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Después de aquel 9 de noviembre

Se esperaba tanto de aquel 9 de noviembre, que el Agustinet incluso creyó que iba a curar la mamitis de sus vacas...

Se esperaba tanto de aquel 9 de noviembre, que el Agustinet incluso creyó que iba a curar la mamitis de sus vacas…

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El 10 N llenó de alegría al pueblo, pero no mejoró nada la mamitis de la vaca de Agustí. Este no esperaba encontrar al día siguiente de la gran efemérides un Servei de Veterinari de la Generalitat de Catalunya levantado milagrosamente de la noche a la mañana junto a su propiedad. Sin embargo le habían vendido tanta ilusión de que su voto, la autodeterminación y a la postre la independencia iban a cambiar su vida, que contaba con que algún signo externo, del cielo o de la tierra, premiarían su comportamiento de buen ciudadano.

-A más a más cuando yo sí que voy a cumplir con la promesa del Avi- se dijo.

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La promesa fue en realidad una deuda contraída por su abuelo, el senyor Esteve que, desgraciadamente, no pudo cumplir en vida. El senyor Esteve había abandonado el pueblo de niño para hacer fortuna en la Ciudad Condal. Después de muchos años en oficios diversos se jubiló como cochero de don Enric Prat de la Riba, insigne político y escritor catalanista. Como entonces ni el fútbol era religión ni el Barça era més que un club, el señor Esteve, con sólo escuchar desde el pescante del coche las eruditas conversaciones que don Enric mantenía con sus amigos y correligionarios, se hizo catalanista furibundo e independentista frustrado.

-Este Franco nos ha fotut- le diría a su nieto cuando muchos años después, siendo ya taxista en Barcelona, volvía al pueblo de vacaciones- Pero llegará el día en que Franco muera y podamos votar y ver una Catalunya independiente.

-¿I aixó será bueno? –preguntaba el Agustinet en su infantil ignorancia.

-¡Y tanto!…Será tan bueno que ese día, para que lo recuerdes siempre, te regalaré una pirindola.

Una pirindola en el año 1943 era un buen regalo para cualquier chaval de pueblo. En las jugueterías de Barcelona las había más lujosas, como una de chapa serigrafiada en colores y dibujos preciosos, con sirena e incluso con música que sonaba al girar sobre su eje. El regalo del senyor Esteve, entendió el Agustinet, habría de ser una señora pirindola de esta categoría.

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Se murió Franco. Se murió el Avi. Se murió el padre del Agustinet, al que la independencia le preocupaba menos que las vacas de las que vivía. Se votaron muchas cosas, pero nunca la autodeterminación. Entonces el Agustinet, soltero y solo en la vida, ya era lo bastante mayor como para que la pirindola no fuera precisamente el primero de sus sueños, pero todos los meses de noviembre se acercaba al cementerio y delante de la tumba de sus mayores le explicaba al senyor Esteve que aún no había llegado el momento del regalo póstumo.

-Pero no te preocupes, Avi- le decía- que el día que votemos la independencia me compro en tu nombre la mejor pirindola y la hago bailar sobre tu lápida, para que, aunque sea desde el más allá, te des el gustazo de cumplir con tu nieto.

La Rosé, que coincidía con él en la tumba de al lado poniéndole flores de plástico a su difunto marido, le mirada con cara de tonta. La Rosé había sido una mujer hermosa, pero había cosas del Agustinet que le ponían cara de tonta.

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La Rosé y Agustinet coincidían en el Hogar del Jubilado por las tardes, donde veían juntos Sálvame y luego jugaban al parchís. La Rosé era viuda sin hijos, y vivía con su gata de su pensión, de sus gallinas, de su huerto y de bordar mantelerías para una señora acaudalada que se las encargaba cuando tenía que hacer regalos de boda. Un día, en las fiestas del pueblo, se bailó en la plaza una gran sardana en la que el Agustinet buscó la mano de la Rosér, que apretó varias veces mandándole señales. Luego, en la sesión para los mayores amenizada por la orquesta del Pep Ferrerons, especializada en boleros, valses y foxtrots, el Agustinet, por primera vez en su vida, se arrancó y sacó a bailar agarrado a la Rosér. Como nunca se habían visto tan juntos, tuvieron que hablar. Apenas hablaban cuando se veían normalmente, pero se miraban mucho. Aquel día Agustinet debió de concluir que ya no les quedaba mucho tiempo para ocultar sus sentimientos.

-Que digo yo – le susurró mientras el Pep cantaba Toda una vida- que si no nos iría mejor juntando meriendas.

La Rosér puso su cara de tonta tradicional y retiró la mirada hacia el saxofón de la orquesta de Ferrerons.

-¿Que no sería una buena cosa que nos casáramos?- insistió el Agustinet.

La Rosér acabó la pieza sin decir palabra. Al final de la fiesta, cuando los viejos del pueblo emprendían la retirada y la banda de rock duro Pebre Catalá tomaba el relevo, el Agustinet le requirió una respuesta concluyente.

-Nena, si us plau…

-Ay, no se, no se –respondió visiblemente ruborizada la Rosér- Ja en parlarem.

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Dos días después de aquel que según los padres de la patria catalana iba a cambiar el destino de ésta, Agustí y Rosér quedaron en el cementerio. El Agustinet no tenía muy claro para qué, pero había votado el 9 de noviembre los dos síes que le pidieron. La Rosér también, y ambos debieron de pensar que era hora de ofrecer sus votos a sus difuntos, que al fin y al cabo celebraban calladamente su mes. Agustinet había ido antes al mejor bazar chino de la comarca para comprar una lujosa pirindola, que le permitiera homenajear al Avi. También compró el periódico, por si la Rosér se retrasaba y La Vanguardia era capaz de explicarle entretanto cómo la nueva Catalunya le iba a solucionar la mamitis de sus vacas, que ya eran cuatro las afectadas.

-Bon día, Rosér –dijo cuando la vio aproximarse a la tumba en la que esperaba sentado tranquilamente mientras leía las noticias- Todo ha cambiado ya…

La Rosér se encogió de hombros mientras avanzaba trastabillando hacia la tumba de su difunto esposo. Mientras en su mano derecha portaba un nuevo jarrón decorado por un san Jorge alanceando al dragón, en la izquierda llevaba una bolsa del bazar chino por la que asomaban claveles rojos y amarillos.

-Aixó mateig- respondió la mujer mientras sacaba brillo con su pañuelo a la boca del jarrón miniada en oro- Por eso he de cambiar las flores a mi Magí…¡Hasta las de plástico se destiñen, noy!…

Lo que siguió fue muy emotivo. La Rosér retiró los adornos descoloridos y plantó en su lugar el jarrón del san Jorge con seis claveles rojos y seis amarillos componiendo en abanico una senyera floral.

-¿Eh que es maco?- dijo la mujer mientras contemplaba su ofrenda con los brazos en jarras y por primera vez sonreía en un cementerio.

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Agustinet derramó entonces una larga mirada sobre las tumbas que les rodeaban y dejó escapar un suspiro.

-¿Sabes que hay una nave espacial que ha volado quinientos diez millones de kilómetros hasta un cometa que se llama Churynosequé sólo para que conozcamos mejor a nuestro sistema solar?–dijo mientras sacaba la pirindola de su caja y la ponía sobre la lápida de sus muertos.

-¿Y de qué cosas se entera la nave esa? –preguntó la Rosé mientras barría con una escobilla las hojas secas que se agolpaban alrededor de la tumba de los suyos.

-Qué se yo…No creo que averigüe nada de nuestro futuro. Ni de la independencia de Cataluña, ni de la mamitis de mis vacas, ni de si quieres que nos casemos, ni…

-Yo Agustinet –interrumpió la Rosér- igual me casaría, te lo aseguro…Pero como que con este lío entre el referéndum, el Mas y el Rajoy, una no sabe si es catalana o española, y, sobre todo, tampoco tiene seguro quién le pagará la pensión, hasta que no lo tenga claro no te puedo dar el sí…

-No fotis, Rosér –farfulló el hombre a punto de sollozar.

-Lo siento, noy-dijo la Rosé- Pero de momento, aixó no pot se.

El Agustí, que había ido dando cuerda a la pirindola mientras escuchaba pacientemente a su amada esquiva, la lanzó con tal ira sobre la lápida del Avi que el juguete, después de girar frenéticamente como un trompo descontrolado, saltó a la tumba de al lado y fue a estrellarse contra el jarrón de la Rosér. Este cayó de su pedestal, se hizo añicos y dejó desparramada sobre la piedra musgosa la bella senyera floral made in China.

-¡La mare de Deu, que absurda es la vida, collons!- clamó desesperado el Agustinet.

Mientras desde el cometa impronunciable la sonda Philae marcaba un hito sin precedentes en la historia de la humanidad, la Rosér arrodillada y tragándose las lágrimas recogía con la escobilla los restos del jarrón, las flores de plástico, y hasta la pirindola abollada. Definitivamente el Agustinet era un buen hombre, le daba pena verle tan preocupado por la mamitis de sus vacas y tan frustrado, y además ella misma estaba harta de vivir a solas con su gata y sus gallinas. Pero creía que las cosas de comer no eran como las de la patria, y que con las cosas de comer no se juega.

-A Dios pongo por testigo –gritó al cielo encendido por el crepúsculo como una Escarlata O´Hara- que, con independencia o sin ella, yo ni vuelvo a votar ni me caso hasta que sepa quién va pagar mi pensión.

Volvieron al pueblo juntos, agarrados del bracete y en silencio. Esperaban tal vez otro 9 de noviembre más claro que les pusiera su alma en paz.

 

Rajoy es la sorpresa del roscón

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La sorpresa, piensa el Duende al despertar y escuchar las primeras noticias del día, no es que Mariano Rajoy nos suba los impuestos. Sabemos que estamos de vacas flacas. La sorpresa es que un tipo tan prudente como él y que ha tenido ocho años para estudiar los vicios de los gobernantes y los penosos efectos de sus compromisos incumplidos no se mojara un poquito menos en lo que ahora se vuelve en su contra..

-Yo os aseguro -podría haber remarcado con el silbido característico de sus eses deshilachadas- que si los números que nos cuenta este gobierno del PSOE son reales y el déficit público es el publicado oficialmente, no subiremos los impuestos.

Así de claro. La mayoría estaba tan convencida de que Zapatero era, sobe todo, un confitero de utopías, que no le hubieran regateado su voto. Y él no tendría que tragarse su primer marrón.

Pero es impepinable, hay piedras en el camino de los políticos en las que ninguno deja de tropezar.

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Así que, por no amargarse el día, el bloguero decide desayunarse con algo que según el libro de Antonio San José, podría traerle una miajita de alegría. El libro se llama La felicidad de las pequeñas cosas, y en él hay un capítulo titulado: Comer churros. No es el mismo producto, pero sí parecido placer. Ahora, que se va a acabando la Navidad, aún nos queda esa otra gran pequeña cosa que es el roscón de Reyes. Sin relleno de nata, ni de crema pastelera, ni de marrón glasé.. El auténtico, el de siempre: el que hay que mojar en chocolate o en café con leche con la esperanza de que no se le vayan los churretones, barbilla abajo, a la pechera de la camisa. Y con la suerte añadida de que el buda de cristal que figura como sorpresa no le haga saltar alguno de sus empastes.

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Los políticos siempre acaban sorprendiendo con sus bravatas, sus mentiras o sus donde dije digo, digo Diego. Las sorpresas de los roscones son más inocentes.

La del primer roscón de este año no era un hada Campanilla, ni un pez, ni un conejo, ni un rey mago, ni un caballito de mar, ni una mariposa, ni un caracol, figuritas exóticas que los reposteros van recogiendo en los bazares chinos para alimentar la fantasía de su roscón. La sorpresa es una ovejita de resina sintética sentada en la misma postura que poníamos en el cole cuando teminaba la etapa de las chapas o los cromos y llegaba la de las bolas. Puesto que estamos en época de vacas flacas, debe de ser una oveja flaca, como queriendo decir.

En aquel juego colegial el que tenía una bola de cristal vistosa, muy cotizada, la plantaba en el suelo y marcaba con pasos la distancia a la que había que golpearla con otra bola de piedra para poder ganarla. Si tenía suerte el lanzador, cascaba la bola de cristal con una de de las suyas y se la llevaba. Pero entretanto, el apostante iba acumulando proyectiles para poder salir luego a cazar otras bolas de cristal más preciadas.

El apostante de bolas se sentaba exactamente como la ovejita sorpresa del roscón. O sea, despatarrado en el suelo detrás de la bola en juego. Sus piernas abiertas recogían las bolas erradas que se estrellaban contra ellas. Una vez a Gómez, que llevaba pantalón corto, se le coló por la pernera una pedrada redonda lanzada por García, que era un poco bestiajo, y en lugar de cascar la bola de cristal le cascaron un huevo. Y eso dolía, qué caramba.

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Pese a lo tonta que era la sorpresa del roscón, al Duende le ha ha hecho más gracia que la desagradable sorpresa que nos acaba de dar Rajoy. Este ha despatarrado innecesariamente a la oveja flaca demasiado pronto y muy descaradamente, exponiéndose a perder crédito por no haber sido un poco más perspicaz. Parece mentira, con lo matriculín que era en el cole, y lo brillantemente que ganó sus oposiciones a registrador de la propiedad. Pero la política es otra cosa. Los hay muy listos para los libros que luego fallan en los recados.

Paciencia. Y a ver si el próximo recado le sale mejor al presidente.

Una batallita “de espaldas al pueblo”

Silencio Banqueros

¡Ah!...Si estos políticos polemizaran menos y curraran más...

Mientras Mariano Rajoy –ya era hora- recuerda que santo Job no hubo más que uno y que el tres de noviembre dará un puñetazo en la mesa del PP, en el Bloque Los Arándanos donde vive Doña María se sigue viviendo la España real. O sea, problemas, sueños y aspiraciones.

-Ya te puedes imaginar-le dice doña María al Duende. No dormimos pensando quién será el próximo presidente de Caja Madrid.

Según esta buena mujer, Marisa tiene dos hijos en paro y a su marido Sabas, bombero, con depresión. No falla con la manguera, pero el hombre padece una disfunción eréctil, y falla con la manguera. No obstante, el tema de conversación en su familia no es el paro, ni la depresión. Como todo el mundo puede entender, lo que les trastorna es no saber cómo acabará la trifulca pepera.

-Marisa y Sabas son de Espe, y quieren que vaya de presidente ese González que va siempre con ella y peina tupé.

Adela por su parte está desesperada: la silla de ruedas de su madre, que vive con ella y con su marido Marcial, no cabe en el ascensor del bloque. Además Adela espera una operación de sus cálculos biliares -tiene turno para dentro de siete meses- y no duerme pensando que su niña Lolinchi se ha hecho maestra y va a dar clases sin chichonera y sin seguro de vida. A pesar de todo, como es lógico en cualquier familia de bien nacidos, no piensa ni en la Ley de Dependencia ni en la reforma de la sanidad o de la educación.

-Están de los nervios pensando que el presidente de Caja Madrid debe ser Rato. Es más, casi todos los días van un brujo y le encargan que haga vudú a los otros candidatos.

Por último, Jocelyn y Bernabé, acechados por las deudas,  han cerrado su peluquería de perros . Tienen dos hijos en paro, una niña medio enganchada con la droga y un cuñado desahuciado de su casa por falta de pago. Pero, naturalmente, no tienen oídos más que para la batallita que paraliza a la oposición de este país.

-Ya ves tú…-dice doña María- Van a manifestarse este fin de semana por las calles con pancartas que dicen GUINDOS PRESIDENTE DE CAJA MADRID o PIZARRO FOR PRESIDENT…¡Lo primero es lo primero!

Exacto, es cuestión de prioridades. Habiendo tantos problemas y carencias, este fuego cruzado que está desangrando al partido de la alternativa es una de esas cosas que según doña María  se hacen de espaldas al pueblo. El llorado Fernando Lázaro Carreter criticaba esta expresión, pues según el docto académica debería decirse a espaldas del pueblo. De espaldas al, o a espaldas de, lo verdaderamente grotesco es que los políticos del PP suman más mierda a la mierda de las semanas pasadas. Y,  de frente o de perfil,  lo que parecen hacer es una peseta, un corte de mangas o una butifarra a los vecinos de doña María y al resto de los ciudadanos que esperaban cambiar este gobierno por otro que  no lo hiciera tan mal.

-A mí el presidente de Caja Madrid me la refanfinfla –se ha sincerado Teófilo, que es el presidente de la Comunidad de Vecinos de Los Arándanos, el enésimo parado del reino- Yo sólo quiero que alguien me de un trabajo.

Tranquilidad y esperanza ( sin retintín). Sea cual sea el elegido, seguro que lo primero que hará cuando se siente en el sillón  presidencial de Caja Madrid es pensar en  nosotros,  levantarse de su trono de oro y venir a rescatarnos de esta odiosa crisis.

¿Se ha convertido Almodóvar en un coñazo?

A muchos nos gustaba más el Almodóvar de sus comedias...

A muchos nos gustaba más el Almodóvar de sus comedias...

Hasta Charles Chaplin se puso melodramático en Candilejas. Es muy corriente que los cómicos  acaben queriendo hacer tragedias, como si lo de militar en la risa  les fuera a  negar la categoría que Shakespeare le daba a  Lawrence Olivier o a John Gielgud. Salvando la distancia, es lo que le pasa al Duende, que de vez en cuando se despierta sofocado porque ha soñado que sus lectores le acusan de haber olvidado sus principios.

-Yo era considerado un humorista, ¿sabes?-le confesó a Homper cuando se lo encontró en la cola del autobús.

-Ya comprendo….La tía Clota también está preocupada con la deriva de Pedro Almodóvar. El otro día escuchó a uno de esos que chismorrean en la radio y criticando su última película decía que el manchego se ha convertido en un coñazo. Ya te puedes imaginar cómo fue nuestro diálogo de ayer.

La tía Clota fue incontenible. De entrada, no sabía cómo explicar a sus amigas Edwina y Thelma la palabra coñazo.

-Es muy feo, ¿no?-se quejaba la tía-  Dime, Hom…¿Por qué eso, tan femenino, tiene que simbolizar algo negativo o malo? ¿No podían los españoles deciir, con perdón, un penazo, un carajazo o?…

La tía Clota no se atrevió a decir un pollazo. Ella era licenciada en Filología, había enseñado español en una universidad estadounidense y consideraba que aunque el vocablo hubiera sido admitido en el diccionario ella no lo debería usar.

-Porque además de ser una muestra más de machismo,  una profesora debe hablar bien, ¿no? -se explicaba- Pero ahora resulta que todo el mundo recurre al coñazo. Lo usan también mujeres, incluso ministras… Hasta Rajoy, que debe de ser de colegio de pago, dijo que los desfiles militares eran un coñazo…

-Tía, el lenguaje se vulgariza -argumentaba Homper- Eso forma parte de la cosmética de la democracia. Si no se puede redimir al plebeyo, hablemos como él para que se crea que somos iguales.

La tía Clota admiraba a Almodóvar porque cuando vio Mujeres al borde de un ataque de nervios pensó que era un tipo ingenioso y brillante. Luego llegó ¡Qué hecho yo para merecer esto! y se partió de risa. Pero desde que Pedro quiere ser Douglas Sirk -considerado por algunos como el rey del melodrama elegante- le interesa bastante menos.

-Es una pena que se haya aburrido de su talento para la comedia-decía conteniendo en la risa- Te voy a decir una confidencia…A tu tía Oscar y a mí nos gustaba ver el cine por la tele juntos…Hacíamos manitas, incluso…Y después de ver Mujeres al borde, no se si emocionado o excitado, quiso convencerme de que éramos capaces de repetir esa escena de amor tan…ejem…que abre la película…¡Ja, ja!…

Lo recordarán. La sufrida señora de la limpieza que encarnaba Carmen Maura limpiaba la ducha de un gimnasio. En éstas irrumpía un atleta cachas se abalanza sobre la buena mujer y, sin  mediar palabra, echaban un polvo vertical para el que hay que ser muy buen gimnasta. La anciana comentó entre risas sus pícaras tentativas…Primero se les cayó la ducha de alcachofa y pusieron perdido el baño. Luego se cayeron ellos mismos. Y, muchos fracasos después, alcanzaron el éxtasis en un sillón de mimbre que llevaron al cuarto de baño mientras la ducha caliente envolvía en vapores sus locuras de amor.

-No sabes el partido que le hubiera sacado Almodóvar. ¡Qué pena que se haya vuelto  tan coñ…!- y se interrumpió, muerta de risa- Bueno, tan pretencioso…

Diputados en pelota y otras pesadillas informáticas

(Foto de d70focus)

Aquella noche se despertó Homper sobresaltado. Soñó que se encontraba en una playa nudista. Los dos primeros bañistas que se topó eran dos leones absolutamente bronceados. A continuación, diseminados por la arena, más de trescientas personalidades en pelota picada. Al contrario de lo que se siente en el sueño tradicional, donde uno se avergüenza por estar desnudo delante de la gente, a Homper se le subieron los colores, pues era el único que llevaba traje de baño. Echó a correr por la orilla y se dio de bruces con una pareja que caminaba de frente, agarraditos los dos: eran Rajoy y María Teresa Fernández de la Vega, que se besaban en los morros para escenificar el buen rollito frente a la crisis. Qué cuadro, mi madre, ni pintados por Lucas Granach. Despavorido, huyó en dirección contraria. Y entonces pudo leer un cartel que decía:

Playa Nudista de los Diputados.

El pueblo español en pelota picada

Homper se levantó, secó el sudor de su frente, bebió un vaso de agua y volvió a la cama. Tuvo suerte, y al cabo de un rato concilió de nuevo el sueño. Y esta vez cambió de escenario. Conducía su coche por un puerto y en la única recta donde estaba permitido apretó el acelerador para adelantar a un trailer. Venía de frente a lo lejos otro vehículo, pero había margen más que suficiente. Sin embargo, en pleno adelantamiento, el motor de su coche rateó, el carburador falló y en el cuadro de mandos se encendió un aviso aterrador: Carburador afectado por un virus. Despídase de la vida. Fue lo último que vio antes de estrellarse contra la furgoneta que avanzaba por el carril de la izquierda.

Homper quedó muy afectado por las pesadillas. Pero así como la primera le parecía una broma, la segunda le sonaba a presagio. Quiso escribirlo así en su bitácora personal. Se sentó en su mesa de trabajo, encendió el ordenador, abrió un nuevo documento de Word y comenzó a teclear. Anoche no soñé que volvía Manderley, qué mas quisiera. Soñé que me estrellaba en un coche después de haber soñado que me topaba con Rajoy y María Teresa Fernández de la Vega en bolas. Con todo, lo peor es que mi muerte no era por un fallo mío, sino porque mi coche había sido víctima de un virus como los que de cuando en cuando descarajan mi ordenador. Y mi  pregunta de Hombre Perplejo es…¿Cómo puede girar el mundo civilizado en torno a una tecnología que un matriculín de la informática manipula enviándote un virus desde Filipi…?

Faltaba la sílaba nas. No pudo terminar su post porque en ese momento el teclado dejó de funcionar. Ese mismo percance lo ha sufrido el Duende el domingo, provocando su enésimo ataque de ira contra las mil y una trampas que diariamente tiende el ordenador. Lamentablemente, esta vez no era una pesadilla. Sino alguna nueva jugarreta de la doctora en sadismos diversos que algunos llaman Informática.

Calladaited you are guapier

Foto de las azores Aznar Bush Blair 

Ignora el Duende por qué la humildad es virtud poco practicada, incluso despreciada por los políticos. Sólo queremos líderes duros como el diamante, inasequibles al desaliento y a las fisuras en el criterio que a menudo nos afligen al resto de los mortales. Debe de ser la mano, a menudo estólida, de los politólogos, los asesores de imagen, los estrategas  o los camelólogos. Tú firme en tus creencias, impasible el ademán, sostenella y no enmendalla, antes muerto que sencillo: a lo hecho, pecho, y nada de confesar una debilidad humana, que eso es de perdedores, y la historia es de los arrogantes. Y lo de admitir que se puede haber metido la pata y disculparse por ello, menos. ¿Se arrepintieron de sus batallitas César, Aníbal, Alejandro el Magno o Napoleón? ¿Se rasgó las vestiduras alguien al ver que su guerra se le iba de las manos? Pues ¿por qué van a ser menos los de la foto de las Azores?

Cuando en el último debate televisado antes de las elecciones se le veía al líder del PP enfangado en el espinoso asunto de la guerra de Irak, el Duende jugó a la utopía. ¿Y si, en lugar de replicar tratando de involucrar al propio ZP, reconociera ante toda España que la decisión de las Azores fue una equivocación? ¿Y si admitiera que todo el mundo puede meter la pata una vez , sin que por ello merezca el castigo eterno de la opinión pública? ¿Y si por fin se desmarcara del hombre que, acertando en muchas de sus decisiones, se dejó convencer por los débiles argumentos de sus dos amigotes partidarios de la intervención? ¿No ganaría así, tal vez, las simpatías de quienes, descontentos a su vez con su rival, aun tienen escrúpulos morales ante la contumacia en el error del PP?

Tenía ante sí Rajoy  toda una legislatura para enmendarlo, y uno cree que tarde o temprano lo haría sin dejar mal a su presidente honorario. Pero, por si acaso, el principal responsable del entuerto, aquejado tal vez de la  sutil paranoia que a veces depara el reposo del guerrero, se empeña en salvar lo insalvable. Y en el quinto aniversario de la foto de las Azores, de tan infausto recuerdo para muchos -y sobre todo, para los de su propio partido- sorprende a la humanidad declarando en la BBC que la situación en Irak hoy, sin ser idílica, es muy buena. Las sabias lecciones de historia política de Jose, como le llaman los que más le quiere, deben de provocar saltos de alegría en la camarilla de su sucesor. Que, por cierto, bastante cuajo ha demostrado para seguir en la oposición después del marrón que le dejó su respetado Aznar. Alguien tiene  que recordarle a éste de forma rotunda, y quizás en el chapucero inglés con que Javier Capitán le imita: Already te vale, oncle…Calladaited you are guapier!

A lo mejor así acaba por enterarse.  

Mariano, la niñita y el asesor

Dando instrucciones a modelos Hay calvos que no lo superan, se plantan en la sesera una cabellera de muñeca de Famosa y se quedan tan contentos. Y, por el contrario, también hay jóvenes de muchos años que se niegan a disfrazar sus canas. Lo normal a una cierta edad es apuntar tripilla cervecera, flacidez muscular, algunas arrugas, algo de alopecia y, naturalmente, el cabello gris o blanco, pero el Duende piensa que no importa: ya está casi todo el pescado vendido. Y si no, recuerda el consejo de Molina, un pícaro limpiabotas de muchos años que había perdido varios dedos en una sierra mecánica, lo cual no le impedía prestar sus servicios en la cafetería Villa Río mientras presumía de sus muchas conquistas femeninas. Menos lobos, Caperucita, le vacilaban los camareros. Y él, muy serio, interrumpía la faena y, levantando el único pulgar que le quedaba, apostrofaba: no sabéis nada…Mientras hay lengua, hay hombre.

Muy inocente, el Duende tomó nota de que para seducir en la edad madura, lo único importante es dar buena conversación.

No se sabe de la labia del candidato Rajoy en las distancias cortas, pero cualquiera con dos dedos de frente concluirá que ciertos arreglos en su imagen como teñirle la barba, tal cual pretendían sus asesores de campaña, no le añadirían ni un solo voto. Si Zapatero va de reformista infatigable, idealista, bien hablado, bello y telegénico, el aspirante debe vender su experiencia de gobierno y la validez de sus propuestas y su equipo. El pueblo sabe que no es precisamente un seductor.

Por eso haría bien en olvidarse de consejos como el de sacar a paseo a su primo, el ingeniero que no cree en el cambio climático, o a la niñita que cerró el primer debate. Los temibles asesores de imagen, que Dios confunda. El Duende colaboró en la campaña del hundimiento de UCD -aquella del gran Landelino Lavilla, inmolado como cordero pascual en un empeño imposible- en la cual también contribuyó un figura cubano con vistosas camisas y tirantes que se lo llevaba crudo por no proponer más que chorradas. Ahora a otro genio de su especie se le ocurrió la postal a la niña. Criaturita, qué poco pintaba la pobre en boca de este sesudo registrador de la propiedad que postula seriedad y orden. Ha insistido en que quiere ser él, y nadie se lo imagina en plan sensiblero imitando la redacción de una estudiante de cuarto de bachillerato, como bien señala en su comentario de hoy Begoña. Para almíbar ya tenemos a repartidores más cualificados.

Y que no se empeñe en seguir atizando al presidente. Mentir o, más exactamente, contar sólo la parte de la verdad que interesa, lo han hecho siempre todos los políticos. Incumplir las promesas electorales es otra forma de faltar a la palabra. Todos se pasan de bocazas. Aunque se teme el Duende que, de otra forma, nunca reclutarían los apoyos necesarios para gobernar.

Y esa es la clave. Cada cual es un quidam distinto. Y si alguien sabe cómo se pueden conciliar los intereses de treinta y seis millones de españoles y dejarles a todos contentos, que nos lo cuente. Porque el maravillos asesor de campaña, antes de que hablen las urnas, hacen lo que aconsejaba Woody Allen: toma el dinero y corre.

(Foto de Simon Pais-Thomas)


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