veinte años más joven, convivió con ella en la finca familiar que comprara el bisabuelo. Y comoquiera que aún siendo el más pequeño de su generación, era el único que escribía por afición,  fue el depositario de los escritos de la prima.

-A ver que te parecen –le dijo al entregárselos reflejando en su gesto la  esperanza en ser autora.

Los escritos de la prima eran justamente lo esperable de una prima de aquel tiempo. Respiraban ilusión y destilaban –oh sorpresa-el espíritu sensible de una mujer, que, contra todo lo que parecía, también se había enamorado alguna vez. El Duende convenció al resto de sus primos y a sus numerosos sobrinos de que aquellas páginas merecían un libro que, sin duda, a ella le encantaría recibir como regalo inesperado.

-Es muy fácil-se aventuró-Ahora en Internet hay webs como www.bubok.com que te permiten hacer tú mismo ediciones digitales cortitas y por cuatro perras.

Nunca lo dijera. Qué maldición, el hágaselo usted mismo, como el IKEA de las editoriales. Con María, que era la sobrina favorita, el Duende trabajó en la selección y corrección de los textos. E incluso escribió un prólogo en el que, cómo no, aparecía Audrey Hepburn y algunas otras de sus obsesiones recurrentes. Esta es la prueba:

Cuando yo era un niño, mi prima era una moza menuda, pero con una sonrisa coqueta y un par de esos encantos femeninos que a ningún chaval le pasan inadvertidos. Nunca entendí que Gregory Peck, por ejemplo, no apareciera un día por El Rincón a llevársela de paseo en la Vespa de Vacaciones en Roma. Sin embargo ella era demasiado tímida para estas aventuras. Y además, seguramente hubiera sido incapaz de quitarle el novio a Audrey Hepburn. Gracias a estas páginas que siguen uno sabe que, además de ser una magnífica persona, Mary pastoreaba las mismas ilusiones que cualquier jovencita de su tiempo. Entre que a Gregory seguramente se le averió la Vespa, y que ella pronto desvió su mirada hacia las necesidades de los demás, nos hemos perdido el gran sueño de la prima Mary.

Una tarde, María y el Duende se embarcaron en esa tarea tan fácil que es la autoedición en Internet. Ja. Claves, contraseñas, correo de vuelta, menúes que dicen que se abren y no se abren, pestañas abstrusas, infinitos campos por rellenar, lenguaje de  informáticos, mensajes ininteligibles para neuronas cerebrales talluditas, como ya son las suyas. Desesperación.  Fueron varias horas de este cálido verano para acabar rendidos como patatas al vapor. Y, constantemente, volver a releer el texto que se quiso, y no se pudo, subir a aquella web para que fuera convertido en libro.

Naturalmente, no se consiguió. El único logro del Duende fue advertir que, para el mucho cariño que tenía a la prima Mary, quizás el prólogo se había quedado cortito en el elogio. Así, pensó que además de a Gregory Peck en su Vespa, debía de haber incluído en la lista de pretendientes a Gary Cooper en su caballo de sheriff, a Charlton Heston en su cuadriga de Ben-Hur, a Steve Mac Queen en su moto de La gran evasión y a Robert Redford en su avioneta de Memorias de Africa.

Puede que aún lo haga. Sobre todo si algún alma alma caritativa o alguna mano joven despabilada se ofrece para ayudarle en esta tarea tan fácil que, según dicen, es la autoedición en Internet.

La Velo Solex

¿Se puede volver atrás por el túnel del tiempo en Velo Solex?...

¿Se puede volver atrás por el túnel del tiempo en Velo Solex?...

De vez en cuando aparece una pavesa  del pasado y nos recuerda que el tiempo vuela. Suele ser un flash amable, porque la memoria es selectiva, y borra fácilmente las huellas tristes.  Hace unos días el Duende evocaba cómo a los diecisiete años dio en la mesa de trabajo de compañero Pepe Cruz Novillo con  un juguete ya imposible de encontrar en las jugueterías.  Era el autobús de hojalata de RICO, amarillo y rojo, tan patriótico, tan sencillo, tan bonito. A esas alturas de la vida, se había convertido casi en una antigüedad. Fue verlo y emprender lo que Marcel Proust describía tan minuciosamente después de morder la magdalena famosa. O sea, la búsqueda del tiempo perdido.

El Duende tiró de él con un cordel invisible que arrastraba una ristra de juguetes ya fuera del mercado. Otros amigos suyos miran a otro tipo de juguetes. Manuel Gasset, por ejemplo, pertinaz conservador de todo brillo crepuscular, mima con esmero un precioso Morris Minor de mitad del siglo pasado. Es de color verde, coqueto y proporcionado, fiel representante de una estética donde el utilitarismo todavía convivía las formas clásicas de las berlinas. Se abrían sus puertas y de él podía salir David Niven, Trevor Howard o James Mason, galanes ingleses de la época. Hoy el que sale -y sólo en ocasiones solemnes, como bodas y bautizos- es Manuel. Peina y viste más o menos como aquellos, porque sigue mirándose en los escaparates de Saville Row, pero se ve que es actual porque ahora lleva en su coche joyita un GPS. Renovarse o morir.

Este puente Manuel y Tatala, su encantadora y más que santa esposa, le habían invitado al Duende a  su bonita casa de San Sebastián. Oficialmente el pretexto era disfrutar de unos días que el INM pronosticaba soleados y tranquilos. La realidad es que Manuel quería pasar a Francia y rescatar ese ciclomotor prehistórico cuidadosamente restaurado por un manitas en Bayona. Como el Duende  también tiene el MNI  (Mastes en Nostalgias Inútiles), aceptó de buen grado.

Esta bicicleta con motor que transmite su potencia a la rueda delantera es negra, y  tiene una estética parecida a la de las hormigas voladoras. En realidad se asimila más a aquella motocicleta con la que los héroes del Alcázar de Toledo molían la harina para hacer el pan que a otras míticas, como las  de Easy rider o aquella otra con la que se fugaba Steve Mac Queen en La gran evasión. Pero las motos antiguas, como los juguetes, quedan en el corazón por los recuerdos que traen del pasado. Y el Duende no olvida la envidia que le daba otro amigo de los veranos de la infancia, también llamado Manuel -más bien Manolón- propietario de una Velo Solex en la que iba de Madrid a Arenas de San Pedro. Tardaba cinco horas por la carretera Alcorcón-Plasencia , y viajaba, naturalmente, sin casco, porque no era obligatorio, y no había mayor placer para el motorista que sentir el golpe de aire en la cara y respirar así  la libertad.

Claro que entonces éramos más que jóvenes. Y a ver quién le explica a Manuel Gasset que, a la velocidad de su flamante Velo Solex, es difícil volver atrás por el túnel del tiempo.


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