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Touriño y los dimitidos felices

Una dimisión a tiempo puede ser la puerta de la felicidad

Una dimisión a tiempo puede ser la puerta de la felicidad

Ayer Homper volvió a ser el Hombre Perplejo gracias a la tía Clota.

-Pobre Touriño –se lamentaba ella-¿Sabes si tiene algo que hacer?…

Homper la tranquilizó. Emilio Pérez Touriño no ha sido una personalidad política arrolladora, pero es economista y profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, y ha publicado incluso numerosos estudios.

-Volverá a la cátedra, supongo-le respondió Hom.

-El hombre estará triste, pobre. ¿Sabes si hace el Damero Maldito, o colecciona sellos?…El marido de Edwina, que también tuvo que dimitir en su compañía, ha conseguido criar una variedad de rosas pintonas muy premiadas en los concursos, y Bob, el que tenía la gasolinera de Tinmouth, cocina pizzas para el Ejército de Salvación. ¿Sabes?…Es importante que los dimitidos, como los jubiletas, se impongan labores que les mantengan la curiosidad y les permitan sentirse vivos.

A Homper le extrañó sobremanera que a la anciana tía Clota le preocupara la suerte de una persona tan anodina como Touriño. Pero ella le razonó que era parte de la terapia que se aplicaba para no convertirse en un bicho raro.

-Los viejos nos vamos obsesionando con nosotros mismos a medida que cumplimos años, y acabamos siendo unos egoístas de tomo y lomo. Yo los martes de cada semana me propongo pensar en alguien que me traiga sin cuidado, para contrarrestar esa tendencia. Y le vi tan educado, tan elegante al reconocer su derrota electoral, que he decidido dedicarle el día…¿Sabes si pesca, o si monta en bicicleta?…

Homper le dijo que no se obsesionara por el dimisionario, que tampoco la cátedra le dejará tiempo para tanto. Entonces ella amplió su jornada de meditación a Bermejo.

-¿Y qué hace el ministro que dimitió la semana pasada, si ha terminado la temporada de caza?…Dile que lea a Galdós, que es muy entretenido. O a Patricia Highsmith, que es apasionante…Sobre todo, que no le de tiempo a pensar que metió la pata…

Homper tuvo que falsear su agenda –a decir verdad, no demasiado cargada- para excusarse. No podía dedicar su jornada a llamar a todos los dimisionarios conocidos para transmitirles la preocupación de la tía Clota.Y le contó el ejemplo de Joaquín Almunia, un político honrado, competente y simpático que perdió unas elecciones, dimitió y ahora es feliz como Comisario en la Unión Europea.

-Vive tan relajado –le explicó a la tía- que el sábado pasado acudió a la inauguración del Museo de la Casa de las Flores en Candeleda. Sorprendente, ¿no?…Un hombre tan importante en Europa dedicando unas horas de su sábado a ver juguetes de hojalata en un pueblo…

La anécdota acabó reforzando el sermón piadoso de la tía Clota. Antes de dar por cerrada la sesión de Skype, le insistió a su sobrino para que localizara a Touriño y le contara que Aaron, un hermano de su difunto marido que fue prejubilado en Texaco, amaestró a su hamster a ritmo de su armónica.

-Yo no lo ví, pero dicen que cuando tocaba Oh Susana! el hamster marcaba unos pasos de baile…

Se despidieron. Y luego, por la noche, la tía Clota no podía conciliar el sueño atormentada por las dudas. Dudaba si Touriño tendría hamster, si el presidente dimitido tocaría la armónica o si el animalito, gallego él, preferiría bailar la muñeira.

Bermejo o el arte de callarse y hablar a tiempo

mariano-fernandez-bermejo-ministro-de-justiciapreview1Lo malo del poderoso es que impresiona tanto a su alrededor, que nadie se atreve a denunciar sus excesos

-¿Por qué nadie le paró los pies a este ministro?-le preguntaba la tía Clota a su sobrino.

-El poder nos ciega a todos. Hasta que se pasó, e incluso los suyos empezaron a fallarle.

La tía Clota le guardaba una cierta simpatía a Mariano Fernández Bermejo. Más que nada, porque es de pueblo, como ella, y aún en los años en que nació el hoy ex ministro eso de ser de pueblo y llegar tan alto era un meritazo. Además, una vez que fue de excursión a la Villa de Mombeltrán con unos amigos y pararon en la gasolinera de Arenas de san Pedro, ella tuvo que hacer uso del cuarto de baño y lo encontró limpísimo.

-Buena señal, y más en España -puntualizó la tía- Pero claro, la cacería, lo de no tener licencia, cenar con ese juez…¡Matar ciervos cuando a tu presidente aún le llaman Bambi…

Bendita ingenuidad.

La tía Clota sabe que el hoy  ex ministro es hijo del dueño de la gasolinera de Arenas de san Pedro, y que el señor Fernández estaba en las antípodas ideológicas de su hijo. Porque la sangre izquierdista le viene de su abuelo materno, don Emiliano Bermejo, dueño del Colegio del Carmen, un edificio con mucho encanto y un gran jardín que fue derribado por la piqueta para albergar unos horribles bloques de viviendas.

-Pero ya ves, tía. Legalizaba o ilegalizaba ANV, a conveniencia del Gobierno. Comprometía a Montesquieu a dos por tres. Y como era mordaz y daba caña a la derechona le jaleaban. Uno deslumbrado por el poder y otros porque no quieren ver…

-Pues acabo de escuchar a Victoria Prego, que tiene muy buen criterio, y dice que es un hombre muy inteligente y de gran preparación…

-Y simpático -añadió Homper-Que me lo ha dicho un amigo que le conoció en su juventud.

También le contó el amigo que el ex ministro tiene una hermana que se llama Pepita y era de las más guapas de Arenas de san Pedro. De cara muy bien dibujada, piel muy blanca  y silueta perfectamente proporcionada, tenía el aire delicado de un retrato de Madrazo o de una heroína de Chejov. Al contrario que su hermano, parecía tan discreta y tímida que el amigo no se atrevió a decirle que le gustaba, por si se asustaba. Tampoco se lo recordó cuando la encontró cuarenta años después, casada y profesora de matemáticas en un instituto de Valladolid.

-Lo que es no hablar a tiempo-concluyó tía Clota-Si alguien lo hubiera hecho, el ministro a lo mejor había salvado la silla, y tu amigo quizás hubiera acabado con Pepita.

Quién lo sabe. Pero es tan difícil saber callarse o hablar a tiempo…

El poyaque de Bermejo

Enano de jardin

(Foto de Juergen Kurlvink)

Antes de destacar como fiscal estricto y ministro lenguaraz, Mariano Fernández Bermejo ya era lo que se dice un hombre del pueblo. Nació en Arenas de San Pedro, en una familia acomodada de cinco hermanos. Su padre simpatizaba con la Falange, y puso una gasolinera que hacía muy buena caja. Mucho antes, su abuelo materno, un docente republicano que esquivó el franquismo como pudo, había fundado un colegio. El Duende pasó muchos veranos en Arenas de San Pedro, y recuerda aquel Colegio del Carmen, instalado en un edificio cuadradote de corte decimonónico y rodeado de un gran jardín. Estaba en la cuesta de Lourdes, a la salida del pueblo en dirección a Ávila. Fantasmas del pasado. Arenas es uno de los pueblos que más ha maltratado su propio patrimonio arquitectónico, por lo que hoy en ese solar se levantan horribles pisos. También recuerda el Duende al abuelo, siempre vestido de negro y con corbata. Y, sobre todo, a una de sus hermanas, Pepita, de piel fina y blanca, cara guapa y delicada figura. Parecía una dama de un retrato de Madrazo. En una etapa, el Duende la miró con interés preferente, luego ella se casó y acabó de profesora de matemáticas en Valladolid. Las cosas. Además de estos apuntes el hoy ministro de justicia fue bajista con los Cirros, jugador de fútbol-me temo que simpatizante del Real Madrid- y cazador de pelo y pluma. Se supone que tenía buena puntería.

Tanto con la guitarra como con el balón al hoy ministro de Justicia se le veía que era un tipo simpático y con desparpajo. Después lo ha demostrado largamente. Por ejemplo, hace poco argumentaba que no se había ilegalizado antes a ANV porque eso tocaba a la médula de la democracia, que es el derecho de representación. Se podría haber opuesto que muchos de los que querían ese derecho hacían apología del terrorismo, y así también tocaban a otro derecho fundamental como es el derecho a la vida que le arrebataron a las víctimas de ETA. Pero Mariano era extremo izquierda, como Gento, y una de sus habilidades es el regate en corto, amagar por un lado y escapar por el otro. Antes no había pruebas para proceder, ahora sí. Una finta jurídica. Por eso, tan agudo y casticista como normalmente se produce, extraña que no haya salido el ministro al paso de las críticas que ha levantado la reforma de su piso con lo que Braulio, siempre tan preciso en sus chapuzas, denomina el plus de poyaque. Algo que hubiéramos entendido todos los españoles.

El plus de poyaque es el que todo hijo de vecino asume cuando se lanza a una obra de reforma en casa. Poyaque tenemos que cambiar el suelo de la cocina, la alicatamos toda y renovamos los muebles. Poyaque hay que tirar el baño, aprovechamos y le hacemos una sauna. Poyaque hay que instalar el riego automático en la terraza nos estiramos un poco y le ponemos un surtidor con tritón y una barbacoa sustentada en enanitos policromados de piedra artificial. Cuando el particular ve a lo que subido el plus de poyaque normalmente se lleva las manos a la cabeza. Pero en este caso, aunque haya ascendido a casi un cuarto de millón de euros, no ha sido así. El inmueble es de Patrimonio Nacional y, como bien ha recordado Zapatero, aparte de ser un deber mantenerlo, todo queda en casa.

Poyaque nos lo ha aclarado el presidente, sólo queda recordarle a Bermejo que otra vez no se acoquine y de la cara. El que esté libre de poyaque, que tire la primera piedra. Además, con una hacienda pública tan generosa como tenemos…¿qué es una raya más para un tigre?


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