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El concejal y el gorrilla

GORRILLAS APARCANDO COCHES.1

-No joda que yo ganar ahora unos euritos vigilando su coche –dijo el gorrilla abriendo la portezuela -y  ahora  ser ustedes los que querer sacarme setecientos euros. No joda, paisa.

-Tranquilo, Larbi –dijo Serapio saliendo de su reluciente Audi- que algo haremos para que no te perjudique. Pero entiende que la estética y el prestigio de nuestra ciudad no puede tolerar la nefasta imagen que dan algunos de tus colegas…¿Te importa sacarme la bolsa de los palos? Estoy con un dolor de espalda que..

Serapio Martínez, titular de la recientemente creada Concejalía de DEA iba como todos los días a las dos a practicar su swing en el golf del Canal de Isabel II, en tanto que Larbi era uno de tantos marroquíes que controlaban las plazas de aparcamiento de los aledaños y las rondas de los vigilantes, evitando así que sus clientes fueran multados cuando el tiket excedía la hora permitida en la zona reglada..

-Toma –le dijo el concejal depositando dos monedas de euro en la mugrienta mano de Larbi- Y  tranquilo. Ya te he dicho que algo haremos.

La plaza de don Serapio era sagrada. Le garantizaba a Larbi un euro diario fijo de lunes a viernes, que ascendían a uno cincuenta si al señor concejal no le petaba sacar la bolsa del maletero y hasta dos si la plaza quedaba a más de cincuenta metros de la puerta del club y era él el encargado de transportarla en el carrito. Larbi le estaba además muy agradecido porque en la última Cabalgata de Reyes don Serapio le había colocado como palafrenero del rey Baltasar, y además de cuando en cuando le regalaba un par de entradas para ver al Rayo Vallecano.

-Alá ser grande, y el señor Serapio ser bueno conmigo –decía el gorrilla en sus diarias oraciones, de hinojos mirando a La Meca- Pero aclarar cosa, Señor…¿Qué significa  autoridad española decir “algo haremos”?…¿Poder Larbi fiarse del paisa?

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Serapio Martínez no estaba en la política municipal para figurar ni para valerse del cargo, sino para reformar su querida ciudad y dejar en ella la huella de su talante moderno y progresista. Él fue quien impulsó la creación de la nueva concejalía, y el que más batalló por los objetivos que el argot funcionarial había reducido a tres letras, pero que significaban un ideal ambicioso como reflejó el profundo debate que suscitó su denominación.

-Dignidad, Estética y Armonía –razonó en el sesudo informe a la alcaldesa que abanderaba la causa – Dignidad como la que imprimió a nuestra ciudad el que fue mejor alcalde (entiéndase bien, alcalde, que entonces no había alcaldesas)  de la misma, nuestro Rey Carlos III. Dignidad, en suma, como la que inspira tu bastón de mando. Estética tal cual exige una ciudad moderna a la que, aunque la conjura de los necios le arrebate los Juegos Olímpicos, nadie le podrá privar del tesoro artístico que encierran sus calles, plazas y parques. Y Armonía por cuento el sentido de esta concejalía no se limitará a conseguir que los músicos callejeros no desafinen ni den la tabarra de forma inmisericorde a los madrileños, sino que debe aspirar a armonizar los intereses de todos los ciudadanos con los de aquellos que utilizan la calle como escenario de su oficio o beneficio. Sólo manteniendo un rostro digno, estético y armonioso será la nuestra, en suma, la ciudad ideal que buscan no sólo sus vecinos, sino también  los turistas y, más aún, los poetas.

Cuando el concejal Serapio Martínez escribía esta última frase soñaba que algún día podría figurar en vallas, folletos y carteles publicitarios como un slogan diferenciador que resumía el alfa y el omega de su acción social. Madrid. Para vecinos, para turistas, para poetas. Lo proclamaba orgulloso, frente al espejo. Y no se besaba porque no llegaba.

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-No ha sido fácil, pero lo he conseguido – le tranquilizó el concejal al gorrilla sólo dos semanas después- De la misma forma que vamos a regular las actuaciones de los músicos callejeros y a examinarlos para que alcancen el nivel de calidad que exige nuestra capital, el Ayuntamiento ha considerado oportuno dar una oportunidad a los mendigos, a las prostitutas y proxenetas y a los gorrillas como tú.

El gorrilla le miró con cara de bobo.

-¿Paisa?…Larbi no entender.

-Es muy sencillo  A nadie le parece el vuestro el mejor oficio, qué le vamos a hacer. Pero la sensibilidad democrática de este gobierno municipal considera que todo el  mundo, por baja que sea su condición y equivocado su camino, merece una oportunidad –le dijo mientras abría el maletero de su Audi y le invitaba a hacerse con la pesada bolsa de palos- Todo será cuestión de que ejerzan su actividad con el buen gusto y la dignidad que es la divisa de nuestra política.

-¿Y eso cómo se hacer?…

Aquel día al paisa no le dolían los riñones ni la espalda, y era él mismo quien arrastraba su carrito con los palos. Larbi no obstante le acompañó hasta la misma entrada del club, porque entretanto el concejal le contó cómo un gorrilla podría esquivar las rigurosas normas municipales y convertirse en un digno trabajador itinerante de la calle.

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Alguien en la comisión creada al efecto propuso reeducar a estos colectivos marginales ofreciéndoles gratuitamente un MMR, siglas del Master de Menesterosos Refinados. Este master tenía por objeto la instrucción en los modales, el lenguaje y la indumentaria obligados para los aspirantes a ejercer sus trabajos itinerantes en la capital. Aunque el espíritu de la idea fue acogido con entusiasmo se revisó la titulación, pues Serapio objetó que no había  por qué ofenderles llamándoles menesterosos, aunque lo fueran, y mucho, ni tampoco parecía oportuno darle al cursillo categoría de master, título por el que las escuelas de negocios cobraban un huevo a quien podía pagarlo.

-No jodamos –dijo esquivando por un momento el eufemismo- Seamos justos y elegantes, pero sin pasarnos ni hacer agravios comparativos. Con una DTEC estos desfavorecidos salvarán la ordenanza y nosotros el tipo.

-¿Y qué significa eso de DTEC? –le preguntó el secretario de la comisión.

-Muy sencillo- respondió Serapio- Diplomatura de Trabajos Especiales en la Calle…Tampoco hay por qué llamar pobres a los pobres ni putas a las putas, ¿no?

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Como inspirador de la DTEC fue el propio Serapio el encargado de diseñar el programa de la diplomatura.

-Será muy sencillo –le explicó a Larbi el primer día que retomó sus prácticas de golf después de aprobarse la inciativa- Se trata de barnizar vuestro trabajo de cultura y de buen gusto. Humanismo, en suma. Tú no lo entiendes ahora, porque crees que lo más importante para ti es sacar unos euros, y los pides así, sin rodeos ni gracia ninguna. Paisa, aparca aquí y te vigilo el coche, cuando todo el mundo sabe que una vez has sacado tu eurito te tocas los cojones…

-No tocar cojones, paisa- se defendió Larbi ofendido- Yo vigilar…

-Tonterías…Así no esquivarás la multa. Pero si haces el DTEC y aprendes a ejercer tu labor limpio, bien vestido y ofreciendo tus servicios en verso clásico, por ejemplo…Imagínate –dijo deteniendo el paso y poniéndose en actor- Ves que se acerca un ciudadano como yo, con sus palos de golf y tú te expresas así:

Muy buenos días, señor /Juega usted de maravilla/ Pero aparcar junto al golf…/…¡Caramba, qué pesadilla!/ Menos mal que para eso/ Aquí está Larbi, el gorrilla/ ¡Que quedará muy contento/ Si deja una propinilla!

Serapio le quitó la gorra a Larbi y se la puso delante de sus narices, como hacía habitualmente el gorrilla. Pero éste pensó que al paisa le había dado una chifladura, y no supo qué decir.

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Putas vestidas como como damas de una comedia de Moratín ofreciendo su deleite con verbo elegante y culto, pícaros en verso romanceado, chulos zarzueleros amables y graciosos, teatro galante en la calle. Vestir de bonito la realidad y liberar a las buenas conciencias de las miserias que arrastra la miseria. Las intenciones de Serapio Martínez de su concejalía y de su diplomatura eran nobles, aunque las buenas intenciones no fueron suficientes. Al  poco de ponerse en marcha la Diplomatura de Trabajos Especiales en la Calle, el pobre Larbi, desesperado por ser incapaz de declamar ni un solo pareado en la lengua que apenas dominaba, se marchó al campo de Dalías a trabajar en un invernadero. Unos meses después la diplomatura que la Concejalía de Dignidad, Estética y Armonía había puesto en marcha  se suprimió por falta de presupuesto. Y a las pocas semanas de esta decepción, el auto de un juez riguroso imputaba a Serapio por un quítame allá esas cuentas misteriosas, esas firmas comprometidas, esas adjudicaciones sospechosas y esos cohechos totalmente impensables en una conciencia tan sensible y escrupulosa como la suya.

-Pero no hay mal que por bien no venga- pensó el ex concejal en libertad condicional mientras veía aproximarse el reluciente Mercedes de las dos y treinta- Muy buenos días. Señor- empezó a recitar moviendo los brazos reverencial, como un cortesano- Juega usted de maravilla/ -continuó mientras abría el maletero y cogía la bolsa de los palos- Pero aparcar junto al golf/ es toda una pesadilla/ Menos mal que para eso/ está Serapio, el gorrilla/ que le estará agradecido/ si deja una propinilla…

Se salió con la suya. Porque el tipo del Mercedes no le dejó ni uno ni dos euros, como le daba él a Larbi, sino cinco. Y aquel rincón de la ciudad, entre la comedia de pícaro y el drama bufo, si no más digno, estético y armonioso, le pareció al menos más original para iniciar una nueva vida.   

 

El vaso de Nerón y otras joyas de nuestra cultura

De las extravagancias de Nerón cualquier escritor audaz puede hacer un best seller...

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Una arqueóloga descubre entre las piedras sillares de un viejo molino un pequeño cofre que contiene un vaso de vidrio y en su interior un parche para ojos tuertos. El vaso lleva grabado la letra N, mientras que en la cinta del parche se adivinan las iniciales A.M. C. El extraño hallazgo excita la curiosidad de Genarina, que en realidad buscaba en la zona  restos iberos. Genaranina está obsesionada por la incidencia de los fenómenos paranormales en el curso de la historia, de manera que se pone a a investigar y después de dos décadas tirando del hilo llega a la conclusión de que el vaso, que por la calidad de su vidrio se puede datar en el siglo I de nuestra era, es el que usaba Nerón para guardar sus lágrimas. Desde Quo Vadis, efectivamente, toda la humanidad sabe que el emperador, aunque fuera cruel, también era llorica.

Por otra parte, el parche de ojo resulta ser el de Ana Mendoza de la Cerda, Princesa de Éboli. La coincidencia  parece un absurdo, pero Genarina sigue estudiando el caso y un día comprende que Nerón, arrepentido de haberse portado tan mal con los cristianos de Roma, fue abducido por las fuerzas del bien residentes en Paramia, una estrella situada a tres millones de años luz, y realizó un viaje astral de quince siglos para entrar en contacto con esta afamada tuerta, a la sazón amante de Antonio Pérez y muy cercana al rey Felipe II. La princesa había ofrecido al rey prudente los servicios de un Nerón reconvertido para hacer una Contrarreforma en toda la regla, con el rigor y la severidad que exigía la herejía luterana. Una labor para la que el desalmado emperador romano, que sólo tendría que cambiar la dirección de su innata vesania, era el baranda indicado. El papa y el católico rey de las Españas se encomendaron a Dios y dieron el visto bueno, porque, como subraya el propio libro, “el fin hay veces que justifica los medios”.

Pero la CIA, que desde hace diez años ha rehabilitado en secreto la máquina del tiempo de H. G.Wells, media en el asunto. Tiene reservada para la intrépida pareja la misión de infiltrarlos en La Meca  y generar desde allí una célula de activistas que acabará con Al Quaeda. El hombre clave es su agente Brad Trochows, educado a los pechos de la Stasi y más tarde de de Putin  y vendido a los a yankis por un duplex en la Quinta Avenida, un paquete de acciones de Walt Disney Produccions y la colección de bragas de Mae West que ha cedido generosamente para el soborno el rijoso millonario Alistair Sobornes. (A cambio, todo hay que decirlo, éste obtendrá la licencia de explotar una mina de diamantes en la Libia de Gadaffi, a punto de caer). Sin embargo, cuando Brad inicia el conjuro utilizando el vaso de Nerón, un inoportuno estornudo le provoca un movimiento brusco, el vaso cae y la joya arqueológoca queda rota en mil pedazos, dando al traste con la operación.

La solapa del libro advierte que es “el nuevo fenómeno editorial de la novela de historia-ficción, un original e inteligente recorrido por las zonas más oscuras de la historia de la humanidad trenzada con una apasionante trama de intrigas, espionaje y misteriosos asesinatos ”, y asegura que ahí se desvelan las claves del amor lésbico que se sospecha que mantuvo Cleopatra con la cocinera de Marco Antonio, de la emboscada que acabó con Viriato, del asesinato de Rasputín y de la extraña muerte de Michael Jackson, aparte de apuntar pistas solventes para resolver el viejo problema de la cuadratura del círculo y de la piedra filosofal. Todo por sólo veinticuatro euros.

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El vaso de Nerón, que así se llama la novela, está firmada por Adriana Nevol, pseudónimo de Petra Gómez, periodista muy de izquierdas que pasó diez años de corresponsal en Moscú y veinte años predicando el marxismo-leninismo hasta que comprendió que la cosa ya no vendía un clavel, y que la mayoría de sus coleguis ponían un dedo al azar en el calendario de la historia, elegían un personaje más o menos conocido, investigaban en todo aquello que nadie había investigado nunca y que parecía poco probable que fuera investigado y se ponían a escribir una novela histórica que el público recibía con entusiasmo.

-Porque desengáñate, Petra-le dijo la ejecutiva de su editorial-La literatura pura es como agua que se escurre entre los dedos. Y la gente quiere aprender, aunque sólo sean tonterías.

La editorial apostó fuerte por El vaso de Nerón,  y hasta produjo un spot para la tele en la línea de esos trailers de películas de Hollywood que mezclan mitos, historia, verdad, ficción, churras, merinas, sinfonía de efectos especiales, algún guaperas como Johny Depp y Angélica Jolie y luego arrasan en taquilla.

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Al siempre susceptible Homper también le impresiona la manga ancha  con que ahora se cocina  la cultura que nos invade. Digamos que de este vale todo espiga como positivo el “algo queda”. Del famoso fenómeno El código Da Vinci él no entendió casi nada, y más bien le pareció una patraña o, como dice el castizo, una paja mental. Pero evidentemente sale a la palestra Leonardo y el supuesto misterio de su Última Cena.

-Menos da una piedra-se dice.

Y la transversalidad como método, que tanto vale para la educación como para la divulgación o la creación literaria O sea, empezar hablando del parche del ojo de la Princesa de Éboli y acabar, no se sabe cómo, en la lucha contra el terrorismo islamista. Amplitud de miras, curiosidad, imaginación y audacia sin límites para encontrar un hilo conductor más o menos verosímil y saltar sin barreras de un asunto a otro. El resto debería ser calidad. Pero más probablemente es promoción o pura suerte.

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Preocupado de que su estupefacción permanente acabe arrojando un saldo negativo o pesimista de su visión de las cosas, Homper se permite recomendar dos nombres de escritores que, lejos de la frivolidad voluntarista de Petra Gómez (perdón: de Adriana Nevol) hacen de sus escritos un viaje cultural siempre instructivo y a menudo fascinante.

Uno es Antonio Muñoz Molina, que hasta en sus artículos de crítica literaria –léase La fiesta interrumpida en el suplemento cultural de EL PAÍS de este último sábado- entretiene, deleita y enseña. Otro es Andrés Trapiello, un verdadero superdotado que tanto escribe poesía y gana premios de novela  como es capaz de elaborar en Las armas y las letras un magnífico ensayo histórico sobre nuestra guerra civil. No la cuenta él, la cuentan los periodistas y escritores, muchos de ellos desconocidos para el gran público, cuyos trabajos ha glosado con la curiosidad y el rigor de un auténtico erudito. Cuántos mitos destruye su investigación, y qué sorpresas se lleva uno leyéndolo con detenimiento. Homper ha encontrado con este libro mucho más placer que con muchos best-sellers. Pero tampoco se dejen llevar por sus consejos. Hay que descontar que, además de Hombre Perplejo, es algo rarito…

 

Ferrán Adriá en el país de Alicia…

Lloramos porque cierra el Bulli y bramamos porque soñamos con la felicidad sin costes...¿Por qué no entienden que sólo queremos el país de Alicia?...

Dice Doña María que la reacción de su Bloque los Arándanos, mayormente obrero, no se ha hecho esperar. En muchas ventanas aparece una sábana blanca con un crespón. ¿La causa? Ya la podemos imaginar: cierra El Bulli.

-Vamos que vamossuspira en una pausa de la fregona- No se dónde vamos a llegar…

Desde que la crisis asomó su fea jeta habrán cerrado cientos de miles de empresas, cantidad de pequeños negocios, multitud de fábricas y talleres. Estamos casi en los cuatro millones de parados. Pero el dato que airean los periódicos y los informativos y elevan hoy a la categoría de portada es que  el fenomenal artista de lo efímero, el pontífice del hedonismo, uno de los diez españoles más famosos del mundo, Ferrán Adriá, se lo ha pensado mejor y cierra la Meca de los gourmets. Él dice que para viajar, recargar baterías y seguir evolucionando en el birlibirloque de la gastronomía. Otros subrayan sotto voce que los beneficios del negocio habían caído a la mitad.

-Vamos que vamos –insiste doña María- ¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!…

Consternación es la palabra. En un país tan ideal como España nadie puede superar que este refinado templo de la cultura más exquisita cierre sus puertas. Incluso al Duende le tiemblan los dedos ante el teclado del ordenador, mientras escucha por la radio que los barandas de Cataluña y de Castilla la Mancha dicen que nones a los cementerios nucleares. Calentitos y con luz eléctrica, sí. Pero basuras peligrosas, ni de coña.

-Vamos que vamos- comenta doña María mientras comparte el café de media mañana con su vecina Jocelyn- ¿Pero no nos han enseñado a  tener la mula y los mil ducados?…

Quería decir el sueldo del general y la verga del teniente, pero ella, aunque de campo, es fina de espíritu. Como nuestros políticos, que venden lo imposible cuando están de elecciones y luego te tratan de sodomizar con el amargo, y tal vez único, posible. Quizás la doña no atina a ver que España, naturalmente, es un gran país. Y, por ende, un gran, enorme paraíso de la ingenuidad. Así nos lo vendieron: España, el país donde la gastronomía  es más arte que ningún otro y donde la energía quiere ser sólo beneficio, y nunca problema. El país de  Alicia en el país de la maravillas.

Aunque ahora, velay, ya no mole tanto.

La fe del futbolista

Aunque lo que la Moreneta lleva en su mano derecha puede ser interpretado como una pelota, no está probado que juege al fútbol mejor que otras vírgenes...

Aunque lo que la Moreneta lleva en su mano derecha puede ser interpretado como una pelota, no está probado que juege al fútbol mejor que otras vírgenes...

El inolvidable Eugenio contaba un chiste que tiene mucho de moral práctica para los desesperados. Un montañero pierde pie y se precipita al abismo. Rápido de reflejos, se agarra a un matojo y queda colgando con el vacío a sus pies.

-¿Hay alguien ahí?-pregunta desesperado.

Sólo el eco le responde: ahí-í-í-í…

-¿Hay alguien ahí? -insiste.

Una voz  grave y profunda que parece venir del cielo le responde esta vez.

-Tranquilo, hijo, te he escuchado y no temas. Te mandaré una legión de ángeles y el propio aire producido por el batir de sus alas  te elevará a las alturas y podrás recuperar pie.

Se hace un silencio. Hasta que el que el montañero en apuros lo rompe con una pregunta reveladora.

-Ya…¿Hay alguien más-más-más-más?…

Cuando pintan bastos todos esperamos una ayuda extraordinaria. Y los equipos de fútbol que  no cuentan con un mesías como Florentino Pérez para su salvación acuden a la fe. Al Madrid, que es rico, no le hace falta peregrinar a la Virgen de la Almudena y pedir milagros. Bajará del cielo el ser superior que decía Butragueño y traerá de la mano a Kaká, a Cristiano Ronaldo, a Xavi Alonso, a Villa, a Venger y a quien haga falta para superar los males del club merengue. Y no fichará a Scarlett Johanson como azafata del palco porque aún no se le ha puesto en las narices.

Pero donde no hay harina, como dice el refrán, todo es mohina. Si saltamos del segundo puesto de la clasificación del Campeonato de Liga al último, vemos a un equipo al borde de la Segunda División cuyo entrenador tiene que echar mano de la fe. Esta semana, el bravo de Pochettino se hizo los doce kilómetros de ascensión a Montserrat en una hora y cuarenta y cinco minutos- lo que demuestra que aún está en plena forma- para implorar a la virgen patrona de Cataluña la salvación del Español que entrena. Lo que no arregla la plantilla periquita, que lo arregle la Moreneta, que es tan bonita.

Confiesa el cronista que estos testimonios de fe en un mundo tan prosaico como el del fútbol le producen admiración y ternura. Es frecuente ver a jugadores que miran al cielo cuando escuchan su himno antes del partido, o que se santiguan  al salir al campo y besan su medalla cuando meten un gol. Más elocuentes son los de religión musulmana, como Kanuté, que  a menudo orientan sus ojos a La Meca y abren sus manos en actitud de oración sin dejarse impresionar por un estadio que ruge. Pero lo malo en este caso es que casi todos los equipos en peligro de descenso tienen su virgen patrona. La Moreneta hará todo lo posible por salvar al Español, pero tendrá que vérselas con la Virgen del Espino, patrona de Soria,  que velará por el Numancia, con la del Camino, patrona de Pamplona que tirará a favor de Osasuna, con la de los Reyes, a la que se encomendará el Betis, con la Inmaculada, patrona de Huelva, que tratará de echarle una mano al Recreativo, y hasta con la Virgen de Begoña, que es la del Athletic de Bilbao. Todos los aficionados conocen estos equipos. Nadie sabe sin embargo cuál de las vírgenes juega mejor al fútbol y podrá finalmente eludir el descenso.

Por eso, y como en el chiste de Eugenio, es recomendable sustentar la fe en algo sólido: a Dios rogando y con el mazo dando. El Español cae simpático, ha sido capaz de ganar al mejor Barça de la historia en su campo y cuenta con futbolistas maravillosos como Tamudo y de la Peña a los que dolería ver en Segunda. Sin embargo lo seguro es que, además de suerte, le ha faltado alguien en los despachos o en el campo que hiciera mejor su trabajo. Pochettino quizá hubiera subido igualmente a Montserrat, pero no es lo mismo caminar por devoción o amor al deporte que hacerlo con la soga al cuello.

El hecho diferencial

(Publicado en MARCA el 18 octubre 2007)

Stoichkov ¿EN QUÉ SE DISTINGUEN UNOS FUBOLISTAS DE OTROS? En principio, hay once que llevan una camiseta de un color y otros once de otra. Pero a partir de ahí se les distingue por la elegancia de sus movimientos, por la calidad de su toque de pelota, por el tono de su piel, por el corte de pelo, por el tinte del mismo, por el pendiente, por el ceremonial con que celebran los goles, por sus devociones. Unos se persignan, otros miran al cielo, otros abren sus manos mirando a la Meca…Extrapolando lo que dijera el famoso torero, también en el el fúrbo hay gente pa tó.

SIN EMBARGO, TODOS COINCIDEN EN SUS MODALES. Labia y gestualidad, esa es la cuestión. ¿Quién no se excusa levantando las manos abiertas después de una tarascada? Todos son inocentes, el contrario nunca cae porque lo barremos, sino porque la ley de la gravitación de los cuerpos es inexorable. No son nuestros tacos los que van a la tibia, sino la tibia del adversario la que busca nuestros tacos. De otra parte, ¿qué labios no pronuncian hijoputa o tu puta madre cuando el adversario se pasa de viril o el juez de línea no atina? La ONU del balón que juega en España sufre a veces múltiples problemas de adaptación. Pero es sorprendente la facilidad con la que asimilan, supongo que por ósmosis, el catálogo de exabruptos y vituperios que recoge el Diccionario Secreto de Cela. Pueden venir de Gambia o de Azerbaiyán, pero a los tres partidos ya dirán los insultos de rigor con la pulcritud verbal con que Fernando Rey declamaba los versos de Calderón. (No el Calderón del Madrid, que aún no se ha atrevido a recitar, sino el de La vida es sueño).

SALVO AQUEL SANTO ROJIBLANCO QUE SE LLAMÓ GÁRATE, que ante el martirio implacable de Goyo Benito o de Gallego sólo se encogía de hombros y decía, eso no se hace, todos los futbolistas han insultado a lo bestia. Lo malo es que ahora, gracias al zoom, insultan urbi et orbi, y hasta el más lerdo lee en sus labios la mala educación. Lo cual plantea problemas a aquellos presidentes que, considerando a su club estandarte del nacionalismo, ven cómo los jugadores se cabrean o festejan sus goles como si el hecho diferencial les trajera al fresco. Intolerable.

SEÑOR LA PORTA, SEA COHERENTE. A Stoichkov se le podía perdonar un hijoputa en román paladino, porque la directiva de entonces era tibia y estaba desnortada. Pero usted que tiene tan clara su misión histórica, que sueña con la Selección de Cataluña, vela por la lengua catalana y aspira a proclamar la república del Barça, debe exigir el hecho diferencial. Si hay insulto, que se diga en la lengua de Verdaguer. Y no permita que sus estrellas celebren sus goles de cualquier manera: donde esté una sardana, que se quite la samba o la cucaracha de los goleadores sin ideales.

Lo demás sería confundir al club que tan dignamente preside con ese babel mercantilista de los que sólo son profesionales del fútbol.


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