Posts Tagged 'Mae West'

Terapia con la Venus del espejo

 

venusdelespejo

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Dice Homper que su historia corresponde fielmente a nuestro tiempo, donde los antiguos como vosotros no sabéis si camináis sobre la realidad o sobre la ficción. Vuestras vidas se han rebozado de trampas virtuales (los grandes adelantos tecnológicos, el auge de las redes sociales, los videojuegos, por ejemplo) y son como croquetas en cuya bechamel es difícil separar lo uno de lo otro, lo que es de verdad de lo que no deja de ser una hipótesis tan eficazmente representada que acabas creyéndola como cierta

-El caso es que me colé en la alcoba de La Venus del Espejoexplica después de comentar la gran exposición de Velázquez en el Grand PalaisEra mi debilidad de siempre, qué belleza curvilínea, y ahora que uno no está para desaprovechar oportunidad alguna y que los años le han quitado la inhibición, le di un toque en el hombro y volvió su rostro. Era hermosísima, como se insinúa en el cuadro: su cara, sus pechos, su monte de Venus, con esa floresta natural que la depilación quiere hacernos olvidar, qué error…

Le dije que perdonara la impertinencia.

-Ningún problema –me respondió la Venus sonriente- Tantos siglos dando la espalda al respetable que ahora me encanta darme la vuelta y ver al público de frente, y no reflejado en el espejo.

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Dice Homper que tendió sus brazos abiertos hacia él para abrazarlo, y que en ese momento el angelito que en el cuadro parece sujetar el espejo salió volando discretamente, para no cohibirlos. Se abandonó entonces entre en las blancas y mórbidas carnes de la Venus, y ésta, que por algo es la diosa del amor, le estrechó contra su cuerpo muy efusivamente, como si en lugar de un intruso el anciano enfermo fuera un bebé que busca refugio en el regazo de su madre.

Homper precisa que lo de anciano y enfermo vale, pero que en lo más íntimo y delicado de su maltrecho cuerpo notó una reacción nerviosita y agradable nada infantil, más bien emparentada con lo que dijo la opulenta Mae West ante un hampón que la devoraba con la mirada. ¿Llevas una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme? Homper insiste en que se alegraba muchíiiiisimo de verla y de tocarla, no a May West, sino a la diosa velazqueña. Sin embargo, al poco de arrebujarse y hozar a gusto en su carnalidad se le cruzó la visión del atlas anatómico del cuerpo humano, que mira casi a diario para saber dónde quedan sus males y repasar el corazón, las arterias, los pulmones, las vértebras, los riñones, el uréter derecho, la vejiga, el páncreas, el meato urinario, el esternocleidomastoideo y todo eso que tanta grima da pensar que llevamos dentro. Dos pensamientos fugaces se le cruzaron entonces, a saber: primero, si el hombre es creación de Dios no se entiende cómo al todopoderoso se le ocurrió una ingeniería de huesos, músculos vísceras y demás casquería tan sumamente complicada y caprichosa. Segundo, sea obra de Dios o del evolucionismo, cómo es posible que ese truculento ninot orgánico quede tan favorecido cuando se envasa en un cuerpo como el de la Venus del Espejo.

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Las lucubraciones del hombre perplejo y las tuyas por ahí se andan. Cada loco con su tema. Hace tan sólo unos meses creías que tu tratamiento iba poco a poco ganando batallitas. Ahora los partes de guerra anuncian más bien que la munición lanzada sobre el enemigo no consigue los efectos previstos. La solución es un estudio genético para saber si las células cancerosas que campan por sus respetos están mutando a otras formas más atacables, que al parecer hoy día la ciencia tiene respuestas para casi todo.

-¿Y cómo serán esas células mutantes?-te preguntas- ¿Mutarán a mejor o a peor? ¿Serán más guapas, más amables, más simpáticas?

Como la curiosidad aún tira de ti y el mundo que te rodea sigue trenzando realidad con ficción, te acuerdas de aquella estupenda película de Richard Fleischer que se llamaba El viaje alucinante, en la que un científico consigue reducir al ser humano a un tamaño microscópico para introducir a varios expertos en el interior de un cuerpo enfermo y arreglar los entuertos a los que no llegan ni los cirujanos ni el fármaco más milagroso. Qué oportunidad. Le pides al profesor Bennet, que así se llamaba el sabio, que te jibarice al máximo, y emprendes un viaje apasionante por tus propios interiores para ver cómo mutan, si es que mutan, las dichosas células. ¿Cambiarán de larva a mariposa? ¿De sapo a príncipe? ¿De judoka a travelo? ¿Acabarán siendo cucarachas, como le pasó al pobre Gregorio Samsa?

Lo único que constatas es lo intrincado, inquietante y asquerosito que es el cuerpo humano por dentro. Te encuentras con células que no sabes si son buenas o malas, mutantes o no mutantes. Todas te parecen iguales, porque no entiendes un carajo, y acabas concluyendo que es mejor abandonar estas aventuras y tentar la suerte de Homper, por si a la Venus del espejo le siguen gustando los enfermos maduros y le da por darte conversación.

El vaso de Nerón y otras joyas de nuestra cultura

De las extravagancias de Nerón cualquier escritor audaz puede hacer un best seller...

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Una arqueóloga descubre entre las piedras sillares de un viejo molino un pequeño cofre que contiene un vaso de vidrio y en su interior un parche para ojos tuertos. El vaso lleva grabado la letra N, mientras que en la cinta del parche se adivinan las iniciales A.M. C. El extraño hallazgo excita la curiosidad de Genarina, que en realidad buscaba en la zona  restos iberos. Genaranina está obsesionada por la incidencia de los fenómenos paranormales en el curso de la historia, de manera que se pone a a investigar y después de dos décadas tirando del hilo llega a la conclusión de que el vaso, que por la calidad de su vidrio se puede datar en el siglo I de nuestra era, es el que usaba Nerón para guardar sus lágrimas. Desde Quo Vadis, efectivamente, toda la humanidad sabe que el emperador, aunque fuera cruel, también era llorica.

Por otra parte, el parche de ojo resulta ser el de Ana Mendoza de la Cerda, Princesa de Éboli. La coincidencia  parece un absurdo, pero Genarina sigue estudiando el caso y un día comprende que Nerón, arrepentido de haberse portado tan mal con los cristianos de Roma, fue abducido por las fuerzas del bien residentes en Paramia, una estrella situada a tres millones de años luz, y realizó un viaje astral de quince siglos para entrar en contacto con esta afamada tuerta, a la sazón amante de Antonio Pérez y muy cercana al rey Felipe II. La princesa había ofrecido al rey prudente los servicios de un Nerón reconvertido para hacer una Contrarreforma en toda la regla, con el rigor y la severidad que exigía la herejía luterana. Una labor para la que el desalmado emperador romano, que sólo tendría que cambiar la dirección de su innata vesania, era el baranda indicado. El papa y el católico rey de las Españas se encomendaron a Dios y dieron el visto bueno, porque, como subraya el propio libro, “el fin hay veces que justifica los medios”.

Pero la CIA, que desde hace diez años ha rehabilitado en secreto la máquina del tiempo de H. G.Wells, media en el asunto. Tiene reservada para la intrépida pareja la misión de infiltrarlos en La Meca  y generar desde allí una célula de activistas que acabará con Al Quaeda. El hombre clave es su agente Brad Trochows, educado a los pechos de la Stasi y más tarde de de Putin  y vendido a los a yankis por un duplex en la Quinta Avenida, un paquete de acciones de Walt Disney Produccions y la colección de bragas de Mae West que ha cedido generosamente para el soborno el rijoso millonario Alistair Sobornes. (A cambio, todo hay que decirlo, éste obtendrá la licencia de explotar una mina de diamantes en la Libia de Gadaffi, a punto de caer). Sin embargo, cuando Brad inicia el conjuro utilizando el vaso de Nerón, un inoportuno estornudo le provoca un movimiento brusco, el vaso cae y la joya arqueológoca queda rota en mil pedazos, dando al traste con la operación.

La solapa del libro advierte que es “el nuevo fenómeno editorial de la novela de historia-ficción, un original e inteligente recorrido por las zonas más oscuras de la historia de la humanidad trenzada con una apasionante trama de intrigas, espionaje y misteriosos asesinatos ”, y asegura que ahí se desvelan las claves del amor lésbico que se sospecha que mantuvo Cleopatra con la cocinera de Marco Antonio, de la emboscada que acabó con Viriato, del asesinato de Rasputín y de la extraña muerte de Michael Jackson, aparte de apuntar pistas solventes para resolver el viejo problema de la cuadratura del círculo y de la piedra filosofal. Todo por sólo veinticuatro euros.

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El vaso de Nerón, que así se llama la novela, está firmada por Adriana Nevol, pseudónimo de Petra Gómez, periodista muy de izquierdas que pasó diez años de corresponsal en Moscú y veinte años predicando el marxismo-leninismo hasta que comprendió que la cosa ya no vendía un clavel, y que la mayoría de sus coleguis ponían un dedo al azar en el calendario de la historia, elegían un personaje más o menos conocido, investigaban en todo aquello que nadie había investigado nunca y que parecía poco probable que fuera investigado y se ponían a escribir una novela histórica que el público recibía con entusiasmo.

-Porque desengáñate, Petra-le dijo la ejecutiva de su editorial-La literatura pura es como agua que se escurre entre los dedos. Y la gente quiere aprender, aunque sólo sean tonterías.

La editorial apostó fuerte por El vaso de Nerón,  y hasta produjo un spot para la tele en la línea de esos trailers de películas de Hollywood que mezclan mitos, historia, verdad, ficción, churras, merinas, sinfonía de efectos especiales, algún guaperas como Johny Depp y Angélica Jolie y luego arrasan en taquilla.

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Al siempre susceptible Homper también le impresiona la manga ancha  con que ahora se cocina  la cultura que nos invade. Digamos que de este vale todo espiga como positivo el “algo queda”. Del famoso fenómeno El código Da Vinci él no entendió casi nada, y más bien le pareció una patraña o, como dice el castizo, una paja mental. Pero evidentemente sale a la palestra Leonardo y el supuesto misterio de su Última Cena.

Menos da una piedra-se dice.

Y la transversalidad como método, que tanto vale para la educación como para la divulgación o la creación literaria O sea, empezar hablando del parche del ojo de la Princesa de Éboli y acabar, no se sabe cómo, en la lucha contra el terrorismo islamista. Amplitud de miras, curiosidad, imaginación y audacia sin límites para encontrar un hilo conductor más o menos verosímil y saltar sin barreras de un asunto a otro. El resto debería ser calidad. Pero más probablemente es promoción o pura suerte.

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Preocupado de que su estupefacción permanente acabe arrojando un saldo negativo o pesimista de su visión de las cosas, Homper se permite recomendar dos nombres de escritores que, lejos de la frivolidad voluntarista de Petra Gómez (perdón: de Adriana Nevol) hacen de sus escritos un viaje cultural siempre instructivo y a menudo fascinante.

Uno es Antonio Muñoz Molina, que hasta en sus artículos de crítica literaria –léase La fiesta interrumpida en el suplemento cultural de EL PAÍS de este último sábado- entretiene, deleita y enseña. Otro es Andrés Trapiello, un verdadero superdotado que tanto escribe poesía y gana premios de novela  como es capaz de elaborar en Las armas y las letras un magnífico ensayo histórico sobre nuestra guerra civil. No la cuenta él, la cuentan los periodistas y escritores, muchos de ellos desconocidos para el gran público, cuyos trabajos ha glosado con la curiosidad y el rigor de un auténtico erudito. Cuántos mitos destruye su investigación, y qué sorpresas se lleva uno leyéndolo con detenimiento. Homper ha encontrado con este libro mucho más placer que con muchos best-sellers. Pero tampoco se dejen llevar por sus consejos. Hay que descontar que, además de Hombre Perplejo, es algo rarito…

 


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