Posts Tagged 'Manhattan'

Los problemas de ser rico…en gilipollez

Qué sinvivir, pensar que la perrita Fifí puede sufrir de sus vértebras `pr el peso excesivo de su collar de diamantes...

Qué sinvivir, pensar que la perrita Fifí puede sufrir de sus vértebras por el peso excesivo  de su collar de diamantes…

1

Andas preocupado con tu vagancia bloguera. Por una parte, constante de tu vida, piensas que ya está casi todo escrito. Por otra parte te asusta el nuevo ordenador. El teclado, por ejemplo, es distinto. Ya le habías cogido la distancia justa a la tecla de las mayúsculas, ibas mecánicamente a ella y no te equivocabas: ahora en lugar de las mayúsculas te salen unas flechitas, y tú no quieres flechitas, sino mayúsculas. Y te desesperas. Te acuerdas de los inicios de tu Calvario informático, cuando te pasabas dos horas escribiendo un texto que creías glorioso y luego te tirabas de los pelos porque lo borrabas de una pulsación. Ni tan siquiera sabías que había que dar a uno de esos iconitos diabólicos de las diabólicas barras de herramientas para guardarlo. Qué cruz.

Y por otra la caló, y que te perdonen si insistes. Y el patio. Que cómo está el patio, amigos. Total, que entre unas cosas y otras, telarañas en el cerebro e invitación a ver pasar el verano por la ventana mientras deja que se escurra el tiempo sin escribir nada nuevo.

2

No completando los cuentos que tienes a mitad –las musas se han tomado vacaciones- crees que al menos deberías limpiar esas telarañas escribiendo del cabreo nacional. Santo cielo, cuánto corrupto, cuánto mangante, cuánto desatino, cuánto fraude, cuánto abuso, cuánto imbécil. ¿Le tienen que mortificar a uno todos los días recordando la triste suerte de la condición humana? Unos lo hacen porque son periodistas, y deben informar. Otros porque van de moralistas, y tienen que sentar cátedra. Y el pueblo llano porque se sabe soberano, y quiere arreglar todos los días lo que desarregla él mismo el día que mete su voto en la urna y elige a otros que si no cojean de este pie cojearán de  otro.

-La jodienda, con perdón, no tiene enmienda-te apunta Homper.

Seguramente el dicho iba por lo de la fornicación, que crea otro tipo de  hábito, más gustoso, por cierto. Pero también vale para esta otra manera de dar por la retambufa al personal. Imposible no evocar otra vez a Groucho: the more I know the humankind, the more I love my dog.

3

Considerando además que te gusta desmarcarte algo del sentir general, has decidido desplazar la dirección de tu ira hacia un tema menor del que no habías escuchado hasta hoy la menor crítica. Se trata de la campaña de publicidad  que bajo el inoportuno slogan de Los problemas de ser rico desarrolla en la radio desde hace meses la Lotería Primitiva. En sus cuñas oímos a un rico y a una rica torturados por problemas tan acuciantes como averiguar a qué hora se encontrará con su pareja en su loft de Manhattan partiendo ambos en su jet privado a la misma hora de distintas mansiones que tienen repartidas por el mundo (cuña 1, la del rico) y cómo puede averiguar la dueña de Fifí en sólo dos pesadas de los ocho diamantes de 24 kilates cuál es el más ligero para engastarlo en el collar de su perrita, no sea que esta vaya a sufrir de las cervicales por pasarse de presumida (cuña 2, la de la rica). Escuchas estas perlas de la comunicación comercial, por ejemplo, entre la noticia de que Caritas no da abasto para tanto indigente hambriento como se acerca a sus comedores y otra que nos recuerda que la severidad de la Comisión Europea con nuestro sector naval va a crear miles de parados más en los astilleros. Imaginas que el merluzo del director de marketing que programó la campaña debió de tener en cuenta que, parafraseando a Larra, hoy, escuchar noticias  en España es llorar. Crees también que el  creativo correspondiente podría haber sido lo bastante sensible como para evitar estas sofisticaciones ingeniosillas sin puñetera gracia. A lo cual, para más inri, también contribuye el insoportable tonillo de los locutores.

Y prometes no comprar nunca más Lotería Primitiva. Si quieren hacer amigos así, que les den.

4

Esta vez sí estás indignado y muy indignado. Incluso corriges a Groucho: más amas a tu perro, siempre que éste no sea como la odiosa Fifí de la cuña. Pues, a lo que se ve, además de los  de ser corruptos, necios e incluso ricos, muchos españoles sufrimos también los graves problemas de ser gilipollas.

Diez pollitos

1
En ese baúl de imágenes cinematográficas donde uno guarda lo que acumula a lo largo de su vida, el Duende recuerda un zoom de ida y vuelta que le impresionó particularmente. Pertenecía a esa época en la que todavía los efectos digitales no nos habían familiarizado con lo imposible. La cámara retrataba un corpúsculo indescriptible, que resultaba ser la raíz de un cabello, y a continuación el cuero cabelludo del joven al que pertenecían ambos. Se alejaba la cámara un poco más y aparecía el joven sobre una alfombra de césped abrazado a una chica, se alejaba un poco más y veíamos la terraza ajardinada del edificio donde retozaba la pareja. Un poco más y Manhattan. Desde más altura, Nueva York, y a continuación los Estados Unidos, el continente americano y finalmente el planeta Tierra, que cuando se iba perdiendo en la distancia era sólo un puntito en el espacio similar al que abría la secuencia.

Todo en unos segundos. Entonces la cámara vertiginosa deshacía el camino hecho y nos retrotraía a la raíz del cabello inicial. Quizás para recordar –oh sorpresa- que lo micro y lo macro son iguales, y que todo depende del punto de vista.

2
Recordó esta secuencia el Duende al despertar el pasado miércoles. De repente veía que la casa/mundo donde vivía había sido bombardeada por los macroproblemas habituales. Aún ardían entre los escombros la crisis, los recortes, el paro, la prima de riesgo, el déficit, la pobreza, la irritación callejera, los devastadores incendios del verano. Y Siria, que también duele. La casa Usher casi daba envidia.

Entretanto, en la suya aún pasaba algo casi peor. Por si no tuviéramos bastante con la mundial, una fuga de la lavadora había inundado la habitación a la vecina del cuarto, mientras el ordenador le hacía pedorretas y le negaba el acceso a Internet. O sea, microproblemas. Que, al cabo son casi peores que los macroproblemas, pues ante estos el Duende, como casi todo el mundo, se inhibe por incompetencia, mientras que nadie responsable puede esquivar la obligación de buscar un fontanero o un técnico que solucione las chapuzas informáticas.

3
Lo macro y lo micro. Esperaba el Duende- no sabe si en vano- que Dios se encarnara en sí mismo y con la infinita bondad y sabiduría que le caracterizan, si no curaba el mundo, al menos se pusiera el mono de trabajo y arreglara sus entuetos domésticos. Pero en tanto se producía el milagro, se aliviaba con una micro buena noticia que también puede ser macro, según se mire.

-Abuelo –le decía por teléfono su nieta Marina rebosante de ilusión- ¡Hemos tenido pollitos!…

Es la primera noticia de este calado que se registra en la familia. A ciento ochenta kilómetros de las averías, en esa casa de campo donde se ha organizado un campamento de verano para nietas, primitos y otros niños agregados, el horizonte no se ve tan oscuro. Han nacido diez pollos de gallina, y aunque el mundo entero es una pollada, las nietas lo celebran como si el acontecimiento fuera el natalicio de diez exóticos rinocerontes blancos o de diez extinguidos tigres de Tasmania.

Tienen razón las chiquillas. Lo micro es igual que lo macro, todo depende del punto de vista y del criterio. Hasta este abuelo descreído está dispuesto a admitir que el piar de un pollito y la ilusión de unas niñas puede mitigar el clamor del cabreo universal.

No te mueras nunca, Audrey

Cada vez que queremos huir de la nostalgia, regresa Audrey Hepburn y vuelve a atraparnos...

1
La nostalgia será un error, cierto. Y sólo mirar adelante tiene sentido. Pero el caso es que despierta uno este domingo dispuesto a la catarsis necesaria y  lo primero que escucha es la voz de Audrey Hepburn recién salida de la ducha cantando Moon River.

 Ya lo ha señalado este bloguero en otras ocasiones, es una de las escenas de más ternura que recuerda en la otra vida que era el celuloide. Ella allí, en albornoz, sentada en la escalerilla de incendios de un bloque de Manhattan, abrazada a una guitarra mentras encandilaba al universo con su cara de ángel, si es que los ángeles tuvieran sexo. Ella allí y el Duende joven aquí, tan lejos de cualquier paraíso, en el insignificante Madrid de la época, casi imberbe, estudiando ese coñazo inmisericorde que se llamaba Derecho Procesal mientras perseguía la sombra huidiza de las muchachas en flor. Qué injusticia. Para qué carajo quería uno el derecho procesal cuando lo que necesitaba era salir con ella.

2
La inmortal Audrey anunciaba que EL PAÍS regalará durante los domingos que haga falta las mejores películas de nuestra época, las indispensables, las que, entre otras cosas, nos hacen pensar en los momentos de debilidad que no todo cualquier tiempo pasado fue peor. Hepburn, Peppard, Blake Edwards, Henry Mancini, Desayuno con diamantes. El desayuno del bloguero no llega a tanto. Un café, unas tostadas y unas cuantas ilusiones.

Entre ellas, la de desembarazarse definitivamente de cualquier compromiso sentimental con el pasado. Tirar por la borda todo lo que ya no puede ser. Pero va la SER y para arreglarlo lanza a Plácido Domingo cantando Maitechu mía, una de las grabaciones contenidas en el doble CD de melodías eternas que no debemos dejar de comprar.

Joder con la modernidad. No las tiene todas consigo, y al cabo casi recela tanto como este bloguero de lo que está por llegar. Tanta apología del futuro para acabar sujetándonos con los lazos de siempre. ¿No será otra milonga?…

Por si acaso, please, Audrey, no te mueras nunca.

Pelos en el Tajo y respuestas en el viento

El Tajo a su paso por Toledo, guardando las apariencias a pesar de todo...

El informe de la Policía Científica que, gracias a sus contactos y de forma no oficial, recibió Juan Ignacio era sin embargo tan concluyente como demoledor para sus expectativas.

-Me lo temía –dijo mirando al trasluz el contenido apenas visible de una diminuta cápsula de vidrio- El ADN dice que este pelo rubio era  de Esperanza Aguirre.

La experiencia vivida en el Maratón de Nueva York de 1990 fue para él  reveladora. Su recuerdo estuvo presente cuando Juan Ignacio aceptó el nombramiento de Consejero de Medio Ambiente de su comunidad autónoma. La vida de ésta dependía del agua, pero en su comunidad no llovía casi nunca, y el agua debía llegar del trasvase del Tajo, un río que, según estudió de chico, nacía en los montes de Albarracín. Ahora sabía que, aunque ese dato, tan bucólico, fuera cierto, en realidad el gran río moría poco después, al atravesar la Comunidad de Madrid. A partir de la desembocadura del Manzanares y del Jarama, el ochenta por ciento de su caudal era el gigantesco vertido que producen los madrileños. Algo que, ni funcionando perfectamente todas las depuradoras de la tecnología más avanzada, podrá nunca limpiarse en su totalidad.

Para calcular el riesgo que era aceptar su nombramiento, Juan Ignacio había visualizado la magnitud del caudal de mierda que habría que recibir como el maná del desierto y, por añadidura, como un gran éxito de gestión. Y se remitió a su glorioso maratón de Nueva York, el último que corrió antes de darse cuenta de que ya no estaba para esos trotes, sino para hacer política. Recordaba cómo tres horas antes de la salida, les concentraron a los veinticinco mil y pico participantes en una especie de campamento establecido en Staten Island, al sur de Manhattan. La organización estaba obsesionada con la hidratación de los corredores, y había previsto cantidad de puestos de suministro de agua, café y zumos. Tres horas de espera dan para mucha conversación, muchos cafés, muchos zumos. Y mucho pis.

Para las corredoras, pongamos que doce mil quinientas, había en el recinto una serie de cabinas individuales donde se aliviaban después de guardar una larga cola. Para los corredores, pongamos que otros doce mil quinientos, con más facilidad operativa y sin duda menos pudorosos, se había instalado en la zona más retirada, a cielo abierto, una especie de canalillo de zinc de unos treinta centímetros de ancho por donde fluía constantemente hacia el mar un regato amarillo y cálido. Juan Ignacio, que había estudiado Ciencias Económicas, imaginó la siguiente extrapolación de datos.

-Si lo que estos ojos están viendo es el flujo de pis de doce mil quinientos maratonianos en tres horas…¿cómo será el río que mana diariamente de los riñones de seis millones de madrileños, más dos o tres más de las comunidades que son atravesadas por el Tajo, antes de llegar a mi Murcia natal?…

Aún así, y seguro como estaba de que los avances tecnológicos lo solucionan todo, aceptó el cargo. Pero ahora había recibido el último informe del etado del río y se arrepentía de ello. Con la cabeza hundida entre las manos y los codos hincados ante un mapa que reproducía la cuenca del Tajo imaginaba, como si fuera la etiqueta de un producto, la descripción de los componentes del agua que habría de regar su comunidad, y por la que, evidentemente, había que seguir luchando a brazo partido. Esta agua contiene H2o, pero también orines, defecaciones, detritus animales de orígenes diversos, mercurio, plomo, escorrentías procedentes de lavados nucleares, fertilizantes, herbicidas, pesticidas, compuestos químicos imposibles de analizar, vertidos diversos y una cantidad inimaginable de pelos que a veces  se escapan de las depuradoras.

Se echó a llorar.

-Pues tiene usted suerte- le consoló su secretaria mientras le retiraba el expediente de reclamación del trasvase, para que no lo mojaran las lágrimas- El pelo que yo encontré  en una tomatera de mi huerto era mucho más sospechoso. Rizadito y tal, ya sabe, como para pensar lo peor…Lo colé en su envío a la Policía Científica y mire, me han tranquilizado. No procede de cualquier sitio, sino de la cabeza de Ruiz Gallardón...

-Bueno- resopló Juan Ignacio más calmado- Al fin y al cabo son pelos amigos…

Entretanto, muy lejos, en las costas de Luisiana la explosión de una plataforma petrolífera había derramado ya más crudo que el que hubiera cabido en dos buques del tamaño del nefasto Exon-Valdez. Y eso -pensaba Juan Ignacio,  consuelo de  tontos-  ocurría  en el país más poderoso del planeta. Menos mal que Zapatero, en frase inolvidable, dijo que  la tierra sólo es del viento. Y que éste Joan Báez mantenía que éste tiene respuestas para todo.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,183,149 hits

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 166 seguidores

%d personas les gusta esto: