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Tristeza, balcón y gato

No le busquemos demasiados pies al gato...

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Mientras Obama se mosqueaba con la vieja Europa y la regañaba por no saber cómo combatir la crisis, algunos se entretenían analizando una foto de la ministra Carmen Chacón con la piernas cruzadas.

Presuntamente cruzadas, debe añadir este bloguero. Según algunos observadores maliciosos,EL PAÍS había trucado la foto, jugando con las piernas de la ministra para que parecieran otra cosa que lo que en realidad son. No se sabe si para favorecer su imagen o para fastidiarla y agradar a Pérez Rubalcaba, que le disputó la candidatura del PSOE y ahora es el favorito del periódico.

El Duende, alertado por un confidencial que denunciaba que ahí había busilis,  pasó un buen rato ante  la foto. Se acordaba de una extraña corbata de seda estampada que durante años se exhibió en el escaparate de una tienda de la calle Alcalá, junto al Teatro AlcázarEn el estampado de la corbata, bastante fea por cierto, se veía a una dama mirándose ante un espejo. Y a su lado, un letrero: “No es lo que parece”. El Duende se la quedaba mirando un rato y de repente, por no se sabe qué macabro efecto óptico, la dama ante el espejo se transformaba en una calavera. El Duende en este caso vio las piernas de la ministra algo forzadas por el deseo, tan femenino, de lucir lo mejor posible. Pero no advirtió nada raro en la foto.

Pensó que a veces nos empeñamos en buscar cinco pies al gato a casi todo.

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El día de un hombre jubilado se llena con experiencias variadas. Por ejemplo, con paseos, gestiones en la calle, conversaciones llamadas telefónicas, apretar los tornillos a la butaquita giratoria de IKEA en la que se sienta para escribir, pequeñas compras para la supervivencia, recuerdos que van y vienen y observaciones varias. También con noticias que a veces son buenas y, más frecuentemente, malas. Aparte de la bronca de Obama y de las piernas de la ministra Chacón, el día de ayer le sorprendió al Duende con una noticia tremenda. Unos amigos que habían sufrido la muerte de una nieta hace tan sólo cuatro cuatro meses, perdían en accidente de coche a otro nieto que estaba estrenando la juventud.

-Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa- dijo Woody Allen, probablemente en una ocasión como esta.

Dolor, indignación, confusión, tristeza. Vana curiosidad: ¿quién le explica a uno todos los trágicos porqués que nos va planteando la vida?

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Para momentos así, el Duende tiene un remedio impagable. Es sólo un balcón. Mejor dicho, algo más: es un horizonte panorámico, un paisaje que tiene historia y que probablemente alienta muchas pequeñas historias de los que ahí viven. Oxígeno para el alma aturdida. El horizonte abarca desde  los edificios históricos del viejo Madrid hasta su pequeño palomar, con el Manzanares de por medio, mucho arbolado y un pinar  que se extiende a sus pies.

-¿Y por qué pasan estas cosas?-suspira asomándose al balcón.

Se acodaba ayer en su barandilla y miraba el panorama mientras por dentro seguía hurgando en sus porqués. Creyó que las lágrimas le iban a nublar la vista, pero pudo distinguir entre los pinos a un gato negro  que retozaba con un papel que volaba al soplo del viento. Cuando el minino se cansó, se tumbó a dormitar entre la pinaza y la hierba seca. Cuánta paz ajena a cualquier dolor respiraba el momento. Entonces el Duende se acordó de Morito, el gato negro que ya vivía en la casa de sus padres cuando él nació. Morito ronroneaba junto al fogón de leña, y luego se estiraba y afilaba sus garras en las patas de la mesa de la cocina. Era muy manso, muy bueno, y se dejaba acariciar con el mismo mimo con el que ahora repasa uno sus recuerdos de la infancia.

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Caía la tarde. El gato negro del parque  seguía sesteando en la última mancha de sol mientras cruzaba volando una de esas bandadas de cacatúas verdes que ya se han hecho madrileñas. Y de repente la mirada hacía de ungüento: la vista le consolaba, el gato le distraía, la memoria le sonreía. Y aunque la trágica noticia le pesaba en el alma, sentía un cierto alivio. Quizás haya que aceptar con naturalidad que la carne de la vida se meche de amargura. Y respetando el sufrimiento ajeno, puede que  no haya más remedio que contemplarlo como la foto de la Chacón, sin sacar cinco `pies al gato del destino que nos entretiene.

(*) Hay quien busca “tres pies al gato”. Incluso parece que el propio Quijoteutiliza esta expresión. Pero huroneando en internet constatamos queSebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana mantiene que llo correcto y lógico  es hablar de cinco. Y lo legitima en verso: El normal, cuatro presenta/ Tres, si le falta una sola/ Y cinco si, quien la cuenta,/ toma por pata la cola

Martita pide perdón

Hay rachas en las que casi hay que pedir perdón por ser afortunado...

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La pobre Marta no se lo podía creer cuando recibió la llamada.

-Contamos contigo –le dijeron- Preséntate mañana a las doce y pregunta por el señor Santovenia.

El señor Santovenia la recibió amablemente, aunque afectando una actitud algo puntillosa. Mientras rebasaba el expediente, se apretó por dos veces la corbata de pajarita, y se rascó la ceja derecha en cinco ocasiones.

-Ha gustado mucho su currículo –subrayó forzando una sonrisa- Y su buena predisposición- Le pagaremos 1.200 € y un variable del 2% en función de resultados.

Volvió a casa corriendo como una chiquilla, más contenta que unas pascuas.

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En casa estaba tomando un café el tío Gerardo, que no paraba de lamentarse del dineral que había perdido este año con los pepinos y con la bolsa. En medio de su larga letanía de quejas, anunció que no estaba dispuesto ni a hacerse cargo de la abuela ni a pagar la parte que le correspondía de la residencia de verano de Benidorm, como le había propuesto su hermano.

-No puedo, Fidel, no puedo –se excusaba- Es más, Susana me dice que si no os importa que os dejemos una semana a Arabella. Este verano compartimos la caravana con los Tomares, y Pepa Tomares tiene alergia a los perros. Es lamentable que sea tan egoísta y no piense que los perros también tienen derecho a veranear, pero qué le vamos a hacer.  Así que si no tenéis inconveniente….Además, Arabela le hará compañía a Mamá.No sabes con qué interés sigue los seriales de la tele.

Arabella era la perrita del tio Gerardo y la tía Susana. Fidel, el padre de Marta,  tenía fama de santo, pero, desde que le rebajaron el sueldo y estaba amenazado de despido le había cambiado el carácter. Además aquella mañana le había salido un molesto uñero. No se negó abiertamente a la tutela de la perra, pero algo rezongó entre dientes. La madre de Martita se llamaba Valentina. Aunque no lo había declarado nunca, odiaba a Arabella porque un día la perrita le lamió las uñas del pie derecho recién pintadas, sin que ni siquiera le sentara mal el esmalte. Además estaba de los nervios con la abuela. Hasta el momento había apechugado con ella con resignación y hasta algo de cariño, pero ahora la anciana se quejaba de malos tratos, porque según ella su nuera le complicaba los guiones de los seriales de la tele a propósito para que ella no los entendiera.

-Estoy de vuestra madre hasta el moño-les espetó a los dos hermanos- Ahora voy a ser yo la responsable de Bandolera, ¿no te digo?  Como para hacerme cargo ahora de la puñetera Arabella, vamos, hasta ahí podíamos llegar.

- ¿Puñetera Arabella?…-reaccionó Gerardo indignado- Deberías de mostrar más respeto por tu cuñada. Eso no te lo tolero.

El tío ofendido se levantó de la silla,  se despidió con un gesto que no se sabía bien si era un adios o un corte de mangas y salió dando un portazo. Afortunadamente, se llevó a aArabella entre sus brazos. La abuela se echó a llorar, Fidel se asomó al balcón dando bufidos  y en ese momento, mientras las noticias de la radio confirmaban que la crisis económica se agravaba, ahora por culpa de Italia, y que la Bolsa se daba el enésimo batacazo,  un berrido de  Valentina desde la cocina anunció que, además, se le había cortado la mayonesa.

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Así  las cosas, Marta no se atrevió a dar la buena noticia. Ella no se había distinguido por ser precisamente una chica precisamente afortunada. Sabía que no era una belleza despampanante, y había tenido que sufrir muchas veces la poca delicadeza de su madre, que la apremiaba para que se echase un novio de porvenir. Cuando por fin hacía un mes que anunció ilusionada su noviazgo con Joaquín, que era empleado deTelefónica, su madre le echó un jarro de agua fría.

-Fú, qué feo es-dijo al ver la foto que Marta le mostró- Se parece a Rubalcaba. Claro, que si eres incapaz de encontrar trabajo…

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Su novio se había afeitado la barba de chivo. Y es verdad que lucía entradas en la cabeza, pero no era ni de lejos tan calvo como Rubalcaba, ni tenía sus ojos achinados ni su sonrisita de malvado de película de la serie B. Además era un cielo. Y por si fuera poco su madrina, que no tenía hijos, le había regalado un pisito en Las Tablas que estaban equipando con muebles de IKEA. Ya habían hablado de casarse, y ahora, además, a ella le había salido el trabajo por el que llevaba dos años luchando. Pero comprendía que en su casa paterna no estaba  el horno para bollos.

-Tengo que deciros una cosa –musitó durante la comida sin atreverse a levantar la vista del plato de gazpacho.

Fidel se echó las manos a la cabeza, y Valentina quiso ponerse la venda antes de la herida.

-¿No nos irás a decir que te has quedado embarazada sin quererlo?

Marta suspiró profundamente por no llorar.  Cerró los ojos y pensó lo que tenía que decir. Y cuando ya se sintió con fuerzas, habló de esta manera.

-He conseguido trabajo. Y como además Joaquín no se parece a Rubalcaba, y tiene empleo y piso propio, y le quiero, y  a pesar de la que está cayendo nos queremos casar, quiero pediros algo muy especial.

Fidel y Valentina se miraron alarmados.

-Qué quieres, hija- dijeron al unísono- Suéltalo de una vez.

Marta levantó la mirada del gazpacho y sonrió tímidamente.

-Sólo quiero pediros perdón por ser feliz.

¿Dónde queda la España casposa?

España casposa

(Foto de Dany 3D)

La vicepresidenta del Gobierno, que por su estilo Rottenmayer más parecería aficionada al bridge que al fútbol, saltaba de alegría como una niña en el palco.  Oh albricias,  España eliminaba a Italia y superábamos los cuartos de final.

Pérez Rubalcaba, el Fouchet del zapaterismo, aprovechaba una de sus habituales ruedas de prensa para ironizar con sus conocimientos tácticos.

Zapatero desafiaba a su fama nefasta para no perderse la final de Viena.

Y el mismo grupo de comunicación que puso a parir al alcalde -entonces quizá alcaldesa- de Madrid porque osó desplegar Colón una enorme bandera , ha inundado de españolismo esa plaza, el Campeonato de Europa y la actualidad jaleando el nombre de nuestra patria  y  repartido rojigualdas hasta el empalago. España, EspañaYo, soy español, español. español…

Como colofón, en la orgía del pasmo patriotero, contratan a Manolo Escobar para dedicar a nuestros héroes esa sublime canción que es Viva España.

Se despertaba el Duende del sueño y por un momento se echó las manos a la cabeza. ¡Cielos!…Esta no es mi España progre, que me la han cambiado. Repasó la prensa, los diarios digitales, escuchó las emisoras de radio, peinó la televisión. Al tercer día de éxtasis, los más flemáticos comenzaban a enfermar al ver camisetas rojas y al comprobar que la exuberancia verbal de Luis Aragonés podía alumbrarnos un nuevo Boris Yzaguirre. Sálvese el que pueda. Pero el milagro continuaba. Aunque pareciera imposible, a estas alturas nadie había mencionado aún el adjetivo tabú. Estábamos ante la España joven, con desparpajo, la que con sólo jugar bien al fútbol había echado siete llaves al sepulcro del Cid enterrado para siempre la Contrarreforma, el fantasma de la Armada Invencible, la leyenda negra, las sombras de Torquemada, el recuerdo de Aljubarrota, la pérdida de Cuba, los últimos de Filipinas, el desastre de Annual, la Marcha Verde, la ominosa dictadura franquista, la pifia de Cardeñosa, la cagada de Arconada y el episodio de Perejil. Todo de una tacada, y en nombre de algo que la progresía pronunciaba con cautela, porque hasta nos hacían dudar de que existiera. ¡España, España, España!…¡Ra, ra, ra!…

El Duende observa, constata, subraya atónito. ¿Se han fijado que, a todas éstas, nadie haadjetivado este estado de embriaguez colectiva como casposo? ¿No es ya casposo hablar de España? ¿No es casposa la bandera? ¿No es casposo tanto fútbol? ¿No es casposo Manolo Escobar? ¿No es casposo ese seleccionador nacional que tan sólo meses atrás era acusado de viejo, torpe, racista, machista y mal educado?

Por el interés te quiero, Andrés. Desde hace mucho tiempo los profetas de la utopía se han dedicado a romper las costuras de ese sentimiento colectivo que aúna a la gente. Dios, patria, lengua, religión, historia. Todo es relativo, hasta la noción de nación. El que tenga un hecho diferencial y quiera un estatuto, un río y una financiación propia que levante el dedo, y maricón el último. Si ganamos las elecciones, aunque se descomponga lo que nos unía, ya se arreglará con diálogo: abriremos la boca para decir al que venga detrás, que arree.

Afortunadamente, no hará falta.  Hoy, gracias al fútbol, se puede decir viva España sin caer en lo casposo, porque esto es otra cosa. Confirmado: somos como niños.


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