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Rajoy es la sorpresa del roscón

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La sorpresa, piensa el Duende al despertar y escuchar las primeras noticias del día, no es que Mariano Rajoy nos suba los impuestos. Sabemos que estamos de vacas flacas. La sorpresa es que un tipo tan prudente como él y que ha tenido ocho años para estudiar los vicios de los gobernantes y los penosos efectos de sus compromisos incumplidos no se mojara un poquito menos en lo que ahora se vuelve en su contra..

-Yo os aseguro -podría haber remarcado con el silbido característico de sus eses deshilachadas- que si los números que nos cuenta este gobierno del PSOE son reales y el déficit público es el publicado oficialmente, no subiremos los impuestos.

Así de claro. La mayoría estaba tan convencida de que Zapatero era, sobe todo, un confitero de utopías, que no le hubieran regateado su voto. Y él no tendría que tragarse su primer marrón.

Pero es impepinable, hay piedras en el camino de los políticos en las que ninguno deja de tropezar.

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Así que, por no amargarse el día, el bloguero decide desayunarse con algo que según el libro de Antonio San José, podría traerle una miajita de alegría. El libro se llama La felicidad de las pequeñas cosas, y en él hay un capítulo titulado: Comer churros. No es el mismo producto, pero sí parecido placer. Ahora, que se va a acabando la Navidad, aún nos queda esa otra gran pequeña cosa que es el roscón de Reyes. Sin relleno de nata, ni de crema pastelera, ni de marrón glasé.. El auténtico, el de siempre: el que hay que mojar en chocolate o en café con leche con la esperanza de que no se le vayan los churretones, barbilla abajo, a la pechera de la camisa. Y con la suerte añadida de que el buda de cristal que figura como sorpresa no le haga saltar alguno de sus empastes.

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Los políticos siempre acaban sorprendiendo con sus bravatas, sus mentiras o sus donde dije digo, digo Diego. Las sorpresas de los roscones son más inocentes.

La del primer roscón de este año no era un hada Campanilla, ni un pez, ni un conejo, ni un rey mago, ni un caballito de mar, ni una mariposa, ni un caracol, figuritas exóticas que los reposteros van recogiendo en los bazares chinos para alimentar la fantasía de su roscón. La sorpresa es una ovejita de resina sintética sentada en la misma postura que poníamos en el cole cuando teminaba la etapa de las chapas o los cromos y llegaba la de las bolas. Puesto que estamos en época de vacas flacas, debe de ser una oveja flaca, como queriendo decir.

En aquel juego colegial el que tenía una bola de cristal vistosa, muy cotizada, la plantaba en el suelo y marcaba con pasos la distancia a la que había que golpearla con otra bola de piedra para poder ganarla. Si tenía suerte el lanzador, cascaba la bola de cristal con una de de las suyas y se la llevaba. Pero entretanto, el apostante iba acumulando proyectiles para poder salir luego a cazar otras bolas de cristal más preciadas.

El apostante de bolas se sentaba exactamente como la ovejita sorpresa del roscón. O sea, despatarrado en el suelo detrás de la bola en juego. Sus piernas abiertas recogían las bolas erradas que se estrellaban contra ellas. Una vez a Gómez, que llevaba pantalón corto, se le coló por la pernera una pedrada redonda lanzada por García, que era un poco bestiajo, y en lugar de cascar la bola de cristal le cascaron un huevo. Y eso dolía, qué caramba.

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Pese a lo tonta que era la sorpresa del roscón, al Duende le ha ha hecho más gracia que la desagradable sorpresa que nos acaba de dar Rajoy. Este ha despatarrado innecesariamente a la oveja flaca demasiado pronto y muy descaradamente, exponiéndose a perder crédito por no haber sido un poco más perspicaz. Parece mentira, con lo matriculín que era en el cole, y lo brillantemente que ganó sus oposiciones a registrador de la propiedad. Pero la política es otra cosa. Los hay muy listos para los libros que luego fallan en los recados.

Paciencia. Y a ver si el próximo recado le sale mejor al presidente.

Un rayo de sentido común

Rajoy de niño ya tenía cara de empollón. Mejor: si alguien quiere ser presidente de gobierno, que se lea antes los papeles...

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Homper hacía tiempo que no se quedaba perplejo por un motivo así. Cuando comunicaron los resultados del escrutinio, primero se pellizcó para comprobar que estaba despierto, y luego se rascó la cabeza con gesto de catador de vinos. O sea, pasmo, extrañeza, cierta sensación de que el triunfo de Rajoy tenía más gato encerrado que el deber de enfrentarse al caos. Finalmente Homper ensayó postura de pensador de Rodin  y dijo solemnemente para sí mismo la filosófica frase del día.

Ergo quedaba sentido común!….

Como Homper está jubilado y es de esos pelmas que se empeña en hablar de todo con el primero que se encuentra, repitió la frase cuando el tendero del barrio, luego de despacharle el pan, el periódico y la leche, le preguntó su opinión sobre el resultado de las elecciones. Y comprendiendo que el tendero no sería partidario seguramente del triunfador, añadió que lo del sentido común no era tanto porque el pueblo haya elegido la mejor opción como porque, desde luego, ha querido reprochar al PSOE sus dos legislaturas de desafueros.

-Va a se que sí, señor Homper –le dijo el tendero- Mi madre al principio de escuchar a ZP le parecía muy majo. Pero de la que empezó a romper todo lo que ya teníamos medio arreglado en España dijo: este chico no se ha leído los papeles.

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Leerse los papeles, pensó Homper. No está mal visto, caramba. Mariano Rajoy no ilusiona, no vende glamour, no dice frases hermosas como aquello de que la tierra sólo es del viento, es visceralmente incapaz de seducir a Ana Belén, a Bosé y a Almodóvar. Pero da la impresión de haberse leído muchos papeles antes de rechazar su plácido futuro de registrador de la propiedad para embarcarse en el arriesgado empeño de presidir un gobierno en España.

-Y mira que el ZP tenía labia. Pero…¿por qué no se leyó los papeles que hay que leer para saber donde te metes y qué terrenos pisas?

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No se leyó libros de economía y le estalló la crisis. No hizo las cuentas bien, ni se tomó el trabajo de calcular lo que tenía para gastar. Política energética, Plan Hidrológico, Informes PISA sobre Educación…¿de verdad leyó algo de todo eso?  Tampoco debió de haber leído a fondo la Constitución, pues la reventó él mismo después alentando estatutos imposibles. Pasó de Europa y de toda política exterior que no fuera Castro, Chávez y su fantasmagórica Alianza de Civilizaciones y así nos luce el pelo. Y, oh, sorpresa, en su gobierno y en su partido no hubo nadie con el suficiente peso y el valor necesario para darle un toque de atención y recordarle que hay que leerse bien los papeles antes de tomar decisiones importantes.

-¿Era lógico que el pueblo confiara en Rubalcaba, el mismo que ha secundado sin chistar todos los disparates de un jefe que se creía como Alicia en el país de las maravillas?

Faltó en los derrotados preparación y percepción de la realidad. Y faltó valor y autocrítica en el partido que los apoyaban. Homper piensa en cambio que lo que  no ha faltado es sentido común en el electorado, que harto ya de vendedores de crecepelo y utopistas de cristal prefiere ahora a un tipo serio que al menos se leerá los papeles.

 

 

Tristeza, balcón y gato

No le busquemos demasiados pies al gato...

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Mientras Obama se mosqueaba con la vieja Europa y la regañaba por no saber cómo combatir la crisis, algunos se entretenían analizando una foto de la ministra Carmen Chacón con la piernas cruzadas.

Presuntamente cruzadas, debe añadir este bloguero. Según algunos observadores maliciosos,EL PAÍS había trucado la foto, jugando con las piernas de la ministra para que parecieran otra cosa que lo que en realidad son. No se sabe si para favorecer su imagen o para fastidiarla y agradar a Pérez Rubalcaba, que le disputó la candidatura del PSOE y ahora es el favorito del periódico.

El Duende, alertado por un confidencial que denunciaba que ahí había busilis,  pasó un buen rato ante  la foto. Se acordaba de una extraña corbata de seda estampada que durante años se exhibió en el escaparate de una tienda de la calle Alcalá, junto al Teatro AlcázarEn el estampado de la corbata, bastante fea por cierto, se veía a una dama mirándose ante un espejo. Y a su lado, un letrero: “No es lo que parece”. El Duende se la quedaba mirando un rato y de repente, por no se sabe qué macabro efecto óptico, la dama ante el espejo se transformaba en una calavera. El Duende en este caso vio las piernas de la ministra algo forzadas por el deseo, tan femenino, de lucir lo mejor posible. Pero no advirtió nada raro en la foto.

Pensó que a veces nos empeñamos en buscar cinco pies al gato a casi todo.

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El día de un hombre jubilado se llena con experiencias variadas. Por ejemplo, con paseos, gestiones en la calle, conversaciones llamadas telefónicas, apretar los tornillos a la butaquita giratoria de IKEA en la que se sienta para escribir, pequeñas compras para la supervivencia, recuerdos que van y vienen y observaciones varias. También con noticias que a veces son buenas y, más frecuentemente, malas. Aparte de la bronca de Obama y de las piernas de la ministra Chacón, el día de ayer le sorprendió al Duende con una noticia tremenda. Unos amigos que habían sufrido la muerte de una nieta hace tan sólo cuatro cuatro meses, perdían en accidente de coche a otro nieto que estaba estrenando la juventud.

-Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa- dijo Woody Allen, probablemente en una ocasión como esta.

Dolor, indignación, confusión, tristeza. Vana curiosidad: ¿quién le explica a uno todos los trágicos porqués que nos va planteando la vida?

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Para momentos así, el Duende tiene un remedio impagable. Es sólo un balcón. Mejor dicho, algo más: es un horizonte panorámico, un paisaje que tiene historia y que probablemente alienta muchas pequeñas historias de los que ahí viven. Oxígeno para el alma aturdida. El horizonte abarca desde  los edificios históricos del viejo Madrid hasta su pequeño palomar, con el Manzanares de por medio, mucho arbolado y un pinar  que se extiende a sus pies.

-¿Y por qué pasan estas cosas?-suspira asomándose al balcón.

Se acodaba ayer en su barandilla y miraba el panorama mientras por dentro seguía hurgando en sus porqués. Creyó que las lágrimas le iban a nublar la vista, pero pudo distinguir entre los pinos a un gato negro  que retozaba con un papel que volaba al soplo del viento. Cuando el minino se cansó, se tumbó a dormitar entre la pinaza y la hierba seca. Cuánta paz ajena a cualquier dolor respiraba el momento. Entonces el Duende se acordó de Morito, el gato negro que ya vivía en la casa de sus padres cuando él nació. Morito ronroneaba junto al fogón de leña, y luego se estiraba y afilaba sus garras en las patas de la mesa de la cocina. Era muy manso, muy bueno, y se dejaba acariciar con el mismo mimo con el que ahora repasa uno sus recuerdos de la infancia.

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Caía la tarde. El gato negro del parque  seguía sesteando en la última mancha de sol mientras cruzaba volando una de esas bandadas de cacatúas verdes que ya se han hecho madrileñas. Y de repente la mirada hacía de ungüento: la vista le consolaba, el gato le distraía, la memoria le sonreía. Y aunque la trágica noticia le pesaba en el alma, sentía un cierto alivio. Quizás haya que aceptar con naturalidad que la carne de la vida se meche de amargura. Y respetando el sufrimiento ajeno, puede que  no haya más remedio que contemplarlo como la foto de la Chacón, sin sacar cinco `pies al gato del destino que nos entretiene.

(*) Hay quien busca “tres pies al gato”. Incluso parece que el propio Quijoteutiliza esta expresión. Pero huroneando en internet constatamos queSebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana mantiene que llo correcto y lógico  es hablar de cinco. Y lo legitima en verso: El normal, cuatro presenta/ Tres, si le falta una sola/ Y cinco si, quien la cuenta,/ toma por pata la cola

El Duende de verano (10) Huyendo del pesimismo

Sal a caminar y busca cualquier pretexto para huir de la crisis...

1.Se regalan motivos para la estupefacción

Pendiente aún de volcar en el blog sus últimas impresiones del viaje por Escocia –hay que ver qué galbana trae el verano- se topa el  Duende al viejo amigo Homper en una de las múltiples rutas coronarias que han  nacido del nuevo Manzanares. Homper anda porque está jubilado y es algo hipocondríaco. Como de coronarias no tiene ningún problema, su nivel de colesterol es perfecto y los indicadores del PH tranquilizadores, se ha empeñado en obsesionarse con una venitas moradas que le afloran en la cara anterior del muslo derecho.

-Carlomagno  también padecía de esto-aclara.

Nadie sabía que Carlomagno sufriera de las varices, que suele ser cosa de señoras. Pero a Homper le gusta fundar sus obsesiones en argumentos. Reales o inventados, se sospecha.

El Duende por su parte también anda bastante. Sus días de corredor de fondo van  convirtiéndose en largos paseos que le sirven para creerse que se mantiene en forma y, entretanto, observar. Hoy por ejemplo observa que, pese a su perplejidad permanente, Homper camina con la boca cerrada.

-Es para que no me entren las moscas –explica el Hombre Perplejo- Porque iría con la boca tan abierta que seguro que alguna me comía.

Y añade que ya no sabe qué le sorprende más, si la terrible prima de riesgo, la reforma de la Constitución, la indignación que produce el mismo consenso PP/PSOE por el que todo el mundo clamaba hasta ahora, la pelea por la tabarra de la lengua vehicular, los calambres en directo del pobre Nadal o la desfachatez de ese ojo público bastante más que indiscreto en que se ha convertido Internet. A este propósito,  Homper dice que no es normal que una dama que fue alcaldesa de una ciudad belga se ponga a fornicar con su amante en lo alto de una torre del Castillo de Olite. Pero aún considera más asombroso que hubiera alguien allí para grabarlo en su video y un baranda de un periódico digital dispuesto a ofrecer a los internautas los aspavientos de los amantes parapetados tras una almena.

-Cómo no va quedarse estupefacto uno- precisa con un deje de amargura.

No se queda en estas cuestiones. Para Homper, por ejemplo, también es motivo de sorpresa al estado de gracia permanente que han conseguido algunos, muy pocos, representantes de la vituperada clase política.

-Por ejemplo,Durán i Lleida, que es el político con mejor imagen entre los españoles. Ahora acusa a Zapatero de irresponsable por querer contener el déficit con una reforma de la Constitución que a él y a su partido no les gusta. Y no se acuerda de que ellos mismos aplaudieron muchas de las medidas irresponsables del presidente que han sido parte del problema. ¿No es sorprendente?

Queda la pregunta en el aire.

2. La depre de la crisis

Al Duende por su parte no le afectan tanto los motivos para el pasmo como el peso del pesimismo general que nos acecha. Feo vicio este de informarse: lees el periódico, escuchas la radio, ves la tele y casi te dan ganas de quedarte en el programa de Vázquez, Lozano, Esteban y Matamoros. Dichos así hasta podrían parecer los autores de un diccionario  etimológico. Pero, como decíaOrtega, no es esto, no es esto.

-Estoy tan obseso yo con e la crisis –comenta el Duende- que esta noche soñé que Elena Salgado me consultaba sobre qué impuesto sería más efectivo. Si un impuesto sobre la felicidad, un impuesto extraordinario sobre las pipas de girasol o un impuesto sobre los pasos andados.

-No des ideas –advierte Homper-Cada vez somos más los paseantes.

Debe de ser por eso, porque pasamos y vemos pasar la vida. Afortunadamente vivimos unos días de verano particularmente amables en Madrid. Y hasta hoy, que empieza a a subir el termómetro, daba gusto pasear y pasar, que como decía Machado, es lo único verdaderamente nuestro. Qué quedará en la historia de este pedazo de crisis y cómo influirá en nuestras vidas, sigue siendo una incógnita.

-No puedo más de tanta trascendencia, te dejo-le dice el Duende a Homper.

-Pero ¿a ti no te afligen las dudas? –pregunta Homper desasosegado por la aparente insustancialidad de su amigo- Antes de irte, dímelo, por favor, que no quiero sentirme un ser extraño.

-Cómo no me van a torturar- le calma el Duende- Con la que se nos viene encima a los abuelos esta primera quincena de septiembre…Esta tarde tengo que invitar a mis nietas al llevo dos días pensando si debo llevarlas a Los Pitufos o a Animals United. Me despido, que tengo que salir de dudas antes de que empiece la película.

Pasear, soñar, dudar. Todo vale con tal de huir del pesimismo que nos invade.

Elena Salgado y el determinismo

Determinismo o no, fue estar hablando de ella y a continuación encontrársela paseando por el Retiro como cualquier ciudadana...

Determinismo o no, fue estar hablando de ella y a continuación encontrársela paseando por el Retiro como cualquier ciudadana...

Una de las primeras travesuras del Duende adolescente era rebautizar a la gente con el nombre que, según él, pedía su cara. A algunas cosas y personas les cuadra más una palabra o un nombre que otro, e incluso que el que les impusieron. El acomodador del cine Colón tenía cara de llamarse Trifón, la pipera del Teatro Beatriz, Alfonsa, y un portero de balonmano de su cole –bastante mayor que él, por cierto- pedía el nombre de Arrosio. Y con Arrosio quedó en su registro particular aunque luego se apellidase Seseña.

El colegio quedaba ya muy atrás, y nunca más supo el Duende de este último hasta que un día de 1973 se metió en el cine y vio un entretenido thriller de Darío Argento titulado Cuatro moscas sobre un terciopelo gris. En esta película italiana aparecía un detective llamado precisamente Arrosio. En la misma butaca del cine, y antes de que, desgraciadamente, lo liquidara el asesino, el Duende se preguntaba: ¿y qué habrá sido de mi Arrosio del cole que nunca más he vuelto a ver? De momento, estaba vivo. Y nada más salir del cine, confundido entre el gentío de la calle Fuencarral, el Duende lo vio paseando tan campante. Allí acudía a su cita con el destino o con la casualidad el amigo Seseña, alias Arrosio. No sabe el Duende cómo le llamarían a este fenómeno los parapsicólogos. Premonición, determinismo, vaya usted a saber. Pero el fenómeno existe, vaya si existe.

El viernes en la COPE, Curro Meloso recitaba una Oda en defensa de Elena Salgado. Curro Meloso, como casi todas las caricaturas duenderas, es un poeta fracasado, Cordobés antiguo de traje negro a rayas, sombrero y patillones, quiso escribir el Romancero Gitano y el Poema del Cante Jondo antes de descubrir que, para su desgracia, se le había adelantado Federico García Lorca. A partir de entonces probó toda suerte de musas,  y concurrió de su mano a numerosos concursos, certámenes de poesía y juegos florales sin que una sola flor o un miserable accesit reconociera sus méritos. Harto ya de ninguneos, y consciente de que todos los poemas que había deseado escribir estaban mejor escritos por otros, se inspiró en lo único que podía ser original: la defensa de los políticos. Así es como cada viernes Curro Meloso elige un político en la picota y le dedica una oda, y así fue cómo la semana de pasión de la Vicepresidenta Económica se alivió con la oda que le dedicó Meloso.

El mismo viernes volvió a salir el nombre de la Vicepresidenta en un almuerzo entre amigos, algunos de los cuales la conocían. Se habló de su papelón, de su competencia/incompetencia, de la imagen que proyecta y de su carácter. Casi todos los comensales coincidían en que es de ese tipo de personas valiosas que, quizás por su timidez,  confunden simpatía con vulgaridad. El propio Duende aportó sus impresiones, que venían de sus tiempos en la cadena SER. Allí aparecía cualquier alto cargo del gobierno del PSOE para ser entrevistado, y  al verte sentado en la misma mesa que Iñaki Gabilondo te imaginaba de los suyos. La hoy Vicepresidenta fue sin embargo siempre comedida en su cordialidad. Correcta, pero fría y distante, como si su imagen de ejecutiva solvente le impidiera sonreir y demostrar su sentido del humor. Elena Salgado, tan lejos en el album de sus recuerdos, y tan presente estos días en la vida de todos los españoles.

Los caprichos del destino. Al día siguiente, sábado luminoso, el Duende se dio de bruces con ella mientras corría por el Retiro.  Ya es difícil para cualquiera identificar a los conocidos muy superficialmente cuando te los encuentras fuera del lugar donde los has visto siempre. No digamos nada si se trata de una personalidad pública que los cuenta por millares y que no se caracteriza precisamente por su efusividad. Sin embargo, en honor a la verdad, el Duende debe confesar que Elena Salgado en atuendo deportivo se acercó a él, se detuvo, le plantó dos besos y le preguntó qué tal estaba antes de continuar su saludable paseo por el precioso parque madrileño.

Al Duende, naturalmente, le temblaban las piernas. No es que la rubia le impresionara tanto como su admirada Naomi Watts, ni que temiera que la Vicepresidenta hubiera escuchado en la radio la sospechosa oda que le tributó Curro Meloso. Es que simplemente constataba que hay que tener ojo con las premoniciones, porque a veces las carga el diablo.

El embudo da la vuelta en el País Vasco

No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...

No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...

La tía Clota recordaba la buena fama que en los Estados Unidos siempre tuvieron los pastores vascos.

-Educan sus perros mejor que nadie, y siguen ganando todos los concursos. Llevan las ovejas por donde quieren.

El ferretero de Tinmouth, su pueblecito de Vermont, desciende de uno de esos pastores vascos. Fue el que le dijo a Clota que al PNV le han arrebatado el  gobierno. La tía Clota preguntaba si se va acabar el mundo por eso, aunque desde Estados Unidos se comprenda mejor que el mundo es algo más que el País Vasco.

-No, tía -respondió- Algunos políticos vascos son como el chiste  de aquél chicarrón que va a comer con los amigos y aparece en la sociedad gastronómica  con la cabeza vendada. ¿No lo conoces? Los amigos, al verle así, se quedan pasmados. ¿Qué te pasó, Patxi?…Nada…Según venía andando, que veo un solar vallado, y, pintado en el muro, un rótulo que dice SE TRASPASA…¡Y resulta que no era cierto!

La tía Clota se echó a reír. Hablaba a la cámara con su sobrino sin dejar de hacer punto.

-¿Tan duros de mollera son?-preguntaba ingenuamente la anciana- ¿O es que ha cambiado la ley?…

Homper le explicó que aunque gana las elecciones el que tiene más votos, gobierna el que suma más apoyos en la cámara correspondiente.

-Eso unas veces beneficia a unos y otras a otros, como pasa en tantos ayuntamientos y diputaciones. Pero el PNV creía que eso no iba con ellos, y que así como los demás partidos debían plegarse a esa norma, ellos tienen por derecho natural la representación exclusiva del pueblo vasco. Luego se han puesto de acuerdo PSOE y PP y el PNV a la calle.

-Ya entiendo…Así estaba el ferretero, qué mosqueo…Pero no ha cambiado la ley electoral, ¿no?…

-No tía.

La tía Clota se quedó pensativa. Levantó la mirada de su labor y miró a cámara.

-Qué difícil lo tengo, Hom -suspiró- A ver cómo le explico en inglés al ferretero. lo de la Funnel Law.

-¿Qué dices, tía?…

-La Ley del Embudo. ¿No es eso lo que ha cambiado? Tan acostumbrado estaba a lo ancho que  ahora el PNV no traga por la parte estrecha…

El coñazo de Rajoy y el coco de Chacón

Vaya marrón, decir que el desfile es un coñazo y tragarse el coñazo al día siguiente sabiendo que tu rostro interesa más que la cabra de la Legión. Qué papelón, Marianito. Mañana vas y escribes cien veces a la pizarra: No se dicen inconveniencias a micrófono cerrado. Porque parece mentira que un político experimentado, varias veces ministro y con percebes en las barbas, no sepa que los micrófonos, cerrados o abiertos, no cambian de cara, y presentan siempre el mismo semblante de tocapelotas inoportuno. El pueblo podemos pasar de eso, pero un candidato lo debe saber. Lección número 1: donde hay un micrófono hay un enemigo en potencia. Lección número 2: en consecuencia, dígase del adversario todo lo malo y, de lo tocante a la patria, sólo excelencias. Ergo un desfile, y más en el día de la Hispanidad, no sólo no es un coñazo, sino que es uno de los espectáculos más emocionantes, vistosos y coloristas. Y, por ende, un planazo para el domingo.

Cabrá especular sobre si el desliz mariano cotizará en las urnas. Particularmente, uno piensa que el candidato sintoniza más con la mayoría cuando mete la pata que cuando ejerce de ángel exterminador. Es más, casi todos estamos de acuerdo en que un desfile es incluso más que un coñazo. Sin embargo los tamborileros del PSOE ya se lo han lanzado a la cara de Rajoy. (Por cierto, ¿cómo no le ha reprochado Bibiana Aído que un coñazo o, en aras de la igualdad,  también debería ser pollazo?)

Por eso destaca en sentido contrario la ministra de Defensa, Carmen Chacón. Dijo por la radio  la desafortunada frase de Rajoy no es más que una expresión coloquial que sin duda no expresa el verdadero pensamiento del líder de la oposición. El Duende coincidió ayer en una boda con Alfonso Ussía y, entre las infinitas coñas habituales en él,  le confesó que le había sorprendido muy positivamente una carta en la que la señora Chacón elogiaba y agradecía un artículo suyo dedicado a nuestras fuerzas armadas. Alfonso Ussía, que no es lo que se dice un palmero del gobierno.

Lo que viene a matizar aquello que en este mismo blog subrayó el Duende, y que fue criticado por varios comentaristas. Se escribió entonces que Carmen Chacón era la ministra más atractiva de nuestra democracia. Bueno, pues  donde dijo digo dice Diego. Y ahora precisa que lo suyo no es tanto cuestión de atractivo como buena cabeza. Buen coco ministerial para dejar el coñazo del candidato del PP en el lugar de donde su imperdonable espontaneidad lo sacó.

Hijos de los Rousseau

Juan Jacobo Rousseau dijo aquello de que el hombre era bueno por naturaleza, y que era la sociedad quien lo estropeaba. Su homónimo Henry Rousseau, conocido como el aduanero, se limitó a pintar un mundo naïf. Los españoles parecemos hijos de ambos.

 El último barómetro del CIS  apunta que la diferencia de votos entre PSOE y PP duplicaría ahora la registrada el 9 de marzo. Normal. Con la que está cayendo, qué otra cosa se podía esperar. También dice que el miembro del Gobierno mejor valorado (a) es Carmen Chacón, ministra de Defensa. Sencillamente candoroso. A la ministra no le ha dado tiempo para mucho más que viajar a Afganistán y saludar a las tropas españolas allí destacadas. Apenas unos discursos llenos de buenas intenciones, ninguna medida de las que definen un programa ministerial. No hace falta ser muy agudo para ver que lo que realmente seduce a los encuestados es la maternidad de la ministra, una mujer, por otra parte, muy bien valorada por los que la conocen de  cerca. Viva la ternura.

 Pero al mismo tiempo, el Latinobarómetro, que el Duende no sabe exactamente ni lo que es ni quién lo pilota, dice que el coronel Hugo Chávez es el líder peor valorado por los españoles, seguido por Fidel Castro. Sorprendentemente, el tan denostado George Bush es el tercero de la lista, cuando normalmente nuestra sociedad pacifista suele identificarlo con el mismísimo Belcebú. Tampoco hace falta ser un  lince para asociar la mala nota de Chávez con la trifulca que provocó el por qué no te callas del Rey. Las demás tropelías del caudillo bolivariano probablemente han pesado poco.

 Se deduce así que vivimos una sociedad  contradictoria y naïf, que quiere conjugar la realidad y la utopía sin que rechine en su encaje ni una sola pieza del argumentario. Por una parte  queremos que lo más feo de la gestión gubernamental, que son los asuntos de la guerra, se resuelvan en la imagen más pacífica que se puede ver, que es una madre amamantando a un niño. Por otra, aún siendo como somos los más demócratas del mundo, no soportamos que falten a nuestro rey, que, con todos sus muchos valores,  sirve a la institución menos explicable desde criterios democráticos.

 Queremos paz y seguridad pero sin molestar demasiado a los terroristas y criminales. Queremos ser campeones del desarrollo y de la cultura pero también que nuestros escolares pasen curso con cuatro cates. Queremos petróleo asequible, pero a costa de otros. Queremos que no suba la electricidad, pero sin centrales nucleares. Queremos viviendas asequibles, pero no el paro de los que no tienen qué construir porque no se venden casas. Queremos televisión sin anuncios y no pagar canon . Queremos que baje el precio de los alimentos, pero también que ganen lo suyo los ganaderos, los agricultores y los pescadores. Queremos laicismo y que no muevan de su sitio ni al crucifijo ni a la Macarena ni a la Virgen del Rocío. Queremos que viaje el agua sin que haya trasvases. Queremos ser buenos, justos y ricos, pero que los marrones se los coman otros.

 O sea, la mula y los mil ducados. O, con la jerga más propia de la tropa que manda la ministra favorita,   queremos el sueldo del general y la verga del teniente. Los Rousseau,  a nuestro lado, unos escépticos, ya les digo.

Cómo ser feliz a pesar del gobierno

Buscando la Felicidad

(Buscando la Felicidad, Foto de Davichi)

Aquella tarde radiaban desde el Congreso de los Diputados el asalto del teniente coronel Tejero. Entretanto, tirados en el suelo, dos hombretones extraían de una enorme caja de madera llena de virutas de madera pequeños objetos envueltos en papel. Los cogían con mucha delicadeza, les quitaban su envoltura, los admiraban, los ponían en el suelo y jugaban con ellos. Habían escuchado los tiros, el abajo todo el mundo, el se sienten, coño, y la advertencia del guardia civil con bigotes de que se esperaba a una autoridad, militar, por supuesto. En realidad se sobresaltaron. El corazón les dio un vuelco. Mala suerte que la intentona golpista hubiera coincidido con el día que tanto esperaban. Lo primero es siempre lo primero: el regreso de los espadones y el fantasma de la vuelta a la caverna no les iba a impedir disfrutar la gran ilusión. Los dos niños grandes eran el Duende y su amigo Lorenzo, y lo que contenía aquella caja era el lote de juguetes de hojalata antiguos que habían comprado a un coleccionista y que debían repartirse aquella fausta/nefasta tarde del 23 de febrero.

El Duende recordaba haber escuchado estupefacto de su madre que, en plena guerra, salían a la calle y hasta iban al cine. Los cines en Madrid fueron incautados, y programaban sólo películas de propaganda o El acorazado Potemkin. Pero iban al cine, y se supone que no para ser adoctrinados, sino porque les divertía. Muchos años después también escuchó a Chumy Chumez evocar su infancia en la guerra, donde disfrutaba paseando con sus amigos entre vehículos destrozados, ruinas y embudos provocados por las bombas. La última que se ha atrevido a aislar la felicidad interior del mundo que nos rodea es la editora Esther Tusquets, autora de un libro que lleva por título Habíamos ganado la guerra. Mujer de izquierdas, confiesa sin ningún pudor que, gracias a que su familia era de derechas y gozaba de una holgada posición económica, ella, como Chumy, también fue feliz en la guerra.

Son anécdotas quizás demasiado frívolas. Pero ahora que acaban de celebrarse las esperadas elecciones generales, cuando unos eufóricos cantan victoria mientras que los otros se rasgan las vestiduras por la derrota, el Duende hace balance en sus memoria personal y declara que es incapaz de saber si le fue mejor con UCD, con el PSOE de Felipe González, con el PP de Aznar o bajo la égida de Zapatero. En alguna fase pagaría más impuestos, en otra haría más colas en el ambulatorio, en otras se mosquearía por la subida de la gasolina, en otras le afligiría la salud… Pero cree que la auténtica felicidad, que es estar más o menos contento con uno mismo, no depende del resultado de las urnas.

La política resuelve muchos problemas, especialmente para los que menos tienen. Pero uno de los signos de madurez es convencerse de que no lo arregla todo. Dede luego, no lo más importante. Búsquense ilusiones que no dependan del BOE. Y si alguna vez recibe la noticia de que no han ganado los suyos con la misma naturalidad con la que se entera que al fin se desmorona el anticiclón de las Azores, es que se va acercando a esa quimera llamada felicidad.

Ay, amor, olvídate de mí…

Artistas Zapatero

Está feo que el Duende empiece a citarse a sí mismo, pero en su último artículo de MARCA lanzaba una tesis interesante. Y es que en estos tiempos de buenismo dominante, como tó el mundo es güeno, no podemos concebir que exista el gilipollas químicamente puro. Lo cual, no obstante, se contrapesa con el hecho de que hasta el mejor escribano echa un borrón, y que levante la mano el que no reconozca haber hecho o dicho al menos una gilipollez en su vida.

Una de las últimas corre a cargo de un cineasta por el que guarda singular admiración, que es José Luis Cuerda. A él se deben dos de los títulos más luminosos y entrañables de nuestro cine, El bosque animado, que es una delicia, y Amanece que no es poco, una delirante comedia surrealista. De José Luis Cuerda, que una vez contó con el Duende para hacer voces raras, recuerda éste una frase verdaderamente inteligente e ingeniosa. Yo, como Billy Wilder -le dijo- de lo único que estoy seguro en esta vida es de que las cortinas del baño siempre deben caer por dentro de la bañera. No era del todo sincero. A tenor de sus últimas palabras en público, también está convencido de que el PP es una turba humillante, mentirosa e imbécil (sic). Esto último puede ser un subidón de adrenalina, un lapsus, un pasarse siete `pueblos. Pero hasta en la sede del PSOE en la calle de Ferraz puede que estén de acuerdo en que generalizar tanto es injusto. Y, en que, aún considerando que su autor no es, desde luego, un gilipollas, las palabras en sí mismas adquieren el rango de gilipollez.

Se ha armado la marimorena porque los obispos, dicen, pedían el voto para la derecha. Pero ahora resulta que a los de la izquierda les sale otro corifeo que no se muestra menos intransigente y exhibe incluso peores modos.

Si uno fuera candidato, se asomaría al balcón con sus mariachis y tanto a los prelados como a los artistas, les cantaría con toda intención aquél lamentoso y romántico bolero de los Panchos: ¡Ay amor, ya no me quieras tanto!/…/ ¡Ay amor, olvídate de mí!… Porque de la misma manera que no es ilógico pensar que Rajoy hubiera preferido el silencio de los obispos, no lo es tampoco creer que a Zapatero no le hayan hecho gracia las palabras de Cuerda. Las elecciones no se ganan con el voto de los convencidos, sino con el de aquellos que no lo tienen decidido. Y a buena parte de ellos les empieza a cargar que en nombre de Dios o en nombre de la inteligentsia -o del famoso canon- le digan a quién tienen que votar aquellos prepotentes que tanto pueden perder con un resultado adverso. Si el pueblo español es tan maduro y tan sabio como sus líderes se empeñan en recordarlo, quizás acaben pensando que a los turiferarios se les ve el plumero, ¿no?

El marxismo de los huevos duros

Zapatero y Rajoy

Nos engañan nuestros dos principales líderes políticos que el nueve de marzo quieren ser presidentes. Nos engañan, que se lo dice el Duende.

El candidato del PSOE mantiene que el suyo es el partido del progreso, de la justicia y de la solidaridad. En él caben creyentes y no creyentes, judíos, moros -perdón por el palabro, apúntenselo a Américo Castro-y cristianos, empresarios, trabajadores, clases pasivas, jóvenes en paro, amantes de la micología o aficionados al macramé, pedagogos, comadronas, guardagujas, sexadores de pollos y poetas de toda laya. Vamos, todo el mundo. Ya no cita los principios ideológicos del partido, que desde Felipe González coinciden con lo que en Europa se conoce como la social democracia. Hace tiempo que el PSOE abjuró de ello, pero sin embargo Zapatero es marxista.

El candidato del PP asegura que será un presidente previsible, moderado, patriótico e integrador. Asegura que su principal objetivo será recomponer los desmanes cometidos por el que ha de ser su predecesor: los desmadres estatutarios, algunas leyes civiles que necesitan retoque, filtros a la inmigración ilegal, eliminación de la mamandurria selectiva que supone el canon digital, cambio en la política energética  e hidráulica, enésima reforma de la enésima reforma de la educación, inglés y tecnología desde la lactancia, más guarderías que bares,  letra para el himno de España, larga cambiada a la Alianza de Civilizaciones y, en lo referente a la economía, rigor presupuestario, control de la inflación, rebaja de impuestos, y estímulos a la productividad  para crear entre dos millones doscientos mil y N puestos de trabajo. Mariano Rajoy tampoco lo confiesa, pero bajo su piel de cordero  conservador o neoliberal hay otro marxista.

Ya se sabe que Karl Marx fue sepultado en el frío y oscuro mausoleo del olvido y la heterodoxia. Pero renace en todo su esplendor el abanderado del único marxismo que tiene hoy sentido. Vuelve para inspirar los programas políticos de iluminados y desesperados, de taumaturgos y de soñadores faraónicos. Con todos los honores, directamente desde el más allá, donde se aburría como una ostra, regresa para inspirar a  nuestros líderes el único, el inmarcesible, el incomparable Groucho Marx.

Una de sus grandes premisas ideológicas ya ha sido asumida por el actual presidente de gobierno. Estos son mis principios -dijo en una ocasión el insigne pensador del frac, el bigotón y el puro- Y si no le gustan, tengo otros.

La otra, formulada por su hermano Chico en la insuperable escena del camarote de Una noche en la ópera, está en las promesas electorales de ambos candidatos que se suceden día a día ofreciendo más y más. Estaban los hermanos Marx caninos cuando Groucho llama a un incauto camarero y le hace una comanda histórica. ¿Tiene zumos?…Pues tráigame de naranja, de piña, de lima, de pomelo, de manzana, de fresa…¿Bistecs?…Traiga uno semicrudo, otro poco hecho, otro  en su punto y otro quemado. ¿Huevos?…Traga unos fritos, otros revueltos, otros en tortilla, otros pochés…Y tras las retahílas de los zumos, de los bistecs o de los huevos,  remataba Gummo desde el interior del abarrotado camarote: ¡Y también dos huevos duros! ¡Y también dos huevos duros! ¡Y también dos huevos duros!…

Es lo que les falta a nuestros egregios vendedores de crecepelo convertidos en políticos en campaña para salir del armario y mostrarse como auténticos marxistas de nuevo cuño. Mañana uno de los dos prometerá Jauja, y el otro Eldorado. Y tanto desde la sede de Ferraz como desde la de Génova, resonará la coda burlesca del marxismo inextinguible: ¡Y también dos huevos duros!


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