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Feliz como el pavo que indultó Obama

En el campo donde el Duende pasaba las vacaciones de su infancia había ua tropa de pavos. Había que criarlos con mucho mimo: a los pavos pequeños, por ejemplo, no se les alimentaba con cualquier cosa. Se les suministraba leche cuajada con hortigas. Luego, de adultos, los pavos paseaban por el encinar y se ponían morados de bellotas. Pobres, finalmente se les asaba con manzanas, castañas y mucho coñac y estaban buenísimos.

A los pavos les gustaba pasearse en comitiva, con los machos al frente, que se vez en cuando se inflaban orgullosos y lucían su ridícula cascada de moco rojo que les colgaba como un chorro de gelatina por encima del pico. Parecían la corte de los Austria -por lo negro del plumaje- camino de una coronación. Orgullosos. El jefe de la comitiva cacareaba -no recuerda uno que exista palabra específica para el canto del pavo- y los demás le coreaban como unos pelotas. Al Duende le divertía mucho aquel desfile. Entonces imitaba el canto del pavo jefe, y la tropa le respondía como si en la realidad lo fuera.

El Duende es tan mayor que recuerda a los pavos en el mercadillo de la Plaza Mayor. Los madrileños compraban allí su cena de Nochebuena, como si los pavos de verdad fueran figurillas de nacimiento.Luego venía el sainete tgragicómico de la degollina: alguien tenía que ejecutar al pavo en casa. A veces el pavo rebelde se escapaba de las manos del verdugo y salía corriendo por el pasillo con la cabeza colgando y dejando a su paso un reguero de sangre. Todo muy goyesco, muy solanesco, muy de Berlanga. En una de las primeras películas del gran director valenciano se veían estas escenas de la Navidad de entonces.La película era tan tierna y tan ingenua que se titulana Felices Pascuas, ahora que hasta los católicos fetén olvidan el origen religioso de la celebración y felicitan “las fiestas”. ¿De qué fiestas se trata?, pregunta uno. ¿Tanto molesta la Navidad?

Más tarde se enteraría el bloguero de que los norteamericanos anticipan este ritual navideño el Día de Acción de Gracias. Los estadounidenses se comen ese día pavos grandes como avestruces, quizás para que quede claro que a pesar de las crisis siguen siendo la primera potencia mundial. Y de esa sacrosanta fiesta que tan magníficamente pintó Norman Rockwell y tantas veces hemos visto en el cine, lo que más le impresiona al Duende es que el presidente abandone por un momento sus altísimos quehaceres y que indulte a un pavo elegido no se sabe cómo entre todos los pavos de los estados de la unión.QUé privilegio.

Bueno, pues todo esto es para decir simplemente que en vísperas de la Navidad de 2011 el Duende se siente como el pavo indultado por Obama. Con la misma cara de pavo que tanto sorprende a los que le conocen, que, no sin razón, le consideran generalmente un tipo frío e inexpresivo. Pero también con la felicidad interior de sentirse librado de los males de nuestro tiempo. Libre de la enfermedad, libre del paro,libre del desánimo,libre de grandes depresiones. Sólo prisionero de afectos o amores de distinto matiz a los que quizás no sabe corrresponder precisamente por ser como un pavo Y, pese a las triquiñuelas de la informática, centro aún de la mirada de algunos amigos blogueros que todavía se aventuran a leerle.

Debería de confesar paladinamente que él si que puede sentir una Feliz Navidad, y que le gustaría que todos los que le felicitan en sus comentarios vivieran al menos algo parecido. Debería decirlo sin timidez, con alegría y firmeza, como anunciaron los ángeles aquéllo de paz a los hombres de buena viluntad Pero ya lo ha recordado varias veces: es tan pavisoso y está tan sorprendido por la serenidad de su estado de ánimo que no es capaz de ser más elocuente que el pavo indultado por el presidente de Estados Unidos

Pues eso: Feliz Navidad les desea un pavo afortunadamente indultado.

Tristeza, balcón y gato

No le busquemos demasiados pies al gato...

1

Mientras Obama se mosqueaba con la vieja Europa y la regañaba por no saber cómo combatir la crisis, algunos se entretenían analizando una foto de la ministra Carmen Chacón con la piernas cruzadas.

Presuntamente cruzadas, debe añadir este bloguero. Según algunos observadores maliciosos,EL PAÍS había trucado la foto, jugando con las piernas de la ministra para que parecieran otra cosa que lo que en realidad son. No se sabe si para favorecer su imagen o para fastidiarla y agradar a Pérez Rubalcaba, que le disputó la candidatura del PSOE y ahora es el favorito del periódico.

El Duende, alertado por un confidencial que denunciaba que ahí había busilis,  pasó un buen rato ante  la foto. Se acordaba de una extraña corbata de seda estampada que durante años se exhibió en el escaparate de una tienda de la calle Alcalá, junto al Teatro AlcázarEn el estampado de la corbata, bastante fea por cierto, se veía a una dama mirándose ante un espejo. Y a su lado, un letrero: “No es lo que parece”. El Duende se la quedaba mirando un rato y de repente, por no se sabe qué macabro efecto óptico, la dama ante el espejo se transformaba en una calavera. El Duende en este caso vio las piernas de la ministra algo forzadas por el deseo, tan femenino, de lucir lo mejor posible. Pero no advirtió nada raro en la foto.

Pensó que a veces nos empeñamos en buscar cinco pies al gato a casi todo.

2

El día de un hombre jubilado se llena con experiencias variadas. Por ejemplo, con paseos, gestiones en la calle, conversaciones llamadas telefónicas, apretar los tornillos a la butaquita giratoria de IKEA en la que se sienta para escribir, pequeñas compras para la supervivencia, recuerdos que van y vienen y observaciones varias. También con noticias que a veces son buenas y, más frecuentemente, malas. Aparte de la bronca de Obama y de las piernas de la ministra Chacón, el día de ayer le sorprendió al Duende con una noticia tremenda. Unos amigos que habían sufrido la muerte de una nieta hace tan sólo cuatro cuatro meses, perdían en accidente de coche a otro nieto que estaba estrenando la juventud.

-Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa- dijo Woody Allen, probablemente en una ocasión como esta.

Dolor, indignación, confusión, tristeza. Vana curiosidad: ¿quién le explica a uno todos los trágicos porqués que nos va planteando la vida?

3

Para momentos así, el Duende tiene un remedio impagable. Es sólo un balcón. Mejor dicho, algo más: es un horizonte panorámico, un paisaje que tiene historia y que probablemente alienta muchas pequeñas historias de los que ahí viven. Oxígeno para el alma aturdida. El horizonte abarca desde  los edificios históricos del viejo Madrid hasta su pequeño palomar, con el Manzanares de por medio, mucho arbolado y un pinar  que se extiende a sus pies.

-¿Y por qué pasan estas cosas?-suspira asomándose al balcón.

Se acodaba ayer en su barandilla y miraba el panorama mientras por dentro seguía hurgando en sus porqués. Creyó que las lágrimas le iban a nublar la vista, pero pudo distinguir entre los pinos a un gato negro  que retozaba con un papel que volaba al soplo del viento. Cuando el minino se cansó, se tumbó a dormitar entre la pinaza y la hierba seca. Cuánta paz ajena a cualquier dolor respiraba el momento. Entonces el Duende se acordó de Morito, el gato negro que ya vivía en la casa de sus padres cuando él nació. Morito ronroneaba junto al fogón de leña, y luego se estiraba y afilaba sus garras en las patas de la mesa de la cocina. Era muy manso, muy bueno, y se dejaba acariciar con el mismo mimo con el que ahora repasa uno sus recuerdos de la infancia.

4

Caía la tarde. El gato negro del parque  seguía sesteando en la última mancha de sol mientras cruzaba volando una de esas bandadas de cacatúas verdes que ya se han hecho madrileñas. Y de repente la mirada hacía de ungüento: la vista le consolaba, el gato le distraía, la memoria le sonreía. Y aunque la trágica noticia le pesaba en el alma, sentía un cierto alivio. Quizás haya que aceptar con naturalidad que la carne de la vida se meche de amargura. Y respetando el sufrimiento ajeno, puede que  no haya más remedio que contemplarlo como la foto de la Chacón, sin sacar cinco `pies al gato del destino que nos entretiene.

(*) Hay quien busca “tres pies al gato”. Incluso parece que el propio Quijoteutiliza esta expresión. Pero huroneando en internet constatamos queSebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana mantiene que llo correcto y lógico  es hablar de cinco. Y lo legitima en verso: El normal, cuatro presenta/ Tres, si le falta una sola/ Y cinco si, quien la cuenta,/ toma por pata la cola

Improperios perdidos en el universo

Menos mal que nuetros improperios, insultos y sandeces se pierden en la inmensidad del universo...

1

Sostiene la anciana tía Clota que la vejez libera. Durante toda su vida intentó ser mujer discreta y contenida. Lo que antes se decía una dama de buena educación. Le recuerda a su ya también anciano sobrino Homper que ella lo pasaba muy mal cuando en un restaurante le servían un plato impresentable o en mal estado.

-Pero no por mí- aclara- sino por la pena que me daba el restaurante…Pobrecillos. ¿Cómo les iba a mortificar encima recordándoles que eran unos incompetentes?…

Pero la vejez libera y, a menudo, también deslengua. Y en su conversación –cada vez menos frecuente-  a través de Skype con el único pariente que le queda en España, que es Homper, manifiesta que cada vez es más intransigente.

-Ya no tengo pelos en la lengua, sobrino. El otro día descubrí un pelo en un pastel de manzana que pedí en un cofe shop y no me callé. Son ustedes unos sucios, y no se para qué se ponen ese gorro blanco. ¿Cómo es posible que no cuiden esos detalles?…

Celebraba ayer su particular tea party en casa con sus amigas Thelma y Edwina. Según ella no es que estén enfadadas con Obama, sino desengañadas de la condición humana.

-Fuimos tan bobas como el ser humano-precisa-Siempre creemos lo imposible cuando es bonito, y nos dejamos encandilar por las buenas palabras…¿Cómo dice el refrán español?…¡Ah sí!: una cosa es predicar y otra dar trigo.

Predicar y dar trigo…

-A Noé le vas a hablar del diluvio, tía –rezonga Homper, siempre sorprendido por las salidas de la tía- Aquí en tu patria natal de eso sabemos mucho…

Y se enredan a hablar de España sin tocar ni a Javier Bardem ni a Pe, que son lo que más conocen de nosotros en el país del tío Sam.

2

-Recuerdas aquél libro que arrasó hace muchos años en las librerías que se titulaba La conjura de los necios?...Pues ahora tu vieja España, tía, parece la conjura de los bocazas.

Y repasa Homper las trifulcas originadas por los excesos verbales de determinados políticos e intelectuales españoles: los morritos de Leire Pajín que tanto excitan al alcalde De la Riva, el mierda con el que cariñosamente el académico Pérez Reverte despacha al ex ministro Moratinos, las lolitas japonesas con las que se entretenía Fernando Sánchez Dragó. Atrás va quedando lo de la señorita Trini que Alfonso Guerra dedicó a la hoy ministra de Asuntos Exteriores o los tontos de los cojones que votaban a la derecha que acuñó el alcalde de Getafe Pedro Castro. Deja caer al respecto la tía Clota algunas observaciones. Por ejemplo, que todos metemos la pata alguna vez. Por ejemplo, que a todos se nos escapa de vez en cuando alguna palabra improcedente.

-Y sobre lo de los escritores bocazas…Dos cosas: primera, la fama es una patente de corso para decir lo que los demás no se atreven ni a sugerir. Segunda…¿a quién le sorprende ahora la amoralidad de los creadores?

Y cita de carrerilla los nombres de Chaplin, de Woody Allen, de Polansky, de William Borroughs, ídolo de la beat generation, de Henry Miller…

-Mira, sobrino- precisa- Debe de ser que la gente no lee o no quiere enterarse. Pero yo, como profesora de español en Estados Unidos, tuve que leer toda la obra de Francisco Umbral y me quedé estupefacta de las cochinadas que su literatura, en buena parte autobiográfica y a mi gusto preciosa, larga por esa plumita…¡Angelitos, los genios! ¡Y santas las  esposas que los aguantan! Menos mal que mi marido, que en paz descanse, sólo era un granjero…

3

Se enredan hablando de libros, y Homper vuelve a decir que a sus casi sesenta y cinco años le sigue resultando cada día más difícil elegir una lectura.

-No lo se, tía –dice el Hombre Perplejo-Me encantaría leer un best seller de princesas muertas y olvidarme del mundo. Pero sabiendo tan poco de todo de cuando en cuando intento ilustrarme.

Y le habla del libro que se trae entre manos, Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, un best seller de divulgación científica con el que trata de paliar el déficit que arrastra desde que se decantó por el bachillerato de letras.

-Sinceramente, no entiendo casi nada, tía –confiesa-Pero, gracias a Hubble, si se que nuestra galaxia es  sólo una de las 140.000 millones de galaxias que hay en el universo. Fíjate, si  cada una de esas galaxias fuera un guisante congelado cabrían a duras penas en el Royal Albert Hall de Londres. Y además las otras galaxias se alejan de la nuestra cada vez más rápidamente, porque vivimos un universo en expansión permanente…

A la tía  Clota  le reclamaban sus compañeras de tea party, pero no quiso despedirse sin una reflexión para la felicidad.

-Qué tranquila me dejas, sobrino.  Al menos estoy segura de que no llegan allí las estupideces que decimos y por las que peleamos aquí abajo.

Contra la recalcitrante estolidez de algunos poíticos

Pero qué borricos son algunos, caramba...

Sorpréndese Homper de la necedad recurrente del ser humano. Una vez más. Espeja ésta, cómo no, en un político, para abundar en esa creencia común –que sin embargo no comparte- de que no nos merecemos esta clase política. Homper está más bien convencido de que los políticos son así porque los votantes somos así,  y no cabe esperar otra cosa.

-¿De verdad lo dices? –se preguntaba estupefacta la tía Clota, que aunque aparezca poco por aquí sigue vivita y coleando.

-De verdad, tía. La matemática electoral, como el algodón del anuncio, no engaña.

Sostiene Homper que el fenómeno Obama, que ahora parece fogata de viruta, era el reflejo de una necesidad del pueblo norteamericano. Querían  oxigenarse e ilusionarse después de aquel fenómeno de torpeza que se llamó George Bush.

-Volverá el tío Sam donde solía –pronostica la anciana nacida en Granada y hoy ciudadana de los Estados Unidos.

-Como vuelve aquí el PP a meter la pata cuando lo tienen más fácil…Porque tú no sabrás quién es León de la Riva, pero….

Y le cuenta que este caballero, alcalde de Valladolid ha querido criticar a la nueva ministra Leire Pajín y en lugar de expresar sus dudas con corrección se ha pasado: de grosero y de machista.

-Y casi más de lo primero, tía, porque si te cuento lo que dijo…

Le ahorra a su anciana tía las bobadas de este munícipe deslenguado, pero no le oculta que a veces se imagina él mismo irrumpiendo como un Cicerón de nuestro tiempo en el foro de políticos pasmados -con Rajoy al frente de ellos- y repartiendo catilinarias en forma de consejos elementales que entendería hasta el que asó la manteca.

-Escucha, tía…Consejo 1.Piénsate lo que vas a decir antes de decirlo. Consejo 2.Considera que el lenguaje cuartelero y el humor chabacano son contraproducentes. Consejo 3. Ten en cuenta que aunque puedas tener razón en el fondo, puedes estropearlo toDo si, por querer ser gracioso, te pasas de listo…

-Resumiendo, sobrino-corta la tía Clota- Si quieres ser político, no seas gilipollas, ¿no?

Y Homper se queda perplejo al comprobar que, con la edad, su anciana tía ha perdido modosidad, pero no clarividencia.

“Invictus”, pero flojitus

En esta película que ahora los cineastas llaman "biopic", Clint Eastwood parece por primera vez un cineasta blandito...

No le gusta a Homper ir al cine solo, pero pasó por delante de una sala de esas de palomitas y Coca-Cola en hora tonta y se tropezó con Invictus. Sospechando que pronto sería esta película parte del equipaje intelectual de cualquier tertulia o sobremesa medianamente ilustrada, y dándose la circunstancia de que el calcetín de su pie derecho era sistemáticamente engullido por el zapato y le estaba amargando el paso, pagó su entrada y entró  a sentarse en la pequeña fábrica de sueños.

Qué aburrida estaba la pobre taquillera.

Seis personas, seis. Afortunadamente ni siquiera las suficientes como para que la sala oliera a cotufas. En la misma semana, Homper revisó por la tele El intercambio para ver tres días después la última, y bien promocionada película, de ese mineral cinematográfico pulido en diamante llamado Clint Eastwood, uno de los ancianos portentosos que todos querríamos ser. Es difícil que ninguna cinta  suya sea mala. Invictus, que será mucho más jaleada que aquella, por ejemplo, resulta a su juicio bastante decepcionante. Pero  habla de Mandela y el fin del Apartheid, incluye dos buenas interpretaciones de Morgan Freeman y  Matt Damon y está trufada de frases y pensamientos tan nobles como forzados en un guión de dos horas. Del gran Clint se podía esperar una hermosura con alguna astilla  que le pinchara a uno en el fondo del alma, pero aquí todo es suave, amable y perfumado. No hay violencia alguna, y apenas tensión.

-¿Qué le ha parecido? –le preguntó la amable taquillera a la salida.

-Vaya-le respondió Homper con elocuente laconismo.

Comentó luego la película con la tía Clota, y esta fue mucho más expresiva. Dijo que ella había querido ser la Meriel Streep de Los puentes de Madison, una de sus películas favoritas. La mejor película de amor y desgarro de las últimas décadas. También adoraba al Clint de Million dollar baby y, sobre todo, de Gran Torino. Pero Invictus le había dejado fría, y no compartía el entusiasmo de la crítica por ella.

-Entiéndelo, tía-Mandela, Clint Eastwood, unir el deporte con la victoria de la democracia sobre el Apartheid…Es materia sensible.

-Tonterías, sobrino-le cortó la anciana- Es una demostración más de que más vale caer en gracia que ser gracioso. ¿No te parece que los diálogos podrían estar escritos por Leire Pajín?…

-¡Santo cielo!-dijo Homper llevándose las manos a la cabeza.

Se entiende su alarma. El Campeonato del Mundo de Fútbol de este año también se celebra en Sudáfrica. Pinchado el globito de Obama, la tentación Mandela puede ser la próxima  luz del taumaturgo de la Moncloa.

Otra manera de felicitar el Año Nuevo

Hay felicitaciones de Año Nuevo verdaderamente impagables. Aunque sean tardías, como las de Homper...

Le ha sorprendido a Homper  enterarse de que este mes de diciembre hubiera dos lunas llenas. Pafraseando a Newton, la ignorancia de los espacios infinitos le espanta. Lo suyo en astronomía es un no saber  enciclopédico.  Estaba convencido de que  así como la mujer sólo tiene dos tetas y los coches cuatro ruedas,  sólo tocábamos a una luna llena por mes. Ahora resulta que ese fenómeno de las dos lunas llenas, tan sorprendente inicialmente, no alcanza el rango de la conjunción planetaria Obama/Zapatero, que en verdad sí es algo raro y broche, sin duda, de una era excepcional. Sino un capricho astronómico que se da cada dos años y medio.

Se pregunta Homper cómo es posible que una ciencia que habla de años luz como si fueran calderilla del tiempo pueda siquiera  reparar en eso como algo extraordinario. Para el astrónomo dos años y medio tienen que ser una insignificancia. Para él en cambio cualquier luna llena es un acontecimiento. Siempre le rinde culto, dialoga con ella, y la utiliza como pantalla del cine de sus sueños. Se queda mirándola un ratito y ve pasar sobre su oblea luminosa y mágica las sombras chinescas que rondan su alma: aspiraciones, deseos, oraciones, afectos,  tal vez viejos amores. Les saluda, y si ellas son guapas y verdaderamente inolvidables, hasta les lanza besos. Lo hace en el campo, lejos de las luces del pueblo, allí donde la luna luce más. Afortunadamente no le deben de ver más que las lechuzas.

Entretanto, claro, le llegaban mensajes SMS para felicitarle el año nuevo. Algunos originales, otros de receta, algunos especialmente apreciables por venir de amigos que quedaron refugiados en un rincón del tiempo, otros inesperados. Y muchos indescifrables: un número sin firma, hablándole a uno como si su poseedor fuera un íntimo. Sin firma. ¿Qué milagro cabe esperar de una memoria que va desfalleciendo con los años? A Homper le da apuro responder a estas muestras de afecto puntualmente con cortesía mecánica. También feliz para ti, gracias. Igualmente. Gracias por acordarte. Yo también te deseo lo mejor. Suerte para todos en 2010….No se trata de salir del paso.

Preferirá responder pausadamente en los próximos días o meses, quizás rebanando tiempo al año nuevo, pero intentando a cambio personalizar algo más sus mensajes. Homper aún se sorprende –también- de que la gente se sorprenda cuando a veces, sin venir a cuento, recibe una llamada o un mensaje espontáneo suyos. Leí este libro y me recordó a ti. Vi esta película y pensé que te gustaría. Me dolía la cabeza, como a ti tantas veces, y, mira por donde, dije, voy a llamarle… He estado en tu pueblo y me he acordado de todo lo que nos contabas de él. Escuché tu concierto favorito, y te me apareciste. Soñé contigo. Ya sabes lo imprevisibles que son los sueños, pero el caso es que estabas ahí…Podríamos llamarlos postit sentimentales. O recuerdos sin demasiado pretesto. A él le gusta repartirlos a lo largo del año. Y aunque no consigue que todo él sea feliz, algo imposible, se consuela pensando que a lo mejor ha ofrecido un momento amable para sus amigos del alma.

No obstante Homper también quiere cumplir con el amante de lo convencional. Por si el lector está en ese caso, Feliz lo que queda de Año 2010, amigo.

El hombre de plastilina

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Al mirarse al espejo, Homper notó que tanto relativismo moral le estaba cambiando la fisonomía...

Se afeitaba Homper y veía en el espejo su cara de bobo más estupefacta que nunca. Estaba escuchando las noticias de la radio. Y se acordó de una de las frases más geniales de su admirado pensador Groucho Marx. Estos son mis principios –dijo éste- Claro que, si no le gusta, tengo otros. A eso ahora le llaman relativismo, o sensibilidad social

El siniestro secuestro del Alakrana. Se ha gangrenado entre el gobierno y la judicatura y ahora no hay genio de la política capaz de resolverlo. La vida de los secuestrados frente la firmeza del estado derecho. A ver quien ata esa mosca por el rabo.

No se intervino por la fuerza porque aunque al gobierno le amparase el derecho internacional se lo hubieran impedido sus escrúpulos: el diálogo balsámico, panacea universal de todos los males, el buenismo naif, el pacifismo a ultranza, la Alianza de Civilizaciones. In dubio, semper pro criminale. Y si  éste chantajea, ni un cachetito de niño malo: un poco más de déficit y que siga resplandeciendo la aureola del Obama descafeinado de Occidente. Este es mi estado de derecho- parece querer decirnos ahora. Pero si molesta a alguien, ya lo modificaré, siempre que no se comente demasiado.

-Es el estado de derecho de plastilina- le comentó a Homper un viejo compañero de la Facultad de Derecho mientras tomaban un café- Cuando la violencia es legítima, no la utilizo, porque no queda bien. Cuando la fiscalía me conviene, le pongo cachonda para que actúe. Pero si me mete en un lío, ya buscaré la manera de de burlar su celo. Al fin y al cabo, también nos enseñaron  que la política es el arte de lo posible. Menos mal que al personal el imperio de la ley le importa un comino. Mientras funcione el estado de bienestar, Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez nos canten las uvas y haya fútbol gratis por la tele, adelante con los faroles.

Escucha Homper a la familia de los secuestrados mientras se da el alter shave. Y, como a cada quisque, se le desgarra el alma. También se le rompe pensando que poco a poco, a base de rebajar las aristas de las leyes,  nos van cambiando la arquitectura del alma. Hoy se mira ante el espejo como un ciudadano de nuestro tiempo y, sin llegarse a ver tan feo como el retrato de Dorian Gray, se siente extraño. Sin darse cuenta, se ha convertido también él en un hombre de plastilina.

La tía Clota hubiera enseñado la foto

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

-Cuando se lo he explicado a Edwina y Thelma no han entendido nada-dice la tía Clota.

Edwina y Thelma son las otras chicas de oro de Tinmouth, el pueblo del estado de Vermont donde vive la tía de Homper. Los europeos tendemos a creer que el pueblo norteamericano es más simple que nosotros. La propia tía Clota está de acuerdo en eso, pero en este caso defiende a su país de adopción. Dice que la que han armado los Zapatero a cuenta de la famosa foto con las nenas es una exageración. Y que sus amigas americanas, que no están al tanto de la peculiar sensibilidad de nuestro presidente y su señora, piensan, no sin razón, que ahora los que estarán mosqueados serán los Obama.

-Pobre Obama-suspira-¿Cómo iba a pensar que molestaría que colgaran la foto con la familia ZP en la web de la Casa Blanca? ¿No decían que  desde que metió la pata despreciando las barras y estrellas estaba como loco por estrechar relaciones con el Presidente de los Estados Unidos? Pues ahí tenía la prueba de su éxito al conseguir que le reciban: pelillos a la mar y hasta fotos con las nenas

Homper escucha a su anciana tía desde España y sonríe con cierta socarronería.

-Bueno, tía… Aquí los niños son materia muy sensible. Pensamos que una foto suya en Internet con el matrimonio más famoso del planeta puede atentar a su intimidad y estropearles la vida. Pero dos años después estas mismas niñas podrán abortar libremente sin consultar siquiera a sus padres y eso nos parece de lo más natural…

-¡Qué contradicción!, ¿no?…Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre…Además, ¿a qué niño le va a disgustar que le vean con su ídolo?…

Y se ríe. Raritos, muy raritos les ha hecho la modernidad a mis compatriotas, piensa para sus adentros. Y se acuerda de que, cuando era niña, tú te hacías una foto donde fuera y la gente del pueblo se te ponía espontáneamente detrás sólo por la ilusión de  quedar para la posteridad, aunque jamás fueran a ver la imagen atrapada por la cámara. Qué ingenuidad y qué ternura.

-Y menos lo entiendo si esa foto es con una figura universal, como Obama-dice la tía Clota- ¿Sabes?… Paquito, el hijo del heladero de mi pueblo, siempre me pasó por las narices una foto en la que aparecía él entre Manolete y su cuadrilla. Mira, aquí estoy, con Manolete, me chinchaba. Y allí estaba, colado entre las piernas del picador y de un banderillero y sólo dos cuerpos más allá del maestro, con la cara radiante de éxito, como si fuera él el Califa de Córdoba y acabara de salir por la puerta grande…A mí me habría encantado que todo el mundo me viera al lado de Manolete o de Gary Cooper, pero es que los niños de entonces debíamos de ser muy especiales…

Eso, muy especiales, piensa Homper. Y no como estas criaturas de ahora, que van por la calle vestidos de góticos, de románicos, de lagarteranas o de tortugas Ninja, pero que pueden sufrir un trauma si el público las ve fotografiadas junto a la sonrisa más jaleada del planeta. Cosas veredes, Sancho

Enfermos de tanta salud

ACTIMEL, que es muy bueno,  se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

ACTIMEL, que es muy bueno, se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

-Esta sociedad está un poco enferma de sanidad- sentencia la tía Clota.

No alude a la difícil reforma a que está intentando sacar adelante Obama en su país de adopción. La tía Clota  se mueve por Internet como Pedro por su casa, y no sólo dialoga frecuentemente con su sobrino Homper, sino que sigue el pulso de España repasando periódicos y revistas y escuchando frecuentemente radios españolas. Y se refiere a la obsesión por la salud del cuerpo que reflejan todos los medios.

-Lo de la gripe porcina supongo que es importante-subraya- Pero es que gastar en medicinas y en médicos entusiasma, y nos tienen fritas con todo lo que hay que hacer y tomar para ser cuerpos perfectos y casi inmortales…

-Esta semana me toca revisión de oído –puntualiza Homper- La que viene, prueba del PSA, y la siguiente cita con el oftalmólogo para que me confirme que ya no distingo a treinta metros a la cajera del supermercado si no llevo las gafas puestas. Y es una pena, porque es muy mona…

-¿Habrá que recordar que vivir es un riesgo, y que de algo hay que morir…?- ironiza la anciana.

También le ha llegado a la tía Clota ese correo que circula por la red donde se exageran con mucha gracia las obligaciones del homo sanus perfectus. No fumar, nada de alcohol, gimnasia, paseos contra las crisis  coronarias, el colesterol y la osteoporosis, alimentación selectiva y equilibrada…Si a eso se unen los deberes ecológicos que marca el canon de civismo contemporáneo –salga a buscar su punto limpio para depositar las pilas usadas y el aceite frito, por ejemplo- se llegará a la fácil conclusión de que faltan horas en el día para estar en plena forma y en paz con la conciencia sana.

-¿Y qué me dices de la pobre doña María? -añade la anciana- Su hora en la COPE está llena de recomendaciones de salud y de consejos para adelgazar. Ya no se atreve a recordar que ella está gruesa de los nervios. Debe de pensar que si lo dice atentará contra los intereses de su nueva radio. ¡Todos tenemos que estar jóvenes, sanos y guapos!…¡Ah!…Y saber mucho de las isoflavonas de soja…

También está que trina Homper a cuenta de ellas. Resulta que la última predicadora de esa nueva purga de Benito que nos va a arreglar el cuerpo es Susana Griso. Era para Homper una de las últimas mujeres con encanto con la tele. Pero no contenta con su atractivo natural, que no era poco, ha caído en la tentación de arreglarse los labios antes de protagonizar un spot de ACTIMEL lleno de isoflavonas de soja y de llamadas a las defensas naturales. Ahora no es Susana Griso, sino Susana retocada, que ya no le gusta tanto.

-¿Por qué tomas ACTIMEL?- pregunta la nueva periodista al final del spot convencida de su mensaje regenerador.

-¿Y sabes lo que le contesté, tía?-remata Homper- ¿Y por qué has permitido tú que te desfiguren la personalidad y te cambien por una modelo con morritos?

Lo que decía la tía Clota. Esta una sociedad  enferma de todo lo que significa una bata blanca. Enferma por la obsesión de salud, de inmortalidad artificial y de algunas cirugías estropeadoras.

Zapatero se moja

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Parece mentira, pero todavía al día de hoy se registran silencios sobre cuestiones de palpitante actualidad mundial que el ciudadano responsable no acaba de entender.

Verán. Se explica que Obama esté metido de lleno en sanear la crisis de Estados Unidos o en endosar a Europa sus presos de Guantánamo. Bastantes marrones son para el inquilino de la Casa Blanca, caramba.

También se comprende que Ahmadineyad nos quiera convencer de la impecable lección de democracia que acaban ofrecerlos las urnas en Irán. Está en su papel.

Como bien subrayaba el inolvidable Manolo Summers, tó er mundo es güeno. De manera que los bien pensantes incluso encajarán de buen grado las excusas de Berlusconi sobre los guateques con sus lolitas en su villa de Cerdeña, o las de Gordon Brown por las chorizadillas de algunos miembros de su partido. Son lunares en la trayectoria de dos grande estadistas que necesitaban esas disculpas.

La opinión pública también acabará aceptando las de  Benedicto XVI, que ha pedido perdón por ciertos excesos inconfesables del clero en Irlanda. Como recordaba san Ignacio, errare humanum est, y hasta el más justo de los justos puede meter la pata o meter la mano donde no debe.

Esta  misma visión optimista del género humano acabará interpretando la fiebre nacionalizadora de Hugo Chávez o de Evo Morales como un ligero desvarío de sus políticas reivindicativas.  Que, aunque ellos dicen que son muy buenas para el pueblo a veces, por cierto, se pasan varios pueblos.

Todo el mundo no es sólo bueno, sino enormemente comprensivo con los grandes líderes mundiales. Pero lo cortés no quita lo valiente. Una cosa es que estén en sus problemas y defiendan sus intereses, y otra que hayan pasado olímpicamente sobre la gran cuestión que divide al pensamiento moderno. ¿Cómo es posible que hasta ahora Obama, Ahmadineyad, Berlusconi, Gordon Brown, Benedicto XVI, Hugo Chávez, Evo Morales y otros protagonistas de la actualidad no se hayan pronunciado sobre la procedencia o improcedencia del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid? Vamos, que es que no tienen perdón de Dios.

Porque velay las cosas, el que es líder carismático y planetario, el que de verdad sabe estar en su sitio, arreglar el mundo y prevenir y decir siempre lo que es oportuno, ya se ha mojado. Su conciencia ciudadana es superior a su pragmatismo político, y aún a riesgo de perder el voto de la churrera de mi barrio, que es merengona hasta las cachas, Zapatero ha declarado que la cuantía del fichaje de Cristiano Ronaldo no le parece bien. Podía haber dicho qué es una raya más para un tigre, a él que cien millones más o menos de gasto público ni le alteran la sonrisa. Pero aunque la pasta no la vayamos a pagar todos los contribuyentes, sino el Real Madrid, él no lo dice por el huevo, sino por el fuero. Y sugiere que la operación de Florentino Pérez es un desafuero que, además, cuesta un huevo. No como sus decisiones, todas justas y procedentes y que sólo arruinan al erario público.

Sobre el resultado de las últimas elecciones europeas, silencio. Sobre el aborto, pasando de puntillas. Sobre  el cierre de Garoña y el cinismo de nuestra política energética, nada de  nada. Sobre las últimas subidas de impuestos, larga cambiada. Sobre las nuevas alarmas del Banco de España, como si no fuera con nuestra economía. Aquí lo que importa es lo que se derrocha en el fútbol. Eso es sentido de la responsabilidad.

Y no como el del camarero que esta mañana me sirvió un café. No se lo van a creer: le pregunté cuánto era y  me cobró sin hacerme ni un solo comentario sobre el famoso fichaje. No se a dónde vamos a llegar con tanto pasotismo, ya les digo.

El día D después de Leire Pajín

Nada como este día para revisar nuestro  tradicional sentimiento antinorteamericano...

Nada como este día para revisar nuestro tradicional sentimiento antinorteamericano...

Tan norteamericana, y sin embargo, como Picasso o Casals, tan empecinada en mantenerse española. La tía Clota llegó a Estados Unidos hace la torta de años, y se casó con uno de esos excombatientes que salvaron a Europa de la zarpa nazi.  El tío Oscar, que en paz descanse, desembarcó en Anzio, y vivió lo suficiente como para casarse una vez, divorciarse, encontrarse con la granaína que enseñaba español en la universidad, casarse otra vez, hacerse rico y establecerse finalmente en una preciosa granja de Vermont. En la misma casa donde ahora atrás ella y sus amigas seguían emocionadas por la tele los actos conmemorativos del día D.

-Fue muy bonito –le comentó a su sobrino Homper-Y esta vez yo también llevaba las barras y estrellas.

Dice la tía Clota que la tarde se fue en te con brownie y lágrimas. Como tantas tardes, pasearon, merendaron  y después se sentaron ante la tele para sumarse a la celebración emocional. Edwina y Thelma le habían preguntado muchas veces cómo su presidente Zapatero de España, tan sensible ahora con Obama, había hecho el feo de no saludar en un desfile a la misma bandera que ahora dice que es su guía. Y la tía Clota trató de disculparle: no era la bandera del día D, era la de Bush y la de la guerra de Irak. Aunque Thelma y Edwina nunca lo entendiesen.

-Tienen razón, sobrino. Cuando una ve esos cementerios verdes de Normandía punteados por miles de tumbas blancas de jóvenes norteamericanos…

Dejaba la frase sin acabar. La tía Clota se sorprende de que se olvide a menudo lo que hubiera podido ser Europa si Estados Unidos no hubiera echado  una mano y Hitler hubiera ganado su guerra.

-Tienes razón tía- dice Homper- En todos los colegios españoles, como asignatura obligada, debería proyectarse El mundo en guerra, ese monumento documental que en los años setenta produjo la BBC. Si las nuevas generaciones conocieran las dimensiones de aquel drama y nuestros cementerios fueran como los de Normandía, no recelaríamos tanto de los yankis, te lo digo yo…

-¿Tu crees? –le miró interrogante. Y luego, demostrando una vez más que sigue lo que pasa en su querida España se contestó ella misma- Oh, sí, claro que lo crees…Ya lo ha anunciado esa chica tan entusiasta…La de la coincidencia de dos liderazgos progresistas en Estados Unidos y España,  la  el acontecimiento planetario y la conjunción astral de Obama y ZP…¿Leire Patín se llama?…

-Bueno, patina a menudo-corrigió Homper conteniendo la risa- Pero es Pajín.

Y así, entre sonrisas y lágrimas, transcurrió la celebración del día D sesenta y cinco años después.

La infalibilidad del Papa y la de Zapatero

papa02Admite Homper en su natural escepticismo que una de las cosas que le dejan más perplejo es  la infalibilidad del Papa. Sus compañeros de la tertulia ateneísta se toman a chacota tema, y lo entiende, porque son una partida de ateazos convictos. Pero él, que tiene sus respetables dudas, no lleva bien que Roma quiera  sacar el látigo y echar del templo de la fe oficial a los que no aceptan todo lo que manda el santo padre.

-Soy un funambulista de la fe- dijo la última vez que se confesó, treinta años atrás- Creo que avanzo por un cable en el que se me bambolean la razón y las creencias, pero por debajo de mis pies sólo veo el abismo de la nada.

La verdad es que Homper nunca erradicó del todo la fe que le enseñaron. Lo cual no quita para que, como muchos otros posibilistas, reflexione, cribe y luego seleccione. No le gusta por tanto que ahora le anatematicen por revisar su antigua fe del carbonero. Para consolarle, laa tía Clota, mucho más pragmática, no deja de recordarle que aunque Cristo fuera divino, la Iglesia de Roma es una organización humana

-Ya me impresionó ver por la tele a Benedicto XVI aquella vez que compareció vestido de Caperucita-le comentaba en su conversación de ayer- Y pensaba que cómo no se iba equivocar, si al fin y al cabo Ratzinger es alemán, y los alemanes han dejado de ser infalibles hasta en el fútbol….Así que ahora he asimilado el dogma de la falibilidad del Papa. Puede que sea infalible cuando habla ex cátedra -añadió- Pero hijo, la última vez hablaba ex Africa, donde creo que puede condenar el aborto , pero no el el preservativo…¿No crees que la Iglesia necesita una perestroika?

Argumentó Homper que para rectificar y cambiar, hay que saber mirarse en el espejo y ver los propios defectos, algo a lo que tan reacios somos los humanos.

-Fíjate en Zapatero y su gobierno, tía. Hasta el más lerdo sabe que han metido la pata anunciando tan mal la retirada de las tropas españolas de Kosovo. Pero ellos, erre que erre, insisten en que han obrado correctamente. ¿Ves? Nos metemos con la infalibilidad del Papa y ahora hemos de tragar con la de Zapatero.

-Es que ese no falla, hijo -corrigió la tía Clota- Sólo ha sido consecuente consigo mismo. Alguien le definió como el hombre que tiene un problema para cada solución. Y esta vez que, gracias a Obama, parecía salvada su torpeza diplomática, la ha vuelto a ca…, quiero decir, a estropear.

Se frenó a tiempo, porque sigue siendo educada. Pero Homper esta vez no se quedó perplejo por la reacción de su anciana tía Clota. Ella también estaba de acuerdo en que el infalible Zapatero la ha vuelto, con perdón, a cagar.

Esto huele peor que las heces del tigre

Y aquél detective concluyó que el hedor de las heces del tigre no era nada al lado de lo que se respiraba en el ambiente

Y aquél detective concluyó que el hedor de las heces del tigre era nada al lado de lo que se respiraba en el ambiente...

Paradójicamente, a pesar de la crisis se acumulaba el trabajo para el detective Clod Monter, inscrito en el Registro Civil como Clodoveo Montero. Había abierto en su ordenador varias carpetas de asuntos de actualidad que requerían su urgente intervención. Lamentablemente, y a pesar del sesgo novelesco que pretendía con su pseudónimo, el negocio tomaba nuevos rumbos que a su juicio vulgarizaban la profesión. Ya no le pedían seguimientos de infidelidades conyugales o investigaciones parapoliciales sobre robo de diamantes, desapariciones de niños, tráfico de órganos o sectas satánicas, sino que la demanda se concentraba en asuntos mucho más ordinarios.  Los dos archivos  más llamativos eran Espionajes y Corrupciones.

Dentro de éstas se acumulaban numerosas carpetas, según el matiz de la investigación y el carácter del cliente. En el primer archivo se habían abierto varias carpetas: Espionajes Oficiales, Espionajes Privados. En los oficiales, ya había tenido que abrir subcarpetas diversas: Espionajes del Gobierno Central, Espionajes de Gobiernos Autonómicos, Espionajes de Ayuntamientos. Dentro de los Privados Espionajes a Adversarios, Espionajes a Compañeros Sospechosos. Dentro de éstos, se agolpaban numerosos casos. Otras subcarpetas se identificaban por el nombre del cliente que había encargado el trabajo. Unas veces era un partido político, otras, un periódico, otras, un conseguidor  al que le había salido competencia y quería ocultar sus granujadas poniendo en marcha el ventilador de mierda.

-Santo cielo-se decía Clod mientras se fumaba la primera pipa del día y repasaba el archivo para programar su agenda-Esto es una pocilga…

Repasó el archivo de Corrupciones pendientes alternando bocanadas de su tabaco holandés con anotaciones a mano en su agenda Moleskine. Había seguido el mismo criterio que en el caso de los espionajes. Qué asunto, quién lo encargaba, a quién interesaba, ramificaciones. Corrupciones Financieras, Corrupciones Judiciales, Corrupciones Inmobiliarias, Adjudicaciones, Recalificaciones, Comisiones y Sobornos.  Saqueos, Mamandurrias Menores…

-¿Quo vadis, Clod?-farfulló para sí mismo mientras se prepara un te para despejarse-¿Te creer un supergarzón para poder arreglar el mundo a golpe de investigación?

Se sintió abrumado. Nunca había dudado de su capacidad, pero ahora no tenia claro que fuera posible poner el cascabel a tanto gato chorizo. Hablando de felinos…¿Por qué no oxigenarse cambiando de aires?…En otra carpeta ya casi olvidada, domía el caso del tigre. Una organización ecologista le había encargado que investigara a cierto circo que exhibía entre sus animales un tigre de Siberia, al que, para despistar, habían rediseñado las rayas con un spray. Se había comido recientemente la mano de su domador, por lo que, antes que nada, habría que localizar a un manco que, según informaciones dignas de todo crédito, ahora organizaba peleas de gallos clandestinas. Aunque la pista definitiva podría hallarse en las heces del tigre.

-We can-se animó como si fuera el Obama de los detectives-Yes…we can!…

Y aunque sabía que la investigación no sería un camino de rosas, se consoló pensando que la mierda de un tigre siberiano era un hedor más soportable que lo que tenía que respirar a su alrededor.

Los andamios de la grandeza según tía Clota

¿Sabes, Homper?...Si ellos no creen, hacen por creer en su pais...

¿Sabes, Homper?...Si ellos no creen, hacen por creer en su país...

A Homper lo que más le llamó la atención de la toma de posesion de Obama secundum Clota fue la puesta en escena. No la del acto en sí, sino la del seguimiento de su anciana tía que, lógicamente, no quiso perdérsela ni verla sola. Le había llamado su amiga Thelma, también viuda, que acudió a la hora prevista con su bolsa de punto. Thelma le está haciendo un jersey  a su nieto, hijo de un hijo vietnamita que su difunto marido había adoptado en aquella lejana guerra.

-El bebé ha salido muy orientalito-subrayó Thelma-Pero es una ricura. Además, Estados Unidos ya no es ese país de rubios como Gary Cooper que veíamos de niñas. Ya ves tú, el nuevo presidente…

Thelma es de las que se ha obamizado por la fuerza de los hechos. Ella hubiera querido otro Kennedy clarito y de familia bien, pero se ha dado cuenta de que la grandeza del tío Sam es que asimila a todo el que tiene claro lo que hace grande a un país. Según le contó Clota a Homper en su correo electrónico -la tía ya chatea y manda emilios, porque se ha convencido de que Internet es más barato que el teléfono- Thelma también se quedó perpleja cuando ella apareció con tres cebollas, un cuchillo, un plato y la tablita de cortar.

-Si no te importa-le dijo a su amiga-yo aprovecharé para hacerme una sopa de cebolla.

Thelma no le dio demasiada importancia. En realidad, no tuvo ojos más que para lo que mostraba el televisor, y apenas avanzó dos centímetros en una de las mangas del jerseycito. Thelma  no es, según la tía, una mujer sensiblera. Pero cuando escuchó los juramentos,  el discurso del nuevo presidente, la oración del pastor metodista y el Barras y Estrellas coreado por todos los asistentes, se enjugó una lágrima delatora que corría por su mejilla y moqueó un par de veces. Nada al lado del borbotón de lágrimas que fluía de los ojos de la tía Clota.

-Pero hija-le dijo Thelma sorprendida-Yo creía que a los europeos estas cosas no os decían nada…

-No, si lloro por las cebollas-respondió Clota disfrazando sus sollozos con una sonrisa fingida.

Mentía como una bellaca-le contaba luego a su sobrino en el emilio. Lloraba porque de verdad me emocionaba, y al mismo tiempo lloraba porque en España nunca me atreví a llorar por eso que llamamos Dios, patria, y bandera. ¿Sabes, sobrino? La ley es esencial, pero no es nada romántica. Los anglosajones lo han entendido muy bien, y están convencidos de que su fuerza es estar unidos por algo más. Si no creen en esos valores, hacen por creer en ellos. Y todo eso que despreciamos en nuestro país son los andamios de su grandeza. Te lo digo a ti porque, como ya soy vieja, no me importa hacer el ridículo.

Se acordaba de estas palabras Homper cuando, camino de su tertulia, le sorprendió   la ceremonia del cambio de guardia en el Cuartel General del Ejército. Mientras desfilaba la guardia entrante, la banda de música interpretaba Suspiros de España. Sintió en el corazón algo así como un pellizco,   un amago de sensiblería.

-Bah, tonterías-se dijo mientras con los dedos se secaba un testimonio inoportuno que fluía del lacrimal.

Y siguió su acostumbrado paseo hacia el Ateneo.

Un respeto a los Reyes Magos

Que las Cabalgatas respeten la dignidad de los Magos...

Que las Cabalgatas respeten la dignidad de los Magos...

Durante años, el concejal Filomeno, de Izquierda Unida, había criticado la Cabalgata de los Reyes Magos. Le parecía, en primer lugar, innecesariamente monárquica, en segundo lugar anacrónica, en tercer demasiado cara para el erario público y finalmente poco solidaria con los más necesitados. La Cabalgata discurría por la zona más céntrica de la ciudad, donde justamente se ubicaban las viviendas más caras. Y mientras los ricos podían ver a los Magos desde sus terrazas y balcones, aprovechando incluso el acontecimiento para abrir salones y hacer relaciones públicas con sus amigotes, las clases humildes pugnaban entre el gentío por hacerse un hueco en la calle, abrir su escalera portátil y encaramar a sus críos a tan inestable observatorio. Muchos eran  los llamados a los fastos del acontecimiento, pero pocos los elegidos que acababan viéndolo en condiciones.

-Qué claudicación intolerable-comentó la primera vez que uno de sus correligionarios aceptó el dudoso privilegio de encarnar a Baltasar.

La tradición decía que el partido del alcalde elegía la persona que encarnaría a Melchor, el segundo partido en número de concejales la que haría el papel de Gaspar e Izquierda Unida se encargaba de designar al rey negro. Aunque Filomeno era, como es lógico, agnóstico, africanista, partidario del Frente Polisario, devoto de Martin Luther King y simpatizante de Obama, como pedagogo de profesión no se mostraba partidario de prolongar la ingenuidad de los niños con un ritual que además tenía sus raíces en lo que contaban los Evangelios. Además, él no había superado la frustración que las huellas del engaño y la simulación habían dejado en su personalidad. A los siete años descubrió con sólo fijarse en la pechuga banca que asomaba por el cuello de la túnica del Baltasar de su pueblo que éste en realidad era Vitillo, el alguacil, indecorosamente embetunado. Y años después padeció un trauma aún más grave cuando, creyendo haberse ligado a una sueca tipo Anita Ekberg comprobó al tacto que en realidad se estaba enrollando con un travelo que de día repartía butano y de noche hacía servicios especiales. Así que este año que, por fin, le había caído en suerte el discutible honor de ser él el rey negro, se comportó con coherencia y le ofreció a Ambrosio Bongueme su puesto.

-Ambrosio, ¿no decías que te hacía tanta ilusión ser rey mago?…Pues ea, aquí tienes la oportunidad. Y sin tener que teñirte ni nada…Porque hay que ser coherente, y si Baltasar era negro, lo lógico es que sea encarnado por uno como tú.

En realidad, ese cinco de enero el concejal Filomeno había sido invitado a una montería a la que iba a asistir Marianín, el ministro de Justicia, al que le quería pedir un favor. Y temía no regresar a tiempo para la cabalgata. Además, así podría cumplirse uno de los sueños más largamente acariciados por el pobre Ambrosio.

Ambrosio Bongueme era un médico guineano huído de la tiranía de Teodoro Obiang. Deslumbrado, como todo el tercer mundo, por la prosperidad de Europa, se había ganado la vida en España como jardinero, camarero, paseador de perros, enfermero de de ancianos impedidos y últimamente como secretario in péctore de Filomeno, al que servía como conductor, recadero, pinche de cocina eventual y chapuzante cuando se obstruía el bote sifónico del cuarto de baño o había que montar un mueble de IKEA. Bongueme no aspiraba a ejercer su profesión, no, porque no pedía tanto a la vida. Se limitaba a soñar que algún día demostraría que un negro puede ser mejor que un blanco. Además, estaba muy ilusionado porque le habían dicho que cuando los Reyes Magos visitan los hogares la noche del cinco al seis de enero, solían encontrarse una bandeja con roscón, turrones, y otras golosinas, y el hombre estaba canino. Así que se tomó muy en serio su papel, y durante una semana estuvo ensayando sonrisas, modales mayestáticos y lanzamientos de caramelos. La tarde decisiva, Ambrosio se probó el disfraz, se miró al espejo y se sintió tan identificado con Baltasar que pidió a Dori, la secretaria de Filomeno, que le hiciera una foto de recuerdo para mostrar a sus descendientes la altísima dignidad a la que había llegado. En esas estaba, cuando sonó el móvil de Dori. Fue una conversación breve, en la que ella sólo emitió monosílabos y un tranquilo, jefe, no te preocupes para cerrar la conversación.

-Lo siento, Ambrosio-le dijo al rey Baltasar después de colgar- Pero el ministro se ha descolgado de la montería, y además al final de la cabalgata hay una recepción a la que tiene interés en asistir el jefe, porque van los patrocinadores y Vanessita, su hija, está moviendo el currículum…Ya sabes, otro año será.

La cabalgata de aquel año mostró al rey negro más deslucido que se recuerda. Unas barbas postizas impresentables, un embetunado que no engañaba a nadie, un turbante improvisado con un foulard de Loewe y la cortina del despacho del concejal a modo de costrosa capa. Además, mientras Melchor y Gaspar cabalgaban sobre camellos, Filomeno tuvo que conformarse con un jaco que le prestó un policía municipal. Mientras tanto, por los arrabales de la ciudad, Ambrosio Bongueme, repartía caramelos a manos llenas mientras proclamaba a voz en cuello desde el camello robado que él era el auténtico rey Baltasar, y que no hay que creer en los Reyes Magos cuando quienes los representan no les respetan como se merecen.

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