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ZP toma nota de Cristiano

Si lo hacen Cristiano Ronaldo o Messi, no habrá más remedio que apechugar con ello...

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Al Presidente le trajeron un bebé de tamaño natural en plástico comprado, por aquello de la austeridad, en un bazar chino.

-Aquí tiene a un futuro votante –le dijo su secretaria con cierto retintín- Vaya practicando la igualdad.

Sobre la mesa de su despacho, una bolsa de Dodotis y varias cremas. El presidente se arremangó la camisa y se puso manos a la obra.

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Como cuando hay de por medio temas de estado, el presidente consultó con el líder de la oposición.

-A mi bebé le han puesto mostaza amarilla en el culete para simular la caquita –reconoció Rajoy- De esas mostazas de los Mac Donalds, ya sabes. Y la verdad es que limpiarlo me da mucho asssco.

La ese desflecada del líder barbudo sonaba por el auricular del teléfono como el siseo de la serpiente.

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El Presidente encontró su mayor problema en el orden de las cremitas y en la firmeza del sellado. No sabía qué producto tenía que poner primero, ni la zona del culete donde era indispensable que su mano balsámica repartiera el consuelo necesario para la piel del bebé.

Dijo que le pusieran con las Centrales Sindicales y con el nuevo presidente de la Patronal. Pero los primeros estaban inaugurando cursillos de formación, y el segundo tenía prueba en el sastre. Sólo consiguió hablar con  uno de los empresarios más potentes del país, cuyas opiniones siempre tenía en cuenta.

-Con todos los respetos, Presidente –dijo Botín- no tengo ni puñetera idea. A mí esas reformas me pillan muy viejo.

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Sonsoles estaba de gira con su coro cantando las cantatas de Bach, y no podía darle una clase práctica presencial (qué palabra, por cierto). Y no se atrevía a pedir auxilio ni a su secretaria, ni a Carmen Chachón, que había sido madre no hace mucho, ni a Bibiana ni a Leyre. Ellas daban por hecho que al líder nadie le puede dar lecciones de igualdad. Sin embargo el peligro estaba ahí: las niñas ya no eran tan niñas, y en cualquier momento podrían quedarse embarazadas sin permiso de papá y mamá.

-Imagínese que le confían a un sietecito/nietecita el fin de semana, que no sabe cómo hacerlo y que se entera la prensa –le advirtió su jefe de gabinete mientras el Presidente seguía intentándolo.

-¿Sería grave para nuestra imagen? –preguntó el Presidente angustiado.

-Pues hasta ahora no lo era…Pero ahora…

El jefe de gabinete le puso ante los ojos el resumen de prensa en el que destacaba una noticia subrayada con rotulador. Y el Presidente comprendió que ya era inevitable apechugar con el marrón, porque Cristiano Ronaldo acababa de confesar que, naturalmente, él también cambia los pañales a su bebé.

El discurso del Rey y el discurso de la calle

Pregunta: ¿es el Rey el único que debe esforzarse en hablar un poco mejor?...

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El Rey también habla mal. Cuando se irrita, para desahogarse y vencer su tartamudez, grita como un jaimito enloquecido: coño, teta, culo, pedo, caca, pis. Naturalmente, no es el rey Juan Carlos, al que pese a su reconocida espontaneidad sólo se le ha pillado un por qué no te callas que el presidente Chávez se había ganado a pulso. Sino Jorge VI de Inglaterra, admirablemente representado en El discurso del Rey por Colin Firth. No se le parece éste físicamente en nada, con lo cual no ha sufrido las críticas que aquí levantó Puigcorbé por aprovechar su lejano parecido con el borbón para imitarle en uno de esos seriales que han pasado recientemente por la tele. Pero interioriza el problema de Jorge VI, vive su angustia y su frustración en cada uno de sus gestos,  y se los traslada al espectador con una autenticidad tal que este acaba olvidando si el rey verdadero era más alto, más rubio, más elegante o más guapo que Firth. Este le ha ganado el alma, y esa es la que acaba emocionando y, al cabo, convenciendo. La magia del saber actuar.

Lo demás también ayuda. Magnífico Rush en la composición del falso logopeda Logue. Insuperable Michael Gambon en su breve intervención como Jorge V: qué voz y qué dicción. Qué maravilla. Y qué diálogos. Como la fotografía, de una sutileza dramática que se hace casi poesía. Como la ambientación. Como la dirección, de Tom Hooper, que puede estar orgulloso de haber filmado una película histórica sin caer en ninguno de los vicios tradicionales de este  tipo de cine Una gran película y un rato delicioso, en suma.

Aunque el Rey tenga que hablar mal para conseguir acabar hablando medio bien.

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El pobre duque de York, que iba a ser rey a su pesar, hablaba mal por problemas de dicción. Y necesitaba hablar bien para un discurso trascendental Pero una cosa es la dicción y otra el lenguaje. Para ambas cosas usa el castellano el verbo hablar. La polisemia se extiende también a la palabra discurso: hace unos años un discurso era sólo una pieza oratoria. Ahora decimos discurso también al contenido de esa pieza oratoria. El discurso, según esos que ahora su llaman politólogos, viene a ser la enunciación del pensamiento.

No tiene claro este bloguero cómo andaremos los españoles de pensamiento. Sospecha que no muy lucidos. Pero velay por donde, el mismo día que quedaba fascinado por El discurso del Rey había leído un artículo de Juan Cruz donde denunciaba que el lenguaje de la basura se ha instalado en la política, en los medios y amenaza con empobrecer nuestro idioma. Artistas, deportistas, polemistas y políticos deslenguados animan el patio. Yo soy más golfo que tú puta, y gilipollas el último, que si no, no vamos a parecer ni modelnos ni progres, y además ninguna cadena paga nada por ser bien educado. Pues qué alegría.

¿Se atreverá a recordar alguien que el lenguaje cada vez más sucio y barriobajero acaba envileciendo el pensamiento?

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El discurso del pueblo no tiene por qué ser el del Rey. Todos hablamos mal en todos los sentidos. Cometemos errores de sintaxis y de dicción, manejamos poco vocabulario y además soltamos tacos y palabrotas a dos por tres: porque estamos enfadados o porque ya nadie se escandaliza por nada, y queda gracioso y espontáneo que incluso la gente culta caiga en la jerga canalla.

No estamos obligados al cuidado que debe mantener un rey, porque no encarnamos más que nuestra propia representación. Pero los que han recibido una buena educación  no deberían (o deberíamos) traspasar los límites del decoro y la sensibilidad. La moda se fuma un puro en estos melindres pasados de moda. La inteligencia debería, a su vez, fumarse un puro también y despreciar las memeces y los excesos que impone la moda. Hablar mal no tiene por qué estar bien. Lo digan Cela, Almodóvar, Pérez Reverte, De la Riva, Jiménez-Losantos, Pajín, o Casillas, cuando, por valorar la hazaña de ganar el Mundial de Fútbol acudió a la palabrota comodín que ya no se le cae de la boca a casi ningún joven: ¡es la hostia!

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La tía Clota, que estudió filología y literatura y fue profesora de español en Estados Unidos, donde aún vive, se escandaliza por el uso y abuso de una palabra que los que tenemos una cierta edad y recibimos educación religiosa nos resistimos a banalizar.

-¿Por qué ahora todo es la hostia? –se pregunta sorprendida.

Antes fue la repanocha, el despiporren, el acabóse, el no va más,  la pera limonera, la bomba, o incluso la leche. Pero ahora es la  hostia. Antes fue la bofetada, la galleta, la chuleta, la colleja, el capón,  el golpe, el trastazo,  el trompazo, el  batacazo. Ahora también eso es la hostia. Antes el adjetivo  fue bueno, inolvidable, bellísimo, grandioso, histórico,  emocionante, irrepetible, insuperable…Ahora también es la hostia.

Lo positivo o lo negativo, el bien o el mal, la felicidad suprema o el infierno, le perfección o el desastre. Todo se resume en esa palabra. No goza la oblea blanca que se consagra en la misa del mismo cordón sanitario que el lenguaje políticamente correcto  está tendiendo sobre otros errores u horrores del lenguaje tradicional. Se eliminó del diccionario judiada, nos mordemos la lengua antes de decir moros y maricones, y  llamamos conserje al portero para  halagar su autoestima. Procuramos no ofender a los discapacitados y barremos los residuos sexistas de nuestro modo de hablar. Aunque eso sí: la hostia a todas horas, venga a cuento o resuma  la incapacidad e ignorancia del que está tomando la palabra. A la inmensa mayoría, acostumbrada al vive y habla como quieras, esta simplificación de lo sagrado les resbala. Al cristiano tradicional quizás le ofenda y le sorprenda. Pregunta: ¿qué pasaría si, según la doctrina musulmana, la hostia simbolizara el cuerpo de Mahoma?

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Comparte este bloguero la perplejidad de la tía Clota. Pero reconoce que está a punto de entrar en la ancianidad oficial, y que cada día pertenece un poco menos al mundo que vivimos. Como Jorge VI,  necesita un logopeda justo para lo contrario: corromper aún más su palabra y y enseñarle a malhablar y a insultar como manda la academia de la calle. Aunque siga pensando que el discurso de ésta, sin ser tan pulcro  como cabe exigirle a un rey, debería recoger al menos el buen sentido y la gracia que antes distinguía al pueblo.

Un ciudadano ejemplar

Y después de fumar su último cigarrillo, Venancio puso su coche en marcha y esperó calentito a que sus nietas salieran del colegio...

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Al mes de la entrada en vigor de las nuevas medidas contra el consumo de tabaco en público, Venancio comprobó que las sugerencias de la ministra Pajín no eran bravatas. Como todos los días, iba a recoger a sus nietas al colegio. A su edad, y cómodamente jubilado como era su caso, siempre se le hacía pronto para llegar a cualquier cita. Así que  esperaba la salida de las niñas paseando ante el colegio para combatir el frío. Mientras tanto, fumaba un cigarrillo y miraba desde el otro lado de la valla del jardín la cara bobalicona del caballo balancín y el posarse de los pájaros en los columpios vacíos.

-No está nada bien lo que hace-le había advertido la señorita Eugenia días atrás al entregarle las niñas- Le he visto por la ventana y no guarda la distancia prudente.

Al principio Venancio se hizo el sordo. Pero una semana después vio algo que le hizo cambiar de actitud. Delante del chalet que albergaba el colegio, y junto al aparato expendedor de los tikets del aparcamiento regulado, unos empleados con mono amarillo instalaban un nuevo elemento de mobiliario urbano. No terminó de saber lo que era hasta que, sólidamente anclado en el suelo,  los operarios descubrieron  el plástico negro que lo cubría y emergió un buzón claramente diferente de los de Correos.

-Esto lo he visto yo en otra parte-se dijo.

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Recordó. Venecia. Palacio de los Dux. La boca dileone. Se lo explicó una guía encantadora con unas caderas como las chicas de Kiraz.

-En este buzón los venecianos podían denunciar a cualquiera del que sospecharan que había cometido un delito.

Eso, era eso.  El nuevo buzón de hierro fundido que acababan de instalar reproducía también las fauces entreabiertas de un fiero león en las que una mano anónima sólo tenía que depositar un nombre y algún dato identificador.

Venancio se acercó y pudo leer el mensaje que el buzón incorporaba en la sotabarba del felino de hierro: En este lugar el fumador es un enemigo del pueblo. Denúncialo.

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-Se acabó- pensó mientras descorría la funda protectora del viejo Morris Minor que guardaba en su garaje como una pieza de colección- Además, casi mejor, porque ya no pasaré más frío…

Venancio había adquirido el Morris Minor SW de 1954 en una subasta. Se trataba de una pequeña furgoneta de color verde inglés con la carrocería posterior forrada de madera que había restaurado cuidadosamente hasta dejarla impecable. Era uno de sus caprichos más preciados, que había mejorado instalándole un moderno aparato de radio y, en los asientos posteriores, el dispositivo necesario para sujetar las sillitas reglamentarias que impone el Código de Circulación.

-Iré a buscarlas en mi maravilloso coche de época y encima presumiré de snob.

A pesar de las circunstancias, Venancio seguía pensando que aún podía ser feliz.

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Ante el colegio infantil  Pin Ocho, fundado por doña Enedina Pin y mantenido por ocho jóvenes y entusiastas profesoras, ya no se volvió a ver más al abuelo con un cigarrillo entre sus labios. Aquel irresponsable que cometía el grave delito de parricidio en grado de tentativa al fumar mientras esperaba sus nietas en la calle, supo regenerarse a tiempo, y evitar así el espantoso crimen por el que sin duda le habría juzgado la sociedad limpia y pura que nos ha tocado vivir.

-Mejor –pensó mientras aparcaba su flamante Morris época y se disponía a esperar la salida de sus niñas- Ande yo caliente y ríase la gente.

Para mantener la calefacción no paró el motor de su coche. Por el tubo de escape de su Morris Minor salía sin duda más humo tóxico que el que días atrás emanaba de su cigarrillo. Pero él, como buen ciudadano, cumplía las normas, y no cometía otra incorrección que meterse los dedos en las narices y hacer albondiguillas. Práctica habitual de muchos automovilistas a coche parado  que, por el momento, oh sorpresa, aún no ha sido tipificada como delito.

No habrá güatillazo

Corría la sospecha de que la lenidad de la RAE diera por buenos los deslices verbales de Leyre Pajín, pero parece que de momento deja las normas en su sitio

Enésima causa de la estupefacción permanente en la que vive Homper. Estaba mosca desde la semana pasada, donde a cuenta de otro ataque de vehemencia feminista de la ministra Pajín creyó escucharle decir cónyugues para lo que el roman paladino dijo y escribió siempre cónyuges.

Se lo comentó a la tía Clota, que está haciendo acopio de leña seca para el invierno en su casita de Nueva Inglaterra.

-Tía, aquí ya vale todo –comentó el Hombre Perplejo- Digo yo que lo habrá dado por bueno la Academia de la Lengua.

-Pero si siempre fueron muy rígidos, sobrino.

-Qué se yo, tía. Será que se han contagiado del furor reformista de Zapatero. Mi amigo Muguerza dice que a menudo tiene problemas porque da su apellido para hacer una reserva y luego se encuentra en el hotel o el restaurante de turno con que no consta nadie que se llame así. Lo más parecido es un tal Mugerza.

-¿Confunden el fonema ge con el gue?-pregunta la anciana, profesora jubilada de literatura española en Estados Unidos- Eso no pasaba ni con los más borricos de mi época.

-Las cosas cambian, tía. ¿No te acuerdas de cuando Alfonso Guerra vaticinó que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió?…

Pero hoy la sorpresa de Homper es saber que, reunidas las academias de la lengua española en Guadalajara, Méjico, han decidido reducir las últimas travesuras ortográficas a una propuesta de futuro, y acuerdan mantener las reglas aún vigentes.

-Qué tranquilidad, hijo-dice la tía Clota- O sea, que lo de cónyugues va a seguir siendo ignorancia.

-Bueno, si lo dices tú….A mí me llamarían machista por decirlo.

La buena noticia del día, piensa Homper, es que no todo se reforma a lo loco. O que el afán de darle la vuelta incluso a lo innecesario puede acabar volviéndose contra ti. Mira el Hombre Perplejo los periódicos del día, se fija en las elecciones de Cataluña y se pregunta cómo definiría Pajín  los resultados para su partido, que es básicamente el partido del jefe.

-¿Escribiría que ZP ha dado un güatillazo? ¿O pondría gatillazo como se ha escrito toda la vida?

Pajínez, Aídez y otras urgencias de la igualdad

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Si todos los apellidos actuales derivan de hombres, habrá que inventar un modo de que la cosa cambie...

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El titular de la DGIA (Dirección General para la Igualdad en los Apellidos) estaba radiante. Es cierto que en el país había otros problemas, bastantes vulgares por otra parte (qué rollo estos medios de comunicación, siempre destacando el paro y la crisis). Pero no era menos cierto que aquel día el debate nacional versaba sobre quién iba a ponerle apellido a los nuevos nacidos, si el padre o la madre.

-Ponte chulo y por mis muertos que el niño se llama Sardinero-le chillaba en la calle  a su marido  una embarazada mosqueada.

-¿Le vas a negar a la criatura la nobleza de mi Pérez?…

-¿Y tú a mí la gracia del Sardinero?…Un noble oficio, un hermoso paseo de Santander, una playa…¿O es que vas a ser tú más que yo?…

El Director General se frotaba las manos mientras escuchaba por la radio la repercusión popular de la nueva medida del gobierno. No primaría a partir de ahora la obligación de premiar al padre con el la preeminencia de su apellido. Primaría la igualdad. Hasta que uno de esos del pueblo que siempre llaman  a las emisoras  para decir lo obvio, apuntó algo en lo que su asesoría jurídica no había caído.

-Oiga,¿y no se da cuenta el gobierno que, al final, el apellido de la madre es el de su padre, un hombre al fin y al cabo?…

Por un momento, pensó que la última creación de la orfebrería de la igualdad se hacía añicos.

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Pero no tardó ni cinco minutos en reaccionar. Pidió a su asesoría jurídica un un nuevo dictamen con carácter de urgencia. Y cuando lo tuvo en sus manos solicitó audiencia a su ministra.

-Señora ministra –dijo cuabdo le entregó el dictamen- Lamentablemente, y no se me vaya molestar, hasta los apellidos de las más progresistas de nuestro país provienen de un hombre.

-¡Coño!- exclamó la ministra. Y se enmendó sobre la marcha- Perdón, quería decir ¡cojones!…¿Y cómo arreglamos esto?

El Director General le resumió lo que sesudamente argumentaba el informe de sus juristas. Le dijo que los apellidos se formaban adoptando topónimos, nombres de cargos u oficios, de sustantivos comunes o por derivación de nombres propios: de Pero, Pérez, de Bermudo, Bermúdez, de Fernando, Fernández, de Martín, Martínez, de Rodrigo, Rodríguez… Pero no había ninguna norma que impidiera crear apellidos nuevos e inventar su modo de hacerlo. Si este gobierno lo reformaba todo…¿por qué no mano abierta e imaginación para este asunto?

-Señora ministra…-subrayó el director general mientras paseaba por el despacho gestualizando con énfasis su discurso-  ¡Permitamos que de apellidos ilustres como los que engalanan este gobierno reformista se puedan formar, a su vez otros que bauticen a las nuevas criaturas nacidas a partir de ahora!…Su apellido ya no derivará de hombres, sino de mujeres eminentes que aportarán al nasciturus o su nombre o su propio apellido, pero con la derivación correspondiente…¡Lo que sea más diferenciador!…

- No lo entiendo, explíquese mejor…¿Por ejemplo?…

- De Pajín, Pajínez. De Aído, Aídez…De Trinidad, Trinidáez, de Sinde, Síndez….Y de la gran Pilar Bardem, Bardémez…

La señora ministra dibujó una sonrisa.

-Me gusta la idea –dijo mientras se ponía sus gafas de lectura y empezaba hojear el informe- Puede retirarse…

Y el director general se quedó feliz.


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