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El orden del día

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-Qué tiranías las del poder legítimamente constituido -pensaba Silvia mientras esperaba el metro repasando en su tableta la prensa del día- Así que el presidente Zapatero cesó a su ministro de cultura Molina por ser demasiado austero y porque necesitaba una ministra joven y más glamourosa. Manda narices, manda castañas, manda ovarios…
Y sin embargo estaba lo suficientemente bien educada como para seguir sobreviviendo a base de aguantoformo. Bien educada en casa y en las aulas: ingeniero industrial, masters diversos, cuatro idiomas y el inmenso privilegio de haber opositado al empleo público y conseguido plaza de secretaria en Presidencia de Gobierno. ¿Cómo se iba a quejar, cuando la mayoría de sus compañeros de promoción aún estaban en el paro?
Su primera tarea aquel día no podía ser más estimulante. Tenía que redactar el orden del día del próximo Consejo de Ministros cuyo borrador le presentó Agustín, el hombre que mejor le caía del staff presidencial.
-Y a pesar de todo, tus ojos de zafiro siguen inundando de poesía el túnel de mis días –le recitó cadencioso al oído el secretario del subsecretario de Presidencia mientras le entregó la carpeta y puso sobre su mesa un irresistible café capuccino de máquina, la pócima matinal menos dañina para ella- Te podría decir que son de Pessoa, pero son versos de propia Minerva
Silvia le lanzó un besito, sonrió agradecida y aproximó cautelosamente sus labios al borde del vaso de plástico.
-Bébelo sin miedo, darling, que ha hecho cien metros de pasillo conmigo y debe de estar medio templado…Y recuerda que, por horrible que te sepa el café de máquina y digan lo que digan los barandas que nos gobiernan, yo te seguiré queriendo desesperadamente.
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Los que el secretario del subsecretario llamaba barandas llevaban a la aprobación del Consejo de Ministros el siguiente minutado que Silvia empezó a teclear en su ordenador.
1. Reunión de Luis Enrique con Zubizarreta para la presunta contratación del primero como futuro entrenador del Barcelona. Petición al Consejo de Estado de informe sobre la posible incidencia de tal reunión en el tramo final del Campeonato de la Liga.
2. Informe del Instituto Nacional de Estadística sobre las posibilidades reales de los clubs Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona de ganar el Campeonato de la Liga, a fin de evitar pérdida de horas de trabajo en la especulación de estos datos que tanto inquietan a la opinión pública.
3. Cierre de canales de TDT. Análisis de la conveniencia de compensar dicho cierre con la oferta de nuevos canales dedicados exclusivamente al fútbol. La cultura debe ser siempre prioritaria en este gobierno.
4. Racismo en el fútbol. Petición de informe a la RAE para que desmienta que el HU-HU-HU dirigido por algunos asistentes a los campos de fútbol a jugadores de raza negra pueda ser considerado como onomatopeya del sonido que emiten los primates, y por tanto, ofensiva para estos jugadores. Petición de informe al Consejo Regulador del Plátano Canario sobre los beneficios en ventas del lanzamiento de plátanos a jugadores de fútbol, sean de la raza que sean. Medidas complementarias para demostrar que en el fútbol no hay racismo, sino ignorancia de unos pobres aficionados despistadillos y, a lo sumo, modales manifiestamente mejorables.
5. Petición a Patrimonio Nacional y al Ayuntamiento de Madrid para que se sustituyan algunas de las estatuas de la Plaza de Oriente, de reyes hoy casi inidentificables, por efigies de la misma estética erigidas en honor de Cristiano Ronaldo, Messi, Simeone, Diego Costa y Florentino Pérez, como reconocimiento de su bien ganado prestigio público y de sus servicios decisivos para el estado de bienestar. El rostro de la estatua de Diego Costa irá levemente patinado de oscuro, para que se confirme públicamente que en un país no racista se respeta también a los mulatos. La efigie de Florentino Pérez será dos cuartas más alta que el modelo original, para realzar el señorío tradicional del Real Madrid del que él es dignísimo portaestandarte.
6. Ministerio de Trabajo. Recomendación a este departamento para que solicite de las empresas y demás centro de trabajo máxima flexibilidad horaria a fin de que sus empleados puedan cumplir el sagrado deber de cumplir con sus compromisos futbolísticos.
7. Ministerio de Educación y Cultura. Recomendaciones al personal docente para que presenten el fútbol como el octavo arte, después el séptimo sólo en el ordinal de las bellas artes que ennoblecen a la condición humana.
8. Asuntos Exteriores. Se recuerda al ministro del departamento la necesidad de dar la mayor difusión en la Unión Europea al importante y certero mensaje del Presidente de Gobierno sobre la final de la Champions League en Lisboa: “El 24 de mayo será un triunfo del fútbol español”. Se sugiere que este slogan tenga un gran protagonismo en las próximas Elecciones Europeas, y se invita a todos los partidos políticos de aquí o de allá a que lo utilicen gratuitamente. Se propone proponer al Presidente de Gobierno como candidato al Premio Nobel de la Originalidad Intelectual.
9. Economía y Hacienda. Se autoriza al ministro del departamento para que piense en nuevos impuestos sobre el fútbol. Tanto a los partidarios de este deporte, por lo mucho que disfrutan, como a los que no lo son, por oponerse al sentir colectivo del patriotismo del balón.
10. Ruegos y preguntas. Siempre que sean de fútbol, y no de otras menudencias como el paro o los recortes.

3
El opio del pueblo, el pan y el circo, Lope de Vega justificando sus comedias alimenticias con aquellos versos tan cínicos:
El vulgo es necio
y, pues lo paga, es justo
hablarle en necio
para darle gusto
Esto y no hay más cera que la que arde, el que manda manda, las lentejas, que si quieres las comes, y si no las dejas. El culto al becerro de oro. El pesebrismo infinito que genera el deporte rey. Cuánto agradecía Silvia no ser política y no tener que decir que al pueblo y al fútbol, ni regañarles.
Todo le bailaba en la cabeza mientras la impresora vomitaba las copias que habría de entregar a su fiel Agustín.
-Lo primero es lo primero- le dijo al entregarle las dieciséis copias del orden del día- ¿habrá vida más allá del fútbol?…
-Podría ser…¿Te apetece que cenemos juntos el 24 de mayo?…A mí me divierte el fútbol, y soy del Atleti. Pero si tus ojos de zafiro están dispuestos a iluminar el túnel de mis días, me pierdo la final y tan feliz.
Groucho Marx decía: cuanto más conozco al género humano, más amo a mi perro. Silvia suspiró y sonrió al recordarlo. Evidentemente, no conocía a un solo perro que se llamara Agustín, pero el 24 de mayo también podría ser para ella un día inolvidable.

 

 

Como Nosferatu, pero con mejor cara

Harto de buscar tus propios cabellos pra averiguar quien era el responsable el delito, pasaste por la peluquería y quedaste como Nosferatu. Eso, sí, no con tan mala cara...

Harto de buscar tus propios cabellos pra averiguar quien era el responsable  del delito, pasaste por la peluquería y quedaste como Nosferatu. Eso, sí, no con tan mala cara…

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Como no estás en el campo, ni en la nieve, ni de viaje en un lugar nuevo, y crees conocer todo lo que tarde o temprano acabará despejando el horizonte, te quedas ensimismado (entimismado, debería permitir la RAE) ante la nube lechosa que inunda el pequeño valle del Manzanares. La niebla espesa apenas deja distinguir los pinos más cercanos. A más de ochenta metros, los plátanos y cipreses ya son fantasmas. Perfecto. Además es fiesta, y sólo un autobús y una furgoneta se han atrevido a romper esa sensación de aislamiento mágico que traen los amaneceres brumosos del invierno. Perfecto.

Las películas inglesas de intriga y misterio de los años 50, con Sherlock Holmes o Jack el Destripador al fondo, siempre empezaban así. Luego emergía de la noche la fachada de una elegante casa georgiana. Se escuchaba la contera de un bastón golpeando el adoquinado, se insinuaba un sombrero de copa a la luz de una farola, brillaba por un instante la fina hoja de un cuchillo, un grito rasgaba la niebla y un bobby hacía sonar su silbato. Finalmente el ruido de unos pasos que huían se iba perdiendo, y el bigotudo policía londinense anotaba en su block.

-Otra prostituta asesinada.

Probablemente era una película de la Hammer, de bajo presupuesto, pero te mantenía en vilo, apasionado hasta el The end. Era perfecta, en sus modestas pretensiones. Como esta mañana de niebla del 7 de enero de 2013. La niebla cuando estás perdido es el peor de los peligros. Pero vista desde tu casa, calentito, te engaña haciéndote creer que todo lo que verás cuando se disipe será mejor. Por eso en el cine el pórtico del cielo siempre aparece tapizado de niebla.

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Recuerdas  a Sherlock Holmes y no caes en la cuenta de que su cita no es casual.

Cuando despiertas, la primera operación del día es sacudir la almohada  sobre el lavabo y ver cuántos cabellos han sucumbido en la noche. Te ha entrado el síndrome del famoso detective inglés, multiplicado por cada víctima de la alopecia sobrevenida, o sea, por el número de pelos caídos. Quieres investigar quién es autor del crimen, y estás dispuesto a estudiar con microscopio el ADN de cada cabello blanco para averiguar quién es más culpable de su caída: si el tumor, la quimioterapia, la radioterapia o la presión psicológica que crees sufrir.

Qué desagradable caerte del guindo y recordar  que todos  los cabellos te pertenecían, y que sus adeenes confirman una única culpabilidad. La tuya.

Los miembros del club consultados te han dicho que no pasa nada, que la calvicie no es un delito, que el pelo cae y luego vuelve a brotar. Tu amiga Luli ha bromeado incluso con tu obsesión capilar, muy del género masculino, como si Marañón no hubiera destruido hace años el mito de Don Juan/Sansón. Te da igual, haces oídos sordos. Una cosa es la virilidad, que en estos momentos está como está, y otra el decoro. Mientras el día de la niebla termina de desperezar, tú vas de ratita presumida y pasas la escoba y hasta el aspirador sobre el suelo de tu palomar para que desaparezcan las pruebas del crimen. No te molesta ser un calvo en puertas. Te espanta parecer un espectro descuidado y desaseado.

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A un sabio se le pueden tolerar lamparones en la chaqueta. A  un poeta como Machado se le consentiría incluso caspa sobre sus hombreras y algún pelo cayendo sobre la yema del huevo frito que, entre verso y verso, tal vez se desayunaba con la voracidad de un guardia civil. A muchos genios incluso se les perdona que reciban un gran premio vestidos de lagarteranas o hechos unos guarros. Eso va con su imagen, que así gana leyenda sin desdoro alguno.

Tú en cambio eres uno más entre 200.000, que según los cálculos de Joselepapos, padecen de tu mismo mal en España. Piensas en el médico o en la enfermera que te debe observar de cerca y tal vez  incluso tocarte. Y prefieres, por delicadeza, que te encuentren en perfecto estado de revista, manteniendo dignamente la prestancia que hasta ahora no te importaba tanto. Cuanto más se desmitifican las formas, más te convences de que muchas de ellas son el fondo de la cuestión. Así que tú, como el general Custer de Raoul Walsh: si vienen a por tu cabellera, que al menos te pillen con el uniforme limpio. Y si caes, que sea con las botas puestas.

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No habías puesto botas, ni siquiera zapatos en el balcón. Sin embargo el día antes de Reyes se sucedieron sus emisarios portando regalos. Rubén Vidal, el joven pintor de Alcañiz residente en Berlín, al que tanto le impresionaron tus críticas sobre los horribles cuadros que decoran tu hospital, se presentó con una tabla neoimpresionista que recrea una fuente del Tiergarten, el parque berlinés.

-Ojalá no sea así –te explica- Pero si te vuelven a ingresar, te le lo llevas debajo del brazo y lo plantas por delante del  cuadrus horribilis que te toque. Algo mejoraremos el paisaje, y además así recordarás a tus amigos a distancia.

Rubén Vidal es un mocetón que da muy bien el tipo de artista de la bohemia romántica. Alto, de ojos claros y pelo rebelde, no se conforma con pintar, sino que canta a Bach, incluso como solista, y toca no sabes si el violín o alguna madera. Se acaba de casar con Vera, que es ingeniera, o biotecnóloga, o algo muy científico e inabordable para ti. Vera, las cosas de la vida, es sobrina de Jay Riaño, un compañero que conociste  estudiando periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información. Al poco, Jay enfermó de un cáncer y murió, muy joven no sólo para amar, como dice la canción, sino para casi todo. Menos mal que la vida está llena de guadianas, y algo de los que fuiste dejando en el recuerdo reaparece vivo y fresco muchos años después. Como esta sobrina que juntó su saber a la inspiración del fino artista de Alcañiz. Humanismo y racionalismo en el mismo lote. Y buscando fortuna lejos de España, como tantos jóvenes ahora. En eso el héroe romántico es de lo más actual.

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También se personaron en el palomar tu hermano Pablo  y tu sobrino Daniel, portadores de un roscón  que hace maravillosamente en la Thermomix tu cuñada Marliesse. Pablo es la visita ideal, porque aparte de ser bondadoso y muy educado vive en un limbo distinto al del resto de los mortales, feliz en su pequeño mundo, como por encima del bien y del mal, y se sorprende por casi todo lo que le cuentas. Así que no te exige el esfuerzo de otras visitas  Como jubilado perfecto que es, se dedica a leer, a hacer ejercicio físico en los parques de Madrid, a hacer teatro con grupos amateur y a cantar en coros con su señora. Aunque hizo la carrera de ingeniero agrónomo, que suele producir ingenios prácticos, le cuentes lo que le cuentes siempre sonríe como si con la edad en lugar de perder, ganara capacidad de asombro.

-He descubierto Spotify y estoy encantadole dices.

-¡Ah!, ¿si?…-pregunta abriendo sus ojos azules- ¿Y qué es Spotify?

Se lo explicas y la cara se le ilumina como si acabara de entender la conjetura de Poincaré, de la que, por supuesto, tú tampoco tienes puñetera idea.

A ti te supone un gran refuerzo moral, porque aunque eres de letras e ignorante enciclopédico en nuevas tecnologías, a su lado, que está cerca de la mítica Arcadia feliz, casi te sientes Von Braun. Pablo es maestro en sobrevolar las miserias humanas, y experto en construir su felicidad con los mimbres justos. Además, el roscón estaba buenísimo.

6

Pilar Lladó te regaló botellas de vino blanco de su finca de La Mancha, y dos pulseras placebo que, según las instrucciones en portugués, quitan los mareos y el malestar de estómago a las embarazadas. A tu edad piensas que es casi mejor lo tuyo que quedarte embarazado. Es más, estás convencido de que  tu sensación de náusea constante, como un albondigón de esparto que sube y baja por el esófago sin desaparecer del todo, ni es porque vayas a ser madre tardía, ni se quita con placebos. Pero por si acaso te pones en cada muñeca dos pulseras hechas como con un con un pedazo de liguero antiguo al que han cosido un misterioso botón blanco que ha de estar situado en la parte inferior de la muñeca, porque si no, no funciona. También podrías clavar alfileres a un muñeco con cara de tumor y hacerle el vudú, pero no has encontrado el género adecuado en el chino de la esquina.

-Tú sigue luchando, no pierdas la esperanza, querer es poder-te siguen recomendando

Otros amigos/amigas/ parientes/ simpatizantes de la radio te van recomendando sucesivamente áloe vera,  batidos, pomelos  -qué ardor, Dios mío- oraciones a san Judas Tadeo, acupuntura, tratamientos de homeopatía. Quién te cocina caldos, quién cremas vegetales, quién te trae fiambres, que son de los alimentos que mejor te entran, quién trufas de chocolate. Se te acumulan los masajistas morales, los mensajistas animadores, los rezadores y rezadoras. Casi necesitarías dos o tres vidas más y un rosario de enfermedades sucesivas para aprovechar el filón de cariño que te ha traído la dichosa neoplasia.

Te deja tan entimismado como la niebla de anteayer.

7

Pero decides que no puedes seguir mirándote al ombligo, y necesitas echar un vistazo alrededor para constatar que te sigue interesando el mundo. Así ves que el nuevo ruso Gerard Depardieu aplaude la concesión del cuarto Balón de Oro a Messi, aunque no te explicas qué pintaba en esa fiesta. También te llama la atención que Brigitte Bardot quiera seguir su ejemplo, pretextando esta vez que un tribunal de Lyon haya ordenado sacrificar a dos elefantitos tuberculosos por razones de salud pública. La entiendes perfectamente, porque los sacrificios que le imputan a Putin son de otro rango moral: periodistas curiosas, opositores inoportunos, chechenos diversos, etc, y un elefantito tuberculoso inspira sin duda mucha más piedad. Como la que sin duda merecían el pobre señor Pallerols, el siempre dignísimo Durán y Lleida y todos los políticos y banqueros corruptos para los que la ley hará siempre las filigranas y jeribeques necesarios con tal de salvarles el culo. Santo cielo, qué farsa, qué inmensa farsa.

Así que, por no desentonar con este grotesco tinglado en el que nos ha tocado vivir, vas a la peluquería y decides sacudirte el síndrome de Sherlock Holmes, dejar de perseguir los pelos caídos y raparte al uno. Ya estás preparado para hacer de malo en una película de Santiago Segura. Ya puedes reírte del mundo calvo y con las orejas de punta. Como Nosferatu, pero con mejor cara.

 

Georgi Dann ataca de nuevo

Si el Corte Inglés es el espejo del sueño de los españoles, esta vez nos ha fallado...

1

Hacía tiempo que Homper no hablaba con la tía Clota. Dice que está muy mayor, y que últimamente está entregada a un gurú indio que alivia su vejez con  meditaciones tántricas e ingestas de té verde. Por eso le extrañó su llamada desde su lejana casita en Nueva Inglaterra.

-Abre el ordenador y pon en marcha el Skype ese, que tenemos que hablar de España-le dijo en un tono airado.

Noventa y dos años la contemplan. Homper creía que había ingresado en una residencia, tal y como le anunció que pensaba hacer en una de sus últimas conversaciones. Pero la anciana tía exilada a última hora cambió de opinión. Había decidido contratar a una cuidadora negra a la que llamaba Mami, como la sirvienta de Escarlata O´Hara  en Lo que el viento se llevó, y morir en casa si le llegaba la hora.

Pero antes quería pasar su último verano en su patria natal.

2

La tía Clota era de nacionalidad estadounidense, pero nunca olvidó su pueblo, ni el solar donde vivió tantos años. Jamás había dejado de interesarse por lo que consideraba “ese adorable país de mis mayores que tanto se complica la vida”. Además, como tantas señoras mayores, estaba enamorada de Nadal.  Seguía enterándose de lo que pasaba en España escuchando la radio o leyendo algunos periódicos en Internet, porque la ancianidad no había podido con su modernidad.

¿Qué mosca le habrá picado?-pensó Homper.

Y como nunca le había decepcionado con sus comentarios, dedujo que esta semana había dos sucesos que sin duda requerían su comentario.

3

Se lo imaginaba. Punto uno: ¿por qué se ponen tan estupendos los españoles poniendo en tela de juicio si era procedente liquidar a Bin Laden? Punto dos: ¿por qué se dejan colar esa trampa de Bildu?

-Nunca dejaréis de complicaros la vida, sobrino-dijo la anciana- Aquí hasta los más progresistas de los norteamericanos pensamos que con las cosas de comer no se juega.

Pero era el verano, quizás su último verano, lo que le inquietaba. Y la verdad es que no estaba precisamente tranquila con lo que escuchaba. Porque desde hacía unos días, entre las noticias de España, escuchaba insistentemente una horrible canción que se llamaba  El veranito, y que cantaba  una voz que le resultaba familiar.

-¿Cómo se llama ese….?-preguntó a su sobrino- Parece que fue ayer: bailemos el bimbó, bimbó…

-Georgi Dann, tía.

-Pues tengo pesadillas, sobrino.

4

Dijo que soñaba que en todos los hoteles y las playas de España donde ella pensaba ir se le aparecía un hortera con camisa de flores  y unas cuantas gogó girls  que, con una coreografía siniestra,  coreaban Mami, qué será lo que tiene el negro, La barbacoa, El bimbó y la espantosa cancioncilla publicitaria El veranito, que quiere poner de moda Viajes el Corte Inglés. Veía que el que el chófer del autobús que le llevaba del aeropuerto al hotel era Georgi Dann, y que el que le extendía la hamaca era Georgi Dann, y que el camarero que le servía el desayuno era Georgi Dann, y que el guía del museo era Georgi Dann, y que el que le vendía el souvenir del toro de cerámica  tipo Gaudí  también era Georgi Dann. Y que, por extensión, el Rey, y Zapatero, y los ministros, y hasta el presidente del Tribunal Supremo, y el director de la RAE, y el presidente de la Conferencia Episcopal, todos eran un Georgi Dann onmnipresente e invasor que había lobotomizado a España.

Y , así las cosas, ahora quería  morir antes del veranito.

-¿Tanto progreso para esto, sobrino?-dejó en el aire con gesto crispado la anciana antes de cerrar la conexión.

Homper se quedó estupefacto, como correspondía al Hombre Perplejo por excelencia. Qué salidas, las de la tía Clota. Lo pensó mientras se rascaba la barbilla. Y al final tuvo que admitir que quizás tía Clota tenía mucha razón.

 

Georgi Dann ataca de nuevo

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Hacía tiempo que Homper no hablaba con la tía Clota. Dice que está muy mayor, y que últimamente está entregada a un gurú indio que alivia su vejez con  meditaciones tántricas e ingestas de té verde. Por eso le extrañó su llamada desde su lejana casita en Nueva Inglaterra.

-Abre el ordenador y pon en marcha el Skype ese, que tenemos que hablar de España-le dijo en un tono airado.

Noventa y dos años la contemplan. Homper creía que había ingresado en una residencia, tal y como le anunció que pensaba hacer en una de sus últimas conversaciones. Pero la anciana tía exilada a última hora cambió de opinión. Había decidido contratar a una cuidadora negra a la que llamaba Mami, como la sirvienta de Escarlata O´Hara  en Lo que el viento se llevó, y morir en casa si le llegaba la hora.

Pero antes quería pasar su último verano en su patria natal.

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La tía Clota era de nacionalidad estadounidense, pero nunca olvidó su pueblo, ni el solar donde vivió tantos años. Jamás había dejado de interesarse por lo que consideraba “ese adorable país de mis mayores que tanto se complica la vida”. Además, como tantas señoras mayores, estaba enamorada de Nadal.  Seguía enterándose de lo que pasaba en España escuchando la radio o leyendo algunos periódicos en Internet, porque la ancianidad no había podido con su modernidad.

¿Qué mosca le habrá picado?-pensó Homper.

Y como nunca le había decepcionado con sus comentarios, dedujo que esta semana había dos sucesos que sin duda requerían su comentario.

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Se lo imaginaba. Punto uno: ¿por qué se ponen tan estupendos los españoles poniendo en tela de juicio si era procedente liquidar a Bin Laden? Punto dos: ¿por qué se dejan colar esa trampa de Bildu?

-Nunca dejaréis de complicaros la vida, sobrino-dijo la anciana- Aquí hasta los más progresistas de los norteamericanos pensamos que con las cosas de comer no se juega.

Pero era el verano, quizás su último verano, lo que le inquietaba. Y la verdad es que no estaba precisamente tranquila con lo que escuchaba. Porque desde hacía unos días, entre las noticias de España, escuchaba insistentemente una horrible canción que se llamaba  El veranito, y que cantaba  una voz que le resultaba familiar.

-¿Cómo se llama ese….?-preguntó a su sobrino- Parece que fue ayer: bailemos el bimbó, bimbó…

-Georgi Dann, tía.

-Pues tengo pesadillas, sobrino.

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Dijo que soñaba que en todos los hoteles y las playas de España donde ella pensaba ir se le aparecía un hortera con camisa de flores  y unas cuantas gogó girls  que, con una coreografía siniestra,  coreaban Mami, qué será lo que tiene el negro, La barbacoa, El bimbó y la espantosa cancioncilla publicitaria El veranito, que quiere poner de moda Viajes el Corte Inglés. Veía que el que el chófer del autobús que le llevaba del aeropuerto al hotel era Georgi Dann, y que el que le extendía la hamaca era Georgi Dann, y que el camarero que le servía el desayuno era Georgi Dann, y que el guía del museo era Georgi Dann, y que el que le vendía el souvenir del toro de cerámica  tipo Gaudí  también era Georgi Dann. Y que, por extensión, el Rey, y Zapatero, y los ministros, y hasta el presidente del Tribunal Supremo, y el director de la RAE, y el presidente de la Conferencia Episcopal, todos eran un Georgi Dann onmnipresente e invasor que había lobotomizado a España.

Y se quiso morir antes del veranito.

-¿Tanto progreso para esto, sobrino?-dejó en el aire con gesto crispado la anciana antes de cerrar la conexión.

Homper se quedó estupefacto, como correspondía al Hombre Perplejo por excelencia. Qué salidas, las de la tía Clota. Lo pensó mientras se rascaba la barbilla. Y al final tuvo que admitir que quizás tía Clota tenía mucha razón.

 

De los morritos de Leyre al plumero de Rajoy

Irse de la lengua y hablar mal...¡Cuándo cambieremos, coño!...

Paseaba Homper por el parque viendo amanecer en Madrid. Aunque ya no es duende de ninguna radio –habría que cambiar el nombre a este blog- escuchaba ésta, por deformación, en su MP3, que hasta ahí llega su modernidad. Sonaba la inevitable voz de los políticos. Si hace unos días  un alcalde poco fino bromeaba sin gracia sobre los morritos de Leire Pajín, ahora el vicepresidente Blanco contrarresta aquella ordinariez impresentable insinuando que Rajoy tiene pluma.

-Tal para cual –piensa-No aprenden a callarse…

Recuerda la afición del gobierno a crear esas entelequias administrativas llamadas “observatorios”. Hay observatorios de la laicidad: mire, señor autoridad, estoy observando que en la puerta de mi vecina hay un azulejo que dice “Dios bendiga cada rincón de esta casa”, ¿es grave? Hay observatorios de la violencia de género: sólo debería haber vigilantes, que bien pudiéramos ser todos ( aunque al profesor Neira la experiencia le haya costado cara). Nadie ha tenido presente sin embargo que el idioma evoluciona, que la sociedad quiere ponerse seria, educada y tiquismiquis, y que la vulgaridad que antes se toleraba e incluso complacía ahora no cabe en la boca de un político.

Es duro proclamarlo, pero la verdad es que el idioma ofende. El odioso señorito de Los santos inocentes de Delibes se quejaba de que el pobre Paco, cojo por una mala caída, no pudiera acompañarle a poner el cimbel a las palomas.

-Paco, maricón –le decía-¿Me vas a hacer esa cabronada?…

El señorito, encima, pretendía hacerse el simpático con esas palabras.  De la misma manera que los curristas apasionados no regateaban exabruptos  cuando Curro Romero destapaba el tarro de las esencias y revolucionaba el tendido con una tanda de naturales.

-¡Qué arte tiene el hihoputa!…-clamaban para elevarle a los altares. Por lo visto y escuchado, se diría que ser hijo de puta en algunas regiones es un privilegio

También le viene a la cabeza a Homper que cuando estudiaba derecho, nuestro Código Penal aún consideraba la eximente para el marido en el homicidio por adulterio flagrante. Qué bárbaras nuestras leyes y qué feroz nuestra lengua.

Las leyes se cambian, y punto. Pero ¿quién limpia y corrige lo mal que hablamos para que el idioma irresponsable deje de ofender? Ni mentar lo del Observatorio del buen uso del idioma, no le demos más ideas pintorescas al gobierno. Pidamos simplemente sentido común. Aún no hace muchos años la RAE borraba de su diccionario la palabra judiada, por no faltar a los hijos de la tribu de David. Las cosas cambian, y las expresiones que en algún momento fueron hallazgos felices también pueden degenerar. Al pueblo se nos perdonará todo, porque la cazurrería sólo se cura en varias generaciones.

-Pero al digno representante de la res pública que a menudo cobra sin matarse a trabajar-concluye Homper notablemente irritado- lo menos que hay que exigirle es que guarde las formas y no nos encabrone hablando mal, cojones.

Viaje a la felicidad sin salir de casa

Navegando en Internet, el Duende pasó tres horas inolvidables...

Dios escucha a los entusiastas, debe de decir algún salmo de esos que los cristianos nunca nos sabemos del todo y que los judío dicen de carrerilla. Pongamos que es una cita de Luisaías 5: 14, profeta quizás poco conocido, pero muy prolífico. El caso es que venía el Duende del post anterior cuando otro amigo ingeniero, José Manuel Martínez del Valle, también melómano y cantante en la ducha y en diversas corales, voz grave de esas que pastoreaba la cuerda de los bajos en Los Jerónimos y ahora pica más alto, le pone un correo electrónico con un enlace.

-Si quieres seguir el Mesías que cantamos esta tarde en el Auditorio, pínchalo.

Nunca ha seguido el Duende una retransmisión por Internet. Él no es ni la mitad de ducho que Homper y la tía Clota, que utilizan programas raros para mantener largas conversaciones con el Atlántico de por medio Él sólo navega por esta galaxia tecnológica para curiosear y para implementar este blog.

(Sua culpa, sí. Sabe que es horroroso lo de implementar, a saber, poner en ejecución. Aborrece este verbo, colado quizás por la gatera de los americanismos o de ese agravio al idioma perpetrado por los manuales de instrucciones. Pedro Chicharro, un amigo del cole del Duende que no se atreve a tirarle de las orejas en el blog, y le corrige la sintaxis o la ortografía en su correo particular, le llamará la atención. ¿Implementar?…A lo mejor no lo reconce la RAE, pero sí viene al menos recogido en Diccionario del Español Actual de Seco, Andrés y Ramos).

Pero a lo que iba. Que sólo utilizaba Internet para lo más elemental cuando esta tarde, en plan  audaz hizo caso al consejo del amigo, cogió su partitura de El Mesías, pinchó el enlace, se puso unos auriculares  y disfrutó este monumento musical como nunca antes, ni en directo, lo había hecho. Era lo que llaman un Mesías participativo patrocinado por La Caixa, en el que una legión de cantantes aficionados se suma a una orquesta y un coro de magníficos profesionales. Impecable transmisión, asombroso sonido para salir de un simple ordenador. Plano a plano, siguiendo a los solistas. Pentagrama a pentagrama, cantando todos los números (ventajas de vivir solo). Ha sido contralto, soprano, tenor, bajo y coro. También manejó la batuta (dirigía sin ella el elegante Harry Christophers) Y, por primera vez, ha dicho en inglés antiguo todos los textos de los profetas y los evangelistas como si fuera un  luterano. Y los ha entendido, conste.

Qué apasionante. Le dan ganas de localizar todas las grandes obras corales, oratorios, zarzuelas y operetas se transmitan por Internet, comprar su partitura correspondiente y cantarlas para uno mismo sin que la celosa SGAE le cobre por ello. Lo que decíamos, la suerte de poder asomarte a lo que antes eran los territorios prohibidos de la cultura –por no saber ni leer música, por no saber de nada- y sentirte protagonista de ello. Esto es divertirse aprendiendo.

Qué descubrimiento, está el Duende como loco. Sólo le queda que Internet bucee en el túnel del tiempo y le permita asistir a ese día en el que Velázquez estaba sin inspiración y entraron en su estudio unas meninas del Rey corriendo detrás de un perro…

González Sinde y otros excesos del poder

(Imagen prestada del blog 13Utterfish)

Doctrina común que se impone: la norma y los tribunales son respetables mientras nos den la razón (Tribunal Constitucional). Y las autoridades académicas o morales más o menos igual. Es el imperio del estado de derecho de plastilina y del relativismo. Viva la ley que me gusta, y la Ley del Embudo –lo ancho para mí, lo estrecho para ti- cuando no me acaba de convencer. Para qué vamos a complicarnos la vida.

Como este blog no quería ser menos, también debe sumarse al clamor generalizado contra la inexplicable ocurrencia de la ministra González Sinde. O sea, que viene un mandado de Presidencia de Gobierno al que no le mola el Duende o sus comentaristas y nos quedamos sin bitácora. ¿Cómo le han colado ese disparate a esa patena de la pureza democrática que es el santo Zapatero?

Será por lo que siempre denunciaron los filósofos y moralistas. El poder absoluto, corrompe, pero el poder que, sin ser absoluto, es excesivo, anula la crítica, y por tanto fomenta la ceguera del que lo ejerce.  Al punto de que  llega un momento en que al baranda, convencido de que el mundo es como lo ve él, porque nadie le dice lo contrario, le parece normal cualquier exceso de su agrado. Alarma: las pajines y los pelotas le están segando la hierba bajos los pies al gran líder orbital.

Como dice el poeta, nos queda la palabra. Los académicos de la Lengua siempre han sido blanco  de muchas críticas. Pero desde que uno es un modesto espadachín del lenguaje ha cobrado aprecio por ellos. En la batalla entre lo que se debe hablar y escribir  según los inmortales o el coñazo del lenguaje políticamente correcto, siempre procurará estar el Duende con lo primero. Aunque quizás no tanto como para tener siempre presente las 3.800 páginas, 40.000 ejemplos, 3.700 obras y 307 cabeceras de periódicos y revistas utilizadas para las citas de la Nueva Gramática de la Lengua Española.

Es un alivio saber que García de la Concha, director de la docta casa de la RAE, dice que la fórmula feminista que pretende hacer visible la figura de la mujer en cualquier expresión –ciudadanos y ciudadanas, por ejemplo- “confunde el sexo con el género, forzando algo que contradice una ley básica: la economía de la lengua, decir con la menor cantidad de palabras posible la mayor cantidad posible de ideas”. ¿Será que hay que inflar la nada como si fuera una palomita de maíz?

Tenía que presentar el Duende un acto para la Fundación Aprocor y vivía sin vivir en él. Es ésta una ONG que se dedica a los discapacitados psíquicos –personas con discapacidad intelectual, le dijeron que sería mas correcto. Y en el acto había autoridades y autoridadas, colaboradores y colaboradoras y amigos y amigas. Aparte de trabajadores y trabajadoras, coordinadores y coordinadoras, psicólogos y psicólogas y, como en toda celebración con coktail, canaperos y canaperas. Jesús, qué sinvivir. Estaba tan pendiente de la corrección que se puso nervioso, se saltó el protocolo deseable  y acabó hablando como se entiende la gente. Disculpen ustedes, pero ya estoy mayor y se me va la olla…Salvó el compromiso.

Luego, en la copa, comentaba esta nueva neurosis del lenguaje con Iñigo Muguiro, y apuntában la paradoja de que,  cuanta más corrección política se le pide, menos corrección gramatical se le exige. No ya en la sintaxis o en la morfología, sino también en la ortografía. Por ejemplo: a él cada día hay más gente que  le registra como Mugiro, y al Duende -¡ay!- como  Figerola. Ya lo denunciaba nuestro amigo Zoupon con la lucidez y la zumba que le caracteriza: España es el mayor parque temático de la majadería. Claro que donde él dice majadería, el pueblo quizás escribiría  guilipollez.


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