Publicaciones Etiquetadas 'María Teresa Fernández de la Vega'

Amas de casa diplomadas

Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

Doña María seguirá currando lo mismo. Pero ahora con la satisfacción de ser Diplomada...

Para Doña María, un político competente era como un buen vendedor de medias de cristal.

De cristal, que es como se decía cuando ella era una muchachita y las medias transparentes eran aún artículo de lujo. En realidad eran de fibra artificial, que entonces aún se decía nylon. Pero mostraban el blanco de la pantorrilla, y con aquella denominación sugerían más fascinación, más glamour. Si la Cenicienta bailaba en palacio con zapatos de cristal, Doña María aspiraba a ser la princesa del Bloque los Arándanos engalanando sus piernas con medias de cristal. Como las de Marlene  Dietrich, que lucía tan buena figura. Nadie le parecía más seductor  que el dependiente de la mercería donde compraba la marquesa para la que ella trabajó cuando dejó el pueblo y se plantó en Madrid. Aquel hombre que, por cierto, se parecía a Sarkozy, abría la caja plana de cartón, levantaba el papel seda que las cubría y tomaba en sus manos aquellas calzas delicadas y brillantes, como un cendal de oro, para mostrárselas a la clienta.

-Se las pone usted, señora, -decía el dependiente – y queda como una artista de cine.

Doña María mantiene que SuárezFelipe, Sarkozy y Zapatero nacieron vendedores de ilusiones, o sea, de  medias de cristal. Y que Aznar en cambio tenía maneras de vendedor de gruesas medias de lana o, peor aún, de zuecos. Es la diferencia entre la labia con glasé y el estilo de lija del nueve  del profesor de Georgetown. Así y todo, aún le quedaba algo al soñador imbatible que es ZP para demostrar el talante que dice llevar dentro. Le faltaba mirar por el ama de casa y mimarla como se merece.

-O sea, que nos reconozca y nos de la importancia que tenemos -reivindicaba ella- O sea, sueldo, seguridad social y categoría.¡Ah!, y un bonomedia por tres pares de medias de cristal al año para que la imagen del ama de casa no salga perjudicada con tantas carreras como se nos hacen.

Sueldo, seguro, reconocimiento, carreras. Qué líos nos hacemos cuando el estado del bienestar no se atreve a decir no a casi nadie. Menos mal que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega -una mujer tenía que ser- ha venido a poner los puntos sobre las íes prometiendo que las amas de casa podrán diplomarse y, en su caso, trabajar como expertas en dependencia. Según sus palabras, será otra manera de crear puestos de trabajo.

Y doña María está encantada: ya no será gladiadora del hogar, sino titulada. Y con uno de esos diplomas con tinta de oro, letra de pendolista- y quién sabe si hasta la firma de la ministra correspondiente- para enmarcarlo y colgarlo en el comedor.

-¿Y mi sueldo?…¿Y mi seguridas social? -pregunta nuestra entrañable Ingeniera Técnica del Hogar, como seguramente será a partir de ahora.

Los optimistas pronostican machadianamente que se hará camino al andar. Entretanto la vice tranquiliza al colectivo de doñasmarías recordando que tienen su puesto de trabajo asegurado. El actual, claro. Lo que, tal y como están las cosas, no deja de ser otra buena noticia.

Del cumpleaños de Mingote y otros milagros

Bendita esclavitud de la que esperamos disfrutar muchos años más...

Bendita esclavitud de la que esperamos disfrutar muchos años más...

La noticia del sábado es que Antonio Mingote cumplía noventa años. Antonio es un señor español de origen aragonés, pero nacido en Sitges, de los que de verdad saben de la vida. Bonancible, sereno, humilde, de una ironía tan fina como el filo de una navaja albaceteña que, sin embargo, no hiere, aún pasea por el Retiro . Cuando el Duende inició sus travesuras en Clarín Publicidad aquella empresa presumía de haberlo tenido en su plantilla (también trabajaron allí  Borau y Cruz Novillo: sin duda no era una agencia vulgar). Muchos años más tarde lo conoció personalmente, a él y a Isabel, su mujer, Isabel, una mujer guapísima y elegantísima que le da cuerda. Cuando veía esta Navidad el spot de un perfume de Loewe donde aparecen hombres movidos como los juguetes de hojalata antiguos, el Duende imaginaba a Isabelita dando vueltas todas las mañanas a la llave invisible que el buenazo de Antonio lleva a la espalda. Él es más tranquilo, y seguramente, se quedaría en casa más tiempo. Pero Isabelita es carpe diem con encanto, y no le deja renunciar a lo mucho que la vida le ha devuelto a Antonio. Él se deja llevar y sonríe con resignación.

El más original y discreto académico de la Lengua es un encanto de persona. Ha dibujado todo, ha escrito, ha pintado –el Duende descubrió asombrado en una sala de subastas un falso Van Gogh que llevaba la firma de un Antonio Mingote jovencísimo- y hasta en  la película La colmena, aquella obra maestra de Cela que Mario Camus plasmó tan dignamente en el cine, hacía de cliente de una casa de citas. Afortunadamente el guión no exigía el desnudo, lo cual a la tía Clota le tranquilizó.

-No sabes la angustia que sentí cuando pensaba que un hombre tan elegante como él iba a enseñar sus calzoncillos, como los actores de ahora-le contaba a Homper en su llamada de la semana-Pero sigue siendo el de siempre, me alegro…

La tía Clota dijo también que es una pena que desapareciera el perrito de Xaudaró, que también le hacía mucha gracia. Y las películas de Harold Lloyd y de Buster Keaton. No es que esté contra el humor actual, es que no lo entiende, y por eso sigue idolatrando a Antonio Mingote.

-Me encantaría que fuera muy feliz en su aniversario-dijo.

-Si, tía-respondió Homper sin demasiada convicción mientras recortaba del periódico un anuncio por palabras en el que ofertaban una vieja máquina de hacer cigarrillos.

-Te noto distraído-le reprochó la tía Clota-¿Es que para tí cumplir años no significa nada?…

-No mucho, tía. Lo veo como un trámite biológico. Uno va haciéndose mayor y acumula años, y ya está. No tiene más trascendencia. Es como cuando adviertes que te han crecido las uñas. Bueno, pues te las cortas y ya está. Hasta el próximo año.

-Qué poco romántico, sobrino-rezongó la tía-El último día de mi cumpleaños, soñé que, al despertar, estaba al pie de mi cama a un ángel guapísimo uniformado como un camarero del Ritz…Imagínate, por ejemplo, a Paul Newman. No le hacen falta ni alas.

-Si, tía.

-Empujando con una mano, el carrito del desayuno: su café, su zumo, sus panes especiales, sus mermeladas exquisitas…Un termo con chocolate y roscón, que fuera de temporada aún me sabe mejor.

-¿Todo eso?

-Y en la otra mano-seguía la tía Clota-una pequeña cesta redonda envuelta en papel transparente y rematada por un lazo precioso conteniendo cinco pares de medias, un perfumador y una caja de esas deliciosas Moscovitas que hacen en Oviedo, y que son mi debilidad…

-¿Estaba el ángel en su sano juicio?-preguntaba Homper mientras miraba de reojo las esquelas del día.

-Pues sí me lo pareció, sobrino-replicó la tía Clota mosqueada-Además, te diré que se arrodilló, y me pidió que le mostrara una pierna para probarme la talla de las medias…Me dijo que me quedaban estupendamente, que tenía unas piernas tan bellas como las de Cyd Charisse y que había venido a felicitarme para demostrarme que no hay que cerrar nunca las puertas a la sorpresa.

Homper estaba de morros y se empeñó en chafarla, pero ella dijo que seguía soñando, y aún no sabía cómo acabaría la historia. Y la cosa es que, pese a su escepticismo, el sueño de tía Clota prendió en él. Y el día de su cumpleaños también soñó lo mismo, salvo que el ángel que se le aparecía era un híbrido de Fraga y de Fernández de la Vega, y los calcetines de esos con elástico flojo que acaban engullidos por los zapatos. Y una vez más, Homper se quedó perplejo comprobando que, hasta en sueños, Dios premia a los buenos como Mingote y la tía Clota y castiga a los que, sorprendiéndose de casi todo, no creen que la vida aún puede darte sorpresas casi milagrosas…

Diputados en pelota y otras pesadillas informáticas

(Foto de d70focus)

Aquella noche se despertó Homper sobresaltado. Soñó que se encontraba en una playa nudista. Los dos primeros bañistas que se topó eran dos leones absolutamente bronceados. A continuación, diseminados por la arena, más de trescientas personalidades en pelota picada. Al contrario de lo que se siente en el sueño tradicional, donde uno se avergüenza por estar desnudo delante de la gente, a Homper se le subieron los colores, pues era el único que llevaba traje de baño. Echó a correr por la orilla y se dio de bruces con una pareja que caminaba de frente, agarraditos los dos: eran Rajoy y María Teresa Fernández de la Vega, que se besaban en los morros para escenificar el buen rollito frente a la crisis. Qué cuadro, mi madre, ni pintados por Lucas Granach. Despavorido, huyó en dirección contraria. Y entonces pudo leer un cartel que decía:

Playa Nudista de los Diputados.

El pueblo español en pelota picada

Homper se levantó, secó el sudor de su frente, bebió un vaso de agua y volvió a la cama. Tuvo suerte, y al cabo de un rato concilió de nuevo el sueño. Y esta vez cambió de escenario. Conducía su coche por un puerto y en la única recta donde estaba permitido apretó el acelerador para adelantar a un trailer. Venía de frente a lo lejos otro vehículo, pero había margen más que suficiente. Sin embargo, en pleno adelantamiento, el motor de su coche rateó, el carburador falló y en el cuadro de mandos se encendió un aviso aterrador: Carburador afectado por un virus. Despídase de la vida. Fue lo último que vio antes de estrellarse contra la furgoneta que avanzaba por el carril de la izquierda.

Homper quedó muy afectado por las pesadillas. Pero así como la primera le parecía una broma, la segunda le sonaba a presagio. Quiso escribirlo así en su bitácora personal. Se sentó en su mesa de trabajo, encendió el ordenador, abrió un nuevo documento de Word y comenzó a teclear. Anoche no soñé que volvía Manderley, qué mas quisiera. Soñé que me estrellaba en un coche después de haber soñado que me topaba con Rajoy y María Teresa Fernández de la Vega en bolas. Con todo, lo peor es que mi muerte no era por un fallo mío, sino porque mi coche había sido víctima de un virus como los que de cuando en cuando descarajan mi ordenador. Y mi  pregunta de Hombre Perplejo es…¿Cómo puede girar el mundo civilizado en torno a una tecnología que un matriculín de la informática manipula enviándote un virus desde Filipi…?

Faltaba la sílaba nas. No pudo terminar su post porque en ese momento el teclado dejó de funcionar. Ese mismo percance lo ha sufrido el Duende el domingo, provocando su enésimo ataque de ira contra las mil y una trampas que diariamente tiende el ordenador. Lamentablemente, esta vez no era una pesadilla. Sino alguna nueva jugarreta de la doctora en sadismos diversos que algunos llaman Informática.

¿Qué te vas a poner para la boda?

Le cuenta doña María al Duende que eso de la igualdad entre el hombre y la mujer es mu correlativo. En su jerga, quiere decir que regulín regulán, unas veces más y otras menos, y se apoya en el ejemplo de Meli, una vecina del bloque los Arándanos que se queja de que mientras los hombres llevan generaciones solucionando el problema de qué ponerse en las bodas con un traje oscuro del que nadie comenta nada, ellas tienen que desvivirse por aparentar que estrenan uno cada vez. Otra injusticia, otro sinvivir, otra poblemática más de de espaldas al pueblo y, mayormente, a la mujer.

Da la casualidad de que Meli trabaja como señora de la limpieza en el complejo de Moncloa, como llaman los periodistas al conjunto al palacio presidencial y los edificios anejos. Entre sus compañeras de trabajo causa asombro el fondo de armario de la principal impulsora de la igualdad, que es la vicepresidenta María

Fernández de la Vega... ¿vestida de Dña Maria?

Fernández de la Vega... ¿vestida de Dña María?

Teresa Fernández de la Vega. Ellas han hecho circular la leyenda de que bajo sus oficinas existe un túnel secreto que perforaron en la guerra civil para el asedio de Madrid que ha sido acondicionado como armario ropero de la vice. Ya ves si tiene fondo su armario pa que pueda estrenar un modelito cada vez que da una rueda de prensa. La vice tiene fama de trabajadora discreta y eficaz, y probablemente lo sea. Pero a Meli y a doña María no se les escapa que es, además muy coqueta. Tanto como profundo es su fondo de armario, donde deben de caber un número de  modelitos al  que las gladiadoras del hogar corrientes y molientes difícilmente podrán aspirar.

Así las cosas…¿cómo van a lucir igual todas las mujeres, si la más importante de las españolas parece que estrena un modelo cada día? Podía neutralizar esa injusticia la señora de la Vega insistiendo en que sus aliños indumentarios son  servidumbres del cargo, y difundiendo el mensaje de que las distancias entre el hombre y la mujer se acortarán cuando las doñasmarías pasen y puedan ponerse un único traje suntuario sin ser  objeto de comentarios malignos. Pero nadie dice eso, y tanto a Meli como a doña María se les presenta un otoño picudo. Ya ves -se quejan al Duende- Estamos en crisis, cuatro bodas a la vista y el armario de servidoras con menos fondo que una caja de bombones. ¿A qué espera Zapatero para ayudarnos a mantener la buena imagen de la mujer española?

Lo que nos faltaba. Un Cheque Model guay con cargo al déficit público  para que Meli, María y compañía se acerquen, al menos por el forro, al ideal igualitario que persigue nuestro gobierno. Y aún así, ellos en su traje oscuro reventón no ocultarán su tripa cervecera, mientras que ellas seguirán haciendo régimen por lucir buen tipo. ¡Ay, Señor, cuán largo es el camino de la igualdad!…

Todo por el Mercedes

(Foto de Vedia)

La crisis será la crisis, pero a mí el coche que ni me lo toquen, le dijo a Hope el vecino humilde. Y Hope -el Hombre Perplejo- tuvo ocasión de comprobarlo anoche, cuando la Némesis de la atmósfera le dio a Madrid un repaso, para que se recuerde que nadie debe librarse de su mal genio.

En el Caribe sufren huracanes y ciclones, que son bastante más trágicos, pero lo de anoche en la capital fue como la apoteosis de la Furia dels Baus en versión meteorológica. La mundial, que dicen los castizos. El amplio panorama que se divisa desde el palomar del Duende no había skyline, que es como queda ahora bonito llamar al horizonte urbano. Sino un festival apocalíptico de efectos especiales de esos que sólo se ven en el cine y que tapaba por completo el cuadro habitual del Palacio Real, la Almudena y San Francisco el Grande. Bolera constante en el cielo -no esos estampidos secos de los rayos fulminantes, sino un tronar mitigado y continuo- cortinones de agua, ráfagas de metralla helada, viento que amenazaba con quebrar los árboles. Y, dentro de casa, la sensación de que el enemigo nos batía desde todos los frentes.

Teme el Duende las tormentas en campo abierto, pero nunca piensan que puedan ser peligrosas en la ciudad. Y su sueño, denso y pertinaz, suele vencerlas sin apenas alterarse. Pero la de anoche rompió apenas apagada la luz, y le fue imposible dormirse. Al poco de cesar el ataque de la tormenta, sonaron las sirenas. Cuántos pequeños desastres urbanos, qué marea de partes al mutirriesgo hogar. Estaba de Dios, porque Hope había lavado su Vespa y comido fuera, y apenas volvía a casa le sorprendió la primera manta de agua a las cuatro de la tarde. Al pequeño burgués siempre le llueve cuando lava el vehículo. Y tal vez por empatía, Hope pensó en ese vecino del barrio que no tiene garaje, pero sí un espectacular Mercedes, habitualmente reluciente, que, saltándose todas las normas de prohibición en una acera peatonal, aparca habitualmente delante del portal. Para que nadie se olvide de su poderío.

Abre el día, además, con negros presagios económicos. Dicen que Pedro Solbes no descarta ya la recesión- se va a enterar de lo que vale un peine cuando la vicepresidenta de la Vega le eche una bronca, por mal pensado. Y que el sector automovilístico se hunde. Así que hay que cuidar el coche, por lo que pueda pasar. Como el vecino de Hope, en el que éste pensaba anoche cuando huevos de paloma de hielo granizaban del cielo. ¿Qué sería de su Mercedes?

La respuesta, esta mañana, cuando amanecía el día después y se podía abrir la ventana para percibir el agradable olor de la tierra mojada. Hope bajó la vista y pudo ver que el flamante coche había dormido bajo un manto de edredones, toallas de playa y colchas que le protegieron de la granizada. Todo por el Mercedes. Al coche, ni un arañazo, no vayan a pensar que por culpa de la crisis uno pierde categoría.

Zapatero, entre el biscuit y la gloria

Jose Luis Rodriguez Zapatero

Va a ser verdad que es un Cristo agnóstico, o un Gandhi que en lugar de yogur y cañamones se alimentó de cecina, o el neoignaciano laico impaciente, o Merlín el encantador, o el padre Damián de Molokai redivivo y rebozado en mayo del 68, o el gran Houdini, o la versión moderna del buen samaritano, o un Harry Potter asistente social.

Va a ser cierto que lleva dentro la panacea de todos los males, el secreto de la piedra filosofal, la quintaesencia de la bondad humana, el poder de fascinación del flautista de Hamelin, el germen de la Utopía futura. De otra manera no se entiende que alguien con tan excelentes condiciones para haber sido director de comunicación de una gran empresa, presidente de una cadena hotelera, embajador -aunque necesitara mejorar su inglés-, catedrático de Teoría de las Ideas Justas (entiéndase como se quiera), profesor de arte dramático y declamación, psicólogo para autoestimas decaídas y poeta ganador de juegos florales haya caído en eso tan vulgar que es la política. No se le conoce ningún puesto ejecutivo antes de ser secretario general de su propio partido. Ni siquiera jefe de ventas de un concesionario de Renault. Pero ahora es el presidente del gobierno, que encarna el poder ejecutivo. O sea, es el mandamás. Y, a tenor de los últimos debates, parece que va a seguir siéndolo.

El último elogio se lo ha escuchado el Duende a Lucía Méndez, subdirectora de EL MUNDO. Según ella el presidente Zapatero es, además de referente de virtudes cívicas y sociales, modelo de telegenia, buen orador y portavoz universal del humanismo pata negra. Y, por añadidura, guapo. Esto no se lo habían dicho ni a Adolfo Suárez, que fue buen mozo, ni Felipe González, con sus morritos tan sensuales, ni a Leopoldo Calvo Sotelo, la dignidad de la esfinge que tan bien caricaturizó Peridis. Tampoco se lo habían llamado a José María Aznar, a pesar del morbo que a algunas de sus fans les inspira su cabellera de madelman. Nadie ha levantado la voz llamándole a Lucía feminista por el piropo. Si piropeas a una chica ahora eres un machista, y lo de machista es malo. Pero en cambio lo de feminista tiene connotaciones sociales muy positivas, aunque la fémina considere en este caso lo mismo que los hombres apreciábamos antes en la hembra y ahora nos guardamos por si las flyes. Diga usted que María Teresa Fernández de la Vega es una hermosura de mujer y verá cómo se mosquea el patio. Bueno, quizás tampoco hay que pasarse en el elogio.

Porque hoy éste queda para la figura del presidente Zapatero. Alguien le rebautizó como Bambi cuando apareció en la escena política. Unos dicen que fue Raúl del Pozo, otros que Alfonso Guerra, y Javier Capitán sostiene que fue el Duende impostando la voz de aquél en una jornada de Gran Carnaval. El caso es que, fuera quien fuera su bautista, el inocente cervatillo se esfumó, y aún sin perder la mirada de criatura de Walt Disney se ha resabiado lo suficiente como para levantar sospechas en la otra media España que no le jalea con entusiasmo.

Rajoy, por supuesto, no será menos imperfecto. Pero su falta de telegenia, su mirada extraviada y hasta esa ese que se le deshilacha en la boca juegan en su favor. Con mejor o peor tino, y posiblemente con la misma dosis de demagogia, si convence será a pesar de su falta de encanto. De ese encanto empalagoso que le sobra Zapatero, un político mucho más difícil de batir que lo que en principio sugería su relamida estampa de príncipe de cuento o de figurita de biscuit.


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