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El fútbol también es poesía

Los porteros inspiran más a los poetas

Los porteros inspiran más a los poetas

Pensaba uno, pesimista, que tampoco son buenos tiempos para la lírica en el fútbol. Sólo algunos ofrecen aún alguna perla reseñable como aquel además de puta, no voy a pagar la cama, sublime metáfora con la que Luis Aragonés excusó el no largar en un medio que le era hostil. También Caparrós bebió en aguas de la misma musa para decir el pasado domingo que en fútbol pasas de puta a monja en cinco minutos. O sea, que los leones de San Mamés hacían la esquina en La Palanca y de repente son unas virtuosas monjitas luciendo tocas rojiblancas. Podría parecer una travesura surrealista de Almodóvar, pero es el poderío del tropo literario cuando lo maneja un tipo vigoroso como el sevillano. De la perdición a la salvación en tres partidos, velay. Otra pincelada de poesía que alivia la pesadumbre colectiva.

En tiempos de crisis, necesitábamos repostar argumentos líricos para nuestro deporte favorito. Píndaro (542-448 antes de Cristo) cantó en sus Odas a Herión, Arcesilao y Aristómenes. No eran fichajes exóticos de esos que improvisa el Madrid, sino campeones de la época en deportes como las carreras de caballos, de carros o de la lucha en la palestra. Muchos siglos después nuestro Rafael Alberti, impresionado por el valor de Platko, que en un partido entre la Real Sociedad y el Barcelona se hizo una brecha en la cabeza y volvió a la portería azulgrana tras recibir seis puntos, le dedicó otro poema ditirámbico. Nadie se olvida, Platko -escribió el poeta gaditano-Ni el mar, que frente a ti saltaba para poder defenderte (el partido, semifinal de Copa, se jugó en el Sardinero) Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía…Otro potero mucho más modesto, Lolo, sampedro joven del Orihuela según Miguel Hernández, fue el protagonista de la Elegía al guardameta. No es esta pieza tan reconocible como la muy famosa que el poeta dedicó a Ramon Sijé -compañero del alma, compañero. Pero canta a un humilde portero que, según se desprende del poema, murió a abrirse la cabeza contra el poste. (Tampoco es impensable después de haber visto el golpetazo que se llevó Cannavaro el otro día: imagínenselo en la testa).

Pero ningún bardo tan fino como aquel locutor llamado Víctor Hugo Morales que, a la vista del gol de goles frente a la pérfida Albión, bautizó a Maradona como el Barrilete Cósmico. ¿De qué planeta has venido?- se preguntaba estupefacto al ver aquella obra de arte de Diego. Esta alegoría, interpretada por David Vidal en una campaña de publicidad, le quitó la ese a cósmico para convertirlo más bien en cómico, pues ya se sabe que el entrenador gallego lleva la lírica del fútbol a la astracanada. Lamentablemente, al bueno de David, a pesar del barrilete y de ser tan mediático, le cesaron en el Elche. Y ahora nos llega la puntilla final con la destitución de Javier Clemente como entrenador del Murcia. Otro orfebre de la palabra abatido por el bastardo resultadismo. ¿Pero es que no queda ya poesía en el fútbol?

En esas cavilaciones estaba este Duende cuando el miércoles asistió a la presentación del libro de poemas 4 Estaciones 4 Recuerdos, de José Suárez-Inclán. Este hombre, aparte de catedrático de literatura y excelente crítico taurino, ha escrito un poemario intimista que es una delicia. Habla de los paisajes del alma y del campo alcarreño donde vive. Pero, como señaló su amigo Chema Santos en la presentación, hay otro campo que también le hace levitar, y es el del Manzanares, pues el poeta añade a sus glorias literarias la de ser hincha del Atleti. Ahora que el Kun, yerno del Barrilete Cósmico, no descarta arrebatarle al Barça la Liga…¿cabe más poesía que ese sueño?

¿Dónde queda la España casposa?

España casposa

(Foto de Dany 3D)

La vicepresidenta del Gobierno, que por su estilo Rottenmayer más parecería aficionada al bridge que al fútbol, saltaba de alegría como una niña en el palco.  Oh albricias,  España eliminaba a Italia y superábamos los cuartos de final.

Pérez Rubalcaba, el Fouchet del zapaterismo, aprovechaba una de sus habituales ruedas de prensa para ironizar con sus conocimientos tácticos.

Zapatero desafiaba a su fama nefasta para no perderse la final de Viena.

Y el mismo grupo de comunicación que puso a parir al alcalde -entonces quizá alcaldesa- de Madrid porque osó desplegar Colón una enorme bandera , ha inundado de españolismo esa plaza, el Campeonato de Europa y la actualidad jaleando el nombre de nuestra patria  y  repartido rojigualdas hasta el empalago. España, EspañaYo, soy español, español. español…

Como colofón, en la orgía del pasmo patriotero, contratan a Manolo Escobar para dedicar a nuestros héroes esa sublime canción que es Viva España.

Se despertaba el Duende del sueño y por un momento se echó las manos a la cabeza. ¡Cielos!…Esta no es mi España progre, que me la han cambiado. Repasó la prensa, los diarios digitales, escuchó las emisoras de radio, peinó la televisión. Al tercer día de éxtasis, los más flemáticos comenzaban a enfermar al ver camisetas rojas y al comprobar que la exuberancia verbal de Luis Aragonés podía alumbrarnos un nuevo Boris Yzaguirre. Sálvese el que pueda. Pero el milagro continuaba. Aunque pareciera imposible, a estas alturas nadie había mencionado aún el adjetivo tabú. Estábamos ante la España joven, con desparpajo, la que con sólo jugar bien al fútbol había echado siete llaves al sepulcro del Cid enterrado para siempre la Contrarreforma, el fantasma de la Armada Invencible, la leyenda negra, las sombras de Torquemada, el recuerdo de Aljubarrota, la pérdida de Cuba, los últimos de Filipinas, el desastre de Annual, la Marcha Verde, la ominosa dictadura franquista, la pifia de Cardeñosa, la cagada de Arconada y el episodio de Perejil. Todo de una tacada, y en nombre de algo que la progresía pronunciaba con cautela, porque hasta nos hacían dudar de que existiera. ¡España, España, España!…¡Ra, ra, ra!…

El Duende observa, constata, subraya atónito. ¿Se han fijado que, a todas éstas, nadie haadjetivado este estado de embriaguez colectiva como casposo? ¿No es ya casposo hablar de España? ¿No es casposa la bandera? ¿No es casposo tanto fútbol? ¿No es casposo Manolo Escobar? ¿No es casposo ese seleccionador nacional que tan sólo meses atrás era acusado de viejo, torpe, racista, machista y mal educado?

Por el interés te quiero, Andrés. Desde hace mucho tiempo los profetas de la utopía se han dedicado a romper las costuras de ese sentimiento colectivo que aúna a la gente. Dios, patria, lengua, religión, historia. Todo es relativo, hasta la noción de nación. El que tenga un hecho diferencial y quiera un estatuto, un río y una financiación propia que levante el dedo, y maricón el último. Si ganamos las elecciones, aunque se descomponga lo que nos unía, ya se arreglará con diálogo: abriremos la boca para decir al que venga detrás, que arree.

Afortunadamente, no hará falta.  Hoy, gracias al fútbol, se puede decir viva España sin caer en lo casposo, porque esto es otra cosa. Confirmado: somos como niños.

De patriotas, forofos y “Eau de meade”

(Foto de Scaamanho)

Se entiende que el fútbol sea, incluso a estas alturas de la película, un saludable opio del pueblo. Una variante del panem et circensis con el que los césares adormecían al pueblo. Se comprende que gane España a Italia, después de ochenta años de conjuras e ignominias y que lo celebremos del Rey abajo casi todos los españoles. Mayormente los gobernantes, que así se libran un par de días de que los gurúes de la opinión les pongan a parir. Estamos en crisis, pero no nos importa, porque entre Casillas y Cesc nos han hecho recuperar el orgullo de ser españoles. El fútbol hace patria.

  Si ayer éramos un detritus de sociedad sin héroes, hoy somos los más grandes, y hay que desmelenarse. Moncloa respira aliviada. Los patrocinadores del campeonato se frotan las manos. Los medios, mucho más. Más consumo de TV, más venta de periódicos. La gente sólo compra con pasión los éxitos y el glamour, los perdedores, que en el cine quedan tan bien, son unos desgraciados. Quince millones de espectadores vieron por televisión la serie de penaltis. En Madrid, el consumo de agua en ese momento crítico se redujo en más del 50%: lo que ahorramos en fregoteos y en las cisternas que no vaciamos. Los anunciantes no se rascan la mollera demasiado, y sólo han tardado horas en arrimar el ascua a su sardina. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Viena, TOYOTA insertaba hoy un anuncio de página con una foto del equipo de Luis junto a uno de sus coches y este ambicioso titular: Queremos seguir haciendo historia. Lagarto, lagarto.  Hacer historia por haber llegado a las semifinales, caramba. A cualquier cosa llamaban chocolate las patronas, que se decía antiguamente. Pero el sentimiento de patria exige estas proclamas bobaliconas. por España.

 Supone el Duende que esa es la única excusa para autorizar la cobertura vergonzante que se da a la figura del hincha, omnipresente estos días en los telediarios y en los papeles. Nada tiene de malo ser aficionado, ni animar al equipo nacional. Es justo, digno y saludable. Pero de ahí a creer que cualquier grupo de gamberros borrachos envueltos en la bandera o vestidos de lagarteranas son tan mediáticos como los Luthier o las chirigotas de Cádiz y merecen que los demás escuchemos sus canciones y sus gritos como si fueran  Grammy de oro o genios del humor, va un abismo. El pueblo es más o menos sano, pero en las mejores familias hay un borrico que se convierte en energúmeno en cuanto le dan una oportunidad.

 Todo lo que tiene de bonito el fútbol -al Duende le encanta- lo tiene de abominable la vulgaridad del hincha embrutecido. Y por muy modelno que sea el alcalde y muy potente el grupo de comunicación que patrocina eso de ver la Eurocopa en la plaza de Colón, no hay razón para ofrecerles la calle a precio de saldo sabiendo, como se sabe, que los bárbaros acabarán haciendo de las suyas. O sea, cortando el tráfico, asaltando a la pobre Cibeles, zarandeando a los automovilistas que no insultaban a Italia, ocasionando sesenta y cinco intervenciones del SAMUR, vomitando por las esquinas, provocando a la policía y perfumando los aledaños de Colón con ese delicado Eau de Meade que deja cualquier concentración  de vándalos y guarros.

 por España, como decíamos. Aún  con el marrón de soportar que, a fin de cuentas, la necedad y la mala educación siguen siendo tan rentables como políticamente correctas.

Que viva Italia

Le despejó la carretera. Venía el Duende de viaje y apenas encontró coches que dificultaran su llegada a Madrid. Toda España vibraba viendo a la selección de fútbol de España jugando contra Italia.

 Le ha solucionado al Duende su día de radio. Y prácticamente su jornada de trabajo: ¿quién se atreverá  a dudar de que no ha habido más noticias que la victoria de España sobre Italia?

 Además, al Duende, pelín sádico, le encanta ver que los azzurri, que iban de blanco, mueren de la misma forma que otras veces nos mataron.

 Pero lo que más le ha gustado han sido los fuegos artificiales. Terminó el partido y sobre el horizonte nocturno de la capital de España se pudieron ver varias de estas alegrías pirotécnicas que tanto alegran las noches de verano. Breves y fugaces, como deben ser. Pero bonitos: siempre se sueña algo cuando se contemplan fuegos artificiales.

 Por cierto, los más generosos por la zona de Moratalaz. Y ni uno sólo por la Plaza de Colón, donde la 4 ha instalado toda su fanfarria mediática y populachera pagando al Ayuntamiento de Madrid  sólo 4.000 € por jornada de fútbol. Se podían haber estirado, ¿no?

 En fin, lo siento por Rajoy, al que mañana le oscurecerá al fútbol. Pasar a semifinales de la Copa de Europa no sujeta la inflación, ni baja el euribor, no ajusta el precio de los alimentos, ni resolverá la crisis económica. Pero menos da una piedra: todos somos simples y como nos han dicho que somos más felices si pasamos de cuartos de final, pues somos más felices. Mañana puede que uno se quede sin trabajo, pero por si acaso, esta noche, banderas ondeando y claxons atronando el sueño de los madrileños. Podemos elegir, como nana, entre el espantoso ¡Que viva España!  de Manolo Escobar o el aún más horrible ¡A por ellos! armonizado por Luis Aragonés.

  Así que enhorabuena, España, y gracias a nuestros adversarios eliminados. Eso: que viva, que viva Italia.  

 

Tengo dos preguntas para Luis Aragonés

Luis Aragonés

Mientras nuestros gobernantes trabajan lo indecible para entronizarnos en la Utopía real -el intrépido Zapatero no descansará hasta conseguir la cuadratura del círculo- algunos remeros del sistema silban y miran para otro lado. Qué falta de sensibilidad, mecachis.

Habíamos extirpado de la tele pública elementos perniciosos que desdecían del talante. Se acabaron las presentadoras morbosas que buscaban sangre y sexo, las guarrillas vendiendo polvos con famosos, los travelos ostentóreos, y los chistes machistas de Arévalo o Barragán. Ahora queda la estolidez. Hay programas excelentes, de acuerdo, pero permanece intacto el espíritu del pan y toros, la bobada, el seguidismo de los ídolos consagrados por los propios medios, el borreguismo. No todo es estupidez, claro, pero anda que no queda basura por barrer.

Tengo una pregunta para usted logró una notable acogida cuando se estrenó con el presidente de gobierno y el líder de la oposición. Pasaron por este programa después algunos otros políticos que no consiguieron igual share, pero al menos nos desvelaron aspectos inéditos del entrañable Carod Rovira. Pero se necesitaba reventar los índices de audiencias. Y no se sabe a qué talento de TVE se le ha ocurrido buscar el más difícil todavía en Luis Aragonés, todo un símbolo de la alegría, del ingenio, de la chispa, de la elegancia retórica y de la capacidad para emocionar. Al sabio de Hortaleza le ceden una hora y medio de eso que se conoce como prime time para dar un último estucado a la cultura y el buen gusto de esta sociedad tan moderna y tan culta que nos predican. Jopé, Bartolito, tanto sacudirle la caspa a España para acabar en ésto.

La fina intuición que caracteriza a este blog nos permite pronosticar que más de una de las preguntas que le hará el público será por qué no llama a Raúl para la selección. Arcano tan difícil de saber como por qué Isabel la Católica prometió no lavar su ropa íntima hasta el regreso de Colón desde las Indias. Pero en realidad las preguntas que le haría el Duende a Luis son dos.

Primera, ¿cómo ha conseguido que le consideren sabio?

Segunda, ¿qué hemos hecho nosotros para merecer esta tele?

Por la dignidad de la memoria histórica…¡Reivindiquemos el regreso de Hostal Manzanares y de las películas de Paco Martínez Soria!

Setién que pensar lo que dicen

 Ay, qué inoportunidad. Vive uno la madurez, intentando hacer caso a ese eminente pensador que es Luis Aragonés, que insiste en no confundir churras con merinas. Desea no meterse en jardines, no subirse al púlpito y dogmatizar, no perderse en polémicas que atizan viejas hogueras de intolerancia o, simplemente, de prejuicios irracionales.  Cumpliendo, eso sí,  con el deber de mantener el criterio, pero apuntando con la veleta a donde no suelen fijarse los grandes de la comunicación, que van poniendo los temas sobre el tapete y, como el tapete es verde, allá vamos a pastarlo como dóciles borreguitos. Hablando de las pequeñas cosas en las que no reparan ni Ansón, ni Cebrián, ni  Luis del Olmo, ni Gabilondo, ni Herrera, ni Enric Sopena, ni Jiménez Losantos. Y como para muestra bastan unos botones, velay la retahíla de las últimas chorradicas que desfilaron por el blog: la silueta de la Vespa, el drama de los calzoncillos absurdos, las interpretaciones del viejo higrómetro del fraile, la luz de los candiles, el simbolismo de los cochecitos de hojalata, los huevos duros de los hermanos Marx y la risoterapia. Aquí les querría ver a los santones de nuestro periodismo.

 Ay qué inoportunidad, que ya estaba en otros negociados, y de repente viene un chispazo de la actualidad y le retrotrae al Duende a su pasado de creativo publicitario, cuando tenía que parecer ingeniosillo a toda costa, y escribía titulares de anuncios que a nadie le importaban un pito, pero que creía que eran tan importantes como los pensamientos de Descartes  o de Ortega. Era  un simple jornalero de la pu, pero, como en esa profesión se ataban entonces los perros con longanizas, hacías un spot y te creías Fellini,  Almodóvar o Tarantino, o sea, el ombligo del mundo, como casi todos los cineastas. Y jugabas con la sinécdoque, o con el retruécano o con la aliteración  o con cualquier otra broma de lenguaje y decías: mecáchis, qué creativo soy.

Ay qué pena, caer en la vulgaridad, pero me lo ponen a huevo. Como a ZP, al que de vez en cuando la diosa fortuna le sonríe para que se deje de hablar de sus propias meteduras de pata y pongamos la lupa en las de los demás. Confiesa que ha mentido y al día siguiente entre Gallardón, Aguirre y  Rajoy la opinión pública pasa página. Dice digo a ANV y Batasuna donde antes decía Diego y corren en su socorro los señores prelados  a echarle el salvavidas.

Tienen todos los derechos, y, naturalmente, el de la libertad de expresión. Pero, predicando en nombre del Evangelio, es fácil encontrar en éste argumentos que hubieran aconsejado una mayor prudencia en sus documentos.

Por ejemplo, aquello de al César lo que es del César, y a Dios o que de Dios.

Por ejemplo, no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti.

Por ejemplo, no busques la paja en el ojo ajeno si no ves la viga en el propio.

Así que por eso, y recordando a ciertos obispos especialmente indulgentes con el terrorismo etarra, aunque el Duende detesta que este blog sea un frontón ideológico y ya se le ha pasado la edad de las ocurrencias, no puede evitar el juego de palabras.
Setién que dar cuenta de que de vez en cuando hacen pis fuera del tiesto. Y Setién que pensar mejor lo que dicen. Porque, aunque vista de morado, hasta un obispo puede parecer un sepulcro blanqueado.

El Raúl alternativo

(Publicado en MARCA 25 octubre 2007)

Raul TamudoLo avisó el poeta: Hay otros mundos pero están en éste. Había otras soluciones, pero también estaban en Raúl. No el del Madrid, el que da dolores de muelas a Luis Aragonés, según unos divinizado y según otros despreciado. No se trata del cásico por cuyo homenaje tanto se polemiza, sino de otro que sin tantos redobles de tambor va haciendo historia en un club y una selección poco acostumbrados a la gloria. Ay, Raúl Tamudo, qué grande eres. Y cuánto te debemos los que inconscientemente nos dejamos deslumbrar por las estrellas y ser guiados por los grandes predicadores del balón.

Salvo la pirula que le hizo a Toni en aquella final de Copa de tan infausto recuerdo para los Atléticos -entre los cuales se encuentra este duende- todas las suyas son buenas vibraciones. No abundaré demasiado en la maravilla de esa vaselina con la que apuntilló al Madrid el pasado sábado. Fue excepcional, pero en esta liga he visto goles de Javi Guerrero, de Sergio García, y de otros cuyos nombres no recuerdo que me hacen creer que, de cuando en cuando, algunos pies españoles adoptan la nacionalidad brasileña. Me refiero a su biografía, su record de goles con los periquitos, su rendimiento con la camiseta roja de España y, sobre todo, a su perfil humano.

En estos tiempos en que un canterano es visto por directivos y entrenadores con recelo, da gusto que alguno sea profeta en su tierra y permita soñar a los más jóvenes. A esos que son campeones de Europa o del mundo como juveniles y luego desaparecen o chupan banquillo en beneficio de un jugador importado. Tamudo ha conseguido superar esa maldición, y se lo merece. Le recuerdo cuando el Español le quiso traspasar al Glasgow Rangers, y el hombre no podía aguantar las lágrimas al despedirse. Es un gran futbolista, pero tan cumplidor y discreto que a ninguno se nos ocurriría adjetivarle como estrella.

Con su flequillo de Tintin, y ese aire de joven profesor universitario que le dan sus gafitas fuera del campo, Raúl Tamudo cae bien a todo el mundo. Y, si no el gran homenaje del otro Raúl, merece de largo estas líneas. Como escuché a un castizo que en un bar veía por la tele su último golazo, tará mudo, pero lo que ha hecho por el Español y la selección lo dice todo.

El sudor y la gloria

(Publicado en MARCA 11 de octubre de 2007)

Selección Espanola

Me dice mi amiga doña María que aunque en su casa son del Aleti y en principio siempre estarán con Luis Aragonés, también comprende el mosqueo de Raúl por la bola negra que Zapatones le ha puesto. Tampoco le ha seleccionado para jugar contra Dinamarca, vaya por Dios. Menos mal que no hay mal que por bien no venga. Luego se acuerda de Mamen, y piensa que al menos ella agradecerá no tener que hacerse cargo de la camiseta extraña con la que, inevitablemente, volvía el ídolo merengón de estos duelos.

La cuestión que le inquieta no es si España juega mejor o peor con Raúl que sin él, porque la selección ha aburrido tanto en un caso como en otro. Lo que verdaderamente le preocupa es un misterio que hasta ahora nadie se ha planteado. El fútbol está lleno de arcanos. Por ejemplo, nadie sabe cuándo hará del Nido la próxima declaración trascendente, como si en lugar de un vulgar presidente fuera san Isidoro de Sevilla. Tampoco se conoce si llegó a clasificar Linneo la maravillosa especie de rosa que florece bajo el culo del Real Madrid desde tiempo inmemorial, y que le permite ganar partidos incluso cuando no los merece. Ni cuándo se va a inventar el demagómetro, para medir el nivel de tonta demagogia populista de La Porta. Ni cómo hace Abiatti para cambiar las bombillas fundidas sin que se le resbale el recambio. Pero también éstas son incógnitas menores. Lo que verdaderamente le inquieta a doña María, todo sentido común, es qué carajo hacen las esposas de los ídolos con las miles de camisetas que van acumulando sus maridos en el fondo de armario. ¿Las lavan, planchan y guardan junto con la ropa de uso normal? ¿Las empacan en un mega relicario ? ¿Caben aún en sus mansiones? ¿O tienen que alquilar contenedores especiales para almacenarlas?

La poblemática es aún más grave para el hincha que consigue la camiseta lanzada por el ídolo a la grada después de una hazaña. Se supone que para ellos será un preciado tesoro, una prenda tan sagrada como la Sábana Santa para los creyentes. ¿Quién se va a atrever a lavarla, sabiendo que esa elástica guarda las esencias de dioses como Raúl, Messi, Agüero, Kanuté o Kaká? Los jugadores que ganan sus partidos se abrazan entre sí como si tal cosa. Incluso sus entrenadores y directivos, a menudo bien trajeados, los reciben en sus brazos sin remilgo alguno. Cualquiera diría que, en lugar de maloliente sudor, desprendieran esos cuerpos gloriosos perfume de jazmín. Pero la española de a pie, como doña María, no deja de pensar en las facturas de tinte que pagan Calderón, La Porta y Del Nido, normalmente tan atildados, por fundirse con los suyos cuando hay trofeo y foto para la historia.

Mientras tanto, el forofo ingenuo sueña con la gloria sentado en el baúl que guarda las camisetas sudadas de sus ídolos. Eso sí, no podrá abrirlo nunca, porque el día que lo haga caerá víctima de una tufarada mortal.


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