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Juanito Galíndez , funcionario de elite

Todos merecemos comprensión, pero algunos deben comprender que en estos momentos no se les entienda como sin duda se merecen...

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Se celebraba, con gran pompa y circunstancia, la clausura del curso. Y el decano pronunciaba la lección final ante los nuevos licenciados y una legión de familiares que asistía al acto con cara de mamá de la Pantoja.

-Qué duda cabe de que los viejos conceptos de la Escuela Superior de Administración Pública han caducado –dijo el don Amalio Berzotaz, que es como se llamaba el cátedro- Hoy no debemos mirar sólo a la utilidad de los servicios públicos y a la eficacia  de la propia la administración. Sino que velar, ante todo, por los derechos humanos y el bienestar de las personas.

Aquí el decano tomó un ejemplar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la besó, la depositó, con la portada vuelta al público, en un atril que había sobre el pupitre desde donde disertaba e hizo una genuflexión ante ella. El público estalló en estentóreas ovaciones.

-¡Viva la libertad! ¡Viva el individuo!…¡La persona ante todo!-se escucharon gritos estentóreos-¡Por una administración pública a nuestro servicio!…

Y entonces, de la balconada del primer anfiteatro se desplegó una enorme pancarta con este impactante mensaje:

El estado para mí

Y a los demás que les den por ahí

Fue tal el delirio del público que el decano Berzotaz  renunció a seguir pronunciado su lección. Así que sonó por megafonía el Gaudeamus igitur, se dio por concluída la sesión , y profesores, alumnos y familares `pasaron al aula magna donde se celebraba un cocktail de confraternización.

2

Como todas las reformas administrativas de aquel gobierno humanista, el sentido general de la nueva  escuela Superior de Administración Pública pretendía eliminar las aristas a veces incómodas a las que a manudo conducía una interpretación rígida del llamado estado de derecho.

-El estado de derecho absoluto a veces se tuerce, y tiene un valor muy relativo- había dicho el preclaro líder reformista en uno de sus más jaleados discursos parlamentarios- Yo gobierno para la felicidad general, no para que me de palmadas en la espalda Montesquieu.

Al escuchar esa proclama genial Leire, Bibiana y María Teresa entraron en éxtasis.

En consecuencia, los antes llamados   pomposamente altos cuerpos de la administración habían sido borrados o transformados en negociados menores. Porque, como decía el líder supremo, a veces esos que dicen entender tanto de derecho lo que hacen es retorcer y entorpecer la gestión pública. El plan de estudios de la nueva Escuela Superior de Aministración Pública permitiría, eso sí unos Titulados de Aproximación Legislativa, para que los futuros funcionarios, sin caer en el exceso de celo, procuraran ajustar los actos de la administración a derecho.

Pero el grueso de los titulados serían Técnicos Superiores PP, apócope no el partido conservador que nunca ganaba elecciones, sino del concepto Propio Provecho. Los teóricos de la nueva administración, después de haber apurado al límite los beneficios del estado de las autonomías, al punto de proclamar que la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo, habían concluído que para glorificar a la persona, lo mejor era hacer de cada una de ellas un modelo de autogobierno. Y desarrollando el principio de a cada uno según sus méritos, habían creado el Cuerpo de Técnicos Superiores UM (Técnicos Superiores en  uno Mismo), que, una vez en posesión de su cargo podrían  hacer lo que les saliera de los mismísimos ignorando olímpicamente el interés general, que para eso habían ganado su oposición. Como concluyó don Amalio Berzotaz en su ponencia, “lo público no puede atentar contra la sagrada dignidad de la persona, y cuando el Técnico Superior UM -que tiene todo el derecho a  que le respeten sus emolumentos, a la fijeza de su salario y a vivir como un maharajá y que bastante tiene sus responsabilidad-   está de baja y no puede cumplir su función, los administrados deben entender que a joderse tocan”.

El texto final de la ponencia se corrigió. En lugar de “a joderse”, decía “a fastidiarse”.

3

En el cocktail, los Galíndez estaban encantados. El propio decano Amalio Berzotaz les había revelado que veía a su hijo Juanito tan egoísta, tan miserablemente centrado en resolver sus problemas, tan odioso con el resto de sus compañeros de promoción  y con el resto de la humanidad, que él mismo le  había dado la máxima calificación para su ingreso en el CSTPA.

-¿Y eso qué es? –preguntó el señor Galíndez con cierta timidez por su ignorancia.

-¡Hombre, Galíndez!…¡La elite de la elite, la flor y nata del CTSUM, que es el Cuerpo de Técnicos Superiores en Uno Mismo!

-Pero…¿qué significan esas siglas?-insistió el padre del licenciado.

-Muy sencillo: Cuerpo Superior de Tocapelotas del Puto Administrado.

-¡Pero Juanito! –dijo el señor Galíndez mientras lanzaba una mirada de reproche a su hijo-…¿Y tú quieres ser eso?…

Y Juanito Galíndez sonrió dejando asomar dos colmillos sanguinolentos muy al estilo del conde Drácula.

-Papá –respondió el pequeño vampiro-¿Por qué te crees que de niño pedía a los Reyes tantos aviones de juguete?….¡Siempre quise ser controlador aéreo, ji, ji!…

Bermejo o el arte de callarse y hablar a tiempo

mariano-fernandez-bermejo-ministro-de-justiciapreview1Lo malo del poderoso es que impresiona tanto a su alrededor, que nadie se atreve a denunciar sus excesos

-¿Por qué nadie le paró los pies a este ministro?-le preguntaba la tía Clota a su sobrino.

-El poder nos ciega a todos. Hasta que se pasó, e incluso los suyos empezaron a fallarle.

La tía Clota le guardaba una cierta simpatía a Mariano Fernández Bermejo. Más que nada, porque es de pueblo, como ella, y aún en los años en que nació el hoy ex ministro eso de ser de pueblo y llegar tan alto era un meritazo. Además, una vez que fue de excursión a la Villa de Mombeltrán con unos amigos y pararon en la gasolinera de Arenas de san Pedro, ella tuvo que hacer uso del cuarto de baño y lo encontró limpísimo.

-Buena señal, y más en España -puntualizó la tía- Pero claro, la cacería, lo de no tener licencia, cenar con ese juez…¡Matar ciervos cuando a tu presidente aún le llaman Bambi…

Bendita ingenuidad.

La tía Clota sabe que el hoy  ex ministro es hijo del dueño de la gasolinera de Arenas de san Pedro, y que el señor Fernández estaba en las antípodas ideológicas de su hijo. Porque la sangre izquierdista le viene de su abuelo materno, don Emiliano Bermejo, dueño del Colegio del Carmen, un edificio con mucho encanto y un gran jardín que fue derribado por la piqueta para albergar unos horribles bloques de viviendas.

-Pero ya ves, tía. Legalizaba o ilegalizaba ANV, a conveniencia del Gobierno. Comprometía a Montesquieu a dos por tres. Y como era mordaz y daba caña a la derechona le jaleaban. Uno deslumbrado por el poder y otros porque no quieren ver…

-Pues acabo de escuchar a Victoria Prego, que tiene muy buen criterio, y dice que es un hombre muy inteligente y de gran preparación…

-Y simpático -añadió Homper-Que me lo ha dicho un amigo que le conoció en su juventud.

También le contó el amigo que el ex ministro tiene una hermana que se llama Pepita y era de las más guapas de Arenas de san Pedro. De cara muy bien dibujada, piel muy blanca  y silueta perfectamente proporcionada, tenía el aire delicado de un retrato de Madrazo o de una heroína de Chejov. Al contrario que su hermano, parecía tan discreta y tímida que el amigo no se atrevió a decirle que le gustaba, por si se asustaba. Tampoco se lo recordó cuando la encontró cuarenta años después, casada y profesora de matemáticas en un instituto de Valladolid.

-Lo que es no hablar a tiempo-concluyó tía Clota-Si alguien lo hubiera hecho, el ministro a lo mejor había salvado la silla, y tu amigo quizás hubiera acabado con Pepita.

Quién lo sabe. Pero es tan difícil saber callarse o hablar a tiempo…

Caradura lex, sed lex

Los AlbertosCree recordar el Duende que fue otro veintitrés de febrero, fecha que ha dado mucho juego en la última historia de nuestra querida España. El gobierno de Felipe González anunció entonces que expropiaba Rumasa. En la lucha entre el huevo o el fuero, ganó el deseo de quedarse con aquél, aún a costa de burlar a éste. Parece que había razones económicas y sociales suficientes, pues el señor Ruiz Mateos no era un escrupuloso cumplidor de sus deberes, pero el método fue, según cualquier jurista, una chapuza que denigraba al derecho. De hecho, la expropiación se impuso por el voto de calidad del entonces presidente del Tribunal Constitucional, Manuel García Pelayo, un catedrático de enorme prestigio que cedió a la presión agobiante del ejecutivo para decantar la decisión del lado que, digámoslo así, convenía a los intereses generales. El buen hombre lo pagó con creces. Consciente de haber sido la pieza clave de una de esas frecuentes pedorretas que la política hace al derecho, dicen que vivió el resto de sus días en Venezuela amargado por el recuerdo de aquel veintitrés de febrero.

De entonces a esta parte, son frecuentes las collejas que la razón práctica asesta a la ley. Una de las pocas cosas que aprendió el Duende en su paso por la Facultad de Derecho es que éste se asienta en el principio de separación de poderes que enunció Montesquieu. Por una parte el legislativo, por otra el ejecutivo. Y a distancia de ambos, el judicial. Mientras no se pase, claro. Pas se la toucher avec papier de fumer, debería haber sido el complemento reglamentario para los jueces. O, dicho de otra forma, independientes sí, pero sin pasarse.

Porque de la misma manera que el ejecutivo se hace el don Tancredo cuando hay que ejecutar una sentencia incómoda -recordemos cómo silbó Aznar cuando el Tribunal Constitucional ordenó ejecutar la sentencia que declaraba ilegal el cierre por la cadena SER de once emisoras de Antena 3- el poder judicial a veces interpreta la letra o el espíritu de la ley según le peta.

Todo el mundo sabía lo que tapaba ANV, pero antes no había pruebas, y ahora curiosamente las hay. Y fue flagrante el delito de estafa que cometieron los dos Albertos de la gabardina blanca en el llamado caso Urbanor. Pero como son quienes son, aún ha sido posible encontrar un hueco en la interpretación de cuándo empieza y concluye el plazo de prescripción de su granujería para echarles una mano y librarles de la cárcel. Gran día ayer para esta pareja de ilustres empresarios. Menos bueno para el resto de los justiciables. El editorial del periódico EL MUNDO de hoy lo destaca con sarcasmo retorciendo un viejo principio del derecho romano: In dubio, pro rico, dice parafraseando aquella máxima que recomienda sentenciar a favor del reo cuando no está clara la prueba.

Y es que la justicia, como diría una vez más mi amiga doña María, también es mu correlativa. Temblaba el Duende cuando, tiernecito aprendiz de picapleitos, oía de sus maestros otra máxima de Justiniano que consagraba el riguroso, pero inexorable peso de la ley. Dura lex, sed lex, proclamaba solemne su profesor de Derecho Romano. Debió de escuchar mal. Perdida la edad de la inocencia, ahora está convencido de que lo que en realidad le querían decir es caradura lex, sed lex.


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